AGLI

Recortes de Prensa     Viernes 30 Julio 2004

La sombra de Eta es alargada
Luis María ANSON La Razón 30 Julio 2004

Unidad contra el terrorismo

Editorial La Razón 30 Julio 2004

Rubalcaba, el cinismo y la fragilidad de la mentira
EDITORIAL Libertad Digital 30 Julio 2004

La Comisión de no investigación
Isabel Durán Libertad Digital 30 Julio 2004

11-M, MÁS PREGUNTAS QUE RESPUESTAS
Editorial ABC 30 Julio 2004

No se puede quedar así
Ignacio Villa Libertad Digital 30 Julio 2004

EL CORDERO REBELDE
Ignacio CAMACHO ABC 30 Julio 2004

EL PÍCARO Y EL HIDALGO

Jaime CAMPMANY ABC 30 Julio 2004

El mejor argumento nunca fue empleado

Fernando Prieto Libertad Digital 30 Julio 2004

La jauría
Alfonso Ussía La Razón 30 Julio 2004

El talante de Acebes

Antonio Jiménez La Razón 30 Julio 2004

Una estatua para Prieto

Iñaki Ezkerra La Razón 30 Julio 2004

Otra Europa es posible

Carlos Semprún Maura La Razón 30 Julio 2004

La cordialidad inane

Aleix Vidal-Quadras La Razón 30 Julio 2004

El inmovilismo de Ibarretxe

JOSÉ MARÍA CALLEJA La Voz 30 Julio 2004

Felicidades, señor Acebes
Cartas al Director ABC 30 Julio 2004

Detenido un libanés vinculado a los autores del 11-M
D. M./MADRID ABC 30 Julio 2004

Pakistán confirma el arresto del líder de Al-Qaeda responsable de los atentados en Kenia y Tanzania
Agencias Libertad Digital 30 Julio 2004

 


La sombra de Eta es alargada
Luis María ANSON La Razón 30 Julio 2004
de la Real Academia Española

El terrorismo islámico utilizó a España como santuario tras aceptar la condición que le impuso el Gobierno de entonces: ni un contacto con Eta. Tras el 11-S, el juez Garzón, que tal vez desconocía este acuerdo subterráneo, encarceló a varios miembros de Al-Qaida. A partir de entonces se levantó la veda contra España, mucho antes, pues, de nuestra participación no en la guerra de Iraq, en la que no intervinimos, sino en el envío de tropas para la reconstrucción iraquí junto a otras treinta y tres naciones.

Fracturado el santuario español por la acción de Garzón, a partir de ese momento el terrorismo islámico pudo entrar en contacto con el etarra sin incumplir un pacto bajo cuerda ya lesionado.

Por eso, Acebes, que estuvo eficaz y convincente en su comparecencia parlamentaria espléndida intervención también la de Eduardo Zaplana , se lanzó al desescombro del 11-M y se refirió a la sombra de Eta, que, de alguna forma, según el ex-ministro, podría planear sobre el atentado. Que los etarras no participaron directamente en la salvajada está claro. Pero ¿quién fue el autor intelectual de la brutal operación? ¿Ben Laden? ¿Algún sector de ciertos tenebrosos servicios secretos extranjeros? ¿Eta en colaboración con todo ese mundo tan sórdido?

Despejar la incógnita debería ser el objetivo sustancial de la Comisión, en lugar del intento, cada vez más frustrado, de culpabilizar al Gobierno Aznar instalándolo en la mentira. Lo que el ciudadano medio quiere saber ahora es quién estuvo detrás de la gran salvajada, quién planeó el atentado. Al español de a pie no le interesa medir la musculatura dialéctica de los diputados ni sentirse asfixiado por las cortinas de humo lanzadas desde ciertos medios ni contemplar cómo se dedican a tocar la lira algunos ministros del Gobierno Zapatero mientras se regocijan por el esplendor del incendio. Lo que quieren los españoles es saber quién planeó la atrocidad, como sí sabemos quiénes la realizaron.

Unidad contra el terrorismo
Editorial La Razón 30 Julio 2004

Las comparecencias ante la Comisión parlamentaria que investiga el 11-M merecen muy diversas valoraciones, como así se ha hecho en LA RAZÓN, aunque no deja ser lamentable que una de las características haya sido, precisamente, el partidismo de que se ha hecho gala en el salón de comisiones. Hasta el punto de que era fácil predecir el sentido de muchas de las preguntas de sus señorías a los testigos, con sólo saber si pertenecían al PP o al conjunto de partidos que sostiene al Gobierno. Y así es difícil averiguar la verdad, que es lo que interesa a los ciudadanos.

Ayer, en su comparecencia ante la Comisión, el ministro del Interior, José Antonio Alonso, reprodujo el esquema. Aseguró el ministro que no tiene indicio alguno que apunte a ETA como cómplice en la matanza. En cambio, en la jornada anterior, el ex ministro Acebes incidía precisamente en lo contrario y no descartaba la sombra etarra en el 11-M.

En términos estrictamente procesales es muy posible concluir que el ministro socialista tenga razón y que no exista dato alguno concreto sobre ETA, pero eso nunca puede significar que se deje de investigar el menor de los indicios hasta descartar cualquier coincidencia, como apuntaban las preguntas, aún sin respuesta, de Acebes. Porque uno de los puntos que han quedado claros en esta comisión es que si aquí los únicos detenidos, los únicos hechos probados, revelan una mano islamista, lo que tampoco se puede negar, ni siquiera con la increíble ausencia de datos y valoraciones previas sobre el peligro etarra en los documentos desclasificados por el Gobierno de Rodríguez Zapatero, es que ETA era la principal amenaza para nuestra democracia en los día previos al 11-M, que estaba más que probada su firme voluntad de amargarnos la fiesta electoral, y más que basadas las primeras sospechas. Las mismas que orientaron las investigaciones sobre el terreno de las Fuerza de Seguridad y fueron transmitidas al Ministerio del Interior.

PSOE y PP han tenido la ocasión de expresar sus opiniones y hacer sus preguntas. No cabe esperar gran cosa de unas conclusiones que dependen de la voluntad de una mayoría parlamentaria, pero sería una buena ocasión para que los dos grandes partidos examinasen juntos los fallos de seguridad que no permitieron evitar los atentados y poner los medios para que jamás pueda producirse un hecho semejante. No debe ser imposible, cuando EE UU lo ha logrado en la comisión sobre el 11-S, y los españoles merecen que sus representantes tengan el sentido común de no hacer bandera de la lucha contra unos asesinos como los de Atocha. Es, en este sentido, en el que conviene tener en cuenta la posibilidad, ofrecida por el PSOE, de abrir el Pacto contra el Terrorismo al peligro islamista. La lucha contra ETA ha demostrado que, desde la firmeza y la colaboración, es posible acorralar a una banda terrorista.

Rubalcaba, el cinismo y la fragilidad de la mentira
EDITORIAL Libertad Digital 30 Julio 2004

Si la comparecencia del nuevo ministro del Interior ante la comisión del 11-M ha servido para volver a constatar su opacidad a la hora de investigar la autoria intelectual de la masacre y su determinante negativa a esclarecer una posible implicación en ella de ETA, la comparecencia de Rubalcaba ha servido para poner de relieve el cinismo y la manipulación del responsable del trabajo sucio del partido de ZP en aquellos días de luto y mentira.

Este genio goebelsiano del socialismo patrio —en lúcida expresión de Jaime del Burgo— ha empezado su comparecencia afirmando, nada menos, que la actuación del PSOE entre el 11 y el 14M se guió por la “lealtad al Pacto antiterrorista firmado con el PP”. Vamos, como sí en la letra o en el espíritu de ese Pacto, en lugar del consenso en la firmeza contra los terroristas, se invocara la obligación de trasladar contra el Gobierno la conmoción y la ira provocada por los terroristas contrarios a ese Gobierno.

Otra de las mentiras de Rubalcaba, casi tan grosera como la de su "lealtad antiterrorista", ha sido la de acusar a Acebes de haber “escondido información relevante” como fue el descubrimiento de los detonadores y la cinta de la furgoneta. Rubalcaba se empeña así en insistir en algo que ha sido rotundamente desmentido por todos los informes y por las declaraciones de los mandos policiales, como es que el hallazgo de lo que había en el interior de la furgoneta no se produjo en la mañana sino en la tarde del 11M; descubrimiento que, una vez puesto en conocimiento de Acebes, inmediatamente fue hecho público por el entonces ministro del Interior. La única fuente que ha afirmado “creer” que los agentes hicieron tal descubrimiento en la misma mañana del 11, es una versión tan desacreditada y desmentida como la del portero perjuro que descubrió la furgoneta, y que afirmó ante la comisión no haber tenido ninguna conversación previa con ningún político, cuando, en realidad, sí la había tenido con un representante socialista pocos días antes de su comparecencia.

Para envilecer y deslegitimar la actuación de Acebes por haber centrado, en un primer momento, en exclusiva en ETA la investigación, Rubalcaba se ha referido a la “letalidad brutal” de la masacre que era “típica del radicalismo” islamista. No lo vio con tal claridad alguien tan poco sospechoso de simpatia con el PP como era Ibarretxe. En este sentido conviene recordar el documento del CNI en el que se recoje una conversación de Josu Ternera en la que el dirigente etarra pocas semanas antes del 11-M que “los españoles se van a enterar de lo que somos capaces”. ¿De qué inédita barbaridad se refería este terrorista que no conozcamos ya los españoles tras décadas de asesinatos y matanzas por parte de ETA?

Pero es que, al margen de la credibilidad de este documento —que el PSOE, por cierto, tambien se niega a desclasificar—, en aquellos momentos estaba el hecho reciente y conocido por todos de la interceptación del comando etarra que trasportaba, nada menos, que 500 kilos de explosivo en dirección a Madrid. ¿Para que se cree Rubalcaba que querían los etarras tal monumental cantidad de dinamita? La única opción que no fuera para cometer ellos mismos esa masacre de “letalidad brutal”, sólo podría ser la de engañar o facilitar el explosivo a otros dispuestos a cometerla...

La desfachatez y el descaro de Rubalcaba —quien, al tiempo, no ha podido disimular cierta irritación e inseguridad— ha experimentado un nuevo máximo al decir, con tono jesuitón, “que el PSOE no promovió las concentraciones ciudadanas” contra las sedes del PP. Vamos, como si, al margen de Prisa, todas las insidiosas y calumniosas declaraciones de Rubalcaba en aquellos días no hubieran liderado, con el respaldo de Carod Rovira y Otegui— todo un movimiento dirigido a trasladar contra el Gobierno la matanza perpetrada.

También de las hemerotecas y de nuestra memoria se puede recuperar ese caldo de cultivo, reiterado hoy por Rubalcaba, cuando dijo el 13M a los españoles que “el Gobierno no decía la verdad”; declaraciones que, además de constituir una infame mentira, podrían ser, tratándose del mismo día de la reflexión, constitutivas de delito electoral. También hay que recordar, a este respecto, que el PSOE y sus socios se han negado a que los representantes políticos faciliten los listados de sus llamadas telefónicas durante aquellos días. Por algo será...

Dice también Rubalcaba que él no mantuvo contactos aquellos días ni con Carod Rovira ni con Otegui para orquestar la campaña contra el PP. Aunque no sea verosimil, es lo de menos, sin embargo, si Rubalcaba efectivamente habló o no con el socio de Margall y aspirante entonces a serlo también de Zapatero. El hecho es que este último sí tuvo esos contactos en esos días con el portavoz político de ETA —meses después de haberla tenido con la misma dirección de la banda—, y lo grave es que, tanto Otegui como Carod no hicieron más que seguir en aquellos días la infame, desestabilizadora y subversiva tesis del PSOE y PRISA que eran los que más acusaban al gobierno del PP de mentir a los españoles por razones electorales.

Finalmente, no podemos dejarnos en el tintero la significativa revelación de Rubalcaba que sí ha reconocido haber conversado en esas fechas “dos o tres veces” con Felipe González y “en una ocasión” con el ex secretario de Estado Rafael Vera. Sería interesante saber si Rubalcaba preguntó a González por el acceso que el ex presidente seguía manteniendo con el CNI, tal y como el propio ex presidente translució en un artículo publicado en El País pocos días después de los atentados de Casablanca y que animó a Prisa a pasar, de desacreditar al peligro islamista como una paranoica e interesada tesis de Aznar, a presentarlo como una amenaza cierta por culpa de la política de Aznar. De paso, no hubiera estado de más que Rubalcaba le hubiera preguntado a González a qué se debían aquellas inexplicables declaraciones suyas que hizo al conocerse la interceptación del comando etarra y que decían que “en mis tiempos no se detenían etarras por motivos electorales”.

Que Rubalcaba diga que en esos días “ningún dirigente del PSOE se puso en contacto en ningún momento con mandos policiales relacionados con la investigación”, es lo de menos, habiendo confesado haberlos tenido con Rafel Vera. Téngase en cuenta que al frente de la UCO de la Guardia Civil en esos momentos se encontraba Félix Hernando, hombre de la máxima confianza del ex secretario de Estado de Seguridad, hasta el punto de que —según versiones a las que Garzón en tiempos de González dio total credibilidad— fue el hombre elegido por Vera para comprar el silencio de Amedo y Domínguez....

En fin, que de la declaración de Rubalcaba, podríamos decir lo mismo que decía el miércoles Acebes respecto de la investigación llevada a cabo hasta ahora: Que “hay muchas cosas que no encajan”. Demasiadas.

La Comisión de no investigación
Isabel Durán Libertad Digital 30 Julio 2004

Discreta y educadamente, comiendo chicle, con cara de pena, Alfredo Pérez Rubalcaba tuvo su intervención estelar en la comisión de no investigación de los atentados del 11-M. Intentó convencer a los asistentes de que el PSOE no tuvo nada que ver ni con las intoxicaciones sobre la investigación judicial transmitida por Acebes en tiempo real, ni con los bulos que confundieron y espantaron al país en contra del Ejecutivo de Aznar, ni con las manifestaciones ante las sedes del PP durante la jornada de reflexión. ¡Angelitos! ¡Si fue el Gobierno quien cortó la comunicación con el PSOE la noche del atentado al decirle Rubalcaba a Javier Zarzalejos, secretario general de Presidencia, “Javier esto apesta a terrorismo islámico”! Y ¡zas! El Gabinete les tuvo a dos velas hasta la jornada de reflexión en que sólo sale el responsable electoral del PSOE a la palestra por culpa de las intervenciones previas de Zaplana y Rajoy. ¡Hay que fastidiarse!

Según Rubalcaba, el jueves 11 por la noche el PSOE sabía perfectamente que el explosivo era dinamita goma-2 marca ECO y así se lo transmitió a Zarzalejos. Añade en su fantástica y pueril versión de la moviola de aquellas atroces jornadas, que nunca hablaron con ningún miembro de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, cuando por cierto todos los mandos policiales que han pasado por la comisión aseguran que no supieron el tipo de explosivo hasta las cinco y veinte de la madrugada del día siguiente tras los pertinentes análisis. Asegura que la “sobredesinformación” del Ejecutivo provocó la espontánea reacción popular la noche de las horas previas a la apertura de los colegios electorales donde comprendía que participara la gente aunque no la aprobaba. Valoró salir al ruedo a condenarla pero decidió no hacerlo “no fuera a ser que provocara el efecto contrario”.

Pero Rubalcaba no se lleva el premio gordo de la comisión en solitario. El ministro del Interior rivalizó en cinismo rayano en la falta de vergüenza. Les faltó mofarse del PP y de todos sus votantes a carcajadas, pero eso se lo dejaron al resto de sus señorías de la bancada socialista que habían acudido en bloque a aplaudir con las orejas a los jefes. Volviendo a lo que nos trae al caso, basten dos ejemplos. Rubalcaba evocó su exigencia de información a tiempo real de las investigaciones policiales bajo secreto del sumario y acto seguido el actual ministro del Interior se quedaba tan ancho al manifestar que sólo el juez es el titular exclusivo y excluyente de las investigaciones judiciales y que por tanto ahora ya no se transmite ni un solo dato más de los atentados. Y que sepa además quien lo solicita que al hacerlo pone en riesgo la seguridad del Estado, por tratarse de operaciones que afectan a peligrosos terroristas, según Alonso.

De la misma manera, mientras Rubalcaba acusaba al anterior Gobierno de mentir y manipular al ocultar a la opinión pública la existencia de una furgoneta que contenía una cinta en árabe y unos detonadores, minutos después, el actual ministro del Interior aseguraba que el coche —del que sólo hemos conocido su existencia gracias al diario El Mundo— descubierto por la denuncia de una vecina el 13 de junio, situado a veinte metros de la furgoneta de los atentados y que contenía también una cinta coránica —además de una pistola y demás enseres terroristas— no ha sido puesto en conocimiento del juez instructor de la causa hasta mes y medio después del descubrimiento. Y sólo debido a las pruebas de ADN, “único dato objetivo” que lo vinculaba con los atentados.

Para más INRI, el actual ministro reiteró hasta en tres ocasiones cómo en un Estado de Derecho, la policía sólo se debe al juez instructor pero no se inmutó cuando relató la secuencia de los hechos del descubrimiento de este nuevo vehículo y dijo: “El anális del ADN se recibe el 19 de julio, el 20 de julio la Comisaría General de Información me lo comunica a mí y al secretario de Estado y se pone en conocimiento del juez instructor el 21 de julio”. Como se ve, una total adscripción al juez del Olmo.

Puede decirse que hay un antes y un después en la comisión sobre los atentados del 11-M tras la intervención de Ángel Acebes y la conclusión rotunda y contundente que se extrae de la misma es que el Gobierno popular no mintió. Sin embargo, las casi con toda probabilidad últimas comparecencias ante los comisionados por parte del que fuera responsable de estrategia electoral del PSOE durante los atentados y en la jornada de reflexión y del actual ministro del Interior han sido una patética avanzadilla, un preludio de la legislatura que nos espera instalada en el todo vale con tal de hundir al PP.

En septiembre, la comisión de no investigación del 11-M se transmutará en un Pacto de Estado contra el Terrorismo Internacional, formado por quienes tacharon de racista al Gobierno de Aznar por haber convertido a España en el primer país de la UE con más terroristas islámicos detenidos y le acusaron de querer poner entre rejas a todo aquél “con aspecto árabe” por la mera posesión de “jabón”. Al PP lo van a poner contra las cuerdas, porque el nuevo pacto supondrá, de facto, el fin del Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo que tantos y tan buenos frutos ha dado. Y si no, al tiempo. ¡A por el Pacto Dixan!

11-M, MÁS PREGUNTAS QUE RESPUESTAS
Editorial ABC 30 Julio 2004

SI el objetivo manifiesto de algunos Grupos en la Comisión sobre el 11-M era debilitar la posición política del Partido Popular, el resultado no parece satisfacer sus expectativas. La mejor prueba de ello es el deseo patente que comparten el Partido Socialista y sus aliados de poner fin lo antes posible a la supuesta «investigación» sobre los hechos acaecidos. Supuesta, en efecto, ya que ha quedado claro -una vez más- que se trata de proyectar un mensaje político que refuerce la posición propia y cause daño al adversario. En todo caso, hay en la Comisión un antes y un después de la contundente comparecencia de Acebes, cuya imagen de solvencia y honradez ha conseguido dar un giro notable a la percepción pública del asunto.

En la última sesión, Pérez Rubalcaba actuó ni más ni menos según el papel que mucha gente la atribuye, identificable con una postura que da más importancia a los fines que a los medios. Hábil en la exposición de sus puntos de vista, el portavoz socialista ofreció, no obstante, algún flanco débil: en efecto no casa bien el empeño en acusar al Gobierno anterior de ocultar datos con el reconocimiento de que hubo sobreinformación, lo que alude ciertamente más al exceso que al defecto. Sin embargo, el PP no supo sacar ayer provecho de estas imprecisiones dialécticas. Porque, una vez más, Rubalcaba se fue sin responder sobre las grandes dudas que suscita el 13-M, aunque -digan lo que digan las conclusiones formales- una parte sustancial de la opinión pública tiene la convicción de que durante la jornada de reflexión se vulneró gravemente la Ley Electoral.

Por su parte, el ministro del Interior planeó sin demasiada consistencia sobre las diferentes piezas de un puzle cada vez más complejo. Asumió, acaso, un único riesgo, pero muy grave: es una imprudencia desde el punto de vista policial descartar de forma absoluta cualquier conexión, incluso indirecta o circunstancial, con el terrorismo etarra. Mérito, de nuevo, de su antecesor, Acebes, que consiguió situar los términos del debate en una posición incómoda para el Gobierno socialista, que -por cierto- tiene que dar todavía alguna explicación convincente sobre hechos acaecidos ya bajo su mandato. Prisa, pues, por terminar cuanto antes -hasta septiembre no se decidirá si se amplían las comparecencias-, y muchas alusiones al interés general del Estado y a la responsabilidad común de preservar la eficacia de las Fuerzas de Seguridad y los servicios de inteligencia en la lucha contra el terror. Todo es muy cierto, sin duda, pero resulta llamativo que ahora se plantee el consenso antiterrorista en términos imperativos y que nadie pensara al poner en marcha la Comisión en los daños inevitables para un mecanismo tan delicado.

La gran mayoría de los ciudadanos sigue sin tener las ideas claras. Es probable, incluso, que las tenga ahora más confusas. La gente tiene la certeza de que la masacre del 11-M tuvo una influencia determinante en el resultado electoral y no acepta que le ofrezcan más preguntas que respuestas y que no se exploren todas las vías posibles para aclarar la autoría material e intelectual, el comportamiento moral y político de unos y de otros, y la dinámica interna de los acontecimientos. Fracasa, pues, la pieza clave de la causa general que se ha incoado en ciertos ámbitos contra el Partido Popular y contra el anterior presidente del Gobierno. La Comisión parlamentaria se despide por ahora con más dudas que soluciones; pero queda la impresión de que no sirve en democracia lanzar cortinas de humo y que no es aceptable aprovechar las vacaciones para cerrar en falso un tema de excepcional gravedad.

No se puede quedar así
Ignacio Villa Libertad Digital 30 Julio 2004

Todo se queda en el aire hasta la vuelta de las vacaciones de sus Señorías. Hasta el siete de septiembre no se tomará ninguna decisión sobre nuevas comparecencias en la Comisión de investigación. Los partidos políticos se toman un respiro a la espera de rediseñar estrategias y hacer balance del camino recorrido. ¡Vale, de acuerdo! Pero de lo que no hay duda es que esto no se puede quedar así. La comisión está incompleta en sus trabajos y en sus declaraciones, y eso nadie lo pone en duda.

A estas alturas hay dos cuestiones que parecen claras. El Partido Popular ha ido a más. Mientras que el Partido Socialista ha visto como sus argumentos se iban desmontando con el paso de los días. Es más, con la presencia de comparecientes de "perfil político" en la comisión, el Gobierno del Partido Popular ha comenzado a recuperar el crédito que los socialistas se habían empeñado en enterrar. Las verdades de Acebes, las mentiras de Rubalcaba y las incoherencias de Alonso han clarificado -en las últimas horas- las cosas más de lo que el PSOE y el propio Zapatero les hubiera gustado. Desde luego, lo que ya está claro -incluso, para los enemigos del Gobierno- es que el Ejecutivo del PP no mintió en aquellos días de marzo. De todas formas, no está dicha la última palabra y las comparecencias deberían seguir en septiembre, entre otras cosas porque no se ha aclarado como se violó desde las calle Ferraz la jornada de reflexión.

La necesaria presencia de Ignacio Astarloa y de José María Aznar en la Comisión parece inexcusable. Sus testimonios deberían ser obligatorios para elaborar las conclusiones finales, por lo que no deja de tener un componente ridículo que los partidos políticos intenten cerrar ese texto sin contar con las declaraciones de algunos de los protagonistas decisivos en aquellos días. Es evidente que el PSOE tiene miedo, mucho miedo a que se aclare lo que pasó la jornada de reflexión. La realidad es que la Comisión ha pasado de puntillas sobre esa cuestión. El PSOE, a no ser que de un giro brusco por algún imprevisto, va a apostar por acabar con la Comisión cuanto antes. Por su parte, el Partido Popular tiene la obligación de apretar al máximo la maquinaria para que las comparecencias continúen en septiembre. El trabajo está sin acabar y echar el cerrojazo sería engañar a los ciudadanos.

EL CORDERO REBELDE
Por Ignacio CAMACHO ABC 30 Julio 2004

CARAMBA con Acebes. Era la víctima propiciatoria de la Comisión de investigación, el cordero que iban a echar a los leones para que se lo merendaran como aperitivo por si Aznar resultaba puro hueso, y no sólo salió vivo de la encerrona, sino que hasta se permitió un honorable contraataque. Aguantó las diez horas de interrogatorio sin que se le moviera el flequillo, se levantó una sola vez para ir al baño, mantuvo el tipo con orgullo y firmeza y le tiró mandobles a sus presuntos devoradores, que acabaron con los dientes lastimados.

Cualquiera que hubiese pasado por la mañana del 11-M en el papel de Acebes estaría políticamente liquidado. Se tragó un marrón incomestible, dio la cara para que se la partieran, retransmitió en directo una investigación que era un harakiri para el Gobierno, y encima tuvo que aguantar que lo pusieran por mentiroso en los carteles de aquellas jornadas de infamia. Para la Comisión era la única pieza segura, la cabeza a cobrar sin más problemas que los de trámite. Pero salió con vida del empeño. No incólume, porque nadie puede salir incólume después de haber pasado por todo eso, pero con resuello.

Y lo logró por una razón muy sencilla: porque ni el PSOE ni sus socios han conseguido establecer la prueba de cargo de sus supuestas mentiras. Las jornadas de interrogatorios sólo han arrojado algunas dudas y contradicciones, pero no han establecido la certeza de que el Gobierno Aznar manejó adrede información averiada; en todo caso, pueden quedar indicios de que se la suministraron para hacerlo quedar como Cagancho en Almagro.

Acebes, que no es precisamente un político carismático, sino gris, aguantó con rocosa serenidad el toma y daca, se fajó a modo y luego salió a la contraofensiva. Nadie le puso en evidencia. Pertrechado en la progresiva seguridad que le daba la certeza de que no conseguían desestabilizar su versión, lanzó la cortina de humo de la ETA y se parapetó en ella para sacar las manos desde las cuerdas. Su «¿quién ha sido?» sonó como un latigazo en una Comisión que no ha podido ofrecer ninguna respuesta sobre las verdaderas dudas del 11-M. Que no consisten tanto en si el Gobierno de entonces mintió deliberadamente como en las preguntas sin respuesta sobre la autoría intelectual de la masacre, el papel de los confidentes, el suicidio colectivo de Leganés y los extraños episodios del hallazgo de las pistas.

Ésa es la verdadera cuestión pendiente, y el ex ministro la puso de manifiesto a medida que reforzaba su versión y eludía la otra evidencia incontestable, la del manejo equivocado de la crisis que llevó a cabo Aznar y que acabó costándole el poder al PP. Pero no era Acebes el que iba a ponerse a sí mismo la piedra en el cuello. A él le bastaba con enrocarse en sus verdades, que nadie ha podido cuestionar en serio. Menos aún desde que se ha sabido que el actual Gobierno ha escondido información esencial sobre los hallazgos de nuevos coches usados por los terroristas.

La Comisión ha dejado escapar la verdadera naturaleza de sus pesquisas, centrándose en el acoso a posteriori a los dirigentes del PP. Los «agujeros negros» del 11-M continúan tan oscuros como al principio, y esa falta de luz permite sostener teorías conspiratorias o cortinas de humo como la del papel de ETA, que no se sostiene porque no hay indicios, pero proporciona oxígeno a los acosados para agarrarse a un clavo ardiendo. El PSOE y sus aliados no han hallado la prueba fundamental para desacreditar al antiguo Gobierno, para demostrar que mintió a sabiendas, y el resto está todo como antes. Es decir, apto para que cada cual lo enjuicie desde sus propios criterios a priori.

Por eso Acebes se fue vivo del desolladero. Porque mucha gente sigue pensando que quedan piezas sin encajar en el puzle del atentado y que aún no sabemos quién y por qué logró cambiar el signo de la Historia de España. 
icamacho@abc.es

EL PÍCARO Y EL HIDALGO
Por Jaime CAMPMANY ABC 30 Julio 2004

LA Comisión de Antón Pirulero llega a un momento especialmente tenso con las declaraciones de dos ex ministros: Pérez Rubalcaba, que lo fue con Felipe González, y Ángel Acebes, que lo ha sido con Aznar. Hay que reconocer que entre los maestros del uno y del otro existen algunas diferencias apreciables respecto de su habilidad como vendedores. Aznar no sabe vender ni la verdad más evidente, y no sería capaz de colocar al cliente mejor dispuesto ni unos vaqueros en las rebajas de El Corte Inglés, mientras que Felipe González te vende la burra coja, gacha, rendida por el menudillo y con mataduras, y le encaja un cargamento de frigoríficos a los tópicos esquimales.

Naturalmente, Pérez Rubalcaba ha dicho en la Comisión todo lo contrario de lo que ha declarado Acebes. Unos comentaristas creen que Acebes dejó claro que el Gobierno no mintió en sus informaciones, y que quienes mintieron fueron «otros». No es necesario hacer un ejercicio de imaginación para saber a qué mentirosos se refiere Acebes: obviamente, a los que venden la burra como si fuese un purasangre de carreras ganador del «Derby». Acebes ha hecho una pregunta cuya respuesta exacta arrojaría mucha luz sobre las sombras que todavía, o mejor dicho, cada vez más, envuelven los hechos de aquellos días: «¿Quién fijó la fecha del 11-M para perpetrar el atentado?».

Y como aquí todos: comisionados, testigos y comentaristas contemplan los hechos bajo el color de sus cristales políticos, otros comentaristas estiman que la declaración de Rubalcaba ha dejado las cosas en su sitio y al ex ministro Acebes en posición dialéctica miserable. Como en este caso las verdades vienen tan amasadas y confundidas con las mentiras, tanto si se trata de mentiras por ignorancia como de mentiras adrede, al ciudadano interesado en conocer la verdad del cuento sólo le queda la libertad de elegir la versión que parezca más razonable dentro del despropósito general y de las constantes patadas a la lógica y al análisis objetivo que en la Comisión se propinan.

Claro está que no voy a meterme a juzgador ni voy a aventurar conclusiones. Espero que algo vaya esclareciendo el tiempo, que a veces la verdad es fruto de muy lenta maduración. Pero sí tenemos un primer elemento importante para valorar la declaración de los dos ex ministros, el de González y el de Aznar. Ángel Acebes es un hidalgo que ni en política ni en su vida privada se le ha visto nunca apoyarse en el embuste o en la triquiñuela, mientras que Rubalcaba es un pícaro de los famosos pícaros de Celtiberia, desde Lazarillo al Buscón don Pablos, y desde Guzmán de Alfarache al Cortadillo cervantino, y ya se sabe que el pícaro se apaña en la vida con el engaño, la astucia, la trampa y demás armas del ingenio ibérico.

Y si toda aquella opereta macabra del 12 y del 13 de Marzo, aquella explosión de manifestaciones callejeras («espontáneas» las llamaba sin cesar la Ser con terquedad sospechosa), de pancartas, de asaltos, de griterías, de insultos y de eslóganes, no fue organizadas por la picaresca de Rubalcaba, decidme qué otro pícaro anda por las filas del socialismo que sea capaz de eso. Quiero felicitarle.

Comisión 11-M
El mejor argumento nunca fue empleado
Fernando Prieto Libertad Digital 30 Julio 2004

Seguíamos con el máximo interés la comparecencia del ex ministro Acebes en la comisión del Congreso y esperábamos que desde los primeros minutos se le oyera exponer su mejor argumento para insistir en la autoría de ETA, que hubiera sido el de las exigencias técnicas de una investigación criminal. Pero fue en vano. Tenía en su mano un argumento que, a nuestro juicio, era definitivo y no lo empleó. Veamos.

Reiteradamente, oímos a quienes dan información sobre algún hecho delictivo todavía en fase de investigación que la información que se puede hacer pública está limitada por las exigencias de la misma investigación, puesto que una información completa podría perjudicar la actuación policial alertando al delincuente para anticipar su huída, para destruir pruebas...

En el caso del 11-M es evidente que atribuir desde un primer momento la autoría a ETA no dificultaba la actuación policial en la hipótesis de que aquélla hubiera sido la autora, puesto que en cualquier hecho terrorista en España las autoridades y el pueblo piensan inmediatamente en ETA y ésta lo sabe. Si los autores eran otros terroristas, oír que la policía buscaba a ETA les debía dar alguna calma porque contarían con más tiempo para la huída: la policía no les estaba buscando. Y esto hubiera dado más margen a la policía. Por eso parece como una elemental medida de prudencia policial mantener en secreto la autoría islamista, incluso habiendo sido detectada. Al menos hasta tener las primeras detenciones. El secreto parece una técnica obligada para proteger la acción policial. Este es el argumento que esperábamos de Acebes.

Ni siquiera lo mencionó. Seguramente porque ni siquiera se le pasó por la cabeza. ¡Qué lastima!, porque reconocer que hubo ocultación de la autoría islámica por razones policiales hubiera sido la actuación correcta de la máxima autoridad de la Seguridad del Estado. Como no fue así, como fue contando lo que iba sabiendo, se puede concluir que el ex ministro Acebes no estuvo a la altura técnica de su cargo. Le pudo la conmoción y los mandos policiales no adoptaron la más simple medida táctica del secreto y, por ello, no la pasaron al ministro.

Ahora bien, no haber recurrido en la Comisión al argumento porque nunca pensó en él ni nunca se lo sugirieron, da la altura moral del ex ministro. La conclusión es muy distinta cuando se aplica este razonamiento a quienes vocearon tan pronto como pudieron, incluso inventándose un suicida, la autoría islámica: su primer interés no era la detención de los culpables, sino la expulsión del PP del Gobierno. Y en esto siguen en la Comisión. Ya está el PP fuera del Gobierno. Ahora el objetivo es que no vuelva nunca.

La jauría
Alfonso Ussía La Razón 30 Julio 2004

La banda terrorista ETA sabía que su negocio de dinero y sangre podía peligrar con un Gobierno presidido por José María Aznar, y fueron a por él. Aznar vio pasar a la muerte a una décima de segundo de su vida. La décima de segundo del estupor dio paso a la serenidad. Demostró tenerlos como un par de melones de Villaconejos. Abandonó el coche y se interesó uno por uno por los hombres que le acompañaban, su chófer y sus escoltas. Durante su mandato, apoyó sin reservas a sus ministros del Interior, Jaime Mayor, Mariano Rajoy y Ángel Acebes, y estableció la prioridad gubernativa de terminar con la ETA. Sus resultados están ahí. La banda terrorista agoniza, y sólo ha retrasado su rendición y desaparición el apoyo institucional del nacionalismo. El vasco, amparando a sus cómplices políticos, y el catalán extremo pidiéndole muertes no catalanas, como hizo Carod-Rovira en Perpignan en su nauseabundo encuentro con los asesinos. Cuando se vive la experiencia de saludar a la muerte a menos de un centímetro de la mirada, las cosas se ven diferentes durante el resto de la vida y las decisiones se reafirman.

Pero sería injusto resumir la labor de Gobierno de José María Aznar en la lucha antiterrorista. Aznar recibió una nación con la caja esquilmada y la corrupción estallante, la Seguridad Social en la ruina, las pensiones en el limbo, la economía en alerta roja y el prestigio internacional por los suelos. España consiguió, con Aznar, salir del atolladero, cumplir con todos los requisitos para ingresar, con carácter fundacional, en la zona euro, y la corrupción generalizada dejó de ser una costumbre aceptada por la mansa sociedad española. Prometió no gobernar más de ocho años, y cumplió su promesa. Eso sí, le faltó algo de flexibilidad y le sobró ingenuidad ante sus adversarios más poderosos. Su política de comunicación fue un desastre sin paliativos y regaló a su peor enemigo el monopolio de la televisión digital. Su postura en la guerra de Iraq pecó de intransigencia, pero fue una decisión política y gobernante. El terrorista de Al Qaeda, «El Egipcio», considerado uno de los máximos responsables de la salvajada del Once de Marzo ha pedido a los terroristas islámicos que agradezcan a Alá el haber eliminado a Aznar. Ni Alá ni vainas. Aznar ya se había eliminado a sí mismo en cumplimiento de su promesa. En lo que no se equivoca «El Egipcio» es en su diagnóstico político. Gracias a la masacre del Once de Marzo, llevada a cabo por un extraño grupo de terroristas marroquíes probablemente amparados por Al Qaeda y la infraestructura del «Comando Madrid» de la ETA o de lo que queda del tal comando , el Partido Popular perdió unas elecciones que tenía ganadas. Unas elecciones celebradas en condiciones de serenidad precaria y vergonzosas manipulaciones y coacciones reconocidas por los propios manipuladores. Por primera vez en una nación democrática occidental los resultados de unas elecciones generales fueron consecuencia de una brutal acción terrorista.

Las gestiones políticas hay que analizarlas con frialdad, y somos muchos los que aún consideramos a José María Aznar como el mejor presidente de Gobierno de la etapa democrática y constitucional de España. Me consta que no cuento con sus simpatías personales desde que critiqué con dureza alguno de sus errores estéticos, como aquella desafortunada boda escurialense que tanto daño hizo a su bien ganada figura de castellano austero. Pero de las equivocaciones humanas protagonizadas por la soledad del poder y la pericia de los aduladores nadie se encuentra a salvo. Ahora, le afean la contratación de un «lobby» para conseguir la Medalla del Congreso de los Estados Unidos. Bueno, el «lobby» lo buscó y, lo contrató en tiempos de Felipe González su asesor Julio Feo, y según tengo entendido el actual Gobierno mantiene sus relaciones y pagos contractuales. Si acaso, una bobada.

Este Gobierno, que impulsado por un resentimiento invencible y apoyado por sus medios de comunicación afines en este aspecto, los socialistas son unos maestros sólo desea el descuartizamiento político y personal de Aznar, tiene que agradecer a su futura víctima el haberse encontrado con una administración con la caja llena y los caminos abiertos. Con una Seguridad Social vigorosa y un fondo de pensiones inimaginable en tiempos gobernados por el socialismo. La obsesión antiaznarista ha llegado a superar los límites de lo ridículo para adentrarse en los espacios de la enfermedad. Se deshace lo que Aznar hizo decreto a decreto, cuando una mayoría abrumadora de las decisiones gobernantes de Aznar fueron acertadas, y muchas de ellas, brillantes.

Lo quisieron matar y no pudieron. Hirieron a su Partido cuando él se despedía. Quieren lincharlo. Les asusta un posible retorno de Aznar a la política activa, pasados unos años. Su obligación ahora es callar y aceptar los rumbos que determine Mariano Rajoy. No conseguirán tumbarlo los resentidos. Pasará a la historia, que no a las historietas, como un gran presidente.

El talante de Acebes
Antonio Jiménez La Razón 30 Julio 2004

Ángel Acebes ha sido la última víctima de la nueva forma de hacer política del PSOE y sus aliados, consistente en expender certificados de buen o mal talante, según la disposición del contrario a decir lo que ellos quieren escuchar. Como el representante de ERC oyó de Acebes lo que no quería, esto es, que el Gobierno Aznar no manipuló, no ocultó, no mintió e informó en tiempo real de la marcha de las investigaciones, fueron otros los que hicieron campañas de agitación para desacreditarlo, rápidamente le etiquetó con el certificado de mal talante. Además, un ingenuo como yo esperaba que los comisionados del 11-M demostraran su buen talante felicitando de entrada al mejor y más eficaz ministro del Interior de la democracia en la lucha contra ETA, por haber detenido en tiempo «record» a los colaboradores y autores de la peor matanza terrorista de la historia de España. Pero no. Muy al contrario, intentaron, sin éxito, llevarle al objetivo que socialistas, comunistas e independentistas se han propuesto en la comisión y que no es otro que criminalizar a toda costa al PP. Llegar a la verdad y responder a las preguntas que seguimos haciéndonos: quién o quiénes están detrás de los atentados y si ETA está relacionada con la masacre, parece que le importa menos a los chicos del «buen talante o buen rollito».

Una estatua para Prieto
Iñaki Ezkerra La Razón 30 Julio 2004

Una cosa es aceptar que «la Historia se repite» y otra que «la historieta te repita». Saludaría con fervor el adiós de Joseba Arregi al PNV si no fuera porque huele a una repetición del salto de Emilio Guevara al PSE-EE. Me alegro de que esta vez el «michelín» no haya esperado a que le expulsen. Me alegro en la medida en que esa voluntaria despedida daña al nacionalismo, pero me deprime que el PSE-EE acabe como «un PNV de quiero y no puedo». Pese a que el descartado proyecto de un gobierno constitucionalista comandado por socialistas y populares aún se siga dibujando insistentemente como la única solución política de la sociedad vasca y del callejón sin salida en el que se ha metido el nacionalismo, el PSE-EE todavía se empeña en lanzar picarones y ridículos guiños a un PNV que siempre demuestra preferir otras compañías. Lo que no acaba de entender Zapatero es que, más allá de su promesa de acuerdos o concesiones, el PNV desprecia al socialismo íntimamente.

Una prueba es que le levanta estatuas a Sabino y Aguirre en Bilbao pero ni se plantea levantar una Prieto, padre del primer Estatuto de Autonomía. Este desnortamiento táctico de los socialistas tiene que ver con una clamorosa ausencia de discurso ideológico. Esa falta de discurso tiene que ver a su vez con una actitud defensiva que sueña como éxito propio el momentáneo fracaso ajeno del PP. Y esa actitud defensiva tiene que ver asimismo con intereses que no son presentables, con la mala conciencia que acarrean y el miedo a que se ventilen en público. En los partidos, como en las personas, los afanes turbios, los temores, las culpas producen esterilidad creativa, una reacción de rigidez, de disminución y repliegue psicológicos que constriñe toda capacidad de pensar e imaginar, de reaccionar moral, ideológica o incluso tácticamente con espontaneidad pues esas capacidades necesitan esponjarse, desarrollarse en un espacio amplio y propicio.

Un partido sólo preocupado por colocar a su gente es el equivalente a un artista obsesionado por el dinero que cobrará por su obra. Ese tipo de preocupación y el temor a que se denuncie o resulte demasiado obvia ahogan, quitan aire y tapan los oídos al impulso reflexivo e imaginativo, a la voz de esa rebelión interior y profunda de la que nacen las verdaderas ideas y los logros tanto políticos como teóricos, estéticos o retóricos. Y esa penuria de aire y espacio tiene que ver también con el constreñimiento de la memoria, de la cual saca sus fuerzas, su legitimidad y su mensaje tanto el creador como el líder de partido. Ante el problema nacionalista, ese PSE-EE tan preocupado por no hacer seguidismo del PP, tan susceptible a esa acusación cuando viene del PNV que conoce bien sus puntos flacos actúa no ya como si no tuviera criterio sino como si no tuviera memoria. Para empezar a hablar, el PSE-EE debería pedir al PNV que ponga una estatua de Prieto junto a la de Aguirre. El neosocialista Arregui puede intentarlo.

Otra Europa es posible
Carlos Semprún Maura La Razón 30 Julio 2004

No se pueden suprimir a las naciones por decreto. Las naciones se han forjado durante siglos, a trancas y barrancas, con sus epidemias y hambrunas, con sus guerras de conquista, guerras de independencia y guerras civiles (de eso sabemos mucho los españoles), siglos han sido necesarios para que las naciones forjen sus tradiciones, sus culturas, sus lenguas y sus religiones, siglos duraron las luchas por lo que hoy se califica de democracia representativa, siglos de lucha por el progreso, el desarrollo industrial, económico y científico, y una mejoría notable del nivel de vida de los ciudadanos. Claro que hubo fracasos, siempre los hay. Por ejemplo, cuando al final de la Segunda Guerra Mundial, momento clave de la Historia contemporánea que destruyó el imperio austro húngaro, el imperio otomano y dio nacimiento a los totalitarismos comunista y nazi, el Tratado de Versalles, creó artificialmente a Yugoslavia, para terminar con los «desórdenes» en la región. Evidentemente, esa creación arbitraria fracasó, como se ha visto recientemente, porque, repito, no se pueden suprimir las naciones por decreto. Y aunque en condiciones históricas muy diferentes, resulta evidente que España, nuestra España, tampoco es un éxito total en ese sentido, cuando catalanes, vascos y gallegos declaran que no son españoles, y hasta hay vascos que asesinan para demostrarlo, eso significa que «hay algo podrido en el Reino de Dinamarca». Pero bueno, pese a todo, las naciones existen y España más que ninguna, debido precisamente a nuestras tragedias «autonómicas». Todo esto a vuela pluma, y sin citar otros traumas y conflictos, lo digo en relación con la construcción europea y sus reciente paripés.

Estamos ante un Nuevo Tratado de Versalles, igual de arbitrario, pero mucho más ambicioso y no pensado para apaciguar autoritariamente a una región, sino para crear una superpotencia mundial, un nuevo Imperio. Es significativo constatar cómo, de forma aún solapada, se rehabilitan los imperios autrohúngaro y otomano y muchos, demasiados, consideran que la URSS era muy superior a la Rusia actual. La Nueva Europa sería algo así como un nuevo imperio austrohúngaro, ampliado y modernizado, y la entrada de Turquía en la UE, el renacimiento del imperio otomano, pero al revés, o sea, con capital Bruselas, y que reforzaría el «poder europeo» en el mundo musulmán. Evidentemente, los turcos y demás países musulmanes piensan exactamente lo contrario, consideran que la entrada de Turquía en Europa representaría el primer paso de la reconquista por el Islam, su caballo de Troya.

Teniendo en cuenta lo que es Europa hoy no resulta un proyecto totalmente descabellado. Para entender el profundo divorcio entre la opinión pública europea y los proyectos de nuestros dirigentes, menester es señalar lo esencial: los líderes europeos ocultan sus verdaderos objetivos, que no son la paz y el bienestar para todos, sino ganar la guerra contra Estados Unidos. El actual núcleo duro europeo es lo que quiere, no nos llamemos a engaño, pero como no se atreven a decirlo claramente, lo que dicen es pura filfa y el euroescepticismo crece, y se manifiesta con la victoria masiva de la abstención en todas las elecciones europeas. Claro que todos esos mequetrefes que nos dirigen ni siquiera están de acuerdo, para algunos bastaría con que Europa vuelva a ser una gran potencia mundial, económica, política y culturalmente, pero pacífica, para otros, la dimensión militar no está en absoluto ausente, y como apenas existe ejército europeo, intentan crearlo, al margen de la OTAN, y mientras tanto piensan poder utilizar cualquier manifestación armada antiyanqui, incluyendo cínicamente el terrorismo islámico, claro, sin decirlo. El apoyo de la UE a los terroristas palestinos no tiene otro objetivo.

Pero otra Europa es posible, la Europa que ya se ha manifestado durante la crisis iraquí. Una Europa que yo calificaría (copiando esta única vez a De Gaulle) de Europa de las naciones, o sea, que respetara el alma de cada nación, pequeña o grande, sí, aquellos que los siglos han creado, y que no se expresa en las estadísticas oficiales, que es difícil de contabilizar, pero que, en definitiva, es mucho más importante que los tratados de Roma, Maastricht o Niza, firmados por fantasmas. Una Europa solidaria en cuanto a progreso social y desarrollo económico, ya evidente con el mercado común, sin crear un superestado burocrático con ínfulas imperialistas. Pero, sobre todo, una Europa abierta al mundo de la globalización y solidaria de las democracias en esta guerra sucia que nos han declarado las tiranías y su terrorismo islámico. La reciente crisis iraquí es ejemplar en este sentido, al cinismo antiyanqui francés, unido al nacionalegoísmo alemán y a la cobardía de tantos, una mayoría de países europeos, que, pese a serlo, no lograron imponer su criterio, declararon que los USA eran nuestro aliado y que el enemigo era la tiranía iraquí, el terrorismo islámico, y todos sus aliados, que son muchos y variopintos.
Esa visión de Europa, que es la visión del futuro, estuvo representada por todos los países del Este, que han sufrido el totalitarismo comunista y también por el ejemplar Blair (que se trate de política exterior o interior), y muy bien, por el Gobierno de Aznar y otros, aunque menos bien. Todo ha cambiado para mal, el miedo triunfa por doquier, y las palabras del ministro de Relaciones Internacionales de Australia, declarando recientemente que la retirada de las tropas españolas y filipinas de Iraq, constituía un apoyo evidente a los terroristas, y que ellos no se someterían a ese chantaje, me parecen de sentido común.

Al lado de las trágicas peripecias de esta guerra sucia, el hecho de que el PPE haya votado a Borrell en lugar de a Geremek (porque no es bastante «europeo», o sea antiyanqui) resulta ser un triste vodevil. ¿Y la Constitución europea? No he hablado de la Constitución. Pues es bien sencillo: a la basura.       Carlos Semprún Maura es escritor

La cordialidad inane
Aleix Vidal-Quadras La Razón 30 Julio 2004

Reina gran satisfacción en Ajuria Enea y en La Moncloa por la reanudación del diálogo entre el presidente del Gobierno central y el lehendakari. En su visita a Zapatero el pasado lunes, Ibarretxe desplegó cortesía, moderación y sonrisas. La conversación fue larga y se ha sabido sobre todo de lo que no se habló. Los dos primeros mandatarios, el nacional y el nacionalista, no tocaron los siguientes temas: la retirada del plan soberanista que se está debatiendo en el Parlamento vasco, la celebración de una consulta popular sobre el mismo, la liquidación del cupo, la ampliación de la Ertzaintza o los gastos derivados de la limpieza de las playas tras el naufragio del «Prestige».

En cambio, a lo que parece se extendieron en sus intercambios de constructivos puntos de vista en torno a los cambios constitucionales que impulsa el secretario general del PSOE y las reformas estatutarias que se llevarán a cabo en paralelo. Hay que reconocer que el jefe del tripartito vasco se mostró extraordinariamente generoso, probablemente como fruto de las artes de seducción de ZP, porque ha anunciado que piensa asistir a la conferencia de presidentes autonómicos de inminente convocatoria y que el PNV participará en el debate sobre los retoques constitucionales proyectados por su anfitrión, que afectan a la sucesión a la Corona, a la mención explícita de las Autonomías en la Ley de leyes, a la referencia a la futura Constitución Europea se supone que después de su ratificación por los veinticinco estados miembros y al Senado. Dada la probada lealtad de los nacionalistas vascos a la empresa común, es previsible que su aportación sea muy positiva y que contribuya decisivamente a incrementar la cohesión entre los diferentes territorios españoles. En fin, todo pura comedia.

Ahora la moda es decir que Cataluña y el País Vasco sean Estado, como si pudieran ser otra cosa. El problema es que los planes de Maragall y de Ibarretxe no consisten en que sus comunidades sean Estado, cosa que ya son desde hace siglos, sino que, en el caso del lehendakari, nazca otro Estado, y, en el caso del «Molt Honorable», aparezca un pseudoestado. Pero Zapatero confía en el poder magnético de su talante y está convencido de que hablando se entiende la gente, aunque no se hable de nada de lo que interesa de verdad. Ibarretxe ha llegado a la conclusión, una vez concluida la entrevista a alto nivel, que «no es posible llevar a cabo las decisiones de la sociedad vasca de manera unilateral» y por eso ha empezado a trabajar bilateralmente aprovechando la coyuntura favorable. Lo malo es que las cosas han ido ya demasiado lejos para que ahora el PNV pueda dar marcha atrás y la única forma de desatascar el conflicto institucional queda, por tanto, vedada, a no ser que Zapatero ceda en lo que no puede ni debe ceder. La foto que se publicó el martes sólo refleja por consiguiente un ejercicio de cordialidad inane.

El inmovilismo de Ibarretxe
JOSÉ MARÍA CALLEJA La Voz 30 Julio 2004

A IBARRETXE se le han acabado las coartadas exhibidas, con su característico y entrenado victimismo, en los últimos tres años: a partir de ahora tendrá que demostrar sí está dispuesto a salir de su inmovilismo después de que José Luís Rodríguez Zapatero haya demostrado, con palabras y gestos, que está dispuesto a bajar la tensión, renunciar, incluso a lo obvio, buscar vías de solución y entendimiento y poner de su parte lo que sea necesario para arreglar problemas. El aumento en el número ertzainas, el más que probable pago de 32 millones de euros por las cuentas del cupo -a pesar de que según los expertos socialistas corresponde abonarlas al Gobierno vasco-, como gesto de insuperable buena voluntad, unido al guiño simbólico de colocar una ikurriña en la puerta de La Moncloa el día en que Ibarretxe visitó a Zapatero en la sede de la Presidencia del Gobierno, figuran ya en el haber de los socialistas. Habrá que esperar para ver hasta qué punto Ibarretxe está dispuesto a salir de su egoísmo paralizante, a rebajar su visión mesiánica -predemocrática- de la política y comprobar si a falta de enemigos con bigote cae en la cuenta de que su delirio no resuelve ni uno solo de los problemas planteados, crea otros nuevos y aumenta el foso que ya separa a los vascos. Porque, en contra de lo que piensa este lunático personaje, el principal problema que existe hoy en la Comunidad Autónoma vasca (CAV) es precisamente ese: el enfrentamiento entre vascos nacionalistas, que pueden decir lo que les venga en gana sin arriesgar nada por ello, y los vascos autonomistas, que se juegan la vida por ser del PSE-PSOE o del PP.

De momento Ibarretxe ya ha exhibido su tradicional chantaje: pase lo que pase, la última palabra la tiene la sociedad vasca, por supuesto representada por él en su totalidad y sin matices. Pretende Ibarretxe que la decisión de la mitad del Parlamento de una comunidad de dos millones cien mil personas -buena parte de ellas atenazadas por el miedo- se imponga unilateralmente a lo aprobado por un Congreso de los Diputados que representa a cuarenta millones de españoles y que elaboró por minucioso consenso una Constitución que ha permitido el periodo más próspero y duradero de convivencia democrática en la atormentada historia de España. Constitución que, en contra de la propaganda nacionalista, también fue aprobada en la CAV.

Mientras, el batzoki mediático, con sus apesebrados terminales en Madrid, se pasea, impunemente y llenando la andorga, por los medios de comunicación público vascos, insultando a las víctimas y desplegando su odio, como si no fuera suficiente el odio que ya suministran de continuo estos medios, convertidos hoy en portavoces del frente nacional. Resulta hiriente ver cómo gente que alardea de ser de izquierdas y progresista desayuno, comida y cena, levita ante personajes tan profundamente reaccionarios y xenófobos como Xavier Arzalluz; cómo esa gente acampa en los medios públicos vascos, cobra una pasta por ello y aprovecha la ausencia de sus seres odiados para criticarlos con una virulencia que hoy no se encuentra ya ni siquiera entre los simpatizantes de ETA, todo ello adobado de misa y comunión diaria.

El paso del tiempo establecerá hasta qué punto el catálogo de quejas de Ibarretxe se desvanece, de momento le toca responder a los hechos y a los gestos demostrados por Rodríguez Zapatero. ¿Se imaginan ver la bandera española en la residencia de Ibarretxe?

Felicidades, señor Acebes
Cartas al Director ABC 30 Julio 2004

He leído algunas de las expresiones del señor Rubalcaba y debo manifestar mi desazón ante sus constantes intentos de manipulación de la verdad y de la opinión de los ciudadanos. En primer lugar, deseo felicitar al ex ministro de Justicia por las declaraciones en las que, de nuevo, puso de manifiesto la honradez con la que el Gobierno actuó ante circunstancias tan dramáticas como las del pasado 11 de marzo. Escribo también para decirles a quienes están en el Gobierno, y especialmente a Rubalcaba, que dejen de manipular a los españoles y a la verdad sobre el 11-M, que permitan que declaren todas las personas implicadas. La Comisión, no obstante los obstáculos puestos por el Gobierno para que no se conozca la verdad, está evidenciando lo que muchos ya sabíamos: que durante aquellas horas y días algunos trabajaron por las víctimas y contra el terrorismo y otros aprovecharon la coyuntura, el dolor y el desconcierto para cosechar una victoria política. Señor Rubalcaba, por favor, ¡ya está bien de manipular la realidad con fines políticos! Ofende la inteligencia de miles de españoles y la memoria de nuestro país.    Elena Postigo.     Madrid.

Detenido un libanés vinculado a los autores del 11-M
Un teléfono móvil fue la pista que siguió la Comisaría General de Información para detener a Semaan Gaby Eid, con antecedentes por tráfico de droga
D. M./MADRID ABC 30 Julio 2004

El libanés Semaan Gaby Eid ha sido detenido por agentes de la Comisaría General de Información por su presunta vinculación con los atentados del 11-M. En concreto, el arrestado tuvo relación con los principales responsables de la masacre e incluso estuvo en la casa de Morata de Tajuña -donde se prepararon las bombas- y en el piso de Leganés- donde se suicidaron siete terroristas-. La pista que condujo a su detención partió de su teléfono móvil.

Semaan Gaby Eid fue arrestado cuando salía de su vivienda, en el madrileño barrio de Carabanchel. En ese momento, llevaba documentación falsa a nombre de Gabriel Salim Aoun, ciudadano portugués, nacido el 1 de marzo de 1960. Tras la detención, los agentes registraron su domicilio y se incautaron de dos teléfonos móviles, contratos de telefonía, fotocopias de documentos marroquíes, una libreta bancaria, agendas manuscritas y diversa documentación. En su poder tenía un permiso de circulación y una carta de identidad portuguesas. Este material está siendo analizado por los expertos en terrorismo islamista por si puede conducir a otros implicados en la matanza del 11-M.

Gaby Eid estaba relacionado con Jamal Ahmidan, «El Chino», jefe de operativo de la célula terrorista -se suicidó en Leganés-, con Abdelillah Faoual El Akil (en prisión por su vinculación con el 11-M), y con los hermanos Mustapha y Youseff Ahmidan (sobre todo con el primero de ellos, detenido en Marruecos). También tuvo contactos con los hermanos Oulad Akcha -Mohamed y Rachid están muertos- y con personas vinculadas a José Emilio Suárez Trashorras, así como con Abdenbi Kounjaa -también se suicidó-, y con Abdelillah Fadoual, hombre de confianza de Jamal Ahmidan, «El Chino».

Según fuentes de la investigación, Semaan Gaby Eid, horas después de los atentados de Madrid, estuvo en la casa de Morata de Tajuña y también fue identificado, entre el 13 y el 3 de abril, en los alrededores del piso que los terroristas habían alquilado en Leganés. Como ha sucedido con muchas de las detenciones practicadas, el libanés fue arrestado a raíz de las indagaciones realizadas por la Policía sobre su teléfono móvil.

El detenido, que se encuentra en dependencias de la Comisaría General de Información, cuenta con antecedentes por tráfico de droga y tiene pendiente alguna reclamación judicial.

UNO DE LOS TERRORISTAS MÁS BUSCADOS POR EL FBI
Pakistán confirma el arresto del líder de Al-Qaeda responsable de los atentados en Kenia y Tanzania
El Ministerio de Interior de Pakistán ha confirmado que desde el pasado domingo mantiene bajo arresto a Ahmad Jalfan Ghailani, de treinta años y originario de la isla de Zanzíbar, considerado el dirigente de la red Al-Qaeda en África que organizó los atentados terroristas cometidos en 1998 contra las embajadas estadounidenses en Kenia y Tanzania donde fueron asesinadas 224 personas. El terrorista figura en la lista de personas más buscadas por el FBI que ofrecía una recompensa de 21 millones de euros.
Agencias Libertad Digital 30 Julio 2004

Ahmad Jalfan Ghailani se encuentra siendo interrogado por autoridades de Pakistán, tras ser detenido el pasado domingo en una zona de Gujarat. Según el Ministerio de Interior de Islamabad, agentes de la Policía lograron entrar en una vivienda, tras un intenso tiroteo, y arrestar al terrorista junto con otras trece personas, entre ellos dos sudafricanos.

Fuentes paquistaníes han dicho que Jalfan Ghailani, uno de los terroristas más buscados por el FBI por su directa responsabilidad en la organización de los atentados de 1998 contra las embajadas estadounidenses en Kenia y Tanzania (en la que fueron asesinadas 224 personas), trataba de huir de Pakistán a territorio afgano utilizando documentos falsos.

Faisal Saleh Hayat, portavoz del Ministerio de Interior, calificó la operación en Gujarat de "éxito en la lucha internacional contra el terrorismo". Por el terrorista el Gobierno de EEUU ofrece una recompensa de unos 25 millones de dólares (alrededor de 21 millones de euros). El funcionario, que añadió que "también hemos detenido a su esposa uzbeka y dos sudafricanos", subrayó que los investigadores paquistaníes intentaban determinar la identidad de estos últimos, así como el papel que desempeñaban en la red terrorista. En la operación, arrestaron a varios intermediarios paquistaníes, además de mujeres y niños.

El Ministerio de Interior de Islamabad ha indicado que Ahmad Jalfan Ghailani es el más alto dirigente de la red terrorista que dirige Osama ben Laden capturado en Pakistán desde el arresto en marzo de 2003 de Khalid Sheik Mohamed, considerado por EEUU el "cerebro" de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington.
 

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