AGLI

Recortes de Prensa     Sábado 31 Julio 2004

Rubalcaba
David Gistau La Razón 31 Julio 2004

Que sirva para algo

José Antonio Vera La Razón 31 Julio 2004

UNA VERDAD ENTRE SOMBRAS

Editorial ABC 31 Julio 2004

¿Qué hacemos con la memoria
Juan Pablo Colmenarejo La Razón 31 Julio 2004

La Comisión del carpetazo

Jorge Vilches Libertad Digital 31 Julio 2004

Ibarreche, impasible el ademán, hace sonar su disco rayado
EDITORIAL Libertad Digital  31 Julio 2004

El golpismo imaginado
Cristina Losada Libertad Digital 31 Julio 2004

La transmutación de la Comisión
Isabel Durán Libertad Digital 31 Julio 2004

The talented mister Rubalcaba
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 31 Julio 2004

O de cómo el ministro Alonso pasará a la Historia
José García Domínguez Libertad Digital 31 Julio 2004

Zapatero, Ibarretxe y Arregi
JOSÉ MARÍA CALLEJA El Correo  31 Julio 2004

Redondo asegura que el PSE se «equivoca» al hacer volver a los etarras a la UPV

Redacción La Razón 31 Julio 2004

La cultura árabe-musulmana

Juan José VALLE La Razón 31 Julio 2004
 


Rubalcaba
David Gistau La Razón 31 Julio 2004

En esta columna ya se ha dicho que el 11-M planteó una comparación tramposa entre ETA y el terrorismo islámico de la cual la banda sale beneficiada, casi redimida. «Ellos nunca lo harían», dicen ciertas voces procedentes de esa misma izquierda que se afana en crear coartadas de falso progresismo al proyecto de limpieza étnica del xenófobo Pérez Carod, el que salió a recoger nueces el 11-M. Ellos nunca lo harían, dicen. Como si no hubiera ya, detrás de ETA, un terrible historial de asesinatos en los que incluso niños fueron despedazados –¿no fue indiscriminado, lo de la Casa Cuartel de Zaragoza, lo de Hipercor?– que desde luego basta para que los españoles tengamos claro el mensaje que quería explicarnos Josu Ternera: sabemos de qué son capaces esos asesinos. Y lo son del 11-M. Quien lo niegue a pesar de tanta sangre derramada contribuye a excusarlos.

Como Rubalcaba. Quien la otra tarde en la Comisión, defendiendo un interés político de su partido, se amparó en la comparación tramposa antes mencionada para argumentar una exculpación genérica de ETA –«Esa brutalidad no es de ETA», «cuando ves algo tan horroroso piensas: es chocante que lo haya hecho ETA», «Las bombas de ETA van sin metralla», «Los etarras detenidos siempre declaran que los atentados no iban a ser indiscriminados»– que bien podría haber firmado el propio Otegui y que constituye un insulto a todos los caídos en tres décadas de atentados. Un insulto y, lo que es más peligroso, un agrietamiento de esa movilización colectiva –civil, política e intelectual– con que deberíamos plantar cara al terrorismo etarra y que tan difícil fue alcanzar desde la Transición precisamente por culpa de las reticencias de esa izquierda que concedía a ETA prestigio por su pose anti-franquista del origen. No parece sino que Rubalcaba todavía no ha recibido el mensaje de Josu Ternera. Que los niños despedazados en atentados indiscriminados no le bastan para resistirse a la tentación de exculpar a ETA. O eso, o miente y nos debilita por un interés político, lo cual le convierte en un irresponsable.

Que sirva para algo
José Antonio Vera La Razón 31 Julio 2004

Bien, han terminado ya las comparecencias de la comisión del oncéme, al menos por el momento, y la sensación que queda es que se ha avanzado poco en la investigación, más bien nada, que estamos como al principio, con un montón de sospechas, con muchos intereses, con demasiadas mentiras, con un rosario de comparecientes adoctrinados para decir lo que correspondía, con diputados que no han dado la talla y se han dedicado a transmitir y plantear consignas, a ejercer de títeres, a trabajar para la Prensa, con periodistas al servicio de los partidos, escribiendo o titulando en función de lo que más conviene a los partidos, etcétera. En fin, yo pensé que se trataba de hacer una comisión todos-a-una en la que íbamos a indagar en serio para descubrir en serio lo que hubo o hay detrás del oncéme en serio. Pero no, aquí la seriedad ha sido suministrada por goteo. En una encuesta que publicó este periódico hace un par de semanas, se ponía de manifiesto que la mayoría de los ciudadanos cree que los partidos no tienen gran interés por saber lo que en realidad pasó aquel fatídico día. Piensan que sólo hay interés de verdad en hacer un lavado de cara de sus imágenes públicas, en plantear las comparecencias según el criterio de sus superiores o la conveniencia de sus organizaciones. También existe una sensación general de que la comisión está politizada, de que los que han declarado son poco o nada sinceros y no han dicho todo lo que saben, y que lo que han declarado no aporta nada nuevo, pues se trata de cosas que en realidad ya todos conocíamos.

No, esta comisión no ha sido precisamente un ejemplo de lo que tiene que ser una comisión de investigación. Más bien es el ejemplo más claro de lo que no debería ser. ¿Por qué ha durado apenas un mes y no veintidós meses como en Estados Unidos la del oncése?. Hombre, porque tal y como ha transcurrido, para lo que hemos visto, lo mejor es que acabara cuanto antes, la verdad. Lo normal es que, como en Estados Unidos, se hubiera trabajado en la retaguardia durante meses acumulando informes, elaborando entrevistas, aportando grabaciones y vídeos, entrevistando a implicados, haciendo una tarea sorda de información que está reñida con la publicidad y el exhibicionismo político. Y que sólo al final entraran en escena los representantes de los partidos con sus maracas y sus gaitas. Porque si desde el principio todo está politizado, todo está filtrado y preparado, como aquí ha dado la impresión, será de escasa utilidad que estemos un mes o veinte mareando a la opinión pública. Más bien es conveniente que acabemos pronto para no enredar demasiado con cosas inútiles, y que dejemos trabajar a los jueces en lo más importante, a saber: descubrir de verdad el entramado que hay detrás de la autoría para evitar que en el futuro se puedan repetir atentados como el del pasado once de marzo.

Sí, perdemos y ocupamos muchas horas con el vedetismo y el funambulismo. Le hemos estado dando vueltas a la historia de un confidente, sin saber que los confidentes han existido siempre y siempre han sido lo que son: delincuentes, narcotraficantes, individuos generalmente del hampa que a veces cantan y cuentan la verdad, y a veces cobran por mentir, y a veces mienten por cobrar. Hombre, ahora va a resultar que la palabra de un confidente vale más que la de un representante de las fuerzas de seguridad, como hemos oído a algún diputado en algún caso. Se pretende incluso, quieren algunos, que lo declarado por un confidente a no sabemos quién ni cuándo tenga más valor que lo que ha declarado reiteradamente ante el juez. ¿Cuándo miente el confidente, cuando habla ante el juez o cuando lo hace con la Guardia Civil o con otro confidente o con algún periodista? Si empezamos a descubrir a todos los confidentes de la Guardia Civil, a mostrar sus caras en público y a sentarlos en ruedas de Prensa, estaremos haciendo un flaco servicio a la lucha contraterrorista, pues los confidentes suelen ser gentes que conocen o son próximos a los terroristas, que a veces ellos mismos han sido o son terroristas, pero que tienen valor como confidentes en tanto que nadie sabe que lo son, que pueden seguir haciendo su trabajo y sus confidencias mientras nadie sepa que lo hacen, pues pueden pasar desapercibidos como tales en su habitual entorno delictivo. Bien, sería mejor que no hubiera confidentes, pero tras años y años de lucha contra el terrorismo, se ha demostrado que los confidentes son necesarios, por mucho que nos molesten sus costumbres y formas de ser y de actuar. Y si tiene que haber confidentes, habrá que protegerlos, pues un confidente quemado es un confidente gastado, y probablemente también un confidente muerto, habida cuenta de que sus antiguos camaradas no le van a perdonar que durante años ejerciera de soplón de la policía sin que ellos lo supieran.

De manera que cuando ves a determinados diputados presuntamente serios haciendo y diciendo ciertas tonterías, no puede uno más que solidarizarse con quienes desde las fuerzas de seguridad ponen el grito en el cielo por esta forma tan abrupta e irresponsable de actuar en el seno de una comisión de investigación. Y lo peor es que lo hacían por comprar un rato de gloria en los periódicos, por satisfacer a quienes les pinchan y presionan para que hagan lo que ellos saben que no se debe hacer de esa manera. En fin, poca seriedad es lo que ha habido. Poca seriedad y muchos intereses y mucha politización. Por eso es bueno este pacto de Estado que ahora se propone. Olvidemos ya las guerras partidarias y centrémonos en armar un escenario desde el que se pueda hacer frente a este nuevo y desconocido fenómeno del terrorismo islamista. Que la comisión del oncéme sirva al menos para algo. Por favor.

UNA VERDAD ENTRE SOMBRAS
Editorial ABC 31 Julio 2004

LA despedida de la Comisión investigadora del 11-M hasta el mes de septiembre, sin dejar hechas conclusiones sobre el resultado de sus trabajos y con grupos dispuestos a solicitar más comparecencias, no sólo no responde a la razón de ser de este tipo de iniciativas -impulsadas por una necesidad social inaplazable de respuestas-, sino que, además, entraña un sentimiento de desdén hacia los ciudadanos, empujados por los partidos a una discordia política sin precedentes que, no obstante, y con puntualidad de calendario laboral, no les ha impedido cerrar por vacaciones. Luego vendrán los lamentos por el descrédito de la clase política.

Sin embargo, de esa Comisión, y subsidiariamente al silencio estival de los comisionados, resultan datos ciertos, contrastados con informes y testimonios, cuya referencia inicial no está formada por una discusión abstracta sobre el terrorismo islamista, sino por el catálogo de acusaciones que el PSOE vertió contra el Gobierno del PP por supuestas mentiras en la información facilitada a la opinión pública. Pues bien, el Gobierno de Aznar no mintió. Excedió posiblemente su presencia informativa, recibió alguna información errónea y problablemente puso énfasis donde se requería más contención verbal. Pero no mintió, y así ha quedado claro en las sesiones de la Comisión, no tanto porque el PSOE no haya podido probar la mentira, sino porque el PP ha logrado acreditar su verdad, al menos en el capítulo fundamental de que la información a los ciudadanos se ajustó, en contenidos y tiempos, a los datos que le iban facilitando los mandos policiales y el servicio de inteligencia. Si el que acusa asume la carga de la prueba, el PSOE ha fracasado, y sólo gracias a la coalición que ha formado contra el PP se garantizará la ausencia de una declaración de responsabilidad política.

La segunda conclusión afecta al PP, porque formuló contra el PSOE una teoría de la conspiración sobre las concentraciones ante las sedes populares en la jornada electoral, que tampoco ha podido acreditar, si bien esta teoría no fue una réplica inmediata a las acusaciones socialistas el 13-M, sino posterior a las elecciones, y accesoria en todo caso de la conspiración de encubrimiento de la verdad que el PSOE imputó, con dolo de falsedad, al PP.

En tercer lugar, el argumento de la mentira condicionó la actitud electoral de cientos de miles de españoles. No fue, sin duda, la única causa de la derrota del PP, sino el detonante de un cúmulo de circunstancias previas, eso sí, como todo detonante, imprescindible. La victoria socialista fue legítima porque se forjó con el voto de los electores, pero el paso del tiempo le ha restado autoridad moral. Y este lastre no será cómodo de llevar por el Gobierno de Rodríguez Zapatero.

Última conclusión. En la semana posterior a los atentados -y el mismo 11-M- se conocieron más datos de los autores y cómplices, de sus motivaciones y propósitos, que en los cien días de Gobierno socialista.

En cuanto el paso del tiempo ha facilitado términos de comparación, el contraste de las políticas de transparencia informativa es implacable con el actual ministro del Interior, José Antonio Alonso, cuyo partido puso en la picota a su predecesor por cinco horas que tardó en anunciar el hallazgo de los detonadores y la cinta con contenidos coránicos en la fugorneta de Alcalá de Henares, frente al embargo informativo que ha practicado Alonso con los vehículos hallados posteriormente, en los que el retraso se mide por días y semanas.

Una Comisión mutilada y administrada con fines partidistas no era lo que se merecía la tragedia del 11-M, ni la crisis de confianza institucional que provocó con el acoso ilegítimo al Gobierno del PP. Pero, al menos, ha tenido la virtud de dejar un doloroso preaviso tanto a la sociedad como a los partidos frente al enorme coste moral y político que siempre conlleva la manipulación de los sentimientos generados por un acto terrorista.

¿Qué hacemos con la memoria?
Juan Pablo Colmenarejo La Razón 31 Julio 2004

Poco se esperaba de la comisión de investigación y muchas son las decepciones. A las víctimas les han dado una medalla esta semana que constituye un reconocimiento más de la sociedad. Un consuelo que no llena el vacío dejado por el ser querido pero que al menos muestra el apoyo que todos debemos mostrar.

En aquellos trenes podría haber estado cualquiera en una mañana de infamia. Los 191 muertos son los últimos de una larga lista de asesinatos cometidos por el terrorismo en las últimas cuatro décadas. Nuestra sociedad ha ido engullendo el dolor durante décadas no como una costumbre pero sí con una resignación inconsciente de la que poco ha poco nos hemos liberado. Hemos perdido el miedo a tener memoria. Y algunos en primera fila frente a los que amenazan la vida y la libertad. Las 38 comparecencias y las más de 100 horas de testimonios han sido un ir y venir de reproches con poca autocrítica y varias versiones de la verdad. Según han pasado los días, la sensación de salir del paso y quitarse el problema de encima ha sido como un gota a gota que colmado el vaso de la perplejidad general. Casi en ningún momento se ha tenido presente, no a la víctimas, sino a su memoria. Es imposible comparar porque el sistema es distinto pero que en la calle y al alcance de todos este el informe de la comisión del 11 de septiembre es un ejemplo. Después de 20 meses han puesto en circulación el informe de 575 páginas que en forma de libro de bolsillo se ha convertido en el más vendido.

Los comisionados norteamericanos se han olvidado de los prejuicios de partido y han entrado sin contemplaciones en el camino de la verdad. ¿Sería posible algo así en España? ¿La figura de un relator independiente y sin presión de partido traería más transparencia? Los diputados de la comisión del 11-M han investigado poco y han hecho solamente ruido. Ahora llegan las vacaciones y no han tenido el pudor de mantener abierto el Parlamento para por lo menos mostrar a la sociedad que la verdad merece perder un verano. El ejemplo que han dado desmoraliza a cualquiera que durante algún rato se haya interesado por lo que en la comisión ha pasado. La memoria de las víctimas merecía algo más que lo visto y odio. Cuando llegue septiembre buscarán la manera de cerrar cuánto antes este capítulo político. Seguirá la investigación judicial y alguna otra. ¿Y las víctimas? ¿Qué hacemos con su memoria?

Comisión 11-M
La Comisión del carpetazo
Jorge Vilches Libertad Digital 31 Julio 2004

La primera conclusión a la que se puede llegar tras un mes escaso siguiendo a la Comisión del 11-M es que hay que reformar el reglamento en lo referido a la composición, el funcionamiento y los objetivos de las comisiones parlamentarias de investigación. No basta con poner el ejemplo de las norteamericanas, en las que personas de relevante y prolongada profesionalidad, sin ocultar su simpatía política, investigan para conocer la verdad, jugándose en ello su prestigio y credibilidad personales, no una portada de periódico o una palmada de sus conmilitones. Estamos hablando de dilucidar todo lo relacionado con un brutal atentado, y en ello va el valor de las instituciones y de los representantes de la nación.

El resto de conclusiones queda como estaba. Ni siquiera Rubalcaba ha podido demostrar que el Gobierno Aznar mintiera. El Ejecutivo popular se equivocó con estrépito intentando informar de indicios, líneas de investigación y conjeturas para conjurar las acusaciones de la cadena SER y del PSOE. Los socialistas y sus medios de comunicación afines supieron antes que Acebes de la existencia de las pistas islamistas, y cuando no las había se inventaron un terrorista suicida. A contrapié, las hipótesis gubernamentales fueron recreadas como fallos y mentiras, resucitando el movimiento del “No a la guerra”, que estaba medio dormido, satisfecho tras las elecciones municipales.

No hubo imprevisión, pero sí descoordinación policial. El Ejecutivo popular no pudo impedir el atentado. Un Estado de Derecho se funda en sostener las libertades, las mismas que utilizan los que pasan de rateros a terroristas para moverse, reunirse o difundir ideas, incluso la idea de que hay que acabar con ese Estado. Si se hubieran restringido los derechos, como en EE.UU. después del 11-S, aquellos que gritaban “¿Quién ha sido?”, hubieran llamado “¡Fascistas!” a los populares, o hablarían de “golpe de Estado”. Los enemigos de la sociedad abierta son así; estos son sus riesgos.

La línea de comunicación entre los socialistas y algunos policías, incluido un portero de finca alcalaína, ha quedado patente. La revelación de que prepararon sus intervenciones en las sedes de Ferraz y Gobelas servirá, sin duda, para que un futuro Luis Carandell escriba un tomito sobre anécdotas cómico-sospechosas de la política. Pero lo trascendental es que miembros de las fuerzas de seguridad comunicaron al PSOE antes que al Gobierno la existencia de las pistas islamistas, y que proporcionaron información errónea al equipo de Acebes.

ETA no fue la autora material, pero quizá sí quien planeó la sucesión de acontecimientos pocos días antes de las elecciones, con el deseo de estremecer políticamente el país. La similitud con los atentados frustrados meses antes es más que evidente. Las declaraciones de Acebes y Fungairiño en la Comisión en este sentido aumentan la importancia del “¿Quién ha sido?”, y deben abrir una vía de investigación.

A la pregunta de “¿Quién movilizó el 13-M?” se ha contestado, ahora de forma documentada, lo que ya se sabía: la izquierda y los separatistas. Ahí está el informe filtrado, ese que el PSOE quería ocultar, sobre los contactos entre Carod Rovira y Arnaldo Otegi en la jornada de reflexión. Querían que el 13 de marzo hubiera la “mayor anormalidad posible”. La cuestión no es si las movilizaciones las organizó Rubalcaba, sino si cargos del PSOE e IU las alentaron y se sumaron a ellas.

El objetivo del PP en la Comisión ha sido propagar la idea de que no mintió entre el 11 y el 14 de marzo, así como que el terrorismo es imprevisible. Pero el elector común cree, a pesar de los ríos de información sobre Al Qaeda y la fecha de sus amenazas, que la guerra de Irak provocó la matanza; y los populares desean que los electores vayan viendo a un nuevo PP, al de Rajoy.

El PSOE, por su lado, también ha querido dar carpetazo al tema. El electorado está convencido de que la victoria socialista fue el resultado de un voto emocional tras los atentados; y esto no gusta en el PSOE. Rubalcaba y los suyos han buscado que la Comisión dijera que ellos no manipularon ni utilizaron los atentados para movilizar a los electores a su favor.

Las metas de populares y socialistas, en fin, no son contrapuestas, pueden convivir en el silencio de una Comisión suspendida, con el regateo de comparecientes y el redoblar de conclusiones predefinidas.

Ibarreche, impasible el ademán, hace sonar su disco rayado
EDITORIAL Libertad Digital  31 Julio 2004

Lo daba esta mañana Libertad Digital en portada: “Ibarreche pidió a Zapatero la legalización de Batasuna y el acercamiento de los presos etarras”. Al poco nuestra Bitácora se hizo eco inmediato de la noticia: Ibarreche “nos ha dejado dos consignas que son demasiado familiares para los enemigos de la libertad, y demasiado dolorosas para los que creemos en ella y nos jugamos el pellejo en su defensa”.

Efectivamente, del norte vuelven a bajar nubarrones, y no precisamente por una borrasca situada sobre la cornisa cantábrica. El presidente del Gobierno de Vitoria se desayunó ayer en su habitual estilo jesuítico e insípido ante los micrófonos de Radio Euskadi, la emisora del pesebre nacionalista abierta las 24 horas para servir de tribuna privilegiada al lehendakari y los miembros de su Ejecutivo.

La visita a Moncloa del pasado lunes, en un ambiente de desaforado optimismo, no ha servido de nada. Tres horas estériles de las que todo lo que se obtuvo fue una almibarada rueda de prensa en la que Ibarreche, arrullado por la sonrisa zapateril y embriagado de talante, aseguró que estaba dispuesto a “participar en un proyecto común de Estado”. Se le olvidó recordar que ese “proyecto común” dependerá única y exclusivamente de los criterios fijados por la intelligentsia nacionalista, transmutada como por ensalmo en los “deseos de la sociedad vasca”.

Es el cuento de siempre, el peculiar concepto que los herederos políticos de Sabino Arana tienen del diálogo, es decir, un eterno monólogo en el que apenas cambian las formas y los adjetivos utilizados. Mientras los del pasamontañas hablan de “ocupación de Euska Herria” Ibarreche se decanta por los “problemas de convivencia Euskadi-España”. El mismo gato con collar de terciopelo.

De las exigencias del bautizado, en un redondo eufemismo, como “entorno abertzale” a las del Gobierno vasco el trecho es corto, casi inapreciable. Los cofrades del prófugo Ternera lo gritan en batúa de ikastola, lo pasean por las calles y lo exponen en algunos balcones, por fortuna cada vez menos. El Euskal presoak, Euskal herrira se convierte en un esponjoso “acercamiento de los presos a las cárceles vascas” en boca del presidente de los vascos y las vascas. Dicho así parece que los presos lo son en un país extranjero y que su condición se la han ganado por algún motivo misterioso e indudablemente inmerecido.

Los presos etarras, que son a los que se refería Ibarreche ayer, son terroristas juzgados y condenados con todas las garantías por tribunales de una nación europea, avanzada y seria. Muchos de ellos, además, se ven entre rejas por delitos de sangre o por masacres como las perpetradas años ha en casas cuartel de la Guardia Civil o en el Hipercor de Barcelona. De ningún modo se trata de presos políticos, como quieren hacer ver desde ese “entorno abertzale”, es decir, patriota, al que pertenece tanto el PNV como toda la galería de partidos nacionalistas.

Otra de las condiciones sine qua non para iniciar el “diálogo”, forma peneuvesa del monólogo, es la vuelta a la legalidad de Batasuna. Siguen denunciando aquí, allí y donde tengan oportunidad de expresarse que la ilegalización de Batasuna se debió a razones políticas, y que en el fondo es una “ilegalización de las ideas”. Ninguna idea por suerte está ilegalizada en España. Batasuna fue puesta al margen de la ley no por las ideas que profesaba, ni por sus objetivos últimos –muy parecidos, por lo demás, a los que persigue el partido de Arzallus–, sino por su implicación judicialmente demostrada en el apoyo y sustento de actividades terroristas. Cualquiera en el País Vasco, en Navarra o en Tierra de Barros puede ser independentista, eso no es ilegal. Lo ilegal es jalear primero y financiar después a una banda asesina, del signo político que sea. Algo tan sencillo a Ibarreche aún no le ha entrado en la cabeza.

Por de pronto Zapatero no ha pedido personalmente al díscolo presidente regional que retire su plan delirante. Después del verano, con el 11-M ya suficientemente alejado para volver por donde solía, no nos va a quedar otra que aguantar por enésima vez como los chicos de la Sabin Etxea ponen en la gramola nacional su fastidioso disco rayado, tan rayado que España entera está hastiada de escucharlo.

La cuestión de la legitimidad
El golpismo imaginado
Cristina Losada Libertad Digital 31 Julio 2004

Pocos días después de que Álvaro Cuesta, portavoz del PSOE en la Comisión del 11-M, dijera que “la antesala del golpismo es la deslegitimación de los resultados electorales”, al otro lado del Atlántico, en la Convención del Partido Demócrata, Clinton y Gore ponían en duda la limpieza del recuento de votos del 2000. No era la primera vez. Los demócratas tragaron de mala gana su derrota, y de entonces acá no han cesado de insinuar que hubo fraude. El próximo noviembre quieren asegurarse “de que esta vez se cuentan todos los votos” y han pedido observadores a la ONU, madre de todas las democracias. Pena que no se los alquilen a Hugo Chávez, que cuenta con un plantel de auténticos imparciales.

Hasta ahora, los puyazos de los demócratas parecían simple regurgitación de la espina de Florida y demagogia para ir tirando, pero la doctrina Cuesta, concebida para contrarrestar la especie de que su partido ganó gracias a una masacre, nos ha abierto los ojos: Clinton, Gore y otros de la familia se sientan en ese cuarto, no necesariamente de banderas, desde el que se instiga la revuelta contra los resultados que arrojan las urnas. Golpistas potenciales son esos señores. Y con ellos, los analistas, intelectuales, artistas y gentes de a pie que han sostenido que Bush llegó a la Casa Blanca merced a un tongo digno de Obiang y sus muchachos.

Es de esperar, por el señor Cuesta, que no haya ningún miembro del PSOE en esa tropa de deslegitimadores, pues le aparecerían a su doctrina algunos agujeros. Y para agujeros estamos, cuando ya sobran los que ha ido cavando, en su breve andadura, la Comisión de la que forma parte. Yo no voy a tirar de hemeroteca, pues al igual que a sus señorías, me ronda el espíritu vacacional. Pero puedo decir de memoria que la coalición Galeusca acusó al PP de trapichear con votos de las europeas al quedarse sin su tercer escaño. También deslegitimaron. Otros golpistas disfrazados de corderos.

España ha tenido el mal fario de inaugurar la era de los atentados en vísperas electorales, una lamentable novedad que pone a las democracias en la tesitura de reflexionar sobre asuntos importantes, como si deben suspenderse las elecciones en esos trances. Así que no hay que rasgarse las vestiduras ni ponerse tan melindrosos si se discute todo, también la legitimidad moral de la victoria socialista. Al desquiciarse se ponen en evidencia: saltan airados porque saben que las maniobras del PSOE aquellos días tienen visos de conspiración. Pero también saben que el espantajo golpista aún produce cierto efecto en una democracia acomplejada, en la que persiste el temor a la confrontación política, y suele confundirse democracia con “la tiranía de la mayoría”.

Los socialistas grabaron un día una casete con la gaita del golpismo, y ahora la ponen siempre en la antesala de los grandes debates para ahogar el ruido de sus propios enredos. En este caso, olvidan interesadamente a unos auténticos y no imaginarios golpistas: los que maquinaron la masacre de Madrid.

La transmutación de la Comisión
Isabel Durán Libertad Digital 31 Julio 2004

Discreta y educadamente, comiendo chicle, con cara de pena, Alfredo Pérez Rubalcaba tuvo su intervención estelar en la comisión de no investigación de los atentados del 11-M. Intentó convencer a los asistentes de que el PSOE no tuvo nada que ver ni con las intoxicaciones sobre la investigación judicial transmitida por Acebes en tiempo real, ni con los bulos que confundieron y espantaron al país en contra del Ejecutivo de Aznar, ni con las manifestaciones ante las sedes del PP durante la jornada de reflexión. ¡Angelitos! ¡Si fue el Gobierno quien cortó la comunicación con el PSOE la noche del atentado al decirle Rubalcaba a Javier Zarzalejos, secretario general de Presidencia, “Javier esto apesta a terrorismo islámico”! Y ¡zas! El Gabinete les tuvo a dos velas hasta la jornada de reflexión en que sólo sale el responsable electoral del PSOE a la palestra por culpa de las intervenciones previas de Zaplana y Rajoy. ¡Hay que fastidiarse!

Según Rubalcaba, el jueves 11 por la noche el PSOE sabía perfectamente que el explosivo era dinamita goma-2 marca ECO y así se lo transmitió a Zarzalejos. Añade en su fantástica y pueril versión de la moviola de aquellas atroces jornadas, que nunca hablaron con ningún miembro de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, cuando por cierto todos los mandos policiales que han pasado por la comisión aseguran que no supieron el tipo de explosivo hasta las cinco y veinte de la madrugada del día siguiente tras los pertinentes análisis. Asegura que la “sobredesinformación” del Ejecutivo provocó la espontánea reacción popular la noche de las horas previas a la apertura de los colegios electorales donde comprendía que participara la gente aunque no la aprobaba. Valoró salir al ruedo a condenarla pero decidió no hacerlo “no fuera a ser que provocara el efecto contrario”.

Pero Rubalcaba no se lleva el premio gordo de la comisión en solitario. El ministro del Interior rivalizó en cinismo rayano en la falta de vergüenza. Les faltó mofarse del PP y de todos sus votantes a carcajadas, pero eso se lo dejaron al resto de sus señorías de la bancada socialista que habían acudido en bloque a aplaudir con las orejas a los jefes. Volviendo a lo que nos trae al caso, basten dos ejemplos. Rubalcaba evocó su exigencia de información a tiempo real de las investigaciones policiales bajo secreto del sumario y acto seguido el actual ministro del Interior se quedaba tan ancho al manifestar que sólo el juez es el titular exclusivo y excluyente de las investigaciones judiciales y que por tanto ahora ya no se transmite ni un solo dato más de los atentados. Y que sepa además quien lo solicita que al hacerlo pone en riesgo la seguridad del Estado, por tratarse de operaciones que afectan a peligrosos terroristas, según Alonso.

De la misma manera, mientras Rubalcaba acusaba al anterior Gobierno de mentir y manipular al ocultar a la opinión pública la existencia de una furgoneta que contenía una cinta en árabe y unos detonadores, minutos después, el actual ministro del Interior aseguraba que el coche —del que sólo hemos conocido su existencia gracias al diario El Mundo— descubierto por la denuncia de una vecina el 13 de junio, situado a veinte metros de la furgoneta de los atentados y que contenía también una cinta coránica —además de una pistola y demás enseres terroristas— no ha sido puesto en conocimiento del juez instructor de la causa hasta mes y medio después del descubrimiento. Y sólo debido a las pruebas de ADN, “único dato objetivo” que lo vinculaba con los atentados.

Para más INRI, el actual ministro reiteró hasta en tres ocasiones cómo en un Estado de Derecho, la policía sólo se debe al juez instructor pero no se inmutó cuando relató la secuencia de los hechos del descubrimiento de este nuevo vehículo y dijo: “El anális del ADN se recibe el 19 de julio, el 20 de julio la Comisaría General de Información me lo comunica a mí y al secretario de Estado y se pone en conocimiento del juez instructor el 21 de julio”. Como se ve, una total adscripción al juez del Olmo.

Puede decirse que hay un antes y un después en la comisión sobre los atentados del 11-M tras la intervención de Ángel Acebes y la conclusión rotunda y contundente que se extrae de la misma es que el Gobierno popular no mintió. Sin embargo, las casi con toda probabilidad últimas comparecencias ante los comisionados por parte del que fuera responsable de estrategia electoral del PSOE durante los atentados y en la jornada de reflexión y del actual ministro del Interior han sido una patética avanzadilla, un preludio de la legislatura que nos espera instalada en el todo vale con tal de hundir al PP.

En septiembre, la comisión de no investigación del 11-M se transmutará en un Pacto de Estado contra el Terrorismo Internacional, formado por quienes tacharon de racista al Gobierno de Aznar por haber convertido a España en el primer país de la UE con más terroristas islámicos detenidos y le acusaron de querer poner entre rejas a todo aquél “con aspecto árabe” por la mera posesión de “jabón”. Al PP lo van a poner contra las cuerdas, porque el nuevo pacto supondrá, de facto, el fin del Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo que tantos y tan buenos frutos ha dado. Y si no, al tiempo. ¡A por el Pacto Dixan!

Filtraciones a la SER
The talented mister Rubalcaba
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 31 Julio 2004

Pregunta de Alicia Castro, comisionada del PP, a Rubalcaba: “¿Fue usted quien filtró a la SER de forma malintencionada que había un suicida?” Respuesta de Rubalcaba: “No, y en ningún caso malintencionadamente”.

Si se tratara de un interrogatorio de película, Rubalcaba empalidecería o enrojecería, según las habilidades del actor, agacharía la cabeza, maldeciría su torpeza y, por fin, se derrumbaría sobre el asiento, con los hombros caídos y la sonrisa amarga del perdedor que acepta la catástrofe y las esposas. Y nosotros, espectadores, protestaríamos por la simpleza del guionista, recordaríamos al portero que se fue de boca ante Martínez Pujalte y nos diríamos que una trama de suspense no puede permitirse la concurrencia de personajes tan cortos.

Pero como Rubalcaba tiene fama de listo listísimo, su autoinculpación ha pasado desapercibida, y la prensa en general puede reflejar en sus crónicas el supuesto paseo triunfal de ese ser maquiavélico que se coordinaba, entre el 11 y el 14 de marzo, con Vera y con González.

“No, y en ningún caso malintencionadamente”. Yo no la maté, pero las puñaladas que le di fueron diez y no quince. Jamás estuve en Rusia, pero el encuentro no lo celebramos en la Plaza Roja sino en el hotel Moskva. No sé nada de ese maletín del que hablan, pero los billetes que contenía no eran de cien euros sino de veinte. Diantre, parece cine español.

En el origen del suspense, cuando el lector aún no estaba maliciado, se podía recurrir a estos desenlaces. Un lapsus del malo e, inmediatamente, Dupin, Holmes, Brown, y hasta Poirot o Queen tenían el caso resuelto, si bien la pifia no habría podido ser tan evidente. Patricia Highsmith ya habría descartado el recurso, que aquí no ha sido ficción sino pura realidad. A pleno sol –o a la luz de inquisitivas lámparas– el talentudo señor Rubalcaba, sin que nadie se levante y le señale con el dedo, sin que los innumerables periodistas lo denuncien en sus crónicas, dice que no filtró a la SER lo del suicida y que “en ningún caso malintencionadamente”. Lo que sólo cabe interpretar en español como que no lo filtró pero que lo filtró sin mala intención. Que no lo filtró pero que sí lo filtró. Que lo filtró, vamos. A ver si puesto así se entera el personal.

La campana de Gauss
O de cómo el ministro Alonso pasará a la Historia
José García Domínguez Libertad Digital 31 Julio 2004

Hasta que la deposición del ministro del Interior cerró los trabajos de la Comisión del 11-M, Carl Gauss, un matemático alemán del siglo XVIII, era tenido por uno de los mayores genios que hubiera producido la Humanidad. Aquel hijo de un albañil analfabeto inició su camino hacia la inmortalidad contando siete añitos. Fue el día que su maestro lo castigó con un ejercicio tedioso: calcular la suma de los cien primeros números. El pequeño Carl sólo necesitó unos segundos para escribir el resultado en su pizarrín: 5.050. En menos de un minuto, el niño había descubierto por sí mismo el algoritmo de la suma de los términos de una progresión aritmética. A partir de aquel instante, su prestigio no había dejado de crecer a lo largo de tres siglos. Pero no se puede engañar a todo el mundo, durante todo el tiempo. Porque Gauss fue un farsante. Y la gloria de desenmascararlo, para orgullo de todos, ha correspondido a un español: el tribuno José Antonio Alonso.

El impostor teutón ganará planetaria celebridad entre los cándidos gracias a un astuto fraude matemático: la llamada ley Normal, más conocida por campana de Gauss. Antes de ser refutada el jueves por el impar Alonso, la falacia del rebato había logrado confundir y encandilar a las mentes más preclaras de Occidente. De no ser por el leonés, aún el embuste del tal Gauss seguiría conduciendo a la Ciencia hacia el callejón del error. Pero llegó Alonso a la Comisión y desfizo el entuerto.

Sostenía el falaz germano que prácticamente todo lo que en el vasto Universo ocurre responde a la trolera ley de su artificio campanero. Y como el número de los necios es infinito, le creyeron. Quería saber el fabricante qué probabilidad existía de que una pieza resultase defectuosa. Acudía al címbalo. Este le daba un respuesta entre cero y uno, y él feliz. Deseaban los gobiernos estimar el número de accidentes de tráfico durante un puente vacacional. Pues recurrían al timbre del charlatán, y asunto resuelto. Así todos. Hasta que José Antonio se plantó en el Parlamento y rebatió el embeleco en el que tantos simples de todo tiempo y lugar habían caído.

¿Cómo introdujo ese cráneo privilegiado la luz entre tanta oscuridad?: Pues arrancando al falso oráculo tres pruebas irrebatibles de la engañifa de sus pronósticos. “Cero”, respondió el ingenio a la pregunta de qué probabilidad asignaría a que ETA pudiera elegir al azar la calle en la que vive Trashorras para robar un coche-bomba. “Cero”, volvió a replicar al ser interrogado sobre las posibilidades de que ETA y los “moritos” coincidieran el mismo día, en la misma carretera y cargados de similares explosivos. Y “cero”, repitió para acabar de desacreditarse, al serle demandada la probabilidad de que el responsable de que El Tunecino dejase de ser vigilado por la policía seis días antes de la masacre fuera premiado después con el cargo de comisario general de información. Eso fue suficiente. Y así lo desveló ayer Alonso al mundo: “Ni siquiera un indicio conduce a ETA”. Ergo, Gauss fue uno de los más grandes estafadores de la Historia.

Zapatero, Ibarretxe y Arregi
JOSÉ MARÍA CALLEJA El Correo  31 Julio 2004

Ha querido el destino político que la presencia de Ibarretxe en la residencia del presidente del Gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero, haya coincidido con el anuncio por parte del histórico dirigente nacionalista Joseba Arregi de su abandono del PNV después de trienios de militancia. Posiblemente la decisión de Arregi -ex consejero de Cultura, ex portavoz del Gobierno vasco, referencia intelectual del nacionalismo vasco durante años- estaba madurada desde hacía meses, pero no hay que descartar que se haya precipitado -a tenor de las palabras de este histórico nacionalista- al ver cómo Ibarretxe volvía a describir su recurrente y roqueña posición inmovilista y que el propio Arregi resumía parafraseando: «Los vascos y vascas haremos lo que nos dé la gana», diga lo que diga el resto de la Humanidad, podríamos añadir.

Una vez más la descripción de lo obvio es lo que nos puede salvar de los reiterados y vigentes intentos de confundir al personal. Aunque le duela a Ibarretxe, este lehendakari -como dice él de sí mismo- no representa a todos los vascos ni a todas las vascas. Incluso el lector más desprevenido sabe que en la Comunidad Autónoma Vasca hay una sociedad en la que la mitad de los votantes apoyan opciones nacionalistas -lo que no quiere decir que todos esos votantes estén por la independencia- y la otra mitad prefiere mantener la convivencia civilizada con el resto de España.

Parece claro también que el conflicto más grave que existe hoy en la CAV es el que enfrenta a los terroristas nacionalistas vascos con sus potenciales víctimas y, derivado de esta anomalía sin parangón en otra parte de España ni de otro país de la democrática Unión Europea, el conflicto que parte en dos a los vascos que defienden la Constitución, como ámbito de libertad, progreso y convivencia, con los vascos permanentemente insatisfechos a pesar del altísimo nivel de autogobierno, sin precedentes en la historia de esta parte de España. Ibarretxe dice que el Estado no puede imponer y añade la novedad de que la CAV no puede imponer, pero luego, en ilógico corolario, establece que se hará siempre lo que digan los vascos y las vascas, cuando debe saber que la opinión de todos ellos, y ellas, no es única.

El caso es que el definido por los nacionalistas como mal absoluto ya no habita en La Moncloa y a partir de ahora, y aún a pesar de que estamos en una fase de declaraciones hechas a base de nata, azúcar y almíbar, Ibarretxe va a poder emplear menos los argumentos victimistas que tanto le gustan. Zapatero le recibió con la mejor de las sonrisas y una ikurriña en la puerta principal de La Moncloa. Incluso los que somos optimistas por naturaleza no creemos que Ibarretxe salga de su característico inmovilismo y se anime, no sé, a colocar la bandera constitucional española en lógica correspondencia al nuevo talante.

Se trata de saber si con Zapatero hemos vuelto al toreo de salón, que tanto les gusta a los nacionalistas al principio y tanto les irrita al final, y si Zapatero va a conseguir a base de tenacidad que lo que es obvio quede claro para todos: el nacionalismo que representa Ibarretxe es insaciable; se hagan las transferencias, las cesiones, los guiños, los gestos que se hagan, este nacionalismo de este lehendakari va a estar eternamente insatisfecho y además cabreado, porque el día que diga que da por bueno y suficiente el enorme poder que detenta, se le acaba el mecanismo por el que ha amasado tamaño poder económico, político y de influencia en una sociedad que, a pesar de todo ello, no acaba de tragar con las ruedas de molino que Ibarretxe le quiere hacer tragar.

Ibarretxe seguirá con la involución del PNV, que denuncia con dolor Joseba Arregi, mantendrá ese aire de permanente irritación que tan importante le hace sentirse, pero no podrá evitar que gentes como Arregi, una de las personalidades claves de la historia del nacionalismo vasco en la democracia, demuestre con hechos y palabras que este PNV no es el mismo que dijo en su día que para ser vasco no hacía falta ser nacionalista, y que este lehendakari no es aquel lehendakari Ardanza que hace ahora siete años, tras el espantoso crimen de Miguel Ángel Blanco, dijo, con hondo sentimiento, que de los terroristas le separaban no sólo los medios, también los fines.

Redondo asegura que el PSE se «equivoca» al hacer volver a los etarras a la UPV
Redacción La Razón 31 Julio 2004

Castro Urdiales-El ex secretario general del Partido Socialista de Euskadi (PSE-EE), Nicolás Redondo Terreros, se posicionó ayer contra el regreso de los presos de ETA a la Universidad del País Vasco (UPV) ayer en Castro Urdiales, en la clausura de los Cursos de Verano de la Universidad de Cantabria. A la pregunta sobre el regreso de los pistoleros que cumplen sus penas a la UPV dijo que «supone un paso atrás en el camino recorrido contra ETA», que su partido «se está equivocando», y que es un tema «lo suficientemente grave como para ser tratado en Pacto por las libertades». Además, el anterior líder de los socialistas vascos se solidarizó con la situación de los profesores amenazados en la Universidad y con la inquietud que les despierta el regreso de los presos de ETA.

Redondo Terreros, que compartió mesa con el presidente de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, Francisco José Alcaraz, se mostró también contrario a cambiar la Constitución «para dar satisfacción a los nacionalistas, que siempre estarán insatisfechos». «Se puede cambiar, pero sólo para mejorarla», aseguró Terreros. Durante el seminario «Nacionalismo y totalitarismo», que dirigió a lo largo de esta semana el escritor y colaborador de LA RAZÓN Iñaki Ezkerra, el nuevo presidente de la Asociación de Víctimas del Terrorismo quiso aprovechar para denunciar la «actitud descarada del PNV para acallar» la voz de la asociación «creando su propia comisión» y acusando a la AVT de estar politizada. «Desde que pasamos a ser más reivindicativos, somos molestos para el nacionalismo», añadió Alcaraz. Según el presidente de la AVT, «cierto sector político quiere abanderar a las víctimas del 11-M como otro tipo de víctimas, cuando todos los actos terroristas son indiscriminados y víctimas son todas». José Alcaraz señaló que el reto de la asociación que preside es «mirar adelante y avanzar pero, tal y como está la situación, bastante» es mantenerse. «Ante este pequeño parón, tenemos que aunar» concluyó el presidente de la Asociación de Víctimas del Terrorismo.

La cultura árabe-musulmana
Juan José VALLE La Razón 31 Julio 2004

Hace 15 siglos que se propagó el islam desde la península Arábiga hacia Occidente llegando por los confines del Mediterráneo hasta el océano Atlántico, y por Oriente hasta Indonesia y luego Filipinas. Y tantos países diferentes con sus costumbres y tradiciones han hecho que la cultura musulmana sea diferente de unos lugares a otros, y, aunque tiene como lazo de unión la religión, las diferencias son abismales y hace que sólo en el tema religioso se entiendan y no del todo.

Se podría decir que como a alto nivel utilizan el idioma árabe puro las diferencias son pequeñas, pero no es así. Las costumbres y culturas son diferentes. Por ejemplo, la cultura del golfo Pérsico es muy diferente a la de Marruecos, y limitándonos sólo a esta nación no existe mucho parecido entre los beréberes, originarios habitantes del norte de África, y los llamados árabes puros, que son los descendientes de los ejércitos yemeníes y sirios que lo conquistaron.

Aquí mismo en España, los enfrentamientos entre las diversas etnias (sirios y yemeníes) ensangrentaron la Península durante muchos años, en cambio en las Baleares no hubo ese problema al principio, pues la mayor parte fueron yemeníes (fundadores de pueblos como Bañalbufar, Valdemosa o Algaida). Pero después del desastre de 1114 llegaron los almorávides (beréberes de la tribu Sinhaya) y empezaron los problemas internos, pues traían su cultura y tradiciones que chocaban contra los arraigados en las Islas. Pero también introdujeron su lengua y ésa es la razón de que en las Baleares tengan muy arraigados vocablos de raíz berebere, y comidas de por allí (p.e.Tumbet y coca de verduras).

Respecto al tema de la lengua, tema tabú en las islas Baleares, solo me atreveré a decir que en aquella época sólo las clases altas hablaban y escribían en árabe, los demás lo hacían en romance, aunque algunos la han denominado mozárabe. Pero la gran arabista M. Jesús Rubiera dice del romance que su nombre es inapropiado, ya que no fue sólo la comunidad mozárabe la que la utilizaba, sino que la usaban también musulmanes y judíos. Esta lengua en el siglo XI estaba en regresión, siendo sustituida por el dialecto hispano-árabe, llamado «la amiya», o lengua vulgar, que dependiendo de cada región tendría más o menos palabras de origen románico.

Pero la lengua de la cultura en los países de religión musulmana es y era el árabe clásico, gracias a que el Corán es el vehículo perfecto para el entendimiento entre países tan diferentes como Mauritania y Malasia, y lo mismo pasaba aquí en la época Taifa, pues siguiendo con el ejemplo anterior, en Denia-Baleares una frase de Ibn Sida, el lexicógrafo ciego, ha dado mucho que pensar sobre lo que se hablaba en este principado donde reinaba el culto Muyahid al-Amirí. El gran lexicógrafo (del que se decía que «si Dios le cegó la vista, le engrandeció la inteligencia») dijo en el año 1040 en el prólogo de su diccionario «Al-Mujassas»: «¿Cómo no he de cometer errores yo, si escribo en tiempos tan alejados de la pureza de la lengua árabe y teniendo que vivir con personas que hablan romance?».

Y ahora que existe una campaña en Baleares por el tema de la lengua pido disculpas por haber puesto esto aquí, pero hay una frase coránica que dice. «Dios nos ha dado dos ojos para ver, dos oídos para escuchar y una boca para hablar, por tanto hay que leer y escuchar por lo menos el doble de lo que se dice».

Pero volviendo a los actuales países musulmanes, excepto en las cultivadas minorías, las culturas son completamente diferentes muchas veces por culpa de la tradición. A veces las propias clases dirigentes se ven obligadas por las tradiciones a actos contrarios a su pensamiento y religión, con ejemplos que todos conocemos como la ablación del clítoris. Esta práctica está extendida en las clases bajas de países de los cuales hemos oído todos hablar, pero no tiene nada que ver con la religión musulmana, nada hay en el Corán que invite a hacerlo.

También conocemos que en ciertos países la lapidación de la mujer es dictada por sesudos jueces y doctores de la ley presionados por la voluntad popular o tribal. Comparemos, por ejemplo, la cultura de Egipto o Siria, con la de Sudán y otros. Si se le habla a un sirio de clase media de estos temas se indigna y con razón, pues esto no es cultura del islam, lo mismo que no es cultura del cristianismo los voluntarios crucificados en Filipinas, o los flagelantes que hasta hace cincuenta años también teníamos aquí.

Por tanto no existe cultura musulmana, sino diferentes culturas, y me permito decir que de forma particular para mí la cultura musulmana-persa, la cultura musulmana-egipcia, la cultura musulmana-sirio-iraquí, han destacado. Sólo hay que darse una vuelta por esos países y visitar Damasco, el Cairo, Ispahán, y ver sus museos, entre los que destacaba el de Bagdad.

No puedo por menos que terminar refiriéndome a la cultura andalusí, la cultura de Córdoba, la llamada «Luz del mundo», en la época en que ésta destacaba sobre cualquiera de las otras.

Época en que sólo Constantinopla y Córdoba irradiaban la luz de su cultura a todo el mundo y época en que vivió un Fénix de los Ingenios musulmán, el polígrafo Ben Hazm de Córdoba, que decía de sí mismo, pero quejándose de que al pueblo lo que más gustaba venía de Oriente: «Yo soy el sol que brilla en el cielo de las ciencias; mas mi defecto es que mi Oriente es el Occidente».    Juan José Valle es historiador arabista

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