AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 1 Agosto 2004

ETA NO PUDO SER
César Alonso DE LOS RÍOS ABC 1 Agosto 2004

¡Ya somos la Guardia Mora de Mohamed VI!
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 1 Agosto 2004

EL PNV, EN LA SUBASTA

José Antonio ZARZALEJOS ABC 1 Agosto 2004

MEDALLAS

Juan Manuel DE PRADA ABC 1 Agosto 2004

La mentira como una de las Bellas Artes

Juan Van-Halen La Razón 1 Agosto 2004

EL GRAN LOBBY DE ZP
Jaime CAMPMANY ABC 1 Agosto 2004

EL ÍNDICE EN LA SIEN
ÁLVARO DELGADO-GAL ABC 1 Agosto 2004

Ibarretxe y su camino
Editorial El Ideal Gallego 1 Agosto 2004

La Asociación de Víctimas cree que la comisión ha olvidado a los afectados
AGENCIAS  MADRID La Voz 1 Agosto 2004

 


ETA NO PUDO SER
Por César Alonso DE LOS RÍOS ABC 1 Agosto 2004

«EL Tunecino» fue el cerebro del atentado del 11 de Marzo, y éste ha muerto. De este modo expeditivo el ministro Alonso cierra el caso. Es el plano en el que trabaja el juez. Así que el acto terrorista más grave que ha ocurrido en España y el de mayor complejidad política (interrupción de un proceso electoral, caída calculada de un Gobierno y cambio de la relación de fuerzas en Europa) fue obra exclusiva de una pandilla de delincuentes comunes, autores materiales e intelectuales. De paso los partidarios de esta tesis consiguen que ETA quede como una organización tibia y casi artesanal.

La versión del Gobierno no se la cree nadie. El juez tampoco estará obligado a traspasar el techo de los actos materiales. Ante esta explicación crecen los rumores, se consolida un estado de opinión en busca de respuestas menos simplistas y más coherentes con las conecuencias del atentados. Se busca el piso superior al de los norteafricanos que voló en Leganés. En definitiva no va a ser fácil para el Gobierno de Zapatero conseguir demostrar que ETA no tuvo intervención a un determinado nivel.

EN esta situación invito al lector a que reflexione sobre el signo político de los que se niegan a completar la hipótesis de ETA. Se trata de todo el espectro político que va de los nacionalismos vasco, gallego y catalán a sus compañeros de viaje del socialismo. Para decirlo gráficamente, desde Ibarretxe y Otegi a Patxi López, desde Carod-Rovira y Labordeta a Maragall y a los socialistas y sus intelectuales inorgánicos, periodísticos más concretamente. Todo ese mundo dispuesto a cambiar de modelo de Estado, a pactar Estatutos, al plurinacionalismo... defiende como cosa propia la inocencia de ETA en la masacre. Tanto desde el punto de vista político como psicológico, la cosa es clara: aun cuando se trate de personas que repudian la violencia y, por tanto, a ETA necesitan creer que ésta ha muerto en la práctica y que está fuera de toda sospecha. Lo contrario supondría levantar el gran pacto sobre el crimen colectivo. Dicho de otro modo: si ETA hubiera estado involucrada en la masacre, todas las negociaciones en relación al Plan Ibarretxe y los proyectos soberanistas de Maragall tendría un aspecto definitivamente siniestro. Levantar el nuevo Estado a partido de la nueva realidad política que supuso la separación del poder del PP y la instalación del PSOE en él quedaría como una operación comprometida históricamente.

La participación de ETA en la masacre del 11 de Marzo mancharía de sangre el proceso que quieren pactar los nacionalistas con el Partido Socialista. Es preciso, por tanto, descartar toda pista que conduzca a esa posibilidad porque, a su vez, es preciso impedir que ETA haya tenido que ver con las conquistas de los nacionalistas y sus comprensivos compañeros de viaje.

NO sería, por otra parte, la primera vez que éstos quieren mirar a otro lado cuando ETA castiga a la sociedad española en nombre de la independencia vasca. ¿Acasó sería ésta la primera ocasión en que los anticonstitucionalistas y sus compañeros de viaje se benefician de la barbarie etarra mientras hacen protestas de condena en relación con ésta?

La masacre del 11 de Marzo quitó de en medio el dique que contenía el proceso plurinacional. Es difícil pensar que «El Tunecino» -autor intelectual de aquélla- llevara a cabo tal empresa política por mera casualidad. Él y unos cuantos delincuentes comunes abrieron el paso a las fuerzas nacionalistas et alii en su gran marcha histórica. Ellos podían estar ahí. ETA no.

Grandes Éxitos de Zetapé y sus Desatinos /1
¡Ya somos la Guardia Mora de Mohamed VI!
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 1 Agosto 2004

No sabríamos decir por qué, pero sí sabemos el momento exacto en el que Zetapé y su escudero Curro Desatinos comenzaron a cambiar el rumbo del Orbe, partiendo de un modesto lugar de cuyo nombre no quisiéramos acordarnos pero nos acordamos: España.

Fue cuando en una tarde de Domingo, apenas llegado a la Moncloa, Zetapé anunció por sorpresa que, en contra de los plazos por él mismo establecidos (30 de junio si no había resolución de la ONU, que la hubo, en contra de lo argumentado por él aquella tarde) y sin informar previamente al Parlamento ni debatir su decisión, retiraba nuestras tropas de Irak, traicionando así a la coalición de más de veinte países que tras la liquidación del régimen genocida de Sadam Husein trata de crear un régimen más civilizado y que no sea un peligro para sus vecinos y el resto del mundo, como cuando se anexionó Kuwait y González decidió ir a esa guerra con soldados de reemplazo.

Ese día, por miedo a Javier Solana con quien había tenido una feroz discusión el día anterior, a los norteamericanos y a los europeos alineados con ellos y contra Francia, Zetapé comenzó la demolición de toda la política exterior española lentamente fraguada en los ocho años de Aznar y que reposaba en una alianza estratégica con los USA para protegernos del terrorismo islámico y las belicosas ambiciones de Marruecos. Ese día, ZP concedió al terrorismo islámico su victoria política más importante desde el 11-S, porque la retirada de Irak era una de las supuestas órdenes de los presuntos terroristas islámicos del 11-M. Pero aunque Ben Laden puede apuntarse esa victoria porque para los USA y sus aliados la deserción española supuso una gran derrota, de los presuntos terroristas islámicos del 11-M, a estas alturas, sólo sabemos que no tenían nada que ver con Al Qaeda y que los preparativos fueron anteriores a la guerra de Irak, que eran una mezcla de confidentes policiales y marroquíes extremistas, que actuaron en paralelo con ETA y que el Gobierno del PSOE se niega a investigarlos, porque gracias a ellos está en La Moncloa y no quiere saber más. Ni que sepamos.

Pero desde ese día los cambios en la política exterior española son tantos y tan asombrosos que apenas hemos tenido tiempo de asimilarlos. Tal vez estos días de verano, propicios a la siesta vagamente reflexiva, nos permitan señalar sus hitos más señalados, aquellos que marcan un antes y un después, un ayer y un hoy tirando a anteayer pero que se presenta como mañana y hasta pasado mañana. A mi juicio, el símbolo más pasmoso de la nueva diplomacia de Zetapé servida por el infatigable Curro Desatinos es que España, tras desertar de la coalición para la democratización de Irak, mande efectivos de la Guardia Civil a medias con Marruecos para estabilizar Haití. Es asombroso que un país que hace treinta años invadió y se anexionó el Sahara español; que desde entonces ha proclamado su ambición de anexionarse también Ceuta, Melilla y las Canarias; que hace dos años retiró unilateralmente a su embajador en Madrid; que hace uno se anexionó militarmente el islote de Perejil, de donde fue desalojado por tropas españolas unos días después, pese a la abierta complicidad francesa con Rabat; que ha multiplicado sus agresiones verbales y diplomáticas al Gobierno de España en tiempos de Aznar, siempre en sintonía con Francia; que rotas por ZP las relaciones de Madrid con Washington, se ha convertido ya en aliado militar preferente de los USA; que sigue proclamando su voluntad de anexionarse Ceuta y Melilla “ tranquilamente”; que no ha aclarado sus relaciones con los marroquíes participantes en la masacre del 11M, verosímilmente controlados por la policía de Mohamed VI, que sigue siendo además el patrón del tráfico de hachís y de la inmigración ilegal en el Estrecho, que...

Que a nuestro principal enemigo le demos cobertura internacional, que seamos sus escuderos militares (la última vez que guerreamos juntos fue en Bosnia y tuvimos que hacernos cargo de sus gastos), que actuemos, en fin, como la Guardia Mora de Mojamé en Haití es, sin duda, el extremo más grotesco del cambio en nuestra política exterior y acaso la del Orbe desde que Zetapé y su escudero Curro Desatinos llegaron al Poder. Pero hay más éxitos internacionales en este su primer verano que merecen ser glosados en este bochornoso –aunque, para ellos, seguramente soberbio, grandioso– mes de agosto. (Continuará...)

EL PNV, EN LA SUBASTA
Por José Antonio ZARZALEJOS ABC 1 Agosto 2004

EN el fondo, Ibarretxe y los dirigentes del PNV confían en que, de nuevo, el Partido Socialista les saque del atolladero en el que se han introducido con el proyecto de «Estatuto de Libre Asociación». El lendakari no dijo la verdad -ni jurídica, ni política- al sostener que su Plan no puede detenerse porque está en manos del Parlamento vasco. Él sabe que ese aserto no es cierto y sabe, aún mejor, que mantener su tramitación es una forma de presión que compite en el mercado político con las intenciones revisionistas del tripartito catalán. Maragall no es en el tema vasco un «agnóstico» como lo era Pujol, y resulta razonable que sus impulsos de reforma estatutaria y, sobre todo, su teorización de la «España en red», la «España plural y diversa», la «segunda transición» y otras similares, ofrezcan una coyuntura próxima en la que el PNV podría chalanear y romper así el techo del Estatuto de Guernica de 1979.

Cuando el presidente de la Generalitat de Cataluña sostuvo que la coincidencia entre él e Ibarretxe residía en la mejora del autogobierno y que su desacuerdo estaba en el procedimiento para alcanzar este objetivo -y «en este caso, añadía, el procedimiento lo es todo»-, enviaba señales de humo a Ajuria Enea. Porque la jugada de Maragall y, por derivación, de Rodríguez Zapatero, es de dominó: que la ficha catalana case con la vasca de tal manera que la posible solución para Vitoria proceda de Barcelona más que de Madrid. Ibarretxe tomó nota y el pasado lunes apeló al «acuerdo entre las naciones y las regiones» para formar «un Estado español común». La verdad es que esa proclamación constituyente suena a maragallismo puro. Tabla rasa con el edificio constitucional y volver a empezar siguiendo la estela catalana, pero con el Plan secesionista en la mano para no perder comba en la subasta.

Ibarretxe ha sido el único dirigente del PNV que ha cometido el peor error de todos los posibles: tratar de ejecutar el programa de «máximos» de su partido. Ni el propio Arzalluz, en su anterior condición de presidente de la Ejecutiva del PNV, mostró entusiasmo por una iniciativa que correspondía a la autoría de la presidencia del Gobierno vasco. La asumió después, y lo hace ahora, por razón de su deterioro político, que ha llevado al PNV a que su despedida de la dirección dejase a la organización divida en dos sectores -el radical y el moderado- como en los peores tiempos del nacionalismo vasco.

Los nacionalistas saben que el tal Plan no vale porque no tiene el suficiente respaldo social, porque está fuera de tiempo histórico, porque se ha precipitado la unificación europea y porque ETA ha entrado en una fase agónica. Antes o después lo van a tener que reformular, y a lo más que pueden aspirar es a mejorar su posición sumándose a la dicotomía de las «nacionalidades y regiones» en los términos que quiere Maragall, aunque con un paso más: la soberanía compartida. El calendario ha ajado el «Estatuto de libre asociación», la debilidad del terrorismo ha restado dramatismo a la situación en el País Vasco, el impulso catalán ha mermado el protagonismo secesionista del PNV y el izquierdismo renovado en la nueva situación española considera determinadas diferencias -el Concierto Económico especialmente- como privilegios incómodos de defender. Y a esas circunstancias se añade el mal favor que hace a la beligerancia militante de los dirigentes del PNV el «talante» de Zapatero. Se comprenderá que Ibarretxe está en difícil posición.

La salida para Imaz, más que para Ibarretxe, es híbrida: lograr un mestizaje suficiente con la propuesta de nuevo Estatuto que ha ofertado el PSE-PSOE, encaramando, como Cataluña, al País Vasco a la categoría de nación, desprenderse en su momento de EA y de IU y regresar a los ochenta con una coalición entre socialistas y nacionalistas, y devolver la tranquilidad a las franjas centrales de la sociedad vasca a las que importa más la calma que las disquisiciones nacionales. El «régimen» continuaría en el País Vasco, matizado por la presencia gubernamental de los socialistas, y aquí paz y después gloria. Y hasta la próxima. Así ha actuado siempre el PNV. Ya dijo Arzalluz que si Ibarretxe se estrellaba, le «echaríamos una mano». La historia, pues, es circular y se repite. Y lo hará mientras los complejos -de víctimas, unos, de verdugos, otros- continúen.

MEDALLAS
Por Juan Manuel DE PRADA ABC 1 Agosto 2004

NO la del Congreso (no es eso, no es eso). Refiérome, Pepiño, a las que, según Rodríguez ha augurado, coronarán las sienes de nuestros deportistos y deportistas a su vuelta triunfal de Atenas. Sospecho que el propio Cetapé advirtió la incongruencia de la imagen, pues viósele vacilar al terminar la frase y arrancóse seguidamente a arreglarlo con una nota a pie de página que todos, presentes y televidentes, le agradecimos de corazón. Arguyó Rodríguez que, en la antigua Grecia, coronaban a los atletas vencedores con ramas de olivo, aunque no aclaró si con aceitunas incluidas. Tal derroche de erudición, al parecer, justificaba retrospectivamente el simpático disparate. El olivo, añadió, era entre los antiguos griegos símbolo de victoria, por si no quedaba nítido. La ovación de los productos de la LOGSE allí concentrados al evidentemente superior producto de la Ley General de Educación Villar Palasí fue lo suficientemente espontánea y cálida como para que los del plan del 57 nos cercioráramos de que se les daba una higa donde les pudieran colgar las virtuales medallas y dos higas y media cual fuera el simbolismo del laurel, la vid, el olivo o el acebuche. Lo que se percibía en el atrio monclovita, Pepiño, lo que se derramaba desde las pantallas de los televisores a las moquetas, era un torrente libidinal que todo lo iba anegando. Amor, amor, amor. El furioso, el inclemente amor en el que poco antes se había macerado durante tres horas Ibarreche. Un amor del que sólo la lealtad debida a los ancestros neolíticos y a las sombras insignes de los vascos crucificados por Augusto permitió al lehendakari rescatar con vida su puñetero plan.

Este imperio de los Cien Días y pico hiede a Orwell, Pepiño. A Hispasoc o a Ibersoc. Moncloa, donde acudíamos sumisamente los masoquistas neocon a recibir de su anterior ocupante la periódica dosis de gélido despecho, es ahora indistinguible de la Casa (y si no sabes de qué Casa hablo, pregúntale a Maruja la del quinto). Los visitantes sindicales, mahometanos o autonómicos son invitados, apenas traspasan el umbral, a un dulce abandono. El puñetero plan Ibarreche, como explicó pacientemente Rodríguez a su autor, no tiene sentido porque los tiempos han cambiado. Están cambiando. The times, they´re changing. Respuesta comprensible al agrio desdén del aznarismo, la cosa soberanista no casa con la Casa, con su envolvente molicie de harén, con su nueva función de salón de masajes de la España diversa. Amor. Es tan sencillo. Cómo no habré caído en la cuenta antes, Pepiño.

Amor y Neolengua. Cecé extirpa sin reposo del maltratado español la terminología del rencor reaccionario. Cambia comisarios por coordinadores. Sustituye conmemoraciones por programaciones. Concedamos que en la palabra comisario resuene un áspero melisma policial que podría enturbiar la sublime tarea de los organizadores de exposiciones y festejos. Pero, ¿qué tiene la titular del Ministerio del Amor -perdón, de Cultura- contra la pobre voz conmemoración? Es fácil adivinarlo, Pepiño. Conmemorar alude al ejercicio de la memoria colectiva y no hay peor enemigo del amor que la memoria. Puro Orwell: la fabricación de neolengua (newspeak) responde a la amorosa necesidad de olvido. En el fondo, es lo mismo que se le pide a Ibarreche, paradójica metáfora de la España plural: olvida los tambores, los puñeteros tambores. Cada nueva generación socialista, en lo que a la herida patriótica vasca se refiere, se ha empecinado en repetir exactamente las mismas frustrantes experiencias de la anterior en un interminable aprendizaje de la decepción.

Pero la intrahistoria nos salvará, Pepiño. La tradición soterraña de la lengua, alimentada por el hambre inextinguible de verdades, que estalla cuando menos se lo espera uno en ricos improperios a lo Labordeta. Y, ya que en ello estamos, un lector de tu tierra me envía una joya de la lírica popular galaica, en la que podrás advertir ecos de remotas disputas trovadorescas: ¿Qué caralho olhas, Pepinho, / redomado gilipolhas?/ -O pandeiro de Carminha, / que reluce entre as folhas. Pues eso.

La mentira como una de las Bellas Artes
Juan Van-Halen es escritor y senador La Razón 1 Agosto 2004

Thomas de Quincey, aquel cultísimo escritor inglés de humor un tanto siniestro, dejó para la reflexión de sus contemporáneos un libro que le sobreviviría y que mantiene su interés: «El asesinato considerado como una de las Bellas Artes». A lo largo de la Historia se anotan minuciosos depredadores de seres humanos, y después del siglo de Quincey, que nació en el XVIII pero escribió ya en el XIX, ha habido grandes virtuosos del asesinato ateniéndonos más a la cantidad de las víctimas que al refinamiento de su ejercicio, aunque a menudo las dos circunstancias han resultado compatibles. Hitler, Stalin o Pol Pot, por recordar tres ejemplos relevantes, siguieron macabramente al escritor inglés en su consideración del asesinato como una de las Bellas Artes. Desde las purgas o el Gulag de Stalin a la llamada «solución final» de Hitler o a los fusilamientos masivos (casi la mitad de la población de Camboya) de Pol Pot, hay una línea llana del horror. Stalin en el terrible asunto de las fosas de Katyn, con el exterminio de más de diez mil oficiales polacos, unió al asesinato otra perversión: la mentira, ya que adjudicó a Hitler, con el que pese a todo tenía tantos puntos coincidentes, el crimen execrable ordenado por él.
La mentira considerada como una de las Bellas Artes ha tenido también su pertinaz reflejo en la Historia. Ha habido y hay virtuosos de la mentira y, por supuesto, ese virtuosismo comienza desde la mentira misma. Es decir, achacando al contrario que el que miente es él. ¡Qué mejor trampa! Un tahúr del Mississippi acusaba de cargar los dados o de guardarse cartas en la bota al que compartía con él la mesa de juego, justo un segundo antes de que los invitados inocentes descubriesen el engaño. Eso daba motivo para desenfundar el revólver, de modo que empezaba el tiroteo con ventaja para el tahúr tramposo y allí, al final, era alcanzado hasta el pianista. Gary Cooper dejó muestras de ello en el celuloide.

Los españolitos de a pie, o sea la mayoría, asisten a una especie de subasta de mentiras, a ver quién da más pero siempre por la misma orilla, desde el acreditado pero vil procedimiento de colocar otra vez el ventilador sobre la mierda y de ese modo que todos precisen correr a enjabonarse. Me refiero, obviamente, a las sinrazones que se mueven alrededor de los sucesos del 11-M y de los días siguientes, hasta la desembocadura en las urnas del 14-M, estudiados fragmentaria e interesadamente en una poco útil Comisión parlamentaria, llena de fosos con tiburones y de espacios de investigación prohibidos. Y me refiero también a los equipos de demolición engrasados desde la formación del nuevo Gobierno. El procedimiento no es difícil ni precisa mayor inteligencia. Necesita sobre todo desfachatez y dinamita dialéctica, esta vez para demoler la Historia reciente de España, y necesita la presunción de la amnesia del pueblo español, evidenciada en muchos de nuestros hechos históricos, desde don Pelayo a la última guerra civil y a nuestros días.

En pocos meses, desde la mentira esgrimida como un sable de desvergüenzas, hemos padecido la negación de lo obvio y la apoteosis del resentimiento. Se ha vuelto atrás en la política educativa por vía de decreto (olvidando que el Gobierno de Aznar convivió años con la LOGSE hasta que el Parlamento debatió y aprobó una nueva Ley), en la solución solidaria del agua para todos (se apuesta a escala nacional por las desaladoras, mientras las desaladoras se condenan por ejemplo en Andalucía), en infraestructuras (negando incluso la existencia de un ambicioso Plan 2000-2007), en vivienda (pasando de la construcción real a la promesa de «soluciones habitacionales»), en agricultura (malbaratando lo conseguido en difíciles negociaciones sobre el aceite, el algodón y el tabaco), en cultura (con espejismos de imposibles bajadas del IVA que han soliviantado a los sectores implicados), en organización territorial (abriendo expectativas confusas por meros pactos partidistas con riesgo de marcha atrás en el propio ser histórico de España) y en política exterior (fortaleciendo a naciones con intereses enfrentados a los españoles y tomando decisiones apresuradas que han suplantado con un cacareo de gallinas las responsabilidades de un país serio que respeta sus compromisos). Todo ello aderezado con falsedades sobre la realidad anterior.

La última mentira del equipo de demoliciones es, acaso, la más gruesa por ser la más burda y la más vil: la que trata de ensombrecer la política económica de los últimos años, reconocida y elogiada en todo el mundo. El señor Solbes, que como Comisario Europeo aprobaba y aplaudía públicamente aquellas medidas económicas, además de conocer al dedillo sus recovecos, es ahora quien, curándose en salud del exceso de gasto al que le llevan irremediablemente los compromisos partidistas de su Gobierno, que le fuerza a renunciar al equilibrio presupuestario que él mismo había defendido, denuncia deudas encubiertas que naturalmente no lo son. El señor Solbes o mintió entonces a toda Europa o miente ahora a toda España. Y este Solbes es el mismo Solbes que como ministro de Economía del Gobierno del señor González anunció en su día que debíamos resignarnos a no entrar en la Europa del euro (no se cumplían entonces varios de los requerimientos para ello, que el Gobierno de Aznar cumplió), y el que dijo que los ciudadanos debíamos ir pensando en planes de pensiones privados porque la Seguridad Social no podría responder en el futuro. Claro, con aquel Gobierno la Seguridad Social estaba en quiebra.

Es el virtuosismo de considerar a la mentira como una de las Bellas Artes. Mientras, don Pepiño Blanco, que me temo no ha leído con el debido mimo a Thomas de Quincey ni falta que le hace, arremete contra el pasado inmediato porque en la calle de Ferraz parece que no existe creatividad suficiente para encarar el futuro. Pero los países se construyen cada día, no se destruyen según el color de los gobiernos. La baza en la que confían quienes se enlodan en la estrategia de la mentira es la amnesia de los ciudadanos. ¿Y si no fuese tanta? Confiar sólo en la amnesia generalizada y propalar la mentira como sustento creativo de la acción de Gobierno, además de impresentable, es muy arriesgado. El 13-J, últimas elecciones europeas, parece que la estrategia de la mentira no había cuajado. Por eso acaso perseveran los virtuosos de ella. Ni siquiera el 14-M venció aquella estrategia en la medida en que sus estrategas confiaban. La gran mentira salió adelante, eso sí, pero Ferraz, con menos cosecha de escaños de los esperados después de la agitación inducida (Carod y Otegui dixit) entre el 11y el13-M, dejó muchos pelos en la gatera de los pactos. Son letras de cambio que habrá que pagar; y las pagaremos todos.

Y ahora los artistas de la mentira están inquietos por la tramoya del 11-M. Lo que se sabe y lo que se adivina, tanto como lo que parece que alguien está empeñado en que no se sepa, recuerda demasiado la criminal chapuza de los GAL. Pero con casi doscientos muertos. Ya veremos.

Porque la mentira, lo decía mi abuela, tiene las patitas muy cortas. Considerada o no como una de las Bellas Artes.

EL GRAN LOBBY DE ZP
Por Jaime CAMPMANY ABC 1 Agosto 2004

ANDAN todavía dándole vueltas al lobby americano del PP a ver cómo pueden ordeñar esa cabra seca, malversación de fondos públicos, aprovechamiento del dinero del Estado para beneficio personal, compra de honores con el dinero de todos los españoles, etcétera, o sea, eso que los socialistas hicieron a lo grande durante sus catorce años de gobierno. Todavía no quieren comprender que intentar obtener de ahí descréditos y corrupciones de José María Aznar es como querer sacar leche de una alcuza.

Pero, hombre, si el gran lobby, el lobby gigante, el lobby monumental, el lobby que es la madre de todos los lobby, es un lobby feroz que trabaja para ZP: lobby formidable, lobby terrífico, lobby enorme, lobby desaforado. Y por supuesto, lobby carísimo. Se trata nada menos que del lobby llamado Prisa. Su influencia y su poder son temibles en España y casi sin parangón en Europa. Es admirable el trabajo que desarrollaron las diversas divisiones de ese lobby durante los tres días anteriores a las elecciones de marzo. Qué eficacia, qué coordinación, qué imaginación, qué habilidad para amasar en un momento la verdad con su contrario. Qué intuición, qué perspicacia, qué agudeza de análisis esa -por ejemplo- de los redactores de la Ser para hallar tan pronto, en sólo unos minutos y entre docenas de cadáveres y heridos amontonados, la existencia reveladora de los islamistas suicidas.

Ahí sí que hay un lobby, y un lobby de primera magnitud que ha cazado un bambi en la selva política y a fuerza de jalear a los votantes y a la opinión pública con manifestaciones, pancartas, acusaciones e inventos, logran sacarlo de las urnas y del tripartito presidente del Gobierno. Bien es verdad que firmar el contrato del lobby se llevó su tiempo. La firma no se estampó hasta que Felipe González dio su visto bueno o más bien su salvoconducto, vieja palabra muy del gusto socialista. Zapatero hubo de esperar hasta que Felipe González y Jesús Polanco se pusieron de acuerdo sobre el nombre del beneficiario del lobby.

El precio del lobby es todavía un misterio. Por de pronto, será la concesión de una televisión «en abierto». Eso, al menos, es lo que ha adelantado el Nebrija. No sabemos de dónde saldrá, si de una ampliación del número de las privadas que ahora hay o de la venta de alguna de las cadenas estatales. Al fin y al cabo, Carmen Caffarel es algo así como una taumaturga que aproximadamente en tres meses ha hecho crecer de modo espantable las pérdidas de TVE y además se ha dejado comer la primacía de la audiencia. Con los socialistas, televisión española se ve menos y pierde más. Es imposible hacerlo peor. Pues, nada, a venderla. Pero ¿a quién? Pues a Polanco, ¿a quién va a ser?

Lo que sucede es que de eso no podrá lamentarse demasiado el PP, que empezó por darle a Polanco el monopolio de la televisión digital, permitió que no cumpla la sentencia del Supremo sobre el «antenicidio». Guardó en un cajón del Ministerio de Hacienda la recomendación de la Agencia Tributaria para investigar las empresas del grupo y logró que magistrados ad hoc expulsaran de la magistratura al juez que intentó investigarlas. Y aquí tiene el pago el PP. Si grande fue el pecado, más grande es la penitencia.

EL ÍNDICE EN LA SIEN
ÁLVARO DELGADO-GAL ABC 1 Agosto 2004

En septiembre sabremos si la comisión estira un poco más sus pesquisas cansinas. Mientras tanto, una cosa parece confirmada: y es que Acebes salió bien parado de su cita del miércoles. No me extraña. Los cargos esgrimidos por la izquierda eran tan graves, y a su modo tan precarios, que la estadística beneficiaba al ex ministro del Interior. Por supuesto, el gobierno popular manejó mal la crisis. Su error principal consistió en apropiarse de un caso que habría resultado más inteligente compartir, en el plano de las responsabilidades políticas, con la oposición. Pero no parece que hubiera mucho más.

Desde luego, las evidencias ventiladas por los comisionados no han corroborado la versión que el PSOE había consagrado públicamente: la de una ocultación dolosa de los datos, realizada con propósitos partidistas. Bastaba que el escenario terrible quedara en entredicho, para que saliera ganando, en términos relativos, aquél al que se había asignado prematuramente el papel de villano. Y, en efecto, se ha experimentado la sensación de que, con el paso de los días, los trabajos de la Comisión iban castigando más al actual gobierno que al PP. Esto, en lo que hace a la necesidad, ineludible aunque a la vez un poco pueril, de determinar quién ha ganado por puntos. Sin embargo, no acaba aquí la cosa.

La Comisión ha dejado en algunos un mal sabor de boca. ¿Por qué? Porque, obviamente, no estaba orientada a descubrir la verdad. Subrayar este punto, resulta un poco cómico. Y aquí está lo desmoralizador: que resulte cómico. Nadie daba un duro por los resultados de la investigación parlamentaria. A nadie se le ocurrió que los partidos fueran a perseguir otro fin que el de cubrirse del acoso de sus rivales, o infligir a éstos el mayor daño posible. El juego de las mayorías ha fijado qué asuntos se revisaban, o a qué testigos se convocaba. Y se ha pasado, con relativa placidez, sobre un percance que desde mi punto de vista es muy preocupante. Me refiero a la acusación, no desmentida formalmente, de que los señores Rubio y Santano, comisarios generales de policía en este momento, habían preparado sus declaraciones en la sede socialista de Gobelas. El señor Rubio llegó a decir que ésa era una cuestión que atañía a su vida privada, y que no tenía más que añadir. Esto es una enormidad, dadas las circunstancias. Pero, al parecer, la enormidad no ha sido bastante a despertar un sentimiento de escándalo.

Los sentimientos, por lo común, son episodios que conviene analizar dentro de un contexto. Ello incluye a los sentimientos teóricamente más elementales, como la cólera. A nadie extrañaría que usted monte en cólera porque han intentado robarle sus ahorros, o seducir arteramente a su mujer. El que monta en cólera por estos motivos, no necesita ir al siquiatra. Lo que necesita, si acaso, es una reparación. Pero sí necesita ir al siquiatra el que muele a palos a un camarero porque le ha traído un café con leche, y no el sol y sombra que cree haber pedido.

Otro tanto sucede con el sentimiento de escándalo. El que se escandaliza porque alguien estornuda mientras se está tocando el himno nacional, adolece probablemente de una susceptibilidad patriótica que linda con lo morboso. Una sociedad que, por el contrario, no encuentra escandaloso que dos comisarios generales de la policía redacten sus deposiciones en conexión con una de las partes interesadas, manifiesta una falta de exigencia democrática, o, al revés, una sobra de escepticismo, ciertamente alarmantes.

El escepticismo no es por fuerza malo. En ocasiones, el escéptico es una persona de principios que, tras toparse con la realidad, ha llegado a la conclusión de que aquéllos no agotan a ésta. Pero existen escepticismos debilitadores. Escepticismos consuntivos. O si quieren, escepticismos que reflejan, sencillamente, ausencia de ambición. La diferencia entre un ciudadano democrático que reclama probidad en los jueces, y el ciudadano de una república bananera que sólo espera tener suerte, o que el juez responda a estímulos extrajudiciales, responde a factores morales y no sólo intelectivos. El primero se ha educado en una sociedad en que se respetan las reglas. Por lo mismo, él contribuye, con su actitud, a que las reglas sigan siendo respetadas. El segundo no está acostumbrado a que se respeten las reglas.

Por lo mismo de nuevo, su actitud coadyuva a que las reglas prosigan siendo papel mojado. En un proceso que es circular, el humor colectivo forja el humor individual. Y la sinergia de humores individuales confirma un humor colectivo. Es una cuestión de estándares heredados, muy difícil de corregir.

No somos mal país. Ahora bien, en lo que toca a la acción política, a las normas de decoro público, somos un país endeble. Tampoco hay que exagerar. Somos como Italia, no como Argentina. Pero nuestro temple es caedizo, flojo, tristón. Y al que se rebela, lo llaman estupendo. O se refieren a él con el índice. Con el índice puesto en la sien. Ya conocen el gesto. Se apoya el índice en la sien, y se gira treinta grados, aproximadamente.

Ibarretxe y su camino
Editorial El Ideal Gallego 1 Agosto 2004

De nada ha servido el conato de diálogo surgido tras la visita de Ibarretxe a Zapatero en La Moncloa. El camino del PNV lleva mucho tiempo trazado y, pese a sus palabras, el destino no puede ser otro que la aprobación del plan secesionista que abandera el lehendakari. Pero, ahora, ya ni tan siquiera le basta que el parlamento vasco le diga que no a sus intenciones. La pretensión del presidente de Euskadi es que, si no consigue el respaldo de la cámara, convocar de igual modo un referéndum en diciembre. No lo tiene fácil. Enfrente tendrá no sólo al Partido Popular y a los socialistas, también Batasuna parece contraria a votar a favor de su programa aunque por motivos bien distintos al de los partidos constitucionales. Mientras los primeros lo hacen porque no están de acuerdo con la fractura en el Estado que buscan el PNV y sus socios, el brazo político de ETA se negará porque no le llega lo que Ibarretxe propone. Eso sí, nada parece capaz de evitar que el lehendakari ponga de nuevo a la sociedad vasca en riesgo de ruptura.

COMISIÓN DEL 11-M
La Asociación de Víctimas cree que la comisión ha olvidado a los afectados
La presidenta de la Asociación de Víctimas del 11-M, Clara Escribano, afirmó hoy que la comisión de investigación se ha «olvidado» de los afectados por la masacre por entender que los comisionados no han centrado sus trabajos en investigar los hechos que ocurrieron los días previos a los atentados, sino que han intentado buscar un culpable por lo ocurrido los días 12 y 13 de marzo.
AGENCIAS  MADRID La Voz 1 Agosto 2004

«Creo que la comisión de investigación se está olvidando un poquito de los que estuvimos en los trenes y de los que perdieron la vida», afirmó Escribano, que mostró su decepción ante el desarrollo de la comisión, ya que su asociación esperaba que este órgano parlamentario desvelara la verdad sobre los días previos al atentado, en lugar de lanzar acusaciones sobre las jornadas precedentes a las elecciones generales.

«Haya ellos -grupos parlamentarios y comparecientes- cada uno pagará en su momento determinado sus actuaciones. Creo que en la comisión se han liado más las cosas. La sensación que tenemos es que no se está investigando la verdadera causa y creen que somos un poquito tontos», explicó.

En este sentido, consideró que los trabajos de la comisión se han centrado en «descalificar» a las personas que desempeñan su labor lo mejor que pueden, por lo que descartó que la asociación entre en ese juego por estimar que los propios comisionados se descalifican entre ellos.

No obstante, afirmó que todavía no se han cumplido todos los objetivos que la comisión se había marcado en un principio, ya que, en su opinión, queda mucho trabajo por desarrollar. Asimismo, lamentó que no hubiesen comparecido más personas en esta primera fase de la investigación parlamentaria.

Por último, Escribano manifestó su respaldo a la actuación de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado en los atentados. «Creo que las Fuerzas de Seguridad del Estado hicieron todo lo que pudieron y lo que supieron, si no se hizo más era porque no tenían más medios a su alcance», concluyó.
 

Recortes de Prensa   Página Inicial