AGLI

Recortes de Prensa     Martes 3 Agosto 2004

Conjeturas sobre la inactividad de ETA
Lorenzo Contreras Estrella Digital 3 Agosto 2004

ODIOSOS AMERICANOS Y BRITÁNICOS

CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 3 Agosto 2004

LA VERDAD, DE VACACIONES

Ignacio CAMACHO ABC 3 Agosto 2004

Negar las evidencias
Ramón Pi El Ideal Gallego 3 Agosto 2004

Informaciones equívocas
Editorial La Razón 3 Agosto 2004

La segunda transición
José María Carrascal La Razón 3 Agosto 2004

España de vacaciones

GEES Libertad Digital 3 Agosto 2004

compañeros en la fe
Francisco Marhuenda La Razón 3 Agosto 2004

Fuerza y sentido del Plan Ibarreche

Miguel Ángel Quintanilla Navarro Libertad Digital 3 Agosto 2004

Sinécdoque
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 3 Agosto 2004

Reina por un día

José García Domínguez Libertad Digital 3 Agosto 2004

De Irak a Gibraltar pasando por La Habana, crónica de un desatino
EDITORIAL Libertad Digital  3 Agosto 2004

Y AHORA, CUBA
Editorial ABC 3 Agosto 2004

LA POPULARIDAD DEL PRESIDENTE
EDURNE URIARTE ABC 3 Agosto 2004

Pedalean juntos
Lorenzo Contreras La Razón 3 Agosto 2004

Humanizar

Alfonso Ussía La Razón 3 Agosto 2004

Patrulla Águila en Vitoria

Ernesto Ladrón de Guevara y Enriqueta Benito Bengoa La Razón 3 Agosto 2004

El retrato
Fray Josepho Libertad Digital 3 Agosto 2004

La gran farsa nacional
Cartas al Director ABC 3 Agosto 2004

El CNI informó a Aznar de que Iraq tenía capacidad para contar con armamento de destrucción masiva
Redacción/ M. S. González La Razón 3 Agosto 2004

Víctimas y partidos cargan contra Uriarte por pedir «humanizar» el trato a los etarras
Redacción La Razón 3 Agosto 2004

El Gobierno declina incluir en el referéndum la pregunta sobre el catalán
R. C. La Razón  3 Agosto 2004


 


Conjeturas sobre la inactividad de ETA
Lorenzo Contreras Estrella Digital 3 Agosto 2004

Es curioso, pero enteramente parece que los observatorios políticos que más atención dedican al actual silencio de ETA son los nacionalistas. En una entrevista periodística reciente, Javier Balza, consejero de Interior del Gobierno vasco, se ha referido a la “inactividad” de la banda terrorista y la ha atribuido a su debilidad, sin excluir la posibilidad, por no decir la probabilidad, de próximos o futuros tentados “selectivos”, ya que, a su juicio, la atrocidad del 11M ha frenado a la propia organización etarra, disuadiéndola de cometer alguna fechoría del tipo de Hipercor. Lo cual significa que algún militar o también algún ertzaina pueden caer bajo el fuego de los pistoleros, sin olvidar a otros representantes de estamentos sociales o profesionales, entre ellos periodistas, puesto que ETA en su último Zutabe, ha dirigido alguna amenaza velada a profesionales de la información. Por otra parte, no se considera, lógicamente, “desactivada”, aunque orienta el sentido de su presencia actual hacia el significado de las recientes elecciones europeas, atribuyendo un excelente resultado a la formación ilegal HZ, pese a que sus votos fueran invalidados.

En relación con la profesión periodística, el comunicado de la banda precisaba: “No le diremos a nadie cómo debe realizar su trabajo periodístico, pero queremos advertir de que no aceptamos que, bajo la cobertura del trabajo periodístico, nadie lleve a cabo una actuación continuada de ataques, injurias e intoxicación contra Euskal Herria y nuestra organización”.

Javier Balza, por su parte, se ha resistido a considerar que en la “debilidad” de ETA hayan participado decisivamente el Gobierno de Aznar ni la conjunción de partidos mediante el llamado “pacto por las libertades y contra el terrorismo”. El consejero de Interior vasco cree o dice creer que todo el retroceso etarra responde a la acción del Estado francés y a un supuesto interés de la propia izquierda abertzale por el abandono de la violencia, dado que “a ellos —a esa izquierda— se les acaba el tiempo político”. Precisamente ETA, en su Zutabe, dice que la izquierda abertzale debe trabajar con una perspectiva de ampliación, se supone que ampliación referida a objetivos “democráticos”, pero entiende que para superar “amenazas y chantajes” (de los demás, claro, no suyos), la organización debe centrarse en su propia línea y dinámica, pensando en la propaganda que se dirigirá contra su mundo con vistas a las próximas elecciones autonómicas.

ETA estima que los resultados de las pasadas elecciones europeas, aparte de beneficiar la imagen de HZ (Herritarren Zerrenda, su filial política), significaron que “el proceso de liberación avanza por encima de la ilegalización”.

En resumidas cuentas, ETA sigue ahí, enigmáticamente inactiva, según Balza, porque Francia la tiene bien sujeta, pero según Joseba Arregi, recién “escapado” de la férula del PNV, porque el final del mito de la invulnerabilidad de ETA “ha venido de la mano de los dos grandes partidos españoles, del PP y el PSOE, y del Gobierno de Aznar”, mientras el PNV y el nacionalismo en su conjunto estaban ausentes de esta estrategia consistente en acabar con la imbatibilidad de la banda.

ODIOSOS AMERICANOS Y BRITÁNICOS
Por CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 3 Agosto 2004

«BUSH estuvo a punto de llevarnos a la tercera guerra mundial», dijo el periodista, responsable él, riguroso él, equilibrado él. Alguien se alteró en la mesa del estudio y amagó con intervenir, pero el comentarista alzó la voz y repitió en un tono de mayor convicción todavía: «Sí, sí. Este bárbaro de Bush ha estado a punto de llevarnos a una tercera guerra mundial».

Pobre público de televisión, zarandeado él, humillado él, asediado él por estos exquisitos profesionales de la televisión. A veces uno desearía que todo fueran programas del corazón.

Y, ¿por qué el periodista se inventó esta eventualidad apocalíptica que ni siquiera serían capaces de formular, en sus panfletos teóricos tan críticos del Imperio, Chomsky o Taibo? Porque es evidente que al periodista lo que le importa no es la verdad, sino quedar bien con el poder, siempre, con el de cada momento y en este caso sabía que para la estrategia del Gobierno de Zapatero es fundamental identificar al amigo americano de Aznar con la encarnación del Mal. Así que ahí está él -independiente, equilibrado y responsable- para inventarse una guerra mundial, si llega el caso. Además queda estupendamente con el público progre, esto es, con la grey rabiosamente antiamericana.

De aquí a las elecciones de EE.UU. en noviembre, una buena parte de los medios españoles van a abundar en este tipo de improperios sobre George Bush. Va a ser una buena continuación de la campaña contra Aznar: belicista el americano, belicista el español; fascista el uno, fascista el otro. Los dos al infierno de la Historia. Definitivamente. Amanecen otros tiempos, aquí y en América. La victoria de Kerry redundará aún más en el error de perspectiva de Aznar al haber acompañado al amigo americano a todas las guerras, incluida esta mundial imaginada por un comentarista calculador.

LA estrategia propagandística del PSOE tiene a su favor el antiamericanismo de los españoles. Es un sentimiento que viene de la guerra de Cuba, pero, sobre todo, del papel que desempeñó Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial como el gran defensor del sistema democrático y en el que curiosamente se encontraron juntos falangistas y rojos. Todo eso lo saben bien los propagandistas del PSOE, partidarios de secundar estas propensiones morbosas del electorado español, más poderosas que las propias afinidades partidarias, del mismo modo que saben que en nuestra sociedad existen unos sentimientos antibritánicos muy fuertes. A eso ha jugado Zapatero al decir que el único fallo de sus primeros cien días de gobierno fue la visita del submarino «Tireless» a Gibraltar y a eso ha seguido jugando al calificar el lenguaje de Blair propio de un colonialista del siglo diecinueve. ¿Laborista? ¿Compañero de la Internacional? Sobre todo, aliado de Aznar y, por ello, definitivamente condenable. La obsesión con Aznar y con sus ocho años de gobierno, limpios y prósperos, no dejan dormir al equipo de propagandistas del PSOE, tanto a los orgánicos como a los inorgánicos, tanto a los afiliados como a los independientes, pero, eso sí, tenaces en la utilización de todos los recursos psicológicos, ya de los derivados de la defensa de la política del Gobierno como de los que hunden sus raíces en esa masa oscura y contradictoria que está formada por las viejas pasiones nacionales...

EL imaginativo periodista que atribuyó a Bush una imaginaria guerra mundial estaba ciertamente en el espíritu de Zapatero, que consiste en aglutinar a la inmensa mayoría de los españoles en el odio a los americanos y también en el odio a los británicos. Todo un programa. Civil, eso sí: sin camisa y correaje.

LA VERDAD, DE VACACIONES
Por Ignacio CAMACHO ABC 3 Agosto 2004

SI un atentado con 190 muertos, cuya sacudida política y emocional cambió la historia de España, no resulta suficiente motivo para que una docena y media de diputados anule sus vacaciones en el teórico intento de esclarecer algunas circunstancias de la matanza, los españoles merecemos que nos expliquen qué diablos consideran los padres de la patria que debe suceder en este país para que se dignen trabajar en agosto. Hasta tanto alguien ofrezca una explicación satisfactoria, algunos ciudadanos tenemos derecho a pensar que la suspensión hasta septiembre de la investigación parlamentaria sobre el 11-M constituye una monumental falta de respeto.

Una falta de respeto, en primer lugar, a las víctimas, cuyo derecho póstumo a que se conozca la verdad del hecho que les costó la vida ha sido pateado de forma ignominiosa tras el manoseo retórico que sirvió para justificar una comisión en la que, por lo visto, nadie cree. Hace un año, la presunta chorizada de unos tránsfugas de poca monta motivó que la Asamblea de Madrid se mantuviese abierta durante el verano para tratar de averiguar los detalles de aquel chalaneo de regional preferente. Pero la muerte de 190 ciudadanos no alcanza, según parece, la importancia política suficiente para que el Congreso considere la excepcional permanencia en sus puestos de un puñado de representantes del pueblo.

En segundo lugar, se falta al respeto de los ciudadanos, que sufragan con sus impuestos una Cámara para que se ocupe de los problemas de la nación durante todo el año. Las señorías que componen la Comisión de investigación perciben una media de 3.000 euros largos al mes, y nadie estaría dispuesto a regatearles las dietas que mereciese su permanencia en el cumplimiento de sus obligaciones. Largarse hasta septiembre con la tarea pendiente es un lujo que jamás se permitiría a directivo alguno de ninguna empresa privada.

Y en tercer lugar, estas vacaciones representan una falta de respeto a la propia función de la Comisión parlamentaria, creada para alumbrar unas conclusiones que no pueden esperar a que los diputados y diputadas se tuesten sus ilustrísimas pieles en la playa. La excusa de que se suspenden los trabajos para estudiar la documentación acumulada -¿acaso necesitan un mes de análisis los testimonios del portero que dijo haber oído lo que no pudo oír, o la memorable respuesta del instructor canino de la Policía sobre la capacidad olfativa del perro Aníbal?- es todavía peor que irrespetuosa para el conjunto de la ciudadanía: es simplemente insultante, por cuanto nos viene a considerar lo bastante estúpidos para aceptarla.

Lo que ocurre, en el fondo, es que esta Comisión es un fraude, una pamema, un trámite. Los verdaderos testimonios que podrían aportar alguna luz sobre los puntos oscuros de la matanza ni siquiera han sido solicitados, y las comparecencias registradas se han limitado a tejer una madeja de contradicciones sobre la única cuestión que interesa realmente a las fuerzas políticas, que es si el Gobierno Aznar mintió o no en las horas y días posteriores al atentado. Los diputados se van de vacaciones porque saben que van a cerrar en falso el expediente, con conclusiones apriorísticas apenas modificadas que resultarán del todo banales para el auténtico esclarecimiento de los hechos. Un «cajonazo», como se dice en Cádiz, en el que quedarán guardadas las piezas sin encajar de una tragedia sobre cuyos pormenores no resueltos ya nadie parece interesado.

Para esa tarea, ciertamente, no es necesario trabajar durante el verano. Porque, cuando sus señorías regresen de su merecido descanso, la verdad seguirá de vacaciones y lo que se establecerá en el Congreso será un sucedáneo para consumo tranquilizador de quienes en absoluto desean enfrentarse a los demonios de su conciencia.    icamacho@abc.es

Negar las evidencias
Ramón Pi El Ideal Gallego 3 Agosto 2004

La ya llamada comisión 11-M se toma vacaciones en agosto. Cuando llegue septiembre, al contrario que en la canción, casi nada, por no decir nada en absoluto, será en esa comisión maravilloso, como no lo ha sido desde que empezó a trabajar. Leer los periódicos tras cada jornada era una vergüenza para cualquiera que se tome el periodismo en serio: no era posible que informasen sobre lo mismo. Y después de las vacaciones no se sabe siquiera a quién se llamará a comparecer, pues eso dependerá de lo que convenga a los partidos políticos que forman mayoría, no para esclarecer lo que pasó, sino para la defensa de las conclusiones que quieren extraer.

En eso de negar la evidencia llueve sobre mojado. Desde el día siguiente a las elecciones, Zapatero puso en circulación la tesis según la cual no hubo ninguna relación entre las elecciones y los atentados del día 11, con la colosal conmoción que produjeron y las manifestaciones vociferantes ante las sedes del PP el día de reflexión. Zapatero pretendía que la gente se creyese que el PSOE ganó exactamente igual que lo habría hecho sin atentados, ni mensajes telefónicos, ni aparición de Pérez Rubalcaba por la televisión el día 13 llamando mentiroso al Gobierno.

Pero estas arbitrariedades gigantes no se refieren sólo a las elecciones, los atentados y demás cosas específicamente domésticas; la evidencia se niega también en asuntos mucho más generales. Por ejemplo, si un varón se hace operar el sexo, se trata con hormonas femeninas y se inyecta silicona construyéndose unos falsos pechos, lo que pretenden que nos creamos es que se ha cambiado el sexo, cuando es absolutamente obvio que sólo ha cambiado su aspecto, su apariencia sexual. Pero nos nutrimos de estos embustes, que incluso acaban llegando al otrora prestigioso Registro Civil, para el que Manolo pasa a ser Isabel.

Informaciones equívocas
Editorial La Razón 3 Agosto 2004

LA RAZÓN publica en primicia un largo extracto de la nota informativa elaborada por el CNI, el servicio español de Inteligencia, sobre el estado de los programas de armas de destrucción masiva de Iraq. Esta información, cuyas fuentes, naturalmente, no se citan, fue entregada al Gobierno de José María Aznar, días antes de la reunión en las islas portuguesas de las Azores con el presidente de los Estados Unidos, George Bush; y de la Gran Bretaña, Tony Blair. Es importante retener este dato cronológico porque, como se sabe, en aquella cumbre se decidió el ultimátum a Sadam Husein y la consiguiente declaración de guerra.

Hoy, es fácil tildar de manipulaciones interesadas los informes de Inteligencia con los que la coalición internacional justificó la aventura iraquí, pero es un hecho que el presidente del Gobierno español, al menos, acudió a las Azores con un informe de sus servicios secretos que, en líneas generales, coincidía con las apreciaciones de la CIA y del MI-5 sobre el peligro potencial de los programas de armas químicas, biológicas y nucleares del régimen de Sadam Husein. En el caso de las informaciones del CNI, se hacía especial hincapié en los riesgos que representaban las armas biológicas con afirmaciones que iban más allá de una mera especulación sobre indicios sin confirmar.

Se podrá argüir ahora, una vez que la búsqueda de las armas sobre el terreno ha resultado infructuosa, que ninguno de los servicios secretos mencionados, ni siquiera la CIA, confirmaban con rotundidad la existencia de las mismas y que fueron los responsables políticos quienes privilegiaron la interpretación más favorable a sus intenciones. Pero es un hecho que esos informes de «Inteligencia» existieron y fueron elaborados por profesionales en el desarrollo de sus funciones. Si a esta circunstancia le sumamos los hechos incontrovertibles de que el régimen iraquí había utilizado armas químicas contra los kurdos y los iraníes; había bombardeado Israel y Arabia Saudí con misiles de largo alcance durante la primera guerra del Golfo; había expulsado a los inspectores de la ONU y era incapaz de justificar documentalmente la supuesta destrucción de sus programas de armamento no convencional, entenderemos las protestas de José María Aznar cuando afirma que tomó la decisión de respaldar a la coalición internacional en la creencia de que el régimen iraquí suponía una amenaza grave para la estabilidad y la paz mundial.

De hecho, en todo este desgraciado asunto, tendemos a olvidar la responsabilidad contraída por otros actores principales, como Hans Blix, el jefe, en aquellos días cruciales, de la misión especial de inspección de la ONU, que nunca se atrevió a asegurar que Iraq no poseía armas de destrucción masiva. Si la guerra fue un error, intencionado o no, lo cierto es que hay más de un responsable.

La segunda transición
José María Carrascal La Razón 3 Agosto 2004

Pueden llamarlo como les dé la gana, pueden incluso ponerle uno de esos nombres melifluos a los que es tan aficionado nuestro presidente. Pero el que le corresponde de verdad es el de Segunda Transición. Me estoy refiriendo, naturalmente, al cambio de la estructura territorial y constitucional de España que planea José Luis Rodríguez Zapatero, con Pasqual Maragall como apuntador. Y lo primero que se le ocurre a uno ante ello es ¿da títulos para meterse en una reforma de tal envergadura el haber ganado unas elecciones, sin ni siquiera la mayoría absoluta? ¿Está justificado tal cambio? Es verdad que en el País Vasco Ibarretxe anuncia por la tremenda que como no se los den, él se los toma por su cuenta y que en Cataluña los nacionalistas vienen exigiendo desde hace tiempo la reforma del marco constitucional.

Pero Ibarretxe acaba de reconocer ante Zapatero que no sabe si cuenta en su propio territorio con el apoyo necesario para llevar adelante su plan y en Cataluña ya no gobiernan los nacionalistas, sino los socialistas, al menos aparentemente. Mientras en el resto de España, nadie siente la urgencia de tales cambios.

El resto de España está muy satisfecho con el Estado de las Autonomías, según arrojan todas las encuestas, y ya gobiernen los socialistas, ya gobiernen los populares, ya lo hagan los nacionalistas, como en Canarias, a ninguno de ellos se le ocurre decir que hay que cambiar la configuración del Estado. O sea que Rodríguez Zapatero va a meterse en una segunda transición, no porque se lo pida la mayoría del país, como ocurrió en la primera, sino porque se lo pide una minoría del mismo. Y, además, sin que exista el consenso que existía entonces entre todas las fuerzas políticas de que era absolutamente necesario hacer el cambio.

¿No les parece a ustedes que los riesgos, enormes, no compensan los resultados, inciertos? Claro que, y ahí puede estar una de las claves del misterio, la minoría que lo pide resulta decisiva en el actual equilibrio de poderes: Zapatero no podría gobernar sin Maragall, y Maragall no podría gobernar sin Carod-Rovira. Así que tendremos segunda transición nos guste o no, lo pida o no la mayoría del país. No es un buen comienzo.

No es un buen comienzo y mucho presagia un mal fin. De entrada, tenemos, a diferencia también de lo ocurrido en la primera transición, diferencias fundamentales entre todos los actores, que en muchos casos llegan a la abierta contradicción. Ni siquiera Maragall y Zapatero, los más próximos, parecen de acuerdo en qué va a consistir la reforma. Por lo que le hemos oído al representante del primero en ese campo, el ministro de Administraciones Públicas, va a quedarse en la conversión del Senado en una Cámara autonómica, el acceso al trono de las mujeres y una mayor participación de las autonomías en los viajes de Estado y en la administración del mismo. Pero para eso no se requiere una segunda transición. El Senado está ya concebido como cámara autonómica en la presente Constitución, el acceso al trono de las mujeres podría conseguirse con una simple enmienda constitucional y a las autonomías viene ya dándoseles cada vez más competencias. Esas reformas no requieren cambiar el presente marco constitucional, basta con algunos retoques al presente.

El problema viene de que Maragall no se contenta con tales retoques. Él, y no hablemos ya Ibarretxe, quiere cambios que sí exigen un marco constitucional completamente nuevo. Pide, por lo pronto, que se establezca de un modo taxativo la diferencia entre nacionalidades históricas y simples nacionalidades, que él prefiere llamar regiones, en vez de la alusión de pasada y sin especificar que hace de ellas la actual Constitución. Pide, en suma, el reconocimiento constitucional de que hay autonomías de primera y de segunda, algo que, por su propio contenido va contra el alma de cualquier constitución democrática, que debe asentarse en la igualdad entre los ciudadanos y territorios del Estado. Pero Maragall insiste en ello y Zapatero parece estar dispuesto a concedérselo a cambio de que reconozca que «Cataluña es Estado». Español, se sobreentiende. Pero es que si no se lo dan, amenaza veladamente en pasarse al bando de los que piensan que Cataluña, por ser nación, debe ser Estado propio. Lo que no sabemos es si las demás autonomías aceptarán ser de segunda. Incluidas las del PSOE. Rodríguez Ibarra ha hecho al respecto unas advertencias muy claras y precisas.

Si esto ocurre en algo tan intangible como la denominación, no quiero decirles nada de lo que va a ocurrir cuando la reforma se meta en berenjenales como la financiación de las comunidades autónomas o el nivel de sus atribuciones. Maragall no ha sido muy preciso al respecto, pero ha dejado claro que quiere para Cataluña un estatus diferente, esto es, superior, al del resto. Mientras el resto ya han dicho que no aceptarán discriminaciones en ningún sentido. La cuadratura del círculo le llaman los analistas próximos a Zapatero. Peor que eso: el cuento de la buena pipa que nunca se acaba. Lo que más asusta del plan Maragall es que pone un plazo a esta segunda transición: un cuarto de siglo, un soplo en nuestros acelerados tiempos. «La actual Constitución nos ha servido durante 25 años –decía en unas recientes declaraciones.Vamos a ver si la próxima nos dura otro tanto». ¿Y entonces, qué? ¿A por la tercera transición? ¿Vamos a vivir en eterno periodo constituyente? ¿No vamos a ser capaces de vertebrar España? ¿O lo que realmente se busca es desvertebrarla del todo? Algo sobre lo que convendría que nuestro presidente reflexionara.

Seguridad Nacional
España de vacaciones
GEES Libertad Digital 3 Agosto 2004

Los españoles han preferido que nada les enturbie las playas y las horas de chiringuito. Particularmente si tiene que ver con sentirse expuestos y vulnerables. La gran diferencia entre la comisión del 11-S norteamericana y la del 11-M de nuestro Congreso de Diputados es que la primera se ha ocupado de buscar la vulnerabilidad todavía existente en el sistema de defensa del territorio americano, mientras que la nuestra se ha contentado con explorar quién fue más manipulador de todos, si el Gobierno por perseguir a ETA demasiado tiempo, o si el PSOE, por arrojar sombras de dudas, calumnias y utilizar el proceso electoral en su favor. Nadie se ha preguntado que lo verdaderamente importante a fecha de hoy es evitar otro 11-M, evaluar nuestro sistema de seguridad y antiterrorista nacional y poner en marcha las medidas y acciones necesarias para luchar contra el terror islámico en nuestro suelo. Si no hay otro atentado islamista en España no será gracias a los trabajos de la comisión parlamentaria, eso desde luego.

Es posible que la revisión del aparato de seguridad hubiera desbordado la capacidad operativa de una comisión parlamentaria, tan falta en ese tipo de experiencias nuestra cultura política. Pero la comisión debiera haber servido, como mínimo, para sensibilizar a una opinión pública que se encontró sumida en un mar de confusiones el 11-M respecto a lo que estaba sufriendo y el por qué de ese sufrimiento. Pero no ha estado a la altura de las circunstancias nacionales.

La realidad es que gracias a la movilización demagógica e interesada por parte del PSOE, sólo interesado en desalojar a Aznar del poder, la sociedad española en general se ha olvidado ya de los terribles atentados –ataques en realidad– del 11-M. Como si hubiera sido aquel día una pesadilla que más vale no recordar. El Gobierno socialista es culpable en buena medida de haber contribuido a ese estado falso de bienestar, al haber culpabilizado en seguida de todo a José María Aznar, a la guerra de Irak y a la alianza estratégica con Washington y Londres. Con Aznar fuera del Gobierno, retirados de Irak y aliados ahora de Francia, parecería que se hubieran conjurado todos los temores a nuestros enemigos. Pero la realidad es que nuestros enemigos no sólo es que anden libremente por ahí fuera, sino que, como todo indica, se mueven a sus anchas entre nosotros. Si no han atentado de nuevo en España se debe a que no han podido o a que no han querido, que no siempre es lo mismo.

Y si España se viste de playa y bronceador, lo más preocupante es que nuestro sistema de seguridad se instala aparentemente en el mismo sentimiento de tranquilidad, inspirado, sin duda, por la política general de un Gobierno que elige siempre que puede la política del avestruz, como es el equipo de Zapatero. La comisión del 11-M no ha entrado en consideraciones sobre la idoneidad de la inteligencia y los servicios de información de la Policía y la Guardia Civil, que siguen como si el 11-M nunca hubiera ocurrido, con la excepción de la cacareada célula conjunta antiterrorista que en cuanto se escarba en ella es menos conjunta que simple yuxtaposición de cuerpos y que se acerca más a una bonita foto ministerial que a un órgano con competencias reales.

La llamada "comunidad de inteligencia" expresa su malestar por lo que de ella se ha sabido en los trabajos de la comisión –mucho menos de lo deseable, en cualquier caso– y amenaza con escenarios de quiebra y desmoralización. Pero que quienes denuncian su exposición pública sean los mismos que fueron incapaces de oler lo que se estaba cociendo cara a los atentados del 11-M no deja de resultar sarcástico.

Qué pena que la comisión quede para certificar que todos estaban equivocados, reparta culpabilidades según lo conveniente y eche el telón a lo que de verdad importa: la reforma de los servicios de inteligencia y la adaptación de las Fuerzas Armadas a la lucha antiterrorista. Eso es el reto del futuro. Pero la comisión ha elegido clavarse en el pasado únicamente.

compañeros en la fe
Francisco Marhuenda La Razón 3 Agosto 2004

El voluntarismo de Zapatero es encomiable, sólo hasta que sepamos si se trata de ingenuidad u oportunismo. La memoria es frágil y no recordamos, especialmente esa prensa de izquierdas tan dada a la hagiografía del PSOE, el buen talante de la primera legislatura de Aznar y mucho menos el «mal rollo» de González con CiU y los sindicatos hasta que perdió la mayoría absoluta. La izquierda es consciente de que contra Aznar vivía mejor y ahora hay que mantener ese ritmo de críticas, hasta extremos lamentables si se leen los editoriales y los titulares de la «independiente» prensa afecta. Ahora parece que sólo el anterior presidente tenía problemas de diálogo.

A Ibarreche le ha bastado una semana desde la cordial reunión en Moncloa para aclararle a ZP que su plan es lo único importante, que no modificará ni una coma, que convocará el referéndum y que su proyecto no depende de lo que diga ni un ministro ni un presidente del Gobierno. Lo deja todo a «la voluntad de los vascos y vascas». No parece que sea un escenario muy diferente al que se vivió con Aznar, pero no veremos críticas a Zapatero por parte de los periodistas que antaño arremetían contra el líder del PP. Cuando se hace la pelota, hay que hacerlo bien y con intensidad, que se note, y no hay nada mejor que mis compañeros a la hora de glosar las virtudes de sus camaradas en la fe.

Rodríguez Zapatero
Fuerza y sentido del Plan Ibarreche
Miguel Ángel Quintanilla Navarro Libertad Digital 3 Agosto 2004

Poco antes de su última entrevista con Juan José Ibarreche en La Moncloa, José Luis Rodríguez Zapatero afirmó que tenía intención de transmitir al lendakari lo siguiente:

1.) Que entendía que el plan Ibarreche era un proyecto para la convivencia en el País Vasco

2.) Que era manifiesto que el PSOE y el PP no estaban de acuerdo con él (aunque no dijo por qué el PSOE no estaba de acuerdo, si el plan promovía el bien público)

3.) Que debía retirar su plan para la convivencia, puesto que era rechazado por varios convecinos, y no podría cumplir la función para la que había sido diseñado

4.) Que este razonamiento era clarísimo y no ofrecía dudas, y, lógicamente, Ibarreche debía darle la razón

Todo esto sería dicho sin ánimo de crispar y de muy buenas maneras, no como otros.

La afirmación de que el plan Ibarreche es un proyecto para la convivencia en el País Vasco puede parecer una frivolidad del presidente del Gobierno, pero no lo es. Es algo mucho peor: una convicción. En el mismo contexto, Zapatero anunció que también expondría ante el lendakari esta reflexión: “su plan responde a un momento político determinado, y ese momento ha pasado; es un plan que en estos momentos ha perdido fuerza y sentido”. El “momento” que daba “fuerza y sentido” al plan, era, por supuesto, el de los gobiernos del PP. De otro modo: el PP tiene la culpa del plan Ibarreche, que fue una reacción, una respuesta a algo ofensivo. Ahora que no gobierna el PP, ya no hace falta el plan. Seguro que el lendakari lo entiende, si se le da la confianza necesaria y se dialoga con él.

En realidad, el momento político que da origen al plan Ibarreche es el de la vigencia de la Constitución de 1978, y no el de los gobiernos del PP; la debilidad de ETA y la resucitación de la sociedad vasca después de la muerte de Miguel Ángel Blanco, que por afirmar que esa muerte era un asesinato y no el lamentable resultado de un conflicto político, se volvió más española. Es la pujanza de la España constitucional la que pone de los nervios a Ibarreche, pero Zapatero no lo cree así, y un proyecto de apropiación partidista y violenta de una sociedad completa, de convalidación del asesinato como medio legítimo de obtener poder político, es definido como una comprensible reacción orientada a mejorar la convivencia en el País Vasco, como un movimiento defensivo y de gran valor cívico, que, simplemente, ya no es necesario porque ya no manda el PP.

La dirección socialista no sólo renuncia a legitimar al PP ante la opinión pública vasca y catalana, -una de las tareas en las que el socialismo podría dar la medida de su amor a la democracia y al pluralismo-, sino que explícitamente lo deslegitima, y hace de esa deslegitimación la clave de su política autonómica y nacional, incluso despreciando la evidencia de que ese plan concede valor político al crimen cometido sobre socialistas ejemplares. Espera, además, que su cercanía al nacionalismo y su denuncia del PP favorezcan la convivencia, puesto que el verdadero problema de España es –al parecer- que el PP se empeña en querer ganar elecciones y en gobernar cuando las gana, una anomalía del sistema que se corrigió el 14 de marzo.

Después de esto, será inútil que Zapatero apele a la soberanía de la nación como llave de cualquier reforma constitucional o estatutaria, porque el PNV sabrá recordarle que en el Parlamento también está el PP, y que, en aplicación de los mismos argumentos expuestos por él, a estos efectos el momento político sigue siendo el mismo, y también “la fuerza y el sentido” del plan. Entonces, quizás Zapatero lleve su razonamiento a sus últimas consecuencias, y pida al PP que no participe en las reformas de la Constitución ni en las de los nuevos estatutos, para no crispar el ambiente ni deteriorar la convivencia. Para que el momento político pueda ser otro y no sean necesarios más planes como el de Ibarreche.

Sinécdoque
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 3 Agosto 2004

El presidente del BBB escribía el pasado sábado un artículo conmemorativo de la fundación del Euskeldun Batzokija cuya declaración de intenciones destacaba entre paréntesis al comienzo del texto: «El Partido Nacionalista Vasco hace suyo, como principio político básico, el derecho de sus hombres y mujeres a decidir por sí mismos su futuro».

No hay partido o grupo que hoy en día no suscriba tal principio. Todos reivindican el derecho de «sus hombres y mujeres» a decidir por sí mismos (y por sí mismas) su futuro (y su futura). No hay partidos que impongan a sus afiliados: tú vas a ser ingeniero de telecomunicaciones, padre de familia o monja benedictina, pongamos por caso.

Lo que tal vez quiso escribir el presidente del BBB fue que los vascos, y las vascas, claro, tienen derecho a decidir «el futuro de Euskal Herria» (o de Euskalherria, o de Euzkadi o de Euskadi), que los cuatro términos alternan alegremente en el festivo artículo. ¿O lo que quiso escribir realmente fue que el PNV reivindica el derecho de sus hombres y mujeres a decidir por sí mismos el futuro de Euskal Herria? Una de tres: la frase de Urkullu es una obviedad, un error o está escrita bajo el influjo de la sinécdoque, figura que consiste en tomar la parte por el todo.

Ya en este plan es fácil comprender que el lehendakari se dejase llevar por el mismo tropo y haya manifestado que el futuro de su plan «no depende de lo que diga un ministro o un presidente español». Una Ley Orgánica y su reforma dependen de lo que digan las Cortes ; es el procedimiento legal para la reforma del Estatuto previsto en la Constitución (art. 147.3) y en el propio Estatuto (art. 46.1.c). La aprobación de las Cortes es preceptiva para poder someterlo a referéndum, que es el paso siguiente (46.1.d).

Luego llegan los cargos públicos, dicen lo que oyen en casa y pasa lo que pasa. La gentil vicelehendakari volvía por sus fueros al explicar que el descuento de los 32 millones «está deteriorando la senda de confianza que nosotros depositamos en junio en la palabra del señor Rodríguez Zapatero». Ella quiso referirse al «deterioro de la confianza depositada en ZP», pero se adornó y las metáforas, es lo que tienen, que las carga el diablo. ¿Cómo habrá que hacer para depositar toda una senda de confianza en una palabra, que es una cosa tan pequeña? La respuesta se la daba Tony Curtis a Marilyn Monroe en 'Con faldas y a lo loco', tras decirle que un pez-espada gigantesco era un arenque. ¿Y cómo hacen para meterlos en latas tan chiquitas?, pregunta ella. «Es que encogen con el vinagre».

Con mucho menos merecimiento alcanzó la fama Sofía Mazagatos gracias a un candelabro. Después de todo, su error no fue tan grave: el candelero es un candelabro para una sola vela. Que ella les ilumine, mis jelkides.

Cataluña
Reina por un día
José García Domínguez Libertad Digital 3 Agosto 2004

La primera actuación del tripartito catalán fue explicarnos la situación agónica de la Hacienda autonómica. La segunda, dejarse un dinero en una campaña institucional para que la vecina del tercero y el chico del carrito de los helados desempolven sus conocimientos de Derecho Constitucional, Administrativo y Tributario, además de Internacional Público y Normativa Foral. El objetivo del dispendio es que emitan dictamen ante las disputas doctrinales que enfrentan a las distintas corrientes de juristas y fiscalistas. En concreto, esperan que fijen los criterios de eficiencia y eficacia del reparto competencial en el seno un Estado moderno. Porque ésa, aseguran, es la causa última de que hayan corrido a una agencia de publicidad para poner unos cuantos cientos de kilos encima de la mesa del director.

Y no vaya a pensar el lector que han sido cicateros. Al contrario, la nueva Administración progresista ha regado generosamente de talones a periódicos, radios y televisiones con tal fin. Porque Maragall ansía sinceramente que los fundamentos del nuevo Estatut los redacten mi suegra y sus amigas de la partida de parchís; y que se los manden después por e-mail para que él lo presente ante el Parlamento. Y es que ya no dejan ser reina por un día como en aquellos aciagos tiempo del populismo demagógico del Régimen. Pero, por deferencia del tripartito, ahora cualquier hijo de vecino se codea con Montesquieu y Bodino gracias a un anuncio en TV3.

Lo malo es que a algún pardillo del Instituto de Estadística de Cataluña se le ha ocurrido preguntar a la gente qué opina del asunto. Así se ha descubierto que al noventa y seis por ciento de los catalanes nos trae sin cuidado la historia del nuevo Estatuto. Que nos da igual, vaya. Y que, sin embargo, andamos preocupados por las mismas tonterías que el resto de los españoles, como el trabajo o el acceso a la vivienda. La cosa es dramática, porque demuestra que tras un cuarto de siglo de esfuerzo pedagógico por parte de nuestros gobernantes, seguimos sin comprender qué es Cataluña. Que nueve de cada diez ciudadanos no sean capaces de compartir la máxima aspiración de la tierra que los vio nacer, acredita hasta que extremo trágico la forma de ser catalana es ignorada por los catalanes.

Y mira que Maragall nos insiste cada día con que hay “una manera catalana de ver el mundo”. Pues nada, que no lo pillamos. Practicamos, eso sí, una manera catalana de no comprar periódicos nacionalistas; por eso ha quebrado el Avui. Intuimos también cierta forma catalana de recalificar solares; sobre todo, cuando los del Forum nos cuentan lo bonita que es la paz. Pero con lo otro, no hay manera. Por eso, es urgente que destinen otro presupuesto millonario a una campaña de concienciación para contárnoslo otra vez. Es intolerable que a estas alturas el noventa y seis por ciento sigamos sin integrarnos.

De Irak a Gibraltar pasando por La Habana, crónica de un desatino
EDITORIAL Libertad Digital  3 Agosto 2004

Si no fuese porque España es la octava potencia económica del mundo; si no fuese porque nuestro país es el puente imprescindible entre Europa y América; si no fuese porque la situación geoestratégica de la península Ibérica es cardinal para los intereses de occidente, si no fuese porque llegar a pintar algo en los entresijos de la política internacional nos ha costado lo suyo, si no fuese por todo esto los desatinos de nuestro titular de Exteriores no merecerían ni un simple comentario.

Pero no es así. España no es, como gustaría a nuestro Gobierno, un país insignificante y a salvo de los enredos y complicaciones de la situación mundial. El Ejecutivo salido de las elecciones de marzo, que va tropezando en todos los asuntos donde mete la nariz, no da pie con bola en esa disciplina tan compleja y especializada que se llama Diplomacia, y que es tan extraña a los hábitos de nuestros nuevos y engreídos gobernantes.

A José María Aznar le llevó ocho largos años tejer una sólida red de alianzas internacionales. Partiendo de los intereses primordiales de España y, sobre todo, de un realismo en materia exterior que no se estila por estos lares, el anterior Gobierno nos legó un trabajo concienzudo y un protagonismo en los asuntos del mundo que no se veía desde antes del Congreso de Viena, el mismo que liquidó la Europa napoleónica.

Centrado en aquello tan típicamente socialista de “todo lo que hicieron los otros está mal hecho”, desde que tomó posesión Rodríguez Zapatero se ha dedicado con denuedo –asistido por su maestresala “Curro Moratinos”– a desmontar pieza a pieza el entramado diplomático construido con esmero durante los gobiernos del Partido Popular: desde la alianza estratégica y preferencial con los Estados Unidos hasta la frialdad y precaución con nuestros presuntos amigos del norte de África.

Los lloriqueos gubernamentales a cuenta de la celebración del tercer centenario de la ocupación británica de Gibraltar han puesto al Gobierno, una vez más, al frente de sus propias contradicciones. Ni Zapatero ni Moratinos han entendido aún que no se puede quebrar una alianza e irse de rositas. La desbandada absurda e inexplicable de Irak, días después de que ZP pasase su primera noche en La Moncloa, está empezando a pasar factura. Y, como era previsible, lo ha hecho donde más duele, en esa espina que España tiene clavada desde la lejana Guerra de Sucesión que, hace 300 años, instauró en España a la dinastía hoy reinante.

Gibraltar es, muy a nuestro pesar, una colonia británica, y tanto la princesa Ana como el ministro de Defensa tienen perfecto derecho a visitarla cuando lo deseen, y más en una fecha tan señalada como la de este verano. Si no lo habían hecho antes, si desde el 10 de Downing Street no se había dado pábulo antes a este tipo de expansiones patrióticas se debe única y exclusivamente a que el Reino Unido era nuestro aliado. Aliado al que dejamos tirado en mitad del desierto con la retirada unilateral y precipitada de nuestro exiguo pero simbólico contingente militar en Irak.

Para lo único que ha valido el pataleo de Moratinos tras la visita de la Princesa ha sido para provocar, días después, que el ministro Geoffrey Hoon aterrice en el aeropuerto gibraltareño, situado, dicho sea de paso, en una zona de la colonia no incluida en el tratado de Utrecht. Después ha venido la lacrimosa apelación al sentimentalismo patriótico. Trinidad Jiménez, ejerciendo de Manuela Malasaña de ocasión, ha recordado que no va a "permitir bajo ningún concepto que un ministro británico acuda a un acto oficial a Gibraltar", y desde Exteriores se ha dicho que los actos de conmemoración del tricentenario “hieren la sensibilidad del pueblo español”. Curiosa manera de llamar al patriotismo, viniendo de los compañeros de quienes en Cataluña no han puesto pega alguna a compartir mesa y mantel con independentistas que consideran a España, y a ese mismo pueblo español, una potencia hostil e invasora.

Entretanto, mientras una parte del Ministerio de Exteriores interpreta el llanto gibraltareño de la España amputada, la otra, la más animosa e impregnada de espíritu servil, se dedica a flirtear con la dictadura castrista. Por si no bastó con la vergonzosa visita a la isla del presidente de las Juventudes del PSOE, plagada de sonrisas y agasajos, el ministro en persona ha solicitado formalmente a la Unión Europea que reflexione sobre la conveniencia de mantener las sanciones contra Cuba. Bueno es recordar que esas sanciones no van dirigidas contra Cuba sino contra el dictador y la cuadrilla que la tiene subyugada desde hace 45 años. Las sanciones se adoptaron hace poco más de un año, con motivo del pogromo revolucionario que Castro desató en la isla en 2003, y que terminó con 75 disidentes entre rejas y tres jóvenes bajo tierra.

La cosecha del breve pero intenso desgobierno exterior de la recién estrenada Era Zapatero está empezando a vendimiarse en estos días. Nuestro lugar en el mundo ya ha sido delimitado. De servir de enlace privilegiado entre Washington, Iberoamérica y Europa, a interpretar un triste papel de bufón entre los palacios de Mohamed VI y Fidel Castro. La crónica del desatino acaba de empezar.

Y AHORA, CUBA
Editorial ABC 3 Agosto 2004

LA primera consecuencia de los nuevos talantes de la política exterior del Gobierno socialista está siendo, aunque parece no merecer especial atención, la exclusión de cualquier acuerdo de Estado sobre esta materia con el PP. El apoyo del anterior Ejecutivo a la intervención militar en Irak fue tomado por el PSOE como la ruptura unilateral del consenso político en las líneas fundamentales de las relaciones internacionales de España. Ni reanudación del diálogo, ni oferta de consenso, ni debates parlamentarios. Rodríguez Zapatero está imponiendo giros radicales en la política exterior sin dar opción a ningún entendimiento y sin que tampoco se aviste un beneficio sustancial para la posición española. Tras abrazar, con matices y contradicciones, la causa marroquí en el conflicto del Sahara -a pesar de que Naciones Unidas ha declarado que la legalidad internacional ampara el derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui-, España hace fuerte a Marruecos y, por extensión, los ejes de Rabat con Washington y con París, sin que al mismo tiempo se haya rendido cuentas de cuál ha sido la contraprestación del Reino alauí a los intereses genuinamente españoles.

El último turno ha sido para Cuba, aunque, sin duda, es más acertado decir que para el régimen castrista, al que Rodríguez Zapatero quiere obsequiar proponiendo a la Unión Europea una suavización de las sanciones impuestas a La Habana tras el incremento imparable de la represión de los disidentes. La teoría que maneja el Gobierno socialista es material usado en el imaginario de la izquierda , porque se refiere a la ineficacia de las sanciones diplomáticas, incluso al efecto contraproducente de éstas sobre un hipotético proceso democratizador. Éste es el planteamiento de una izquierda que sigue viendo en Castro una especie protegible del viejo socialismo, fracasado no por sus defectos sino por el socorrido acoso americano. Con tales criterios de política exterior, España vuelve a posiciones estériles de amabilidad con el decano de los dictadores mundiales, introduciendo en un sólido consenso europeo -pues las sanciones fueron impuestas por unanimidad de los entonces Quince Estados miembros- un debate que sólo beneficia a Castro. Nada hace pensar que la impunidad de la represión -que es a lo que conduce la nueva estrategia diplomática española sobre Cuba- haga cambiar de actitud a Castro, sino todo lo contrario, además de ofrecerle la ocasión para seguir disfrutando de la connivencia intelectual de la izquierda europea. En definitiva, su dictadura es más fuerte que la capacidad de presión de la comunidad democrática.

La ejecución sumaria de tres secuestradores que, en 2003, querían huir de la isla, el encarcelamiento sin garantía alguna de más setenta intelectuales, escritores y poetas y la suma de ofensas a España -como el cierre de su Centro Cultural- hacen que cualquier cambio unilateral a la baja de la política sobre Cuba sea una irresponsabilidad diplomática que, por ejemplo, nada bueno traerá en las relaciones con Washington, y una pésima opción para la proyección exterior española. El lenguaje melifluo y ambivalente con que la diplomacia española se refiere a los grandes problemas exteriores de nuestro país -eje franco-alemán, vínculo trasatlántico, Marruecos y ahora Cuba- es inservible como explicación convincente de nuestras prioridades diplomáticas. No se puede apoyar una cosa y su contraria, pretender protagonismo en Europa y consentir la absorción por la convergencia franco-alemana; defender la extensión de la democracia y premiar a la dictadura cubana aliviando la presión -tampoco muy intensa- de las sanciones europeas; alardear de amistad con Estados Unidos y propalar un sentimiento radicalmente antiamericano; sellar alianzas, aún por explicar, con Marruecos y eludir los puntos históricos de conflicto con el Reino alauí.

Cuba no es más que otro síntoma del prejuicio ideológico que se ha impuesto en una acción de Gobierno que está llevando su afán de revertir la gestión de Aznar hasta el extremo de perjudicar los intereses nacionales y la solidez -cada vez menor- de la posición internacional de España.

LA POPULARIDAD DEL PRESIDENTE
EDURNE URIARTE ABC 3 Agosto 2004

La política de gestos y de estética del presidente del Gobierno ha sido tan eficaz en sus cien primeros días que no sólo ha logrado unas estupendas valoraciones en las encuestas del CIS sino que, lo que es bastante más sorprendente, incluso le ha situado entre los líderes más populares en el País Vasco (datos del Sociómetro del Gobierno Vasco), junto a Ibarretxe y por encima del mismísimo Imaz.

Es indudable que su mensaje del talante, su escenificación del papel opuesto a Aznar y la pretensión de lo que Carlos Rodríguez Braun calificaba en la tercera de ayer como «la imposible conciliación activa de todos los intereses» han tenido excelentes resultados en términos de popularidad. Y la idea de la identificación de Aznar como la fuente de los problemas ha penetrado entre los ciudadanos bajo el impulso del trauma del atentado y la popularidad añadida de los ganadores. No sólo las amenazas exteriores y la crispación nacionalista parecen haberse ido con Aznar, sino que todo el mundo confía en lograr algo de este cordial presidente que a todos sonríe.

La pregunta, a partir de septiembre, será si la popularidad de los gestos y de la estética se podrá sostener en la política de los hechos que le siga, qué ocurrirá con la visión del lado práctico de conceptos propagandísticos como la paz en el mundo y la nueva relación de igualdad con EE. UU., la España plural o la democracia participativa.

Carlos Westendorp, nuevo embajador en Estados Unidos, decía en estas páginas el pasado domingo que las relaciones con EE. UU. volverán a una situación de igualdad. ¿Significa esto que, si triunfa su admirado Kerry, Zapatero se aliará con él sobre los supuestos de esa política tan militarista como la de Bush que ha defendido en la Convención demócrata? ¿O que la paz en el mundo sí será posible con un partido demócrata en el poder?

Bajo la superficie de los gestos de las banderas autonómicas de la Moncloa, no hay más que incertidumbres. Cuesta entender en qué consistirá esa España plural que al parecer no era la España de las Autonomías y que ahora diseña Pascual Maragall y que incluso recibe cierta tolerancia de Juan José Ibarretxe. Y será apasionante conocer la receta que mantendrá a Zapatero en las posiciones de popularidad del Sociómetro vasco tras la votación parlamentaria del plan Ibarretxe el próximo invierno. Y respecto a la democracia participativa, su significado aparece por ahora tan difuso como las recomendaciones del Comité de sabios de TVE, tanto que la televisión plural y de todos puede incluso convertirse en la televisión privatizada.

Parece difícil que la popularidad del talante sea compatible con la popularidad de las decisiones. Porque no se adivina aún ninguna fórmula mágica tras los gestos y las palabras fetiche de este popular presidente.

Pedalean juntos
Lorenzo Contreras La Razón 3 Agosto 2004

Son como los ciclistas en competición: pedalean juntos. Ibarreche y Maragall forman equipo en la carrera. El gran patrón de la prueba, un tal Zapatero, vigila su desarrollo. O mejor: da la impresión de que vigila, porque, como aquel búho que se hacía pasar por loro, hablar no habla, pero se fija mucho. Los que no paran de charlar son los dos grandes campeones del nacionalismo periférico. Repárese en la gran pedalada de Ibarreche, rey de la montaña: «No basta con exhibir una amplia sonrisa (...) Más allá del nuevo talante y del apretón de manos, es hora de que el presidente español nos diga si está dispuesto a implicarse hasta las cachas...». ¡Implicarse hasta las cachas! Elocuente lenguaje que no hace falta traducir. A su rueda, briosamente, el otro campeón, el catalán Maragall, va y dice que la reforma constitucional debe plantear el reconocimiento explícito de las autonomías históricas.

Naturalmente se refiere a Cataluña y Euskadi, aunque para disimular incluye a Galicia y Navarra. Y todavía hay quienes creen que Maragall defiende un federalismo, aunque adjetivado de «asimétrico». Y tan asimétrico. Como que es el inicio confederal de otra cosa de fácil adivinación. ¡Reconocimiento explícito! Ya no basta con la disposición adicional primera de la Constitución, que «ampara y respeta los derechos históricos de los territorios forales», cuya «actualización» tendría que llevarse a cabo «en el marco de la Constitución y de los Estatutos de Autonomía». Eso no está lo bastante claro. Hay que ser más explícito. Más madera.

¿Hasta dónde alcanzará a ver Zapatero con su mirada taladrante? Capitanea un partido que lleva en sus siglas una «E». ¿Se implicará hasta las cachas?

Es curioso, pero Ibarreche cree que en el PSOE «lo mismo se dice una cosa que la contraria». Pues ya veremos qué dice ese PSOE cuando se trate de llevar a la práctica, según el contrabandeo nacionalista vasco, que «Euskadi no es una parte subordinada del Estado español» (todas las citas corresponden a las declaraciones del «lehendakari» en «Deia», número del 31 de julio pasado). Eso del Estado a beneficio de inventario ya lo ha sabido aprovechar el otro ciclista, Don Pasquale, cuando ha dicho que Cataluña es Estado. Va de demarraje en demarraje. Ya ha rebasado la Corona de Aragón.

No se entiende bien que a Ibarreche no le guste la sonrisa de Zapatero, la más sincera y seductora de las sonrisas que jamás se haya dibujado en un rostro político. Si al final es lo que va a quedar de Zapatero, una sonrisa flotante mientras se desvanece el perfil del sonreidor, como se desvanecía el gato de Cheshire, en «Alicia en el País de las Maravillas», pero no su sonrisa resistente.

Humanizar
Alfonso Ussía La Razón 3 Agosto 2004

Entre Azpeitia y Azcoitia, en uno de los valles más bellos y tristes de la provincia de Guipúzcoa, se ancla la Casa de Iñigo de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús. La basílica, la residencia, la capilla de la conversión, la casa de ejercicios y un huerto vigilado por viejos árboles frutales que no se alteran cuando silba el tren de vía estrecha procedente o de vuelta a Zumárraga. Y cada 31 de julio, día de San Ignacio, se celebra una solemne misa en honor del Santo menos nacionalista de la Historia de la Iglesia, desertor de la aldea y vencedor de todos los horizontes del mundo. Al término de la ceremonia se canta el himno de San Ignacio, que en mi juventud decía algo parecido a esto: «Iñazio, gure patro aundia/ jesusen compañia/ fundatu eta desu armatu», etcétera. Escribo que en mi juventud porque posiblemente lo habrán cambiado adaptando su texto al batúa, probabilidad que a estas alturas de la vida ha dejado de preocuparme.

La solemne misa la celebra el señor obispo de San Sebastián y la preside el «Lehendakari». El señor obispo, antes Setién y ahora Uriarte, aprovecha la tribuna para soltar una homilía, casi siempre cimentada en las cosas de la política, que eso de Dios les aburre bastante. Y este año, como no podía ser de otra manera, monseñor Uriarte se ha referido a los presos etarras, todos ellos condenados por los tribunales de Justicia de un Estado de Derecho que probaron la comisión de gravísimos delitos. Presos, por otra parte, que gozan de todas las garantías y ventajas que las leyes establecen, y en el caso de los terroristas etarras, de beneficios especiales en numerosas ocasiones. Esos presos por los que tanto se preocupa el señor obispo son delincuentes comunes penados por asesinar, por colaborar con los asesinatos o por formar parte de la red criminal que los financia y los ordena ejecutar. No son mártires, sino criminales de la peor especie.

Y el señor obispo ha pedido a las autoridades españolas que «se humanice la situación de los presos de la ETA». Humanizar, es decir, hacer humano, familiar o afable a alguien o algo; ablandarse, desenojarse o hacerse benigno, según la Real Academia Española. Posteriormente, el señor obispo pidió a los terroristas que abandonen las armas, pero eso son palabras que nos sabemos de memoria y que no han servido para nada. Lo único que ha servido para terminar con la ETA es la lucha legal contra el terrorismo y la aplicación de las leyes. Pero es difícil hacer humano, familiar o amable el trato con los asesinos. La sociedad se contenta con que el trato sea justo. Y no puede el señor obispo pedirnos que nos ablandemos, desenojemos o nos hagamos benignos con quienes llevan décadas matándonos, hiriéndonos, arruinándonos y salpicando de sangre y sesos pulverizados nuestra libertad. Piense el señor obispo más en las víctimas que en los verdugos, y humanícese él, que buena falta le hace.

Patrulla Águila en Vitoria
Ernesto Ladrón de Guevara, portavoz de Unidad Alavesa y Enriqueta Benito Bengoa es secretaria general de Unidad Alavesa La Razón 3 Agosto 2004

En relación a la movilización emprendida por múltiples organizaciones ciudadanas y políticas contra la exhibición de la Patrulla Águila, se echa en falta un poco más de tolerancia y respeto a todas las sensibilidades recogidas por el pluralismo social y político de la sociedad alavesa. No es de recibo que dos mil ciudadanos manifestantes, el pasado primer sábado de agosto, contra la exhibición aérea, condicionen los gustos y preferencias culturales y políticas al resto de los ciudadanos. Eso no es democrático, aunque sí es libre expresarse y oponerse a una determinada expresión cultural, como es una exhibición aérea que derrama a la atmósfera gases con los colores de la enseña española. La movilización contra la exhibición pretende ser antimilitarista, pero en el fondo esconde una fobia a todo lo que se exprese en clave española.

Si la exhibición fuera hecha por una patrulla aérea de la Ertzaintza desplegando los colores de la ikurriña no sólo se manifestarían las más pintorescas adhesiones y vítores al espectáculo sino que nadie podríamos expresar nuestra disconformidad y, de hecho, no se expresaría pues se tomaría como algo políticamente normal y una cosa digna de ser vista, sin más. Nosotros consideramos que un acto cultural, un espectáculo en el que se vence la gravedad y se muestra esa maravilla que es el ingenio del hombre para emular a las aves, no merece tal despliegue de rechazos; salvo que haya motivaciones políticas de fondo que las hay, ya que de lo contrario no habría tal gasto de energías.

Existe por parte de determinados colectivos un especial empeño en que no se produzca el evento. Por algo será. Nosotros consideramos que un acontecimiento así no tiene ninguna connotación militarista, simplemente es una exhibición. Nada más que eso. Simplemente eso. Quien quiera ver más matices a la cuestión es que tiene un especial interés en politizarlo todo. Y ya está bien de que aquí tengamos que tragarnos todo lo que tenga simbología nacionalista y todo tipo de gestos y signos con implicaciones separatistas y no podamos ni tan siquiera favorecer las apetencias y gustos de quienes quieran ver el vuelo de los artificios aéreos de la Patrulla Águila que no hacen daño a nadie y sólo son eso: piruetas aéreas.

Quien no quiera ir que no vaya, pero que nos dejen al resto de los ciudadanos, que sí queremos, en paz, ya que no perjudicamos a nadie. Por esa regla de tres hoy no tendríamos como enseña la ikurriña, ya que es una bandera diseñada por el PNV, ni el himno de nuestra Comunidad, de carácter claramente nacionalista, ni permitiríamos expresiones culturales que no son propias de los alaveses y que se nos han importado desde fuera de nuestro territorio, o que la Joven Orquesta de Euskadi con su coro y solistas estrenen en el Teatro Principal de Vitoria un panegírico separatista muy bello pero de signo claramente nacionalista. Y, sin embargo, expresiones de disconformidad aparte, somos tolerantes y las aceptamos. Incluso algunos las toman como propias a pesar de no serlo.

Por razones de exigencia cívica parece razonable y justo que se respete el derecho de todos los ciudadanos a ir o no ir a presenciar el acontecimiento. Que haya libertad y que nadie imponga al resto sus gustos y preferencias ¿Hay algún inconveniente en que se exprese el pluralismo? ¿O es que una parte de la sociedad vasca se ha de imponer al resto, aunque sea minoritaria?
Dejemos que cada cual haga lo que quiera y decida si va o no a la exhibición. Un poco más de democracia, por favor.

La sátira
El retrato
Fray Josepho Libertad Digital 3 Agosto 2004

La farsa, el contubernio, la artimaña,
la hipocresía, el cálculo, el engaño,
el dolo, la recámara, el apaño,
la demagogia astuta y la campaña;

el truco, la engañifa, la patraña,
el complot marrullero y soterraño,
El País y la SER en el escaño,
la disimulación y la maraña;

el colmillo enroscado, la doblez,
la argucia y el ardid chiticallando,
la martingala, el plan, la mala baba;

la artera y colosal desfachatez,
la calva, la trastienda y el comando;
la cara dura. Insisto: Rubalcaba.

La gran farsa nacional
Cartas al Director ABC 3 Agosto 2004

Estamos inmersos en este país, cada vez menos llamado España, en una operación de márketing apoyada por una farsa mediática. El problema, a mi entender, transciende el signo de los votos de los ciudadanos o la intención de voto en unas próximas elecciones o a las simpatías por un determinado partido político. En el ámbito de esta gran farsa, en la que son actores destacados el Gobierno actual, sus socios nacionalistas, la casi extinta IU y la mayoría de los grupos mediáticos, actúan como colaboradores necesarios la propia oposición y un enorme sector de población, sean o no votantes del partido en el Gobierno. Tanto actores como colaboradores actúan en el rabioso corto plazo político, tratando de aprovechar las oportunidades del día a día, que las hay para todos.

¿Pero hacia dónde nos dirigimos como país? ¿Alguien lo sabe? ¿A alguien le importa? ¿Emprenderemos algún camino de no retorno? ¿Algún día dejarán de estar proscritos la bandera y el himno nacional? ¿Algún día los dirigentes políticos respetarán la Constitución y no incitarán a los ciudadanos a transgredirla? ¿Cuál es el papel que hemos de jugar en el concierto internacional? ¿Cuál es nuestra visión de nuestro propio país? ¿Cómo y cuándo vamos a volver a sentirnos orgullosos de ser españoles? ¿Cuándo va a funcionar la democracia plenamente? ¿Cuándo disfrutaremos de un Estado de Derecho auténtico?

Tener todas estas inquietudes es ser inmovilista y reaccionario, según la costumbre al uso. No tener estrategia de país ni planes ambiciosos es progresista. Continúe la farsa, veremos lo que dura y lo que nos cuesta como colectivo.     Mariano Benito Fernández.     Boadilla del Monte (Madrid).

El CNI informó a Aznar de que Iraq tenía capacidad para contar con armamento de destrucción masiva
En un documento previo a la Cumbre de Azores, «La Casa» advertía del riesgo que suponía el régimen de Sadam Afirmaba haber detectado movimientos para conseguir material posiblemente destinado «a su utilización en un programa nuclear secreto»
El Centro Nacional de Inteligencia advirtió al Ejecutivo de José María Aznar antes de la Cumbre de las Azores, de que Iraq contaba con «capacidad de desarrollar armas de destrucción masiva» y de que «no ha cejado en su voluntad por contar con este tipo de armamento». Según el informe de la inteligencia española, al que ha tenido acceso LA RAZÓN, «se han detectado empresas iraquíes (...) que están tratando de conseguir materiales y tecnologías de doble uso, posiblemente destinadas a su utilización en un programa nuclear secreto». Asimismo, «La Casa» advertía al Ejecutivo de que Sadam podría haber reiniciado su programa de armas químicas y biológicas, y entre éstas últimas se citaba la toxina botulínica.
Redacción/ M. S. González La Razón 3 Agosto 2004

Madrid- La inteligencia española aseguraba, antes de que se celebrase la cumbre de las Azores, que Iraq, después de su derrota en la primera guerra del Golfo y la destrucción de arsenales e instalaciones, no ha cejado en su voluntad por contar con armamento de destrucción masiva.«La Casa» explicaba que al no haber sido posible la verificación de sus arsenales desde 1998 en este campo y tras haberse detectado actividades preocupantes dirigidas a la reconstrucción de instalaciones y adquisición de productos y material de doble uso, se puede afirmar que Iraq cuenta con alguna capacidad para desarrollar armas de destrucción masiva.

De hecho, en el análisis del programa nuclear, se advierte claramente que «se han detectado empresas iraquíes en el mercado internacional que están tratando de conseguir materiales y tecnologías de doble uso, posiblemente destinadas a su utilización en un programa nuclear secreto». Asimismo, el organismo que entonces dirigía Jorge Dezcallar habla sobre el riesgo de que Iraq desarrollase un programa de armas químicas: «En el momento de abandonar Iraq los inspectores consideraban que el programa químico estaba desmantelado en gran medida, aunque sospechaban que Iraq podría haber ocultado pequeñas cantidades de agentes, precursores y medios de dispersión». Además, el informe señalaba que «quedó sin aclarar el grado de desarrollo del agente neurotóxico VX alcanzado por Iraq», ya que, mientras desde Bagdad se señalaba que que los intentos de desarrollarlo fracasaron, los inspectores sospechaban que sí pudieron llevar a cabo producción aunque fuera a pequeña escala.

Sobre los agentes que Sadam pudo esconder a las inspecciones, el CNI afirma que dado el tiempo transcurrido pueden haberse degradado perdiendo su toxicidad, pero hace la excepción de la «iperita», que al igual que algunos precursores podrían permanecer en un buen estado si han estado correctamente almacenados. Por otro lado, en la nota que los servicios de inteligencia enviaron a Moncloa, se señalaba que durante estos años Iraq ha procedido a reconstruir parte de su industria química, declarando que el objetivo es la producción de sustancias químicas que serán exclusivamente empleadas en la industria civil. Como ejemplo, la información citaba la planta «Habanilla», instalación que participó en el desarrollo del antiguo programa químico Iraquí, y decía que algunos productos fabricados en ella, como el cloro, podrían tener un doble uso, aunque Iraq negaba que fuesen a ser empleados para desarrollar armamento químico.

Respecto al programa biológico, la inteligencia española señalaba que tras la finalización de las inspecciones en diciembre de 1998, la conclusión expresada por los expertos del Comité Especial de Naciones Unidas fue que Iraq debía facilitar una nueva declaración completa de actividades realizadas que la Comisión pudiera evaluar y verificar, ya que todas las que Bagdad entregó con anterioridad fueron consideradas incompletas y no fueron aceptadas como recuento completo del programa. Así, «La Casa» señalaba que las declaraciones facilitadas hasta el momento eran deficientes en puntos clave como las organizaciones implicadas, la producción de agentes o su carga en munición.

También se señala que el Comité Especial de Naciones Unidas concluyó que Iraq disponía de la base de conocimientos y capacidad industrial con la que producir agentes en gran cantidad de manera rápida, si el Gobierno iraquí así lo decidiera. Las evidencias reunidas por UNSCOM permitían afirmar, según el CNI, que existían serias dudas de que el programa fuera realmente abandonado en 1991, como sostenía Sadam Husein, ya que los cálculos realizados sobre cantidades posibles de producción de agentes, excedían en gran medida las cantidades producidas según Bagdad.

Por ello se sospechaba que Iraq había tratado sistemáticamente de ocultar las cantidades reales de materiales, equipos, agentes y armas de que disponía, y se ponía de relieve que era muy probable que parte de los mismos se conservase en esa fecha. Además, el centro dirigido entonces por Dezcallar, avisaba de que existían indicios de que Iraq estaba reconstruyendo plantas ligadas en el pasado al programa de armas biológicas y que, además, estaba interesado en instalaciones móviles de producción. Se citaban ejemplos, como la fábrica de vacunas de Daura (Al Manal) o la reactivación de parte de las instalaciones del complejo de Falhujah.

También en este caso se habían detectado en los últimos años intentos de adquirir equipos de doble uso, así como de medios de cultivo para distintas bacterias (entre ellos uno apto para crecer la bacteria de la toxina botulínica). «Iraq se ha esforzado por mantener su capacidad en este ámbito, posiblemente como cobertura para encubrir el desarrollo de misiles prohibidos», aseguraba el CNI. En sus conclusiones, en centro afirmaba que el problema más importante que presentaba Iraq en el ámbito nuclear era el alto grado de conocimiento de sus expertos y que no cabía despreciar su capacidad en la adquisición clandestina de material fisible. Asimismo se decía que podría haber reiniciado su programa de armas químicas y que podía haber desarrollado agentes biológicos de carácter militar en pequeñas cantidades, así como una red de empresas para obtener productos de doble uso.

Víctimas y partidos cargan contra Uriarte por pedir «humanizar» el trato a los etarras
La AVT recuerda al obispo que «no se puede pretender ser a la vez pastor de ovejas y de lobos»
La homilía realizada anteayer por el obispo de San Sebastián, Juan María Uriarte, en la que pidió «humanizar» el trato a los presos etarras acercándolos a las cárceles del País Vasco obtuvo ayer cumplida respuesta de colectivos de víctimas, sociales y de partidos políticos. El presidente de la AVT, José Alcaraz, le recordó que no se puede ser a la vez «pastor de ovejas y de lobos», mientras que el portavoz del Foro Ermua, Rubén Múgica, deploró el «servilismo» y la «fascinación» de la Iglesia vasca con ETA. El único partido que apoyó al obispo de San Sebastián ayer fue EA.
José Alcaraz (AVT) y Rubén Múgica (Foro Ermua) criticaron a Uriarte por su homilía
Redacción La Razón 3 Agosto 2004

Madrid- Las palabras de Uriarte que, en su homilía de anteayer pedía el acercamiento de los presos de ETA y «humanizar» el trato que se tiene con ellos han levantado una enorme respuesta en partidos, colectivos de víctimas y plataformas sociales.

Así, Nicolás Redondo Terreros, miembro de la cúpula del Foro Ermua, aseguró que «lo que sucede es que hemos logrado que ETA, por el pacto por las libertades y la unión de PP y PSOE, no por lo que ha hecho el nacionalismo, esté más débil que nunca, lo que no significa que no vuelva a atentar. Por eso aparece el mundo nacionalista de la Iglesia para reivindicar el papel de los presos».

A pesar de ello, Redondo aseguró que «tengo una cosa clara: en el País vasco ha habido mucho sufrimiento, pero quien no ha sufrido, ha sido el nacionalismo, y quien más ha sufrido ha sido las víctimas de ETA». Tras denunciar la «tendencia a olvidarse de ellas», el ex dirigente del PSE pidió al obispo «Que se entere de que aquí lo que vale es la aplicacion de la ley. Unos han matado y otros han muerto asesinados y son sufrimientos distintos. El que comete un delito tiene que pagarlo». Asimismo, recordó que «los presos de eta tienen el mismo trato que cualquier otro preso en España».

Por su parte, el presidente de la Asociación Víctimas del Terrorismo (AVT), José Alcaraz, advirtió ayer al obispo de que «no se puede pretender ser al mismo tiempo pastor de ovejas y de lobos, que son quienes las asesinan». Alcaraz opinó que esto es lo que intenta hacer el prelado al pedir que se humanice el trato a los presos etarras, a los que, recordó, «hay que llamar por su nombre, son asesinos, no miembros de una organización política, como dan a entender sus palabras».

En cuanto a la llamada a facilitar la reconciliación social en el País Vasco, el portavoz de la AVT recordó que son las víctimas las que «llevan años soportando la amenaza y el asesinato y nunca se han tomado la justicia por su mano». Insistió en que la actitud de los amenazados ha sido «encomiable», por lo que es a ETA y el entorno político de la banda terrorista a quien deba hacer este llamamiento. «Sorprende que se pida participar a todos los partidos cuando hay uno que es el brazo político» de la banda terrorista, concluyó.

El Colectivo de Víctimas del Terrorismo del País Vasco, Covite, replicó Uriarte que la reconciliación y el perdón en el País Vasco requiere el arrepentimiento previo de los terroristas. Covite se preguntó «qué entiende» Uriarte por reconciliación, al tiempo que criticó que el obispo donostiarra «no da mucha importancia al arrepentimiento, que únicamente puede venir de quienes han cometido los crímenes».

En una línea parecida se expresó el portavoz de la plataforma pacifista «¡Basta ya!», Carlos Martínez Gorriarán, quien denunció que Uriarte, «centra su política en los deseos y en la satisfacción de la parte de ETA y no de las víctimas». Con su llamamiento a «humanizar» el trato a los presos etarras, dijo Martínez Gorriarán a Servimedia, Uriarte insiste en una postura que, además de «fastidiosa, antigua e inútil», se mantiene en la perspectiva de los terroristas, en lugar de los amenazados. Lamentó «que este hombre ande pensando en la reconciliación como si fuera una cuestión solamente de una parte, es decir, las permanentes concesiones hacia el colectivo de presos de ETA, y que no tenga que haber por parte de ellos absolutamente ningún otro tipo de iniciativas».

La secretaria de Relaciones Internacionales del Partido Socialista, Trinidad Jiménez, también condenó las manifestaciones y dijo, por su parte, que considera «absolutamente inoportunas y fuera de lugar» las manifestaciones de Uriarte y dijo que el obispo «presupone con sus palabras que existe algún tratamiento que pudiera ser lesivo para los derechos fundamentales» de los presos etarras.

El único partido que se mostró a favor de la homilía fue EA, cuyo secretario general, Unai Ziarreta, manifestó su coincidencia con el obispo y destacó que sus palabras recogen el sentimiento de «una buena parte de la sociedad vasca».

El Gobierno declina incluir en el referéndum la pregunta sobre el catalán
R. C. La Razón  3 Agosto 2004

Barcelona- Segundo golpe al plan diseñado por la federación nacionalista como solución al problema del catalán instalado en la Constitución europea. Al igual que hiciera el domingo la Generalitat de Cataluña a través del consejero de Relaciones Institucionales el ecosocialista, Joan Saura, ayer el Gobierno rechazó de plano el tipo de referéndum sobre la Constitución europea, dibujado por CiU, en el que se planteaba incluir en exclusiva el territorio catalán, una pregunta sobre la oficialidad de la lengua en la Unión Europea.

El secretario de Estado para Asuntos Europeos, Alberto Navarro, declinó la alternativa anunciada por el secretario general de la federación, Josep Antoni Duran Lleida. Para el secretario de Estado la cuestión lingüística es un asunto que se debe debatir en un frente «distinto» al abierto por la Carta Magna. «Tiene otro marco para su negociación», apostilló.

Y es que según Navarro la oficialización del catalán en el ámbito comunitario es un reto «muy difícil». Aunque matizó «podemos seguir dando pasos en este objetivo de que haya un reconocimiento de la diversidad lingüística, que es una riqueza para todos».

Respecto a la fecha de convocatoria del referéndum, el secretario de Estado se mostró partidario porque tuviera «lugar el último domingo de febrero», tal y como apunta la postura oficial del Gabinete de Zapatero.

Siguiendo con la polémica desatada en Cataluña entorno al apoyo o no de la Constitución europea al reconocer el catalán como lengua comunitaria, Navarro aseveró que «le da mucha pena» que ciertos partidos políticos, en alusión a Esquerra Republicana, intenten arrancar con una campaña partidista el «no» del ciudadano.

«La Constitución europea nos debe dar una Europa más democrática, dónde hay un reconocimiento a los parlamentos nacionales y a los parlamentos regionales», añadió. En términos generales el partido liderado por el presidente del Gobierno, José Luís Rodríguez Zapatero, opina que Europa está atravesando por un momento histórico al que no se puede dar la espalda. Con todo, hacen un llamamiento a la confianza por el proyecto comunitario.
 

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