AGLI

Recortes de Prensa     Miércoles 4 Agosto 2004

Magia roja
Ramón Cendoya La Razón 4 Agosto 2004

No todo es desatino

GEES Libertad Digital 4 Agosto 2004

El triunfo de la Comisión del 11-S

Daniel Pipes Libertad Digital 4 Agosto 2004

EL SUR DE ANDALUCÍA
SERAFÍN FANJUL ABC 4 Agosto 2004

Preocupación estival

TONIA ETXARRI El Correo 4 Agosto 2004

AGRAVIOS GIBRALTAREÑOS

Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA ABC 4 Agosto 2004

BONO, O CALLARSE A TIEMPO

Editorial ABC 4 Agosto 2004

La política exterior de ZP
Francisco Marhuenda La Razón 4 Agosto 2004

A José Bono

Cartas al Director Libertad Digital 4 Agosto 2004

Pujalte califica de auténtica infamia que Bono dude de Acebes y crea a ETA
Agencias Libertad Digital  4 Agosto 2004

El TC admite el recurso del Gobierno contra la Ley de Universidad Vasca, que queda suspendida

EFE Libertad Digital  4 Agosto 2004
 


Magia roja
Ramón Cendoya La Razón 4 Agosto 2004

Hasta ahora conocíamos la magia blanca, la buena. La magia negra, la mala. Y desde que Zapatero es presidente en España vivimos bajo el hechizo de la magia roja, la de la demagogia. Todo lo que le es impuesto por los nacionalistas se hace en función del dedo mágico de Zapatero. La clave de todos sus juegos es el hechizo «talante».

Zapatero hace sus trucos y Televisión Española pone la ilusión en el mundo de la magia roja. La presencia de tropas espanolas en Afganistán es uno de sus últimos trucos. Los afganos tienen la suerte de que Zapatero les ha escogido como parte de su espectáculo. Un país que sigue en guerra y cuya población sufre. Un Gobierno provisional puesto por los Estados Unidos. Terrorismo o resistencia. Muertos casi todos los días. Una resolución de Naciones Unidas para que los países envíen ayuda humanitaria. La tensión crece día a día según se acerca la fecha del referéndum. Los militares deplazados se juegan la vida. ¿Iraq? No, Afganistán. Ahí no importa que nuestros soldados se jueguen la vida. Zapatero les manda. Otro truco de la magia roja es lo de Haití. Zapatero como buen caudillo ha recuperado la guardia mora. Marroquíes a las órdenes de españoles en funciones de acompañamiento. Un símbolo del franquismo. Un símbolo de la magia roja.

Política exterior
No todo es desatino
GEES Libertad Digital 4 Agosto 2004

El Gobierno de Rodríguez Zapatero ha hecho de la política exterior uno de sus frentes favoritos para escenificar el cambio, el nuevo talante y la nueva posición de España en la sociedad internacional. Desde la rueda de prensa anunciando la retirada de las tropas de Irak hasta la actualidad, los altos miembros del Gobierno han brindado a los comentaristas muchas oportunidades para analizar la nueva diplomacia socialista. Hemos empleado tiempo y espacio para escudriñar sus fundamentos ideológicos, su incompatibilidad con los intereses de España, el “menguante” papel de nuestra nación en la escena internacional y los costes que tendremos todos que ir pagando. Sin embargo, no hemos hecho incidencia suficiente en un aspecto que, por obvio, no deja de ser importante: la incompetencia profesional de los máximos responsables del Ministerio de Asuntos Exteriores.

El ascenso de Rodríguez Zapatero a la secretaría general del Partido Socialista fue, entre otras cosas, el resultado de una revuelta de los cuadros intermedios contra el despotismo del entorno felipista, apoyado interesadamente por los sectores nacionalistas periféricos. No era casualidad que fueran segundones. Cualquier comparación con la primera línea, con la foto del Gobierno del 82, resultaría extremadamente favorable para los Solana, Maravall...

El nuevo Presidente ha elegido para ministro de Asuntos Exteriores –aparentemente en contra de las presiones de muchos, incluido Polanco– a alguien que no desentona con la nueva dirección: un profesional del que sus compañeros de cuerpo no pueden decir más que “es muy simpático”, que no tiene una trayectoria profesional destacada en la carrera diplomática española y que saltó a la Unión Europea para desarrollar un importante papel en el conflicto israelo-palestino. De aquellos días queda su inigualado record de haberse fotografiado sonriendo más veces que nadie con Arafat y de no haber aportado nada sustancial al proceso de paz.

Moratinos es hoy ministro y actúa como era previsible. En pocas semanas ha conseguido atraer sobre sí la atención de los medios de comunicación, que no se acaban de creer el sinsentido de una riada de declaraciones donde una afirmación sucede a la contraria y que involuntariamente comienzan a ejercer la labor de oposición que el Partido Popular renuncia hacer. El ejemplo más reciente, que no único, es el de la cuestión saharui. A día de hoy el Plan Baker vuelve a cobrar sentido, frente a la tesis de ayer, y ¡Dios sabe qué nos espera mañana!

Era evidente que el giro estratégico dado por Zapatero tenía costes muy importantes, algunos de los cuales pudieron ser previstos por el entorno del presidente. De ahí que, siendo conscientes de que la posición de España en su litigio con Marruecos por el futuro del Sáhara estaba perdida –pues Marruecos contaba con el apoyo de Francia, Estados Unidos y el Reino Unido–, era necesario asumir la derrota y tratar de presentarla como una victoria. Los saharauis iban a ser traicionados por España una vez más, pero debía hacerse de la mejor forma posible.

La suma de viajes y declaraciones ha logrado dos efectos tan indeseables como innecesarios:

1.- España ha anunciado que actuará en contra de lo establecido por un conjunto de resoluciones del Consejo de Seguridad. Los socialistas anatematizaron a Aznar porque apoyó a Estados Unidos en una acción sin cobertura jurídica del Consejo, y ahora ellos proceden directamente en contra de la doctrina oficial del Consejo. El hecho es más grave si tenemos en cuenta que la doctrina violada es el resultado del trabajo de nuestros diplomáticos a lo largo de treinta años.
2.- La permanente contradicción entre las declaraciones de unos y otros, o de unos consigo mismos, ha puesto de manifiesto, para propios y extraños, que España tiene tanta vocación de liderazgo como ausencia de política. No saben qué hacer.

Unos profesionales con el nivel de capacitación esperable hubieran podido arbitrar un programa de acción coherente, que evitara ambos problemas y que permitiera a España salir con la mínima indignidad posible de tan bochornosa situación.

El coste de la chapuza salpica a otros importantes socios. Qué decir de determinados medios que durante años nos han dado lecciones sobre la justicia de la causa saharaui, a la vez que han denostado con denuedo a la corrupta y reaccionaria monarquía alauita. Con el peso a sus espaldas de una hemeroteca que acumula pronunciamientos inolvidables, desde los viajes de González a la Unión Soviética hasta nuestros días, ahora se ven abocados a defender lo indefendible, culpando si es necesario al pobre Baker por abandonar una causa perdida.

No sólo hay desatino, despropósito o error en nuestra política exterior, hay también incompetencia y falta de oficio. Una política equivocada se puede ejecutar bien, pero éste, tristemente, no es el caso.

GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

Estados Unidos
El triunfo de la Comisión del 11-S
Daniel Pipes Libertad Digital 4 Agosto 2004

Finalmente, un organismo oficial del gobierno norteamericano ha dado un paso al frente y ha dicho lo que es necesario decir: que el enemigo es "'el terrorismo islamista... no sólo 'terrorismo', algún mal genérico`". La comisión del 11 de Septiembre en su informe final declara hasta que el terrorismo islamista es la "amenaza catastrófica" que América afronta.

Como Thomas Donnelly precisa en el New York Sun, la comisión ha llamado al enemigo "por su nombre real, algo que los americanos políticamente correctos tienen problemas en hacer".

¿Por qué debe importar especificar la dimensión islamista del terrorismo?. Fácil. Igual que un médico debe identificar una enfermedad para tratarla, un estratega tiene que poner nombre a un enemigo para derrotarlo. El gran fracaso en el esfuerzo americano de la guerra desde septiembre del 2001 ha sido la reticencia a bautizar al enemigo. Mientras el anodino e inexacto eufemismo de la "guerra contra el terror" permanezca en la nomenclatura oficial, no se ganará la guerra.

Es mejor llamarla "guerra contra el terrorismo islamista". Aún mejor sería "guerra contra el islamismo", mirando más allá del terror, a la ideología totalitaria que descansa tras él.

Es significativo, el mismo día que el informe del 11 de Septiembre fue publicado, el 22 de julio, el Presidente Bush utilizó por primera vez el término "militantes islámicos" en un discurso, llevándole más cerca que nunca antes de señalar la amenaza islamista.

El informe de la Comisión Nacional de Ataques Terroristas contra Estados Unidos tiene otro valor positivo. Retrata una imagen precisa de las opiniones islamistas, describiendo a éstas como una "hostilidad hacia nosotros y nuestros valores [que] es ilimitada". Igualmente útil es la descripción del objetivo islamista de "librar al mundo del pluralismo religioso y político".

En contraste con aquellos analistas que dichosamente desdeñan a los islamistas como un puñado de fanáticos, la comisión del 11 de Septiembre reconoce su verdadera importancia, observando que el mensaje de Osama bin Laden "ha atraído el apoyo activo de miles de jóvenes musulmanes aislados y resuena poderosamente en un número bastante superior al de quienes no apoyan activamente sus métodos". El enfoque islamista no representa un secuestro del Islam, como se dice erróneamente al mundo; en su lugar, emerge de una "larga tradición de intolerancia extrema" dentro del Islam, que se remonta a siglos y que en los últimos tiempos se ha asociado con el wahhabismo, la Hermandad Musulmana, y el escritor egipcio Sayyid Qutb.

La comisión después hace algo casi insólito en los círculos del gobierno americano: ofrece una meta para la guerra en curso, de nombre el aislamiento y la destrucción del Islamismo.

¿Y, después de casi tres años, cómo valora la guerra?. La comisión distingue cuidadosamente la naturaleza doble del enemigo: "al Qaeda, una red apátrida de terroristas" y "el movimiento ideológico radical en el mundo islámico". Encuentra al primero correctamente debilitado, suponiendo aún una "grave amenaza". El segundo es la mayor preocupación, sin embargo, dado que todavía está agrupándose y "amenazará a los norteamericanos y a los intereses norteamericanos bastante después de que Osama bin Laden y su corte sean asesinados o capturados". La estrategia americana, por lo tanto, debe ser desmontar la red de Al Qaeda y prevalecer por encima de "la ideología que da lugar al terrorismo islamista". En otras palabras, "los Estados Unidos tienen que ayudar a derrotar a una ideología, no sólo a un grupo de personas".

Hacerlo significa nada menos que cambiar el modo en que los Musulmanes se perciben a sí mismos, algo en lo que Washington puede ayudar pero no puede hacer por su cuenta: "La tolerancia, el gobierno de la ley, la apertura política y económica, la ampliación de papeles más relevantes a las mujeres - estos remedios deben venir del interior de las propias sociedades musulmanas. Los Estados Unidos deben apoyar tales progresos".

Por supuesto, tal evolución "será opuesta violentamente por organizaciones terroristas islamistas" y esta batalla es clave, porque el choque en curso no es entre civilizaciones sino "dentro de una civilización", siendo esa civilización la islámica. Por definición, Washington es un espectador en esta batalla. "Puede promover la moderación, pero no puede asegurar la predominancia de ésta. Sólo los musulmanes pueden hacer esto".

Los musulmanes moderados que buscan reforma, libertad, democracia, y oportunidades, continúa el informe, deben "reflexionar sobre temas básicos tales como el concepto de la jihad, la posición de la mujer, o el lugar de las minorías no musulmanas", después necesitan desarrollar nuevas interpretaciones islámicas de éstos.

La comisión del 11 de Septiembre ha completado su mandato al interpretar el peligro actual. La administración Bush debe ahora aprovechar sus reflexiones e implementarlas con rapidez.

EL SUR DE ANDALUCÍA
Por SERAFÍN FANJUL ABC 4 Agosto 2004

HACE unos días, en un pueblo andaluz presencié una riña -no muy agria- entre un niño español y un morito, ambos de nueve o diez años. Jugaban a la pelota y el indígena, para chinchar un poco, espetó la consabida pulla: «Vosotros habéis venido de África», a lo cual replicó el otro, sin duda bien aleccionado, «Nosotros no hemos venido de África, hemos venido del sur de Andalucía». Por fortuna, el lance no pasó a mayores, ellos siguieron con su juego y yo con mis reflexiones sobre lo que está sucediendo en la comarca, tan lejano y tan ajeno a las preocupaciones de los políticos. La pregunta inmediata es: ¿de dónde sacó el chico inmigrante una respuesta tan elaborada y cargada de una intención que, probablemente, el español ni olió? Tal vez de las nostalgias de al-Andalus que se martillean en las escuelas árabes, en caso de que fuese a la escuela en su país; muy posiblemente de sus mayores, que realimentan la quimera de su propiedad moral sobre el sur de España; quizás de algún maestro hispano con el pecho henchido a reventar de sueños morunos de guardarropía; o un poco de todos. Pero que ellos sean los verdaderos propietarios de la tierra entraña un corolario automático: luego nosotros somos usurpadores, con las consecuencias previsibles y merecidas por quien obra mal.

ABC de 7 de julio pasado recogía en un reportaje el adoctrinamiento a sus hijos de un emigrante marroquí, de paso para el Estrecho. Al parecer, el hombre «con voz temblorosa les explicaba que los olivos que veían en la colina habían sido plantados por sus abuelos. ¿Ves, Suhail? Todo esto que vemos fue nuestro». Como no es fácil que alguien llamado Abd el-Jaleq tenga abuelos -verdaderos, no metafóricos- de La Carolina, Bailén o Campotéjar, debemos admitir que el emocionado viajero se iba por el lado de la lírica, en espera de que llegue el tiempo de la épica. Y es por completo inútil explicarle que el acebuche es planta autóctona de la Península, que el cultivo racional del olivo lo introdujeron y desarrollaron los romanos o que las plantaciones masivas -y el consumo generalizado- son posteriores a la Reconquista. Y mientras el asunto permanezca en términos de melancolías y ensueños, bien va la cosa, hasta que se empiece a dar el paso hacia conclusiones prácticas y acciones concretas, un paso que ya han comenzado a dar los islamistas.

Sin embargo, no podemos responsabilizar tanto a los árabes por querer cumplir su papel y buscar su interés, como a quienes desde nuestra sociedad ríen y jalean estas gracias. A principios de los ochenta se puso de moda en medios institucionales y progres andaluces referirse a Marruecos como «Andalucía Sur», con vistas, sobre todo, a realizar negocietes allende Gibraltar: «Los franceses se están poniendo las botas con la construcción en este país», me comentó en Marrakech, con envidia admirativa, un dirigente socialista sevillano. Naturalmente, si se les retrucaba que, entonces, Andalucía era Marruecos norte, la broma ya no les parecía tan divertida. Y es que están arando en el mar, pero lo saben y no les importa nada. Es un secreto a voces que ni al-Andalus fue un paraíso ni las menguadísimas pervivencias musulmanas en España dan para el carnaval mediático y propagandístico que sufraga -es decir, sufragamos- la Junta de Andalucía: penúltima estación, por ahora, la Fundación Barenboim. Y querrían que a quienes denunciamos estos abusos conceptuales y prácticos se nos amordace y postergue, o que asumamos y aceptemos lo que yo llamaría el «síndrome de Pármeno». Sabido es el enojo de Calixto contra su servidor cuando éste intenta alertarle sobre el riesgo de andar en la pésima compañía de Celestina: «¡Palos querrá este bellaco! Di, mal criado, ¿por qué dices mal de lo que yo adoro?». Porque el amo, cegado de mal de amores, sólo escucha a Sempronio, que le dice cuanto él quiere oír. Entre nosotros abundan los Sempronios, especialistas en lisonjear los oídos de la gente, y hasta han presentado la fuga de Iraq como un acto heroico cuando sólo es una muestra de irresponsabilidad colectiva bien interpretada y aprovechada por Rodríguez. Aquí y ahora, la figura de Calixto está encarnada en nuestro país, y podemos -o no- defender los derechos humanos, civiles y políticos y la convivencia en libertad de aborígenes y recién venidos, y mantener la lucidez suficiente que nos permita informar a nuestra sociedad y difundir unas nociones mínimas de respeto sobre nosotros mismos.

No podemos cambiar la Geografía, pero sí ser conscientes de que la buena vecindad no tiene por qué lograrse a cualquier precio. Unas relaciones en las que sobran mamarrachadas como el referéndum sobre el Sahara promovido por Chaves en 2001 y que precipitó la retirada del embajador de Marruecos, aunque el eterno presidente andaluz y su partido corrieron a ponerse del lado marroquí contra nuestro gobierno central. Pero también están de más exposiciones de dibujitos que nada resuelven y a nadie interesan y tantas buenas palabras de condolencia cuya sinceridad sólo Dios conoce. Seguimos en las piruetas folklóricas que suplantan al entendimiento y el respeto mutuo a largo plazo: mandar tropas a Haití -de donde salieron los colonos españoles expulsados por los bucaneros franceses ¡en el siglo XVII!- en alegre compañía con marroquíes sólo es un triunfo de Francia, olvidarse del Polisario (y del referéndum de 2001) y de los tiernos fuegos de campamento en Tinduf, también. De Marruecos debemos esperar acciones muy concretas: cortar el tráfico de drogas y emigrantes ilegales por la parte que les toca, que es mucha; renunciar de modo expreso y con garantías a la anexión de Ceuta, Melilla y las aguas territoriales canarias; acordar de manera satisfactoria la explotación de la pesca en las aguas que se adjudicaron unilateralmente..., porque es más expresiva de la realidad de las relaciones entre ambos países una sola imagen de los pescadores de Barbate en paro que todos los llantos por al-Mu ´tamid y su cadena en Agmat, lo cual tampoco fue como para cubrirse de gloria.

Pero volvamos a Marruecos norte. Rodríguez y su ministro de Exteriores van a erradicar las tensiones mediterráneas y como primer paso proponen una conferencia sobre el antisemitismo para el 2005 en Córdoba, por aquello de haber sido la cuna de Maimónides y conmemorarse los ocho siglos de su muerte. Que Dios nos pille confesados ante tal tabarra y, al tiempo, que mejore las bibliotecas de estos próceres. No ya porque el gran rabino falleciera en 1204, sino porque él y su familia fueron forzados a islamizarse, a escapar a Fez, donde también sufrieron malos tratos y, finalmente, a refugiarse en El Cairo, donde Maimónides retornó al judaísmo siendo procesado por ello. Sus epístolas a los judíos del Yemen y sobre la apostasía reflejan bien sus sufrimientos en el darislam. La elección del lugar y el momento parece, pues, perfecta, porque Moratinos y su corte de sabios incensadores no van a permitir que unas realidades históricas inoportunas vengan a estropearles sus festejos. El pasado no fue como fue sino como ellos quieren -y les conviene- que fuese. Por tanto, prepotencia y desprecio para las opiniones contrarias o, simplemente, ajenas.

Y terminamos con palabras de Pármeno, el de la lealtad frustrada: «Por ser leal padezco mal. Otros se ganan por malos; yo me pierdo por bueno. ¡El mundo es tal! Quiero irme al hilo de la gente, pues a los traidores llaman discretos, a los fieles necios». El criado fiel acabó doblegándose ante la inconsciencia de su señor y beneficiándose de ella. Tampoco faltan de esos entre nosotros, pero está por ver que lo hagamos todos.

Preocupación estival
TONIA ETXARRI El Correo 4 Agosto 2004

Seguramente el presidente Zapatero se va a Menorca liberado ya de la preocupación de que sus descoordinados ministros, una vez engrasados los ejes del Gobierno, vayan a incurrir en contradicciones de gran calado sobre el permanente debate de la España de las autonomías. Al menos en relación a Euskadi. Él se estrena en la experiencia del relajo isleño, mientras López Aguilar o Trinidad Jiménez fuerzan todo lo que pueden el sello de la casa (la sonrisa del buen talante y mejor 'rollito') para asegurar que el plan Ibarretxe, se ponga como se ponga el lehendakari, no va a prosperar. Y se lo dirán dialogando hasta el amanecer, si es necesario.

Parece mentira pero, después de la ausencia de un mes estival en el que se puede comprobar que la mayor preocupación ciudadana, durante las vacaciones, es el parte meteorológico y los precios abusivos de quienes quieren vivir a costa del turista durante el largo invierno, siga estando ahí, en boca de titulares: el plan. Esperándote como si no tuvieras nada mejor que hacer. No forma parte, desde luego, de las lecturas refrescantes del personal durante el descanso, pero funciona (vaya que si funciona) como la recurrente 'serpiente de verano'. Al lehendakari le fue muy bien el verano pasado. Sólo tuvo que servirla en bandeja a comienzos de un tórrido mes de agosto para irse de viaje, porque el 'efecto rebote' se mantuvo todo lo que quisieron los políticos de la oposición y todo lo que fue capaz de reproducir la paciente prensa. Y así hasta setiembre, y octubre, y todo el año.

Esta vez ocurre lo mismo aunque con diferente gobierno. Los socialistas deshacen la madeja de la política de sus antecesores (ley de educación, el trasvase...) pero, en cuanto al plan, les falta poco para entonar el 'no pasarán'. Y aunque a veces los gestos de Javier Rojo puedan dar lugar a equívocos (muchos de sus compañeros que ven en el presidente del Parlamento vasco, Atutxa, a un 'incumplidor de sentencias' al haberse negado a disolver el grupo parlamentario de la antigua Batasuna, no entendieron que se entrevistara con él como «gesto de buena voluntad») los mensajes van en otra dirección. Trinidad Jiménez le vino a llamar ayer al lehendakari poco menos que antiguo porque su plan, del que dice Patxi López que divide a los vascos, va contra la historia.

Lo que parece claro es que después de todos los acontecimientos de este último año, con la unificación europea y el debilitamiento del terrorismo de ETA en contraposición al islamista, el lehendakari va a tener que pasar los deberes a limpio. No le valen los del año pasado. Tampoco suena responsable decir que él ya no lo puede detener porque está en manos del Parlamento vasco. Pasarle la pelota a una institución que precisamente está dividida y enfrentada en torno a este proyecto y de la que el PNV no obtendrá el apoyo necesario, salvo que se dé la abstención de la ilegalizada Batasuna, sólo se entiende como una forma de presión. Y eso sí que es preocupante.

AGRAVIOS GIBRALTAREÑOS
Por Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA ABC 4 Agosto 2004

LA visita oficial a Gibraltar del ministro de Defensa británico para conmemorar el tercer centenario de la ocupación del Peñón representa el tercer agravio perpetrado por el Gobierno del Reino Unido. La razón histórica y legal le asiste a España. Por lo tanto, tiene razones nuestro Gobierno para expresar su malestar y, aun, su indignación. Acaso cabría hacer algo más. Intolerable es la actitud de Caruana, quien, al parecer, ignora que sólo existen dos posibilidades: o la ilegítima e ilegal soberanía británica o la legítima y legal soberanía española. También lo es la que está exhibiendo el Ejecutivo británico. Pero nada de esto permite excusar los errores de la política exterior del Gobierno español, que, lejos ya de sus proclamaciones en favor del consenso, parece obsesionado por contradecir punto por punto la seguida por Aznar.

Errónea es la actitud exhibida contra Estados Unidos y Gran Bretaña. Una cosa es no apoyar la intervención en Irak y otra tildarla poco menos que de genocidio petrolífero. Cabían términos medios. Como tampoco era necesario precipitar la retirada de las tropas españolas cuando contaban con el beneplácito de Naciones Unidas. Lo que producía réditos interiores no podía dejar de generar problemas exteriores. Zapatero y Moratinos carecen hoy por hoy de vías fluidas de comunicación con el Reino Unido. Las consecuencias están a la vista. Y no parece que sirva de mucho invocar la solidaridad francesa y germana para solventar el contencioso de Gibraltar o evitar los agravios británicos. La política exterior es más asunto de intereses nacionales que de amistades personales. Gran Bretaña no tiene razón en el caso del Peñón, pero sí tiene razones para sentirse molesta con el Gobierno español y no ha dejado pasar la triple ocasión para exhibirlas.

Pero no residen sólo en el desdén atlantista los errores de la reciente acción exterior española. También podemos hablar de Marruecos y de Cuba. En el primer caso, la escenificación dialogante y «talantosa» de la amistad no impide la reivindicación de la soberanía de Ceuta y Melilla por parte de su ministro de Asuntos Exteriores o el cambio de actitud hacia el problema del Sahara. En el segundo, la propuesta de revisión de la política de la Unión Europea hacia la tiranía castrista parece olvidar nuestro compromiso con el pueblo cubano, así como las ejecuciones del año pasado, el encarcelamiento de disidentes y el cierre del Centro Cultural de España en La Habana.

Parece urgente replantear y acordar la política exterior en beneficio de los intereses de España, teniendo a la vista nuestras mayores amenazas: el terrorismo etarra e islamista, el separatismo y los contenciosos con Marruecos, especialmente la soberanía de Ceuta, Melilla y las Canarias y la inmigración ilegal. Nuestros mejores amigos son quienes más nos ayuden a afrontar estos problemas. Sabíamos lo que Aznar quería hacer desde el Estado y quiénes eran sus aliados preferentes. Y era posible compartirlo o no. El problema ahora es que no sabemos hacia dónde vamos, ni en la reforma constitucional y de los Estatutos ni en la dirección de la política exterior. Ortega y Gasset deploraba en su Meditación de Europa la degeneración de la fauna de los políticos que dejaban de ser auténticos gobernantes, es decir, dirigentes previsores y responsables de los pueblos, para acabar convirtiéndose en simples exponentes de los momentáneos apetitos de las masas. Y gobernar consiste entonces en vivir al día, que es la mejor forma de no vivir.

BONO, O CALLARSE A TIEMPO
Editorial ABC 4 Agosto 2004

ES difícil que en un solo acto y con tan pocas palabras un ministro cometa tantos errores y tan graves como los que ha acumulado José Bono en la afirmación de que «mientras ETA decía la verdad, Acebes mentía». El primer error es haber llegado muy tarde para insultar a Ángel Acebes, después de que su declaración ante la Comisión del 11-M le hiciera acreedor del juicio más favorable que ha recibido un político en los últimos tiempos. Cargar hoy nuevamente contra Acebes con la acusación de la mentira es ya una obsesión más que una opinión. El segundo error es haber roto -con lo que tiene de precedente reversible- esa convención básica e invisible en una democracia de no dar opción a los terroristas, y Bono, seguro que inconscientemente, lo ha hecho con una comparación que, además de señalar inquisitorialmente a Acebes, es falsa, pues si el ministro de Defensa se refiere a las declaraciones de Arnaldo Otegi en la mañana del 11-M, la investigación ha demostrado que el ex portavoz de Batasuna habló de los terroristas islámicos sin más intención que salvar su posición en ese momento. En cuanto a ETA, el desmentido de su participación llegó varios días después del atentado y Bono, por lo visto, da por hecho que nada tuvo que ver.

El tercer error de Bono ha sido hacer una exhibición de partidismo militante, desprestigiando su aura de hombre de Estado y anticipando una valoración que, en todo caso, corresponde a la Comisión cuando inicie el debate de las conclusiones. Quizá Bono haya creído que su misión era rescatar a su partido del absoluto fracaso con que ha cerrado su estrategia contra el PP en la Comisión del 11-M. Ha elegido muy mal el momento y la persona. Pero más coste le supondrá haber tratado a ETA como tercer dirimente de un debate entre demócratas. Decepcionante Bono.

La política exterior de ZP
Francisco Marhuenda La Razón 4 Agosto 2004

Nadie puede defender, salvo desde el partidismo más desaforado, que el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero tiene una política exterior coherente. La línea de Aznar podía ser más o menos cuestionable, pero perseguía situar a España entre los países con peso en el contexto internacional. Ahora somos los monaguillos del eje franco-alemán sin que sepamos qué beneficios nos aportará esta subordinación. No importa cómo quieran ZP y Moratinos enmascarar la dura realidad, pero salimos por piernas de Iraq, nos vamos a embarcar en una pintoresca aventura en Haití, perderemos recursos comunitarios a manos llenas, Estados Unidos no se fía de su antiguo aliado y los saharauis ya se pueden dar por vendidos. Gibraltar vuelve a ser un problema. La característica displiciencia británica ha emergido y ZP se ha convertido en un personaje intrascendente al que Blair no presta ninguna atención.
La política exterior británica vuelve a situar la colonia de Gibraltar al mismo nivel que Ceuta y Melilla, la tesis habitual de Marruecos. No importa que nada tengan que ver porque al Reino Unido ya le va bien para justificar su postura. Lo de los saharauis es más lacerante porque a la chapucera descolonización se une ahora que se les va a abandonar a su suerte. ZP los vende a cambio de una palmadita en el hombro del sátrapa marroquí. Todo un éxito del famoso talante.

A José Bono
Cartas al Director Libertad Digital 4 Agosto 2004

Hace seis años, durante una visita a la Catedral de Toledo, tuve la oportunidad de coincidir en el interior del templo con usted. No dudé en acercarme a saludar al que yo entendía que era un buen político y una buena persona, aunque con ideales diferentes a los míos, puesto que entonces ejercía como concejal del PP en el País Vasco, pero por el que profesaba un profundo respeto debido a su lucha diaria, desde la distancia, por un País Vasco libre y unas posiciones firmes en contra del terrorismo etarra. Si soy sincero, tengo que reconocer que el cariño que en aquel momento recibí por su parte me emocionó y sirvió para reforzar aun más si cabe mi respeto hacia usted.

Pero hoy, todo ese respeto se ha desvanecido en tan solo un minuto, el tiempo que he tardado en leer unas declaraciones suyas comparando la credibilidad del Sr. Acebes con la de ETA, diciendo textualmente que es “tristísimo que en esa ocasión (por el 11-M), los asesinos, los de ETA, dijeran la verdad y el ministro del Interior dijera una mentira, y eso es así con comisión o sin comisión”

Sr. Bono se ha cargado usted de un plumazo la comisión de investigación del 11-M, sentenciando con total rotundidad que el entonces Ministro de Interior mintió. Parece ser que se ha enterado usted bastante poco de todo lo que se ha dicho en esa comisión. Aun así, dejemos que sea la propia comisión la que concluya quien mintió, si es que hay alguien a parte de usted a estas alturas que tiene todavía alguna duda.

Pero si la acusación en sí ya es grave, más grave es la credibilidad que le da a ETA. Ha caído usted en el error más absoluto, que es dar credibilidad a una banda de asesinos fascistas. A ver si tiene también la indecencia de decirle a la familia Blanco que ETA hace siete años también dijo la verdad cuando amenazó con matar a Miguel Ángel. A unos asesinos, Sr. Bono, no se les puede alabar su credibilidad, sino todo lo contrario, se tiene que luchar contra esa credibilidad, se tiene que luchar para que sus amenazas nunca lleguen a cumplirse.     Luis Hermosa    -  Bilbao

“MIENTE Y LO SABE”
Pujalte califica de "auténtica infamia" que Bono dude de Acebes y crea a ETA
El ministro de Defensa, José Bono, se desató el lunes en unas declaraciones a Telecinco: “Es tristísimo que el 11-M los asesinos, los de ETA, dijeran la verdad y el ministro del Interior dijera una mentira”. Tras la grave acusación añadió que “eso es así con comisión o sin comisión”. Este martes, el popular Vicente Martínez Pujalte ha achacado al “afán de protagonismo” de José Bono estas palabras que califica de “auténtica infamia” al comparar a Ángel Acebes con una banda criminal y un “terrorista”, en referencia a Arnaldo Otegi.
Agencias Libertad Digital  4 Agosto 2004

Este lunes, José Bono descalificó sin ambages la comisión de investigación del 11-M y lanzó graves acusaciones contra el ex ministro del Interior Ángel Acebes. Primero, eligió la versión de ETA y de Otegi sobre la autoría dela masacre de marzo. Después añadió que para saber eso no hace falta una comisión.

Las declaraciones, efectuadas a la cadena Telecinco, han sido contestadas por el portavoz delos comisionados del PP, Vicente Martínez Pujalte, que las ha calificado de “auténtica infamia”. Según Pujalte, el “rebrote” del ministro de Defensa se debe a “su afán de protagonismo para curar su maltrecha vanidad”. Además, el popular añadió, en declaraciones a la agencia Europa Press, que "Bono miente y lo sabe. Y si tiene algo que aportar a la comisión, tiene la oportunidad de comparecer ante ella".

Pujalte reiteró que el ex ministro Acebes dijo siempre la verdad e impulsó el "exitoso" operativo policial que desemboco en las primeras y rápidas detenciones. En otras declaraciones efectuadas a la agencia Servimedia, Martínez Pujalte recomendó a José Bono preocuparse menos de "desprestigiar" al PP utilizando "la mentira" contra un ex ministro, y más de investigar "quien es la X" del 11 de marzo.

El resto de comisionados ha coincidido además en calificar la irresponsabilidad de Bono al denunciar que la labor de los espías ha sido dañada por filtraciones. Desde ERC acusan al Gobierno del PSOE de ocultar documentos.

DEBE TOMAR UNA DECISIÓN EN CINCO MESES
El TC admite el recurso del Gobierno contra la Ley de Universidad Vasca, que queda suspendida
El Tribunal Constitucional ha admitido a trámite el recurso de inconstitucionalidad presentado por el Gobierno central contra diversos artículos de la Ley del Sistema Universitario Vasco, lo que supone que éstos quedan temporalmente suspendidos. El Gobierno decidió recurrir contra esa norma el pasado 11 de junio e invocó el artículo de la Constitución que supone que los preceptos autonómicos que impugna queden suspendidos por un máximo de cinco meses.
EFE Libertad Digital  4 Agosto 2004

En ese plazo de cinco meses, el TC debe decidir si los mantiene en suspenso hasta que dicte sentencia, lo que puede demorarse varios años, o si por el contrario permite su aplicación hasta entonces.

En total, el recurso se dirige contra ocho artículos (15.1, 20.1, 21.2, 22.2, 27.2, 46.1, 61 y 113.1) y dos disposiciones transitorias de la norma vasca, que regulan aspectos como el cómputo del porcentaje de profesores doctores que debe haber en las universidades privadas y al método de evaluación de la capacidad del personal docente para acceder a la condición de profesor agregado y adjunto.

Asimismo, a la posibilidad de expedir "títulos propios de las universidades reconocidas por la comunidad autónoma", a la competencia exclusiva del Parlamento vasco para crear o suprimir universidades públicas o reconocer Universidades privadas y al régimen legal de sucesión en los contratos laborales del profesorado ya existentes. Todos esos artículos y disposiciones quedan suspendidos en su vigencia y aplicación el referido a la competencia exclusiva de la cámara vasca para la creación y supresión de universidades públicas y el reconocimiento de las privadas, según hace constar el TC en el auto de admisión a trámite.

La vicepresidenta primera y portavoz del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, explicó tras el Consejo de Ministros que tomó la decisión de presentar el recurso que ésta tiene que ver "fundamentalmente" con un exceso de competencias de Gobierno vasco y la extralimitación del principio de autonomía en el ámbito universitario. Añadió que el Gobierno tiene el compromiso de abordar ésa y otras cuestiones en el marco del diálogo que está previsto abrir "en su momento" para la reforma de la Ley Orgánica de Universidades (LOU) y con el que se espera alcanzar el máximo "consenso" y participación de las comunidades autónomas.

El Gobierno, antes de proceder a la anunciada reforma del sistema universitario tras consultar con las autonomías, considera "necesario dotar de estabilidad y seguridad jurídica el actual sistema, evitando diferencias no justificadas".

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