AGLI

Recortes de Prensa     Jueves 5 Agosto 2004

EL ISLAMISMO Y LA IZQUIERDA
César Alonso DE LOS RÍOS ABC 5 Agosto 2004

Las prospecciones marroquíes de la concejala Jiménez

EDITORIAL Libertad Digital 5 Agosto 2004

Algo más que Perejil
Lorenzo Contreras La Razón 5 Agosto 2004

Política y estilo

Carlos Semprún Maura Libertad Digital 5 Agosto 2004

El Sahara, Marruecos, España
José María Carrascal La Razón 5 Agosto 2004

Gibraltar como síntoma

Pío Moa Libertad Digital 5 Agosto 2004

EL GOBIERNO TROPIEZA EN GIBRALTAR
Editorial ABC 5 Agosto 2004

Homilía donostiarra
HERALDO DE ARAGÓN Editorial  5 Agosto 2004

JOYCE ESCRIBÍA EN INGLÉS, PERO...
PEDRO GONZÁLEZ-TREVIJANO ABC 5 Agosto 2004

El comportamiento de Bono
Cartas al Director ABC 5 Agosto 2004

El Gobierno ve «difícil» incluir las lenguas propias como requisito para ser juez
L. R. N. La Razón 5 Agosto 2004


 


EL ISLAMISMO Y LA IZQUIERDA
Por César Alonso DE LOS RÍOS ABC 5 Agosto 2004

DESDE los atentados en Nueva York y Washington hasta la víspera de la masacre de Madrid, la izquierda española había venido manteniendo una actitud de comprensión con el fundamentalismo islamista cuando no de defensa. Para los socialista Al Qaida había dado la respuesta lógica al imperialismo yanqui, Bin Laden no era más criminal que George Bush, el pueblo norteamericano había tenido el castigo que se merecía y el único recurso contra el terrorismo islamista sería un orden internacional justo. Como si los dueños del petróleo fueran las víctimas del capitalismo y la guerra del Islam fuera realmente «santa».

Así de siniestros eran los juicios que leímos y oímos en los días posteriores a la tragedia del 11 de Septiembre en los medios de la izquierda europea y española. Algunos de ellos los recogió y valoró inteligentemente Horacio Vázquez Rial en «La izquierda reaccionaria».

La actitud de los socialistas ante la declaración de guerra de los islamistas a Occidente es la propia del traidor: ni siquiera de los que han entrado en Troya en la barriga del caballo, sino de los propios habitantes de la ciudad dispuestos a ayudarles... Mientras, por un lado, se aprovechan del sistema y, cuando pueden, lo gestionan (mal, por supuesto), juegan por otro lado al recambio por no se sabe qué otro modelo de sociedad. Frustrados como tales socialdemócratas y resentidos por carecer de alternativa viable, celebran que desde otra civilización se castigue el engreimiento de quienes creían haber llegado al fin de la Historia. Incapaces de superar el capitalismo, esperan al menos que los bárbaros lo debiliten y, de ese modo, sean ellos más necesarios.

SI cuando cayó el Muro de Berlín, los socialistas habían dejado de tener interés como valladar frente al comunismo, ahora con la amenaza islamista podían volver a jugar con el chantaje. Ellos serían los mediadores, los defensores de un nuevo tipo de convivencia, los predicadores del multiculturalismo y la neutralidad religiosa, los dialogantes frente a la derecha partidaria del choque de civilizaciones... En su justificación siniestra del islamismo ellos pueden llegar a entender que las adúlteras sean apedreadas hasta la muerte... Tal es el resentimiento del ciudadano de izquierdas frente al sistema capitalista y de forma muy especial cuando no consigue gobernarlo. En ese caso, bendita sea la ayuda de quien venga a echarle una mano, aun cuando sea a través del terror. Que la mano izquierda no sepa lo que hace la mano derecha, o dicho en términos de cinismo militar, que el nuevo tipo de guerra sea la prolongación de la política.

HASTA la víspera del 11 de Marzo, cada vez que Aznar o Bush o Blair o nuestros Rajoy y Mayor Oreja hablaban de terrorismo islamista, se decía desde la izquierda que se trataba de excusas, que ya estaba bien de utilizar al «otro», al extranjero, al bárbaro, al distinto, para crear un clima de miedo y de ese modo consolidarse en el poder, restringir la emigración, determinarla en todo caso e imponer los modos de vida propios... Para la izquierda, las alusiones al islamismo y sus peligros eran una excusa, un invento. Curiosamente el 11 de Marzo por la mañana para los socialistas españoles estaba perfectamente claro que la excusa se había convertido en causa y que la pista a la verdad venía dada por una cinta de versos coránicos... El día 11 de Marzo se le reveló a la izquierda española la maldad de lo que ella había denunciado como bestia negra de la derecha española e internacional.

Las prospecciones marroquíes de la concejala Jiménez
EDITORIAL Libertad Digital 5 Agosto 2004

Marruecos no ha tenido hasta la fecha suerte con el petróleo, pero sí con el vecino del piso de arriba; especialmente con una concejala socialista que, aunque juegue a ser ministra de Exteriores, oficia de lo suyo en el Consistorio de la capital. A juicio de Jiménez, de la concejala Jiménez, poner mala cara por las prospecciones petrolíferas que Marruecos ha iniciado en aguas jurisdiccionales españolas es especular sin sentido y “abrir elementos de conflicto”. Se puede decir más alto pero no más claro.

La historia de amor de ciertos dirigentes socialistas con el reino alauí viene, sin embargo, de lejos. En diciembre de 2001, ayer por la tarde, el hoy presidente del Gobierno realizó un viaje cargado de buenas intenciones y obsequiosidad al rey de Marruecos, el entonces recién coronado Mohamed VI. Entre las notas de viaje quedó en nuestra retina aquella inolvidable fotografía, que ilustró la portada de La Vanguardia, con Zapatero rendido a los encantos del monarca que, sin complejos, lucía en su despacho un mapa de Marruecos que incluía las Islas Canarias, Ceuta, Melilla y, obviamente, el islote Perejil dentro de las fronteras del reino. No sirvió de nada el revuelo, a Trinidad, a la concejala Jiménez, todo lo que se le ocurrió decir al respecto que Aznar no había aprovechado la visita de Zapatero para sentar las bases de una buena relación. Es de suponer, siguiendo la lógica socialista, que para sentar esas bases Madrid debía empezar regalando a Rabat el archipiélago canario y las plazas norteafricanas.

Al viaje prodigioso por la nueva geografía política marroquí le sucedieron unos cuantos de Felipe González, todos bienaventurados y encumbrados por el diálogo y la buena sintonía. Y de pronto llegó el apagón. Sin mediar declaración de intenciones previa un puñado de soldados marroquíes ocupó un islote próximo a Ceuta que forma parte de España desde mucho antes de que el reino de Marruecos siquiera se aproximase a una vaga noción de Estado. Jiménez calló y habló Bono. En una entrevista concedida a la cadena COPE hace exactamente dos años el hoy Ministro de Defensa expresó su deseo de que “nadie vuelva a llamar hermano a Marruecos”. Nadie menos Felipe González, por sus privilegiadas amistades rifeñas. Nadie menos Trinidad Jiménez, por sus pinitos diplomáticos con el “hermano” del otro lado del estrecho.

La de hoy, la de las prospecciones petrolíferas, vendría a inscribirse dentro de la línea maestra que el PSOE diseñó hace tiempo en lo relativo a las relaciones con Marruecos. En septiembre de 2002 Zapateró aseguró que él llevaría mejor las relaciones bilaterales y que, por tanto, en lo tocante a la inmigración “irían mejor” y habría “más diálogo y cooperación”. La avalancha de pateras del fin de semana pasado es toda la mejoría que hemos logrado con el giro diplomático, y la búsqueda de petróleo es todo lo que da de sí la cooperación con los capitostes del régimen marroquí. Eso sí, diálogo a raudales. De besugos.

Es curioso sin embargo que, en apenas cuatro días, la serpiente veraniega se haya transformado en la serpiente marroquí. Primero vino lo de las tropas conjuntas a Haití, para estropearse acto seguido por la llegada de masiva de pateras –que se dejaron más de veinte vidas en el mar­– y por las prospecciones petrolíferas en las cercanías de nuestras costas. Marruecos, a pesar de haberlo buscado al norte y al sur, al este y al oeste, nunca ha dado con el preciado oro negro que haría aún más ricos a sus ya millonarios ministros y hombres del régimen. En 2000 creyó haberlo encontrado en el área de Talsint y se quedó en nada. Dos años más tarde contrató a dos empresas –entre las que se encontraba la francesa Total Fina Elf– para que lo buscasen en el Sahara Occidental. La ONU tuvo que pararle los pies a través de un dictamen que Mohamed VI, con indiferencia regia, ignoró totalmente. Esto del petróleo es para el hijo lo que fue para el padre la marcha sobre el Sahara Español, un motivo recurrente para mantener encandilado y en la inopia a los marroquíes que aun no se han embarcado en la patera.

Lo que parece innegable a la vista de los hechos es que Mohamed VI, tan autoritario como astuto, está palpando la parte mollar antes de propinar el definitivo mordisco. Con Perejil no funcionó. Era otra forma de hacer política exterior y Exteriores no cometió la gansada de dialogar con quien se le había metido en casa. Quizá tras las bufonadas en cadena por lo del tricentenario gibraltareño Mohamed se lo piense de nuevo. Al fin y al cabo nunca ha renunciado a sus intenciones de anexionarse Ceuta y Melilla, y, con un Gobierno que tiene una política exterior tan errática como funambulista, la ocasión se la pintan calva. El petróleo puede esperar.

Algo más que Perejil
Lorenzo Contreras La Razón 5 Agosto 2004

Ya parece dibujado el perfil del futuro, cuando no próximo e inmediato, contencioso entre Marruecos y España. Ese perfil se llama petróleo y, por supuesto, Sahara, que en materia de derechos es la moneda con la que ZP, con Bono de heraldo, ha pagado el supuesto armisticio concertado entre Rabat y Madrid, entre Madrid y Rabat, para los tiempos venideros. Armisticio, que no solución duradera de los conflictos que crónicamente vienen desuniendo a los dos vecinos, para mayor satisfacción de Francia, cuyo corazón ha conquistado, según los ingenuos, el seductor Zapatero.

Valga recordar lo que armisticio significa según el Diccionario de la Lengua Española: «Tregua o suspensión de hostilidades». Dicho sea en términos de «guerra» diplomática o, si se prefiere, como metáfora de la riña de vecindad. Porque es una riña bien peligrosa, porque involucra intereses, y mañana o pasado mañana o al otro, tal vez conceptos más vidriosos.

Ya se sabe que Marruecos acaba de conceder licencia de prospección petrolera en aguas que son de soberanía española y afectan a Melilla y las islas Chafarinas. Si la cosa se consolida esto será algo más que un Perejil. Todavía Moratinos no se había soltado del brazo de Benaissa y ya tenemos insinuada la primera bronca de la luna de miel bilateral. Mientras, a la otra orilla del Estrecho, en aguas españolas usurpadas, resonaban los cañonazos británicos conmemorativos del robo del Peñón.

España hace mucho tiempo que perdió su respetabilidad internacional. Y los vecinos lo saben al sur y al norte. Ah, y también al oeste. Con Aznar y con ZP. Con Ana Palacio y con Moratinos. Con Bono y sin Bono. Sin UE y ahora con UE. Con Constitución Europea y sin ella.

El verdadero litigio nos espera más allá de Melilla y de Ceuta y de los islotes que permanecen aún en el ámbito de nuestra soberanía. Nos aguarda en la plataforma africana que linda con las Islas Canarias. Algo más que islotes, desde luego. Bastante más. Infinitamente más. El «protocolo» de Tánger (Mohamed VI-Bono) y el turismo de Moratinos no han sido bien vistos por Argelia ni por la representación legítima del Sahara. Que se lo digan a Mohamed Abdelaziz, secretario general del Frente Polisario, o a Buteflika. Ya veremos por dónde respiran los canarios ante tanta diplomacia de opereta, porque a ellos también les puede salpicar el petróleo y, nada digamos, la definitiva e incontestada adjudicación del Sahara occidental a la soberanía de Marruecos, del gran Marruecos, con o sin monarquía alauita, que esto último sería aún peor.

Lo dicho: si los intereses se complican, el futuro de nuestra presencia en torno al litoral africano, mediterráneo o atlántico será algo más que Perejil.

Carta de París
Política y estilo
Carlos Semprún Maura Libertad Digital 5 Agosto 2004

Me ha llamado la atención ver cómo la prensa gala ha intentado eludir al máximo la verdad en relación con los atentados contra cristianos en Irak el domingo pasado. Todos a una intentaban convencerse y convencernos de que no se trataba de un episodio de la guerra de religión, que no había guerra de religión, ni guerra de civilizaciones, que desde luego, hacer explotar coches-bomba ante iglesias, y además a la hora de la misa, era una barbaridad, pero sólo una más, ha habido tantas, que no se podrían sacar conclusiones apresuradas. Pues habrá que repetir tozudamente que la guerra que el Islam ha declarado a Occidente tiene, y no podía ser de otra manera, aspectos religiosos. Claro que todo el Islam no participa activamente en el terrorismo, claro que también se matan entre musulmanes, sunitas, chiitas, wahabitas, etc., si todos participan, más o menos, en esta guerra, cada uno se considera como el único y verdadero representante del Islam, y no tolera a los demás. Políticos inteligentes podrían utilizar estas contradicciones sangrientas, pero ¿dónde se esconden los políticos inteligentes?

Como estamos en verano, y en Francia no habrá elecciones hasta 2007, los franceses participan activamente en la campaña de las elecciones presidenciales en Estados Unidos, y resulta evidente que John Kerry tiene la mayoría absoluta. Todos, de derecha, de izquierda, del centro y de la periferia votan por el candidato demócrata. Cabe preguntarse lo que habrán pensado algunos de estos extraños electores sin derecho de voto, de ciertas recientes declaraciones de John Kerry, tanto o más nacionalistas y bélicas que las de Bush. Se dirán, me imagino, que eso no importa, con tal de que pierda Bush, que ha demostrado tanto desprecio por la grandeur française. Pues me temo que se van a llevar un chasco, Kerry, si gana, tampoco va a tomar en serio las ínfulas bonapartistas del Presidente Chirac. Implícitamente, al dar tanta importancia a lo que ocurre en Estados Unidos, los franceses reconocen, lo que por otra parte niegan, o sea, la supremacía de los USA en el mundo, y a trancas y barrancas, con éxitos y errores, su importancia en la defensa de la democracia en ese mismo mundo.

Volviendo al patio de la política interior francesa, también me llamó la atención lo poco que se han comentado las últimas declaraciones de Sarkozy reafirmando su intención, en su proyecto de presupuesto para 2005, de reducir del 0,2 % el presupuesto de todos los ministerios, incluyendo el de Defensa. Tal vez recordarán que eso fue motivo de bronca con Chirac, el cual se negó y profirió su célebre y tajante frase: “Yo decido, él ejecuta”. Pues Sarkozy no lo ha tenido en cuenta y sigue queriendo reducir el presupuesto de Defensa al mismo modesto nivel que los demás ministerios. Claro que sólo se trata de un proyecto, y veremos qué pasa. Es evidente que Francia no tiene ejército, pero tampoco tiene Educación Nacional, ni investigación científica, ni buenos hospitales, pero en cambio tiene funcionarios.

El Sahara, Marruecos, España
José María Carrascal La Razón 5 Agosto 2004

Era la obra maestra de la nueva política exterior española. La aproximación a Marruecos. Proyecto loable, al venirnos de allí desde el terrorismo islámico a la inmigración ilegal, pasando por la amenaza latente a Ceuta y Melilla. Mejorar las relaciones con Marruecos es, pues, un imperativo para nosotros. ¿Cómo? Las cuentas que se han hecho Zapatero y Moratinos son muy simples: para Rabat, el Sahara es la cuestión prioritaria. Aceptemos sus tesis y nos ganaremos su eterno agradecimiento. Es lo que han hecho en los últimos meses, desenganchándose de la tradicional postura española, que defendía la autodeterminación de los saharauis, las resoluciones de la ONU y el Plan Baker, para sostener que aquello requiere «una solución regional», que la ONU sólo debe intervenir para echar la bendición y que el Plan Baker debe meterse en la nevera. Vendido todo ello con tanta ingenuidad como malicia, a base de ofertas suculentas a los argelinos de nuevos contratos y dorando la píldora a los saharauis con el cuento de que es la mejor, si no única, forma de defender sus intereses. Naturalmente, ni unos ni otros han tragado, con lo que la diplomacia española ha entrado en una vertiginosa fuga hacia adelante de visitas, conversaciones y declaraciones contradictorias, con lo que a estas alturas ya no sabemos si sostiene la autodeterminación de los saharauis o no, si apoya el Plan Baker o lo rechaza, si piensa que la protagonista del proceso debe ser la ONU o no. Es a lo que conduce la ingenuidad unida a la ignorancia.

Pero es que ni siquiera si el plan Zapatero-Moratinos triunfase podemos estar seguros de obtener los réditos previstos. ¿Se creen ustedes que, tras haberse digerido el Sahara, Marruecos va a olvidar sus aspiraciones sobre Ceuta y Melilla? Yo más bien pienso lo contrario. Que una vez consolidado su frente sur, orientaría sus reivindicaciones hacia el norte y quien sabe si hacia el oeste, pues Canarias sigue en sus sueños. No resulta descabellado pensar que si hasta ahora los marroquíes se han mostrado muy cautos en todos esos terrenos es por su vulnerabilidad en el Sahara y saber el importante papel que aún juega allí España. Su otorgamiento de prospecciones en aguas en litigio con España es toda una advertencia de que la mejora de relaciones tiene límites.
Una última observación al respecto. Un rumor constante en los corrillos madrileños viene haciendo de Felipe González el inspirador del cambio de nuestra política hacia Marruecos. No lo creo. Y no sólo porque Zapatero no se inspira en González, sino porque hay alguien, mucho más próximo, que le ha señalado ese camino: Maragall. Maragall estuvo en Rabat a finales de mayo acompañado de un nutrido grupo de empresarios catalanes, entrevistándose con el rey y miembros de su gobierno. La Generalitat viene prestando una especial atención a Marruecos. Y ya saben lo que pesa la Generalitat en La Moncloa.

Gibraltar como síntoma
Pío Moa Libertad Digital 5 Agosto 2004

Parece bastante claro que Londres ha querido conmemorar con especial exhibicionismo el tricentenario de su ocupación de Gibraltar como una despectiva bofetada al gobierno español, por su bellaquería al romper la coalición en Irak y abandonar a los iraquíes, en lo que de España depende, a merced de los mismos terroristas, en definitiva, que asesinaron en Madrid a 191 personas. La felonía del zapatazo iraquí describe y califica a su autor, el mismo que cuando la crisis provocada por Mohamed VI con España fue a Rabat a sabotear a su propio gobierno y a fotografiarse bajo un mapa donde las Canarias figuraban con los mismos colores que Marruecos. El mismo personaje que prepara la traición completa a los saharauis para complacer a Mohamed y a Chirac.

Pero más allá de esos lamentables sucesos, Gibraltar es la mejor demostración del absurdo de haber abandonado España su tradicional política de neutralidad, que nos ha salvado de las peores carnicerías del siglo XX. Por efecto de ese abandono podría ocurrir que los españoles tuviéramos que defender el Gibraltar británico sin que los británicos tengan la misma obligación con respecto a Ceuta y Melilla, y a pesar de que la primera es una colonia, mientras que las otras dos ciudades son españolas (Ceuta portuguesa) desde antes de que Marruecos existiese como algo aproximado a una nación. ¿Qué clase de aliado es ese que retiene una colonia en un país “amigo” mientras abandona otra en un país teóricamente adversario como China? Con Inglaterra podría España, si dispusiera de gobiernos dignos, mantener relaciones de cortesía, pero de ningún modo una alianza, y menos en condiciones tan desiguales y humillantes para nosotros.

Las reacciones ante la conmemoración colonial también demuestran que nuestro país, debido a su lamentable clase política, no está en condiciones de defender su dignidad ni, por tanto, su neutralidad, viéndose obligada a obrar según conveniencias ajenas. Se ha difundido abundantemente la idea de que España no podría mantener la neutralidad en el panorama euroafricano actual, o de que neutralidad equivale a aislamiento. Sin embargo, examinada la situación fríamente, nada indica tales peligros. El único peligro exterior previsible viene de Marruecos, pero éste es un país militar y económicamente menor, y no plantearía un problema serio si España mantuviese una adecuada política de defensa, no agresiva, pero firme (política también inexistente, bajo el PSOE o el PP: todo se basa en que otros países más potentes nos saquen las castañas del fuego). Tampoco es probable que la UE o Usa quisieran provocar problemas en España como castigo a su neutralidad, pues si algo conviene a todos es la estabilidad de la península.

Ni hay base razonable para pensar en un aislamiento económico o político. El ejemplo mejor lo suministra Suiza, como ya indiqué en otro artículo: integrada en la economía europea, no sacrifica por ello un ápice de su soberanía. Sólo un infundado acomplejamiento histórico nos empuja a encerrarnos en una UE cada vez menos europea, que renuncia a sus raíces culturales, restringe nuestra influencia en su seno, y una de cuyas principales potencias tiene una colonia en nuestro territorio

EL GOBIERNO TROPIEZA EN GIBRALTAR
Editorial ABC 5 Agosto 2004

LA reivindicación de la soberanía sobre Gibraltar es un principio medular de la política exterior española, que siempre se ha mantenido tan invariable como la actitud británica de no discutir su autoridad sobre el Peñón. En este sentido, nunca ninguna parte se ha llamado a engaño sobre la otra, y cuando el contexto de relaciones bilaterales ha sido bueno, la cuestión del Peñón se ha mantenido en los límites tolerables de discrepancia entre dos Estados socios en la Unión Europea, en la OTAN y, en general, en la defensa de los valores democráticos. Sin embargo, lo que está sucediendo actualmente entre los Gobiernos de Londres y Madrid excede en mucho de la divergencia histórica de posiciones y empieza a afectar alarmantemente a un espacio diplomático en el que, ante todo, hay que saber situar el problema del Peñón en un nivel específico, que no comprometa la relación global entre España y el Reino Unido.

No hay duda de que el Gobierno británico ha hecho, con toda intención, un alarde soberanista sobre Gibraltar con motivo del tercer centenario de su ocupación. La visita de la Princesa Ana y del ministro de Defensa y el atraque del submarino nuclear «Tireless» -no podía ser otro- son muestras bien visibles de que Londres no va a ofrecer margen de negociación, pero también de que en este momento las relaciones con el Gobierno de Rodríguez Zapatero son significativamente malas y así será imposible cualquier avance, aun cuando fuera meramente formal. Nada sucede al azar. En política internacional, Rodríguez Zapatero está empezando a recoger pequeños anticipos de su gestión. La presión del Gobierno de Tony Blair es uno de ellos -como las licencias marroquíes a empresas petrolíferas para hacer prospecciones en aguas españolas-, y todo se enmarca en la precipitación con que el PSOE tomó decisiones muy trascendentes por puro cálculo partidista y de imagen, que han puesto a España en precario internacional. En la definición de su política hacia el Gobierno español, Londres no va a condonar la fuga de Irak ni la jura de fidelidad al eje franco-alemán, el cual, llegado el momento, tampoco condicionará sus relaciones con Blair para hacerle un hueco a Rodríguez Zapatero. Sería un error despreciar la reacción británica apelando a la buena relación personal entre Blair y Aznar. En todo caso, esa buena relación habría sido fruto de un talante personal, algo que el Gobierno socialista no se atreverá a impugnar por no dejar en mal lugar el santo y seña de su identidad política. Pero sucede que, gracias a ese talante, los Gobiernos popular y laborista tejieron poco a poco conversaciones sobre el Peñón, que iban ganando lenguaje más que resultado, e instaurando al menos una cierta normalidad en lo que hasta entonces era anormal.

Rodríguez Zapatero tiene que concretar la política sobre Gibraltar y abordar e insistir, antes que en reivindicaciones de ultimátum condenadas al fracaso, en la denuncia ante las instituciones europeas del estatuto económico fraudulento que tiene el Peñón. Bien está reclamar soberanía -porque la soberanía de España sobre el Peñón es irrenunciable-, pero la implicación efectiva de la Unión Europea vendrá dada no tanto por la demostración de que Gibraltar es un recordatorio ofensivo de colonialismo en Europa, sino porque es un enclave de opacidad financiera, lavado de capitales y otras prácticas irregulares que no pueden seguir disfrutando de impunidad. Se trata de exigir la aplicación de las leyes comunitarias para que realmente en toda la Unión Europea se juegue con las mismas reglas.

Homilía donostiarra
HERALDO DE ARAGÓN Editorial  5 Agosto 2004

EL ASUNTO sigue siendo extraordinariamente amargo, porque el número de víctimas de la barbarie de ETA es mucho mayor que el de los ochocientos muertos que ya ha causado. La sociedad entera es también víctima de los asesinos. El obispo de San Sebastián, Juan María Uriarte, ha pronunciado una comentada homilía, elogiada por los partidos nacionalistas del Gobierno Ibarretxe (PNV y EA) y la EB de Madrazo. También Arnaldo Otegi, líder batasuno y filoetarra, califica de "positivo" el deseo del obispo de que los presos de ETA estén en suelo vasco, como si fuera un derecho inconculcable. Por el contrario, el Foro de Ermua, el Colectivo de Víctimas del Terrorismo (Covite) y la asociación ¡Basta ya! han calificado con suma dureza el sermón. Para el Foro de Ermua, Uriarte es un "canalla"; para Covite, "no es ningún referente moral" ni exige "arrepentimiento" a los asesinos, además de que "nunca ha dado respuesta alguna a nuestras peticiones"; y ¡Basta ya! lo considera, sin más, "hipócrita". Uriarte, nacionalista y buen conocedor de la realidad vasca, debe prever estas esperables reacciones, que también cualifican el valor y la intención de sus palabras, y lo alejan de su obligación pastoral de unir, y no dividir, a su grey.

JOYCE ESCRIBÍA EN INGLÉS, PERO...
POR PEDRO GONZÁLEZ-TREVIJANO Rector de la Universidad Rey Juan Carlos ABC 5 Agosto 2004

CUALQUIERA que pase estos días estivales en tierras irlandesas, y de manera especial en sus ciudades más populosas (Dublín, Cork, Limerick, Waterford y Galway) se percatará inmediatamente de la numerosísima presencia de estudiantes españoles que pueblan sus calles, se solazan en sus parques y jardines (Phoenix Park o St. Stephen´s Green) y atestan sus tiendas y cafés. Todo se da por bueno con tal de mejorar nuestros tradicionalmente insuficientes conocimientos de inglés, por más que la primera lengua oficial de Éire o República de Irlanda sea el irlandés, y no el de la colonizadora Inglaterra. Basta con detenernos a leer con atención los nombres de sus monumentos, edificios y avenidas. O, si damos un paso más, asistir a las representaciones en el Abbey Theatre, o escuchar la música de sus conjuntos tradicionales, como el ya mítico The Dubliners.

De alguna manera, pues, el más verde de los Estados europeos, tanto por el color de su bandera, como, sobre todo, por el verdor de sus campos, la denominada Verde Erín, se españoliza por estas fechas, con la habitual llegada de nuestros conciudadanos. Una influencia que se constata también en el ámbito cultural, si se acude a la National Gallery of Ireland, entre cuyos fondos destacan cuatro lienzos de los más renombrados artistas españoles: la sobriedad del Retrato del Conde del Tajo (c. 1800) de Francisco de Goya; un elegante cubista Bodegón con mandolina de Picasso del año 1924; un enmascarado Pierrot de 1921 de Juan Gris; y, sobre todo, La sirvienta o La mulata, de Diego Velázquez, una obra, en palabras de Alfonso Pérez Sánchez (Velázquez y su tiempo, 1990), conceptista, ambigua y virtuosista, su primer trabajo conocido (1617-1618) -hay otra versión en el Chicago, Art Institute (1623-1624)-. No está de más, por cierto, el recordatorio del modelo velazqueño del Retrato de Inocencio X en los retorcidos Cardenales de Francis Bacon, el más internacional de los pintores irlandeses.

Pero vayamos a la actualidad política, pues a esta españolización de la República de Irlanda parece haberse producido una simultánea irlandización del Reino de España, toda vez que hemos tenido conocimiento de la probable solicitud por parte del Gobierno de la cooficialidad del catalán, gallego y euskera en el ámbito de la Unión Europea, a semejanza de lo que acontece con el gaélico. Su fundamentación se encontraría en el trato privilegiado del que disfruta el irlandés. El gaélico goza, es cierto, de un status particular que habilita que los textos más sobresalientes de la Unión Europea sean traducidos al irlandés, mientras brinda la posibilidad de dirigirse en dicho idioma a los órganos comunitarios. Aunque no cabe su utilización como lengua de trabajo comunitario, ya que el uso indiferenciado del inglés por sus ciudadanos no justifica una mayor consideración de oficialidad.

En efecto, la Constitución irlandesa de 1937 (Bunreacht na hÉireann) dispone que «La lengua irlandesa en cuanto lengua nacional es la primera lengua oficial», si bien, se afirma además, que «se reconoce la lengua inglesa como segundo idioma oficial (artículo 8. 1 y 2)». ¡Quién lo diría, el inglés, como segunda lengua, en un país que ha dado tan excelentes escritores a dicha literatura!: el militante y reivindicativo Jonathan Swift, autor de los inolvidables Viajes de Gulliver; el controvertido Oscar Wilde, quien se describía como «francés de corazón, por ascendencia irlandés, y por los ingleses condenado a hablar la lengua de Shakespeare»; el modernísimo James Joyce, que pasea en el ulisiano Dublín, durante dieciocho horas, al estudiante Stephan Dedalus y al señor Leopold Bloom; el poeta y senador William Butler Yeats, galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1923; el dramaturgo y marxista convencido, George Bernard Shaw, asimismo Premio Nobel de Literatura en 1925; el afrancesado Samuel Beckett, padre del teatro del absurdo, y también Premio Nobel, en 1969, que tanto gustaba de la lengua de Molière; y el más reciente y menos conocido poeta y ensayista Seamus Heaney, pero investido de igual modo con la aureola inmortal del Premio Nobel en 1995.

Sin embargo, la República de Irlanda está en la actualidad decidida a reclamar la plena cooficialidad del irlandés, con la consiguiente modificación del Reglamento por el que se fija el régimen linguístico de la Comunidad Económica Europea de 6 de octubre de 1958 (artículos 1 y 3), en el que se prescriben, como idiomas oficiales, el inglés, francés, italiano y holandés. Algo que, de producirse, sería aprovechado por España para requerir igual tratamiento de sus lenguas autonómicas. A su favor se esgrimen la Carta Europea de las Lenguas Regionales o Minoritarias, de 5 de noviembre de 1992, ratificada por España en septiembre de 2001, donde se postula «el reconocimiento de las lenguas regionales o minoritarias como expresión de la riqueza cultural» (artículo 7. 1 a); la Resolución del Consejo de Europa, de 14 de febrero de 2002, relativa a la promoción de la diversidad lingüística y el aprendizaje de lenguas en el marco de la realización de los objetivos del Año Europeo de las Lenguas de 2001, y la del Parlamento Europeo, de 4 de septiembre de 2003, sobre Las lenguas europeas regionales y menos difundidas; así como últimamente el artículo II-22 de la Constitución europea de 2004, al afirmarse: «La Unión respeta la diversidad cultural, religiosa y lingüística».

La situación al día de hoy en la Unión Europea es la existencia de veinte lenguas oficiales, entre ellas el español, mientras que las de nuestras Comunidades Autónomas, a pesar de haber alcanzado cierta cooficialidad, de suerte que la Constitución europea sea traducida a las mismas, no son susceptibles de utilización directa en sus instituciones. Unas futuras solicitudes, tanto la irlandesa, como, en su caso, la española, nos tememos, a pesar de todo, problemáticas de cuajar. La incorporación de las nuevas lenguas oficiales, tras la reciente ampliación comunitaria -por ejemplo, el checo, el eslovaco y el maltés, ya que Grecia disponía antes de un status oficial, y Chipre no ha aportado sin embargo la suya- pueden imponer una redefinición restrictiva.

Sea como fuere, de la trascendencia de la cuestión linguística son buen ejemplo las palabras del Presidente Eamon de Valera, el conocido como De Gaulle irlandés, cuando subrayaba en los años de contienda con la metrópoli británica, que «era preferible una Irlanda sin libertad, pero con lengua propia, que una Irlanda libre, pero sin lengua». En palabras gaélicas, Gan teanga, gan tír, esto es, «Sin lengua no hay patria». Afortunadamente esto no acontece hoy con nuestras lenguas autonómicas, ya que la Constitución de 1978, tras afirmar simultáneamente el deber constitucional de conocer el castellano, la oficialidad de las demás lenguas españolas en el ámbito de sus respectivas Comunidades Autónomas, y la consideración de patrimonio cultural protegible de nuestras modalidades linguísticas (artículo 3), ha auspiciado su generosísimo desarrollo.

El comportamiento de Bono
Cartas al Director ABC 5 Agosto 2004

El nombramiento de José Bono como ministro de Defensa ha puesto en evidencia ante todos los españoles lo «gaseoso» del personaje.

Y digo «gaseoso» porque, después de pocos meses en la primera fila de la política nacional, se ha ido evaporando esa buena imagen que tenía, muy especialmente por sus posiciones respecto del separatismo vasco y catalán.

Aparte de episodios como el de la medalla o el del helicóptero, que son algo más que meras anécdotas, ahora, respecto del separatismo catalán, resulta que él, junto con el Gobierno al que pertenece, traga con lo que sea porque son sus compañeros, los socialistas catalanes, los más separatistas.

Pero lo que es inaceptable e inmoral es que ponga en el mismo plano a ETA y al ex ministro del Interior, Ángel Acebes. Afirmar eso es dar un balón de oxígeno a ETA -reconociéndole un valor ético, el de no mentir- y al tiempo enfangar a un ministro de España poniéndole por debajo de aquellos a quienes combatió con eficacia, con firmeza y con evidente éxito.

Afirmar eso es insistir en la insidia con la que pretende este Gobierno justificar su victoria electoral. Y es que parece que hay un «terrorismo malo», el islámico, y un «terrorismo bueno», el de «nuestros chicos» de ETA, que matan pero son de fiar.

Un hombre que dice tener principios como el señor Bono, que hace alarde de ellos, que fundamenta su presencia en la política en la defensa de unos valores éticos y morales, ha de saber que lo que ha dicho es inmoral.    Rosa María Oria Vázquez.     Palacios de Sanabria (Zamora).

El Gobierno ve «difícil» incluir las lenguas propias como requisito para ser juez
L. R. N. La Razón 5 Agosto 2004

Madrid- El Gobierno considera «difícilmente asumible en estos momentos» la propuesta del Parlamento catalán de introducir el requisito lingüístico –el conocimiento de la lengua propia de la comunidad autónoma– para el acceso a la Judicatura y resto de cuerpos de funcionarios de la Administración de Justicia. Así lo expone el Ejecutivo en una respuesta parlamentaria por escrito al senador del PP José Blas Fernández, quien se interesó por los criterios que maneja el Gobierno para reformar la Ley Orgánica del Poder Judicial (LOPJ).

En la respuesta, a la que ha tenido acceso Efe, el Gobierno argumenta que la proposición de ley del Parlamento de Cataluña, admitida a trámite por el Congreso de los Diputados, es una «postura de máximos» y advierte de las «tremendas disfuncionalidades» que supondría «a todos los niveles» su puesta en marcha.

Sin embargo, la Generalitat continúa con su política de potenciar el catalán en todo lo relacionado con la Administración de Justicia, y, en concreto, en los juzgados. En un nuevo plan de «normalización lingüística» se pretende «conseguir que la mayoría de las actuaciones judiciales sean preferentemente en catalán».
 

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