AGLI

Recortes de Prensa     Viernes 6 Agosto 2004

Ante nuevos tiempos
Pío Moa La Razón 6 Agosto 2004

Vidas como la de Silvia

Iñaki Ezkerra La Razón 6 Agosto 2004

Dime con quién vas

Aleix Vidal-Quadras La Razón 6 Agosto 2004

En castellano y desde El Escorial

EDITORIAL Libertad Digital 6 Agosto 2004

Maragall no descansa
Editorial El Ideal Gallego 6 Agosto 2004

Talón de Aquiles
Editorial La Razón 6 Agosto 2004

FÍSICA RECREATIVA DEL PSOE
Valentí PUIG ABC 6 Agosto 2004

¡QUÉ CARGANTE!

Carlos HERRERA ABC 6 Agosto 2004

Cerrado hasta septiembre

ALFONSO DE LA VEGA La Voz 6 Agosto 2004

Alarma permanente
Editorial El Correo  6 Agosto 2004

Asalto al poder

Francisco Marhuenda La Razón 6 Agosto 2004

¡Incultos!

Mikèl GARÀU ROSSELLÓ La Razón 6 Agosto 2004

El PP tacha a Maragall de dinamitero de la Constitución y exige a Zapatero que le ponga coto
EFE
Libertad Digital  6 Agosto 2004

«El pueblo vasco no existía ni existirá en miles de años», dice Álvarez Junco
Eva Muñoz La Razón 6 Agosto 2004

Paul Johnson: «España me ha decepcionado; se comportaron como cobardes en Iraq»
Redacción La Razón 6 Agosto 2004

Víctimas critican la presencia de dos consejeros vascos en el homenaje a Uria
AGENCIAS MADRID BARCELONA  El Correo 6 Agosto 2004


 


Ante nuevos tiempos
Pío Moa La Razón 6 Agosto 2004

Durante la guerra civil, Azaña, desesperado ante lo que llamaba «palabrería y deslealtad» de los nacionalistas catalanes, advertía a Negrín: «Ya salen las combinaciones. Son como la yedra. Se le subirán a usted por las piernas, hasta envolverlo». Y poco más tarde: «Como yo me figuraba, Companys y sus amigos han pretendido aprovechar la ocasión para sacar ventajas políticas y han insinuado alguna combinación, encaminada a predominar en el Gobierno, o absorberlo (…) (Negrín) se ha negado a todo y les ha dicho que se mantendrá estrictamente en el Estatuto». También presionaba Aguirre: «ha tenido la ocurrencia de proponer a Negrín que celebremos una conferencia los cuatro presidentes (como si fuesen de países distintos). Tratarán de envolverlo de mil maneras, siendo una de las más peligrosas, e inaceptable, la de marchar de acuerdo». Me viene esto a la memoria ante los increíbles ejercicios de hipocresía y de perversión del lenguaje por parte de Maragall e Ibarreche, para abrir vía a sus planes secesionistas. El sabiniano declara nada menos que busca el acuerdo «entre las naciones y regiones» para formar «un Estado común». El estado común ya existe, y justamente él y otros quieren destruirlo. Como confesar abiertamente ese designio suscita resistencias excesivas, él y Maragall disfrazan de mil maneras la idea: la unidad del estado subsistiría (por un tiempo) pero como una cáscara vacía, sin contenido real.

Ya en la transición ambos nacionalismos, de siempre hostiles a la monarquía, sintieron un repentino apego por ella y por un Pacto con la Corona, como manera de integrarse, decían, en el «Estado». Naturalmente, ello implicaría un «pacto» entre entidades soberanas (las respectivas regiones) y una entidad desprovista de soberanía, como es la Corona en un estado democrático, mientras se birlaba subrepticiamente la soberanía al pueblo español.
 Afortunadamente la trampa falló, pero indica esa increíble capacidad de enredo: «como la yedra», sentenció Azaña.
Para llevar adelante sus fines, los nacionalistas proponen reformar la Constitución. ¿Por qué no iba a hacerse?, declaran inocentemente, ¿acaso no sería una muestra de vitalidad y adaptación a las circunstancias cambiantes, mientras que mantenerla intocable correría el peligro de esclerotizar la ley? Nada más lógico y normal. El problema reside, precisamente, en esas circunstancias a las que debiera adaptarse la Constitución. Y esas circunstancias consisten en la ruina de la democracia en Vascongadas y su fuerte erosión en Cataluña. Pues no existe democracia real allí donde los representantes de la oposición no nacionalista son amenazados sistemáticamente y asesinados a menudo por los nacionalistas violentos; donde tanta gente se ve obligada a llevar guardaespaldas para proteger sus vidas y muchos miles se han visto obligados a dejar aquellas provincias en una política subrepticia de limpieza étnica; donde la policía autonómica manejada por el PNV sólo ha perseguido de modo esporádico a los asesinos, o aun al terrorismo de baja intensidad; donde uno de los más sanguinarios jefes del terrorismo ha sido miembro de la comisión parlamentaria de derechos humanos, anécdota definitoria de la realidad; donde el poder nacionalista ha extendido una vasta red de clientelas y subvenciones que nutren incluso a los grupos afines a los pistoleros; donde los nacionalistas violentos y supuestamente moderados defienden todos a una a los asesinos presos, identificándolos no como delincuentes, sino como «presos vascos», detenido al parecer por serlo o por defender a «Euskadi», etc, etc. Han sido precisamente el Estado y sus fuerzas policiales los que han defendido a la sociedad vasca e impiden por ahora el completo hundimiento de la democracia.

Y en Cataluña la política lingüística vulnera desde hace muchos años los derechos de la mitad de la población; la enseñanza sufragada con los impuestos de todos se utiliza para difundir las tesis nacionalistas; se fomenta un clima de animadversión o desprecio hacia el resto de España, y de boicot y aislamiento, sin excluir las agresiones físicas, a cuantos discrepen de los nacionalistas; la Prensa, muy intervenida por el poder, es probablemente la menos pluralista de España, etc. La violencia es mucho menor que en Vascongadas, pero la presión permanente del poder va en el mismo sentido, de reducir a ciudadanos de segunda a buena parte de los catalanes. Que sean los partidos responsables de tales hechos quienes pretendan reformar la Constitución de acuerdo con sus intereses (los cuales al parecer no existen. Son siempre los intereses «de Euskadi» o «de Cataluña», insisten con un estilo reminiscente del de la Falange cuando hablaba en nombre de España), revela la situación.

Es muy posible que la Constitución necesite cambios, pero los mismos sólo pueden tener sentido –sentido democrático–, si parten de estas circunstancias y tratan de corregirlas, no si buscan legitimarlas y ampliarlas. De otro modo estaríamos claudicando ante el intento de los matones de imponer su ley a los demás. Y una claudicación tal no sólo estragaría la democracia en Vascongadas y Cataluña, sino en toda España. ¿Tienen probabilidades de salirse con la suya? A mi juicio las tienen casi todas. Zapatero ha comenzado su mandato abandonando a los iraquíes, en lo que de él depende, en manos de los mismos terroristas que atentaron en Madrid. Y ha demostrado su proclividad a ceder al terrorismo interno, aliado y disimulado con el nacionalismo de imagen moderada. En su mentalidad, la idea de España carece de valor, pues él tiene, como recordaba Julián Marías del PSOE en general, una idea negativa de su historia. Lleno de vagas ideas abstractas y presuntamente humanitarias, la desintegración del país no le da frío ni calor. No recuerdo ninguna declaración taxativa suya en defensa de España y hasta la propia renuncia a la firma de la Constitución Europea en Madrid revela algo. Intelectualmente vacuo, pero hábil en los trucos de la demagogia, sabrá disfrazar de «generosidad», quizá también de «valentía», el proceso de claudicación ante quienes están amenazando la democracia y la unidad del país. Y negará con osadía, al propio tiempo, que exista tal amenaza.

Mi pesimismo nace de la simple memoria de los hechos. La victoria electoral de Zapatero, tan llena de «cosas extrañas», fue saludada con esperanza por personajes tan significativos como Fidel Castro, jefes del terrorismo islámico, nacionalistas catalanes compinchados con la ETA, representantes de la ETA misma, etc. Ojalá me equivoque y esto cambie, pero hasta ahora Zapatero no ha hecho nada por desilusionarlos. Al contrario. Este proceso de ruina democrática, por mucho que lo disfracen, no puede tener conclusión feliz, ni siquiera pacífica, probablemente. Significa una ruptura de las reglas del juego, esa tentación en la que tantas veces ha caído la izquierda en España durante el siglo XX, y siempre con las peores consecuencias. Tengo la impresión de que la época de problemas graves, pero llevaderos, a la que estábamos acostumbrados, va dando paso a nuevos tiempos de conflictos de arreglo mucho más difícil.    Pío Moa es escritor e historiador

Vidas como la de Silvia
Iñaki Ezkerra La Razón 6 Agosto 2004

Anteayer, 4 de agosto, se cumplían dos años del atentado de Santa Pola, de aquella bomba de ETA que se llevó la vida de Silvia, una niña de seis añitos que era hija de un guardia civil y que vivía en esa casa cuartel, así como la de Cecilio, un señor de cincuenta y siete que esperaba al autobús. Pérez Rubalcaba dice que ETA siempre avisa y que nunca son indiscriminados sus atentados. No entiendo adónde quiere ir a parar Rubalcaba. ¿Era Silvia un objetivo militar? ¿Lo era ese vecino que tenía, sin saberlo, un billete para la muerte? ¿Serían menos asesinatos ésos que los del 11-M si ETA hubiera llamado por teléfono?

Ante el terrorismo que viene de Euskadi o de Marruecos lo que está fallando es cultura democrática, sensibilidad básica y sentido común. No hay día en que un político o cualquier otro personaje público no diga una estupidez. Si no es Rubalcaba es el obispo Uriarte, que tiene de hace años rayado el disco ese en el que pide el acercamiento de los presos de ETA y una «nueva fórmula de convivencia» para el País Vasco. La arenga política de Uriarte es buena noticia porque evidencia que está solo. El nacionalismo quiere una nueva pastoral que bendiga el Plan Ibarretxe pero tendrá que conformarse con las tonterías de Uriarte y Setién o con algún manifiesto de doscientos curas. Los obispos de Vitoria y Bilbao no se atreven ya a firmar algo así tras el tirón de orejas de la Conferencia Episcopal. Fue eficaz aquel texto pero en él también la Conferencia desbarraba pues hacía valer la unidad de España gracias a la presión de Aznar y por la vía histórico-dogmática cuando esa unidad no hay que defenderla en nombre de otro valor que las vidas individuales, pequeñas, concretas de los ciudadanos. Vidas como la de Silvia y Cecilio segadas por una ideología que no repara en el coste humano. Vidas que, con la secesión, quedarían hipotecadas en proyectos nacionales que históricamente siempre se saldaron con sangre. Vidas individuales, pequeñas, concretas… Con la excusa de ganar para la democracia al electorado de la extinta Batasuna o –dicho más prosaicamente– de absorber sus votos, el PNV se pierde hoy moralmente y absorbe los valores de ETA. Los presenta como válidos cuando de lo que se trataba era de salvar al hombre, no a la ideología que lo deshumanizó y llevó al asesinato. Ideología por la cual Azkuna, el alcalde de Bilbao, sigue hoy, por cierto, sin condenar el atentado de Santa Pola.

Cuando los atentados del 11-M, Toñi, la madre de Silvia, escribió una emotiva carta a los periódicos y llamó a la AVT para ofrecer su ayuda. ETA le había quitado a su niña pero ese dolor no la encerró en sí misma, sino que la hizo solidaria. ¿Tan difícil es entender esto? ¿Por qué las víctimas latinoamericanas del 11-M no piden a Latinoamérica solidaridad contra ETA? ¿Por qué se divide a las víctimas? ¿Tendrá que recordarnos ETA quién es?

Dime con quién vas
Aleix Vidal-Quadras La Razón 6 Agosto 2004

En una reciente rueda de prensa, Arnaldo Otegi se ha negado a reconocer que el largo período transcurrido sin que ETA haya vuelto a asesinar revela una grave merma en su capacidad operativa. Las expresiones que ha utilizado para resistirse a la evidencia demuestran de nuevo el estado de delirio en el que viven los que, como el portavoz de Sozialista Abertzaleak, han perdido todo referente moral en su actividad política y aceptan los delitos más repugnantes como un instrumento legítimo de defensa de sus posiciones. Ha acusado de «irresponsabilidad política» a los que apuntan a la necesidad de una tregua y ha anunciado que no iba a «entrar en especulaciones» sobre la aparente impotencia de la organización mafiosa para llevar a cabo acciones violentas porque eso representaría caer en –y vuelta con el mismo sonsonete– la «irresponsabilidad política». Este tipo de lenguaje fingidamente propio de las declaraciones de un responsable público que comentase asuntos normales del debate colectivo en el seno de una sociedad abierta causa casi tanto asco como los propios crímenes de sus conmilitones porque no hay peor aberración que hablar de lo inaceptable como si formase parte del panorama ordinario de las cosas cotidianas.

Ahora bien, la raíz de la tragedia vasca, que extiende sus tentáculos venenosos hasta transformarse en drama español, no se encuentra en la aviesa locura que padecen Otegi y sus correligionarios. Ésos son los síntomas del mal que tortura a nuestro país desde hace cuatro décadas. El origen profundo de cada una de las brutales transgresiones del orden civilizado que comete ETA está en las estrategias, actitudes, complicidades y mentiras del nacionalismo vasco considerado moderado. Cuando hace pocos días el presidente del Gobierno recibía sonriente en La Moncloa al lehendakari y, tras departir con él amigablemente por espacio de dos horas, le mostraba en su papel de anfitrión educado las dependencias de su residencia oficial, acompañaba por pasillos y salones en gesto de bondadosa distensión al máximo responsable de la persistencia en el tiempo del horror sangriento que periódicamente nos golpea con el coche bomba o el tiro en la nuca.

Basta observar la impudicia con la que Ibarretxe coincide públicamente con los batasunos en la tesis de que únicamente la convocatoria de una consulta popular en los territorios vascos pondrá las bases para la que con escarnio denominan «pacificación», o los gestos de amistosa cordialidad, abrazos y parabienes incluidos, con los que miembros de su gobierno felicitaban al consejero delegado de «Egunkaria» tras su excarcelación, en nada disimulada confraternización con Arnaldo Otegi, que también prodigaba zalemas y buen humor en el homenaje, para advertir que todo este tinglado viscoso constituye una única trama en la que los papeles se reparten según las exigencias del guión.

En castellano y desde El Escorial
EDITORIAL Libertad Digital 6 Agosto 2004

Como los alumnos que suspenden asignaturas y tienen que recuperarlas durante el verano, Zapatero asiste desde Menorca a otras “dos tardes” de clases intensivas parecidas a las que le brindó Jordi Sevilla. Esta vez son de independentismo, en castellano y desde El Escorial.

Hasta la serrana localidad madrileña donde Felipe II sentó sus reales se han acercado Ibarreche y Maragall. Un vasco y un catalán, ambos, por ahora, españoles. Un democristiano y un socialista, ambos, para siempre, nacionalistas. En 24 horas han repasado la lección con el presidente. El vasco le pide que no sonría tanto y conceda al País Vasco lo mismo que promete para Cataluña. El catalán le recuerda dichas promesas y anima a Chaves, el andaluz, para que la vuelta a clase en septiembre sea toda una celebración de la España asimétrica y plural. Asimétrica, plural y nacida bajo la noble sombra de los centenarios pinares de El Escorial.

Muy poco después de la conmemoración oficiosa de los Cien Días de paz socialista asoman por las carteras de los ministros Gibraltrar, Marruecos, País Vasco, Cataluña... Andalucía, los datos económicos y nuevos agujeros negros. Ya dijo Zapatero que se llevaba a Menorca “algo de trabajo”. De momento, posa con Sonsoles y se deja arrullar por un buen ensayo de Paul Krugman, el más reciente, y acaso mentiroso, de los premios Príncipe de Asturias.

Ibarreche hace dos días pedía “valentía política, además de sonrisas”. No para acabar con ETA o para desvelar todo lo que ha quedado oculto tras la matanza sin nombre del 11 de marzo. No, nada de eso. El terrorismo, verdadero problema que hoy aflige a la Nación, siempre puede esperar. Para el lehendakari lo importante es llegar lo antes posible a un acuerdo entre el País Vasco y el Estado español. Si no fuese porque estamos acostumbrados a este tipo de manifestaciones quizá hasta nos sorprenderían. El País Vasco, entendemos que Ibarreche se refería al Gobierno Vasco, no es cosa diferente al Estado español sino parte integrante del mismo. Lo que pide el lehendakari sin saberlo es que el Estado llegue a un acuerdo consigo mismo. Y ese acuerdo lo firmó la Nación española por abrumadora mayoría en diciembre de 1978 dotándose de una Constitución que, entre otras cosas, permitió que Ibarreche sea lo que es y viva de lo que vive.

Ibarreche, evidentemente, no ha hecho esa lectura. Lo que pretende es que el Estado español, encarnación política de la Nación, llegue a un acuerdo con los nacionalistas vascos, y con nadie más. Porque, le guste o no, el célebre plan que ha dado más vueltas que Rocambole no es ni de lejos del agrado de todos los habitantes de aquella Comunidad Autónoma. Esto no le interesa. Para Ibarreche, encarnación política de Javier Arzallus, los vascos (y las vascas) son exclusivamente los que celebran el Aberri Eguna y tienen la ikurriña como representación única de una Euskal Herria milenaria, que no por fantasiosa y delirante es menos perniciosa para la causa de la libertad en España.

La conferencia de Maragall de hoy ha sido más, digamos, conciliadora. En lugar de hablar de Cataluña y el Estado Español ha preferido valerse de un socorrido “el resto de España”, en un guiño a su audiencia, a la que tenía enfrente, en el auditorio, y a la que le escuchaba con atención desde la lejana isla de Menorca. Maragall tiene más oficio, y eso se le nota, y además está a la vista que él es quien manda, pone y quita a su antojo. Ha dado por hecho que Zapatero va a cumplir no se sabe bien qué promesa relativa a no se sabe bien qué Estado Federal.

Pero como buen jugador, curtido en mil intrigas, Maragall ha sacado hoy a relucir su as maestro, Andalucía. ¿Amor por la gente y las tradiciones del sur? Posible pero improbable. ¿Ocho millones de habitantes que deciden unas elecciones y bien movilizados pueden derribar a un gobierno? Seguro. Tan seguro como que el PSOE le debe su mayoría, La Moncloa y el veraneo en Menorca al emparedado electoral catalano-andaluz.

Desconocemos si Chaves otorgará callando u osará llevar la contraria al President. Por fortuna ni Andalucía ni los andaluces han enveredado por la cosa aldeana del hecho diferencial. Confiemos en su sabiduría de siglos y en su proverbial sentido común. Pero que Maragall no pierda la esperanza, siempre le quedará Camacho, el alcalde de Marinaleda.

Maragall no descansa
Editorial El Ideal Gallego 6 Agosto 2004

Maragall parece dispuesto a no dejar descansar a Zapatero, y al resto de su propio partido, en el primer día de vacaciones del presidente del Gobierno. Pese a que ambos mantendrán en los próximos días una reunión de carácter informal en Menorca, el dirigente de la Generalitat no ha querido esperar y ha reabierto el debate autonómico en contra de la postura del Ejecutivo socialista, que no quiere condicionar una posible reforma constitucional. La brecha que aún no se había cerrado en el seno del PSOE a causa de las reiteradas pretensiones de la formación catalana está ahora a punto de agrandarse tras la advertencia del líder del PSC de que no consentirá un cambio en la Carta Magna que no denomine expresamente a Cataluña como nacionalidad histórica. Desde la dirección federal ya han surgido numerosas voces que rechazan los privilegios o las diferencias entre regiones, pero lo que no pueden negar, a pesar de las formas de Maragall, es que éstas intentan que se reconozcan sus singularidades. Las reticencias en el PP sobre cualquier cambio en el texto aprobado en 1978 contrastan con las tesis del propio Manuel Fraga, que recientemente, en la entrega de las Medallas de Galicia, volvió a reclamar la mejora del Estatuto y la modificación de la Constitución. Está claro que cada región sigue su camino en el objetivo de conseguir sus reivindicaciones, unos con mayor fortuna que otros, especialmente a la hora de expresarse, pero en algo acertó el ex alcalde de Barcelona: el debate será movido y nada fácil para el PSOE y sus familias en su nueva etapa en el poder.

Talón de Aquiles
Editorial La Razón 6 Agosto 2004

Ceuta y Melilla son el talón de Aquiles de España frente a la marea islamista. Las dos ciudades españolas en el norte de África tienen una población musulmana, que, para cuando acabe esta Legislatura, será casi la mitad del censo. Allí se nutre el fermento islámico e islamista. El primero como señal de identidad y de pertenencia cultural; el segundo como hervidero de fanatismo propicio para el yihad. Marruecos ha creído intuir que Ceuta y Melilla han pasado de ser dos objetivos de liberación nacional, a convertirse en dos posibles focos de desestabilización en todo el Mediterráneo occidental. Y así lo quiere hacer saber a España. Al Qaida está buscando aliarse con la protesta endémica de decenas de miles de hispano-marroquíes de ambas ciudades, que tienen como única «guía espiritual» la de las mezquitas oficiales o rebeldes. Ben Laden juega con el difuso sentimiento extendido en la Umma Islámica de que «ambas ciudades musulmanas ocupadas» son el talón de Aquiles de Al Andalus, a su vez mito arrebatado por la España de las Cruzadas. Si Al Qaida proclama la yihad en Ceuta y Melilla, España y Marruecos serán arrastrados a una crisis que ninguno de los dos reinos desea.

FÍSICA RECREATIVA DEL PSOE
Por Valentí PUIG ABC 6 Agosto 2004

LA ciencia física no se había complicado tanto como hoy cuando Walter Bagehot, sabio consistente y sardónico, indagó las conexiones entre la física y la política. El director de «The Economist» escribía a finales del siglo XIX sobre el proceso de imitación inconsciente como fuerza que moldea el desarrollo de las naciones. También en la acción del Gobierno actual del PSOE pueden buscarse normas aproximadas de equiparación entre la antigua física y la nueva política. En primer lugar, algo tiene que explicar cualquier día la falta de reacción pública ante el plumazo que dejó en el limbo las reformas educativas propiciadas por el PP. «Identifica todo reencuentro con la idea de autoridad o de recompensa al esfuerzo, y desautorízalo», parece ahí ser la norma física acatada por Zapatero. Falta por ver cómo evolucionan las relaciones entre el Gobierno y la Iglesia, del mismo modo que hay que ver qué hace el Gobierno tripartito catalán con la escuela concertada. Mientras tanto, persiste un sistema educativo enfermizo, átono y sin competitividad.

«Mantén la libreta de ahorros que heredaste y luego gasta según creas que es lo más popular», es el mensaje físico que se agazapa en la cartera ministerial del vicepresidente Solbes para cuando terminen las vacaciones de agosto. Quedan en el anaquel el precio del petróleo, las deslocalizaciones y la idea de que rebajar impuestos también es de izquierdas. «Olvida que el Gobierno anterior cercenó el potencial asesino de ETA y descubre una furgoneta cada cinco días», es la norma para una política de seguridad nacional, mientras Al Qaida pulula por las alcantarillas. Es este caso, aquella física mantenía que los seres humanos son ciudadanos de costumbres, tan indiferentes a la noción de riesgo colectivo que optan por negar la amenaza. En cultura, la física más bien queda superada por la fumistería: «Honra a Neruda, afírmate en la excepción cultural y abrázate a los abajofirmantes»: es la ley que cunde, ajena a las mutaciones de la tercera cultura y a la independencia crítica. Eso da mucha nutrición neuronal a los columnistas antisemitas, antisistema y caducos.

EN Defensa, la ley de Bono adjudica condecoraciones en plan de aprobado para todos: «Arrebózate en el pacifismo aunque, soberanamente, pases por alto el sentido del ridículo y la autoestima de las fuerzas armadas». Ahí el efecto físico complementa los efectismos de la nueva política exterior: «Quede bien deslindada la política de caer bien de la ruda política de los intereses nacionales». Según la costumbre, de esta distanciación dependen pocos votos, aunque Marruecos y Gibraltar estén en los titulares. Al fin y al cabo, el «sí» o el «no» al Tratado Constitucional de la Unión Europea cuenta poco porque todo va a depender del referéndum en Francia, nueva aliada de privilegio frente al resto de Europa.

«BUSCA un hueco entre Ibarretxe y Maragall, para salirte del paso»: es un principio de física arcaica que queda bien aunque genere chirridos en el PSOE y contribuya a la confusión general en Cataluña. En este caso, existe una norma física complementaria: «Ignora el pasado, sométete al diálogo carente de límites y acaba sin conocer tu propio rostro». Como siempre, el infierno acaba empedrado de buenas intenciones. Por contraste, otra ley de la vieja física sostiene que los Gobiernos tienen que gobernar, sobre todo cuando se le agotan los recursos al empeñarse en demostrar que el Gobierno anterior ya no gobierna. Ya más en plan de teoría psicológica, Bagehot dijo que el mayor error es tratar de ser más agradable de lo que uno pueda ser.     vpuig@abc.es

¡QUÉ CARGANTE!
Por Carlos HERRERA ABC 6 Agosto 2004

SERÁ la cosa esta del verano, que reblandece hasta los espíritus más rocosos, pero hay tres o cuatro asuntos ante los que este humilde cronista reconoce ceder los trastos. Tal vez sea que agosto es un mes en el que la densidad informativa se disuelve por razones obvias y los medios de comunicación insistimos en lo que hay, que no es tanto como días atrás, y ello provoca cierta sensación de carga sin aliviar. Gibraltar y su circunstancia es uno de esos asuntos cargantes con los que llevamos desayunándonos desde que cerró por vacaciones la Comisión de investigación del 12, 13 y 14-M, y no del 11 y de lo que pasó antes, infinitamente más importante.

Voy a estar de acuerdo por una vez con Iñaki Anasagasti cuando dice que a los españoles les importa bastante menos de lo que parece el asunto de la colonia y su peñazo. Ese trámite diplomático en el que hay que leer entre líneas y, a ser posible, entre letras, ha dado momentos de carga notable a los consumidores de información y ha brindado la oportunidad a unos cuantos tontos a decir lo que se espera de ellos, que no es otra cosa que simplezas: a pocos puede extrañar que los separatistas de ERC o los okupas intelectuales de la izquierda sin regenerar consideren que Gibraltar está bien como está, que pidan la independencia absoluta del territorio y que de paso aprovechen para despreciar un poco más a Ceuta y a Melilla metiéndolas en el mismo saco colonial.

El sandio de guardia de los republicanos catalanes ha llegado a decir, incluso, que resulta paradójico que el Gobierno español no reclame los territorios de la Cataluña Norte ocupados por Francia, lo cual redunda en la teoría de que el calor no le sienta bien a los cerebros fantasiosos. Pero no es el de Gibraltar la única cuestión fastidiosa de este agosto que corre y que ya se está yendo con sólo empezar: el presidente Rodríguez ha vuelto a mencionar la palabra mágica -«diálogo»- en la primera declaración que ha efectuado a pie de escalerilla. Resulta cargante, ciertamente. En la vacuidad habitual de sus exposiciones, Rodríguez ha asegurado que va a encauzar esta crisis recurrente con «un poco de tiempo y con diálogo», lo que resulta una obviedad más de las muchas que enfatiza a diario. Tiene el inquilino monclovita, efectivamente, la previsible tendencia a enfatizar hasta la náusea cualquier frase programática: su discurso acostumbra a tener el tono de la arenga y si no está ocupado en su totalidad por las tres o cuatro expresiones consabidas parece no saber decir nada. Le funciona, está claro, pero algún día acabará cargando hasta a sus más directos seguidores. ¿Otra vez el diálogo? Sí, sí, otra vez. ¡Jesús, qué cruz!

Otro Rodríguez, Carlos Rodríguez Braun, escribía hace pocos días una interesantísima «Tercera» de ABC en la que llamaba la atención sobre la costumbre de su homónimo de esdrujulizar palabras y convertirlas así en clave de sus prédicas. Es cierto: observen que siempre habla de la «sólidaridad» o de la «cónstitucionalidad» y que si no esdrujuliza «diálogo» o «talante» es porque con esas no puede o porque, sencillamente, le faltan sílabas.

Las declaraciones esporádicas del presidente deberían ser tamizadas previamente por un asesor de contenidos que le evitara la tendencia a repetirse en sus naderías, ya que así nos evitaría a los demás el sofoco que causa siempre la machacona repetición de vocablos a los que ya han vaciado de contenido. De un presidente, en pocas palabras, se espera algo más que un discurso esquematizado y mitinero; se espera, por ejemplo, la exposición clara y explícita de ideas políticas de envergadura y no la insistencia infantil sobre conceptos de manual. Hasta los ingleses se han dado cuenta. Muy cargante, mucho.    www.carlosherrera.com

Cerrado hasta septiembre
ALFONSO DE LA VEGA La Voz 6 Agosto 2004

LA INFAUSTA comisión de investigación del 11-M ha cerrado hasta septiembre. Ha suspendido la convocatoria de junio, necesita mejorar . Aunque incapaz de llegar a la verdad de tan luctuosos sucesos, han traslucido cosas muy poco edificantes, sin embargo. La principal para mí, una creciente sensación, que creíamos olvidada desde las incertidumbres del 23-F, de que en la democracia española ya no es que no todo el monte sea orégano , sino que apenas haya verdadero orégano. Y que, probablemente, el mayor reproche que se pueda hacer a la etapa de gobierno popular, tan beneficiosa para España por tantas razones, sea el no haber abordado la regeneracionista y hercúlea tarea de limpiar los establos de Augias de tanta inmundicia como se adivina permanece y que ha terminado llevándoselo por delante.

El golpe del 11-M que, además de víctimas físicas, ha hecho descarrilar a España, parece inspirado en las nuevas estrategias de organización empresarial, en esas matrices transversales de contratas y subcontratas en las que ya se desconoce quien es el promotor o beneficiario principal, globalización incluida. La mano de obra no especializada, suprimible, ha sido marroquí. Remunerados algunos con huríes virtuales para que salga más barato. La dinamita la han puesto autóctonos, de una región de antigua tradición obrera e industrial. Para ahorrar y aprovechar sinergias, además de alquilar furgonetas que se dirigieron a Madrid el mismo día, se ha utilizado transporte público. No se ha podido averiguar con certeza hasta ahora si la Administración ha hecho el don Tancredo como ocurre tantas veces, o tenía también, incluso, algunos funcionarios muy experimentados en el negocio. Pero sigue siendo una incógnita quiénes y desde dónde iniciaron el proceso de contratación. De momento cabe especular sólo sobre quiénes han sido los beneficiarios de esta terrible masacre.

Alarma permanente
Editorial El Correo  6 Agosto 2004

Uno de los principales objetivos del terrorismo es alterar en la mayor medida posible la vida cotidiana de una sociedad. Por eso, una de las herramientas fundamentales para su derrota es evitar que esto suceda. La acción preventiva de los gobiernos debe ser equilibrada, técnicamente solvente, ajena a consideraciones políticas de corto plazo y, sobre todo, aceptada por los ciudadanos a los que intenta proteger. Pero pretender, mediante el alarmismo, que la población se implique de forma activa en la prevención del terrorismo puede derivar en una suerte de psicosis colectiva.

Por otro lado, en la compleja lucha sin frentes que se desarrolla contra el terrorismo es fácil caer en la tentación de utilizar la descalificación de las necesarias medidas preventivas como arma política arrojadiza. Acusar, sin más, de ligereza a las autoridades por establecer un alto nivel de alarma tampoco parece razonable porque la tarea es en sí misma difícil y requiere de un consenso a veces demasiado frágil. Sí es cierto que en el caso de la alerta decretada el fin de semana pasado en las ciudades de Nueva York y Washington se habrían dado una serie de circunstancias de delicada explicación, por cuanto un alto porcentaje de la información disponible para justificarla era incluso anterior al 11-S. Sin embargo, y pese a las duras críticas lanzadas desde amplios sectores de la sociedad norteamericana, algo ha debido de suceder al hilo de la detención en Pakistán del tanzano Abdul Jalfan Ghailani y el paquistaní Mohammed Naeem Noor Hkan -aparentemente situados en la estructura de Al-Qaida-, en cuyos archivos se ha encontrado información concreta sobre objetivos específicos en Estados Unidos y Gran Bretaña, unos datos que han originado, a su vez, una oleada de arrestos en este país.

La disyuntiva de los gobiernos es complicada. Y para valorarla correctamente hay que invertir el planteamiento inicial: ¿Qué sucedería si se produjera un gran atentado sin haber tomado unas mínimas medidas, aun a riesgo de que se tuvieran por exageradas o prematuras? El debate técnico debe ser dejado a los especialistas de las agencias de seguridad, pero el que se suscita entre los ciudadanos por las iniciativas a tomar -o la ausencia de las mismas- exige una cautela y una ponderación particularmente exigentes. Ni histerias injustificadas, ni carencias descabelladas. Hay una amenaza cierta y nos afecta a todos.

Asalto al poder
Francisco Marhuenda La Razón 6 Agosto 2004

La voracidad socialista no tiene límites. Nunca la ha tenido. Es algo coherente con esa concepción de asalto al poder que aplicó en 1982 y que ahora quiere repetir. Durante el felipismo se persiguió con saña a los adversarios y se utilizaron los medios de comunicación públicos de forma inmisericorde. Nunca se ha alcanzado unas cotas de sectarismo y manipulación como las mostradas aquellos años. No hay administración que ocupen en la que no sigan este criterio, ni ayuntamientos, ni diputaciones, ni comunidades autónomas, se salvan de esa prepotencia y sectarismo. Andalucía es desde hace décadas el paradigma de la eficaz y rentable instrumentalización del centro público al servicio de los intereses partidistas. Es cierto que la Prensa afecta critica de forma ocasional y con notable timidez estas prácticas, mientras que exagera hasta unos límites vergonzosos cualquier caso que ha encontrado de PP o CiU.

Ahora quieren ocupar las empresas públicas o privatizadas. No importa la alta cualificación de sus sectores, porque la práctica habitual del PSOE es colocar a «amigotes» sin ninguna cualificación salvo ser afectos al partido o al ministro de turno. Lo mejor es que no tienen ningún reparo y me pregunto qué hubiera sucedido si Rato hubiera dicho o hecho lo que Solbes. La izquierda periodística se hubiera rasgado las vestiduras y el PSOE e IU puesto el grito en el cielo. Al menos tienen una idea clara: el poder es suyo.

¡Incultos!
Mikèl GARÀU ROSSELLÓ es vicepresidente de la Academia de la Lengua Balear La Razón 6 Agosto 2004

Una máxima de la Filología dice: las lenguas las hacen los pueblos no los lingüistas. Y así es en cualquier lugar del mundo en que nos hallemos, salvo, claro está, el caso de las lenguas sintéticas. Es decir, lenguas fabricadas en los laboratorios de lingüística de las universidades u otras entidades. Siendo precisamente éste el caso del catalán, idioma fabricado en el laboratorio lingüístico del Institut d’Estudis Catalans, publicando la primera gramática de la lengua catalana en 1918. Gramática escrita por el ingeniero en Minas, Puertos y Canales, especialidad de Química, D. Pompeu Fabra, y aceptada por las distintas universidades de Cataluña y de rebote las del resto de España. Y como se suele decir: allá se las arreglen los catalanes con sus «magistrales» mezclas lingüísticas. Mezclas que han dado como resultado una lengua sintética que la mayoría del pueblo catalán, no estando de acuerdo con ella, la ha denominado barceloní en vez de catalán.

Esto viene reforzado por lo que enseñan en las universidades los catedráticos de catalán diciendo: «Caso curioso del catalán es que, al revés de como ocurrió con las demás lenguas, que se formaron y evolucionaron con los trovadores, el catalán ya nace maduro y desarrollado, con los escritos del mallorquín Ramón Llull». ¡Menuda tomadura de pelo! Llull, además de no ser catalán ni descendiente de catalanes, pues lo era de monpellerenses y en «Montpelier» en el siglo XII y posteriores hasta el XVII se hablaba y escribía en provenzal, eso de escribir en romance catalán, nada de nada. Este pensador universal escribió en romance mallorquín, lengua que aprendió en Mallorca al haber nacido y vivido toda su juventud en esta isla. Además de que todos los estudios que se han hecho al respecto demuestran que la estructura lingüística que usa Llull ni siquiera es la forma pura provenzal sino la mallorquina.

Y lo más gracioso del caso es que ellos lo saben, saben perfectamente que Llull no escribió en catalán. Lo saben pero se lo callan. Y se lo callan, porque si lo reconocen públicamente, adiós a los países catalanes, adiós a las directrices que Prat de la Riba dejó escritas en el libro «La nacionalitat catalana» (1907): «... ya es afirmación de la personalidad catalana, que no acaba en las fronteras de la vieja provincia nuestra, sino que se extiende tierras más allá, hasta tocar las palmeras de Murcia y atravesando el mar, florece en las islas de Mallorca... /... no tenemos un nombre común; hagamos como los ingleses y su Gran Bretaña, flor de un imperio a punto de abrirse; hablemos de la Cataluña grande, que no es el Principado sólo, ni Mallorca, ni el Rosellón, ni Valencia; sino Valencia y Mallorca y el Principado y el Rosellón, y todos a la vez... / ... y para llevar a cabo esta filosofía, hay que dominar por la fuerza de la cultura, servida y sostenida por la fuerza material; es el imperialismo moderno, el imperialismo integral, el de las grandes razas fuertes de ahora... / ... por la unidad de la lengua llegaremos a la unidad política».

Esto y sólo esto es lo que persigue el «nazionalismo» catalán. Una unidad política a costa de lapidar la lengua e identidad propia de Baleares y de Valencia, sustituyéndola por la catalana; al tiempo que arrinconan el español proscribiendo su uso oficial, pues es fundamental para exigir la independencia de los «Països Catalans» el alegar que en su territorio el español es equivalente a cualquier otra lengua extranjera. Así es como ha tomado fuerza el cuento chino de que balear, valenciano y catalán son una misma lengua con diferente denominación. Sin embargo, científicamente, filológicamente, eso no se aguanta en pie se mire por donde se mire.

Una de las diferencias que se exponen como ejemplo en la asignatura de Lengua española para demostrar que el español y el francés son lenguas diferentes es que en la división semántica de las partes del día en cada una de esas lenguas, el francés tiene un sema más que el español. Pues miren por dónde el balear tiene dos semas más que el catalán en la misma división de las partes del día. Pero no sólo en la Semántica hay las diferencias que demuestran científicamente que balear y catalán son distintos, sino que también las encontramos en la Morfosintáxis y en la Fonología. A mí en particular me resulta lastimosamente frustrante ver cómo eminentes togas siguen el juego al «nazionalismo» catalán. Unas, tal vez por pasotismo al no afectarles el problema y por consiguiente darles lo mismo mulo que asno. Otras, porque desde sus púlpitos peninsulares ven a Baleares como una colonia de ultramar y les importa muy poco lo que les pase a sus indígenas. Y otras, por no sospechar que están siendo manipulados y engañados por colegas de una supuesta integridad profesional, fiándose de ellos incondicionalmente.

Señores, las lenguas se forman, no se inventan. Brotan y crecen con el uso que de ellas hace el pueblo. Y siempre nacen entre pueblos unidos por vínculos de sociedad o íntimas relaciones de trato. Y Baleares nunca ha tenido ninguna clase de vínculo con Cataluña. ¡Ésa es la realidad! Ya lo dijo D. Josep Tarradellas en su libro «Ja soc aquí»: «...Nunca he sido partidario de la política denominada de los países catalanes, de la vinculación nacionalista de Cataluña con el País Valenciano y con Baleares. Desde el punto de vista político no tiene ninguna base. Nos unen la Historia en el marco de la Corona de Aragón, nada más. Los problemas de cada una de las partes son diferentes y difícilmente transferibles». Y no ha habido ningún vínculo con Cataluña, porque el Reino de Mallorca nunca ha sido repoblado ni colonizado por catalanes. Y no porque nosotros lo digamos, sino porque no existe ninguna documentación que avale esa teoría. Y además resulta que en toda Baleares no existe ninguna prueba física de que tal cosa se hubiese llevado a efecto.

Por ejemplo, si observamos los países del centro y sur de América, y centramos nuestra atención en los cascos antiguos de sus ciudades, veremos que las construcciones de sus edificios y calles están calcados de los de las ciudades españolas de la época.. Y yo me pregunto, ¿dónde están las muestras del llamado románico catalán en Baleares, precisamente en la época de su máximo esplendor? Otro punto de entre los muchos que hay para derribar la teoría «nazionalista» de la repoblación, lo hallamos en la costumbre humana de poner nombre a nuestros vástagos; resultando que los nombres propios que usan los catalanes a tal efecto son en un 80 por ciento de procendencia germánica: Carles, Enric, Ernest, etc. Mientras que los de los baleares son en el mismo porcentaje, de procedencia hebrea: Bièl, Juàn, Simò, etc. Otro más sería el de los apellidos, en donde resulta que tan sólo un 5,3 por ciento de los habitantes de Baleares llevan apellidos típicos de Cataluña. Luego, ¿dónde está la supuesta y estudiada como cierta en colegios y universidades repoblación del reino de Mallorca por catalanes? Sin embargo, cada vez que presentamos estos y otros argumentos a los acólitos catalanistas, togados la mayoría y con sotana los demás, nos miran de pies a cabeza y esbozando una media sonrisa nos espetan: ¡incultos...!

Claro que, sin pretenderlo e indirectamente están también llamando inculto al ilustre D. Miguel de Unamuno, el cual, en su obra «Por tierras de Portugal y España» (1916), cuando relata las vicisitudes de su estancia en Mallorca nos hace saber: «... a donde quiera que voy me gusta leer en la lengua de aquel país. En Portugal por ejemplo, apenas leo sino portugués y ahora aquí leo mallorquín. Pero cuidado que lo sea, y no catalán». Asimismo, llaman inculto al no menos ilustre D. Torcuato Luca de Tena, que en declaraciones al diario «El Día de Baleares» (1985) aseveró: «...es falso que el balear y el valenciano procedan del catalán. Las manifestaciones culturales de los baleares y valencianos son muy anteriores a las de los catalanes». Otro ilustre inculto que también avala nuestros argumentos, D. Salvador de Madariaga, en su obra «Memorias de un federalista» nos dice: «... habrá que hacer constar también que estos catalanes, que tanto se duelen del imperialismo absorbente de Castilla, se apoderan tranquilamente de los reinos de Mallorca y Valencia, que jamás fueron catalanes. Llamar países catalanes a Valencia y Baleares es hacer pajaritas de papel con los documentos fehacientes». Nosotros, la verdad, viendo a quién tenemos de nuestro lado, ¡qué mejor piropo se nos puede dedicar para honra y honor nuestro, que llamarnos incultos!

ANTE LAS ASPIRACIONES NACIONALISTAS DEL SOCIALISTA CATALÁN
El PP tacha a Maragall de "dinamitero" de la Constitución y exige a Zapatero que le "ponga coto"
El interés de Maragall para que la Carta Magna reconozca expresamente las "nacionalidades históricas" ya ha tenido respuesta en su propio partido y en el PP. Chaves, al que presiona para que le apoye en sus exigencias, le ha tenido que recordar que las reformas estatutarias deben hacerse con criterios de igualdad. El PP se ha dirigido directamente a Zapatero para que frene el "verbalismo provocador" de quien considera "gran dinamitero" de la Constitución.
EFE Libertad Digital  6 Agosto 2004

El diputado del PP en el Congreso Jaime Ignacio del Burgo cree que Maragall “pretende arrastrar a España a un nuevo proceso constituyente, todo para lograr una Cataluña soberana que no tiene encaje dentro de la actual Constitución”. A su juicio, el federalismo que tanto propugna el presidente de la Generalidad no persigue un modelo como el de Alemania o EEUU, “que son estados federales que tienen un claro concepto de nación”. Para Del Burgo, la propuesta de Maragall tomo como ejemplo a Yugoslavia, “un conglomerado de Estados que bastaría un soplo para que se deshaga”.

El mismo fondo que el plan Ibarretxe
El objetivo, como el propio Maragall ha reconocido, es el mismo que el del plan separatista de Ibarretxe. De esa propuesta del lehendakari comparte “el fondo pero no la forma”. Para el PP sólo es un dato más de que Maragall es “el gran dinamitero” de la Constitución de 1978. Por eso ya se ha dirigido a Zapatero para que “ponga coto” al “verbalismo provocador” de su compañero catalán.

El parlamentario del PP, en declaraciones a la Agencia Efe, justifica las aspiraciones nacionalistas de Maragall por el pacto que tiene en Cataluña con ERC. Ante el incremento de la presión, Del Burgo considera que el Ejecutivo socialista "debe tener valentía para defender la Constitución y mantener el marco de convivencia que nos hemos dado los españoles". A Zapatero le pide que "no se deje arrastrar por ese tipo de llamadas y sea consecuente con el juramento que hizo como presidente del Gobierno".

Maragall prepara el camino del lehendakari
El PP está convencido dice —Del Burgo— de que si en estos momentos el lehendakari "no presiona más en relación con su plan soberanista es porque está a la espera de ver qué pasa con la propuesta de Maragall", que en algunos aspectos va incluso "más lejos" que la propuesta de Ibarretxe.

«El pueblo vasco no existía ni existirá en miles de años», dice Álvarez Junco
Eva Muñoz La Razón 6 Agosto 2004

El Escorial- «Las identidades colectivas en general, y las identidades nacionales en particular, son formaciones históricas coyunturales. Y, por tanto, en contra de lo que dicen los nacionalistas, no son eternas». Así de claro y contundente lo expresaba ayer el catedrático de Historia del Pensamiento Político de la Universidad Complutense José Álvarez Junco en el Curso de Verano de esta misma universidad «Nacionalismos en el siglo XXI».

El actual director del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales se manifestaba así a propósito de las declaraciones que en este mismo curso hiciera el día anterior el presidente del gobierno vasco Juan José Ibarreche, quien volvió a referirse en este foro a la «existencia milenaria de un pueblo vasco» como sustento a sus reivindicaciones nacionalistas.

Para el historiador Álvarez Junco, «el pueblo vasco ni existía ni existirá dentro de miles de años, como tampoco España. Incluso en el periodo temporal en que dura el término, su significado va cambiando». Y prosiguió: «De ahí que tampoco tuviera mucho sentido, como se nos decía a nosotros durante la época franquista, que los Reyes Católicos fuesen los responsables de la unidad de la nación española».

Y es que la nación, en los términos en que hoy la conocemos, es un concepto muy posterior en la historia, vinculado a las revoluciones que, durante el siglo XIX, persiguen obtener para el pueblo la soberanía de un territorio que, hasta entonces estaba en manos de un monarca absoluto. Por eso, «la identidad española como identidad nacional no llega hasta las Cortes de Cádiz». Por todo ello también, concluye el catedrático: «Uno puede tener legítimas reivindicaciones presentes, pero no deformar el pasado ni proyectar hacia atrás identidades o pretensiones políticas actuales».

Paul Johnson: «España me ha decepcionado; se comportaron como cobardes en Iraq»
Zapatero responde que «la toma de posición ante una guerra no se puede decidir contra tu pueblo»
El historiador inglés Paul Johnson parece no tener pelos en la lengua y no ha dudado en criticar la actitud española respecto a Iraq en una entrevista concedida al diario argentino «La Nación» y recogidas por periodistadigital.com. El historiador afirma que España le ha «decepcionado mucho porque se comportaron como cobardes respecto de Iraq» y señala que «después de que unos árabes les pusieron bombas, tuvieron elecciones en la cuales ganó el partido de los cobardes». De cobarde calificó Zapatero la actitud de los que dicen que lo españoles votaron manipulados por el terror.
Redacción La Razón 6 Agosto 2004

Madrid- Durísimas críticas y decepción total del historiador inglés Paul Johnson sobre la actitud de España respecto a Iraq. En una entrevista concedida al diario argentino «La Nación», el reconocido historiador atacó duramente lo sucedido en nuestro país tras los atentados del once de marzo en Madrid. Johnson asegura en la entrevista que España es «un país que me ha decepcionado mucho». Y su desilusión la explica asegurando que «se comportaron como unos cobardes respecto de Iraq».

Aunque en el rotativo argentino afirma que «fue algo muy poco característico de un pueblo no sólo valiente sino de una enorme dignidad y sentido del honor», las críticas se endurecen a medida que avanza la entrevista. En concreto, Johnson afirma que «después de que unos árabes les pusieron bombas, se olvidaron de los compromisos preexistentes y tuvieron elecciones, en las cuales ganó el partido de los cobardes». Además, el historiados asegura que conoce «varios españoles que están muy avergonzados de lo que pasó», y muestra su deseo de que «puedan revertir el rumbo, porque son gente maravillosa». Por último, ante la afirmación de que la población estaba en contra de la guerra de Iraq aún antes de que Aznar mandara sus tropas, Paul Johnson no duda en afirmar que «estaban confundidos por los medios de comunicación».

En un sentido totalmente distinto se mostró el presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, quien calificó de «actitud cobarde» la de «quien quiere refugiarse en decir que el pueblo votó impresionado, manipulado o con temor» en las elecciones de marzo pasado. «La toma de posición ante una guerra es un acto de gran trascendencia y si la tomas en contra de tu pueblo, lo normal es que tu pueblo te lo recuerde», declaró Zapatero en una entrevista que publicaban ayer los periódicos de la Organización Editorial Mexicana (OEM).

Según el jefe del Gobierno, «el Partido Popular había tenido cuatro años de separación clarísima del pueblo en tres o cuatro decisiones muy claras», como las reformas laborales que derivaron en una huelga general, la gestión de la catástrofe del hundimiento del petrolero Prestige y «la decisión de ir a la guerra». Zapatero considera que «es difícil hablar de un proceso de reconstrucción tal como está la situación en Iraq». «Vemos que en Iraq va a costar seguramente decenas de años volverlo a ver con un cierto orden», sostuvo el jefe del Ejecutivo, para quien «ésta ha sido seguramente la última intervención de esta naturaleza que va a conocer la generación que vive en el mundo». Además, Zapatero asegura que «no es por pasar factura a nadie, pero lamentablemente los que en su día nos opusimos a esa guerra y advertimos de cual iba a ser la evolución y las consecuencias, teníamos razón. Ha sido un gravísimo error». En su opinión, «no se puede hacer una política exterior y de seguridad para el mundo que no tenga el respaldo de la ciudadanía».

Rodríguez Zapatero subrayó que «los ciudadanos europeos están por un orden internacional de equilibrio y legalidad, un orden internacional donde no pueda ser que sólo exista una voz y una decisión, aunque esto represente a un país poderoso».

Víctimas critican la presencia de dos consejeros vascos en el homenaje a Uria
AGENCIAS/MADRID / BARCELONA  El Correo 6 Agosto 2004

La plataforma ciudadana Foro de Ermua criticó ayer la presencia de dos consejeros del Gobierno vasco -Anjeles Iztueta y Sabin Intxaurraga- en el homenaje ofrecido el pasado miércoles al ex consejero delegado de 'Egunkaria' Iñaki Uria, acusado de pertenecer al aparato de finanzas de ETA. Según Rubén Múgica, portavoz de la asociación, el acto constituyó «una vuelta de tuerca más de esa acumulación de fuerzas en la que está inmerso todo el nacionalismo vasco».

Asimismo, denunció que la solidaridad del Ejecutivo de Ibarretxe para con ETA «contrasta» con la insolidaridad que mantiene para con las víctimas del terrorismo. Múgica insistió en que la banda armada «está en las últimas» y consideró que apoyos como los que recibió en el homenaje de Uria pretenden «oxigenar» ese mundo cuando más debilitado está.

En la misma línea se mostró la Asociación de Víctimas del Terrorismo, que solicitó a Ibarretxe que haga uso de la «valentía política» que reclama a otros para desmarcarse de todos aquellos que colaboran con la banda. La AVT mostró su «total indignación» por las palabras de Uria en el acto -calificó de «gente muy buena» a los presos etarras y sus colaboradores-, y señaló que dichas manifestaciones eran «ofensivas para la memoria de los familiares y las víctimas del terrorismo».

«Lo que el señor Uria parece obviar es que quienes según sus palabras considera 'gente muy buena', tienen en su haber cientos de muertos, provocando el dolor y el sufrimiento en miles de hogares españoles. Cientos de viudas, miles de niños huérfanos y gran cantidad de familias destrozadas son el siniestro balance de la conducta de aquellos a los que el señor Uria defiende», reprocharon desde la AVT

La Asociación Catalana de Víctimas de Organizaciones Terroristas (ACVOT) denunció el «cinismo» de Iñaki Uria al realizar estas declaraciones, y recalcó que el Gobierno vasco «tiene más interés en asistir a actos de los amigos de los etarras que a donde estamos las víctimas». La ACVOT reivindicó que por encima de todo está «el respeto a los derechos humanos, a la vida ajena y a la dignidad».

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