AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 9 Agosto 2004

Violencia sin fin
FLORENCIO DOMÍNGUEZ  El Correo 9 Agosto 2004

La reaparición de ETA

Francisco Marhuenda La Razón 9 Agosto 2004

Bombas de ETA para la propaganda

Lorenzo Contreras Estrella Digital 9 Agosto 2004

A vueltas con el Pacto

JAVIER ZARZALEJOS El Correo  9 Agosto 2004

VIGENCIA DEL PACTO ANTITERRORISTA

LUIS IGNACIO PARADA ABC 9 Agosto 2004

LA COMISIÓN DEL 11-M, SIN TRUCOS
Editorial ABC 9 Agosto 2004

Posturas cobardes
Editorial El Ideal Gallego 9 Agosto 2004

Coincidiendo con Anasagasti

Iñaki EZKERRA La Razón 9 Agosto 2004

Falta de confianza

Editorial Heraldo de Aragón 9 Agosto 2004

EL DINAMITERO

Jaime CAMPMANY ABC 9 Agosto 2004

La prensa y el discurso socialista

Agapito Maestre Libertad Digital 9 Agosto 2004

Mato, luego existo
José María Carrascal La Razón 9 Agosto 2004

FUNGAIRIÑO

Jorge TRIAS SAGNIER ABC 9 Agosto 2004

La canción del verano

Juan Carlos Girauta Libertad Digital 9 Agosto 2004

Días de papel
Pío Moa Libertad Digital 9 Agosto 2004

Nacionalidad
PABLO MOSQUERA La Voz  9 Agosto 2004

La vida es sueño
José García Domínguez Libertad Digital 9 Agosto 2004

No sólo es un problema de terrorismo
GEES Libertad Digital 9 Agosto 2004

Iraq: el desafío extremista
Editorial La Razón 9 Agosto 2004

Cantabria pide a Ibarretxe que aparque su plan y ayude a enviar a ETA al abismo
B. B. CABEZÓN DE LA SAL MADRID. ABC 9 Agosto 2004
 


Violencia sin fin
FLORENCIO DOMÍNGUEZ  El Correo 9 Agosto 2004

Hace poco más de un año ETA terminó un debate interno del que salió la decisión de continuar la actividad terrorista. Además, elaboró un extenso catálogo de objetivos, tan extenso que harán falta varias bandas como ETA para poder atacar a todos. Quieren volar oleoductos, puertos, aeropuertos, empresas nacionales y multinacionales, bares donde toman copas los empresarios, instalaciones turísticas y hasta los setos de los paseos marítimos. Quieren también matar policías, guardias civiles, ertzainas, militares, periodistas, confidentes, dirigentes y afiliados sin graduación del PP y del PSOE. Cualquiera menos los nacionalistas, porque ETA también puso por escrito que no quería (posiblemente quería decir que no se atrevía) atentar contra el PNV.

Durante un tiempo, ETA se planteó que el Estado se rindiera en una mesa de negociaciones, y para conseguirlo desarrolló una campaña de desgaste contra todo lo que representara a ese Estado y a sus intereses económicos. Luego pensó en crear un frente nacionalista, y para ello concentró sus esfuerzos en desestabilizar por dentro el País Vasco, al tiempo que la violencia callejera acosaba a los batzo-kis y a la Ertzaintza. Había una coherencia entre los medios utilizados y los objetivos perseguidos, al margen de la valoración ética y política que se haga de unos y otros.

Después del último debate, esa coherencia interna entre medios y fines se ha roto. Los medios que la banda emplea son los que utilizó para conseguir el diálogo con el Estado, pero ahora no se plantea ese objetivo. Sigue buscando el pacto entre nacionalistas, pero con una aplicación del terrorismo inadecuada. ¿Cree que el PNV va a firmar otro pacto con ETA porque el sábado diera un susto a los artesanos del mercadillo de San Vicente de la Barquera o a los piragüistas del Sella?

ETA podría volar todos los oleoductos del país, menos los de Cataluña, claro, y la mitad de los aeropuertos, pero con ello no conseguiría cambiar la voluntad de PNV y EA. Si después de la ruptura de la tregua no lo consiguió asesinando ertzainas o personalidades como José María Korta, afín al PNV, mucho menos lo va a conseguir con la estrategia de atentados establecida el pasado año.

El problema de ETA es que ha diseñado un plan de acciones con las que nunca va a lograr aquello que persigue porque se ha roto la relación entre los fines buscados y los medios utilizados y esa falta de adecuación convierte en absurdo al terrorismo etarra, ya que hace de él una violencia sin finalidad. Por suerte para el PNV, al escribir ETA que no va a atacar a este partido, la banda terrorista ha dejado claro cuáles son sus límites y sus debilidades.

La reaparición de ETA
Francisco Marhuenda La Razón 9 Agosto 2004

Era sólo cuestión de tiempo. Es cierto que la banda criminal ETA está debilitada, pero sería una irresponsabilidad creer que la lucha contra el terrorismo está prácticamente ganada. Los avances durante el Gobierno de Aznar, con la inestimable ayuda del PSOE, fueron notables y la firmeza mostrada fueron una de las claves de un éxito que se ha visto reflejado en la disminución de los atentados y la practica desaparición del terrorismo callejero o «kale borroka». La ilegalización del entorno político de ETA en cumplimiento de la Ley de Partidos no sólo no aumentó las acciones de la banda y sus sicarios, sino que se situó en mínimos históricos. La alianza estratégica de Aznar con Estados Unidos y Gran Bretaña fue otro factor determinante de los éxitos que se alcanzaron.

Más allá de las tonterías de la izquierda sobre la «foto de las Azores», sólo desde la ignorancia o la mala fe, se puede ignorar las ventajas para la lucha contra ETA que tiene una estrecha vinculación con ambos países. Las bestias sanguinarias de la banda criminal atentan siempre que pueden y cuando no lo hacen es porque están en una situación de debilidad o se están reorganizando, como sucedió con «la tregua trampa». La escasa potencia de las bombas de Asturias y Cantabria no se tiene que minimizar y se enmarca en la estrategia que esa escoria humana despliega contra los intereses turísticos desde hace más de 25 años.

Bombas de ETA para la propaganda
Lorenzo Contreras Estrella Digital 9 Agosto 2004

ETA ha empezado a tantear el retorno al terrorismo tradicional mediante una fase previa de atentados de baja intensidad, condicionada como está todavía la banda por los efectos altamente impopulares de los crímenes islámicos. La banda, en este sentido, parece que ensaya una estrategia preparatoria para estudiar "el mercado" propagandístico. No le agrada, seguramente, la especulación en torno a la negociación de una tregua, aunque tal negociación no incluya como interlocutores al Gobierno ni a su partido en versión vasca, es decir, al PSE. Ya se sabe que el PSOE busca el favorecimiento de un gran pacto antiterrorista que se superponga o complemente internacionalmente al que todavía subsiste, mal que bien, con el nombre de "pacto por las libertades y contra el terrorismo". Se trataría de ampliar el concepto de pacto para dirigir primordialmente la atención y el esfuerzo hacia las actividades islamistas, dando así la impresión de que ETA está semiacabada y con su potencial muy reducido. El PNV ya funda su propia estrategia política en el finiquito del terrorismo etarra, avanzando hipótesis sobre su debilidad, aunque procura atribuirle a la acción de Francia y no a la represión del Gobierno del PP durante la etapa de Aznar, sin olvidar, como ha indicado recientemente Javier Balza, consejero de Interior del Gobierno vasco, la conveniencia de la izquierda abertzale, porque si la violencia persiste "se les acaba el tiempo político" a Otegi y compañía.

Pero ETA no acepta intromisiones y ha empezado a movilizar comandos más o menos entrenados, más o menos improvisados. Tal vez le interese hacer creer que ha estado once meses sin practicar la violencia porque así lo ha querido. La apariencia hasta ahora es que se ha puesto en marcha en más de una ocasión, poco antes de los atentados del 11-M, cuando intentó llevar una carga mortífera a la estación de Chamartín o procuró trasladar otra por carretera hasta que fue interceptada por las fuerzas de seguridad. De todos modos, el terrorismo de baja intensidad, ya sin necesidad de "kale borroka", sigue estando a su alcance, como acaba de demostrar en San Vicente de la Barquera y en Ribadesella. Inquietar el turismo con pequeñas cargas de explosivos sigue al alcance de cualquier comando. Es como pasar la tarjeta de visita a las zonas veraniegas. En su último y más reciente "Zutabe" dio a entender que no se encuentra "desactivada" y que ya piensa en intensificar sus acciones con vistas a las futuras o nada lejanas elecciones autonómicas. Lo que promete parece ser una combinación de acción "militar" y acción política, estimulada, como dice estar, por el buen resultado "electoral" de Herritarren Zerrenda (HZ), su filial pacífica para hacerse sentir en las urnas, desviando el voto legal hacia su propia cosecha de votos no válidos. En ese "Zutabe", la banda quiso imponer la teoría de que "el proceso de liberación avanza por encima de la ilegalización".

Si ETA se relanza a partir de ahora, la nueva situación tras la tregua implícita de los once meses será una mala noticia para el Gobierno de Zapatero, que ya por inercia de la Administración anterior tiene bastante camino andado en punto a localización de comandos o zonas sospechosas en la sociedad vasca y sus canales activistas. En el "Zutabe" mencionado, que está fechado en junio por cierto aunque su contenido haya trascendido en estos últimos días, lanza una advertencia al PSOE por "obstinación" con la "opresión", le anuncia conflicto si persevera en esa línea y, por supuesto, indica que "quienes soñaban con la desactivación de la izquierda abertzale" han fracasado. Parece un lenguaje algo más político, pero los explosivos a dosis reducidas están ahí como síntoma.

A vueltas con el Pacto
JAVIER ZARZALEJOS El Correo  9 Agosto 2004

En una entrevista reciente, el secretario seneral de los socialistas vascos afirmaba concluyente que, para él, el preámbulo del Acuerdo por las libertades y contra el terrorismo simplemente no existía. La afirmación resulta sorprendente viniendo de un partido que reclama con insistencia la paternidad del acuerdo, tan sorprendente como las explicaciones que el dirigente socialista se veía obligado a dar, negando que el acuerdo fuera un pacto antinacionalista mientras despachaba sin reproche alguno el Pacto de Estella que, ése sí, sabemos que se sustentó sobre el objetivo de echar a populares y socialistas de la vida política y social vasca. Con ello no digo nada que tanto el PP como el PSOE no plasmaran en el Pacto, asumiéndolo como diagnóstico común, y sancionaran solemnemente con la firma de sus dos secretarios generales, uno de los cuales es hoy presidente del Gobierno.

Hay que pensar que tales declaraciones se corresponden con la fórmula del «folio en blanco» desde el que abordar el futuro del País Vasco que ahora se propone como idea innovadora. Eso y la renovada pasión cartesiana por «el método» que nos llevará a una solución, que no sabemos cuál es ni a qué problema hay que aplicar, pero que sólo se nos resiste por nuestra torpeza. Este nuevo 'discurso del método' exige no complicar el debate y, por tanto, no plantear discusiones sobre los principios. Tal vez por eso, en una línea de coherencia que a algunos se nos escapa, la dirección de los socialistas vascos por boca de su máximo responsable se muestra dispuesta a aceptar en el descarte el concepto de 'nación vasca' porque, al parecer, se trata de «una cuestión terminológica». Se comprende perfectamente el enfado que muchos socialistas pueden sentir ante las injustas descalificaciones que les lanzan desde el nacionalismo. Porque si para los socialistas el preámbulo del Pacto antiterrorista no existe y si, además, creen que llevar el concepto de 'nación vasca' al bloque de constitucionalidad es sólo una cuestión nominal, decir que PSOE y PP son lo mismo es, cuando menos, una evidente inexactitud.

Es curioso que muchas de esta reflexiones -un tanto erráticas, por cierto- sobre el Pacto antiterrorista se producen en el margen de alivio que supone el declive de la actividad de ETA. De ahí que uno tenga la sensación de que lo que irrita del Pacto no es tanto su preámbulo -a pesar de la sensibilidad de algunos hacia las quejas nacionalistas- sino la eficacia política que ha demostrado en la medida en que desmiente el discurso largamente alimentado por el nacionalismo sobre el conflicto histórico-político regado por las bombas y la invencibilidad de la banda terrorista.

En el Pacto por las libertades no hay claves ocultas ni perversas conspiraciones contra el PNV. El acuerdo ha sido una plasmación coherente de la lógica democrática contra ETA, un compromiso ambicioso de llegar a la derrota de la banda. Y eso significa su desarticulación operativa, la clausura de su complejo de apoyo, la frustración de cualquier expectativa de precio político que pretendiera extraer tanto de la violencia como de su cese, la garantía de la acción judicial contra los terroristas y la dignificación de la memoria de sus víctimas. Es evidente que un objetivo de tal alcance exigía superar la política del mínimo denominador común, la idea de que la eficacia contra ETA y la vigencia misma del Estado de Derecho tenía que subordinarse a la búsqueda de una fórmula de unidad mas virtual que real y en todo caso frágil. Afirmar que la lucha contra ETA no puede hacerse desde una política de mínimos, incompatible con la derrota de la banda, ha sido el paso sustancial y decisivo dado en los años de gobierno del Partido Popular. Y el acuerdo con el Partido Socialista sobre este principio, la mayor contribución que podía hacerse al fortalecimiento de la democracia y la defensa de las libertades. Dicho en otros términos, la medida de la política antiterrorista y su desarrollo no pueden marcarla los que menos quieren avanzar o no quieren avanzar en absoluto, arrogándose, bajo la invocación a la unidad, un derecho de veto sobre la ley y la capacidad legal de actuación del Estado.

El desarrollo de la política antiterrorista en los últimos años, bajo este impulso de firmeza, ha cerrado el distanciamiento que existía entre una sociedad hastiada por la persistencia de ETA y las iniciativas de los responsables políticos. Solo así puede explicarse que la opinión pública haya asumido desde la lógica democrática iniciativas como la disolución de Batasuna, las medidas de tolerancia cero con la 'kale borroka' o las reformas que garantizan el cumplimiento efectivo de las penas impuestas a los terroristas. Ésa es la razón también por la que aquéllos que impugnan el Pacto por las libertades lo hacen desde la descalificación política pero eluden una valoración mínimamente sincera de su eficacia. Es una manifestación de lo que el profesor Llera denomina «cinismo democrático» o la rendición a lo que en determinados ámbitos se impone como políticamente correcto. ¿Cuántos hay que en público siguen poniendo el grito en el cielo cuando se les menciona el Pacto, mientras en privado reconocen sus efectos saludables! A pesar de todo, también en este muro de beligerancia y descalificación que el nacionalismo ha querido levantar en torno al Pacto se están abriendo fisuras. El útlimo Euskobarómetro reflejaba que los partidarios de mantener o desarrollar el pacto -57%- superan ampliamente al 37% que aboga por abandonarlo.

El Pacto por las libertades no fue suscrito para condenar conjuntamente los atentados de ETA sino para acabar con ellos. Es un acuerdo operativo en el que, por un lado, el Gobierno y el Partido Popular formalizaban las bases de la política antiterrorista que habían promovido y la abrían para ser compartida por el Partido Socialista, configurándola como una verdadera política de Estado. Se olvidan de esta característica fundamental del acuerdo los que lo tachan de excluyente, como se olvidan también de la legitimidad de un Pacto representativo de casi el 90% del electorado, establecido entre los dos únicos partidos de gobierno en el ámbito nacional.

La política de Estado contra el terrorismo tiene que afrontar dos pruebas esenciales. La primera, la propia alternancia resultante de las elecciones de marzo. El cambio de gobierno no hace que el Pacto por la libertades pierda vigencia sino que debe significar precisamente la reafirmación de su razón de ser: asegurar la continuidad de la política antiterrorista gobierne quien gobierne. Vincular la alternancia con el debilitamiento o el abandono del acuerdo es contradecir de plano el compromiso que los firmantes asumieron ante los ciudadanos.

Por otra parte, la emergencia del terrorismo islámico a escala global y con posibilidades inéditas de destrucción presenta unas implicaciones estratégicas, de política exterior y cooperación internacional y unas exigencias de estricta seguridad nacional de un alcance todavía por definir pero no desconocidas. El terrorismo, por sus métodos, sus coartadas, su fanatización y la propia pulsión destructora que lo define se injerta en el tronco común del totalitarismo de nuestros días y de esa agresión totalitaria ya sabemos mucho. Aquí sí que habría que ahorrarse el preámbulo porque como preguntaba el diputado Jordi Jané, miembro de la Comisión de investigación sobre el 11-M, ¿qué vamos a decir si hay otro atentado?

VIGENCIA DEL PACTO ANTITERRORISTA
LUIS IGNACIO PARADA ABC 9 Agosto 2004

CON un oportunismo digno de mejor causa -los atentados en Asturias y Cantabria- el portavoz del grupo nacionalista vasco en el Congreso ha propuesto al PSOE que deje atrás el acuerdo que alcanzó con el PP en el pacto por las Libertades y contra el Terrorismo y logre un nuevo instrumento conjunto, firmado por todos los partidos, contra ETA y el terrorismo islamista. Es una perfecta contradicción. Porque aquel pacto, que va a cumplir cuatro años sólo tenía como exceso el Preámbulo, en el que se decía que ha quedado de manifiesto "el fracaso de la estrategia promovida por el PNV y por EA, que abandonaron el Pacto de Ajuria Enea para, de acuerdo con ETA y EH, poner un precio político al abandono de la violencia". Añadía innecesariamente, porque era un pacto antiterrorismo y no antinacionalismo, que "ese precio consistía en la imposición de la autodeterminación para llegar a la independencia del País Vasco".

Además de ese exceso tenía un defecto: que era una simple declaración de principios. Decía refiriéndose al PP y al PSOE: "Manifestamos nuestra voluntad de eliminar del ámbito de la legítima confrontación política o electoral entre nuestros dos partidos las políticas para acabar con el terrorismo." Pero no decía nada acerca de los recursos económicos y humanos, las inversiones en infraestructura tecnológica y policial, las modificaciones legales y penitenciarias que deberían ponerse en marcha. La contradicción, y la astucia, del portavoz vasco está en que, en efecto, la amenaza islamista exige un nuevo instrumento para responder a los retos del terrorismo de hoy en día. Pero ese instrumento tiene que ser diferente porque el terrorismo etarra también es de "hoy en día". Englobar en un solo pacto el terrorismo de algunos vascos, de cuño ideológico e independentista, y el islámico, fundamentalista y universal sería un balón de oxígeno para ETA y para el nacionalismo vasco radical.

LA COMISIÓN DEL 11-M, SIN TRUCOS
Editorial ABC 9 Agosto 2004

DESDE el PSOE se ha sugerido un final trucado para la Comisión investigadora del 11-M, consistente en aparcar las declaraciones explícitas de responsabilidad política del PP a cambio de un pacto de Estado contra el terrorismo islamista. La reacción de la mayoría de los grupos, incluido el PP, ha sido contraria, como no podía ser de otra forma ante un sondeo que, si se consumara, significaría un escandaloso fraude político. Las conclusiones de la Comisión y el pacto contra el terrorismo islamista tienen sus propias razones de existir, independientes unas de otras, y responden a necesidades políticas diferentes, aun cuando los atentados del 11-M hayan establecido una conexión temporal y política. Para el PP no tiene ningún atractivo que le ofrezcan unas conclusiones cómodas cuando ya está amortizado el mayor mal que le pueden suponer, es decir, la acusación de que mintió entre el 11 y 13 de marzo. A estas alturas, y gracias a la propia investigación y, preferentemente, a la declaración de Ángel Acebes, es una acusación sin crédito alguno. Mayor dificultad tendrá el PSOE, en el plano moral y político, para mantener esas imputaciones en el texto final que se debata en septiembre. Ya no hay opinión pública para un linchamiento gratuito del PP y es el PSOE el que tendrá que asumir las consecuencias de haber acusado sin pruebas. Su mayoría parlamentaria le permitirá hacer unas conclusiones a su medida, pero si no se corresponden con lo que los ciudadanos han visto y oído en el Congreso de los Diputados, perderá todo el capital político invertido en su ajuste de cuentas con el PP. Los populares se han sacudido el aturdimiento de la derrota y la sociedad española ha hecho lo mismo con la conmoción de los atentados.

En cuanto al pacto contra el terrorismo islamista, siempre será mejor tenerlo que no tenerlo, pero es más que dudoso que ahora mismo concitara un consenso superior al del Acuerdo por las Libertades y contra el Terrorismo de diciembre de 2000, que el PNV pretende dinamitar proponiendo un único pacto que «replantee» la política contra ETA. Hay grupos políticos que no comparten siquiera el concepto de terrorismo que están aplicando los Tribunales españoles. Mayor será su discrepancia para articular una respuesta común al terrorismo integrista, que está camuflado tácticamente en el plano internacional con coartadas teóricas y conflictos reales que impiden a una parte de la opinión pública, sobre todo europea, distinguir entre víctimas y verdugos. La situación de Palestina, la postguerra iraquí y, en general, la atracción por un islamismo antiamericano constituyen prejuicios insalvables para que una parte de la izquierda se sume a un consenso que, si se pretende que sea eficaz, tiene que abordar, en el plano político, el rechazo a cualquier legitimación del terrorismo integrista, y en el plano operativo, la voluntad de cooperar con nuestros aliados, la disposición a utilizar la fuerza en acciones militares y el compromiso con una comunidad internacional de inteligencia. En política interior, la legislación antiterrorista actual es suficiente para replicar con eficacia al terrorismo islamista y amparar a las víctimas, pero es necesario añadir un diagnóstico común sobre la amenaza del integrismo musulmán, lo que requiere sinceridad y falta de prejuicios. Hay un riesgo procedente de unas organizaciones terroristas, sin finalidad política alguna, que aspiran a un cambio de civilización y están animadas por una visión fanática de su religión. Cuentan con una infraestructura mundial y con recursos económicos y materiales suficientes para causar daños y víctimas en proporciones inimaginables. Tratar este riesgo con ingenuidades multiculturalistas o prejuicios ideológicos que ignoren la incidencia de la inmigración o del culto de doctrinas radicales sólo aumenta la debilidad de las democracias amenazadas. Ese pacto antiterrorista merece el esfuerzo de PP y PSOE, pero no podrá ser complaciente con la corrección política. Y menos aún ser el precio para adulterar la Comisión del 11-M.

Posturas cobardes
Editorial El Ideal Gallego 9 Agosto 2004

Cuando Fraga salió el sábado a la palestra, tras los atentados de Asturias y Cantabria, para señalar la ineludible responsabilidad que en los mismos tienen quienes plantean debates que sirven de justificación a los criminales, no pasó ni un instante para que el presidente gallego fuera censurado. Ayer, quien pidió a Ibarretxe que deje su reivindicación nacionalista y que ayude a acabar con ETA fue Miguel Ángel Revilla, presidente de Cantabria. Fuero dos voces pero hay muchos más que piensan de igual modo: mientras el PNV siga enrocado en sus ideas secesionistas, avanzando en su camino hacia la independencia buscando el fundamental apoyo de HB (sin sus votos el plan del lehendakari no será aprobado en el parlamento vasco), estará dándole alas a los terroristas.

Con frecuencia, Ibarretxe pide respeto para las ideas y debate. Sin embargo, el presidente de todos los vascos se olvida de que para que un debate pueda ser constructivo es fundamental que se base en cuestiones tan elementales como la verdad. Y el lehendakari es un mentiroso. Mintió cuando en la presentación de su proyecto aseguró que sólo se llevaría adelante en ausencia de violencia. El plan sigue en la cámara de Vitoria, con lo cual, tras los últimos atentados, está faltando a la verdad. Incluso en la mañana del 11-M, cuando compareció ante la prensa pensando que ETA había cometido la masacre, sus palabras fueron de repulsa. Sobraron adjetivos duros pero faltó voluntad política. En ese momento, cuando creía que los terroristas vascos estaban detrás del crimen, tenía que haber retirado su plan. Pero no lo hizo. Y no lo hizo porque no piensa renunciar a sus ideas, por muchos muertos que los etarras sigan poniendo sobre la mesa.

Coincidiendo con Anasagasti
Iñaki EZKERRA La Razón 9 Agosto 2004

Iñaki Anasagasti se ha ganado duras críticas por decir que a los españoles no nos importa nada el Peñón de Gibraltar y por una vez en mi vida me veo obligado a darle la razón. En efecto, creo que en España nadie pierde el sueño, afortunadamente, por ese asunto. Si la ocupación británica fuera de ayer y no de hace tres siglos (en tres siglos se supera todo, hasta un divorcio probablemente), si viéramos en la tele a los gibraltareños sufrir de lo lindo por esa ocupación dichosa, si ellos vivieran como una tragedia tener que desayunar huevos fritos con alubias y todas esas guarrindongadas que los ingleses desayunan o si al menos hubieran formulado en una opción política mínimamente verosímil la denuncia de su situación colonial y el deseo de reintegrarse en la nación española, nos sentiríamos conmovidos y solidarios con ellos.

Si la mayoría de los españoles fuéramos, en fin, unos nacionalistas al modo en que lo son las gentes del PNV, estaríamos todo el día dando la tabarra con Gibraltar como el PNV hoy la da con Navarra y con «Iparralde» pese a que esos pretendidos gibraltares particulares del partido de Anasagasti y de todo el nacionalismo vasco no tienen trescientos años sino alguno más y no les queda más remedio que ir de prehistóricos.

Yo creo que criticar a Anasagasti por decir que a los españoles no nos importa Gibraltar es perder una buena ocasión para desenmascararle o –más exactamente– para evidenciar ese desenmascaramiento al que el propio Anasagasti ha procedido sin enterarse y por culpa de los calores veraniegos. Tantos años repitiendo que los españoles que no deseamos la independencia del País Vasco somos nacionalistas –tanto o más nacionalistas que los peneuvistas sólo que de distinto signo– y ahora resulta que ésa era una mentira premeditada en la que no creían ni ellos.

Con sus palabras Anasagasti ha demostrado que sabe muy bien cómo somos todos los españoles, lo poco chovinistas, lo poco patrioteros, lo poco nacionalistas que los españoles somos. Ha demostrado no sólo que el PNV miente cuando denuncia «el galopante nacionalismo español» sino que sabe que miente. Ha demostrado hasta dónde llega su cinismo cuando, para justificar sus planes secesionistas, pinta una España que no le deja vivir y un Madrid lleno de fachas que duermen con el brazo en alto. Anasagasti, como el PNV y toda la peña de Arana, sabe que el español no adolece precisamente de nacionalismo sino de una mala conciencia por el nacionalismo franquista que debería afectar, antes que a nadie, a los nacionalistas vascos porque, paradójicamente, éstos fueron más franquistas que Franco. Con lo que les gusta la Historia, no sé cómo aún no han hecho una «guía turística» de los alcaldes y concejales que hubo en todos los pueblos de la Gran Euskal Herria desde 1939 a 1975 y de los que ha habido en democracia. Así el curioso visitante podría comprobar cómo se repetían los apellidos y hasta los nombres.

Tiene razón Anasagasti. A la mayoría de los españoles el Peñón no nos quita el sueño. Y no nos quita el sueño porque no somos, como él, nacionalistas. Ni siquiera lo somos aquellos que no deseamos que se cuestione la nación española. Y no lo somos entre otras cosas porque –ciertamente– no necesitamos serlo, porque la nación ya nos la han dado hecha; porque –al dárnosla hecha– nuestra época nos ha ahorrado el engorroso trabajo de hipotecar en esa construcción nuestras existencias; porque hay cosas mucho más bonitas, más interesantes, más satisfactorias y más creativas en la vida que hacer y deshacer naciones; porque no mitificamos ni mistificamos ni ponemos por encima de los individuos ni de su vidas ni de sus libertades una mera fórmula de organización política que, como tal, siempre tendrá algo de artificial, de imperfecta y de arbitraria; porque sencillamente no percibimos como insufrible ni inviable sino como experiencia grata la actual realidad nacional y multiautónomica. No es que la unidad de España sea sagrada para esa mayoría de españoles que hoy no la cuestionamos sino que creemos que la secesión sería traumática y que, dado que –por suerte– tenemos más o menos resuelta la cuestión organizativa de la nación, no hemos hallado un argumento realmente serio por el cual se deba o se pueda poner en peligro nuestro orden político ni nuestro futuro económico ni nuestra estabilidad social ni nuestra convivencia.


Tiene razón Anasagasti, sí. Los españoles somos tan reacios al nacionalismo español que si hemos tenido que echar mano a términos tan descongestionados ideológicamente como el de «constitucionalistas» ha sido porque los nacionalismos periféricos nos han obligado a reformular nuestra relación con la patria y esa condición española que hasta ayer dábamos por indiscutible y por hecha. Nos han violentado hasta el punto de forzarnos a redefinir nuestro amor a una comunidad nacional a la que antes pertenecíamos igualmente pero permitiéndonos el silencio y hasta el despego afectivo que nos concedía el hecho de nacer en un país desarrollado de la Unión Europea.

 Habíamos nacido, en fin, para «dejarnos querer por la Historia» y nos encontramos de pronto con que hay quienes nos quieren sacar de ella hasta con tiros y con bombas o mediante la pasividad cómplice con esas bombas y esos tiros. Y nos encontramos con que no tenemos ni «señas de identidad» que esgrimir frente a esa ofensiva totalitaria, con que sólo podemos decir de nosotros «lo que no somos» –que «no somos nacionalistas»– y que hasta nuestra virtud –no haber trabajado en la fanática acuñación de esas señas– es presentada como un defecto imperdonable. Y nos encontramos, sí, con que hasta un concepto prestado como el «patriotismo constitucional» de Habermas –que es un seguro contra esencialismos– les parece esencialista a nuestros nacionalistas.

Tiene razón Anasagasti. Nos la suda el Peñón. A uno sólo le inspira vergüenza ajena ese rídiculo desfile orangista que nos han montado los ingleses en esa roca. Parecía un Aberri Eguna.

Falta de confianza
Editorial Heraldo de Aragón 9 Agosto 2004

El portavoz del PNV en el Congreso de los Diputados obsequia a otros partidos con planes y vaticinios sobre el terrorismo y la necesidad de pacto político que podrían aplicarse, con mucho fruto, a su propia formación

TIENE razón el portavoz del PNV en el Congreso, Josu Erkoreka -sucesor de Anasagasti-, al considerar "chocante" y "contradictorio" que, en el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, se combata a ETA "sólo a través de dos partidos", mientras que la lucha contra el terrorismo internacional -islamista- se hace entre todas las fuerzas democráticas. Porque "cuando hablamos del terrorismo interno" -eufemismo por ETA-, "la necesidad de implicar políticamente a todos los partidos del arco parlamentario es mayor". Nada más cierto. Es, en efecto, chocante. Pero hay una razón para que las cosas no resulten tan sencillas en el caso de ETA como pretende el político "jeltzale". Y es que, al menos de momento, no se sabe de ninguna "fuerza democrática" en España que dé amparo a las variadas facciones políticas que, desde Filipinas e Indonesia hasta Marruecos, jalean las acciones de Al Qaeda y sus secuaces.

En cambio, el PNV sí suscribió, en 1998, acuerdos sólidos con Batasuna y la propia ETA, en el desdichado Acuerdo de Estella (Lizarra), que hoy parece querer olvidar. Ahora mismo, el PNV sostiene el "derecho" de Batasuna a mantener grupo propio en el Parlamento vasco, en lugar de considerarlo grupo mixto, como han ordenado los tribunales de justicia tras probarse la relación orgánica entre Batasuna y la banda terrorista. Es más: el PNV defiende el boicot batasuno a las elecciones europeas y el propio lendakari legitimó su apropiación del voto nulo, concediendo así su aquiescencia política y moral, a pesar de la negativa batasúnica a condenar los crímenes. Cualquier pacto necesita un mínimo de confianza entre las partes. El PNV no la ha vuelto a merecer tras haberla dilapidado insensatamente en septiembre de 1998. Erkoreka predice que "el PSOE tendrá que definir si opta por unos o por otros". En pleno fragor de las últimas bombas de ETA, que Otegi no condena, es una receta que los demás tienen también perfecto derecho a aplicar al partido de Sabino Arana.

EL DINAMITERO
Por Jaime CAMPMANY ABC 9 Agosto 2004

PASQUAL Maragall no se baja de la pasarela. Pasa en ella más tiempo que Naomi Campbell. Ahora vuelve a las candilejas porque el navarro Jaime del Burgo le ha llamado «dinamitero de la Constitución», y algo de eso tiene que haber porque Del Burgo ha estudiado y analizado la Constitución y su circunstancia en un libro riguroso y recomendable («La senda de la Constitución»). Aquí y ahora operan dos dinamiteros de la Constitución: Pasqual Maragall y Juan José Ibarreche.

No es que quieran zurcir algún descosido o ponerle a la Constitución un remiendo. No se trata sólo de igualar los derechos de varones y hembras a la sucesión en la Corona o de abrir nuevas relaciones conyugales o sociales en la convivencia. Se trata de volar la Constitución para alterar el ser y la entraña de España pergeñando una Constitución nueva para un Estado diverso, un Estado de federalismo asimétrico, de tres nacionalidades históricas privilegiadas, de adhesión libre y de soberanía compartida. O sea, hacer pedazos la soberanía nacional.

Y entonces llega Jaime Ignacio del Burgo, que es un navarro de pocos eufemismos, y le dice a Pasqual Maragall lo de «dinamitero de la Constitución», que al fin y al cabo sería un dinamitero de la Historia que acercaría la nuestra a la de Yugoslavia. La voladura que se pretende hacer de la Constitución de 1978 atañe a la esencia misma de España. No se pretende introducir en la Constitución algunos preceptos románticos, como aquel de la «Pepa» de 1812 que ordenaba a todos los españoles ser «justos y benéficos», o como aquel otro de la República de 1931 donde España renunciaba a la guerra, que por cierto nadie le hizo caso, porque en 1934 estalló la Revolución de Asturias y en 1936 la Guerra Civil. Se pretende descuartizar España para darle un cacho a Maragall y otro a Ibarreche.

Por otra parte, aquí la dinamita nunca es cosa extraña. «Murcianos de dinamita» llamó a mis paisanos el poeta Miguel Hernández, pastor de cabras y de endecasílabos, y ayer no más estallaban dos petardos, afortunadamente sin sangre, uno al pie de un río bravo, en lugar llamado Ribadesella, y otro en el paraíso cantábrico de mis viejos y largos amores, San Vicente de la Barquera. Los etarras en cuanto pueden vuelven a las andadas, aunque sea como en esta ocasión con dos petardos para amedrentar, dos petardos acompasados al «Plan Ibarreche».

Está bien lo de Jaime del Burgo y Maragall porque Navarra, para ser nacionalidad, no tuvo que esperar a que llegara la segunda República y le hiciera un plebiscito. Era ya una nacionalidad mucho antes incluso de que en la batalla de las Navas de Tolosa, el rey de Navarra con sus huestes rompiera la barrera de negrazos en torno de la tienda de Miramamolín y se llevara las cadenas que les impedían huir para ponerlas en su escudo y en el de España. Así lo cuenta mi «Romancero»: «Desde entonces, el escudo de los navarros ostenta en recuerdo de esta hazaña el cuartel de las cadenas». Y así, aquella batalla entre moros y cristianos «puso la primera piedra de los cimientos de España, tras ocho siglos, entera». O sea, entera.

La prensa y el discurso socialista
Agapito Maestre Libertad Digital 9 Agosto 2004

Leo la prensa y hallo estulticia por todas partes. Un repaso somero a la de ayer es suficiente para comprobar que la imbecilidad nos tiene rodeados. La maldad es su consejera y la mentira su alimento. Necedad, maldad y mentira hallo en dos entrevistas. La primera está dedicada a Bono, quien le dice al entrevistador que “cree en el Dios que es amor”. Entonemos un bravo por la declaración pietista del ministro, que sin embargo compatibiliza su amor al altísimo con el desprecio del prójimo. O acaso no es un desprecio comparar las palabras del ex ministro del Interior con el desmentido de ETA sobre su participación el 11-M... Pero lo más estulto no es que Bono llame mentiroso a Acebes por un lado, y por otro nos hable del Dios del amor, sino que en la entradilla de la entrevista se nos diga que “José Bono tiene una cualidad innata: enseguida se pone en el lugar del otro.”

He leído la frase sobre Bono y he dado un respingo hasta alcanzar a leer el titular que abre la otra entrevista. Se trata de Felipe González quien declara en un grueso titular: “Tengo vocación de todo menos de político”. ¡Olé por mi Felipe, el más grande de los socialistas vivos! Pareciera que con esas palabras nos quisiera presentar a un hombre cabal, dicharachero y espontáneo, pero se adentra uno en los primeros compases del diálogo y lee el “viaje” que le tira González a quien le ganó las elecciones del 96: “Soporto mal la tele, y me gustan las piedras. Otros juegan al pádel.” Sigue uno un poco más adelante y aparece otra insidia contra Aznar: “Yo eso de pagar una cátedra para que me escuchen ...”. Pero, por si alguien no tenía claro que trataba de ofender a Aznar, cuenta González que durante la última campaña electoral le regalaron a su esposa un perrito horrible, “parecía un pollo tomatero, versión reducida, como Aznar...”, y se lo quedó porque “en campaña te gusta todo, te lo comes todo.”

Si el discurso socialista va por aquí, o, peor todavía, por decir que ETA no mata indiscriminada y cruelmente, según ha dicho Pérez Rubalcaba, entonces tenemos que prepararnos para oír cosas peores. O sea, cuando siga subiendo el precio del petróleo, cuando los camioneros le hagan una huelga al Gobierno porque no baja el precio de los combustibles, cuando el país pase por malos trances, entonces oiremos que la culpa de todo lo pasado, lo presente y lo porvenir la tuvo, la tiene y la tendrá quien supo autolimitarse para ejercer el poder, quien se fue por decisión personal: Aznar. ¡País!

Mato, luego existo
José María Carrascal La Razón 9 Agosto 2004

Nada exhibe mejor la verdadera naturaleza de ETA como su incapacidad de demostrar que existe de otra forma que poniendo bombas. ¡A esto han quedado reducidos al cabo de cuarenta años los liberadores del pueblo vasco! A unos vulgares artificieros, que disturban la tranquilidad y regocijo de los ciudadanos con sus bombas. «Mato, luego existo». «Si no mato, no existo». Consecuencia: si ya no puedo colocar bombas en las concurridas playas de Levante, al menos puedo hacerlo aquí, al lado, en Cantabria y Asturias, aprovechando una fiesta popular y el que puedo ir y venir en el día. ¡Y estos individuos, estos descerebrados, estos despojos humanos, se arrogan la representatividad del pueblo vasco! Aunque eso no es lo peor. Lo peor es que buena parte del nacionalismo –el oficial– y de la Iglesia vasca siguen considerándolos de los suyos. Desde luego, mucho más que los otros vascos, los «malos», que se consideran también españoles. Y quién sabe si no tienen razón. Que en el fondo son la misma cosa. Que esos chicos y chicas desgreñados, ojerosos, que vemos en las fotos de la Policía son los hermanos pequeños de los señores bien trajeados y rasurados del PNV y de los clérigos con sotana o sin ella, algunos de ellos con anillo episcopal. Que, en una palabra, el nacionalismo violento no sea otra cosa que la punta de lanza del nacionalismo moderado.

La reaparición de ETA en Ribadesella y San Vicente de la Barquera, con su tramoya de explosiones, llamadas previas imprecisas y amenazas consiguientes tiene todo el aire de lo «deja vu». El monstruo sigue vivo. No puede causar grandes daños, no porque no quiera, sino porque no puede, acorralado como está por el acoso policial y judicial, nacional e internacional, pero sigue ahí, al acecho, dispuesto a clavarnos las garras a la menor ocasión que se le presente. Es lo que Ibarreche piensa decir a Zapatero en su próximo encuentro. Que hay todavía nacionalistas vascos que pueden matar. Mejor que se entienda con ellos, con los nacionalistas moderados. Mejor que acepte su plan. ¿Lo toma o lo deja? Pues, no lo olvide, la fiera sigue suelta.

Nada hay en todo este juego macabro de pueblo subyugado, de búsqueda de libertades, de pobreza o de ciudadanos de segunda clase, las razones clásicas que se dan para los movimientos violentos. La única opresión hoy en el País Vasco, la única amenaza a la libertad, la única ciudadanía de segunda clase –tan de segunda que llegado el caso le lleva a uno bajo tierra– es la que trata de imponer ETA a bombazo limpio. Eso sí, con políticos democráticos nacionalistas con la vista puesta en las explosiones y clérigos dispuestos a pedir «trato humano» para los terroristas encarcelados, mientras cambian de acera al cruzarse con los familiares de las víctimas.

FUNGAIRIÑO
Por Jorge TRIAS SAGNIER ABC 9 Agosto 2004

LA independencia de criterio con la que siempre ha promovido la acción de la justicia en defensa de la legalidad, de los derechos de los ciudadanos y del interés público tutelado por la ley; estar siempre al margen de escaramuzas políticas partidistas; ser un hueso difícil de roer para el terrorismo nacionalista vasco, el narcotráfico, el terrorismo islámico, los GAL, o para cualquier tipo de delincuencia organizada; haber declarado a favor del juez Gómez de Liaño en el ignominioso juicio al que fue sometido; y, en fin, ser un hombre bueno, católico y sentimental, todo junto y revuelto, algún día, Eduardo Fungairiño tenía que pagarlo. No tengo muy claro, todavía, si el fiscal general del Estado se guiará por un criterio de independencia, como su antecesor, Jesús Cardenal, o cederá a las presiones del sectarismo que durante la década ominosa judicial, de 1985 a 1995, gobernó la justicia en este país.

Dicen que Fungairiño no estuvo acertado en su comparecencia ante la comisión parlamentaria del 11-M y que, incluso, tuvo un comportamiento inapropiado. Yo no lo veo así. Quienes no estuvieron donde debían, hasta la fecha, fueron los comisionados. Fungairiño, al fin y al cabo, expresó el sentir y la vergüenza de la mayoría de los ciudadanos que hemos contemplado, atónitos, cómo los representantes de los partidos se zarandeaban unos a otros, importándoles muy poco el esclarecimiento de la verdad. Fungairiño, con palabras educadas, vino a decirles a los diputados que él, como fiscal, nada tenía que decir y, usando términos de derecho procesal, «lo que no está en el sumario no está en el mundo». Es comprensible que esas palabras de independencia, como le ordena un mandato constitucional, adobadas por un fino sentido del humor chestertoniano, chirriasen en el Parlamento. Sinceramente, en esta comisión, al margen de ese golpe de sinceridad del ex comisario general de Información Jesús de la Morena, «aquí, especialista no hay nadie», y de las diez horas durante las cuales Ángel Acebes inundó de dignidad y sinceridad el Parlamento, el resto, de momento, está sirviendo para poco.

Que los representantes de unos grupúsculos políticos hablen de actitud obstruccionista y displicente de Fungairiño, provoca carcajada. Todos ellos han protegido el terrorismo etarra que, según el portavoz socialista, no puede compararse con el terrorismo islámico, quizá porque ahora le interese al Gobierno olvidar los mil muertos de ETA y dejar muy contentos a quienes, al fin y al cabo, son su apoyo y, además, pretenden linchar a Fungairiño. Lógica de aplastante cobardía política: tirar la piedra y esconder la mano. Tengo a Conde-Pumpido por hombre independiente y, que yo sepa, todavía no ha actuado desde la perspectiva izquierdista, como insistía que sí lo hacía el fiscal Bermejo, ahora promocionado, sin que Cardenal tomase medida alguna contra tanto descaro partidista. Tampoco le pasó nada a Castresana o a Villarejo por poner a caldo a Aznar y a su Gobierno. Lógica, también, aplastante: entonces gobernaba la derecha. ¿Sucumbirá el fiscal general al dictado del pensamiento único, «progresista» por supuesto?

Campaña del PSOE
La canción del verano
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 9 Agosto 2004

La cantinela de moda de los socialistas, su canción del verano, tiene el ritmo machacón de las consignas y una letra muy sencilla. Calculan que toda España la estará bailando cuando se reanude la actividad parlamentaria en septiembre. La comenzó Bono, no el de U2 sino el campeón de las medallas, el que hace camino al andar, el ministro de las huidas, entonando la primera estrofa con un eco de tambores y cornetas: ETA dijo la verdad y Acebes mintió. Siguió López Garrido (sí, mintió, mintió, unga, unga, el PP mintió) y por último ha llegado el estribillo de Perales, Alfonso, que dedica el tiempo libre a buscar una oportunidad como cantautor al añadir a la música político-militar de Bono una letrita con intenciones poéticas: “el PP se sobrepuso al vértigo”. No está mal, el vértigo vende y humaniza un poco al adversario.

Este cantante promete, dice José Luis Rodríguez desde Menorca. Y entonces va y la letra se le escapa a Perales de las manos y acaba repitiendo lo de los beneficios electorales que buscaba el PP al culpar a ETA. Una vulgaridad, la misma canción de siempre, pero al menos cumple con los objetivos mínimos de la temporada: reeditar en forma de falacia (una petición de principio) lo de las mentiras del PP por la vía de afectar el tono y soltar muy serios que en realidad tales mentiras son sólo cosas tristes, sin más (Bono), o secundarias (López) o que lo importante es cerrar el pacto (Perales).

Como muestra de buena voluntad para alcanzar un acuerdo de Estado contra el terrorismo islámico, no está mal. Oye, mentiroso bellaco, ¿quieres firmar aquí? La canción del verano del PSOE será un fiasco y no la comprarán más que los sectarios recalcitrantes, que compran cualquier cosa porque que son un mercado cautivo. En realidad, después de la comparecencia de Acebes, no hay modo de vender que el ex ministro mintiera a nadie sin programar. Por eso hará bien el PP en no morder el anzuelo. Su honor ya está salvado. No debe equivocarse en este punto ni mantenerse a la defensiva. Lo que los suyos están exigiendo es una ofensiva, una satisfacción por haber sido asediados, acorralados, amedrentados, amenazados e insultados a pocas horas de las elecciones.

Días de papel
Pío Moa Libertad Digital 9 Agosto 2004

¡Lo que son las lecturas apresuradas, inevitables en estos tiempos de tanta publicación! Hace unos días me comentó José Luis Gutiérrez que había dirigido la revista Gentleman en 1974. “Hombre, esa revista la asaltamos nosotros, no sé si en ese año o en el 75” “No jodas, si creímos que habían sido los fachas, que dejaron todo aquello lleno de pintadas. Así lo pongo en Días de papel. “Bueno, lo he escrito en De un tiempo y de un país. Además, se lo conté a Martín Prieto, a quien tendría que agradecer un artículo que publicó el año pasado en defensa de Los mitos de la guerra, pero con el agobio del trabajo…”. “Pues he leído tu libro y ni me di cuenta”.

En De un tiempo, confundo, me parece, a Gentleman con otra revista, que aparecería algo más tarde, Guadiana, pero básicamente la cosa fue así: “Gentleman, título muy apropiado para los ejecutivos agresivos que con ánimo audaz se entregaban a una meliflua oposición al franquismo (…) No teníamos el menor motivo para simpatizar con ellos. En su redacción trabajaban afiliados a partidos de izquierda, incluyendo a nuestro informador, sobre los cuales podían recaer sospechas si se efectuaba la “expropiación”. Para evitarlo, procuraríamos que el golpe se atribuyese a los fachas.

- Es una provocación, no debemos caer en ello
- De provocación, nada. Necesitamos la máquina, y no hay más remedio. A los fachas no los va a perseguir la policía, ¿verdad? Así que bien se les puede cargar el muerto. ¿O es que han pescado a los que queman librerías? (…) Además, en el fondo los de la revista son fascistas. Sólo intentan salvar a los monopolios de la crisis del régimen. Y tienen dinero de sobra
- Sí, sí, pero no me gusta.
-¿No recuerdas lo que decía Dimitrof? Hay que aprender también de los fascistas, hasta de sus provocaciones.

Vista en la distancia, la argumentación no puede resultar más ilustrativa. Quien argumentaba contra el que dudaba era yo, que dirigí la operación, nocturna, con otros dos, apoderándonos, si mal no recuerdo, de una máquina de escribir eléctrica con varios juegos de letras, muy pesada, creo que también de una multicopista y de otras cuantas cosas, incluida una pequeña cantidad de dinero. Firmamos la acción como CANS, cuya terminación sugiere vagamente “Nacional Sindicalista”, y en gallego significa “perros”. Para darle mayor verosimilitud, pusimos unas cuantas pegatinas y pintadas en el metro, con esa firma. Quede para la pequeña y algo sórdida historia.

Viene esto a cuento del libro de José Luis Gutiérrez, el ya mencionado Días de papel, “una evocación sentimental de algunos avatares de la Prensa en los 25 años de la Constitución española”. La alusión a la Constitución democrática resulta oportuna, pues la misma no ha impedido al autor sufrir en la democracia golpes mucho más duros que el de la revista Gentleman. Gutiérrez, obrero metalúrgico en su juventud, ha tenido una trayectoria muy destacada en el periodismo español, especialmente en su etapa de Diario 16, donde destapó algunos de los episodios más espectaculares de la corrupción introducida por el PSOE en todos los ámbitos de la vida nacional, en especial el de Roldán. Podredumbre acompañada del intento de promulgar leyes que impidiesen su denuncia, lo que habría degenerado nuestra democracia en un régimen de corrupción institucional como el del PRI mejicano.

Aquellos escándalos, interesa repetirlo, no fueron inventos calumniosos de una prensa opuesta al PSOE, ni mucho menos del PP, que recogió los inevitables frutos políticos de la denuncia y cuando llegó al poder quiso “pasar página”, al menos en lo que le permitieran los resentidos socialistas. Como explica muy bien Gutiérrez, los hechos fueron totalmente reales, y aun teniendo en cuenta las inevitables interferencias partidistas, su puesta a la luz provino de una generación de periodistas de investigación, imitadores de los correspondientes useños, en su mayoría idealistas y creyentes en las virtudes de la democracia; y no pocos de los cuales, entre ellos el propio Gutiérrez, habían apoyado y admirado durante años a Felipe González, y contribuido a su éxito político.

Valdría la pena investigar la trayectoria ideológica del PSOE en esos años, cuando en principio se democratizó y moderó, al abandonar el marxismo, para pasar a “latinoamericanizarse” un tanto (a mi juicio, el término Latinoamérica sintetiza muy bien el deseo suicida de tantos americanos de perder sus raíces hispanas, y sólo debiera usarse en un sentido peyorativo, por contraste con Hispanoamérica). Los líderes del PSOE, convencidos de que debían durar bastantes décadas en el poder a fin de dejar el país “que no lo reconociera ni la madre que lo parió”, parecen haber tomado por modelos a regímenes como el mejicano o el venezolano de entonces, del cual salió probablemente la idea de los GAL.

Y no sólo se manifiesta esa evolución en los numerosos escándalos protagonizados por aquel partido, sino en su reacción, también típicamente “latina”, ante las denuncias. No sólo no hubo reconocimiento de los desmanes o compunción por ellos, ni surgió casi ninguna protesta interna por el rumbo desastroso emprendido (¿alguien sabe qué dijo Rodríguez Zapatero entonces?), sino que la dirección partidista comenzó inmediatamente a utilizar los recursos del poder para perseguir y hundir personalmente, con métodos infames, a quienes ponían sus miserias al descubierto. El caso más conocido fue el famoso video de Pedro J. Ramírez, pero José Luis Gutiérrez sufrió una persecución no menos ensañada, hasta destrozar a uno de los periódicos más emblemáticos de la transición democrática, Diario 16, cuando él lo dirigía. La felonía se llevó a cabo mediante una mezcla de maniobras financieras y de huelgas salvajes y violentas (Otra investigación de interés podría ser la de los medios de comunicación destruidos por el PSOE en esos años de latinoamericanización de España, incluyendo el “antenicidio”).

El relato de esta sucia venganza tiene algo de historia de terror, como dice quien principalmente lo sufrió, y ocupa buena parte del libro. Pero éste de ningún modo es la crónica de un resentimiento. Es fundamentalmente lo que dice en su portada, una “evocación sentimental” del mundo periodístico español del último cuarto de siglo largo, escrita desde una avanzada madurez con la nostalgia del tiempo irrepetible, y llena de claves muy útiles para explicar nuestra historia reciente.

No sé si por ironía o por esperanza genuina, el autor dedica el libro nada menos que al actual jefe de gobierno, deseando el cumplimiento de “sus enunciados de humildad, tolerancia, diálogo, respeto al discrepante, protección y salvaguardia del derecho de todos a la libertad de palabra y pensamiento y a la tan maltrecha libertad de prensa”. Por mi parte no soy muy optimista al respecto. Como indiqué, ni Rodríguez en los tiempos de la corrupción y los GAL levantó la voz, que se sepa, ni tampoco puede uno fiarse de sus promesas, empezando porque sugieren una falsedad: que antes de su presidencia no existían en España esas exigencias y virtudes democráticas mínimas. Previsiblemente las existentes con Aznar las echaremos crecientemente de menos, incluida la “maltrecha libertad de prensa”, uno de los puntos negros del PP, cuya política en este punto apenas puede calificarse de otro modo que como catastrófica para él mismo y, mucho más grave, para el sistema de libertades.

Ahora el PSOE, al lado de los nacionalistas, está empeñado en una “Segunda Transición”. La primera fue del franquismo a la democracia. Esta segunda ya no puede ser a la democracia. Todo indica lo contrario.

Nacionalidad
PABLO MOSQUERA La Voz  9 Agosto 2004

ASTURIAS es España y el resto territorio reconquistado. Se lo hemos oído muchas veces a nuestros vecinos del otro lado del Eo. Hoy tengo más dudas que ayer. De tanto forzar la lectura de la Constitución, algunos confunden derechos históricos de los territorios forales, con territorios históricos. De tanto manosear los términos nacionalidades y regiones, algunos deciden que son nacionalidad histórica, para situarse en un plano de superioridad sobre los españoles.

¿Soy español? ¿Puedo afirmarlo sin que me tachen de reaccionario y facha? ¿Es compatible a estas alturas decir que mi condición de gallego es una manera de ser español?

Sigo pensando que el discurso de Maragall esta hecho para llamar la atención y evitar que la llame Carod Rovira; salir por delante de cualquier iniciativa de CiU sobre el futuro de Cataluña; y convertirse en el paladín de las reformas del modelo de Estado, evitando que sean los nacionalistas los que tiren del carro para modificar la Constitución.

Habría que saber, de todo lo que dice, cuánto está previsto en la fontanería de la sede del PSOE y cuánto está previsto para que choque y se desactive, ante los derechos a la igualdad, solidaridad y libertad, que constituyen los viejos principios del socialismo, y que deben ser la base garante de la ciudadanía en cualquier punto de la geografía del Estado.

Tras las reuniones de Zapatero con los presidentes autonómicos, se evidencia que todas las comunidades quieren reformas de su autogobierno, lo que lleva inexorablemente a la reforma del bloque Constitución-Estatuto. Tras las declaraciones de Maragall, lo que pretende Ibarretxe ya no es «de cárcel». Y como siga así, puede alcanzar al discurso de Otegi, cuando ponía sobre la mesa las condiciones para la paz en Euskadi.

Mientras tanto yo sigo con mis dudas para saber qué soy y qué seré mañana.

Es imprescindible separar el debate sobre capacidad de autogobierno y su correspondiente financiación del debate trasnochado sobre el pasado histórico, en el que puede haber una mezcla de mitos y privilegios consolidados por obra y gracia de la fuerza, nunca de la razón.

Espero y deseo lo mejor para mi Galicia, hasta ahí llega mi nacionalismo. No quiero que mi gente tenga que volver a hacer la maleta por desigualdades para con los derechos sociales.

Y confío en que los socialistas no acuñen algo así como «La desigualdad es bella».

Jerarcas socialistas
La vida es sueño
José García Domínguez Libertad Digital 9 Agosto 2004

Ya lo dijo Calderón, la vida es sueño. Sueña el rey que es rey, y vive con ese engaño mandando. Sueña Montilla que es doble licenciado, y pone en su currículum que “cursó” estudios de Economía y Derecho. Bueno, pues ahí está, disponiendo y gobernando; es más, exigiendo capacitación y competencia a los gestores de las empresas públicas. Sueña el que a medrar empieza. Y sueña el que afana y pretende. Así, sueña ese cordobés que Cataluña es nación, y España nación de naciones. Pero lo pronuncia impostando, forzando. Imitando el acento de una lengua que ignora. Con aquel falso deje ampurdanés de Sazatornil en La escopeta nacional, cuando intentaba colocarle una contrata de porteros automáticos a un jerarca del Movimiento. Y es que lo dice soñando.

Sueña el pobre que padece su miseria y su pobreza. Sueña Bono que no terminó dos carreras en ICADE; seguramente, el centro académico más exclusivo y elitista de su época. Y que puede hacerse pasar por humilde dependiente de ultramarinos que canta las verdades del barquero. Sueña que posa agarrado a un botijo; y que suelta que lo suyo es el mus, después de advertir a los cándidos de que “hay que distinguir entre las ciencias parapsicológicas y la brujería y el ocultismo”.

Sueña el rico en su riqueza que más cuidados le ofrece. Sueña el joyero. Sueña el que agravia y ofende. Sueña Felipe González que es capaz de esconder la piedra negra que lleva dentro. Y que si le hablan de universidades americanas, jamás dirá: “Yo eso de pagar una cátedra para que me escuchen…” Porque sueña que si lisonjero se ve, y no de prisiones cargado, nada debe agradecer al que ayer comparaba con un perro en la contraportada de El País. Éste cree que el mayor bien es pequeño, ése es su sueño

¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión. ¿Qué es Zetapé? Un pensador. Sí, yo sueño que estoy aquí. Pero lo de Göran Person, el primer ministro sueco, es más grave. Porque ese tipo, que no entiende una palabra de castellano, ha descubierto en el otro, que sólo sabe decir yes, a un fino intelectual de una “gran inteligencia”. Después de oír eso, ya no necesité más prueba de que la vida es una sombra, una ficción. Y es que en el mundo, en conclusión, todos sueñan lo que no son, aunque ninguno lo entiende. Pero ya dijo Calderón que todo en la vida es sueño. Y los sueños, sueños son.

Arsenales nucleares
No sólo es un problema de terrorismo
GEES Libertad Digital 9 Agosto 2004

Una de las ideas que más se han repetido estos últimos meses es que la amenaza real a nuestra seguridad es el terrorismo islamista –”internacional” en la versión ZP-. La afirmación no es inocente. Normalmente se utilizaba en el contexto de la Guerra de Iraq, tratando de subrayar que fue un error en cuanto que distrajo la atención norteamericana y mundial del problema real. Un analista tan reconocido como Rohan Gunaratna, arranca el capítulo final de su Al Qaeda. Viaje al interior del terrorismo islamista con la siguiente frase: “La lucha global contra Al Qaeda será el conflicto que defina los primeros años del siglo XXI”. Para el autor no parece haber duda sobre el ranking de amenazas, actitud que comparten otros muchos especialistas internacionales en terrorismo.

La asunción de que el terrorismo es un problema real para nuestra seguridad es antigua. Ya estaba presente en el Concepto Estratégico de la OTAN de abril de 1999 y desde entonces ha sido recogido por todos los documentos semejantes occidentales. Sin embargo, ninguno de ellos ha cometido el error, en el que sí cae Gunaratna, de considerar al terrorismo islámico el conflicto por excelencia. Lo miremos como lo miremos el daño que puede provocar un misil con cabeza nuclear es mucho mayor que el producido por un acto terrorista de la magnitud del 11/S. De ahí que la proliferación de armas de destrucción masiva aparezca en todos los documentos de estrategia occidentales como la primera amenaza citada.

Un periódico tan poco sospechoso de simpatías bushitas como The New York Times aparecía este domingo con una noticia en portada cuyo título parecía salido de las cavernas neoconservadoras, si no escrito por el propio”Príncipe de las tinieblas”, el siempre maléfico Richard Perle: Diplomacy Fails to Slow Advance of Nuclear Arms. Sin embargo no era Perle, sino David E. Sanger, uno de los redactores-estrella del periódico liberal por excelencia, el autor del artículo. Largo y bien documentado, el texto concluía que las distintas maniobras diplomáticas emprendidas para detener los programas nucleares coreano e iraní han fracasado, que Corea del Norte debe disponer de unas diez bombas de plutonio y que Irán está en el camino para lograr en un tiempo indeterminado su primer ingenio nuclear. Más aún, parte del fracaso se debe a que el chantaje económico ha fracasado, dado que China continúa ayudando a Corea y Europa mantiene un intenso comercio con Irán.

La próxima administración norteamericana se tendrá que enfrentar de lleno con su principal reto de seguridad: la proliferación. Clinton y Bush han fracasado en intentar contener el programa nuclear coreano, mientras China jugaba a permitir el desgaste norteamericano. En el tema iraní Bush tuvo el acierto de situarlo como una amenaza mayor en el “Eje del Mal”, tan criticado por los medios y la inteligencia europea, pero en ningún momento ha sido capaz de establecer una auténtica política iraní.

A estos dos problemas hay que añadir el quizás más grave: Pakistán. Sin Musharraf al frente el devenir político de la primera potencia islámica dotada de arma nuclear se puede convertir en un enigma lleno de inquietantes incertidumbres.

La temida proliferación de armas nucleares es una realidad que tenemos que asumir y empezar a actuar en consecuencia. En primer lugar, conviene dejar atrás planteamientos jurídicos por la sencilla razón de que los miembros del Consejo de Seguridad no están dispuestos a llevar hasta las últimas consecuencias la lógica de las convenciones internacionales. Ni China ni Francia, por poner dos ejemplos, van a aprobar una acción anticipatoria contra Corea o Irán. Puesto que estos países están dispuestos a sufrir algunas sanciones con tal de obtener el arma nuclear, hay que asumir que la tendrán o ya la tienen. Tampoco parece viable que Israel pueda repetir la operación contra Oshirak, la central nuclear iraquí que volaron para impedir que Sadam Husein consiguiera acceder al umbral nuclear antes de la guerra del 91. Tanto el gobierno de Corea del Norte como el de Irán aprendieron la lección y cabe suponer que tienen repartidos en distintos lugares los medios de producción y las armas.

Tanto las potencias locales como las globales tendrán que tratar de establecer un diálogo estratégico con las nuevas potencias nucleares. Todos recordamos lo difícil que fue lograr un entendimiento con la Unión Soviética y las décadas de miedo ante la amenaza real de los misiles rusos. Ahora los actores son más y mucho menos racionales.

Iraq: el desafío extremista
Editorial La Razón 9 Agosto 2004

Ayer, por tercer día consecutivo, continuaron los sangrientos enfrentamientos entre la milicias chiíes del clérigo Muqtada al Sader y los marines norteamericanos. El joven imán, que representa a una de las corrientes más extremas del chiísmo, se ha declarado en franca rebeldía frente al gobierno provisional iraquí y su primer ministro, Iyad Alaui, a quienes considera simples «títeres» de Washington.

Pero detrás de la nueva sublevación, que ya ha costado cientos de vidas, se oculta la pugna de este clérigo por hacerse con el liderazgo de la mayoría chiita de Iraq. El momento no ha podido elegirse mejor. El respetado imán Alí Sistani, cuya autoridad entre los seguidores de esta rama del islam pocos se atreven a poner en duda, se encuentra afectado de una grave enfermedad cardiaca y ha tenido que abandonar su país para ser tratado en un hospital londinense. Sistani, que nunca ha accedido a negociar directamente con los representantes norteamericanos, pero que apoya sin reservas la celebración de elecciones libres y el proceso de transición iraquí, es, hasta ahora, el mejor garante de la paz entre la comunidad chiita y quien, con su influencia sobre el Consejo Superior de Clérigos, asegura la futura colaboración con el gobierno que saliera de las urnas.

El primer ministro Alaui acudió ayer a Nayaf para exigir a Al Sadr el desarme y la desmovilización de sus milicias. No tuvo ningún éxito. Los integristas dominan el centro de la ciudad santa y cuentan con que la represión de los norteamericanos ayude a extender su rebelión a otras ciudades. Pero, pese a este riesgo evidente, se hace preciso neutralizar al clérigo rebelde lo antes posible porque representa el mayor peligro potencial de desestabilización.

Cantabria pide a Ibarretxe que aparque su plan y ayude a enviar a ETA al abismo
B. B. CABEZÓN DE LA SAL MADRID. ABC 9 Agosto 2004

Las localidades costeras de Ribadesella y San Vicente de la Barquera vivieron ayer una jornada de total normalidad veinticuatro horas después de los dos artefactos que la banda ETA hizo estallar a la una del mediodía del sábado sin causar ningún daño personal.

Mientras, el presidente de Cantabria, el regionalista Miguel Ángel Revilla, instaba al lendakari, Juan José Ibarretxe, a que «aparque cualquier tipo de reivindicación política de corte nacionalista» y ayude a los españoles a dar «ese último empujón que mande al abismo a ETA».

En su intervención en los actos de celebración del Día de Cantabria, que tuvieron lugar ayer en el parque Conde de San Siego de Cabezón de la Sal, Revilla subrayó que el objetivo de todos los hombres de bien y de todos los demócratas «tiene que ser acabar con ETA. Cualquier otro planteamiento no es admisible en estos momentos». También recalcó que «no se puede jugar con ambigüedades ante una organización terrorista que tiene un brazo político conocido y sentenciado» por los jueces, y destacó que «esos cobardes» y «psicópatas» responsables de las bombas del sábado «no han conseguido» su objetivo de «perturbar» la vida en Asturias o Cantabria. «No lo han conseguido ni lo van a conseguir», prosiguió el jefe del Ejecutivo cántabro.

Cantabria es un pueblo «maduro y preparado» que sabe que «la mejor respuesta» a quienes intentan «alterar» la convivencia pacífica y la democracia es «no amedrentarse» y saber que ETA «tiene los días contados» porque los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado y los tribunales «la han arrinconado».

No hubo cancelaciones
Efectivamente, la normalidad total era la pauta ayer en las calles de San Vicente de la Barquera, donde los establecimientos hosteleros han recobrado la actividad tras el breve paréntesis de unas horas. El presidente de la Asociación de Empresarios de San Vicente de la Barquera, José Cembrero, y los hoteleros y propietarios de restaurantes consultados por Efe coincidieron en señalar que la mayoría de terrazas y comedores estaban llenas de turistas. El sobresalto del sábado no afectó a los hoteles, que aseguran que ninguno de sus clientes ha abandonado la villa o ha cancelado su reserva por causa de los atentados de este sábado.

Por su parte, el ministro del Interior, José Antonio Alonso, tiene previsto celebrar una reunión conjunta con los consejeros de Interior de todas las Comunidades Autónomas el próximo otoño, muy posiblemente en octubre, para tratar los temas relacionados con sus departamentos, según informaron a Ep fuentes del Ministerio.

El titular de Interior explicará previsiblemente las líneas maestras que tiene previsto desplegar en su Ministerio en materia como terrorismo, seguridad ciudadana, tráfico o inmigración. Tras los anuncios realizados en sede parlamentaria, Alonso trasladará a los consejeros de Interior las medidas que pondrá en marcha dentro de la materia que afecta directamente a los consejeros.

Interior planea crear unidades mixtas de Policía y Guardia Civil en ámbitos rurales y ciudades con menos de 30. 000 habitantes para combatir la delincuencia vinculada al terrorismo islámico y el radicalismo. En las zonas con gran afluencia de inmigrantes magrebíes, la Policía contará con brigadas de Información que logren detectar posible actividad terrorista.

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