AGLI

Recortes de Prensa     Sábado 14 Agosto 2004

Nacionalidades y regiones
Francisco Marhuenda La Razón 14 Agosto 2004

LA LÓGICA SEGÚN INTERIOR

M. MARTÍN FERRAND ABC 14 Agosto 2004

Un becario en Interior

TONIA ETXARRI El Correo  14 Agosto 2004

López Garrido, discípulo de Goebbels

EDITORIAL Libertad Digital 14 Agosto 2004

UN TESTIGO CON MORDAZA
Jaime CAMPMANY ABC 14 Agosto 2004

El tiempo les devora

Lorenzo Contreras La Razón  14 Agosto 2004

Protagonismo de ETA

José Cavero El Ideal Gallego 14 Agosto 2004

Entre Alá y Alí
José García Domínguez Libertad Digital 14 Agosto 2004

Voto de vitoriano, voto de alavés
ALBERTO SUÁREZ ALBA El Correo 14 Agosto 2004

El derecho a carecer de interés por el euskera

JUAN BA ESCRITOR El Correo  14 Agosto 2004

El galleguismo de los De la Iglesia
ALFONSO DE LA VEGA La Voz 14 Agosto 2004

Valentía, lehendakari
Cartas al Director El Correo 14 Agosto 2004

Jueces, Policía y PP critican a Camacho por su concepto de terrorismo callejero
F. Velasco / M. Borcha La Razón 14 Agosto 2004

El presidente del Supremo reprocha al Gobierno vasco su relación con organizaciones ilegalizadas
EFE Libertad Digital  14 Agosto 2004



 


Nacionalidades y regiones
Francisco Marhuenda La Razón 14 Agosto 2004

La Constitución «reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran», pero no establece una lista de cuáles son unas y otras. Puede deducirse, por hacer una interpretación generosa, de los diferentes modos de acceso a la autonomía. Las primeras serían, por tanto, Cataluña, País Vasco y Galicia mientras que el resto quedarían incluidas en el término poco prestigioso de «región». Es un debate meramente nominalista porque no tiene efectos jurídicos y la Constitución no vuelve a hacer referencia al término nacionalidad en ningún otro artículo. Conforme se aprobaron o reformaron los estatutos, los legisladores de cada comunidad optaron por obviar, salvo excepciones, la región y optaron por ser nacionalidades, comunidades históricas...
A estas alturas, es una discusión tan bizantina como irresoluble, porque ninguna comunidad aceptará ser menos que las denominadas «históricas». Todas han desempolvado del baúl de los recuerdos una rica historia más o menos edulcorada, que ahora justifica el orgullo de sus habitantes hacia su tierra. El nacionalismo catalán llega tarde, una vez más, y Maragall no logrará consagrar esa perniciosa España de las desigualdades porque el PSOE no lo aceptará, salvo que quiera perder el Gobierno y sufrir una derrota monumental en las próximas autonómicas. Zapatero tiene difícil salir de este atolladero, donde no basta el talante.

LA LÓGICA SEGÚN INTERIOR
Por M. MARTÍN FERRAND ABC 14 Agosto 2004

AUNQUE Antonio Camacho, secretario de Estado de Seguridad, sea un guaperas -mucho para su rango y condición- a mí me evoca la figura de Peter Lorre. No el Lorre de El hombre que sabía demasiado, sino el más modesto de Mr. Moto, el detective chino de aquellas películas seriadas que alegraban las tardes de los jueves, previas a la semana inglesa, de mis días de bachillerato. Mr. Moto era tenaz y nunca dejaba un caso sin resolver, todo lo más lo aplazaba con un «continuará» para el jueves de la próxima semana; pero, y de ahí su gracia, transmitía una peculiar imagen de insolvencia cuajada de preguntas repipis y dichos tan sentenciosos como vacíos.

Tras los últimos incidentes violentos ocurridos en San Sebastián, en desgraciada coincidencia con la reaparición etarra en Asturias y Cantabria, dice Camacho: «No creo que sea un repunte de la kale borroka». La lógica policial, posiblemente, no tiene por qué coincidir con la aristotélica y un atestado no tiene obligación de emular el Organon; pero, si los últimos incidentes donostiarras, con catorce heridos aunque sean leves, no son continuación de la kale borroka, el terrorismo callejero diseñado por ETA como altavoz de su propia existencia, estamos ante un fenómeno nuevo, más allá del gamberrismo juvenil, que merecería, además de explicaciones concretas, estudios profundos.

«Se trata, dice Camacho cuando más me recuerda a Mr. Moto, de gente que tiene una forma vandálica y desagradable de divertirse». No quisiera llevarle la contraria a tan significado colaborador del silente ministro Alonso; pero, si su diagnóstico es certero, ¿por qué no están ya ante el juez la totalidad de tan energuménicos alborotadores? Se puede entender la dificultad de encontrar la raíz, aislar a los cabecillas y aventar el entramado de un movimiento próximo a la guerrilla urbana en función de sus ramificaciones e hipotéticas complicidades; pero, visto el caso como lo ve Camacho, si sólo se trata de una pandilla de jovencitos con mal vino y peores intenciones, la investigación parece más sencilla y la represión de sus desmanes debiera haber resultado más eficaz.

El orden público pudiera no ser un fin en sí mismo; pero sin él resulta inviable la convivencia y, «venga de donde venga» su alteración, la primera de las responsabilidades del Ministerio del Interior es establecerlo, mantenerlo y garantizarlo. La kale borroka forma parte de la patología terrorista ya conocida, y largamente padecida; pero, ¿pode-mos estar al albur de unos violentos de fin de semana dispuestos a «divertirse» de un modo tan incivil, perturbador y dañino? Entiendo el aire balsámico que Camacho ha querido darle a su imprecisa declaración; pero, sin llegar a la lógica trascendental kantiana, o a la lógica dialéctica de Hegel, el secretario de Estado debiera esforzarse por encontrar el camino del sentido común.

Un becario en Interior
TONIA ETXARRI El Correo  14 Agosto 2004

Seguramente habrá más uno, pero como estamos en fiestas y no está el ánimo para señalar a los titulares de tan ingrato ministerio, hay que reconocer que , sobre todo, el subalterno Antonio Camacho está dando más juego del previsto. Está, indudablemente, en su verano de gloria. Tras la emboscada que los encapuchados tendieron a la Ertzaintza en las fiestas de San Sebastián, en la que una quincena de ciudadanos resultaron heridos en una escena dantesca, el secretario de Seguridad no ha podido estar más desafortunado. Para Camacho lo que ocurrió en las calles donostiarras, no sólo no debe interpretarse como un rebrote del terrorismo callejero sino que, en su opinión, lo que hacían los vándalos no fue otra cosa que «una forma desagradable de divertirse». El rey de la obviedad que nos abrió los ojos hace unos días al decirnos que ETA, con las bombas, «quiere hacerse notar», sigue sumando puntos. Tantos que puede acabar estos días de feria con ovación, silbidos y palmas. Lo de las almohadillas habrá que dejarlo para la próxima semana.

¿De qué letargo se ha despertado este fiscal que no se ha enterado del via crucis que ha costado en este país que las cosas se llamaran por su nombre?, se preguntan quienes le oyen decir que los encapuchados tienen una forma muy desagradable de divertirse, «pero nada más que eso». A Redondo Terreros le apartaron de la escena, pero el propio Patxi López le puede contar que costó sangre, sudor y lágrimas conseguir que quienes, desde el Gobierno vasco, comenzaron hablando de la «violencia de baja intensidad» terminaron por admitir que se trataba de terrorismo callejero. Puede ser que en otros confines autonómicos, en la Cataluña de Maragall por ejemplo, no reparen en estos deslices. En Euskadi, sin embargo, cuando sale el sol, quema; donde brota el fuego, no es debido a una colilla mal apagada; y a los gamberros que intimidan a los ciudadanos se les llama fascistas. En fin, que Camacho será muy buen fiscal, pero como corresponsable de Interior tiene mucho que aprender. Si todavía no tiene los deberes hechos, podría guardar un prudente silencio, al estilo de la Princesa de Asturias, por ejemplo, mientras aprende en un discreto cursillo acelerado que hasta el propio consejero Balza le podría facilitar. Que de vez en cuando, nuestros políticos, calladitos y en pareo dan más resultado.

De todas formas, parece que en este verano confuso más de uno necesita contrastar conocimientos y formación. Mientras algunos militantes socialistas cruzan los dedos por si acaso alguna periodista (ya saben estas becarias que tanto le divierten a Michavila) se le ocurre preguntar a Camacho su opinión sobre el cantante Fermín Muguruza, el guipuzcoano Buen aprovecha el turno de guardia. Resulta que a él no le parece tan importante mantener el polémico preámbulo del Pacto Antiterrorista. Y Zapatero pescando atunes.

López Garrido, discípulo de Goebbels
EDITORIAL Libertad Digital 14 Agosto 2004

El nuevo doberman del PSOE repite una y otra vez que Acebes mintió al informar sobre la masacre de marzo, para que así sea verdad oficial. El gobierno de ZP ha dejado como portavoces autorizados de reserva a la concejala Jiménez y al submarino López Garrido. Si la primera dio muestras de su enorme capacidad dialogante y su extraordinaria fuerza política en el contencioso de Gibraltar, López Garrido ha mostrado aún mayor capacidad verbal que su compañera de partido atacando al PP durante todo lo que llevamos de agosto.

López Garrido, el reputado jurista que perpetró la chapucera y fracasada denuncia del PSOE en el caso Tamayo, cometió ayer un imperdonable desliz, según su propio baremo. Poco después de explotar las bombas en Santander y Gijón, adjudicó automáticamente la autoría a ETA para expresar las habituales condenas. Sin embargo, no deja de decir cada vez que le ponen un micrófono delante que Ángel Acebes es un mentiroso por haber hecho lo mismo el 11 de marzo.

El ex­-­comunista se ha encargado de poner en práctica una conocida estrategia de propaganda, enunciada por primera vez por Josef Goebbels, ministro de la Propaganda de Hitler. Aprovechando el descanso político estival –del presidente, pero sobre todo del PP–, repite una y otra vez que Acebes mintió al informar sobre la masacre de marzo, para que así sea verdad oficial. La táctica de la reiteración se enriquece si además, como hace López Garrido, se le otorga obviedad: "El pueblo español sabe que el PP mintió". La estrategia, marcada sin duda desde arriba, fue iniciada por José Bono y Alfonso Perales y la retomarán otros diputados socialistas durante las próximas semanas. El objetivo, que para que cuando se vuelva de vacaciones la idea esté marcada a fuego en la mente de los españoles, de modo que no se escandalicen con el cerrojazo y las conclusiones de la comisión.

El discípulo aventajado de las técnicas de propaganda nazi se ha cuidado además de imputar al rival sus propias culpas, para alejar sospechas de sí mismo. Es difícil no darse cuenta de esta táctica, aunque el PP parezca ignorar los insultos del nuevo doberman del PSOE. Sus portavoces insisten en pedir a los socialistas que se aclaren, cuando ellos tienen muy claro que lo que deben hacer es atacar al PP para tapar sus propios problemas. La derecha política debería hacer caso a la derecha social, y recordar que la mejor defensa es un buen ataque. Los mismos socialistas les han mostrado el camino.

UN TESTIGO CON MORDAZA
Por Jaime CAMPMANY ABC 14 Agosto 2004

LOS comisionados socialistas del 11-M han vetado la comparecencia de Ignacio Astarloa en la Comisión y han impedido sus declaraciones. Alguien responsable del PSOE tendría que explicar claramente las razones para que sus comisionados prohíban el testimonio oficial de quien ocupaba en el momento del atentado la Secretaría de Estado de Seguridad e Interior, es decir, el puesto donde debieron llegar primeramente las sucesivas noticias de la masacre y de donde debieron partir hacia el Gobierno las primeras informaciones acerca de la magnitud y características del atentado y las primeras sospechas acerca de sus autores.

Ignacio Astarloa es sin duda la persona que puede ofrecer los datos más valiosos, o al menos, los más inmediatos, para el esclarecimiento de lo que sucedió el 11 de Marzo en Madrid y durante los tres días posteriores en toda España. La negativa de los socialistas no parece que tenga explicación convincente alguna. Ni se explica ni se entiende, aunque sí se adivina el motivo. Lo ha aventurado el propio Astarloa: los argumentos que hasta ahora ha barajado el PSOE se vuelven en su contra. Cuanto más esclarecedores sean los testimonios, cuanta más luz caiga sobre la investigación y cuantas más noticias de primera mano se conozcan sobre aquel terrible episodio, peor para los socialistas; mejor se verá que quienes han estado mintiendo sobre el 11-M son ellos. El testimonio de Astarloa, después de las declaraciones exhaustivas y clarificadoras de Ángel Acebes, resultaría doblemente definitivo.

Está muy claro que la izquierda no busca la verdad de esa triste historia. No sólo impide con su veto el testimonio de Astarloa, sino que rechaza de plano la posibilidad de encargar la redacción de las Conclusiones de la Comisión a un relator independiente. Ya ha dicho López Garrido que no hace falta indagar más porque la «gente» ya sabe que fue el PP quien mintió. O sea, que la mentira ya ha sido creída por quienes tenían que creerla y ahora hay que dejar así las cosas, no sea que de la investigación aparezca la verdad más incontestable y se compruebe aún más que quien mintió no fue el PP, sino que la izquierda, con acusaciones falsas, con un montaje de mentiras y de insultos, dio el vuelco a las elecciones de una manera reprobable y antidemocrática. En una palabra, que el PSOE llegó al poder de la manera más fea y oscura de toda la democracia.

Al cronista, servidor de ustedes, le importa un rábano que lo que acaba de afirmar sea o no políticamente correcto. El día que se me encoja la pluma por decir lo que pienso racional y sinceramente, la rompo y en paz. En esa Comisión, los socialistas no dan señales de buscar la verdad porque les deja con el tafanario a la intemperie, y los demás grupos de izquierda ayudan a rechazar la elección de un relator independiente que redacte conclusiones no amañadas. Ya empiezan a decir los socialistas que lo importante no es hurgar en las responsabilidades, sino afrontar entre todos el futuro de manera que lo sucedido no vuelva a suceder. Ambas cosas, majos. Primero, la verdad, y luego evitar que los terroristas, además de masacrar inocentes, quiten y pongan gobiernos.

El tiempo les devora
Lorenzo Contreras La Razón  14 Agosto 2004

Un distinguido franquista, el profesor Jesús Fueyo, que fue consejero nacional del Movimiento durante muchos años, solía decir en las últimas etapas del régimen que «el tiempo nos devora». Ahora tenemos ante la vista dos ejemplos que ilustran sobre ese sentimiento de alarma que tanto precipita los comportamientos de políticos y organizaciones. Son los casos de George W. Bush y de ETA. Cuando Fuego valoraba el tiempo como agua que se escapa de las manos, que ya no es tanto oro como fluido fugaz, probablemente hacía suyas las angustias de Quevedo: «Cómo de entre mis manos te resbalas/ ¡oh cómo te deslizas edad mía!». Y, en efecto, al franquismo se le pasaba la edad a una velocidad que sólo comprendieron en su entera gravedad quienes prepararon el equipaje para trasladarse al nuevo sistema que veían venir. Devorado por el tiempo, con las elecciones presidenciales encima, Bush intenta no tener que hacer todavía las maletas desde la Casa Blanca, para lo cual ha optado por la huida política hacia delante.

ETA coincide en la estrategia: huye también hacia un futuro problemático que puede ser hacia ninguna parte. Pero ambos, Bush y ETA, huyen pegando tiros o lanzando explosivos. El presidente norteamericano con su terrible arsenal de guerra; la organización terrorista vasca con la dinamita y, seguramente pronto, con las pistolas del nueve largo.

Iraq es cada día más el Vietnam de Bush. Y este hombre necesita imperiosamente ganar en Iraq una guerra que tiene perdida, una guerra más contra el calendario que contra los insurgentes del chiismo. Envía a miles de soldados a la muerte, que es su manera de morir matando, porque contra todo un pueblo es muy difícil vencer, y menos todavía cuando el campo de batalla es el campo minado de un fundamentalismo religioso. Para proteger los caminos del petróleo y la seguridad de Israel ha acabado enfrentándose con Alá, y además «a domicilio», en Nayaf por ejemplo. Y Alá, no se olvide, es más peligroso que Kerry.

ETA igualmente moviliza a los suyos, a esa infantería ligera de aprendices de terrorismo que organizan la «kale borroka». Pero no le valdrá de mucho. El mayor problema de la banda es que cansa a casi todo un pueblo, no ya el español, que también, sino el vasco. Al final, del mismo modo que Bush con Alá, ETA ha terminado enfrentándose con el PNV, ese chiismo de Euskadi, con su clero y sus códigos sagrados. Y aunque salga de su letargo, ETA ha perdido la guerra del tiempo. Parece que no se lo cree, pero las evidencias se van a imponer. Seguirá matando, pero estará derrotada. Igual que Bush en Iraq, aunque venza a Kerry. A lo mejor la banda encuentra a un Adolfo Suárez entre los suyos.

Protagonismo de ETA
José Cavero El Ideal Gallego 14 Agosto 2004

Pudiera parecer que sólo cabe una organización terrorista y que los atentados criminales del 11-M cometidos por los fanáticos islamistas han conseguido desplazar y restar credibilidad a ETA. También pudiera parecer que los etarras no terminan de saber qué estrategia emplear después del pavoroso atentado de los trenes de cercanías de Madrid. Lo cierto es que ETA, ya sea por esa clase de razones psicológicas o de imagen pública, o bien por causa de la persistente persecución que ha venido padeciendo, y que ha conseguido reducir su capacidad de causar daño, no termina de levantar cabeza, aunque en las últimas semanas haya pretendido dar muestras de regreso a los modos y escenarios de actuación que le han sido familiares y constantes: violencia callejera en las fiestas guipuzcoanas y atentados con bomba en zonas turísticas.

¿Cuál es la ETA de nuestros días?, se preguntan los estudiosos del fenómeno. Sin duda, la de siempre, pero disminuida por la eficaz persecución policial. Y en razón de su firme propósito de seguir existiendo, practica la bomba veraniega contra intereses turísticos, y si tiene oportunidad, y contra todo propósito, pone en pie la lucha callejera. Todo es lo mismo, o responde al mismo esquema de actuación: sorprender con terror a la ciudadanía, demostrar que pervive pese a las condiciones desfavorables, y tratar de seguir deseando tener incidencia en la marcha de la política.

Ahora mismo, se supone que debiera estar ya en vigor un tiempo de ausencia de violencia, conforme lo definió Ibarretxe, que permitiría efectuar una consulta popular sobre su plan que pronto comenzará a debatir el Parlamento vasco. Pero esa ausencia de violencia no termina de llegar, porque significaría que ETA aprueba el plan. ¿A cambio de qué? También un cese de violencia como el que reclama Ibarretxe, y que llega a condicionar el resultado final de su controvertido plan pudiera estar requiriendo alguna clase de negociación con ETA.

Y mientras tanto, todo sigue igual en el seno de la banda, salvo las limitaciones que plantea la eficacia policial y unos niveles de ingresos económicos que se han recortado sustancialmente en los últimos tiempos. Pero, por lo demás, algaradas en las fiestas vascas y atentados propagandísticos en zonas de playa, unos veranos en el Mediterráneo, otros en el Cantábrico, es lo que corresponde hacer a una banda terrorista muy experimentada, bien gestionada y dirigida.

Irak
Entre Alá y Alí
José García Domínguez Libertad Digital 14 Agosto 2004

Sunníes y shiíes siguen compartiendo el grueso de las enseñanzas del elegido; las que impartió en vida, cuando animaba a los suyos a asaltar caravanas a condición de que le reservasen una quinta parte del botín. Gran escándalo en nuestra prensa progresista porque fuerzas de la Coalición han profanado la ciudad santa que aloja el mausoleo de Alí. Las tropas norteamericanas sitian Nayaf para incordiar a otro santo, Muqtada al Sader, que había acudido allí a impartir seminarios gratuitos sobre Montesquieu y Kant. Inadmisible. De todos modos, lo más penoso es que, contando el ejército Mahdi con más simpatizantes en Madrid que en Bagdad, aquí nadie tenga ni repajolera idea de quién fue el tal Alí. Sabemos, sí, que Zetapé es consciente del problema. Nos consta que le preocupa que el adoctrinamiento coránico de los españoles adolezca de tan graves deficiencias. También, que se ha propuesto remediarlas por la vía de ceder las aulas de nuestros colegios, además de las cámaras del Pirulí, a los predicadores de la sumisión, que no otra cosa significa islam. Pero debe darse prisa. Y es que bien está que nuestros escolares tengan a María por una marca de galletas, y a la Magdalena por su competidora en el mercado. Pero que en el sultanato de Curro Moratinos todavía no distingamos entre Alá y Alí, eso no tiene perdón de Dios.

Yo mismo hube de caer en los escritos de un infiel, César Vidal, empujado por la tardanza del Gobierno en cumplir su programa. Así, en España frente al islam tuve noticia de que el piadoso Alí, que era primo de Mahoma, fue asesinado a instancias de otro beato, Muawiya, también pariente del enviado. Al parecer, el justo Muawiya quería vengar de ese modo la ejecución de Otman, yerno a su vez de Mahoma y liquidado en las disputas por el poder al fallecer éste. A través de la misma fuente supe que la cosa se complicó después. Fue cuando un grupo de bienaventurados decidió matar, con idéntico móvil, al hijo de Alí. Y que del enfado de los seguidores del último difunto ante apostolado tan expeditivo, habría surgido la herejía shií.

No obstante esas pequeñas disputas de familia, sunníes y shiíes siguen compartiendo el grueso de las enseñanzas del elegido; las que impartió en vida, cuando animaba a los suyos a asaltar caravanas a condición de que le reservasen una quinta parte del botín. De tal modo, al Sader, el del turbante que resiste en Nayaf, respeta la sura número cuatro del Corán; la que recomienda golpear a la esposa si es desobediente. Del mismo modo que se abstiene de poseer doce mujeres, número que el arcángel Gabriel reservó a Mahoma, y se limita a usufructuar las cuatro que el libro autoriza a los fieles. Ese santo varón comparte con mil millones de iguales el desprecio por las hembras. Por algo dijo el profeta: "No he visto a nadie más deficiente en inteligencia y en religión que vosotras", razón de que la mayoría de los habitantes del infierno sean mujeres, según confidencia del propio Mahoma.

Ante el virtuoso caballero que hoy dispara contra los marines en Nayaf, no hay alegre Zerolo que no recule de incurrir en apostasía. La razón estriba en que el misericordioso al Sader obedece todos los mandatos divinos. Incluido el que ordena: "A cualquiera que cambie su religión islámica, matadlo". Todo eso y más, pronto lo descubrirán nuestros zerolos. Porque Rodríguez está decidido a cumplir sus compromisos con los hijos del islam, y no les fallará. Con un poco de suerte, el próximo curso ya se enseñará en todos los institutos que Mahoma tenía especial querencia por España. Y los escolares podrán leer por sí mismos hadices como éste: "¿A quién saludas,¡ oh, profeta de Allah!? Y él contestó: A unos hombres de mi comunidad (musulmana) que estará en Occidente, en una isla llamada Al-Andalus. En ella el que esté con vida será un defensor y combatiente de la fe y el muerto será un mártir". Que Dios nos coja confesados.

Voto de vitoriano, voto de alavés
ALBERTO SUÁREZ ALBA El Correo 14 Agosto 2004

Cada equis tiempo, y a lo mejor con la pícara intención de comprobar si termina cayendo la fruta de tanto manosearla, los sheriffs alaveses del Partido Nacionalista Vasco recuerdan que una de sus más anheladas prioridades consiste en la reforma de la ley electoral para las Juntas Generales de Álava. No pretendiendo nada personal; no por nada, explican, sino porque les parece de lógica. Y de justicia. Cada escaso tiempo, los fans de Arana regresan a la carga: es preciso que todos los alaveses aceptemos la modificación de las circunscripciones electorales, que ahora son tres (Vitoria-Gasteiz, Ayala y Tierras Esparsas) y que ellos aspiran a convertir en nada menos que siete, haciéndolas coincidir con el número de las tan venerables, en principio por antiguas, cuadrillas del territorio.

Lo que no especifican con la misma claridad, lo que evitan comentar cuando el tema reaparece, es la sensible cuestión del ventajismo concreto que obtendrían en el improbable caso de que los representantes alaveses de los dos principales partidos nacionales -el PP y el PSOE-, empujados por alguno de esos golpes de calor que en ocasiones nos castigan, fueran tan amables de darles cuerda. Porque, partiendo de la actual distribución de escaños en la Cámara foral, el referido abultamiento de las circunscripciones alcanzaría, de cara a los propios valores concretos de esas formaciones constitucionalistas, proporciones de verdadera catástrofe, ya que los socialistas pasarían de tener 12 a únicamente 9 procuradores, y el Partido Popular perdería otro, quedándose en 15. Por matemática pura, los oportunismos del tándem PNV-EA recibirían ese mismo regalo de cuatro junteros, cuatro, y con un mínimo apoyo hasta terminarían pudiendo gobernar un territorio que perdieron, con incurable dolor de corazón ha hecho cinco primaveras.

De acuerdo con la propuesta de los cerebros de la calle Avendaño, nuestra macrocapital -principal caso estatal de macrocefalismo, al lado de Madrid: ciudades enormes si las comparamos con sus extensiones rurales- perdería cinco procuradores en Juntas Generales, resultándole precisos 8.533 votos por la obtención de cada juntero, mientras que en Campezo les bastaría con sumar 1.566, y 2.540 en Ayala. Y no puede quedar ignorado el hecho de que es precisamente en Vitoria-Gasteiz donde la pareja de partidos que se alterna en el Consejo de Ministros obtiene sus mejores resultados, su más favorable representación electoral.

Fue en función de la población real de V-G y del resto de Álava como se llegó, en el año 1987 y entre las paredes del Parlamento vasco, a la aprobación de esta ley electoral, que a pesar de las ganas que muestran los peones del sobrino de aquel tan bondadoso y ya desaparecido 'hombre del maletín', rige en nuestro territorio. Se trataba de lograr la más exquisita proporcionalidad de votos y de resultados electorales en función de la población de los unos -los pueblos- y de la otra -la capital-. Con ello se conseguía no primar injustamente el voto rural, precisamente en terrenos en los que la durísima situación política en la que los vascos nos vemos obligados a desarrollar nuestra vida representativa y social hacía y hace muy dificultosa la tarea de confección de listas cuando es un partido constitucionalista el que lo intenta.

La jugada peneuvista fue intentada poco después de su pérdida de la Diputación foral. El Parlamento autonómico admitió a trámite la propuesta de reforma, pero, carente de apoyos, terminó quedando paralizada en febrero de 2003. Mas el PNV no renuncia, y ahora intenta su repetición con fecha fija: antes de las autonómicas del año que está a pocos meses. Su líder opositor en el legislativo provincial, Álvaro Iturritxa -nuevamente aupado a la ligera política local, a pesar de aquella su justificada dimisión como concejal vitoriano de Urbanismo por culpa de ciertos terrenos en Salburua/Arcaya- tiene, encima, el valor de anunciarlo así: «Vamos a defender esta modificación, no porque proporcione ninguna ventaja al partido, sino porque es de justicia». Quiere tomarnos por tontos.

Para el portavoz Iturritxa, es de justicia esa broma de que 1.566 votos de Campezo equivalgan a 8.533 de Vitoria-Gasteiz. También lo es para Liñares, la presidenta peneuvista de la Cuadrilla de Salvatierra, quien aprovechó su discurso de anfitriona del último pleno de Tierras Esparsas para opinar que la reforma que pretenden sería algo «muy positivo y enriquecedor», guante aceleradamente recogido por ese juntero Rodríguez, que mete horas extras por si se da el caso de que el sobrino del maletinero quiera olvidar que su subalterno arrancó con el DNI en tierras de León y no en algún solar prestigioso de Euskadi. Conviene, por todo lo expuesto, que los grandes partidos no descuiden el mantenimiento de la guardia. Ni el popular, que en su día calificó de «golpe de Estado y fraude electoral» el feo intento, ni el socialista, cuyo Charly Prieto, desde su honestidad de político puro, proclama que no hay sistema más democrático que el de 'una persona, un voto'. Ahí es donde también apunta nuestro antiguo diputado general Emilio Guevara, incluso paridor de una sugerencia de modificación absolutamente opuesta a la de sus antiguos cofrades nacionalistas: la circunscripción única. Atentos, pues.

El derecho a carecer de interés por el euskera
JUAN BA/ESCRITOR El Correo  14 Agosto 2004

Algo antes de la derrota del Partido Popular en las últimas elecciones generales, un conocido periodista nacionalista, que no me es del todo antipático, me comentó con sorna que le extrañaba el tiempo que hacía que no me metía en mis artículos con ellos, con los nacionalistas. Le argumenté mi laxitud al respecto con un símil que, salvando mucho las distancias y extirpándole las connotaciones bélicas, servía. Le dije: «Mira, exagerando enormemente; esto es como cuando árabes y judíos luchaban contra los ingleses. Ahora, lo prioritario es que echemos a los ingleses; después, ya volveremos a discutir, civilizadamente espero, entre nosotros». Así que, ya por fortuna librados del Partido Popular en el Gobierno, puedo volver a practicar las buenas costumbres.

Pero la verdad es que no se me ocurrió cómo sacarle una nueva punta al lápiz. Todo está ya bastante manoseado y dicho en torno a los escenarios -palabra que tanto gusta a los nacionalistas- habituales y puntos de fricción, incluido el plan Ibarretxe. La sensación, que puede ser engañosa, es que todo respecto a la órbita nacionalista vasca no se altera, aunque dista de estar quieto e inerte. Quizá esto sea lo mejor y más parecido a la 'normalidad', aunque sea entre comillas. Si algo caracteriza a los nacionalistas es la constancia, lo recalcitrantes que son. Poseen la paciencia y asiduidad necesaria para matar un cerdo a besos. Y sobre ETA no quiero escribir excepto que resulte imprescindible. El silencio puede ser el camino adecuado hacia el olvido.

Sin embargo, los adalides del PP, aunque hayan perdido el poder, siguen dando juego periodístico y me cuesta un esfuerzo no hacer un poco de sangre de tinta acerca del pago con fondos públicos a ese bufete de abogados norteamericanos que tenían 'mano' para que a Aznar lo condecorasen con la famosa medallita del Congreso USA. Aunque, qué se puede añadir que refuerce la patética elocuencia del hecho de que alguien pague, y encima con dinero que no es suyo, para que le cuelguen, con perdón, una medalla. Como en el viejo chiste, por un poco más de dinero -ya, total- podían haberle dado dos iguales, por si se le pierde una.

O lo jugoso que resulta ese libro hagiográfico con unas trescientas mil fotos de Álvarez Cascos. ¿Se le verá pescando en más fotografías que a Franco? Pasemos página, nunca mejor dicho.

Sí me encuentro con la reciente polémica surgida en torno al elevadísimo número de suspensos en los últimos exámenes a docentes de la enseñanza pública para conseguir el título de acreditación del perfil lingüístico en euskera, condición indispensable para poder seguir desempeñando su profesión con normalidad en el caso de los funcionarios, y simplemente para tener trabajo en el caso de los sustitutos. Esta noticia me hizo reflexionar de nuevo sobre la política de expansión del euskera llevada a cabo por los gobiernos del Partido Nacionalista Vasco.

Según me han dicho, en el caso de esos suspensos concurren varios factores contrapuestos y no tengo la suficiente información contrastada para dar una opinión con criterio. Pero sí puedo dar fe de lo que le costó en el pasado a la que entonces era mi mujer conseguir ese título. Y se preparaba en profundidad.

Todo ello me hace meditar sobre mi posición profesional y personal ante el euskera. Si me parece que merece la pena extenderse un poco sobre este asunto es porque conozco a muchos otros vascos del mismo parecer.

Soy un vasco, un 'bilbaino', que desciende de varias generaciones de bilbaínos, todos ellos castellanoparlantes. Soy escritor, tengo cuarenta y cuatro años y la lengua en la que intento seguir aprendiendo mi oficio es el español. De aprender bien otro idioma, me gustaría que fuera el inglés. Me encantaría, por ejemplo, poder leer a Joseph Conrad en versión original. Por el euskera, dicho sea con todos los respetos, no tengo interés; tampoco, en absoluto, animadversión. Y no hago proselitismo de mi ausencia de interés. Mi hija se educa en el modelo B, bilingüe. No quiero mostrarme ni ponerle a ella en una posición contraria o de espaldas a la evolución de esta sociedad gobernada por un poder cuya ideología no comparto, pero que ha sido elegido democráticamente.

Sin embargo, cuando he hablado de esta falta de interés personal por el euskera con personas de esa ideología nacionalista, han tomado esta actitud mía como una profunda falta de respeto hacia «la lengua de nuestro pueblo». No comprendo que se sientan ofendidos. Y además no es así. No se debe confundir la falta de interés con el desprecio. Lo que sucede es que el euskera no es mi lengua ni podría serlo nunca. Siento y pienso en otra, en lengua española, que además es mi herramienta de trabajo. Y el vano anhelo de intentar dominarla para escribir mejor es la tarea a la que dedicaré el resto de mis días.

Los nacionalistas en el Gobierno cuentan con grandes medios económicos y de presión social para lo que ellos llaman la normalización del euskera. Y cualquier crítica a esta ardua labor es tomada enseguida como un ataque o intento de marginación de esta muy protegida lengua e incluso una traición a la patria. Creo que la auténtica normalidad, la naturalidad respecto a la convivencia de ambas lenguas, pasa porque nadie se rasgue las vestiduras ante opiniones como la mía. No confundamos desinterés o ajenidad con agresividad. El euskera es la lengua cotidiana de parte del pueblo vasco, pero no de otra parte. Ni lo será nunca por mucho que se obligue a aprenderla como requisito laboral. Que nadie utilice una u otra lengua como un arma política arrojadiza, creo que ése es el auténtico respeto y amor por la lengua de cada uno. Y por la convivencia en armonía.

El galleguismo de los De la Iglesia
ALFONSO DE LA VEGA La Voz 14 Agosto 2004

EN UN reciente ensayo de María Rosa Saurín, catedrática de la Universidad de Urbino, (CSIC, 2003) se invita a hacer un buen uso de la memoria para rescatar del olvido, o del silenciamiento propio del sectarismo nacionalista, iniciado ya por el endiosado y autoritario Murguía, a los hermanos Antonio, Francisco y Benigno De la Iglesia, figuras emblemáticas en su época del galleguismo, civilizado y civilizador, liberal y cosmopolita, que consideraban que la construcción de Galicia « era inseparable de la del estado liberal y que ambas implicaban el despegue de una España por fin resurgida de sus ruinas, nutrida por el jugo vital de sus variedades regionales».

Los hermanos de la Iglesia, con diferentes matices, pero siempre con libertad de espíritu, trataron de promover valores como el trabajo como modo de elevación moral y material, el laicismo, la tolerancia y austeridad, el uso de la lengua gallega como instrumento de comunicación, para complementar la cultura española, pero nunca, por el contrario, para levantar barreras, incomprensiones y distingos; nunca como instrumento de separación y exclusión del resto de los españoles. Anticlericales como buenos cristianos , defensores de la libertad de conciencia, templo este último del hecho religioso verdadero, el catolicismo arcaico e integrista oficial santiagués, del que el nacionalismo es una de sus secuelas más lamentables, les heló el corazón. Para promover esos ideales en la educación y en la escuela Antonio y Francisco se trasladan a A Coruña. Benigno, el pequeño, un testa calda , moriría prematuramente. Comprenden que la prensa debería lograr grandes bienes para Galicia y constituye un medio para subsanar las deficiencias de las instituciones educativas. Educar para ser mejores, esforzarse por solidarizar voluntades. Un programa magnífico, siempre actual, al que todos deberíamos contribuir, como hace la profesora Saurín con su libro.

Valentía, lehendakari
Javier Lejarza Uriarte/Amorebieta. Vizcaya Cartas al Director El Correo 14 Agosto 2004

Ser valiente políticamente es lo que le pide el lehendakari Ibarretxe al señor Zapatero, para afrontar la solución al 'contencioso vasco'. El problema es que lo que entiende aquél por valentía política no es, ni más ni menos, que hacer exactamente lo que el nacionalismo quiere. En caso de que no lo haga, más raciones de agravios a la autonomía y victimismo a los que estamos acostumbrados, pero que cada día causan mucho más rechazo. Es el modo de entender la democracia del señor Ibarretxe.

Yo le pediría al lehendakari que practicara él mismo la valentía política que pide a los demás y les diga a los nacionalistas que él defiende que el castellano es también nuestro, porque colaboramos en su invención. Que los vascos llevamos ocho siglos trabajando en la formación de España, que hemos estado en todos los hitos importantes, que la Guerra Civil y la dictadura de Franco fueron un paréntesis de 40 años del que fueron víctimas todos los españoles y no fueron precisamente los vascos los más represaliados, que nunca hemos estado los vascos unidos políticamente y que nunca hemos vivido como hoy gracias a la Constitución -que ustedes no votaron en contra, se abstuvieron para así poder quejarse en el futuro- y al Estatuto que sí aprobaron. Sea valiente, señor Ibarretxe, sería muy bueno para todo Euskadi. ¿Qué hay de malo en que se sepan estas cosas? Muchos vascos, nacionalistas incluidos, no tenemos ningún problema de relación con España. Compran nuestros productos, nos acogen en vacaciones, tenemos amigos e incluso muchos hasta familia. Sea valiente.

Jueces, Policía y PP critican a Camacho por su concepto de terrorismo callejero
El secretario de Estado insiste en que no hay ningún rebrote de los actos de «kale borroka»
Las palabras del secretario de Estado de Interior, Antonio Camacho, calificando como «una forma muy desagradable de divertirse», los incidentes callejeros producidos el pasado miércoles en San Sebastián con quema incluida de un contenedor , han provocada una reacción unánime de protesta en ámbitos judiciales, policiales y de la oposición política. El Partido Popular solicitó ayer su dimisión del cargo. Camacho reiteró ayer en Santander que no hay dato que avale la existencia de rebrote de los actos de «kale borroka»».
F. Velasco / M. Borcha La Razón 14 Agosto 2004

Madrid / Santander- Desconocimiento de la realidad política y social del País Vasco, grave irresponsabilidad, otras personas ocuparían el cargo mejor que él, debe medir muchos sus palabras u ofensa a las víctimas del terrorismo. √stas son algunas de las críticas que desde sectores judiciales, sindicatos policiales y Partido Popular se realizaron ayer al secretario de Estado de Seguridad, Antonio Camacho, por calificar de «una forma muy desagradable de divertirse» los incidentes callejeros ocurridos el miércoles en San Sebastián.
Juan Pablo González, vocal del Consejo General del Poder Judicial delegado para el País Vasco, manifestó ayer a LA RAZÓN que las declaraciones de Camacho demuestran un «absoluto desconocimiento de la realidad social y política» de esa comunidad autónoma. «Lo que ocurrió no fue nada anecdótico, sino de una gran gravedad, porque, al igual que todos los actos de «kale borroka», forma parte de una estrategia perfectamente diseñada por ETA».

Recuerda a Arzallus. También señaló que a Camacho le pudo influir, a la hora de realizar esas manifestaciones, el hecho de pertenecer a una asociación de fiscales, la Unión Progresista de Fiscales, «que se opuso muy activamente a todas las reformas que tipificaban la «kale borroka» como delito de terrorismo, reformas que se demostraron muy acertadas».

Además, señaló que las declaraciones le recordaba «a las que hizo Javier Arzallus hablando de los chicos de la gasolina. Es muy grave minimizar este tipo de terrorismo», concluyó el vocal del CGPJ.

Por su parte, desde la Asociación Profesional de la Magistratura, su portavoz, José Manuel Suárez Robledano, calificó de «gran irresponsabilidad» las declaraciones de Antonio Camacho.

De esa forma, señaló que, en su opinión, «es muy probable que existan personas que desempeñen ese cargo mejor que Antonio Camacho, porque un responsable de seguridad de los españoles no puede calificar como divertimento hechos de una gravedad muy próxima al terrorismo».

Por su parte, los sindicatos policiales también rechazaron las palabras de Antonio Camacho. Así, el Sindicato Unificado de Policía (SUP), a través de su secretaria de Comunicación, Mónica Gracia, mostró su absoluta discrepancia con el secretario de Estado y calificó lo ocurrido en San Sebastián como una acción «totalmente preparada».

Desde la Confederación Española de Policía, su portavoz, Isidoro Zamorano señaló a Ep, que lo ocurrido era un acto de «kale borroka». «Tenían cohetes, cócteles molotov, era una emboscada. Todo mi respeto para el secretario de Estado, pero de fiesta, nada», aseguró.

Dimisión. El Partido Popular, por su parte, pidió ayer la dimisión de Antonio Camacho. Carlos Iturgaiz, presidente del PP vasco justificó esa petición al considerar las declaraciones del secretario de Estado como «una verdadera vergüenza y una ofensa a las víctimas del terrorismo».

Camacho, añadió, «no se entera o no quiere enterarse de lo que es el terrorismo callejero y lo que es la «kale borroka», y si no se entera lo que tiene que hacer es irse a su casa».

Por su parte, el secretario de Estado de Seguridad insistió ayer en Santander, en que «no hay datos que confirmen que haya un rebrote del fenómeno de la kale borroka».

También señaló que lo ocurrido en San Sebastián era «un hecho aislado, vandálico, desagradable, execrable y de violencia callejera del que no podemos sacar como conclusión que se haya producido un rebrote de la «kale borroka» hasta ver cómo se desarrollan los acontecimientos».

«La misma mano»
Las explosiones registradas el jueves en Santander y Gijón parecen provenir de «la misma mano que las de la semana pasada en San Vicente de la Barquera y Ribadesella. «Son de características similares en cuanto a su intensidad y preparación, por lo que podrían haber sido los mismos autores, aunque no está clara la responsabilidad de los atentados», señaló ayer el secretario de Estado de Seguridad.

Sobre la situación de ETA, Antonio Camacho afirmó que «hoy es una organización en decadencia», pero que eso «no quiere decir que no puedan atentar contra los ciudadanos, ni que el gobierno vaya a bajar la guardia».

Por otro lado, pidió al PP una reflexión acerca de si es adecuado que Acebes «esté discutiendo ideas, reflexiones u opiniones de los actuales resonsales de Interior».

POR EL HOMENAJE A URÍA
El presidente del Supremo reprocha al Gobierno vasco su relación "con organizaciones ilegalizadas"
Francisco José Hernando, presidente del CGPJ y del Tribunal Supremo, considera que un Gobierno elegido democráticamente "nunca debe aplaudir a la delincuencia" ni tener relación con organizaciones ilegalizadas. Se refiere al homenaje de bienvenida que varios consejeros de Ibarretxe brindaron a Iñaki Uría, ex consejero delegado del diario Egunkaria, al ser puesto en libertad bajo fianza. Uría dijo que en la cárcel conoció a gente “muy buena” de ETA.
EFE Libertad Digital  14 Agosto 2004

Hernando hizo estas declaraciones minutos antes de clausurar el curso de verano de la Universidad Complutense de Madrid "El poder judicial en el siglo XXI", al ser preguntado por la presencia de miembros del Gobierno vasco en el acto de homenaje al ex consejero delegado de Egunkaria, Iñaki Uría, puesto en libertad bajo fianza y con la acusación de colaboración con ETA.

El presidente del Alto Tribunal señaló que el Gobierno vasco "nunca debe aplaudir a la delincuencia" y, en especial, a una delincuencia "que va a atentar contra los principios constitucionales y democráticos y que no permite la convivencia".

Añadió que "no debe tenerse ningún trato ni ninguna relación con organizaciones que están ilegalizadas por el Tribunal Supremo". Hernando no consideró delictiva la actitud de los miembros del Ejecutivo vasco y calificó su presencia en el acto como "comportamiento no ajustado a la ética política y constitucional".

Pese a todo, apunta Hernando, "el entrevistarse con una persona o hacer tributo podría encuadrarse en la apología del terrorismo", y añadió que "habría que valorar las circunstancias de cada caso".

El presidente del CGPJ recordó que el proceso de ilegalización de Batasuna, Euskal Herritarrok y Herri Batasuna se encuentra actualmente en fase de ejecución, ya que "estamos en la parte económica de los efectos que la declaración de ilegalización ha producido".
 

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