AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 15 Agosto 2004

El modelo de Estado
Editorial La Razón 15 Agosto 2004

TIEMPO DE OPOSICIÓN

Editorial ABC 15 Agosto 2004

Riesgos autonómicos

Editorial El Correo  15 Agosto 2004

La solidaridad nacional

Luis María ANSON La Razón 15 Agosto 2004

Divertirse a lo Camacho
José María Carrascal La Razón 15 Agosto 2004

GILA, EN EL MINISTERIO

Jaime CAMPMANY ABC 15 Agosto 2004

EL CABALLO DE JOSEP PIQUÉ

M. MARTÍN FERRAND ABC 15 Agosto 2004

Moqtada

Adrián Mac Liman La Razón 15 Agosto 2004

El techo nacionalista

JOSÉ LUIS MEILÁN GIL La Voz 15 Agosto 2004

Terrorismo o diversión
Cartas al Director ABC 15 Agosto 2004

Órdagos
Cartas al Director El Correo  15 Agosto 2004

Ángel Acebes: «La incertidumbre que genera el Gobierno repercutirá en el empleo»
Diego Mazón La Razón 15 Agosto 2004

De látigo fiscal en la oposición, a reo de sus opiniones
NIEVES COLLI ABC 15 Agosto 2004

 


El modelo de Estado
Editorial La Razón 15 Agosto 2004

Desde la filas populares se viene advirtiendo del riesgo que corre José Luis Rodríguez Zapatero al abrir el debate de la reforma de la Constitución sin haber establecido primero qué se quiere reformar y hasta dónde es posible llegar en las demandas nacionalistas. Hoy, en LA RAZÓN, el secretario general adjunto del Partido Popular, Ángel Acebes, reclama al presidente del Gobierno que explique claramente cuál es su modelo territorial para España, que plantee la opción socialista a la reforma, frente a la incertidumbre que, sin duda, representa el continuo bombardeo en los medios de comunicación de propuestas y opiniones tan divergentes como contradictorias.

Al principio de la actual legislatura, Mariano Rajoy explicó que su partido no se opondría por principio a la reforma de la Carta Magna, siempre que estuvieran cuidadosamente establecidos los criterios y el alcance de la misma. Y, hoy por hoy, es forzoso reconocer que no se dan ninguna de las dos premisas. Incluso se da la preocupante circunstancia de que desde las filas del propio Gobierno se hacen afirmaciones sobre el modelo territorial que están muy alejadas del actual ordenamiento constitucional español.

El caso más significativo ha sido el del ministro de Industria, José Montilla, que acaba de acuñar el concepto de «nación de naciones» al referirse a España, frente a lo que establece la Constitución, tanto en su preámbulo como en el Artículo 2, de que la única Nación reconocida como tal es la española.

No son, pues, cuestiones de alcance menor lo que se está discutiendo. Desde la propia concepción del Estado, hasta el desmembramiento de uno de sus tres pilares básicos, como es el Poder Judicial, los distintos portavoces socialistas han puesto ante la opinión pública una larga batería de opciones que no hacen más que generar incertidumbres.

Aun aceptando que la reforma de la Costitución sea algo deseado por la mayoría de los españoles, lo que es muy dudoso, es evidente que el procedimiento elegido para plantear la discusión no es el más adecuado. Rodríguez Zapatero debería establecer cuanto antes el criterio que va a defender su partido, ya sea el maximalista de Maragall o el más conservador de Ibarra. Sólo entonces estará legitimado para pedirle al Partido Popular que colabore en el proceso. Porque hay que tener presente que sin los votos de centroderecha, cualquier reforma es imposible.

TIEMPO DE OPOSICIÓN
Editorial ABC 15 Agosto 2004

EL emplazamiento que el líder de la oposición, Mariano Rajoy, dirigió hace unos días a Rodríguez Zapatero a fin de que concretara cuál es su modelo de Estado y accediera a debatirlo con él debería servir para que el debate sobre las reformas constitucional y estatutaria recibiera del presidente del Gobierno la atención responsable que le está negando. Zapatero sólo se ha referido a esta cuestión, convertida por él mismo y por su partido en el núcleo de la legislatura, con discursos vacíos y tópicos, inmediatamente superados, y también rebatidos, por las propuestas mucho más concretas y comprometidas, se compartan o no, de Pasqual Maragall. El PP es la única oposición real al Ejecutivo socialista y como tal debe asumir la tarea de poner a Zapatero frente a sus obligaciones, que no están siendo cumplidas como cabría esperar de un presidente de Gobierno.

No es un presidente autonómico, sino el jefe del Ejecutivo nacional, la autoridad política que ha de plantear las ideas y gestionar los tiempos de lo que se pretende que sea una segunda transición. Y haciéndolo, además, con un diálogo directo y sincero con la oposición popular, sin cuyo acuerdo la reforma anunciada de la Constitución es legalmente imposible -porque requiere mayoría parlamentaria cualificada-, y la reforma estatutaria, una ruptura dolosa del consenso constitucional.

El banco de pruebas del talante de Zapatero es éste, el de las grandes reformas del Estado, porque en ellas se juega su concepto de España y la voluntad de integrar a la oposición. No cabe aceptar, por tanto, la posibilidad de que el presidente del Gobierno no sea consciente de la trascendencia del debate que él mismo ha impulsado y del que luego se ha desentendido. Por eso es posible que el tancredismo ante el diseño que propone Maragall de una España federal, asimétrica y centrífuga no sea tanto la expresión de la abulia política de Zapatero, cuanto de un calculado reparto de papeles, que está utilizando como señuelos de distracción desde la Declaración de Santillana y el último Congreso del PSOE, hasta las discrepancias del presidente de la Generalitat con algunos ministros, pasando por los requerimientos a Andalucía para que se sume al selecto grupo de nacionalidades con denominación de origen que está conformando Maragall.

La tesis más verosímil empieza a ser que Rodríguez Zapatero está de acuerdo con Pasqual Maragall, que ambos comparten la estrategia del federalismo asimétrico y que ambos han diseñado la táctica de encomendar al presidente de la Generalitat el trabajo más ingrato de lanzar propuestas fuera del programa electoral del PSOE y de todo límite constitucional, forzando las costuras de su partido y, más grave aún, de la organización del Estado pactado en 1978. La responsabilidad política es, en todo caso, de Rodríguez Zapatero, lo que también obliga al PP a tratar este asunto como la principal prioridad de su relación con el Gobierno, sabiendo de antemano que está solo como oposición política. No se está discutiendo una reforma constitucional de mayor o menor alcance, sino un cambio de sistema político en el que, por si fuera poco la derogación del modelo territorial actual, las aspiraciones de los nacionalistas y de una buena parte del socialismo español no se agotan con la superación del autonomismo por el federalismo, sino que apuntan a otros ámbitos del Estado.

Si la obligación política de Zapatero de contar con el PP es evidente, el deber de decir la verdad a los españoles sobre lo que realmente está dispuesto a hacer con el Estado ya es apremiante. La coartada de Aznar para todo y la comparación de formas con el pasado están agotadas. Es el tiempo de que la contienda política responda a las reglas de una auténtica democracia de discusión: de que la oposición popular ejerza y de que el Gobierno responda.

Riesgos autonómicos
Editorial El Correo  15 Agosto 2004

La victoria socialista en las elecciones del 14 de marzo y las alianzas precisas para que el Gobierno contara con un colchón parlamentario que le permitiera transitar por la legislatura colocaron en un primer plano del interés político el propósito de los nuevos gobernantes de proceder a una reforma limitada de la Constitución, dando previo cauce a las propuestas de modificación de los diversos estatutos por parte de los parlamentos autonómicos. La metodología y el calendario propuestos determinan sin duda el resultado final, dado que una eventual acumulación de demandas autonómicas por iniciativa de cada una de esas cámaras complicaría su encaje final en una reforma compartida de la Carta Magna.

Además, en la medida en que las instituciones de Euskadi por un lado y Cataluña por el otro sigan marcando el paso de la revisión autonómica, se hará más patente el riesgo de que acaben afianzándose dinámicas de creciente divergencia que impidan la actualización conjuntada del Estado de las Autonomías. En este sentido, la respetuosa actitud de Rodríguez Zapatero hacia las instituciones autonómicas, dando por sentado que han de ser éstas las que tomen la iniciativa de la puesta al día de sus respectivos estatutos, no debería entenderse -empezando por las distintas organizaciones del PSOE- como una invitación al desbordamiento del marco de autogobierno que hasta la fecha se ha mostrado adecuado y eficaz.

La propia naturaleza del hecho autonómico hace difícil que el desenlace final de un proceso de reformas pueda ser previsto hasta sus últimos detalles. Como difícil resulta que un determinado partido llegue a definir con nitidez su propio horizonte autonómico sin incurrir en una visión doctrinaria del futuro territorial de España. La delimitación del campo autonómico requiere el concurso de partidos e instituciones en un debate franco y constructivo; y es lógico que muchas de las fórmulas de solución que salgan adelante surjan del propio contraste de pareceres. Pero para ello será imprescindible que las dos formaciones llamadas a alternarse al frente del Gobierno de España asuman el acuerdo básico entre ambas como condición necesaria para dotar al futuro autonómico de la estabilidad que precisa.

Sería un error de incalculables consecuencias que el PSOE se contentara con ver cómo el PP -por usar las palabras de Rubalcaba- «arrastra los pies» tras el impulso reformador que en materia autonómica pretende Zapatero. Como constituiría un grave problema que los populares optaran por resistirse, sin más, a los propósitos socialistas. En tanto en cuanto las dos grandes formaciones de la democracia busquen en el tema autonómico motivos para la confrontación y la descalificación mutua, las reformas acabarán lastradas por el partidismo y la provisionalidad. Y, lo que es peor, el futuro de la España de las Autonomías quedará en manos de quienes mantienen las posiciones más distantes respecto al consenso alcanzado entre 1978 y 1979.

La solidaridad nacional
Luis María ANSON de la Real Academia Española La Razón 15 Agosto 2004

Nueve regiones españolas pagan más de lo que reciben y lo hacen en favor de las autonomías más débiles. Baleares contribuye a la solidaridad interregional con una aportación de 3.983 euros per cápita. Le sigue Madrid, con 2.608. A continuación Cataluña, con 2.263; País Vasco, con 1.216; Navarra, con 999; Aragón, con 977; Valencia, con 708; La Rioja, con 694, y Cantabria, con 148. Extremadura recibe 1.056 euros per cápita; Canarias, 1.026; Castilla y León, 1.003; Asturias, 980; Andalucía, 590; Castilla-La Mancha, 456; Galicia, 337, y Murcia, 60.

Sobre estas cifras se nutre la solidaridad nacional que ampara constitucionalmente la Monarquía de todos. Algunas autonomías pugnan ahora por pagar menos o por recibir más. Está claro que las cifras de la solidaridad no pueden ser constantes y deben adaptarse a la evolución económica de cada comunidad. Pero si en Europa, y entre naciones en otro tiempo hostiles, se ha producido la solidaridad de la que, por cierto, se ha beneficiado copiosamente España, parece obligado que en nuestro país, que vive en unidad nacional desde hace más de quinientos años, los egoísmos de algunos no deben alterar la distribución interregional justa de la riqueza general. Determinadas comunidades autonómicas no pueden pasar factura a Zapatero por su apoyo para la investidura dado el precario resultado electoral del PSOE en las últimas elecciones generales. Mejor dicho, sí pueden pasar factura pero el Gobierno de la nación no debe pagarla porque eso ofendería al bien común de los españoles.

Divertirse a lo Camacho
José María Carrascal La Razón 15 Agosto 2004

Curiosa idea de la diversión la que tiene don Antonio Camacho. El nuevo secretario de Estado de Seguridad considera el aquelarre del jueves en San Sebastián, que dejó 14 heridos, «una forma vandálica de divertirse». Según su original interpretación, en adelante, habrá que incluir los cócteles molotov en los programas de fiestas de las fiestas patronales, tal vez en la sesión de fuegos artificiales. Y con los encapuchados, ¿qué hacemos? ¿Una variación veraniega del carnaval? Con un encargado de nuestra seguridad de esta guisa, tenemos asegurado el jolgorio. Lo que ya no sé, es la seguridad.

No voy a perder su tiempo ni el mío refutando la memez del Sr. Camacho. Ya se han encargado de ello el Ayuntamiento de San Sebastián, pidiendo auxilio a las fuerzas de orden, jueces y policías. Hay quien intenta echarle un cable aludiendo a su «ingenuidad» y poca experiencia en el cargo. Lo malo es que la ingenuidad en su cargo la pagamos todos los españoles y si hay un puesto en el que se necesita experiencia, es el suyo. A ese señor que lo pongan al frente de una ONG, pero no a combatir la delincuencia y el terrorismo, que nada tienen de ingenuos. Por cierto, ¿se imaginan ustedes la que hubieran montado Rubalcaba y sus mariachis si Acebes o uno de sus subordinados hubiese dicho semejante majadería? Es que los enterrarían vivos y a esta hora estaríamos oyendo pedir su dimisión por tierra, mar y aire. Ahora, en cambio, silencio. ¿Es por la tregua olímpica o porque el nuevo secretario de Estado tiene el mismo apellido que el entrenador del Madrid? Ya saben lo que pesa el fútbol.

Aunque si quieren que les diga la verdad, no estoy tan seguro de que todo se reduzca a ingenuidad del Sr. Camacho. Especialmente visto su empecinamiento en el error, su erre con erre de que lo ocurrido en San Sebastián no era «kale borroka», cuando todos vimos en las imágenes de televisión que lo era. ¿A qué ese empeñarse en negar la realidad? Sólo hay una explicación y no es tan ingenua: el temor a que pueda establecerse una relación entre el rebrotar de la violencia callejera en las ciudades vascas y la llegada del nuevo Gobierno al poder. Eso es lo que les hace tiritar de miedo y les compele a negar la evidencia. Por cierto, un poco como a Acebes cuando se empeñaba a señalar a ETA como autora de los atentados del 11-M cuando ya todo apuntaba hacia los islamistas.
Pero les guste o no, esa relación ya está establecida. ETA les está probando, quiere saber si, aparte de entenderse con Ibarretxe, como dicen, están dispuestos a afrontar el desafío terrorista con tanta firmeza como el Gobierno anterior. Desde luego, declaraciones como las del Sr. Camacho no harán más que envalentonarles. A tenor de las mismas, habría que nombrar concejales de fiestas de los ayuntamientos vascos a los ediles de la vieja Batasuna.

GILA, EN EL MINISTERIO
Por Jaime CAMPMANY ABC 15 Agosto 2004

AHORA triunfa el apellido Camacho. Tengo dicho que hay nombres que saltan a la actualidad enredados como las cerezas. Se puso de moda, por ejemplo, el apellido Conde y todo el mundo era Conde, Mario Conde, Rosa Conde, Carmen Conde, Agustín Conde, Alejandro Conde, etcétera, hubo año que llegué a coleccionar hasta catorce personajes de actualidad que se apellidaban Conde.

Bueno, pues ahora empiezan los Camacho. Antonio Camacho protagonizó el escándalo de Gescartera. A José Antonio Camacho lo hicieron seleccionador nacional y ahora entrenador del Real Madrid. Marcelino Camacho es el nombre más terco de toda la transición. Hay otros varios, pero hoy quiero detenerme en ese Antonio Camacho, que viene de la Unión Progresista de Fiscales y que ha sido nombrado secretario de Estado de Seguridad e Interior por el nuevo ministro José Antonio Alonso.

Algunas de las machadas de Camacho, o sea, las camachadas, ya eran conocidas, pero la que le hace más célebre, aquella que le eleva en brazos de la Fama a lo más alto de la actualidad despampanante y pipiritosa es la declaración que ha expelido con motivo de la actuación del terrorismo callejero durante la Semana Grande de San Sebastián. Coincidiendo con los dos petardazos de Asturias y Cantabria, ha entrado nuevamente en fuego la kale borroka, o sea, la sección juvenil de la banda etarra. Los alevines de asesino se reunieron en número de cincuenta, media centuria de aprendices de etarra, y salieron a las calles de Donostia encapuchados y armados de cócteles molotov.

El capuchón de verdugo impide que se reconozca a los pequeños criminales y también que sean filmados para una identificación posterior. Es el tocado de los follones. Esconden su identidad y llenan la ciudad de llamas y destrozos. En esta ocasión, puede decirse que la operación no alcanzó un éxito completo. Los cincuenta grumetes de salvaje sólo consiguieron catorce heridos y entre ellos un niño de seis años. Previamente al lanzamiento de los cócteles molotov, los angelitos habían prendido fuego a unos contenedores para llamar la atención de la Ertzaintza y probablemente tender una emboscada a los agentes. El mismísimo concejal de Mantenimiento Urbano, que acudió al lugar donde ardían los contenedores, sufrió la agresión de los encapuchados de la kale borroka, fue obsequiado con uno de los cócteles incendiarios y salió por pies de aquel homenaje ciudadano.

Bueno, pues el tal Antonio Camacho, portavoz primero y presidente después de la Unión Progresista de Fiscales ha declarado que en realidad la actuación de los muchachos encapuchados no tiene nada que ver con el terrorismo callejero. Se trata -dijo- de una manera desagradable de divertirse. Y aquí hay que recordar a Gila y aquellas gamberradas que contaba. Los mozos cogían al tonto del pueblo y lo tiraban por el barranco; a las mozas, la Tomasa, la Pascuala y algunas más las ataban por turno al rabo de un burro apaleado y las paseaban así por las calles empedradas. «Ese día sí que nos divertimos», decían. No cabe duda, en la Secretaría de Estado de Seguridad e Interior tenemos a un epígono de Miguel Gila.

EL CABALLO DE JOSEP PIQUÉ
Por M. MARTÍN FERRAND ABC 15 Agosto 2004

SUPONIENDO que todos nosotros, de consuno, decidiéramos dar por derogada la ley de la gravedad, sólo conseguiríamos el ridículo colectivo. La Tierra seguiría ejerciendo su atracción sobre todos y cada uno de los cuerpos situados en su superficie o en sus inmediaciones. Es más que posible que, estando el tiempo dado a las rarezas y no siendo la razón la gran rectora de las conductas, exista por ahí algún grupúsculo de carácter sectario que se siente unido, precisamente, por la contestación a la gravedad que nos sostiene y esté dispuesto a dar su vida por la negación de tan evidente fuerza natural. Aun así sus integrantes, aun po-niendo toda su fe en el empeño, no podrán volar.

Quiero decir que existen principios físicos, éticos o de cualquier otra naturaleza que exigen, para no llegar a la negación de la realidad y/o la propia identidad, una cierta radicalidad en su entendimiento y aceptación. Por eso mismo sorprende la sobrevenida actitud conciliadora del varias veces ex ministro Josep Piqué, el líder de la formación centrista en el Parlamento de Cataluña. Piqué, más famoso por sus mudanzas ideológicas que por sus obras, sostiene frente a la dirección del PP que el partido debe abandonar la «rigidez» -más aún, la «intransigencia»- con que, de Mariano Rajoy hacia abajo, se observan y valoran las pro-puestas de reformas constitucionales y estatutarias.

No se le conocen a Piqué grandes aciertos en su larga y zigzagueante vida política y su último registro electoral sólo señala que condujo a su PP, el de Cataluña, desde el tercer lugar que ocupaba en el Parlament a un cuarto puesto, irrelevante en función de la composición de fuerzas que en él se observan. A pesar de todo Piqué, perseverante, quiere «reconstruir el diálogo» con otros partidos y, en especial, con los que actúan en territorio catalán. No quiere quedar fuera del escenario y, por lo visto, con tal de tener papel tanto le da hacer de don Juan como de doña Inés y, si no hay más remedio, de doña Brígida. Es un modelo de actor político muy conocido, por su abundancia, en estos pagos.

Algunos pensamos que sí, que el PP ha sido demasiado intransigente en los ocho años aznaritas y, muy especialmente, en los cuatro últimos, los de su mayoría absoluta; pero si hay alguien que no tiene autoridad moral para pregonarlo ahora, en pleno impulso soberanista del tripartito que mantiene a Pasqual Maragall, es quien fue más papista que el papa cuando José María Aznar entrenaba en La Moncloa y era entonces su más autorizado portavoz.

Este Piqué, pobrecito, se pasa el día camino de Damasco y cayéndose del caballo. Lo suyo no es cosa de conversiones sucesivas, sino de accidentes encadenados, y de tanto caer al suelo, se le empiezan a notar demasiadas magulladuras y moratones. Está hecho un puritito cardenal, con barbita de intelectual trotskista, y no quiere quedar al margen. Al margen ¿de qué?

Moqtada
Adrián Mac Liman La Razón 15 Agosto 2004

Hace más de cinco lustros, un prestigioso intelectual iraní que, al igual que muchos de sus compatriotas, peregrinó a Neûfle le Chateau para rendir pleitesía al aún exiliado ayatolá Jomeini, confesaba a sus amigos europeos: «Ese santón es un viejo retrógrado y autoritario. Ojalá no gobierne nunca». Unos meses más tarde, el ayatolá se hacía con las riendas del poder en Teherán. Gobernó durante una década, poniendo en marcha su ambicioso proyecto: la revolución islámica, un movimiento de masas radical y violento que hizo temblar los cimientos del mundo árabe, provocando también algunas grietas en la diáspora musulmana de Occidente. Contaba el santón con un pudiente padrino: el entonces presidente francés, Valery Giscard d'Estaing, artífice la de Constitución Europea.

Dicen que la Historia no se repite. Sin embargo, quienes analizan el ideario y el discurso del líder radical chiita Moqtada al Sadr encuentran paralelismos entre las manifestaciones del joven iraquí y las intervenciones públicas de Jomeini. No hay que extrañarse sobremanera: la trayectoria política de Al Sadr parece estar estrechamente vinculada a los designios del actual gobierno teocrático de Teherán. Y ello, pese a la tradicional enemistad que rige las relaciones políticas entre Iraq e Irán. Desde el punto de vista religioso, ambos países pertenecen a la misma rama del islam –el chiismo–, corriente abiertamente «hostil» a Occidente desde el inicio de la revolución jomeinista, que llegó a tornarse en la apuesta islámica de los asesores políticos de la Casa Blanca después de los trágicos atentados del 11-S, perpetrados por radicales sunitas.

Es preciso señalar que ni Al Yazira ni Al Arabiya estuvieron presentes en el alumbramiento mediático de Moqtada al Sadr. Las primeras imágenes del joven clérigo iraquí llegaron a las pantallas del telespectador occidental hace unos meses, a través de la cadena libanesa Al Manar, controlada por el movimiento Hezbollah, agrupación islámica que recibe apoyo estratégico, diplomático y financiero de las autoridades iraníes.

Pero Moqtada al Sadr no es un simple peón en el tablero iraquí. Descendiente de una prestigiosa dinastía de ayatolás, eruditos y «mártires del islam», el joven clérigo emplea en sus discursos y llamamientos a la guerra santa contra el «infiel» (ocupante occidental) un lenguaje sencillo, fácil de comprender en las barriadas pobres de Bagdad, en las ciudades santas del chiismo –Nayaf o Kerbala– en el ámbito rural, que aún se rige por los viejos cánones del tribalismo.

Moqtada al Sadr no pertenece a las altas esferas del estamento religioso; es, a todos los efectos, un mero mujtahid (estudiante graduado), que no tiene reparo en capitalizar el prestigio de su padre, Mohamed Sadik al Sadr, alto clérigo chiita y fundador de una amplia y eficaz red de instituciones caritativas, asesinado en 1999 por los agentes del Gobierno de Sadam Husein. Tampoco es Moqtada un erudito de las escrituras coránicas, pero sus alusiones al herido orgullo nacional de los iraquíes encuentran el debido eco en las masas desconcertadas por la caótica situación interna del país. Aun así, hay quien no duda en comparar su trayectoria con la del ayatolá Jomeini. Pero Moqtada contesta seriamente a quienes le atribuyen el deseo de crear un Estado islámico en la zona centro y sur de Iraq que la situación actual del país, tanto a nivel político como social «nos obliga a descartar la posibilidad de emular la experiencia iraní». ¿Simple intento de tranquilizar a sus «queridos enemigos» del Consejo de Gobierno Provisional? ¿Maniobra destinada a despistar a las cancillerías y los servicios de inteligencia occidentales que, en este caso concreto, están a punto de repetir el mismo error cometido en Irán a finales de la década de los 70, cuando apostaron por el moderado ayatolá Mohamed Kazem Shariat-Madari como posible sustituto de Jomeini?

Sabido es que Shariat-Madari, único clérigo que trató de mantener hasta el último momento el diálogo con la monarquía persa, no dudó en convertirse en uno de los más cercanos y fieles colaboradores de Jomeini. En el caso de Iraq, el papel de Shariat-Madari está desempeñado por el gran ayatolá Ali al Sistani, prestigioso aunque poco carismático líder de la comunidad chiita, quien prefirió componer tanto con la nueva clase política de Bagdad como con las distintas corrientes religiosas que surgieron tras la caída del régimen de Sadam. Uno de sus favoritos era, sin duda, el joven y apuesto clérigo Abd al Majid al Khoei, hijo del gran ayatolá Abu al Kassem al Khoei, mentor del propio Al Sistani. Se cree que durante su exilio en el Reino Unido, Majad al Khoei obtuvo el apoyo diplomático y financiero de la coalición, interesada en crear una corriente chiita «moderada», es decir, pro occidental. Pero Abd el Majid fue asesinado en Nayaf, pocos días después de su regreso de Londres, por los seguidores de Moqtada al Sadr.

Ali al Sistani mantuvo una postura muy ambigua: por un lado, permaneció silencioso ante la trágica desaparición de Al Khoei, por otro, se negó a recibir a Moqtada en su residencia de la ciudad santa de Nayaf. Y ello, pese a las múltiples gestiones llevadas a cabo por los seguidores del carismático clérigo. Más aún: Al Sistani abandonó la ciudad santa (para someterse a una operación quirúrgica en el Reino Unido) pocas semanas antes del inicio de la ofensiva contra el «ejército de Al Mahdi», cuidadosamente pla-neada por las tropas estadounidenses.

Huelga decir que en las últimas semanas y, sobre todo, tras la radicalización del enfrentamiento entre las milicias de Al Sadr y las tropas de ocupación, el gran ayatolá trató de iniciar un acercamiento hacia la postura de Al Sadr, comprendiendo que los enardecidos discursos del clérigo habían surtido efecto: Moqtada se ha convertido en un auténtico líder, capaz de movilizar a las masas. La mayoría de los islamólogos que estudian el vertiginoso ascenso del joven clérigo coincide en que el «fenómeno Moqtada» no constituye un peligro para la jerarquía religiosa chiita de Iraq. Sin embargo, su afán de protagonismo puede convertirle en la «antorcha» de la lucha contra la ocupación extranjera, en un nuevo líder islámico cuyo prestigio superaría los confines del país babilónico.

Moqtada, vivo o muerto. Lo cierto es que vivo, puede causar muchísimos quebraderos de cabeza a quienes pretenden acabar cuanto antes con el caos que se ha apoderado de Iraq tras el derrocamiento de Sadam Husein. Muerto, se convertiría en un problema, (otro más) para los objetivos de la política estadounidense en el mundo árabe-musulmán.

Moqtada, vivo o muerto. La Historia se repite. Pero de allí a decir que el islam chiita está a punto de tener a su propio Ben Laden hay un abismo. O tal vez… ¿no?

Adrián Mac Liman es escritor y periodista, miembro del Grupo de Estudios Mediterráneos de la Universidad de La Sorbona (París)

El techo nacionalista
JOSÉ LUIS MEILÁN GIL La Voz 15 Agosto 2004

EL NACIONALISMO partidario parece que tiende a estabilizarse. En el momento constituyente tuvo un claro protagonismo a través del ponente catalán en la Constitución. Fue decisivo para la elaboración de los estatutos catalán y vasco. Eran los titulares de la marca, que prestaba, de algún modo, legitimidad a la iniciativa autonómica.

La deferencia hacia los nacionalistas se puso de manifiesto en la gobernación del País Vasco. No fue cuestionada por otros partidos, y fue compartida durante años con los socialistas. El largo período de Jordi Pujol al frente de la Generalitat constituye otra muestra de la relevancia del nacionalismo en el primer cuarto de siglo constitucional. La política de confrontación de la segunda legislatura de Aznar fortaleció al PNV, impulsó la reivindicación nacionalista de CiU y catapultó el crecimiento de ERC. En definitiva, la radicalización nacionalista sobre el modelo de Estado.

El PNV se mantiene en el País Vasco. CiU retrocede y los socialistas catalanes han tomado el relevo del gobierno y de la reinvidicación, empujados por ERC. En Galicia el BNG, después de ir subiendo desde las primeras elecciones hasta convertirse en la segunda formación política, ha descendido a favor del PSdeG. Las pasadas elecciones europeas han sido un reflejo de esa realidad. De ahí que pueda deducirse que el nacionalismo ha alcanzado un techo.

El funcionamiento de las comunidades autónomas algo ha tenido que ver en ello. No existe tanta dependencia del nacionalismo para la defensa, no ya de los intereses, sino de la identidad misma de Galicia. La teoría de Ramón Piñeiro ha dado sus frutos, al impregnarse de galleguismo , en mayor o menor medida, los partidos no nacionalistas.

Basta repasar los boletines del Congreso de los Diputados correspondientes a los debates sobre la Constitución o declaraciones coetáneas a las propuestas y observaciones del Partido Popular de entonces -bajo las siglas de Alianza Popular o de Coalición Democrática- para comprobar el notable camino recorrido.

El contrapunto nacionalista es hoy menos necesario. El ideal que encierra tenderá a ser menos seguido, en la medida en que parte de sus valores sean asumidos realmente por los competidores. Las últimas elecciones generales pudieron constituir, en ese sentido, una sorpresa y una decepción. Tal vez, marquen una dirección.

El nacionalismo es, por naturaleza, dialécticamente radical. Por motivos tácticos pondrá sordina a sus aspiraciones. A nadie debe extrañar que reclamen soberanía o algo equivalente, por ejemplo, ser Nación, dentro de o sin Estado. La moderación descansará en el modo de expresarse o de actuar, que no es poco. Puede propiciarse que se comporten así. Resulta excesivo, sin embargo, reclamarles que renuncien a sus convicciones profundas. En ello estriba su fuerza y su límite para el arrastre electoral. De ahí el techo que se avizora que dependerá, en parte, del comportamiento de sus rivales.

Terrorismo o diversión
Cartas al Director ABC 15 Agosto 2004

¿En manos de quién está la seguridad del Estado? Las declaraciones del secretario de Estado de Seguridad calificando el terrorismo callejero organizado (caras tapadas, cócteles molotov, destrucción de bienes públicos...) en San Sebastián como simple «modo de divertirse» no son sólo desafortunadas, sino que descalifican a quien las hizo. La responsabilidad de Zapatero manteniendo a este «frívolo» al frente de tan importante Secretaría de Estado es tan grave como la de Camacho. Así no se terminará con el terrorismo.      A. Peralta.     San Sebastián.

Órdagos
Nino Muñoz/Vitoria-Gasteiz Cartas al Director El Correo  15 Agosto 2004

Aunque todos los ciudadanos vascos no podamos disfrutar del mismo sol ni de la misma lluvia de La Blanca o de la Semana Grande de San Sebastián, ni de lo que es aún más grave, de los mismos derechos ni de las mismas libertades, algunos nacionalistas con su lehendakari a la cabeza, se empeñan en implantar su plan y hacer la consulta, lanzando órdagos, demonización a los 'enemigos' y haciéndose las víctimas. Ni las Cortes ni ETA podrán parar nuestra voluntad. El plan lo defenderemos con uñas y dientes. El plan sólo lo podrá detener la intervención militar. Sólo con las tanquetas les sacarán del Parlamento. Vienen a por nosotros. Quieren imponer el Estado de excepción. Nos imponen el nacionalismo español. No quieren dialogar. Tengo más miedo a España que a ETA. El enemigo a batir es España y el Estado de los españoles. Aznar, Zapatero y Garzón, están a la cabeza de quienes nos quieren aplastar. No sería bueno para Euskadi que ETA fuera derrotada.

Seguirán negándose a firmar al pacto antiterrorista, la ley de Partidos, el pacto por las libertades. Se opondrán a la ilegalización de Batasuna, a la exclusión de los radicales del Parlamento. Seguirán diciendo que se ilegalizan las ideas y deseando que en España no salga el sol. Con estas perspectivas, cuando se le pide al lehendakari que retire su plan, Ibarretxe y la Lehendakaritza denuncian 'la utilización partidista de la violencia'. ¿Quién se ha venido 'beneficiando' del zarandeo del árbol? Se quejan los nacionalistas de que se les equipara a ETA. ¿Acaso no han dado pie para ello, nunca han tenido ni tienen conexión ni indulgencia, comprensión, apoyo y amparo y solidaridad y compromiso con etarras, colaboradores y encubridores, y su plan no es el mismo que el de ETA? ¿Qué han hecho cuando alguno de ellos ha equiparado al Gobierno de España con la banda o al Parlamento español con ETA, como lo ha hecho el presidente del BBB? Así no. Con órdagos, demonizaciones y victimismos no se va a ninguna parte.

Ángel Acebes: «La incertidumbre que genera el Gobierno repercutirá en el empleo»
Secretario General Adjunto del PP
«El Gobierno socialista no tiene un proyecto para España en los elementos fundamentales, y eso está generando inestabilidad»
Diego Mazón La Razón 15 Agosto 2004

Sus últimos días como ministro del Interior estuvieron marcados por el mayor atentado de la historia de España. Asegura que no cambiaría ni una decisión de las que tomó durante y después del 11-M, y cree que la Comisión del Congreso se ha dejado cosas en el tintero y que debería seguir investigando.

Madrid - Tras su maratoniana comparecencia en la comisión del 11-M, Ángel Acebes, «número dos» del PP, aún considera que se debe seguir investigando, porque quedan flecos. Además, del Gobierno del PSOE dice que no tiene rumbo, y que la incertidumbre que provoca traerá graves consecuencias.

 – ¿Qué balance hace del trabajo de la comisión del 11-M?
– Ha sido útil en alguna cuestión como que el Gobierno del PP actuó en todo momento diciendo la verdad, que además gestionó de la manera más adecuada posible la atención a las víctimas, las familias y la investigación policial para detener a los responsables materiales del atentado. Queda acreditado también que algunas de las cuestiones que se imputaron al Gobierno de manipulación eran falsas y que eran otros los que se habían inventado las acusaciones para perjudicar al Ejecutivo y al PP.

Uno de los ejemplos más significativos es que durante esos días se estuvo afirmando que había terroristas suicidas, lo que apuntaba claramente en una dirección. Era una acusación absolutamente falsa que transmitía a la opinión pública la sensación de que el Gobierno estaba ocultando algo muy trascendente. Se acusó al Gobierno de que había intentado nada menos que un golpe de Estado llevando unos decretos a Su Majestad el Rey para aplazar las elecciones, lo que es totalmente falso.

Bien es verdad que en este capítulo como en otros la comisión no ha querido que se sepa quién promovió todo eso y quien estaba detrás. Esa es una de las partes que falta: qué ocurrió el día de reflexión, quién realizó y de quién partieron esas informaciones de la existencia de terroristas suicidas, del intento de presentar al Rey esos decretos.

Y luego, tal y como dije en la comisión, a mí me parecen importantes las palabras del que fue comisario general de información, Jesús de la Morena:

¿quién hay por arriba y por abajo?  Se ha detenido a los autores materiales, pero ¿quién fue el autor intelectual, el que diseñó el momento preciso para cometer el atentado evaluando las consecuencias que iba a tener
?; ¿quién diseñó cómo iban apareciendo las pruebas y en especial la cinta de vídeo reivindicando el atentado pocas horas antes de la jornada electoral?. La comisión debe seguir avanzando en esa dirección.

– ¿Hacia dónde apunta el borrador de conclusiones del PP?
– Creemos que todavía hay cosas por investigar que no se han investigado. A los ciudadanos sí les interesa saber cual fue el comportamiento de cada quién esos días y quién acusó al Gobierno con falsedad. Esto es importante, como el resto de las investigaciones pendientes acerca de la autoría intelectual y como que una de las conclusiones clarísimas que es que el Gobierno no había mentido y que hizo una gestión honesta de esos días.

– ¿Van a solicitar más comparecencias?
– Nosotros finalizamos las sesiones de la comisión reiterando la necesidad de nuevas comparecencias. Se han producido algunos hechos insólitos como que no se haya aceptado que comparezca el secretario de Estado de Seguridad, máximo responsable de la coordinación y la seguridad. Resulta que no se le ha querido oír. Esto, la verdad, es una cosa muy extraña. Que hubiese mucho interés en conocer la opinión del portero de una finca que luego se demostró que había hablado con el PSOE y que no se quiera oír al secretario de Estado de Seguridad, o lo que ha ocurrido con los confidentes.

– La detención de «El Egipcio» desvinculó la guerra de Iraq con los atentados del 11-M. ¿Por qué ha pasado tan de puntillas esa declaración?
– Yo creo que tienen importancia. El Gobierno del PP ya había perdido las elecciones y las había ganado un partido que prometió retirar las tropas de Iraq y aún así intentaron un atentado que podía haber tenido unas repercusiones tan graves como el del 11-M que era poner una bomba en el AVE. Como hemos dicho tantas veces, el terrorismo islámico radical amenaza a un modelo de convivencia. Creo que no entender eso es no entender el problema del terrorismo, y cuando no se entiende y se quiere vincular a una acción del Gobierno concreta, se estará cometiendo un gravísimo error en la lucha contra el terrorismo. Nos pasó con el terrorismo de ETA. Tardamos mucho tiempo en no buscar siempre una justificación, y ese es uno de los más tremendos errores. Decir que hay un responsable que es el Gobierno o en determinados atentados que se ha buscado vincularlo a la víctima es un error. Los únicos responsables son los terroristas.

– En su comparecencia dijo que había que seguir estudiando la sombra de ETA en todo este asunto porque decía que hay piezas que no encajan. ¿Qué piezas?
– Decía que no se puede descartar nada a la hora de quién existía por encima y por debajo y más en un atentado de estas características. Las piezas no encajan en cuanto a que un grupo de delincuentes comunes que traficaba con drogas, que robaban coches de repente cometa un atentado así, con un diseño como el que ha tenido el del 11 de marzo. Y luego que hay una serie de interrogantes que no han tenido respuesta y que no creo que la respuesta deba ser a la suma de interrogantes la casualidad.

– ¿Hasta que punto corremos el riesgo de que esto vuelva a suceder?
– No hay ningún país que se pueda sentir a salvo del terrorismo islamista. Ese riesgo existe. Lo habíamos dicho antes del 11 de marzo y ese riesgo no ha desaparecido y lo que hay que hacer es tomar las medidas adecuadas. Hacen falta medidas legislativas, de cooperación policial, judicial y en cuanto a los servicios de inteligencia. También son necesarios los controles en las fronteras y se precisa mejorar las características técnicas de los documentos de información. Sobre todo esto hay que avanzar.

– ¿Debemos estar más pendientes del peligro que viene del sur que del que viene del norte?
– Creo que es un error establecer categorías de terrorismo, decir que hay un terrorismo que es peor que otro. Algunos mensajes que he oído me han sonado a esto y creo que es muy perjudicial. El terrorismo de ETA lleva más de ochocientos muertos en España, miles de heridos y miles de coaccionados que no pueden desarrollar su vida en libertad. Es verdad que en mi opinión se encuentra en el peor momento de su historia pero si se levanta la guardia intentarán reorganizarse, intentarán fortalecerse porque ya lo han hecho más veces.

– ¿Está de acuerdo con que se amplíe el pacto anti ETA?
– En mi opinión, el pacto por las libertades y contra el terrorismo lo que debe es mantenerse en los mismos términos en los que en este momento se encuentra redactado. Ninguna pretendida ampliación puede cambiar los términosdel preámbulo y del contenido del pacto. Ha sido muy útil en la lucha contra ETA y se debe mantener. A partir de ahí se puede hablar de cualquier otro acuerdo para luchar contra otro tipo de terrorismo.

– ¿Qué valoración hace de las las palabras de Antonio Camacho en las que se refería a los actos de «kale borroka» del otro día en San Sebastián, en las que los calificaba de «forma desagradable de divertirse»?
– La crítica a ese comentario ha sido unánime. Desde los jueces, hasta la policía, pasando por miembros de su partido han criticado la apreciación. A nosotros puede pedirnos que le apoyemos en todo lo que vaya contra el terrorismo pero lo que no puede pedirnos es que le apoyemos al decir que un acto terrorista es una forma desagradable de divertirse. Es una afirmación que va contra la propia estrategia que hemos seguido con el PSOE contra el terrorismo de ETA, porque decidimos que la «kale borroka» era terrorismo urbano y así lo recogimos en el Código Penal. Lo que no puede pedirnos es que vayamos contra nuestros propios actos. La diferencia estriba en que una forma desagradable de divertirse no es un delito de terrorismo y nosotros establecimos en el Código Penal que actos como los de San Sebastián son actos de terrorismo.

– Si pudiera, ¿cambiaría algo de lo que hizo aquellos días?
– Eso, permanentemente vuelve a la cabeza, lo que ocurrió desde el once hasta el catorce de marzo. Lo que es muy difícil es con lo que se sabe ahora, colocarse en las decisiones que se fueron tomando en aquellos momentos. Pero con la información que íbamos teniendo en ese momento, con los análisis que realizábamos, creo que hicimos la acción más transparente, más clara, de mayor información que se ha hecho nunca con un atentado terrorista. Y lo hicimos con varios criterios: en primer lugar, la atención a las víctimas y a las familias; en segundo, detener a los responsables materiales; evitar un atentado posterior e informar a la opinión pública ante un acontecimiento de esa trascendencia. Volvería a fijar esas prioridades y creo que volvería a hacer la misma gestión. El modelo de Estado

– ¿Qué balance hace de los primeros meses de Gobierno socialista?
– Rajoy dijo en su discurso de investidura que era un Gobierno débil e inestable y yo creo que, con el tiempo, se ha demostrado con toda claridad que esa valoración fue un acierto. Es un Gobierno que no tiene un proyecto para España en los elementos fundamentales y que está generando inestabilidad. Se está demostrando que no hay un modelo de organización territorial y sin embargo se está permitiendo que desde dentro del propio Gobierno, Montilla, y desde fuera, Maragall, estén dando unos mensajes que generan una clara incertidumbre y que no se está poniendo coto. No se está imponiendo un criterio y estamos conociendo las propuestas de todos, algunas muy arriesgadas, claramente perjudiciales para la propia estabilidad, y sin embargo, el que no tiene criterio es el propio presidente del Gobierno. No lo tiene en el modelo de Estado, pero tampoco en el modelo económico.

Estamos viendo cómo la improvisación, la carencia en la adopción de medidas empieza a tener repercusiones muy importantes. La confianza en la economía ha descendido doce puntos en un trimestre. La incertidumbre y la inestabilidad al final va a tener repercusiones negativas en la principal prioridad, que es el empleo. Si no se toman medidas convenientes a nuestra economía y no se actúa con previsión ni con determinación, cuando se producen acontecimientos como el incremento del precio del petróleo, que ha pillado con el paso cambiado al Gobierno, que no ha adoptado ninguna medida para amortiguar las consecuencias, todo eso producirá desempleo.

El Gobierno es un gobierno sin rumbo en lo económico, en lo territorial, en el que cada ministro dice lo que se le ocurre cada día. Maragall cada día propone una cosa, Montilla otra, Ibarra o Chaves otra distinta, contradictoria e incompatible con las otras. Hemos visto a dos miembros del Gobierno la semana pasada diciendo que las comunidades autónomas pueden ser naciones. Zapatero tendrá que explicar cómo encaja esto en la Constitución.
¿Va a reformar la Constitución para decir que algunas comunidades son naciones?

– ¿Cómo podrá contentar a todos en cuanto al modelo de Estado?
– Un Gobierno y un gobernante está para defender los intereses generales y no consiste en decirles sí a todos cuando te vienen proponiendo cuestiones incompatibles entre sí. ¿Qué es lo que está haciendo hasta ahora el presidente del Gobierno? Decir que sí a todo y dar carrete a ver qué pasa.

– La decisión final en este punto, ¿de dónde cree que saldrá, de la Moncloa o de Maragall?
– La iniciativa claramente la está llevando Maragall. El presidente, como no establece criterios, no pone orden en su casa y se genera la incertidumbre de la que antes hablábamos. – Tras el viaje de Zapatero a Marruecos, la postura respecto al Sahara ha variado... – Sí, nos gustaría saber qué dirección va a tomar en política internacional, porque ahora mismo no tiene. Lo que venían diciendo en la campaña y en los programas lo cambian de un día para otro.

En política internacional está claro que en los pocos meses que lleva el PSOE, España ha perdido peso. La negociación que ha hecho para la Constitución europea ha sido claramente perjudicial para España.

– ¿Cómo interpreta entonces ese cambio de postura respecto a Marruecos?
– Hay mucha gente, incluso dentro del mundo de la izquierda, que está absolutamente confundida y que dicen que cómo se puede hacer un giro de estas características. Creo que obedece más a la improvisación y a la falta de criterios. No tiene las ideas claras, y cuando falta un proyecto político, la decisión de llevarlo a cabo tiene estas consecuencias. Al final estas a expensas del último con el que te reúnes.

Congreso del PP.
– En octubre celebran su XV congreso. ¿Se inclinarán más por una dirección sin cargos honoríficos?
– El PP tiene una estructura que ha funcionado correctamente, pero lo que salga será sobre una base, un modelo, que ha funcionado. Me preocupa más que la propia estructura interna el que sea un congreso en el que demos respuesta a la sociedad y a las preocupaciones que hoy tiene. Que sea un congreso suficientemente abierto y cuyas reflexiones estén en sintonía con las preocupaciones de los ciudadanos.

– ¿Hacia donde debe ir, ideológicamente, el partido una vez que ha pasado a la oposición?
– El PP no tiene que dar bandazos ideológicos. Nosotros, a diferencia del PSOE tenemos un proyecto político muy claro. ¿De qué nos tenemos que ocupar en el nuevo congreso? De seguir dando respuesta a los nuevos retos que está teniendo la sociedad y las nuevas preocupaciones en política internacional, en inmigración...

– ¿Desaparecerá Aznar del organigrama que salga del XV Congreso?
– José María Aznar no va a desaparecer del PP. Es un activo importantísimo del PP. Lo que es, lo que representa y lo que significan ocho años de crecimiento y prosperidad, con un modelo económico y de política internacional que es el que conviene a los españoles. Porque es y va a seguir siendo un referente de buen gobierno es por lo que estamos asistiendo por parte del PSOE a una persecución para erosionar la imagen de Aznar.

De látigo fiscal en la oposición, a reo de sus opiniones
Las declaraciones del «número dos» de Interior sobre la «kale borroka» no sólo han llenado páginas impresas. También han calentado el ambiente para el curso político que empieza en septiembre
NIEVES COLLI ABC 15 Agosto 2004

MADRID. De fiscal en los Juzgados de Plaza de Castilla a «número dos» del Ministerio del Interior; del «bando» judicial al «bando» policial; de la oposición al Gobierno. Ese ha sido el salto protagonizado por Antonio Camacho, presidente y portavoz de la Unión Progresista de Fiscales (UPF) hace apenas cuatro meses y hoy secretario de Estado de Seguridad del Gobierno socialista.

Sin más experiencia política que la que adquirió como portavoz de la UPF, su terreno han sido los juzgados y tribunales. Con apenas 40 años de edad -nació en Madrid en 1965-, Antonio Camacho llevaba trece ejerciendo como fiscal cuando fue llamado por el ministro del Interior, José Antonio Alonso.Primero estuvo destinado en Valencia (1991-1993) y, después, en Madrid, donde ha estado adscrito a los juzgados de Valdemoro (entre 1993 y 1995), a vigilancia penitenciaria (1994-1995), a los de Getafe (1996-1997) y a la Secretaría Técnica (1997-2003).

En sus cuatro meses en Interior, sin tregua ni «100 días de gracia» -los atentados del 11-M y el dispositivo para la Boda Real se lo impidieron-, Camacho ha tenido que asumir que es, por detrás del ministro del Interior, el máximo responsable de la seguridad de todos los españoles y digerir que cualquier desliz verbal se convierte aquí en un tropezón escaleras abajo. Quizá a estas alturas ya necesite tirar de «almax»...

Sólo han pasado cuatro meses y el Partido Popular ya le ha pedido la dimisión a cuenta de sus declaraciones sobre los incidentes de violencia callejera que los cachorros de los terroristas de ETA han protagonizado días atrás aguando a más de uno la Semana Grande de San Sebastián. El crudo balance del «festín» proetarra lo representan una docena de heridos.

Camacho opinó que esos incidentes no suponen un rebrote de la «kale borroka» en el País Vasco sino «una forma desagradable de divertirse» de un grupo minoritario de gamberros. Ha sido una de las pocas manifestaciones públicas que el ex fiscal portavoz ha hecho desde su llegada a Interior, consciente, seguro, de que no es bueno opinar públicamente sobre todo lo que ocurre. En boca cerrada...

Comidilla del verano
La frase ha viajado de boca en boca, se ha convertido en la comidilla del veraneo político y judicial y no ha suscitado ni una sola reacción exculpatoria para Camacho quien, lejos de enmendar el error y dar un paso atrás, se ha enrocado en su postura -«no creo que sea tan descabellada y la sigo manteniendo»- y ha tratado de devolverle la coz al Partido Popular y, más concretamente, al ex ministro del Interior Ángel Acebes -«no entiendo que se haya roto una práctica que se había seguido desde el inicio de la democracia y que consistía en que los ex responsables de Interior no discutían la política de los nuevos responsables»-.

Esta vez, las críticas no sólo han llegado del equipo contrario, al que Camacho se lo ha puesto realmente fácil. Al secretario de Estado le han dado un tirón de orejas hasta los suyos. El secretario general de los socialistas guipuzcoanos, Miguel Buen, le ha recordado que los vascos saben que las acciones de «kale borroka» no se producen por «generación espontánea», mientras que el alcalde de la ciudad, Odón Elorza, le ha invitado a «adentrarse un poco más», vamos, a enterarse mejor, de lo que es ese fenómeno.

Y es que acostumbrarse a la política, en la que de un día para otro el boxeador se vuelve «sparring», no debe ser nada fácil. Atrás, por mucho que sólo hayan pasado cuatro meses, quedaron los tiempos en los que Camacho podía repartir derechazos al Gobierno -por la ley de Extranjería, por su política de nombramientos en la cúpula fiscal, los juicios rápidos o las reformas del Código Penal- sin despeinarse. Ahora le toca a él estar al otro lado de la barrera. Y parece que esto no ha hecho más que empezar. Los motores de la contienda política ya están calientes a quince días del nuevo curso.
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