AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 16 Agosto 2004

ZP eleva el terrorismo a causa
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 16 Agosto 2004

Estos del PSOE la vuelven a liar

Iñaki Ezkerra La Razón 16 Agosto 2004

Balza pronostica larga vida a ETA

Lorenzo Contreras Estrella Digital 16 Agosto 2004

La amenaza permanente
Editorial HERALDO DE ARAGÓN  16 Agosto 2004

Relativismo conceptual
FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo  16 Agosto 2004

Unos derechos históricos sempiternos

AURELIO ARTETA  El Correo  16 Agosto 2004

Melón
IÑAKI EZKERRA El Correo  16 Agosto 2004

Juego de patriotas
Pablo Mosquera La Razón 16 Agosto 2004

LA ESPAÑA INANE
Jorge TRIAS SAGNIER ABC 16 Agosto 2004

UN ANÁLISIS MUY POCO SOLVENTE
Editorial ABC 16 Agosto 2004

«Yes»
David Gistau La Razón 16 Agosto 2004

No es un juego
Opinión El País  16 Agosto 2004

La batalla de Nayaf
GEES Libertad Digital 16 Agosto 2004

Juaristi cree que ETA intentará aprovechar el despiste de los responsables de Interior
EFE Libertad Digital  16 Agosto 2004

 


ETA
ZP eleva el terrorismo a causa
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 16 Agosto 2004

Cuando el Presidente del Gobierno dice que para luchar contra el terrorismo hay que entender sus causas y que la mejor estrategia en la lucha contra el terror es la "diplomacia preventiva", hay razones para echarse a temblar. Las hazañas político-diplomáticas en este verano de 2004 de ZP y Los Desatinos a propósito de Gibraltar o de Marruecos pueden ser motivo de risa, de risa floja, o de convulsión epigástrica producto de un ataque de sarcasmo avinagrado. Lo que no tiene maldita la gracia es el cambio de discurso oficial a propósito del terrorismo, que podría ser perfectamente asumible por Llamazares, Ibarreche e incluso la ETA. Porque hasta los etarras lamentan tener que recurrir al terrorismo, o eso dicen, pero lo justifican por la causa que defienden. O mejor dicho: por las causas que lo producen y por la voluntad de remediarlas. Es inseparable la explicación del terrorismo de su justificación. Es imposible distinguir la justificación del terrorismo por sus presuntas causas de la apología del terror o del terrorismo sin más, porque el terrorismo es precisamente eso: la justificación del crimen en función de las supuestas razones que llevan a cometerlo y la consiguiente apología de una causa que merece llegar hasta el crimen para realizarse.

Los anarquistas llamaban al terrorismo "propaganda por el hecho". Es decir, que el hecho criminal mismo se entendía como propaganda, tanto más efectiva cuanto más coincidieran la crueldad del hecho y la bondad de la causa. Una multiplicaba la otra, de ahí el paso del regicidio a la bomba tirada al azar sobre la muchedumbre, puesto que, según se decía, "no hay inocentes". Por supuesto, la inocencia o culpabilidad quedaban al arbitrio de los preclaros espíritus que decidían por todos los demás, vivos y muertos. Estamos en el inicio del totalitarismo moderno, del terrorismo de Estado, del comunismo y de su hermano menor el nazismo, capaces de justificar el asesinato de millones de personas por una buena causa, por La Causa, como se decía también en los albores del terrorismo nihilista y anarquista del siglo XIX, al que hemos vuelto en el XXI.

Romper con las reglas morales básicas en cualquier sociedad despreciándolas como "moral convencional" o "moral burguesa" era inseparable del crimen terrorista, porque sólo así funcionaba la propaganda, primero a pesar del hecho y luego gracias a él. Por eso mismo, ayer como hoy, la lucha contra el terrorismo es inseparable de la lucha moral e intelectual contra sus justificaciones. En España ha costado mucho tiempo entender esto en la lucha contra el terrorismo etarra y sólo en los años de Gobierno del PP se ha actuado en consecuencia y se han recogido los frutos. No se ha mantenido una coherencia internacional consecuente, como lo demuestra el Caso Arafat, pero dentro de España las ideas claras se han traducido en eficacia contra el terror.

Zapatero ha demostrado que ni tiene las ideas claras, ni cabe esperar de su Gobierno la menor eficacia contra el terrorismo, que él se empeña en distinguir entre "nacional" e "internacional", es decir, entre el malo, que sería el etarra, y el bueno o menos malo, que sería el islámico. Tan bueno que, convenientemente manipulado, le ha llevado al Gobierno. Pero uno podría pensar que la malicia no suponía estupidez ni la inmoralidad, estulticia. Por desgracia, ya no nos queda ni siquiera ese consuelo. Cuando el Presidente del Gobierno dice que para luchar contra el terrorismo hay que entender sus causas y que la mejor estrategia en la lucha contra el terror es la "diplomacia preventiva", hay razones para echarse a temblar. Cuando el segundo del Ministro del Interior dice que el terrorismo callejero es "una forma desagradable de divertirse" estamos en el límite de la apología del terrorismo y, por supuesto, chapoteando en las turbias aguas de su justificación. Justificar a quienes nos matan es privilegio de las víctimas imbéciles. Lo que no podíamos suponer es que los que Sciascia llamó "cretinos de izquierda", capaces de escribir en las paredes después del 11-S "Osama, mátanos", estaban tan cerca del Gobierno. Tan cerca, que algunos parecen dentro.

Estos del PSOE la vuelven a liar
Iñaki Ezkerra La Razón 16 Agosto 2004

La «kale borroka» ha vuelto con el PSOE. Éste es el hecho irrebatible que, tras los incidentes del pasado miércoles en San Sebastián, no pueden tapar las estúpidas afirmaciones de que «se trataba sólo de un hecho aislado» y «una desagradable manera de divertirse» que ha lanzado al aire mediático Antonio Camacho, el secretario de Estado de Seguridad. Haciendo un esfuerzo de generosi- dad podría pensarse que Camacho trata de eludir precisamente ese hecho, esquivar esos titulares en los diarios. Y hay que reconocer que, intencionada o casualmente, lo está consiguiendo. Estamos hablando más de las estupideces de Camacho que del hecho grave en sí: la «kale borroka» ha vuelto con el PSOE. Ha vuelto pero no exactamente el miércoles sino antes. Volvió con los destrozos que sucedieron a la manifestación de la ex Batasuna celebrada unos días previos también en el escenario urbano de San Sebastián. Ha vuelto la «kale borroka» dentro de una campaña diseñada por la propia ETA para recordarnos que existe, para que no olvidemos su terrorismo ni en la versión «junior» ni en la «senior». Es decir que no sólo responden a un plan organizado los reincidentes incidentes donostiarras sino que ese plan va más lejos y de él forman parte también las bombas de Asturias y Cantabria.

Haciendo otro notable esfuerzo de generosidad –esto es, no achacando las declaraciones de Camacho a la estupidez pura y dura– cabe preguntarse también si éste cuenta con promesas y con informaciones del PNV sobre que esos rebrotes de violencia están controlados y sólo pretenden asustar un poco, adobar con un poco de terrorismo el plato del Plan Ibarretxe, que –aunque pretende servirse de la ausencia del terrorismo para avanzar– necesita del terrorismo a su vez para hacer valer sus bondades, para presentarse como solución de un problema que «todavía existe» y para que el chantaje se explicite con el contraste que le es tradicional e inherente: «Aquí puede verse al chantajeado sufriendo el terror si rechaza el Plan; aquí el chantajeado ya libre del terror si lo acepta». El grave hecho de que la Ertzainza no haya practicado una sola detención entre medio centenar de encapuchados refuerza esta tesis de que el PNV está haciendo su juego, sirviéndose del terrorismo callejero y de la necesidad de ETA de dar algunas señales de vida para sus intereses políticos.

Si así fuera, si ése es el control de la situación que tiene el Ministerio de Interior, si las del PNV son todas las garantías de que va a quedarse en un «hecho aislado» el rebrote de la «kale borroka» (evidente porque ningún gamberro de la comunidad autonómica andaluza o madrileña sabe hacer cócteles molotov), Camacho no estaría incurriendo en una estupidez táctica sino estratégica, o sea en una estupidez de mucho mayor calado que la de unas declaraciones inaceptables para gentes de su propio partido como Miguel Buen y hasta el propio Odón Elorza. Porque el PNV siempre ha jugado sucio en lo referente al terrorismo no siendo nunca leal a otra cosa que no fueran sus planes y porque todo el desastre del PSOE en materia de Interior de la época González (GAL incluido) tuvo su verdadero origen en las hipotecas socialistas con los nacionalistas, en la incapacidad de afrontar la lucha transparente y abierta contra el terrorismo hasta las últimas consecuencias para no disgustar al PNV.

Desgraciadamente, tienen un hondo calado los incidentes de San Sebastián y lo tienen las estupideces de Camacho, que son tanto tácticas como estratégicas. El plano más superficial no debe hacernos descuidar el otro. Y esa doble naturaleza de la estupidez de Camacho es la que explica la «insegura seguridad» con la que fue a la Menéndez Pelayo a ratificarse con la misma cara traspuesta de Elena Espinosa después de meter la pata en Europa con las ayudas al algodón y al aceite españoles, pero sacando a diferencia de ella, un pechito que no viene a cuento y que resulta preocupante. La universidad está para buscar la verdad, el conocimiento. Él ha ido a esa universidad para seguir en sus trece. En la mejor de las hipótesis estamos ante un niñato cabezón, pero eso tampoco es tranquilizador ni dice nada a favor del partido que le ha dado esa responsabilidad y donde se debería saber de sobra que la situación vasca no está para niñatos cabezones. El problema que presentan las estupideces de Camacho es que no son –no pueden ser– una anécdota dado el puesto que ocupa y que llueven sobre mojado. Es fácilmente detectable en él la misma alegría con la que Mercedes Gallizo, la directora de Instituciones Penitenciarias, defiende que los etarras vuelvan a la Universidad del País Vasco, la misma osadía con la que el pobre chico ese, Madina, dice unas bobadas que hacen temblar el Misterio. El problema es que, bobadas y estupideces aparte, con el PSOE vuelve la «kale borroka», vuelven las bombas continuadas de ETA, vuelve ETA a la Universidad vasca, vuelven las negativas de extradición de etarras en la propia Unión Europea, vuelve la sombra de Vera en la Comisión del 11-M, vuelve la desunión contra el terror. El Pacto por las Libertades se rompió el mismo día de los atentados de Madrid en el que se usó el terrorismo como tema electoral.

Tienen algo de niños viejos todos esos que andan jugando con el terrorismo en ese partido. Tienen las mañas del antiguo PSOE pero con caras nuevas y sonrientes. La cinematografía del terror a menudo recurre a los niños, al contraste entre el mal y las caras de inocencia. En ese contraste reside lo siniestro de la sonrisa de Zapatero. No es una sonrisa inocente. Un Gobierno como ése, que sale removiendo votos entre los escombros, un «Gobierno de la bomba» no puede sonreír como si nada hubiera pasado. Y quien sonríe como si nada hubiera pasado es que lo hace con la sonrisa del cine de terror. Viéndole a Camacho sonreír mientras insiste en negar la existencia de la «kale borroka» a uno le entra una certeza: «Éstos vuelven a liarla».

Balza pronostica larga vida a ETA
Lorenzo Contreras Estrella Digital 16 Agosto 2004

ETA no se va. Ha vuelto a atentar en la costa cantábrica, esta vez en la localidad asturiana de Llanes, modulando poco a poco la gravedad de sus acciones. La desacreditada postura del secretario de Estado de Seguridad, Antonio Camacho, acentúa su perfil disparatado. La 'kale borroka' resucitada en San Sebastián, durante la Semana Grande, es el síntoma de una vuelta a las andadas, como el propio Javier Balza, consejero de Interior del Gobierno vasco, anunció a propósito de las actividades de la banda terrorista. Una cosa es hablar de debilidad de la organización y otra darla por extinguida o en vías de estarlo. Se puede creer que su derrota es inevitable, pero cosa distinta es ponerle fecha y proximidad a esa situación. La violencia callejera de la Semana Grande donostiarra no fue precisamente una manera desagradable de divertirse, como Camacho había diagnosticado insensatamente, sino un factor más en la línea del retorno a lo peor. Hay que volver sobre lo manifestado por el ertzaina Joseba Bilbao en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo de Santander, cuando anunció el pasado día 11 un frente de violencia que se concretará en "ataques cotidianos a miembros de partidos, asociaciones y empresarios".

En el mismo sentido ha vuelto a expresarse Javier Balza en declaraciones al diario nacionalista 'Deia'. Cree Balza que ETA no se ha movido "ni un ápice" de sus posiciones tradicionales. Tras dos años de inactividad, la 'kale borroka', en opinión de Balza, perpetró en San Sebastián "un acto muy grave, una emboscada al estilo antiguo", con la Ertzaintza como principal objetivo, dado que en la Policía Autónoma había encontrado esa violencia callejera, durante un tiempo, la horma de su zapato. Dice el consejero de Interior del Gobierno vasco que en todos los papeles de ETA aparecen referencias contra la Ertzaintza, atribuyéndole asesinatos por muertes que no responden a planteamientos de ese tipo.

Según Balza, ETA pretende lanzar un mensaje interno y otro externo, el primero dirigido a la atención de Batasuna ante la perspectiva del próximo otoño y sus esperados pronunciamientos "programáticos", para que tenga bien presente que ETA sigue y seguirá activa. Y el segundo mensaje destinado al nacionalismo democrático para que desista de intentar alianzas con la izquierda abertzale o, por lo menos, tenga en cuenta que la banda no abandona sus exigencias. Al consejero de Interior, según él mismo confiesa, le gustaría pensar que los dirigentes de la izquiera abertzale, y Otegi en particular, lleguen a valorar la política como instrumento para los objetivos soberanistas vascos. Ahora bien, Balza añade: "No veo que sean capaces de dar un solo paso de diferenciación respecto a la pauta que marca ETA", sino que "día tras día, semana tras semana y mes tras mes coinciden en los lenguajes, en los objetivos y no hay ningún desmarque". De manera que la cuestión del final de ETA "responde a una de esas discusiones etéreas a las que tan aficionados somos -son palabras de Balza-, pues mientras haya un señor decidido a pegar un tiro en la nuca o a poner una bomba en el paseo de cualquier ciudad, la vía policial debe aplicarse con toda intensidad, superando todos los bloqueos partidistas establecidos en su día por el PP". En este sentido, el consejero vasco se queja de que la Ertzaintza haya estado vetada para participar en los escenarios europeos, en equipos conjuntos de investigación e información.

La amenaza permanente
Editorial HERALDO DE ARAGÓN  16 Agosto 2004

MIENTRAS ETA continúa sembrando el miedo y la amenaza terrorista en la costa Cantábrica, circunstancia que confirma su operatividad y peligro asesino, el Partido Socialista, por boca de su portavoz en la Comisión Constitucional, Ramón Jaúregui, proponía para el País Vasco el modelo catalán de reforma del estatuto en lugar del Plan Ibarretxe. Esta aportación del veterano político vasco, que busca un encauce de la propuesta nacionalista a través de la Constitución, debería quedar totalmente condicionado a la existencia de un escenario de ausencia de violencia, donde ETA sólo fuera un oscuro recuerdo y donde la libertad de opción política fuese un ejercicio democrático real. La rebaja que pretenden aplicar los socialistas vascos a la propuesta del lendakari al vincularla con la vía de Maragall, que no se puede olvidar también arrastra consigo un clima de tensión fruto de un evidente desequilibrio entre Autonomías, parece olvidar que exigiría un nuevo dibujo constitucional.

Corren mucho unos y otros cuando proponen alteraciones de la Carta Magna sin anteponer la total erradicación de la actividad terrorista. ETA continúa viva y el avance de cualquier salida al problema vasco en clave de debate político no hace sino alentar su existencia. Los asesinos buscan un protagonismo que la sociedad les niega, por lo que las grietas en la obligada confrontación entre las fuerzas democráticas pueden conceder un papel al radicalismo abertzale que no les corresponde. Frente a ETA sólo queda recuperar la unidad política sin ningún tipo de fisura.

Relativismo conceptual
FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo  16 Agosto 2004

Los socialistas decidieron poner en marcha el mecanismo de la reforma constitucional y ahora están enfrascados en el debate acerca de su alcance y contenido. José Luis Rodríguez Zapatero, en el pleno de investidura, estableció unos límites, pero sus socios catalanes quieren ir mucho más allá. Entre las propuestas de estos últimos está la exigencia de que se reconozca un estatus diferenciado a unas comunidades frente a las demás. Los nacionalistas, como es obvio, no se quedan a la zaga en cuanto a reclamaciones. A unos y otros les parecen estrechos los márgenes trazados por el presidente del Gobierno.

En esta tesitura, en las filas socialistas aparecen actitudes proclives a restar importancia a las palabras pensando, quizás, que si eluden enredarse en la polémica terminológica estarán esquivando el conflicto político. Planteado el problema, se tiende a resolverlo aplicando el refrán que dice «por la paz, un Avemaría». Pero las palabras, las ideas, en política y en el Derecho, lo son todo. Esto lo saben muy bien los nacionalistas que huyen de ese relativismo y dan la batalla por fijar determinados conceptos.

Txiki Benegas es testigo de hasta dónde puede llegar la fijación de los nacionalistas por una idea. En 1977, el dirigente socialista sostuvo una pancarta con letras que defendían la autodeterminación y desde entonces los nacionalistas están intentando pasarle al cobro aquellas letras. Todavía hoy siguen utilizando aquella pancarta contra Benegas.

Otro ejemplo: en 1990, el Parlamento vasco aprobó una declaración en favor de la autodeterminación. Se argumentó, por activa y por pasiva, que se trataba de quitarle una bandera a ETA y a HB. No sólo no le quitaron ninguna bandera, sino que aquel acuerdo fue invocado por Ibarretxe como título legitimante de su plan en el debate sobre el autogobierno celebrado el 27 de septiembre de 2002. Para el nacionalismo, nada se escribe sobre el agua.

Las palabras, además, no son neutras. No es indiferente que en los proyectos soberanistas se distinga entre ciudadanos y nacionales vascos. Aunque hoy no se les atribuyan diferencias jurídicas, una vez instalados los conceptos serán la base de las diferencias del futuro. De la misma forma, si en la Constitución se distingue entre dos clases de autonomías, se estarán colocando los cimientos de derechos diferentes para el futuro.

Algunos tienen voluntad de establecer esos regímenes diferenciados y no lo ocultan. Es una posición políticamente legítima y, además, es clara. Lo triste es que las diferencias se cuelen por mero relativismo conceptual, por admitir pulpo como animal de compañía para que el juego dure un rato más.

Unos derechos históricos sempiternos
AURELIO ARTETA /CATEDRÁTICO DE FILOSOFÍA MORAL Y POLÍTICA DE LA UPV-EHU El Correo  16 Agosto 2004

Al hablar de derechos históricos, no se piense en los que un país o un trozo de un país hayan ostentado en algún momento del pasado y que ahora desean recuperar. De ésos el nacionalista puede desentenderse, para evitar así el reproche de que denotan orígenes oscuros o, al menos, poco amoldables al patrón democrático. El nacionalismo no defiende la restauración mimética de tales instituciones. Lo que pone en juego es el reconocimiento de una 'facultad', más que de los modos particulares como se ejerció esa facultad.

Una doctrina fabulosa
Su principal teórico entre nosotros, el profesor Herrero de Miñón, comienza por dejar sentado que los derechos históricos remiten a una identidad política, no a un conjunto de competencias. «Es decir, no a un 'quantum' de autonomía más o menos amplio en función de lo que en el pasado pudo existir, sino al exigente 'por qué' del autogobierno: un 'derecho originario a ser', como tal sujeto político». A su juicio, la historia muestra «la existencia de un cuerpo político singular, esto es, diferente e infungible. Pero porque esta realidad es anterior y exterior a la misma Constitución -sólo se ampara y respeta lo que antecede-, ni la Constitución los crea ni el poder constituyente podría suprimirlos».

He ahí un milagroso ejercicio de personificación. Un grupo social indefinido, X, y en virtud de su larga historia, se convierte en persona dotada de identidad y derechos políticos imprescriptibles. Incluso su propio territorio «ha pasado de 'espacio' a 'lugar' y se ha sustantivado aún más». Frente a los habitantes, que serán sus adjetivos, ocurre que una comunidad política, un proceso temporal y hasta un lugar quedan convertidos en sustantivos; es decir, se vuelven Sujetos políticos a fuerza de prescindir de sus verdaderos sujetos y plegarlos a esas abstracciones. El resultado no es un ser mortal, una realidad política siempre a merced del paso del tiempo y de las cambiantes necesidades o propósitos de sus miembros. Nada de eso; lo que aquí se engendra es una personalidad que transciende a los individuos que la componen. Verbigracia, la Euskal Herria eterna.

La portentosa naturaleza de esas facultades lo dice todo. Lejos de proteger un interés, los derechos históricos expresan una realidad vital. Y, por eso mismo, «son esenciales, originarios, absolutos, es decir, 'erga omnes' y (...) extrapatrimoniales y, en consecuencia, irrenunciables, inembargables e imprescriptibles en tanto subsista el sujeto portado»". A este sujeto tan desinteresado vendremos enseguida. Entretanto, uno se pregunta cómo es posible que algo histórico y relativo pretenda regir a la vez como absoluto e inderogable.

Lo histórico como suprahistórico
Bien se ve que no son derechos meramente históricos, que nacen en un momento de la historia y podrían desaparecer en otro siguiente, sino nada menos que derechos 'originarios'. Hace unos días, sin ir más lejos, el PNV proclamaba por boca del señor Urkullu que ya no es hora de regatear competencias para Euskadi, sino de reconocerle un derecho originario. Habría que llamarlos entonces con mayor exactitud derechos 'suprahistóricos', porque la historia se limita a descubrirlos; el tiempo representa la pura ocasión para que el eterno derecho de un Pueblo se manifieste. No se olvide que hablamos de ese pueblo vasco, según entonó Ibarretxe esta vez ante los abertzales franceses, «que existirá dentro de 2.000 años». Se trata, en suma, de derechos 'naturales', y tan inmutables como éstos. Desde luego no merecen el apelativo de derechos humanos, porque nada cuentan los hombres a quienes se aplican. No hay poder constituyente superior a ellos, porque de ellos emana todo poder.

¿Nos paramos a pensar un poco? Sólo se respeta y ampara lo que antecede, en efecto, pero lo que -según criterios morales aceptables- 'se debe' y 'se quiere' amparar y respetar. Si así no fuera, sería muy poco decir que esos derechos son 'preconstitucionales'. Pues nada cuesta admitir que son temporalmente anteriores a la Constitución de 1978, con tal de reconocer que sólo tienen validez moral y legal por haber sido recogidos en ella y mientras no la contraríen. Lo grave es proclamar esos derechos en pugna con ella, superiores y hasta posteriores a ella y a cualesquiera otras que la sigan. ¿No serán de hecho 'supraconstitucionales', puesto que no están sometidos ni siquiera a los procedimientos de reforma a los que la propia Constitución se atiene? Al fin y al cabo, nuestro constitucionalista metido a profeta ya ha tronado que, «aunque la Constitución pasase, estas entidades históricas no pasarán»...

Claro que, si tales derechos coinciden con la Constitución «en la voluntad común que emana de un acuerdo colectivo» -como prosigue Herrero de Miñón-, entonces deberán ser tan históricos como aquélla y tan derogables. O sea, tan expuestos a que una voluntad y acuerdo colectivos decidan hoy deshacer lo que otra voluntad y acuerdo resolvieron antes hacer.

El Sujeto y los sujetos
Pero se adelantó que tales derechos históricos son imprescriptibles «en tanto subsista el sujeto portador», y eso sólo ha de entenderse como una cláusula restrictiva del sentido y alcance de todo lo dicho. Que no se discuta si tal sujeto reside en las diputaciones vascas o en Euskadi entera, porque el dilema es mucho más hondo y previo. O bien profesamos la creencia en un sujeto colectivo supratemporal portador de derechos suprahistóricos, y entonces construimos un ente metafísico que nunca existió. O bien rehusamos identificar ese sujeto real como algo perdurable a lo largo de la historia, y nos ponemos a buscarlo sólo en el presente. Pues mal podrían constituir el mismo sujeto político una pretérita sociedad de súbditos y otra actual de ciudadanos, ¿no les parece?

En este segundo supuesto, no hay Sujeto, sino sujetos, unos sujetos singulares que ejercen su derecho colectivamente. Y para oficiar de tales, ¿cómo no van a tener capacidad y derecho a renunciar a esos derechos históricos (por ejemplo, si los juzgan contrarios a la igualdad civil con sus conciudadanos) y a suscribir una norma más razonable? De suerte que si hubo un tiempo anterior en que unos consideraron suya cierta facultad, otros en el presente podrían asimismo tenerla por caduca o defendible tan sólo con serias alteraciones. ¿O es que somos rehenes del pasado y estamos condenados a repetirlo o a cargar con ello?

Pero, junto al 'quién', está el 'qué' de tales derechos, algo que para el nacionalista no ofrece dificultades. Asumido nuestro legendario ser político, «de dicha afirmación de 'ser' se derivará necesaria y lógicamente un 'haber' o, en otras palabras, de la 'existencia' de un cuerpo político, un 'autogobierno'». Disfrutemos de esta bonita carrera de saltos mortales: desde un supuesto haber sido se brinca sin más al deber ser, y de su realidad política de ayer se deduce el derecho de autogobernarse hoy. Lástima que no exista paso «necesario y lógico» que vaya de lo uno a lo otro, puesto que son los sujetos presentes los encargados de decidir si quieren darlo. Sólo a ellos les corresponde dejar claro que ya no conservan esa unicidad de Pueblo y que, al contrario, forman una sociedad plural tanto de cultura como de adscripción política. Y, en consecuencia, a ellos solos les compete fijar el derecho que debe prevalecer: no el incierto derecho histórico a la soberanía de aquel Pueblo hipotético, sino el indudable derecho democrático a la soberanía de sus ciudadanos.

Melón
IÑAKI EZKERRA El Correo  16 Agosto 2004

Hace años se hablaba mucho de las 'cuñas subliminales' y uno iba al cine realmente acojonado. Se decía que el capitalismo había llegado a idear el perverso método de meterte en medio de cualquier película imágenes publicitarias que duraban unas décimas de segundo en las pantallas y manipulaban totalmente tu voluntad. Uno iba, por ejemplo, a ver alegremente una peli de Bugs Bunny y le colaban a traición imágenes de una Fanta de naranja que la retina recogía mecánicamente y que acto seguido quedaban incrustadas en el cerebro como garrapatas. Uno no se enteraba de nada, no tenía tiempo de procesar de una forma consciente esa información, pero el mal ya estaba hecho y las consecuencias eran demoledoras. Uno salía del cine y, sin ser en absoluto dueño de sí mismo, se iba directo a una cafetería y se pedía una Fanta. Lo pienso ahora y se me ponen los pelos de punta. Creo que no puedo concebir nada más estremecedor que tomarte una Fanta de naranja por culpa de una cuña subliminal.

Una prueba de que el PP está todavía en baja forma es que difunde gratuitamente las cuñas subliminales fabricadas por el enemigo. Una de esas cuñas es la palabra 'melón'. Uno le oye, en pleno agosto, a Michavila dar razones sensatas de por qué no conviene «abrir el melón de la Constitución» y -de una manera automática, involuntaria, inconsciente, subliminal - empieza a notar que la boca se le hace agua y que se le presenta como sugerente la idea de abrir cualquier melón o sandía que se le ponga a tiro, sea de la Constitución o de Villa Conejos. No se puede tener éxito en política usando el lenguaje, las metáforas, los tics verbales y las cuñas subliminales de los adversarios. Observe el lector que cuando Maragall, Llamazares o Rovira hablan en medio de estos calores y sudores de «abrir el melón constitucional» lo hacen con una fruición sensual y extraña, la misma del niño que sabotea un concierto comiendo limones ante los músicos que tocan instrumentos de viento. Lo que Michavila debe hacer ante tales trucos sucios es idear otras expresiones que aludan a actividades poco atractivas en la estación estival, proposiciones gastronómicas que nos repitan en el estómago de sólo imaginarlas como «recalentar la alubiada de la Constitución» por ejemplo. ¿Vive Dios que no soy yo un entusiasta de que se retoque la Constitución y menos en la dirección que quieren algunos! ¿Pardiez que me parece temerario jugar con las cosas de comer! Pero uno no es de piedra y cuando le oye a Michavila hablando de abrir melones en este sofocante agosto siente que algo parecido a sus convicciones se tambalea.

Juego de patriotas
Pablo Mosquera La Razón 16 Agosto 2004

Siempre me molestó que los nacionalistas vascos se hicieran dueños y prelados del calificativo patriota (abertzale). Lo mismo que celebran el día de la patria vasca y se negaron a seguir la directriz del Parlamento Vasco, cuando logramos, desde Unidad Alavesa, ganar la votación a favor de la celebración del día del Estatuto. Me considero un ciudadano muy afortunado. Me jugué la vida en Euskadi por mis ideas disidentes con la doctrina abertzale de la construcción nacional de Euskal-Herría; y hoy, disfruto de mi condición de ciudadano gallego en todo su esplendor.

Pero, tras las últimas declaraciones del verano 2004, en el terreno de los políticos, estoy hecho un lío con mi pasado y mi futuro. Encuesta tras encuesta sobre sociedad civil, se repiten las demandas del paisanaje, que se refiere al ejercicio de los derechos sociales y los derechos fundamentales en materia de seguridad contra todo tipo de violencia. Disponer de una vivienda digna se ha convertido en un problema de Estado. La financiación de la Sanidad para paliar la situación de esperas en la asistencia sanitaria. Los costes del sistema educativo y su capacidad para colocar universitarios en el mercado laboral cambiante y abierto en el espacio europeo. La dignidad de las pensiones y las dependencias del envejecimiento poblacional. La llegada masiva de seres humanos que huyen de la miseria. El terrorismo islámico.

Éstas son algunas de las cuestiones de la España real, o si ustedes lo prefieren, tras pedir perdón, del Estado español. Ni por asomo aparecen inquietudes ciudadanas relativas al debate sobre si somos nacionalidades o regiones de la misma nación.

Estamos ante un espacio socio-político provocado, exclusivamente, por determinada clase política de nuestro país. Los unos, para marcar su espacio electoral; los otros para mantenerse en el poder con los primeros; los demás, para ser protagonistas de un verano con pocos fichajes galácticos del fútbol. Lo malo es que si hago caso de lo que se dice a través de los medios de comunicación social estamos a punto de perder nuestra nacionalidad española para ser –depende del lugar de residencia– de otra nacionalidad, eso sí, histórica. Y además, los derechos históricos de algunos, son la causa fundamental que exige poner patas arribas la identidad de los ciudadanos de este-aquel país.

Me gustaría tener la convicción de que nuestra lucha por la libertad y la autoafirmación de españoles en Euskadi no ha sido una pérdida de vidas y de tiempo, y que la final, todos los políticos que nos daban el pésame, ahora le terminan dando la razón al nacionalismo que nos llegaba a decir que España es una entelequia impuesta que hay que transformar en Estado de nacionalidades históricas y regiones de nación; aunque ello nos lleve a consagran definitivamente un Estado plurinacional con las consiguientes desigualdades en el ejercicio de la ciudadanía, sujeto de derechos sociales. Siempre creí que mi regreso a mi tierra gallega me iba a permitir ser gallego como una manera más de ser español y contribuir a la grandeza de la hispanidad. Tengo muy claro, que hoy no podemos permitir que los derechos histéricos de algunos nos coloquen en segunda división a los demás. Me gustaría que se aclarara el personal. Me gustaría que no se mezclaran las demandas para vivir mejor, para dejar vivir a los demás, para vivir todos bajo el amparo del derecho a la ciudadanía real, sin tener que hacer las maletas del país de los pobres al de los ricos de siempre.

Estoy plenamente convencido de que corren tiempos de reformas, para que podamos ubicarnos cómodamente en el país, para que sea posible financiar el autogobierno, para que podamos competir en los nuevos espacios de Europa. Pero no me gustaría que un tal Carod-Rovira hubiera sido capaz de poner en marcha un juego en el que algunos podemos perder nuestra vieja y querida identidad.        Pablo Mosquera es presidente de Unidad Alavesa

LA ESPAÑA INANE
Por Jorge TRIAS SAGNIER ABC 16 Agosto 2004

EL jueves pasado leí en la columna de Martín Ferrand que para el historiador francés Jean-Frederic Schaub el concepto de España significaba hoy un tabú de difícil manejo, y concluía afirmando que mientras el uso de la palabra España fuese un tabú, el futuro patrio sería un albur. El mismo día, en la columna de al lado, Alonso de los Ríos daba cumplida cuenta sobre la catadura moral del vendedor de piedras que nos gobernó, desde la atalaya de un helicóptero, durante trece años. Y un poco más allá, Jaime Campmany alertaba, una vez más, sobre la presencia activa del «comando» que manipuló la última campaña electoral y que ahora pretende achacarle al ex presidente toda la ineficacia socialista. Pocos días antes, una Tercera de Jiménez de Parga recordaba lo evidente: que autonomía no es lo mismo que soberanía y que los estatutos de las Comunidades Autónomas no tienen el mismo rango normativo que la Constitución. Como siempre, como cada día desde hace 101 años, el ABC en su sitio.

El próximo 26 de noviembre conmemoraremos el V Centenario de la muerte de la Reina Isabel la Católica, acaecida en Medina del Campo. Y como he sentido siempre curiosidad por ella (y por el genio de la política que fue Fernando II de Aragón, su marido), decidí, una vez más, aproximarme a esos fascinantes años del siglo XV, y volví a leer el espléndido estudio crítico de su vida y reinado realizado por Tarsicio de Azcona y publicado por la Biblioteca de Autores Cristianos. De este modo pretendía comprender en qué pueden basarse las reivindicaciones «históricas», así, entre comillas, que Maragall esgrime con su habitual frivolidad. Y, para no quedarme corto, acabo también de leerme de un tirón la espléndida y amenísima biografía, escrita con la precisión rigurosa del buen historiador, que sobre Isabel I de Castilla ha publicado José María Javierre en «Ediciones Sígueme».

España, lo que entonces se llamaba España, quedó unida por agregación de sus reinos, cuya idiosincrasia se mantuvo íntegra hasta el reinado de Felipe V. Entonces fue cuando se unificó, a través de la lengua, la Administración de Justicia mediante el Decreto de Nueva Planta, por cierto saludado con verdadero regocijo por la intelectualidad catalana de esa época. Después, a lo largo del XIX, y siguiendo la corriente de la época, se desarrolló la idea nacionalista española. Ahora, sin embargo, parece que unos políticos muy ignorantes, sobre todo de la historia de las propias Comunidades donde gobiernan, pretenden deshacer España, probablemente para volverla a reconstruir de nuevo, pues ¿qué otro sentido puede darse a eso de los «països catalans», que ocuparían más de un tercio de lo que hoy es España, sino una especie de «reconquista», esta vez laica?; ¿o a ese engendro de País Vasco con Navarra, parte de Castilla, vistas puestas en Cantabria y, todo junto, abarcando casi otro tercio? ¿Eso es lo que quiere el pueblo español? Sinceramente creo que ni siquiera se lo ha planteado. Por supuesto que no: esas son las malas y dañinas ideas de quienes elucubran con una España virtual, sin musculatura, boba e inane.

UN ANÁLISIS MUY POCO SOLVENTE
Editorial ABC 16 Agosto 2004

CULPAR de cuanto acontece a un adversario, convertido en enemigo, pertenece a mentalidades tan poco analíticas como poco solventes. Los diputados socialistas López Garrido y Fernández Marugán se metieron por esa vereda con una comparecencia en el Congreso, un sábado con agosto mediado, para anunciar la publicación de un documento de su Grupo parlamentario con el encarecimiento del petróleo como argumento y con la acusación al Gobierno anterior como instigador y causante del problema, con terribles consecuencias para la economía y la sociedad española: más inflación, menos crecimiento, desequilibrio exterior, caída de las bolsas, encarecimiento de la vivienda... Les faltó achacar a Aznar alguna posible granizada en primavera o los incendios forestales. Las conclusiones anunciadas por los diputados acreditan más bien insustancialidad, poca hondura y ningún fuste.

Poner la inestabilidad en Irak por delante de un buen número de cuestiones que traen de cabeza a los analistas de medio mundo supone un desahogo impropio de lo complicado de la situación. La crisis judicial de la petrolera rusa Yukos, la inestabilidad política de Venezuela, la titubeante estrategia de la OPEP o el espectacular aumento del consumo en China o Rusia forman parte de cualquier manual básico de análisis de esta escalada. Más sonrojante, para los autores del informe, es recordar que Irak produce ahora más petróleo que cuando existía el embargo y sólo lo bombeaba para atender el programa «Petróleo por alimentos». Entonces, sin crudo iraquí, el precio se mantenía en tasas estables. ¿Cómo todo puede deberse ahora a la situación en Irak y ser sus responsables quienes apoyaron la intervención militar para derrocar a Sadam Husein?

Ante semejante falta de rigor, el ímpetu crítico de López Garrido y Fernández Marugán terminó convirtiendo hasta a su propio Gobierno en víctima colateral del arreón, pues sus cifras le enmiendan la plana al vicepresidente económico, Pedro Solbes, que acababa de presentar un par de días antes un cuadro de «previsiones macro» para 2004 que señalaba un crecimiento del 2,8 para el presente ejercicio y del 3 para el siguiente. De un plumazo, el Grupo Socialista en las Cortes rebaja dos décimas para este año, y para el próximo, menos aún.

Para los socialistas el panorama cataclísmico que se cierne sobre España es «inexorable». Y todo ese catálogo de calamidades es consecuencia, según parece, de las decisiones de Bush y Aznar con respecto a Irak. Su documento explica al mundo los complejos problemas de los mercados energéticos y califica de «estúpida» la política norteamericana. El informe y su explicación, visto está, son más diestros en el insulto que en el análisis. Quizás los socialistas se estén poniendo la venda antes de la herida por si se produce un empeoramiento de la economía española achacable a su propia política. Por otra parte, y si tan pésimo es el panorama, la opinión pública debería preguntarse cómo el Gobierno no suspende sus vacaciones y se pone inmediatamente a trabajar en una solución que pueda paliar los efectos de la subida del precio del petróleo.

No parece que asistamos a una nueva evaluación seria de las perspectivas económicas. Más bien estamos ante una ocurrencia, encuadrada en la campaña de acoso y desprestigio del PP y que no pretende más que amedrentar y ocupar espacio en los telediarios. Lo malo es que revela tanta irresponsabilidad y ligereza que asusta pensar en manos de quién deja Zapatero la representación de su Grupo parlamentario, sostén del Gobierno junto a buena parte de lo que debería ser la oposición parlamentaria y no lo es.

«Yes»
David Gistau La Razón 16 Agosto 2004

A Zetapé hablando, uno siempre le ha encontrado igual que una máquina de vender tabaco. Seleccionas un tema de los que el presidente se aprende en dos tardes como en la máquina se elige una marca de cigarrillos, y Zetapé suelta dos frases aprendidas de memoria que ni siquiera comprende igual que la máquina dice «su tabaco, gracias». Pruebe usted, por ejemplo, a apretarle a Zetapé la tecla de Iraq. Dirá: «No a las guerras preventivas, gracias». Y punto, porque no da para más, ni siquiera con dos tardes de concentración.

Y si no da para más en español, imagínense en inglés, que cuando le preguntan algo en inglés Zetapé se queda tan fascinado, tan pasmado ante lo desconocido, como los niños cuando el mago se saca una paloma de la manga.
Llegando a Menorca, a Zetapé le hicieron una pregunta en inglés, idioma cuyos rudimentos no se dominan en dos tardes, y de ahí que el presidente, pobre, no supere el nivel aserejé, ah, ejé. El caso es que le formularon una pregunta sencilla, pero en inglés, y si las sencillas no preparadas durante dos tardes ya le cuestan en español, imagínense en inglés, pobre, pasmado se nos quedó, y con tremenda la cara de ir a pedir el comodín de la llamada.

La verdad es que pudo haber soltado lo de «No a la guerra preventiva, gracias», que es frase que a Zetapé le ha bastado para ir esquivando todas las encrucijadas dialécticas e ideológicas y para hacerse una carrera, como hay un actor que vive de decir «un poquito de por favor», y tampoco da para más. Pero no, en algún rincón remoto y poco oxigenado de cualquiera de sus hemisferios cerebrales, Zetapé encontró, como si de una trufa se tratara, la palabra «Yes». Y la soltó sin tener ni puta idea de a qué coño estaba diciendo que Sí. Le podrían haber preguntado «¿Se pone usted la ropa interior de su esposa?», y habría dicho que Sí. Le podrían haber preguntado «¿Le ganó Al-Qaeda las elecciones de marzo?», y habría dicho que Sí. Le podrían haber preguntado «¿Va a declarar la independencia de Cataluña para prolongar su buen rollito con el xenófobo Pérez Carod?», y habría dicho que Sí. En manos de este Forrest Gump estaremos cuatro años. Cómo no van a cacarearnos.

No es un juego
Opinión El País  16 Agosto 2004

La violencia callejera forma parte de la estrategia de ETA, que estos días mantiene su inicua campaña de intimidación en Asturias y Cantabria. Agresiones similares a la de los encapuchados que atacaron con botellas incendiarias y material pirotécnico a miembros de la Ertzaintza, bomberos y paseantes en San Sebastián han tenido en el pasado consecuencias muy graves: un ertzaina en Rentería cuyo rostro quedó irreconocible, un vecino de Elgoibar gravemente herido en las fiestas del pueblo por un artefacto lanzado por un adolescente. Cualquiera que fuera la intención, resultan muy desafortunadas las declaraciones del secretario de Estado de Seguridad calificando tales agresiones de "forma muy desagradable de divertirse, pero nada más que eso", y añadiendo que el ataque no parecía responder a "un plan previo".

Seguramente, Antonio Camacho pretendía evitar que un tono demasiado dramático por su parte contribuyera al objetivo de los alevines de terroristas de llamar la atención y extender el miedo que ayer mismo sus mentores propagaban en Llanes. Pero el secretario de Estado equivocó la respuesta: primero, porque ofendió a los miles de personas que durante años han sido víctimas de agresiones parecidas; segundo, porque ningún responsable político, y menos el representante del Ministerio del Interior, debe tomarse a broma aquello contra lo que debe luchar.

El papel de la violencia callejera es especialmente activo cuando la banda se encuentra debilitada: así ocurrió, por ejemplo, tras la caída de la dirección en Bidart en 1992. La llamada socialización del sufrimiento aspira a que un menor número de atentados tenga el mismo resultado intimidatorio que muchos, merced al efecto multiplicador de las amenazas, coacciones y agresiones contra la población. Esa actividad se convirtió a la vez en la principal vía de captación de reclutas por parte de la banda. La ilegalización de Batasuna, el desmontaje de sus tinglados de financiación y las medidas para responsabilizar a los padres de los desmanes de los hijos han tenido el efecto de reducir la incidencia de la violencia callejera. Lo de San Sebastián es seguramente un intento de poner a prueba la determinación de los poderes públicos de seguir combatiendo esa forma de terrorismo. No hay que hacerles propaganda gratis organizando broncas desmesuradas entre partidos democráticos a cuenta de unas desafortunadas declaraciones; pero tampoco hay que dar la impresión de que sea un juego que acabará cuando cese la música de las charangas.

Irak
La batalla de Nayaf
GEES Libertad Digital 16 Agosto 2004

Dañar gravemente el templo podría suponer un costo político desproporcionado. Y si los causantes del deterioro fueran los propios guerrilleros, la diferencia no sería apreciable. Mientras se desarrollan, las batallas son prácticamente ininteligibles. Lo decía en su ancianidad un bravo que de muchachito había participado en el aplastamiento del séptimo de caballería de Custer en Little Big Rock: "Muchos que no estuvieron allí escribieron libros sobre ello, yo estuve y sólo recuerdo una gran nube de polvo". Clausewitziano.

La segunda edición desde el pasado abril del levantamiento de los radicales chiíes de al Sadr y su ejército del Mahdi en Nayaf y otras ciudades del Sur de Irak ha creado una tormenta de polvo informativo que reduce la visibilidad a casi cero. Son muchos los actores que participan y muy numerosas las señales contradictorias que emiten. No se trata sólo de los milicianos de al Sadr por un lado y los marines americanos por el otro. Uno de los factores que complican enormemente la situación es que el letal juego es a muchas bandas. Para el gobierno interino de Bagdad se trata de una cuestión de supervivencia y sus fuerzas, todavía en mantillas, han sido también lanzadas a la vorágine, pero al mismo tiempo la empresa ha mostrado las fisuras en el interior de una coalición tan heterogénea. El alzamiento conmociona a todo el campo chií, sumamente complejo, y obliga a las múltiples facciones a revisar su posición.

Actor invisible pero primordial es Teherán, como en todo lo que concierne a sus correligionarios del Sur. Y los ayatolás toman parte con todas sus bazas en un juego vital para ellos, incluyendo, y muy en primer plano, el espectro de su programa nuclear. No olvidemos que casi todo lo que se ha podido ir sabiendo del mismo es porque el régimen islámico ha querido que se supiera. Y en los últimos meses ha sido bastante. En esta misma semana, algo íntimamente relacionado: La prueba de un misil Shahab-III, que podría ser capaz de portar una cabeza nuclear, el cual, con su radio de más de 1000 km, tiene a Israel a su merced.

Sorprendentemente Israel, el país más preocupado del mundo por lo nuclear persa, que en diversas ocasiones ha insinuado su disposición a repetir su hazaña de 1981, destruyendo una central nuclear irakí antes de que entrase en funcionamiento, dice sentirse satisfecho con las insatisfactorias explicaciones que los iraníes dan de sus designios atómicos.

Mientras que los Estados Unidos, que tratan de contener a los israelíes para que no les compliquen todavía más las cosas en el Oriente Medio, manifiestan públicamente, por boca de su Consejera Nacional de Seguridad Condolezza Rice, que no descartan acciones encubiertas contra instalaciones iraníes, para desbaratar sus programas nucleares. Se tiende una mano al tiempo que se enseñan los dientes.

Sobre el terreno, las contradicciones e incógnitas son también abundantes. Empezando porque no está claro quién y porqué inició la nueva ronda de enfrentamientos a partir del 2 de agosto, con un choque, no se sabe si intencionado o casual, entre marines y milicianos de al Sadr, en las inmediaciones de su casa en Nayaf. Se sintiese amenazado o considerase la ocasión propicia, el clérigo radical lanzó a su gente contra la comisaría de la ciudad santa tres días después, rompiendo la tregua que se mantenía desde el 16 de Junio. Desde entonces no han dejado de sucederse asaltos americano-gubernamentales contra las fuerzas del ejército del Mahdi.

Militarmente, esos milicianos tan fanáticos y entregados como inexpertos no son enemigo para los americanos, que en abril y mayo les infligieron un duro castigo. El problema es que la lucha se lleva a cabo con dos poderosos tabúes, que juegan a favor de los insurgentes. La mezquita del imán Alí, el más venerado santuario de todo el mundo chií, y el propio al Sadr.

Ya combatir en la ciudad santa de Nayaf tiene repercusiones muy negativas para los americanos, dentro y fuera del país. Dañar gravemente el templo podría suponer un costo político desproporcionado. Y si los causantes del deterioro fueran los propios guerrilleros, la diferencia no sería apreciable.

A Móqtada el Sadr Washington lo ha tratado siempre con bastantes miramientos, dentro de la rudeza de la situación. No sólo porque es muy consciente de que crear un mártir sería un remedio peor que la enfermedad, sino por que le ha sido útil para sus fines en diversos momentos, como, por lo demás, lo ha sido para todo el mundo: Teherán, el líder moral de los chiíes de Irak, gran ayatolá al Sistani y otras facciones del campo chií. Todos lo temen porque no es una fuerza controlable y sólo se sirve a sí mismo, pero todos han tratado en algún momento de utilizarlo.

Ahora el intricado juego se ha reanudado y junto a las ventajas señaladas el energuménico clérigo cuenta con que un empate es para él una victoria y por tanto para el bando americano-gubernamental una derrota. Sus incendiarias proclamas de luchar hasta la última gota de sangre son sucedidas por efímeros intentos de negociación que, si bien hace fracasar en cuestión de horas, no es menos cierto que comienza aceptando. Política y fuerza están entreveradas en la tragedia iraquí.

TRAS LAS DECLARACIONES "ESCANDALOSAS" DE CAMACHO
Juaristi cree que ETA intentará aprovechar el "despiste" de los responsables de Interior
Las últimas declaraciones del número dos de Interior no sólo han motivado las críticas de todos los partidos, incluido el PSOE, sino que también han levantado la sospecha de que ETA se aproveche del “despiste” de los responsables de seguridad. Así lo cree Jon Juaristi, que se muestra convencido de que “desgraciadamente” la coyuntura actual “es favorable para el regreso de ETA”. El ensayista vasco opina que el PSOE está un tanto “desconcertado” ante la situación en el País Vasco.
EFE Libertad Digital  16 Agosto 2004

Los partidos vascos, también el PSE, el Gobierno vasco y la Ertzaintza han coincido en criticar el desconocimiento de Antonio Camacho, número dos del ministro Alonso, por referirse al terrorismo callejero como "una forma muy desagradable de divertirse". Todos coinciden en calificar de desafortunadas estas declaracioens que, pese a la polémica, Camacho sigue manteniendo. A esto se suma que el pasado viernes explicó que no había elementos que hicieran pensar en un nuevo atentado de ETA como los registrados en la última semana. Sólo un día después estallaba un artefacto de escasa potencia en el muelle del puerto de Llanes.

El escritor vasco Jon Juaristi cree que la cadena de atentados de ETA en el Cantábrico puede ser "el inicio de una escalada" por parte de la banda para aprovechar "la coyuntura más favorable" que, bajo su punto de vista, le ofrece el "despiste" que tienen "los actuales responsables de seguridad".

El ex director del Instituto Cervantes, que imparte esta semana en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo un curso sobre "Mitologías políticas en la modernidad", declaró a un grupo de periodistas que está convencido de que "desgraciadamente" la coyuntura actual "es favorable para el regreso de ETA". Juaristi explicó que "ETA todavía tiene unos soportes claros en ciertos sectores de la sociedad vasca y, sobre todo, cuenta aún con una cierta tolerancia por parte del nacionalismo vasco en su conjunto, que ve razones políticas en el terrorismo. Yo echo en falta una reacción lo suficientemente coherente por parte de los responsables políticos de la seguridad, fundamentalmente desde el Gobierno central", dijo.
El PSOE, desnortado en el País Vasco

Juaristi discrepó de quienes sostienen que ETA puede haber entrado en un proceso similar al que condujo a la práctica desaparición del GRAPO y calificó de "escandalosas" las declaraciones del secretario de Estado de Seguridad, Antonio Camacho, sobre los incidentes del 11 de agosto en San Sebastián. "Es un verdadero escándalo reducir lo que sucedió en San Sebastián el otro día, que fue una ekintza (acción) con todas las de la ley, como le llamaban en los buenos tiempos de la kale borroka (lucha callejera) a una forma de divertirse. Creo que es algo verdaderamente escandaloso y que sólo puede dar alas a los terroristas", defendió el ensayista vasco.

Juaristi advirtió de que "ETA y sus elementos auxiliares" sacarán partido de "cualquier coyuntura para hacerse notar" y, aunque deseó que lo ocurrido estos días "no vaya a mayores", confesó que él no es "nada optimista" al respecto, porque ve al Gobierno del PSOE "un tanto desconcertado ante la situación en el País Vasco".

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