AGLI

Recortes de Prensa     Martes 17 Agosto 2004

La política de alianzas del PSOE
Editorial La Razón 17 Agosto 2004

ERC APRIETA A MARAGALL
Editorial ABC 17 Agosto 2004

La pesca

Alfonso Ussía La Razón 17 Agosto 2004

LA ESTÚPIDA GUERRA

EDURNE URIARTE ABC 17 Agosto 2004

¿Quién fue entonces
Lorenzo Contreras La Razón 17 Agosto 2004

La opacidad del gobierno

Juan Carlos Girauta Libertad Digital 17 Agosto 2004

En buenas manos
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 17 Agosto 2004

La conveniencia de conocer la Historia
Pío Moa Libertad Digital 17 Agosto 2004

LA CÁRCEL INVISIBLE

FERNANDO GARCÍA DE CORTÁZAR ABC 17 Agosto 2004

LA VENDA ANTES QUE LA HERIDA
César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 17 Agosto 2004

Democracia de los ciudadanos

José María Carrascal La Razón 17 Agosto 2004

El eusko-Urdaci

Iñaki Ezkerra La Razón 17 Agosto 2004

EL DÓBERMAN
Jaime CAMPMANY ABC 17 Agosto 2004

LA SOMBRA DEL VECINO

Editorial ABC 17 Agosto 2004

Rurales
Antonio Pérez Henares La Razón 17 Agosto 2004

Goya, Hayek, Marugán y López

José García Domínguez Libertad Digital 17 Agosto 2004

Nacionalidades y regiones como problema de igualdad
JUAN JOSÉ SOLOZÁBAL El Correo  17 Agosto 2004

Lenguas relegadas

Víctor Córcoba Herrero La Razón 17 Agosto 2004

Auge del hispanismo
Opinión El País  17 Agosto 2004

Aquí cabemos todos
Cartas al Director El Correo 17 Agosto 2004

Juaristi achaca los atentados al «desconcierto» en las políticas de Interior

Marta Borcha Redacción La Razón 17 Agosto 2004
 


La política de alianzas del PSOE
Editorial La Razón 17 Agosto 2004

El PSOE cargará en exceso su hipoteca en esta legislatura al elegir a los independentistas republicanos de ERC y a IU-ICV de Llamazares como socios preferenciales a la hora de establecer alianzas que le permitan sacar adelante las iniciativas parlamentarias previstas por el Gobierno. Los socialistas se equivocan si quieren reeditar en el Congreso el tripartito catalán, más conocido por sus disputas –la más reciente es la diferencia, no sólo semántica, entre PSC y ERC entre «nacionalidad histórica» y «comunidad nacional», como término que ha de aparecer reflejado en la Constitución– que por sus acuerdos, que también los hay.

Deja el PSOE en segunda fila a los grupos parlamentarios de CiU, PNV y Coalición Canaria, que le pueden dar más de un disgusto, no sólo en la Cámara Baja, sino también en el Senado, donde, por ejemplo, los cuatro votos canarios son suficientes para dar la mayoría absoluta al PP.

El secretario general del Grupo Socialista, Diego López Garrido, reconocido constitucionalista y uno de los «padres» españoles de la Carta Magna europea por su presencia en la Convención, no aprueba en matemáticas. Los votos de socialistas, republicanos e IU-ICV se quedan a uno de la mayoría absoluta en el Congreso. Bien es cierto que no será complicado buscar apoyos en el Grupo Mixto. Pero, ¿qué pasará cuando el Gobierno presente unos presupuestos cocinados por Solbes y criticados de antemano por IU por su escaso «carácter social»? ¿El consenso en asuntos clave como las reformas estatutarias, constitucional y del Senado pasa por el acuerdo con ERC e ICV, cuando hasta el PNV reconoce que la clave está en buscar un acuerdo con el PP? ¿La «orientación progresista» que busca López Garrido deja en segunda plano a partidos con mayor representación parlamentaria que IU que votaron con un toque «progresista» la investidura de José Luis Rodríguez Zapatero?

Son interrogantes que deberá desvelar el PSOE, tras las declaraciones de López Garrido, que afortunadamente no citó la ampliación del pacto antiterrorista entre los objetivos de la búsqueda de consenso con sus socios en el Gobierno catalán.

ERC APRIETA A MARAGALL
Editorial ABC 17 Agosto 2004

VOLVIÓ confiado Pasqual Maragall de su paseo por aguas de Menorca con Rodríguez Zapatero, dando por hecho que en la travesía el jefe del Ejecutivo central había aceptado sus propuestas sobre la reforma del Estatuto catalán, el nuevo encaje de Cataluña en la Constitución y su denominación oficial como «nacionalidad histórica». Todo, al parecer, tal y como lo tiene pensado el presidente de la Generalitat. No le faltan razones para el optimismo pues todos los asuntos espinosos que han separado al PSOE del PSC se han sustanciado con una victoria más o menos rotunda de los socialistas catalanes sobre las ciertamente pusilánimes tesis de Ferraz. Pero parece que no todo le va a ser tan sencillo a Maragall, pese a esa aquiescente actitud de Zapatero. ERC, eje sobre el que pivota la estabilidad del Gobierno tripartito, no ha tardado en denunciar la maniobra léxica de Maragall y en exigirle que no despiste sobre el alcance real (muchas más competencias y mucha más financiación) que debe tener la reforma estatutaria, eufemismo que invoca el soberanismo al que no renuncia ERC. Pocas veces un socio de Gobierno (en el caso de Cataluña) y parlamentario (en el Congreso de los Diputados) ha hablado de manera tan divergente de quien se supone su coaligado. En realidad Maragall vive con Esquerra las mismas dependencias que Zapatero con el PSC. Por ello, lo más probable es que al final los dos navegantes menorquines hayan de invitar a los independentistas a la travesía decisoria. Estos son los riesgos de contraer hipotecas tan onerosas y de firmar pactos en Madrid y Barcelona que cada vez se antojan más inconvenientes y nocivos para el gobierno y el futuro de España.

La pesca
Alfonso Ussía La Razón 17 Agosto 2004

El Honorable Presidente de la Generalidad de Cataluña –me refiero a Maragall, no a Carod-Rovira– ha afirmado que la «nacionalidad catalana en la Constitución es un tema que ya está pescado». Lenguaje veraniego. De haber dicho la misma tontería en invierno, se hubiera pronunciado de esta manera: «La nacionalidad catalana en la Constitución es un tema que ya está esquiado». Me pregunto gracias a quién habrá pescado Maragall en los últimos días. Me respondo que a «Míster Yes», también conocido como Rodríguez Zapatero.

Además de la obsesión aldeana y cursilona hay mucha ingenuidad en Maragall. Para que ese tema, como él dice, pueda ser pescado, necesita del apoyo parlamentario del Partido Popular, que presumo prefiere pescar otros peces. Si Maragall hace cuentas, que no las ha hecho, se apercibirá de que el pescado está en la mar y ahí va a seguir durante mucho tiempo. «Míster Yes» le podrá prometer lo que quiera, pero si no puede lo que quiere, se la tendrá que envainar como todo hijo de vecino que se ve obligado a envainársela. Además, que lo importante para «Míster Yes» en esta hora y momento es aprobar el «Máster» de inglés que le ha preparado Moratinos.

Todas las mañanas, a las ocho en punto, el profesor llega a La Moncloa y le pide al alumno los deberes. Naranja, «orange»; blanco, «white»; coliflor, «coliflower». Cuando llega manazana, que es «apple» pero se pronuncia «ápel», lo pasa fatal. Y creo que tiene razón. Si se escribe «apple» ¿por qué se pronuncia «ápel» cambiando de sitio a la «e» y a la «ele»? Y menos mal que todavía no ha llegado a Dorchester, que se escribe así y se pronuncia «Dorster». Es como si Zapatero se pronunciara en español «Zatero». Se comen una sílaba por antojo y para fastidiar al alumno. De ahí que después de cuatro meses de clases intensivas lo único que sabe decir es «yes», y ese detalle se le ha escapado a Maragall.

Me cuenta mi espía en Exteriores que Moratinos está feliz porque Zapatero ha superado en los últimos días una de las pruebas más difíciles del «Máster». Distinguir entre «no» –que se pronuncia «nou»–, y «now» (ahora) que se pronuncia igual. «Nou» es también «nuevo» en catalán, y Maragall se aprovecha de la casualidad. No es que Aznar fuera Areilza, o Pujol, que habla seis idiomas, o el propio Arzallus que domina el alemán más o menos como Himmler, pero al menos el anterior Presidente del Gobierno no le decía «yes» a todo el mundo y ante cualquier petición.

De haber nacido mujer, Zapatero tendría muy menguada reputación. Y todo esto que he escrito, creo recordar, viene a cuento de la afirmación de Maragall de que la nacionalidad catalana en la Constitución es un tema pesado. Sobre la «c». Es un tema pesado, pesadísimo, un tostón de tema, y por si fuera poco, inviable sin la aquiescencia del Partido Popular. Monumental chorrada.

LA ESTÚPIDA GUERRA
EDURNE URIARTE ABC 17 Agosto 2004

Esa guerra de Irak que para la izquierda española era hasta ahora ilegal, injusta, criminal o imperialista se ha convertido este fin de semana en estúpida. Lo han dicho Diego López Garrido y Francisco Fernández Marugán, quienes han anunciado que bajo el Gobierno del PSOE se producirá un «inexorable empobrecimiento de España» por culpa de Aznar y Bush, que provocaron la «estupidez política» de la guerra y el aumento del precio del petróleo.

Estos críticos de la guerra, que condenaron a los países de la Coalición por su perverso objetivo económico —«es una guerra por el petróleo, ése es el auténtico motivo»— dan la vuelta al argumento para mostrar los intereses materialistas que denunciaron en los demás; quieren petróleo barato y acusan a quienes provocan su encarecimiento con guerras económicamente equivocadas. El discurso de la amoralidad de la guerra es ahora el de su inconveniencia material, lo que nos procura un interesante retrato de los problemas de la izquierda española para situarse en la escena internacional. Creo que es el producto de la combinación de las tesis sobre política internacional de gentes como Noam Chomsky con el activismo callejero liderado por la extrema izquierda y con la inesperada responsabilidad de la dirección del Estado: diagnósticos populistas y radicales, por un lado, aspiraciones materialistas, por otro, y, al final, evitación de medidas de Estado comprometidas.

Los socialistas tienen dificultades para hacer la transición entre las denuncias antiimperialistas de sus intelectuales y la complejidad de la política internacional cuando hay que gobernar. El petróleo, ese supuesto eje de la acción de Estados Unidos y de otros depredadores occidentales, ahora es también su necesidad; resulta que es vital para asegurar la continuación del bienestar en su propio país.
Como los libros de Chomsky contienen denuncias, pero no fórmulas para lograr el bienestar antiimperialista, se quedan con la denuncia: todo es culpa de Aznar y de Bush. Se olvida la complejidad política de los países productores de petróleo, la realidad de Gobiernos dictatoriales que dejan en una enorme fragilidad a los países que dependen de su suministro, la amenaza del fundamentalismo islámico o la importancia de las acciones de Al Qaida contra la producción petrolífera. Incluso se soslaya la hipótesis de la situación del petróleo con un dictador como Sadam Hussein en el poder.

¿Propuestas de aportación española? Ninguna. López Garrido y Fernández Marugán piden que la Unión Europea contribuya a la estabilidad de Irak mientras España se niega a participación alguna, más allá de análisis teóricos como el suyo. La estúpida guerra continúa porque el fundamentalismo se niega a aceptar la democracia, Al Qaida extiende su brazo de terror en una buena parte de los países petrolíferos, y el PSOE lamenta y denuncia que el petróleo está muy caro.

¿Quién fue entonces?
Lorenzo Contreras La Razón 17 Agosto 2004

Al secretario de Estado de Seguridad, Antonio Camacho, le huele la cabeza a pólvora, y sólo lo reciente de su nombramiento le libra por ahora de la caída política. Como todo el mundo sabe, Camacho calificó de juego de mal gusto la primera manifestación de la «kale borrola» en la Semana Grande de San Sebastián. Pero si Camacho está en peligro de muerte política, en el sentido de pérdida del cargo o caída en desgracia de efecto retardado, no es por esa circunstancia, sino por haber manifestado que la última identidad de los organizadores del 11-M constituye un enigma que nunca será resuelto. Con lo cual vuelve al primer plano de la consideracion el gran asunto que se expresó con la pregunta famosa de «¿quién ha sido?». Sólo que esta vez la pregunta a quien envenena no es al PSOE. Porque precisamente la nebulosa creada por los populares cuando dudaron sobre la autoría de aquellos atentados islámicos, sin descartar la implicación de ETA, adquiere fundamento a la luz, o a la sombra, de lo que ha opinado públicamente nada menos que el actual secretario de Estado de Seguridad.

Se sabe que en Ferraz y en los medios de la dirección socialista, incluido el Gobierno del señor Zapatero, están que trinan. Ahora resulta que un testimonio de primer nivel, aunque lo formule un inepto como Antonio Camacho, plantea de nuevo la gran duda, por lo menos a escala formal, pese a que la autoría islámica forme parte del convencimiento general de la opinión pública e incluso de la publicada. O sea, lo dicho para utilización política multilateral: «¿Quién ha sido?» O, todavía más actualizado a estas alturas: «¿Quién fue o quiénes fueron?».
Ahora bien, la cuestión no acaba aquí, sino que admite este complemento: ¿A quién se le ocurrió promocionar a Antonio Camacho, supuesto fiscal progresista y portavoz de ese frupo, para el cargo que hoy ocupa? Hay quienes creen que la gran ocurrencia partió del señor Sánchez Yllera, que pasa por haber sido y ser «fontanero» o persona de la mayor confianza de la vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega. Uno de los mayores problemas que se atribuye a la gestión socialista en su actual etapa de poder es la torpeza de los nombramientos. Ya lo dijo el propio Felipe González en su día, refiriéndose al primer Zapatero: carencia de programa e incluso de equipo. Una estimación ya olvidada y de la que González probablemente estaría dispuesto a arrepentirse. O tal vez no. Porque si se considera que entre los valedores de Camacho se encuentra un tal Mariano Fernández Bermejo, elevado a su vez a Fiscal de Sala de los Contencioso del Tribunal Supremo por influjo de González, los vicios promocionales se amplían.

11M
La opacidad del gobierno
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 17 Agosto 2004

Según Camacho, "no tenemos ningún indicio que nos permita sospechar que hubo un autor intelectual". (O sea, que nadie planeó los atentados; se dieron sin más, como la lluvia.) Sobre el 11 M, afirma el Secretario de Estado de Seguridad: "He hablado con colegas de otros países que están impresionados por cómo avanzó la investigación y el estado en que nos encontramos en este momento." Y lo que se entiende, por el uso del pretérito, es lo que ya sabíamos, que la investigación avanzó bajo la dirección del anterior equipo. ¡Y cómo! La segunda parte de la frase apenas despistará al lector: el actual responsable de la seguridad no podía limitarse a alabar a sus antecesores y deja caer que a sus colegas extranjeros también les impresiona el estado actual de las investigaciones.

Pero el estado actual es prácticamente el mismo que cuando se marchó Acebes. Salvo que el equipo del partido que llamaba, y llama, mentiroso a un gobierno que no dejaba de rendir cuentas y que logró tantos avances en tan pocas horas, haya avanzado en sus averiguaciones sin que nadie lo sepa. Dos razones empujan a creer que su opacidad es compatible con la inoperancia: no parece posible que los colegas extranjeros de Camacho conozcan avances recientes que todos ignoramos en España (y por tanto sólo están impresionados por lo que hizo el equipo de Acebes); en la misma entrevista Camacho nos advierte de que probablemente nunca se sepa quien organizó los atentados.

No sabemos por qué el gobierno socialista ocultó durante varias semanas la existencia de una segunda furgoneta. No sabemos por qué ha tardado diez días en informar de la muerte de Hicham Mandari. No sabemos quién y por qué profanó la tumba del GEO (los eruditos a la violeta que sostenían que los musulmanes no profanaban cadáveres no habrán oído hablar de Annual). No sabemos nada. Bueno, en realidad, sí: sabemos que el gobierno de la opacidad no desea que declaren ante la comisión parlamentara los confidentes policiales, ni el antecesor de Camacho, ni Aznar.

Así, en la mayor oscuridad, piensan cerrarlo todo. Con la comisión reconvertida en una célula de reflexión sobre un acuerdo contra el terrorismo "internacional" mientras mantienen sus insidias en otros foros. Con las expectativas ciudadanas sobre la investigación policial reducidas a su mínima expresión porque, según Camacho, "no tenemos ningún indicio que nos permita sospechar que hubo un autor intelectual". (O sea, que nadie planeó los atentados; se dieron sin más, como la lluvia.) Y con el hermetismo más absoluto respecto al asesinato en España de un financiador de los terroristas que estaba a punto de revelar informaciones lesivas para el régimen alauita y que había sido detenido por la Gendarmería cuando intentaba alcanzar nuestro país ¡el 14 de marzo! Y que estaba relacionado, a través de Mohamed Ouamoussi, con Dris Basri, ministro del interior de Marruecos durante dos décadas. Es para echarse a temblar. Eso sí, a oscuras.

En buenas manos
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 17 Agosto 2004

No albergan estas líneas la intención, mi señor Zapatero, de apartarle de altas y benéficas cavilaciones sobre el Estado y su futuro, aunque sí de llamarle respetuosamente la atención sobre algunos pormenores que preocupan hondamente a una parte de la peña. ETA ha reanudado sus quehaceres veraniegos y su escuela de formación, lo que llamamos kale borroka, ha vuelto por donde solía: a preparar celadas contra la Ertzaintza aprovechando las fiestas de pueblos y ciudades en esas justas veraniegas que el secretario de Estado de Seguridad toma por gamberradas y que siempre terminan con resultados parecidos, heridos que superan la docena y detenidos que no llegan a la unidad.

«No creo que sea un repunte de la kale borroka. Se trata de gente que tiene una forma vandálica y desagradable de divertirse», dijo el meritorio Camacho, citando como fuente de autoridad al viceconsejero de Interior del Gobierno vasco. Leamos lo que decía el consejero de Interior un día antes de los sucesos de San Sebastián: «(la campaña de bombas) sirve para complementar los repuntes de kale borroka que se están produciendo». Balza era aún más explícito el domingo: «creo que a Camacho le faltaba información. Fue un acto muy grave, una emboscada al estilo antiguo.( ) tanto por la forma en que se llevó a cabo el ataque como por el material utilizado, cohetes, cócteles, etcétera... no era un elemento de diversión, sino kale borroka organizada».

«Un becario en Interior», titulaba atinadamente el sábado su comentario Tonia Etxarri, espero que no lo tome a mal ni se ofendan los becarios. Que el secretario de Estado de Seguridad complete su formación intelectual mientras trabaja, es un hecho admirable y propio de un Gobierno con talante en una meritocracia, pero seguramente las capacidades del señor Camacho y la señora Gallizo, por poner otro ejemplo, podrían desarrollarse de manera inocua en Agricultura, un suponer. O en TVE. No se acostumbra a poner en manos de becarios los asuntos más sensibles, salvo, naturalmente, en la Casa Blanca durante el mandato de Bill Clinton. Es el principio de precaución que llevó a Eugenio d'Ors a reconvenir al camarero inexperto que acababa de derramar parte de una botella de champaña sobre la mesa: «Joven, los experimentos en la cocina y con gaseosa».

El secretario de Estado de Seguridad «no tenía elementos» el viernes para concluir si iban a producirse nuevos atentados. Dos días después, ETA le daba elementos para la reflexión en Llanes, junto a los Cubos de la Memoria de Agustín Ibarrola. El problema de errar en el diagnóstico es que hace imposible acertar con la solución.

¿Y dice usted que este joven y esforzado secretario de Estado es el responsable máximo de la seguridad de todos los españoles? ¿Virgen santa!

La conveniencia de conocer la Historia
Pío Moa Libertad Digital 17 Agosto 2004

En un reciente artículo, mi paisano Enrique Curiel comparaba la situación política actual con la de preguerra: «Hemos regresado a las elecciones de febrero de 1936, ganadas por el Frente Popular y que provocaron la insurrección militar de Franco y la guerra civil, y a las elecciones municipales de abril de 1931 –nunca aceptadas por una parte de la derecha–, que abrieron la puerta a la II República».

La comparación no es muy adecuada. Las elecciones municipales de 1931 fueron ganadas por las derechas por amplia mayoría, aunque perdieran en las capitales de provincia, y de ellas no tenía por qué haber salido ningún cambio de régimen. Si ocurrió de otro modo fue por la iniciativa de la derecha republicana (Miguel Maura y Alcalá-Zamora) secundada por los monárquicos, que facilitaron el cambiazo. Así, contra lo supuesto por Curiel, la llegada de la República no tuvo prácticamente enemigos. Éstos empezaron a aparecer por la derecha cuando las izquierdas se lanzaron, al mes de instaurada la República, a la gran quema de conventos, bibliotecas, centros de enseñanza, etc. Ahí empezó la quiebra de la República, pero no por culpa de la derecha, sino de los incendiarios izquierdistas y del gobierno que los amparó. Y siguió con las insurrecciones anarquistas, también de izquierda.

En cuanto a las elecciones de febrero de 1936, las ganó el Frente Popular (en diputados, no en votos) en unas circunstancias que normalmente las habrían invalidado, según describe el propio Azaña: «Los gobernadores (encargados de velar por la pureza del escrutinio) habían huido casi todos. Nadie mandaba en ninguna parte, y empezaron los motines». La continuación la describe también Azaña inmejorablemente sólo un mes después (y era sólo el comienzo): «Hoy nos han quemado Yecla: 7 iglesias, 6 casas, todos los centros políticos de derecha y el Registro de la Propiedad. A media tarde, incendios en Albacete, en Almansa. Ayer, motín y asesinatos en Jumilla. El sábado, Logroño, el viernes, Madrid, tres iglesias. El jueves y el miércoles, Vallecas… Han apaleado a un comandante, vestido de uniforme, que no hacía nada. En Ferrol a dos oficiales de artillería; en Logroño acorralaron y encerraron a un general y cuatro oficiales. Creo que van más de doscientos muertos y heridos desde que se formó Gobierno (menos de un mes antes), y he perdido la cuenta de las poblaciones en que se han quemado iglesias y conventos. Con «La Nación» (periódico de derechas) han hecho la tontería de quemarla». Azaña calificó en varias ocasiones de «tonterías» la quema de iglesias, bastantes de ellas de un alto valor artístico, o de periódicos derechistas.

Prieto declaraba el 1 de mayo que la situación era insostenible, y se hablaba de «dictadura republicana». Pero lo más significativo fue la negativa del gobierno izquierdista a hacer cumplir la ley. Las peticiones al respecto en las Cortes recibían en respuesta insultos y amenazas de muerte (cumplida con Calvo Sotelo y casi con Gil-Robles). De hecho, las autoridades favorecían la sangrienta marejada del proceso revolucionario, y con ello acabaron de destruir su ya dudosa legitimidad electoral.

¿Se parece aquella situación a la actual, como sostiene Curiel? Afortunadamente hay bastantes diferencias. Para empezar, el nivel de violencia es mucho menor. Sin embargo, existen circunstancias muy preocupantes, que Curiel achaca arbitrariamente a la derecha: «Nunca desde 1975, desde la muerte de Franco y el inicio de la transición democrática, se habían puesto en cuestión los resultados electorales. Jamás los responsables de Unión de Centro Democrático, del PSOE, de Alianza Popular, del PCE o de los nacionalistas adoptaron una estrategia similar. El daño que se puede provocar en nuestro sistema político y de convivencia es muy grave». La realidad es que nunca desde 1975 había habido unas elecciones tan anormales como las pasadas. Y no sólo, o no tanto, por haber sufrido la marca del más salvaje atentado terrorista ocurrido en España, sino por la utilización que del mismo hizo la izquierda. Porque la izquierda desvió de los verdaderos asesinos la culpa del crimen para cargarla sobre el gobierno que mejor ha luchado en España contra el terrorismo, sin claudicar «dialogando» con los héroes del tiro en la nuca ni caer en el crimen de estado. Fue como si, cuando el asesinato de Miguel Ángel Blanco, la izquierda y los nacionalistas hubieran reaccionado no contra la ETA, sino contra el Gobierno.

Y, por cierto, el partido ganador en tan anormales comicios ha premiado a los terroristas, pues no se puede decir de otro modo, con la retirada de las tropas españolas que ayudaban en Iraq a reconstruir el país y a librar a la población de criminales como los autores de los atentados de Madrid. Debemos insistir en ello, pues esta evidencia restallante casi nunca se examina, como si la retirada de Iraq se limitara al cumplimiento de una promesa electoral. El significado de la promesa y del acto es simplemente el mencionado, y eso lo vuelve especialmente siniestro.

La desviación de la culpabilidad desde los asesinos al gobierno no es la única mancha en la victoria electoral de Rodríguez, con ser gravísima. Debemos recordar también las previas campañas, las del Prestige y la de la guerra contra Sadam, en las que el PSOE, no por casualidad al lado de los comunistas y los nacionalistas catalanes y vascos, incluyendo a los abiertamente proetarras, auspició manifestaciones violentas, al borde de la desestabilización, para extender por gran parte del país el clima de odio que hoy caracteriza a las Vascongadas, y que, de volverse habitual en toda España, arruinaría la democracia, como en gran parte está arruinada en la región donde manda el PNV. Y ahora Curiel y los demás socialistas acusan y presentan como próxima al golpismo (como en el 36, insinúan) a una derecha promotora de una política en que «todo estará permitido y cualquier estrategia de confrontación por parte de la derecha estará justificada». ¿Cuál es esa «cualquier estrategia»? Así quiere definir el Gobierno la exigencia de aclaraciones sobre lo ocurrido en aquellos días de infamia desde el 11 de marzo, una exigencia elemental y normalísima en cualquier sistema democrático. ¿Qué tiene que ver esa actitud de la derecha, o su insatisfacción por las insatisfactorias explicaciones oficiales, con aquella política de pancarta, asedio a locales del PP, manifestaciones violentas e insultos intolerables de «asesinos», practicada por la izquierda y los nacionalistas? Eso sí era una estrategia de confrontación inaceptable. En realidad, este intento socialista de acallar desde el poder a la oposición mediante acusaciones falsas o exageradas y un tanto chantajistas, se corresponde con su política previa de alcanzar ese poder mediante una acción bastante próxima al asalto. El asustadizo PP debiera dejar las cosas bien claras al respecto. Curiel, como en general los socialistas, ignora la historia, empezando por la de su propio partido, y eso es peligroso: lleva a repetir viejos errores.     Pío Moa es historiador y escritor

LA CÁRCEL INVISIBLE
por FERNANDO GARCÍA DE CORTÁZAR. Catedrático de Historia Contemporánea. Universidad de Deusto
ABC 17 Agosto 2004

UNA frase es suficiente. Eso es lo que le ocurre al personaje de una novela de Philip Roth, un decano de universidad que ve cómo su reputación y su carrera se arruinan por una metáfora, un profesor de literatura clásica excomulgado por los inevitables gurús de la época -nuestra época-, convertido primero en racista, luego en misógino, por haber dado a las palabras su significado y también por no querer eliminar a Eurípides de un curso de tragedia griega después de que una alumna lo considerase degradante para las mujeres... Una frase es suficiente.

Esta historia, dirán muchos de nuestros intelectuales -que a alguien se le señale como encarnación del mal absoluto y se le queme en la hoguera de la opinión pública-, esta extravagancia, dirán muchos de nuestros intelectuales lanzados a la yugular de la Estatua de la Libertad, sólo puede ocurrir en una nación espectáculo como Estados Unidos. Es una pesadilla a la manera de sus sueños, de unos políticos y unas masas que están haciendo fascismo sin saberlo - esta palabra, fascismo, es una palabra mágica entre nosotros, un obús de calidad para todo interesado en hacer méritos dentro del ruedo ibérico-. En España, dirán también muchos de nuestros políticos, tenemos pueblo, más que eso, tenemos pueblos, y los pueblos de España, atávicos y sublimes, jamás se han arrodillado ante ningún Torquemada: siempre han salido a la calle fusil o sable en mano, siempre vivos y siempre espontáneos y nobles, según la tradición generosa de Cervantes, se han quemado las pestañas defendiendo la libertad. Ninguna persona, se dirá, puede cavar aquí su tumba con una metáfora.

España, sin embargo, esa realidad geográfica que Madariaga veía como un castillo y Machado -otra voz hecha patente, otro poeta hecho obús- como un olmo viejo, hendido por el rayo y en su mitad podrido, se ha rendido también -y lo ha hecho hace tiempo, mucho tiempo- a esa ortodoxia política de lo correcto, ese tirano que es el más plasta de los tiranos. Todo aquí se ha hecho espectáculo también y también ha quedado reducido a espectáculo. Todo se ha vuelto farsa, película de buenos y malos, de héroes y villanos, duelo entre mosqueteros y guardias de Richelieu, entre progresistas y reaccionarios.

Sí, como en ese lugar de cuyo nombre algunos héroes de barricada no se quieren acordar, en nuestro culto y plural país hacer la acusación también es demostrarla. Sólo se requiere una etiqueta. La etiqueta es la prueba. La etiqueta es la lógica.

El ruido que se arma entre nosotros, ruido de fronteras y agravios más viejos que el diluvio, cuando alguien se atreve a dudar públicamente de que haga falta una segunda transición y sea necesario reformar la Constitución a la manera de los reinos medievales, puede servir de ejemplo. Es casi conmovedor ver cómo nacionalistas y gentes de izquierda se embriagan con el vino de la democracia -todos, revelando exclusivamente la ignorancia de la historia, enlazan con éxito popular democracia con descentralización y todos están a favor de cambiar algo: los estatutos de autonomía, la Constitución, el concepto de España, la relación de las Comunidades Autónomas con el poder central y del poder central con las Comunidades Autónomas, la situación de Euskadi con o en España y la reconciliación de Cataluña con el Estado-, dejando para los escépticos a tanto puzzle el vino de los nostálgicos y el apellido falangista.

Tan sólo subrayar todo lo que hay de anacrónico y ridículo en el frenesí de frases que acompaña a los programadores de esa anhelada y nueva transición; subrayar tan sólo que no es el ciudadano para la idea, sino la idea, las instituciones, las normas, para el ciudadano, o como dice el Evangelio, que «el sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado»; decir simplemente que la diversidad impuesta por un Estado puede no ser menor que la del medievo fraccionado y anárquico y que Napoleón, que promueve y difunde con su código la igualdad jurídica de los ciudadanos, es más hijo del conde duque de Olivares que de los nobles y comerciantes con antojo de fueros; sostener tan sólo esto es causa suficiente para ser desterrado del paraíso celestial en que moran nuestros mal llamados progresistas. Suficiente para que le caiga a uno encima la etiqueta de uniformista y miembro honorario de las JONS.

Lanzar, además, esa acusación, en medio de una época en que la gente quiere tener sentimientos enseguida, y cuando los del tipo escandalizado e indignado resultan los más fáciles de despertar, y también los más estúpidos, es como demostrarla; escucharla es creerla . El perpetrador de proclamas no necesita ningún motivo. No requiere ninguna lógica ni razón fundamental. Le basta la etiqueta. Ésta es el motivo: ¡Los castellanos! ¡Los poetas de José Antonio Primo de Rivera! ¡Los vencedores del 39!

Únicamente un clima ético y cultural de esta clase puede explicar, por ejemplo, la unanimidad con la que políticos y periodistas catalanes usaron las buenas intenciones para eximir de toda responsabilidad a un alto cargo de la Generalitat que había mantenido una entrevista secreta con ETA. Y el inaudito discurso con que salió al paso de las críticas ese mismo político, apropiándose del ¡no pasarán! de Pasionaria, repitiendo los manidos tópicos de la consecución de la paz mediante el diálogo con los terroristas, anunciando un plebiscito en torno a su candidatura -que consiguió-, la candidatura del que no se arrodilla ante Madrid, y cerrando la arenga con un ¡ahí queda eso! Solamente en un clima así una representante de RTVE puede enorgullecerse de aclarar que sí, que en los medios de comunicación todo es manipulación, que lo que ocurre es que los otros, la derecha, manipulan en nombre del dinero y nosotros, la izquierda, en nombre de la mayoría, lo cual, por descontado, tiene más justificación, es mucho más democrático.

La divinidad abstracta de lo colectivo ejerce su tiranía falsificando los valores; creando una ideología débil que deja al ciudadano inerme ante los pastores que lo mangonean, despojándole de esa astucia de serpiente, esa conciencia de los conflictos, sin la que no cabe siquiera una simplicidad de paloma.

En una página agudísima y terrible hace notar Nietzsche cómo en las sociedades primitivas, débiles frente a las dificultades de la existencia, todo acto individual, propio, original, era un crimen, y el hombre que intentaba hacer su vida sin seguir la voz de la tribu, un malhechor. Había que comportarse en todo conforme a uso común. El gran crimen que le costó la vida a Sócrates fue su pretensión de poseer un demonio particular, privado; es decir, una inspiración individual. El mismo crimen que convierte en un monstruo al personaje de Philip Roth. El mismo también que a muchos intelectuales del País Vasco -y ésta no es otra historia- obliga a vivir con escolta o a evaporarse.

En esta España plural y pueblo, muchos sienten nostalgia del rebaño. Se entregan con pasión a lo que en ellos hay aún de oveja. Quieren marchar por la vida bien juntos, en ruta colectiva, lana contra lana. Decía Heráclito que el carácter del hombre es su destino. El regreso de esos políticos ingrávidos que intentan alcanzar el poder -y lo alcanzan- para pastorearnos a todos y sermonearnos sobre lo que está bien y mal, que no nos dejan un rincón de retiro donde tener convicciones personales, que se echan la capa al hombro para interpretar el papel de mosquetero, que piensan en frase o fraseología y en vez de ajustar el pensamiento a lo que son las cosas se pasan la vida adaptando la realidad al perfil abstracto y formalista del espectáculo, sugiere precisamente lo contrario: que el carácter del ciudadano no es su destino sino las ideas invasoras de los demás. Nadie en ningún lugar definió mejor a estos emperadores de la demagogia como un guionista norteamericano de los años ochenta: «Es nuestro hombre, no porque sea capaz, no porque es famoso, sino porque está hecho del mismo material que todos los buenos candidatos: de tinta».

LA VENDA ANTES QUE LA HERIDA
Por César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 17 Agosto 2004

LOS socialistas han comenzado ya a señalar a Bush y a Aznar como los culpables de la crisis del petróleo. El imperialismo, el belicismo, los afanes de control de Oriente Medio y concretamente la guerra de Irak. Con esa mezcla de dogmatismo y mala fe propia de los intoxicadores buscan los orígenes del malestar, que les va a tocar gestionar como Gobierno, en la equivocada estrategia internacional de EE.UU., y en aquella maldita reunión de las Azores que nunca pagará de modo suficiente Aznar. ¡Quién le mandaría meterse a redentor, con lo bien que se está en casa! Pero él quería pasar a la historia con el loco de Bush, sin ser británico por otra parte, es decir, sin tener las razones familiares que tienen los ingleses para correr con los norteamericanos el mismo destino. Aznar se pasó de atlantista y entró en una fase de delirio que pagó lógicamente el 11 de marzo.

Hace unos días los intelectuales inorgánicos del PSOE comenzaron la campaña de intoxicación. Centinelas consumados, vigías impagables se adelantaban con su explicación de la guerra de Irak no sólo a la subida del precio del petróleo, sino a las repercusiones que puede tener ésa en los campos más impensables de la economía en este próximo otoño. Lanzados los argumentos, iban a tardar pocos días en hacerlos oficiales los José Blanco. Con el impudor propio de los legos, y aún mayor cuando se trata de políticos, los socialistas han comenzado a insinuar una situación alarmante para conjurarla desde ya. Cuanto más negras sean las previsiones, mayores serán las culpas que habrá que atribuir a los causantes, esto es, a Bush y a Aznar. Una vez puesta la venda, el Ejecutivo podrá hacer a su antojo la herida económica. Todo irá en la misma factura. Que los gastos estén a la altura de la sensibilidad social que nos caracteriza. Por fin, hay campo libre para la socialdemocracia, es decir, para la demagogia.

ASÍ que el aparato propagandístico del partido ha desbrozado ya el terreno para Solbes y para Fernández Ordóñez. Éstos no tendrán que quemarse en previsiones cuya audacia podría descalificarlos como expertos. Ése es el trabajo sucio que les corresponde a los «aparatos» del partido; es la división de funciones que debe tener prevista todo partido bien organizado, y el PSOE lo es, a pesar de que carezca de una ideología coherente y a pesar de sus muy graves contradicciones. Espero -ha dicho Chaves- que los socialistas nos pongamos de acuerdo en relación con los Estatutos y el modelo de Estado. Así que el PSOE puede carecer de una idea de España y, sin embargo, puede estar perfectamente compenetrado para hacer una política partidista, que consiste fundamentalmente en defenderse como organización en cualquier situación y frente a cualquiera.

EL ministro Solbes y su secretario de Estado, Fernández Ordóñez, tienen motivos para sentirse inquietos al estar en un partido contrario por definición a toda ortodoxia económica y, por lo mismo, propenso a toda aventura demagógica pero, a la vez, pueden estar tranquilos por trabajar con la red que les proporcionan los propagandistas del partido. En pleno mes de agosto, y mientras el PP tiende la pata confianzuda al sol, aquéllos preparan el clímax para el subidón de otoño. Todo está previsto, una vez más están definidos los culpables, los de siempre, los que exige la simplificación y el odio: Aznar y Bush, Bush y Aznar. De nuevo habrá que tirar unos millones de copias de la foto de las Azores. Y que suba la vida.

Democracia de los ciudadanos
José María Carrascal La Razón 17 Agosto 2004

No sé si se habrán fijado, pero la izquierda está últimamente obsesionada en redefinirse a sí misma. En no llamarse izquierda, vamos. A los socialistas, me refiero, pues los comunistas vienen ya intentándolo hace mucho tiempo, con todo tipo de disfraces, sin conseguir otra cosa que hacer más patética su soledad y anacronismo. Pero entre los socialistas, el fenómeno es más reciente, con relativo éxito en algunos casos –el de Blair, por ejemplo, con su «tercera vía»– y estrepitoso fracaso en otros, como el de Schröder y su Agenda 2010. Ahora le toca el turno a Zapatero, que ha introducido el concepto de «democracia de los ciudadanos» para definir su tipo de socialismo y de gobierno. De entrada, puede parecer una de tantas macanas lingüísticas que, como el «talante», se ha sacado de la manga el nuevo presidente del gobierno español para dar sustancia a su partido y cobertura a su ambigua forma de gobernar. Aparte de ser una redundancia. Una democracia tiene que ser de los ciudadanos o no es democracia, que en su raíz etimológica significa eso, «gobierno del pueblo». O sea que estamos ante una nueva obviedad de nuestro presidente, que suelta pompas por la boca como un niño con una pajita y un vaso de agua con jabón. A no ser que tras la pomposidad haya un punto de interesada malicia, y lo que quiera decir ZP es que en España no ha habido auténtica democracia y él va a encargarse de instaurarla. Los políticos, y esto vale para los de cualquier color, son así de petulantes y si no, no serían políticos.

Pero una miaja de razón hay que darle a nuestro presidente. No toda, desde luego. España tiene una democracia desde hace un cuarto de siglo. Lo que ocurre es que es una democracia más de partidos que de ciudadanos. Los padres de la transición, como teniendo miedo al criterio de los españoles, tomaron las medidas oportunas para que no se desmandaran y encauzaron sus aspiraciones políticas a través de los partidos, ya eliminando los marginales, ya reforzando los consagrados, ya dando a estos plena potestad para conducir sus asuntos, limitando los poderes de sus militantes. La manifestación más clara de todo ello son las listas cerradas, según las cuales, los españoles no podemos elegir aquellos políticos que más nos satisfagan no importa el partido en que militen, sino que nos vemos obligados a votar en bloque a un determinado partido, aunque no nos hagan mucha gracia algunos de sus candidatos.

Es, desde luego, un recorte de los derechos ciudadanos y una vieja reclamación de quienes abogamos por una democracia más a ras del suelo. Hasta ahora, sin ser escuchados. ¡A buena hora los partidos iban a ceder esa bicoca y los políticos, verse obligados a luchar por su circunscripción! Sólo el PSOE, en su último programa electoral, abrió una rendija en esa puerta herméticamente cerrada, al hablar de «mejora del actual sistema electoral, consistente en el desbloqueo de las listas electorales, reconociendo al elector la facultar de expresar una o varias preferencias entre los candidatos de la lista elegida». No eran, ni de lejos, las listas abiertas, pero al menos se nos permitiría alterar el orden de los incluidos en la lista cerrada que votábamos. Algo es algo. Pero ni siquiera eso. Ya en el poder, el PSOE ha cambiado de opinión. José Blanco ha advertido que «La vía de solución no está en el falso debate entre listas abiertas o cerradas, sino en abrir los cauces para un mayor control social del funcionamiento de los partidos y, por tanto, también de la elaboración de las listas».

Lo que se esconde tras el indigesto párrafo es algo muy simple: Nanay. Abrir las listas, aunque sea sólo una rendija, hay que olvidarlo. Todo lo más, se admitirá que los militantes de cada partido intervengan algo más en la confección de las mismas. Pero una vez confeccionadas, seguirán cerradas a cal y canto. Conociendo la estructura piramidal de nuestros partidos, ya sabemos lo que eso significa: las listas seguirán haciéndose desde su dirección y el resto tendremos que contentarnos con votarlas en bloque o quedarnos en casa, único derecho al pataleo que se nos permite electoralmente a los españoles. En honor a la verdad debo advertir que algunos prohombres del PSOE, como supongo los habrá en el PP, siguen defendiendo las listas abiertas o semiabiertas. Pero con Pepiño Blanco diciendo que ni hablar del peluquín, ya me dirán ustedes quien se llevará el gato, y las listas, al agua. Pero no eran las dichosas listas el tema de mi artículo, aunque lo pareciese. Las listas eran sólo la excusa, y al mismo tiempo, la prueba de lo que quería señalarles: la distancia que existe entre lo pintado y lo vivo, entre los programas electorales y los programas de gobierno.

Prometer que se abrirían las listas electorales quedaba muy bien cuando se era oposición y no conllevaba ningún riesgo. Hacerlo ya siendo gobierno es algo completamente distinto, pues conlleva la obligación de poner manos a la obra y completarla en el menor tiempo posible, apoyado en la mayoría parlamentaria de que se dispone. Y a eso parece que no está dispuesto el jefe del estado mayor de José Luis Rodríguez Zapatero, que es tanto como decir él. Con lo que su iniciativa política más interesante, más concreta, más audaz, aquélla que apoyaríamos incluso los que no militamos en su bando, se esfuma. Mal comienzo para su «democracia de los ciudadanos». Bajo su mandato, los españoles tendremos que seguir contentándonos con ser meros comparsas en el proceso electoral, eligiendo partidos, no el candidato específico que quisiéramos nos representase. Más de lo mismo, en suma. El único consuelo es que estamos ya bastante acostumbrados.

El eusko-Urdaci
Iñaki Ezkerra La Razón 17 Agosto 2004

La oposición sindical que tuvo el PP cuando gobernaba llegó a llevar a Urdaci ante los tribunales con la acusación de haber falseado en unos informativos los datos de una huelga. Es un misterio por qué ni el PP ni el PSOE llevan a los tribunales a los directivos de la televisión oficial vasca ya que en ella se falsea la realidad sistemáticamente todos los días y a todas las horas. Los propios presentadores de los informativos adoctrinan políticamente al espectador sin el pudor más mínimo. Hay una tal Estibaliz Ruiz de Azua que está muy cotizada sólo por saber poner cara de «nacionalistona mala» y una tal Uxue Barcos que ha acabado encabezando la candidatura política de Nafarroa Bai en las últimas elecciones generales. En las fotos de grupo que la prensa publica del Congreso suele brillar una mirada febril, incendiaria, fanática: es ella. Si ha pasado de presentadora a líder nacionalista, imaginen el tipo de noticias que daba en la Euskal Telebista cuando le sucedió a José María Calleja una vez que a éste le habían echado. Pero el que realmente se supera en los informativos de esa televisión es Julio Ibarra. Julio Ibarra es directamente un sujeto repulsivo. Julio Ibarra tiene un don especial que hace que su rostro sea más odioso que cualquier otro de los rostros televisivos del Régimen. Julio Ibarra no sólo adoctrina, no sólo falsea, no sólo miente sino que cuando lo hace sabe mirar al espectador como si le estuviera castigando.

Julio Ibarra es un tele-torturador nato. Sabe que nos está infligiendo un castigo con sus mentiras, su bordería natural, su presencia desagradable en la pantalla, su expresión de dolor de tripas, su cara de bicarbonato y su voz de vinagre. Julio Ibarra es diferente porque mientras las demás tele-caras de esa casa mienten para los nacionalistas, para contentar a su parroquia, para que les suban el sueldo o para que no les echen, él miente dirigiéndose a los que no somos nacionalistas. Miente por gusto, por puro sadismo. Miente con una mirada tan manifiestamente hostil que hasta los suyos tienen la sensación de que, en vez de estar ante la tele, les han puesto de rodillas contra la pared.

A Julio Ibarra le han hecho ahora pregonero de las fiestas de Bilbao gracias a ese masoquismo atávico y a ese sentimiento de culpa que padecen mis paisanos por haber derrotado a los carlistas en el XIX. Es como si en Madrid le pusieran a Urdaci de pregonero y eso que Urdaci era un pobre infeliz. En todas las ciudades se eligen como pregoneros a tipos que destacan por su popularidad y su simpatía. En todas menos en Bilbao. Allí para ser pregonero se exigen dos condiciones: ser nacionalista y un perfecto borde. Julio Ibarra ha dicho en su pregón que el Plan Ibarretxe es magnífico, que vuelvan los presos de ETA y que Euskal Herria debe ser una «txozna (tasca desmontable de las verbenas) de libre asociación». Hay quien cree ha dicho eso por ideología. Pues no. Lo ha dicho por joder.

EL DÓBERMAN
Por Jaime CAMPMANY ABC 17 Agosto 2004

LOS socialistas son muy proclives a utilizar el dóberman, que lo hicieron famoso en aquel vídeo electoral inolvidable. El dóberman es un animal muy del partido, siempre mandan alguno a las manifestaciones, o lo sientan en la tribuna de invitados del Congreso, y no se puede descartar que incluso se haya producido algún caso de zoofilia con algún gerifalte de Ferraz o Gobelas que haya formado con el dóberman pareja de hecho con derecho al matrimonio legal del año que viene. Dicen que el dóberman despierta ansias sexuales lo mismo en hembras que en varones. Se podría ensayar con Yola, con Dinio y con Zerolo, y que nos pongan la grabación en «Crónicas marcianas».

Ahora, Alfredo Pérez Rubalcaba se ha comprado un dóberman. Está previamente amaestrado para atacar al Partido Popular, especialmente a José María Aznar, que es el culpable de la muerte de Prim y de Paquirri, del terremoto de San Francisco y de la guerra de los Cien Años. El dóberman de Rubalcaba ataca al oír la palabra «pepé». Se le manda «pepé» y ataca ferozmente a todo cuanto tiene delante. Posee todas las virtudes agresivas del dóberman de raza superior, porque ha sido conseguido después de varios cruces entre dogos de la raza alfonsoguerra, rottweilers de la acreditada raza ruthporta, pinschers de la camada maragall y pastores alemanes descendientes de Joseph Goebbels con algunas incrustaciones de Corcuera, que mejora sensiblemente la delicadeza del ladrido.

Pérez Rubalcaba pasea al dóberman, siempre protegido por un collar de carlancas al cuello, que le preserva del mordisco de los atacados, y sujeto con una fuerte correa que sólo lo deja libre en el caso de que se le ordene el ataque. La compra del dóberman y su utilización responde a la precaución de preservar el nombre de Rubalcaba para las empresas mayores de destrucción política, mientras el temible can amaestrado se emplea con personajes secundarios y sobre todo en faenas menores o en lo que se llama «acusaciones intermitentes», que caen en cadena, una tras otra sobre el proscrito, o bien, de golpe y por sorpresa, como un alud o un aluvión. Depende todo del momento, de la urgencia y de la estrategia adecuada al objetivo.

Llega el momento de comunicar al lector el extraño nombre con el que Rubalcaba ha bautizado a su dóberman, al que ha bautizado con nombre de persona humana e incluso lo ha hecho diputado a Cortes, del mismo modo que Calígula hizo cónsul a su caballo. El dóberman rubalcabeño se llama Diego López Garrido y la última orden que ha recibido de su amo es la de saltar a la yugular de José María Aznar por ser culpable, no sólo de las muertes de Prim, etcétera, sino nada menos que del empobrecimiento de España.

Ya lo saben los votantes. Aznar ha dejado a España empobrecida, sin un euro, con una mano atrás y otra delante y con el culo en las goteras. Es el culpable de que la Caja de la Seguridad Social esté dando las boqueadas y las pensiones no están garantizadas; España se encuentra empeñada hasta las cejas, no las corrientes, sino las de Zapatero, que son más altas, y de que tengamos que vender todos los coches que hemos comprado en ocho años para pagar la gasolina.

LA SOMBRA DEL VECINO
Editorial ABC 17 Agosto 2004

LA escalada de tensión entre la república islámica de Irán y el Gobierno interino de Irak es una pésima noticia en un escenario al que le sobran los factores de conflicto. Las autoridades de Teherán multiplican las amenazas apenas veladas y las demostraciones de fuerza, mientras que más de 15.000 chiíes se han ofrecido ya como voluntarios para perpetrar atentados suicidas para liberar los lugares santos del chiísmo en el país vecino, como Nayaf y Kerbala.

El régimen de los ayatolas ha hecho al Gobierno interino de Bagdad «único responsable» de lo que pueda ocurrirle al diplomático iraní secuestrado el pasado 4 de agosto por un misterioso «Ejército Islámico», es decir, que acusa al nuevo Gobierno iraquí de poco menos que practicar el terrorismo de Estado. Paralelamente, Teherán hace amplia publicidad de la puesta a punto de su nuevo misil balístico de alcance medio, el Shahab-4, con el que amenaza atacar el «territorio sionista» si Estados Unidos e Israel bombardean instalaciones nucleares en Irán.

Del lado iraquí, la detención en Bagdad del delegado de la agencia de noticias iraní, IRNA, acusado de divulgar información tendenciosa, es un paso igualmente desafortunado. Al conflicto latente no hace falta que nadie le eche más gasolina, con la memoria todavía viva de una guerra salvaje en los años 80 y la revuelta chií en su apogeo más sangriento en Irak. La designación de Teherán por parte de la Administración Bush como un elemento fundamental del «Eje del Mal» parece cerrar del todo, si es que todavía había un resquicio, toda esperanza de una intervención diplomática estadounidense. Y Rusia está prácticamente ausente de este escenario. La Unión Europea, pese a ejercer una influencia débil en la región, ha apostado al menos por un «diálogo crítico» con Teherán. Con todas las dificultades que conlleva la diplomacia con los ayatolás, divididos entre moderados y radicales, esta actuación ha cosechado algún éxito, el más aparente cuando en octubre de 2003 Joschka Fischer, Jack Straw y Dominique de Villepin, ministros de Asuntos Exteriores de Alemania, el Reino Unido y Francia, respectivamente, se presentaron por sorpresa en Teherán, a pocos días de que expirara el ultimátum dado por la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA), y lograron que las autoridades iraníes suscribieran un acuerdo contra la proliferación de armas nucleares.

No fue una acción que se inscribiera en los procedimientos normales de la Política Exterior y de Seguridad Común europea (en realidad, los tres «grandes» esquivaron las reglas del juego), pero demostró que Europa puede jugar un papel constructivo en la región, que ahora podría repetir.

Rurales
Antonio Pérez Henares La Razón 17 Agosto 2004

Tienen la impresión creciente o más bien la certeza de que lo que ellos piensen da un poco lo mismo. Las gentes del terrón son conscientes de que su peso demográfico es cada vez menor y su dispersión en pequeños núcleos aún les ayuda menos a ser influyentes. Saben que las decisiones son cosas que se cuecen más por el asfalto de las ciudades y que son los urbanitas quienes marcan las pautas y las modas. Incluso la de comprarse casa en un pueblo. Pero ya lo creo que opinan. Y sin excesos ni abalorios de prosa administrativa que enturbian el agua de las entendederas. Dos frases repetidas en varias conversaciones se me han quedado grabadas por su contundencia y precisión. Su certeza o no ya es cosa de cada cual. La primera es como ven lo de Zapatero y lo de España. Respuesta precisa: «O se hace con el Maragall ese o se lo lleva por delante y todos a no sé qué parva». Lo dicen votantes de izquierda, aunque lo progres de manual creen que ese fruto no se da entre el cereal de secano. Y sobre la emigración: «Los necesitamos pero yo prefiero a los sudamericanos y a los del Este. Ellos se esfuerzan por hacerse con nuestras costumbres y las respetan. Los moros –lo siento pero este personal no es políticamente correcto– las desprecian y quieren imponer las suyas». Si lo dice en las Cortes lo ponen de racista para arriba pero a lo mejor tiene verdad ese puño. ¡Ah! Y este año no se quejan de la cosecha. O sea que ha sido cosechón.

El informe del PSOE
Goya, Hayek, Marugán y López
José García Domínguez Libertad Digital 17 Agosto 2004

El guión explica de manera muy didáctica que el precio del petróleo depende de Irak, un país que produce menos del dos por ciento de los barriles que se consumen en el planeta. Si usted pregunta a cualquier académico de talla mundial por los principales pensadores económicos que ha producido la Humanidad, invariablemente obtendrá la misma respuesta. Primero, Marugán y López (aquél que salía en una esquina de la foto que ocupaba Cristina Almeida); después nadie; y detrás de nadie, Hayek. Bueno, pues Producciones Rubalcaba, la de los creadores de "Acebes mintió" y "Aznar mató a Prim", ha unido a los primeros para que sean las estrellas de su próxima comedia. "El PP aprendió economía en dos tardes", se titulará la obra.

El guión explica de manera muy didáctica que el precio del petróleo depende de Irak, un país que produce menos del dos por ciento de los barriles que se consumen en el planeta. Ése es el argumento de la segunda versión, la definitiva que se ofrecerá al público. Porque la primera era distinta. En aquélla, el malvado lobby tejano había decidido invadir el paraíso de Sadam para robarle las reservas de crudo, que suponen el once por ciento de las mundiales; y su objetivo sería cuadruplicar la producción de los pozos. Pero el libreto chocaba con un escollo insalvable: cómo hacer comprender a los espectadores que el hundimiento de los precios que provocaría el incremento de la oferta era un gran negocio para las petroleras. Tan insalvable resultó que hubo que contratar a toda prisa al ticket Marugán-López para darle una salida lógica a aquel embrollo. Y se la encontraron con un razonamiento demoledor: Dadnos el dos por ciento y moveremos el Mundo.

Los fichajes no sólo han aportado esa genialidad. Además, el largo pasado comunista de López ha servido para introducir una innovación rompedora en el marketing mix de la cinta. Porque el apéndice de Almeida tiene muy frescos en la memoria los grandes avances de la Albania de Enver Hoxa. Allí, una votación democrática de los miembros del comité central del partido estableció la inexistencia de Dios; y así se reflejó después en un artículo de la Constitución. López recuerda esas cosas con nostalgia, de ahí que el texto que ha pergeñado al alimón con Marugán vaya a ser remitido al Parlamento. De tal forma que pensadores de la talla de Caldera, Blanco, Pajín, Montilla, Puigcercós, Llamazares y Zetapé van a ratificar solemnemente la tesis del dos por ciento y la del dolo aznarí. De paso, tendrán ocasión de certificar el "inexorable empobrecimiento" que se avecina. Pero esa parte del texto es la menos original. Porque los próceres, que son gente muy leída, se saben de memoria la fórmula del índice de miseria que compusiera Arthur Okun, aquel asesor de Kennedy. Y ninguno de ellos ignora que el indicador alcanzó sus niveles máximos bajo los anteriores gobiernos del PSOE. No, López y Marugán no les van a descubrir a ellos la capacidad del socialismo para lograr que la economía deje de funcionar. Pero con lo otro, lo del dos por ciento, con eso ya se han ganado que les encarguen la Gala de los Goya 2005. Y ojo, que después viene la del Nobel.

Nacionalidades y regiones como problema de igualdad
JUAN JOSÉ SOLOZÁBAL/CATEDRÁTICO DE DERECHO CONSTITUCIONAL EN LA UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE MADRID El Correo  17 Agosto 2004

Como era de esperar, la perspectiva de una reforma constitucional, a pesar de la formulación de la misma por el presidente del Gobierno en términos bien contenidos, ha desencadenado un considerable debate, sin excluir, por parte de algunos, un indisimulable propósito de superar los muros básicos del edificio político levantado por el constituyente español en 1978.

La primera reforma propuesta, a la que ceñiré hoy mi comentario, se refiere a la enumeración en el texto constitucional de las comunidades autónomas. Prescindamos del significado de esta mención, que, desde luego, tiene un valor de reconocimiento antes que de constitución o creación, de manera que se viene a aceptar una determinada realidad previa, la de la existencia de las comunidades autónomas que se relacionan. Como se sabe, ése es el caso de otros muchos preceptos constitucionales, así los que, por ejemplo, se refieren a los derechos o los que reconocen instituciones, como ocurre con el sistema foral. Por supuesto, la mención constitucional de las comunidades autónomas, prescindiendo también del lugar en que se produce, lo cual conlleva importantes consecuencias, simbólicas y de rango normativo, no paraliza necesariamente el proceso autonómico, 'consagrándolo' eternamente. Lo que ocurre es que la ordenación territorial adquiere fijeza y se dificulta ciertamente su modificación, realizable en el futuro sólo si antes se ha levantado, con la correspondiente reforma, el tope constitucional.

Pero, a mi juicio, el problema más importante que plantea esta reforma de la enumeración de las comunidades autónomas es el de decidir si su verificación ha de abordarse distinguiendo entre las que son nacionalidades y regiones. Naturalmente, esta distinción sólo aparentemente remite a la que formula, pero no desarrolla, el actual artículo 2 de la norma fundamental, que reconoce y garantiza «el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones». Como se sabe, la distinción efectiva, en cuanto al acceso, organización y competencias entre las comunidades autónomas, es la que depende de determinados requisitos históricos (haber plebiscitado afirmativamente durante la II República proyectos de estatutos de autonomía) o ratificado en determinadas condiciones la iniciativa autonómica.

Esta distinción entre nacionalidades y regiones para nada agota su significado en argumentos identitarios, difícilmente aprehensibles para el derecho constitucional. Sin duda alguna, lo que pretende plasmar, cuando se propone reservar la calificación de nacionalidad para tres o cuatro comunidades autónomas, es una desigualdad constitucional, con implicaciones difícilmente admisibles en nuestro Estado autonómico, que necesariamente ha de asentarse sobre unas bases mínimas de homogeneidad y congruencia.

Nuestra tesis es que la inclusión de esta diferencia en la Constitución presenta notables dificultades, tanto en términos políticos como jurídicos. Como viera Ortega durante la Segunda República y ha demostrado la experiencia autonómica reciente, el efecto emulación en el desarrollo autonómico es imparable. La diferencia identificadora a favor de algunas comunidades autónomas, prefiguración sin duda de un mejor nivel competencial, blindado entonces, por decirlo así, constitucionalmente, sería considerada como un privilegio intolerable por las demás, que se precipitarían a la reclamación para sí de la condición de nacionalidades. Desde luego, los problemas dejarían de existir si cupiese una reforma constitucional que se limitase a trasladar a la norma fundamental la calificación estatutaria al respecto y que, como ocurre ahora con la diferencia entre comunidades ordinarias y especiales, no atribuyese significación política relevante a la enumeración constitucional de las nacionalidades y regiones. Habría que ver si esta modificación, perfectamente adecuada al carácter consolidatorio de la reforma en este dominio a que nos hemos referido al comienzo, resulta satisfactoria para quienes se proponen fundar sobre la diferencia en la denominación un régimen autonómico distinto, especialmente en el aspecto competencial.

Naturalmente, la proscripción de la diferencia institucional o competencial en el máximo plano normativo no puede impedir una diferencia fáctica, que podemos denominar asimetría efectiva, entre las respectivas comunidades autónomas, según el uso que éstas hagan de sus propias competencias de acuerdo con su voluntad de autogobierno, y en razón, asimismo, del peso político que sean capaces de mantener en el sistema según su población, nivel de desarrollo, etcétera.

Además, la recepción en la norma fundamental de dicha diferencia entre nacionalidades y regiones, que, insisto, sería considerada la base justificadora de una distinción de unas comunidades respecto de otras, llevaría el peligro de rebajar el significado constitucional del reconocimiento de los hechos diferenciales, entre ellos, la foralidad vasca y navarra. La limitación de la diferencia -que no privilegio- al hecho foral, explícitamente singularizado en la Constitución, permite el mantenimiento de la homogeneidad del Estado, compatible, a mi juicio, con la excepción foral pero no con una división dual cualitativa de las comunidades autónomas. Ocurre que también el principio de igualdad juega en el Estado autonómico, y sin su asunción no es posible construir una forma política moderna, sea unitaria o descentralizada, pues ni hay verdadera comunidad jurídica si los ciudadanos gozan de diversos derechos individuales según su residencia, ni hay un sistema político auténtico sin una homogeneidad institucional compartida en todo el territorio, aunque naturalmente el alcance de la igualdad no es el mismo en un Estado unitario que en una forma de tipo federal como la nuestra, porque el pluralismo legislativo que implica la autonomía incide en los derechos individuales, y porque el autogobierno político supone el reconocimiento de ciertas facultades de configuración institucional.

¿Qué hacer entonces? Como ocurre en tantas ocasiones, en materia constitucional, la solución puede no ser cambiar el modelo, sino más bien llevarlo a cabo, realizando todas sus potencialidades. Recomendaría entonces huir de nominalismos y evitar la logomaquia. Ciertamente, como queda dicho, no se trata de oponerse a la diferencia entre nacionalidades y regiones , sino a su recepción normativa en el máximo nivel, al menos con un carácter más innovador que consolidatorio, en cuanto generadora de disputas territoriales simbólicas que, sentidas a modo de agravio comparativo, son tan nocivas para la convivencia.

Si lo miramos bien, nuestra Constitución, además de la igualdad, garantiza el pluralismo y hace descansar nuestro orden territorial sobre el principio dispositivo. Lo que se propone aquí es atribuir en función de estas claves el desarrollo de los aspectos simbólicos de la comunidad autónoma al propio estatuto de autonomía. No olvidemos que nuestro régimen constitucional no se acaba en la Constitución, más bien principia en ella, dando lugar a un orden o sistema que la continúa y perfecciona. Es entonces en los estatutos de autonomía, en el ejercicio del autogobierno de la comunidad, donde deben incorporarse estas cláusulas simbólicas o identitarias, acerca de la definición del sustrato político de la organización, calificándolo como nacionalidad o región. Evitemos una resolución constitucional en estas materias tan delicadas. Que la norma fundamental posibilite esta diferencia, o que se limite a reproducirla, pero que no la proponga, si con ello sufren las bases de la integración de todos en el sistema político común.

Lenguas relegadas
Víctor Córcoba Herrero La Razón 17 Agosto 2004

Se dice que el habla es lo mejor y también lo peor que poseemos. Nuestro refranero así lo sentencia: La lengua no tiene hueso, pero corta lo más grueso. Lo que viene a decir que las palabras pueden ser tan hirientes como el mejor cuchillo. Ciertamente, una vez sembradas, tanto por el mar del aire como por el cielo del papel, a través de sus variados canales, toman vida propia al igual que una planta. Una existencia que radiografía nuestra manera de pensar y decir, de ser y actuar. Son latidos que forman parte de nosotros. Por eso, estimo vital proteger y cuidar el aroma de los distintos lenguajes, sus tonos y timbres, las locuciones y jergas, los idiomas y semblantes, el habla y los dialectos, los dejes y los dichos. Es una forma de comprender otros abecedarios, otras formas de sentir, para en el fondo entenderse.

Ya se sabe que la palabra nos distingue y diferencia. El idioma de cada cual nos revela estilos variados, estremecimientos diversos y sensaciones distintas. Por desgracia, estudios recientes nos alertan sobre el ocaso de algunos lenguajes. Dicen que más del sesenta por ciento de los idiomas hablados en todo el mundo corren peligro de desaparecer. Ante la funesta situación, pienso que al igual que se salvaguarda el patrimonio histórico, también debiéramos amparar las tradicionales formas de comunicación humana. Somos pura expresión. A sabiendas de que toda lengua es un mar, en la cual viven olas y alas, horizontes y universos, los labios del que habla, convendría poner a salvo las sílabas del pensamiento injertadas en las lenguas maternas.

Habría que impulsar sistemas de educación multilingües, sobre todo la de aquellos lenguajes que tienden a desaparecer, para no perder identidades que nos enraízan. A partir del momento en que se cultiva la palabra, brota el temple humano, en un mundo que es de todos. Ninguna voz debe excluirse. Cada día es más creciente el cauce migratorio, lo que conlleva el germen de una sociedad plural, que nos exige poner el acento en las semejanzas, sin negar las diferencias, entre las que suele estar el idioma. Quizás no sea tan saludable para la vida en convivencia adaptarse a todo, a la lengua predominante en la que uno vive, perdiendo así importancia las jergas en la que uno fue creciendo. Abrir el árbol genealógico de los lenguajes, lenguas y hablas nos enriquece. Estoy convencido de ello. Por el contrario, poner límites al mundo, acotando lenguajes, es como achicarse y empobrecerse. Téngase presente –diría el poeta– que todas las voces son como la lluvia, que a fuerza de empapar, acaban haciendo germinar a la rosa.

Coincido con los lingüistas que sostienen la idea de que hay que hablar tres lenguas: una materna, otra de vecindad y una internacional. Cuantas más mejor. Todos los signos y señales contribuyen a la edificación de un mundo mejor cultivado, y por ende, más humano. Todas las semánticas, fonologías, morfologías y sintaxis ayudan a conocerse. Si orador es aquel que dice lo que piensa y siente lo que dice, hace falta una legión de ellos para que la comprensión nos alcance.

Muchas guerras surgen por desavenencias absurdas y desatinos en la conjugación de verbos y adjetivos sustantivados. A los hechos me remito. Cada día se hace más extensivo el dicho de que para algunas personas, hablar y ofender es lo mismo. Sus palabras levantan muros que matan tanto como las bombas.

Volvamos a esas lenguas maternas, aquellas que como el sol iluminan sin cesar, por muy minoritarias que sean, deben fomentarse y tenerse en cuenta, para que la transición entre los distintos medios (el educativo y el natural, por ejemplo) deje de ser algo traumático, y confluya al acceso de todos los saberes.

Sin duda, se debería propiciar el uso de las lenguas madre en la educación desde la edad más temprana, esa que nace con el primer sollozo del corazón humano. En este sentido, también las últimas investigaciones demuestran claramente que la enseñanza simultánea en la lengua oficial del país y la lengua materna de los niños, contribuye a la obtención de mejores resultados escolares y estimula su desarrollo cognitivo y su capacidad de aprendizaje.
Las otras lenguas, las de vecindad y mundología, son igualmente necesarias para hermanarse. Todo ciudadano, que se precie de serlo del mundo, ha de profundizar en las máximas posibles. Integrarse en las lenguas humaniza. Los que laboran lenguajes en los distintos géneros literarios o artísticos, o el pueblo mismo que crece en diálogos, harán bien en avivar expresiones que nos renazcan y nos renueven.

El mundo ha de recoger, integrar todas las esencias íntimas de la comunicación, los jugos y sabores de todos los tiempos y mundos, las virtudes y bondades de las gentes con sus gestos, para que nadie se encuentre en el destierro. Si del corazón a la vida van las palabras, que ninguna quede en el camino, sin camino. La hospitalidad nos impulsa a salir al encuentro del otro para acogerle y respetarle, incluida su cultura y forma de vida. Por nuestra parte, hemos de ofrecerle lo que somos y tenemos. Lo importante de todos los lenguajes, al fin y al cabo, radica en la coherencia entre lo que sienten los labios del alma y lo que escribe la mirada.      Víctor Córcoba Herrero es escritor

Auge del hispanismo
Opinión El País  17 Agosto 2004

Los estudios hispánicos atraen cada vez más alumnos y universitarios en aquellos países en los que ya gozaban de una cierta tradición como Francia, Reino Unido o EE UU. Al mismo tiempo, se están consolidando cátedras y centros de estudios hispánicos en Asia y en los países árabes. Lejos quedan los tiempos en los que España despertaba la curiosidad de estudiosos y escritores en tanto que último reducto político exótico en Europa. Pero también aquéllos en los que nuestro país ostentaba un práctico monopolio de la cultura en español. Como ha quedado patente en el Congreso Internacional de Hispanistas celebrado en Monterrey, hoy el hispanismo constituye un interés que se extiende sin fronteras sobre un objeto de estudio que tampoco las tiene.

La amplitud y creciente intensidad del fenómeno -que se verá realzado por la próxima conmemoración del IV centenario de la publicación de El Quijote- exige reconsiderar tanto el marco institucional como los apoyos oficiales que reciben los hispanistas de todo el mundo. Algunos de los participantes en el congreso mexicano, sobre todo los asiáticos, han considerado insuficiente el presupuesto y el despliegue internacional del Instituto Cervantes. Los estudiosos procedentes de los países árabes han puesto de relieve, por su parte, las dificultades para obtener visados con los que poder continuar sus investigaciones en nuestro país.

Se trata de observaciones que deberían ser atendidas por el Gobierno no sólo ni principalmente por razones de orgullo, puesto que sería en todo caso un orgullo compartido con otros países que se expresan en español, sino por contribuir al mutuo conocimiento entre espacios culturales diferentes en momentos en que la desconfianza y el miedo no cesan de ganar terreno en el ámbito internacional.

Aquí cabemos todos
Isabel Urkijo/Gesto por la Paz. Bilbao Cartas al Director El Correo 17 Agosto 2004

Los papeles que repartieron en Gernika animando a la agresión, el acoso y el directo ejercicio de la violencia contra los concejales del PP y del PSE, las bombas de Ribadesella, Gijón, San Vicente de la Barquera, Santander y Llanes; la batalla campal que formaron en plenas fiestas donostiarras, la campaña para perseguir a concejales que ocupan cargos que, según sus promotores, no les corresponden.

ETA y su entorno no están acabados y están dando sus últimos coletazos, ni tienen la misma fortaleza y respaldo que en sus mejores tiempos. Ni lo uno, ni lo otro. Tienen capacidad para seguir haciendo lo que saben hacer: asesinar y aterrorizar a quien no comparte su estrategia. Quizás la única diferencia con otros tiempos es que, cada día que pasa, su estrategia de violencia y terror va erosionando más conciencias. Lo que dudo es que tengan capacidad para reconocer el absoluto fracaso de su estrategia violenta, una estrategia que ha llenado de sangre las manos de sus ejecutores y ha absorbido la vida entera de miles de sus seguidores. Es cosa de tiempo. Mientras se admite el fracaso, seguiremos apostando por la palabra frente a la violencia, por la democracia frente al totalitarismo y por un país en el que quepamos todos.

Juaristi achaca los atentados al «desconcierto» en las políticas de Interior
Marta Borcha/Redacción La Razón 17 Agosto 2004

Santander- «Los responsables de seguridad del Gobierno tienen un cierto despiste de lo que es y deja de ser el terrorismo. Me parece un verdadero escándalo reducir lo que ocurrió la semana pasada en San Sebastián a “una forma muy desagradable de divertirse”». Con estas palabras criticó ayer el ex director del Instituto Cervantes y catedrático de Filología española de la Universidad el País Vasco, Jon Juaristi, las recientes declaraciones del secretario de Estado, Antonio Camacho.

El también escritor vasco, que imparte esta semana en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo un curso sobre «Mitologías políticas en la modernidad», manifestó que, en su opinión, la serie de atentados de los últimos días pueden ser «el inicio de una escalada» y se justifican porque ETA necesita hacerse presente ante la sociedad de la única manera en la que lo ha hecho en toda su existencia, a través del terrorismo: «Han buscado la coyuntura del verano, unida al cambio político producido después de unas elecciones que han propiciado un Gobierno un tanto desconcertado ante la situación del País Vasco».

Juaristi discrepó de quienes sostienen que la banda terrorista puede haber entrado en un proceso similar al que condujo a la práctica desaparición del Grapo. Por otra parte, el alcalde de San Sebastián, el socialista Odón Elorza, dijo ayer que una consulta sobre el grado de adhesión del País Vasco con España «puede figurar en un Estatuto de autonomía, en el marco de un autogobierno reformado, con todo tipo de cautelas y siempre desde un pacto bilateral» entre la comunidad autónoma y el Estado. Elorza hizo estas declaraciones durante la presentación del IV Seminario Ernest Lluch, que se celebra desde ayer en San Sebastián. El primer edil donostiarra expresó su «optimismo» sobre la posibilidad de lograr «acuerdos» en el País Vasco y opinó que «la estela de Cataluña podrá servir de referencia.

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