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Recortes de Prensa     Miércoles 18 Agosto 2004

Socialismo con gomina
EDITORIAL Libertad Digital 18 Agosto 2004

Democracia, Libertad, melancolía

Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 18 Agosto 2004

De sorpresa en sorpresa

José Luis Manzanares Estrella Digital 18 Agosto 2004

El regreso de ETA
Román CENDOYA La Razón 18 Agosto 2004

EL PESIMISTA EN SÍ MISMO

Jaime CAMPMANY ABC 18 Agosto 2004

La comunidad nacional catalana

José Cavero El Ideal Gallego 18 Agosto 2004

La confesión
Cristina Losada Libertad Digital 18 Agosto 2004

Tropas españolas en Afganistán
Editorial La Razón 18 Agosto 2004

LOS LADRIDOS DEL VERANO
M. MARTÍN FERRAND ABC 18 Agosto 200

CARPETAZO A LA COMISIÓN

Editorial ABC 18 Agosto 2004

Sí, Yes, Oui, Ja
José María CARRASCAL La Razón 18 Agosto 2004

Componendas

Juan BRAVO La Razón 18 Agosto 2004

Maragall y la moserga de ERC

Manuel Martín Ferrand Estrella Digital  18 Agosto 2004

El gran timonel
Francisco MARHUENDA La Razón 18 Agosto 2004

Bautizar al enemigo

Daniel Pipes Libertad Digital 18 Agosto 2004

La fiebre se extiende
TONIA ETXARRI El Correo  18 Agosto 2004

La comisión del 11-M

Cartas al Director ABC 18 Agosto 2004

Juaristi tilda de «demagógica» la introducción de lenguas cooficiales en las Cortes
Marta Borcha La Razón 18 Agosto 2004

Juaristi advierte del peligro de convertir el Parlamento en un Babel peninsular

MARÍA DE LAS CUEVAS SANTANDER ABC 18 Agosto 2004
 


Socialismo con gomina
EDITORIAL Libertad Digital 18 Agosto 2004

Es muy difícil ilusionar así a un electorado que, principalmente, busca diferenciarse lo más posible de los socialistas, especialmente tras la forma en que aconteció la derrota de marzo. El ambicioso Ruiz Gallardón ha mostrado sus cartas de cara al congreso que el PP celebrará en octubre. Si hay algo de lo que no se le puede acusar, es de esconderse. Tampoco se le puede culpar de no devolver los favores políticos, pues ha escogido para salir del armario los micrófonos de la SER, que sólo a él miman en el PP, poco después del último especial anti-Aznar de la cadena polanquista.

Tiene, sin duda, razón en asegurar que el PP debe construir un nuevo proyecto. Desgraciadamente, Gallardón no es capaz más que de ofrecer lo mismo que el PSOE, pero con gomina. Es muy difícil ilusionar así a un electorado que, principalmente, busca diferenciarse lo más posible de los socialistas, especialmente tras la forma en que aconteció la derrota de marzo. Hay que darles una base ideológica firme, fácilmente defendible, que se diferencie de forma clara de las propuestas del PSOE. Algo que, dentro de las familias que forman el PP, no pueden ofrecer ni democristianos ni conservadores, y mucho menos los centrorreformistas.

El PP comenzó a despegar con una propuesta marcadamente liberal, muy distinta del socialismo felipista, y subió en Cataluña y País Vasco cuando ofreció una alternativa al nacionalismo omnipresente en ellas. Por eso, hacer caso a Piqué cuando reclama flexibilidad en el hundimiento de España representaría la pérdida del punto común que defiende toda la derecha, y que le permite diferenciarse de un nacionalismo cada vez más excluyente.

Si algo bueno tuvo la derrota electoral de marzo, fue lograr que muchos votantes populares vieran al fin la cara real de la izquierda y se dieran cuenta de que no son mejores que ellos. Buena parte de la derecha abandonó entonces los complejos. Es una lástima que Rajoy no parezca haberlo hecho. Hoy mismo, quizá contagiado del "yes" de Zapatero, ha repetido que el congreso supondrá "una cosa intermedia" entre renovación y continuidad. El candidato popular parece ser incapaz de hacer nada más que criticar al PSOE por no aclararse entre sí. Debiera aplicarse el cuento.

Democracia, Libertad, melancolía
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 18 Agosto 2004

Lo peor es que nos hayamos acostumbrado a soportar como propio de las democracias la persistencia e incluso la implantación de las dictaduras socialistas, si alguna no lo fuera, y de izquierda, que ahora lo son todas. Las reacciones tras el relincho victorioso de Chávez en el referéndum venezolano son de muy distintas clases. Los políticamente cuadrúpedos comparten el relincho: Fidel Castro, Llamazares, los etarras y batasunos, los esquerranos republicanos y toda la basura izquierdista internacional, desde los militantes antiglobalización hasta los conversos y simpatizantes del Islam combatiente, léase terrorista. Otros lamentan el triunfo por lo que supondrá de afirmación del proyecto dictatorial del Gorila Rojo, incluyendo en él la financiación petrolífera del castrismo, el apoyo a las guerrillas comunistas colombianas y el afianzamiento del modelo caudillista iberoamericano para el siglo XXI: una mezcla del clásico militarismo golpista y el no menos clásico marxismo tropical, chapoteando en océanos de retórica miserabilista. Otros, en fin, constatan que las masas, chavistas, peronistas, nazis, fascistas y socialistas en general, no siempre apoyan proyectos de libertad, justicia y prosperidad, sino que gritan con su voto, una y mil veces: ¡Vivan las Caenas! Qué nos van a decir a los españoles.

Pocos hacen hincapié en que lo normal es que Chávez haya amañado el resultado electoral y que el hecho de que dos zascandiles siniestros como Carter y Gaviria lo avalen, refuerza esa hipótesis. Que es la más razonable, por otra parte, pero que es la menos comentada, porque pondría a la llamada comunidad internacional ante el desagradable dilema de qué hacer con Chávez... cuando no se piensa hacer nada. Qué les van a decir a los cubanos.

Por supuesto, si Chávez fuera un dictadorzuelo de extrema derecha, un Pinochet insolvente o un Videla con colesterol en vez de un gorila de extrema izquierda, la gran mayoría de medios de comunicación occidentales se habría movilizado para exigir a los dirigentes políticos democráticos un control implacable del golpista venezolano, devenido líder carismático y, por ende, mucho más peligroso. Pero como es amigo de Fidel Castro, antinorteamericano furibundo y anticapitalista de bolsillo ajeno, lo normal es que suceda al revés: que se le pidan cuentas a la Oposición por no ganar el referéndum, que a lo mejor sí ha ganado. ¿Quién lo sabe con certeza? ¿Quién puede probarlo? ¿Se habría aceptado en el referéndum convocado por Pinochet -y que le costó el Poder- una circunstancia tan pasmosamente anómala como que supuestamente hayan votado menos venezolanos contra Chávez de los que habían dado su firma para poder votar contra él? Evidentemente, no. Pero como se parte de que pocos países quieren realmente liquidar el régimen de Chávez, se da por hecho que los venezolanos no han querido hacerlo. Como si la mitad de Venezuela, según los números del propio Chávez, no mereciera el apoyo, respeto y colaboración de todos los países y partidos políticos democráticos del mundo. ¿No están defendiendo la libertad, suya y de todos? ¿Por qué preguntarles qué hacen o qué no hacen contra el dictador en vez de preguntarnos qué hacemos y qué no hacemos para ayudarlos?

Lo peor no es que las masas pocas veces apetezcan la libertad. Lo peor no es que la democracia sirva a menudo a los dictadores. Lo peor es que nos hayamos acostumbrado a soportar como propio de las democracias la persistencia e incluso la implantación de las dictaduras socialistas, si alguna no lo fuera, y de izquierda, que ahora lo son todas. Lo peor es que hayamos dejado que los cubanos padezcan durante cuarenta y cuatro años una delas dictaduras más atroces de la historia y que estemos dispuestos a tratar a los venezolanos como a cubanos. No todos, naturalmente. Pero pocos, como de costumbre.

Sin embargo, no hay alternativa moral a la lucha contra la dictadura, en Caracas, en La Habana o donde sea. Y era peor cuando hace veinte años apoyábamos a Sajarov o a Walesa en su lucha contra el comunismo seguramente menos de los que ahora apoyan a los venezolanos que seguirán luchando contra Chávez. A pesar de la caída del Muro. Quizás porque, ayer como hoy, la lucha por la libertad tiene algo de quimérico y de necesario, de forzoso y de incompleto, de minoritario, de solitario. De ahí la melancolía. Esta melancolía.

De sorpresa en sorpresa
José Luis Manzanares Estrella Digital 18 Agosto 2004

Las personas de cierta edad hemos de tener cuidado con las críticas al mundo de hoy, en parte para no ser tildados de nostálgicos (“todo tiempo pasado fue mejor”) y en parte para que no se nos califique, quizá con razón, de escleróticos incapaces de seguir el avance de los tiempos. Creo, sin embargo, que al menos algunas de las curiosidades que a continuación recojo merecen ese nombre sean cuales fueren los años del lector. Ahí van unos cuantos ejemplos, empezando por los que comparten una misma tendencia a separar lo que la historia y la geografía han unido a lo largo de los siglos. Y esto ocurre precisamente ahora, cuando la democracia se ha consolidado en estos pagos y se nos abren las puertas del siglo XXI con un futuro esperanzador.

Conforme a los artículos 1 y 2 de la Constitución Española,“la soberanía nacional reside en el pueblo español” y la propia Carta Magna “se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española”. Luego, su artículo 3 declara que el castellano es la lengua oficial del Estado y su artículo 4 se ocupa de la bandera de España, sin perjuicio de las que puedan darse las Comunidades Autónomas. Resulta, no obstante, que lo de la soberanía del pueblo español en su totalidad depende -según afirman unos ante la sonrisa complaciente de otros- de la lectura o relectura que se haga de aquel clarísimo texto. El idioma de Cervantes ha desparecido de algún Parlamento autonómico, pese a tenerlo como propio la mitad al menos de quienes viven en esa Comunidad y hablarlo la casi totalidad del resto. Y la bandera española ondeará lo menos posible -incluso en Madrid- para no molestar, mientras que se recomienda no exhibirla ni poco ni mucho en determinadas parcelas del territorio patrio por eso de la provocación.

Sorpresa similar produce que se luche contra la sequía en Levante, Murcia, o Almería dejando que se pierda en el mar el agua potable del Ebro para desalinizar después el agua salada con la ayuda inapreciable -y carísima- del petróleo. O que en las regiones más subvencionadas de España, las que siempre han vivido básicamente del campo y soportan los mayores índices de paro, haya que acudir a la inmigración extranjera a gran escala para realizar labores que no requieren la menor especialidad. O que en alguna Comunidad de baja renta per cápita puedan aumentarse ciertas pensiones con los fondos enviados desde otras que no se permiten tales mejoras. O que el número de abortos aumente constantemente mientras que quienes desean adoptar un niño han de buscarlo en Perú, en Rumanía o en China. O que convirtamos en delitos las coacciones o amenazas leves contra la mujer -saliendo así en su defensa contra la dominación del varón- a la vez que se pretende financiar y promocionar el Islam, es decir, una religión que predica la sumisión de la mujer al hombre. O que después de tanto ironizar sobre el matrimonio, como institución burguesa prescindible y un poco rancia, se ponga tanto interés en ampliarlo a los homosexuales.

El regreso de ETA
Román CENDOYA La Razón 18 Agosto 2004

Los terroristas siguen haciendo lo único que saben hacer. Cada vez que pueden vuelven. La única solución para que la bestia no regrese es su derrota. La política más eficaz para conseguir ese objetivo es su persecución con todos los medios, en todos los frentes, como se ha demostrado en la era Aznar. Cada vez que se relaja la presión con alguno de los que no quieren la derrota del terrorismo, éste regresa. Y en ésas nos encontramos. El PNV nunca ha querido la derrota de ETA. Dice que quiere que desaparezca pero no hace nada para que eso suceda. La ertzaintza sigue siendo incapaz de detener a uno solo de los participantes en los últimos actos terroristas de kale borroka. El PNV sigue demostrando que no va a hacer nada para terminar con los agitadores del árbol. El regreso de ETA viene forzado por el relajamiento del Gobierno frente a los nazionalistas del PNV. Esa relajación alimenta rumores sobre un posible acercamiento de presos o una posible relegalización de HB-EH-SA o como quieran rebautizarse. Esta nueva situación fuerza a la bestia a actuar, para poder argumentar que el regreso a la actividad es lo que ha forzado al gobierno de España a ceder. Y eso supone que en materia de ETA, con mucho talante, podemos estar volviendo a terribles tiempos pasados que parecían felizmente superados. Ojalá me equivoque.

EL PESIMISTA EN SÍ MISMO
Por Jaime CAMPMANY ABC 18 Agosto 2004

LA frase íntegra y literal es esta: «Probablemente nunca llegaremos a determinar hasta el último extremo quién intervino en la organización de los atentados». Pues estamos frescos, porque la frase, como seguramente ustedes saben ya, la ha pronunciado Antonio Camacho, secretario de Estado de Seguridad e Interior, o sea, la persona que tiene el deber de esclarecer hasta el «último extremo» quiénes fueron los autores materiales e intelectuales, más los cómplices e inductores de los atentados y en qué, cómo y en cuánto se beneficiaron unos y otros.

Esa opinión acerca de la investigación de todo cuanto rodea el 11-M, expresada por el mandamás de la policía del país, y encima fiscal de oficio, destruye en los ciudadanos toda esperanza de conocer la verdad de aquella masacre. Se ha rendido quien no debiera rendirse nunca ni cerrar tan resignadamente ese expediente. Si a ello se une la reciente declaración del Partido Socialista con el anuncio de que abandona por completo la idea de citar a más comparecientes y testigos en la Comisión parlamentaria de Investigación, incluido Aznar (merci bocoup), podemos deducir lógicamente que los socialistas en ese asunto tiran la toalla, que es lo que estaban deseosos de hacer cuanto antes. Nada de responsabilidades. A ponerse de acuerdo en la previsión de que aquello no vuelva a ocurrir, y a pasar página. ¿Que han muerto doscientos inocentes? Bueno, pues angelicos al cielo y ropica al arca, que dicen en mi tierra.

Este camarada, fiscal y «progresista», que el ministro José Antonio Alonso ha encasquetado en la Secretaría de Seguridad e Interior, se ha acreditado a marchas forzadas como una catástrofe, un cataclismo, una desgracia, y en el sitio donde le han puesto eso adquiere caracteres de calamidad pública. Que el responsable de la policía y las Fuerzas de Seguridad anuncie públicamente que los entresijos de un crimen tan espantoso y de consecuencias políticas tan importantes no van a ser desentrañados ni conocidos, es en realidad una dimisión. Y si quien lo dice ostenta ese cargo gracias al infortunio que considera de imposible esclarecimiento, ya no es sólo una dimisión; es una desvergüenza.

Si este Antonio Camacho no confía en su capacidad para desentrañar un crimen de tal envergadura, ni explica todas las gestiones que ha hecho para tratar de esclarecerlo, por ejemplo, sus obligadas conversaciones y peticiones de colaboración a las policías de otros países acostumbrados a luchar contra el terrorismo, especialmente el islámico, no puede pretender que nosotros tengamos esa confianza. Si él es un pesimista de sí mismo, ya me dirá qué optimismo acerca de su capacidad podemos albergar los ciudadanos. Desde que él está en ese cargo, los etarras han puesto cinco bombas en las playas de España y los kale borroka, meritorios alevines de etarra, han tomado San Sebastián, no ya a piedra y palo, sino con cócteles incendiarios, mientras el secretario de Estado los miraba divertirse de manera desagradable. Le han matado, además, a un moro notable, y él, pues nada. Y los ciudadanos, pues eso, palillo y flor de malva.

La comunidad nacional catalana
José Cavero El Ideal Gallego 18 Agosto 2004

Entretenida sí está resultando la búsqueda de la nueva denominación que algunos políticos catalanes quieren para su región. Cabe recordar que Maragall había antepuesto el problema del nombre a cualquier otro de los que la elaboración del texto de la comunidad autónoma pudiera plantear en la revisión de sus competencias, y que había determinado que la Constitución debería incorporar el término de nacionalidad, o nacionalidad histórica, para distinguirla de otras comunidades.

Pues bien, llega el segundo de los partidos del tripartido, Esquerra Republicana, y muestra su falta de sintonía con Maragall: primero, le recomienda que deje de perder el tiempo en debates nominales. Segundo, ERC no se muestra convencida por la idea de Maragall y propone el término comunidad nacional catalana, porque histórico lo es todo el mundo, también Murcia o Castilla-La Mancha. Algo que reprochaban a Maragall sus propios correligionarios de otras comunidades: ¿Qué característica histórica tiene Cataluña que no tenga cualquier otro punto de España? Sucede, sin embargo, que a Maragall puede disgustarle el planteamiento que hace su socio Puigcercós por cuanto había dado por hecho que Zapatero había asumido su propuesta. Y ahora resulta que lo descalifica su compañero. De modo que ni nación ni nacionalidad. Vamos adelante, de momento, con comunidad nacional, denominación que en principio no parece que moleste a nadie, salvo acaso al propio Maragall.

¿Alguna otra región se verá tentada a denominarse también comunidad nacional? Es improbable que nadie más quiera compartir esa denominación, en el supuesto de que a los catalanes les convenza en el debate estatutario en el Parlament. Lo que a casi todos puede parecer claro es que con ese término, Esquerra pretendería, al igual que Maragall, aproximarse lo más posible a la meta del Estat catalá, o, al menos, de la nació sin estat.

No es improbable que todavía surjan algunas sugerencias más. ¿Cataluña, nación catalana, nacionalidad de Cataluña, principat de Cataluña, región histórica de Cataluña, comunidad nacional catalana? Tiene que aparecer otra denominación más sugerente, acaso más rupturista. Maragall podría convocar un concurso de ideas.

Comisión 11M
La confesión
Cristina Losada Libertad Digital 18 Agosto 2004

López Garrido no quiere que se tome la molestia: "para llamar a declarar a ex-presidentes del Gobierno debe haber razones poderosísimas". El mayor atentado terrorista de nuestra historia, con 192 muertos, no figura entre ellas. La educación estalinista deja sus huellas. Algunos han conseguido borrarlas, pero el dirigente socialista Diego López Garrido, no parece encontrarse en ese grupo. Tal vez, porque, que sepamos, nunca se hizo lo que le exige a Aznar: una autocrítica. Así que piensa, y por lo que dice, lo piensa su partido, que la comparecencia del ex presidente del Gobierno en la Comisión del 11-M, es "innecesaria", porque no está en una "posición autocrítica", sino "bastante convencido de lo que hizo".

Los que hemos conocido los entresijos de la izquierda sabemos que la famosa "autocrítica" era un instrumento coactivo para forzar al discrepante a plegar velas. O, como en los infames procesos que se registraron en la Unión Soviética y otros países bajo dictaduras comunistas, un procedimiento para que la víctima se declarara culpable, y luego fuera ejecutada sin que ello dejara mancha sobre la dirección del partido y del estado. Confesada la culpa, la víctima reconocía que su muerte era justa y su ejecución servía de escarmiento. Los que no confesaban, desaparecían.

Si entendemos bien a López Garrido, la única aportación interesante que podría hacer Aznar a la Comisión del 11-M, sería un reconocimiento de los errores que cometió. Una confesión de sus culpas para poder "colgarlo" limpiamente. De no estar dispuesto a ello, se puede quedar en casita, o en Georgetown, pues es "una persona fuera de la política que ya no ocupa ningún cargo público". Aznar dijo que quería comparecer, pero López Garrido no quiere que se tome la molestia: "para llamar a declarar a ex-presidentes del Gobierno debe haber razones poderosísimas". El mayor atentado terrorista de nuestra historia, con 192 muertos, no figura entre ellas.

Como el PSOE ya ha concluido que está claro que el PP mintió y que el pueblo español pronunció su veredicto al respecto en las urnas, no hay más que hablar del asunto. No merece la pena "escuchar más mentiras después de las horas que tuvimos que estar oyendo las de Ángel Acebes". Horas que se tomaron los comisionados para intentar pillar en algún renuncio al ex ministro del Interior. Es natural que Garrido no quiera perder más tiempo para no sacar a cambio ninguna nueva prueba de las mentiras del gobierno entonces.

Tropas españolas en Afganistán
Editorial La Razón 18 Agosto 2004

El primer contingente de militares españoles que reforzará la actual base desplegada en Afganistán partió ayer desde Madrid y Zaragoza con destino a Kabul y Mazar-i-Charif. Su misión será preparar el despliegue para otros 1.040 soldados que llegarán escalonadamente en los próximos meses y realizar funciones de desminado. El próximo viernes otro contingente de 80 militares partirá desde el acuartelamiento de La Rubia, en Valladolid.
El Gobierno repite a todo aquel que le quiera escuchar que el despliegue militar en Afganistán es distinto al de Iraq, y cierra los ojos al hecho irrefutable de que las resoluciones de la ONU 1483, 1511 y 1547 daban un tratamiento idéntico al caso de los conflictos en Afganistán y al de Iraq.

Todo ello se resume en una falta de coherencia del Ejecutivo, que le ha llevado a dar un tratamiento distinto a situaciones que eran iguales, ya que en ambos casos subyace la lucha contra el terrorismo internacional, la seguridad o la cooperación.

Las presiones internacionales están detrás de este envío de tropas españolas, por más que se quiera adornar o distraer las razones del envío de tropas con un «gesto de solidaridad entre pueblos». La obligación de cumplir con nuestros compromisos, que había quedado en suspenso tras la precipitada salida de nuestras tropas de Iraq, que no esperaron a la resolución de la ONU –que sí llegó–, ha encontrado en Afganistán un lugar en el que cubrir el expediente ante nuestros socios a este y al otro lado del Atlántico. Otra cosa será cómo queda la cosa en casa. El PSOE ya ha recogido la queja de sus anteriores socios a la hora de llevar la pancarta: desde Izquierda Unida han calificado el envío del contingente de «lavado de cara» y desde ICV, sus socios en la Generalitat, lo han denominado de «poco democrático». Zapatero desplegará los soldados en Afganistán, intentará cubrir el expediente con EEUU, pero la medida se volverá contra él. Sus socios, esos gracias a los que gobierna, han sumado otro argumento al control de ZP; aunque algunos en IU creen que la cosa puede cambiar si Zapatero recibe amenazas de comandos talibanes.

LOS LADRIDOS DEL VERANO
Por M. MARTÍN FERRAND ABC 18 Agosto 2004

LA confusión entre la devoción y la fe, alteración de valores profundamente española según las enseñanzas de Baura, puede conducirnos al estado en que suele mostrarse Diego López Garrido, el secretario general del Grupo Socialista en el Congreso. Ignoro la profundidad de sus creencias socialistas, aunque no pueden ser muy hondas en virtud de su reciente conversión; pero, vista la exhibición pública de su práctica militante -su devoción- se advierte la desproporción entre la una y la otra. López Garrido, oficial de guardia veraniega en los altavoces de la propaganda sociata, no pierde oportunidad para el exabrupto y, ya puesto, es muy capaz de pasar la noche ladrándole a la luna. Hace méritos para llegar, si se tercia, a vicerrubalcaba.

En fina concordancia con Antonio Camacho, el secretario de Estado de Seguridad que tanto nos anima las perezas caniculares -«probablemente nunca sabremos quién organizó los sucesos del 11-M»-, dice López Garrido que ya no son necesarias más comparecencias ante la comisión que debiera haber investigado aquellos dramáticos sucesos y su resaca electoral. Es decir, le tacha el «probablemente» al fiscal que no sabe distinguir entre un gamberro y un etarra en ciernes y se queda en su paz, dispuesto a ser útil a los suyos en cualquier otra causa que pueda llegar a presentarse.Cuando la política se hace morbo, suelen los políticos consagrarse al análisis del pasado y es más que posible que el 11-M, y su supuesta investigación, no haya tenido más motivación parlamentaria que servir de plataforma y palanca para las elecciones europeas que acabamos de vivir. Ningún partido, y menos aún los dos grandes, ha mostrado el interés y la diligencia que cabría esperar de ellos para aventar responsabilidades, si es que las hay, y, en cualquier caso, ordenar bien los hechos y sus tiempos para su mejor comprensión por parte de los ciudadanos. Bástenos recordar que los comisionados, a pesar de tener en sus manos asunto tan delicado, grave y comprometido no dudaron en irse de vacaciones, como si el interés público fuera compatible con el asueto de los representantes parlamentarios.

Ahora, con distintos modos, populares y socialistas ya quieren dar por cerrada la investigación. No vaya a ser que, rearmados por el ocio, los parlamentarios del caso lleguen a arrancar la piel del asunto. Bueno, prémieseles la sinceridad, aunque para ello no haga falta que López Garrido, muy pinturero, llegue a decir que no es «estrictamente necesaria» la presencia de José María Aznar porque sólo serviría «para escuchar más mentiras». ¡Qué faltón! El que no quiere conocer la verdad, o algunas partes de ella, acusa de mentiroso a quien ni siquiera tendrá oportunidad para serlo porque «ya no ocupa ningún cargo público». Será López, pero no parece garrido.

CARPETAZO A LA COMISIÓN
Editorial ABC 18 Agosto 2004

LOS socialistas están decididos a dar carpetazo a la Comisión de investigación sobre el 11 de marzo y a no solicitar más comparecencias, ni siquiera la de Aznar, que exigen todos los grupos parlamentarios excepto el PSOE y el PP. Las razones aducidas no son convincentes. Para el partido en el Gobierno, el ex presidente está convencido de lo que hizo y se encuentra apartado de la política. Estos argumentos carecen de toda fuerza, pues lo relevante no es ni que haga autocrítica ni que siga en activo, sino que pueda proporcionar información relevante, aunque sea más que verosímil que su declaración confirme la de Ángel Acebes. Más dureza aún merecen sus pretensiones de que las conclusiones ya están, para ellos, consolidadas y cerradas y que Acebes y el Gobierno del PP mintieron a los ciudadanos. Justo lo contrario es lo que la mayoría de los ciudadanos pudo comprobar en la comparecencia ante la Comisión parlamentaria del ex ministro del Interior. Por lo demás, la actitud actual del Ejecutivo contrasta con lo que dijo su partido en los días previos a la constitución de la Comisión, en el sentido de que había que saber toda la verdad, declarara quien declarara y sin rechazar ninguna comparecencia solicitada. Ahora, al parecer, hay declaraciones impertinentes o inútiles. En estas condiciones, es imposible que puedan alcanzarse unas conclusiones consensuadas. En cualquier caso, éstas podrán contener la valoración de la mayoría, pero no necesariamente la realidad de los hechos.

De esta manera, quedaría confirmado que la Comisión de investigación servirá para muy poco y que su constitución, al menos por lo que se refiere al Partido Socialista, no iba encaminada al esclarecimiento de los hechos anteriores y posteriores a los atentados, sino que obedecía a intereses políticos derivados de la inminente campaña electoral. De confirmarse este anuncio, el Ejecutivo y los partidos que lo sustentan cometerían un grave error político y un atentado contra los derechos e intereses de los ciudadanos. Además, la negativa a aceptar comparecencias solicitadas por las minorías entraña una vulneración de los principios democráticos, pues va más allá del ejercicio de los derechos legítimos de la mayoría y no está permitida por las regulaciones vigentes en la mayoría de las democracias. No tiene ninguna justificación, por ejemplo, la negativa del PSOE a aceptar la comparecencia ante la Comisión de Ignacio Astarloa, ex secretario de Estado de Seguridad.

En la misma o parecida dirección apuntan las desafortunadas declaraciones del secretario de Estado de Seguridad, Antonio Camacho, que ha tenido la ocurrencia de afirmar que «probablemente nunca sepamos quién organizó los atentados del 11-M» y que las Fuerzas de Seguridad han desmantelado ya todo lo que se podía desmantelar. Una cosa es la eventual dificultad de alcanzar el éxito en las investigaciones y otra el desistimiento de la posibilidad de obtener la verdad sobre la autoría de tan terrible atentado terrorista. Un anuncio que los ciudadanos sólo pueden recibir con incredulidad, indignación o sospecha.

Si se confirman estas intenciones, no faltarán razones para pensar que el Gobierno no quiere llegar a la verdad de los hechos y que el PSOE sólo aceptó la constitución de la Comisión por razones electoralistas y con el propósito de debilitar y neutralizar la oposición popular. La solución está al cabo de un par de semanas, pero las intenciones del Ejecutivo de dar carpetazo y buscar sólo el consenso en la política contra el terrorismo islamista parecen ya patentes. El derecho de los ciudadanos a conocer la verdad quedaría así políticamente escamoteado.

Sí, Yes, Oui, Ja
José María CARRASCAL La Razón 18 Agosto 2004

Mi compañero David Gistau se cachondea de nuestro presidente por haber soltado «Yes» a una pregunta que le hicieron en inglés, sin saber lo que le preguntaban. Aportando unos cuantos ejemplos del jaleo en que se hubiera metido de haber sido la pregunta un poco más maliciosa. Por mi parte, admirado David, no pienso que haya sido despiste ni falta de conocimiento de idiomas, sino talante, ese filtro mágico que ha sustituido en nuestro país a gobierno.

Nuestro presidente contesta «Sí» a todo lo que le dicen, preguntan, proponen en inglés o en español, en ruso o en chino, en árabe o en hebreo, en euskera o en catalán. Sobre todo, en euskera o en catalán. Sale a pescar atunes rojos con Maragall y éste le dice: «Oye José Luis, ¿no crees que Cataluña tiene derecho a que se la denomine nación en la Constitución?» Y el presidente, más atento al sedal que a otra cosa, le contesta «Sí»: Llega Ibarretxe a la Moncloa y le suelta: «José Luis, machote, no me vayas a fallar como Chema. Tú estás por el diálogo, ¿no? Pues ahí tienen mi plan, que hasta permite a España y Euskadi ser estados asociados. ¿No te parece que tendríamos que hablar de ello?» Y Zapatero, «Sí».

La escena se repite con todos los interlocutores del presidente, en cuantas entrevistas haya tenido, incluso en pasillos, como aquélla con Bush, aunque sólo le dio tiempo a decir «Yes» al envío de tropas a Afganistán, ya que lo importante era que uno de los «bellboys» de Exteriores les sacase una foto con su teléfono móvil, no fuera que luego no se lo creyesen en España. Nuestro presidente ha reducido su oferta de diálogo con todos y sobre todo a decir «Sí». Claro que eso trae problemas. Pero para eso está luego Jordi Sevilla o el ministro del ramo, encargados de devolver las cosas a su sitio y convertir el «Sí» en «Tal vez». Pero él sólo sabe decir «Sí», aparte de «Yes», y está tomando clases con profesores nativos para aprender «Oui», «Ja» e incluso «Jawohl», que queda mejor en alemán, para cuando Chirac y Schröder le visiten en septiembre.

O sea que menos cachondeo, David, que estamos ante todo un programa de gobierno. El que visite la Zarzuela sabe de antemano que se llevará, aparte de una foto, una sonrisa y un apretón de manos, un «Sí» hermoso como el de una declaración de amor. Fieles a nuestros vaivenes tradicionales, los españoles hemos pasado de un presidente que decía a todo que «No» a uno que dice a todo que «Sí». Si llega a ser mujer, iba a estar siempre embarazado. Como hombre, sus problemas son de otro tipo. Y como presidente, sus problemas son los nuestros. Puede que algunos lo consideren un avance comparado con las rotundas negativas de Aznar. No comparto tal optimismo. En mis relaciones afectivas, prefiero el «Sí» al «No». Para gobernar, en cambio, me ocurre justo lo contrario. Sobre todo conociendo el personal que por allí circula.

Componendas
Juan BRAVO La Razón 18 Agosto 2004

El PSOE en el País Vasco está formado por personas que han sufrido, en infinidad de ocasiones, el zarpazo del terrorismo asesino. Nombres como Redondo Terreros, Gotzone Mora y tantos otros han tenido, siempre, un cara a cara con los nacionalistas, con los intransigentes, y han hecho frente a sus intentos por construir una sociedad monocolor, en la que los constitucionalistas fueran apartados de la sociedad. Pero el PSE-EE cuenta también con un cierto número de personas, entre las que se cuenta el alcalde de San Sebastián, Odón Elorza, dispuesto siempre a plegarse a los dictados del PNV, tanto que, como ha denunciado la secretaria general del PP de Guipúzcoa, María José Usandizaga, parece dispuesto a llevar a su partido a la renuncia a ser alternativa al PNV, al buscar componendas que permiten dar pasos al plan de Ibarreche. Para sorpresa de algunos de sus compañeros socialistas, –cada vez menos–, Elorza apuntó la posibilidad de que una hipotética reforma del Estatuto de Autonomía vasco incluya un mecanismo de consulta popular. Elorza se ha unido, con una pala en la mano, al PNV, y quiere enterrar también el Estatuto de Guernica; un instrumento jurídico y social que ha demostrado y sigue demostrando su validez y eficacia, garantizando el autogobierno, la libertad y la prosperidad. Frente a esto, Elorza abre una puerta oscura.

Maragall y la moserga de ERC
Manuel Martín Ferrand Estrella Digital  18 Agosto 2004

Hubo un tiempo en que llegué a sospechar que Josep Lluis Carod Rovira y todo el mariachi de ERC tenían, de tanto amar el catalán, problemas de expresión en castellano. Nada de eso. Son igual de confusos, y es idéntica su pretensión taimada, en cualquiera de los dos idiomas que manejan.

Ahí tenemos el último caso de Pascual Maragall. El hombre, voluntarioso, se fue hasta Mallorca, en donde el viento siempre es impertinente, para pescar con el muy bizcochable José Luis Rodríguez Zapatero. Salieron a la mar y retorno el líder del PSC, impresentablemente inoportuno e indiscreto, diciendo haber pescado con la complacencia del leonés el término “nacionalidad histórica” para mejor definir estatutariamente la situación de Cataluña.

Eso, si bien se mira y a poco que se entienda, es parte del impuesto que Zapatero debe satisfacerle a Maragall para justificar el apuntalamiento catalán a la minoría con la que el PSOE navega por el Congreso; pero, dado que también Maragall es deudor con sus socios del tripartito en razón de su escasez en el Parlament, todo cuanto dice, y hasta lo que piensa, ha de ser sometido a la revisión paciente de Saura y a la más efervescente y cambiante de Carod Rovira.

Anda Carod perdido en sus rutas vacacionales y le sustituye en los alborotos el muy productivo Joan Puigcercós y este hombre, como muy bien dice Artur Mas, no termina de saber si forma parte del Govern o está en la oposición. De ahí que, lejos de celebrar la imprudencia de Maragall, le contradiga y, cercano a la rabieta, asegure que su partido, por republicano e independentista, no aceptará otra definición para Cataluña que la de “comunidad nacional”.

Aun entendiendo que el poder es muy goloso, que excita a quienes lo tienen y entristece a quienes, en la política, andan lejos de él, hay que reconocer que disfrutar de la presidencia del Govern a costa de vecindades como las que padece Maragall tiene que ser muy duro. Tampoco está en edad el president para que le anden manoseando la voluntad o, como dicen algunos de peor educación, la entrepierna.

Los cerebros de ERC, muy en la línea de su tradición histórica, nunca renuncian a un buen alboroto y el de ahora, aprovechando la calor, se centra en que, según ellos, el PSC pretende un debate “nominalista” para “aguar” el Estatuto. Pues que bien. Entre eso y organizar la próxima Diada – el Once de septiembre – ya tienen tarea suficiente para un equipo especializado en gestos y posturitas. No parece que vaya por ahí la demanda de la sociedad catalana, crecientemente preocupada por la perdida de la pujanza económica tradicional en sus pagos; pero desde la razón, como se sabe, no se alcanza el éxito populista. Hay que recurrir a las emociones.

El gran timonel
Francisco MARHUENDA La Razón 18 Agosto 2004

Los catalanes no podíamos ser menos y tenemos nuestro gran timonel. Es cierto que en este caso no se trata de un personaje nefasto y deleznable como Mao, tan querido por nuestros progres durante décadas, pero ya se sabe que nunca hay que hacer caso, salvo contadas excepciones a los mitos de la izquierda. El nuestro es un gran piloto que desde hace décadas cultiva esa confusa ideología conocida como el maragallanismo. A estas alturas me resulta casi entrañable, aunque no me siento tan ofuscado para perder de vista que es un mal gestor y un mediocre parlamentario. Esto no resta ningún mérito a su indudable carisma e incluso un encanto personal, que aunque interesado (como el común de los mortales), es capaz de fascinar a tirios y troyanos.

No creo que Puigcercos, uno de lo pocos personajes listos y lucidos que tiene el independentismo catalán, sea tan ingenuo para creer que Maragall piensa pilotar algo que no sea el maragallanismo. Es, por utilizar un tópico, el ejemplo de la bicicleta, ya que hay que pedalear para no caerse. Es, además, un maestro en la improvisación. No creo que Puigcercós saque algo en claro y puede guardar sus propuestas soberanistas en el baúl de los recuerdos. Maragall se siente fuerte, aunque no creo que olvide su fracaso frente a Mas, y será el «capitán Araña» de la reforma estatutaria.

Islamismo
Bautizar al enemigo
Daniel Pipes Libertad Digital 18 Agosto 2004

Resumir estos comentarios en una sola afirmación establece cómo Bush - y por extensión el gobierno norteamericano entero - ve al enemigo: una doctrina falsa de pureza islámica inspira una ideología totalitaria de poder y dominación. George W. Bush declaró el otro día, en una admisión llamativa, que "realmente bautizamos mal la guerra contra el terror. Deberíamos haberla [llamado] la lucha contra los radicales ideológicos que no creen en sociedades libres y que pasa que utilizan el terror como arma para intentar sacudir la conciencia del mundo libre". Esta concesión importante sigue a las crecientes críticas contra el engañoso término "guerra contra el terror" (¿cómo puede alguien luchar contra una táctica?) y lo sustituye por el más preciso "guerra contra extremistas ideológicos". Con este cambio, la guerra de ideas puede comenzar.

¿Pero quiénes son exactamente esos extremistas ideológicos?. El paso siguiente es que Bush les dé un nombre. De hecho, ha hablado cándidamente desde el 11 de Septiembre acerca de su identidad en contadas ocasiones. Nada menos que en septiembre del 2001, se refirió al enemigo como "una forma límite de extremismo islámico" que intenta "matar a cristianos y judíos, matar a todos los norteamericanos, y no hace ninguna distinción entre militares y civiles, incluyendo mujeres y niños". Este extremismo islámico también es heredero de "todas las ideologías genocidas del siglo XX", incluyendo "el fascismo, y nazismo, y totalitarismo".

En enero del 2002, Bush fue aún más específico, agregando que el submundo terrorista incluye "grupos como Hamas, Hezboláh, la Jihad Islámica, [y] Jaish-i-Mohammed". En mayo del 2002, precisó que existe una "nueva amenaza totalitaria" cuyos partidarios "están definidos por sus odios: odian… a judíos y cristianos y a todos los musulmanes que discrepan de ellos" (lo que implica que son musulmanes). Esos partidarios, observó, creen tener derecho a matar "en nombre de una falsa pureza religiosa".

Un año más tarde, en mayo del 2003, el presidente dio detalles de las metas de los islamistas, observando que "diecinueve hombres diabólicos - las fuerzas de choque de una ideología de odio - ofrecieron a América y al mundo civilizado un vistazo a sus ambiciones. Se imaginaban, en palabras de [Ramzi Binalshibh, el líder de Al-Qaeda acusado de dirigir la operación del 11 de Septiembre], que el 11 de Septiembre sería 'el principio del fin de América'".

Los actos terroristas de las últimas dos décadas, observó Bush en abril del 2004, son el trabajo de ideólogos políticos fanáticos que "buscan la tiranía en Oriente Medio y más allá. Buscan oprimir y perseguir a las mujeres. Buscan la muerte de judíos y cristianos, y de cada musulmán que prefiera la paz por encima del terror teocrático".

El mes pasado, por primera vez Bush utilizó la frase "militantes islámicos", quizá su referencia más explícita hasta este momento a la amenaza islamista, al decir que cerró la así denominada organización de caridad islámica Benevolence International Foundation, con sede en Illinois, que "encauza[ba] dinero a militantes islámicos".

Resumir estos comentarios en una sola afirmación establece cómo Bush - y por extensión el gobierno norteamericano entero - ve al enemigo: una doctrina falsa de pureza islámica inspira una ideología totalitaria de poder y dominación. En su crueldad homicida y ambición global, se asemeja a las ideologías nazi y comunista. Los radicales que defienden esta doctrina ven a América como el principal obstáculo para alcanzar sus metas. Para derrotar a América, buscan inicialmente la retirada de Washington del mundo exterior. En última instancia, esperan provocar el colapso de América tal como existe hoy. Para este fin, están preparados para asesinar a cualquier cifra de norteamericanos.

Esta es una aguda descripción del islamismo, de su mentalidad, métodos, y medios. También demuestra que Bush traza la distinción sutil entre la fe personal del Islam y la ideología política del islamismo (o del islam militante).

En esto, se alinea con lo que un buen número de líderes musulmanes - incluyendo hasta algunos saudíes - han dicho. Tras los actos de terrorismo en Riyad en mayo del 2003, el príncipe ministro del interior Naif atribuyó públicamente esta violencia a "la ideología" e "ideas fanáticas". Y si Naif - un islamista en persona - no atribuye el problema en última instancia a los actos de violencia, sino a las ideas tras ellos, seguramente los norteamericanos no pueden ser menos.

Bush ya se ha referido a que América tiene que hacer frente a esta tercera ideología totalitaria. Ahora debe bautizar a esa ideología. Espero que se rodee de un grupo de distinguidos musulmanes anti - islamistas, extranjeros y nacionales por igual, y que anuncie formalmente que América acepta la dirección en la guerra contra el islamismo. Solamente con tal especificidad el mundo civilizado puede iniciar la trayectoria de la victoria sobre esta manifestación última del barbarismo.

La fiebre se extiende
TONIA ETXARRI El Correo  18 Agosto 2004

Definitivamente, son muchos ya los políticos que en este turno de agosto están presentando síntomas de pérdida de memoria; pequeñas lagunas sobre el conocimiento de nuestra historia. No me refiero a la batalla de Carlomagno sobre los vascones, que ésa sí que la recuerdan como si la hubieran vivido de protagonistas, sino a la historia más reciente. La de la instauración de la democracia desde que la política de pactos permitió, a través de la Constitución y el Estatuto, dotarnos de unas instituciones en cuyo máximo trono se sienta ahora Ibarretxe. Resulta preocupante que un dirigente como Imaz, el rostro amable del nacionalismo que practica, cuando quiere, el 'buen rollito' (aunque resulte algo chapado a la antigua cuando evoca a Sabino Arana), no se inmute cuando el lehendakari hace de su plan un sayo y, sin embargo, se le alteren las neuronas cuando el socialista Jáuregui dice que el plan soberanista es una «vía muerta». Es una opinión de un destacado político, vasco por cierto, que refleja, entre otras cosas, el sentimiento de una parte del Parlamento vasco al que tanto se recurre desde el Gobierno tripartito, cuando truena. Tranqui, Josu Jon; que la Cámara vasca ya se pronunciará cuando le toque, que suele ser cuando el lehendakari quiere. Porque los ritmos del debate sobre su plan, con su comisión de autogobierno y los parlamentarios de la ilegalizada Batasuna dejándose querer, los va marcando Ajuria Enea.

Es cierto, como recuerda Imaz, que Zapatero dijo que respetaría lo que decida, en su día, el Parlamento catalán. Pero también es cierto que el presidente habló, además, del respeto a las reglas democráticas. Que, por si alguno de nuestros líderes no lo recuerda porque la fiebre de verano está provocando cierta amnesia, convendrá tirar de archivo: siempre que sean propuestas aprobadas con mayorías cualificadas (¿cómo estamos de mayorías en el Parlamento de Vitoria?) y que obtengan un consenso mayor que el anterior estatuto (sin comentarios).

Algunos de los políticos que se han quedado de guardia meten la pata tan a fondo que ellos mismos son sus propios enemigos de imagen. El socialista López Garrido, tan dialogante, tan majo él cuando pertenecía a Nueva Izquierda, ahora que manda, resulta que no le quiere dar la palabra al ex presidente Aznar en la comisión sobre el 11-M. Otros compañeros suyos, a falta de inspiración, se lían tanto hablando de la «pluralidad dentro de la unidad» refiriéndose a España como «proyecto común» que no se acuerdan que esa ocurrencia ya la tuvo Mayor cuando apostó, hasta la pesadez, por un «proyecto común compartido». Y todo lo que sea 'compartir' con España, les suena a los nacionalistas como algo más bien lejano.

A Iñaki Azkuna le ha salido el último protestón de guardia (qué calladito está en invierno Tasio Erkizia) para cantarle noticias nuevas. Que no ponga la bandera española. El alcalde de Bilbao, a la hora de cumplir la ley, no es de los que se siente «entre ETA y el Gobierno». A muchos de su partido les ocurre. Y no sólo en verano.

La comisión del 11-M
Cartas al Director ABC 18 Agosto 2004

La comisión del 11-M quedará en los anales del Parlamento y de la Historia como una verdadera estafa a los ciudadanos, pues se ha comprobado que hay una mayoría de políticos dispuestos a obstruir la búsqueda de la verdad. ¿Por qué? Los partidos están por encima de los hechos y como la verdad brilla por su ausencia, ésta sólo tiene un camino, el naufragio de la comisión. Quienes pusieron las bombas del 11-M sabían lo que estaban haciendo. Decir que la matanza de Atocha es causa de Irak es lo mismo que decir: «La presidencia de Zapatero trae causa de Atocha» (Lamo de Espinosa). Lo que verdaderamente estaba en juego: ¿Quién o quiénes estaban realmente detrás del atentado? ¿Quién fijó la fecha del 11-M para perpetrar el atentado?, la manipulación de la verdad con fines políticos y otras preguntas que se han dejado a un lado, ¿por qué? No deja de ser paradójico e incluso trágico que quien con mayor fuerza había denunciado la amenaza terrorista en Europa ente la indiferencia de casi todos, acabo siendo destruido por ella (Lamo de Espinosa). Esta comisión del 11-M me recuerda a lo que decía Saint-Just en el Tribunal Revolucionario: «La filosofía del Comisario es el homenaje que el vicio militante rinde a la virtud del partido».      Antonio Ramírez Díaz.       La Granja de Torrehermosa (Badajoz).

Juaristi tilda de «demagógica» la introducción de lenguas cooficiales en las Cortes
Marta Borcha La Razón 18 Agosto 2004

Santander- El escritor vasco Jon Juaristi (Bilbao, 1951) tildó de «medida demagógica» la introducción de las lenguas cooficiales en las Cortes. «Convertir las cámaras en una pequeña Babel peninsular no creo que ayude demasiado a la comunicación».

Juaristi, que estos días imparte un curso sobre «Mitologías políticas en la modernidad» en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, manifestó que «en España hay una lengua común, de relación, que hablan todos los españoles y que sirve para entenderse». Por ello, señaló que las lenguas sirven fundamentalmente para comunicarse y «no para hacer ostentación de identidades».

Para este catedrático de Filología Hispánica, la introducción de las lenguas cooficiales en las Cortes es una medida que sólo complica las cosas: «Es un poquito desproporcionado que con una pura función simbólica se compliquen las cosas introduciendo en los parlamentos sistemas de traducción». Respecto al debate sobre las reformas estatutarias, Juaristi señaló que «no está de acuerdo con el cachondeo generalizado y con un proceso político entendido sin ningún criterio y que todos los días sorprende con interpretaciones nuevas e insuficientes». A lo que añadió que le han sorprendido por su «inconsistencia y su superficialidad» las últimas declaraciones del portavoz del PSOE en la Comisión Constitucional de Congreso, Ramón Jáuregui, y del secretario general del PSE-PSOE, Patxi López, sobre el Plan Ibarreche.

«A estas alturas, los criterios deberían ser más sólidos. Habría que explicar qué se pretende reformar y cuáles son los contenidos de esa reforma estatutaria. De momento, de lo único que se habla es del traslado al estatuto vasco del modelo catalán y de algunas tonterías por el estilo».

El escritor, quien esta semana ya declaró que «ETA se aprovecha del despiste del Gobierno», reiteró que no ve «unos criterios sólidos» en política antiterrorista. «Me preocupan mucho las declaraciones de los responsables de la seguridad nacional que frivolizan o trivializan fenómenos que son preocupantes. En mi opinión, está claro que se está produciendo una efervescencia del terrorismo callejero que no está siendo analizada sensatamente por los responsables actuales de seguridad».

Juaristi advierte del peligro de convertir el Parlamento en un Babel peninsular
MARÍA DE LAS CUEVAS SANTANDER ABC 18 Agosto 2004

Jon Juaristi imparte esta semana en Santander un curso magistral en la Universidad Menéndez Pelayo bajo el título «Mitologías políticas en la modernidad». En él, el catedrático de Filología Española en la Universidad del País Vasco y colaborador de ABC analiza la utilización política del mito en la modernidad: «Nuestra cultura es desmitificadora y crítica, pero seguimos echando mano de ciertos mitos. Actualmente, los mitos son identitarios, étnicos o nacionales».

El ex director del Instituto Cervantes manifestó que la medida de las lenguas co-oficiales es demagógica. «El español es la lengua común a todos, y el objetivo del idioma es hacer posible la comunicación; querer convertir las Cámaras en un «pequeño Babel peninsular» no ayuda a la comunicación».

«El español nos pertenece a todos en España por igual -continuó Juaristi- y el objetivo de implantar las lenguas co-oficiales es hacer ostentación de identidad, lo que no cumple con el objetivo real del idioma que es la búsqueda del entendimiento. En contextos oficiales no tengo inconveniente en que se dirijan a mí en gallego o catalán, porque provienen de fuentes hispanorrománicas comunes que todos podemos entender, pero la medida sólo complica las cosas al tener que introducir sistemas de traducción simultánea en el Parlamento».

«No veo sólida política antiterrorista»
Juaristi se mostró duro con la política antiterrorista del nuevo Gobierno: «No veo política sólida antiterrorista por parte del PSOE. Cada día nos sorprenden con nuevas declaraciones, insuficientes y superficiales, como las de Patxi López». Aseguró que, lejos de ser alarmista, «el nuevo Gobierno trivializa fenómenos muy preocupantes como el resurgimiento de la «kale borroca» y estas declaraciones son muy graves. Se ha impuesto la tesis nacionalista por conformidad y tolerancia por parte de los vencedores de las últimas elecciones».

Poeta y ensayista vasco nacido en Bilbao en 1951, expuso su preocupación por el hecho de que la política del nacionalismo cree mitos para subsistir y afirmó que «la identidad vasca es resultado de la hipertrofia de la identidad española» al sostener que el origen del nacionalismo vasco comenzó con un empeño exacerbado en demostrar que era el pueblo más español por no haber sufrido invasión alguna y no tener, por tanto, influencias de otras culturas.

Acerca del problema de disfrazar el mito de historia en los libros de texto del País Vasco, manifestó no saber cómo solucionar el problema: «No creo que el nacionalismo vasco se caracterice por la lectura, ya que tiene un anti intelectualismo en su historia patente ya en su fundador Sabino Arana». Aseguró no creer que ninguno de sus libros los lean los nacionalistas: «Desde luego no es mi receptor ideal».
 

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