AGLI

Recortes de Prensa     Miércoles 25 Agosto 2004

La bavaroise
Juan Carlos Girauta  Libertad Digital 25 Agosto 2004

NACIONALISMO, INMIGRACIÓN Y LA CANDIDEZ DEL GOBIERNO
Editorial ABC 25 Agosto 2004

¿Qué ha cambiado
Miguel Ángel Quintanilla Navarro  Libertad Digital25 Agosto 2004

Manos mercenarias
José García Domínguez  Libertad Digital25 Agosto 2004

El cuento de cada día
Ignacio Villa  Libertad Digital25 Agosto 2004

¿Solidarios
Juan BRAVO La Razón 25 Agosto 2004

MURCIA Y ANASAGASTI
Jaime CAMPMANY ABC 25 Agosto 2004

Los maquetos
David Gistau La Razón 25 Agosto 2004

LA BATALLA DE NAYAF
RAFAEL L. BARDAJÍ ABC 25 Agosto 2004

La crisis chiíta
GEES  Libertad Digital25 Agosto 2004

Atutxa, sin novedad
TONIA ETXARRI El Correo  25 Agosto 2004

Una propuesta vaga y prematura
Editorial HERALDO DE ARAGÓN  25 Agosto 2004

Senado a la carta, señor Maragall
EDITORIAL  Libertad Digital 25 Agosto 2004

Ellos y nada más que ellos
Lorenzo Contreras Estrella Digital  25 Agosto 2004

«Cataluñazaje» en Cataluña
Lorenzo Contreras Estrella Digital  25 Agosto 2004

«Cataluñazaje» en Cataluña
Cartas al Director ABC 25 Agosto 2004

Italia no cede al chantaje terrorista y asegura que sus tropas seguirán en Irak
EFE  Libertad Digital 25 Agosto 2004

 


Piqué
La bavaroise
Juan Carlos Girauta  Libertad Digital 25 Agosto 2004

Caras jóvenes y gente de refresco para la nueva era del PP. Como Fraga. Hombre de gran cultura, desbordante vitalidad y extraordinaria capacidad de trabajo. Ocurrente y afable en privado, incluso ameno si uno está dispuesto a que le den una conferencia que no ha pedido. Porque lo que se dice hablar, sólo habla él. Lo conocí hace algunos años; exquisitas las vieiras y el bogavante, aunque me habría encantado poder terminar mi única frase en más de dos horas. Incapaz de seguir el torrente de ideas y palabras de don Manuel, mi mente volaba, traicionera, hacia un fetiche de mi larga y errada adolescencia. ¿Qué diría este hombre si supiera que tuve en la pared un fotomontaje en el que aparecía vestido de policía antidisturbios sobre la leyenda: ¿El enemigo público número uno? "José María está un poco despistado", decía él mientras tanto.

José María estaba sufriendo en esos momentos un atentado. Salvó la vida por una fracción de segundo, según supe al regresar al hotel, en Santiago. Su reacción valiente y su evidente autocontrol le granjearon el respeto general y una persistente fama de hombre frío e inamovible. Los años demostrarían que Fraga no había medido bien al joven que él mismo había aupado a la cúspide de su partido. ¿Acaso lo favoreció confiando en carencias que no existían?

Me defraudó Fraga en un punto: no podía ocultar la simpatía, la profunda admiración que sentía por Jordi Pujol. Sabe Dios las razones, por qué imitó su modelo lingüístico, por qué cada vez que ha pisado Cataluña en época de campaña ha rehuido a su partido y ha corrido a exhibir su apoyo a CiU. En las últimas autonómicas se mostró tan identificado con el lema "Vota Cataluña" que prácticamente pidió de forma expresa el voto para Mas.

Josep Piqué, que viene de una tradición opuesta a la de Fraga y que no guarda ningún parecido con él, manifiesta sin embargo una similar tendencia a acercarse al nacionalismo que llaman moderado. Su captación en las últimas autonómicas y generales de ex responsables de Unió, personas, dicho sea de paso, de cuya bonhomía y capacidad puedo dar fe, son pasos en una estrategia que une extrañamente al presidente gallego y al líder del PP catalán: la solución a la bávara. Naturalmente, Piqué lo presenta de momento como algo que interesa a ciertos sectores de Unió, lo cual puede coincidir perfectamente, como de hecho coincide, con sus preferencias.

Se supone que acercarse al nacionalismo acerca de paso a "la centralidad". Iba a refutarlo, pero confieso que no entiendo qué quiere decir "centralidad". Sospecho que nadie lo entiende, que es un concepto hueco, acaso limitadamente útil como expresión de marketing estratégico, sin contenido propio, descriptiva de una vaga percepción popular. Pero esto no es lo importante. Presentarse en Cataluña bajo otras siglas, es decir, esconder al PP porque molesta a la Cataluña oficial, mediática y, digamos, cultural, es cosa más grave. Sólo pregunto: ¿en qué plato se le va a presentar a la militancia popular catalana esta bavaroise? ¿Querrá el votante comerse el postre? ¿Cómo se espera que sea la digestión?

NACIONALISMO, INMIGRACIÓN Y LA CANDIDEZ DEL GOBIERNO
Editorial ABC 25 Agosto 2004

EL ex presidente de la Generalitat de Cataluña Jordi Pujol ha puesto el toque nacionalista en las reacciones al propósito gubernamental de legalizar a los inmigrantes ilegales que acrediten esa novedosa categoría jurídica llamada «relación laboral fehaciente». Para Pujol, «el mestizaje será el final de Cataluña», refiriéndose así de crudamente al efecto devastador que, según él, produciría en la pervivencia de la identidad catalana la fusión de la población inmigrante con la «autóctona». No hay que extrañarse por esta prospección tan sombría y con ecos claramente xenófobos: en definitiva, Pujol es nacionalista y de los puros, por eso confunde los términos de sus temores y a Cataluña con su ideología nacionalista, que es lo único que podría sentirse amenazado por el mestizaje. No se preocupa por la integración de los inmigrantes y la legalidad de su situación, que es el debate de la Europa moderna, solidaria y responsable, sino por la pureza de una identidad nacionalista, cuyo futuro, a juzgar por las palabras de Pujol, dependería de su impermeabilidad frente al contacto no sólo con personas foráneas, sino también con lenguas y culturas distintas. Es posible que el mensaje de Pujol sea compartido también por quienes no son nacionalistas por su populismo xenófobo, discurso que cuenta en Europa con más audiencia soterrada de la que cabría esperar en sociedades bien formadas. Sin embargo, para aceptar cabalmente las palabras de Pujol, y con la finalidad que las anima, habría que compartir también el sentido antihistórico y patológico que adoptan determinadas manifestaciones del ideario nacionalista, aunque, en este caso, es lamentable que un político de la talla de Pujol se apreste a competir con aquel racista enfermizo que fue Sabino Arana.

Al tratar la inmigración como un problema objetivo para la cohesión social, la respuesta política no debe ser la xenofobia, sino la reflexión sobre cómo procurar la mejor asimilación posible del inmigrante -descartando el multiculturalismo gregario- para su integración en el sistema laboral y social y la asunción de los valores constitucionales de España. No es esto lo que ha hecho el Gobierno socialista por boca de la secretaria de Estado de Inmigración y Emigración, Consuelo Rumí, cuya torpe exposición de la propuesta de regularización de inmigrantes ilegales ha abonado todo tipo de críticas y reacciones, incluida la de Pujol. Era previsible que soltar una medida de tanta gravedad como si fuera una ocurrencia estival -sin debate previo con partidos y sindicatos, sin datos concretos sobre la realidad a la que afecta y sin precisar las reformas legales a que dará lugar- iba a causar una polémica de gran calado que, entre otras cosas, pone en peligro el imprescindible pacto de Estado sobre inmigración. El resultado final, como han captado los sindicatos, puede ser muy distinto al de la eufónica legalización de inmigrantes explotados, y aproximarse, como apuntan las propias palabras de Rumí, a una amnistía para empresarios explotadores, de la que el Gobierno no ha dicho cómo se plasmará normativamente -¿con una excusa absolutoria en el Código Penal o una eximente en el régimen sancionador de la Ley de Extranjería?- y que es un golpe bajo a la persecución de la contratación ilegal, pilar de la política de inmigración en España y la UE.

Es una lástima que en su única aparición pública durante las vacaciones, el presidente Rodríguez Zapatero no se pronunciara sobre la reforma anunciada por Rumí, haciendo de su silencio una nueva prueba de ese pasar de puntillas sobre los asuntos graves que afronta el país. El Gobierno, movido por la intención de atajar los efectos negativos que efectivamente esconde todo ese mercado laboral subterráneo, ha movido ficha, pero de manera cándida ha propuesto un modelo que no sólo no parece que vaya a arreglar la situación sino que corre el riesgo de empeorarla notablemente.

Reforma constitucional
¿Qué ha cambiado?
Miguel Ángel Quintanilla Navarro  Libertad Digital 25 Agosto 2004

Según este argumento, la Constitución habría sido el resultado de un pacto entre desiguales, porque la derecha, con la protección del ejército, habría hecho un sistema a su medida. En mayo de 1987, durante la segunda legislatura socialista, el Centro de Investigaciones Sociológicas realizó un estudio sobre la "valoración retrospectiva" del proceso de transición a la democracia y la Constitución, que incluyó esta pregunta: "¿Cómo cree usted que han ido las cosas desde la muerte de Franco: mejor, igual o peor de lo que usted esperaba?". El 69% de los encuestados que se consideraban a sí mismos de extrema izquierda o de izquierda afirmaron que había ido mejor, mientras que sólo el 49% de los votantes de centro y el 29% de los de derecha respondieron lo mismo. Por partidos (menciono los más destacados), el 61% de quienes recordaban haber votado a Izquierda Unida en 1986 creían que sus expectativas habían sido superadas, igual que el 67% de los votantes del PSOE (recuérdese, además, que en 1986 entre el 60% y el 70% de las personas que declaraban ser "de extrema izquierda" votaban al PSOE), el 60% de los de CiU y el 56% de los del PNV. Por el contrario, sólo el 43% de los votantes del CDS y el 23% de los de AP afirmó lo mismo. Los datos de otras preguntas son coherentes con estos y permiten decir que la izquierda y los partidos nacionalistas obtuvieron un resultado más próximo a sus expectativas que el centro y la derecha, y así lo dejaron dicho. Es evidente, en cualquier caso, que han sido aquellos quienes más tiempo y con mayor libertad han gobernado desde 1978.

Al parecer, esta va a ser la legislatura de la "revisión" de la Constitución de 1978. Es bueno que la ciudadanía sienta que está en su mano ordenar su vida política como juzgue mejor y que advierta que es posible reformar lo existente. Así se hizo en 1992, aunque se trató de una reforma de importancia menor. Lo que no es aceptable, –porque arruinaría cualquier intento de perfeccionar el sistema–, es que se intente vender las reformas como la "rectificación" de una injusticia histórica de la que fueron víctimas la izquierda y los nacionalistas. Según este argumento, la Constitución habría sido el resultado de un pacto entre desiguales, porque la derecha, con la protección del ejército, habría hecho un sistema a su medida. Este sesgo derechista habría hecho posible las victorias electorales del PP (nada se dice de los años anteriores), y ahora sería el momento de poner las cosas en su sitio y de rectificar el falso consenso constituyente, para que no vuelva a pasar lo mismo que en 1996 y 2000. ¿De qué otro modo explicar que Aznar ganara por mayoría absoluta en un país que se declara de centro-izquierda?

El argumento es evidentemente falso, pero su aceptación y arraigo creciente entre los dirigentes políticos de la izquierda, –en los nacionalistas no constituye novedad–, comienza a ser más que preocupante.

¿Qué ha cambiado desde 1987?. Nada, salvo el hecho de que el PP ha ganado dos elecciones generales y se encuentra en condiciones de volver a ganarlas. La insatisfacción de los "revisionistas" no proviene de una deficiencia del sistema ni de un deterioro de sus instituciones, sino de su dificultad para asimilar que la alternancia es parte de él, y que, probablemente, pronto volverá a producirse. Es la fortaleza del sistema (el sistema es para la alternancia) lo que mueve a los revisionistas a cambiarlo, no su debilidad, y esta misma razón es la que, por momentos, parece alimentar el ánimo reformista del PSOE, que, como se sabe, considera legítimo "arrastrar" a quienes se atreven a solicitar información sobre el lugar al que se propone ir.

Historia de España
Manos mercenarias
José García Domínguez  Libertad Digital 25 Agosto 2004

Nos ha tocado en gracia una intelligentsia que, como recordaba hoy José María Marco en El Mundo, se avergüenza y reniega de la tradición española. Leo el último ensayo del historiador más capaz de la izquierda, un hombre que emplea su talento en intentar demostrar que España es una invención de hace cuatro días. No es tarea sencilla: nuestro personaje necesita llenar setecientas páginas para cocinar un conjuro contra lo que tiene por fantasía decimonónica. En el camino, dedica medio libro a persuadir al lector de que el levantamiento del Dos de Mayo no fue inspirado por espíritu patriótico alguno. Después, llega a la Constitución de 1812. Y reproduce este fragmento:

"El Estado, no menos que soldados que le defiendan, necesita de ciudadanos que ilustren a la nación y promuevan su felicidad con todo género de luces y conocimientos. Así que uno de los primeros cuidados que deben ocupar a los representantes de un pueblo grande y generoso es la educación pública. Ésta ha de ser general y uniforme. Para que el carácter sea nacional, para que el espíritu público pueda dirigirse al grande objeto de formar verdaderos españoles, hombres de bien y amantes de su patria, es preciso que no quede confiada la dirección de la enseñanza pública en manos mercenarias."

A continuación, el catedrático madrileño destina el resto del tratado a su único afán: seguir argumentando el carácter ficticio de la nación española. La mayoría de nuestra elite intelectual es así. Nos ha tocado en gracia una intelligentsia que, como recordaba hoy José María Marco en El Mundo, se avergüenza y reniega de la tradición española. Ésa es nuestra penitencia. Y para compensarlo, hemos renunciado a tener una educación nacional. Ésa será nuestra responsabilidad histórica.

Si Francia existe hoy es porque se construyó en la escuela francesa. E Italia se hizo antes de que hubiera italianos (llegaron después, cuando se crearon en las aulas). Aquí, ocurre al revés: todavía hay españoles pero, poco a poco, se va deconstruyendo España en los pupitres. Durante el último cuarto de siglo, la gran obsesión de la progresía que se dice ilustrada ha sido destruir el espíritu de aquella constitución. Los impulsa enterrar en el olvido a los hombres que se encerraron en una iglesia de Cádiz para sacar a España de la Edad Media. Y, al final, lo están logrando.

Frente a lo que se cree habitualmente, la Revolución Cultural china fue una revuelta de los ignorantes contra los que sabían. Niños y adolescentes, convenientemente fanatizados, se lanzaron armados de palos y cuchillos a por los profesores y las capas cultas de la sociedad. Aquello se gestó en los patios de los colegios. Como la kale borroka. Este agosto, al tiempo que los eruditos debaten sobre la identidad de España, el defensor del pueblo vasco prohíbe a la policía desmantelar los arsenales que se ocultan en los centros educativos. Los imberbes de las ikastolas no saben quién fue Fernando VII, pero están con él. Y gritan a coro el vivan las caenas de la aldea que ahora se enseña en las clases… de toda España. Su alegre rebuzno representa el triunfo de las manos mercenarias que denunciaban los constituyentes de 1812. De esas manos y plumas que, al igual que Mao con su librito rojo, han demostrado que saben hacer su trabajo.

El cuento de cada día
Ignacio Villa  Libertad Digital25 Agosto 2004

Jordi Sevilla nos cuenta ahora que pretenden que las Comunidades Autónomas puedan vetar en la Cámara Alta iniciativas legislativas que afecten a los "hechos diferenciales" Se ha consolidado como la costumbre política del mes de agosto. Aprovechando la "tranquilidad" informativa de este periodo de vacaciones "el diario amigo" se ha convertido en el portavoz oficial del Gobierno para adelantar las pautas del Ejecutivo en los próximos meses. Es incuestionable, cada mañana nos aliñan el desayuno con alguna de estas propuestas que visten como nuevas, pero que no tienen nada de novedad. Aunque eso sí, piensan que porque vayan acompañadas con toda la trompetería de lujo del diario El País ya es un referendo de credibilidad; pero lo cierto es que ya huele la tostada, y está cada vez más quemada.

La ultima entrega de estos cuentos de un mundo feliz, es el anuncio del ministro de Administraciones Públicas sobre la reforma del Senado. Jordi Sevilla nos cuenta ahora que pretenden que las Comunidades Autónomas puedan vetar en la Cámara Alta iniciativas legislativas que afecten a los "hechos diferenciales". ¡Toma castaña!. La frase queda aparente para el que quiera dejarse engañar, pero la letra pequeña de esa propuesta no se encuentra por ningún lado. Entre otras cosas porque poner en práctica esa idea es dinamitar el Senado español. Dice Sevilla, que ese modelo ya se ha aplicado en Alemania, en su Cámara territorial; pero el ministro oculta –supongo que a sabiendas– que ese experimento en Alemania ha sido un sonoro fracaso, y que además se traduce en un permanente enfrentamiento entre el Estado central y los distintos länder. Desde luego sí la gran iniciativa del Gobierno ZP es una mala copia de esta mala iniciativa, lo que falta por venir es para echarse a temblar.

Y es que no duden que este último cuento de fantasía e imaginación, no es el último. Va a ser uno más de una larga cadena de historias y propuestas más propias de un Gobierno incapaz de gobernar, que de un Ejecutivo con fuste para abordar las grandes cuestiones de Estado. El verano se acaba, y el tiempo para las banalidades también. Desde este viernes con la celebración del primer Consejo de Ministros del curso, Zapatero deberá comenzar a demostrar que es capaz de gobernar de verdad. Sin palabrerías y sin concesiones. Esta nueva "ventolera" –¡que casualidad!– es una concesión más a Pascual Maragall y a su "tripartito". Al final las cosas son como son, y las hipotecas del Gobierno van a reventar muchos talantes y muchas historias. Es la política de la ficción, de los cuentos mal contados. Y eso no es bueno para nadie.

¿Solidarios?
Juan BRAVO La Razón 25 Agosto 2004

A algunos dirigentes nacionalistas ya se les había visto el plumero excluyente desde hacía tiempo. De hecho, la filosofía política del nacionalismo se ha cimentado en un particularismo sectario y un rechazo de lo no propio, como ejes de una mentalidad ciertamente poco oreada. Por eso, chirría de forma tan poco soportable que algunos de estos adalides de ese aldeanismo discurran por la vida política como defensores de los desfavorecidos y luchadores por la solidaridad e igualdad entre los hombres. El secretario general de ERC, Joan Puigcercós, que no ha perdido oportunidad de ponerse el primero de la pancarta para defender toda «causa noble» que revertiera luego en su propia causa política –desde el hambre en África, las miserias de Iraq, la inmundicia del tercer mundo–, lamentó ayer «el mestizaje cultural que hace que, cada vez más, las ciudades del planeta sean iguales, y los rasgos diferenciales vayan desapareciendo». De pronto, el discurso solidario con los pobres y marginales se nos viene abajo porque lo que prima son sobre todo los aspectos identitarios de Cataluña. Tal vez, Puigcercós debería «orearse» más y conocer de primera mano la auténtica, plural y abierta sociedad catalana, tan extraña a algunos de sus representantes.

MURCIA Y ANASAGASTI
Por Jaime CAMPMANY ABC 25 Agosto 2004

CUANDO en Murcia sale alguien que tira hacia la política, será de unas ideas o de otras, pero desde luego sale listo. Puede ser el conde de Floridablanca, Antonete Gálvez o don Juan de la Cierva, pero allí, al tonto se le dedica a otras labores que no sean las políticas y no se le deja que meta la mano ni el discurso en la gobernanza o en el bien común. La exclusión es fácil, porque ya dice el proverbio que al tonto se le conoce pronto, y por ejemplo, a Anasagasti se le ve venir enseguida. Es un stultus de la especie facundus, y se comprende enseguida que tiene poco cacumen debajo de la ensaimada.

Si en Murcia nace alguien como Iñaki Anasagasti o como Sabino Arana, tocados del coco por la política, se les somete enseguida a una compasiva terapéutica. Ya se sabe que Sabino Arana era un loco que recuperó la razón antes de morir, o sea, como don Quijote. Pero muerto y todo, está sembrando de majaras y tontivanos la parcela política del País Vasco, al que ellos llaman Euskadi, o sea, Estado vasco.

En Murcia, a esta especie de chiflados se les receta un tratamiento de nueve aguadillas, siempre en ayunas, sumergiéndolos en alguna acequia que todavía lleve medio metro de agua, si es que dejan alguna los socialistas; se les sobrealimenta con una dieta de leche de oveja, nunca de cabra, que siempre tiran al monte como en el Aberri Eguna, miel de flores, evitando los capullos, que para capullos ya están ellos, infusión de tila y pelo de marmota, que es animal somnoliento y tranquilo, y se les aplica en la sesera un emplasto compuesto de cagajón de jumento, boñiga de vaca, sustancia de tocino de cerdo y picadura de alábega. Por último se les aplica una lavativa de aceite de oliva virgen, agua de azahar y jugo de violeta, que es la flor de la modestia. Generalmente, no falla el tratamiento. A las pocas semanas, una de dos: o el enfermo se cura y entra en letargo, o emigra.

Lo que no quiere Anasagasti es que Ibarreche acuda a la reunión de presidentes autonómicos que va a convocar Zapatero, porque allí se va a tratar de que el País Vasco tenga la misma importancia competencial que Murcia. Yo no sé cómo medirá Anasagasti la importancia competencial. Si la competencia de Vasconia y de Murcia se mide en asesinatos, la competencia de los vascos no tiene parangón, no ya con los murcianos, que sólo abarcamos una provincia, sino con ninguna otra región de España, ni siquiera con la totalidad de lo que Anasagasti llama la «España pura». Si se trata de competencia en crímenes, la de Ibarreche es infinitamente mayor que la de Valcárcel.

Ni en Murcia ni en ningún otro lugar de la «España pura» necesitan los políticos que algunos asesinos agiten el árbol para que ellos recojan las nueces, ni que nadie «atice» para que ellos negocien. Los negocios políticos los llevamos pacíficamente, con alguna vehemencia quizá, pero sin matar al prójimo, al próximo. Lo que tendrían que hacer Ibarreche y Anasagasti es tranquilizarse y tranquilizar a la buena gente vasca, y ponerse de una vez a erradicar seriamente de aquella hermosa tierra a la banda etarra. Pero pasar sobre Murcia con prepotencias y bravatas, no. De eso nasti, Anasagasti.

Los maquetos
David Gistau La Razón 25 Agosto 2004

Me cuentan que cierta muchachada de Santander comienza a usar la palabra «maqueto» contra cualquiera que provenga del otro lado del puerto de El Escudo. En Comillas, como bien sabe Alfonso Ussía, a los veraneantes habituales, los del bádminton en polo blanco y «gin-tonic» al atardecer, era costumbre llamarlos «papardos», creo que por evocación de un pez estacional caracterizado por su talante predador. Pero la de «papardo», distinción con la que el local algo abrumado por la invasión estival meaba su propio territorio, era ingeniosa, casi folclórica y carente de resonancias políticas: no obligaba a nadie a sentirse extranjero en esa salida al mar de Castilla que siempre fue la hermosa Cantabria.

Sin embargo, que en ciertos ámbitos todavía reducidos se haya asentado la calificación xenófoba de «maqueto» avisa sobre cierto afán de emulación, de «euskaldunización», en Cantabria. Todavía muy embrionaria, esa «euskaldunización», pero ya lo bastante consciente de sí misma como para que el año pasado, en las fiestas de un pueblo vecino de Comillas, fuera suprimido el tradicional «Viva España» por «no ofender al turismo vasco». Que en realidad debiera joderse, el turismo vasco, si le ofende un «Viva España» exclamado en España, sobre todo porque conviene recordar que, aquel año, Otegui formaba parte del turismo vasco.

El nacionalismo, con sus fanfarrias mitológicas, consigue que las regiones se sientan importantes y que los gamberros se crean épicos al haber encontrado un banderín de enganche que los justifica: los «borrokos». Ocurre que ya casi cada región se siente obligada a inventar su propio nacionalismo, a buscar un antagonismo con España mediante el cual sentirse importante. Incluso en la muy españolista Cantabria hay ya quien finge creerse, sólo por sentirse épico, esa chorrada oteguiana de las «montañas sagradas» y la unidad de destino cautiva de Madrid. Por eso ya hay en Cantabria unos pocos gilipollas capaces de llamarte «maqueto». Tener que sentirnos extranjeros en Santander es lo que faltaba.

LA BATALLA DE NAYAF
por RAFAEL L. BARDAJÍ ABC 25 Agosto 2004

EL mes de agosto, lejos de ser un periodo tranquilo y vacacional, se ha convertido en un lugar de crisis con su peculiar epicentro en Nayaf, la ciudad sagrada para la comunidad chií que alberga el mausoleo de Ali Ibn Talib, primo y yerno del profeta Mahoma y gran líder espiritual en el siglo VII, y que también es la sede actual del joven clérigo fundamentalista Moqtada al-Sadr, quien protegido por su propia milicia, popularmente conocida como el Ejército Mehdí, se ha hecho fuerte en los lugares santos y reta tanto a las fuerzas americanas como al gobierno interino apenas constituido. No es la primera vez que Moqtada al-Sdar promueve una rebelión armada. Su primera intentona tuvo lugar a comienzos del pasado mes de abril, como reacción al cierre de su periódico Al Hawza por las fuerzas de la coalición. Entonces Al-Sadr perdió buena parte de los cuadros más experimentados de su milicia, pero tuvo a bien ese sacrificio humano a cambio de ganar en densidad mediática, estatura internacional y popularidad entre los chiís más desfavorecidos en Irak. Moqtada, de 31 años, pasó de ser un joven clérigo radical a ser visto como una fuerza de oposición real a los designios de los americanos. No es de extrañar que las encuestas del mes de abril le concedieran un espectacular aumento de aprobación popular.

En realidad la batalla de Nayaf trasciende con mucho los enfrentamientos entre los marines norteamericanos, las fuerzas de seguridad del gobierno iraquí y los seguidores de Al-Sadr. En lo más inminente encierra un reto a la legitimidad del nuevo gobierno interino, que asumió su soberanía con el traspaso de poderes el pasado 28 de junio. Hasta ese día, las acciones de Moqtada habían venido dictadas por su oposición a las tropas de la coalición, a su antiamericanismo como base de su propia legitimidad. Su objetivo era convertirse en el foco reconocido chií de rechazo a América. Las fuerzas estadounidenses no acabaron con él entonces posiblemente por el temor a que su figura, de escaso prestigio religioso, pasara a convertirse en un mártir de la causa chií, como ya ocurriera con el padre de Moqtada y sus hermanos cuando fueron asesinados por Sadam en 1999. Motivados por el deseo de no ser considerados fuerzas de ocupación, los mandos americanos eligieron -incorrectamente- lidiar con los hombres de Al-Sadr con una estrategia de presión militar y negociación diplomática. Preferían que fuera el nuevo gobierno iraquí quien resolviera el asunto. Como era de esperar, el gobierno interino, bajo la dirección de Alawi, puede dar legitimidad y algo de apoyo sobre el terreno, pero el combate de verdad debe ser ejecutado por los soldados americanos. El resultado de estos dos meses de tiras y aflojas, promesas rotas y falsos acuerdos, ha sido que Al-Sadr ha dejado de retar la legitimidad de la ocupación americana para retar directamente la autoridad del nuevo gobierno. Si la batalla de Nayaf vuelve a resolverse en falso, como hace dos meses, y acaba con un acuerdo entre el gobierno interino y Al-Sadr, será éste quien haya logrado un importante área de impunidad y salido victorioso. Pues el gobierno no sólo debería dejar en suspenso la orden de búsqueda y captura que pesa sobre Moqtada, sino que tendría que integrarlo de alguna forma en el proceso político que se abre hasta las elecciones generales del próximo año.

Pero Nayaf también esconde una segunda batalla muy importante, la del liderazgo religioso sobre la comunidad chií iraquí. A diferencia de los sunnís, los chiís sólo reconocen como líderes espirituales a los descendientes del profeta Mahoma. En Irak tres familias chiís luchaban por gozar de esta distinción: Al-Koei; Al-Hakim y Al-Sadr. Los dos primeros fueron asesinados el año pasado con graves dudas sobre la participación de elementos del ejército Mehdí en su muerte. Por tanto, con la desaparición de los dos primeros, Al-Sadr alberga la esperanza de convertirse en la alternativa y sustituto como foco de referencia del Gran Ayatolah Ali al-Sistani, el indiscutido líder religioso de la comunidad chií en el sur de Irak. En ese sentido, el antiamericanismo inicial de Moqtada tenía que ver tanto con la presencia de tropas americanas como con la actitud conciliadora y colaboradora de Al-Sistani con la autoridad de la coalición. El único reconocimiento del que gozaba Moqtada no se debía por ningún logro personal -demasiado joven para eso- sino por ser hijo del mártir Al-Sadr señor, el verdadero líder espiritual de la familia. De ahí que Moqtada tuviera que ganarse una base social recurriendo a otros elementos. Su discurso nacionalista y antiamericano fue su gran herramienta. La rebelión de abril, una muestra de su osadía destinada a engrosar las filas de sus adeptos.

Los americanos se equivocaron no acabando con Moqtada al-Sadr en abril, pero ahora es el propio Moqtada el que se equivoca. La actual batalla de Nayaf no la está librando para hacerse más popular y más fuerte. Cada día que pasa no sólo es más débil militarmente (los testimonios sobre el terreno hablan de milicianos más jóvenes y más inexpertos, y también menos motivados a dar su vida por la causa de Al-Sadr) sino que el fervor popular se le evapora. Las últimas encuestas le deslegitiman por llevar la guerra y la destrucción a los lugares santos y la mayoría de los iraquíes preferirían que esa batalla se librara en campo abierto.

Con todo, Moqtada al-Sadr ha logrado contar con un movimiento miliciano que según todas las estimaciones oscila entre los dos mil y los tres mil hombres. Pero sobre todo cuenta con el beneplácito más o menos activo de unos dos millones de fieles. Y eso sí que es una cifra a tener en cuenta. Hay quien dice que los americanos no acabaron con Moqtada precisamente para dividir aún más a la comunidad chií y debilitar, así, a Al-Sistani. Pero el remedio no parece haber sido mejor que la enfermedad si ese fue el caso. Al-Sadr tiene los días contados militarmente hablando, pero la violencia que ha generado, sin tener nada que ver con la guerrilla de los seguidores de Sadam, sí ha tenido un claro efecto acumulativo, potenciando aún más si cabe la imagen de un Irak envuelto en el caos y las llamas.

Hay otras batallas bajo Nayaf. Por ejemplo, muerto Al-Koei, ayatolá exilado largos años en Irán y en el que Teherán había puesto grandes esperanzas para influir en el sur de Irak, los planes iraníes se concentraron en el apoyo a Moqtada al-Sadr, con quien ya habían mantenido una estrecha colaboración desde hacía tiempo. El futuro de Moqtada, por tanto, no le puede ser ajeno a los ayatolás que gobiernan el Irán fundamentalista. Y eso también lo saben los americanos.

La situación en Nayaf evoluciona cada minuto y las perspectivas sobre la solución al conflicto cada media hora. Alawi mismo oscila entre el tono conciliador, una visita diplomática a la zona y su más duro rechazo de Moqtada al-Sadr y su milicia. Así y todo nadie descarta ni una solución militar ni una salida negociada. Pero, en todo caso, los mandos militares americanos deberían tomar nota de lo que ya les ocurrió entre abril y junio, esto es, entre el inicio de la rebelión Mehdí y el alto el fuego. Sólo Al-Sadr ganó con todo ello. Y en la guerra hay que saber ser compasivo, pero también evitar dar signos inútiles de debilidad hacia el enemigo. Y Al-Sadr es el peor enemigo que tiene ahora la democracia en Irak. Permitiendo su juego sólo se merman las posibilidades del camino constitucional de ese país. Por eso es el momento de victorias decisivas, no de concesiones absurdas.

Irak
La crisis chiíta
GEES  Libertad Digital25 Agosto 2004

Occidente no puede permitir, bajo ningún concepto, el éxito de los radicales. No se ha derribado a Sadam para construir una nación islamista Nayaf es el símbolo de la contienda civil entre chiítas. Más allá de los problemas generales de la postguerra y de la reconstrucción de Iraq, lo que está ocurriendo en la ciudad santa es el resultado de la tensión entre los distintos programas políticos presentes en aquella comunidad, tan distintos entre sí que no cabe la convivencia pacífica, sino el triunfo de unos sobre otros.

El primer ministro iraquí Iyad Alaui es un exponente de los sectores modernizadores. Sin renunciar a su identidad árabe y chiíta están abiertos a la democracia y a una intensa colaboración con Occidente, para facilitar su desarrollo económico y estabilizar el país en un entorno hostil. No tienen duda de que el aliado es Estados Unidos, cuyo compromiso con Iraq deberá mantenerse, desde su punto de vista, todo el tiempo que sea necesario.

Frente al chiísmo laico y prooccidental, el gran ayatollah Ali al-Sistani representa la tradición religiosa. Aplastados y humillados por los clanes sunitas durante generaciones, reconocen que tienen ante sí una oportunidad irrepetible para establecer un régimen que les garantice influencia y seguridad. No confían en Estados Unidos, porque el gigante norteamericano, en tiempo de Bush padre, les engañó, animándoles a levantarse frente a Sadam para luego olvidarse de ellos y permitir un sangriento aplastamiento. A la traición se suma su carácter inmoral: Estados Unidos representa valores incompatibles con la tradición y doctrina chiíta. La jerarquía está apoyando el proceso de reconstrucción y desea el establecimiento de un estado de derecho. No son persas ni comulgan con la visión teocrática de Jomeini. Ellos no buscan la confusión entre jerarquía religiosa y gobierno del estado. Comprenden la necesidad de una cierta autonomía civil, en el marco siempre del Islam. De ahí que deseen el establecimiento de un régimen político apoyado en el imperio de la ley, el nombramiento de un gobierno fuerte y la retirada de las tropas extranjeras en cuanto sea posible.

Moqtada al-Sadr, un mulá sin prestigio teológico pero un importante jefe de clan, es el exponente de la versión fundamentalista del chiísmo iraquí. Como los dirigentes teocráticos iraníes, rechaza la presencia norteamericana y el proceso de reconstrucción que proponen. El modelo pre-democrático en marcha es para ellos un mecanismo cristiano, o si se prefiere liberal, y, por lo tanto, inaceptable. Su éxito supondría la corrupción del Islam y un paso adelante en su ya avanzada decadencia por efecto de la contaminación ideológica. Al-Sadr tiene ante sí el cometido de poner fin al liderazgo moral del anciano y respetado al-Sistani y empujar a las masas chiítas al levantamiento general. Para ello utilizará la violencia y provocará a las fuerzas americanas con la esperanza de que cometan el error de violar los santos lugares.

Al triángulo árabe chiíta, con todas sus complejidades, debemos sumar el factor persa para poder entender lo que día tras día sucede en Nayaf. El gobierno provisional iraquí ha acusado a Irán de alentar y apoyar las acciones violentas dirigidas por al-Sadr. El problema es saber quién es Irán. La sociedad persa, mucho más desarrollada en todos los sentidos, para lo bueno y para lo malo, que la chiíta iraquí, sufre del mismo mal que su hermana árabe: está profundamente descompuesta en sectores cuyos programas políticos resultan incompatibles entre sí. No hay duda de que los ayatolás que controlan la jefatura del estado, el poder real, animan el reclutamiento de terroristas suicidas en sus calles, las acciones del Mahdi y a través de su multinacional terrorista, la libanesa Hezbollah, están colaborando con al-Sadr. Y ello por los mismos argumentos ideológicos. Pero también es verdad que no todo el clero chiíta persa está en la misma línea y que son muchos los que valoran la necesidad de que Iraq se estabilice y de que los clanes sunitas pierdan para siempre la hegemonía detentada durante décadas y se ponga fin a las agresiones que han sufrido en los últimos años. Para algunos ayatolláhs persas es tan importante que la reconstrucción fracase como para otros que triunfe. No es tanto la posición de Irán como de los distintos sectores de su clero. Mientras tanto, la mayor parte de la sociedad iraní lo que aparentemente desea es devolver a sus dignidades eclesiásticas a las mezquitas y establecer una clara división entre estado e iglesia.

El chiísmo en particular, como el Islam en general, vive un momento especialmente importante para definir su propia identidad. Occidente no puede permitir, bajo ningún concepto, el éxito de los radicales. No se ha derribado a Sadam para construir una nación islamista. El mundo ideológico que representa Alí al-Sistani está muy lejos de nosotros, pero es el referente ideológico y cultural de aquella sociedad y la base sobre la que deben desarrollar su propio camino hacia la libertad. Nuestra misión hoy es bloquear el paso a los radicales y apoyar las posiciones de la jerarquía y de las fuerzas políticas mayoritarias. Sólo así será posible la reconstrucción de Iraq y su conversión en un modelo de desarrollo para el conjunto del Islam.        GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

Atutxa, sin novedad
TONIA ETXARRI El Correo  25 Agosto 2004

La ventaja que tienen los políticos que salen poco de vacaciones para desconectar (una costumbre profiláctica muy recomendada por los médicos para mantener el sentido de la perspectiva) es que tienen los deberes pasados a limpio. Y mientras los socialistas y populares salen de Euskadi para relajarse y liberarse de la presión ambiental, el frenesí con que viene trabajando el PNV desde hace años, les va marcando el ritmo del debate político. Así ha sido especialmente desde el verano del 98, en que se fraguó el pacto excluyente de Lizarra, con nocturnidad y alevosía estival dejando a los socialistas sumidos en un laberinto de dudas incipientes, finalmente resueltas. Y a los populares, directamente expulsados del derecho a hablar en nombre de los vascos. María San Gil ha puesto el grito en el cielo al ver a los nacionalistas introducir con calzador el mensaje «todo es bueno para el convento» cuando se trata de atraer apoyos parlamentarios para el plan Ibarretxe. Porque el mismo Atutxa que en su día dijo que el Parlamento podía funcionar perfectamente sin la presencia del PP, a raíz de un 'plante' de este grupo parlamentario, ahora avanza que los votos de la ilegalizada Batasuna son tan válidos como los de cualquiera.

Ha sido el turno de Atutxa, pero hace unos días abrió la vía su compañero Juaristi. Nada es casual. El batzoki no cierra por vacaciones. Cabe imaginar que el escándalo con que recibió la candidata popular a lehendakari este tipo de declaraciones se debe, lógicamente, a una estrategia política para las próximas elecciones. Porque el mensaje del PNV puede provocar cualquier reacción menos sorpresa. A partir del momento en que el presidente del Parlamento se vio atrapado por las dificultades propias de un Gobierno minoritario para sacar adelante el plan Ibarretxe, desoyó la sentencia de disolución del grupo de la ilegalizada Batasuna.

Ayer el socialista Jáuregui dio en la llaga. ¿Claro que los votos de la ex Batasuna son válidos ¿ porque el Tribunal Supremo no los invalidó sino que mandó, nada menos, que disolver al grupo parlamentario y que sus siete diputados (seis desde que se fugó 'Ternera') pasaran al Grupo Mixto. Lo que parece claro es que al PNV lo que le preocupa y ocupa es que la ex Batasuna le diga que sí en el Parlamento y, como no está claro, la sigue cortejando. Tendrá que centrar el debate Imaz recordando que «los votos contaminados» de los parlamentarios que no se desvinculen del terrorismo, como hizo Aralar en su día, no son una tarjeta de presentación aceptable. De lo contrario, va a quedar demasiado evidente su afán de sumar, sin prejuicios.

Hay otros nacionalistas que han reconocido que «lo mejor que nos puede pasar es que no salga el plan en el Parlamento». Es lo bueno que tiene 'callejear' en fiestas. Que, lejos de los micrófonos, algunos se sinceran y se identifican con Joseba Arregi. Claro que nunca lo dirán en público. Tranqui, lehendakari.

Una propuesta vaga y prematura
Editorial HERALDO DE ARAGÓN  25 Agosto 2004

LA PROPUESTA del ministro Sevilla -conceder algún derecho de veto en el Senado a las Comunidades Autónomas- es prematura y de efectos imprevisibles, toda vez que parte de su sola autoridad y se formula en el vacío. Pendiente la reforma de la Cámara, sin anudar ningún pacto ni certeza sobre cómo transcurrirá la reunión del presidente del Gobierno con los de las Comunidades, parece un paso de más, que puede estropear imprudentemente posibles pactos futuros que, además, no pueden referirse sólo a esta cuestión.

De hecho, nadie parece haber tomado muy en serio la propuesta, que algunos partidos estiman como un "globo sonda" para medir reacciones y calibrar hasta dónde aceptarían algunos llegar en los cambios de la Alta Cámara, ya que el Gobierno se ha comprometido a reformarla, aunque sin fecha. La reacción ha sido, en general, de incredulidad: así lo manifiestan los portavoces del PP, que imputan desorientación al Ejecutivo; del PNV, que dice que no verle visos de realidad; y de CiU, que afirma que parece un nuevo "café para todos". El presidente del Senado , Javier Rojo, sostiene que la propuesta "está dentro de la lógica", aunque la lógica en una Cámara territorial debe enfatizar los mecanismos de consenso sin predeterminar de entrada las garantías de bloqueo, que necesitan mucha ponderación, porque pueden resultar multidireccionales: el nacionalista (CiU) Pere Macías cree que implica vía libre para que algunas Comunidades veten la reforma de la financiación autonómica cuando hay "un expolio fiscal gravísimo de Cataluña" y otros piensan que se dejan las decisiones de las Cortes en manos del nacionalismo soberanista. El modo actual de representación de las Comunidades imposibilita, desde luego, un derecho de veto extenso que podría estar en colisión con la titularidad de la soberanía y paralizar, incluso, el Congreso, elegido enteramente por sufragio popular. Tal como ha sido formulada, la propuesta de Sevilla es poco feliz. Si el derecho a veto tiene carácter simbólico se compadece mal con poder vetar sólo "cuestiones que afectan a competencias exclusivas de las Comunidades Autónomas", no se sabe si presentes o futuras. Tarea tan delicada no debiera empezarse de forma tan sumamente primaria.

Senado a la carta, señor Maragall
EDITORIAL  Libertad Digital 25 Agosto 2004

Sorprendente pero cierto, la Nación dejaría de gobernarse como hasta ahora y pasaría a depender de las "nacionalidades históricas" y sus "hechos diferenciales". Desde que el Partido Socialista ganó las elecciones en el malhadado mes de marzo, no hay declaración oficial, oficiosa o, simplemente, declaración sin más que no pase por la redacción de El País antes de que los españoles se enteren. Dicen que al presidente Zapatero le encanta este diario, que incluso conoció a su mujer, Sonsoles, mientras lo leía allá por los combativos años setenta. Muy bonito, pero de ahí a utilizarlo como portavocía semioficial del Ejecutivo hay una distancia considerable, la que separa las naciones serias de las repúblicas bananeras. Zapatero parece tenerlo claro... por las segundas.

La exclusiva gubernamental que nos sirvió ayer el país fue la decisión de Zapatero de convertir al Senado en una cámara verdaderamente territorial otorgándole la capacidad de vetar las leyes del Gobierno. Sin embargo el Senado ya es una cámara territorial. La Constitución no presenta ambigüedades en este aspecto, su artículo 69 explicita que "El Senado es la Cámara de representación territorial", y sus funciones están perfectamente delimitadas en este particular. Autoriza los acuerdos de cooperación entre las Comunidades Autónomas, vigila que las Comunidades respeten la Ley de leyes, y se encarga, entre otras cosas, de dotar, distribuir y regular el Fondo de Compensación Interterritorial. Casi nada.

Lo que trae bajo el brazo Jordi Sevilla es, en primera instancia, abonar la confusión sobre el papel de nuestra Cámara Alta para, acto seguido, colocar una bomba de relojería bajo su Reglamento. Si esa "reforma necesaria" llega a realizarse desaparecería el Senado tal y como lo conocemos. Por un lado dejaría de representar a la ciudadanía para convertirse en un abstruso instrumento en manos de unas Comunidades Autónomas con derecho de veto sobre cualquier Ley salida del Congreso de los Diputados. Sorprendente pero cierto, la Nación dejaría de gobernarse como hasta ahora y pasaría a depender de las "nacionalidades históricas" y sus "hechos diferenciales".

Desde el ministerio de Administraciones Públicas han matizado que tal veto sería restringido, es decir, que tan sólo podría aplicarse a aspectos tales como la lengua, la cultura (sic), la insularidad, y los derechos civil y foral. Todo esto está ya amparado por la Constitución y, como es de imaginar, cualquiera de los puntos puede constituir la coartada perfecta para que una minoría insignificante, pero autolegitimada como estandarte de unos más que discutible hechos diferenciales, tenga una Ley paralizada en las cámaras hasta el día del juicio final.

Otro de los puntos calientes que trae aparejada la deformación a la que el Gobierno quiere someter al Senado es el relativo a la representación de sus miembros. Ya no lo harán a título de su grupo parlamentario sino como miembros de grupos autonómicos. De este modo la Cámara Alta pasaría a ser una sopa de letras tal que eternizaría las sesiones hasta el infinito. Un hipotético grupo parlamentario vasco, por ejemplo, englobaría a populares y a filobatasunos y uno catalán a republicanos de Esquerra y monárquicos de Piqué. De locos. El grupo parlamentario madrileño estaría formado por los tres partidos que tienen presencia en el Senado y a los que se les presume afinidad de objetivos por pertenecer sus senadores a una misma región.

En Alemania ya se implantó hace tiempo esta organización del Bundesrat y sus resultados han sido un dolor de cabeza tras otro para los miembros de la Cámara Baja o Bundestag. Aún así, Alemania es un estado federal y España no aunque el PSOE siga fintando con eso de que su partido es como España, y si los socialistas se organizan por federaciones regionales –que se tiran los trastos a la cabeza las más de las veces– no necesariamente hemos de diseñar el Estado a su imagen y semejanza.

El presidente del Senado, el rey de la componenda, que lo es gracias a uno de esos pactos de "todos contra el PP" bautizado pomposamente como "Pacto para la pluralidad", ha afirmado ya que apoyará la reforma porque entra dentro del "sentido común" y es coherente con el Estado de las Autonomías. Sorprendente manera de valorar tamaño desaguisado por parte del presidente de la Cámara. Pero, a lo que parece, Rojo no se debe a la Constitución sino al delicado equilibrio de poder entre el tripartito catalán y la mayoría relativa cosechada por el PSOE en marzo.

Ellos y nada más que ellos
Lorenzo Contreras Estrella Digital  25 Agosto 2004

A Jordi Pujol probablemente se le ha visto el plumero. Se ha alarmado públicamente ante el auge de la inmigración y ha dicho que ese proceso demográfico significaría "el final de Cataluña". Hace ya mucho tiempo que el pujolismo brama, como nacionalismo radical que es, contra la presencia de "inmigrantes" en territorio catalán, salvo que esa incorporación poblacional signifique una ventaja desde el punto de vista de los equilibrios económicos en el orden de la actividad productiva y laboral.

El problema ahora es otro o por lo menos ofrece determinados aspectos diferenciales. La avalancha de la inmigración extranjera, fundamentalmente magrebí y subsahariana, debe parecerle al pujolismo algo muy oportuno para llamar la atención sobre un aspecto demográfico que, de alguna manera, siempre le preocupó, pero no hasta el punto en que actualmente la política permisiva de Zapatero parece abrir las puertas peninsulares a toda una inundación de gente extranjera procedente de África y Asia. La ocasión es óptima cuando de repente la secretaria de Estado de Inmigración, Consuelo Rumí, anuncia que se va a facilitar una regularización de la inmigración ilegal. Pero no nos engañemos. Lo que le inquieta a Pujol y al nacionalismo catalán tradicional no son doscientos, trescientos o miles de magrebíes o subsaharianos que se ocupen de actividades agrarias o de servicios no atendidas jamás por los catalanes residentes o asimilados, sino lo que él, o sus nacinalistas afines, han llamado de pronto "el mestizaje entre inmigrantes y catalanes". Esa es la cuestión: el mestizaje, la mezcla, el racismo encubierto bajo la forma de una pureza étnica reflejada en apellidos y caracteres culturales arraigados. El idioma, las costumbres, todo lo que de alguna manera represente el carácter diferencial catalán, cada día más acentuado para que al final lo español deje de existir y algún día la península no pase de ser lo que, a juicio de los pragmáticos catalanes debe ser, es decir, un mercado de productos del ultraebro.

Cuidado que todos los factores se van combinando con el zapaterismo rampante. El Gobierno está dispuesto a facilitar en el Senado el derecho de veto restringido contra proyectos que afecten a los intereses de las comunidades depositarias de "hechos diferenciales". Una comunidad que se considere "diferencial" podrá bloquear una determinada política o legislación si estima que sus particularidades pueden sentirse perjudicadas. Esto significaría que una línea de política nacional entra en una etapa de hipoteca política. Nada más coherente con la mentalidad de preservación de la hostilidad a la idea del mestizaje. Los nacionalistas catalanes quieren ser ellos solos. "Nosaltres sols". El principio de las viejas y tradicionales tierras de acogida, por ejemplo nada menos que Francia, pasa a ser una desacreditada idea. La Cataluña de los dos o tres millones de habitantes que Castilla superó por imperio demográfico en tiempos de expansión peninsular se transforma con el paso de los siglos en una especie de víctima de un intruso que sólo aportaría poblaciones de aluvión, muertos de hambre, incordiantes presencias. ¿A qué diablos de mestizaje se ha querido referir el señor Pujol de los demonios? A ver si de una vez hablan claro los que durante tantos años han venido utilizando lenguajes interesadamente ambigüos.

«Cataluñazaje» en Cataluña
Cartas al Director ABC 25 Agosto 2004

Me pregunto, ¿cómo piensa Jordi Pujol evitar el mestizaje en Cataluña? ¿Acaso la nacionalidad histórica prohibirá la cohabitación entre catalanes e inmigrantes? ¿Cómo definirá al catalán? ¿Habrá zonas designadas para que residan los inmigrantes, y zonas para catalanes? ¿Cafeterías y bares segregados? ¿Se usara el modelo de África del Sur, o el de EE.UU. en los años 50?

Pujol, bienvenido al siglo XXI. Los movimientos de población, debidos en general a motivos económicos, cambian la textura racial y étnica de todos los países industrializados. A la larga el país receptor termina beneficiándose de la infusión de sangre nueva. Los esfuerzos de distintos países para mantener su «pureza» racial son una bien conocida parte de la historia. El mero concepto y uso de la palabra mestizaje, en el contexto de Pujol, me trae a la memoria los discursos de otro señor, alemán este, con un pequeño bigotito, de nombre Adolfo. Nunca debemos olvidar a dónde nos pueden llevar los bienintencionados esfuerzos de defensa de la «pureza racial».      Pedro Miranda-Seijo.   Denver (EE.UU.).

AMENAZAN CON ASESINAR A UN PERIODISTA ITALIANO SECUESTRADO
Italia no cede al chantaje terrorista y asegura que sus tropas seguirán en Irak
Roma ha asegurado que sus tropas continuarán en Irak, pese al ultimátum lanzado por unos terroristas que han secuestrado al periodista Enzo Baldoni y que exigen la retirada de las tropas italianas en un plazo de 48 horas. Después de que Al Yazira emitiera un vídeo con imágenes del periodista secuestrado, el gobierno italiano emitió un comunicado en el que señala que, a pesar del chantaje terrorista, "continuaremos con nuestra presencia militar".
EFE  Libertad Digital 25 Agosto 2004

En un comunicado oficial, el gobierno de Italia ha dicho este martes que están "decididos a obtener la libertad del señor Baldoni, que se encuentra en Irak por su actividad privada de periodista y no está en absoluto ligado a nuestro Gobierno". Roma ha informado además que lo harán "manteniendo los compromisos asumidos con el Gobierno provisional iraquí, legitimado por una resolución del Consejo de Seguridad". Por ello, el ejecutivo italiano ha mantenido con firmeza que "continuaremos con nuestra presencia militar y civil en el ámbito que establece tal decisión".

El comunicado oficial de Roma termina diciendo que el objetivo es "el restablecimiento de la seguridad y el orden público, condición indispensable para la acción de asistencia humanitaria en la que Italia está en primera fila, y al proceso político delineado por las Naciones Unidas para permitir el desarrollo de un Irak soberano y libre".

Los terroristas intentan chantajear a Berlusconi mediante un comunicado
Los terroristas, que dicen llamarse "Ejército Islámico", enviaron un vídeo a la televisión qatarí Al-Yazira que muestra al periodista Baldoni, acompañado de un comunicado en el que se advierte de que la seguridad del rehén no está garantizada si el Gobierno de Berlusconi mantiene su presencia en Irak.

El comunicado terrorista dice que "antes de 48 horas queremos una declaración del Gobierno italiano y de su primer ministro, Silvio Berlusconi, enemigo del Islám, en la que se comprometa a retirar las tropas italianas de Irak". En el vídeo, Baldoni aparece sobre un fondo oscuro con el dibujo de un mapa de Irak a un lado y emite un breve mensaje en el que se identifica y asegura que "soy periodista, he venido para escribir un libro sobre la resistencia iraquí y hago voluntariado para la Cruz Roja".

Baldoni, de 56 años y colaborador del semanario Diario, cortó la comunicación con este medio el pasado jueves, cuando se encontraba cerca de la ciudad de Nayaf. Poco después de su desaparición se encontró un cadáver que se cree era el de su intérprete, lo que de inmediato suscitó el temor de que hubiera sido secuestrado.


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