AGLI

Recortes de Prensa     Jueves 26 Agosto 2004

Mestizaje
Cartas al Director ABC 26 Agosto 2004

Los etnicistas
David Gistau La Razón 26 Agosto 2004

Recuento de Naciones
Jorge Vilches  Libertad Digital26 Agosto 2004

Nacionalismo y mestizaje
José María Carrascal La Razón 26 Agosto 2004

Los chistes del verano
Susana Moneo  Libertad Digital26 Agosto 2004

ENTRE EL AUTO DE FE Y LA FRIVOLIDAD
JOSÉ MARÍA LASALLE ABC 26 Agosto 2004

Las esencias
Joaquín Marco La Razón 26 Agosto 2004

No se nota la brújula
Lorenzo Contreras La Razón 26 Agosto 2004

El veto
José García Domínguez  Libertad Digital26 Agosto 2004

Gallizo y los privilegios de los presos etarras
Luis María ANSON La Razón 26 Agosto 2004

Reforma inviable
Cartas al Director ABC 26 Agosto 2004

NAYAF, ENCRUCIJADA PARA IRAK
Editorial ABC 26 Agosto 2004

La UIMP analiza los desafíos del español ante la mundialización
MARÍA DE LAS CUEVAS SANTANDER ABC 26 Agosto 2004


 


Mestizaje
Cartas al Director ABC 26 Agosto 2004

Muy interesantes las declaraciones del ex honorable sobre el «mestizaje» en Cataluña. A un servidor, catalán de nacimiento, todo esto no le viene de nuevo puesto que ya colaboré en su día en aras de este «mestizaje» al contraer nupcias con una madrileña de cuya unión han salido ya tres lindos «mestizos» catalano-madrileños. Como al padre de estos «mestizos» se le negaba en Cataluña el derecho constitucional de impartir sus clases en lengua española (perdón, castellana), tuvo que emigrar con la «extranjera» de su mujer y sus lindos «mestizos» hacia otras tierras. Actualmente esta «mestiza» familia se encuentra residiendo en Alemania, conviviendo sin problemas con miles de «mestizos»: turcos, colombianos, griegos, españoles, marroquíes, etcétera. Por el momento no hemos notado que Alemania haya perdido su identidad. Eso sí, la en su día «extranjera» de mi esposa en Cataluña ha dejado de sentirse como tal en Alemania, donde, al contrario que en Cataluña, se le respeta mucho más su poco dominio de la lengua autóctona.      José Gil Costa.     Kelsterbach (Alemania).

Los etnicistas
David Gistau La Razón 26 Agosto 2004

En «Mein Kampf», Hitler escribe: «Permanecerá como amo de su propio territorio quien no caiga en la deshonra de la mezcla de la sangre». Esta defensa nazi de la pureza racial, de la etnia que sacraliza sus tipismos y se atrinchera en la endogamia para ungirse como Elegida, permanece vigente en los conceptos fundacionales de nuestros nacionalismos periféricos. Está en Sabino Arana y sus linajes patricios de ocho apellidos vascos autorizados para limpiar «Bizkaia» de «maketos» mesetarios. A esta limpieza, la Eta leninista no hizo sino agregar la purga política: el tiro en la nuca como «gulag» urgente y por goteo, que lo que no ha logrado Eta es alcanzar las proporciones industriales del exterminio que sí logró Stalin con sus Veinte Millones de muertos: «La muerte es la solución a todos los problemas. Muerto el hombre, se acabó el problema», decía Stalin. Que aquí, en España, los herederos ideológicos de Stalin en Izquierda Hundida (Jiménez Losantos), quienes jamás han cuestionado su legado histórico, se permitan dar lecciones de «libertad» y «democracia», constituye un ejemplo de cómo la manipulación de la memoria mediante propaganda favorece el cinismo.

La pureza racial como método para ser dueño de su propio territorio también permanece vigente en la declaración de Pérez Carod –y de Pujol– según la cual la inmigración constituye una amenaza para Cataluña, la Ungida, la endogámica, la que sacraliza sus tipismos y sus mitologías, aun las deportivas: «Más que un club», saturado de inmigrantes, por cierto, el Barsa. No se refieren sólo a la reciente inmigración extranjera, pues Cataluña ya tenía un palabra, equivalente a «maketo», con el que despreciar y amenazar al mesetario: «charnego». ¿Cómo llamaría Milosevic a quienes corrompían la pureza racial serbia antes de limpiarlos mediante el exterminio de los «chetniks»? Lo que no deja de ser cosa sorprendente es que al racista recogedor de nueces Pérez Carod «El País» nos lo venda como un «progresista» sólo para que Zetapé y Maragall puedan saciar el apetito de poder pactando con él.

España
Recuento de Naciones
Jorge Vilches  Libertad Digital26 Agosto 2004

Ya se ha aceptado que la Historia comienza en 1931 para poder distinguir solamente a Cataluña, País Vasco y Galicia como "históricas". Renan está anticuado. La nación no se define por una lengua, cultura, religión, historia y proyecto comunes, sino por la existencia de nacionalistas. La aparición de una Chunta o un grupo andalucista convierte a una región en nacionalidad. Luego este grupúsculo se ocupa de encontrar las raíces históricas separadas, argumentar el carácter identitario y reivindicar su reconocimiento universal. A la legitimidad por el victimismo.

El Estado de las Autonomías disgustó a nacionalistas vascos y catalanes ya en la Transición, pues creyeron ver en la generalización del autogobierno un desprecio a su identidad como nación. Se enfrentaron a los Gobiernos de Felipe González, que no dudaron en impulsar el autonomismo en toda España, aquella vieja tabla de quesos del centrista Clavero Arévalo. El cambio de partido en el gobierno no modificó la relación. Aznar dio por cerrado el proceso autonómico dentro del marco constitucional.

La estrategia del "hecho diferencial" adoptada por los nacionalistas fracasó, y encontró una seria oposición no sólo en el PP sino en el socialismo españolista. El desprecio al resto de los españoles y a su identidad no se había mostrado útil para sus planes soberanistas. Era lógico, entonces, emprender un nuevo camino. De esta manera se han aferrado al dogma de la España plurinacional.

La existencia de múltiples naciones en el Estado adelgaza a la nación española y, por ende, a la soberanía nacional. Sustituido el sujeto de la soberanía, y multiplicado en rango de igualdad, el autogobierno no puede tener más límite que el tiempo. A cada generación, su fórmula constitucional. Así, los nacionalistas vascos y catalanes no dudan en otorgar carácter de naturaleza e importancia a sus homólogos en otras regiones. Y por esto ERC propone a los companys de les nacionalitats andalusa, d’Euskadi i Aragó la elaboración conjunta de un proyecto propio de reforma constitucional.

La Esquerra quiere que Cataluña aparezca como "comunidad nacional" en la Carta Magna, a lo que se sumarán los nacionalistas de otras regiones. Pero no están solos. Ya en la comisión constitucional de 1978, Peces Barba habló de un Estado formado por comunidades nacionales y regionales. No obstante, el plan nacionalista, ese al que parece encaminarse el Gobierno de Zapatero, se asemeja más a la propuesta que hizo Bandrés en aquella comisión. Sostuvo entonces que la Constitución debía fundamentarse en la "plurinacionalidad del Estado español, la solidaridad entre los pueblos, el derecho a la autonomía de las regiones y naciones que lo integran, y el derecho a la autodeterminación de estas últimas".

Rajoy abusa de la ironía cuando afirma que no sabe qué es una "comunidad nacional". ¿Quién no lo sabe? Ya se ha aceptado que la Historia comienza en 1931 para poder distinguir solamente a Cataluña, País Vasco y Galicia como "históricas". Ya no preocupa qué es una "nacionalidad" o una "nación", sino cuántas son las que componen España. Porque en la reforma constitucional habrá que definir un sujeto de soberanía, un orden institucional y una tabla de derechos fundada, presuntamente, en la igualdad y la libertad. Sería interesante que el Gobierno de Zapatero y sus aliados nacionalistas lo aclarasen, que hicieran el recuento. Por curiosidad.

Nacionalismo y mestizaje
José María Carrascal La Razón 26 Agosto 2004

La advertencia de Pujol contra el mestizaje encierra todo el drama del nacionalismo. Nacionalismo es repliegue, confinamiento, narcisismo. Mestizaje es apertura, ampliación, rebase de horizontes. Pero miren ustedes por donde, justo cuando el mundo camina hacia el mestizaje, los nacionalismos internos alcanzan en España su apogeo. ¡También es mala suerte!, dirán.

¿Cómo van a contrarrestar esta marea planetaria? Pues malamente. Pujol apunta unos cuantos remedios caseros, empezando por «facilitar la convivencia entre catalanes e inmigrantes, sin necesidad de llegar al mestizaje». Ya nos dirá lo que ocurre cuando a una chica catalana le guste un chico argentino, rumano o magrebí. ¿Prohibir los matrimonios «internacionales», como en los estados del sur norteamericanos se prohibían los interraciales? Recomienda también que el Gobierno catalán se haga cargo de todo lo que a inmigración se refiere, tanto en el interior como en el exterior. ¿Qué persigue con ello, rechazar a todos aquellos potenciales inmigrantes sospechosos de no integrarse en su concepto de Cataluña? Pues trabajo le mando.

En cambio, se dejó en el tintero cosas bastante más sólidas. La primera, que Cataluña ha venido haciéndose a lo largo de los siglos, y muy especialmente en el último, a base de la inmigración. Más de la mitad de los catalanes tienen hoy antecesores aragoneses, andaluces, murcianos, gallegos, vascos, extremeños, no siendo tampoco raros los descendientes de franceses e italianos. ¿Por qué este miedo a la última oleada inmigratoria? Mi teoría particular es que el aragonés, el andaluz, el murciano, el gallego, etc., no tenía el menor problema en aprender catalán e integrarse en Cataluña por la sencilla razón de que la sentían como parte de España. Mientras los nuevos inmigrantes, los hispanoamericanos, los magrebíes, los procedentes del este de Europa, aprenden, o ya saben, el español y no sienten el menor interés en integrarse en ese restringido concepto de Cataluña que tienen los nacionalistas catalanes. Por eso los temen, por eso los rechazan. ¿Cómo van a salir de este dilema? Pues malamente. O empiezan a dictar leyes xenófobas, algo hoy inaceptable, o paralizan la inmigración, lo que paralizaría Cataluña, algo suicida, pues necesita a los inmigrantes para su marcha diaria.

Completa este drama nacionalista que en su afán de excluir todo vestigio del Estado español en su territorio han eliminado prácticamente a la Guardia Civil y a la Policía Nacional de su ámbito rural. Donde los inmigrantes pueden instalarse a su antojo, ya que los Mossos d'Escuadra no están para esos líos. Con lo que su incapacidad de detener la oleada inmigratoria es total. Es lo que suele ocurrir cuando uno trata de oponerse a la marcha de la historia. La historia le pasa factura. España lo ha sufrido más de una vez en sus carnes.

Opinión
Los chistes del verano
Susana Moneo  Libertad Digital26 Agosto 2004

Y la última es de la Ministra Narbona, que, obnubilada por la repercusión de sus pinitos como top model, se ha apresurado a anunciar algo que no puede Mientras Zapatero sigue descansando en su exclusivo retiro menorquín, algunos de los suyos no descansan. No paran de lanzar propuestas, globos sonda o serpientes de verano a través de Prisa. Flaco favor se hacen unos a otros con anuncios carentes de sentido común y contrarios a la lógica política, realizados a modo de publirreportajes en el órgano de prensa de un partido.

Tras el lío de "papeles para todos" aventurado por Consuelo Rumí, con el titular del ramo, Jesús Caldera, en su cubil vacacional, un ministro, Jordi Sevilla, lanzaba el órdago al Senado en nombre de ciertas comunidades autónomas, jaleado por Maragall e Ibarreche. Pero ellos mismos se delatan. En tal baile de histriónicos proyectos hemos oído a Javier Rojo intentar, sin conseguirlo, explicar de qué se trata la propuesta que afecta a los cimientos de la cámara que preside. Ni él mismo lo entiende, o no lo quiere entender por lo que ha optado por declarar que todo se hará con el consenso del PP. Pero como parece que aquél que se precie de ostentar carguete alguno en el PSOE tiene que realizar su “aportación” particular a este agosto, Rojo no deja de recordar la suya. En el Senado se utilizarán las lenguas que “son patrimonio de todos los españoles”. Se ve que el español no lo es. La legión de nuevos funcionarios se lo agradecerá. Como intentos para congratularse con el gran jefe Maragall no están mal.

Y la última es de la Ministra Narbona, que, obnubilada por la repercusión de sus pinitos como top model, se ha apresurado a anunciar algo que no puede. No está dentro de sus competencias. La limitación de la velocidad con tres propósitos –que no dudo serán encomiables– pero se le olvida que esa norma no depende de ella, sino de la dirección general de tráfico.

Esperamos ansiosos la vuelta de Zapatero, o en su defecto la de Alonso, o mejor Solbes con los recortes presupuestarios, o mejor todavía Moratinos con el libro de chistes, aunque sean de Lepe, bajo el brazo.

ENTRE EL AUTO DE FE Y LA FRIVOLIDAD
POR JOSÉ MARÍA LASALLE ABC 26 Agosto 2004

A pesar del periodo estival el mes de agosto ha sido fértil en orientaciones venideras. Nos ha revelado que la izquierda gobernante aloja en su mente dos hemisferios referenciales o, si se prefiere, una especie de dualidad jánica satisfecha de sí misma. De hecho, bien podría afirmarse que se ha ido de vacaciones con dos libros en la maleta: Auto de fe de Canetti y El imperio de lo efímero. La moda y su destino en las sociedades modernas de Lipovetsky. Colocados en la mesilla de noche y junto a la tumbona playera ha leído con fruición sus páginas y deducido sus consecuencias trasladándolas al escenario de una política nacional que crispa y relaja al mismo tiempo. Y así, tan pronto lanza su lengua flamígera e inquisitorial como se deja querer ante el ojo fotográfico, reposando entre pieles y ofreciendo una escena palaciega que haría las delicias de aquella Coco Chanel retratada por Morand.

En realidad, si se preguntara a cualquiera de los protagonistas de esta nueva izquierda doblemente «divina» sobre si existe contradicción en su actitud, respondería con aire displicente que no: que la alternancia de gestos es el producto de una izquierda dinámica y plural que ha renunciado a ser unilateral. Por eso, nuestra «gauche divine» lo es doblemente: divina cuando se relaja y ofrece su rostro amable y elitista; divina cuando se crispa y enciende piras en las que quema al adversario político mientras lo acusa de todos los males de este mundo. La izquierda triunfante desde del 14-M es así. Goza de un estado de gracia permanente que la exime de cualquier error y sentimiento de culpa. Disfruta alternando roles en un juego de máscaras que ocultan un sexismo intolerable que atribuye a los hombres el ingrato papel de fustigadores y a las mujeres el agradable rostro proustiano de modelos en flor. Su ideología muta y renuncia a la coherencia moderna para hacerse orgánicamente romántica y, de este modo, poder retorcerse y contradecirse sin problemas lógicos.

Su aspiración a la totalidad es evidente. Incluso, puede defender la modernidad de una España unitaria en su diversidad -tal y como consagra la Constitución de 1978- y, al mismo tiempo, no hacer ascos en defender una reforma constitucional que instaure, bajo la fórmula de un federalismo asimétrico, un modelo político premoderno que restaure el «privilegio» medieval aunque vistiéndolo, eso sí, con el disfraz técnico de un reconocimiento postmoderno de «identidades nacionales» que son situadas hábilmente al margen -pero dentro- de esa misma España cuya unidad quieren defender nominalmente.

Y así, el nuevo socialismo avanza a velocidad de crucero hacia una permanente autorreferencia de sí mismo. Pacta con los herederos del viejo carlismo decimonónico y se dice progresista. Se alía con los nietos del nacionalismo separatista y el comunismo estalinista que torpedearon y hundieron la Segunda República y se reivindica como celoso defensor de la memoria más respetable de ésta. Defiende un europeísmo laico sin concesiones y se hermana con una monarquía confesionalmente islámica que compromete la libertad de su pueblo, y lo condena como galeote de una premodernidad beduina en tierra africana. Todo en unidad de acto, sin rubor ni tampoco conflicto moral por su incoherencia.

Se nota que la izquierda que nos gobierna se siente a sí misma gloriosa. Entre aperitivo y siesta, con los granos de arena todavía en sus pies después de un paseo a la vera del mar, abre las páginas del libro de Canetti y anatemiza sin prejuicios al contrario porque, en el fondo, no tolera ni respeta a ese «otro» político que hace posible el diálogo que dice anhelar como un fin en sí mismo. De hecho, la izquierda que nos gobierna no acepta el espejo que es el oponente. Alaba a Habermas de palabra y lo desprecia en la práctica. Paladea el libro que Canetti quiso titular Kant se incendia y se lanza a gastar, como el protagonista de la novela, los ahorros heredados en mil promesas tan efímeras como los miles de libros adquiridos por el sinólogo enloquecido que, finalmente, decide prenderlos para reírse de sí mismo en medio de su impotencia y su miedo a la ineptitud. ¿Será que en el fondo nuestra izquierda intuye que el papel que tiene que representar le viene grande? No importa. Para eludir el trago tiene sus culpables.

Día tras día instrumenta la misma cantinela. Su programa es sistemático. Culpa porque supone que algo queda al hacerlo. Estudió a Gramsci y conoce a Foucault. Sabe que existen micropoderes y los maneja con la astucia combativa de quien controla los resortes de esa supraestructura cultural que desde la universidad, las artes y la comunicación le sigue haciendo ganar batallas a pesar de que la caída del Muro de Berlín destruyó su horizonte utópico. Así, la izquierda se baquetea con habilidad en un escenario de confrontación cotidiano que trata de hacer eterno negando al oponente su memoria y destruyéndole las posibilidades futuras de ser alternativa.

Cuando siente el calor del mes agosto en su piel bronceada se arroja al agua y chapotea en la orilla para refrescarse en un presente que quiere seguir haciendo suyo porque su reino, ahora, es de este mundo y trata de demostrarlo mostrándose con el aire de una normalidad que anhela monopolizar. Por eso, entonces, ofrece su rostro femenino en el gobierno y decida posar impúdicamente. Deja el rigor existencialista de Canetti, se ducha para quitarse el corrosivo salitre marino y demuestra a la opinión pública que sabe pintarse las uñas y darse colorete mientras luce modelitos que no son de pasarela. De hecho, la pose de nuestra izquierda gobernante no es la de una simple mujer objeto. Es una pose funcional, ministrable, que porta el libro de Lipovestky debajo del brazo, aunque no se vea. Es la pose de la mujer que se sabe dueña de su destino; que ha ascendido puestos dentro de su partido porque la izquierda gobernante ha hecho realidad una discriminación positiva que reconoce con justicia los méritos por el género y no por el injusto elitismo de la individualidad. Con sus fotos, la izquierda ha hecho historia: ha sentenciado el feminismo de la excelencia orteguiano y lo ha sustituido por un feminismo de cuota que, además, se ha hecho espectacular.

Por eso nuestras modelos sonríen en las fotos. Porque tienen que demostrar que su etapa de gobierno es, también, festiva: una celebración del presente social que la izquierda es la única capaz de liderar. Cuando los males y los problemas del mañana tienen ya sus culpables, uno puede tumbarse a la bartola y mostrarse con frivolidad y ligereza. ¿Acaso Lipovetstky no reclama «el rol de lo frívolo en el desarrollo de las conciencias críticas, realistas, tolerantes»? Y si el contrario protesta, la respuesta es clara: la opinión pública tiene derecho a estar relajada y a liberarse de las tensiones y la seriedad que dominaron el pasado. Para conseguirlo, la izquierda triunfal muestra entonces su faz más sonriente y engalanada mientras su dedo apunta al «otro» y recuerda con candidez: «Ven como sólo sabe protestar».

Instalada en una estrategia que adopta el movimiento del diapasón, la izquierda ha logrado lo que no consiguió Canetti: quemar a Kant y su imperativo categórico para extraer de sus cenizas un imperativo estético cuya autoría agrega al nombre del filósofo la «e» y la «s» de un poeta. Entonces, vuelve a sonreír satisfecha por su chispeante ingenio y abre un libro de Keats y lee: «La verdad es belleza y la belleza, verdad, esto solo necesitan saber los hombres para salvarse en la tierra».

Las esencias
Joaquín Marco La Razón 26 Agosto 2004

Mucho me temo que el debate que se inicia ya sobre la reforma del Estatuto catalán se mueva en el terreno de las esencias. Es decir, que más que resolver cuestiones de índole política se adentre en cuestiones metafísicas e incluso de semántica política.

No es casual que el expresidente Jordi Pujol alertara sobre el peligro del mestizaje y, apocalípticamente, aludiera a la desaparición de Cataluña en el caso de que éste se produjera. En un artículo en «La Vanguardia» el pasado domingo, el siempre sensato Miquel Roca Junyent aclaraba: «Compartir sería bueno, pero trasladar la definición de la propia identidad a quien no les corresponde hacerlo sería muy grave». Había aludido antes a las diferencias entre nacionalidad y nación.

Henos aquí, pues, ante un planteamiento nacionalista radical y otro más moderado, pero ambos sustentados en ámbitos nominalistas. Tras las palabras, claro está, como apuntaba Roca, hay significaciones y hasta, si se prefiere, formas de entender el mundo. ¿Comprenderá el resto de la España autonómica que sean precisamente los socialistas, quienes hicieron gala siempre de internacionalismo, los que se hayan decidido a abrir, como dice Rajoy, este melón? Tales operaciones, una vez iniciadas, tienen un muy difícil retorno y, cuando finalizan –si terminan–, acaban dejando insatisfechos a unos y a otros, a diestra y a siniestra.

Pero Pasqual Maragall no tiene miedo a enfrentarse a la hidra. Desciende de una saga de patricios catalanistas y moderados y tiene mano izquierda para lidiar, a la vez, con comunistas reconvertidos y los ascendentes partidarios de Esquerra Republicana, siempre imprevisibles. Si tenía que abrirse el melón, porque su madurez así lo requería, no es malo que se haga sin prisas, pero en tiempos relativamente cortos.

Piqué sabe que es preferible estar dentro que quedarse fuera de juego. Y Rajoy, como buen gallego, aunque no lo diga tiene la llave, aunque si cerrara la puerta perdería, por lo menos entre las actuales nacionalidades, lo que puede ganar moderando el proceso.

El espectáculo, sin embargo, se iniciará en el País Vasco, donde todo es previsible, porque el lendakari juega con cartas sobre la mesa, aunque esconda la última jugada. Nos adentraremos, en el próximo otoño, en un proceloso mar de esencialidades, donde los políticos deberían ser sustituidos por historiadores, poetas y metafísicos. Antes de abordar el meollo de la verdadera cuestión, el tema de la financiación, bordearemos con paciencia un amplio debate sobre terminología política que hará aburrir a quienes se sientan atraídos por este melonar en el que vamos a convertirnos. Era inevitable, como lo es la reforma constitucional. Cabe esperar que las esencias nos conduzcan a una mejor existencia colectiva.

No se nota la brújula
Lorenzo Contreras La Razón 26 Agosto 2004

El zapaterismo da la impresión de que su brújula política no funciona. Parece que avanza a tumbos y que sus grandes proyectos, cuando no sus decisiones, equivalen a ocurrencias. Ahora mismo, el anuncio de que la inmigración ilegal instalada en España, sin papeles, será regularizada, suena humanitariamente bien y prácticamente fatal. No es ninguna barbaridad decir que la medida en proyecto va a producir un «efecto llamada». Ya lo está produciendo. Ya se está notando en la actividad de las mafias y en la avidez con que los inmigrantes potenciales se han agolpado ante los consulados españoles de los países donde esa población, con sus explotadores detrás, cree ver el cielo abierto. Mientras tanto, las pateras siguen arribando a nuestras costas, con Marruecos desetendiéndose del problema, exactamente igual que venía haciéndolo inveteradamente, por más que la secretaria de Estado de Inmigración, Consuelo Rumí, se indigne cuando esta realidad se denuncia, ya que la considera una imputación injusta contra el reino alauita y sus autoridades. De las patrullas mixtas para la vigilancia del Estrecho, poco fehaciente consta. Pero ahí está el optimismo oficial izando su bandera de éxitos.

Aunque sea una imagen manida, se puede decir que al circo que viene montando Zapatero le crecen los enanos. La idea de las ministras «Vogue» recibió todos los plácemes del presidente, si es que no resultó ser fruto de su propia inspiración. Se sabe que supervisó el desarrollo de la «operación fotográfica». Seguramente está orgulloso de la escenificación lograda.

Mientras tanto trasciende el proyecto de otorgar a las comunidades autónomas un derecho de veto en el Senado contra leyes que ellas puedan entender lesivas para determinados aspectos de sus «hechos diferenciales». Esto huele a Maragall y a pago de facturas políticas recientes. ¿Ha meditado bien Zapatero el atasco que se puede organizar? ¿Lo han pensado bien por él sus asesores?

Diríase que el famoso «modelo de Estado» se perfila de antemano a golpe de despropósito. El Gobierno del señor Zapatero, si estos esbozos cobran entidad, estaría funcionando con impremeditación y alevosía. Desde luego no se puede negar que el nuevo Ejecutivo español desarrolla una actividad intensa. Pero ya veremos quién paga los destrozos y cómo se pagan. Cuando se reuna la cumbre de presidentes autonómicos irá sabiéndose si la situación final se parece a una gran ópera o a una opereta más o menos bufa. Algunos de los presuntos convocados –Ibarreche, por ejemplo– reciben presiones para no asistir. Anasagasti, actual portavoz nacionalista en el Senado, condena la multilateralidad de esa cumbre porque entiende que sería «arroz con pollo» y pondría al País Vasco a la altura competencial de Murcia.

Reforma del Senado
El veto
José García Domínguez  Libertad Digital26 Agosto 2004

Con la soberanía nacional ocurre algo parecido. Hay bastantes maneras de destruirla, y la potestad de que una minoría insignificante pueda vetar las decisiones del Congreso Lo tragicómico del debate sobre nuestra identidad que ha montado Pedro Jota es que únicamente los hispanistas extranjeros se atreven a decir España sin miedo y sin pedir perdón por el exabrupto. Ayer le tocó el turno a John Elliott, ese inglés que con su sola presencia desmiente que sea imposible dedicarse a las humanidades sin oler a ajo y gastar camisas de terlenka. Intervino para certificar definitivamente que un optimista no es más que un pesimista mal informado. Porque sólo llegar, declaró: "regresar a las Españas ya no es posible". Con esas ocho palabras, demostró dos cosas más. Primero, que está satisfecho con su cátedra en Inglaterra, y que no aspira a alcanzar jamás otra aquí. Y segundo, que a pesar de haber dedicado toda su vida a estudiarnos, sigue sin conocernos.

Como viene poco, aún no se ha enterado de que la corte se ha instalado de nuevo en Babia, porque un descendiente de Favila ha ganado las elecciones. Ni tiene noticia de que Sancho III se ha afiliado al PNV. Por desconocer, hasta ignora que cualquier día de estos, Almanzor volverá a confiscar las campanas de la catedral de Santiago al grito de Alá es grande y regala papeles para todos. Aquí, menos al Conde-Duque de Olivares, podemos regresar a las Españas, al Estatuto de Limpieza de sangre de Juan II y al Cantón de Cartagena. O al Big Bang, si lo exigen Maragall y Anasagasti en el próximo debate del Presupuesto. Si no, que se lo pregunte Elliott al presidente del Senado, y verá como Rojo encontrará de sentido común eso y lo que haga falta.

Ayer mismo, mientras sir John hablaba, Zetapé, cansado de ver la tele y de pescar atunes, ingeniaba la última ocurrencia para seguir estando a la altura de sí mismo. Ahora, su máximo anhelo es lograr que le impidan gobernar. Y cree que la mejor forma será permitir que lo pueda vetar cualquiera en el Senado. Decía un viejo obispo francés que hay muchos caminos para llegar a la verdad, y que el Borgoña sólo es uno de ellos. Con la soberanía nacional ocurre algo parecido. Hay bastantes maneras de destruirla, y la potestad de que una minoría insignificante pueda vetar las decisiones del Congreso, es una de las más eficaces. En realidad, Rodríguez no quiere que vuelvan las Españas. Él va más allá. Porque lo que de verdad pretende es que regresen las españitas. Ver a la taifa de Murcia enmendando la plana y poniendo firmes a los representantes electos de la Nación española, a eso aspira. El pobre Elliott no debe entender nada. Pero cómo iba a comprender un carca de Cambridge la ultramodernidad de un estadista como Rodríguez. Suerte que detrás llegará Jopep Fontana y volveremos a escuchar sentencias vanguardistas y atinadas sobre el Estado español.

Gallizo y los privilegios de los presos etarras
Luis María ANSON de la Real Academia Española La Razón 26 Agosto 2004

Mercedes Gallizo, directora general de Instituciones Penitenciarias, ha escabechado a Jesús Calvo, director de Alcalá Meco, con el pretexto de ciertos privilegios menores de los que se ha beneficiado Mario Conde, aunque todo el mundo sabe que fueron otros los motivos que decidieron su destitución.

La directora general ha quedado ahora bien atrapada en su propia red. En cuanto el Partido Popular deje de sestear y la AVT concluya sus vacaciones, se exigirá a Gallizo que destituya a los directores de aquellas prisiones en las que los presos etarras disfrutan de trato de favor. En algunas cárceles los terroristas disponen de cuatro horas más de patio de las que deberían tener al ser de primer grado. Los etarras son siempre los primeros en recibir asistencia médica sin esperar turno. Les atienden psicólogos vascos con los que hablan en vascuence sin traductor, por lo que algunos sospechan que los tales psicólogos transmiten y reciben consignas e información. Muchos etarras profieren amenazas contra los funcionarios sin que se les sancione. No pocos cumplen condenas en módulos que no son de primer grado.

A un etarra especialmente sanguinario la autoridad penitenciaria le concedió el lujo no sólo de habitar en una celda unipersonal sino que le facilitó otra celda contigua para que pudiera estudiar filología inglesa y vasca, instalándole un ordenador personal mientras los demás presos deben esperar turno para utilizar el aula informática. Y no cesa el escándalo del acceso a la universidad de los presos etarras, donde obtienen títulos sin la cualificación mínima.
Mercedes Gallizo, pues, tiene ocasión de implantar el principio de igualdad de trato en las cárceles españolas. Y debe empezar por los presos etarras en lugar de hacer demagogia con Mario Conde.

Reforma inviable
Cartas al Director ABC 26 Agosto 2004

La tan cacareada reforma del Senado no deja de ser un «caramelo» que el Gobierno ofrece a sus socios sin saber muy bien en qué consiste o cómo llevarla a cabo. Reformar el Senado para que las CC. AA. tengan más representatividad al modo federalista alemán supondría complicar aún más el mosaico autonómico. El PSOE no ha abandonado la idea de un Estado federal para España, sin querer ver que nuestro modelo de Estado ya fue consensuado en la Constitución. Además de un reconocido mal funcionamiento, el Estado federal alemán se apoya en el sistema de los Lander, que en modo alguno son comparables a nuestras Comunidades Autónomas. Los procedimientos de aprobación de las leyes en Alemania pasan por innumerables trámites de votación, que encarecen y bloquean la vida política, por lo que actualmente se han creado comisiones de estudio para llevar a cabo reformas que mejoren el sistema. El modelo federal no es extrapolable a España en absoluto, no sólo por la evidente complejidad de funcionamiento del procedimiento de aprobación de las leyes, sino porque provocaría continuos enfrentamientos del Estado con las CC.AA., contribuyendo así a la causa independentista; y esto no es progreso para España.    Loreto Bassy García-Morato.    Málaga.

NAYAF, ENCRUCIJADA PARA IRAK
Editorial ABC 26 Agosto 2004

EN la lucha por el control de la ciudad santa de Nayaf sólo es aceptable un resultado: la derrota de Moqtada al-Sadr y el desmantelamiento de su milicia. La razón por la que Al-Sadr ha buscado su propia exclusión del futuro político de Irak radica en su oposición permanente a cualquier solución negociada para el conflicto que él mismo ha desencadenado. Este clérigo visionario, sin prestigio alguno en la comunidad chií, que pretende usurpar sin mérito personal la autoridad religiosa que tenía su padre, asesinado brutalmente por Sadam Husein, está buscando la guerra civil entre chiíes y la desestabilización de las instituciones provisionales de Irak. Es su manera de hostigar el liderazgo indiscutible del gran ayatolá Alí al-Sistani en la población chiíta y de pugnar por un protagonismo político que, con toda seguridad, no alcanzaría nunca a través de cauces democráticos normales. Por eso, la violencia de Al-Sadr no es, en ningún caso, legítima, sino puramente terrorista, en la medida en que va dirigida contra instituciones representativas y depositarias de la soberanía de Irak y contra una fuerza multinacional amparada por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

Aunque parezca un contrasentido, la revuelta de Al-Sadr no es consecuencia de la presencia militar extranjera en Irak, sino del derrocamiento de la dictadura de Sadam, quien durante décadas sepultó a sangre y fuego cualquier disidencia. Es la expectativa de que se implante un poder democrático y representativo lo que motiva la ambición de este clérigo, cuyo modelo de Estado mira a la República Integrista Iraní antes que a una democracia respetuosa con la libertad individual. Los chiíes son el 60 por ciento de la población iraquí y quien los lidere espiritualmente estará en condiciones de influir de forma decisiva en la vida política del país. Por eso, la derrota de Al-Sadr no sólo supondrá la victoria de la democracia frente a la dictadura, sino también de la libertad frente al integrismo religioso. Al-Sadr sintetiza, desde su extremismo chií puro, todas las razones por las que el mundo musulmán sigue teniendo problemas insuperables para crear sistemas políticos democratizados y representativos, que reflejen la libre voluntad de sus ciudadanos, considerados con un trato de igualdad jurídica y política.

Los errores tácticos de EE.UU. en la postguerra -con el horror de Abu Ghraib en primer término- también han fermentado el apoyo visceral -más emotivo que militante- que prestan a Al-Sadr los sectores sociales más desfavorecidos y los más sensibles a las proclamas nacionalistas, bien cebadas por el dato objetivo de la presencia militar extranjera. Pero si algo cabe reprochar a Washington en este caso es no haber terminado antes con la revuelta de Al-Sadr y haber confiado en la mutación civilizadora de un personaje atrapado por su violencia y que se ha hecho a sí mismo incompatible con el proceso democrático abierto en su país. En cualquier caso, aunque el antiamericanismo europeo se regocije con Al-Sadr -como con todo aquello que ejerza oposición a EE.UU., ya sea dictadura o grupo terrorista-, su derrota es imprescindible para allanar el camino a la democracia en Irak.

La UIMP analiza los desafíos del español ante la mundialización
MARÍA DE LAS CUEVAS SANTANDER ABC 26 Agosto 2004

Es evidente el éxito de la lengua española por el aumento de hispanohablantes. «El desafío está en que este acontecimiento no se limite al habla y seamos capaces de constituir una lengua de cultura y alcanzar un territorio muy amplio para la cultura hispánica», apuntó esta semana José María Pozuelo Yvancos, profesor de la Universidad de Murcia y director del II Curso de Filología para jóvenes hispanistas que se imparte en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo de Santander.

La codirectora de este curso y profesora de la Universidad de Nueva York, Lía Shwartz, añadió que «hemos estado en competencia directa con las culturas anglosajona y francesa, que han dirigido siempre el movimiento intelectual; ahora llega el momento del español». Ambos hispanistas destacaron la suerte de que nuestra cultura no esté encerrada en un solo país: «El español tiene centenares de fronteras, como lengua y como literatura escrita. Y España tiene una responsabilidad mayor, como nación originaria».

Establecer programas conjuntos
Lía Shwartz añadió que «en cada universidad se enseña de forma distinta y este curso quiere establecer programas conjuntos, así como facilitar que la comunidad de investigadores y críticos humanistas se entienda y no, como ocurre en muchas ocasiones, se trabaje al margen unos de otros y sin compartir conocimientos».

El encuentro reúne a 32 jóvenes investigadores de literatura y lengua española procedentes de distintas universidades del mundo que, como afirmó Schwartz, «serán los profesores que nos releven en un futuro a corto plazo». El objetivo «es definir las fronteras del hispanismo en medio del fenómeno de la mundialización, de la mal llamada globalización -puntualizó-, puesto que esta palabra procede de la traducción de la lengua inglesa y nosotros, como defensores del hispanismo, tenemos un término propio de raíz latina que debemos poner en circulación».

A lo largo de las tres semanas que dura el curso se imparten clases que van desde Garcilaso de la Vega o Cervantes hasta Neruda. Es por ello una oportunidad para volver a estudiar a los grandes clásicos y, también, a los clásicos de mañana, como Luís Mateo Díez y otros escritores que explicarán a los alumnos el mundo interno e imaginario de cada novelista.
 

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