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Recortes de Prensa     Lunes 30 Agosto 2004

Francia frente a su contradicción
EDITORIAL  Libertad Digital30 Agosto 2004

Francia, también
Editorial La Razón 30 Agosto 2004

Ayudar a los asesinos
Editorial El Ideal Gallego 30 Agosto 2004

EL MESTIZAJE
Jaime CAMPMANY ABC 30 Agosto 2004

CHANTAJE TERRORISTA
Editorial ABC 30 Agosto 2004

UNA INVITACIÓN AL CAOS
GERMÁN YANKE ABC 30 Agosto 2004

Los vetos del arbitrismo
Luis González Seara La Razón 30 Agosto 2004

El bobo ilustrado
Agapito Maestre  Libertad Digital30 Agosto 2004

¿Qué deuda está pagando
Lucrecio  Libertad Digital30 Agosto 2004

El terrorismo y su coste
Consuelo Sánchez Vicente El Ideal Gallego 30 Agosto 2004

Cuestión de soberanía
Antonio PÉREZ HENARES La Razón 30 Agosto 2004

Los indignados
David Gistau La Razón 30 Agosto 2004

Los comunistas griegos
Francisco Marhuenda La Razón 30 Agosto 2004

El mitin nacionalista de Zarauz
Lorenzo Contreras Estrella Digital  30 Agosto 2004

Paz y plan
FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo 30 Agosto 2004

Hablando alto y claro
Cartas al Director ABC 30 Agosto 2004

Nuevas ideas para una nueva era
ABC 30 Agosto 2004

Pendás: «El siglo XXI necesita ideas y sólo damos anacronismos y viejos tópicos, como el nacionalismo»
ÓSCAR BELLOT MADRID ABC 30 Agosto 2004

Ibarreche «regaló» 83.000 euros a la revista infantil abertzale «Kili-Kili»
C. S. Macías La Razón  30 Agosto 2004

La Universidad busca alumnos en Asturias, Castilla y Portugal
Redacción / A Coruña El Ideal Gallego 30 Agosto 2004

Rebajas
Nota del Editor 30 Agosto 2004




 


Francia frente a su contradicción
EDITORIAL  Libertad Digital30 Agosto 2004

Francia tiene una responsabilidad inmensa en las próximas 48 horas. Si cede al chantaje las consecuencias pueden ser escalofriantes para la causa de la libertad en Irak y para los iraquíes mismos La lectura simplona que nuestros progresistas hicieron de la masacre del 11 marzo ha vuelto a ponerse en evidencia. Según esta curiosa visión de los hechos, que ha calado a fondo en la sociedad española, los terroristas islámicos que hicieron saltar tres trenes por los aires en Madrid estaban movidos por una actitud revanchista. Si nosotros habíamos ocupado (sic) Irak lo lógico es que ellos se tomasen la venganza por su cuenta y aplicasen a 192 inocentes su bárbara ley del Talión. El eslogan difundido en aquel entonces por parte de las organizaciones de izquierda, "Las bombas de Bagdad estallan en Madrid", condensaba en estado puro la esencia y el por qué de aquel día de infamia que no olvidaremos jamás.

Con esta justificación mecanicista de todo lo que ha pasado en Irak nuestros izquierdistas han vivido hasta ayer la mar de tranquilos. Si Al Qaeda secuestraba y decapitaba en directo a un ciudadano estadounidense era previsible y perfectamente natural en el perjudicado pero metódico raciocinio de los terroristas. Si el secuestrado era italiano, coreano, búlgaro o filipino también encontraba un lugar en el manualillo exculpatorio de los progres occidentales. Las cuatro naciones se habían enredado en el conflicto y eso es todo lo que podían esperar: la venganza más que comprensible de los que trataban ardorosamente de liberar a su patria. Los insurgentes, tal y como ha venido denominándolos la prensa europea, fallaban en el forma pero acertaban en el fondo.

Hijo bastardo de este planteamiento ha sido otro no menos peligroso y que está en boga entre las mentes pensantes y escribientes de este continente nuestro que ha perdido el rumbo. Si no provocamos a los insurgentes ellos no nos harán nada, nos dejarán en paz y podremos vivir tranquilos. Si nos ponemos de su lado y denunciamos la intervención norteamericana y los pecados de occidente nos ganaremos además su bendición. El ministro español de Exteriores, el nefasto Miguel Ángel Moratinos, es la cara diplomática y blandengue de este enfoque entreguista, cobarde y vergonzoso.

Todo hasta ayer, último domingo de agosto, funcionaba a la perfección para el discurso enclenque de la izquierda europea. Sin embargo ha pasado lo que hace tiempo se esperaba, que los terroristas que la pasada semana segaron la vida del italiano Enzo Baldoni buscasen un nuevo objetivo y una renovada demanda. Y le ha tocado a dos franceses, a dos periodistas del país vecino que, por su nacionalidad y tomando la doctrina progre como referencia, no habrían de temer nada en Irak. Porque Francia, la dulce y pacifista Francia, ha jugado en esta trama a ser el adalid de la concordia y el capitán del dialogo, el poli bueno del occidente malo, la cara amable, tolerante y multicultural de la americanizada Europa.

La realidad, sin embargo, se ha empeñado en poner al Gobierno francés frente a sus propias contradicciones. El ejecutivo presidido por Jean Pierre Raffarin y apadrinado por Jacques Chirac dinamitó hace poco más de un año la Alianza Atlántica en una insólita prestidigitación encaminada a dar a Francia una grandeur que, simplemente, no posee. La responsabilidad del Gobierno galo no puede ser obviada y sus consecuencias las estamos padeciendo. La Alianza Atlántica es el garante de la democracia y la libertad de Occidente desde que, en el campo de batalla, se liquidase al nazismo. Francia no lo tomó en serio y reventó casi sesenta años de unidad de fines con sus aliados europeos y americanos por un patriotismo demodé.

Ahora la solución parece más compleja. Francia ha perdido todo el crédito que alguna vez tuvo en las principales cancillerías del mundo. ¿Cómo van a enfrentarse al órdago que le ha dejado sobre el tapete los, hasta anteayer, insurgentes iraquíes?, ¿de qué manera van a explicar al pueblo francés que toda la demagogia antiyanqui no ha servido para nada, absolutamente para nada? Los asesinos de Baldoni, terroristas islámicos por si no había quedado claro para algunos, han exigido que Chirac retire de inmediato la polémica Ley del velo. Y hasta es posible que lo consigan. Sembraron de muerte y destrucción la capital de España y como premio se han hecho dueños de la política exterior de la octava nación del mundo. Amenazaron a un camionero filipino y a cambio recibieron la retirada inmediata del contingente humanitario de este país asiático. Por la experiencia todo indica que Occidente siempre cede.

Francia tiene una responsabilidad inmensa en las próximas 48 horas. Si cede al chantaje las consecuencias pueden ser escalofriantes para la causa de la libertad en Irak y para los iraquíes mismos. Ante Chirac se presenta ahora una opción que desperdició hace año y medio; demostrar su soberanía ante el terror y su determinación por tres símbolos que forman parte irrenunciable del acervo cultural de occidente: libertad, igualdad y fraternidad.

Francia, también
Editorial La Razón 30 Agosto 2004

Tras la tragedia del 11 de marzo en Madrid, en una parte de la sociedad española se instaló la convicción de que la monstruosa matanza estaba directamente relacionada con el envío de tropas a Iraq. En medio del dolor, desde diversos medios de la izquierda se utilizó desmedidamente el argumento de la «causa y el efecto» con los resultados electorales de todos conocidos. Hoy, sin embargo, el objetivo del terror integrista islámico es Francia, el país de Occidente que más se opuso a la intervención norteamericana en Iraq y que, incluso, rechazó la petición de la ONU de colaborar en la seguridad del proceso de transición política. En este caso, la excusa es la entrada en vigor de una legislación de carácter laicista que prohíbe la exhibición de símbolos religiosos musulmanes, cristianos o judíos en la escuela pública.

Como antes ocurriera en Turquía o en Marruecos, cuyos gobiernos también se distanciaron de su aliado norteamericano en la aventura iraquí, la sociedad francesa ha reaccionado con estupor al secuestro y la amenaza de muerte de dos conocidos periodistas, Christian Chesnot y Georges Malbrunot, ambos en manos del mismo grupo terrorista que acaba de asesinar al informador italiano Enzo Baldoni.

El gobierno de Jean Pierre Raffarin se ve, de esta forma, implicado directamente en la crisis de Iraq y ya ha anunciado un enigmático «refuerzo de su capacidad de iniciativa en la región», que deberá concretarse en los próximos días y que puede significar un cambio en la percepción de la amenaza islamista.

La llamada «ley del velo» en Francia, que alberga en su territorio una de las poblaciones musulmanas más numerosas de Europa, había sido objeto de una gran polémica durante su tramitación; controversia que se extendió fuera de sus fronteras, especialmente en el mundo árabe. Se trata, pues, de un asunto sensible, que Al Qaeda no ha dudado en utilizar. Porque en el enfrentamiento que libra Occidente contra el intregismo islámico no hay fronteras, ni países inmunes.

Ayudar a los asesinos
Editorial El Ideal Gallego 30 Agosto 2004

El sorprendente simplismo que demostraron quienes se empeñaron en vincular el atentado del 11-M con la participación española en la guerra de Irak mirarán ahora perplejos a la situación que ha surgido en Francia. Dos periodistas galos han sido secuestrados y, sus captores, amenazan con asesinarlos si el gobierno de París no retira la ley que prohíbe a las niñas acudir a clase ataviadas con el velo islámico. Curiosamente, si por algo destacó el país vecino durante los días previos a la invasión del estado árabe fue por su postura contraria a la acción bélica. Francia y Alemania encabezaron la oposición europea, y mundial, a las intenciones de Estados Unidos. La acción del grupo integrista ha demostrado, si alguien tenía dudas, que la barbarie y la violencia no tiene aliados. De nada sirve que hasta los líderes musulmanes franceses se hayan unido a su ejecutivo para solicitar la liberación de los profesionales. Sus raptores son los mismos que no dudan a la hora de poner una bomba en un tren español y matar a doscientas personas o masacrar a la población civil iraquí, sus propios paisanos, con acciones suicidas y sanguinarias. Deberían hacer un ejercicio de reflexión quienes, a la larga, justifican sus acciones al buscar posibles responsables más allá de los malnacidos que ponen una bomba, cortan el cuello a un rehén o se inmolan en un concurrido mercado. Al fin y al cabo, seguro que entre los muertos en los trenes de Madrid había decenas de personas que se habían manifestado contra la guerra de Irak y eso no les importó a sus asesinos.

EL MESTIZAJE
Por Jaime CAMPMANY ABC 30 Agosto 2004

EL llorado Jordi Pujol avisa de los peligros del mestizaje. Ya no es sólo la mezcla y el encalome con el charnego lo que puede adulterar la catalanidad pura, el catalanismo, la identidad, el hecho diferencial y toda la pesca. El peligro es ahora más grave porque a Cataluña llegan hispanoamericanos de diversas latitudes, ecuatorianos y peruanos, incas y otros indios varios, eslavos, filipinos, y sobre todo islámicos de todos los pelajes, que son los que más encalabrinan a doña Marta Ferrusola.

Claro está que el mestizaje comporta sus problemas, pero más desgracias trae el purismo, lo mismo de raza, de etnia, de grupo, de tribu o de familia. Aquí en la piel de toro nos hemos mezclado siempre con todo lo que ha venido y con todo lo que hemos encontrado por ahí. Empezamos por ser, de un lado iberos y de otro celtas, y enseguida nos mezclamos unos con otros, y luego los celtíberos se mezclaron con cartagineses y con romanos, con godos y con árabes, y apresuradamente, entre el arribar y el zarpar, con griegos y con fenicios.

Querer mantener la pureza a ultranza, en la raza, en la cultura, en las costumbres, en la salud y en las normas, no conduce a nada bueno. Enseguida se presenta Rosenberg con la exaltación de la raza aria, y después llega Hitler con la esterilización y los hornos crematorios. Los judíos que se aparean en los guetos entre ellos o los vascos que presumen de tener 48 apellidos vascos, llenos de erres y zetas, terminan por cocerse en su propia salsa y pueden acabar casi tan incestuosos como los príncipes egipcios, que se casaban con sus propias hermanas.

Habrá que buscar un término medio entre el aislarse fortificados y el rendirse sin condiciones, con bagajes, tradiciones y sabidurías. Aquí, como en casi todo, lo sabio es seguir el ejemplo que atribuyen (Torcuato Luca de Tena lo puso en verso) a algunos miembros del Opus Dei: «Un ten con ten entre el cilicio y el Remy Martin»). No es bueno que «les pubilles» catalanas bailen la sardana con el pañuelo islámico o con los velos de Salomé, pero tampoco hay que hacer de Cataluña una fortaleza cerrada. Recuerdo que, en la década de los 50 del siglo pasado, hubo un intento para impedir la entrada y residencia de los forasteros en la ciudad de Barcelona. Se trataba de dejar a la «luna de Barcelona» a los españoles que subían desde Andalucía, Murcia o Extremadura en busca de trabajo. Si quisiera entretenerme en buscarlo, hallaría un artículo mío de aquellos años que se tituló «Barcelona, ciudad abierta».

Claro está que yo, como casi todos los españoles, soy producto del mestizaje. A pesar de haber nacido en Murcia, no creo tener mucho de árabe, porque soy blanco como la leche, y cuando me da el sol no me pongo moreno como la niña del «Cantar de los cantares», sino colorado como los cangrejos o como los gambones de Rosas. Pero por otro lado me gustan las alfombras, recostarme en los almohadones, el té con hierbabuena, componer zéjeles y casidas y me pone cachondo la danza del vientre. Ya lo dijeron los conquistadores: «Vamos a mezclarnos los unos con las otras y sea lo que Dios quiera».

CHANTAJE TERRORISTA
Editorial ABC 30 Agosto 2004

EL chantaje a la democracia y la libertad ejercido por los fanáticos islamistas no debe prevalecer, ni en Irak ni en ninguna otra parte del mundo. Los secuestros de los dos periodistas franceses, pero también los de informadores de cualquier otra nacionalidad, son muestra del oscurantismo y de la perversión que definen al fundamentalismo. No se puede acallar la libertad de información en nombre del Islam ni de ninguna religión o credo. La información sirve a la libertad y a la democracia y quienes la cercenan ofenden a la religión. La exigencia del autodenominado «Ejército Islámico» de que el Gobierno francés anule la ley que prohíbe el velo islámico en las escuelas como condición para liberar a los periodistas Christian Chesnot y Georges Malbrunot es un chantaje absurdo e inaceptable y así lo han expresado al unísono el Gobierno francés, todos los partidos políticos y los responsables de la fe musulmana en Francia. Cuando los fanáticos religiosos y los nostálgicos de la dictadura de Sadam redoblan su desafío sangriento sólo cabe una respuesta unitaria, de palabra pero también de acción y de presencia, de la comunidad internacional, cerrando filas detrás del Gobierno de transición iraquí y apuntalando este proceso legitimado por las resoluciones de la ONU. El acuerdo que hizo posible la resolución que lanzó esta transición marcó una inflexión en el conflicto iraquí después de meses de división de la comunidad internacional. Francia tardó en darse cuenta de lo que había en juego el Irak, que en buena parte era ese chantaje inaceptable que ahora le plantea el terrorismo islámico. Y sin un sólo soldado francés en Irak. Nadie está libre, pues, de ese peligro. La precipitada retirada de las tropas españolas ordenada por el Gobierno español, antes de que la ONU pudiese completar su resolución definitiva, se hace cada vez más incomprensible.

UNA INVITACIÓN AL CAOS
Por GERMÁN YANKE ABC 30 Agosto 2004

«Afianzar la estabilidad de nuestro sistema institucional y fortalecer las funciones básicas del Estado (en lugar de poner en cuestión sus fundamentos». Estas palabras del ex presidente Aznar, en el debate sobre el estado de la nación de 2003, le parecen al actual vicepresidente de la Comisión europea, Joaquín Almunia, sospechosas, es decir, el ex secretario general del PSOE piensa que pueden interpretarse, a la vista de la política del PP, como un contrafuero en el sistema autonómico español, como un disfraz para modificar el exitoso entramado de la Constitución española. No creo exagerar cuando este tipo de críticas se acompañan, en este caso como en otros procedentes de la izquierda, de comentarios sobre los recelos iniciales de la derecha sobre la Carta Magna y sobre su empeño por apropiarse de ella unilateral y equivocadamente en los últimos tiempos.

Seguramente el socialismo puede encontrar, revisando textos e intervenciones políticas, un crítico más avisado e inteligente de la política autonómica del PP y de la evolución de su actitud ante los nacionalismos, pero la opinión de Almunia, tan pavorosamente engañado por los nacionalistas cuando pilotaba el PSOE, aparece una y otra vez. Cuando las palabras más razonables sobre la organización de un Estado sometido a las tensiones nacionalistas aparecen como susceptibles de sospecha, en vez de como argumentos para un consenso tan elemental como razonable, hay que estar atentos a lo que pueda ocurrir cuando es a la izquierda a la que le toca gobernar. Cuando se intenta analizar el problema autonómico, y en el caso concreto del País Vasco también, a pesar de la implicación de la violencia y de los nexos políticos del PNV con quienes la sostienen, como un simple «choque de trenes», como la generalización sin más de las intolerancias, hay que poner, además de la atención, mucha cautela al analizar los acuerdos que el PSOE pueda impulsar ahora en esta trascendental materia.

Sobre todo cuando parece abordarse como si de una tertulia se tratara, en la que cada cual puede decir lo que quiera e imponer sus costumbres. En la preparación de la reunión socialista de Santillana, en la que se trataba de exponer con cierta y no lograda concreción algunos postulados de su política autonómica, se llegó a escribir que España era la suma de Comunidades autónomas, lo que suponía una barbaridad histórica y un peligro político, ya que la España actual, la constitucional y democrática, no era fruto, afortunadamente, de acuerdos entre administraciones intermedias, sino de la soberanía de los españoles.

Se terminó por desechar una formulación tan absurda pero me temo que ahora se cuela por la vía práctica: reforma de estatutos a la carta, ventanilla abierta para todo tipo de sugerencias de modificación constitucional, conferencia de presidentes autonómicos, Senado con una determinada capacidad de veto de las comunidades autónomas. La España que debería ser construida por todos, por la soberanía política de los españoles y el respeto a sus derechos individuales, parece elaborarse por la mezcla de ilusorios derechos colectivos y la satisfacción de aspiraciones, por poco razonables que sean muchas de ellas.

A la quiebra de la soberanía se añade, además, el riesgo de ineficacia, porque en un país, Alemania, tan admirado por los socialistas españoles (hasta el punto de aplaudir su mención en el discurso de investidura de José Luis Rodríguez Zapatero), quieren recorrer el camino inverso, eliminando las trabas de la intromisión injustificada de los Estados en la política general. Y se suma, además, una aparente tendencia a olvidar algo que otro socialista, Fernando Buesa, defendió con brillantez en el Parlamento vasco hasta que los asesinos de ETA acabaron con él: que un sistema autonómico precisa lealtad constitucional de los distintos territorios y sus gobernantes, como ocurre en Alemania o Estados Unidos, y que, sin él, es imposible la colaboración para construir el país. Almunia y muchos socialistas piensan que la política autonómica de Aznar, que fue durante años mucho más avanzada que la del PSOE precedente, tenía como origen la necesidad de contar con un puñado de votos nacionalistas. Deberían aplicarse el cuento, sobre todo cuando, más allá de lo ya concedido, se pretende, y a veces se invita, a desbaratarlo.

Los vetos del arbitrismo
Luis González Seara La Razón 30 Agosto 2004

La incontinencia verbal de la llamada clase política es una plaga veraniega con la que debe contarse. Los gobiernos, centrales o periféricos, debieran dar ejemplo de consideración con el ciudadano guardando un comedido silencio, pero ocurre todo lo contrario y no dejan de propinarle alarmas y disgustos. A veces, la alarma deviene en pánico.

Es lo que puede ocurrir con el anuncio del gobierno de establecer un derecho de veto de las comunidades autónomas a las leyes del Parlamento que ellas consideren atentatorias contra sus hechos diferenciales o identidades vernáculas. La ocurrencia es asombrosa, digna de nuestros mejores arbitristas.

Es sabido que en nuestros días imperiales, al lado de los grandes literatos y artistas, nuestra Corte y las grandes instituciones del Reino se veían literalmente asaltadas por enjambres de charlatanes y arbitristas, que algunas veces ofrecían alguna idea interesante, pero que, en general, eran proyectos quiméricos o timos desvergonzados, que nuestros escritores satirizaron de forma despiadada. Cervantes deja definitivamente acuñada la palabra en «El coloquio de los perros», donde el can Berganza describe al arbitrista que, en un hospital de Valladolid, hace confesión de su actividad: «Yo, señores, soy arbitrista y he dado a su Majestad en diferentes tiempos, muchos y diferentes arbitrios, todos en provecho suyo y sin daño del reino». La proliferación y acumulación de arbitristas y proyectos obligó a crear una Junta encargada de examinarlos. Quevedo extenderá su terrible sátira, no sólo contra los arbitristas, sino contra el sistema que los propiciaba. El tiempo fue decantando la frontera entre el arbitrismo pícaro y las ideas y proyectos consistentes, pero, en este país milagrero y voluntarista, siguieron persistiendo excesivas muestras de improvisación y arbitrismo.

Es descabellada la idea de un derecho de veto de las comunidades autónomas a cualquier decisión del Parlamento, que aquellas estimen que vulnera cosas tan ambiguas como la lengua, la cultura, la insularidad, el derecho o «el principio de solidaridad», que se pretende dar a todas las Comunidades para paliar los hechos diferenciales de algunas.

Alguien ha tenido la idea de fijarse en el Bundesrat alemán, donde es necesario su voto afirmativo en cuestiones que afecten a los ingresos fiscales o la autonomía del Land. Pero, con independencia de que ese bloqueo legislativo está resultando paralizante en exceso y se esté pensando en reducir drásticamente las leyes que se pueden bloquear, de ningún modo se atribuye a los Länder la capacidad de bloqueo, que corresponde al Bundesrat como Cámara Alta. Allí, como aquí, la Comunidad que entiende que se han vulnerado sus competencias, debe recurrir al Tribunal Constitucional. Que una Comunidad Autónoma, con «hecho diferencial» o sin él, pueda vetar directamente una ley o decisión del Parlamento, es más que un arbitrismo veraniego: es una aberración que ignora los supuestos de soberanía y representación en que se asienta nuestro sistema constitucional.

Fontana y Álvarez Junco
El bobo ilustrado
Agapito Maestre  Libertad Digital30 Agosto 2004

Esta falacia, auque sería mejor hablar de mentira, es el alevoso estro que tienen estos profesores para hacer ideología, que no política, disfrazada de historia ejemplar y democrática La mayoría de las entrevistas que están apareciendo en El Mundo con algunos historiadores son correctas y ajustadas a la realidad histórica de un país que, sin duda alguna, tiene singularidades propias comparado con otros de la Unión Europea. Porque, en efecto, nuestra historia es más compleja y singular que la del resto de Europa, tanto que a veces sólo pueden entenderse una y otra desde el enfrentamiento, el conflicto de interpretaciones, o sea de historias de España, es más rica, plural y variada que las de nuestros vecinos. Esa complejidad está dando lugar en las últimas décadas a la aparición de un revisionismo histórico, a todas luces necesario para contextualizar debidamente nuestro régimen político, que están poniendo en cuestión la hegemonía de una historia maniquea de buenos y malos, de revolucionarios y conservadores, que desde los años sesenta viene propiciando la "izquierda dogmática" sin otro propósito que utilizar la historia como palanca de instalación en el poder.

Hablar, escribir e, incluso, teorizar sobre un existente, o pretendido, enfrentamiento entre un nacionalismo español por un lado, y unos nacionalismos periféricos por otros, ha sido una de las falacias, o bobada ilustrada, más relevante que ha "creado" en las últimas décadas ésta "izquierda dogmática". Dos entrevistados de El Mundo, dos representantes de esta izquierda obtusa, han insistido en este tópico, como si la Ilustración fuera cosa únicamente de ellos, como si los demás no pudiéramos hacer Ilustración sobre la Ilustración. Me refiero a las entrevistas con el historiador nacionalista (sic) Fontana y con el socialista Álvarez Junco. He ahí dos buenos espejos de la colaboración nacionalista–socialista a la hora de interpretar torticeramente la historia de España. Lejos de cuestionar ese tópico, los dos entrevistados han basado su crítica "abstracta" –tan abstracta es que acaba estigmatizándose un presunto nacionalismo español, mientras se van de rositas, cuando no se aplauden, los reales nacionalismos de Cataluña y País Vasco– a los nacionalismos en este enfrentamiento inexistente.

Esta falacia, auque sería mejor hablar de mentira, es el alevoso estro que tienen estos profesores para hacer ideología, que no política, disfrazada de historia ejemplar y democrática. O peor: porque no tienen valentía, o quizá carecen de inteligencia, para decir que la "izquierda" ha tenido que "desnacionalizar" la nación democrática, España, para alcanzar el poder apoyándose en nacionalistas, o sea, ventajistas y falsificadores de la historia de España, se inventan un choque entre nacionalistas españoles y periféricos que a todas luces es inexistente. ¿Cómo se llama el Partido Nacionalista Español que está en el Congreso de los Diputados enfrentándose permanentemente a PNV, CiU, ERC y PSC? Nadie lo sabe, porque no existe; pues entonces que callen los fontanas y juncos. Su crítica del nacionalismo es filfa.

Moratinos
¿Qué deuda está pagando?
Lucrecio  Libertad Digital30 Agosto 2004

No se nombra a alguien como Moratinos al frente de un ministerio así para hacer alta política. Sí, para negociar una rendición Fue, primero, el nombramiento mismo. La faraónica incompetencia del diplomático – es un decir – Moratinos convertía su ascensión al ministerio de Exteriores en la mejor farsa política desde la desternillante Sopa de Ganso de Groucho Marx. Lo que vino luego, no hizo sino confirmar lo previsto. No se nombra a alguien como Moratinos al frente de un ministerio así para hacer alta política. Sí, para negociar una rendición. Con la única gente con la cual el tal presunto diplomático posee –o asegura poseer– una relación privilegiada: los terroristas de Arafat y, a través de su mediación, la dispersa galaxia multicéntrica del yihaddismo.

Todo se ha ido ajustando a esa plantilla de rendición pactada, desde la semana misma de la formación del gobierno de Rodríguez.

a) Las fuerzas militares españolas fueron retiradas de Irak, exactamente en los términos en que los asesinos del 11 de marzo lo habían exigido: inmediata e incondicionalmente; sin aguardar siquiera el plazo fijado por Rodríguez y los suyos durante la campaña electoral.

b) El inmediato viaje de Rodríguez al Marruecos del tirano Mohammed, por cuyos intereses en España tan fielmente se cuida el Padrino González, tuvo todos los atributos simbólicos de una pública ofrenda de lealtad a aquel a quien, como descendiente que es del Profeta, consideran nuestros socialistas eslabón clave para refrenar los impulsos asesinos de sus súbditos en España.

c) La cesión del Sahara a Marruecos, sin ni siquiera la mediación de un debate parlamentario, confirma tal sumisión y tiene todas las apariencias de un contrato de compra–venta, cuyos términos exactos son tan previsibles que ni siquiera parece necesario hacerlos públicos.

d) La aceptación de que los cavernícolas ulemas enseñen islamismo –esto es, entre otras cosas, privación de la plenitud ciudadana a las mujeres– en nuestros centros de enseñanza, con cargo a los presupuestos del Estado, da señal de hasta qué extremo de humillación pública y violación constitucional (la básica igualdad ante la ley) están dispuestos a despeñarse los socialistas españoles con tal de conseguir piedad de sus interlocutores musulmanes.

e) La guinda, por el momento, la acaba de poner Arafat. Ese íntimo de Moratinos. Ese asesino en activo, probablemente el más cargado de cadáveres de cuanto siguen en ejercicio activo. Arafat propone que España sea su valedor ante los odiosos demócratas israelíes. Y encarga al Presidente Rodríguez que se haga un viajecito oficial hasta la Mukata para rendirle a él –que es, al fin, el que más manda en la cosa terrorista– la pleitesía que como señor de metralleta y bomba le es debida. Me da que es bastante probable que el tal Rodríguez se preste, al fin, hasta ese extremo.

Duro es decir que hasta ese punto hemos llegado. Pero más duro sería negarnos a verlo.

El terrorismo y su coste
Consuelo Sánchez Vicente El Ideal Gallego 30 Agosto 2004

La amenaza de un grupo terrorista iraquí de asesinar a dos periodistas franceses si el gobierno galo no revoca la polémica ley del velo islámico ha vuelto a darle la razón a quienes vienen manteniendo que, entre la decisión del anterior Gobierno popular de enviar allí a nuestras tropas y la salvajada que el terrorismo islámico perpetró el pasado 11 de marzo en Madrid, no existe la relación causa-efecto.

Francia, que lideró el movimiento del “no a la guerra”, y, antes que ella Turquía y Marruecos, que también se negaron a participar, se ha convertido en objetivo del terrorismo islamista. Condicionar la acción de los gobiernos, chantajeándoles con que, si no ceden a sus pretensiones, el terror que sus crímenes infunden a los ciudadanos podría costarles el poder. ¿Cómo en España? ¿Perdió, Aznar, por llevarnos a la guerra? En mi opinión, ni lo uno ni lo otro; pero, esta la imagen que la obsesión del PP y del PSOE por romperse la crisma en la Comisión del 11-M ha contribuido a asentar en el imaginario de los españoles.

Entretenidos, los dos, en destrozarse, se ha olvidado de que la vida sigue. Y la muerte. Los terroristas son malvados pero no estúpidos. Saben que, además de “publicidad”, necesitan cierta “buena prensa”. Resultar lo menos aborrecibles posible a la sociedad. Y, desde el 11-S, han aprendido a optimizar “costes”. Una masacre como aquella, o como nuestro 11-M, aterroriza los ciudadanos, de esto no hay duda. Pero, precisa una preparación y supone un “despilfarro” de recursos humanos y materiales y un “coste de imagen” mayores que secuestrar a un trabajador estadounidense y degollarle a navaja ante las cámaras por la negativa de Bush a salir de Irak, que también resulta terrorífico.

Perdonar al secuestrado si el país invasor cumple la condición de retirar sus tropas convierte a los terroristas en “guerrilleros” que luchan por liberar su país a los ojos de la opinión pública y transmite la impresión de que son gente “de palabra”. Y si, como en Francia, no pueden alegar la “excusa” de la guerra, eligen un asunto controvertido, como lo del velo islámico. Aunque al Secretario de Estado de Seguridad la resurrección de la “kale borroka” le parezca “una forma desagradable de divertirse”, este verano ETA ha buscado lo mismo que Al Qaeda: el mayor beneficio al menor coste. El método es el único cambio. ¿Cuánto tardará en entender Zapatero, que es a quien ahora corresponde liderar la unidad contra el terrorismo, que el PP ya ha perdido las elecciones?

Cuestión de soberanía
Antonio PÉREZ HENARES La Razón 30 Agosto 2004

Pasarelas, glamoures y talantes van a ser desde este lunes pasado. El baile de verdad empieza ahora, el nuevo Gobierno tendrá que empezar a demostrar ya que sabe dirigir la nave de España y para ello lo primero que tendrá que hacer es asumir y defender sin complejo alguno que es una nave, que ellos están ahora al frente y que no van a permitir que deshagan la arboladura y que cada cual se fabrique una almadía con los restos.

Ése va a ser el gran asunto del curso político que ahora empieza. Ahí es donde Zapatero y el PSOE estarán ante su gran responsabilidad y ante la historia con mayúsculas. Si superan el reto, si se convierten en fragua de vertebración, los ciudadanos españoles tendremos, sin distinción ideológica alguna, una gran deuda con ellos. Si por el contrario traicionan sus propios principios, se entregan a mercadeos y se trasforman en la puerta por la que España como nación se asome al esperpento de los «taifas» independientes, serán responsables de un drama y de una traición a su pueblo, al pueblo español, el que soberanamente les votó y les entregó el timón. Porque es esa soberanía del conjunto del pueblo español la que Ibarretxe y Magarall quieren hacer añicos y decir que nada de lo que este pueblo piense y decida vale ni para Cataluña ni para el País Vasco.

Los indignados
David Gistau La Razón 30 Agosto 2004

De los dos periodistas españoles muertos durante la guerra de Iraq, sólo uno fue convertido en mártir y en causa por sus compañeros de oficio. Julio Anguita Parrado tuvo la mala idea de hacerse matar por iraquíes en vez de por norteamericanos. Lo cual le invalidó como pretexto para la dialéctica anti-americana, y de ahí que fuera olvidado por sus compañeros, que por él ni se concentraron todas las semanas en ninguna parte, ni exigieron justicia, en lo que se tarda en fumar un cigarrillo. Esta indignación selectiva del oficio, que por corporativismo en el fondo lógico tiende a considerar la muerte de un periodista como algo más importante que la de cualquier otro personaje del escenario bélico, explica también la tibieza con que ha sido acogida la espantosa muerte del italiano Enzo Baldoni, primero secuestrado, luego tiroteado y decapitado delante de una cámara de vídeo.

Pero claro, esta salvajada la han perpetrado los «Che islámicos», esa romántica «Resistencia» cuyos excesos bárbaros jamás cabrean demasiado a los anti-americanos porque necesitan conservarlos limpios como pretexto para su dialéctica. No resulta difícil imaginar la que se habría montado en las columnas de los predicadores de la progresía si al pobre Enzo Baldoni lo hubiera matado de forma casual durante los combates de Nayaf una bala perdida disparada por tropas americanas.

Este doble rasero anti-americano viene aplicándose en la valoración de todos los sucesos del conflicto. Las torturas de Abu Ghraib alcanzaron la opinión pública al mismo tiempo que el vídeo gore de la decapitación por Zarqawi de Nicholas Berg, un empleado civil, pero culpable de ser americano. En aquellos días, la indignación progre sólo atendió a Abu Ghraib, pero no alcanzó para convertir a Berg en negrita de columna: su horrible muerte ni se mencionó en los sermones del eterno domingo progresista. Como tampoco se está mencionando, porque Muqtada Al Sadr es también un argumento necesario para la dialéctica anti-americana, ese tribunal islámico recién descubierto en el que el iluminado chiíta impartió justicia amputando miembros y quemando viva a la gente. Si, aferrados a la obsesión anti-americana, fueron capaces de no ver los crímenes de la barbarie roja, por qué iban a ver, ahora, los de la barbarie islámica.

Los comunistas griegos
Francisco Marhuenda La Razón 30 Agosto 2004

Los regímenes comunistas fueron una de las mayores catástrofes de la historia de la Humanidad. Fueron años oscuros, en los que al igual que hizo el fascismo, hubo una represión brutal, torturas, campos de concentración y todo tipo de monstruosidades bajo el paraguas de la ideología comunista. En todos los países en los que ha gobernado, no hay ni una sola excepción, el hilo conductor entre estos regímenes ha sido el asesinato. Unas manos siempre llenas de sangre. Tras esta trayectoria, lo razonable sería que el termino comunista, por más que algunos pretendan disociar la ideología de su aplicación práctica desde que triunfó la Revolución rusa, hubiera desaparecido. Que se mirara con desprecio a quien lo reivindicara, con la misma intensidad de repugnancia que nos produce el fascismo o el nazismo.

Grecia sufrió las barbaridades de las guerrillas comunistas durante la II Guerra Mundial y en los seis años de guerra civil que provocaron, porque querían instaurar una «democracia» comunista. Británicos y estadounidenses la salvaron de caer en manos de aquel monstruo llamado Stalin. Los herederos de aquellos comunistas griegos, sicarios del stalinismo, aunque ahora sean «demócratas», pusieron una gran pancarta en la Acrópolis en la que acusaban a Colin Powell de asesino. Hay que tener una cara muy dura y una memoria muy frágil para intentar dar lecciones tras ser los herederos de un pasado tan oscuro.

El mitin nacionalista de Zarauz
Lorenzo Contreras Estrella Digital  30 Agosto 2004

Mientras ETA arrecia en la cornisa cantábrica y el borde atlántico gallego con su terrorismo de baja intensidad explosiva, la polémica política parece que afecta seriamente a las relaciones entre la banda y el PNV. En La Coruña y Santiago han sabido ya de estos indicios premonitorios de palabras mayores, aunténticos anuncios o avisos de lo que los etarras son capaces de emprender en cuanto la impopularidad horrorizada de los crímenes islámicos, con el famoso 11M por medio, vaya decreciendo por las normales tendencias del olvido. Será entonces, con alta probabilidad, cuando ETA haga efectiva a la mayor escala su presencia. Entre tanto, procura sacar fruto de la ilegalización de Batasuna y su imposibilidad de participar en el juego electoral clásico, desviando hacia los nacionalistas no violentos las consecuencias de sus propias responsabilidades. A lo cual el PNV ha comenzado a responder, desdiciéndose en alguna medida de sus antiguas protestas por la aplicación de la Ley de Partidos Políticos, al menos en el sentido de suscribir los mismos razonamientos del PSOE y del PP en relación con la proscripción electoral de los batasunos que no condenan los atentados de ETA. Josu Jon Imaz y Joseba Egibar han subrayado que Batasuna “tuvo en su mano la fórmula jurídica” para que la Ley de Partidos no se aplicase, se supone que mediante el procedimiento de recurrir al Constitucional y además condenar los actos terroristas, pero “ETA no le dejó”. Los dos dirigentes nacionalistas dicen que “ahora tienen la cara de decirnos qué vamos a hacer frente a la ilegalización”, para preguntar a continuación: “¿Qué han hecho ellos —los batasunos— además de haberse plegado a ETA?”. La pregunta concreta es de Imaz. Y según Egibar “pudieron esquivar la ilegalización”. Naturalmente, los proetarras no han perdido la oportunidad de insistir en su ya bien conocida queja de apartheid contra los nacionalistas democráticos.

Se va percibiendo un cierto cambio en la actitud peneuvista, no sin un sutil empleo de una supuesta tendencia de “la sociedad vasca” —de toda ella, sin matices ni distingos— en el sentido de que “se comprometería en un proyecto de participación en el Estado español”. Cómo se concretaría ese proyecto, qué exigencias incluiría, es lo que por ahora no especifican del todo, pero cabe imaginarlo. En términos generales, y eso sí lo ha concretado Imaz, se trataría de que “el Estado” acepte a Euskadi como nación al efecto de que luego la nueva nación así reconocida se integrase en el Estado “por voluntad propia”. O sea, referéndum de tipo soberanista.

Imaz habla de la necesidad de que suceda “lo que no ocurrió en 1912, 1931 y 1978”. Pero además exige que la llamada izquierda abertzale apruebe el Plan Ibarretxe y en tal sentido rechace como tal bloque político las imposiciciones de ETA.

Todo esto se expresaba en un tradicional mitin de Zarauz, prólogo del curso político. Imaz dirigió a Zapatero el mensaje de que “por muchas reformas que aborde en su Constitución, la sociedad vasca no aceptará ninguna reforma que no reconozca su identidad nacional y su derecho a participar en ese proyecto con libertad y decisión propia”. Es decir, con una serie de requisitos más o menos pactados con el Estado español. Esto último no fue exactamente lo expresado por Egibar, que sí habló de autodeterminación.

Paz y plan
FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo 30 Agosto 2004

Uno de los argumentos más utilizados en favor del Pacto de Estella fue la alegación de que se trataba de un acuerdo para traer la paz a Euskadi. Lo que no era más que «un proceso de acumulación de fuerzas soberanistas», en palabras del líder de ELA, José Elorrieta, se anunció pública y reiteradamente como un movimiento desinteresado para alcanzar aquello que más desea la sociedad vasca: el fin del terrorismo. El tiempo demostró que aquel pacto no servía para traer la paz.

El lehendakari Ibarretxe se encuentra desde hace tiempo en una duda permanente acerca de la conveniencia de emplear el mismo argumento que en Estella para defender su plan soberanista. Unos días dice que no, que su propuesta no tiene relación con la existencia de un problema de violencia, pero otras veces no puede resistir la tentación y presenta su iniciativa de nuevo estatuto como el bálsamo de Fierabrás, un curalotodo que acaba con cualquier dolencia, incluido el terrorismo. En este registro se pronunció en su última comparecencia pública, el pasado 18 de agosto, en plenas fiestas de Bilbao: «Estamos ante un debate ilusionante y apasionante y con la posibilidad de conseguir la paz y un acuerdo para la normalización política», afirmó.

Lo malo para el presidente del Gobierno vasco es que en apenas nueve días le han desbaratado el argumento. Y lo ha hecho el presidente de su partido, Josu Jon Imaz, al anunciar que ETA boicoteará el plan Ibarretxe «con tiros y bombas». La idea de plan igual a paz ha quedado a los pies de los caballos, pero no es sólo esa asociación de conceptos lo único que queda en evidencia con la constatación de Imaz.

Toda la estrategia del nacionalismo institucional en los últimos años ha estado justificada por la idea de que se pretendía integrar en el sistema político democrático a la izquierda abertzale y a ETA, mediante el ofrecimiento de lo que Xabier Arzalluz llamó «pistas de aterrizaje». En realidad, lo que ha supuesto esta línea de actuación ha sido el acercamiento de PNV y de EA a los conceptos políticos radicalizados de la propia izquierda abertzale, aunque gestionados desde el poder y sin las alharacas de la barricada.

Los pactos de Estella y el plan Ibarretxe responden a esa lógica de hacer ofertas al insaciable mundo de ETA con la esperanza de que alguna vez se den por satisfechos. No se ha percibido que de esa manera, ofreciendo incentivos políticos, se refuerza el comportamiento con el que se quiere terminar. Las palabras de Josu Jon Imaz en Zarautz implican el reconococimiento del fracaso de esa estrategia porque ETA sigue su propio camino, indiferente a los cantos de sirena soberanistas. Falta, sin embargo, sacar las consecuencias prácticas de la admisión de ese fracaso.

Hablando alto y claro
Cartas al Director ABC 30 Agosto 2004

Vivo en Cataluña, donde mi familia y yo siempre nos hemos sentido a gusto. Tenemos amigos catalanes de toda la vida y otros que emigraron aquí, adaptándose a la vida local con total tranquilidad. Desde hace unos cuantos años, las autoridades locales quieren hacernos creer que somos distintos al resto de España, y esgrimen, entre otras razones, el tema del idioma. Hoy este periódico informa de que nuestros representantes están solicitando que el catalán sea reconocido como idioma oficial en el seno de la Unión Europea. Para justificar su supuesta implantación, suman las poblaciones de Cataluña, Valencia y Baleares.

Aun queriendo mucho a la tierra que nos acoge, lamento decirle que, al menos en Cataluña, no creo que existan más de un millón y medio de catalonoparlantes, después de todas las artimañas que han llevado adelante para que se introduzca.

Pienso que hay que comenzar a hablar alto y claro y poner a cada uno en su sitio. Si no, esto se irá de las manos definitivamente. En Cataluña tenemos las mismas aspiraciones que los habitantes del resto de España, nos preocupan los mismos problemas cotidianos, de empleo, terrorismo, calidad de vida, etcétera. Lo del idioma y ahora el mestizaje no se nos pasa por la mente; son opiniones de los iluminados de siempre, que hay que comenzar a enfrentar con la verdad y contundencia que la situación requiere. Debería haber educación en español para nuestros hijos y dejarse de mentiras de que aquí uno escoge libremente. Sólo los que ganan dinero pueden enviar a sus hijos a colegios extranjeros, donde escapan de esta obligación que pretenden imponernos a los demás. Se está conculcando el derecho a dar a nuestros hijos una educación acorde con los tiempos que se viven, en los que la movilidad es un factor determinante. Como catalán, me opongo a que se reconozca este idioma en la UE. Seguro que será otra rendija por donde se escurrirá el dinero de todos.      Fernando Creus.     Barcelona.

Nuevas ideas para una nueva era
ABC 30 Agosto 2004

Antonio Elorza será el encargado de abrir el seminario «Ideas políticas para el siglo XXI» con una ponencia sobre «El islamismo y sus variantes». A continuación, Fernando Vallespín presentará las «Perspectivas actuales del socialismo». La otra cara de la moneda, el liberalismo, será desgranado por José María Lasalle. Mañana, tras la conferencia de Benigno Pendás sobre el «Nuevo orden mundial, megaterrorismo y choque de civilizaciones», José Antonio Zarzalejos, director de ABC, hará referencia a uno de los temas capitales de la sociedad actual, la conformación de la opinión pública, con una ponencia sobre «Medios de comunicación y democracia contemporánea». Cerrará la jornada Blanca Hernández Oliver, que hablará de «La democracia contemporánea: Parlamento y Estado de Partidos». El miércoles abrirá el turno José María Beneyto, cuya disertación, «Europa como idea y como realidad política», arrojará luz sobre uno de los proyectos políticos de los que dependerán las relaciones internacionales en el presente siglo. A renglón seguido, Jon Juaristi analizará los «Horizontes del Nacionalismo». Cerrará el día Fernando R. Lafuente, director de Blanco y Negro Cultural, quien, en su conferencia sobre «China : del Maoísmo a Internet», expondrá la notable evolución del gigante asiático en las últimas décadas.

El nacionalismo será objeto de debate el jueves. Tras el análisis de José Luis González Quirós sobre «Patriotismo, nacionalismo y las fronteras del mundo», Fernando García de Cortázar expondrá los «Fundamentos históricos de la nación española». Por último, Ignacio Sánchez Cámara se adentrará en los conflictos entre «Conservadores y liberales». La clausura del seminario tendrá lugar el viernes, con las intervenciones de Luis González Seara, quien hablará de «Estado del bienestar y sociedad del riesgo», y Juan Velarde Fuentes, que planteará «Los retos de la economía español de cara al siglo XXI». El propósito, en definitiva, es convertir el recinto habilitado por la Universidad Internacional Menéndez Pelayo en un sólito fermento de ideas con las que afrontar los desafíos ideológicos con los que nace la presente centuria.

Pendás: «El siglo XXI necesita ideas y sólo damos anacronismos y viejos tópicos, como el nacionalismo»
El auge del fundamentalismo, el futuro de los nacionalismos o los vetos de Europa son algunos de los temas a tratar en el curso que dirige Benigno Pendás
ÓSCAR BELLOT/MADRID ABC 30 Agosto 2004

El 11-S, ¿supone el comienzo de una nueva era? Así parecen creerlo los políticos estadounidenses, pero, en Europa, persisten las dudas si nos atenemos a las recientes grietas en materia de política exterior abiertas por las guerras de Afganistán e Irak. Para analizar los retos ideológicos con los que nace el siglo XXI se darán cita a partir de hoy en Santander destacadas personalidades del mundo de la cultura, el pensamiento y los medios de comunicación, que intervendrán en el seminario «Ideas políticas para el siglo XXI», dirigido por el profesor de Ciencias Políticas de la UCM y colaborador de ABC, Benigno Pendás.

La razón del encuentro la proporciona el propio Pendás: «El siglo XXI necesita ideas y la impresión es que sólo le damos tópicos, viejos anacronismos como el nacionalismo o ideas abstractas como la multiculturalidad». Para subsanar esta deficiencia, los ponentes reunidos en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo aportarán sus análisis en un triple plano: la situación actual de las ideologías, el desarrollo de la política internacional y los desafíos planteados al Estado español. El estudio de estos temas se hace tanto más urgente cuanto, según Benigno Pendás, «la nueva situación es mucho más frágil de lo que lo era en la guerra fría». Si entonces existían unos bloques definidos asentados sobre la política de disuasión, ahora nos encontramos ante «una forma de guerra posmoderna, fragmentaria».

Choque de civilizaciones
Pendás considera fuera de toda duda que Francis Fukuyama se encontraba en un error cuando vaticinó el fin de la Historia. Por el contrario, considera más válido el testimonio de Samuel Huntington sobre «el choque de civilizaciones». «La idea de que no son las ideologías las que van a chocar, sino visiones del mundo, creo que es cierta», apunta Pendás. ¿Cómo evitar tal situación?. El profesor apunta al rigor como la brújula fundamental para toda política exterior que aspire a subsistir. «Es muy difícil ganar una imagen internacional importante sin esa solidez. Por eso considero que, quizás mal explicado y sin que la sociedad española estuviese preparada para ello, la intuición básica de que España debía estar en la coalición de la guerra de Irak era una opción importante y novedosa que nos situaba en una posición definida en el mundo», subraya el director de «Albor».

La dicotomía entre europeísmo y atlantismo carece de sentido para Benigno Pendás. El problema, a su entender, radica en que «el mundo del pensamiento está en manos de una izquierda que maneja tres o cuatro clichés como el antiamericanismo, unos derechos humanos concebidos de una forma muy abstracta o un falso igualitarismo que rompe la posibilidad de admirar a los mejores». Pendás estima que querer ver a Estados Unidos como un poder opresor «no tiene ningún sentido».

La inmigración y las reivindicaciones nacionalistas son dos de los temas capitales de nuestros tiempos. En el primer caso, Pendás arremete contra el multiculturalismo «que, al final, a quienes más perjudica es a los propios grupos de inmigrantes, condenados a reproducir esquemas arcaicos de sus sociedades de origen». Por lo que atañe al nacionalismo, Pendás recuerda que la modernidad está en manos de quienes piensan que España «es una nación abierta, plural, fundamentadora de libertades y que, en cambio, lo que está contra el signo de la modernidad son los nacionalismos identitarios, la defensa de los ídolos de la tribu frente a la libertad y el universalismo».

Ibarreche «regaló» 83.000 euros a la revista infantil abertzale «Kili-Kili»
El Tribunal Vasco de Cuentas detecta que parte de la subvención recibió un uso irregular
El Ejecutivo de Ibarreche concedió una subvención de 83.000 euros en en año 2001 a la revista infantil de contenidos altamente abertzales, «Kili-Kili» que se distribuye en las ikastolas vascas tras ser absorvida por la federación de ikastolas. El Tribunal Vasco de Cuentas Públicas detectó que parte de este subvención no fue empleada en lo que había previsto, que era pagar a un profesor de la «Bizkaiko Ikastolentako». En informe del Tribunal vasco fiscaliza también las cuentas de cuatro ikastolas de esta comunidad.
C. S. Macías La Razón  30 Agosto 2004

Madrid- En el informe fiscalizador para el reparto de subvenciones en el ejercicio 2001 además de otros entes se encuentran las ikastolas a quienes los nacionalistas vascos cuidan como «la niña de sus ojos». No en vano, les tienen encomendada la difusión de la lengua vasca y el por algunos cuestionado proceso de euskaldunización de la juventud y del pueblo en general. En el mismo informe estudia una subvención concedida por el Ejecutivo de Ibarreche a la revista «Kili-Kili», distribuida en centros escolares.

Al parecer, esta publicación, según constaba en una separata de la misma, ha sido absorbida mediante convenio con la Federación de Ikastolas de Vizcaya. La revista ha recibida las críticas de numerosos grupos y colectivos por sus contenidos antiespañolistas, incluso, en algunos casos, apologetas de la lucha armada. Como muestra, un botón: «Soberanía, Libertad, Independencia, es la misma cosa, un derecho que nos corresponde a todos, derecho natural, derecho sagrado. Todos queremos ese derecho [...] Para no perder esa soberanía, los Pueblos tienen servicio militar (escuela de enseñar a pegar tiros), ejército (grupo numeroso de jóvenes para defender algo a tiros) y organizaciones semejantes, bendecidas por la ley». Este texto parecía en uno de los números de la revista cuyos lectores son niños vascos.

En el informe del año 2001, el Tribunal Vasco de Cuentas Públicas, asegura que el Ejecutivo de Ibarreche concedió una subvención de 83.000 (unos 13 millones de pesetas) esta revista. Un 14 por ciento de la misma, según el informe de tribunal fiscalizador, se justificó con el pago a una persona empleada por la ikastola «Bizkaiko Ikastolentako» para efectuar, según un acuerdo verbal, unos trabajos que finalmente no fueron realizados. Las cuatro ikastolas fiscalizadas por el tribunal vasco son: «Guipuzkoako Ikastolen Elkartea», «Arabo Ikastolen», «Bizkaiko Ikastolen Elkartea» y «Nafarroa Ikastolen Elkartea».

Los proyectos a financiar más sobresalientes por la La «Guipuzkoako Ikastolen Elkartea» se concretan en la realización del software educativo en euskera (112.000 euros) o la difusión del patrimonio vasco, y otros. En concreto, la partida referida al CD-ROM, incluye gastos que, a juicio de los fiscalizadores, «no han sido posible determinar ya que no se corresponden con los proyectos subvencionados». Además, referido a la justificación de gastos «para financiar la realización de trabajos por 36.000 euros, no se efectuaron las retenciones correspondientes al IRPF».

Tampoco fue posible a juicio del TVCP, «la justificación de las subvenciones concedidas para financiar la realización de 36 actividades de formación del personal docente (4.500 euros) por la falta de facturas de los gastos efectuados». Por tanto, «resulta imposible comprobar la adecuación de los gastos a las actividades subvencionadas». La Federación «Arabaco Ikastolen», «percibió 40.000 euros de los que solamente se fiscalizaron 10.000 euros». La finalidad de ésta se concentra en la educación en euskera y, junto a programas recreativos, educativos y deportivos, la promoción de la euskaldunización del pueblo. La ikastola «Nafarroako Ikastolen Elkartea», cuya función está marcada por la promoción del modelo de ikastola puramente vasca, la divulgación del euskera y la cultura vasca en el ámbito de la educación y en su entorno, percibió 929.000 euros, que al TVCP «no le fue posible verificar.

La más beneficiada
A la ikastola «Bizkaiko Ikastolen Elkartea» le fueron concedidos 372.000 euros. Sus actividades más importantes corresponden a la financiación de la revista infantil «Kili-kili» considerada por algunos un claro instrumento de adoctrinamiento de los niños vascos.

En relación con otra de las actividades subvencionadas con 47,1 % «corresponden a gastos de personal sin que justifiquen las horas trabajadas en cada proyecto». Tampoco se incluyen en los ingresos las subvenciones percibidas de los ayuntamientos por valor de 13.000 euros. De aquí se concluye que esta ikastola recibió un exceso de financiación de 11.000 euros.

Por otro lado, cuando se trata de justificar los gastos «se realiza mediante facturas que no corresponden a esta ikastola sino a personal de otros entes relacionados con ella, pero implica una disparidad entre el beneficiario y el ejecutor del gasto», según el tribunal fiscalizador.

La medida busca paliar el progresivo descenso de estudiantes matriculados en la institución
La Universidad busca alumnos en Asturias, Castilla y Portugal
Redacción / A Coruña El Ideal Gallego 30 Agosto 2004

Los cálculos del Rectorado cifran en un 13% el descenso de ingresos por matrículas para el próximo curso lectivo
Venderse bien y, si es necesario, traspasar fronteras. Ese es el propósito de la Universidad con la campaña promocional que lleva a cabo en Asturias, Castilla y León y Portugal. El objetivo: buscar alumnos ante el alarmante descenso de matrículas que vive, junto al resto de instituciones académicas de Galicia.

La campaña, organizada por la Consellería de Educación, pretende atraer posibles estudiantes de los citados lugares, para paliar el descenso de alumnado originario de Galicia. El caso coruñés queda patente no sólo con las cifras de jóvenes, sino con su reflejo en los presupuestos de la institución, que demuestran un descenso de los ingresos por matrícula del 13%.

Un problema patente
El problema es extensivo a toda Galicia, razón por la cual las tres universidades participan de la iniciativa. En el año 2000, cien mil alumnos cursaban sus estudios en los campus gallegos. El descenso paulatino se hizo patente el curso pasado: tan sólo 87.000 estudiantes en las aulas universitarias de la comunidad autónoma. Al igual que las instituciones privadas realizan campañas a nivel nacional, el propio conselleiro, Celso Currás, manifestó recientemente: “llega el momento de salir afuera y empezar a luchar por los alumnos”.

Por ello, la campaña se basa en la instalación de vallas publicitarias, inserción de alumnos en medios de comunicación y programación de páginas web específicas para la difusión del sistema universitario gallego. Todo financiado por la Xunta de Galicia, un proyecto que cuenta con una dotación de 180.000 euros. Todo sea por tener las clases llenas.

Rebajas
Nota del Editor 30 Agosto 2004

Resulta raro que las universidades gallegas no consigan atraer alumnos, teniendo en cuenta las enormes ventajas que ofrecen: gallego a tope, lo que les facultará opositar a los funcionariados de la Junta de Galicia, aunque dado que el gallego se aprende en las aldeas, aunque no sea el oficial, no significa que sea necesario pasar por la universidad para tener esta ventaja diferencial.

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