AGLI

Recortes de Prensa     Martes 31 Agosto 2004

El habla va por regiones
Amando de Miguel  Libertad Digital 31 Agosto 2004

Los anónimos responsables
Cristina Losada  Libertad Digital 31 Agosto 2004

Francia bajo el terror
Editorial La Razón  31 Agosto 2004

UNIDAD FRENTE AL TERRORISMO
Editorial ABC  31 Agosto 2004

Tampoco se libra Francia
Editorial Heraldo de Aragón  31 Agosto 2004

Todos somos rehenes
Opinión  El País 31 Agosto 2004

Chantaje terrorista
Editorial El Correo   31 Agosto 2004

La hediondez terrorista
Rosa María Vera La Razón  31 Agosto 2004

Un espectro se cierne sobre Nueva York
Juan Carlos Girauta  Libertad Digital 31 Agosto 2004

Si los matan
José García Domínguez  Libertad Digital 31 Agosto 2004

Espaciando el terrorismo
Iñaki Ezkerra La Razón  31 Agosto 2004

Estado de estados
José María CARRASCAL La Razón  31 Agosto 2004

La trampa de la equidistancia
EDITORIAL  Libertad Digital  31 Agosto 2004

EMPIEZA LA «REENTRÉ» POLÍTICA
LUIS IGNACIO PARADA ABC  31 Agosto 2004

Aguirre y las aberraciones políticas
Luis María ANSON La Razón  31 Agosto 2004

LA COMPETICIÓN REGIONALISTA
EDURNE URIARTE ABC  31 Agosto 2004

Freno a la presión del PSC
Editorial El Ideal Gallego  31 Agosto 2004

A pesar de ETA... y del PNV
JUAN JOSÉ R. CALAZA La Voz  31 Agosto 2004

Reforma vasca
Opinión El País   31 Agosto 2004
 

NAFTALINA
Ignacio CAMACHO ABC  31 Agosto 2004

¿Cuadratura del círculo
Lorenzo Contreras La Razón  31 Agosto 2004

Escoltados bajo presión
Juan BRAVO La Razón  31 Agosto 2004

Incógnitas de otoño
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo  31 Agosto 2004

ROSA REGÁS
César Alonso DE LOS RÍOS ABC  31 Agosto 2004

Mayor Oreja cree que sería un error que el PP de Rajoy marcara diferencias con la etapa de Aznar
Agencias  Libertad Digital  31 Agosto 2004

Antonio Elorza afirma que el islamismo es arcaizante y se ha quedado estancado
MARÍA DE LAS CUEVAS ABC  31 Agosto 2004






 


Errores y erratas
El habla va por regiones
Amando de Miguel  Libertad Digital 31 Agosto 2004

La web dispondrá como mínimo de una versión íntegra en lengua catalana y otra en un idioma internacional no oficial en el estado español Las cuestiones idiomáticas se ven muy condicionadas por el lugar donde se habla. No es solo que haya curiosas variaciones léxicas de una a otra región, sino que la cosa se complica en las regiones donde hay dos lenguas familiares. Habrá que ver también el lado divertido del asunto.

Juan Campos Calvo-Sotelo es un experto en naufragios en la costa gallega. Sostiene que siempre se llamó en Galicia Costa de la Muerte a lo que ahora, en castellano, dicen Costa da Morte. Según sus averiguaciones, ese topónimo en gallego no aparece hasta principios del siglo XX. Es un dato interesante. Estamos ante un proceso de rebautizar muchos topónimos en las lenguas regionales (las que no llegan mucho más allá de la región donde son oficiales). Por mi parte puedo decir que, en las varias novelas gallegas de hace un siglo, en las que se habla de la Costa de la Muerte, nadie escribe Costa da Morte. Ni siquiera es así cuando el escritor, en castellano, introduce algunas palabras y expresiones gallegas.

Mercedes González (El Ferrol, La Coruña) recuerda que las señales de tráfico, cuando se escriben, deben estar en español, aunque pueden acompañarse de la versión en el idioma privativo de la región. Eso es lo que dice la ley ─sigue doña Mercedes─ pero no se cumple, lo que pone en peligro la seguridad de los viajeros. Señala un truco que han inventado en la autopista que va desde Burgos hasta la frontera con Francia. Al atravesar la raya de Burgos-Álava, en lugar de escribir las señales de tráfico, se inventan un lenguaje icónico, de “figuritas”. De ese modo no tienen que escribir nada en “la lengua del invasor”. Gracias por la perspicaz información, doña Mercedes. El asunto resulta entre dramático y pueril. Por ese camino llegaremos a redescubrir la escritura jeroglífica, como la de los egipcios.

Rafael Manzano (Barcelona) me envía toda la documentación que demuestra el sesgo lingüístico de la Generalidad de Cataluña. Se trata de una cosa nimia, las condiciones para que las empresas puedan recibir una determinada subvención. La idea es promover el uso de la informática. La subvención se da a las empresas que dispongan una página web. La condición es: “La web dispondrá como mínimo de una versión íntegra en lengua catalana y otra en un idioma internacional no oficial en el estado español”. Como lo oyen.

Lo del género de los sustantivos que no tienen sexo provoca divertidas polémicas. Antonio Javier Sánchez Heoncia (manchego de nación con antecedentes andaluces) veranea en el Bierzo donde registra una curiosa modalidad. Mi comunicante reconoce el principio general de que “los árboles frutales suelen denominarse como masculinos, salvo algunas excepciones, como son la encina o la higuera”. Añado yo que hay más excepciones: la palmera, la morera, la chumbera, la parra. Bien es verdad que, en los dos últimos casos, serían más arbustos que árboles, como la zarzamora. Pero a lo que voy. La noticia curiosa es que en el Bierzo se dice “la peral”, “la manzanal” o “la castañal”. Añade don Antonio que en Jaén ha visto que a los olivos digan algunos “las olivas”, no a las aceitunas sino a los árboles. En la variedad está el gusto.

Alfredo Llaquet Alsina (Pueblo Nuevo, Barcelona), habitual de esta seccioncilla, vuelve a la carga con lo de los femeninos genéricos. A don Alfredo le parece de perlas que un hombre pueda sentirse orgulloso al decir “soy enfermera” o “soy ama de casa”. Por lo mismo ─sigue él─ una mujer podría sentir un parecido orgullo al decir “soy abogado”. Tiene todita la razón. Lo que pasa es que ese es el reino del deber ser o del podría ser, que está al otro lado del espejo. Yo no soy enfermera, maldita sea, pero sí me siento ama de casa, loado sea Dios. Cuando en la cola de la carnicería alguien me dice “¿Es usted la última?”, contesto, “La última soy yo”. Y al que le pique, que se rasque.

Secuestros en Irak
Los anónimos responsables
Cristina Losada  Libertad Digital 31 Agosto 2004

Ya antes del 11-S, los islamistas habían catado la blandura de las carnes del mundo democrático: durante veinte años, sus atentados y ataques fueron colando sin topar hueso. Los terroristas islámicos que actúan en Irak, como hubieran hecho cualesquiera otros en las mismas circunstancias, han sacado las consecuencias que eran de temer.

Dado que el impacto de sus asesinatos y secuestros ha conducido a algunos gobiernos a capitular -el primero, el gobierno de España, lo adornen como lo adornen- han seguido apuntando al talón sensible de la opinión pública. Ello ha abierto una gran ventana de vulnerabilidad de la que son responsables, ante todo, los dirigentes políticos, que con su demagogia y sus ambigüedades, han dado pie a que los grupos terroristas puedan siquiera pensar que degollando a ciudadanos de países democráticos lograrán avanzar hacia sus objetivos, sean éstos la retirada de tropas de Irak o la derogación de una ley en Francia.

Ya antes del 11-S, los islamistas habían catado la blandura de las carnes del mundo democrático: durante veinte años, sus atentados y ataques fueron colando sin topar hueso. Un misil sobre la arena del desierto y poco más recibieron de respuesta. El resultado de esta inacción fue su envalentonamiento. A la ceguera, los errores y el oportunismo político de los líderes de las democracias hay que endosarles esa cuenta. Pero desde la guerra de Irak, han aparecido otros que también llevan su carga de responsabilidad por los secuestros y asesinatos de que son víctimas los civiles extranjeros que allí se encuentran: son las personas que ante un hecho así, presionan a los gobiernos para que cedan al chantaje.

Si ante el secuestro de Miguel Ángel Blanco, en las calles españolas se hubiera exigido al gobierno que cediera a la demanda de la ETA y el ejecutivo hubiera aceptado la presión, ¿qué habría pasado? Tal vez, el concejal del PP siguiera con vida, pero la banda terrorista habría encontrado una vía directa al corazón del sistema para imponer sus exigencias, y por ella habría continuado. Los secuestros de inocentes con los que ejercer el chantaje se habrían multiplicado. De cesión en cesión, el país estaría a merced de los dictados de un grupo de asesinos. De los de ETA y de los que se apuntaran a emplear la misma táctica. La responsabilidad de este curso suicida para una democracia la compartiría el gobierno con todos aquellos que, con esas buenas intenciones de las que está empedrado el camino del infierno, abrieron la puerta a la espiral del chantaje.

Incluso los que hayan estado en contra de la guerra de Irak, incluso los que crean que si no hubiera habido esa guerra no habría terrorismo y violencia que pudiera afectarles, debieran entender algo tan sencillo como esto: los terroristas los han utilizado y utilizarán para conseguir lo que quieren. Saben, como sabían los comunistas vietnamitas, que las democracias pueden ganar las guerras en el campo de batalla, pero pueden perderlas en el terreno de la opinión pública. Y a por ella van. Y cuanto más ruidosamente exijan las buenas gentes y los oportunistas de turno a los gobiernos que cedan, más se aplicarán los terroristas en sus acciones criminales.

Francia bajo el terror
Editorial La Razón  31 Agosto 2004

Francia nadaba, a la hora de escribir estas líneas, en un mar de agonía que ya vivieron otros países como España, Italia y todos aquellos golpeados directamente en estos últimos meses por el terrorismo integrista islámico. Se repiten las llamadas a la unidad nacional, manifestaciones multitudinarias, un despliegue diplomático a la desesperada y la sombra del drama que se cierne sobre cada uno de los ciudadanos. Indudables paralelismos, que no esconden un significado político diferente, al tratarse del país de Occidente que ha simbolizado la oposición a la guerra de Iraq.

Muchos parecen sorprendidos, probablemente también no pocos dirigentes franceses, por este ataque a la potencia más amiga del mundo árabe. La primera lección que cabe extraer del secuestro de estos dos periodistas franceses es que el terrorismo islamista no entiende de consideraciones políticas más allá de la burda dicotomía de los «fieles» contra los «cruzados».

El autodenominado Ejército Islámico de Iraq, que ha demostrado carecer de límites morales con varios asesinatos a sangre fría, motiva su chantaje en la ley que prohibirá el velo islámico en las aulas francesas. Poco sentido tiene volver a analizar el contenido de esta medida. Los terroristas podrían haberse servido de cualquier otro argumento para hacer oír sus tambores de guerra. A la barbarie, por desmedida, siempre le quedan recursos para seguir su ciega carrera hacia ninguna parte. A la democracia, muchas veces, le falta respuesta, lo que no justifica buscarlas alimentando la especie de un falso conflicto entre civilizaciones.

Cualquiera que sea el desenlace de esta amenaza, hay que agradecer al mundo árabe su decidida implicación en la lucha por la liberación de Christian Chesnot y Georges Malbrunot. De Palestina a Marruecos, se ha clamado contra este «odioso chantaje», según lo calificaron ayer los embajadores en Francia de los países árabes. Cabe esperar que dicha movilización se repita cada vez que la vida de algún rehén esté en peligro de ser asesinado, sea o no francés, sea o no periodista.

Con estos dos informadores, son once los profesionales secuestrados hasta la fecha en Iraq. Uno de ellos, el italiano Enzo Baldoni, fue asesinado. De otro, el francés Fred Nerac, no se tienen noticias desde marzo de 2003. El resto fue liberado. Esta insistencia por taparle los ojos al mundo, por dejarle sin sonidos, por esconder sus palabras, sólo puede provenir de quienes no quieren que la democracia exista. Ni en Iraq, ni en ningún otro sitio.

UNIDAD FRENTE AL TERRORISMO
Editorial ABC  31 Agosto 2004

PASADAS ya las primeras dudas sobre su autoría, se ha confirmado que las catástrofes aéreas que ocurrieron hace una semana en Rusia fueron actos terroristas. No coincidió con el día 11 del mes en curso, como en EE.UU. y España, pero se trató de un crimen -90 muertos- de dimensiones claramente homologables. Sin embargo, resulta difícil explicar que muchos de los medios políticos mundiales hayan pasado por este suceso como si se hubiera tratado de un acontecimiento ordinario, evitando los gestos tradicionales de consternación y condena que se pueden esperar cuando ocurre un crimen de este calibre. Esa especie de indiferencia equivaldría a establecer cierto tipo de clasificación de los atentados en la que algunos entrarían en una consideración indefinida, como si existieran dudas sobre su eventual legitimidad. Desgraciadamente, Rusia, como antes Estados Unidos y después España, tuvo su día Once la pasada semana. Un brutal e indiscrimanado ataque por parte de terroristas islámicos. Porque no conviene olvidar el origen y las conexiones de todo este entramado. Baste con señalar que algunos integrantes de las células detenidas en España formaron parte de grupos terroristas en Chechenia.

El primer ministro iraquí en funciones, Iyad Alaui, ha hecho unas declaraciones a la Prensa francesa, con copia a Moscú, en las que recuerda que «frente al terrorismo nadie puede ser indiferente», porque no se trata de un asunto que afecte solamente a las víctimas directas, sino que nos convierte a todos en potenciales objetivos de esa violencia ciega. A estas alturas, no se puede ignorar que cualquiera podía haber sido uno de los pasajeros que viajaban en los dos aviones rusos derribados, o puede serlo en otro vuelo que los criminales pudieran lograr abatir en el futuro.

Pensar que el prisma con el que uno contempla los hechos le puede librar de padecerlos es una posición ilusoria. El periodista italiano asesinado el viernes en Irak era un militante de la causa contra la guerra, pero cuando lo mataban vilmente, los terroristas no estaban interesados en conocer la opinión de su víctima, sino en sembrar un mensaje de muerte y aterrorizar a las sociedades del mundo libre. Lo mismo que en Nueva York, en Madrid o a una hora de vuelo de Moscú. Aquí no caben actitudes dubitativas ni oportunismos.

Los organismos internacionales han sido muy críticos con la política del Kremlin en Chechenia, denunciando las sombras sembradas por Putin en la región. A pesar de ello, el líder ruso cuenta con el beneplácito y la comprensión de parte de los líderes europeos (en especial Chirac y Schröder) que acogen con normalidad la inestable situación en el Cáucaso y la calamitosa gestión que Moscú hace de tan sensible lugar. Y ahí no intervienen «tremendos belicistas» como Bush y Blair. El supuesto «pacifismo» que ha orientado su entente con el eje franco-alemán tiene mala cabida en algunas respuestas caucásicas ofrecidas por el Krenlim.

Y también le toca ahora a Francia afrontar esta horrible prueba con el secuestro de los dos periodistas en Irak. En todos los casos, la única consideración posible es que los políticos responsables se sitúen del mismo lado, con coherencia, para no dar tregua a tan tremenda amenaza.

Tampoco se libra Francia
Editorial Heraldo de Aragón  31 Agosto 2004

EL 11-S FUE la culminación de un largo y cruel proceso terrorista del islamismo radical. Aquel hecho desarboló todos los pronósticos y lo convirtió en un antes y un después, cuyas consecuencias siguen activas. Desde entonces, los incontrolables grupos terroristas tienen en danza lo mismo a Occidente que a los países árabes que no acceden a sus pretensiones y prefieren poner sensatez en la justa lucha por los derechos de sus pueblos. Las guerras del Golfo -que preservó a Kuwait-, de Afganistán y de Iraq, no parecen haber servido para parar esa creciente amenaza, puesto que las redes del terror siguen actuando a través de difusas células de difícil ubicación. La desunión de las potencias occidentales frente a este tipo de terrorismo confesional tampoco ha favorecido la efectividad de la lucha. Y no es de recibo imputarlo todo a la participación en la guerra de Iraq como motivo para ser blanco de ese terrorismo.

El caso de Francia es sintomático. Principal oponente a la guerra de Iraq, hasta el punto de distanciarse de sus aliados políticos más sólidos en las dos guerras mundiales (EE-UU y el Reino Unido), es su política de contención del islamismo en la escuela pública la que ha provocado la furia del integrismo armado, uno de cuyos grupúsculos, el Ejército Islámico de Iraq, amenaza con asesinar a dos periodistas secuestrados por su pecado de ser franceses. El primer ministro interino iraquí, Itad Alaui, ha dicho que Francia deberá esperar ataques terroristas en su territorio, e incluso que los habrá en París, Niza y Cannes. Aunque se puede suponer que lleva el agua a su molino e intenta que Francia abandone su recelo sobre el futuro político del país, es cierto que lo que dice es acorde con las amenazas proferidas por otros integristas contra Francia y su política de laicidad.

El integrismo islamista, tras el 11-S, quiere hacer creer que tiene al enemigo en sus manos. Sus métodos son implacables; su organización, atomizada; su liderazgo, difuso. Pero su doctrina y su enemigo son únicos: trátese de Bin Laden, del GIA argelino o de este Ejército Islámico, el enemigo es el Gran Satán, cajón en el que caben países completos y sociedades enteras. Es un retorno a una visión de la historia que los demás musulmanes deben ser los primeros en combatir con denuedo.

Todos somos rehenes
Opinión  El País 31 Agosto 2004

Por vez primera, dos personas, los periodistas franceses Christian Chesnot y Georges Malbrunot, han sido secuestradas en Irak con pretextos que no tienen que ver con la situación local ni con la presencia de tropas de su país. El Ejército de Liberación de Irak, que se ha atribuido el secuestro, ha exigido la retirada en 48 horas -plazo que expiraba anoche, aunque fue ampliado 24 horas- de la ley que prohibirá a partir del jueves llevar velo islámico y otros "signos religiosos ostensibles" en la escuela pública francesa. En realidad, se trata de un subterfugio. El secuestro se produjo una semana antes de esta demanda y de que volvieran las manifestaciones en Francia contra esta ley. Pero indica que estos grupos, vinculados o no a Al Qaeda, están bien informados e intentan apelar globalmente a los musulmanes del mundo.

No lo han conseguido. El chantaje a un Estado democrático como la República Francesa ha sido no sólo rechazado, como no podía ser de otra forma, por el presidente Chirac y su Gobierno, sino por toda la clase política y, muy significativamente, por los representantes de la comunidad islámica en Francia a pesar de su oposición a la ley. Independientemente del apoyo o la oposición a la ley del velo, el jaque desde Irak a Francia ha producido una ola de solidaridad y movilización entre todos los que viven en este país, en el resto de Europa y en buena parte del mundo.

Desde Arafat al secretario general de la Liga Árabe o el partido islamista marroquí Unificación y Reforma, entre otros, han condenado el secuestro. París se ha lanzado a una iniciativa diplomática para evitar -puede presionar, pero no negociar- el asesinato de dos de sus ciudadanos por un grupo que actúa en el triángulo suní en Irak y ha demostrado que cumple sus amenazas. Asesinó al periodista italiano Enzo Baldoni y a otros extranjeros en Irak, cuyos degollamientos en esa plaza pública que han encontrado en Internet están dirigidos a provocar horror. Quizás se sintiera reforzado al haber logrado este verano que Filipinas se comprometiera a retirar su tropas tras poner en libertad a un filipino secuestrado. Pero deberían saber que una democracia como Francia no podría ceder ante un chantaje de este tipo. Las leyes las aprueba el Parlamento en el pleno ejercicio de su soberanía.

Francia pudo creerse a salvo de este tipo de acciones con su oposición a la guerra de Irak y su negativa a enviar tropas. Pero algunos islamistas recordaban ayer que Francia participa activamente en la lucha contra Al Qaeda en Afganistán. En todo caso, lo ocurrido pone de manifiesto que, pese al pecado de origen de la situación en Irak, sus consecuencias nos afectan ya a todos. Poco importa la nacionalidad; todos somos rehenes.

Chantaje terrorista
Editorial El Correo   31 Agosto 2004

Cuando todavía no se ha apagado el dolor tras el asesinato de un periodista italiano, se teme por la vida de otros dos informadores franceses, capturados por el mismo grupo terrorista en Irak y amenazados de muerte, salvo que París acepte el chantaje de derogar la ley que veta el uso del velo islámico en las escuelas y que se aplicará este jueves. La exigencia del autodenominado Ejército Islámico de Irak debe ser insertada en el escenario caótico que prevalece en el país, donde una nebulosa terrorista se entrega a una acción próxima a la industria del secuestro. Hay pruebas de que muchos rehenes han sido liberados tras el pago -después de regatear con intermediarios- de rescates.

El periodista italiano Enzo Baldini fue asesinado porque el Gobierno de su país no accedió a la extorsión de cancelar la presencia militar italiana en Irak junto a Estados Unidos. Como Francia ha rehusado toda ayuda semejante y ha encabezado la hostilidad diplomática y política a la invasión, había que inventar otro pseudoargumento, un pretexto para consumo interno o internacional: que sea abrogada la ley sobre signos confesionales externos que, por cierto, también impedirá portar ostentosamente la estrella de David o un crucifijo visible y grande.

Pedir a los criminales secuestradores que hagan estas consideraciones seguramente es tiempo perdido, pero destacados líderes de las comunidades árabes y la prensa de varios países del área han repudiado la acción y la amenaza de asesinato. La Liga Árabe hizo un solemne llamamiento pidiendo la liberación de los cautivos y, tácitamente, recordando la tradicional política proárabe y propalestina de Francia desde los tiempos del general De Gaulle. La positiva actitud de los dirigentes de la comunidad árabe en Francia, encabezados por el rector de la mezquita de París, acusando a los secuestradores de ser la vergüenza del Islam, debe impedir que la acción propagandística de los terroristas, erigiéndose como defensores del velo, pueda cuajar en la opinión pública árabe y convertir a un grupo de desalmados en defensores de la identidad religiosa de los islamistas. Ninguna sociedad puede ser rehén del chantaje de una minoría fanatizada, ni ningún criminal puede torcer las decisiones adoptadas legítimamente por las instituciones de un Estado de Derecho. Y Francia cuenta, en su firmeza, con todo el apoyo de la comunidad internacional.

La hediondez terrorista
Rosa María Vera es escritora La Razón  31 Agosto 2004

Andalucía es una tierra fecunda, atávica y de valles selváticos; cuyos parajes pintorescos me enamoran cada fin de semana. Con la mochila al hombro y la montaña esperándonos en su fulgor, recorremos la zona donde se asientan los Baños de la Hedionda (Casares), situados a unos dos kilómetros aguas arriba del río Manilva. Sus aguas calientes y sulfurosas curaron la piel de las legiones de Julio César sin que la pestilencia del azufre les acoquinara en el interior del balneario natural.

La naturaleza nos acoge en su madriguera forestal, y respiramos el aire de los vencejos cuando regresan al nido. Nos embadurnamos con arcilla el dolor anímico que atraviesa nuestra superficie cutánea, sin importarnos los arañazos provocados por las zarzas, ni las heridas abiertas al calor de las rocas. Atravesamos pozas profundas, y deslizamos la piel salvaje del explorador ávido de sensaciones, por cascadas que surgen de la sierra de Utrera para regresar a la ciudad con espíritu renovado y las ideas clarificando nuestro corazón de noticias funestas. Y ahora, con el frescor veraniego de las frondas andaluzas y atenta a la realidad mundial, leo con estupor la noticia de que Al Qaida sigue sin respetar los principios del islam al mantener secuestrados a los dos periodistas franceses. El grupo terrorista autodenominado Ejército Islámico de Iraq, y su ultimátum al Gobierno galo de asesinar a los dos terroristas si Francia persiste en aplicar la ley del velo, no deja sino una alfombra de estupefacción e indignación ante tamaño despropósito.

Francia siempre ha sido amiga y aliada de los musulmanes. Su equilibrio y solidaridad con los pueblos que conforman la cultura islámica la han situado en terreno neutral; y su empeño en no participar en la guerra de Iraq ha demostrado que sus principios frente a Oriente y el islam son sólidos y están basados en la igualdad de los derechos humanos frente al terrorismo internacional. El Gobierno galo aplicando la ley del velo no vulnera ningún derecho de culto religioso, puesto que tampoco admite que un alumno lleve alrededor de su cuello un crucifijo de notables dimensiones, o que un judío haga ostentación de su religión con ropas inadecuadas para asistir a clase. Que ahora venga una célula de Al Qaida y amenace con ejecutar a los dos periodistas franceses si Francia aplica el velo en las escuelas, no tiene ningún sentido. Los terroristas están sacando los pies del plato aprovechando neciamente cualquier excusa para darse publicidad gratuita. El chantaje terrorista sólo tiene una respuesta válida: demostrarles a estos rufianes que el mundo no es una órbita que gira alrededor de energúmenos asesinos, sean quienes sean.

Si los corsarios de Al Qaida tienen tanto interés en preservar los derechos del islam, deben empezar ellos mismos por practicar su fe conforme a los principios rectores de su religión. El islam no induce a privar de libertad a civiles inocentes ni a imponer con matanzas indiscriminadas sus costumbres en países ajenos a la religión árabe. El Corán es bastante explícito con respecto a la bondad y la necesidad de justicia y generosidad rigiendo las relaciones humanas. Si los que profesan el islam quieren extenderlo por todos los confines del universo, deben empezar practicando estas bondades y no salpicar una honorable religión con infamias de sangre.

El Ejército Islámico de Iraq está aprovechando los últimos estertores de una guerra para provocar el caos y la desolación entre Oriente y Occidente: bombardeando oleoductos, secuestrando civiles, y dinamitando la paz de su propio pueblo.

La hediondez terrorista deja una estela tan putrefacta, que abona el terreno de su propia tumba. Tanta tierra encima sólo la soportan los muertos. ¿Y acaso el terrorismo no está anunciando su propia muerte?

Estados Unidos
Un espectro se cierne sobre Nueva York
Juan Carlos Girauta  Libertad Digital 31 Agosto 2004

Si hay alguien que trabaja denodadamente en pos de su propia desaparición, ese es el progre americano, el único tipo humano que supera en prejuicios, ignorancia, altivez e incongruencia vital al progre español Un cuarto de millón de manifestantes. Fiesta fúnebre, por los féretros de atrezo, pero exultante de superioridad moral. Los elegidos han rescatado el espíritu suicida de la juventud americana de los sesenta y setenta, que alegre y pacíficamente sirvió a la Unión Soviética y, con ella, al terror. Hoy aceptan como líder natural a Michael Moore, estadounidense multimillonario, mentiroso y déspota que encarna el vasto antiamericanismo y vende empaquetada la basura que desborda los vertederos ideológicos de Occidente.

Si hay alguien que trabaja denodadamente en pos de su propia desaparición, ese es el progre americano, el único tipo humano que supera en prejuicios, ignorancia, altivez e incongruencia vital al progre español. Cuando uno de sus líderes dijo "Ayer Vietnam, hoy Irak", no sabía hasta qué punto estaba resumiendo la continuidad de dos generaciones de especialistas en ponerle la zancadilla a su país y a la libertad. Caprichosos productos de la abundancia, ociosos enredados en paranoias conspirativas, compulsivos jaleadores de todo cuanto intuyen letal para su mundo.

"Ayer Vietnam, hoy Irak", gran lema que podemos asumir porque contiene en cuatro palabras la identidad inconsútil de su largo empeño, el empeño de los hijos de los opulentos de entonces, hoy de los opulentos y sus hijos, por desaparecer de la faz de la tierra. La propaganda soviética diseñó el pacifismo occidental que conocemos y ofreció al indolente y al poseur una causa: la causa del enemigo.

Una propaganda de origen distinto se solapa con la anterior: la que fabricaron los países árabes que no conseguían borrar del mapa a Israel. En este caso sus autores están más vivos que nunca. El hermanamiento liberticida viene de origen, y hoy lo encarna como nadie el comunista Saramago, que acusa a Israel de genocidio. El portugués retoma así la infamia fabricada con viejos materiales de pogromo y difundida al alimón por la Unión Soviética y los países árabes a partir sobre todo de la Guerra de los Seis Días.

En Moscú se elaboró la separación entre antisionismo y antisemitismo. Como entonces la existencia de Israel estaba confundida con el laborismo, como era una de las causas de la izquierda, de momento la puesta al día de la "conspiración judía mundial" no cuajó en la progresía occidental. A partir de la victoria del Likud en 1977 las cosas cambiaron y ya se pudo vender antisemitismo al gran público bajo la etiqueta de antisionismo. La ONU llevaba años intentándolo.

En la manifestación de Nueva York habrán participado no pocos judíos. No tienen la menor idea de quién, cómo y con qué fines usarán sus imágenes, voces y consignas en Europa y en el mundo árabe.

Secuestrados
Si los matan
José García Domínguez  Libertad Digital 31 Agosto 2004

Porque sería necesario explicar otra vez a los telespectadores que los verdaderos asesinos son Bush y Aznar. Todo el mundo intuye cómo reaccionará Rodríguez el día que lo sometan a un chantaje. Y tarde o temprano, ese instante llegará. Siempre llega. Porque como decía Lincoln, se puede hacer cualquier cosa con la Historia salvo escapar de ella. Es inevitable. Como también lo es que detrás de los grandes hombres, de los De Gaulle, invariablemente asomen pequeños pigmeos, los Chirac. Tipos como ése al que ahora le ha tocado su turno. Inanes de los que sólo cabe decir algo digno: no se podría usar su apellido al escribir la primera frase de este artículo. Por esa única razón, lo más probable es que cuando esas dieciséis palabras se publiquen, la Resistencia (o debería poner el terrorismo internacional) haya ejecutado (se dice así, ¿no?) a los dos periodistas franceses.

Si ocurre, no sé si Rosa Regàs se llevará una alegría más grande que la que la invadió pocas horas después del 11-M. O si el compañero Rasputín encargará otra botella de cava. En cualquier caso, lo cierto es que habrá trabajo extra para todos. Porque sería necesario explicar otra vez a los telespectadores que los verdaderos asesinos son Bush y Aznar. En esos menesteres, es costumbre recurrir a algún zurupeto de Ferraz para que lance la primera piedra. Así que, de entrada, se impondría enviar urgentemente a López Garrido al Pirulí. Y que allí dijese muy clarito que la única causa de la violencia islamista es la obstinación de los imperialistas en su rechazo a la vía del diálogo frente a una discrepancia textil. Después, procedería que Rubert de Ventós y Juan Goytisolo redactasen un manifiesto. Podría empezar de esta guisa: Los abajo firmantes, ante la intolerancia de la Iglesia con los hijos de Alá, aquellos que se encerraron en la catedral de Barcelona para mear tras el altar mayor...

A continuación, convendría que Carmen Calvo convocara a Sardá. Y que le regalara dos monigotes para que Carlos Latre les cortase la cabeza con un alfanje, que eso gusta mucho al electorado joven. Al tiempo, Joan Clos y Marina Rosell deberían organizar un concierto en el Forum, con muchas velitas y mecheros, de homenaje a Sadam, a la Resistencia, al Che, a Mahoma y a las doce esposas de Mahoma. Por fin, tras los teloneros y la infantería mercenaria, llegaría el turno del estado mayor. En ese instante, entraría en escena Maragall. Dispondría así de la mejor ocasión para repetir a los vecinos españoles lo que ya dijo en Cataluña: que detrás Al Qaeda hay "un elemento muy importante de rencor con base real". Acto seguido, Moratinos comparecería abrazado a su amigo Arafat y ambos, a un póster dedicado de las Brigadas de los Mártires de Al-Aqsa. Cerraría la campaña Zetapé en persona. Y prometería que mientras un feminista radical ocupe la Moncloa, se seguirá garantizando el derecho a vendar la cabeza y el cerebro de todas las escolares muslimes de España. Luego, un fundido de la cámara sobre la sonrisa del presidente daría paso a la información deportiva.

Espaciando el terrorismo
Iñaki Ezkerra La Razón  31 Agosto 2004

Por una ingenuidad que a estas alturas –o a estas bajuras– ya es imperdonable se valoró positivamente que hasta algunos nacionalistas corrigieran al secretario de Estado de Inseguridad por el modo en que minimizó el regreso de la «kale borroka». Por ingenuidad digo porque eso no significa que el nacionalismo tenga voluntad alguna de combatir ese rebrote del terrorismo callejero. Simplemente tiene voluntad de dejar claro que es, en efecto, terrorismo callejero para así intimidar a la ciudadanía y hacerle ver la necesidad de una solución: el Plan Ibarretxe.

Y es que al nacionalismo le pasó con las declaraciones minimizadoras de Camacho lo que al chantajista cuando muestra un arma que el chantajeado cree de juguete. Los nacionalistas necesitan que la violencia sea tomada en serio pero por razones opuestas a las de quienes deseamos su erradicación. Lo necesitan para hacer efectivo su chantaje. Como necesitan minimizar a la vez esa misma violencia (Arzalluz, Azkuna…) para no tomar medidas contra ella. En resumen: son los nacionalistas –no los demás– los que tienen derecho a minimizar o magnificar –según su conveniencia táctica– la «kale borroka» como la propia ETA negando la eficacia de las medidas policiales o –de forma contradictoria– presentando al terrorista como a una pobre víctima acorralada.

Necesitan, sí, que la violencia sea tomada en serio tanto como la violencia misma sea en destrozos urbanos o en bombas playeras para avanzar en su programa secesionista. Necesitan que ETA y su escuela sigan formando parte del paisaje aunque sea de modo esporádico y sin que se llegue al asesinato. Basta con algún herido que otro y con el miedo que eso genera. Con dos muertos el día anterior el Plan Ibarretxe no puede dar un paso adelante, pero sí con un par de heridos, una docena de detonaciones y otra de cajeros quemados. Con la rabia que trae una tragedia es imposible trabajar por la independecia de Euskal Herria pero con el pánico ajeno sí se puede trabajar a gusto.

Es otra cosa. La gente está como más dialogante, más receptiva a los argumentos del asesino y sus cómplices. Y además con una bomba aquí y un cóctel molotov allá se pueden hacer valer las ventajas de una «tregua» de ETA, pero si no hay cócteles ni bombas hablar de treguas es hacer «el ridi». De este modo debemos estar prevenidos no sólo contra el macroatentado sino contra una fase en la que ETA y la «kale borroka» tengan reapariciones espaciadas que el nacionalismo necesita como agua de mayo. De este modo, la posibilidad de la «tregua» crea en ETA la necesidad de atentar pues la «tregua», para serlo, debe ir escoltada de atentados a su inicio y a su cese. Cada vez que el PNV pide una «tregua» a ETA está pidiendo un atentado que nos haga valorar la bondad terrorista. Por propia definición una tregua no es el anuncio de la paz sino la ratificación de la guerra.

Estado de estados
José María CARRASCAL La Razón  31 Agosto 2004

Una cosa hay que reconocer a los de Esquerra Republicana de Cataluña: no se andan con rodeos ni con remilgos ni con macanas. Ellos le llaman al pan, pan, y al vino, vino, sin disimular lo que buscan ni ocultar lo que rechazan. Sospecho que algo pueden tener que ver con ello las raíces aragonesas de Carod, un hombre que debe de bailar la sardana con botas de jugar al fútbol, habiendo impuesto a sus colaboradores un estilo de hablar y actuar en consonancia. Un buen ejemplo lo hemos tenido en las declaraciones que Josep Bargalló, su sucesor como «conseller en Cap» en el Gobierno catalán, hizo a este periódico el pasado domingo.

Para Bargalló, que Cataluña es una nación ni siquiera se discute. Lo es y punto, lo diga o niegue la Constitución o el lucero del alba. Él va más allá. «La Generalitat –dice– es Estado». No dice «Cataluña es Estado», como Maragall, dejando en el aire si se trataba de «Estado español», lo que salvaba la cosa. No. Lo que para Bargalló es Estado es la Generalitat, el gobierno catalán. Y puntualiza: «Creo que en Cataluña, el Estado no tiene que hacer nada que no sea a través de la Generalitat». En otras palabras: El Estado español no pinta como tal nada en Cataluña. Allí, la Generalitat asume todas las funciones estatales. La Generalitat es el Estado. Miren ustedes por dónde hemos pasado de «España, nación de naciones» a «España, estado de estados». Dentro de poco tendremos que llamarla «Los Estados Unidos de España». O mejor, Desunidos, pues aquí, unidos, lo que se dice unidos, no están ni las señoras ministras, excepto para posar en «Vogue».

No sé si tan audaz apuesta, la de Bargalló, no la de las ministras, les extrañará a ustedes. A mí no me extraña en absoluto. La dinámica interna de los nacionalismos nos lleva irremediablemente a ello. Admitido que somos una nacionalidad, reivindiquemos la nación. Y una vez obtenida la nación, exijamos las funciones y categoría de Estado. Es lógico, es imparable, es incluso comprensible. Si no, no serían nacionalistas. Lo que ya no parece comprensible es que un partido que lleva en sus siglas lo de «Español» los haya hechos socios suyos y que Zapatero pretenda alcanzar pactos de legislatura con ellos. Los únicos pactos que aceptan gentes como Carod-Rovira y Bargalló son para enterrar el concepto de la nación española y convertir el Estado español en un multiestado. No lo digo yo. Lo dicen ellos. Por cierto que Ibarretxe, con su plan de libre asociación, viene a pedir exactamente lo mismo: la fragmentación del Estado español. Su voladura, en suma.

Frente a tal desafío, el gobierno Zapatero inicia el curso político con una parsimonia que uno no sabe si atribuir a nervios de acero, a despiste monumental o a ataque de pánico. La vicepresidenta y portavoz del Gobierno nos ha anunciado que, de entrada, éste se concentrará en las cuestiones sociales, concediendo especial importancia a la «ampliación de los derechos de los ciudadanos», y concretamente, a la Ley contra la Violencia de Género, a la activación de los trámites de divorcio, al reconocimiento del matrimonio entre homosexuales, a la integración de los inmigrantes, a mejorar el nivel de la enseñanza, a la investigación con células madres y, naturalmente, a que la Constitución europea sea ratificada por el mayor número de españoles posible. No niego que todos esos asuntos sean importantes, aunque algunos de ellos resulten controvertidos. Pero que se constituyan en prioridad para el Gobierno cuando sus socios directos e indirectos pretenden cuartear el Estado español me recuerda un poco a Nerón tocando la lira mientras Roma ardía. Prendida por él, recordémoslo. Como en buena parte, este incendio ha sido provocado por las alegrías, compromisos e hipotecas del actual Gobierno.

No sé cómo Zapatero y José Blanco, o José Blanco o Zapatero, van a salir del lío en que se han y nos han metido. Sé, en cambio, perfectamente qué buscan y pretenden aquellos con los que quieren pactar la configuración final de ese ente cada vez más gaseoso llamado España. Y lo sé porque me lo han dicho ellos mismos. «La Generalitat debe ser el Estado en Cataluña», remacha Bargalló en la citada entrevista. O sea, todo el Estado y el único Estado, no dejando resquicio alguno al Estado español. Que se despida Zapatero de pintar algo en Cataluña. Allí, sólo le quieren para que haga las transferencias oportunas y adiós muy buenas, si te vi no me acuerdo. Del Rey, nada dicen. Tal vez le acepten en el palco presidencial, cuando jueguen las selecciones catalana y española, como figura decorativa de estos nuevos Estados Unidos o Desunidos Españoles. Aunque dada su ascendencia republicana, dudamos que acepten seguir bajo una corona, por figurativa que fuese.

Alguno de ustedes creerán que me estoy cachondeando. ¡Ya quisiera! Estoy, simplemente, siguiendo el tren de pensamiento de don Josep Bargalló, «conseller en Cap» del Gobierno catalán y socio del Gobierno español. En la misma doble página de LA RAZÓN donde aparecían sus declaraciones, don José Blanco, secretario de Organización del PSOE y cerebro de nuestro Gobierno, nos tranquilizaba diciendo que «lo que hay que hacer es tener la capacidad de armonizar y no de vetar». Con lo que nuestros temores no hicieron más que multiplicarse. Más, cuando añadía que el objetivo final es «establecer un modelo que dé satisfacción a todo el mundo». Pues como satisfaga al señor Bargalló, ya podemos entonar aquello de «Adiós mi España querida» que Juanito Valderrama reservaba para los emigrantes.

La trampa de la equidistancia
EDITORIAL  Libertad Digital  31 Agosto 2004

El juguete preferido con el que el Partido Socialista ha desafiado en el País Vasco al Pacto antiterrorista es el de la presumida “equidistancia” entre el PP y los nacionalistas. Desde que el ejemplar Nicolás Redondo Terreros fuese defenestrado, la nueva Ejecutiva que se hizo cargo de los destinos de PSE no ha hecho más que fintar con la cancioncilla del punto intermedio, del compromiso y del diálogo. Naturalmente en el País Vasco tal melodía no existe; o se está con la Constitución y con todo lo que ella representa, o se está contra ella y con todo lo que pueda producir el abanico de partidos nacionalistas, esto es, del Plan Ibarreche a los asesinatos de ETA.

Hace apenas dos semanas el secretario general del PSOE en Guipúzcoa, Miguel Buen, aseguraba que los socialistas “no serán un muro de contención de la voluntad de la sociedad vasca”. Sorprendente, los términos empleados y el espíritu están calcados de la jesuítica verborrea de los dirigentes del PNV, especialmente del Lehendakari Juan José Ibarreche. De nada sirvió que poco después Gotzone Mora, concejala en Guecho, enmendase la plana a su compañero de partido recordándole el lugar que corresponde a los socialistas en el País Vasco y cuál ha de ser su verdadero compromiso político.

La maniobra de aproximación viene prolongándose desde hace tiempo magistralmente guiada por el alcalde de San Sebastián. Durante unos meses el secretario general, Patxi López, jugó al redondismo sin más convicción que la que exigía el realismo propio del PSOE en la Oposición. Zapatero no quería quemar su nave vasca, la única que le quedaba con algo de credibilidad, por si en la operación se dejaba un buen puñado de votos en el camino. Desde La Moncloa todo ha sido diferente. Elorza y sus planteamientos, tan cercanos al PNV que casi ni se diferencian, han tomado fuerza. La propia, la que obtiene de su clientela natural en Guipúzcoa, y la que le proporcionan los aires disgregadores y asimétricos de la nueva España maragalesca de nacionalidades históricas, vetos en el Senado y estatutos a la carta.

No es necesario para los que mandan en el PSOE en el País Vasco seguir simulando un constitucionalismo en el que no creen, y que tratan de desmontar pieza a pieza escudados en el supuesto carácter intransigente del PP. Y todo a pesar de que el PSOE vasco ha conseguido sus mejores resultados electorales defendiendo un País Vasco plenamente integrado en la España autonómica, todo a pesar de que nunca una federación socialista había tenido tanto prestigio como la que dirigía con tino Redondo Terreros, valiente político que no cayó en la trampa de una equidistancia que, simplemente, no existe.

Las declaraciones de ayer del Emilio Guevara, antiguo michelín del PNV expulsado de la Sabin Etxea por su pertinaz españolismo, vienen a poner una piedra más sobre el cenotafio de un PSOE que, aunque Elorza crea lo contrario, no tiene cabida en el nuevo estado pergeñado por los arquitectos de la Euskal Herría milenaria. Tras la grisácea cortina de las políticas pasivas y activas relacionadas con la Seguridad Social, se esconde el viejo anhelo nacionalista de hacerse con la gestión del seguro público. Apetitoso bocado que sin embargo se les podría atragantar porque, hoy por hoy y gracias a que este servicio es único para todos, los españoles pueden viajar de una comunidad a otra con certeza de que serán atendidos por los médicos de la comunidad de destino. La propuesta de Guevara es sencilla y un tanto ventajista: Vitoria controla el invento, distribuye prebendas dentro de la finca y si hay déficit el agujero lo tapa el resto, magnifica muestra de solidaridad interregional, soberano testimonio de cómo se entiende eso de la caja única entre cierta parte de nuestra casta política.

Lo relativo al Tribunal Superior de Justicia es, a lo que parece, un remedo del previsto en el Plan Ibarreche y que haría de la Justicia un laberinto regional insalvable hasta para el más curtido de los abogados. Para rematar Guevara nos deja vagas referencias a nuevas competencias que el Estado debe al Gobierno vasco en materias tales como justicia, infraestructuras e investigación. Bálsamo nacionalista sin alcohol, para que no huela demasiado. A falta de concreción todo lo que podemos imaginarnos es que el convoy va por donde tiene que ir, es decir, por la vía adecuada para hacer parada en la estación que Ibarreche designe.

Josu Jon Imaz ha dicho que es una operación de marketing, y ha hecho bien, demasiados halagos tan pronto serían como el abrazo del oso. Joan Tardá sin embargo, que está en Madrid y es de ERC, no está al tanto de las filigranas que se estilan por el norte y se ha apresurado a felicitar a Patxi López por entrar en el juego y por abandonar el pánico escénico (sic). El juego consiste en parecer en el medio estando ya en un lado, el pánico escénico es el que va a padecer López y los suyos cuando comparezcan ante los medios tras el escrutinio de las elecciones vascas del año próximo.

EMPIEZA LA «REENTRÉ» POLÍTICA
Por
LUIS IGNACIO PARADA ABC  31 Agosto 2004
DECÍA Remy de Gourmont que "la política depende de los políticos más o menos como la climatología depende de los astrónomos". Lo escribió así de claro hace cien años en su libro ´Épilogues, réflexions sur la vie´. Era una contradicción con su filosofía vital porque pertenecía a la escuela del simbolismo, movimiento estético que animaba a los pensadores no a expresar sus ideas, sentimientos y valores mediante afirmaciones directas sino mediante símbolos, de manera implícita. Para los simbolistas, la imaginación era el modo más auténtico de interpretar la realidad. De esa forma, se oponían a las tendencias anteriores como el romanticismo de Victor Hugo, el realismo de Gustave Flaubert o el naturalismo de Émile Zola. Hoy, cuando termine la Operación Retorno, el país se va a encontrar de bruces con esa contradicción, porque la política que puede hacerse desde La Moncloa no pasa de ser simbólica y la que ha de gestarse en el Parlamento depende del partido en el Gobierno más o menos como los anticiclones dependen de los hombres y mujeres del tiempo.

El debate de los Presupuestos generales del Estado va a ser la piedra de toque de ese simbolismo que se ha limitado a la retirada de tropas en Irak, la aceleración del divorcio, el endurecimiento de las penas para los maltratadores y algunas otras cuestiones menores. Habrá que ver el coste que impondrán las minorías nacionalistas: lo de Pujol en otras legislaturas pudo ser un juego de niños. Pero cuando lleguen los grandes debates políticos, el referéndum sobre la Constitución Europea, las innovaciones de los Estatutos de Autonomía, la reforma constitucional, se verá claramente que los políticos en el poder, esos egoístas que todo lo hacen por nuestro bien tendrán que pactar apoyos de toma y daca si no quieren verse desbordados por un inclemente calendario de borrascas que no va a depender del poder del partido mayoritario sino del anticiclón del principal partido de la oposición y de los caprichos de algunos microclimas autonómicos.

Aguirre y las aberraciones políticas
Luis María ANSON de la Real Academia Española La Razón  31 Agosto 2004

La democracia rectamente entendida peligra por la bajada de pantalones de Zapatero, genuflexo ante la altivez de algunas autonomías. «Que las comunidades puedan vetar un acuerdo de las Cortes Generales me parece una aberración -ha declarado Esperanza Aguirre-. La soberanía no reside en las comunidades, sino en el pueblo español en su conjunto». Esto es así y la necesidad de los escaños de Carod-Rovira no le permite adulterar a Zapatero el cimiento sobre el que reposa nuestra democracia.

Claro que hay otras aberraciones. Y éstas, de política interna en el Partido Popular. Esperanza Aguirre ha disparado con delicada puntería varios misiles nucleares. «A mí me parece que no hay nada más progresista que bajar los impuestos, ajustar el gasto público a las necesidades de los ciudadanos y no al capricho de los gobernantes. Para mí en política es progresista ser liberal y no ser intervencionista».
El Partido Popular dejó el Gobierno con la cabeza alta, las manos limpias y las arcas llenas. ¿Por qué hay ahora quienes piensan -se pregunta Aguirre- que es mejor disfrazarse de socialista para distinguirse poco del partido de Zapatero?

Intelligenti pauca. En el entorno de Alicia Moreno se está releyendo apresuradamente La enfermedad infantil del comunismo de Lenin para dar respuesta con citas concluyentes a las declaraciones de Esperanza Aguirre, acogidas con general aplauso por los votantes del PP que depositan su papeleta en la urna a favor de los populares, no precisamente para que luego éstos hagan lo que haría el Partido Socialista. Hay mucho borde oportunista en el PP.

LA COMPETICIÓN REGIONALISTA
Por EDURNE URIARTE ABC  31 Agosto 2004

La negociación que emprende esta semana el Partido Socialista para la aprobación de los Presupuestos muestra un lado de la política española demasiado oscurecido por la centralidad otorgada al nacionalismo: el regionalismo. Y me refiero al regionalismo en su acepción más negativa, la de la defensa del territorio sin el adorno ideológico del amor a la nación. Para entenderlo, no hace falta más que repasar las peticiones que condicionarán la aprobación parlamentaria de los presupuestos: contrapartidas para Cataluña, para Canarias, para el País Vasco... Y, en efecto, no se trata únicamente del regionalismo de los partidos regionalistas, casi inexistentes en España, sino del regionalismo que ha sido integrado por los partidos nacionalistas y que es crecientemente importante en su acción.

El nacionalismo de la identidad es, cada vez más, el regionalismo de los intereses. Los sentimientos, los hechos diferenciales y la trascendencia histórica se confunden con las superficialidades y mezquindades materiales. No se sabe dónde acaba la creencia en los derechos a la identidad y donde empiezan las simples ansias de poder de los líderes regionales o las aspiraciones más egoístas de los ciudadanos.

Es cierto que todos los sistemas democráticos incluyen un elemento de competición territorial. La peculiaridad del caso español es el papel que juega y la consideración que recibe. En otros sistemas políticos, son la nación y el debate nacional los que dominan la política; los intereses territoriales tienen un estatus dependiente y secundario. En nuestro caso, ambas categorías están equiparadas.

Pero, sobre todo, la diferencia española es la extendida asunción de que la reivindicación nacionalista y la competición territorial son positivas para España mientras que la motivación nacional es retrógrada. Después de la sugerencia socialista del derecho de veto de las Comunidades Autónomas y las críticas consiguientes, Diego López Garrido aún añadió que «el problema para la reforma del Estado es la actitud del PP». Y Fernández de la Vega sugirió, retadora, que «el PP no debe tener miedo a la reforma del Estado».

Y la actitud socialista no se explica tan sólo por su dependencia del apoyo parlamentario de los grupos minoritarios. Responde también a un clima dominante en el que la apelación a las identidades y singularidades legitima por sí misma cualquier reivindicación y actitud. Tanto es así que apenas nadie osa denunciar el regionalismo de los intereses, protegido y confundido como está por el envoltorio casi sagrado de la identidad.

Tampoco está claro, por otra parte, qué es más preocupante políticamente, si la competición de las identidades o la de los intereses territoriales. Lo que sí está claro es que unas y otros son determinantes para la política nacional, ahora para los presupuestos, luego para otras leyes, a través de partidos que ni siquiera coinciden con la mayoría de los españoles en lo que significa el concepto mismo de política nacional.

Freno a la presión del PSC
Editorial El Ideal Gallego  31 Agosto 2004

La entrada de Montilla en el Gobierno y su continuidad al frente del PSC sólo fue la primera de las condiciones de los socialistas catalanes tras el 14 de marzo. La vuelta a la actividad parlamentaria se presenta difícil para Zapatero. La advertencia de Maragall de que no consentirá un cambio en la Carta Magna que no denomine expresamente a Cataluña como nacionalidad histórica ya marcó la vida política durante el verano, en contra de los propios planes del secretario general del PSOE de no supeditar el futuro debate autonómico. Ahora, la polémica -y otro argumento para que el PP pueda desempeñar su papel de oposición- se ha gestado en su propio Gabinete y el titular de Industria ya ha revelado su intención de copar el protagonismo en la negociación de los presupuestos generales. El presidente debe mostrar su firmeza y no puede permitir que la formación catalana coarte las cuentas del Estado, y menos a través de la presión y las exigencias de privilegios de uno de sus ministros.

A pesar de ETA... y del PNV
JUAN JOSÉ R. CALAZA La Voz  31 Agosto 2004

ROBERTO L. Blanco Valdés, arrojadamente lúcido, inteligente, equilibrado y brillante analista político, entre los más de toda la prensa española, escribía hace un par de días ( «Para no bajar la guardia» , 29-8-2004) en estas páginas: «[...] los etarras no conseguirán sus objetivos. No los han conseguido en treinta años; y no los conseguirán aunque lo intentasen otros treinta». Y al hilo de esa afirmación, que suscribo en cada uno de sus términos, pregunto: ¿hay alguien de por aquí que opine lo contrario? Desgraciadamente, sí, seguramente algún gallego habrá que esté por la labor de ETA -seamos sinceros, todos conocemos en nuestro entorno a más de uno- y que alimenta el revanchismo innato de su pobre vida con la fútil autoayuda que procura la interesada credulidad en la victoria final.

Ahora bien, después de la ruptura de la tregua en 1999 y a pesar de los de-sesperados intentos de ETA por diseminar el terror por doquier el número de turistas en el año 2000 aumentó en España en millón y medio de personas respecto al anterior. Si últimamente el turismo ya no es la gallina de los huevos de oro se debe a la saturación del ciclo de vida del modelo sol y playa , sin relación con la desestabilización que los terroristas pretendían provocar en el sector. Por otra parte, desde el punto de vista de la cuantificación de víctimas, por muy doloroso que resulte el cómputo, hay que reconocer que apenas tiene incidencia pues, por poner un ejemplo, los 1.300 ciclistas fallecidos en las carreteras españolas en los últimos diez años dan como resultado una tasa de mortalidad del 400%, para este colectivo, respecto a los asesinados por ETA en 30 años. Es decir, ETA es un mal de menor entidad en relación con otras desgracias que sufre España (y los países industrializados, en general) con las que nos hemos acostumbrado a vivir, a beber y a progresar. En cuanto a influencia y proyección internacional, el mensaje de ETA puede considerarse nulo toda vez que su brazo político sufrió rechazo tras rechazo en el Parlamento de Estrasburgo. Mejor, en consecuencia, que depongan las armas dignamente porque siendo todavía capaces los terroristas de armar mucho barullo y poner bombas en un estadio de fútbol o en misa de diez ello aceleraría su fin y desprestigiaría más, si cabe, la causa que dicen defender. Recordemos al respecto que el 95% de su ejército está huido o encarcelado.

Entonces, ¿por qué tardamos tanto en vencer definitivamente a ETA? Hay que dejarse de pamplinas y ver las cosas en su cruda realidad: el humus nutricio del terrorismo es el PNV. Antes bien, no se trata de un partido moderado sino de una organización portadora de una ideología teocrática ( «Jaungoikoa eta lagi-zarra» ) y racial extremista que impide la convivencia entre vascos, y entre los vascos y el resto de los españoles. Todo su credo político es una vulgata indecente de aforismos de meapilas y loas a la raza. Si no es así, ¿por qué no renuncian para siempre a la herencia ideológica de Sabino Arana? Cuyos escritos supuran más odio y racismo que los de Hitler. Con tales mentores de la juventud, a nadie debe extrañarle que mientras no se derrote políticamente al PNV no podamos vencer definitivamente a ETA.

De momento, sin embargo, lo que cuenta es que en los últimos veinte años, a pesar del terrorismo, España ha alcanzado una renta per cápita equivalente al 87% de la media europea, partiendo de mucho más abajo. ETA no ha podido frenar el crecimiento español ni la confianza de los inversores extranjeros, lo cual es una derrota total de la organización terrorista. Pero es más aun una derrota del PNV dado que el PIB per cápita del País Vasco creció solamente como consecuencia de la sangría demográfica. De la que tiene una aterradora responsabilidad.

Reforma vasca
Opinión El País   31 Agosto 2004

La alternativa al plan rupturista de Ibarretxe es la defensa del Estatuto de Gernika, pero esta alternativa tiene ahora dos versiones, ambas legítimas: la que propugna mantener el Estatuto en sus términos, que actualmente encarna el PP, y la que plantea ciertas reformas que mejoren su funcionamiento ante deficiencias observadas. El Partido Socialista de Euskadi (PSE) es partidario de esta segunda opción. Emilio Guevara, principal autor en los setenta del anteproyecto del Estatuto de Gernika, expulsado del PNV hace dos años y medio por su oposición a la deriva soberanista de Arzalluz e Ibarretxe, será el encargado de formalizar por escrito las reformas propuestas.

La más llamativa es la dirigida a dar satisfacción a la vieja demanda nacionalista de competencia en la gestión de la Seguridad Social. Los sucesivos Gobiernos de España la han venido rechazando, con el aval del Tribunal Constitucional, argumentando que rompería la unidad de caja: algo que los partidos no nacionalistas, y sobre todo los sindicatos, consideran un principio irrenunciable. Los intentos de hacer compatible el respeto a ese principio con un modelo descentralizado de gestión administrativa se enfrentan a una redacción del Estatuto que condiciona la asunción de la competencia al mantenimiento del "principio de solidaridad" y del "carácter unitario" de la Seguridad Social.

Del resto de propuestas, la más delicada, dependiendo de cómo se plantee, es la relativa al modelo judicial. El plan Ibarretxe propone directamente la creación de un poder judicial autónomo vasco, lo que implicaría una modificación sustancial del título VI de la Constitución. La propuesta del PSE se plantearía en el marco del actual modelo constitucional, y con la voluntad expresa de perfeccionar, y no de sustituir, el Estatuto de Gernika. Y de reconstruir un consenso como el que lo avaló en su día.

El sentido político de la propuesta parece ser contrarrestar el mensaje nacionalista de que la única propuesta sobre la mesa es la de Ibarretxe. Nunca fue así, porque el Estatuto es una alternativa obvia, pero ahora se trata de plantearlo de manera que pueda servir también como reclamo para ese sector del electorado que, aun estando en contra del giro soberanista, ha seguido votando, por inercia, al PNV. Ibarretxe, en su intento de alcanzar un consenso interno de todo el nacionalismo, puso el centro de gravedad de su propuesta en un extremo mucho más próximo del mundo de la antigua Herri Batasuna que de la media del electorado propio. La presencia de Guevara avalando una reforma no rupturista aspira seguramente a restablecer una mayoría autonomista.

NAFTALINA
Por Ignacio CAMACHO ABC  31 Agosto 2004

EN democracia es legal todo lo que no está prohibido, pero eso no significa que todo lo posible sea deseable, ni que todo lo autorizado responda a la conveniencia moral. Existen en la política usos y costumbres perfectamente amparados por la legalidad que, sin embargo, no concuerdan con la ética social vigente en un marco democrático moderno. Así ocurre con el transfuguismo, el bisagrismo o la acumulación de cargos, y muy significadamente con la permanencia prolongada en el poder.

Ocupar el poder por mucho tiempo acaba siempre en un proceso de degeneración política, y con frecuencia también en la corrupción ética. El ejercicio del mando deriva a la larga en una inevitable tendencia al abuso, provoca el anquilosamiento de las estructuras y el abotargamiento de las personas, y suele difuminar la finalidad de servicio que tiene la actividad pública para desembocar en un objetivo ensimismado en torno a la conservación de los propios privilegios. Por eso en algunos sistemas existe la limitación de mandatos como imperativo constitucional. Casualmente, o no tanto, Estados Unidos y la República Francesa, cunas de las dos grandes revoluciones democráticas del siglo XVIII, comparten este precepto derivado de la desconfianza en las tendencias absolutistas y autoritarias de todo mecanismo de poder.

En España no existe tal cortapisa, aunque Aznar la adoptó por su cuenta antes de que la cólera y el miedo desatados tras el 11-M hicieran parecer que fue el pueblo el que le dio la boleta. Por muchos errores que cometiera -a la postre sólo fueron dos, aunque muy notables-, el ex presidente dejó muy alto el listón de la autorrenuncia al establecer un hito inédito en la regeneración política española. Ocho años, dos mandatos, dan de sobra para gobernar bien y hasta, como pudo verse, para embarrancar en los arrecifes del cesarismo y la soberbia.

Por eso sorprende que no haya en el PP liderazgo bastante para evitar que el camino abierto por Aznar se cierre en los roquedales del Finisterre gallego. El problema de Fraga no es que tenga 81 años, sino que lleva en el poder casi quince años y ahora pretende seguir otros cuatro más, como si fuera Franco cuando dijo aquello de «mientras Dios me dé vida y claridad de juicio». Probablemente al viejo león de Perbes le sobren energía y hasta votos para seguir, pero alguien tendría que hacerle ver que ya no procede. Por necesidad de aire fresco, por la ley no escrita de la renovación de las personas y las ideas, por simple coherencia individual y colectiva. Y porque nadie es imprescindible.

Pero eso no hay en todo el PP quien se lo diga a Fraga, que es como una excepción cultural en el panorama del centro-derecha, bastante más derecha que centro en casos como éste. Ni siquiera Aznar consideró necesario imponerle una fecha de caducidad a su antecesor en el partido, quizá porque la daba por descontada y prefirió dejarla caer por sí sola, en manos de la biología. Pero Fraga, que es un prodigio biológico, ha visto signos de debilidad en el posaznarismo y se ha postulado otra vez a sabiendas de que falta coraje y liderazgo para mandarlo a casa. Y de que su renqueante pero decidido paso al frente le quita un problema a Rajoy, tan aficionado a no planteárselos para no quemarse.

Sólo que se trata de una falsa solución. Cómoda para quien prefiera sentarse con indolencia sobre los conflictos a ver si se resuelven solos, pero mala para el objetivo de la renovación a fondo de un partido que ha sido desplazado del poder y tiene que sentar de nuevo las bases para reconquistarlo con el favor de la mayoría. Con la naftalina gallega no se puede reclamar al adversario por enquistarse en feudos como el extremeño o el andaluz. Ni se puede hablar de un partido moderno mientras en Galicia mantenga en liza al único superviviente político de los gobiernos de Franco.      icamacho@abc.es

¿Cuadratura del círculo?
Lorenzo Contreras La Razón  31 Agosto 2004

En ambientes jurídicos ha sido recibida con sorpresa la noticia de que la reforma del Estatuto vasco que proyecta el PSE (Partido Socialista de Euskadi) contemple la cesión de la gestión de la Seguridad Social al País Vasco sin que por ello se rompa el principio de la caja única. Esta fórmula se interpreta como un espectacular ensayo de cuadratura del círculo. Y no menos ha sorprendido que tan compleja reforma haya sido encargada a Emilio Guevara, ex diputado general de Álava y ex dirigente del PNV, hoy separado voluntariamente del partido. Se cree que en la tarea le acompañará, según ha revelado el propio Guevara, el socialista Ramón Jáuregui, ex «vicelehendakari», y el presidente del PSE, Jesús Eguiguren.

Para el 12 de septiembre está prevista la «presentación en sociedad» del fantástico invento, cuya solemnización será realzada con la presencia de José Luis Rodríguez Zapatero y el secretario general del PSE, Pachi López. Guevara pasa por haber sido «padre» del Estatuto de Guernica, pero no se le atribuye una especial preparación jurídica, como tampoco a Jáuregui. Al menos esa impresión existe. De ahí que algunos observadores se malicien que en el proyecto pueda intervenir el catedrático de Derecho Administrativo Jesús Leguina, esposo de la actual presidenta del Tribunal Constitucional, María Emilia Casas. Leguina ya fue en su día miembro del Constitucional y actualmente se le cree autor de importante dictámenes por encargo del PNV. De todos modos, el proyecto de reforma del Estatuto «made in PSE» entraría en competencia con el Plan Ibarreche, por lo cual no dejaría de sorprender que en el contenido de la reforma socialista tomara parte el señor Leguina.

Desde el alto organismo, la señora Casas conoció en su día de la anulación de la sentencia que condenó al general Galindo por los asesinatos de los etarras Lasa y Zabala. El recurso aducía que el general había sido condenado con endeblez de pruebas y posible violación de la presunción de inocencia, pero tales alegatos fueron desestimados por el TC.

Si la reforma del Estatuto de Guernica concede al Gobierno de Vitoria la gestión de la Seguridad Social, aunque garantice el milagro de no romper la caja única, siempre parecerá una circunstancia perturbadora, dado el precedente que crearía y las apetencias que suscitaría en otras comunidades autónomas. Es un asunto delicado que, cuando menos, generará polémica. Se hace difícil concebir que el señor Zapatero pueda avalar esa extraordinaria novedad, que en todo caso debería suscitar alguna reflexión de la presidenta del Constitucional, catedrática de Derecho del Trabajo, una disciplina relacionada precisamente con las normas reguladoras de la Seguridad Social. El proyecto de reforma, tal como se anuncia, parece un parto difícil. Algo verdaderamente raro, raro, raro.

Escoltados bajo presión
Juan BRAVO La Razón  31 Agosto 2004

El anuncio de que el Ministerio del Interior había decidido revisar los servicios de escolta ha desatado la lógica corriente de desasosiego entre los afectados y sus familias, porque lo que está en peligro es la vida y no otra cosa cuando salen de sus casas cada día. Las excusas de que era preciso «racionalizar» la situación por razones presupuestarias y para mejorar las condiciones de trabajo, y que la reorganización sólo supondría un mínimo recorte de efectivos no sirvieron tampoco para tranquilizar a los amenazados, sino más bien para todo lo contrario. Algunos ya han mostrado su inquietud y malestar públicamente.

ETA no está derrotada y tiene capacidad para matar. Las últimas informaciones apuntan además que la banda contaría con varios comandos y que estaría preparando nuevas campañas criminales. Nada justifica, pues, que se hable de racionalización o disminución, con un análisis somero caso por caso de los escoltados. Por eso, circula incluso alguna hipótesis entre los protegidos que sugeriría que la iniciativa podría estar dirigida a presionar a determinados personajes incómodos y críticos con el Gobierno actual. En cualquier caso, este asunto no admite frivolidades ni imprudencias.

Incógnitas de otoño
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo  31 Agosto 2004

Su plan, lehendakari, es una suma de incógnitas. Ayer planteaba aquí Florencio Domínguez una muy pertinente sobre la naturaleza de su plan. ¿Es un plan de paz o, tal como se deduce de las palabras de Imaz, una provocación para ETA, que lo va a boicotear con tiros y bombas?

¿Es un plan para la convivencia amable con España o un plan para la independencia? Sus socios de EA tienen pocas dudas. Rafa Larreina explicaba el domingo con cegadora claridad que la voluntad de los vascos y las vascas tiene un punto de no retorno: «Todos los marcos son provisionales hasta que lleguemos a nuestra meta, que es la independencia». Da miedo pensar que una vez llegados a la independencia, los vascos y las vascas dejen de tener voluntad. Más que una estación Téminus esto sería el noveno círculo del infierno de Dante: «lasciate ogni speranza voi ch'entrate».

Hay más indefiniciones. Por ejemplo, la que se refiere a la naturaleza jurídica del artefacto que usted va a someter a debate en el Parlamento vasco. Usted no pudo presentar su plan como proyecto de ley, en parte, por su proverbial modestia y en parte porque usted carece, según el Estatuto, de capacidad legal para presentar proyectos de ley que sí tiene, solidaria y conjuntamente, el Gobierno vasco. Y sus socios en el tripartito no se lo permitieron.

Esto nos lleva a más incógnitas. Casi un año después de haber depositado el plan en la Cámara vasca, casi dos después de anunciarlo en el debate de Política General, usted y su partido no han conseguido un solo apoyo más. Es que, hasta la fecha, no se ha ganado ni a Madrazo, oiga. Otra incertidumbre derivada de la anterior es qué pensará hacer Batasuna. El burukide Imaz dice que ETA impondrá a SA que vote junto al PSE y al PP. ¿Mata ETA a socialistas y populares para que su brazo secular les apoye políticamente? ¿Por qué defiende el presidente del EBB la legalidad de un partido que, en su opinión, sigue las instrucciones de una organización terrorista? Misterio, pero puestos a hacer vaticinios sobre comportamientos ajenos, me va a permitir, lehendakari, que eche mi cuarto a espadas. ¿Recuerda la tramitación parlamentaria de los Presupuestos 2002? La creatividad de Atutxa puso aquel proyecto de ley a votación artículo por artículo y así se aprobaron unas partidas de gasto que ustedes llamaron Ley de Presupuestos. Si usted convence a EA y EB, podría repetirse la historia. Todo dependería de que a Atutxa volviera a parecerle más conveniente el cuarto y mitad del articulado que quiera aprobar Arnaldo o que el plan sea rechazado en bloque. Lo que se apruebe, si se aprueba, será un esperpento en cualquier caso y si se rechaza, tampoco le hará cejar a usted en el empeño. O sea, que da lo mismo.

ROSA REGÁS
Por César Alonso DE LOS RÍOS ABC  31 Agosto 2004

HA confesado la directora de la Biblioteca Nacional que le dio más alegría la derrota del PP el 14 de marzo que la muerte de Franco. Es un buen autorretrato, y es además una aproximación certera a los sentimientos políticos de una buena parte de la izquierda. De una parte, digo. Si fuera toda, habría que pegarse un tiro.

El alcance personal del autorretrato no es desdeñable. Aunque espantosa, Rosa Regás es una novelista relativamente bien tratada por los palanganeros de los poderes culturales, y, aunque ayuna de ideas, pasa por ser una de las figuras intelectuales de lo que fue la «gauche divine» catalana de los años sesenta. Su gran aportación como tal fue la creación del «Bocaccio» de Barcelona, aquel garito con abalorios y colorines de Tiffany´s que fue tenido como el bastión de la resistencia ciudadana y de la modernidad cultural. De Montserrat se bajaba al «Bocaccio». Del fervor espiritual e histórico, al laico y festivo.

Como profesional de la edición, quizá la idea más brillante de RR fue el lanzamiento de unos folletos de divulgación inspirados en la colección «Que sais-je?». Pero, además de todo esto, y precisamente por ello, es en estos momentos la directora de la Biblioteca Nacional.

¿PODRÍA esperarse de tal personaje que le entristeciera excesivamente el final del régimen de Franco? Si a alguien se le ha podido aplicar con toda razón aquello de que «con Franco vivíamos mejor» es a esta señora. Y se entiende muy bien que se le alegrara el ojo con los resultados del 14-M: al fin iban a premiarle por su traslado militante, con frecuencia provocador e insultante, a la capital de España (del Estado, con perdón).

Pero lo más grave del comentario de la directora de la Biblioteca Nacional es que describe con un solo trazo el talante antidemocrático de una buena parte de la izquierda. Se trata de unas gentes que no habiendo aportado nada en la defensa de las libertades, o pudiendo vanagloriarse a lo sumo de epopeyas similares a las de Rosa Regás, piensan que ellos «son» la democracia misma por el mero hecho de «ser» de izquierdas, del mismo modo que creen que los ciudadanos de derechas «son» la reacción, la carcunda, el autoritarismo. Llenos de mala conciencia por su pasado y conscientes de su oportunismo político por su presente, necesitan que la derecha «sea» lo que ellos quieren. De lo contrario, ¿cómo podrían justificar ese plus moral que se atribuyen para sobrellevar tanta impostura? Ya pueden ser asesinados concejales del PP en el País Vasco; ya puede este partido hacer una política más eficaz, justa e igualitaria; ya pueden ser más honrados en la gestión de lo público; ya pueden negarse a hacer terrorismo de Estado; ya ha podido sufrir el zarpazo asesino de la izquierda histórica en sus líderes, desde Cánovas a Calvo Sotelo o a Víctor Pradera y en miles y miles de sacerdotes... Es igual; la derecha siempre fue y siempre será la encarnación del autoritarismo, la prolongación del franquismo, el franquismo mismo.

CON razón no pueden entender estas gentes que hayamos abandonado la izquierda algunos que tuvimos un pasado «comprometido». No pueden imaginarse hasta qué punto nos produce repugnancia el hedor que despiden muchos de los compañeros que tuvimos en aquel viaje que hubo que hacer en las condiciones peores, con los modelos más detestables y, de forma muy especial, en compañía de algunas personas que parecen haberse convertido en los pozos negros de nuestra sociedad.

PIDE CONVICCIÓN EN LA DEFENSA DE LOS PRINCIPIOS DEL PARTIDO
Mayor Oreja cree que sería un error que el PP de Rajoy marcara diferencias con la etapa de Aznar
Al contrario de lo que sostienen en las últimas semanas dirigentes como Gallardón o Piqué, el vicesecretario general del PP cree que el Congreso de octubre debe servir para que el partido se fortalezca en "valores y convicciones" y no para "marcar diferencias" con el pasado. Dice Mayor Oreja que los populares no tendrían "perdón de Dios" si no son capaces de enlazar la etapa de Aznar con la que comienza Rajoy. Y recuerda que el adversario "está fuera" y busca destruir todo lo hecho por el Gobierno anterior.
Agencias  Libertad Digital  31 Agosto 2004

Jaime Mayor Oreja echa mano de la historia para advertir a sus compañeros de partido de las dificultades que conllevaría una ruptura radical con la anterior etapa del PP. En una entrevista concedida a Europa Press, el responsable de los populares europeos recuerda que lo que retrasó la llegada al poder del PP fueron las complicaciones a la hora de hacer compatibles los equipos de UCD con los que serían después líderes de la organización “popular”.

Entonces, explica Mayor Oreja, “eran generaciones distintas, porque eran partidos distintos. Ahora que muchos participamos del actual proyecto y del anterior; ahora que son generaciones casi iguales las que están en el PP, no tendríamos perdón de Dios si no fuésemos capaces de enlazar con esta facilidad, que en el fondo es de sentido común, lo que significa la etapa Aznar con la etapa de Mariano Rajoy”.

El Congreso de los populares, apunta el vicesecretario, debe evidenciar que el “adversario está fuera del PP” y que busca “destruir” todo cuanto ha hecho durante su estancia en el poder, además de “ridiculizar” su “fortaleza constitucional”. Además, recomienda dejar a un lado los complejos: “Quieren que parezca del siglo pasado eso del patriotismo constitucional; quieren que esencialmente demos la sensación de que estamos obsesionados en separarnos unos de otros, y diferenciarnos de la etapa de José María Aznar”.

Labor de oposición sin complejos
La cita, insiste, debe servir para avanzar en “convicciones” y no para “ponerse a la cola del desfile de modelos que vive hoy España”. Sobre la nueva dirección que saldrá del Congreso, Mayor Oreja resta importancia a los nombres y subraya que lo que tiene que hacer es “asumir riesgos por defender ideas”. En este sentido, reitera que “nosotros nunca vamos a ganar como ha ganado el PSOE las elecciones: por una tragedia.

El PP siempre para acceder al Gobierno tendrá que sufrir y padecer más; tendrá esencialmente que tener más convicciones que antes. E imitar el desfile de modelos nos obligaría a estar en la cola de los sucesivos fracasos que van a producir sus modelos. Ese no es el camino. El camino es el de estar en la vanguardia de nuestras propias convicciones”.

Antonio Elorza afirma que el islamismo es arcaizante y se ha quedado estancado
En la primera jornada intervinieron también Fernando Vallespín, que habló sobre el socialismo, y José María Lassalle, que se refirió al liberalismo
MARÍA DE LAS CUEVAS ABC  31 Agosto 2004

SANTANDER. Bajo la dirección de Benigno Pendás, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense, comenzó ayer en Santander el seminario «Ideas políticas para el siglo XXI», donde, a lo largo de esta semana, se tratarán de «apuntar perspectivas para la comprensión de un mundo diferente, superando dogmas anacrónicos y falacias interesadas». «La globalización, el megaterrorismo, los fenómenos migratorios y, en general, la pluralidad del mundo contemporáneo, que exige la superación de un pensamiento débil en aras de una política sólida y atractiva», constituyen los ejes del debate planteado en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP).

El turno lo abrió ayer Antonio Elorza, catedrático de Ciencias Políticas y de la Administración, con una ponencia sobre el islamismo y sus variantes. En su explicación, Elorza contrapuso la Iglesia cristiana, «que se construye y reconstruye» a lo largo de la historia, a un islamismo inmóvil desde el siglo VII: «¿Por qué es una ideología válida para el siglo XXI? -preguntó retóricamente Elorza sobre el islamismo-. Es una ideología necesariamente arcaizante. Atendiendo al Islam suní, recoge lo que dice el Corán y lo establece como un código de conducta amplio y para siempre». Explicó que el islamismo es una doctrina del siglo VII, en donde se ha quedado estancado, lo que repercute en todos los campos.

Elorza añadió, no obstante, que «existe un islam liberal que chilla en contra de los imanes de las mezquitas por sus discursos radicalizados, y debemos ayudarles». «No creo en la guerra de las civilizaciones, pero Bin Laden sí, y con él está el resto de la práctica del terrorismo islámico», concluyó.

En cuanto al éxito de esta religión, teniendo en cuenta su alto número de fieles, Elorza sostuvo que «triunfa por ser estrictamente materialista: ofrece al que la sigue poder y riqueza. Legitima sin límite la violencia si es en favor de Alá. La lucha por su dios tiene una recompensa, «un botín», siendo por tanto una ideología precapitalista. Asegura «una suite en el paraíso», con mujeres y riquezas, un lugar nada espiritual», subrayó el catedrático. En su intervención, Elorza llamó la atención sobre «la extremada sencillez» de esta doctrina: «La sociedad está organizada en torno a la sharia y esto no es la concepción de justicia. Se nutre de un sistema de control generalizado que rechaza los valores occidentales de forma primaria y, por tanto, bastante eficaz». En cuanto a la polémica sobre la prohibición del velo en Francia, Antonio Elorza defendió que el uso de este pañuelo musulmán legitima la sumisión de la mujer y contradice los derechos humanos. Además, añadió, «venden en panfletos que la Yihad es espiritualidad».

El problema de las izquierdas
La intervención de Fernando Vallespín planteó una reflexión sobre las perspectivas actuales del socialismo. El presidente del Centro de Investigaciones Sociológicas definió como «el grave problema de las izquierdas» la ausencia actual de doctrinas políticas compartidas, pues, en su opinión, «subsiste una clara identificación entre la izquierda y la derecha del momento». Destacó Vallespín el cambio vertiginoso del proletariado en esta era, a la que se refirió como «la sociedad de la comunicación». «La solidaridad de izquierdas no es acorde con las nuevas necesidades», sentenció. «Estamos perdiendo la noción de lo público, aquello que nos afecta a todos. Antes se velaba por las necesidades de los ciudadanos, pero hoy se buscan soluciones individuales», remachó el ponente, quien concluyó que, en la sociedad del conocimiento, «la tecnologia ocupa el valor más importante», por encima del capital o el trabajo.

Cerró la jornada el diputado y profesor de Sistemas Políticos Comparados José María Lassalle, quien aseguró que «el pensamiento liberal está callado y abotargado con riesgo de morir de éxito». Durante su exposición, Lassalle se mostró pesimista: «No sé cual será el futuro del liberalismo, me muestro escéptico, pero no tiro la toalla porque, aunque estamos en un momento de silencio, espero que de él emerjan reflexiones liberales». «Los liberales tenemos la capacidad de percibir el peligro y el peligro está ahí, solo falta que salte la chispa», alertó Lassalle, quien concluyó llamando la atención sobre el aumento de «los malos humores» que se proyectan hacia la represión de la libertad.

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