AGLI

Recortes de Prensa     Viernes 3 Septiembre 2004

Lógicas del espanto
Gabriel ALBIAC La Razón  3 Septiembre 2004

Firmeza de Francia
Editorial La Razón 3 Septiembre 2004

Los frentes de batalla
Editorial El Ideal Gallego 3 Septiembre 2004

Terroristas todos
Curri Valenzuela El Ideal Gallego 3 Septiembre 2004

LA GUERRA QUE PERDEMOS
Jaime CAMPMANY ABC 3 Septiembre 2004

Chantaje a la democracia
Jorge Vilches Libertad Digital 3 Septiembre 2004

Espanto y publicidad
JOSÉ MARÍA CALLEJA La Voz 3 Septiembre 2004

Argumentos de papel
EDITORIAL Libertad Digital 3 Septiembre 2004

SOCIALISTAS DE «SEGUNDA»
Editorial ABC 3 Septiembre 2004

El silencio de las gallinas
Alfonso USSÍA La Razón 3 Septiembre 2004

La encuesta
Juan BRAVO La Razón 3 Septiembre 2004

De chupa de dómine
Luis María ANSON La Razón 3 Septiembre 2004

Presupuestos a la carta
Cartas al Director ABC 3 Septiembre 2004

Doctores en moral
GEES Libertad Digital 3 Septiembre 2004

Murcia también es una nación
José García Domínguez Libertad Digital 3 Septiembre 2004

CHISTERAS Y ESPARDEÑAS
PABLO PLANAS ABC 3 Septiembre 2004

Ibarra lidera las Autonomías socialistas menos ricas contra la primacía catalana
M. TRILLO/ E. SÁNCHEZ ABC 3 Septiembre 2004

Las memorias de José Ramón Recalde, Premio Comillas «Este libro es un homenaje a las víctimas del terrorismo», asegura
G. G. M. La Razón 3 Septiembre 2004

García de Cortázar: «La Nación es para fomentar la paz entre todos y no al contrario, como sucede»
MARÍA DE LAS CUEVAS ABC 3 Septiembre 2004

 


Lógicas del espanto
Gabriel ALBIAC La Razón  3 Septiembre 2004

Criminal, sí; no inexplicable. El crimen, aun en sus formas más horrendas –sobre todo en ellas– debe de ser glacialmente analizado en sus determinaciones causales; y en ellas explicado. Por los analistas: cuyo oficio es no ceder un milímetro a la irracionalidad o la tiniebla. Por los políticos: cuyo primer deber –laboral antes que moral– es combatirlo. Puede ser repugnante –lo es– mirar la realidad cara a cara. No hacerlo es suicida. Como alivio de un alma dolorida, dar por «inexplicables» los crímenes yihadistas que, de Palestina a Irak, de Madrid a Osetia, de Nueva York a París, siembran de cadáveres el planeta, puede ser respetable. En la voz de un responsable político –más, si su nivel es tan alto como el del ministro de Exteriores francés–, proclamar «inexplicable» el secuestro islamista de dos ciudadanos franceses sólo puede mover a inquietud. A todos. A sus conciudadanos, expuestos a los peores riesgos por su voluntad de ceguera; a cuantos, en cualquier parte del mundo, por el hecho primordial de ser kafires, no-creyentes, son –somos– blanco de la barbarie supersticiosa.

Porque el chantaje de los matarifes de la yihad sobre el Gobierno francés, no sólo no es inexplicable; era milimétricamente previsible. Y no en virtud de refinados análisis o potentes servicios de inteligencia. Sencillamente, porque fue formalmente anunciado. Con siete meses de antelación. Por quienes iban a cometerlo.
Aymán Al-Zawahiri. Febrero de 2004. Fatwa que declara guerra global contra la conspiración cristiano-judía para destruir la umma, esa comunidad de los creyentes ante cuya amenaza dicta la norma coránica el deber de la yihad armada. «La prohibición del velo se inscribe en el mismo marco que el incendio de aldeas en Afganistán, la destrucción de casas sobre las cabezas de sus ocupantes en Palestina y la matanza de niños y el robo de petróleo en Irak».

A diferencia de los ilusos políticos franceses, que soñaron circunscribir el yihadismo a una guerra contra los Estados Unidos y sus aliados, el ideólogo de Al Qaeda sabe lo que está en juego: la mitología de un islam, cuyo esplendoroso destino –el que le viene de la literal aplicación de lo dictado por Dios al Profeta–, se vería trabado por la demoníaca conspiración que materializan las economías capitalistas y las democracias no teocráticas. En la lógica de ese delirio, la protección legal del Estado laico francés es tan «casus belli» como la peor agresión armada.

No hay acciones locales. Nueva York, Madrid, Afganistán, Irak, Israel, Bali, París, Chechenia, son nódulos de una guerra mundial: la del islam más puro contra el mundo moderno. Sin excepción. Las guerras se ganan. O se pierden. Es todo.

Firmeza de Francia
Editorial La Razón 3 Septiembre 2004

Francia abrió ayer su curso escolar bajo la nueva ley que consagra y reafirma que la República es un estado laico e impide por ello que pueda hacerse en los centros educativos ostentación de signos religiosos de cualquier confesión, lo que incluye la prohibición del uso del velo islámico, pero también de otras vestimentas religiosas e incluso de grandes crucifijos. Ni las amenazas previas de los radicales islamistas, ni el secuestro de los dos periodistas franceses en Iraq, para exigir a cambio de sus vidas la retirada de la nueva norma, han torcido la voluntad del Estado galo.

Francia no podía hacer otra cosa que mantener la legalidad, pues la cesión ante los bárbaros, en este caso islamistas, está fuera de toda duda, y así lo han entendido las organizaciones musulmanas francesas con su rechazo incondicional a los secuestros. Un Estado democrático no puede ceder ante el chantaje terrorista y, mucho menos, renunciar a una tradición republicana gala que basa en el laicismo una concepción propia de libertad e igualdad que no se proyecta contra nadie y busca mantener la separación entre Estado y religión, sin favorecer o privilegiar a confesión alguna. La normativa no ha gustado a los musulmanes, como tampoco a los católicos, a los «sij» indios o a los judíos, pero no cabe duda de que Francia goza del derecho democrático a promulgar sus propias leyes y a defender su concepto de Estado, el mismo que ha permitido acoger bajo su bandera de la libertad a todas las religiones y a todas las ideologías.

Los terroristas que secuestraron a los dos periodistas no ignoran estos extremos, ni siquiera que fue en Francia donde Jomeini, asilado, fraguó su revolución. Sencillamente tratan de imponer su radicalismo a todos y confunden intencionadamente libertad de culto con agresión a una forma de entender las enseñanzas del Corán que no admite más que la sumisión sin condiciones. Los secuestradores son los mismos que han declarado al mundo una guerra total en la que no ser musulmán es motivo suficiente para ser marcado como enemigo y parte de una conspiración de judíos y «cruzados». Una guerra donde la neutralidad ha dejado ya de ser una posibilidad.

Los frentes de batalla
Editorial El Ideal Gallego 3 Septiembre 2004

El terrorismo ha vuelto a conseguir, desgraciadamente, lo que no logró la Logse: situar en el mapa un país, en este caso Osetia del Norte. Antes lo había hecho con Chechenia, otra república caucásica perteneciente a la Federación Rusa, desconocida para casi todo el mundo hasta que las bombas empezaron a sembrar la muerte. Los integristas islámicos son los que actúan en ambos territorios, igual que lo hacen en Irak y que hasta hace poco lo hacían en Afganistán; se trata de grupos diferentes, pero todos unidos por un mismo objetivo: liberar el país de los infieles e imponer un régimen extremista musulmán, meta para cuya consecución cuentan con el apoyo incondicional de Al Qaeda. Abdalá Azzan, el fundador de la organización que ahora dirige Osama Bin Laden, fue quien ideó esa doctrina, que ha engendrado matanzas como la del 11-M o la de la Torres Gemelas o actos tan repugnantes como el secuestro de los escolares de Beslán o el de los dos periodistas franceses en Irán.

Todos ellos son frentes de batallas de una misma guerra, donde, pese a que no haya un final próximo, no caben las deserciones ni las rendiciones. Occidente ha de permanecer unido para lograr que los valores democráticos que defiende sean los que rijan en todo el mundo, independientemente del credo mayoritario entre los ciudadanos de cada país, porque ninguna religión tiene entre sus dogmas el crimen. Ahora bien, esa alianza será imperfecta si no se consigue atraer a ella a los regímenes islámicos moderados, que también son objetivo de los fanáticos.

Terroristas todos
Curri Valenzuela El Ideal Gallego 3 Septiembre 2004

No pueden comprender el Gobierno de Francia y muchos de los ciudadanos de ese país el porqué de las amenazas de los extremistas islámicos a dos periodistas galos en represalia por obligar desde ayer, jueves, a todas las niñas francesas a que acudan al colegio sin el velo que las hace diferentes de sus compañeras que no son musulmanas. Consideran que porque Francia no envió tropas a Irak, su país está a salvo del fanatismo del terror islámico. Y se equivocan.

No hay excusas para quienes siembran el terror. Para nadie. Si empezamos por justificar a quienes se rodean la cintura de explosivos que hacen estallar en un autobús que circula por cualquier ciudad de Israel y luego explicamos que la represión de Rusia sobre los chechenos es la causa de la reacción violenta de éstos en contra de todo lo ruso, podemos acabar cayendo en el error de creer que porque un país envió o dejó de enviar tropas a Irak después de finalizada la guerra de los norteamericanos contra Sadam Hussein se puede entender que los islamistas más radicales dejen en libertad a los dos periodistas franceses que secuestran en un momento de lapsus y, sin embargo, en Madrid se maten a 190 personas que viajan en tres trenes de cercanías. Y no es eso.

El mundo occidental debería permanecer unido en la lucha contra el terror; y, además, preocupado por el avance del terrorismo perpetrado por los extremistas islámicos que justifican la barbarie equivocadamente en sus creencias religiosas para atacar a quienes no comparten con ellos su credo.

Da igual que sean los ultras palestinos que matan a los viajeros de autobuses israelíes, los iraquíes que masacran a una docena de cocineros nepalíes por el simple hecho de ser budistas, quienes tienen secuestrados a los dos periodistas franceses, los chechenos que hacen explotar dos aviones rusos en pleno vuelo y los asesinos de 190 pasajeros de los trenes de cercanías madrileños. Es el mismo terrorismo. La respuesta debería ser también, y no lo es, idéntica.

LA GUERRA QUE PERDEMOS
Por Jaime CAMPMANY ABC 3 Septiembre 2004

ALGUNA vez tendrá que convencerse la izquierda española, parte de la izquierda europea y quizá algún sector de la derecha de que el enemigo de Europa, de la civilización, de la libertad, de los valores de la democracia y en definitiva de la paz, no está en Norteamérica, ni en la política de Bush, ni en la de Blair, ni en los ejércitos aliados, ni en el terceto de las Azores, ni en lo que se ha dado en llamar «guerra preventiva». Los partidarios y hacedores de la guerra, de las guerras que sufrimos, de las guerras que estamos perdiendo, son otros.

Esos países y esos políticos a los que la izquierda de aquí y de allá acusa de buscar y provocar la guerra, lo que pretenden e intentan, desde luego con mucha torpeza, mayor ineficacia y evidentes errores, es defenderse en esa guerra nueva, de ejércitos invisibles, que el terrorismo tiene abierta en todos los frentes de la democracia occidental y en la que no sabemos cómo luchar. Estamos sacando la espada cuando caen bombas. Miles de norteamericanos se manifiestan en Nueva York contra la guerra, ¿a qué guerra se refieren: a la que derrocó a Sadam Husein o a la que derribó las Torres Gemelas? Esta misma pregunta podríamos hacerla en Londres, en París, en Madrid o en Milán.

Las democracias, los países de la libertad y de la ley, no han encontrado la manera de responder de forma adecuada al ataque brutal y hasta ahora prácticamente impune del terrorismo internacional. Yo creo que ni siquiera se han propuesto hallar la fórmula válida y común para ganar una guerra que estamos perdiendo. El catálogo de actos terroristas, asesinatos, secuestros, matanzas, ejecuciones a sangre fría, etcétera, que el mundo ha sufrido desde el 11-S y más intensamente desde el 11-M es un muestrario espantable. El terrorismo iraquí es un río de sangre que no cesa. Tras el asesinato de un periodista italiano, Francia se estremece con el chantaje y la amenaza sobre los dos rehenes. La ejecución de una docena de trabajadores nepalíes ha sido un espectáculo televisado horripilante. El terrorismo de ida y vuelta entre palestinos e israelíes ofrece cada día nuevas historias estremecedores. El terrorismo checheno ha protagonizado ese episodio especialmente repugnante del secuestro de los niños de una escuela. Las bombas terroristas derriban aviones, estallan en el metro o riegan de sangre una celebración social. En España, las nueve bombas del verano no han hecho correr la sangre, pero suponen una advertencia de que los terroristas etarras pueden atacar cómo, cuándo y dónde quieran. Los norteamericanos viven bajo el síndrome del terror que hizo caer las Torres Gemelas y que atacó el Pentágono.

Ante esta nueva forma de hacer la guerra, los grandes ejércitos, los bombarderos gigantes, los aeródromos navegables, las bombas inteligentes y los modernos artefactos de guerra resultan inútiles, inservibles, cachivaches de desván. La prueba mayor del fracaso de esos medios es la guerra del Iraq. Sadam Husein está preso, pero la guerra sigue. ¿Cómo empezar a ganar esta guerra que está perdiendo Occidente? Es evidente que la fórmula de Bush no vale. ¿Tiene la izquierda otra que no sea la de rendirse y pedir que maten a los otros, como quiere Carod-Rovira?

Secuestros
Chantaje a la democracia
Jorge Vilches Libertad Digital 3 Septiembre 2004

El ministro de Defensa australiano tenía razón. España y Filipinas retiraron sus soldados, dijo Downer a finales de julio, y han fortalecido al terrorismo. La decisión de Zapatero de retirar las tropas fue interpretada por los terroristas como una victoria, nunca como el cumplimiento de una promesa electoral, y les hizo más fuertes y atrevidos.

Pero Downer también se equivocó. La oposición al gobierno australiano no tardó en prometer la retirada de sus soldados si llegaba al poder. El terrorismo islamista pretende crear el desconcierto, la división social y debilitar a cualquier gobierno no islámico. Y aquel episodio australiano fortaleció igualmente a Al Qaeda y a sus imitadores.

El terrorismo islamista quiere actuar como un grupo de presión sangriento en las sociedades democráticas occidentales, dispuesto a conseguir objetivos políticos movilizando a la opinión pública. Decidido a cambiar las decisiones soberanas, utiliza el secuestro como instrumento manipulador. Y pretende cambiar las decisiones que, legal y legítimamente, toman los gobiernos y las cámaras de representantes.

Los terroristas, una vez expuesta la reivindicación, el chantaje, calculan dos escenarios posibles. En el primero, el gobierno del secuestrado se niega a acceder a la petición. Al tiempo, una parte de la población, normalmente partidos de oposición y movimientos sociales, se manifiesta por la concesión inmediata. Su objetivo, siempre loable, es la salvación de aquella persona. Los medios de comunicación se centran entonces en las escenas de dolor y protesta, extendiendo el terror y la sensación de vulnerabilidad e indefensión. A esto le sigue el asesinato, cruel y vistoso, cuyas imágenes son vistas en todo el mundo. Es el caso, por ejemplo, del periodista italiano Enzo Baldoni.

En el segundo de los escenarios, el gobierno del secuestrado espera, e intenta una negociación. Las manifestaciones por la cesión se producen, y son seguidas por los medios. Incluso hay quien, con su antiamericanismo enhiesto, responsabiliza a Bush del terrorismo y le equipara con los criminales. Con la sociedad dividida, las negociaciones para la liberación del secuestrado no fructifican, y acaban en la obediencia a la extorsión. El efecto de división y la muestra de debilidad están conseguidos. Es el caso, evidente, de la retirada de los 51 soldados filipinos. No era la importancia del contingente, claro está, sino el símbolo y el daño.

Lo excepcional en el caso del secuestro de los dos periodistas franceses ha sido la reacción de sus compatriotas. Chirac y el gobierno Raffarin no podían decir ni hacer algo distinto, pero sí los musulmanes. El grupo terrorista Ejercito islámico de Irak, autor del secuestro, esperaba que aquellos que se manifestaron contra la llamada “ley del velo” se lanzaran a la calle para presionar al gobierno. Pero no ha sido así.

La reacción del Consejo Francés del Culto Musulmán ha sido ejemplar. Estuvieron en contra del proyecto de ley, pero una vez promulgado, dijo uno de sus responsables, no había nada más que decir. El triunfo del republicanismo no ha estado en su laicismo, como han querido ver algunos en España, siempre absortos en sus fantasmas caseros. Su éxito está en el fondo de la respuesta del musulmán: la base de la democracia y la libertad es el respeto a la ley emanada de la soberanía nacional.

Esto muestra que la derrota del terrorismo pasa por la unidad y el vigor de las sociedades democráticas. No parece posible restañar la brecha que se abrió en Occidente con la intervención en Irak. Dos concepciones del orden internacional se encontraron entonces. Mostraron al enemigo las diferencias de opinión e intereses, las propias de las democracias, fortalezas y valores para nosotros, debilidades y corrupción para él. Y por esta grieta se nos han colado.

Espanto y publicidad
JOSÉ MARÍA CALLEJA La Voz 3 Septiembre 2004

APENAS devueltos a la realidad, después del limbo mediopensionista agosteño, la realidad nos devuelve la bofetada que nos tenía guardada desde que nos fuimos a la playa. La imagen de esa porción de madres de Osetia del Norte, agarradas por donde más les puede doler a unas madres -y a unos padres, aunque éstos no aparezcan-, esperando a que una banda de fanáticos resuelva matar o no matar a sus hijos. La imagen de los doce trabajadores nepalíes, muertos boca abajo, después de trasegar por varios países en busca de pan, asesinados por fanáticos religiosos, posiblemente amasados con la misma pasta de odio que los secuestradores de los niños. La imagen, de los ocupantes de los autobuses israelíes en Bersheba, achicharrados en medio del espanto, mientras expertos habituados ya en la recogida de cadáveres y restos humanos actúan con pretendida asepsia. La imagen de los dos periodistas franceses al borde de la ejecución -si no los han matado ya- en un secuestro tan cruel como chantajista. La imagen, en fin, de los diez muertos y treinta heridos despedazados por una fanática religiosa que se hace explotar a sí misma a la puerta del metro de Moscú.

El hecho de que sea excesivo este golpe de realidad, a pesar de la dificultad de unificar todos estos atentados -por semejantes que sean en su resultado de muerte- no puede impedirnos tratar de hacer un mínimo análisis de esas imágenes que nos conmocionan. Veamos.

Estamos, una vez más, ante un medio de propaganda por los hechos, de terrorismo como gigantesca maquinaria publicitaria, de muerte programada como reclamo de atención. No hay país del mundo probablemente cuyos medios de comunicación no hayan repetido las imágenes, las fotos, una, varias veces, que nos transmiten la angustia de unas madres o el dolor que transmiten los cadáveres. No hay persona en el mundo, en principio, que no se conmueva al ver la imagen de esas madres con la vida de sus hijos pendiente de la arbitrariedad de los criminales. En esta situación debemos condenar esta barbarie, sin asomo de duda, máxime cuando comprobamos que en situaciones como esta aparece siempre un tonto moral de guardia que suele decir: qué motivos tan profundos y cargados de razón tienen que tener estas personas capaces de asesinar a diez, a dieciséis, a cien niños, llegado el caso. Hay una tendencia muy marcada a analizar la barbarie lejana con un sentimiento de autocrítica por parte de quienes vivimos bien en lo material y en lo político, por nuestra democracia. Para que alguien esté lo suficientemente desesperado, se dice, como para asesinar a mansalva o secuestrar niños, es que algo de culpa tenemos nosotros, los habitantes del opulento Occidente.

Bien, en medio de este espanto, y del que amenaza con venir, quizá la única certeza a la que nos queda agarrarnos es que la brutalidad y la incompatibilidad con la libertad es inherente al terrorismo y que aunque no podamos unificar todos los terrorismos, sí les une a todos la muerte y el dolor que provocan. Sin duda que los países de sistemas democráticos y modos de vida opulentos en lo económico, actúan en muchas ocasiones de forma inapropiada para lo que debe ser un comportamiento democrático, pero en ningún caso son culpables de las barbaridades que cometen fanáticos doblemente fanáticos por ser además extremistas religiosos.

La comunidad musulmana de Francia, con extraordinaria presencia en aquel país, ofrece a mi juicio la vía adecuada: todo el rechazo a aquellos criminales, paisanos de religión, que usando como coartada las reclamaciones de uso del velo en la escuela laica y pública francesa, están dispuestos a asesinar a dos periodistas franceses. Los musulmanes franceses lo han dicho claro: Ni un apoyo proveniente de los que matan para utilizarlo en la defensa de las causas de los que no matan y no están dispuestos a sacar ventaja de la muerte ajena.

Argumentos de papel
EDITORIAL Libertad Digital 3 Septiembre 2004

La reunión a puerta cerrada de los parlamentarios de Esquerra Republicana de Cataluña nos ha dejado, aparte del previsible abanico de lamentos y amenazas habitual en este partido, una muestra gráfica e inapelable del modo y manera que, los republicanos de Carod, se relacionan con otras regiones de la Nación, especialmente con la que alberga en su seno a la capital. Según su portavoz, Joan Puigcercós, la Comunidad de Madrid es un agujero negro que se lleva de manera impune el grueso de las inversiones del Estado, mientras que Cataluña languidece discriminada por una tenaz derecha española que trata a sus habitantes "como una especie de nuevos judíos".

Tanta maldad, y a la vez desinformación, es difícil de condensar en una simple rueda de prensa. La maldad es de costosa –si no imposible– curación si previamente no se trata el virus que la provoca, esto es, el nacionalismo irredentista y ahíto de mirarse el ombligo. La desinformación no. Un repaso rápido a la contabilidad nacional y los conocimientos básicos, casi de bachiller, de economía bastan para percatarse de la majadería aviesa que el portavoz Puigcercós pretende que pase por inaplazable y legítima reivindicación.

La Comunidad Autónoma de Cataluña aporta al PIB nacional el 18,42%; la Comunidad de Madrid el 17,32%. La diferencia de poco más de un punto en la contribución al Producto Interior Bruto no significa nada por sí mismo, significa que los ingresos en las dos comunidades representan un tercio de la producción nacional y poco más. En la formación del PIB regional tiene una importancia capital la recaudación fiscal, y es normal que tanto Cataluña como Madrid sean las comunidades que más recauden, pues no en vano figuran entre las más pobladas y las más dinámicas. Y he ahí el truco. La Seat, por ejemplo, tributa en la provincia de Barcelona todos los rendimientos generados por su actividad, sin importar que éstos se hayan generado en Gerona o en la isla de El Hierro. Llevándonos el ejemplo a Madrid, la petrolera Repsol tributa en la Comunidad gobernada por Esperanza Aguirre y contribuye de este modo al PIB de la región.

Argumentación tan sencilla no se oirá de la boca de un nacionalista catalán porque confunden el deseo con la realidad. Les gusta eso de vender una Cataluña rendida ante el ogro madrileño, descapitalizada por la Andalucía sedienta y acosada moral y económicamente por una España anticatalana que sólo existe en sus febriles fantasías. Tanto Puigcercós como su jefe deberían, ya puestos a estudiar a fondo la balanza Cataluña-resto de España, ampliar la horquilla y no detenerse en los dos últimos ejercicios sino en los dos últimos siglos. Desde la Guerra de la Independencia, en la que los catalanes se distinguieron por un arrojado y valiente patriotismo español, el provecho que el Principado ha obtenido por ser lo que es, es decir, parte de España, es más grande de lo que muchos se figuran.

Empresarios catalanes fueron muchos de los comerciantes con las colonias ultramarinas, especialmente con Cuba y Filipinas. No ha habido, desde las primeras constituciones, un solo Gobierno de la Nación en el que no figurase un ministro catalán. De Cataluña han salido presidentes como Pi i Margall o Figueras y generales de prestigio y mando como Prim, que llegó a poner en el trono a su propio candidato. La industria catalana fue, sistemáticamente, beneficiada en la Restauración canovista, en la dictadura de Primo de Rivera, en la Segunda República y en el régimen de Franco. Los resultados están a la vista. Desde hace lo menos cien años españoles de todas las provincias han emigrado a Cataluña para labrarse un futuro y construir la Cataluña que conocemos hoy día. Para ser periferia abandonada de la mano de Dios, tal y como ha dejado entender hoy Puigcercós, no está nada mal. Galicia, Extremadura o Canarias de seguro que hubiesen deseado su suerte.

Si en la España actual Cataluña recibe menos de lo que, aparentemente, aporta se debe a un principio sencillo; la solidaridad interregional. Si Cataluña aporta al PIB un 18,42% y recibe inversiones presupuestarias equivalentes a ese porcentaje, significa que está birlándole dinero a otros españoles, así de simple. Los rendimientos tributarios hacen posible que Cataluña y Madrid, sedes fiscales de la mayoría de las grandes empresas, realicen ese aporte tan desproporcionado al PIB nacional que, a fin de cuentas, no deja de ser un número. Si Cataluña fuese un Estado independiente, muy probablemente su PIB no fuese tan alto, pues el SEAT Ibiza comprado en Eibar no devengaría sus impuestos en Barcelona. Esto lo sabe cualquier nacionalista catalán medianamente documentado. Puigcercós probablemente no, y quizá esa sea la razón última de la cólera que exhibió ayer.

SOCIALISTAS DE «SEGUNDA»
Editorial ABC 3 Septiembre 2004

LAS negociaciones bilaterales del PSOE con los socios del tripartito catalán para la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado están emitiendo demasiados mensajes incómodos para propios y extraños, que trascienden el significado meramente económico de esta ley. La oposición ha denunciado lo que se ve a simple vista: la reproducción del tripartito catalán a nivel nacional, con un coste que se va a reflejar en los Presupuestos de 2005 y en un probable acuerdo de legislatura. La subversión de reglas políticas está siendo palmaria. Los PGE constituyen una iniciativa sólo del Gobierno, que debe ser controlada directamente por el Ministerio de Economía y Hacienda. Sin embargo, la ausencia de este departamento en las negociaciones del PSOE con los socios del tripartito no se disimula y pone entre interrogantes el rigor político del Gobierno -no su responsabilidad- sobre el resultado final de la negociación. Oculto el Ejecutivo en la negociación de la ley más significativa de la institución parlamentaria, las distorsiones no acaban ahí. Además, los Presupuestos se han convertido en mercancía de transacción con un único gobierno autonómico, en el marco de unas conversaciones que han preterido de forma consciente y reiterada a otras Autonomías. La función integradora -en términos económicos y estructurales- de los Presupuestos de 2005 ha quedado gravemente dañada en los mensajes del Gobierno y de sus interlocutores privilegiados y en las escenas de mano a mano entre uno y otros. Por eso, los efectos de esta manipulación política de las cuentas del Estado no podían quedar limitados al reproche de la oposición, es decir, del PP.

Nada de lo que está sucediendo se sale de la asimetría por la que ha optado Rodríguez Zapatero para definir su modelo de organización territorial y política del Estado y que toma como punto de partida el establecimiento de prioridades y de interlocutores. También la discriminación entre territorios, unos de primera, y de segunda, otros. No es extraño que la discordia empiece a infiltrarse también en las comunidades dirigidas por Gobiernos socialistas, algunas de las cuales, como Extremadura, Asturias, Aragón y Castilla-La Mancha, ven con preocupación que las facturas libradas por el tripartito se paguen con cargo a sus infraestructuras. En este sentido, resulta significativa la declaración efectuada ayer por Rodríguez Ibarra: «No estamos dispuestos a que con nuestro dinero alguien pretenda mejorar su situación para que los demás salgamos perdiendo».

Antes de ser recibido por Rodríguez Zapatero, el pasado mes de julio, el presidente del Gobierno de Aragón, Marcelino Iglesias, hizo una reflexión premonitoria sobre aquellas Comunidades a las que «se les ha tratado más por su dimensión económica y su capacidad de radicalismo que por su permanencia en el conjunto». El argumento de fondo en las palabras de Iglesias es que la llamada «tensión territorial» -eufemismo que se utiliza para referirse a la inestabilidad que provocan los partidos nacionalistas- resulta muy rentable y que aquellos que más ponen en cuestión, cuando no en solfa, a España, a su realidad nacional y a sus fundamentos constitucionales, sean los que siempre obtienen más réditos, a cambio de votos y de seguir reclamando más beneficios.

Cabe temer, por tanto, que el Gobierno no sólo no resuelva la «tensión territorial» - que, quiera o no, está basada en pretensiones nacionalistas o confederalistas que desbordan la Constitución-, sino que empiece a extenderla a Comunidades leales a su inserción nacional en España, pero que están fermentando el sentimiento de agravio ante los privilegios económicos y políticos.

El silencio de las gallinas
Alfonso USSÍA La Razón 3 Septiembre 2004

No se oye ni un solo cacareo. Los pegatinos están callados. A casi todas las gallinas, a unas más tarde y a otras más temprano, les han entregado el saco de pienso especial, el que se paga con los impuestos. La encargada de repartir los sacos ha sido la ministra del IVA, Carmen Calvo, la segunda o tercera por la izquierda en la fotografía del «Vogue». Quizás la cuarta, que en estos momentos no la tengo ante mí porque la he mandado enmarcar para tenerla en mi mesilla de noche. Ni un cacareo.

El Gobierno de «Mister Yes» envía a Afganistán al Ejército como «fuerza de combate» y los pegatinos y pancarteros no han dicho ni mu. Cuando se reparte el dinero público es mejor no abrir la boca. Prestaré una especial atención a los comentarios en «Tele-5» de Angels Barceló, que parece estar tan a favor de «esta fuerza de combate» como en contra del contingente de paz que obligó Zapatero a retirarse de Iraq.

Aquí los únicos que demuestran dignidad son los militares. Ordenan su incorporación al infierno, y cumplen. Les mandan que se retiren del otro infierno, obedecen. Pero el caprichito está en los despachos. Y el silencio de las gallinas en las subvenciones del Ministerio de Cultura. ¿Le gusta a Rosa Regás la guerra de Afganistán? No ha declarado nada, no ha manifestado nada, no puede decir nada. El carguito impone el silencio. ¿Dónde están las voces airadas de los seis mil quinientos cuarenta y siete miembros de la familia Bardem? ¿Le emociona a Pilar Bardem la marcha de nuestros soldados a una misión arriesgada y combatiente? ¿Qué cantarán a nuestros militares Ana Belén, Víctor Manuel, Sabina, Gurruchaga, Ramoncín, Aute y compañía en el acto de la despedida? ¿Por qué los directores de cine y los cómicos supuestamente «progresistas y pacifistas» permanecen mudos y complacidos? ¿Prefieren que nuestros soldados mueran en Afganistán que en Iraq?

¿Cómo llevan la cuenta de los dineros? ¿Se lo han repartido todo? Y si se cabrea un grupo terrorista afgano y nos vuela cuatro trenes en Madrid, ¿serán capaces de culpar por ello a Rodríguez Zapatero? ¿Dirán que el terrorista ha sido Rodríguez Zapatero? ¿Se olvidarán de nuevo de que los culpables del terrorismo sólo son los terroristas? ¿Establecerán, como Rubalcaba, distancias morales entre los diferentes movimientos terroristas?

Mientras les dure el generoso saco de pienso dorado, el que les proporciona la oportunidad de poner huevos de oro –de oro de otros–, las gallinas aceptarán lo que el Gobierno acuerde y disponga. (Se me olvidaba, Regás. Como directora de la Biblioteca Nacional tendría usted que haberse interesado por las torturas que está padeciendo en su prisión cubana el poeta Raúl Rivero. A tiempo está de hacerlo, pero me temo que su saco de pienso especial también se lo impide).

¿Qué dicen los señores de Prisa? ¿Está Gabilondo de acuerdo con el aumento de nuestra presencia militar en Afganistán? Y Mariano Barroso y Armendáriz, y Sánchez-Gijón, y Diego Botto, y Luis Tosar, ¿han encargado ya, al fin, las pegatinas con la leyenda «No a la ETA» que no se van a poner, un año más, durante el Festival de Cine de San Sebastián? ¿A que no hay cojones, farsantes? ¿Dónde los viejos cacareos? El ilustre y respetado académico José Luis Sampedro tampoco ha opinado sobre el asunto. ¿Por qué no a Iraq y sí a Afganistán, señor académico? ¿Son otros los soldados, distintos los riesgos, diferentes los uniformes, otra la Bandera? ¿En qué rincón de su mochila se ha guardado la voz el diputado-cantautor Labordeta? ¿El pacto parlamentario de los Presupuestos ha enmudecido a Gaspar Llamazares? ¿Se ha vuelto Llamazares belicista?

Pero principalmente, ¿por qué la sociedad no cacarea? ¿Qué anestesia contra el dolor, la verdad y la dignidad se han administrado más de diez millones de españoles, tan contrarios a la guerra de Iraq, tan callados ahora? Bush atacó igual Afganistán que Iraq. ¿Qué Bush es el bueno y qué Bush es el malo? Aquella diputada comunista que gritó de alegría al ver cómo se desmoronaba la primera de las Torres Gemelas, ¿ha dicho algo al respecto?

Se marchan nuestros soldados y lo hacen como siempre. Con ilusión, orgullo y disciplina. Ellos no han cacareado jamás. Los que les retiraron de Iraq y ahora los mandan a Afganistán sí cacarean. Los que les humillaron cuando se jugaban la vida por la paz en Iraq están callados. Es lógico. Los cargos, las prebendas, el dinero público, las subvenciones producen afonía, una grave afonía, afonía aguda.

La encuesta
Juan BRAVO La Razón 3 Septiembre 2004

El Gobierno vasco sondea periódicamente con su Plan Ibarreche a la sociedad vasca. El último balance de la situación es que el 44 por ciento de los vascos quiere que la opción soberanista salga adelante. O lo que es igual, la versión oficial de Ajuria Enea es que menos de la mitad de la sociedad está con su apuesta por la ruptura. Sólo con este nivel de adhesión sería suficiente para que Ibarreche y sus muchachos dejaran de dar la matraca al pueblo con el tostón secesionista y volcaran sus esfuerzos en resolver los problemas diarios, los reales, del hombre de la calle, que no son pocos. Pero hay más. Es sobradamente conocido el sesgo favorable que casi toda encuesta tiene a favor de la tesis de quien la paga. Es decir, la cocina prepara un plato estadístico al gusto de quien pone los euros. En realidad, esa realidad intangible reduciría el apoyo al Plan Ibarreche en un número de puntos sustancial. Con este panorama, un político responsable, que contara con el apoyo de una minoría, habría amoldado sus propuestas a las demandas de la sociedad. Para desgracia del pueblo vasco, el lendakari ha guardado la responsabilidad y la seriedad bajo siete llaves y lo que es peor, no sólo no escucha al ciudadano, es que pretende suplantarlo y anularlo.

De chupa de dómine
Luis María ANSON de la Real Academia Española La Razón 3 Septiembre 2004

A la pobre Rosa Regás la están poniendo de chupa de dómine. Es verdad que ha ofendido a José María Aznar y sus dos victorias impecablemente democráticas. Es verdad que se ha ciscado en los diez millones de votos que, en elecciones libres, han consolidado al Partido Popular como una fuerza de primera magnitud en la democracia española. Es verdad que sus novelas son mediocres y sus artículos pueriles y, tal vez por eso, alguien ha dicho que está dispuesto a leer las obras completas de Rosa Regás, eso sí, encuadernadas en su propia piel.

Pero esta escritora de vía estrecha metida a política tiene derecho a pensar lo que piensa, a expresarlo libremente y a forrarse en los pesebres del PSOE. Ella es castrista, es decir, está a favor del totalitarismo, de la dictadura, de la opresión y en contra de la democracia pluralista, de la libertad de expresión, de las libertades de asociación y manifestación y del respeto a los derechos humanos. Es una estalinista que medró durante la gestión democrática de Aznar y se ha encaramado ahora a la Biblioteca Nacional, embadurnada ya por su sectarismo y su torpeza.

En Cuba, los intelectuales sufren prisión, vejaciones y torturas por expresar sus opiniones, mientras la castrista Rosa Regás ejerce en España su derecho a manifestarse libremente y a meter la pata hasta las cejas de Zapatero. Y como no ofende el que quiere sino el que puede, ahí está el cachondeo general que, con sus afirmaciones, ha provocado la directora de la Biblioteca Nacional entre los columnistas más sagaces para el lector más inteligente, encabezados por la coña fresca y marinera de David Gistau.

Presupuestos a la carta
Cartas al Director ABC 3 Septiembre 2004

Ya están cumpliendo con su bien diseñada estrategia de desintegración de España los señores de ERC, que ahora marcan los tempos y contenidos en la elaboración de los Presupuestos Generales del Estado. De un tiempo a esta parte, como auténticos martillos pilones, las fuerzas políticas nacionalistas golpean sin cesar los cimientos que constituían la base de nuestro país, y todo ello con la aquiescencia del PSOE, que asiste impotente, ante las fuertes presiones disgregadoras instauradas en su propio seno (PSC), pero por otro, notablemente complacido por el mero hecho de haber formado gobierno, olvidando que han podido hacerlo porque los que tienen la llave de la aparente estabilidad le han dejado una copia que sólo sirve para abrir alguna puerta virtual, conservando celosamente en su poder la original, que les permitirá a aquéllos acceder al escenario en el que ansían encontrarse, aquel presidido por la absoluta concesión de todas sus actuales demandas, caminando firmemente en la senda de la autodeterminación.

Se trata de allanar el camino porque ERC sabe perfectamente lo que quiere. Mientras, la inmensa mayoría de los españoles contemplamos la secuencia de hechos que parece que no van con nosotros, y que sin duda exigen del PP mayor contundencia verbal para despertar las conciencias de un pueblo que diría querer entregar su identidad a minorías no cualificadas para tan soberbio aldabonazo en las puertas de la España de siglo XXI. Vivimos tiempos de debilidad en las filas socialistas, que han olvidado un proyecto unitario, sobre la realidad de una descentralización desconocida por doquier, obsesionados con gobernar a cualquier precio.    Sergio Santamaría Santigosa. Gerona.

Las matanzas de Sudán y los europeos
Doctores en moral
GEES Libertad Digital 3 Septiembre 2004

Los europeos se sienten cómodos en su papel de jueces morales de las grandes potencias El Secretario General de Naciones Unidas, Kofi Annan, ha informado al Consejo de Seguridad de que el Gobierno de Sudán está incumpliendo lo establecido en la última Resolución aprobada, y que la población de Darfur continúa sufriendo persecución dentro de una operación de limpieza étnica ejecutada por milicias árabes apoyadas por el Gobierno.

Durante años el gobierno árabe ha mantenido una guerra civil contra la minoría cristiana del sur. Ahora trata de expulsar del país a los grupos musulmanes no árabes. Se calcula que entre estos últimos los muertos ascienden a 25.000 y los desplazados a 1.000.000. Kofi Annan ha pedido una mayor presencia de Naciones Unidas en la región para prestar asistencia a las víctimas. Pero esa asistencia no podrá impedir la continuación de la operación gubernamental.

¿Qué estamos haciendo para evitarlo? Estados Unidos ha llevado la iniciativa en el Consejo de Seguridad, pero todavía no ha propuesto medidas de presión o de fuerza. Sus compromisos en Afganistán e Irak, sumados a la campaña electoral, hacen poco probable que asuma un mayor protagonismo. Europa se mantiene expectante, sospecha, una vez más, de las intenciones de Washington pero se siente incómoda por el bochornoso espectáculo de no hacer nada útil mientras sigue por televisión la dramática evolución de los acontecimientos.

Amos Rubenstein nos propone desde las páginas del Jerusalem Post una interpretación de la inacción europea. En su opinión la ciudadanía europea, y en especial la izquierdista, fue educada en el rechazo al colonialismo, al intervencionismo de los estados del Viejo Continente en otras partes del mundo, causante de desastres sobre las poblaciones autóctonas. Ese prejuicio impediría la decisión de una rápida intervención fundada en el principio de “injerencia humanitaria”.

La tesis de Rubenstein ayuda a entender por qué no hicimos nada durante la crisis de los Grandes Lagos y en cambio sí actuamos en Bosnia, Kosovo y Macedonia. Mientras la primera sucedía en el corazón de África las restantes acaecían en Europa, poniendo además en peligro tanto la seguridad regional como la mera existencia de la Alianza Atlántica.

En nuestra opinión Rubenstein acierta, pero ese argumento es insuficiente para comprender el comportamiento de los europeos. Intervienen otros factores que no debemos minusvalorar.

El gobierno sudanés está decidido a seguir adelante, por lo que sería necesario hacer uso de la fuerza. A los europeos les cuesta aceptar la legitimidad del uso de la fuerza; les da miedo verse involucrados en una crisis que puede tener difícil salida, como el precedente de Irak parece demostrar; carecen de medios militares suficientes para poder controlar la situación; les horroriza la idea de verse arrastrados por la diplomacia norteamericana a una operación que puede ser interpretada como “colonialista” y, sobre todo, quieren evitar un choque con el Mundo Árabe que ponga en peligro sus esfuerzos de pacificación y entendimiento.

Los europeos se sienten cómodos en su papel de jueces morales de las grandes potencias, pero prefieren arrostrar una cierta mala conciencia por permitir desastres como el que se desarrolla en Darfur antes que asumir riesgos o, sobre todo, enfrentarse al difícil trago de ser coherentes con su propio discurso. Frente al “unilateralismo” norteamericano reivindican la utilización de los ejércitos bajo cobertura de Naciones Unidas en misiones humanitarias, pero llegado el momento, cuando las circunstancias son evidentes, ejercen de Don Tancredo ¿Seguirá aguantando Europa el espectáculo de Darfur sin hacer nada?

Montilla
Murcia también es una nación
José García Domínguez Libertad Digital 3 Septiembre 2004

Montilla de Córdoba es el Pablo de Tarso del Bajo Llobregat. Nadie recuerda allí conversión más fulminante. Fue llegar del pueblo, y al día siguiente ya nos estaba explicando a los catalanes que éramos una nación. Para mí tengo que cayó del caballo al descubrir el pan con tomate en el bar de la estación. El caso es que, desde entonces, anda obsesionado con que no se nos puede considerar igual que a los de Murcia. Yo no sé si Montilla, que ha cursado estudios de tantas cosas, estuvo matriculado en algún master de gastronomía patriótica; si lo hizo, tampoco debieron de darle el título. Y es que esa fijación levantina que aqueja al PSC y a su secretario general, demuestra que de Historia de España saben tan poco como de la génesis del pan con tomate.

En 1873, mucho antes de que aterrizasen en este valle de lágrimas el apóstol de Cornellà, el nieto del poeta y el hijo del guardia civil, un gobernante que no fue pariente de David Gistau, gritó: "Estoy hasta los huevos de todos nosotros". Después, cogió un tren y se exilió en Francia. Era un catalán de Tarragona; se llamaba Estanislao Figueras, y hasta ese momento presidía el Gobierno de la República. Se esfumó porque a salvas sean las partes le habían llegado las aguas del federalismo asimétrico y la España plural de entonces. A buen seguro, desconoce Montilla que fue el nacionalismo expansionista murciano el catalizador de su desesperación. Así, justo antes de huir, don Estanislao había recibido copia de este documento emitido por la autoridad local competente:

"Jumilla desea estar en paz con todas las naciones extranjeras y, sobre todo, con la nación murciana, su vecina; pero si la nación murciana, su vecina, se atreve a desconocer su autonomía y a traspasar sus fronteras, Jumilla se defenderá, como los héroes del Dos de Mayo, y triunfará en su demanda, resuelta completamente a llegar, en sus justísimos desquites, hasta Murcia, y a no dejar en Murcia piedra sobre piedra".

Lo malo, como decíamos, es que el jefe del PSC no alberga constancia de ese episodio nacional murciano (Figueras sólo le suena a algo de Dalí). Lo que explica que haya vuelto a lo suyo de siempre; a insistir en que Cataluña no es la Huerta, y en que hay que pactar el Presupuesto entre el Gobierno y la Generalidad. Lo afirma saboreando las palabras, con esa convicción moral que le transmite el pan con tomate. Porque lo peor es que también ignora el origen murciano de su receta nacional. Aún no se ha enterado de que la inventaron los obreros de Cartagena arribados a Barcelona para construir los túneles del metro (untándolo con tomate, conseguían que el pan del bocadillo no se secase). Ahora, el ministro ha asentido a que se retire la bandera de España durante las celebraciones institucionales de la Diada. Cree que así quedará claro de una vez por todas que él no tiene nada que ver con Murcia. Ya puesto, podría izar el pendón de Jumilla todos los once de septiembre. Seguro que a algún dirigente del PSC le entusiasmaría la idea.

CHISTERAS Y ESPARDEÑAS
PABLO PLANAS ABC 3 Septiembre 2004

De West Point a los campamentos de la OJE, los homenajes a las banderas se rigen por unos usos protocolarios casi universales, como los relevos de la guardia, las tomas de posesión y los juramentos constitucionales, tanto en las más viejas repúblicas como en las más modernas monarquías. Ni siquiera el poder espiritual es ajeno a la simbología de hacha y arcabuz y hasta las organizaciones políticas más rudimentarias se reconocen en gestos de una ornamentación ampulosa, primaria, colorista y flameada. La sutileza no es precisamente un atributo de lo colectivo, por lo que en los días de la patria pesan más las secciones de viento y percusión que las de cuerda y tecla.

Tambores y trompetas son los que van a marcar la próxima Diada, el Onze de Setembre, fecha que hasta el año pasado tenía como mojones significativos el homenaje frente a la estatua de Rafael Casanova, desde 1977 entre la ronda de Sant Pere y Ali Bey (en la zona donde los laboriosos inmigrantes chinos han decidido instalar sus tiendas sin horas) y el Palau de la Generalitat. Por la mañana, desde el Orfeó Català hasta la Asociación Filatélica del Borne, depositaban sus ramos a los pies del monumento y una coral trabucaire de jóvenes okupas e independentistas (y las dos cosas a la vez, incluso) se dedicaba a silbar y escupir al viento cuando aparecía el presidente de turno del PP catalán para dejar las flores y entonar Els Segadors. Hasta tal punto se había institucionalizado el abucheo a los diputados, concejales y espontáneos del PP que ha causado una cierta conmoción que Josep Piqué haya anunciado ya su intención de no someterse este año a la tradicional lapidación figurada, aunque francamente desagradable. Por la tarde, una colorista manifestación encabezada por banderas corsas, vascas, saharauis, palestinas y catalanas solía acabar en un correfuegos en la plaza de Sant Jaume y aledaños entre los antidisturbios de la Guardia Urbana y las peculiares juventudes de Estat Català, con sus botas de bailar ska y las cabezas peladas. El divertimento se saldaba con una decena de detenidos, en su mayoría menores, valga la contradicción.

Dada la notoriedad de la fecha, el tripartito ha decidido modificar del punto a la cruz todo este protocolo, por si alguien aún no se había enterado de que las cosas han cambiado. Así, el conseller sin corbata (Bargalló) anunció ayer la ceremoniosa etiqueta de la Diada Nacional de Cataluña, la parada de los Mossos d´Esquadra con uniforme de gala; esto es con chistera y alpargatas de esparto cordadas a los tobillos y al hombro los viejos mauser (o así) que dan a la impedimenta el aspecto de una soldadesca de plomo. Se librará una bandera, unos niños entregarán al president ramas de olivo y en el parque de la Ciutadella, frente al Parlament, timbales, flautas y trabucos interpretarán una partitura de fantarria que habrá sido el fin de una fiesta musical con Serrat y Llach, la Coral Sant Jordi, Barbara Hendricks y la Polifònica de Puig-reig, a cuyo cargo correrá «El Cant de la Senyera» con el texto de Joan Maragall y la música de Lluís Millet. O sea, todo muy sencillo, casi minimalista, contenido y con ese aire de diseño tan barcelonés.

El despliegue contrasta, no obstante, con aquellas prédicas maragallianas sobre el peso de los símbolos, los actos elitistas y las tradiciones rancias; sobre la modernidad, la sobriedad de la sociedad civil y el catalanismo progresista; sobre todo lo que no debía hacer Jordi Pujol, el viejo president que escalaba montañas para anunciar elecciones y que se sintió atravesado por la emoción nacionalista a los ocho años y ante las piedras románicas de un paraje en el que hasta los árboles parecían manoseados, pese a la inquina que siempre manifestó respecto a Pla. El próximo Onze de Setembre, Pujol podrá constatar otra vez los efectos de 23 años de sermones y parábolas.

Ibarra lidera las Autonomías socialistas menos ricas contra la primacía catalana
Castilla-La Mancha, Asturias y Aragón llevarán a la cita de noviembre sus quejas por unas reformas que harían peligrar «el principio de igualdad entre españoles»
M. TRILLO/ E. SÁNCHEZ ABC 3 Septiembre 2004

ZARAGOZA, TOLEDO. Los presidentes socialistas de las Comunidades Autónomas «menos favorecidas» decidieron ayer, encabezados por el extremeño Rodríguez Ibarra, alzar definitivamente la voz ante la negociación bilateral con el Gobierno catalán de los Presupuestos Generales del Estado y las reformas en la financiación autonómica que pretende poner en marcha el Ejecutivo de su propio partido. Extremadura, Asturias, Castilla-La Mancha y Aragón se sienten agraviadas, no quieren seguir siendo convidadas de piedra en estas negociaciones y ya han advertido claramente que harán oír su voz en la cumbre que el presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero, mantendrá con los presidentes autonómicos en noviembre en La Moncloa.

El presidente de la Junta de Extremadura, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, llevaba mucho tiempo guardando silencio después de sus continuos roces de marzo y abril con el tripartito catalán. Ayer, en declaraciones a Europa Press, Rodríguez Ibarra dijo que la Conferencia de noviembre debe servir «para clarificar lenguajes» y para que cada Comunidad Autónoma ponga sobre la mesa «exactamente» su idea de España, «qué estamos diciendo y qué pretendemos», y que dicha cita «debería ser a puerta cerrada, en La Moncloa y «a calzón quitado»». La presencia de medios «podría hacer que la gente no hablara con la sinceridad con que yo pido que se hable para terminar de una vez con esta broma que estamos viviendo en España, donde no se sabe exactamente cada uno qué es lo que dice, qué es lo que quiere y por qué lo dice y por qué lo quiere».

Carta a Jordi Sevilla
Éstas son esencialmente las propuestas remitidas por carta al ministro de Administraciones Públicas, Jordi Sevilla, hace dos o tres días, y, según declaró, aún no ha obtenido respuesta al respecto. A preguntas sobre si a «ciertas» Comunidades su propuesta no les interesa, Ibarra deduce que «no quieren ser valientes», y agrega: «Yo creo que es la hora de la valentía». En especial, cree que deben exponer sus ideas el lendakari vasco, el presidente de la Generalitat y Manuel Fraga.

Finalmente, Ibarra asegura que si en esa Conferencia se 8ncluyen asuntos como la financiación autonómica, «sin duda Extremadura llevará su propuesta, que fundamentalmente se basa en que no estamos dispuestos a que con nuestro dinero alguien pretenda mejorar su situación para que los demás salgamos perdiendo». «Con mi dinero no lo van a hacer», concluyó.

Castilla-La Mancha, «rotunda»
El desahogo de Ibarra no vino solo. Apenas unas horas antes, el Gobierno de Castilla-La Mancha dejaba también clara su postura acerca de la preponderancia que el Gobierno del PSOE está dando a Cataluña en cuestiones fundamentales, como la negociación de los Presupuestos Generales del Estado. El Gobierno castellano-manchego quiso ser muy explícito en que no ve con buenos ojos que otros Ejecutivos autonómicos, como el catalán, también socialista, negocien bilateralmente con el Estado los Presupuestos. El consejero de Relaciones Institucionales del Gobierno de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, avanzó este jueves que el presidente castellano-manchego, José María Barreda, defenderá en la próxima Conferencia de Presidentes Autonómicos una «posición rotunda, que comparten también regiones como la nuestra, para mantener el principio de igualdad entre todas las Comunidades Autónomas».

Aunque no citó a Cataluña, el consejero expresó que el Gobierno de Castilla-La Mancha «considera innegociable e inmodificable el principio de igualdad entre los españoles» y destacó, en cuanto a la reforma de la Carta Magna del 78, que «es un asunto en el que los castellano-manchegos nos jugamos buena parte de nuestro futuro porque nuestro futuro depende de que en España no se modifiquen sustancialmente las reglas del juego». «No estamos en la España rica y, muchas veces, quien quiere modificar la Constitución con presuntas modernizaciones lo hace porque tiene más y aún quiere tener más», dijo García-Page, en clara alusión a las pretensiones del tripartito catalán.

Aragón, marginada del debate
Por su parte, el presidente aragonés, Marcelino Iglesias, se rebela hace tiempo ante la contradicción de que las Comunidades leales a la Constitución y un proyecto integrador de España sean precisamente las más castigadas, mientras se premia a aquellas que presentan tendencias «centrífugas», como le gusta decir. Con motivo de su visita a La Moncloa sostuvo que «no es aceptable que las Comunidades que cohesionan y defienden el conjunto, sin cuestionar el sistema, estén no sólo marginadas del debate, sino que tengan la sensación de estar penalizadas porque su lealtad al conjunto se da por descontada», una tesis que fuentes oficiales recalcaron ayer.

El Gobierno aragonés espera poner en marcha este mes una comisión bilateral, prevista en el Estatuto de Autonomía, en la que negociar directamente con el Estado los asuntos que afectan a su financiación. Sin embargo, entre tanto, ha anunciado que está dispuesto a adelantar al Ministerio de Fomento hasta 75 millones de euros para adelantar a 2006 la conclusión de la autovía que unirá Zaragoza y Valencia. De lo contrario, estima el Gobierno aragonés, esta obra clave para la vertebración regional no estaría terminada hasta 2008, si bien lo achaca al estado de tramitación en que la dejó Álvarez-Cascos.

El presidente del Principado de Asturias, Vicente Álvarez Areces, se sumó el martes en la Menéndez Pelayo al coro de Comunidades socialistas que rechazan el protagonismo catalán en el debate sobre la reforma del Estado de las Autonomías, al considerar públicamente que los planteamientos de Maragall «rompen el modelo de solidaridad y provocan un debate que no nos lleva a ningún sitio», informa G. M. P.

Asturias: que Maragall rectifique
Aunque enfatizó su amistad con el presidente de la Generalitat, Areces fue muy directo: «Todo esto no nos ayuda a llevar adelante la España plural y solidaria», aunque expresó su confianza en que Maragall acabe por rectificar y consiga «armonizar» sus propuestas con el respeto al «valor supremo» que debe presidir cualquier reforma del sistema de financiación y del modelo de Estado: «El principio de solidaridad y de igualdad de derechos de los ciudadanos, independientemente del lugar en el que residan».

Las memorias de José Ramón Recalde, Premio Comillas «Este libro es un homenaje a las víctimas del terrorismo», asegura
El intelectual reflexiona sobre la violencia a partir del tiro que le dio ETA hace cuatro años
«Fe de vida» no existiría sin aquel infausto disparo que un terrorista le descerrajara una mañana del 14 de septiembre de 2000. Cuatro años después, José Ramón Recalde, catedrático, intelectual y militante político en el pasado, gana el Premio Comillas con un libro de memorias que es a la vez una reflexión sobre la violencia.
José Ramón Recalde es catedrático y autor de numerosos libros
G. G. M. La Razón 3 Septiembre 2004

Madrid- Una vida marcada por la lucha y amenazada por la ignominia y el terror. Primero en las cárceles franquistas, donde fue víctima de la tortura policial, y mucho después situado en el punto de mira de la violencia fascista ejercida por ETA, cuyo episodio más lamentable no terminó con el atentado que le hirió en la cara si no que siguió cebándose con su entorno a través del acoso a la librería Lagun que regenta su esposa, Maria Teresa Castells. Todo eso, y mucho más, lo cuenta Recalde en «Fe de Vida», el libro que Tusquets publicará en octubre y que ha sido premiado ahora con el Comillas de Biografía por el jurado formado por Jorge Semprún, Miguel Ángel Aguilar, Santos Juliá, Enrique Krauze y Antonio López Lamadrid, al considerar que la obra es «una defensa apasionada del coraje cívico ante todas las formas de barbarie».

«No es una autobiografía sino unas memorias intelectuales que hacen hincapié en mis años de formación», decía ayer Recalde, un símbolo de tolerancia en el País Vasco y autor de numerosos libros, entre ellos «La construcción de las naciones». Asegura que se pueden encontrar en estas páginas posos del pensamiento cristiano francés (cita a Emmanuel Mounier), un marxismo poco ortodoxo y una confesa atracción por el romanticismo alemán. Insiste en que «Fe de vida» no contiene recomendaciones políticas, sino el testimonio personal y reflexiones intelectuales fruto de una larga vida (tiene 74 años) en la que la militancia política ha sido un pilar ineludible junto a la docencia (fue catedrático de la Escuela Superior de Técnicos de Empresa). Recalde fue fundador de ESBA, la rama vasca del Frente de Liberación Popular. Pasó dos años en la cárcel tras las huelgas de 1962, y con la llegada de la democracia trabajó en el primer gobierno de concentración que hubo en el País Vasco.

«El libro es un homenaje a las víctimas del terrorismo, a Julian Grimau y Enrique Ruano, un joven que murió a manos de la policía, pero también es un análisis de los asesinatos cometidos por Eta, entre los que figuran muchos amigos míos como Fernando Múgica, Ernest Lluch y Fernando Buesa, entre otros».

Recalde asegura que siempre ha hablado sin mordazas y que tras el atentado que casi acaba con su vida ha reforzado su actitud combativa. «No creo que a esta edad vaya a cambiar mis postulados», añade. Ante el futuro del País Vasco se muestra optimista, lo mismo que cuando habla del compromiso de los intelectuales, «cada vez más concreto y cercano».

«El libro empieza con el tiro que me dan y termina con el día que salgo de la clínica», señala Recalde, que no esconde que estas memorias pueden levantar ampollas entre sectores no nacionalistas, «porque ahora tengo más libertad al no estar vinculado a ningún partido político».

García de Cortázar: «La Nación es para fomentar la paz entre todos y no al contrario, como sucede»
MARÍA DE LAS CUEVAS ABC 3 Septiembre 2004

SANTANDER. La sesión de ayer del curso que dirige Benigno Pendás en la UIMP la abrió el catedrático José Luis González Quirós, quien calificó como «ridículos» los empeños nacionalistas por establecer diferenciaciones: «No soy españolista, cosa que entiendo tan absurda como ser catalanista. Soy asturiano, español y de cara a Europa soy europeísta. Sin embargo cuando estoy en mi tierra y veo ese empeño de poner los carteles en bable, aunque lo hablo desde chavalín, lo entiendo como algo artificial». Y propuso que los historiadores son los que deben hacer la historia: «Corremos peligro si a ella se dedican los políticos, que siempre esconden intereses «non sanctos»».

El historiador Fernando García de Cortázar aclaró dos conceptos básicos: «La historia ha venido a traer pueblos para que convivan en armonía y la Nación es para fomentar la paz entre todos los hombres y no al contrario, como sucede». Diagnosticó el sustento nacionalista de «patología de búsqueda obsesiva de derechos diferenciales, sean lo que sean, gastronomía, folclore... Un empeño en inventar lo diferente y no integrar a los españoles». Sin embargo, continuó, «la diversidad es un bien frágil y si se absolutiza rompemos con la idea de libertad. Hay que vivir las diferencias entre pueblos con naturalidad, sin exagerarlas frente al de al lado. Al fin y al cabo, -concluyó- somos 42 millones de hechos diferenciales, porque somos 42 millones de españoles, y la historia de España no se puede hacer desde el mercadeo político».

Ignacio Sánchez Cámara cerró la sesión con su ponencia sobre «liberales y conservadores». En su opinión, «siempre supone un peligro el intervencionismo estatal, porque como resultado se limita la libertad». Confesó echar de menos en la corriente liberal «propuestas políticas y económicas puestas en firme»: «Para algunos, el liberalismo es más una forma de comportarse y no tanto ideas e ideologías. Se limita a ser sinónimo de libertad, respeto al otro y talante».

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