AGLI

Recortes de Prensa     Sábado 4 Septiembre 2004

Matanza islamista en Osetia
Editorial La Razón  4 Septiembre 2004

CUANDO LA VIDA DE LOS REHENES NO VALE NADA
LUIS IGNACIO PARADA ABC 4 Septiembre 2004

UNA CRISIS SECULAR
FLORENTINO PORTERO ABC 4 Septiembre 2004

EL HORROR A DOMICILIO
Juan Manuel DE PRADA ABC 4 Septiembre 2004

¿Qué culpa tendrán los niños
José Antonio VERA La Razón 4 Septiembre 2004
 

A PUTIN SE LE AMONTONAN LOS MUERTOS
Editorial ABC 4 Septiembre 2004

Un asalto de infierno
Opinión El País 4 Septiembre 2004

Terror y eclipse de la razón
CÉSAR A. DE LOS RÍOS El Correo  4 Septiembre 2004

De insurgentes a terroristas
Pablo Molina Libertad Digital 4 Septiembre 2004

ZP+CR = Sumisión
Ignacio Villa Libertad Digital 4 Septiembre 2004

Reparto socialista del agua
Editorial La Razón 4 Septiembre 2004

El plan Patxi
TONIA ETXARRI El Correo  4 Septiembre 2004

Una vieja guerra incorporada al terror de Al Qaida
Aleksandra Raicheva La Razón 4 Septiembre 2004

Aznar: «Para ganar al terrorismo hay que aceptar que estamos en guerra»
B. B. La Razón 4 Septiembre 2004

Aguirre deja en evidencia a Puigcercós y responde con datos a sus insultos contra los madrileños
Libertad Digital  4 Septiembre 2004

José María Barreda: «No es aceptable que Gobiernos autonómicos negocien con el de España. O todos, o ninguno»
ANTONIO GONZÁLEZ ABC 4 Septiembre 2004

 


Matanza islamista en Osetia
Editorial La Razón  4 Septiembre 2004

El secuestro por parte de un grupo de criminales chechenos de niños, familiares y profesores en un colegio de Beslan, en Osetia del Norte, una de las repúblicas caucásicas de la ex Unión Soviética, terminó ayer con el previsible baño de sangre que auguraba la barbarie ya conocida de los terroristas chechenos. Porque son éstos, y desde luego no las fuerzas de seguridad rusas y locales, los únicos responsables de una masacre que todavía carece de cifras fiables, pero que se calcula en un centenar de muertos, la mayoría de ellos niños, y en medio millar el número de heridos.

Sería un error limitar la batalla librada ayer en Osetia al ámbito ruso y, en concreto, a la situación de Chechenia. El hecho de que ya las fuerzas de seguridad hayan identificado a no menos de una decena de terroristas procedentes de países árabes entre los asaltantes del colegio confirma, si es que alguien podía tener alguna duda, que la matanza forma parte de la misma estrategia bajo la que actúan los aliados de Al Qaida en todo el mundo. El líder de los terroristas, Basayev, es un viejo amigo de los extremistas del wahabismo saudí y ha participado activamente en la guerra entre Armenia y Azerbayán o en la de Afganistán. Para este grupo de asesinos, el futuro de Chechenia pasa por la independencia y la construcción de un estado similar al que implantaron los talibán cuando se hicieron con el poder en Kabul. Algo de ello se intuyó cuando un débil gabinete de Yeltsin, tras fracasar en la primera guerra de Chechenia, permitió un gobierno de origen islámico que pronto desató el terror.

Puede hablarse ya de un antes y un después de esta última carnicería con la firma de los islamistas chechenos, que ha estado precedida por un atentado en el metro de Moscú y la explosión en vuelo de sendas bombas en dos aviones civiles rusos. La Rusia de Putin ya no está sola en un conflicto en el que muchos reservaban hasta ayer mismo a Moscú el papel de agresor y a los chechenos de Masjadov o Basayev el de «resistentes». Hoy, después de que el secretario general de la ONU, Kofi Anan, condenase los hechos, la Unión Europea y Estados Unidos se han solidarizado con Rusia y condenado sin paliativos la matanza, de la que hacen exclusivos responsables a los terroristas.

Porque cada día está más claro que asistimos a una nueva y atípica guerra mundial, en la que el terrorismo forma parte de uno de los bandos, con Al Qaida como una de sus banderas. Una contienda que no conoce fronteras y en la que los sistemas democráticos, y de hecho cualquier país no islámico, es susceptible de ser atacado. No hacen falta motivos como haber apoyado las guerras de Iraq o Afganistán. Basta simplemente con defender un sistema laico en la escuela pública, o haber expulsado hace más de 500 años al último rey musulmán de Granada.

CUANDO LA VIDA DE LOS REHENES NO VALE NADA
LUIS IGNACIO PARADA ABC 4 Septiembre 2004

LA única manera de que el terrorismo renuncie a la toma de rehenes como fórmula de chantajear a los Estados es que todas las naciones declaren solemnemente que la vida de los prisioneros no vale nada en comparación con la seguridad nacional y que, por tanto, asaltarán militarmente cualquier edificio tomado de forma criminal. Claro está que eso exige un apoyo en la legislación interna de todos los países y una serie de complejos acuerdos internacionales. Pero mientras cualquier terrorista tenga la posibilidad de una negociación y pueda obtener alguna de sus exigencias, sobre la base de consideraciones humanitarias por parte de los Gobiernos, queda abierta una puerta al chantaje. Nadie va a atreverse a decirle a los ciudadanos que si son secuestrados o retenidos pueden morir en un bombardeo o una fumigación letal por parte de las fuerzas armadas. Pero si eso no ocurre, el mundo seguirá siendo un lugar inseguro. Cada día más inseguro.

Tomar tan controvertible decisión no es una cuestión de derechas o de izquierdas, de seguridad o libertad, de Estados o individuos. Tampoco un problema de prioridades morales o sentimientos piadosos: es una cuestión de eficacia. Por eso es tan complejo decidir si lo procedente en el caso del asalto al colegio de Beslán, en Osetia del Norte era una negociación de desgaste con pocas posibilidades de éxito ante el fanatismo terrorista, con una serie de concesiones como las que presumiblemente han estado presentes en la todavía pendiente liberación de los periodistas franceses secuestrados en Irak o una acción rápida de las fuerzas de seguridad del Estado, caiga quien caiga, que deje sentada la inutilidad de cualquier acción de toma de rehenes. Lo único que es evidente es que mientras esas legislaciones nacionales y acuerdos internacionales no existan, los métodos de represión del terrorismo que emplea Putin carecen de legitimidad.

UNA CRISIS SECULAR
Por FLORENTINO PORTERO Analista del Grupo de Estudios Estratégicos ABC 4 Septiembre 2004

EL Cáucaso ha sido, desde hace siglos, un problema para Rusia. Desde que los boyardos fueron capaces de liberarse del yugo mongol, en las postrimerías del s. XV, la seguridad de su frontera sur fue concebida como una necesidad imperiosa. La cristiana Rusia se sentía amenazada por el creciente Imperio Turco y por el más decadente persa. El Cáucaso era el vértice sobre el que convergían las tres potencias y la llave para que Rusia pudiera penetrar en Asia, en dirección a la India.

En la segunda mitad del s. XVI comenzó la colonización rusa a partir del Volga y, más en concreto, del puerto de Astracán, en la desembocadura sobre el Mar Caspio. Desde el este se avanzó hacia la ribera del Terek para, a continuación, afrontar la peor parte, las montañas en las que habitaban chechenos, ingusetios y osetios, pueblos musulmanes adaptados a la vida en una zona de geografía y clima duro. La penetración rusa fue tan lenta como costosa. Tanto su historia militar como su extraordinaria literatura están marcadas por aquellas gestas, por aquellos desastres que costaron la vida a miles de jóvenes. Si la penetración resultaba difícil, la consolidación de las posiciones era, a menudo, imposible. Las emboscadas se sucedían y el trabajo de años se desvanecía en pocos días. Aquellos pueblos no renunciaban a su independencia ni querían pasar a formar parte de un estado cristiano. En la segunda mitad del siglo XVIII Pedro el Grande conquistó la orilla occidental del Caspio, con la ciudad de Bakú, y Catalina II la península de Crimea, sobre el Mar Negro. Al año siguiente, en 1784, Potemkin finalizaba la construcción del fuerte de Vladikavkás, en el corazón del Cáucaso, que aseguraba el control de la vía hacia el cristiano reino de Georgia. A partir de entonces la presencia comenzó a hacerse realidad, pero con limitado éxito. Las revueltas se sucedieron durante el siglo XIX, animadas por turcos y británicos, interesados en frenar la presencia rusa en Asia Central.

La revolución bolchevique despertó algunas ilusiones en los pueblos del Cáucaso, en cuanto que implicaba el fin del régimen zarista, pero duraron poco. Stalin, originario de aquellas tierras, no perdió el tiempo tratando de explicar a los lugareños las bondades de la ideología soviética. Se limitó a erradicar el problema deportando a sus habitantes. No disponemos de cifras fidedignas sobre la magnitud de la catástrofe. En cualquier caso, cientos de miles de caucasianos llegaron, sobre todo, a Kazajstán y Kirguizistán, en Asia Central, mientras que rusos, ucranianos y georgianos eran obligados a instalarse en las casas deshabitadas. El terror soviético acalló la resistencia a costa de complicar el problema. Al rechazo al extraño que venía de fuera se sumaba la difícil convivencia con el extraño nacido y crecido allí mismo.

La conquista del Cáucaso está unida en la conciencia política rusa con la construcción de su propia identidad. Zares débiles fracasaron, mientras que otros más fuertes, más autoritarios y dispuestos a hacer uso de la fuerza triunfaron. El debate sobre la modernización-occidentalización de Rusia se mezcló con la necesidad de imponer el orden en espacios distantes sin medios adecuados. La síntesis resultó fatal. La sociedad rusa apostó por la modernización desde el autoritarismo. No confiaban en el efecto de las libertades sino en el poder para dar cohesión a su Estado. Desde entonces han ensayado distintos regímenes: zarismo, bolchevismo y democracia, pero los valores liberales siguen en gran medida ausentes.

La conquista de un territorio ha sido, durante siglos, la forma más convencional de definir fronteras. Pero la conquista no garantiza la asimilación. Distintos pueblos pueden unirse cuando encuentran un programa común, cuando dan forma a una empresa colectiva. Los pueblos del Cáucaso han recibido de Rusia amenazas, violencia y deportaciones. Ni los zares ni los bolcheviques fueron capaces de establecer un diálogo y localizar unos intereses comunes desde los que forjar una comunidad. De ahí que, al desintegrarse la Unión Soviética, las ansias de libertad estallaran con carácter revolucionario. En palabras de la gran historiadora Hélène Carrère d´Encausse, escritas en el año 2000: «Una vez desaparecido el Partido-Estado, no ha sido sustituido realmente por nada, salvo por algunas instituciones cuya estabilidad todavía no conoce nadie. Y, al igual que muchas otras veces en el pasado, una vez desaparecido el Estado, el inmenso espacio parece listo para desintegrarse bajo los golpes de deseos de independencia, de los que Chechenia constituye hoy día el ejemplo más violento».

Los dirigentes chechenos, partícipes de una centenaria estirpe de guerrilleros, aprovecharon la crisis del sistema soviético para tratar de consolidar su independencia. De hecho lo consiguieron. Tras el asalto de un hospital y la conversión en rehenes de todos los que allí se encontraban, Yeltsin se plegó a las demandas de los secuestradores y el Estado ruso perdió el control de aquel territorio. Pero la lección de aquellos acontecimientos fue aprendida por los miembros de la comunidad de inteligencia que hoy controlan el Kremlin: nunca más una cesión ante el terrorismo, nunca más la pérdida de una parte integral del territorio nacional, nunca más una muestra de debilidad semejante. Putin afrontó la siguiente crisis, la del teatro moscovita, con una actitud bien distinta: antes ser acusado de cruel que de débil. El nuevo zar actuaba como sus más grandes predecesores, convencido que el mejor aliado es el poder, y el peor la debilidad.

Mientras tanto, en las guerrillas chechenas se vivía un proceso de transformación propio del mundo global en el que nos encontramos. Tras la guerra afgano-soviética se consolidó una red de islamistas dispuestos a actuar violentamente contra el mundo judeo-cristiano, haciéndose presentes allí donde se abría una línea de conflicto. Jóvenes voluntarios, formados en la guerra contra los soviéticos o en los campos de adiestramiento afganos, se desplazaban a Sudán, Bosnia o Chechenia con el ánimo de dar su vida por la causa del Islam. Poco a poco las escuelas de pensamiento fundamentalista penetraron por aquellos desfiladeros hasta transformar el sentido de la resistencia. De una causa nacional se ha pasado a otra islamista, y si la primera era inaceptable para Moscú, la segunda representa toda una provocación. Más aún, un frente islamista que actúa siguiendo tácticas terroristas es una amenaza global, que nos afecta a todos. Moscú ahora sí tiene derecho a exigir la solidaridad del mundo civilizado.

Los atentados terroristas chechenos son condenables y sus autores deben ser perseguidos, pero no podemos caer en la confusión de problemas que son distintos. La amenaza del terrorismo islamista debe ser vencida, pero la incardinación de Chechenia en Rusia requiere de diálogo. Al islamismo sólo se le puede vencer si juntos actuamos coordinadamente en todos los frentes en los que se hace presente. A los islamistas hay que perseguirlos, al mismo tiempo que las autoridades islámicas deben guiar a sus comunidades hacia las escuelas moderadas, y nosotros animar la modernización política, social y económica de aquellos estados. Las Fuerzas Armadas rusas pueden hacerse con el control, mayor o menor, del territorio, pero Chechenia no será parte real de Rusia hasta que los chechenos encuentren en Rusia un espacio de libertad en el que su identidad pueda desarrollarse. De la misma forma que Rusia sólo dejará de ser un gigante con pies de barro cuando la democracia liberal arraigue definitivamente, la solución de la cuestión chechena dependerá de conjugar la fuerza con las libertades y el respeto a la diferencia.

EL HORROR A DOMICILIO
Por Juan Manuel DE PRADA ABC 4 Septiembre 2004

EL mito de la Gorgona, que petrificaba a quienes osaban mirarla, se ha reencarnado en la pantalla de nuestros televisores, convertidos en ojos sin párpado que reparten a domicilio el horror de un nuevo terrorismo ubicuo, acumulativo, sin pausa. El terrorista tradicional siempre había entendido que sus desmanes no serían completos y del todo efectivos sin una propaganda mediática; tanto o más que el ataque a un sistema de vida, importaba su divulgación. La hecatombe de las Torres Gemelas inauguró una nueva era terrorista: no me refiero tan sólo a sus dimensiones multitudinarias, sino al empleo novedoso de la televisión como testigo privilegiado de la masacre. A la mente criminal que concibió aquella escabechina no le importaba tanto el cómputo de mortandades (o le importaba muy someramente, como al director de escena le importan los movimientos calculados y previsibles de sus comparsas), ni la confusión pánica de los supervivientes. Le importaba, sobre todo, que ese pandemónium fuese retratado por las cámaras; le importaba que la televisión inmortalizase su obra; le importaba introducir en cada casa la epifanía del horror. La «lección magistral» de Bin Laden la tenían bien aprendida los chacales que hicieron volar los trenes de cercanías en Madrid. Los cuerpos despedazados entre el amasijo de hierros, los esfuerzos denodados y a veces estériles de quienes se entregaron a las tareas de salvamento, la llegada de los heridos a los hospitales son imágenes que ya se han quedado enquistadas para siempre en nuestra memoria, como minerales de espanto.

Los Occidentales nos habíamos acostumbrado a comer sin sobresaltos mientras veíamos el telediario, convencidos de que las hambrunas y las guerras ocurrían en algún arrabal del atlas, convencidos de que ni siquiera rozaban nuestra existencia plácida. De repente, descubrimos que el horror ya no era una murga lejana, emitida en sordina, sino algo mucho más próximo, que nos atañía y apabullaba. Desde entonces, el terrorismo se ha preocupado de multiplicar su presencia televisiva, hasta hacerse omnipresente. Como esos canales que no interrumpen su emisión y presumen de mantener informada a su audiencia durante las veinticuatro horas del día, el terrorismo ha hallado la forma de mantener al mundo petrificado perennemente: ejecuciones en directo de rehenes, secuestros de escuelas, aviones siniestrados, todo vale en una estrategia de saturación que no concede respiro. La televisión como Gorgona insomne que convierte el horror en una eucaristía universal, instantánea y sacrílega.

Y Occidente, ¿cómo reacciona ante esta nueva forma de horror acumulativo? El bienestar nos ha hecho débiles. Nos habíamos habituado a contemplar las tragedias que divulgaba la televisión como algo ajeno que, en el mejor de los casos, provocaba nuestros pucheros solidarios; nos habíamos habituado a permanecer impertérritos ante el espanto, protegidos por una coraza de seguridades que nos hacía -así lo creíamos- invulnerables. Pero esa coraza de falsas seguridades nos estaba haciendo, en realidad, más débiles, más invertebrados y amorfos. Occidente (con la salvedad, quizá, de Estados Unidos) no parece preparado para combatir esta nueva forma de horror; ni siquiera nos asisten unas convicciones firmes, un andamiaje de ideales que nos proteja contra el derrumbamiento. Hace ya mucho tiempo que abandonamos esos ideales, como si fueran pertrechos inútiles, ignorantes de que la molicie espiritual abonada por el bienestar nos haría más blandos e inermes. Los terroristas, en cambio, conocían nuestra insustancial debilidad; sabían que sus métodos nos dejarían petrificados, sin capacidad de reacción. Y calculaban que, a la postre, si perseveraban en su acción, acabaríamos claudicando. ¿Se cumplirá su designio? Mi diagnóstico no es del todo optimista.

¿Qué culpa tendrán los niños?
José Antonio VERA La Razón 4 Septiembre 2004

Hay que tener mucho cuidado con la semántica y con lo que se dice, porque a veces a algunos les pasa lo que a cierto escritor, que justifican actos de barbarie como los protagonizados esta semana por terroristas palestinos, chechenos e iraquíes. Y es que hay algo que conviene tener siempre muy claro: nunca se puede justificar un asesinato. No hay crímenes buenos y crímenes malos. No hay terrorista al que podamos salvar en su demencia por la situación de su país o por sus ideales, pues nadie tiene derecho a segar la vida de otro, y mucho menos si ese otro es un niño o un anciano o un civil inocente que viaja en un tren o un autobús cuando es sorprendido por la metralla. Bien, es verdad que se puede ganar un conflicto recurriendo a la violencia. Hay miles de casos en la historia que lo demuestran. Pero lo que también se ha demostrado ya es que se puede ganar igualmente renunciando a las armas, desde la desobediencia civil pacífica, actuando como hizo Martin Luther King en su campaña contra la segregación racial en Estados Unidos, como Gandhi en la India, como Nelson Mandela en Sudáfrica.

El crimen es siempre un horror, y nada ni nadie justifica que quitemos la vida a quien tiene tanto derecho a vivir como nosotros. Porque quien así actúa está perdiendo la razón. Porque hay otras formas de protestar y demostrar que se está cometiendo una injusticia con una persona o con un pueblo. Porque para eso están las huelgas, y las huelgas de hambre, y las manifestaciones y las concentraciones y el derecho que uno puede tener a presionar, negándose, por ejemplo, a no trabajar para los israelíes, a no colaborar con una ocupación, a no acatar unas normas que se consideren injustas o abusivas, siempre que eso se haga desde la no violencia. Es cierto que ese es un camino mucho más largo e incómodo y duro. Pero también lo es que al final termina siendo más efectivo, pues incluso los que no comparten tus ideas se descubren ante una forma justa de protestar.

El problema actual, el problema de siempre, es que determinados credos y doctrinas justifican la violencia y el diente por diente y la guerra santa y la guerra sin más. Unos justifican que se pueda poner una bomba en un supermercado y otros que se bombardee una ciudad o un país entero por culpa de sus dirigentes. Y eso es lo grave. Que se busquen argumentos para perdonar tales barbaridades. Vamos de conflicto en conflicto, de atrocidad en atrocidad, de guerras de palestinos contra israelíes, de israelíes contra árabes, de árabes contra americanos, de americanos contra talibanes, de talibanes contra rusos, de rusos contra chechenos, y de todos contra todos en general. Vamos perdiendo la cabeza cada día hasta llegar a encontrar razones que justifican el once-ese y el once-eme y las «ejecuciones» de periodistas y de niños y madres inocentes.

No, el problema no son las ideas, sino determinadas ideas, determinados comportamientos compasivos con un tipo de crimen, pero absolutamente viscerales contra otros crímenes. Porque hay a menudo muchas contradicciones que acaban por descubrir a los que en ellas incurren. Y una muy reciente consiste en condenar las guerras, pero no al terrorismo. En condenar la guerra y la ocupación de Iraq, pero no a los que perpetran salvajes atentados en Iraq. En condenar los bombardeos indiscriminados de Sharon, pero no a los terroristas que matan a veinte civiles en un autobús o en una cafetería. En condenar la represión de Putin en Chechenia, pero no a los que asesinan a niños porque no les dan lo que piden. ¿Qué culpa tendrán los niños?

No, esa no es forma de protestar. Eso es fanatismo asesino, cruel y despiadado. Y es bueno que distingamos. Porque tampoco se debe generalizar y meter a todo el mundo en el mismo saco de la descalificación y del insulto. No se debe condenar a todos los vascos por el hecho de que haya fanáticos vascos. Ni a todos los judíos porque haya fanáticos en Israel. Ni a todos los iraquíes o chechenos por muy fanático que sea el credo de algunos iraquíes y chechenos. En este día de horror y de terror, me he acordado de la declaración del ayatolá Al Sistani en favor de la resistencia pacífica contra la ocupación norteamericana de Nayaf. Por supuesto que los chiíes tienen derecho a protestar contra la intervención extranjera en su país si no la consideran justa. A lo que no tiene derecho nadie es a secuestrar a inocentes y a degollarlos o fusilarlos a sangre fría. Porque toda la razón que pudieran tener, si es que tenían alguna, la pierden de inmediato.

No, hay que tener claro que con el terrorismo no se puede transigir. No se puede justificar la acción salvaje del terrorista. No hay terrorista bueno. No hay asesinato justo. No se puede llamar resistentes a quienes asesinan brutalmente a más de cien niños en un colegio. Porque ésos son criminales. Como lo son quienes ordenan bombardear una ciudad y aniquilar a cientos de ciudadanos que no tienen culpa de la demencia de sus dirigentes. Ahí está el problema. En los dirigentes. En los jefes de filas que exaltan a sus fieles y los llevan a matar en vez de a protestar pacíficamente contra la injusticia. Si hicieran como Gandhi, por ejemplo, si pusieran la otra mejilla como Jesucristo, estoy convencido de que hoy no estaríamos ante la tragedia de Osetia. Esa si que sería una verdadera resistencia, y no esta legión de locos que va por ahí inmolándose y matando a niños inocentes. ¿Qué culpa tendrán los niños? Éstos salvajes, perdona, no son resistentes ni soldados ni son nada. Son escoria terrorista.

A PUTIN SE LE AMONTONAN LOS MUERTOS
Editorial ABC 4 Septiembre 2004

EL secuestro de escolares en la ciudad de Beslan terminó en un baño de sangre. La criminal acción de los terroristas chechenos encontró la improvisada respuesta de unas Fuerzas de Seguridad rusas que se vieron nuevamente sorprendidas. No había, ciertamente, mucho margen de maniobra, debido a las exigencias inasumibles de unos fanáticos dispuestos a inmolarse; Putin se enfrenta, de nuevo, al peor de los balances: más de ciento cincuenta muertos y centenares de heridos, en su mayoría niños. Una tragedia que algunos considerarán evitable, y que, más allá de la supuesta impericia de las fuerzas especiales, es responsabilidad de los terroristas. Vaya por delante esta consideración. A los secuestradores se les sabe capaces de cualquier atrocidad: quienes decidieron tomar al asalto un colegio entero estaban dispuestos a matar a todos sus rehenes, como demuestra el hecho de que sembraran de explosivos el edificio. Pero a las fuerzas especiales se les atribuye el papel de velar por la seguridad de los inocentes y la capacidad necesaria para rescatar a los rehenes al menor coste posible. Otra vez, como ya sucedió en Moscú durante la toma del Teatro Dubrovka, el Ejército ruso no ha podido evitar la tragedia.

Sin disminuir ni un ápice la responsabilidad de los terroristas, que son los que en justicia deben pagar por cada uno de los inocentes muertos de ayer, la actuación del Gobierno de Moscú ha vuelto a poner de manifiesto las razones por las cuales al presidente ruso, Vladimir Putin, se le está atragantando el avispero del Cáucaso. El máximo responsable ruso fraguó su prestigio político con su determinación para resolver el conflicto de Chechenia, después del fracaso de su antecesor, Boris Yeltsin, y ahora parece haber emprendido el camino hacia el mismo despeñadero.

Ni siquiera en su estrategia exterior le son favorables los vientos al Kremlin. Putin acaba de reunirse con Jacques Chirac y Gerhard Schröder -que siguen siendo sus dos principales aliados en política exterior-, pero a los terroristas chechenos no parecen importarles en absoluto sus reticencias en el caso de la guerra de Irak. Al revés, en este secuestro se ha constatado la participación de terroristas de origen árabe, según todos los indicios, miembros de esta nebulosa internacional del terrorismo islámico, y por ello Putin no debería dudar ahora en subrayar esta circunstancia para pedir el apoyo y la comprensión de la comunidad internacional.

Nadie puede discutir el derecho de Rusia a defender sus legítimos intereses estratégicos en el Cáucaso, pero el presidente Putin debe comprender que en el siglo XXI la lucha contra el terrorismo ha de ser global y requiere de esfuerzos comunes. No puede ir por libre, porque de ese modoperderá la batalla. Hacen falta estrategias generales. Resulta plenamente contradictorio cuestionar la política antiterrorista del presidente de Estados Unidos y su modo de actuar en el conflicto iraquí y, al tiempo, desplegar una torpe acción en Chechenia, basada únicamente en la política de «tierra quemada».

Los abusos que cometió la desaparecida Unión Soviética en los que entonces eran conocidos como sus «países satélites» le obligaron a la larga a tener que abandonarlos, dejando tras de sí un estigma que tardará varias generaciones en desaparecer. Si ahora la nueva Rusia no quiere repetir el mismo proceso, tendrá que seguir otras pautas completamente distintas.

Un asalto de infierno
Opinión El País 4 Septiembre 2004

El secuestro de una escuela entera en la ciudad de Beslán (Osetia del Norte) a manos de un numeroso comando checheno, con más de un millar de rehenes, desembocó ayer en un baño de sangre tras un mare mágnum de infierno, bombas, disparos, sangre y colegiales huyendo semidesnudos. El saldo es más que pesado: más de dos centenares de muertos (entre ellos 27 secuestradores), más de 600 heridos, muchos de ellos niños, así como la fuga de varios de los asaltantes. El desenlace de esta pesadilla, que se ha visto en directo por televisión, con un número de secuestrados mucho mayor que el admitido el miércoles, puede afectar a la credibilidad del presidente ruso pese a la solidaridad y la aparente comprensión internacionales. Vladímir Putin tiene en Chechenia un cáncer que amenaza con extenderse al resto de la frágil área caucásica de la Federación Rusa y a las naciones limítrofes.

Huelga decir que ningún secuestro está justificado. La selección del objetivo, un colegio con sus alumnos, profesores y familiares, muestra la desesperación, la inmoralidad y el sadismo de unos fanáticos, que no tuvieron reparo en disparar contra algunos de los niños cuando pretendían escapar despavoridos, les suprimieron los alimentos y la bebida y hacinaron en un escaso y sofocante espacio a más de un millar de personas durante al menos 54 horas. Ya fue palpable su falta de escrúpulos cuando en 1996 ocuparon un hospital en el sur del país con un saldo de un centenar y medio de muertos.

No queda del todo claro qué pudo precipitar el asalto por parte de las unidades de élite rusas. Puede no resultar inverosímil la tesis de que esta vez el Gobierno de Moscú no tuviera intención de recurrir a la fuerza, a diferencia de lo que sucedió en el tristemente famoso atentado en un teatro de Moscú, en octubre de 2002, cuya liberación terminó con la muerte de 129 rehenes y 41 secuestradores gaseados por la policía.

Putin había prometido como máxima prioridad preservar la vida de los secuestrados y agotar la negociación. Puede que sea un argumento válido el que todo se desatara con la confusión que produjo la retirada de algunos cadáveres de víctimas del primer día del secuestro y la huida de varios rehenes, o alguna explosión accidental. Tampoco es incoherente pensar que eso sirviera de excusa para una estrategia de asalto previamente planeada por las autoridades, aunque resulta un tanto paradójico decidir la operación a plena luz del día. En cualquier caso, la misión de rescate ha sido un desastre y ha puesto en cuestión la escasa capacidad de las unidades antiterroristas rusas y la pésima organización logística del rescate, como prueba que muchos de los heridos tuvieran que ser trasladados en coches privados ante la falta de ambulancias.

Cuando llegó al poder en 1999, Putin aseguró que acabaría con los secesionistas chechenos por las malas más que por las buenas. Tal política ha sido un fracaso rotundo. La situación es ahora mucho peor que antes y la actual escisión del movimiento separatista checheno no facilita una pronta solución. A pesar de que pueda haber militantes árabes entre los secuestradores, resultaría demasiado simple sostener, como ha dicho estos días el inquilino del Kremlin en plena campaña de atentados, que Rusia se ha convertido en blanco de Al Qaeda y del terrorismo internacional para explicar la inestabilidad en el Cáucaso. Pues así obvia lo que sí es una realidad: la incapacidad de las autoridades rusas para satisfacer las reivindicaciones de sus minorías.

El presidente se ha negado a cualquier mediación internacional en el conflicto al estimar que la crisis chechena es un asunto puramente interno, aunque es una novedad que haya recurrido en esta ocasión al Consejo de Seguridad de la ONU para buscar una condena al feroz secuestro. Este último crimen deja al país más frágil y con una mayor sensación de inseguridad. Es una certeza que el drama checheno no se resuelve con atentados salvajes, pero tampoco con la permanencia del Ejército ruso en la república secesionista y menos todavía mediante los abusos contra los derechos humanos de la población civil.

Terror y eclipse de la razón
CÉSAR A. DE LOS RÍOS El Correo  4 Septiembre 2004

La agudización del terrorismo internacional ha llegado a las cotas más altas en los últimos días. En efecto, ha habido una coincidencia de hechos trágicos en escenarios tan alejados entre sí como Oriente Medio y Chechenia; han sido empleados los métodos más perversos: desde el secuestro de niños a la matanza de inocentes, como ha sido el caso de los asesinatos de nepalíes; por último, ha sido desafiado un Estado en el ejercicio mismo de su capacidad para legislar, mediante el secuestro de unos ciudadanos, periodistas concretamente.

Pero el hecho de que el terrorismo esté manifestándose en toda su criminal eficacia no nos permite decir que todo esto era imprevisible. ¿Acaso, aun hoy, una buena parte de la sociedad occidental no sigue sin querer ver la obviedad de la tragedia y, por tanto, la necesidad de tomar las medidas adecuadas?

Sin embargo, desde hace años se venía diciendo que el nuevo siglo iba a estar marcado por el fundamentalismo islamista. Los expertos ilustraban sus textos prospectivos con mapitas en los que se señalaban ya los puntos en los que se estaba fraguando la desestabilización de grandes regiones y del propio equilibrio mundial. Teóricos como Hungtinton han explicado las razones profundas del actual 'choque de civilizaciones' que los dogmáticos de la lucha de clases se niegan a ver. Siguen reduciendo el problema al unilateralismo de la política norteamericana y a una injusta distribución de las riquezas a escala internacional, como si la responsabilidad de las desigualdades sociales en Arabia Saudí, Irán o Irak no se debiera a su incapacidad para la asimilación de las fórmulas democráticas. Se sabía, así mismo, que las características del nuevo tipo de confrontación no iba a tener nada que ver con la guerra clásica: la lucha contra Occidente no estaría representada por ningún Estado concreto aun cuando las organizaciones que la llevaran contarían con el apoyo informal de algunos y, desde luego, éstas actuarían con métodos clandestinos y propios de un terrorismo que aprovecharía desde las tecnologías más sofisticadas a la fe de los creyentes suicidas. Era evidente que el centro de toda esta insurgencia sin fronteras radicaba en Oriente Medio y que la vanguardia estaba representada por organizaciones terroristas como Hamas y la globalizada Al-Qaida.

Toda esta información estaba al alcance de los ciudadanos el día en que fueron destruidas las Torres Gemelas y atacado el Pentágono pero, aun así, una buena parte de Occidente se negó a la evidencia y aún ahora siguen achacando la tensión mundial a la política de Bush que, en todo caso, es una consecuencia. Las manifestaciones que ha habido en Nueva York durante estos días de Convención republicana son una prueba de esta actitud. Se diría que se niegan a sacar las conclusiones del 11 de septiembre por miedo a ser coherentes con ellas. Piensan que si desapareciera Bush, desaparecería el terrorismo internacional. Esto fue lo que les llevó a muchos a rechazar al partido de Aznar y el 14 de marzo. Se diría que el terror produce con frecuencia el eclipse de la razón. Parece que en Norteamérica no se llegará a ese punto en las elecciones de noviembre.

El Blogoscopio
De insurgentes a terroristas
Pablo Molina Libertad Digital 4 Septiembre 2004

Hasta que se produjo el secuestro de los dos periodistas franceses, la opinión pública de aquel país era informada de las acciones que «la resistencia iraquí contra la ocupación militar americana» llevaba a cabo diariamente. Pues bien, según la recentísima teoría de la prensa francesa "ejemplificada perfectamente por el diario Le Monde", parece que los que ponen bombas en Irak, asesinan civiles, secuestran o degüellan inocentes no son «rebeldes», «insurgentes» o «miembros de la resistencia», sino simple y llanamente —pásmense— terroristas. A secas. Como era de esperar, algunas bitácoras internacionales comentan esta sutil corrección de estilo.

«Quizá Christian Chesnot y Georges Malbrunot fueron secuestrados por error" declara el editor del segundo a Le Monde. Tal vez los secuestradores no sabían que eran periodistas y ciudadanos franceses». ¿Debemos suponer –añade el autor de la bitácora– que aunque no sea normal, sí puede esperarse que ciudadanos norteamericanos y de otras nacionalidades sean secuestrados (y decapitados)? ¿No es un error en estos casos?»

«Desde el secretario general de la Liga Árabe a la cadena Al Jazeera —continua el articulista de Le Monde— pasando por la televisión de Hezbolá, junto con la doble llamada del presidente palestino Yaser Arafat, la condena fue unánime. Asociaciones de periodistas, líderes de partidos políticos, periódicos árabes y autoridades religiosas musulmanas se sumaron al coro de voces, alguna de las cuales subrayó la simpatía de Francia por la causa árabe, mientras que otras destacaban el daño que los secuestros y las amenazas estaban haciendo al Islam y a los musulmanes en general.

Uno de los principales líderes del movimiento radical palestino (sic), Yihad Islámica, apeló a los secuestradores para que liberaran a los rehenes, quienes "son amigos del pueblo palestino y han visitado Palestina varias veces". Al Hindi añadió que "el asunto del velo no puede resolverse de esta manera, especialmente desde que la posición francesa respecto a la ocupación americana de Irak se situó al margen de la de otros europeos.

En "interés del Islam", Yaser Al-Serri, director del observatorio islámico londinense, la institución que defiende (sic) a los musulmanes en el mundo entero, y poseedor de cierta notoriedad entre los islamistas, pidió la liberación de los dos periodistas "quienes, a través de su trabajo, han ayudado a denunciar los crímenes americanos en Irak".»

Dejando al margen la siniestra división de los seres humanos en objetivos justificados del terrorismo según su procedencia, pues esto es lo que se desprende de la histérica reacción francesa —"a nosotros no"—, es necesario destacar también una de las mayores debilidades del pensamiento político contemporáneo —y en esto Francia es un paradigma— consistente en la creencia suicida de que la democracia no tiene enemigos. Los integristas musulmanes atacan a los EEUU, es cierto, pero —diría Moore— aquello no es una democracia sino un Imperio; del mal, para ser más exactos. El ejemplo de la continua presión terrorista sobre la incipiente democracia de Irak bastaría por sí sólo para desmontar este discurso, pero la izquierda no se atiene a razonamientos políticos basados en evidencias, sino a la habitual papilla intelectual fabricada por sus gurús en forma de mantras fácilmente digeribles. Esperemos que esta ignorancia de realismo político no acabe costándole la vida a los dos periodistas secuestrados. Por cierto, entre todas las súplicas del mundo árabe en pro de la liberación de los dos periodistas recogidas por Le Monde, no aparece ninguna procedente de las autoridades del vigente gobierno iraquí. ¿Por qué será?

ZP+CR = Sumisión
Ignacio Villa Libertad Digital 4 Septiembre 2004

Qué poco tiempo ha tenido que pasar para que todo quede absolutamente claro. La verdadera situación del actual Ejecutivo era conocida, pero la realidad es inflexible y cruel con el presidente Zapatero. Su dependencia de los republicanos independentistas catalanes es absoluta. Una dependencia tal, que no tardará mucho tiempo en ser ciertamente asfixiante. Zapatero está en las manos parlamentarias de ERC, y se encuentra prisionero de los caprichos de Carod Rovira y de sus lugartenientes.

La última cesión de Zapatero, simbólica pero significativa, ha sido equiparar en la agenda del presidente del Gobierno a Mariano Rajoy con el líder republicano. El próximo martes será recibido el secretario general del PP por ZP, pero es que a la semana siguiente en esa "ronda encubierta" de diálogo recibirá a Carod como un claro gesto de desprecio hacia el partido más importante de la oposición. Zapatero intenta ningunear la fuerza del PP, mostrando así su absoluta sumisión hacia los independentistas catalanes.

Por cierto: ¿alguien ha escuchado alguna respuesta de algún miembro del Gobierno respondiendo a las descalificaciones mezcladas con convulsiones demagógicas de Puigcercós hacia la Comunidad de Madrid? Pues no, nadie del Gobierno ha respondido a este ataque frontal a una parte de España, nadie del Ejecutivo se ha atrevido a parar los pies a la última barbaridad de los socios catalanes del Partido Socialista. Ante tantos miedos, ante tanta ineptitud, ante tanta dependencia el PSOE ha quedado en una cruel evidencia.

Y ante tan lamentable espectáculo ha sido la propia Esperanza Aguirre quién ha tenido que poner el sentido común y las cosas claras. La presidenta madrileña ha salido al paso de forma contundente mostrando una vez más las peligrosas debilidades del Gobierno central. Y es que los republicanos tienen atado de pies y manos a Zapatero. Ellos dicen lo que les cuadra y en las filas socialistas callan. Esto no es miedo, es pavor.

Reparto socialista del agua
Editorial La Razón 4 Septiembre 2004

El programa AGUA presentado por la ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona, no ha sorprendido en cuanto a los dos principales argumentos, ya conocidos: la derogación del trasvase del Ebro y la construcción de gran número de plantas desaladoras. Dos argumentos adoptados unilateralmente por el Gobierno de Zapatero, y exigidos por sus socios. El PSOE paga así la factura pendiente de la batalla electoralista contra el Partido Popular, que hizo del grito «nos quitan el agua» una pancarta tan insolidaria e irresponsable como rentable en principio. Sí ha sorprendido en cambio lo que bien puede definirse como el castigo que el PSOE aplica desde Madrid a las autonomías de Murcia y Valencia, gobernadas por el PP, que se evidencia, ante todo, en el descenso de los esperados caudales, y en el espectacular aumento de los destinados a la cuenca sur de Andalucía, curiosamente presidida por el PSOE.

Todo indica que el plan AGUA es una consecuencia, indeseable pero lógica, de la principal línea política del partido de Rodríguez Zapatero, de hacer naufragar como sea el trasvase de aguas del Ebro, aunque para ello sea preciso sembrar el litoral español de plantas desaladoras, con un temible impacto económico y ecológico, expresado especialmente en el vertido de salmueras al mar.

En plena batalla contra las emisiones de CO2 y en aplicación de las directrices de Kioto, resulta sin duda sorprendente escuchar un día a la ministra de Medio Ambiente, como la gran solución frente al PHN y su trasvase, las ventajas de multiplicar la construcción de desaladoras, que entre otros inconvenientes consumen grandes cantidades de energía eléctrica que tendrá que salir de algún lado, y exponer al día siguiente la imperiosa necesidad de reducir los consumos energéticos industriales para salvaguardar el medio natural y luchar contra el calentamiento de la atmósfera y el cambio climático. Pero nada de esto parece importar mucho a un Ejecutivo que se ha cargado, de un plumazo ministerial, el concepto de solidaridad interterritorial y reabre una guerra del agua que ya ha suscitado en Castilla-La Mancha las primeras alertas a cuenta del trasvase Tajo-Segura.

El plan Patxi
TONIA ETXARRI El Correo  4 Septiembre 2004

Cansado debe estar ya el lehendakari Ibarretxe de oír todos los días, y cada vez más a menudo, que su plan 'amable con España' no sale . Pero la realidad parlamentaria es tan tozuda como él y los números cantan. Su gobierno minoritario tiene 36 escaños de los 75 del hemiciclo y la negación del diálogo con la oposición democrática durante esta legislatura le ha puesto en una situación comprometida. A medida que su equipo se da cuenta de que, sin Batasuna el plan no prosperará pero con Batasuna se le crea un problema de credibilidad democrática, los nervios juegan malas pasadas a los representantes gubernamentales.

Los socialistas, concentrados en el 'plan Patxi', dicen que las declaraciones de EA han despejado la incógnita. Si Errazti desvela que el plan del lehendakari tan sólo es de 'mínimos', eso quiere decir que la prioridad de este ejecutivo sigue siendo la de abducir a la ilegalizada Batasuna. Y la dulce Azkarate se lía con las prioridades. Que Batasuna «tendrá que explicar» a los suyos por qué va a votar en contra del plan Ibarretxe, dice. ¿Pero la idea-fuerza no era que el grupo de Otegi tenía que desmarcarse de ETA? Eso también; bueno, eso primero. Suena todo a juego oscuro. O más bien, liante. Pero la oposición ya pasó la prueba del Pacto de Lizarra. «El lehendakari se empecina pero 'el campeón del diálogo' está quedando como un personaje obcecado al demostrar que el talante que predica nada tiene que ver con el que practica». Malos tiempos para el nacionalismo gobernante cuando, desde la oposición, se superan los complejos. Las reacciones de nuestros gobernantes no son ciertamente elegantes. Ni democráticas cuando se trata de cumplir con la ley, aunque no sea de su conveniencia. ¿Que no sale el plan en el Parlamento? ¿Qué más le da a Egibar si, en su opinión, la autodeterminación no se pide sino que se ejerce cada día! Pero el lehendakari tendrá que admitir que no se trata de optar por su plan o el caos. Se trata de empezar a gobernar para todos, que ya va siendo hora. Sería un sueño para muchos jelkides contar con una Euskadi sólo con nacionalistas 'pata negra' pero las urnas, han dicho, otra cosa y han demostrado, hasta la saciedad, lo que la ciudadanía vasca quiere ser. Y la Euskadi plural necesita una convivencia en paz.

No hay un solo plan. Hay más. Puestos a desplegar urnas para consultar al pueblo sobre nuestra fuerza identitaria ¿por qué no nos facilita el Gobierno vasco tres opciones? El plan Juanjo, el plan Patxi y el plan del Estatuto tal como está. ¿Cuál de ellas reuniría más papeletas? Se admiten apuestas. Empieza, en fin, el curso con el PP indignado con el ministro del Interior porque no les incluye en la ronda de entrevistas con víctimas del terrorismo. Si algún partido, además del socialista, ha padecido las secuelas de la violencia ése es, se ponga como se ponga Paulino Luesma, el PP. Las cosas, como son. Balza, por cierto, sigue avisando para que nadie baje la guardia.

Una vieja guerra incorporada al terror de Al Qaida
El presidente ruso, Vladimir Putin, se ha negado hasta ahora a internacionalizar un conflicto que dura ya 10 años La extensión del problema a las repúblicas vecinas amenaza con provocar un conflicto como el de Yugoslavia en los 90
El rescate de los más de 1.200 rehenes secuestrados en el colegio de la ciudad noroseta de Beslan, que se cobró más de 200 vidas, pone de manifiesto la colaboración de grupos árabes con los terroristas chechenos. La petición del Kremlin al Consejo de Seguridad de la ONU acerca de la solución del secuestro revela que el problema del terrorismo ha dejado de ser para Rusia interno y ha adquirido dimensiones globales. El castigo militar a Chechenia, que Rusia ha impuesto a lo largo de una década, no ha impedido las olas de violencia que se han desencadenado en la región en los últimos años. Para buscar una solución al terror el presidente de Rusia, Vladimir Putin, ha tenido que reconocer que se trata de un problema internacional.
Aleksandra Raicheva La Razón 4 Septiembre 2004

Madrid- La complicidad de los 10 hombres árabes en la matanza de la escuela de Beslan, demuestra que el problema con las guerrillas independentistas ya adquiere las dimensiones del terrorismo global. La petición del Kremlin, lanzada el pasado miércoles al Consejo de Seguridad de la ONU para buscar una solución con la ayuda de la comunidad internacional, confirma lo que Putin había declarado el pasado martes en Sochi. En la reunión informal que el presidente ruso mantuvo con Jacques Chirac y el canciller alemán Schröder , Putin anunció que tenía pruebas de los vínculos de los terroristas chechenos con Al Qaida. Al día siguiente la pesadilla se hizo realidad.

La ola de atentados se inició la semana pasada con el trágico doble atentado contra los aviones rusos Tupolev 154 y 134, reivindicada por el autodenomimado grupo «Las brigadas Islambuli de Al Qaida» y prosiguó con la explosión de una mujer kamikaze en el centro de Moscú. Pese al control de los rusos, el Caúcaso del Norte es una región que se ha colocado al alcance del terrorismo internacional. El escenario de los hechos amenaza con retornar al terrible recuerdo de la guerra que marcó durante una década las repúblicas yugoslavas, pero esta vez en el Cáucaso norte.

La zona es conocida por su reivindicaciones secesionistas ya que los independentistas aseguran que esta región no comparte raíces históricas y culturales con Rusia. La desintegración de la URSS a principios de los años 90 abrió las puertas a aquellas repúblicas que veían la posibillidad de realizar su futuro como países independentientes, pero declarando la guerra Santa a Moscú. Considerados en los últimos años como problema interno de Rusia, los integristas han conseguido distraer la atención de la comunidad internacional y se han integrado en una red terrorista internacional que se financia con fondos procedentes del exterior. Además, las estrechas relaciones entre los combatientes de las distintas repúblicas facilitan la ejecución de sus operaciones o la así llamada «exportación de guerrilleros». En Chechenia todo empezó en 1991, cuando por orden de Boris Yeltsin, entonces presidente de Rusia, fue separada de la república autónoma de Ingushetia con la que formaba unidad territorial antes de la desintegración soviética. Para conseguir la independencia y la reunificación con la república ingusha proclamó en 1994 la guerra más sangrienta de la historia de la Federación Rusa. El pasado mes de mayo la guerrilla asesinó al presidente checheno Ahmad Kadirov, que llevaba a cabo un política fiel al Kremlin y amenazaba con mano dura a los combatientes. El domingo pasado se celebraron los comicios presidenciales, que llevaron a la presidencia a Alú Aljanov, que prometió amnistía a todos los guerrilleros que depositaran voluntariamente las armas. Dos días más tarde los terroristas asaltaron la escuela en Beslán.

Otro blanco favorito de los terroristas chechenos, es la república autónoma de Ingushetia, ya que comparte fronteras con Rusia, Osetia del Norte y Chechenia. Aunque tiene vínculos históricos, culturales con Chechenia, cuando ésta última se proclamó independiente en 1991, Ingushetia se resistió y se quedó dentro de las fronteras de la Federación Rusa confirmando su voluntad a través de un referéndum nacional. Su territorio es frecuentemente utilizado por la guerrilla chechena para ejecutar sus operaciones terroristas. El atentado más sangriento en la historia ingusha sucedió el pasado mes de junio, cuando al menos 200 guerrilleros chechenos y mercenarios invadieron la república, pasando con documentos falsos los puestos de guardia. Los invasores atacaron e incediaron el cuartel del Ministerio del Interior, asesinanado a un número total de 57 víctimas.

 El presidente ruso Putin acusó del acto terrorista al líder militar checheno Aslán Mashkadov, que fue presuntamente vinculado con dirigientes ingushes de una célula republicana. En ese atentado, los separatistas chechenos escogieron un día simbólico para su operación, el 22 de junio, cuando Rusia conmemoraba el 63 aniversario de la invasión de Hitler a la Unión Soviética. El presidente de Ingushetia calificó la masacre como demostración de fuerza y capacidad de movilización. Por otra parte, los autores de las atrocidades, el famoso terrorista checheno Chamil Basayev y el general Alam Masjadov declararon a «Radio Libertad» que «sus fuerzas iniciarán muy pronto una nueva táctica y renovarán los ataques contra objetivos rusos fuera de Chechenia para trasladar la guerra fuera de su territorio».

Los problemas de Dagestán, región autónoma en la Federación Rusa, fronteriza con Chechenia, empezaron en 1994, cuando la guerrilla nacionalista declaró la Guerra Santa a Moscú y proclamó su independencia. Es un conflicto que pese a que no está activado, sigue sin ser solucionado por el Kremlin. Según fuentes gubernamentales de Moscú, la región dispone de su propia guerrilla, financiada por la red terrorista internacional y vinculada con los combatientes chechenos. Durante la crisis en Kosovo en 1999, las fuerzas aéreas intentaron acabar con el conflicto mediante una ofensiva aérea que no dio resultado. Las guerrillas se han hecho fuertes en la frontera con Chechenia.

Aunque forma parte de Georgia como región autónoma, Osetia del Sur declaró su voluntad en 1991 de integrarse a Osetia del Norte, en la Federación Rusa. Tras declarar la guerra de independencia en 1992 está controlada por fuerzas militares tripartitas (surosetas, rusas y georgianas). Su futuro está marcado por el conflicto de intereses entre Moscú y Tiflis que aparte de las influencias proocidentales que se reflejan en la política del nuevo presidente Mijail Saakashvili, discuten por el control de importantes proyectos petrolíferos en el Cáucaso. Tiflis ha acusado en varias ocasiones al Kremlin de «ocupación silenciosa» de Osetia del Sur, cuya población dispone de pasaportes rusos, repartidos por Moscú.

Además, hace dos semanas, el Gobierno checheno ofreció a Osetia del Sur enviar a 5.000 combatientes en su territorio para respaldar la lucha de los separatistas. La propuesta de los chechenos no fue oficialmente aceptada por las autoridades surosetas, pero tampoco confirmó haberla rechazado. La implicación de Chechenia en el conflicto suroseta amenaza de expandir una posible guerra fuera de las fronteras georgianas. Aparte del separatismo suroseta, la integridad de Georgia está amenazada por el integrismo de Abjazia, que se proclamó independiente en 1992, pero al ser denegada su petición se unió al conflicto armado contra Tiflis. El referéndum de 1999 reconfirmó la voluntad del pueblo, de mayoría musulmana de vivir en una república independiente.

Aznar: «Para ganar al terrorismo hay que aceptar que estamos en guerra»
Señaló que «para acabar con este problema hay que deslegitimar su causa»
El ex presidente del Gobierno de España, José María Aznar, asistió ayer al Foro Ambrosetti que tiene lugar cada año en la localidad italiana de Cernobbio, donde intervino en una mesa redonda en la que habló, entre otras cosas, del terrorismo. Aznar aseguró que «la victoria sobre el terrorismo es posible si entendemos a qué nos enfrentamos» y consideró que «si queremos obtener la victoria, tenemos que aceptar que estamos en guerra».
B. B. La Razón 4 Septiembre 2004

Cernobbio (Italia)- El ex presidente del Gobierno español José María Aznar consideró ayer que para obtener la victoria total frente al terrorismo debe aceptarse que «estamos en guerra» contra una «ideología totalitaria», cuya causa hay que «deslegitimar». Aznar hizo estas consideraciones durante su intervención en la mesa redonda que presidió en el Foro Ambrosetti que se desarrolla en la localidad italiana de Cernobbio y en la que participaron, entre otros, el antiguo jefe del Ejecutivo israelí Simón Peres, el fiscal general de EE UU, John Ashcroft, y el secretario general de la Liga Árabe, Amro Musa.

La mesa redonda se celebró a puerta cerrada, como es habitual en este foro, pero fuentes cercanas al ex presidente del Gobierno español informaron de las líneas generales de su intervención. En ella, aseguró que «la victoria sobre el terrorismo es posible si entendemos a qué nos enfrentamos» y consideró que el terrorismo internacional «ha declarado la guerra» a la sociedad occidental libre, próspera y predominantemente laica. «Para ese terrorismo se trata de una guerra total donde no puede haber acuerdos de paz ni negociación alguna, sino sólo la victoria completa», añadió Aznar, quien aseveró: «Si queremos obtener la victoria, tenemos que aceptar que estamos en guerra». Una guerra que, a su juicio, no es convencional ni tradicional, sino «una nueva forma de conflicto no querido ni buscado, sino impuesto por la implacable lógica de los terroristas».

Tras considerar que «frente a un enemigo en guerra total el apaciguamiento en cualquiera de sus manifestaciones no es viable», dijo que se está en guerra «no sólo con una banda o movimiento terrorista, sino con toda una ideología totalitaria». Por ello, subrayó que el problema no se acaba con la búsqueda y captura de los terroristas, sino que hace falta también «deslegitimar» su causa y «dar la batalla por las almas y corazones de las personas».

Además, Aznar opinó que b la cooperación internacional es imprescindible para combatir con éxito el terrorismo, pero esa colaboración debe superar el plano operativo, consolidarse políticamente al máximo nivel y dotarse de una imagen de «unidad, coherencia y consistencia». «El mundo terrorista y radical debe ver nítidamente que estamos unidos en un único combate», añadió.

Además de presidir y participar en esta mesa redonda, José María Aznar intervendrá también en el Foro Ambrosetti en otro debate sobre «La Unión Europea como actor global», moderado por el presidente del Banco Mundial, James Wolfensohn. Por otra parte, y por lo que respecta a la reacciones del Gobierno español al trágico secuestro, el ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Angel Moratinos, pidió ayer una «reflexión estratégica en la UE» para derrotar al terrorismo, al expresar su preocupación por los últimos sucesos en Osetia del Norte (Rusia). «Creo que este es un buen lugar para reflexionar y encontrar ideas creativas», dijo Moratinos a su llegada a mediodía al castillo de Gerlach, cerca de Maastricht, en el sur de Holanda, para una reunión informal de ministros de Exteriores de la UE. El Gobierno trasladó su «honda preocupación» y «el rechazo total» ante este tipo de actos y Zapatero, se puso en contacto con su homólogo ruso, Vladimir Putin. Efe

LE PIDE QUE NO "BANALICE EL HOLOCAUSTO"
Aguirre deja en evidencia a Puigcercós y responde con datos a sus "insultos contra los madrileños"
La presidenta de la Comunidad de Madrid ha sido la primera en contestar a las acusaciones realizadas por Joan Puigcercós (ERC), que denunció una persecución contra los catalanes como la que sufrieron los judíos. Aguirre criticó la "banalización" del Holocausto por parte del político independentista y desmontó con números los argumentos utlizados por Puigcercós para calificar a Madrid como un "agujero negro" para España.
Libertad Digital  4 Septiembre 2004

Esperanza Aguirre no ha tardado en reaccionar a la palabras del portavoz parlamentario de ERC, Joan Puigcercos, que el jueves calificó a la comunidad de “agujero negro” y afirmó que la "derecha mediática y política" quiere convertir a los catalanes en "los nuevos judíos del Estado español" con una pretensión "casi de racismo".

Aguirre ha criticado con contundencia a Puigcercós por pretender enfrentar a Cataluña con Madrid, lo que calificó como “un error gravísimo”. Además, consideró que las declaraciones del dirigente de ERC constituyen un “insulto grave a los madrileños” y “banalizan el Holocausto nazi”, según una nota de la Comunidad de Madrid.

Aguirre, en el acto de inauguración del Polideportivo la Alhóndiga en Getafe, recordó que el diputado independentista “no puede arrogarse la representatividad de los catalanes”, y señaló que la formación política que representa obtuvo el 16 por ciento de los votos en las últimas elecciones generales, y el PP el 15,94 por ciento de los sufragios en Cataluña. Además, rechazó con datos el argumento al que recurre Puigcercós sobre los recursos que el Estado destina a la Comunidad de Madrid. Cataluña ha recibido en inversiones públicas a lo largo del periodo comprendido entre 1978 y 1998, 20.000 millones de euros (3 billones de las antiguas pesetas) más que Madrid, en alusión a los datos contenidos en un estudio de la Fundación BBVA. “Es falso ese mito de la Cataluña exprimida y olvidada, y Puigcercós lo sabe”, destacó la presidenta.

Aguirre reiteró que le parece más grave aún el hecho de que” el señor Puigcercós ha querido banalizar el Holocausto”. “No se sí nos ha querido acusar de racismo, pero realmente a mi me parece que no se puede hablar de que los españoles hemos querido convertir a los catalanes en los nuevos judíos, eso es absolutamente falso”, concluyó.

Simancas dice que los madrileños son los que más aportan
El secretario general de la Federación Socialista Madrileña (FSM), Rafael Simancas, afirmó hoy que los madrileños "están muy orgullosos de ser los que más aportan a la caja común española" y que esta Comunidad "necesita financiación para generar más riqueza y empleo".

Simancas se refería de este modo a las declaraciones realizadas ayer por el secretario general de ERC, Joan Puigcercós, quien calificó a la Comunidad de Madrid de "agujero negro" del Estado y acusó al Gobierno de destinar más fondos a esta región que al resto de las autonomías.

"Si se contabilizan las inversiones en infraestructuras como la ampliación del aeropuerto de Barajas y de las obras de la alta velocidad ferroviaria, sí es cierto que nuestra Comunidad está por encima de la media en cuanto a financiación estatal", indicó el portavoz del grupo socialista en la Asamblea de Madrid. Pese a ello, opinó que "hay mucho que reclamar al Gobierno de la nación, sobre todo, en cuanto a la mejora de infraestructuras como la ampliación de la Renfe o la instalación de los carriles 'bus-VAO' en las carreteras nacionales" y se mostró "seguro" de que el Ejecutivo "será sensible a estas reivindicaciones madrileñas".
Por su parte, el portavoz del Ejecutivo riojano, Emilio del Río, ha advertido de que no están “dispuestos a que, con nuestro dinero, el Gobierno central pague los votos a los independentistas catalanes y que los riojanos salgamos perdiendo". Del Río, en la comparecencia informativa posterior a la reunión del Consejo de Gobierno, aludió a la celebración de una Conferencia de Presidentes Autonómicos e insistió en que "vamos a ser muy firmes en defender la igualdad entre todas las comunidades y no permitiremos agravios económicos ni políticos que perjudiquen a La Rioja", según informa EFE.

presidente de castilla-la mancha
José María Barreda: «No es aceptable que Gobiernos autonómicos negocien con el de España. O todos, o ninguno»
Ante la amenaza de una negociación presupuestaria a favor de las Comunidades «ricas», las situadas en el otro polo, como Castilla-La Mancha, exigen que se aplique el principio de igualdad
ANTONIO GONZÁLEZ ABC 4 Septiembre 2004

-¿Considera que las negociaciones bilaterales sobre los presupuestos Generales del Estado entre el PSOE y el Gobierno del tripartito catalán son un agravio comparativo para el resto de Comunidades?
-Hay que utilizar la metodología correcta y adecuada, y en el seno de las Cortes generales los interlocutores deben ser los grupos parlamentarios. En cualquier caso, lo que no es aceptable es que haya Gobiernos autonómicos que negocien con el Gobierno de España y no lo hagan todos. O todos, o ninguno. No puede haber diferencias de fondo, pero tampoco en las formas, porque al final en política las formas devienen en fondo.

- ¿Cree que esa negociación bilateral traiciona el principio de función integradora que deben recoger los Presupuestos?
-Uno de los mandatos constitucionales que tiene que desarrollar el Gobierno de España es el de garantizar la igualdad en todo el territorio. España tiene que ser un único espacio de solidaridad. La diversidad, la diferencia, el pluralismo político es perfectamente compatible con la igualdad. Es más, deben ser un instrumento para la igualdad, porque lo contrario de la igualdad no es la diferencia ni la diversidad, sino la desigualdad, y es lo que nosotros no estamos dispuestos a tolerar. Que haya españoles que sean más iguales que otros.

-Por tanto, el principio de la igualdad podría saltar en pedazos de seguir por ese camino.
-No doy por hecho que estemos en ningún mal camino, ni hay indicios para dramatizar. Creo que el gran ejercicio que debemos hacer para la convivencia es ejercitar el diálogo, la tolerancia y el entendimiento. El consenso es posible en España; lo hemos demostrado en momentos cruciales y es el único medio que tenemos para superar el mal endémico que ha aquejado a los españoles durante toda su historia contemporánea: el cainismo, el enfrentamiento fraticida. Eso es lo que hay que erradicar para siempre. Por eso, un procedimiento siempre peligroso es el de excitar las envidias vecinales y hacer agravios comparativos que correspondan a realidades...

-Es decir, dibujar un mapa de Comunidades de primera y de segunda.
-Claro. Eso es lo que no es aceptable. Cuando se dio el pistoletazo de salida para la organización del Estado de las Autonomías se aceptó que el punto de salida era diferente, por eso había Comunidades de vía rápida y de vía lenta, pero lo que no puede ser diferente es el punto de llegada. Éste no puede suponer en ningún caso Comunidades autónomas que tienen más posibilidades que otras. La obligación del Gobierno de España es la de asegurar la cohesión del conjunto del territorio español, y por tanto compensar a las regiones más desfavorecidas.

-Entonces, ¿no le resulta una paradoja que las Comunidades más ricas sean las que más piden?
-Esa sería desde luego una paradoja anticonstitucional.

-En la cumbre que el presidente Rodríguez Zapatero mantendrá en noviembre con los presidentes autonómicos ¿cuál será la propuesta de Castilla-La Mancha?.
- Cada cual va a hablar desde su propia perspectiva. Yo, como presidente de mi región, voy a celebrar que se instituya una reunión que congrega a todos los presidentes creando un espacio nuevo de encuentro para poner en común nuestras experiencias. Y también promoviendo cambios institucionales y normativos. Creo que la reforma del Senado para que se convierta de verdad en una Cámara en la que estén representadas las Comunidades, no las provincias, es imprescindible. Y para eso hay que reformar algo más que el reglamento: hay que reformar la Constitución. Seguramente también es oportuno que la Constitución haga algunas modificaciones concretas, lo que no supone que se abra en canal y se replantee todo, y por ejemplo me gustaría que se citara por su nombre a Castilla-La Mancha y al resto de Comunidades.

-El presidente de Extremadura, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, propone que esa cumbre sea «a calzón quitado». ¿Está de acuerdo?.
-Hablar con claridad, firmeza y francamente es un buen método para alcanzar el entendimiento, y en ese sentido lleva razón Juan Carlos. Pero es una buena ocasión además para que todos hagamos un esfuerzo por entender a los demás. Son inevitables las tensiones territoriales. A veces hay disputas inherentes al ejercicio de las responsabilidades de cada cual, como nosotros tenemos ahora una muy clara en relación con el trasvase Tajo-Segura.

-En esa reunión ¿qué le dirá sobre esta cuestión a su compañero de partido Pasqual Maragall?
- Yo me llevo personalmente bien con Pasqual Maragall, y hemos tenido sintonía intelectual en cosas importantes, pero tenemos también diferencias no menos importantes en la concepción de lo que tiene que ser la organización de la nación española y la prioridad que debe mantenerse para conseguir que la convergencia de las regiones más atrasadas se produzca a un ritmo más acelerado.

-¿Cuáles son esas divergencias?
-Sin dramatizar ni tensionar, básicamente las diferentes atalayas de uno y otro. Él es el presidente de la Generalitat y yo el de Castilla-La Mancha. Él mira desde y para Cataluña y yo desde y para Castilla-La Mancha. Es verdad que cuando yo miro para mi región no pierdo la perspectiva del conjunto de España. Espero que él tampoco la pierda.

-¿La situación puede llegar a crear un frente común de las Comunidades «pobres» frente a las «ricas»?.
-Hay que ser justo, y como presidente de Castilla-La Mancha sigo reclamando la solidaridad del conjunto del Estado, pero quiero reconocer lo que hemos tenido hasta ahora. Castilla-La Mancha ha dado un salto cualitativo y estamos empezando a dejar de ser, de una vez y para siempre, la España profunda para ser la España emergente. Eso ha sido posible por el esfuerzo de la sociedad de Castilla-La Mancha, pero ha tenido la colaboración del conjunto de España, que es lo que sigo exigiendo.
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