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Recortes de Prensa     Domingo 5 Septiembre 2004

Consecuencias de la matanza
Editorial La Razón 5 Septiembre 2004

LOS BÁRBAROS ESTAN AQUÍ
José Antonio ZARZALEJOS ABC 5 Septiembre 2004

Rusia frente al terror
Alejandro MUÑOZ ALONSO La Razón 5 Septiembre 2004

¿Civilización o barbarie
Antonio PÉREZ HENARES La Razón

CONTRA EL TERRORISMO DE ETA
JOSÉ ANTONIO ALONSO ABC 5 Septiembre 2004

MOZÁRABES
Jon JUARISTI ABC 5 Septiembre 2004

Globalidad y terrorismo
José Javaloyes La Razón 5 Septiembre 2004

Muchos terrorismos sí, pero un único terror
ROBERTO L. BLANCO VALDÉS La Voz 5 Septiembre 2004

11-M: NO ES GUERRA NI PASÓ POR LA GUERRA
PABLO PLANAS ABC 5 Septiembre 2004

La democracia del miedo
FERNANDO SAVATER El Correo 5 Septiembre 2004

Cataluña contra Madrid
Curri Valenzuela El Ideal Gallego 5 Septiembre 2004

AZNAR Y LA COMISIÓN DEL 11-M
Editorial ABC 5 Septiembre 2004

Los terroristas planearon hace meses el atentado y colocaron el explosivo durante todo el verano
Richard Ayton La Razón 5 Septiembre 2004

Álvaro Gil-Robles: «Chechenia es el nuevo campo de pruebas del terrorismo islámico»
FRANCISCO DE ANDRÉS/ ABC 5 Septiembre 2004
 


Consecuencias de la matanza
Editorial La Razón 5 Septiembre 2004

Las cifras de la matanza de inocentes en el colegio de Beslan, en Osetia del Norte, resultan estremecedoras. Ante el horror por lo ocurrido, no es posible siquiera especular qué hipotéticas razones podrían esgrimirse para justificar el asesinato de tres centenares de personas, la mitad de ellas niños, como tampoco cabe culpar a las Fuerzas de Seguridad rusas de una situación que fue planeada con meticulosidad y perpetrada con especial barbarie por los terroristas, los únicos responsables de esta carnicería. Habrá que analizar cómo se afrontó la crisis para evitar repetir cualquier error, pero nunca repartir culpas, situarse en una política equidistancia entre unos y otros, que es algo que hoy sólo cabe calificar de repugnante. El canciller alemán, Gerhard Schröder, ha resumido con acierto la situación al manifestar que no se puede tratar con «con gente que dispara por la espalda a niños que están huyendo».
Esta matanza, tan especialmente cruel, cambiará muchas cosas en la política de Moscú hacia Chechenia, en su particular guerra contra el terrorismo, pero también en la percepción que de este problema se tiene en una comunidad internacional todavía conmocionada por lo ocurrido. De entrada, los independentistas chechenos han perdido de un plumazo las simpatías que pudieran reunir en torno a su secular lucha contra Rusia. Nadie en su sano juicio puede salir en defensa de quienes estuvieron representados por terroristas sin escrúpulos, por asesinos de niños como los que actuaron en el asalto al colegio de Beslan.

Pero también Putin, reforzado a su pesar, deberá reconsiderar su política en la zona y actuar en consecuencia a su propia aseveración de que no se trata de un hecho aislado, sino de un capítulo más de la guerra internacional contra el terrorismo. Lo que es tanto como decir que debe dejar de considerar el problema checheno como un estricto asunto interno ruso y coordinar las soluciones con el resto de los países. Más aún si la huella de Al Qaida está detrás de esta nueva barbarie como parecen indicar la presencia en el grupo de asesinos de una decena de terroristas de origen árabe y, como hoy informa LA RAZÓN, la matanza fue preparada con meses de antelación.
La comunidad internacional debe, por su parte, tomar buena nota de la masacre y afrontar de una vez por todas que estamos en guerra, en una batalla que no se gana sólo por la fuerza de las armas. Es posible derrotar al terrorismo, pero siempre que se actúe de forma coordinada entre todos los países, especialmente en el mundo musulmán, y que no se olvide que, junto a las medidas policiales o militares, se debe actuar simultáneamente desde la acción diplomática privando a los grupos como Al Qaida de la posibilidad de disponer de santuarios o refugios en país alguno y apoyando el desarrollo de los desfavorecidos. Y desde la política, aislando a los terroristas y negándoles cualquier posible muestra de apoyo o justificación. Porque cuando se obra como un terrorista se pierde la razón y no es posible ya hacer distinciones entre criminales que asesinan a los niños.

LOS BÁRBAROS ESTAN AQUÍ
Por José Antonio ZARZALEJOS ABC 5 Septiembre 2004

LOS que crean que el «hard power» que simboliza Bush está en el origen del terrorismo islamista que nos asuela deberían introducirse de manera urgente en la lectura del célebre ensayo de Bernard Lewis titulado «El lenguaje político del Islam». La reflexión del profesor emérito en la Universidad de Princeton, de una erudición apabullante, desvela con claridad meridiana que, desde la Revolución iraní de 1979, el islamismo -moderado o radical, pero presente como «criterio que define la identidad del grupo y los motivos de lealtad» en todos los Estados de mayoría musulmana- no permite una interlocución política al estilo de la que preconizan los mandatarios públicos que habitan en la Venus europea. Acontecimientos de dimensión tan catastrófica como la masacre de Beslán, en Osetia del Norte, apuntan con firmeza a que los dirigentes actuales del Marte americano están más certeros en el diagnóstico. Y es que Robert Kagan tenía razón en su «Poder y debilidad»: buena parte de Europa está en Venus -el amor y la molicie de la suavidad- y los Estados Unidos habitan en Marte -el dios bélico, el planeta guerrero y suspicaz.

La divinización del terror que practicaron los asesinos islamistas de Beslán -variante de una misma gama cuyas tonalidades sangrientas van desde la sofisticación criminal del 11-S en Nueva York hasta la tosquedad mochilera de la masacre del 11-M en Madrid- está directamente relacionada con una visión hermética que aprehende cualquier tipo de reivindicación en el territorio de lo trascendente -el Islam- y lo proyecta en una forma de terrorismo en la que no cabe ni un adarme de compasión. Sencillamente porque la alteridad -la existencia sagrada «del otro»- no es disuasiva en tanto que el ajeno es el «infiel». Para quienes no practican la militancia islamista, pero participan de su cultura y creencias, Lewis advierte con sinceridad fiera: «El Islam sigue siendo la base de autoridad más aceptable (para ellos), de hecho, en tiempos de crisis, la única aceptable». Recuerda el autor que las constituciones musulmanas tienen cláusulas «que establecen la ley sagrada del Islam como base de la ley o como fuente principal de la legislación», de tal manera que, ahonda Lewis, «la noción misma de jurisdicción y autoridad seculares se ve como una impiedad e incluso como la mayor traición al Islam».

Si el análisis de lo que está ocurriendo se desprendiese de apriorismos ideológicos que depredan la fortaleza interna de nuestra posible respuesta ante la monstruosidad -ese «Occidente contra Occidente» magistralmente descrito por Glucksman-, llegaríamos seguramente a la conclusión de que, desde 1979 con Jomeini en Irán, se ha desatado una dinámica revolucionaria perfectamente bélica que utiliza el terrorismo como arma letal y que, además, maniata a los Estados, obligados a la defensa de las víctimas. La manipulación de los «motivos» que encienden esta guerra del siglo XXI pasa con facilidad el cedazo de la ingenuidad y mala conciencia occidentales. El conflicto israelo-palestino, en el que Arafat ha sido investido Nobel de la Paz, qué sarcasmo, resulta el más manido de todos. Pero el peor de los posibles es la adormidera «progresista» que, obsesa por la dicotomía derecha-izquierda, está dispuesta a negar la evidencia.

Y la evidencia es que los nuevos bárbaros, esos que proclaman ante sus rehenes, como en Beslán, «que ahora lloren vuestras madres», esos que asesinan y secuestran a periodistas, o masacran a camioneros turcos, o a nepalíes budistas, están aquí. Y, como escribió Christopher Caldwell, «el problema de Europa -y de España- con el terrorismo es que no quiere defenderse a sí misma». La alarmante situación comienza a requerir una nueva teoría político-constitucional que introduzca en los sistemas occidentales resortes defensivos-ofensivos en un también nuevo reequilibrio entre la libertad y la seguridad y un más realista esquema de relación con los países islámicos, para así paliar un previsible futuro de barbarie que la masacre de Osetia del Norte parece sólo adelantar en sus perfiles más terribles e inhumanos.

Rusia frente al terror
Alejandro MUÑOZ ALONSO La Razón 5 Septiembre 2004

El desenlace del secuestro masivo de la escuela de Osetia del Norte no ha podido ser más terrible y los tres centenares de víctimas, la mayor parte de ellos niños, han estremecido al mundo. Pero sería injusto cargar las culpas sobre el Gobierno ruso que, a diferencia de lo que ocurrió en el teatro de Moscú hace dos años, rechazó desde el principio cualquier plan de asaltar la escuela, aunque al final, una serie de desgraciadas circunstancias provocaran una sangrienta batalla que ha dejado tras sí más del doble de muertos que en aquella otra ocasión. Víctimas todas ellas, debe quedar bien claro, de la barbarie terrorista que se ha echado en quienes trataban de huir, abatiéndoles por la espalda con una crueldad impropia de seres humanos. Una vez más, se demuestra que, desgraciadamente, el terrorismo tiene una diabólica capacidad de sorprender porque no admite límites en su voluntad de matar y hacer daño. Cualquier causa política o religiosa que defiendan estos monstruos queda automáticamente deslegitimada por los métodos brutales que utilizan. No sólo no es aceptable que el fin justifique los medios, sino que éstos, cuando son criminales, quitan cualquier justificación o legitimidad a los fines.

Esta capacidad de sorprender del terrorismo hace de él una amenaza especialmente peligrosa y difícil de atajar. En el norteamericano 11-S nadie pudo prever el uso de aviones civiles de pasajeros como misiles y en el madrileño 11-M era imposible imaginar aquella masacre masiva en trenes de cercanías. Ahora, a pesar de la ola de terrorismo que afecta a Rusia, no era posible prever que los terroristas fueran capaces de utilizar como moneda de cambio, en un secuestro masivo, a varios centenares de niños de corta edad, el primer día de colegio, dejándolos primero sin comer ni beber durante tres días, abarrotando el edificio de explosivos, como muestra inequívoca de sus propósitos asesinos y disparando finalmente sobre ellos, con infinita crueldad.

Ante una situación de este tipo es inmoral y bochornoso que, como hacen una buena parte de los medios europeos, se pretenda mantener una cierta equidistancia entre Putin y los terroristas. No se pueden aprobar los excesos de los rusos en Chechenia, pero es obligado poner todo en su contexto y eso significa que se debe condenar el terrorismo fundamentalista y nacionalista que golpea Rusia, sin ningún tipo de paliativos, de excusas, ni de hipotéticas justificaciones. Muchos europeos que muestran sus escrúpulos por lo que está pasando en el Cáucaso norte, parte de la Federación Rusa, parece que no se han enterado todavía de que el terrorismo nos ha declarado la guerra sin cuartel a todos los países civilizados y que la equidistancia y el apaciguamiento en el que tantos se instalan es, sencillamente, suicida. Si se critica a Putin porque no negocia con los separatistas chechenos, debe también criticarse a quienes no aceptan la autonomía que se les está brindando desde hace años.

Hay que comprender que Rusia es una entidad multinacional y multiétnica y que si el Gobierno de Moscú accediera a la independencia de un territorio que forma parte, desde hace dos siglos, de lo que fue imperio y ahora es federación, inmediatamente tendría que hacer frente a nuevas reivindicaciones separatistas para crear estaditos inviables que complicarían la estabilidad y la paz hasta extremos inimaginables. Una hipotética independencia de Chechenia sería el punto de partida para reclamaciones similares en Ingusetia, el Daguestán, y otras zonas de aquel mosaico que es el Cáucaso norte, incluso, quizás, Osetia del Norte, aunque sus habitantes son mayoritariamente cristianos ortodoxos.

En estos estados hipotéticamente independientes el terrorismo islamista encontraría nuevas bases, más cerca de futuros objetivos europeos. De nuevo –como cuando los rusos fueron el valladar contra los mongoles– Rusia juega un importante papel que en el alegre y confiado Occidente no se les reconoce ni aprecia. Este brutal acontecimiento, con la presencia de al menos una decena de terroristas árabes, demuestra que nos hallamos ante una estrategia conjunta, muy bien planeada, en la que, con toda seguridad, Al Qaida y sus asociados desempeña una función directiva, impulsora y de ayuda. De hecho Basayev se supone que mantiene vínculos con esos grupos desde 1995. Reiteramos, por eso, que se equivocan los que, con escrúpulos dignos de mejor causa, se niegan a elegir entre rusos y chechenos.

Nada de eso quiere decir que la guerra sea la única manera de responder al desafio checheno. Sería bueno que Putin recordara que la primera guerra chechena, en la primera mitad del siglo XIX, se decantó de parte de Rusia cuando, desde 1851, la táctica de tierra quemada que habían utilizado Ermolov (de quien se ocupa Pío Baroja en «Juan Van Halen, el oficial aventurero») y sus sucesores fue sustituida, por el virrey Bariatinski por una política de mano tendida, con prohibición de represalias, construcción de infraestructuras y reconstrucción del destruido país. El propio líder checheno, el mítico imán Chamil, acabó entregándose y viviendo plácidamente en San Petesburgo.

Seguramente lo que tendría que hacer Putin es intentar dividir a quienes se enfrentan a los rusos, que no forman un frente unido. Fue también ésa la táctica que usaron los zares hace siglo y medio, como se comprueba en «Hadjí Murat», una deliciosa obra de León Tolstoi, en la que refleja sus vivencias en el Cáucaso, donde cumplió su servicio militar, a mediados del siglo XIX. Putin podría tratar de entenderse con los nacionalistas seculares, dirigidos por Maskhadov, el último presidente checheno elegido libremente, continuando al mismo tiempo la lucha contra los fundamentalistas que dirige Basayev, con los que no cabe ningún entendimiento. En contra de lo que se cree en Occidente una buena parte del pueblo checheno no comparte las tesis de los fundamentalistas que, como ha escrito recientemente un especialista, Ben Wheterall, son tan poco gratos para los chechenos como las fuerzas federales rusas.

¿Civilización o barbarie?
Antonio PÉREZ HENARES La Razón

«Vendrán por ti, vendrán por mí, vendrán por todos». Es hora de afrontarlo. El terrorismo nos ha declarado la guerra. Niños rusos, trabajadores españoles, oficinistas norteamericanos, turistas en Bali. Mañana cualquiera de nosotros. Es suicida mirar para otro lado y una locura volver a cometer atroces y sanguinarios errores –Irak– que sólo traen la multiplicación del odio, otorgan el liderazgo de la resistencia al terror mas fanático y le ofrecen todas las coartadas. Los ciudadanos del planeta que tenemos como máximo valor el derecho a la vida y la democracia como norma esencial de nuestras sociedades debemos entrar en combate.

Urge la movilización mundial ante el terror y el fanatismo islámicos y es tan imprescindible la victoria como lo fue contra el nazismo. Será necesaria inteligencia, un nuevo y mas justo orden mundial y sobra la estupidez, la insensatez y la brutalidad del emperador Bush. Y serán necesarias sangre, sudor y lagrimas. Necesitamos líderes y certezas en nuestros valores de vida y libertad. Al otro lado esta la barbarie y la tiniebla. El terrorismo no es en absoluto lucha de pueblos para salir de la miseria. Se sirve de la desesperación ante el hambre y la injusticia pero quienes lo financian son las fuerzas tenebrosas y medievales, los señores feudales del petróleo que nadan en oro, decididos a mantener y extender la teocracia que sustenta sus atroces privilegios.

CONTRA EL TERRORISMO DE ETA
Por JOSÉ ANTONIO ALONSO Ministro del Interior ABC 5 Septiembre 2004

EL terrorismo es percibido por las españolas y los españoles como su principal problema público. Combatir el terrorismo constituye la prioridad absoluta del Gobierno español, y por lo tanto la prioridad incuestionable del Ministerio del Interior. Tras los atentados del pasado 11 de marzo, es evidente que, como ocurre en otras sociedades de nuestro entorno, nos enfrentamos a los graves desafíos que plantea el actual terrorismo internacional. Esta realidad nos obliga a adaptar nuestros instrumentos y agencias a las características específicas de la nueva amenaza, así como a reforzar la unidad democrática contra el terrorismo. Sin embargo, no podemos olvidar que la mayoría de las víctimas que el terrorismo ha ocasionado en España son debidas a los atentados que durante más de tres décadas ha venido perpetrando la banda armada ETA. Los esfuerzos dedicados a la prevención y el control del terrorismo internacional en modo alguno pueden desviar la atención ni los recursos imprescindibles en la lucha contra esa organización terrorista.

Es de sobra conocido que ETA ha causado más de ochocientos muertos a lo largo de su trayectoria terrorista y miles de heridos, cifras crueles a las que se añaden de inmediato las de los familiares y allegados de todos los más directamente afectados en su integridad física o psíquica. Cifras a las que han de sumarse también las de otras tantas decenas de miles de hombres y mujeres que se han sentido amenazados e incluso han tenido que abandonar su tierra de origen. O las de esa mayoría de vascas y vascos que sencillamente han tenido o tienen miedo a disfrutar de las libertades y expresarse libremente en su condición ciudadana. Los terroristas y sus colaboradores han intentado imponer, mediante la generalización del amedrentamiento, una concepción etnicista a la par que excluyente de la identidad vasca. Han intentado también establecer, mediante el chantaje y la intimidación sistemática de la población, un modelo totalitario de cómo deben gobernarse Euskadi o Navarra. Y el hecho es que los terroristas continúan tratando de condicionar, a través de los métodos antidemocráticos de violencia que les son propios, las actitudes y los comportamientos de la gente, el normal desenvolvimiento de la sociedad civil.

Ahora bien, el terrorismo de ETA ha fracasado en sus propósitos políticos, aunque la banda armada aún no haya desaparecido. Puede decirse, eso sí, que es una organización terrorista en decadencia. Esta decadencia es resultado de una serie combinada de factores tales como la consolidación de la democracia española y la existencia de legítimas instituciones vascas de autogobierno, una respuesta policial acreditada en su profesionalidad y sus indicadores de eficacia contraterrorista, la excelente labor que vienen desarrollando jueces y fiscales especializados, una política penitenciaria consistente a lo largo del tiempo, las reacciones cívicas emprendidas tanto desde la sociedad española en general como a partir de la vasca en particular al hilo de las movilizaciones llevadas a cabo pacífica pero enérgicamente por las víctimas del terrorismo, el fin de la impunidad en que antaño se desenvolvía el entorno cómplice y encubridor de los terroristas, especialmente por lo que se refiere a la ilegalización de Batasuna y otras entidades vinculadas con ETA y, por supuesto, una efectiva cooperación internacional, particularmente una fructífera colaboración hispanofrancesa.

Pero ETA tiene todavía capacidad, recordémoslo una vez más, para violar derechos fundamentales y menoscabar las libertades públicas de muchos ciudadanos españoles, para conmocionarnos fuera y dentro de Euskadi. No ha podido volver a matar desde hace algún tiempo, pero seguirá intentando hacerlo. Nada, absolutamente nada, debe llevarnos a engaño. ETA atenta cuando, como y donde puede. Mientras tanto, quienes apoyan a la banda armada se empeñan en complementar la actividad de los pistoleros de ETA tratando de reforzar y extender el control social que el entramado terrorista en su conjunto pretende ejercer sobre la sociedad vasca. En especial, mediante esa verdadera estratagema terrorista a la que ha dado en denominarse kale borroka, una auténtica violencia planificada de acoso y persecución hacia los adversarios políticos, cuyo blanco preferente son quienes defienden el orden constitucional, articulan ideas pluralistas y se oponen abiertamente al terrorismo. Los crímenes llevados a cabo por los militantes plenamente insertos en ETA y la propia kale borroka constituyen las dos principales causas de las violaciones cotidianas y extensas de los derechos humanos ocurridas en el País Vasco.

Por eso, el Ministerio del Interior está ejerciendo sus responsabilidades en la lucha contra el terrorismo de ETA con la mayor contundencia posible, utilizando para ello los medios que le proporciona el Estado de derecho, sin bajar en ningún momento la guardia y en situación de máxima alerta policial. Como no podría ser de otro modo. Al mismo tiempo, estamos muy interesados en que el Ministerio del Interior desarrolle una provechosa colaboración con la Consejería de Interior del Gobierno vasco, a cuyo máximo responsable tengo por persona cualificada y completamente implicada en la lucha contra ETA. Claro está, el Ministerio del Interior implementa las medidas contra el terrorismo de su competencia dentro de un compromiso explícito para el cumplimiento escrupuloso y estricto del Acuerdo por las Libertades y Contra el Terrorismo. Compromiso recogido en el programa electoral del PSOE y del que dejé constancia expresa con motivo de mi primera comparecencia ante la Comisión de Interior del Congreso de los Diputados el pasado mes de mayo, cuando tuve ocasión de exponer las líneas generales del Departamento, y que he venido reiterando desde entonces, en múltiples ocasiones.

Importa ahora subrayar de modo especial que el Acuerdo por las Libertades y Contra el Terrorismo, elaborado en su día a iniciativa del Partido Socialista Obrero Español y suscrito por esta misma formación, el Partido Popular y el Gobierno de la Nación en el año 2000, asegura tanto el inexcusable reconocimiento moral como el necesario apoyo material a las víctimas del terrorismo de ETA y a sus familiares. Proporciona igualmente la cobertura solidaria que requieren los representantes políticos del PSOE y del PP que, con un valor y una resolución dignos de sincero homenaje, desempeñan las funciones para las que han sido elegidos en las instituciones locales, provinciales y autonómicas vascas o en las navarras. Importa subrayar además que ese Pacto de Estado ha de mantenerse en vigor como instrumento fundamental de unidad democrática frente al terrorismo para la derrota definitiva de ETA o su disolución efectiva. En dicho texto se afirma clara y rotundamente, por ejemplo, que de la violencia terrorista no extraerá dicha banda armada, en ningún caso, ventaja o rédito político alguno. Al tiempo que las disposiciones del mismo acuerdo proporcionan el marco de referencia para una lucha integral contra ETA, incluyendo tanto la vigilancia y desbaratamiento de su trama financiera como las actividades ilícitas llevadas a cabo por el entorno cómplice y encubridor, gracias al cual ha venido persistiendo la banda armada. El objetivo de esa lucha integral contra ETA no es otro que la erradicación del terrorismo y la defensa, nada menos, de los principios y procedimientos de la democracia. En esa tarea estamos y estaremos con toda nuestra fuerza.

MOZÁRABES
Por Jon JUARISTI ABC 5 Septiembre 2004

LOS catalanes son los judíos de la derecha. Los gallegos son los mahometanos de la izquierda. Los andaluces son los hindúes del entresuelo y los extremeños se tocan las narices, porque, al parecer, aquí sólo trabajan los preclaros y laboriosos hijos de la Vilanova i la Geltrú. Con todo, la estulticia nacionalista palidece ante la imbecilidad con rango ministerial que proclama nuestra obligación (¿la de quién o quiénes?) de desarmar a los terroristas con la fuerza de las ideas (¿qué ideas, si se puede saber?). Medio centenar de pervertidos desnudan, deshidratan y asesinan a una muchedumbre de niños con sus madres, y al baranda de la cosa exterior se le ocurre que necesitamos reflexionar. Pues bien, he aquí mi reflexión, por si sirviera de algo: los pederastas caucásicos de la escuela de Osetia pertenecen al mismo club deportivo que voló los trenes madrileños el pasado 11 de marzo y ante el que la España progresista se rindió en pleno tres días después. Si les sales ahora con lo de la tregua olímpica, te harán, como mínimo, un corte de mangas. Y ni te digo cómo se van a poner cuando les recomiendes que lean al Petit ridicule. Probablemente ha llegado el momento de empezar a preocuparse. ¿Ideas? Repásense las expresadas a propósito del 11 de septiembre de 2001 por alguna que otra de las actuales directoras generales, turulata a causa de la luz del Cham.

COMO índice de la abundancia de ideas que abruma al partido guía, baste considerar el expediente con el que han resuelto o así los socialistas de la noble Euskadi su estreñimiento crónico. En efecto, ante la inminencia del debate parlamentario sobre el plan Ibarreche, lo más astuto era encargar la réplica del grupo a un nacionalista. Después de todo, ni a López ni a Eguiguren les pagan por pensar. A Emilio Guevara, tampoco, pero lo hace por afición. Andaba buscando desesperadamente un árbol del que colgarse y, a falta del roble ancestral de Guernica, desde cuya copa fue precipitado al abismo, no está de sobra un soto de alcornoques. Guevara no es un memo ni un advenedizo en la política vasca. Tuvo además el suficiente coraje y acaso también el sentido de la oportunidad necesario para solidarizarse con los movimientos cívicos como Basta ya! que sus antiguos compinches execraban. Nunca ha dejado de subrayar su condición de nacionalista, ni siquiera al comparecer estos días ante los medios como el autor del plan de reforma estatutaria del PSE-Euskadiko Ezkerra. Lógicamente, el plan en cuestión resulta tan nacionalista como el padre que lo paseó. De un nacionalismo, evidentemente, más moderado que el de Ibarreche y compañía, pero es que, junto a éste, cualquier otro parece leche merengada.

EL plan Guevara intenta recuperar el razonable gradualismo del nacionalismo anterior al Pacto de Estella: es decir, una estrategia sigilosa de desmantelamiento del Estado en la Comunidad Autónoma Vasca. La clave del éxito de dicha estrategia estuvo siempre en la condescendencia de los partidos de la oposición. La formación del frente nacionalista, como es sabido, irritó a éstos y se acabó lo que gratis se daba. Sin embargo, un sector no desdeñable del PSE y, desde luego, la mayoría de la dirección del PSOE no perdió nunca la esperanza de volver a las andadas. El desaliento de los socialistas vascos al comprobar que Ibarreche no se movía de sus posiciones tras el 14 de marzo explica su actual contubernio con uno de los más acreditados michelines que lastraban, según Arzalluz, la marcha del PNV hacia el esplendor de la independencia nacional. Del plan Guevara, esperan López y los suyos, podría salir un acuerdo con los nacionalistas para que éstos rebajen sus exigencias o, al menos, un desplazamiento hacia el PSE del voto nacionalista más vacilante o asustadizo. Si las cosas se tuercen, que es lo más probable, el partido de los socialistas vascos despertará, como un Gregorio Samsa y Etxebarria, convertido en escarabajo abertzale de baja intensidad. En cualquier caso, han vuelto ya a su añorada condición de pitufos mozárabes en el emirato euscaldún. Felicidades.

Globalidad y terrorismo
José Javaloyes es periodista La Razón 5 Septiembre 2004

La detectada presencia por los servicios secretos rusos de nueve terroristas árabes entre los secuestradores del centro escolar de Beslan, en Osetia, confirma espectacularmente la vis expansiva del terrorismo islámico. Integra éste en su onda, más allá de lo incidental y episódico, gentes no árabes: así chechenos y otros nacionales del espacio euroasiático. Parece como si el Islam, igual que pasto reseco, estuviera dispuesto a arder con la tea terrorista de sus adeptos politizados, movilizados, militarizados.

El integrismo musulmán facilita enormemente el proceso: de la religión hace política y de la política religión. Es la condición mecánica para el incendio. Pero esta condición dormía, era globalmente inerte hasta la anterior contienda de Afganistán, cuando fue despertado por EE UU y sus aliados del Golfo. Se reclutó la fe islámica para combatir a la impiedad soviética, implantada en el país que se resuelve en desfiladero hacia los caminos del Asia profunda. La URSS se cernía de tal manera sobre el petróleo árabe, apalancada en el propio despliegue militar y en el apoyo político de un Gobierno títere de Moscú. Los soviéticos insistían, sin embargo, en que lo suyo, lo que buscaban, no era el petróleo de los árabes. Querían cortar el paso a la entrevista desestabilización islámica de sus repúblicas orientales.

Aquella movilización del integrismo islámico contra el asentamiento soviético en Afganistán fue un éxito para EE UU y sus aliados árabes del Golfo. En términos de coste, sin embargo, ha resultado una catástrofe histórica. El integrismo islámico, en la primera guerra de Afganistán, ardió contra la URSS, y ahora, ese integrismo arde contra todos: Rusia, EE UU, cuanto huela a Occidente y lo que sea ajeno a lo musulmán. Desde aquel fuego puntualmente prendido en el último gran episodio de la Guerra Fría, el del tebeo de Rambo, viene ahora la llama global del terrorismo islámico. Un fuego que nos quema a todos: a rusos, a españoles, a norteamericanos. Los islamistas se orientan por la luz colosal del 11 de septiembre del 2001.

Por larga que sea la historia de las tensiones y enfrentamientos entre Chechenia y Moscú, lo sucedido en Beslán, por sus características de horror, crueldad y barbarie tiene mucho más que ver con el fanatismo islamista de la última generación de los llamados «afganos» (pues se curtieron en la campaña de Afganistán contra los soviéticos) que con las facturas que el nacionalismo chechenio pueda tener pendientes por la destemplada represión rusa a lo largo de más de dos siglos. Hay que recordar la crueldad extrema del terrorismo islamista argelino contra sus propios connacionales. Las decenas de miles de muertes causadas en su última campaña no guardan proporción ni nexo causal con el golpe militar que barrió de un escobazo la victoria de los islamistas en las primeras elecciones celebradas en Argelia, a la salida de la dictadura del Frente de Liberación Nacional.

La dinámica del terrorismo islámico es ajena a toda idea de proporción o de adecuación entre motivos y propósitos con la violencia y la crueldad puntualmente desplegadas. Se ha probado hasta el espanto y la náusea con los niños osetios de Beslan, pero también se está probando en la interminable posguerra de Iraq; en la bestialidad de los ataques contra la población civil de Israel –por más que el Gobierno de Sharon no discrimine en sus represalias ni evite cuanto pueda alentar esa demencia–; en el referido e inmediato pasado argelino; en los ataques terroristas de Casablanca; en el 11 de marzo de este año… No hay en el terrorismo islámico razón, por poderosa que pudiera ser, que no se pierda, anule y desaparezca por la brutalidad humana y la saña teológica que ese fanatismo aplica en sus actuaciones.

Es verosímil la explicación dada por las autoridades rusas sobre el modo como se desencadenó la carnicería de Beslan: que la explosión accidental de uno de los artefactos dispuestos los secuestradores, en el minado centro escolar, desencadenara el tiroteo y la muerte entre los rehenes. Pudo ser perfectamente así, luego de las manifestaciones de Vladimir Putin contra la eventualidad, en principio, de una actuación armada contra los terroristas. Verosímil por lo elevado del coste político de una actuación como aquella de hace dos años en un teatro de Moscú. Pero lo que no resulta verosímil es que a estas alturas, con el grado de metástasis alcanzado por el terrorismo islámico, no se hayan concertado las políticas de las grandes potencias –la propia Rusia y Estados Unidos, potencia máxima– para una actuación conjunta contra un problema de esta naturaleza. En este sentido, más que de «choque de civilizaciones» a lo Huntington, de lo que habría que hablar, propiamente, es del choque contra las civilizaciones por parte de la barbarie islamista, tan capaz de poner una cabeza teológica de potencia nuclear en cualquier conflicto político o bélico.

Luego de mirar atrás sin ira, y de advertir cuán inmenso error fue aquella movilización antisoviética, en Afganistán, del integrismo durmiente del sunismo wahabí, cabe decir y preguntarse si errores como aquél fueron globales y contribuyeron decisivamente a la eclosión del terrorismo en el mundo islámico, no cabrían ahora, contra los errores aquellos, aciertos globales también capaces de parar, templar y resolver la embestida terrorista del islamismo integrista. En Occidente había brotado antes el terrorismo izquierdista, durante la Guerra Fría y como una de sus secuelas. Asimismo se acuñó durante ese tiempo el terrorismo de Estado, como barbarie inducida por el terrorismo revolucionario.

Al aire de los radicalismos de Mayo del 68, paralelos al sovietismo, surgieron dentro del capítulo europeo ETA en España, las Brigadas Rojas en Italia y la Baader Meinhof en Alemania; en el asiático, el Ejército Rojo japonés, y en el Cono Sur de América los Tupamaros de Uruguay, los Montoneros y las gentes del ERP que prendieron fuego literalmente a la Argentina, los miristas del castrismo y otros radicales que sacaron de carril la Unidad Popular de Allende. Todos en su conjunto arruinaron las democracias de esa región y trajeron las dictaduras. Y todas las izquierdas europeas fueron benevolentes con este otro terrorismo, al que absolvieron con distingos bajo la condena sin paliativos a las dictaduras que lo reprimió.

Todos los terrorismos de la segunda mitad del Siglo XX fueron secuelas de la Guerra Fría. El terrorismo islámico también lo es. Pero ahora, por medio de los correspondientes ajustes en la relación ruso-americana, éste puede ser combatido y sustancialmente derrotado como lo fueron los otros. Pero con la ley y el Estado de Derecho.

Muchos terrorismos sí, pero un único terror
ROBERTO L. BLANCO VALDÉS La Voz 5 Septiembre 2004

AFIRMAR que todos los terrorismos son iguales constituye, sin duda, una idiotez. Tanto, al menos, como negar la palmaria evidencia de que son los mismos terroristas los que manifiestan tener algo que los une: la (supuesta) legitimidad de sus acciones armadas en defensa de aquellas causas que dicen apoyar.

Los etarras, y sus amigos, llevan treinta años proclamando que es legítimo matar en defensa de la independencia y la reunificación de Euskalherría. Los islamistas radicales que acaban de asesinar a doce nepalíes han reclamado su derecho a hacerlo en pro de la libertad de su país. Y los que mantienen secuestrados a dos periodistas franceses y a su chofer afirman que la lucha por el derecho de las musulmanas a ir con velo a sus escuelas justifica sus acciones. Los terroristas que el viernes provocaron un sobrecogedor baño de sangre en la escuela de Beslán también tienen una causa, por supuesto: la independencia de Chechenia.

Una causa : eso es, de hecho, lo que convierte en terroristas a quienes de otro modo serían simples criminales, de los que secuestran por dinero. Pero los terroristas no son, como se dice a veces, simples criminales: si lo fueran, combatirlos resultaría infinitamente más sencillo.

No, cuando secuestran, asesinan y extorsionan, los terroristas afirman hacerlo siempre en defensa de una causa, lo que tiende a provocar un doble efecto: en primer lugar tiende, de algún modo, a ennoblecer sus acciones criminales, pues no sería lo mismo secuestrar a cambio de un rescate que a cambio de la libertad de tu país; pero tiende, sobre todo, a señalar que la responsabilidad de aquellas acciones criminales estaría, también de algún modo, repartida entre los terroristas y los que, oponiéndose a su causa, los obligarían a actuar.

La lógica terrorista es, por ello, una lógica perversa, cuya aceptación supondría el fin de cualquier posibilidad de acabar con la que se configura ya, sin duda, como la gran plaga del siglo XXI. Y ello al menos por dos razones diferentes: porque el número de causas susceptibles de ser defendidas por medio del terror es infinito; y porque la legitimidad o ilegitimidad de todas y cada una de las mismas será siempre susceptible de opiniones divergentes: los españoles sabemos lo que nos ha costado convencer al mundo de que los etarras no eran unos patriotas, sino unos terroristas despiadados.

Esas dos razones llevan como de la mano a obtener una clara conclusión: que los terroristas no pueden ser juzgados por sus causas (siempre discutibles), sino sólo por sus métodos. Es decir, por lo único que todos deberíamos considerar indiscutible: que no hay causa alguna que justifique el uso del terror.

11-M: NO ES GUERRA NI PASÓ POR LA GUERRA
PABLO PLANAS ABC 5 Septiembre 2004

Tal vez la conclusión principal de la comisión sobre el 11-M deba ser que antes como ahora no hay causa que pueda justificar la más mínima violencia. Si los comisionados deciden escarbar en la falta de medios, en la imprevisión o en la destilación hacia la opinión pública de datos confusos, contribuirán a engrandecer la onda expansiva de las bombas. Si pretenden relacionar la guerra de Irak con las masacres de los trenes, no habrá servido de nada dejar el Estado a la intemperie. Lo sucedido en los últimos meses da cuenta de la falta de nexo entre las actitudes de los Estados frente a la invasión de Irak y los objetivos de los terroristas. Ni el Nepal ni Francia han participado en términos militares de la ocupación de Irak, pero sus nacionales sufren las consecuencias de la percepción distorsionada de la realidad de los fanáticos del Islam. Por el contrario, desde que la Administración liderada por Bush decidiera responder al 11-S con sendas invasiones en Afganistán e Irak, no ha habido atentados en suelo norteamericano. Eso sí, un millar de familias han recibido en los EE.UU. los cadáveres de soldados ocultos por el velo de la censura a la mayoría de sus compatriotas. Para el norteamericano medio, Bush y la capacidad militar de su país representan una garantía de seguridad suficiente. Para la mayoría de la comunidad internacional, los últimos sucesos demuestran que al terrorismo no puede concedérsele el beneficio de una clásica declaración de guerra. Frente a la amenaza es más eficaz un grupo de policías que una compañía militar, como quedó patente en Leganés. También la diplomacia, la vía francesa, parece mucho más eficaz (aunque hubiera un desenlace fatal para los reporteros franceses secuestrados en Irak) que las acciones de fuerza. De forma policial o diplomática la única condición es no aceptar condiciones.

Sin embargo, la barbarie puede adoptar formas tan diabólicas como la de los terroristas chechenos, frente a los que, por el momento, no se ha encontrado un antídoto ni policial ni diplomático. El relato de Diego Merry del Val, el corresponsal de ABC, sobre el secuestro de cientos de personas en la escuela de Osetia, estremece y al tiempo describe la enfermedad del terrorista, la ausencia absoluta de piedad.

Puede que haya personas tentadas a teorizar sobre los orígenes del conflicto en Chechenia para abordar este nuevo delirio terrorista. Dado el caso, se cometerá un error muy parecido al de relacionar el 11-M con la presencia en Irak de soldados españoles mejor instruidos para sanear pozos que cavar trincheras. Cuenta el periodista que muchos niños creyeron que el secuestro era una representación teatral que les planteaban padres y profesores, situación que recuerda la escena de «La vida es bella» en la que Roberto Benigni trata de convencer a su hijo de que todo lo que ocurre en un campo de concentración es un juego en el que cualquier contratiempo puede ser vencido con una sonrisa. De entonces a acá, no han cesado ni los gulags ni los guantánamos, ni las checas ni las tenebrosas celdas del fanatismo religioso. Tampoco los ataques terroristas. Pero combatir el terrorismo como si se tratara de una guerra es dar cobertura a la dinámica de acción y reacción. Cualquiera puede ser víctima de la yihad o de la bomba colocada por un grupo de desnortados. La diferencia moral está en el uso de la inteligencia y en el ejercicio de la piedad.

La democracia del miedo
FERNANDO SAVATER El Correo 5 Septiembre 2004

Una encuesta reciente revelaba que la mayoría de los españoles cree que los vascos no prestan suficiente apoyo o reconocimiento a las víctimas del terrorismo etarra. De inmediato, algunos próceres del nacionalismo han proclamado que se trata de un triste error, inducido por la propaganda mediática y quienes manipulan a las víctimas. Hay que ser caraduras. Hace quince o veinte años las víctimas no sólo no eran reconocidas ni apoyadas por la sociedad vasca en general (salvo las contadísimas salvedades que siempre hay que hacer), sino que quedaban estigmatizadas por la agresión que habían sufrido. Se les rehuía, se les hacía el vacío: los más 'cariñosos' les recomendaban a ellos y a sus familiares que pusieran tierra por medio cuanto antes. Los vecinos de su inmueble expresaban el malestar que les causaba una proximidad que podía acarrearles daños colaterales: ¿a ver si vamos a pagar justos por pecadores! Y como de pecadores se trataba, los clérigos pasaban de largo ante las concentraciones de protesta por los secuestros o les negaban misas y funerales a los asesinados. Hay cientos de testimonios de víctimas -no dos o tres- que corroboran este abandono...e incluso actitudes peores.

Las cosas han mejorado indudablemente poco a poco, gracias a los esfuerzos de grupos cívicos y al compromiso de algunos políticos de los partidos constitucionalistas, capaces de superar sectarismos y enfrentarse juntos al peligro común. Todos ellos han tenido que pagar un alto precio en seguridad personal, en insultos y descalificaciones (se dedicaban a 'crispar', empeoraban las cosas, no tendían puentes, etcétera), incluso en marginación dentro de sus respectivas formaciones. Para qué insistir, es ya de sobra sabido que quienes tanto han mirado para otro lado nunca han perdonado del todo a los primeros que les obligaron a contemplar lo que ocurría...aunque ahora intenten convencernos de que fueron ellos pioneros en denunciarlo.

Aún así, el apoyo y el reconocimiento distan mucho de haberse hecho realmente generales en esta sociedad. Todavía está por ver a cargos públicos nacionalistas participando en un homenaje a los profesores universitarios amenazados, por ejemplo, como el que tributaron al último excarcelado de 'Egunkaria'. Y no hay más que comparar las reacciones ante el atentado del 11-M en Madrid con lo que estábamos acostumbrados a ver en otros casos. Contra el crimen de los islamistas protestó hasta Arnaldo Otegi; lucieron crespones negros equipos de fútbol que jamás habían querido solidarizarse con las víctimas de casa, cantaron orfeones que ante otros crímenes permanecieron afónicos, pusieron emblemas conmemorativos a ocho mil metros de altura alpinistas que nunca lo habían hecho cuando mataron a sus vecinos, etcétera. Incluso un músico que lleva treinta años cantando en euskera grabó un disco en castellano para homenajear a la víctimas del tren de Atocha, lo que si no me equivoco no había hecho antes cuando asesinaron a euskaldunes. No es difícil explicar este contraste de comportamientos frente a unos y otros atentados. Se trata, como casi siempre, de que la gente quiere ser todo lo buena que pueda...pero sin buscarse problemas.

Y por tanto es mucho más gratificante pronunciarse contra el horroroso atentado de Madrid que contra los también espantosos que llevan tanto tiempo produciéndose en el País Vasco. En primer lugar, los terroristas islámicos carecen de apoyo político en nuestro país: ningún grupo influyente o representativo respalda ni de lejos a Al-Quaida (¿de momento!) y por tanto denunciar sus fechorías no concita más que parabienes, ya que nadie se da por aludido. Si alguna formación política es culpable de sus atrocidades será el PP de Aznar y su política belicista junto a Bush en Irak, la cual puede ser denunciada sin peligro de muerte. El caso de ETA es muy diferente: tienen valedores incluso parlamentarios (pese a la Ley de Partidos) y muchos de quienes condenan la violencia sienten simpatía por los violentos (son buena gente, que padece en la cárcel por culpa de la intransigencia española y francesa) y a lo más que llegan es a decir que 'ETA sobra', como si fuera la tercera rueda de una bicicleta que ya se sostiene bien sin ella ahora por fin...aunque siempre habrá que agradecerle los servicios prestados.

En segundo lugar, que quizá para muchos sea el primero, los islamistas matan a bulto (o sea que tienes las mismas posibilidades de que te agredan denunciándoles o guardando silencio), mientras que los etarras cultivan la puñetera manía de apuntar el nombre de quienes les llevan la contraria y a veces castigarles por ello. Les sorprendería a los más ingenuos de ustedes conocer la cantidad de artistas plásticos, actores, cocineros, deportistas y enanos de circo que se sienten agobiados ante la mera posibilidad de ser inscritos aunque fuera muy abajo en esta lista negra. Botón de muestra: cierto celebradísimo pintor catalán retiró su firma de un manifiesto condenando a ETA porque se habían encontrado un petardo cerca de Chillida Leku y temía que su propia fundación en Cataluña padeciese un bombardeo semejante. Moraleja: apoyemos a las víctimas siempre que los terroristas no tengan amigos influyentes entre nosotros ni libreta de direcciones en la que tomar nota del nombre de sus denunciantes.

Yo no sé si hay gente que manipula a las víctimas del terrorismo. Lo que tengo claro es que hay quien manipula en su favor la violencia terrorista: son los que proponen planes nacionalistas y más o menos secesionistas en el País Vasco con la implícita promesa de que sí son aceptados acabará la amenaza de muerte que hoy pesa sobre los disidentes. El lehendakari acusa a quienes en estas condiciones se niegan a aceptar una consulta popular anticonstitucional de tener «miedo a la democracia». Pero él rentabiliza por su parte la democracia del miedo, que obligaría a muchos en dicha consulta a optar no por lo que desean que pase sino por lo que creen que evitaría que les pase lo que no desean. Y eso, señor Ibarretxe, no es verdadera democracia sino aprovechar el más democrático de los sentimientos, el pánico a padecer si no se obedece prontamente.

Recientemente, Iñaki Anasagasti ha publicado en 'Deia' (22 de agosto) un interesante artículo titulado '¿Querríamos un Chávez en Ajuria Enea?'. En él condena elocuentemente los procedimientos del líder venezolano, que ha movilizado con discursos demagógicos a la población empobrecida y atemorizada del país con una política que enfrenta a la ciudadanía, utilizando los procedimientos aparentemente más democráticos para respaldar a un régimen que está lejos de serlo. Y denuncia con vigor a los antiamericanos y anti Bush profesionales que le celebran como a un libertador. Comparto mayoritariamente su análisis, pero me sorprende que no vea el paralelismo que guarda en parte con lo que nos ocurre en Euskadi. Porque aquí tenemos también antiespañolistas y anti Aznar profesionales, capaces de apoyar cualquier referéndum falsamente democrático y basado en el miedo que se nos proponga, mientras ETA sigue tutelando de un modo u otro nuestra política. Y en efecto, lo que la oposición democrática en Euskadi quiere evitar es instalar un Chávez en Ajuria Enea. Lo cual estamos viendo que no va a resultar fácil, mientras no concluya la democracia del miedo que algunos confunden con el miedo a la democracia.

Cataluña contra Madrid
Curri Valenzuela El Ideal Gallego 5 Septiembre 2004

La explicación a las palabras del portavoz de Esquerra Republicana en el Congreso, Joan Puigcercós, acusando a la Comunidad de Madrid de haberse convertido en “un agujero negro” de las inversiones del Estado y de intentar presentar a los catalanes como “los nuevos judíos de España” se encuentra en las estadísticas. Frente al aumento del paro en agosto, que fue significativo en Cataluña, en Madrid creció el empleo; mientras Cataluña ha sido la comunidad que más peso ha perdido dentro del PIB nacional en la última década, la de Madrid ha sido la que más ha aumentado. Y, como nacionalistas que son, extremadamente nacionalistas en su caso, en ERC han llegado a la conclusión de que los madrileños, centralistas ellos, han de ser los culpables de que los catalanes no estén creciendo económicamente todo lo que se merecen.

Las estadísticas se empeñan por echar por tierra el argumento de los independentistas catalanes. El peso del sector público en la economía de Madrid es menor que la de Cataluña, así que no es cierta la tesis de que Madrid crece aprovechándose de que en su capital reside el Gobierno. En la última década, Madrid ha superado a Cataluña en todos los índices que miden el bienestar económico, y es hoy la segunda comunidad en renta per cápita, tras Baleares. En este tiempo Cataluña ha bajado al quinto puesto, mientras que su contribución a las arcas del Estado es tres veces menor de la de Madrid, que es la región que más aporta.

En vez de quejarse tanto porque a Madrid le va bien, quienes gobiernan en Cataluña deberían preguntarse qué ha hecho esta comunidad para alcanzar el dinamismo empresarial del que disfruta, cómo sigue creando empleo en circunstancias adversas, en qué medida contribuye a la huida de Cataluña de empresas multinacionales la exigencia de emplear en exclusiva la lengua catalana y qué ha ocurrido en esa comunidad para que se estén perdiendo el sentido de la iniciativa empresarial, la competitividad por ser los mejores e incluso el “seny” en la convivencia con los demás que hicieron que durante tanto tiempo Cataluña fuera el motor económico de España

AZNAR Y LA COMISIÓN DEL 11-M
Editorial ABC 5 Septiembre 2004

LA perspectiva inmediata para la Comisión investigadora del 11-M es el carpetazo socialista, anticipado en julio pasado con la exclusión del anterior secretario de Estado de Interior, Ignacio Astarloa, y los directores de medios de comunicación. El PSOE tiene prisa por llegar a unas conclusiones en las que, con la mayoría parlamentaria que le concede la coalición que ha formado con los grupos minoritarios, consumar la ejecución política sumaria del Gobierno del PP por la gestión del 11-M y, de paso, suprimir más riesgos de fracasos, como el que supuso la concluyente declaración del ex ministro del Interior Ángel Acebes. Este probable análisis elaborado por los estrategas del PSOE es el que deja fuera de la Comisión una declaración imprescindible, la del ex presidente del Gobierno José María Aznar, un político voluntariamente desprendido de cualquier fuero, y que, como todo gobernante, merecerá reproches por su gestión, pero nunca el de haber eludido la confrontación dialéctica con sus adversarios o escamoteado su presencia pública en los momentos más complicados. Su comparecencia ante los comisionados permitiría a Aznar algo tan elemental como ejercer el derecho de defensa que le está negando el PSOE, el cual no cesa, sin embargo, en reiterar las más graves acusaciones -eso sí, alevosas, porque no tienen réplica en sede parlamentaria- contra el ex presidente. Es una táctica de subordinación de las instituciones parlamentarias a un diseño estrictamente partidista, que desprecia el valor de la discusión ante los medios de comunicación y la opinión pública y el deber de los responsables políticos de rendir cuentas, correlativo a su derecho a defender su gestión cuando es objeto de críticas como las que el PSOE está descargando sin cesar contra Aznar desde el 11-M. En Estados Unidos se ha investigado el 11-S por una comisión paritaria de republicanos y demócratas, ante la que han desfilado todos los responsables políticos, altos cargos y funcionarios responsables de la seguridad nacional. Incluido el presidente George W. Bush.

Es un fraude poner a un Gobierno bajo la infamia de haber mentido a los ciudadanos y falseado las datos del mayor atentado de la historia de España y luego no permitir a su máximo responsable comparecer ante el Parlamento. El propio Aznar se ha mostrado dispuesto a esa comparecencia desde que se planteó la posibilidad de constituir la Comisión de investigación. Que sea el PSOE el que la impida resulta grotesco, pero indiciario de que los socialistas no han encontrado en la investigación parlamentaria el filón de pruebas que esperaban hallar contra el PP. Más bien, ha sucedido lo contrario, pues, decantados todos los documentos remitidos a los comisionados y todas las declaraciones prestadas, la conclusión espontánea es que el Gobierno del PP se atuvo a las informaciones de los funcionarios policiales y de los servicios de información. Fallarían otras cosas, como la política informativa o la empatía con la oposición socialista en esos momentos de máxima crisis. Pero no se mintió y Aznar tiene derecho a decirlo ante los comisionados y, especialmente, ante una opinión pública que cuenta ahora a su favor con el distanciamiento afectivo y temporal de los atentados. Entonces se pidió a gritos la verdad antes de votar y ahora también es necesaria la verdad, porque antes o después se volverá a votar.

Las democracias se refuerzan cuando las crisis se producen y se resuelven dentro de las instituciones y a través de los procedimientos políticos establecidos. El 13-M es una mancha en la historia democrática de España porque no hubo lealtad institucional ni respeto al proceso electoral. Es una cuestión de justicia política y personal, por tanto, que José María Aznar pueda comparecer ante la Comisión del 11-M, pero también una prueba para la calidad democrática de nuestro sistema.

Los terroristas planearon hace meses el atentado y colocaron el explosivo durante todo el verano
Rusia confirmó ayer la muerte de 323 rehenes, 155 de ellos niños y la hospitalización de más de 700 heridos Mueren 27 terroristas La participación de 10 árabes, la anticipación con la que se preparó y la gran cantidad de explosivo apuntan a Al Qaida
Las autoridades rusas orientan sus investigaciones a relacionar al comando checheno que el viernes mató a más de 300 personas, con la red de terrorismo extremista internacional. La organización del atentado en la escuela duró varios meses, ya que el armamento con el que contaron los secuestradores era demasiado pesado como para introducirlo durante los minutos que duró el asalto. En los meses de verano, el colegio de Beslan estuvo en obras, lo que probablemente aprovecharon los terroristas para cargarlo de explosivos. Interpol ha ofrecido su ayuda al Kremlin para encontrar cualquier relación entre los chechenos y la red terrorista de Ben Laden, Al Qaida, que también irrumpe en este escenario hasta ahora regional.
Richard Ayton La Razón 5 Septiembre 2004

Moscú- Según las palabras que el presidente ruso, Vladimir Putin, dirigió ayer a los habitantes de la ciudad de Beslan en una visita relámpago, «la intención de los terroristas es alimentar el odio étnico del Cáucaso Norte», y ante eso no se debe ceder, afirmó el jefe de Kremlin, quien aseguro que cualquiera que fomente problemas étnicos en la región será considerado cómplice de los asesinos terroristas que el miércoles tomaron la escuela en Osetia el Norte, tomando como rehenes a más de 1.200 personas y exigiendo la independencia de Chechenia.

Las duras palabras del mandatario ruso mostraron que no piensa dar marcha atrás en su política contra los separatistas chechenos, quienes según las últimas investigaciones llevaban mucho tiempo planeando el asalto de la escuela. La agencia de noticias de Interfax daba ayer cifras escalofriantes de las víctimas mortales en el asalto, que son ya más de 323, entre ellas unas 155 eran niños. Un portavoz ministerial norosetio indicó ayer que «todavía hay docenas de dispositivos explosivos en el recinto escolar, lo que dificulta la recuperación de los cadáveres».

Sin embargo, la preocupación del Gobierno ruso está ahora en encontrar a todos los culpables y descifrar cualquier conexión entre los secustradores chechenos y las redes de terrorismo integrista internacional. Por lo pronto, durante la operación para liberar a los rehenes secuestrados fueron aniquilados 27 terroristas, informó ayer el gabinete de crisis creado por las autoridades rusas. «Ocho terroristas murieron en el mismo colegio, donde retenían a los rehenes, y el resto en los barrios aledaños», dijo un portavoz de este gabinete a la agencia Interfax. Otras fuentes habían indicado con anterioridad que tres terroristas habían sido capturados vivos y puestos a disposición de los servicios secretos que continúan interrogándolos. Aunque la fuente no lo precisó, la cifra de terroristas muertos parece incluir a los cuatro secuestradores que horas antes habían logrado huir y estaban siendo buscados por unidades especiales por toda la ciudad. Las autoridades habían cifrado en una treintena el número total de terroristas, dos de ellos eran mujeres, nueve procedentes de países árabes, un africano, cuya nacionalidad aún se desconoce y el resto oriundos de varias repúblicas del Cáucaso.

Mientras tanto, la agencia Interfax ha señalado que las investigaciones indican que tanto los explosivos como las armas usadas por los asesinos en el colegio de Osetia del Norte fueron introducidas en el edificio escolar secretamente, mucho tiempo antes del asalto, probablemente durante los meses del verano, cuando las instalaciones del colegio eran reformadas, esto hace pensar a los expertos que el comando organizador del atentado terrorista, que esta vez tenía como blanco a cientos de niños, es mucho más grande de lo que se pensaba al principio, e indica que los chechenos no han actuado solos.

A pesar de que los acontecimientos señalan que los terroristas involucrados en el sangriento secuestro fueron detenidos, el presidente Putin anunció ayer su decisión de cerrar todas las fronteras de Osetia para realizar las investigaciones precisas que den pistas sobre cualquier persona que, de una u otra manera, haya podido ayudar a los terroristas a llevar a cabo su acción. A pesar de que las palabras del mandatario ruso se refieren únicamente a posibles cómplices, distintos informes señalan que algunos de los terroristas que se encontraban dentro del colegio han podido escapar de las autoridades rusas.

Además de los servicios de inteligencia, el Kremlin contará con la ayuda de la organización internacional Interpol, para encontrar los posibles vínculos entre el comando checheno y la red de terrorismo islámico. La Interpol, cuya sede se encuentra en Lyon, Francia, dijo ayer que su red de comunicaciones global, sus bases de datos que contienen huellas digitales, documentos de viajes, ADN y otras informaciones secretas se pondrán a disposición del Servicio Federal de Seguridad ruso (FSB) de ser necesario. «La Interpol ofrece toda la ayuda que sea necesaria para establecer cualquier conexión que pueda existir entre los secuestradores del colegio de Beslan y los grupos internacionales de terrorismo extremista».

Por otra parte, las autoridades rusas ya habían mencionado en otros ataques en Rusia, atribuidos a los chechenos, que podría existir cierta vinculación con la red terrorista Al Qaida. El propio presidente Putin, durante el primer día del secuestro de la escuela, describió a los rebeldes chechenos como parte del terrorismo internacional. Reuters, Ap.

comisario para los derechos humanos en el consejo de europa
Álvaro Gil-Robles: «Chechenia es el nuevo campo de pruebas del terrorismo islámico»
¿Qué defensa existe ante un puñado de terroristas dispuestos a inmolarse con 500 niños? El comisario europeo de Derechos Humanos no tiene todas las respuestas, pero sí algunas
FRANCISCO DE ANDRÉS/ ABC 5 Septiembre 2004

-Las autoridades rusas se han mostrado indignadas por las palabras del ministro de Exteriores holandés, que en nombre de la Unión Europea ha pedido explicaciones al Gobierno de Putin por el trágico desenlace del secuestro de Beslán. Aunque el Consejo de Europa tiene una dimensión muy distinta, ¿cree razonable que exiga también algún tipo de explicaciones a Moscú?
- No lo creo así. El Consejo ha seguido desde Estrasburgo muy de cerca estos días la evolución de los hechos en el asalto a la escuela de Osetia del Norte. Poco después del ataque terrorista, el embajador ruso ante el Consejo dio cuenta a sus colegas de la situación y todos expresaron, sin ningún género de duda, su solidaridad con él y su horror ante el drama que se estaba empezando ya a dibujar ante sus ojos.

-En su condición de Comisario para los Derechos Humanos en ese organismo, ¿cree que el Gobierno ruso actuó de modo correcto a lo largo de los más de dos días de secuestro, y que, tal como afirma, la intervención armada de sus tropas no fue premeditada?
-En mi Comisaría de Estrasburgo hemos seguido muy de cerca los trágicos acontecimientos en la escuela de Beslán, y creo que está muy claro que la iniciativa de la acción armada que desencadenó la tragedia final partió de los terroristas chechenos. En un momento determinado, los asaltantes perdieron los nervios o provocaron el combate con las fuerzas que les rodeaban.

-¿Respalda la tesis del Gobierno ruso a partir de la información que todos recibimos en vivo de los medios de comunicación, o tiene otras fuentes?
-Por supuesto he sido informado a lo largo del drama por otras fuentes. En mi condición de Comisario de Derechos Humanos tengo una responsabilidad especial hacia la situación en Rusia, y además sigo muy de cerca el problema checheno desde mi llegada al cargo en 1999, que coincidió casi con el estallido de la segunda guerra en la república caucásica secesionista.

-La improvisación del asalto resulta bastante evidente por el elevadísimo número de víctimas entre los rehenes. Pero existe también el precedente del teatro capturado por los terroristas chechenos en Moscú en 2002, una intervención premeditada de las fuerzas de elite rusas que acabó con la vida de decenas de víctimas inocentes bajo, por así decirlo, «fuego amigo»...
-En el secuestro de Osetia del Norte puedo confirmarle que la decisión de poner punto final de modo violento al secuestro partió de los secuestradores. Desde el principio fue evidente que no querían ningún diálogo. La petición de independencia para Chechenia y la salida de las tropas rusas de esa república eran demandas inviables.

-¿Cómo se explica que los terroristas accedieran a la mediación del ex presidente de Ingushetia y de un conocido médico de Moscú, y que liberaran a algunos rehenes?
-Me consta personalmente que el Gobierno de Putin quería un final pacífico del secuestro porque me hicieron llegar la oferta de que actuara como mediador, en mi calidad de Comisario europeo de Derechos Humanos, en caso de que fracasara la gestión anterior. Los hechos se preciciparon fatalmente el viernes por la mañana y no pudo concluirse un acuerdo con los terroristas. Habían pedido la puesta en libertad de una serie de compañeros detenidos tras un ataque terrorista a Ingushetia. Unas horas después se les ofreció la posibilidad de abrirles un canal libre para que huyesen en dirección a Chechenia y la rechazaron. Sólo aceptaron la retirada de los cadáveres de familiares de los niños secuestrados que habían sido asesinados el primer día -el miércoles- cuando se resistieron a entrar con los demás en el gimnasio. Sus cuerpos llevaban dos días en el exterior y empezaban a descomponerse; tiene que tener en cuenta lo extremo del clima en esa región del Cáucaso, y además la costumbre islámica de enterrar enseguida los cadáveres. Aprovechando la entrada del camión que iba a recoger los cuerpos, varios rehenes vieron la oportunidad de escapar, y sus captores dispararon contra ellos por la espalda. Para protegerles, las tropas rusas respondieron al fuego y se precipitó el asalto a la escuela.

-¿Está convencido de que hasta ese momento Vladimir Putin había puesto todos los medios para evitar la tragedia?
-Creo sencillamente que el secuestro se le fue de las manos. El presidente ruso dijo en todo momento que lo fundamental era salvar a los niños, y no tengo ninguna razón para dudarlo. Estamos hablando de un encierro a temperaturas de 40 grados, con un grupo de terroristas absolutamente exaltados y sin agua y alimentos, porque los secuestradores las prohibieron. Se intentó el diálogo pero fue imposible porque la cerrazón de los terroristas era total. Todo se vino abajo en cuestión de minutos.

-¿Podría llegar a ser Beslán la tumba política de Vladimir Putin, o será capaz de encajar este nuevo golpe el sufrido pueblo ruso?
-Es evidente que este tipo de dramas no benefician a ningún político, y tampoco a Putin. Pero insisto en que los criminales son los que llevan a cabo el asalto de un colegio de niños; es una acción repugnante que no admite ningún tipo de justificación. Si se confirma que el Gobierno ruso intentó la negociación hasta el último momento me parece difícil que se le impute ningún tipo de condena. Ningún Gobierno occidental habría realizado un asalto armado al colegio, pero los explosiones y el comienzo del tiroteo hacían inevitable algún tipo de actuación.

-Usted lleva cinco años estudiando sobre el terreno, como comisario europeo, la situación real en Chechenia. ¿Es el terrorismo suicida que actúa estos días en Rusia una manifestación de la desesperación de la población civil de ese territorio?
-Eso no es cierto. Los propios chechenos están horrorizados por los atentados que se hacen en nombre de su independencia. La acción terrorista está dirigida por una serie de grupos fanatizados que están ahora bajo la influencia del radicalismo islámico del corte de Al Qaida.

-¿Qué puede atraer en Chechenia, pequeña y devastada por varias guerras, al terrorismo islámico?
-Creo que si se confirma la presencia de 9 ó 10 árabes entre los secuestradores de la escuela de Beslán habrá ya pocas dudas de que Chechenia se ha convertido en un nuevo campo de pruebas de la ideología radical islamista, que busca hacer la guerra a Occidente.

-¿Quién les suministra los hombres y el dinero?
-Junto a Basayev, el más extremista de los chechenos conocidos, existen otros jóvenes muy radicalizados que creen que es preciso llevar la guerra hasta extremos son límites. La financiación procede posiblemente de algunos países árabes del Golfo Pérsico.

-Se ha probado la presencia de algunas fundaciones saudíes en la financiación de los atentados del 11-S. ¿Cree que el dinero saudí podría estar también detrás de grupos terroristas como el que actuó estos días en Osetia?
-El ex ministro de Exteriores Igor Ivanov, que antes fue embajador en España y es un experto en el Cáucaso, me ha hablado en varias ocasiones de fundaciones saudíes que financian a los chechenos y a una tupida red radical de mezquitas y muftis. Es curioso, pero la ideología imperante en Arabia Saudí, la escuela islamista wahabí, es algo que han traído los combatientes chechenos de las montañas porque antes era completamente ajeno a la tradición del país. La tradición en Chechenia es el islam moderado de tipo sufí, que para el wahabismo es una aberración.

-Perdón por la insistencia, pero ¿qué puede atraer de una república caucásica pequeña y periódicamente aplastada por los tanques rusos?
-Chechenia es una zona muy sensible porque está al lado de repúblicas petroleras y es vital para el paso de los recursos energéticos. Además toda la región es de mayoría musulmana. Desestabilizar esa región con objeto de crear un gran Estado wahabí sería un golpe genial para el islamismo radical, tras la pérdida de Afganistán. Los islamistas ahondan además en la herida nacional chechena, que supura desde la época de Stalin, y dan a la aspiración independentista un elemento de fanatismo pseudoreligioso.

-¿Qué sentido tiene en ese contexto la figura de la terrorista chechena que se inmola cargada de explosivos, la imagen de la «viuda blanca»?
-Este fenómeno nunca existió en Chechenia, es algo que repugna a la tradición de esa nación. El combatiente checheno es el hombre, ése es su honor y el de la familia y el clan. Por eso, lo que hace el terrorismo checheno es instrumentalizar el dolor de la mujer, algo que supone un fanatismo horrible. La mujer se ha convertido para ellos en un mero «objeto explosivo». A mi juicio eso revela un desprecio absoluto a la mujer. No verá usted que se inmole ningún hombre.

-Cinco años en el poder no han permitido aún hacerse una idea exacta de quién es Vladimir Putin. Como comisario de derechos humanos usted ha tenido ocasión de verse varias veces con él para hablar tanto de Chechenia como de otros problemas de derechos humanos. ¿Quién es a su juicio Putin, el demócrata en ciernes que algunos quieren ver en él, el zar compasivo con los rusos e inmisericorde con las otras etnias de su país, o el ex jefe del KGB aferrado a viejas tácticas de poder entre bastidores?
-Creo que es un estadista mucho más abierto al diálogo de lo que algunos piensan. La última vez que me entrevisitè con él contaba con 20 minutos y estuvimos conversando más de dos horas. Respecto al problema de Chechenia tengo la impresión de que quiere resolverlo, porque él no obtiene ninguna ventaja con la situación actual. El objetivo de Putin es que los chechenos organicen su autogobierno. Tras un reciente atentado terrorista checheno, el presidente tuvo muchas presiones para imponer un Gobierno militar en Chechenia, pero él me dijo «no lo haré jamás». Él lo tiene muy claro: el único modo de salir del pantano es dejar que los chechenos se organicen solos a través de un Gobierno civil.

-¿Forma parte de ese proyecto el último proceso electoral en Chechenia, que muchos consideran apañado para que venciera el candidato del Kremlin?
-Una parte de la sociedad chechena admitió ese proceso, que a mi juicio no es el ideal pero puede abrir la puerta a una solución política. El diálogo y el consenso se tienen que producir entre grupos y clanes, dentro de la peculiaridad del entramado de ese pueblo, y eso va a llevar por lo menos una generación. Creo que no tiene sentido hablar de partidos políticos al estilo occidental porque eso nunca ha existido en Chechenia.

-¿La democracia no es entonces una planta para el Cáucaso?
-La sociedad que impera en toda la región es una sociedad de clanes. En ese ámbito se ha administrado siempre la justicia y los equilibrios políticos, no según los cánones occidentales. Existe una juventud chechena que quiere el modelo de libertades occidental, pero no están dispuestos a regresar a vivir a Chechenia porque no hay trabajo. La clave está en acertar a crear trabajo y riqueza a partir de los recursos inmensos del petróleo.

-¿Dónde van a parar hoy esos recursos?
-Habrá advertido que los terroristas chechenos no han volado nunca un tren que transporte petróleo por la región. La respuesta está en que los jefes de las bandas de las montañas, también las terroristas, tienen su participación en el negocio, junto con los militares y los políticos locales. Tanto en Chechenia como en todas las zonas conflictivas del Cáucaso la corrupción y el bandidaje están a la orden del día, y eso hace imposible vertebrar una auténtica sociedad civil.

-Usted tiene previsto viajar a finales de mes a Grozni y a Moscú para completar su informe sobre la situación de derechos humanos en Rusia. Desde su llegada al Consejo de Europa hace cinco años, ¿podría decir que Rusia ha avanzado o ha retrocedido en materia de libertades y democracia?
-Se ha producido una mejora económica pero en lo político los avances han sido limitados. Por ejemplo, usted tiene en Rusia una prensa libre, y sin embargo el poder se niega a ceder su control de la televisión, que está completamente al servicio del Estado. Es verdad que no podemos pedir a Rusia que pase del zarismo y el comunismo a la democracia en un abrir y cerrar de ojos, pero hay errores que demuestran la persistencia de la mentalidad paternalista de los zares.

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