AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 6 Septiembre 2004

Internacional islámica del terror
Editorial La Razón  6 Septiembre 2004

Terror absoluto
GEES Libertad Digital 6 Septiembre 2004

De Budennovsk a Beslan
Gabriel Albiac La Razón 6 Septiembre 2004

El saber del terror
Agapito Maestre 6 Septiembre 2004

HORROR Y TERROR
Jorge TRIAS SAGNIER ABC 6 Septiembre 2004

POLÍTICA FUERA DE LA POLÍTICA
GERMÁN YANKE ABC 6 Septiembre 2004

El aliado de Chirac y su trágica incompetencia
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 6 Septiembre 2004

Falta de respeto a las víctimas
Editorial La Razón 6 Septiembre 2004

El genocidio islamista
Cartas al Director ABC 6 Septiembre 2004

La ley del velo era un pretexto
Lorenzo Contreras Estrella Digital 6 Septiembre 2004

Todo el horror, toda la ira
Consuelo Sánchez-Vicente El Ideal Gallego 6 Septiembre 2004

Cambio de escala
José Javaloyes Estrella Digital  6 Septiembre 2004

Rehenes
Carlos Semprún Maura La Razón 6 Septiembre 2004

Empieza el curso de los desatinos
Carlos DÁVILA La Razón 6 Septiembre 2004

Ustedes mismos
PABLO MOSQUERA La Voz 6 Septiembre 2004

Ibarreche deniega ayudas a colectivos de víctimas que no son nacionalistas
J. Arias Borque La Razón 6 Septiembre 2004

El PP exige explicaciones a ZP sobre el «descomunal chantaje» de Maragall
C. Morodo La Razón 6 Septiembre 2004


 


Internacional islámica del terror
Editorial La Razón  6 Septiembre 2004

Las primeras investigaciones de las fuerzas de seguridad rusas confirman que, al menos, hubo asesinos de origen sirio y jordano entre los terroristas autores de la matanza del colegio de Beslan. Y también se ha comprobado la muerte del jefe del sanguinario grupo de asesinos, que se ha identificado como un «internacionalista» del terrorismo islamista. Al igual que su jefe y mentor, Basayev, el que desató la matanza de los niños en la escuela estaba relacionado con otros grupos terroristas internacionales y tiene en su historial una larga trayectoria criminal que conecta directamente con Al Qaida y sus campos de entrenamiento en el Afganistán de los fanáticos talibán.

El horror de lo ocurrido en Belsan supera en este sentido cualquier lectura en clave política exclusivamente rusa o chechena, y debe ser interpretada dentro de la lucha abierta contra el terrorismo internacional. No es casual que la bandera de Ben Laden, de esa franquicia del terror llamada Al Qaida, se haya detectado en esta carnicería, pues termina por aparece siempre, ya sea en primer plano o detrás de los asesinos, en los peores atentados. No cabe tampoco extrañarse de que los secuestradores de los dos periodistas franceses, lejos de ser simples «resistentes a la ocupación aliada», pidan públicamente la opinión de Ben Laden antes de decidirse por asesinarlos como hicieron hace bien poco con el periodista italiano y con tantas otras personas secuestradas, o por aceptar finalmente ponerlos en libertad.

Si las relaciones entre los terroristas de origen islámico se revelan como una red mundial, globalizada, en la que existen conexiones entre los asesinos del 11-S y los de ayer en Beslan, entre los que actúan en Iraq y los que llevaron a cabo la matanza de Atocha, y entre los que acudieron a combatir a los cristianos en Armenia o a los rusos en Afganistán, es evidente que la respuesta a esta amenaza debe ser igualmente internacional.

Nadie puede quedar al margen en esta nueva forma de guerra mundial, en la que no cabe la neutralidad porque los terroristas, sin más, nos han colocado en un mismo bando a todos los que comparten un modo de vida no musulmán, al margen de cualquier opción política. Por eso resulta suicida pensar que, por el simple hecho de querer permanecer al margen, de apoyar incluso causas que despiertan simpatías en el mundo árabe, se pueda estar a salvo de estos criminales.

Es ésta una guerra que requiere, como se ha dicho, actuar en todos los frentes, desde el político al económico y desde el social al militar. Pero para vencer es preciso identificar primero el peligro y al enemigo, ser conscientes del mismo y actuar de forma conjunta. Porque tampoco un solo estado, ni siquiera el poderoso imperio de George Bush, o toda la fuerza de la Rusia de Putin, puede triunfar combatiendo por su cuenta.

Terrorismo checheno
Terror absoluto
GEES Libertad Digital 6 Septiembre 2004

La vesania de los terroristas es una muestra de la espiral hacia el abismo ético a la que lleva el recurso sistemático a la violencia Secuestrar a muchos cientos de niños durante más de cincuenta horas, y otras muchas que podían haber sido, bajo temperaturas asfixiantes, sin permitir que les pasen alimento o agua, obligándolos a mantenerse despiertos todo ese tiempo, dejando que lleguen a tomar orina e incluso forzándolos a hacerlo, aterrorizándolos continuamente para tratar de acallar el incontenible lloro, atravesando de un bayonetazo a uno que se acerca a implorar bebida y cuando el techo se les desploma encima, disparando contra los que intentan huir, ¿es eso el terror absoluto? ¿Se ha, por fin, tocado fondo?

No, sabemos con certeza que no, mucho peor es lo que todavía nos puede deparar el futuro. La lógica y la voluntad expresa de algunos terroristas, Al-Qaeda a la cabeza, apuntan inexorablemente a las armas de destrucción masiva, y el día en que sus esfuerzos y la evolución tecnológica les permitan poner sus implacables manos sobre las mismas, los muertos se contarán por docenas de miles, más bien centenares o incluso, si son muy competentes y la fortuna favorece sus propósitos, no es impensable hablar de millones a pares o de tres en tres. ¿Muertos o...? No olvidemos la inmensa capacidad de chantaje que una amenaza creíble de desencadenar esa potencialidad letal comporta.

Esperemos que eso quede todavía muy lejos y las autoridades que deben protegernos hagan todo lo posible por mantenerlo a la máxima distancia. Mientras tanto pensemos en ello y el caso de Beslan contiene todos los ingredientes para hacerlo en 360º y en las tres dimensiones, y aunque nuevo, realmente nuevo, no aporte nada, lo que a estas alturas es realmente difícil, confirma toda la sabiduría acumulada por ese fenómeno que, prehistorias aparte, nace a fines del XIX y se perfila como uno de los grandes elementos políticos de la primera generación del XXI.

La vesania de los terroristas es una muestra de la espiral hacia el abismo ético a la que lleva el recurso sistemático a la violencia, supuestamente en idealizada lucha por una causa justa, en realidad como bestial orgía expresiva de sus propias frustraciones . Está claro que crea adicción, pulveriza todas las barreras y tabúes morales en un proceso continuo de autojustificación de las peores abominaciones. Eso es lo que convierte en muy cierta y capital la afirmación de que de nada vale negociar con terroristas. Por su misma naturaleza sus objetivos son absolutamente maximalistas y no se conforman con nada intermedio, que sería traición, excepto como un paso adelante hacia su propia meta, explotando la debilidad moral de estado enemigo, haciéndola pública y ahondando en ella. Con terroristas la única negociación política con sentido es la de la rendición. O la del estado o la de ellos.

Muy otra cosa son las negociaciones o si se prefiere contactos que se deben establecer cuanto antes en un episodio de secuestro. En el desarrollo de la crisis puede haber, sin cesión de nada esencial, áreas de entendimiento entre los intereses puntuales y momentáneos de los terroristas y quienes tratan de preservar la vida de los rehenes y aminorar sus angustias. Esa es una parte esencial de la gestión de la crisis y lo menos que se merecen las víctimas es una gestión profesional y competente por parte del estado, lo que en el caso ruso, una vez más, ha brillado por su ausencia. Esa gestión, en los procedimientos, no es esencialmente distinta de la que se plantea en caso de que los protagonistas sean delincuentes comunes. Hay que reconocer que en Osetia todo parece haber sido agravado por una cierta falta de profesionalidad por parte de los terroristas. El profesionalismo en el ejercicio del mal puede implicar un grado de frialdad que ahorre tormentos perfectamente prescindibles para los objetivos que se buscan.

Putin, una vez más, no dijo esta boca es mía hasta que todo hubo terminado. Por debajo de él, autoridades regionales buscaron el concurso de líderes chechenos en el exilio, que estuvieron dispuestos a prestarlo, sólo para ser desautorizados por el máximo responsable. Hubo ocultación por parte de las grandes cadenas de televisión ya totalmente controladas por el estado y hubo desinformación por parte de éste, carencia de preparación, falta de coordinación.

Justo lo contrario de lo que estamos viendo en el caso de los dos periodistas franceses secuestrados en Irak. La perfecta e imaginativa respuesta en la que no se cede nada –que sepamos–, creando la máxima presión sobre los secuestradores, salvando la cara del gobierno francés gracias a ese alarde de gestiones internacionales huele a minuciosa preparación desde hace meses, probablemente desde que se aprobó la ley del pañuelo islámico o al menos desde el zarpazo terrorista en Madrid. Pero tiene más de efectista que de serio. No se puede hacer dos veces y menos tres.

Entre un extremo y otro seriedad es lo que hace falta en la lucha contra la gran plaga de nuestro tiempo. Y manipular el terrorismo para otros fines políticos es lo contrario a tomárselo en serio. Como mínimo a esos otros objetivos se les está dando prioridad sobre la lucha contra el terrorismo. Si apelar a la solución de las hipotéticas causas profundas es tirar, suicidamente, balones fuera, utilizar el terrorismo como pretexto para ignorar otros problemas no lo es menos.

De Budennovsk a Beslan
Gabriel Albiac La Razón 6 Septiembre 2004

Era 1995. Y pocos consideraban el islam germen de la cuarta guerra mundial (cuarta, porque la tercera, bajo el obsceno camuflaje léxico de guerra fría, se desplegó entre 1948 y 1989). Un ferviente wahabita concibe, en Chechenia y seis años antes de las Torres Gemelas, la letal eficacia de ofensivas militares de nuevo tipo. La idea de Shamil Basáyev es de sencillez cegadora: golpear, con el máximo de brutalidad, sobre aquello que en ninguna imaginación cabría como objetivo militar. Puede hacerse. Si se cuenta con ejecutores adecuados. Que cumplan dos condiciones: a) desprecio completo por la vida propia; b) idéntico desprecio por la ajena, cualquiera que ésta sea. El Afganistán de Al Qaida le ha dado el modelo de ese nuevo tipo de hombres sin más alma que la entrega al Dios: los añorantes del islam primigenio (salaf).

La operación fue desplegada, mediado junio. Una brigada de esos sujetos anímicamente castrados, bajo mando del emir Basáyev, se atrinchera, con centenares de rehenes civiles, en el hospital de Budennovsk. Y empieza el caos. Todo, desde el derrumbe del Imperio Soviético, ha sido caos, corrupción e incompetencia en Rusia. Pero son esos años de delirio, vodka y vertiginoso colapso neuronal de Yeltsin los que hacen tocar fondo. A caballo entre imbecilidad y alcohol, el presidente va de tumbo en tumbo. Ni ejército ni policía funcionan. Y, a partir del trágico 17 de junio de 1995, Yeltsin se rinde. Su primer ministro negocia con Basáyev, por teléfono y ante las cámaras de televisión. Basáyev retorna, intacto y victorioso, a sus cuarteles chechenos. Ha entendido cuál es el método. Budennovsk ha sido el laboratorio. Y el wahabismo pasa a ser la fuerza hegemónica del independentismo checheno.

Lo que vino después no es sino aplicación literal del modelo. Con mejoras: la imagen escalofriante de las bien veladas mártires en el secuestrado teatro moscovita, por ejemplo. Pero los tiempos habían cambiado. Hubo el 11-S. Y la constancia (salvo en la suicida Europa) de que una guerra mundial había comenzado. También, la depuración del Yeltsin senil por un joven y frío funcionario del KGB. Ejército y policía perseveraban en la incompetencia. Todos los elementos para la tragedia. Moscú fue primero; ahora, Beslan. La aniquilación del comando de Basáyev en 1995 hubiera abortado la emergencia wahabí en Chechenia. Ahora es tarde. Las dimensiones de la tragedia en curso escapan al cálculo.

¿Fue Yeltsin humanitario al ceder en junio del 95? Tal vez. La visión de los cientos de cadáveres de niños en Beslan confirma la amarga reflexión de Clausewitz: en la guerra, nada produce más víctimas que el humanitarismo.

Rusia
El saber del terror
Agapito Maestre 6 Septiembre 2004

La sociedad siente náuseas ante las imágenes del terror. Hoy es Rusia. Ayer fue España. Mañana decidirá el destino. Un desierto es el presente. El futuro es peor que un horror. Es inexistente. Cuando millones de niños vean las imágenes de cientos de cuerpecitos destrozados, habrán perdido para siempre su inocencia. Su futuro. Nadie podrá restablecer el candor infantil alojado en el sentimiento más frágil de la infancia. Sólo por eso es urgente que la sociedad, los individuos que la simbolizan, hagan preguntas sobre el terror, sus vínculos, su génesis ideológica, sus apologistas... Pero, sobre todo, resulta necesario que descubramos a sus complacientes compañeros de viajes "intelectuales". Muchos de ellos, después del fin del comunismo, han "cambiado" sin conseguir transfigurarse. Militan en las filas hedonistas porque son incapaces de soportar su desesperación. El miedo los invade. Cobardes para asumir la derrota persisten en el fanatismo político, en las formas más elementales de la credulidad: los malos son los otros. ¡El Terror puede ser bueno!

Pueblan los medios de comunicación, las redacciones de los periódicos, las universidades y, en general, todo el engranaje del aparato cultural del llamado mundo occidental y civilizado. Allí donde se ubican acreditan una idea zafia y macabra, y tienen una admiración secreta por quienes son sus agentes, sus ejecutores. A falta de mejor nombre, diremos que hay una tradición de "izquierda" obstinada no sólo en justificar un terrorismo salvador, sino en presentarse orgullosamente como la detentadora de un saber que la hace poderosa. Naturalmente, esa "izquierda" siempre está dispuesta a seguir mitificando a los principales protagonistas de la salvajada terrorista. Bastaría citar cómo algunos políticos quieren combatir el terrorismo islamista para saber qué están pensando en unos terroristas buenos y otros malos. Por no decir nada del diferente lenguaje que se utiliza para evaluar el "terrorismo" israelí o el palestino. Que existe un terrorismo salvador es la pretenciosa seña de identidad de estos zafios "teóricos" del terror.

Hace un par de semanas sentí vergüenza ajena al leer un artículo de un novelista mexicano, epistemológica y moralmente discutible, que hablaba de pecadillos disculpables y desviaciones comprensibles de un antiguo revolucionario nicaragüense, dedicado ahora a la literatura, que utilizaba el terror como medio de salvación pública. Resulta terrible que estos individuos callarán ante el genocidio del terror revolucionario en el viejo sistema comunista, o en el terror implantado por la sangrienta revolución mexicana, pero es aún más horroroso que ahora, cuando ya nadie ignora lo sucedido, esa gentuza se escondan en la risa, como dice Martín Amis es su Koba el temible, para no pedir excusas y permanecer en la sala.

HORROR Y TERROR
Por Jorge TRIAS SAGNIER ABC 6 Septiembre 2004

ACABO de regresar de una zona conflictiva, ahora en relativa tranquilidad: de la región caucásica, del llamado pequeño Cáucaso, hacia el Sur, en la Anatolia del este, hoy Turquía, de la ascensión al monte Ararat junto a Pérez de Tudela. Ésta es una de las zonas geográficas de la tierra más complejas de entender, hasta de retener sus nombres, pues, igual que sus tierras, los pueblos están en permanente terremoto. Por aquí pasaba la Ruta de la Seda, por aquí se enfrentaron ingleses, rusos y turcos en lo que se denominó «The Great Game» (la gran partida), y por aquí circularon casi todas las civilizaciones: hititas, frigios, asirios, persas, griegos, romanos, bizantinos, turcos, selyúcidas, mongoles, etcétera. Aquí las nuevas naciones se rebelan contra la Madre Rusia o contra Turquía, contra el Imperio en suma. Y ahora utilizan su arma más letal, el terrorismo, para intentar doblegar a la Metrópoli.

El terrorismo, como arma política a escala planetaria, nace entre el exilio iraní protegido por Francia y se hace estado en Irán con el aterrizaje de Jomeini en Teherán en un avión de «Air France». Es el mismo terrorismo que desde entonces golpea Israel de la mano de Arafat, el mismo del 11 de septiembre en Estados Unidos y el mismo del 11 de marzo de Madrid. El mismo terrorismo que ha provocado horror y espanto en un colegio de Osetia, con más de 400 rehenes muertos. La religión islámica no es más que un aglutinante para conflictos muy anteriores, una especie de pegamento que une a pueblos sin esperanza. En Chechenia cada familia tiene entre dos y tres muertos a manos, primero del Ejército soviético y luego del ruso. Pero no en todos los lugares el islamismo es el elemento de unión. En la Anatolia del Este, otrora Armenia, se produjo el genocidio de su población con millones de muertos, de lo cual en Turquía ni se habla. Para el Gobierno turco ha sido una zona infectada de terrorismo durante años, y ahí el aglutinante nacional armenio no fue el islamismo sino el cristianismo. Por ello Robert D. Kaplan, en su «Rumbo a Tartaria», afirma con razón que la palabra «islamismo», como «judaísmo» o «cristianismo», es un término genérico carente de matices. Parece que los turcos lo han entendido y están haciendo fortísimas inversiones para elevar el nivel de vida de la Armenia bajo su dominio. Lo contrario que hacen los rusos en Chechenia.

Pasearse por Asia Central es hacerlo por la frontera entre Rusia y el resto de Europa con Asia, por la frontera entre el siglo XXI y la Edad Media: difícil convivencia y aún más difícil comprensión. Hoy todos los Gobiernos occidentales dan palmaditas a Putin en la espalda, «¡qué horror, qué horror!», pero mañana nos olvidaremos de la tragedia. Al fin y al cabo, ¿qué es Chechenia? Su nombre ¿acaso no nos suena a mafia? ¿Alguien le pedirá explicaciones a Putin? Los 300.000 chechenos masacrados y la ciudad de Grozni arrasada, ¿ésa es la estrategia para acabar con el terrorismo? Recomiendo la lectura de «La deshonra rusa», de Anna Politkovskaya. Mientras tanto, Luis Goytisolo dice que si un palestino mata a un militar israelí no es un terrorista sino un resistente. Y a Sharón, que ha defendido su pueblo como mejor ha podido, la izquierda postcomunista europea, como este Goytisolo, le tilda de asesino. Aciertan quienes, como Aznar, sostienen que sólo aceptando que estamos en guerra podrá vencerse el terrorismo.

POLÍTICA FUERA DE LA POLÍTICA
GERMÁN YANKE ABC 6 Septiembre 2004

La distinción, a la hora de combatir la violencia, entre medidas policiales (o militares) y políticas puede devenir en cierta confusión. Desde la perspectiva de un país democrático no cabe admitir, por ejemplo, que la acción militar o la actuación, preventiva o represiva, de las fuerzas de seguridad queden al margen de la política, del espacio público sometido a las decisiones mayoritarias y al control de los poderes. Téngase en cuenta, para tomar la distinción inicial con precaución, que la distorsión suele estar en el mismo uso que de ella hacen algunos, so capa de un vaporoso progresismo. En este sentido, la denuncia ante los tribunales de las maniobras totalitarias en algunas mezquitas o la ilegalización de Batasuna por su vinculación a ETA, estaría, para estos campeones de la simpleza, en el ámbito de la represión, fuera de la «política» que, lejos de constituir la suma de instrumentos para garantizar los derechos y las libertades de los ciudadanos, sería una paradójica acumulación de tolerancias, negociaciones, comprensión por el violento y búsqueda de los hipotéticos motivos por los que actúan, que sería lo que, con buena voluntad y sin unilateralismo de ningún tipo, habría que eliminar.

Este último fin de semana, en el seno de una UE que ha vuelto a mostrar su incoherencia y descoordinación ante la matanza de Beslán, el ministro español de Asuntos Exteriores ha solicitado que en la agenda de la próxima cumbre se incluya una reflexión «política» sobre los factores que alimentan el terrorismo. Tanto Moratinos como el presidente Rodríguez Zapatero, ante la situación en Irak y en otros lugares del mundo, han repetido no sólo que hay que compatibilizar medidas políticas con las militares o policiales, sino que las diplomáticas y las que implican comprensión y negociación son las verdaderamente eficaces. Es más, las tropas españolas destinadas en Afganistán tienen instrucciones, según indican sus responsables políticos, de no disparar si no es para salvar o intentar salvar su vida y no las tienen, al parecer, para colaborar en una posible captura de Bin Laden. Tiene este modo de proceder su amplia cuota de retórica, pero se podría decir, basándonos en ella, que los soldados españoles no dispararán jamás para salvar la vida, o la libertad, de otros. Su papel -no se muy bien: ingeniería, coordinación, transportes, contactos con líderes y tribus, documentos, comunicación, diálogo- debe ser «político» porque si se animan y detienen a un terrorista a disparos se alejan de ese ámbito sagrado.

La política vista como el paraíso de la bondad es algo, a mi juicio, tan infantil como peligroso. El ejército, la policía y la diplomacia, terminarían convirtiéndose en investigadores de las causas y motivos de los violentos, que es lo que realmente hay que combatir. Pero hay pobres que no matan, oprimidos que no asesinan, desgraciados que no ponen bombas. La causa del terrorismo no es la pobreza, la opresión o la desgracia sino el afán totalitario por salirse con la suya, acabar con la libertad, e imponerse violentamente. El Gobierno, sin duda, lo sabe muy bien. Hay una violencia contra las mujeres y, con todo tipo de medidas, se combate. A nadie se le ocurre dejar a un lado a la policía, las cárceles y los controles para investigar las causas psicológicas de los agresores y ponerse a negociar con ellos.

Ayer mismo, en un artículo publicado en la tercera de este diario, el ministro del Interior reiteraba su empeño por combatir a ETA, lo que, sin dejar de ser una obviedad, es motivo de satisfacción. Pero, quizá imbuido por este talante de sumergirse en causas que son disfraces, apunta que una de los motivos de la decadencia de ETA es «la existencia de legítimas instituciones vascas de autogobierno». Como si eso restara legitimidad o apoyo al terror, como si los demócratas del País Vasco tuvieran con los que sostienen la violencia, con armas o sin ellas, ese suelo común. Pues no es así: ni por el autogobierno ni por su ampliación, aunque sea al absurdo, hay bombas y asesinatos, sino por el totalitarismo que forma parte de su entraña. Hay «políticas» que están fuera de la política, fuera del espacio de los ciudadanos libres.

El aliado de Chirac y su trágica incompetencia
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 6 Septiembre 2004

Si Putin no hubiera pasado los últimos dos años jugando a resucitar la URSS y, en consecuencia, respaldando el sabotaje francoalemán a la política exterior norteamericana y de la mayor parte de la UE (especialmente los países de la Europa del Este que padecieron la dictadura soviética) sería más fácil comprender su desconcierto y sentir lástima por el régimen ruso. Pero sólo las víctimas, sometidas a todos los horrores de lo que es capaz el criminal totalitarismo islámico, merecen nuestra piedad. Lo que vamos conociendo sobre la actuación de las fuerzas policiales en Osetia revela una incompetencia atroz. Lo que denuncia con pelos y señales la prensa rusa sobre la manipulación informativa de la televisión y la negativa del Kremlin a contarle a la población lo que estaba pasando en Beslán revela algo peor: la resuelta voluntad putinesca de no democratizar, liberalizar y oxigenar la política rusa. Y si no hay propósito de enmienda, no caben los buenos sentimientos políticos. No vamos a decir que Putin recoge lo que sembró, porque los norteamericanos no habían sembrado nada en el Cáucaso y tuvieron que recoger la cosecha sangrienta de las Torres Gemelas. Pero es forzoso ser pesimista sobre las posibilidades rusas de eficacia policial y política en la lucha contra el terrorismo islámico. Ojalá fuera de otra forma, pero es así.

La monstruosa hazaña de los terroristas muestra hasta qué punto es indiscutible la existencia de esa Internacional del terrorismo islámico de la que hablaba un reciente editorial en Libertad Digital. La identificación de diez árabes, acaso los jefes operativos del grupo de treinta criminales, demuestra hasta qué punto funciona eficazmente esa galaxia del crimen con turbante, esa komintern de los hijos de Alá a los que habrá que exterminar antes de nos exterminen. Pero mientras los dirigentes políticos de buena parte de los países del mundo jueguen a desconocer la relación de siempre entre los grupos terroristas, cuyo objetivo común es la destrucción del sistema de vida occidental, será difícil ganar esta guerra sucia y sin cuartel que comenzó el 11-S en Manhattan. No se puede ganar una guerra que no se quiere librar.

Y si la terrible responsabilidad de Putin, su nostalgia soviética, su incompetencia como gobernante, no debe ocultar el hecho esencial, que los culpables de la masacre en Osetia son los terroristas islámicos, debemos añadir a la piedad por las víctimas de allí nuestra preocupación aquí, por los méritos que viene haciendo nuestro Gobierno para que se repita entre nosotros otro 11-M u otro episodio semejante al de Beslán. Los disparates progres y las necedades a granel anegan tanto el discurso político como la actuación diplomática y militar de nuestra política exterior, cuyo primer asunto es o debería ser el de la lucha contra el terrorismo, tanto islámico —no “internacional”— como separatista. De poco le ha valido a Francia su abyección pro-Sadam, y de nada a Rusia su complicidad. Los islamistas atacan —y en esto acierta Putin— a los países que ven débiles e indefensos. Y, por desgracia, ningún país se ha debilitado más que España desde la llegada al poder de los socialistas. El cúmulo de gansadas exculpatorias y circunloquios siniestros que ha exhalado Moratinos, el amigo de Arafat, para hablar del terrorismo islámico en Rusia es vomitivo. La cobardía sistemática, la deserción de Irak electoralmente calculada, toda la prosopopeya izquierdista para eludir los compromisos militares y políticos de España en la lucha contra el terrorismo nos colocan como blanco perfecto para estos almohades del siglo XXI. Que, pese a lo que dicen, saben muy bien que enfrente no hay cruzados, sino intelectuales aljamiados, politicastros de rebajas y países que parecen predispuestos al matadero. Los carniceros esperan.

Falta de respeto a las víctimas
Editorial La Razón 6 Septiembre 2004

Las declaraciones grandilocuentes de los miembros del Gobierno vasco del PNV, las frases huecas o simples excusas, cuando no falsedades manifiestas cuando se trata de apoyar a las víctimas de ETA, terminan por quedar al descubierto. En cuanto ha llegado la hora de la verdad, la de reflejar en sus correspondientes dotaciones presupuestarias proyectos presentados por varias asociaciones, el departamento de Justicia que dirige Joseba Azcárraga, ha dicho que no. No hay dinero en las arcas públicas que controla el PNV, en la partida destinada a «organizaciones y movimientos sociales que desarrollan actividades a favor de la paz y los derechos humanos en Euskadi» para tres planes presentados, respectivamente, por el Foro Ermua, Covite y la Fundación Gregorio Ordóñez. Sencillamente, parece que la única respuesta que merecen los responsables de las tres organizaciones, que desde luego nada tienen que ver con el nacionalismo y sí con la defensa de los derechos humanos, de la libertad para todos y el respeto a las víctimas, es que se han agotado los fondos.

El Gobierno de Ibarreche sigue empeñado en no serlo de todos los vascos, sino sólo de los nacionalistas. Ni tan siquiera es capaz de atender las solicitudes de unas organizaciones que apoyan a los que han sufrido la dentellada de la serpiente terrorista. Se niega a las víctimas, a los familiares de los asesinados, el apoyo que se concede generosamente a los familiares de los asesinos para que pueden viajar a visitarles en las cárceles donde cumplen condena por sus crímenes.

No estamos ante un caso más de falta de sensibilidad o de miopía política. Es mucho más grave, pues indica que para ese nacionalismo que encarna Ibarreche siempre habrá diferencias y preferencias. Y, desde luego, nunca existirá el mismo apoyo o «comprensión» para los hijos de la ira que para los que dieron su vida por defender la Constitución.

El genocidio islamista
Cartas al Director ABC 6 Septiembre 2004

Beslán, Moscú, Madrid, Nueva York, Casablanca...; ya no hay ciudades lejanas para el genocidio, porque terrorismo es un término demasiado suave, islamista. No se puede combatir contra él ni con armas convencionales ni con las armas de la razón, porque son genocidas sin sentimientos y sin ningún aprecio por la vida de los demás ni por la vida propia, porque ya son muertos antes de emprender sus acciones. Son genocidas que se han introducido en nuestro tejido social aprovechándose de uno de los pilares de nuestras democracias: la tolerancia y el respeto hacia otras culturas. Es difícil vivir con la idea de que un buen día la vida de uno puede acabar en un atentado, y es deprimente el comprobar que todavía hay gente que reacciona culpando a los gobernantes, democráticamente elegidos, de las acciones de estos perros, ofreciéndoles un margen para la justificación.     Teresa González Rodríguez.     Madrid.

La ley del velo era un pretexto
Lorenzo Contreras Estrella Digital 6 Septiembre 2004

Es evidente que Francia no se ha librado de la vesania islamista, como ya ha comentado y subrayado la primera autoridad civil iraquí. La captura de los dos periodistas franceses y el juego de idas y venidas que con sus personas se han traído los grupos que se reparten la resistencia contra la ocupación acreditan hasta qué punto el razonamiento no es el principal factor a la hora de administrar el trato que se reserva a Occidente en el mundo de Alá. Francia ha sido tradicionalmente un país de acogida, si bien su historia colonial está plagada de durezas y crueldades, como atestigua la guerra de independencia de Argelia. Ahora bien, el Magreb y Francia constituyen también la historia de una colonización cultural, cuya liquidación acabó siendo en buena parte un trasvase demográfico. Pese a todo ello el odio no terminó, los recuerdos hirientes no se extinguieron y la realidad de Francia como país de acogida no ha servido para restañar esa memoria.

Desde un punto de vista religioso conviene recordar que el principal revolucionario islámico de los tiempos modernos, el ayatolá Jomeini, vivió refugiado y protegido en Francia durante bastantes años, sin que la policía de Sha de Irán pudiese llegar a afectar su seguridad. El chiismo iraní no podría tener queja, pero el chiismo no es todo el islam, como bien se sabe. Irán no es Iraq, del mismo modo que Marruecos no es Argelia. De todos modos, son los intereses los factores que atraviesan y matizan las relaciones entre Francia, el Magreb y, por supuesto, el mundo árabe y, en general, el mundo musulmán. Francia tiene una buena ración de tarta que apropiarse en el Sahara, gracias a Marruecos y, por supuesto, a costa del prestigio de España. Y esa circunstancia privilegia la relación de París con Rabat, aunque perjudique la relación con Argel.

Los dos periodistas franceses no han corrido una suerte que se expliquie sólo por la ley del velo. Es el odio a Occidente lo que determina el famoso secuestro de los dos periodistas galos. Los musulmanes residentes y radicados en Francia no se han integrado en el sentido poblacional de la palabra. La cuestión del velo es un pretexto que intensifica la importancia de lo que Huntington ha llamado “el choque de civilizaciones”. Y desde el primer momento fue patente que el chantaje a la ley del velo, reclamando su revocación o su no entrada en vigor a cambio de la vida de los periodista, no iba a funcionar.

Francia ha estado desde el primer momento contra la invasión de Iraq. Ahora han empeorado las relaciones de París con Bagdad, pero eso es un accidente menor que no condiciona el destino de los dos reporteros galos. La suerte de éstos depende del espíritu del Mahdi y del grado de “lección” que la resistencia iraquí, articulada con el resto del mundo islámico radical, quiera darle a uno de los países más representativos de lo que ellos llaman mundo judeo-cristiano. La numerosa colonia musulmana en Francia no contrarresta el peso del otro factor, sobre todo del factor judaico.

Si es verdad que los islámicos iraquíes se remiten al verdicto arbitral de Osama ben Laden a la hora de decidir sobre la suerte de los periodistas, el horizonte de esta historia se vuelve más enigmático que nunca. Y si todo tiene que depender de una orientación interpretativa de la “sharia” o ley musulmana, el cálculo se hace todavía más problemático.

Todo el horror, toda la ira
Consuelo Sánchez-Vicente El Ideal Gallego 6 Septiembre 2004

Nada puede justificar que un grupo de hombres y mujeres secuestre una escuela y dispare por la espalda a unos niños aterrorizados. Ni siquiera explicarlo. Si esta escena, dantesca, se produjo, las autoridades rusas sólo podían hacer lo que han hecho: tratar de salvar al mayor número posible de víctimas a sabiendas de que muchas no lo conseguirían. Incluso si, cuando dieron la orden de intervenir, desconocían que los terroristas habían aprovechado el verano para minar la escuela y, conscientes de que le habían puesto a la vida de los rehenes un precio imposible de pagar, la independencia de Chechenia, tal vez habían decidido de antemano morir matando.

Fueran cuales fueran las circunstancias en que se produjo la liberación de la escuela, el principio de que los terroristas son los únicos responsables de sus crímenes, que tan claro nos parece cuando nos afecta, es especialmente aplicable a este infanticidio. Sean cuales sean los errores que Rusia comete en Chechenia, el desenlace de este secuestro es sólo achacable a los desalmados que lo perpetraron: a los terroristas chechenos. Sin embargo, para ser eficaz en la lucha contra el terrorismo, que no es una ideología sino una técnica , hay que tener lo suficientemente clara la mente y los nervios lo bastante templados como para separar los efectos de las causas. Es decir, para que el rechazo que merecen los métodos de los asesinos no nos haga negar la realidad.

Putin tras Beslan, como Bush tras el 11-S y Aznar tras el 11-M merecen comprensión y solidaridad. El terrorismo es un enemigo común de la humanidad al que hay que plantar cara unidos. Pero la reflexión que empezó el 11-S debe continuar. ¿Qué estamos haciendo mal se preguntaron entonces los estadounidenses, por qué nos odian tanto? La represión que el presidente ruso está llevando a cabo en Chechenia no conduce a la paz si no a la desesperación. Especialmente desde que llegó al poder Putin, Rusia lleva diez años sembrando odio en Chechenia: como Irak o Palestina, una simple pieza del damero maldito en que los buenos estamos convirtiendo el mundo a base de anudar injusticias.

Cambio de escala
José Javaloyes Estrella Digital  6 Septiembre 2004

Después de la tragedia de Beslán, por el crecimiento escalar del terrorismo checheno, éste ya es algo más que eso: le sobra el calificativo de checheno y demanda ser rotulado, entendido y calificado como islámico. Del blindaje teológico del nacionalismo en Chechenia se ha pasado, por captación religiosa desde el integrismo musulmán de base suní (mañana o cualquier día puede irrumpir el terrorismo islámico de base chií montado en una bomba nuclear como el enloquecido vaquero de aquella película), a una fase distinta en la que el islamismo ha tomado dimensión sustantiva y el nacionalismo (hoy de Chechenia, mañana de cualquier otra república del Cáucaso o del Asia Central) queda como algo adjetivo y pretextual, igual que un estribo para que glosemos las razones y los motivos, los contextos si cabe, de sus trágicas fechorías, como hace ya el ministro Moratinos, doctorado en recados desde la irrelevancia diplomática de la Unión Europea, por los entornos del terrorismo que envuelve como una niebla la Muqata de Yaser Arafat y el Gobierno de Ariel Sharon.

Vladimir Putin ha retomado el argumento soviético de cuando la primera guerra de Afganistán, cuando el Kremlin que ahora él ocupa por la legitimidad democrática de los votos, hacía saber a quienes le quisieran escuchar que la razón de que ocuparan militarmente Afganistán no era la de poner sitio geoestratégico al petróleo de los árabes, sino cortar el flujo islamista brotado de Pakistán y Arabia, que se extendía como una mancha de aceite por sus repúblicas del Cáucaso y los espacios del Asia Central. Putin no sólo vuelve a señalar la condición fragmentaria del terrorismo islamista checheno, pues éste formaría parte de un movimiento más amplio que afecta a los referidos espacios asiáticos y caucasianos, sino que viene a advertir que la tragedia de Beslán se incluye en un síndrome metarruso. En este sentido, Putin hace un discurso paralelo al del presidente Bush, que asimismo se sitúa en un diagnóstico global del riesgo islamista. Algo de lo que también han tomado nota las autoridades de Pekín, con severas actuaciones policiales hace unos meses en el seno de la importante comunidad musulmana de la provincia Xinjiang. La hoguera islámica no sólo se ha desplazado hacia el Oeste por los pasos del Cáucaso, como el de Pankisi, sino que penetró ya hacía tiempo hacia el Norte, por la Ruta de la Seda, antes y después de la primera guerra de Afganistán.

Detrás de estas manifestaciones de Vladimir Putin y de su anuncio de una distinta política antiterrorista habrá que seguir el modo cómo, posiblemente, pueden evolucionar las relaciones rusas con el eje franco-alemán y con el interlocutor norteamericano, dado que George W. Bush, como bien se sabe, tiene otorgada preferencia mayor a la política antiterrorista. Obviamente, la posible evolución en las relaciones ruso-americanas vendrá definida, en el plazo de dos meses, por las elecciones presidenciales. Y, en cualquier caso, si después de Beslán será otra la política al respecto de Vladimir Putin, también habrá cambiado la percepción global del fenómeno terrorista después de este trágico suceso. El nombre de Beslán figura ya por derecho propio junto a la negra nómina de los dos onces: el 11 de marzo y el 11 de septiembre. Todo corresponde a la misma islámica autoría.    jose@javaloyes.net

Rehenes
Carlos Semprún Maura La Razón 6 Septiembre 2004

Estos días, la opinión pública y los medios, como el Gobierno, se interesan ante todo por los periodistas y su chófer intérprete, rehenes del grupo «Ejército Islámico de Iraq». Adrede, los secuestradores, dan largas al asunto, mantienen su chantaje, disfrutan de su poder de vida o muerte, de movilizar el interés e inquietud de tantos, sin que se sepa la conclusión: ¿los liberarán o los asesinarán? Me parece legítimo que un Gobierno haga lo que sea, para salvar la vida de sus ciudadanos rehenes, pero esta gran campaña para liberar a los dos periodistas tiene aspectos curiosos.

Resumiendo, los argumentos empleados son los siguientes: Francia es amiga de todos los países árabes, Francia censura a Israel y ayuda indirectamente a los terroristas palestinos, Francia defendió cuánto pudo la tiranía iraquí y al tirano Sadam Hussein, y no ha participado en la guerra, Francia es pues diferente, y se merece un trato diferente por parte de los islamistas. Sobre esas bases han logrado movilizar al Consejo del Culto musulmán francés, y a varias autoridades musulmanas en el mundo, y hasta en Iraq, y todos condenan el secuestro. Salvo, nada menos que el primer ministro interino iraquí, Iyad Alaui, quien ha condenado firmemente la política francesa en relación con su país, y declarado, entre otras cosas muy ciertas, que quienes pretenden ignorar, o justificar el terrorismo, se encuentran un día con el terrorismo en sus propias casas. Esto ha creado tensiones diplomáticas entre París y Bagdad, y la Prensa gala que acusa a EE UU de ser culpables de todo, hasta del secuestro de sus periodistas, explica la reacción del primer ministro iraquí, declarando que es «un hombre de la CIA». Todos hemos sido «hombres de la CIA», en algún momento, cuando nuestras opiniones no gustan a los franchutes.

Y, en cuanto a la reivindicación de los secuestradores, que no pueden exigir, como en otros casos, seguidos de bestiales asesinatos, que Francia retire sus tropas de Iraq, ya que no las tienen, exigen la anulación de la prohibición del velo islámico en las escuelas. La respuesta del Gobierno francés me hizo gracia, rea- firma que el laicismo constituye uno de los principios básicos de la República, y que no es excluyente, al revés, el laicismo tolera todas las religiones, como los islamistas, par quienes hay una sola religión, una sola Verdad y un solo Corán.

Empieza el curso de los desatinos
Carlos DÁVILA La Razón 6 Septiembre 2004

Empieza el curso de los desatinos. En política, los años se cierran y se abren en septiembre. Por eso toca ahora. Doce meses hace que el ex presidente del Gobierno José María Aznar elegía a Mariano Rajoy, el Partido Popular se preparaba para el triunfo sin José María Aznar, y en el Partido Socialista únicamente José Luis Rodríguez Zapatero confiaba en la victoria. En un año todo es ya pasado. Empieza un nuevo curso sin euforia económica alguna, y con el gran problema territorial amenazando no sólo la política concreta, sino la propia unidad de España.

Nunca un Gobierno estuvo menos preparado para afrontar tan grandísimos retos. El reto de los Presupuestos es la primera vara para medir la resistencia del vicepresidente y ministro de Economía Pedro Solbes, asediado desde todos los frentes por la incompetencia o sectarismo de sus ministros, y por la trampa mortal a que está sometido por el socialismo catalán. En veinticuatro horas, el presidente de Cataluña Pascual Maragall –la gran china en la que tropieza ahora mismo el zapato de España– y su vicario en Madrid, el ministro de Turismo, Industria y Comercio, José Montilla, ya le han advertido a Pedro Solbes que o negocia con Cataluña o no hay Presupuestos. El apoyo testimonial de un estólido político en agonía, Gaspar Llamazares, no le sirve al Partido Socialista para pasar por el fielato parlamentario sus primeras Cuentas.

Tampoco el de Esquerra Republicana que está en Madrid en tránsito en el viaje a la independencia al que le acompaña, aún no se sabe con qué grado de consciencia. Para conferir un cierto de grado de solvencia a los Presupuestos, sería necesario que los convergentes de Durán Lleida se decidieran por el sí. Esta vez no van a sacar nada, como no sea un poco de protagonismo.

La economía se desinfla con o sin Presupuestos racionales, y el país sigue atento al suicidio al que el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, le quiere someter. Ahora, leonés él, ha descubierto el «leonesismo» y ha sacado otro viejo fantasma del baúl donde vegetaban nuestras viejas reyertas: la separación entre Castilla y León. Ni más torpe ni más bodoque se puede ser. Esta tendencia del presidente (presidente por una locura estúpida de todo un país) a reinventar problemas que hasta ahora no han sentido, y a decir a cada quien lo que cada quiere escuchar, nos puede conducir a un marasmo general en el que el poder sólo permanezca en el sitio para permanecer al precio que sea, mientras la España de hace tantos siglos se desmorona sin que nadie pueda evitarlo.

Un enorme presidente autonómico, de los que tienen las cosas más claras, Jaime (así se ha llamado siempre) Matas, observaba hace unos días que Cataluña camina inexorablemente hacia la independencia sin que nadie sea capaz de evitarlo, y otra presidenta, la de Madrid, Esperanza Aguirre, abundaba sin cruzar diálogo, en que el presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero no guarda en su archivo ni una sola receta para paliar catástrofe. Es más –señalaba Esperanza Aguirre– ni siquiera sabe una palabra de ella.

Se supone, cinco meses después de la toma de posesión, que los efectos benéficos de la sonrisa –Netol del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, de su fingido buen talante y de su rollito de pitiminí ya no le bastan al pueblo español. Aquí ya hacen falta, como en Don Mendo, «más quiñones».

Este Gobierno tan pobre y contradictorio no puede vivir en otoño de las polémicas de las chicas de La Moncloa, y el vicepresidente del Gobierno y ministro de Economía Pedro Solbes y la vicepresidenta del Gobierno María Teresa Fernández «de la Vogue» no tienen muchos más minutos para intentar el arreglo de permanentes desaguisados. No pueden seguir rectificando las boberías de sus colegas o los desatinos del insólito secretario de organización del PSOE Pepe Blanco. Ya hemos perdido la seriedad, eso está claro, pero hay que desear que ahora no se pierda el futuro.

Éste parece ser el curso de los desatinos. En economía, comienza a dibujarse un panorama nada alentador, en cohesión territorial para qué pensar qué es lo que nuestros socialistas quieren hacer con España. Da horror.

Ustedes mismos
PABLO MOSQUERA La Voz 6 Septiembre 2004

CATALUÑA CLAMA más dinero y otro Estatuto. Euskadi clama soberanía y así tratar de igual a igual a la nación española. Catalanes y vascos se permiten dar carta de naturaleza como nacionalidad histórica a Galicia. Las comunidades «sin derechos históricos», antes regiones, empiezan a protestar para evitar la asimetría del nuevo Estado.

Los catalanes, siguiendo el dicho de «lo que no son pesetas son puñetas¿», han planteado negociar de forma bilateral con el Estado, el agujero de la sanidad catalana, sin renunciar a su «derecho histórico» a más inversiones para infraestructuras.

No me gustaría estar en la piel de Zapatero. Su partido puede ser el instrumento que consolide la desvertebración del Estado, de tal manera que a la hora de ejercer la ciudadanía real, no será lo mismo vivir en los fragmentos del Estado rico, por derecho histórico, que en el Estado pobre, por derecho histórico a que sus ciudadanos cambien, emigrando de ciudadanía, y así tener mejor sanidad, educación, varias televisiones públicas, seguridad, carreteras, trenes y puede que sueldos, pensiones o exenciones fiscales a las empresas.

La verdad es que estoy harto de que jueguen con mi soberanía, y me hagan pueblo cada vez que les interesa poner sobre la mesa de la refriega política unos derechos históricos que son los privilegios de unos a costa de la miseria de los otros. Y si no, que alguien me explique las razones de la emigración de los gallegos por esos mundos de Dios, incluida la Cataluña de las inversiones con motivo de la Olimpiada, o cada vez que Pujol daba su apoyo al Gobierno central.

Incluida la Euskadi del ser para decidir y así comportarse como el pueblo de la soberanía originaria, en la que la sociedad se compone de los vascos y los trabajadores llegados de fuera, a los que en caso de referéndum no sabemos si se les permitirá participar, dada su no condición de pueblo vasco.

Estoy harto de que tengamos que sufrir una catástrofe para que reconozcan las necesidades históricas de Galicia, y así garantizar el derecho de sus ciudadanos a elegir el vivir en su tierra sin tener que ser parias en el extranjero.

A los partidos se les olvida que son meros intermediarios entre los soberanos (ciudadanos, que no pueblo) y las instituciones que administran el poder para acceder con dignidad a la ciudadanía.

Don sin din, campana sin badajo¿

Y a los gallegos nadie nos dice lo que somos.

Ibarreche deniega ayudas a colectivos de víctimas que no son nacionalistas
Sin embargo, otras asociaciones, como Elkarri, sí han recibido incentivos económicos
La consejería vasca de Justicia, dirigida por Joseba Azcárraga, ha denegado cualquier tipo de ayuda a ciertos colectivos sociales como Covite (Colectivo de Víctimas del Terrorismo), la Fundación Gregorio Ordóñez o el Foro de Ermua. La razón que ha esgrimido para no concederles la subvención ha sido el «agotamiento de la dotación económica destinada a este programa de subvenciones». Sin embargo, colectivos nacionalistas como Elkarri o Gesto por la Paz sí han tenido una inyección económica.
Colectivos como el Foro Ermua no reciben las ayudas del Gobierno vasco que preside Ibarreche
J. Arias Borque La Razón 6 Septiembre 2004

Vitoria- El Tripartito sigue en su empeño de crear ciudadanos de primera y de segunda en el País Vasco. Muestra de ello es el reparto que ha hecho de las subvenciones destinadas a organizaciones y movimientos socia- les que desarrollan actividades a favor de la paz y de los derechos humanos en la región vascongada. Y es que la consejería vasca de Justicia, que dirige Joseba Azcárraga, ha denegado a colectivos sociales como Covite (Colectivo de Víctimas del Terrorismo), la Fundación Gregorio Ordóñez o el Foro de Ermua cualquier ayuda, fundamentándolo en el «agotamiento de la dotación económica destinada a este Programa de subvenciones».

Un agotamiento de recursos que no ha impedido que colectivos nacionalistas como Elkarri o Gesto por la Paz sí hayan tenido una inyección económica. Elkarri logra 61.000 euros para llevar a cabo cuatro proyectos, tres de ellos relativos a su conferencia de paz, basado en las propuestas del Plan Ibarreche. Gesto por la Paz, por su parte, recibe 66.000 euros, incluso Músicos Solidarios sin Fronteras recibe 14.000 euros para su página web.

Las claves para entender la actitud del Ejecutivo de Ibarreche las dio ayer la secretaria del Foro de Ermua, Gotzone Mora, quién aseguró a LA RAZÓN que «los partidos que conforman el Gobierno vasco no quieren que los movimientos ciudadanos del arco constitucionalista tengamos repercusión. Quieren ahogarnos y por eso no nos dan ninguna subvención. Ésta es la cara verdadera del nacionalismo, que nos muestra su actitud totalitaria y excluyente con aquellos que no pensamos en clave nacionalista». «Dan subvenciones a Elkarri y demás asociaciones que defienden el nacionalismo en el País Vasco. Hablan de entendimiento pero quieren dinamitar los movimientos sociales que no son nacionalistas. A todo lo que sea defender el Estado plural, la democracia y la Constitución le niegan el pan y la sal. A pesar de ello vamos a seguir adelante». Por último, Mora quiso recordar que «el dinero del Gobierno vasco no es de los nacionalistas, sino de todos los vascos», y planteó la posibilidad de que su colectivo pida la «desobediencia civil» a los ciudadanos para que no paguen sus impuestos a la Hacienda vasca.

El PP exige explicaciones a ZP sobre el «descomunal chantaje» de Maragall
Asegura que el Gobierno depende de lo «más radical de la política española»
El PP vuelve contra José Luis Rodríguez Zapatero el debate público suscitado por las presiones de la Generalitat catalana en la negociación de los Presupuestos Generales del Estado. Ve «chantaje» y «coacción pública» al Gobierno de España en la posición del «barón» socialista Pascual Maragall, y exige urgentes explicaciones al jefe del Ejecutivo por un «sometimiento» que se entiende contrario al principio de igualdad interterritorial.
José María Michavila destaca la dependencia del Ejecutivo de «lo más radical»
C. Morodo La Razón 6 Septiembre 2004

Madrid- El coordinador de Comunicación del PP, José María Michavila, enfrentó ayer al presidente del Gobierno a la actitud pública de «coacción» que está manteniendo la Generalitat catalana en la negociación de las cuentas para el próximo ejercicio.

Después de que Maragall haya insistido en reclamar una negociación bilateral de los Presupuestos y haya recordado que «todos los votos son decisivos», en clara referencia al poder de los 31 diputados y 16 senadores que suman PSC, ERC e IV en las Cortes, el PP habla ya de de «chantaje público» al jefe del Ejecutivo y, con ironía, se pregunta por la razón de tal claudicación, al tiempo que dirige la atención a la debilidad parlamentaria del PSOE.
Michavila puso el acento en la dependencia del Gobierno de Zapatero de lo «más radical de la política española», es decir, de «partidos muy simpáticos» pero que representan la radicalidad de la izquierda europea. «Ningún Gobierno europeo está en manos de comunistas o de republicanos», señaló.

Esta situación de debilidad es la que ha llevado, a juicio de los populares, a que sea el presidente de la Generalitat catalana el que ostente el mando, con las consecuencias que de ello se derivan para el equilibrio territorial. «¿Por qué el señor Zapatero da al señor Maragall tal descomunal capacidad de chantajear al Gobierno de España, por qué permite tal atribución a quien no le interesa qué pasa, por ejemplo, con la Sanidad de Andalucía, Extremadura y Galicia?», se preguntó Michavila, aludiendo a las exigencias catalanas para que se dé solución a su descomunal déficit en esta materia.

El PP pone el dedo en la llaga al apuntar directamente a la necesidad de Zapatero de los votos del tripartito en el Parlamento, y subraya la paradoja que encierra el hecho de que tanto Maragall como el propio líder socialista compartan en sus tareas de gobierno una misma situación de debilidad por carecer de mayoría absoluta, frente a la holgura en la que se encuentran otros «barones» del PSOE como José Bono o Manuel Chaves, quienes, precisamente, -recuerdan desde Génova-, parecen merecer menos consideración por parte de su «número uno».

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