AGLI

Recortes de Prensa     Martes 7 Septiembre 2004

LA FUERZA Y EL DIÁLOGO
Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA ABC 7 Septiembre 2004

Una pesadilla
Cristina Losada Libertad Digital 7 Septiembre 2004

Culpables
David Gistau La Razón  7 Septiembre 2004

Negociación imposible
Editorial La Razón 7 Septiembre 2004

¿A qué juega el PP en la Comisión del 11-M
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 7 Septiembre 2004

Hasta aquí hemos llegado
Aleix Vidal-Quadras La Razón 7 Septiembre 2004

NO TOQUÉIS CEUTA Y MELILLA
César Alonso DE LOS RÍOS ABC 7 Septiembre 2004

LA GUERRA DEL GUERRA
Jaime CAMPMANY ABC 7 Septiembre 2004

Cabezas de ratón
A. Pérez Henares La Razón 7 Septiembre 2004

LA ECONOMÍA CATALANA
Editorial ABC 7 Septiembre 2004

En el laberinto
José María Carrascal La Razón 7 Septiembre 2004

La verdad sigue pendiente
Ignacio Villa Libertad Digital 7 Septiembre 2004

TRISTE FINAL DE LA COMISIÓN
EDURNE URIARTE ABC 7 Septiembre 2004

Presoak kalera
José García Domínguez Libertad Digital 7 Septiembre 2004

El terrorismo devaluado
GEES Libertad Digital 7 Septiembre 2004

Pactar con la ETA
GEES Libertad Digital 7 Septiembre 2004

Pactar con la ETA
Isabel Durán Libertad Digital 7 Septiembre 2004

Yo se los presento
Alfonso Ussía La Razón 7 Septiembre 2004

Presupuestos de rojo
Emilio J. González 7 Septiembre 2004

No hay lugar de encuentro sin cambio
RAFAEL AGUIRRE El Correo  7 Septiembre 2004

Psicosis (the return)
SANTIAGO GONZÁLEZ  El Correo 7 Septiembre 2004

Investigación parlamentaria
Editorial El Correo  7 Septiembre 2004

El Foro Ermua censura al PSOE por la vuelta de presos etarras a la UPV
DAVID GUADILLA BILBAO El Correo 7 Septiembre 2004

Las víctimas dicen que dar 194.240 euros a las familias de etarras es «financiar el terrorismo»
J. Arias Borque La Razón 7 Septiembre 2004
 


LA FUERZA Y EL DIÁLOGO
Por Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA ABC 7 Septiembre 2004

CONVIENE que el dolor no nuble la clara visión. Ni el terror es ciego ni puede serlo la lucha contra él. Poco ha importado que Rusia no hubiera apoyado la intervención aliada en Irak, poco los errores de la política de Moscú, tanto anteriores a la matanza como en la gestión del atentado. Tampoco es lo decisivo que exista una crisis secular y un conflicto previo de naturaleza separatista entre Chechenia y el resto de Rusia, que tan rigurosamente analizaba Florentino Portero en una reciente Tercera. Ni siquiera, las eventuales razones históricas de los independentistas chechenos. Lo más relevante, después del terror sembrado, es comprender, como hace Portero, que de una causa nacional se ha pasado a otra islamista. Un nuevo foco del terrorismo islamista no constituye sólo una amenaza para Rusia, sino para todo el mundo civilizado. Como ha dicho, en entrevista publicada en estas páginas, Álvaro Gil-Robles, comisario para los Derechos Humanos en el Consejo de Europa, desestabilizar el Cáucaso para crear un gran Estado wahabí sería un golpe maestro del islamismo radical. Por todo ello, conviene rebatir las reiteradas torpezas de quienes aborrecen a Occidente y que son capaces de transitar desde Stalin hasta Bin Laden, a través del Ché y de Castro. Y, mientras tanto, para ellos, a la nómina del imperio del mal pertenecerían Roosevelt, Kennedy, Nixon, Reagan y Bush.

La falta de apoyo a la intervención en Irak no constituye, por lo que se ve, garantía frente al terror. La verdad es que sólo los que no querían verlo no lo veían, pues la amenaza al mundo en general y a Occidente en particular fue muy anterior a las Torres Gemelas y a la intervención aliada contra Sadam Husein. No ha sido la política exterior de Bush la que ha desestabilizado el mundo o lo ha hecho más peligroso. Puede haber sido una respuesta más o menos acertada o equivocada, pero no es la causa del terror islamista. Y ante una amenaza que ha alcanzado las cotas más altas de la podredumbre moral, algunos, incluso con altas responsabilidades, siguen pretendiendo desarmar a los terroristas con el diálogo y la fuerza de las ideas. Por mi parte, prefiero la combinación que forman las ideas, el diálogo y la fuerza. Ideas para comprender el problema y acertar con la terapia, diálogo allí donde se dan las condiciones necesarias y fuerza para defender la vida y la libertad. Así, la solución no se encuentra en la opción del diálogo y el repudio de la fuerza, sino en distribuir uno y otra con discernimiento y eficacia. No es sensato pretender detener a estos desalmados con palabras e ideas. Tal vez sí merezca la pena dialogar con quienes los engañan y paliar las condiciones políticas y sociales de las que se nutre el integrismo islámico. No es correcto renunciar a la fuerza; tampoco lo es abolir el diálogo. Pero lo peor de todo sería utilizar el diálogo allí donde habría que imponer la fuerza, o aplicar la fuerza allí donde habría que negociar. Discernir dónde es pertinente una cosa y dónde la otra me parece la clave, una clave que sólo se encuentra en las manos de hombres de Estado asesorados por expertos competentes, y no, desde luego, entre aficionados o extraviados que piensan que el mal procede del amenazado y la razón, al menos en gran parte, corresponde al agresor terrorista. En definitiva, de lo que se trata es de discernir si existe una amenaza contra Occidente que pretende su destrucción, de dónde procede y cómo combatirla. Lo demás es secundario. No parece prudente renunciar ni a la fuerza ni al diálogo.

La UE y el secuestro de Beslan
Una pesadilla
Cristina Losada Libertad Digital 7 Septiembre 2004

La Unión Europea no se ha distinguido por clamar contra los atropellos a la libertad que se han cometido en la Rusia de Putin. Unas cuantas tímidas amonestaciones, y punto. Tampoco por denunciar la corrupción en aquel país se ha desgañitado la UE. Pero tras el funesto secuestro masivo en Beslan, el portavoz europeo alzó la voz para pedirles explicaciones "sobre cómo se había podido producir esta tragedia" a las autoridades rusas. Además, míster PESC, el mismo que autorizó los bombardeos sobre Yugoslavia, dijo que en Europa, en trance análogo, "el uso de la violencia habría sido probablemente diferente". A lo que se añadieron las aportaciones patrias de Moratinos, buscador del pretexto y el contexto de los fanáticos, y de Alfonso Guerra, que sabe que el terrorismo "no se combate bombardeando Irak o mandando entrar en un colegio donde hay mil niños", aunque los procedimientos que para ello empleó su partido desde el gobierno no fueran ni pacíficos ni legales ni efectivos.

Bajo el impacto de estas cogitaciones y su posible "efecto llamada", he tenido una pesadilla: un grupo terrorista entra en un pabellón deportivo de una ciudad europea y toma como rehenes a todos los que allí asistían a un campeonato; exigen la liberación de los presos islamistas en Europa, la aplicación de la sharia en la UE y la devolución de Al Andalus, entre otras cosas; la UE se apresta a una negociación para intentar salvar las vidas de los secuestrados; los terroristas llenan el pabellón de bombas y minas y empiezan a asesinar a diez rehenes por cada hora que pasa sin que se acepten sus condiciones; el pabellón es rodeado por policía y ejército, pero, por exigencia de los terroristas, se retiran a medio kilómetro de distancia; un país propone que se llame a los americanos para resolver el asunto, a fin de que si sale mal, se les pueda echar la culpa del desastre, pero la mayoría se niega a darles protagonismo; como negociadores adicionales, se nombra a periodistas y artistas que han mostrado simpatía hacia la causa islamista.

Mientras dentro se amontonan los cadáveres, continúa el diálogo. Se está a punto de llegar a un acuerdo sobre la primera de las exigencias. No obstante, siguen sin dejar que entren alimentos ni medicinas en el pabellón. Cada hora se oyen las descargas. La UE se compromete a garantizar una salida a los terroristas si el secuestro acaba antes de seis horas. Se piensa en excavar un túnel o en tratar de infiltrar a un comando, pero por temor a que si descubren tal cosa, puedan matar a todo el mundo, el plan se rechaza. De pronto, se produce una explosión, una puerta revienta y los rehenes empiezan a huir despavoridos. Los terroristas los tirotean por la espalda. Para evitar una repetición de la tragedia de Beslan, las autoridades dan orden de no intervenir. Se oyen fuertes detonaciones. Al cabo de unas horas, los terroristas dicen que han muerto todos los rehenes, pero que si no les dejan salir, otro grupo perpetrará un atentado con miles de víctimas en un lugar de Europa.

Ante la amenaza, y puesto que el secuestro acabó dentro del plazo ofrecido, la UE les permite marchar como se había acordado. Los dirigentes europeos están desolados, pero tienen, al menos, una satisfacción moral: han sido los terroristas los únicos que emplearon la violencia.

Culpables
David Gistau La Razón  7 Septiembre 2004

Cuando los oficinistas de Manhattan tuvieron un amanecer zulú el 11-S, los predicadores de la progresía hablaron de revancha antes que de terrorismo: América es culpable, y eso vale para justificar incluso que dos Boeings sean lanzados contra la «ordinary people» de un mundo que es también el nuestro. Después, cuando, en el 11-M, la gente corriente masacrada por el mismo puño que golpeó Manhattan fue la de nuestro propio vecindario, a quien se marcó con el estigma del culpable no fue al «Egipcio». Ni siquiera a su superior jerárquico, Ben Laden. No. Se decidió que el culpable era Aznar, «pásalo», y tan ahíta de justicia quedó la turba con ese cadáver político que Zetapé pudo escaquearse de esa pelea universal que no es por América, sino por Occidente. El mismo puño integrista ha golpeado en Osetia, batiendo sus propias marcas de barbarie. Y, otra vez, la progresía intenta convencernos de que no es terrorismo, sino revancha, de que la víctima es por tanto culpable. Si centenares de niños asesinados no bastan, uno ignora qué exceso debe todavía cometer el terrorismo islámico para que el progre, por fin, le retire ese tratamiento de «buen salvaje» anti-imperialista con el que intenta llenar los huecos dejados por la pérdida de todos los «Ches». Hay una patología anti-americana que tal vez les impida comprender quién anhela exterminar nuestro mundo y quién lo está defendiendo mientras cacareamos en los cafés.

Negociación imposible
Editorial La Razón 7 Septiembre 2004

El ex presidente del PNV Javier Arzallus acusó ayer al Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero de mantener contactos con la banda terrorista ETA y con su brazo político, la ilegalizada Batasuna, para acordar una tregua. Y no es la primera vez que se habla de esta posibilidad, pues ya se dijo que desde algún sector del socialismo español se podía tratar con la banda a cambio de mejorar las condiciones de los etarras presos. El viejo líder del nacionalismo vasco no aportó, en sus manifestaciones, prueba o dato alguno que avale la veracidad de sus acusaciones, pero no por ello ha dejado de suscitar un revuelo político, lógico por otra parte, pues cabe suponer que Arzallus y el nacionalismo vasco están en mejor posición para saber qué se cuece en ETA que otros desde fuera del País Vasco.

Hay que agradecer hoy la rapidez y contundencia con la que el Gobierno y el PSOE han reaccionado ante la gravedad de la acusación de Arzallus y la firmeza con la que el presidente del Gobierno ha negado cualquier contacto con la banda y se ha reafirmado que el único mensaje que hay que transmitir a ETA es que «abandone la violencia, deje de practicar el terror, de matar, coaccionar y amenazar. Ésa es –dijo– la única respuesta que esperamos de la banda, la que quieren todos los españoles, y el Gobierno no trabaja más que con el objetivo de ver el fin del terrorismo».

Es una buena noticia que el PSOE ratifique, de hecho, la vigencia del Pacto de Estado por las Libertades y contra el Terrorismo. Aquel documento que el mismo Zapatero promocionó y que firmó con el Partido Popular de Aznar impide un intento, inocente o torticero, de negociación. Sería además un error, pues no cabe la menor duda de que, como le ocurrió en su día al PNV cuando pactó en secreto con ETA en Estella, los terroristas pondrían en cualquier momento en evidencia a quien tuviese la debilidad de sentarse a negociar ellos.

No podía ser de otra forma, pues la única negociación posible entre ETA y un Gobierno democrático debe limitarse exclusivamente a cómo y dónde entregan los terroristas sus armas y abandonan definitivamente su carrera criminal. Y deben hacerlo sin contraprestación alguna y confiados en la generosidad del Estado de Derecho. No se puede negociar con terroristas, porque no se puede ceder al chantaje.

Tampoco el Partido Popular cree en la veracidad de la denuncia de Arzallus. Por eso habrá que preguntarse los motivos que han impulsado al padre del proyecto soberanista de Ibarreche a asegurar que esos contactos existen («yo sé que están hablando»), pues cabe pensar que Arzallus no da puntada sin hilo y es significativo que el consejo vasco de Justicia se haya apresurado a decir que «no se puede criminalizar a quienes defienden el diálogo como forma de acabar con la violencia de ETA». Quizás, todo cobre sentido al ser leído exclusivamente en clave nacionalista.

¿A qué juega el PP en la Comisión del 11-M?
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 7 Septiembre 2004

Mal, muy mal le ha sentado el veraneo a la oposición, que no ha hecho nada en Agosto y parece medio idiotizada en Septiembre, cuando tres asuntos; la situación internacional con el terrorismo islámico más presente que nunca, los primeros datos económicos negativos sobre la economía y los rumores de que Zapatero podría verse arrastrado por sus socios de Gobierno hasta la negociación con ETA, deberían tener al PP en pie de guerra y al PSOE a la defensiva.

No es así, y en algo tan importante como la comisión del 11-M, Rajoy apenas oculta su deseo de dar carpetazo al asunto pese a que las nuevas revelaciones de El Mundo revelan conexiones cada vez más siniestras de los autores de la masacre con elementos de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Para mayor confusión, mientras Rajoy parece que quiere tomar el olivo, Acebes se arrima y pide más toro, porque queda mucho políticamente por torear. Y, al fondo, Gallardón, que si consigue una buena dosis de lexatin y modera su obsesión por agradar a Polanco a cualquier precio podría ser una alternativa muy seria, o mejor dicho, muy peligrosa para un Rajoy que no acaba de saber transmitir lo que quiere hacer en el Congreso, hasta el punto de que a veces dudamos de que él mismo lo sepa.

En todo caso, esa tentación que no ha inventado Rajoy porque es típica del primer aznarismo, la de "pasar página" y tragarse todos los sapos del PSOE a cuenta de un supuesto sentido del Estado que, en realidad, es una burla a la nación, a los ciudadanos y al Código Penal pero que tranquiliza al político profesional y lo centra en su rutina de ambiciones, empieza a estar meridiana, obscenamente clara en las filas del PP. Es más que evidente que dentro de los testimonios promovidos por el PSOE en la Comisión del 11-M para sepultar la credibilidad de Aznar y blanquear los sepulcros sobre los que alzó su imprevista victoria electoral hay un porcentaje de embusteros y perjuros harto notable.

Cada vez que descubre El Mundo una pieza más de ese tinglado tenebroso que permitió, si no facilitó, la masacre del 11-M y el cambio de Gobierno el 14-M, queda en evidencia alguno de los testigos llamados a declarar por el PSOE. Los que no han mentido ante el parlamento han mentido ante el juez y los hay que no han dicho una sola verdad en ninguno de los dos ámbitos. Eso que dice Gallardón en El País de que el PP no debe vivir en la nostalgia sería muy bonito si no supiéramos a lo que conduce, que es a abdicar de la búsqueda de la justicia, de la verdad y de esa decencia intelectual y moral que exigen sus electores y que merecen las 200 víctimas del 11-M y el golpismo político-mediático del 13-M. Sin olvidar las acusaciones de que el PP intentó una especie de Golpe de Estado que habría impedido el Rey en el último momento, infamia que en su día propaló tanto Almodóvar como la consejera de Interior de Maragall sin que el PP haya llevado a los tribunales a ninguno de los dos.

En fin, que Rajoy tiene que decidir y decidirse. Pero, de momento, ni una cosa ni la otra. Y así no puede seguir el PP.

Hasta aquí hemos llegado
Aleix Vidal-Quadras La Razón 7 Septiembre 2004

Existe en este momento sobre el tapete de la política nacional un conjunto de proyectos perfectamente estructurados de reformas constitucionales y estatutarias que representan la ruptura explícita con el gran pacto civil de 1978. Así, el llamado Plan Ibarreche, impulsado por el tripartito vasco, el proyecto denominado de Estatuto Nacional de Cataluña o Constitución del Estado Libre de Cataluña, elaborado por Esquerra Republicana, las Bases para un Nuevo Estatuto Nacional de Cataluña, documento de referencia de Convergencia i Unió, o el pomposamente bautizado como Nuevo Contrato con España del Bloque Nacionalista Galego, rivalizan en su empeño de liquidar el presente ordenamiento constitucional y, de hecho, a España como nación.

Todos estos textos contienen previsiones para destruir la unidad de la Administración de Justicia, la solidaridad fiscal y la caja única de la Seguridad Social. Asimismo, introducen el derecho de autodeterminación, eliminan la administración periférica del Estado y le retiran a éste la representación exterior que pasa a ser ejercida separadamente por las «naciones» que voluntariamente lo integran. Como se ve, unos cambios perfectamente viables, que sin duda fortalecerán la estabilidad interna, fomentarán la inversión y aumentarán el prestigio de España ante el resto del mundo. Sin embargo, no conviene tomarlos a broma porque los partidos que los promueven poseen un poder considerable en las comunidades en las que operan y un número de escaños en el Congreso de los Diputados suficiente como para utilizarlo como arma de hostigamiento sobre la nueva mayoría relativa y también como eficaz caja de resonancia de sus pretensiones secesionistas.

Frente a esta ofensiva renovada, el ganador de las últimas elecciones legislativas, José Luis Rodríguez Zapatero, se ha manifestado abierto al diálogo y a apoyar aquellas reformas estatutarias compatibles con la Constitución, aunque no ha especificado si con la Constitución vigente o con una Constitución adecuadamente retocada para dar cabida a una parte apreciable de las exigencias nacionalistas.

Además, conviene tener en cuenta para calibrar la magnitud del riesgo al que nos enfrentamos que el Partido Socialista de Cataluña, por su parte, mantiene un pacto con sus socios de gobierno en el Principado que contempla, ente otras novedades estimulantes, una drástica reestructuración del Senado eliminando la elección directa de sus miembros e implantando en dicha Cámara un régimen multilingüe, la atribución a los Tribunales Superiores de Justicia de las Comunidades Autónomas de la facultad de casación que ahora reside en el Tribunal Supremo, la territorialización del Tribunal Constitucional, un modelo de financiación autonómica que distribuya los fondos en función estrictamente de la población, la presencia directa de las Comunidades Autónomas en los órganos de representación de España ante la Unión Europea y la aplicación a España del sistema lingüístico suizo, es decir, sellos, permisos de conducir, señalización en instituciones oficiales, documentos de identidad y pasaportes en las cuatro lenguas, castellano, catalán, vasco y gallego. Los recientes jugueteos del Partido Socialista con ideas tales como la concesión de derecho de veto en el Senado a las Comunidades Autónomas y la transferencia de la gestión de los fondos de la Seguridad Social al Gobierno vasco demuestran que estamos sumidos en un estado de enloquecimiento colectivo.

No conviene tampoco olvidar que el presidente del Gobierno se comprometió durante la campaña del pasado marzo a aceptar sin más la reforma del Estatuto de Autonomía que el Parlamento de Cataluña aprobase, con lo que es de temer que, si no prevalece al final la prudencia, durante la presente legislatura la Constitución de 1978 se transformará de tal manera que quedará irreconocible para sus redactores, que hace un cuarto de siglo creyeron ingenuamente haber sentado definitivamente las bases de nuestra convivencia. Habremos dado un paso más de considerable trascendencia hacia la meta perseguida por los nacionalistas catalanes y vascos desde hace más de cien años, es decir, la disolución irreversible de una empresa colectiva multisecular que ha desembocado en este inicio del siglo XXI en una de las democracias más sólidas, prósperas y respetadas del planeta.

Frente a la demostrada pérdida, esperemos que temporal, del norte por parte del partido del Gobierno y de su cordialísimo líder, el Partido Popular debe adoptar la única postura coherente posible en estas inquietantes circunstancias y anunciar solemnemente su firme negativa a cualquier reforma constitucional de la índole que sea mientras determinadas fuerzas nacionalistas insistan en sus propósitos de destrucción de la cohesión nacional. Y a partir de esta premisa tan absolutamente razonable, a dialogar, que hablando se entiende la gente. Si es verdad que hay momentos para decir aquello de hasta aquí hemos llegado, es abrumadoramente evidente que el Partido Popular está viviendo uno de esos momentos y el número de españoles que espera un pronunciamiento rotundo en este sentido supera probablemente los diez millones que le dieron su apoyo hace cinco meses. El XV Congreso Nacional ofrece una excelente ocasión para dejar claro que la suerte aún no está echada y que la mucha gente sensata de nuestro país cuenta con una alternativa fiable que en estos tiempos de confusión conserva la cabeza en su sitio y sabe donde están los límites que separan lo discutible de lo suicida.

NO TOQUÉIS CEUTA Y MELILLA
Por César Alonso DE LOS RÍOS ABC 7 Septiembre 2004

HAY quienes piensan que la conversión de Ceuta y Melilla en dos autonomías tiene el objetivo de añadirles dignidad y fortalecerlas frente a las ambiciones territoriales de Marruecos. Yo no comparto este punto de vista. Quiero decir que yo no creo que de ese cambio institucional puedan derivarse unas condiciones más favorables para la seguridad de las dos plazas, sino que, por lo contrario: estamos ante una operación aparatosa y a primera vista desafiante, pero, en realidad, debilitadora. Estamos ante una auténtica trampa que, como sucede con todas las trampas bien diseñadas, tiene una presentación seductora. Porque ¿hay algún ciudadano español que crea que la condición autonómica proporciona una mayor cohesión territorial?

Algunos de los que creen ingenuamente en la buena intención de esta medida se preguntan por las reacciones que podrá tener el Rey Mohamed ante esta «provocación». Dan por supuesto que Rodríguez Zapatero ha cambiado su política con el Rey de Marruecos hasta el punto de desafiarle.

Entonces, ¿cuál es la pretensión del Gobierno al modificar el status de nuestros dos viejos y queridos enclaves al otro lado de la costa o, mejor dicho, ampliándola inteligentemente? A mi entender, con esta medida el Gobierno trata de promover un proceso de distensión gracias a la disminución de las resistencias patrióticas de la población española en las dos ciudades, al tiempo que se rebaja la ansiedad anexionista de los marroquíes. Se espera que ambas partes se aproximen a una solución «civilizada y moderna», esto es, a una desnacionalización de Ceuta y Melilla a largo plazo.

PARA desenmascarar la perversión de este plan no hay que ser mal pensados: basta con analizar la personalidad de Zapatero y sus ministros y, sobre todo, la naturaleza de la fórmula autonómica. Todos sabemos que ésta supone una relajación de los vínculos entre las instituciones comunes y las propias de la comunidad e incluso puede llegar a convertirse en una invitación a la segregación: se ponen en marcha una serie de mecanismos basados en la ambición de personas y grupos que terminan por defender el enfrentamiento con aquellos poderes que representan la unidad y la racionalidad del Estado.

En el caso de la conversión de Ceuta y Melilla en comunidades autónomas habría el normal traspaso de competencias, se daría la consiguiente relajación de vínculos «estatales», quedaría aún más lejos la «nación» española, y se crearía la habitual espiral de los poderes locales. A todo esto le acompañaría un real desentendimiento por parte de los poderes centrales y un real abandono de las plazas que se justificaría como un exquisito respeto al estatuto autonómico.

LA delicadísima situación de Ceuta y Melilla no está para estos juegos siniestros, sino para todo lo contrario. La libertad de esta parte de España no se asegura con transferencias y concesiones sino garantizando su pertenencia a la nación española. Todo lo demás rebasa lo demagógico para instalarse en el crimen. Disfrazado pero crimen. ¿Quién aprobaría el abandono de un ser en condiciones difíciles de supervivencia más que alguien que quiere, en el fondo, deshacerse de él?

No toquéis Ceuta y Melilla si no es para abrazarlas aún más.

LA GUERRA DEL GUERRA
Por Jaime CAMPMANY ABC 7 Septiembre 2004

ALGUNOS políticos ya han reconocido que estamos en guerra, que es el primer presupuesto para ganarla. Putin ya ha dicho que hay que hacerle una «guerra total» al terrorismo, y si eso estaba claro desde el 11-S de 2001 en Manhattan, se ha hecho evidente para muchos o para casi todos desde el 11-M de 2004 en Madrid y desde el 4 de este septiembre en Osetia. Cuando Bush ha declarado en un acto de su campaña electoral que combatirá el terrorismo allá donde exista, ha dejado a su contrincante Kerry once puntos por debajo.

El ministro Moratinos ha encargado a los funcionarios de Exteriores la confección de un proyecto de Plan para afrontar el terrorismo que unos llaman «internacional» y otros, precisando más, llaman «islámico» o «islamista». El ministro de Interior, José Antonio Alonso, ha caído del burro y ya no habla de la kale borroka como una pandilla de galopines que hacen gamberradas. Ahora nos dice desde la «tercera» de este periódico que debemos estar preparados para nuevos atentados de «Eta». Es curioso que al tiempo de ver la luz este oportuno artículo del ministro, se ha corrido la voz, tal vez propiciada por Javier Arzallus, de que el Gobierno andaba negociando con la banda etarra, rumor -cierto o inventado, no sé- que ha puesto en levitación de felicidad a Carod-Rovira.

Esta guerra del terror va por su lado, y todo hace pensar que tendremos guerra para rato. Menos mal que cada vez hay más gobernantes, más políticos y más ciudadanos conscientes de la verdadera naturaleza de este monstruoso suceso que baña de sangre y horror los primeros pasos del siglo XXI. Los fanáticos, los ideólogos de la catástrofe, los separatistas aislados y sin esperanza, los violentos de vocación o los rechazados por las urnas de la democracia seguirán intentando someternos a sus deseos y aspiraciones por la fuerza y por el miedo, un miedo que a veces, como en Manhattan, como en Madrid, como en Osetia, se convierte en espanto.

Y por otro lado los socialistas continúan su guerrita particular contra Aznar y contra todo lo que se mueve en el PP, se llame Rajoy, Acebes o Zaplana. Y en esa guerra, Guerra entra en fuego de tarde en tarde. De la otra, de la grande, solamente ha hecho una observación crítica. Ha censurado, seguramente con toda razón, el asalto del Ejército ruso al colegio donde estaban secuestrados los mil niños chechenos. Allí mismo, no en Chechenia, sino en León, en Rodiezmo, fue donde el año pasado Alfonso Guerra llamó «mariposón» a Mariano Rajoy. Qué vocabulario. Se ve que Alfonso Guerra sigue leyendo las «Obras Completas» de Lope de Vega.

Este año se ha ido por lo cinematográfico, quizá en honor de aquellos actores de pancarta y lelilí que apoyaban las acusaciones contra Aznar y le hacían responsable de la guerra. Llevaba Guerra un pañuelo rojo al cuello (hay un pañuelo comunista como hay un pañuelo islámico), y parecía que iba a tomar el Palacio de Invierno o a encerrar los toros en un sanfermín. Y ha dicho que cambiar a Aznar, el «tío del bigote», por Zapatero es como cambiar a Rambo por Harrison Ford. Y un espíritu burlón se reía, se reía.

Cabezas de ratón
A. Pérez Henares La Razón 7 Septiembre 2004

El presidente de Castilla- La Mancha, José María Barreda, lleva unos días insistiendo en sus declaraciones en algo que resulta esencial pero que casi todos los presidentes autonómicos parecen haber olvidado. Esto es que España no se disocia en 17 comunidades autónomas a la greña ni el Estado autonómico es la fórmula de separar una nación sino exactamente lo contrario: Que la nación se vertebra y cimenta en las autonomías. O sea, que se es parte de un todo y que la autonomía es la manera de encajar armónicamente en ese todo. Bien por Barreda al expresar algo que debiera estar muy claro pero que los nacionalistas pretenden olvidar y conculcar a cada paso y no pocos de los dirigentes autonómicos de su propio partido y del PP olvidan en muchas ocasiones, sintiéndose cada vez más César y aquello de «prefiero ser el primero aquí, que el segundo en Roma».

Barreda ha dicho eso como colofón a preocupadas reflexiones ante la postura de sus ¿compañeros? socialistas catalanes que pretenden negociar los Presupuestos de manera paralela y prioritaria al conjunto de las fuerzas políticas estatales. Una negociación Cataluña-España, como si de otro país se tratara que resulta algo intolerable se mire por donde se quiera y ante lo que no sirve el pretender que entonces todos igual y que negocien asi las 17 autonomías. O sea, multiplicar el desatino por el disparate. Barreda ha hablado como preocupado español, cosa que no debería sorprendernos en absoluto, pero que nos sorprende. Y es que la ideología predominante en las taifas autonómicas es la de «cabeza de ratón».

LA ECONOMÍA CATALANA
Editorial ABC 7 Septiembre 2004

CATALUÑA tiene un problema de productividad. Así se deduce del informe de Caixa Catalunya que alerta sobre el crecimiento de esa variable en el período 1995-2002, el más bajo de España después de Andalucía y Murcia. Como afirma la entidad financiera, la economía catalana tiene «dificultades para incorporar el avance técnico o las mejoras organizativas que permitan avances sustantivos de la productividad por ocupado». Y no puede decirse que el dato sea sorprendente, porque las prioridades de la política catalana han ido por otros derroteros. La construcción nacional a golpe de gasto público acaba resultando cara. Y no parece que las políticas del actual Gobierno tripartito, más allá de la retórica al uso, favorezcan la modernización del tejido económico catalán. No será amenazando a las empresas que tomen decisiones racionales de localización ni restringiendo la competencia comercial como Cataluña cambiará el signo de su evolución económica. Ni poniendo barreras técnicas, culturales o lingüísticas a la unidad de mercado.

El informe es moderadamente optimista respecto al futuro crecimiento catalán que se beneficiará de la recuperación general de la economía internacional por sus características tradicionales de economía abierta y dinámica. Pero señala también aspectos coyunturales preocupantes, como que el ritmo de crecimiento de las exportaciones es inferior a la media nacional o que la dinámica del mercado de trabajo es también menos boyante. Aspectos todos ellos que refuerzan la tesis de que el Gobierno tripartito haría bien en ocuparse más de cuestiones materiales y concretas, en usar sus competencias para mejorar la calidad de vida y la productividad de sus ciudadanos en vez de mirarse el ombligo permanente sobre su lugar en España.

El informe provocará sin duda los consabidos lamentos victimistas. Madrid será una vez más un fácil culpable, sobre todo porque la Comunidad madrileña lidera el ranking nacional de productividad, con un crecimiento que es el doble del de Cataluña. No faltarán las declaraciones políticas que aludan a la falta de inversiones públicas o al carácter centralista de la política del PP. Una política por cierto que contó con el apoyo de los nacionalistas catalanes durante las dos terceras partes del período estudiado por la entidad bancaria. Pero es un secreto a voces en Cataluña que la Comunidad está perdiendo atractivo económico porque se está imponiendo un localismo empobrecedor. La región ya no es el destino preferente de la inversión extranjera en España porque en una economía globalizada las decisiones de localización en los sectores de más valor añadido no se toman sólo por incentivos fiscales o financieros, usados profusamente por la Generalitat, sino por la ausencia de presiones políticas, costes regulatorios adicionales o atractivo residencial para los trabajadores más cualificados y sus familias.

En el laberinto
José María Carrascal es periodista y escritor La Razón 7 Septiembre 2004

No creo que surja en la conversación de hoy entre Zapatero y Rajoy algo para salir del laberinto en que nos hemos metido. Pero, de hecho, todo parte de una inexactitud, de una mentira incluso: Maragall no ganó las elecciones catalanas. Las perdió. Si hacemos un poco de memoria, algo que cuesta en nuestros días, recordaremos aquella noche de domingo otoñal, en la que el candidato del PSC alcanzó sólo el 42 por ciento de los votos, frente al 46 del CiU, pese a enfrentarse no con Pujol, sino con su sucesor, un peso ligero en política, que además arrastraba el desgaste de los veintitantos años de gobierno de su partido.

La primera reacción de todos los comentaristas fue que Maragall había fracasado, que si era incapaz de ganar en aquellas condiciones, no ganaría nunca. Pero era necesario que ganase. El PSOE necesitaba un triunfo en Cataluña, después del aquelarre de Madrid, para mantener sus esperanzas en las generales. A cualquier precio, de cualquier modo, con quien fuera, Maragall tenía que presidir la Generalitat. Y comenzaron las gestiones. Primero, como era lógico, con CIU. Pero los convergentes, con más escaños, no estaban dispuestos a ceder la presidencia. Y los de la izquierda-verdes no llegaban. Sólo había una solución, aliarse con ERC, que había experimentado un notable aumento de votos. Había un problema: ERC representaba al nacionalismo más exigente, más intolerante, menos dispuesto a transigir. No importaba. Había que llevar a Maragall al palacio de la Generalitat costase lo que costase. Fue lo que se hizo. Construyendo sobre terreno pantanoso. Carod-Rovira lo dejó muy claro desde el primer momento: él no entraba en el Gobierno catalán para pactar. Él entraba en el Gobierno catalán para exigir para Cataluña el rango de nación, con las atribuciones de cuasi Estado, que piensa le corresponden.

Desde entonces, Maragall no ha hecho otra cosa que ofrecerle tributos en ese camino, sin que ninguno le haya satisfecho del todo. De hecho, es un rehén de Carod. Por haber perdido las elecciones, no lo olvidemos. La cosa se ha complicado hasta el extremo de convertirse en laberíntica con el rocambolesco triunfo del PSOE en las elecciones generales.

Y no me refiero sólo al impacto que tuvieron los atentados del 11-M en los votos, que sólo los ciegos aposta se empeñan en negar. Me refiero a la aritmética parlamentaria que ha quedado. El PSOE necesita los 21 parlamentarios catalanes del PSC para gobernar en España, mientras el PSC necesita los 23 parlamentarios de ERC para gobernar en Cataluña. Reducido a nombres, quedaría en que Zapatero depende de Maragall y Maragall depende de Carod-Rovira. Ergo, Zapatero depende de Carod. No queríamos que Pujol fuese el árbitro de la política española, y resulta que es Carod-Rovira. Miren ustedes lo lejos que nos ha llevado la falsedad que Maragall había ganado las elecciones catalanas.

Pero las falacias acaban siempre por presentar factura. Con altos intereses. Todo lo que han hecho Zapatero y Maragall desde entonces no es otra cosa que ensayar fórmulas para contentar a Carod Rovira. Lo de dejar a las comunidades autónomas reformar sus propios estatutos. Lo de citar en la Constitución por su nombre a Cataluña como nacionalidad histórica. Lo de adjudicarle el título de nación. Lo de dar a las Autonomías derecho a veto en los asuntos que les afecten. Lo de desenterrar la vieja Corona de Aragón y otras muchas cosas que vendrán, estén seguros de ello. Sin que ninguna de ellas acabe de satisfacer a Carod, que, como republicano que es, tiene alergia a los reinos, sobre todo si son medievales, y como nacionalista, no se contenta con títulos, quiere soberanías. Cuantos más caramelos le ofrecen, mayor es su displicencia, al sentir el peso de su poder, en Barcelona y en Madrid.

Alguien ha definido la política democrática como un juego de chantajes, en el que gana aquel que tiene las mejores cartas. En la actual política española, las tiene Carod-Rovira, ya que de él depende el Gobierno catalán, y del Gobierno catalán, el Gobierno español. ¿Qué van a hacer Maragall y Zapatero? Pues no tienen más remedio que seguir haciendo lo que han hecho los últimos meses: ofrecer regalos cada vez más suculentos a Carod, con la esperanza de que, finalmente, acepte participar en el diseño de una nueva ordenación territorial española. ¿Lo conseguirán? De momento, no hay señales de ello.

Cuanto le ofrecen le parece insuficiente y Carod, tal vez por el Pérez que tiene como primer apellido, no es uno de esos catalanes pactistas con los que acaba uno entendiéndose a medio camino. Él se ha fijado unas metas, que están fuera de la actual Constitución española, y no hay quien le mueva de ahí. Mientras tanto, las ofertas de Maragall y Zapatero, esos globos sonda que se lanzan cada lunes y cada martes desde la Moncloa y la Plaza de Sant Jaume, no hacen otra cosa que sembrar la confusión y debilitar un Estado como el español, afectado de aluminosis. Pues si bien esos regalos no acaban de satisfacer a Carod, el impacto en nuestra Constitución, en nuestro ordenamiento territorial, en las competencias del Estado y en la función de las Autonomías es demoledor.

Todo está en el candelero, nada es ya seguro. Nos hallamos en un laberinto, con demasiados caminos, ninguno hacia la salida. Nadie es capaz de decirnos si vamos a seguir rigiéndonos por las mismas normas, leyes ni criterios. Si el próximo Senado será una cámara nacional o regional, si España será una nación o una nación de naciones, si, a la postre, nos gobierna Zapatero, Maragall o Carod-Rovira. A esto nos ha llevado la mentira de que Maragall ganó las elecciones catalanas.

La verdad sigue pendiente
Ignacio Villa Libertad Digital 7 Septiembre 2004

La Comisión parlamentaria sobre el 11 de marzo aparece de nuevo en el horizonte político, y aparece con una evidente dosis de contrariedad para la clase política española. Nuestras señorías no ocultan que volver otra vez sobre la historia de lo que se vivió aquellos días en España no les resulta cómodo. No hay duda sobre los motivos por los que los socialistas no quieren más investigaciones, tienen verdadero miedo que se sepa lo que ocurrió entonces. No se entienden sin embargo algunas "tibiezas" que se perciben desde el Partido Popular, más preocupado por echar tierra encima y no revolver más el pasado.

A estas alturas de la historia existen pocas dudas. La verdad sobre lo ocurrido el 11-M no se ha aclarado en las sesiones del mes de julio de la Comisión de Investigación. Es más, la sombra es cada vez mayor y las dudas sobre muchas actitudes y muchas actuaciones ofrecen alarmantes interrogantes. El PSOE quiere cortar de raíz toda aclaración y no quieren dejar ninguna puerta para la claridad. Algo que por otro lado no nos sorprende. Y es que Alfredo Pérez Rubalcaba sabe que tiene mucho que ocultar y que en todo caso por mucho que intente echar balones fuera es plenamente consciente de lo que ocurrió el 13 de marzo, cuando rompió el día de reflexión en una actitud sin precedentes en la democracia española.

Lo que es más llamativo es que desde el PP se insiste en que continúe la Comisión de Investigación, pero unos lo hacen con la boca pequeña, otros poniendo límites a las comparecencias y otros teorizando sobre lo bueno y lo malo pero sin mojarse. En este sentido es de agradecer la claridad y la contundencia de Ángel Acebes que reclama que la Comisión tiene que seguir hasta el final con todas las consecuencias.

Allá los políticos con sus películas, pero los ciudadanos no nos podemos contentar con sus viejas y sabidas componendas. Es necesario que se sepa toda la verdad, sin matices y sin paréntesis. Y lo que nadie puede discutir es que la verdad sigue pendiente. El PSOE delata sus miserias dando como algo seguro que la comisión ha terminado, pero el PP no debería permitirse la ambigüedad en una cuestión capital. Cerrar en falso el 11 de marzo pasará factura. La experiencia así lo dice.

TRISTE FINAL DE LA COMISIÓN
EDURNE URIARTE ABC 7 Septiembre 2004

Dado el alcance del trabajo realizado hasta ahora por la Comisión del 11-M, la pretensión de cierre mostrada por la mayoría de sus miembros en vísperas de la reunión de hoy resulta difícil de justificar. Incluso se convierte en deplorable en el contexto del sangriento atentado de Osetia de Norte cometido por un terrorismo de idéntica base ideológica que el del 11-M, conectado a la misma red internacional y con objetivos compartidos; los cientos de asesinados allí nos recuerdan el asunto central que esta Comisión supuestamente trataba, el terrorismo fundamentalista. Supuestamente porque, en la práctica, la amenaza terrorista se convirtió muy pronto en una cuestión secundaria, en una sombra amenazadora cada vez más lejana, en una introducción del asunto vital para los comisionados, si el Gobierno informó con veinte minutos o dos horas de retraso y si la policía adivinó la pista correcta de los culpables en cuatro o en ocho horas.

Hay paralelismos, en Estados Unidos, por ejemplo, aunque no en la Comisión del 11-S, sino en el famoso documental de Michael Moore, Fahrenheit 9/11, convertido en interpretación de cabecera sobre terrorismo de una parte de la izquierda occidental: dos minutos de borrosas e huidizas imágenes del atentado del 11-S y 118 minutos sobre las culpas del Bush; y aún más este mismo fin de semana: más de cuatrocientos asesinados, en su mayor parte niños ametrallados en su desesperada huida por terroristas fanatizados y totalmente cerrados a cualquier negociación, y una buena parte de los medios de comunicación dedicada a debatir si Putin ordenó o no ordenó el asalto de los soldados.

La incongruencia ya comenzó a dibujarse en las horas posteriores al atentado cuando el asunto central dejó de ser el crimen en sí mismo y se convirtió en la calidad informativa del Gobierno o cuando una parte de la responsabilidad fue trasladada de Al Qaeda a Aznar. La Comisión no ha hecho más que continuar por esa senda; aparcó a los asesinos en algún lejano lugar y se aplicó a escudriñar con entusiasmo si los atacados reaccionaron con la precisión debida. Pero la guinda de la incongruencia es esa pretensión de acordar unas conclusiones compartidas sobre lucha contra el terrorismo fundamentalista. Tardamos veinte años en llegar a un consenso antiterrorista contra ETA y esta Comisión, que ni siquiera ha intentado un diagnóstico sobre el terrorismo fundamentalista y mucho menos ha abordado las políticas antiterroristas, pretende construir la unidad antiterrorista en una semana.

Todo esto no es más que un reflejo del ambiente político y social que nos envuelve tras el 11-M y que va más allá de la Comisión: intento de olvido del atentado y su significación, conversión de Al Qaeda en un problema externo y lejano y sustitución del debate sobre los grandes problemas por la pequeña política, intrascendente pero menos arriesgada.

Arzallus
Presoak kalera
José García Domínguez Libertad Digital 7 Septiembre 2004

La suya es una religión simple; de las pocas cuyas enseñanzas y misterios están al alcance de cualquier imbécil. Ocurre así porque el papa negro del Cantábrico exige a su rebaño creer en un único dogma de fe. Unos deben mover el árbol para que otros puedan recoger las nueces. En ese mantra empieza y acaba la teología contenida en el minúsculo catecismo de nueve milímetros (parabellum) que deben memorizar los feligreses. Eso es todo. Así de sencillo.

Casualmente, el once de marzo, hasta los moritos de Lavapiés se animaron a agitar unas cuantas ramas, y desde la copa cayeron doscientas nueces. Aunque nada tuvieron que ver con el prodigio que acaba de anunciar Arzalluz. Porque asegura éste que, a partir de ahora, el tronco va a moverse por su cuenta; no hará falta ni empujarlo, ni talarlo, ni volver a arrimarle unas mochilas cargadas con Goma-2. Como en el país de Jauja que se promete a los gudaris cuando terminen la travesía por la kale borroka, la cosecha se recogerá sola, sin que sea necesario mover un dedo ni para empujar un gatillo.

También casualmente, después del once de septiembre, Rodríguez agasajará en La Moncloa con todos los honores al tío del mostacho como diría Alfonso Guerra. Carod Rovira ha exigido este momento y ese escenario para salir del armario por la puesta grande, con su alfombra roja, su banderita al lado de la columna y su no me arrepiento de nada grabado en la sonrisa. Pero tampoco debe tener ello relación con la buena nueva que anuncia el sumo pontífice del culto a la boina. Como igualmente cabrá atribuir al azar lo del hermanísimo Apeles, que acaba de ponerle despacho y secretaria a uno que fue de taquígrafo a Perpiñán. A fin de cuentas, Carod no era más que el segundo de Maragall al descubrirse aquello. Un mandado que, de paso, algunas nueces trajo en su cestito camino de vuelta als Països Catalans. Por algo su superior se portó y estuvo a punto de escindir al PSOE con tal de evitar que se lo cesaran.

Hoy, el independentista del mostacho dice que no se debe criminalizar a los criminales si son nacionalistas. Maragall, que no hay que criminalizar al independentista del mostacho. El independentista del mostacho, que no hay que criminalizar a Rodríguez. Y el presidente de Este País no dice nada. Ni se atreve a pronunciar una elemental frase de sólo dos palabras: Arzalluz miente.

Arzaluz no ha inventado sus declaraciones porque es demasiado tosco hasta para eso. Y la dirección del PSOE lo ha desmentido sin acusarlo de calumniador, porque hasta para eso son demasiado cínicos. A estas horas, Carod está feliz; Bargalló, entusiasmado; la Comisión del 11-M, finiquitada; Bono, explicándole a un afgano que él es hijo de Pepe, el de la tienda; los últimos que golpearon con fuerza el tronco, con el profeta y disfrutando de las huríes; los asesinos de Miguel Ángel Blanco, seguramente, brindando con cava del Penedés en su celda; Maragall, casualmente, de viaje oficial en… Argelia. Y España, pendiente de Raúl.

Moratinos
El terrorismo devaluado
GEES Libertad Digital 7 Septiembre 2004

El gobierno Zapatero sigue dando pruebas de decir una cosa y lo contrario sin rubor alguno. Ahora, por ejemplo, el flamante ministro de asuntos exteriores, Miguel Angel Moratinos, declara a la prensa que piensa crear una unidad especial en su departamento específicamente dedicada a la lucha contra el terrorismo. Lo que no dice es que dicha unidad ya existía bajo el gobierno de Aznar y que él mismo ordenó desmantelar cuando Zapatero acabó instalado en La Moncloa. Moratinos también dice que Europa debe prepararse para una contingencia mayor de un ataque terrorista, cuando hasta ahora la asunción del gobierno socialista era que el 11-M se debió a la política de Aznar y que, una vez librados del anterior jefe de gobierno, poco o nada teníamos que temer del terrorismo islámico. Debe ser la influencia francesa, toda vez que el país vecino se ha movilizado a causa del secuestro de sus dos nacionales en Bagdad.

Paralelamente, el actual gobierno ha recibido con mil amores el informe de las Naciones Unidas sobre la financiación de atentados terroristas y en el que se estima que el 11-M costó la increíblemente baja suma de 8.532 dólares. A los socialistas eso le parece la mejor prueba de que cualquiera puede cometer una atrocidad semejante sin que esté necesariamente vinculado a la red de Al Qaeda. Pero se equivocan. Esa cifra no es creíble ni seria, sencillamente. Se ha calculado según el coste de los materiales empleados el fatídico día, pero no se ha tenido en cuenta la fase de preparación del ataque en Madrid. De acuerdo con la metodología usada, el 11-S habría costado menos de 6.000 dólares, el coste de los billetes de los 19 secuestradores y la noche de hotel previa para algunos de ellos. Pero sabemos que la fase de preparación fue exigió mucho más recursos que la propia ejecución. La comisión bipartidista coincide con el FBI en cifrar el coste en medio millón de dólares. En cualquier caso, una cifra ridículamente baja en comparación con el daño causado.

Al gobierno socialista le viene bien pensar en un fenómeno de terrorismo espontáneo, sin conexiones con el exterior por muchas razones. Para empezar cuadra muy bien con su visión de los terroristas como simples criminales, a los que oponer la acción policial. Por otro lado, exime de una acción exterior más enérgica, puesto que la autofinanciación de las células terroristas es factible. Pero incluso en un atentado tan barato como el 11-M, se sabe ya de las múltiples conexiones de los terroristas con otros homólogos en el extranjero. Y cabría preguntarse por la formación de cada uno de ellos y quién la pagó.

Suele decirse que el terrorismo moderno se ha separado de los Estados, en una nueva fase de este fenómeno. Sin embargo, ni siquiera las arcas de Bin Laden podrían administrar la red que ha creado si no recibiera una notable cantidad de dinero que se genera y canaliza desde los ricos estados del Golfo, comenzando por Arabia Saudí. Además, basta ver el ejemplo de Afganistán para comprender que una red de terrorismo tan extensa como Al Qaeda requiere de santuarios geográficos concretos para canalizar y entrenar el flujo de sus nuevos miembros. De ahí que el apoyo de determinados estados siga siendo muy importante, sino vital, para el terrorismo global. Pero, claro, eso no lo quiere ver Moratinos ni Zapatero porque conllevaría algún tipo de acción a escala internacional y no sólo la de algún juzgado de instrucción de Madrid. Al gobierno le viene de perillas la imagen de un terrorismo devaluado porque le permite seguir ausente de la escena internacional. Con todo, convendría preguntarle qué está haciendo para evitar que unos desalmados, con 6 mil dólares en sus bolsillos, nos maten de nuevo a 200 personas.
GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

Pactar con la ETA
Isabel Durán Libertad Digital 7 Septiembre 2004

Nos encontramos en un punto de inflexión donde se puede arrinconar definitivamente a la Bestia o se le puede hacer resurgir de sus cenizas "Tienen dos meses de plazo para dimitir o marcharse o los exterminaremos uno a uno" amenazaron los asesinos de la organización terrorista ETA, a través de su órgano de expresión Zutik, tras la muerte de Franco. Fue su primer plan de exterminio de las autoridades civiles en el País Vasco. Dicho y hecho. Dos presidentes de diputación y varios alcaldes fueron asesinados. Un gran número de regidores fueron obligados a emigrar. Durante la negociación del Estatuto y la celebración de las primeras elecciones autonómicas, los sicarios pusieron en práctica la limpieza étnica contra la UCD, sus representantes cayeron como chinches y los terroristas provocaron la práctica disolución del partido en las tres provincias vascas. Desaparecidos prácticamente del mapa, en 1986 la derecha representada por Alianza Popular obtuvo sólo dos diputados.

A partir de la muerte de Gregorio Ordóñez y del fallido intento de asesinato de José María Aznar en 1995, los etarras iniciaron su tercera y bestial arremetida. Los representantes del partido socialista junto a los populares se llevaron la peor parte. Con gran esfuerzo y sacrificio, centenares de hombres y mujeres se mantienen hoy firmes entre la hostilidad nacionalista y las balas de la banda terrorista.

La ETA, –que había iniciado su andadura de terror a finales de los cincuenta no por la idealizada lucha contra el dictador, sino por sembrar el terror contra cualquier sistema de gobierno que se estableciera en España, por el mero hecho de ser español– va a seguir su vil y macabra trayectoria con el Plan Ibarreche. Del calentamiento tras el 11-M (Balza dixit) al tiro en la nuca o mochila bomba con gran número de víctimas mortales sólo es cuestión de tiempo. Habrá próximos atentados. Caerá más sangre de inocentes. Nos encontramos en un punto de inflexión donde se puede arrinconar definitivamente a la Bestia o se le puede hacer resurgir de sus cenizas. Nunca antes se había reducido a la banda de sicarios a su esqueleto, como ahora. Nunca antes se habían sentido acosados, infiltrados y faltos de libertad de movimientos como ahora. Sólo manteniendo la diligente, laboriosa y meritoria lucha policial y judicial llevada a cabo en los últimos años se puede seguir disolviendo la trama etarra cual azucarillo. Sólo el mismo grado de cooperación internacional en la persecución de los pistoleros y quienes les apoyan conseguirá que no encuentren fácil acomodo fuera de nuestras fronteras. Sólo la unidad de todos –PP y PSOE– contra el terrorismo puede mantener a la ETA contra las cuerdas. Porque sólo la unión de todos esos factores hará que la ETA desaparezca. Así de fácil o de difícil.

No fue el guardia de tráfico José Pardines su primera víctima, sino una pobre niña Begoña Urroz asesinada en junio de 1960 en la estación donostiarra de Amara, y la ETA no fue paladín de las libertades contra la dictadura. Desgraciadamente, la mistificada y edulcorada historia de la banda asesina ha hecho que durante todos estos años su terrorismo encuentre acomodos, connivencias y suculentos negocios en los recovecos del nacionalismo, especialmente desde la instauración del régimen del PNV en el gobierno de la comunidad autónoma. Por eso el aliento de los dirigentes independentistas catalanes para restablecer la sucursal política de los asesinos, con todos sus parabienes, con el nuevo flujo de dinero de todos los españoles, y sus ansias de pactos con los terroristas sólo pueden deshacer lo andado y volver al resurgimiento de una ETA fuerte y exterminadora.

Yo se los presento
Alfonso Ussía La Razón 7 Septiembre 2004

Si mi admiración y afecto le perjudican, poco puedo hacer para remediarlo. Me refiero a la admiración y el afecto que le profeso al presidente de la Junta de Extremadura, Juan Carlos Rodríguez Ibarra. Mucho respeto también, a pesar de las normales discrepancias que nacen de las distancias ideológicas pero no nublan los entendimientos.

Respeto por ser un político que se mantiene desde los primeros llantos de la democracia mayoritariamente, apoyado por los votos de los extremeños. Y ninguna distancia, de ahí mi afecto por su contundente valentía, en cuanto aparece cualquier atisbo de intención de pulverizar el concepto de España. Rodríguez Ibarra ha sido y es de los pocos dirigentes socialistas que han superado el estúpido síndrome del desafecto estético al sentimiento de la Patria, bellísima voz.

Cometería injusticia por omisión si no recordara a otros socialistas, como Francisco Vázquez, José Bono, y Nicolás Redondo Terreros, entre otros, también vencedores de la necia epidemia.

Ahora, con las reformas estatutarias y el modelo de Estado en discusión, Juan Carlos Rodríguez Ibarra ha manifestado su deseo de «conocer a los que desean romper España para saber con quién me estoy jugando los cuartos».

Me brindo a presentárselos, si bien creo que a más de uno lo conoce perfectamente y desde hace mucho tiempo. Ahí tiene al compañero Pachi López, cada día más apegado al vicio acariciador del nacionalismo vasco. No creo que López quiera romper España, pero se lleva mucho mejor con quienes desean destrozarla que con los vascos que resisten y se juegan la vida y el futuro por manifestarse españoles, una buena parte de ellos, socialistas.

Le puedo presentar a Ibarreche y compañía, pero no lo estimo necesario. Rodríguez Ibarra conoce de sobra con quién se juega los cuartos cuando tiene ante sí al «Lehendakari». Y le puedo presentar, pero le va a parecer ridícula mi buena intención, a Pasqual Maragall y a sus socios del Tripartito catalán. Con Maragall no se jugará los cuartos porque a sus espaldas ya lo está haciendo Rodríguez Zapatero.

Pero si Rodríguez Ibarra, en una tarde melancólica del otoño que se avecina, repasa las declaraciones y manifestaciones de Maragall, de Montilla, de Carod-Rovira, de Puigcercós o de su actual «conseller en cap», sabrá a ciencia cierta quiénes quieren romper España y cuántas posibilidades tienen de conseguirlo.

La reforma de la Constitución es la llave para llevar a buen puerto el espíritu secesionista, o soberanista, o separatista que es como siempre se ha llamado al que se quiere separar. Que eso del Estado catalán dentro del Estado español queda muy bien, pero como un Estado no cabe dentro de otro, lo que pretende Maragall no se lo cree ni la madre que le parió, escrito sea con todo mi respeto y haciendo uso, dentro de mi calidad de español mestizo –vasco, castellano, catalán y andaluz–, de mi arrebato gaditano. Me brindo a presentárselos, pero no es necesario. Los tiene a mano. Quede con ellos.

Vuelta al déficit
Presupuestos de rojo
Emilio J. González 7 Septiembre 2004

El PSOE ha regresado al poder con la misma vocación de gastar que caracterizó a los gobiernos socialistas de la década de los ochenta y la primera mitad de la de los noventa. En este caso, parte es por convicción ideológica y parte por las necesidades políticas que el mismo PSOE se ha creado con Esquerra Republicana de Cataluña e Izquierda Unida. Pero lo cierto es que el equilibrio presupuestario, que tanto costó alcanzar y que tantos parabienes ha deparado en forma de crecimiento económico, empleo y mejora del bienestar de la sociedad, parece sentenciado a muerte por mucho que desde el Ministerio de Economía lo nieguen.

El secretario de Estado de Hacienda, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, dijo el pasado mes de julio que el presupuesto de 2005 volvería al equilibrio presupuestario, después del déficit que prevé Economía para este año. Pero todo apunta a que el próximo ejercicio volverá a caracterizarse por los números rojos en las cuentas públicas. De momento, los compromisos adquiridos por el PSOE con ERC e IU para que apoyen en el Congreso de los Diputados el proyecto de presupuestos que presente el Gobierno suponen 2.000 millones de euros adicionales de gasto. A ellos hay que sumar los 400 millones que costará la subida de las pensiones anunciada el domingo por el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. También hay que añadir las promesas, todavía sin cuantificar, de más gasto público en becas, en inversión en investigación y desarrollo, las ayudas al cine, las políticas de vivienda y todo un sin fin de compromisos adquiridos tras las elecciones generales que cuestan dinero... por no hablar de lo que pedirán Coalición Canaria, Convergencia y Unión y el Partido Nacionalista Vasco, cuyos votos necesitarán los socialistas en el Senado para sacar adelante los presupuestos. En la dinámica en que se encuentran en estos momentos las cosas, ese apoyo probablemente costará más dinero.

El aumento del gasto público, en sí mismo, no sería preocupante para el equilibrio presupuestario si los ingresos impositivos fuesen a crecer al mismo ritmo que los pagos. Pero, hoy por hoy, parece que las cosas no van a ser así. La economía crece, pero en el horizonte se vislumbran signos que hablan de desaceleración del crecimiento, del que tanto dependen las entradas de dinero en las arcas de Hacienda. Las exportaciones siguen sin remontar el vuelo y, para colmo de males, nuestra principal industria, el turismo, está dejando de ser la gallina de los huevos de oro porque el modelo de sol y playa no da más de sí. ¿De dónde procederán, entonces, los ingresos fiscales para compensar los mayores gastos? Probablemente, de ningún sitio.

La historia, por desgracia, no acaba aquí. Todo lo anterior es la fotografía del momento, pero también hay que mirar hacia el futuro, y en él aparece el agotamiento del modelo de crecimiento económico de los últimos años si no hay medidas, que por ahora no existen, para darle un nuevo impulso. Los expertos ponen fecha a este final en la primavera de 2005, lo que no significa que la economía española vaya a entrar en crisis, sino tan sólo que, a partir de entonces, perderá el diferencial de crecimiento a su favor que hasta ahora mantenía con la Unión Europea y el ritmo de la actividad productiva española perderá pulsaciones, lo que también afectará de manera negativa a los ingresos presupuestarios.

En consecuencia, todo apunta a que el año próximo volverán a reinar los números rojos en el saldo presupuestario, por mucho que el Gobierno pueda presentar ahora un proyecto de cuentas públicas equilibrado. Pero, ya se sabe, el papel lo aguanta todo. Además, esto no es ninguna sorpresa. A pesar de los loores que han dedicado al déficit cero tanto el vicepresidente económico, Pedro Solbes, como el director de la Oficina Económica de la Presidencia del Gobierno, Miguel Sebastián, las palabras de otros destacados dirigentes del PSOE apuntaban claramente a la ruptura deliberada de la política de equilibrio presupuestario con el argumento de que el déficit cero es un concepto para el conjunto de la legislatura, no para mantenerlo año tras año. Suena bien. El problema es que incurrir en el desequilibrio presupuestario es muy fácil; lo difícil es volver a restaurarlo, sobre todo cuando en estos momentos se están sentando las bases para una dinámica de crecimiento del gasto público difícil de parar. La economía española no tardará mucho en empezar a pagarlo en cuanto se ponga en marcha.

No hay lugar de encuentro sin cambio
RAFAEL AGUIRRE El Correo  7 Septiembre 2004

Es propio del verano el benéfico ejercicio de tomar distancia. Pero el lehendakari nos lo pone difícil y es que el hombre no ha dejado de repetir siempre lo mismo en todas sus intervenciones estivales, ya fuesen actos religiosos, corridas de toros o foros empresariales. Lo que ha repetido con un lenguaje sencillo y machacón (ya se sabe: «hay que pisar donde pisa el buey») es que nos preparemos para el período 'ilusionante y decisivo', que está a punto de inaugurarse. La verdad, a mí no me ilusiona nada, sino que me aburre soberanamente reiterar argumentos y palabras en el marco estrecho y obsesivo en que el nacionalismo se empeña en encerrar a la sociedad vasca. Pero me parece mejor no desistir, que gritar, callar o escapar.

Un compañero de la Universidad, a quien aprecio sinceramente, parlamentario del PNV en el Congreso de los Diputados, escribió no hace mucho en estas mismas páginas un artículo en que, tras reafirmar la caducidad del Estatuto, en su opinión por culpa exclusiva de los sucesivos gobiernos centrales, afirmaba la necesidad de encontrar un «punto intermedio» (tal era el título del escrito) para hacer posible la convivencia entre las diversas posturas existentes en la sociedad vasca. Y añadía que este punto habría de buscarse «teniendo como referencia en un extremo los proyectos de los partidos nacionalistas y en el otro el actual Estatuto». Me sobresalté ante lo que me pareció una trampa dialéctica, porque tan injusta colocación de los extremos determina el lugar donde pueda encontrarse el ansiado 'punto intermedio'. Además del reconocimiento, implícito pero nada irrelevante, de que los proyectos de todos los nacionalistas deben ser tan afines que se pueden situar en un mismo extremo.

La citada afirmación, la del sobresalto, se olvida que el actual y vigente Estatuto no representa el proyecto de los partidos no nacionalistas, sino que fue un lugar de encuentro muy amplio entre los vascos precisamente porque no era el proyecto partidista de ninguno. Fue un pacto muy positivo, no a pesar de que exigió renuncias o todos, sino precisamente por eso y porque así a todos nos enseñó a aceptar a los diferentes y nos enriqueció con la diversidad que es la sustancia de la democracia. Los griegos decían que la concordia en la ciudad dependía de la 'constitución mestiza' ('mikte politeia'). Totalmente diferente a la identidad unívoca de la tribu. El transcurso del tiempo ha dejado patente el carácter totalitario de la ideología que no aceptó en su día el Estatuto de Gernika. ¿Cómo puede identificarse el Estatuto con el proyecto partidario de la UCD, de socialistas o comunistas? ¿Quién cedió más en aquel momento?

No voy a discutir las quejas nacionalistas por las insuficiencias en el desarrollo del Estatuto, que pueden tener buena dosis de razón, como tampoco entro en las dificultades técnicas y en las responsabilidades de todas las partes. Porque creo que el problema es previo y más hondo y consiste en que -por la competencia en el campo nacionalista, por la pugna por demostrar quién es más intransigentemente puro, por la presión de los radicales y la atracción de sus votos- se ha ido ocultando y desvirtuando la naturaleza del Estatuto y se le ha presentado como un mero pacto con el Estado, como una carta otorgada, como algo arrancado por la fuerza, cuando no por la violencia. Se ha ocultado su realidad más profunda y valiosa: el Estatuto fue, ante todo, repito, un pacto muy amplio entre vascos de diferentes ideologías, hecho posible por el espacio abierto por la Constitución española, que erigía por vez primera en la Historia una entidad política vasca unitaria y abría la posibilidad de construir una nación entendida como una sociedad democrática, con una conciencia diferenciada y que se reconocía en unas instituciones comunes. Pero la estrategia del nacionalismo es disfrutar de las ventajas de ser, al mismo tiempo, gobierno y oposición. Como gobierno se erigen los propios símbolos en los oficiales de la comunidad, se copan las instituciones y la administración en el momento clave de su instauración, se crea una red clientelar; como oposición, se cultiva la frustración y el victimismo contra 'Madrid' para cerrar filas y no asumir responsabilidades. Pero el nacionalismo tendría que preguntarse cómo es que, a pesar de detentar el poder durante todo este tiempo, no ha conseguido aumentar las adhesiones a sus planes y, lo que es más grave, por qué la convivencia en nuestra sociedad está hoy más disgregada y rota política e ideológicamente que hace veinticinco años.

Son muchos los factores que aconsejan una revisión del Estatuto, pero no es aceptable deslegitimarlo y actuar como si no estuviese vigente. El plan Ibarretxe es una auténtica ruptura política, porque no respeta los cauces que el sistema democrático establece para su reforma. Es un plan que pretende, ante todo, reagrupar al mundo nacionalista y satisfacer los postulados ideológicos de quienes siempre deslegitimaron la transición democrática y sus instituciones. El mencionado plan es un instrumento de cohesión -imposible a la larga, en mi opinión- de la tribu nacionalista hacia adentro, pero que lleva necesariamente a la confrontación y división social. El tono es melifluo, pero la invocación directa al propio pueblo como recurso talismán, que pasa por encima de las instituciones y de la voluntad de otros afectados (la relación con otro, sobre todo si se pretende 'amable', no puede depender nunca de la decisión unilateral de uno) tiene un inconfundible aire caudillista. El Estatuto está vigente y toda transformación tendrá que hacerse a partir de sus previsiones y contenidos. Tomar el texto del plan Ibarretxe como base de la discusión parlamentaria de una nueva formulación legal de la convivencia entre los vascos y en España -es mi muy discutible opinión- no respeta lo que implica la vigencia del Estatuto.

En Euskadi no hay ni dos frentes ni dos comunidades. Hay una comunidad nacionalista definida por sus ritos, mitos, sentimientos, relaciones y señales de reconocimiento, a la que muchos se adhieren sinceramente, pero otros muchos se pliegan por conveniencia o presión social, pero no tiene enfrente otro bloque compacto en sus señas de identidad: lo que hay son ciudadanos, individuos, sí individuos y a mucha honra, con una pluralidad enorme de ideas, políticamente versátiles, pero que no están dispuestos a profesar la religión civil, que no cívica, que el nacionalismo presupone.

Hay cambios más sencillos y urgentes que el de los textos legales básicos. Veinticinco años de gobierno ininterrumpido crean una mentalidad patrimonialista, redes clientelares, inercias, complicidades insanas y dificulta la renovación de ideas y proyectos. En Euskadi es necesario una política menos ideologizada, una promoción no exluyente de las identidades y un proyecto político integrador de las diferencias. El nacionalismo vasco tiene pendiente algo que los partidos democráticos europeos ya han realizado: la actualización de sus decimonónicos fundamentos ideológicos sabinianos. Difícilmente lo harán desde el poder. Sin alternancia la democracia se corrompe.

Ninguna persona es políticamente imprescindible y ningún poder eterno o inevitable. El mito contrario suele inculcarse por los dictadores o por los grupos que se tienen por la encarnación de las esencias del pueblo o de la revolución. Pero hemos visto derrumbarse este mito ante nuestros ojos. Ni el franquismo era eterno, ni ETA invencible, ni el PRI insustituible, ni el bloque comunista inamovible. La libertad y la razón pueden siempre cambiar las cosas. Y en el País Vasco es hora de cambiar para establecer no ya un inestable punto intermedio, sino un estable lugar de encuentro, que haga posible una convivencia plural y una cultura no sectaria.

Psicosis (the return)
SANTIAGO GONZÁLEZ  El Correo 7 Septiembre 2004

Puede parecer sorprendente que ayer, en el comienzo del curso político, la radio amiga entrevistase a quien ha sido dirigente indiscutible del partido-guía durante los últimos 25 años, Xabier Arzalluz. Descabalgado hace unos meses de la presidencia del partido, este hombre cayó a la base sin paracaídas. Nos extrañaba a los profanos que un político con su experiencia no tuviera un puesto en el Euzkadi buru batzar, en el Bizkai, o al menos, un asiento en la asamblea del partido en calidad de representante. Pues nada.

¿Qué hacía un afiliado de base en día tan señalado en Radio Euskadi? Lo que mejor sabe: sacudir estopa dialéctica a tirios y troyanos, con una terminología a medio camino entre el chismorreo y la metáfora violenta, una imaginería encanallada que sería festín para un congreso de psicoanalistas y que desvela su íntima perversión, su oscuro objeto de deseo: «Hay un cartucho en la recámara, que no son sólo las próximas elecciones de mayo, sino el referéndum», dijo para explicar a los suyos la función del plan Ibarretxe. No es una improvisación. Hace más de 25 años, en enero de 1979, se ponía así de pedagógico con los jóvenes del partido, durante la presentación de EGI en Vizcaya : «Alcanzar los más altos puestos en la enseñanza, magistratura, investigación, así como el trabajo diario son el (sic) verdadero goma-2».

Muy a menudo se expresa como si los artilugios de matar y los instrumentos de la política fueran herramientas estrictamente sustitutivas, como si una de las peores características de ETA fuese su falta de coherencia: «Un día, un despistado jovenzuelo de ETA le manda un tiro, aunque no le mató afortunadamente, a un gendarme y ETA pide disculpas al Gobierno francés. Entonces, ¿cómo explica ETA que ellos, el medio que han establecido para conseguir fines políticos, no lo aplican en Iparralde y sin embargo, Ibarretxe tiene que aplicarlo en todo el territorio? ¿Por qué?». Es que la raza degenera, don Xabier, aunque esto no es de ahora. Hace más de tres años, en enero de 2001, ETA asesinó en San Sebastián a Ramón Díaz, cocinero de la Comandancia de Marina. Unos días después, al reinaugurar (sic) el batzoki de Abando, Arzalluz confesó no haber entendido nunca a ETA : «Y ahora menos. Le ponen una bomba porque es cocinero, ¿es que no llegan a más? Porque, puestos a hacer algo, entiendo yo que debían destruir el poder contra el que están». ¿Y por qué lo sacan de casa? se preguntará usted, si es una de esas almas benditas que creen en el talante como un bálsamo de Fierabrás para hacer frente a los conflictos.

En la tragicomedia vasca, Arzalluz interpreta a la mamá de Norman Bates en 'Psicosis': una mojama arrinconada en el desván hasta que el joven hostelero encarnado por Anthony Perkins considera llegada la hora de acojonar a las visitas. ¿Qué gamberrada!

Investigación parlamentaria
Editorial El Correo  7 Septiembre 2004

Hoy se reanudan los trabajos de la comisión parlamentaria de investigación sobre los atentados del 11 de marzo en Madrid, que fueron interrumpidos por vacaciones a finales del pasado mes de julio. Y, según lo acordado entonces, los comisionados deberán decidir ahora si se aceptan o no nuevas comparecencias, antes de abordar la redacción de las conclusiones. Un hecho que podría marcar el desenlace final de la comisión y la percepción de la misma por parte de los ciudadanos.

Los partidos minoritarios reclaman la presencia de José María Aznar, presidente del Gobierno en el momento del atentado múltiple, pero las dos grandes formaciones no manifiestan el mayor interés -tanto Mariano Rajoy como José Blanco así lo expresaron ayer en términos inequívocos-, si bien quieren cargar al adversario con la responsabilidad de negarse a ella. El PP traslada al PSOE, que controla a la mayoría parlamentaria, la decisión de citarle ante los comisionados y el PSOE afirma que ha de ser el PP el que decida si el ex presidente puede o no aportar datos relevantes. Rajoy no es muy favorable a que la vuelta de Aznar a primera línea del panorama político afecte a los preparativos del inminente congreso de octubre del PP, y Zapatero parece desear que las energías políticas se gasten en otros asuntos.

Si el PSOE y el PP superan el temor al reproche social por cerrar en falso la investigación del 11-M se consumará un nuevo episodio que pone en cuestión la capacidad de la institución parlamentaria para alzarse por encima del interés de los partidos y ofrecer a los ciudadanos la garantía de que cuando abre una investigación el proceso tendrá rigor y conclusiones prácticas. Además, todo apunta a la imposibilidad de consensuar un dossier de conclusiones. En estas circunstancias, es evidente que las grandes preguntas que se ha formulado la ciudadanía -qué paso realmente el 11-M, cómo fue posible que ocurriese y qué se ha hecho para que no vuelva a suceder- quedarán fatalmente sin respuesta adecuada, y el único fruto que resultaría de la frustrada 'investigación' sería, en el mejor de los casos, un nuevo pacto antiterrorista, dirigido específicamente al islamismo radical.

Puesto que no hay que hacerse demasiadas ilusiones sobre el desenlace de este trámite, al que las dos grandes fuerzas se vieron abocadas por la presión de la sociedad civil, lo mejor será cerrar cuanto antes una instancia política cuyo devenir sólo ha servido para mostrar alejamiento entre la opinión pública y algunos imperfectos mecanismos de su sistema de representación. La Justicia y la investigación periodística tendrán a partir de entonces la responsabilidad de desentrañar los muchos cabos sueltos de la trama que activó las mochilas de la muerte en la mañana del 11 de marzo.

El Foro Ermua censura al PSOE por la vuelta de presos etarras a la UPV
La plataforma le acusa de «tirar por la borda» el trabajo de «muchos constitucionalistas»
DAVID GUADILLA BILBAO El Correo 7 Septiembre 2004

El Foro Ermua arremetió ayer con dureza contra el PSE-EE y el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero por permitir que los presos de ETA puedan estudiar en la Universidad del País Vasco. El movimiento cívico considera que los socialistas «han tirado por la borda» el trabajo de «muchos constitucionalistas» y que «los etarras van a obtener unas titulaciones inmerecidas debido al chantaje a profesores».

Los responsables del Foro Ermua centraron sus reproches en la decisión adoptada por la directora de Instituciones Penitenciarias, Mercedes Gallizo, de que los reclusos de la banda terrorista puedan matricularse en la UPV en aquellas carreras que no imparte la UNED, y en la propuesta presentada en el mismo sentido por los socialistas vascos en el Parlamento de Vitoria.

Ambas iniciativas fueron calificadas como «hecho indignante» por parte del presidente de la asociación, Vidal de Nicolás, quien compareció en rueda de prensa junto a Iñaki Ezkerra, Mikel Buesa y Gotzone Mora. La más contundente fue la profesora de la UPV. A su juicio, este tipo de decisiones «dan alas a ETA» y «debilitan la democracia». «Rompen una lanza a favor de presos mientras que a nosotros nos dejan a los pies de los caballos», añadió.

Mora se dirigió a Patxi López, quien recientemente consideró necesaria la vuelta a la política mantenida con los presos etarras en los ochenta. «En esa época, gobernando Felipe González, es cuando mayores irregularidades hubo», respondió la representante del Foro Ermua. Por su parte, Ezkerra afirmó que el Gobierno debe «darse cuenta» de que está «animando» a ETA y «desanimando a los demócratas, invitándoles a la huida».

Ayudas a familiares
Los responsables del Foro Ermua también criticaron al Gobierno vasco por haberles denegado una subvención y acusó al Ejecutivo de «financiar el terrorismo» al conceder ayudas económicas a los familiares de presos etarras. En este sentido, el Partido Popular exigió ayer que se revoquen estas subvenciones y pidió que el consejero de Justicia, Joseba Azkarraga, explique los motivos por los que se han eliminado las concedidas al Foro Ermua.

Las víctimas dicen que dar 194.240 euros a las familias de etarras es «financiar el terrorismo»
Mora lamenta que el Ejecutivo sustituya a ETA en la vanguardia del ataque a los constitucionalistas
La subvención de casi doscientos mil euros que el Gobierno vasco tiene previsto destinar a familiares de presos de ETA para ir a visitar a los etarras a las cárceles ha generado una fuerte polémica. Y es que tanto Foro de Ermua como PP no entienden cómo es posible que no haya dinero para subvencionar a las víctimas de ETA y sí para que se financie a las familias de los terroristas. Por ello, colectivos cívicos y el Partido Popular reclamaron que esa partida no se asigne al entorno de ETA y se dedique a financiar, por ejemplo, la oficina de atención a las víctimas, que proponía Covite y para la que no hay subvención.
J. Arias Borque La Razón 7 Septiembre 2004

Bilbao- Las víctimas de ETA, los colectivos sociales que luchan contra la violencia de persecución en las provincias vascongadas y el Partido Popular solicitaron ayer al Gobierno vasco que no otorgue la partida presupuestaria de 194.240 euros que tiene programada para las asociaciones de familiares de etarras encarcelados y que destine ese dinero a los proyectos presentados por Foro de Ermua, Covite y la Fundación Gregorio Ordóñez, que no recibieron ningún tipo de ayuda en la convocatoria de subvenciones destinadas a «organizaciones y movimientos sociales que desarrollan actividades a favor de la paz y de los derechos humanos» en la región.

Estos fondos vendrían de la partida presupuestaria destinada a la convocatoria abierta por la consejería vasca de Justicia para solicitar las ayudas destinadas a subvencionar los desplazamientos realizados con el fin de visitar a personas que se encuentren recluidas en centros penitenciarios ubicados fuera de las provincias vascongadas, convocatoria de la que ya informó LA RAZÓN en su edición del 9 de septiembre. Las voces que piden este cambio son múltiples.

El presidente del Foro de Ermua, Vidal de Nicolás, afirmó ayer que la subvención supone un «olvido absoluto de las víctimas del terrorismo», mientras que se premia «a los que han mantenido y siguen manteniendo el terror». «Contrasta ese turismo carcelario que pueden hacer ahora las familias de los presos con ese dinero, y con más dinero que les dan los ayuntamientos, con los itinerarios tan cortos y tristes que hacen las familias de los muertos, de ir hasta el cementerio próximo», añadió.

El vicepresidente del Foro de Ermua, Miquel Buesa, lamentó que su colectivo no haya recibido «ni un duro» y preguntó al Gobierno vasco qué criterios ha seguido para darles, en cambio, subvenciones a familiares de presos de ETA.

La edil socialista de Guecho (Vizcaya) y miembro visible de la plataforma Profesores por la Libertad, Gotzone Mora, se lamentó de que «en estos momentos, donde la debilidad de ETA era manifiesta, el nacionalismo gobernante haya asumido el protagonismo y, con mucha sutileza, nos esté dando con tanta o más dureza que lo que nos han podido dar desde otra perspectiva».

Por último, el diputado popular Santiago Abascal aseguró que «hay que revocar las subvenciones a las familias de etarras encarcelados y conceder esa ayuda a las víctimas del terrorismo». Criticó que se destine una partida «a favorecer el encuentro con familias de los vascos exiliados por el terrorismo» y agregó que «un Gobierno no puede mofarse con dinero público de las víctimas del terrorismo». Por ello, registró ayer en la Cámara vasca una proposición no de ley para que esta petición sea atendida.

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