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Recortes de Prensa     Miércoles 8 Septiembre 2004

No sólo el bilingüismo
César Vidal La Razón 8 Septiembre 2004

La estupidez del terrorista
Andrés MONTERO GÓMEZ La Razón 8 Septiembre 2004

Cambios constitucionales y transitorias mayorías
EDITORIAL Libertad Digital 8 Septiembre 2004

Hay motivos de preocupación
Editorial La Razón 8 Septiembre 2004

ORACIÓN DE LAS GENTES DE PROGRESO
Ignacio RUIZ QUINTANO ABC 8 Septiembre 2004

Desde el otro lado de la colina
GEES Libertad Digital 8 Septiembre 2004

Un proyecto para la nada
Ignacio Villa Libertad Digital 8 Septiembre 2004

Terrorismos
Cartas al Director ABC 8 Septiembre 2004

Infierno en la tierra
Gabriel Albiac La Razón 8 Septiembre 2004

EL MODELO TERRITORIAL DE ZAPATERO
Editorial ABC 8 Septiembre 2004

La «alternativa» de Patxi López
Iñaki Ezkerra La Razón 8 Septiembre 2004

¿Qué es ser catalán
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 8 Septiembre 2004

Rajoy tiene razón
Pablo Sebastián Estrella Digital 8 Septiembre 2004

Con la CMT a otra parte
Antonio José Chinchetru Libertad Digital 8 Septiembre 2004

Limpieza implacable
Ignacio Villa Libertad Digital 8 Septiembre 2004

El tesoro de Zapatero
TONIA ETXARRI El Correo  8 Septiembre 2004

La Caixa, punta de lanza de Maragall
Las pesquisas de Marcello Estrella Digital  8 Septiembre 2004

La temperatura de ETA
MANUEL MARLASCA La Voz 8 Septiembre 2004

Ibarra arremete contra Maragall y Chaves por inaugurar lo que será el pillaje más absoluto
Agencias Libertad Digital  8 Septiembre 2004

Ibarra ve, tras el debate de Maragall, un «pillaje sin escrúpulos»
E. L. Palomera La Razón 8 Septiembre 2004
 


No sólo el bilingüismo
César Vidal La Razón 8 Septiembre 2004

Don Gregorio Salvador, el vicedirector de la Real Academia Española, se ha despachado a placer recientemente al afirmar que la acción de los nacionalismos está teniendo pésimas consecuencias en el terreno del lenguaje. Considera el ilustre académico que la insistencia, presuntamente bilingüe, de los partidos nacionalistas no sólo está provo- cando que una parte importante de la población pierda su lengua propia sino que además tiene como consecuencia nefasta el deterioro del castellano.

Ciertamente, no le falta razón. Por citar un solo ejemplo baste decir que un porcentaje muy elevado de libros traducidos al castellano en Cataluña resultan, siquiera parcialmente, incomprensibles por la sencilla razón de que el trujimán no conoce la lengua de Cervantes y se limita a acomodar a la misma vocablos catalanes desconocidos por el resto de los españoles. Sin embargo, no sería justo echar toda la culpa del deterioro de la lengua a los nacionalistas.

Un papel no inferior en semejante desgracia lo tienen la televisión basura, el desplome de la educación primaria provocado por las normas socialistas, el colapso de buena parte de la enseñanza universitaria más dedicada al politiqueo que a la formación y, «last but not least», el abandono de los clásicos. Arrinconar el latín y el griego –guste o no oírlo– nos ha empobrecido lingüísticamente de una manera vergonzosa, casi me atrevería decir, que miserable. Al paso que vamos, gracias a los nacionalistas, a ciertas tertulias y a los despropósitos educativos de la izquierda, nos sucederá como a aquel niño de una película de Bing Crosby que, preguntado por Platón, preguntó «¿Platón... qué?» con la esperanza de reconocer al personaje si le decían el apellido.

La estupidez del terrorista
Andrés MONTERO GÓMEZ La Razón 8 Septiembre 2004

Algunos secuestros son inútiles incluso para los criminales que los perpetran. Suramérica está repleta de pequeñas bandas de antisociales que secuestran a personas, corrientemente durante breves lapsos de tiempo. Llenan de dolor a multitud de seres humanos. Durante el secuestro, llevado a cabo a menudo en grandes núcleos urbanos y en medida creciente contra industriales, profesionales o turistas, la agrupación criminal que lo consuma busca obtener dinero rápido. Por lo general, son dos o tres delincuentes que persiguen unos cientos de dólares. Avanzando en la pirámide delictiva, también encontramos bandas que planean secuestros para obtener cientos de miles o millones de divisas, piedras preciosas o instrumentos financieros canjeables.

Puede suceder, en cada variante criminal del secuestro, que los secuestradores asesinen al ser humano al que han privado de libertad. Incluso teniendo en su poder el dinero exigido como extorsión a las familias o empresas de aquél a quien secuestraron. Lo asesinan por miedo a ser reconocidos, por desorientación ante la ausencia de plan de fuga o sencillamente porque ya habían planeado matarlo como una consecuencia inevitable de la acción criminal. Después de torturarlo con la privación de libertad, lo asesinan. A veces matan a la persona en los inicios del secuestro, sin llegar al cautiverio, después de haberle despojado de unos cientos de dólares. Otras, le disparan por inercia criminal, sin prever que necesitarán pruebas de vida convincentes para acceder al pago de un rescate. En España hemos asistido a trágicas muestras de la criminalidad más inútil, aquella que más deshumaniza a las personas en cuyas vidas se cruza nefastamente. Anabel Segura fue asesinada en el Madrid de 1993 en los compases iniciales de un secuestro a manos de una asociación de malhechores detenidos posteriormente por la Policía. Amañaron con torpeza una serie de pruebas de vida y descuartizaron sin piedad una familia. En Euskadi, la banda terrorista ETA despojó de libertad a Miguel Ángel Blanco para asesinarlo en una cuenta atrás de coacción vil. Ni la cuadrilla criminal de Madrid ni la que todavía se arrastra en estado de putrefacción en Euskadi obtuvieron dinero o cumplimiento para sus reclamaciones.

En una superpoblada ciudad suramericana un chico disparó un arma asesinando a un turista que hacía «footing». El botín criminal resultado de la acción de despojar a otra persona de toda su existencia fue una cadena colgada al cuello del turista. El IRA ha asesinado durante décadas incontables para no lograr absolutamente ninguna de las reivindicaciones que empleaba como justificación para matar. La vida humana llevada a su cotización más baja, vaciada de valor. ETA logrará exactamente la misma contrapartida por sus secuestros y asesinatos.
Numerosas acciones criminales destrozan vidas humanas por nada. Y no me refiero a que exista un «algo» que justifique ningún planteamiento criminal.

Afirmo que cada esquema criminal, sobre todo los extorsivos o violentos que son planificados, tiene un objetivo monetario o una reivindicación del tipo que sea que otorga carta de naturaleza a la trasgresión delictiva desde la perspectiva del delincuente. Los secuestradores de Anabel Segura querían dinero, ETA perseguía la independencia de Euskadi. Ambos asesinaron y asesinan por nada. Es común el planteamiento de que el terrorismo está obteniendo resultados con su violencia. Este argumento, esgrimido a menudo en forma de alerta, se ha popularizado sobre todo a partir de los atentados del 11-S en los EE UU y del cambio de Gobierno y la retirada española de Iraq, ambos últimos concatenados con el atentado terrorista del 11-M. Tengo la impresión de que el planteamiento es un absurdo, aunque muy cómodo intelectualmente por su inercia.

Lo que se está favoreciendo con nuestras diversas respuestas ante el terrorismo global no es la consecución de los objetivos de cada banda criminal, sino la persistencia del propio fenómeno terrorista. He escrito ya que la eficacia del terrorismo se basa en la naturaleza de la respuesta del auditorio a quien va dirigido el mensaje que el terrorista administra con sus atentados.

Sin embargo, esa eficacia no está relacionada con el cumplimiento de unos fines aparentes, sino más bien con el fortalecimiento del grupo terrorista, cuya pervivencia como actor social acaba convirtiéndose en un fin en sí mismo.

De los cuarenta años de ETA, treinta son atribuibles a un proceso sostenido de autoafirmación en donde el determinante más potente para el mantenimiento terrorista ha sido la propia supervivencia de la banda como agente identitario. ETA para ETA y por ETA. En cambio, la década inaugural de ETA estuvo dedicada a asesinar con la vista puesta en que, a la muerte de Franco, los españoles hubieran abandonado un Euskadi étnicamente puro y poblado por auténticos abertzales. Tampoco lo consiguieron.

España se retiró de Iraq tras los atentados en Madrid. Es cierto. Imaginemos que incluso existe una relación causal entre la amenaza y la decisión de retirada, es decir, que la extorsión obtuvo sus frutos. La relación no es tan fácil ni tan lineal y la explicación de aquello que ocurrió es bastante más compleja, pero vamos a aceptar la premisa a efectos didácticos. Bueno, ¿y qué? La internacional yihadista del terrorismo no ha logrado nada.

Que España figure o no en la coalición internacional de Iraq es, estratégicamente, irrelevante en comparación con el resto de actores en liza. La coalición angloamericana continúa en Iraq, sus sucesivos gobiernos con barniz democrático serán aliados energéticos y geopolíticos de occidente y dudosamente se convertirá en una república islámica. De nuevo, el logro más evidente que para el terrorismo islamista se ha derivado de la retirada española ha sido su propio fortalecimiento por una combinación de propaganda y difusión, de información en el mundo árabe y de miedo en el cristiano.

Si en Euskadi no hubiera existido nunca ETA, la deriva independentista del nacionalismo habría venido marcada por otros tiempos. Seguro. Es naif pretender que la facción soberanista del PNV se habría quedado congelada en ausencia de violencia. También sería irreal, por otra parte, ignorar que se ha producido una instrumentación política del terrorismo de ETA. O sea, que el independentismo vasco no es una victoria de ETA, como no lo es el catalán. En parte, todos los terrorismos, como digo, perviven de nuestra respuesta y de nuestras instrumentaciones, y menos de la consecución efectiva de las pretensiones con las que revisten bombas y pistolas.

Es patente que el terrorismo está modificando las agendas internacionales y el encaje entre los patrones democráticos de libertad y seguridad. Sin embargo, sería digno de reflexión modelizar en qué medida estas relaciones entre parámetros sociales modernos están determinadas por procesos de globalización, que habrían actuado impulsados por tensiones (inmigración, etc.) no terroristas. Del mismo modo, preguntarse qué parte de la eventual recomposición de las libertades civiles y de las agendas internacionales está siendo desviada por la instrumentación, torticera, de la violencia terrorista por parte de otros intereses en juego. El petróleo es, de esta suerte, paradigmático.

De este relato inquietante, una primera conclusión es que el terrorismo no suele alcanzar las metas a las que los terroristas recurren como excusa para asesinar. Si alguna de esas metas se materializa, pónganse a analizar porque históricamente es probable que se hayan logrado por el concurso de colectivos políticos, económicos o religiosos con inclinaciones inmorales que instrumentan, lateralmente, el sufrimiento social de la violencia. La segunda y terrible conclusión es que las vidas de cientos de personas está sirviendo para fortalecer identidades terroristas y criminales, grupos que no tienen otro horizonte que subsistir y convertirse en actores social por sí mismos.

Andrés Montero Gómez es presidente de la Sociedad Española de Psicología de la Violencia

Cambios constitucionales y transitorias mayorías
EDITORIAL Libertad Digital 8 Septiembre 2004

Si tras el primer encuentro que Zapatero mantuvo con Rajoy sobre reformas estatutarias y constitucionales ya se pudo detectar en el actual presidente de Gobierno “el talante del que no sabe lo que quiere”, la reunión que ambos dirigentes han mantenido este martes ha servido para que quede en evidencia la persistencia de esa falta de claridad y de criterio en algo tan trascendental como es el modelo de Estado que ZP dice pretender rediseñar.

Rajoy ha querido subrayar este hecho señalando que ha entrado en la reunión “ preocupado y salgo muy preocupado”. No es para menos. Desde la anterior reunión de hace casi cuatro meses, en la que el dirigente popular pudo comprobar que la disposición genérica de Zapatero a cambiar no cristalizaba en contenido o propuesta alguna, se han multiplicado las exigencias de los independentistas y del PSC, y hasta desde el propio PSOE se han planteado disparates tales como la concesión de derecho de veto en el Senado a las Comunidades Autónomas. Ante semejante panorama, la persistente renuencia de Zapatero a la concreción sólo añade incertidumbre y riesgos.

Si el PSOE reivindica el consenso, lo cierto es que es en el propio partido socialista donde no hay un consenso sobre esas reformas estatutarias y constitucionales que se quieren llevar a cabo. Tan sólo hay el interés de Zapatero por contentar a sus minoritarios socios de Gobierno.

Ese deseo de cambio, nacido de una mera aritmética parlamentaria para ejercer el gobierno, viola, pues, el principio mismo que anima a cualquier Constitución que es, precisamente, el de establecer con carácter de permanencia unas reglas del juego que deben trascender a las periódica y transitoria correlación de fuerzas políticas. Si esa necesidad de apoyos para ejercer el gobierno es la verdadera razón por la que Zapatero muestra su disposición a acabar con esta estabilidad constitucional que tanto ha hecho por el progreso de nuestro país, la postura del PP deber ser tan clara y pedagógica como la manifestada hoy por Rajoy. Al día de hoy sólo conocemos las hipotecas del Gobierno de ZP, pero no sabemos hasta donde quiere llegar a pagar.

Hay motivos de preocupación
Editorial La Razón 8 Septiembre 2004

La normalidad institucional, el buen talante que se desprende de la entrevista mantenida ayer en el Palacio de La Moncloa entre el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y el líder del Partido Popular, Mariano Rajoy, no puede ocultar que el encuentro se saldó con un fracaso y una declaración de «preocupación» por parte de Rajoy, que salió sin conocer los límites o líneas maestras de la reforma constitucional que está dispuesto a acometer el PSOE. Tiene el PP motivos de preocupación, pues el asunto del modelo de Estado, de dónde se sitúa ahora la frontera de lo que es España y la unidad nacional, es de tal calado que no basta una declaración de buen talante y la promesa de que todo se hará «por consenso y con diálogo». El hecho de que el PSOE gobierne en minoría y precise del apoyo de grupos como ERC y el PNV, claramente independentistas o «soberanistas», justifica de sobra la preocupación.

Tiene Rajoy motivos, y los tenemos todos los ciudadanos, para estar preocupados por una acción de Gobierno que suscita tales incertidumbres. Ni aún el PP, segundo partido nacional e imprescindible en una modificación de la Carta Magna, puede conocer el alcance de la misma. La preocupación es evidente. Y debería bastar para que Zapatero abandone, aunque sólo sea en este caso, la sonriente actitud de juez supremo que, en lugar de adoptar iniciativas, se limita a elegir entre las que le proponen. Algo que puede servir para la política de vivienda, pero no cuando nos jugamos el futuro de España, de una de las naciones más antiguas de Europa.

ORACIÓN DE LAS GENTES DE PROGRESO
Por Ignacio RUIZ QUINTANO ABC 8 Septiembre 2004

LAS contemplaciones que el Ejército Islámico de Iraq -los resistentes, si no hemos entendido mal la doctrina Goytisolo- está teniendo con dos periodistas franceses demuestran que el islamismo puede ser torpe, pero también misericordioso.

Torpe porque, sabiendo de qué lado están los franceses, ¿a quién se le ocurre molestar a sus periodistas? Y misericordioso porque, una vez caídos del guindo, a los resistentes iraquíes les ha faltado tiempo para hacer la estancia de los dos periodistas tan cómoda como lo fue, según Carmen Calvo, la de Cervantes en Argel.

Para caerse del guindo, los resistentes iraquíes han debido de tener en cuenta los combates de Hércules que Francia libra contra todas las tiranías: el enternecimiento de sus llamadas sublimes a la bondad y a la clemencia, su amplia fraternidad, su piedad infinita por los sencillos y por los débiles... Francia, se decía, es el país que, si tuviese leones, los cazaría para peinarles la melena, limarles las uñas y enseñarles a rugir por los métodos del Conservatorio. Su misión en el mundo, desde los días del orleanismo, consiste, pues, en limar, mondar, alisar, pulir... Por eso, mientras nosotros damos ministros como «el hijo de Pepe, el de la tienda», ellos dan a Villepin, que ahora está en Interior para ocuparse de que los resistentes iraquíes aprendan qué cosa es orleanismo, qué cosa es Conservatorio y qué cosa son leones. Nosotros tenemos en Interior a un señor que sabe mejor que nadie lo grande que es Alá, que lo hizo ministro, pero es tan torpe que, cuando quiere ser Villepin, le sale Clouseau. ¡Hay tanto que aprender de los franceses!

-¡Oh, Dios!, te doy gracias de que no soy como los demás hombres, rapaces, injustos, adúlteros, ni como este publicano. Ayuno dos veces a la semana, pago el diezmo de todo cuanto poseo.

SABIDO que hoy ese publicano únicamente puede ser Bush, ésta es la sempiterna oración de las gentes de progreso que Chirac ha hecho suya para rascar en la conciencia de los resistentes iraquíes. La inventaron los fariseos, gentes que, como los progres, cultivaban la piedad externa, poniendo mucho esmero en las observancias de poca importancia. ¿Por qué vuestro maestro come con publicanos y pecadores? (Léase con americanos y fascistas.) ¿Por qué tus discípulos no se lavan las manos cuando comen? ¿Por qué...? Eran tan impertinentes que incluso a Jesús no le dejaban otra opción que la de correrles a gorrazos: «¡Ay, de vosotros, hipócritas, que cerráis a los hombres el reino de los cielos: ni entráis vosotros ni permitís entrar a los que querrían entrar!» «¡Ay, de vosotros, guías ciegos, que coláis un mosquito y os tragáis un camello!» «¡No podéis servir a Dios y a las riquezas!» Etcétera. El evangelista refiere que oían estas cosas los fariseos, que son avaros, y se mofaban del maestro. Y el maestro les dijo: «Vosotros pretendéis pasar por justos ante los hombres, pero Dios conoce vuestros corazones.»

MAR adentro, tenemos a ese hermano de Juan Guerra que no se cansa de proclamar entre las viejas que la izquierda, él, es moralmente superior a los demás, para risillas de Zapatero, un «voyeur» del «Vogue» -«sacádmelas guapas»- que, sorprendido en la oscuridad por la vena lírica del Sanpedro de Amenábar, declara que «Mar adentro» es «un canto a la vida desde la muerte (sic)», más estremecedor, se supone, que el «Sueño» de Jean-Paul Ritcher o los sonetos metafísicos -«soy un fue, y un será, y un es cansado»- de Quevedo, que no hay quién los entienda. ¿Amor constante más allá de la muerte? Con el plan antiterrorista de Moratinos, Leire Pajín podría repartir copias de «Mar adentro» entre los suicidas islámicos.

Ante tanta inteligencia, Hawking debe de sentirse como un merluzo.

Chechenia
Desde el otro lado de la colina
GEES Libertad Digital 8 Septiembre 2004

Los objetivos de los asaltantes eran, al mismo tiempo, locales y globales, porque su lucha contra Rusia lo es también contra la civilización judeo-cristiana en su conjunto De la misma manera que una empresa evalúa los resultados de una campaña de marketing, los máximos responsables de una organización radical estudian los efectos que produce cada uno de sus actos terroristas. En ambos casos las conclusiones adoptadas estarán en la base de la estrategia a seguir en las siguientes campañas. Si queremos entender lo que ha ocurrido en Osetia del Norte, y lo que está sucediendo tanto en Rusia como en Chechenia, tenemos que hacer un esfuerzo de imaginación para ponernos en la piel de los responsables de la matanza de Beslán, situarnos "al otro lado de la colina", en célebre frase del general Arthur Wellesley, duque de Wellington.

No sabemos quién es el principal responsable de los recientes atentados, aunque los primeros indicios apuntan a Shamil Basayev, el legendario guerrillero y terrorista que asaltó un hospital en Budyennovsk y tomó 2000 rehenes. No sabemos en qué medida el máximo dirigente de la resistencia chechena, y símbolo de la causa nacional, Aslan Maskhadov, tiene alguna responsabilidad. Él lo ha negado y posiblemente sea así. La información proporcionada por el gobierno ruso sobre la presencia de árabes entre los asaltantes debe ser demostrada. A la vista de la cantidad de mentiras con las que Moscú nos ha tenido entretenidos estos últimos días, debemos ser muy cuidadosos a la hora de dar un dato por sentado.

Los objetivos de los asaltantes eran, al mismo tiempo, locales y globales, porque su lucha contra Rusia lo es también contra la civilización judeo-cristiana en su conjunto. La independencia de Chechenia es para los islamistas, como antes la de Afganistán, sólo un frente de una guerra mucho más grande, la que mantienen dos civilizaciones incompatibles. Un Occidente poderoso supone una fuente de contaminación ideológica para su modelo de Islam, su corrupción y, por lo tanto, su decadencia. La revitalización exige su purificación, la vuelta a las esencias, la introspección. El Islam debe debilitar a Occidente como paso previo a su propia regeneración.

Se trata de que Rusia recorra en Chechenia el mismo camino que en Afganistán: reconocer que no puede aguantar durante un tiempo indeterminado el coste de la ocupación y, finalmente, aceptar la independencia. La nueva Chechenia no sería sólo una nación liberada del yugo colonial, sino también el símbolo de una nueva victoria del islamismo.

En Beslán los terroristas han logrado:

1.- Poner en evidencia la permeabilidad de las fronteras rusas, introduciendo hombres y medios.

2.- Humillar a las fuerzas de seguridad al secuestrar a más de mil personas e impedir su liberación.

3.- Dejar claro que una vez dentro casi nada se puede hacer contra ellos, dada su disposición a suicidarse y provocar una masacre.

4.- Atraerse la inquina de la opinión pública, tanto rusa como mundial, por la crueldad de su comportamiento.

La reacción del gobierno y de la sociedad rusa ha sido positiva para sus intereses. Aunque se ha producido un efecto de cohesión frente al enemigo común, las críticas contra el gobierno por el comportamiento de las fuerzas de seguridad – tanto al permitir su entrada como en la gestión de la crisis- son importantes. La sociedad empieza a reaccionar ante la acumulación de atentados y el fracaso sistemático de la Administración. Nuevos actos terroristas, de características semejantes, aumentarán la presión sobre Putin. Las críticas desde el resto del mundo carecen de importancia, porque no somos actores y porque, finalmente, también somos el enemigo.

Los responsables son conscientes de que Rusia, a diferencia de Estados Unidos, tiene serias dificultades para mejorar su seguridad. Los kilómetros de fronteras son muchos, el dinero escaso y los recursos humanos lamentables, Tras años de dictadura comunista y corrupción, los servicios de seguridad están en un estado penoso, formados por un personal mal adiestrado y, a su vez, corrupto. En el corto plazo, Putin reaccionará en clave de fuerza, alejándose de la ruta hacia la democracia, mermando las libertades y sin apenas ganar en eficacia.

Si no cabe esperar una mejora de la eficacia de la seguridad rusa y la opinión pública va a deslizarse, poco a poco, hacia una mayor crítica contra su gobierno por su evidente incompetencia y por su creciente autoritarismo, los terroristas han encontrado una buena veta. La conclusión es evidente: la acción terrorista ha tenido efectos positivos para sus intereses y, por lo tanto, continuarán en la misma línea.

Un proyecto para la nada
Ignacio Villa Libertad Digital 8 Septiembre 2004

Se ha creído tanto el señor Zapatero su papel del talante que se ha pasado de frenada Setenta y cinco minutos de entrevista entre Zapatero y Rajoy que han servido para dejar algo muy claro; ZP no sabe lo que quiere. El presidente del Gobierno, preso de sus propias hipotecas, ha abierto el debate sobre el modelo de Estado. Una decisión con la que se corre un evidente riesgo. Pero es que el riesgo es todavía mayor cuando se pone en marcha un debate nacional sobre el propio funcionamiento del Estado, sin saber donde se quiere llegar. Zapatero ha puesto encima de la mesa, a bombo y platillo, una revisión de los cimientos de España, sin saber en que consiste esa revisión. Y eso es un peligro para todos.

El Jefe del Ejecutivo está siendo víctima de su propia y miserable estrategia. Parece que hasta que él no ha aparecido en la primera fila de la política, aquí nadie había actuado de forma civilizada. Y eso nada tiene que ver con la realidad. Se ha creído tanto el señor Zapatero su papel del talante que se ha pasado de frenada. No termina de aceptar que había vida política en España antes de su llegada al Palacio de la Moncloa. La estrategia de Zapatero se deshace como un azucarillo por falta de consistencia y de proyecto. Y por ello ha sido incapaz de explicar qué quiere para los españoles, en qué consiste su apuesta por la reforma constitucional y cuál es su modelo territorial.

Es desde luego preocupante que Mariano Rajoy haya pasado por Moncloa sin que le haya quedado nada en limpio. Pero es mucho peor que en los próximos días Zapatero vaya a recibir a los dos líderes del nacionalismo –vasco y catalán– con el mismo rasero con que ha sido recibido el secretario general del PP. Estarán conmigo que Zapatero, que necesita del PP todo el apoyo para poder afrontar cualquier reforma, no puede dar el mismo trato a Rajoy que a Imaz y a Carod Rovira. Estos políticos del PNV y del independentismo catalán buscan dinamitar España y no tienen vergüenza por sentarse a pactar con el terrorismo y su entorno. Y desde luego no es de recibo que el presidente del Gobierno se encuentre visiblemente distendido con quienes tienen objetivos claros contra el Estado, mientras muestra frialdad y distanciamiento con quien deberá contar para fortalecer la cohesión de España. Zapatero ha tocado fondo. Y el descalabro está asegurado.

Terrorismos
Cartas al Director ABC 8 Septiembre 2004

El terrorismo más salvaje ha vuelto a sobrecogernos ante la increíble monstruosidad de lo sucedido en una escuela de Osetia del Norte. Quienes han cometido semejante barbarie no pueden ampararse en nada que los justifique porque su finalidad, como la de todos los terroristas, no es otra que la de gozarse en la crueldad por la crueldad misma como fin para la maldición que representan. Elegir una escuela de niños como escenario para cometer tan brutal salvajada pone de manifiesto la perversidad de sus «razones» y la infinita bajeza de su condición.

Cuesta trabajo creer que haya quienes puedan comprender que una posible finalidad de independencia justifique semejante grado de perversión. Quienes así piensan no son más que cómplices pasivos de movimientos basados en el peor fanatismo, en la peor cobardía y en la más abyecta iniquidad. Seguro que los chechenos de bien, que serán sin duda la mayoría, habrán visto con desprecio y estupor lo que son capaces de hacer algunos mal nacidos con el pretexto de luchar por su independencia. Ni la maldita ETA en España, que tantos «alardes» de crueldad y cobardía ha protagonizado con la infame «excusa» de luchar por una independencia, tan fanática como irracional. Ni los fanáticos de Al Qaida buscando la imposición universal de sus tesis islamistas.

Todas esas bestias, que se amparan en siglas tan diversas, tienen, en común, como poco, el afán de acabar con la civilización de todas las culturas, y hacer de la humanidad toda un escenario de esclavitud, dolor y tiranía. Alguien ha dicho, con razón, que estamos ante una guerra universal, peor que todas las conocidas hasta ahora. Por eso hay que esperar que los Estados libres de la Tierra se unan para hacer frente a una maldición de tal magnitud que, o se neutraliza pronto y entre todos o no tendrá solución jamás.   Julia Rubio. Madrid.

Infierno en la tierra
Gabriel Albiac La Razón 8 Septiembre 2004

El busto del emperador es una minúscula obra maestra. La escribió Joseph Roth en el exilio y con el alma hacha trizas. Le quedaban pocos años, antes de que alcohol y añoranza lo aniquilasen. Roth da el paradigma –también, la hipérbole– del trágico destino del intelectual judío y cosmopolita centroeuropeo en los años treinta. Austríaco, conservador, estéticamente monárquico, prodigiosamente inteligente, ascético en su escritura y desgarrado por un vacío de identidad colgado sobre el abismo, Roth quizá sea el más puro de los escritores de una generación que vio trocarse las euforias vienesas de inicio el siglo XX en eso que él define como el perfecto alzado del «infierno en la tierra»: el nacional-socialismo; o el socialismo nacionalista, si, por una vez, traducimos la expresión alemana adecuadamente.

Al optimismo con que se cierra un siglo XIX hipnotizado por sus fantasías de progreso, siguió la Gran Guerra (aún no las numerábamos, como si fueran piezas de tendero, las guerras). Y la rigurosa muerte de Europa. O, más bien, su asesinato a manos de lo más mediocre: esa brutalidad paleta que Roth percibe bajo la estúpida mitología nacional. «De la humanidad a la bestialidad por el camino de la nacionalidad», deja caer, citando a su compatriota Grillparzer. Y el atónito protagonista de su novela, perdido en un mundo que no es ya el suyo, que no le es siquiera reconocible, remata: «Nacional… Ni a los monos se les ocurriría semejante idea… La teoría de Darwin me sigue pareciendo incompleta. A lo mejor son los monos los que proceden de los nacionalistas, pues los monos suponen un progreso».

Setenta años después de escrita, la desnuda melancolía de Roth cobra esa intemporalidad que sólo le es dada a los escasos hallazgos que, en literatura, rozan el estrato más doloroso de nuestra mente: a eso llamamos poesía. Letales líneas de un Roth que gira en el vértigo de su vacío, que es el vacío de todos nosotros. Por eso nos hiere.
Escucho ayer a Arzallus. Sospecho –debería decir sé, pero no soy tan cruel ni tan sincero como el austríaco– que es verdad lo que dice. El Estado está «conversando» a ocultas con la misma ETA a la que llama en público su peor enemigo. ¿Qué hay de raro en eso? ¿No se proclama Moratinos el más incondicional amigo de las organizaciones terroristas palestinas –y de Arafat, el más histórico de sus caudillos–, bajo cuya retórica y mitología se desencadenó la matanza islamista del 11 de marzo?

Sí, basta mirar a nuestros dirigentes para saber que Darwin tiene razón. Invertido. Y que los monos son una fantástica evolución positiva de los políticos. De algunos.

EL MODELO TERRITORIAL DE ZAPATERO
Editorial ABC 8 Septiembre 2004

LAS condiciones en que se acordó la reunión que ayer mantuvieron Rodríguez Zapatero y Rajoy en el Palacio de la Moncloa presagiaban un nuevo desencuentro. La cita venía forzada por el emplazamiento público del líder popular al presidente del Gobierno por su absentismo en el debate sobre el modelo de Estado, a pesar de que él mismo lo promovió en su debate de investidura. Después, el tacticismo del PSOE desnaturalizó el encuentro entre los dos políticos que representan a más del 80 por ciento de los electores, al convertirlo en el primero de una ronda de contactos con las demás fuerzas políticas. Transformado en un trámite para diluir la iniciativa de Rajoy, de este encuentro sólo cabe subrayar tanto la falta total de sintonía entre Gobierno y oposición, como el hecho de que, cinco meses después de tomar posesión y de anunciar que esta sería la legislatura de la reforma del Estado, Rodríguez Zapatero no haya sido aún capaz de ofrecer a la oposición ni a la opinión pública una propuesta perfilada de su modelo institucional.

Mariano Rajoy no ha podido arrancar al presidente del Gobierno de su silencio, que no es, sin embargo, sinónimo de pasividad, porque Rodríguez Zapatero está dejando hacer y mucho, lo suficiente para poner en duda la sinceridad de sus propuestas de diálogo y de consenso con la oposición. Mientras el Gobierno se recrea en ofertas inconcretas de buen talante y el PP espera pacientemente, la realidad sigue su curso y, por la vía de hecho, se están viendo cuáles son las intenciones del Ejecutivo, porque las anunciadas reformas de la organización política del Estado empiezan a ejecutarse, adoptando la forma de negociación bilateral entre el Gobierno y el tripartito sobre los Presupuestos Generales del Estado, o de retirada de recursos interpuestos ante el Tribunal Constitucional por invasión de competencias atribuidas al Estado -delegaciones en el extranjero, administración de justicia- o, simplemente, escenificando la asimetría territorial -es decir, el agravio con las restantes Autonomías- en el tratamiento privilegiado que se está dispensando al Gobierno autonómico catalán. Es un error de diagnóstico seguir insistiendo en que Rodríguez Zapatero no tiene un modelo de Estado.

El mayor reproche que merece el Gobierno es la opacidad de su acción política, lastrada por la sensación -muy tangible, por otro lado- de que se mueve impulsado por pactos secretos y objetivos estratégicos que no son de interés general para todos los españoles. Rodríguez Zapatero puede legítimamente defender un modelo federal asimétrico, al que se están remitiendo los hechos, pero debe decirlo públicamente, sin tapujos, asumiendo la responsabilidad política de su elección y aclarando con quiénes quiere pactar ese modelo. Y, sobre todo, exponiendo las razones por la que está sometiendo al sistema constitucional a un revisionismo que sólo satisface a quienes, desde postulados secesionistas, nacionalistas y federalistas, lo animan como un primer paso para llegar a cotas mayores. Hay motivos para que la preocupación expresada ayer por Rajoy, a la salida de la reunión, sea compartida por amplios sectores de la sociedad española. El más grave es que el Gobierno, cuando habla de la reforma del Estado, no está transmitiendo la idea de un proyecto nacional, integrador y común, sino de un proceso político de Estado a la carta, conflictivo e impuesto por la «tensión territorial» provocada por los nacionalismos y las estrategias endógenas del socialismo catalán; un proceso político en el que, al final y tal y como se están planteando sus premisas, se llamará Estado Español al sobrante que no hayan querido las comunidades autónomas.

La «alternativa» de Patxi López
Iñaki Ezkerra La Razón 8 Septiembre 2004

La oferta electoral que el PSE-EE va a presentar a los vascos en los próximos comicios autonómicos es algo que comenzó a formularse al día siguiente de la consulta del 13 de mayo de 2001 y con el famoso «artículo-regañina» de Cebrián al «constitucionalismo fuerte» encarnado por Mayor Oreja y Redondo Terreros. Fue exactamente en aquel sombrío «día después» cuando los sectores del PSOE y del PSE-EE que pronto terminarían imponiéndose en el socialismo vasco se vieron obligados a empezar a especificar qué tipo de táctica era «la buena» para hacer frente al nacionalismo.

De este modo, puede decirse que su principal argumento se dibujaba más en oposición a la tentativa constitucionalista que a favor de la tentativa que por fin ahora, cuatro años después, va a tener lugar: «Por ese camino frentista nunca desbancaremos al PNV», «de esa forma asustamos al electorado más inseguro del PNV, que es al único que podemos atraer», «así jamás rascaremos los votos que necesitamos del PNV», etc.

De este modo, puede decirse también que, si el PNV hace la trampa de intentar sustraer el Plan Ibarretxe del debate puramente político al presentarlo –por encima de todo razonamiento o discusión– como la gran solución al terrorismo de ETA, el PSOE peca de lo mismo pues también trata –mediante una trampa paralela– de sustraer del debate político su táctica contemporizadora con los nacionalistas al evitar discutirla en sí misma –esto es políticamente– y al presentarla como la única forma posible de esquivar la derrota electoral.

Así las cosas, lo que se va a escenificar en las próximas autonómicas vascas con la intentona que encabezará Patxi López es el cumplimiento de un deseo largamente acariciado como un sueño o una fatalidad trágica. Y, en este sentido, incluso a quienes no compartimos y tememos esa táctica declaradamente electoralista nos entran ciertas ganas –creo yo– de decir «adelante», «que se cumpla de una vez ese sino», «que por fin se demuestre de una maldita o santa vez por todas cuántos votos se obtienen por ese dichoso camino oblicuo que rehúsa la confrontación». Cada idea, cada oferta, cada opción políticas tienen alguna vez su hora y deben aprovecharla. La «alternativa Patxi López» o «alternativa Zapatero», que viene a ser en realidad la «alternativa Felipe González» o la «alternativa Juan Luis Cebrián», va a tener muy pronto su hora.

El problema es que en la política no sólo es importante ganar sino cómo ganar. Porque el medio lleva intrínseca la capacidad de preservar o modificar los mismos fines. Si se sacrifican los principios en los medios se están sacrificando también las metas. Si no se cuida el «cómo ganar» por el camino se acaba perdiendo también el «para qué ganar». La gran contradicción de la alternativa vasca que prepara hoy el PSE-EE es que no es una alternativa.

Los que la avalan nos dicen que por otros caminos no se llega al poder, pero a la vez renuncian a ese poder por su propio camino al presentar el socialismo como sucedáneo del nacionalismo, al prometer un vago programa de graves concesiones del que sólo han adelantado –a modo de globo sonda– la ruptura de la caja única de la Seguridad Social –mediante una «caja vasca libre asociada»– y al perpetrar una plataforma ciudadana encabezada por los nacionalistas que siguieron al PNV hasta el Plan Ardanza inclusive: Emilio Guevara, Joseba Arregi, Imanol Zubero… La pregunta que cabe hacerse es para qué va a ganar el PSE-EE. ¿Para hacerle el trabajo sucio al PNV y cumplir el programa que el PNV se atrevía a explicitar antes de Lizarra y el Plan Ibarretxe?

Pero la contradicción del PSE-EE, su renuncia a ser una verdadera alternativa en Euskadi no sólo es ideológica, sino también estratégica. No ha sido diseñada para ganar unas elecciones sino para volver al Gobierno de Vitoria, que es otra cosa diferente. De lo que trata Patxi López ni más ni menos es de reeditar la etapa Jáuregui pero yendo más lejos de lo que Jáuregui se había atrevido a ir en su día con su modelo de «constitucionalismo blando».

De lo que se trata, en fin y por fin, es de ofrecer la «alternativa más blandengue posible» aunque sea a costa del mismo constitucionalismo así como de la misma posibilidad de la alternancia, que se quedaría, de esta guisa, en mera redundancia de la antigua coparticipación del poder. Para conseguir exactamente lo mismo que se consiguió en la década de los noventa habría que pagar el precio de asumir la terminología de Elkarri con sus metáforas ingenieriles y ferroviarias (construir puentes, evitar el choque de trenes…) igual que el propio reformismo estatutario y constitucional largamente reivindicado por los nacionalistas desde la misma fecha en que se aprobó el Estatuto de Gernika hasta la actual formulación de ese deseo de sacrificarlo que constituye el Plan de Libre Asociación.

En sus campañas electorales Ramón Jáuregui –espoleado por el sector más intelectual de Euskadiko Ezkerra– llegó a hablar de «postnacionalismo», pero en la campaña que encabezará Patxi López en las autonómicas que se nos vienen encima hay que hablar ya de «filonacionalismo» o «cuasinacionalismo» por no utilizar la expresión «nacionalismo light» que Antonio Basagoiti ponía en circulación en una reciente entrevista.

Dan ganas de decirle «adelante», «a ver qué votos sacas», a ese PSE-EE que es hoy más PSOE que nunca ya que Patxi López llegó por una imposición de Ferraz mientras María San Gil ha llegado por una rebelión ante las disposiciones de Génova. Y dan ganas asimismo –siguiendo con los paralelismos entre el PNV y el PSOE– de preguntarle a Patxi López y a José Luis Rodríguez Zapatero –o a Felipe y a Cebrián– lo que Emilio Guevara le preguntó en cierta ocasión a Josu Jon Imaz con motivo del propio Plan Ibarretxe: «¿Ésta es ya la última o después de ésta va a haber todavía más?»

Iñaki Ezkerra es escritor y autor de «Sabino Arana o la sentimentalidad totalitaria»

¿Qué es ser catalán?
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 8 Septiembre 2004

Stalin mandó fusilar a los responsables del censo de 1937 porque los resultados que le ofrecían no encajaban en sus estimaciones. Que el socialismo ya no sea más que un nombre es una suerte para el Centro de Estudios Demográficos de Cataluña. Profesionales como son, han publicado algo que invita a la reflexión: si durante el siglo XX no hubieran llegado a Cataluña varias oleadas de españoles de otras latitudes en busca de trabajo y de una vida mejor, el Principado tendría 2’6 millones de habitantes en vez de los 6’6 millones que tiene. Los estudios hablan de inmigración, término rechazable por tratarse de compatriotas.

Aquí se repitió hasta la saciedad, en los años finales del franquismo y primeros de la transición, que eran catalanes todos los que vivían y trabajaban en Cataluña y que, además, tenían voluntad de serlo. La formula, a simple vista, no estaba mal, aunque alguien ha señalado, puntilloso, que absurdamente excluía a los jubilados. Si nos ponemos más puntillosos aún, descubriremos que tampoco entraba en la categoría un extremeño que llevara cuarenta años en Tarragona sin considerarse catalán. Pero si cogemos la lupa concluiremos que tampoco sería catalán un ciudadano nacido en Cataluña, habitante de Cataluña, de padre y madre catalanes hasta las raíces de su árbol genealógico, si ese individuo es un excéntrico y no tiene voluntad de ser catalán.

¿Podría ser, no? ¿O es que no está lleno de españoles que no se consideran tal? Es más, en muchos casos una extraña compulsión les obliga a negar a España varias veces al día. Y sin embargo siguen siendo españoles a todos los efectos, y a sus adversarios políticos no se les ocurriría afirmar lo contrario. Así que de un lado tenemos la nación que integra, la que reconoce derechos inalienables y permite la discrepancia más extrema y, por otro, la que obliga a comulgar con una cierta visión de la realidad. El problema no está en esa visión, que puede ser sublime, sino en su sorda imposición de facto.

El nacionalismo catalán no es étnico, aunque algún energúmeno decimonónico planteara esa vía. Es apenas cultural o lingüístico, de forma muy laxa en la calle y muy rígida si se trata de ingresar en la función pública. Por otro lado, una gran mayoría de catalanes –lo que incluye a los votantes de CiU, por ejemplo– lee la prensa en castellano y ve sólo cine doblado al castellano. Espontáneamente. Los ingenieros sociales del nacionalismo llevan mal este tema y creen que hay que avanzar en la normalización; pero la inmersión lingüística no es de ayer ni de anteayer.

Este asunto no es sencillo y no se puede despachar en dos frases. Consignemos sólo que no hay por qué dejarles la catalanidad a los nacionalistas. Ni por acción ni por omisión. Hoy, más de tres cuartas partes de los catalanes se consideran, en mayor o menor grado, españoles. El hecho de que la vida pública no lo refleje es una disfunción (y una renuncia) que no altera esta realidad.

Rajoy tiene razón
Pablo Sebastián Estrella Digital 8 Septiembre 2004

El encuentro entre el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y el líder de la oposición, Mariano Rajoy, ha acabado mal y en favor de las posiciones del PP, porque a Rajoy le asiste toda la razón cuando declara estar muy preocupado al saber que el presidente Zapatero “no sabe qué hacer con el modelo de Estado” y añade que “la incertidumbre es letal”.

Sorprende que Zapatero haya aceptado con urgencia la entrevista con Rajoy sin preparar el fondo de la misma, relativo a la anunciada por él reforma constitucional y autonómica, pensando quizás que lo importante era la foto del diálogo y la teoría de nuevo talante, que nada tiene que ver con el talento político, y por eso ha caído en la trampa o en el desafío que le ha planteado el PP antes y después del encuentro.

Rajoy le pidió la conversación para hablar del modelo de Estado a raíz de las pretensiones de Pasqual Maragall de incluir la deuda de la sanidad catalana en los Presupuestos Generales del Estado. Y Zapatero lo invitó de urgencia a la Moncloa, convencido de que lo importante eran las fotos y el gesto y no todo lo demás, y por ello le ha salido mal a Zapatero el encuentro y bien a Rajoy.

Y todo ello por más que la vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, acuse a Rajoy y al PP de adoptar una posición que los conduce al aislamiento político frente al resto de grupos parlamentarios. Una soledad que será sonora y más numerosa de lo que piensan en el Gobierno, al menos en votos futuribles, si el enfrentamiento entre ambas partes se mantiene con sus consecuencias entre el reformismo constitucional del Gobierno y el bloqueo actual del PP y que, además, impedirá el progreso de dichas reformas porque sin el apoyo del PP en el Congreso y el Senado no cabe la reforma de la Constitución ni de los estatutos de autonomía en profundidad.

La soledad del PP, si llega el caso, tendrá su importancia si un día pretende formar Gobierno y no cuenta con una mayoría absoluta. Pero eso es, por ahora, un lejano cantar.

Además, Zapatero le ha regalado a Rajoy una bandera y una posición de fuerza ante el próximo congreso del PP. Y también habrá podido constatar cómo una vez más sus socios catalanes del PSC y de ERC no cesan de crearle problemas políticos y públicos con sus desproporcionadas y públicas demandas, como la citada de los Presupuestos del Estado que ha sido la palanca que le dio a Rajoy la oportunidad de solicitar el encuentro y de ganar la partida a las puertas del palacio de la Moncloa.

Y desde luego con bastante razón política, dado que Zapatero se ha comprometido a una serie de reformas constitucionales y estatutarias sin antes conocer o proponer el alcance de las mismas. Hasta el punto que en las pasadas elecciones de Cataluña se comprometió a apoyar el Estatuto de Cataluña que salga de los debates del Parlamento catalán. De ahí que luego y con prisas, el PSOE y su Gobierno estén animando a otras autonomías, incluidas aquellas en las que gobierna el PP, caso de Ceuta y Melilla, a subir el listón de sus propias demandas con la intención de hacer un paquete global en el que quedarían más amortiguadas las altas concesiones que su Gobierno piensa hacer a Cataluña, País Vasco y Galicia.

La divergencia y la tensión otoñal está, pues, servida entre PSOE y PP, y puede que como consecuencia de todo ello se haya estropeado el pacto inicial que ambos partidos habían hallado para enterrar la comisión de investigación de los atentados del 11M, que, por el momento, ha dicho que continuará sus trabajos y ya veremos si con la convocatoria de otros testigos, incluido el ex presidente del Gobierno, José María Aznar.

Montilla
Con la CMT a otra parte
Antonio José Chinchetru Libertad Digital 8 Septiembre 2004

Sin que nadie saque beneficio alguno de esta medida (tal vez Montilla si obtenga réditos políticos en el seno del PSC) hay unas varios cientos de personas que salen seriamente perjudicadas Resulta interesante que una de las decisiones más rápidas que ha tomado José Montilla en el terreno de las Telecomunicaciones no haya sido en el ámbito de las regulaciones o de las infraestructuras. Por el contrario, una de las primeras medidas por él anunciada ha sido el futuro traslado de la sede de la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (CMT) a Barcelona. Se plantea una doble cuestión. ¿A qué debe esta mudanza? ¿Por qué a dicha ciudad? Esperemos que no se deba tan sólo a que el ministro de Industria es catalán.

En la actualidad, a un organismo de este tipo no debería afectarle el lugar en el que tiene su sede, con lo cual carece de sentido que esta se traslade. De hecho, dicho cambio no va traer beneficios y si va a generar muchos inconvenientes. En primer lugar, a las arcas del Estado. La mudanza no sale gratis, hay que pagarla. Al traslado de todo tipo de materiales, expedientes y demás cosas que se tengan que trasladar a Barcelona hay que sumar la instalación de sistemas de seguridad y todo el acondicionamiento del edificio en el que se instale la institución.

Pero hay más. Sin que nadie saque beneficio alguno de esta medida (tal vez Montilla si obtenga réditos políticos en el seno del PSC) hay unas varios cientos de personas que salen seriamente perjudicadas. Se trata de los aproximadamente 140 trabajadores del la CMT. El capricho, mientras no se demuestre lo contrario, de un ministro les va a obligar a mudarse a una ciudad diferente a la que viven, con todos los inconvenientes que eso supone: las incomodidades –y posiblemente los gastos– de una mudanza, después de haber encontrado una vivienda, la búsqueda de un colegio para los hijos (con el problema añadido del idioma) y mil cuestiones más. Muchos de ellos, por ejemplo, pueden tener una pareja que trabaja en Madrid, tendrán que elegir entre vivir separados o que uno de ellos renuncie a su empleo.

Todos son problemas, pero es que además no hay explicaciones de por qué se toma. El argumento dado por montilla de que la medida "refleja la visión del Gobierno sobre la pluralidad de España y la conveniencia de ubicar la sede de instituciones de carácter estatal en diferentes Comunidades Autónomas" no es de rigor. Se necesitan otras explicaciones más sólidas. Además, si es por eso, ¿Por qué no se lleva a Cuenca, Burgos, Vigo o Badajoz?

Pero no queda ahí la cosa. Hay que sumar la manera en la que se ha tomado la decisión. Aunque Montilla dice la contrario, parece que el ministro se ha decidido sin consultar ni informar a los afectados.

Limpieza implacable
Ignacio Villa Libertad Digital 8 Septiembre 2004

Zapatero dice poner el talante, pero el verdadero talante se llama exclusión, radicalidad y limpieza Lo ocurrido con la gerente del Teatro Real, Inés Argüelles, es el último eslabón de una cadena que todavía no ha terminado de fabricarse. Argüelles deja el cargo ante la "persecución psicológica" que está sufriendo por la actitud que ha mantenido hacia ella la ministra Carmen Calvo. La llegada del Partido Socialista al poder está propiciando una limpieza implacable, con una sonrisa de talante, pero de forma contundente y clara. El PSOE acaba con lo que había al conocido grito de "¡todos contra el PP!" Al mismo tiempo va situando en esos puestos clave del entramado del Estado a amigos del partido pero con una característica general, sectarismo en estado puro.

La "ocupación" se está realizando a lo bestia con desprecio hacia lo pasado y sin el respeto debido al trabajo de los demás. Son ya muchos ejemplos los que se pueden poner hasta ahora de esa ocupación ejecutada. Se puede hablar del ente público RTVE, donde la demolición de todo lo anterior ha sido absoluta. Pero en fin, hay muchos otros ejemplos. Desde el Museo de Arte Reina Sofía, pasando por el Ministerio de Exteriores donde han conseguido dividir a la carrera diplomática, sin olvidarnos de la Empresa estatal HISPASAT o incluso el equipo médico de Moncloa, que ha sido puesto en la calle. Como se puede ver, un amplio abanico de lugares donde con una sonrisita, alguna banalidad y más de una simpleza han destruido todo lo construido. Ese es el verdadero talante.

Una larga lista de puestos clave donde se ha querido realizar una limpieza política. Pero ahí no acaba todo. En otros lugares donde el cambio era previsible como la Biblioteca Nacional, el Gobierno Zapatero se ha delatado. Las últimas declaraciones de la directora de la BN, Rosa Regás, relacionando la derrota del PP en marzo con la caída de la dictadura franquista es un ejemplo claro de lo que realmente se piensa en los despachos del poder. Y es que la historia ya está clara. Zapatero pone la sonrisa, pero sus hombres de confianza hacen el trabajo sucio. Zapatero dice poner el talante, pero el verdadero talante se llama exclusión, radicalidad y limpieza.

El tesoro de Zapatero
TONIA ETXARRI El Correo  8 Septiembre 2004

Pero quién habla de modelo de Estado, aparte de Ibarretxe», se preguntaba el socialista Rubalcaba para tranquilizar al PP, que no las tiene todas consigo al ver a Zapatero en medio del huracán. Entre quienes quieren ampliar un reparto de las competencias territoriales, quienes le dicen que España debe ser algo más que una coordinadora de autonomías o quienes le hablan de una 'nueva' relación con el Estado para ocultar que, en realidad, lo que buscan es crear un Estado paralelo. «¿Mi tesoro, es mío!», tendrá que terminar por reivindicar el propio Zapatero en nombre de un Estado al que, desde algunos flancos del mapa, se le tiene ganas. De la reunión de ayer, Rajoy concluyó que el Gobierno no acaba de ser claro con 'el modelo de Estado' que quiere. Pero lo dicho por Zapatero, hasta ahora, es que no piensa desviarse de los límites constitucionales.

Hoy le toca medirse con Imaz, el vendedor más pertinaz del plan Ibarretxe. El que dice que, total, la Constitución no fue respaldada por la mayoría de los ciudadanos vascos y nada tiene que alegar cuando sus compañeros de partido sitúan los proyectos nacionalistas en un extremo y al Estatuto en el otro. Tal cual. Los dos hablan mucho. Pero discrepan también mucho. Les convendrá tener mucho tacto, teniendo en cuenta que Euskadi arrastra capítulos muy hirientes de su historia más reciente. En la política penitenciaria, por ejemplo. Los presos de ETA van a poder volver a estudiar en euskera en la UPV. Ni media frivolidad con el tema. A la ilegalizada Batasuna le parece «un pequeño paso» y al hermano del asesinado Buesa «un paso atrás». No se debería contentar la socialista Isabel Celaá con decir que se trata de que la Ley General Penitenciaria se aplique también en la UPV.

No es suficiente cuando se sabe que al colectivo de presos se les colocó en la UNED a raíz de que el anterior gobierno del PP atendiera la denuncia de los profesores amenazados. Nadie discute el derecho de los presos a estudiar y a su reinserción si es que alguien quiere reinsertarse. El problema es cómo se hace. La directora de Instituciones Penitenciarias, Mercedes Gallizo, que tiene fama de ser muy escrupulosa, deberá estudiar cada caso para no contradecir el punto 5 del Pacto Antiterrorista. Ahora que el Partido Socialista está siendo emplazado por los nacionalistas a reconsiderar la Ley de Partidos que propició la ilegalización de Batasuna, no resultaría comprensible que la salvaguarda de la dignidad de las víctimas del terrorismo quedara al albur del gobierno de turno. Si la clave de esta reposición del derecho de los reclusos a estudiar en la UPV reside en la «garantía», quienes tienen que tener la garantía de que no van a recibir amenazas y coacciones, son los profesores. La libertad del ciudadano es el tesoro más preciado de nuestros tiempos.

La Caixa, punta de lanza de Maragall
Las pesquisas de Marcello Estrella Digital  8 Septiembre 2004

Cuidado con La Caixa, que se está convirtiendo en la punta de lanza económica y financiera de la Generalitat y del Gobierno de Zapatero, cada uno con su tema, en pos de apoyar y hacer lobby en favor de las posiciones federalistas de Pasqual Maragall y de colaborar en la caza por el PSOE de las que fueron empresas privatizadas del Estado (Telefónica, Repsol, Tabacalera, Endesa).

Cuidado con La Caixa, que está controlada por el PSC-PSOE y ERC, mayorías del Ayuntamiento de Barcelona y de la Generalitat, y que al margen de sus gestores de negocio y de su ambicioso grupo industrial esconde unos objetivos políticos y económicos de claro signo, como ya se vio en tiempos pasados con sus incursiones en Repsol, Gas Natural, Iberdrola, etcétera. (Ahora Rato y Aznar se acordarán de sus errores y añorarán la fallida fusión entre Iberdrola y Endesa.)

Si el Barça es más que un club, La Caixa es mucho más que una caja de ahorros. Y lo que es más preocupante, puede ser el caballo de Troya de una operación de disgregación nacional y de colonización financiera y empresarial en el corazón de España del más radical nacionalismo catalán.

Sin olvidar las influencias de La Caixa en los créditos y financiación de los partidos y de los medios de comunicación (¿están José Manuel Lara y Antena 3 TV libres de toda deuda como para mantener una información independiente de los gobiernos de Zapatero y Maragall?). No hay más que ver cuáles son sus grupos editoriales afines, los que reciben sus créditos, sus apoyos publicitarios y patrocinios, y cuáles no. Lo de patrocinar el barco del Rey, ésa es otra señal, un guiño, o ya veremos algún día si otra calculada maldad. Cuidado con La Caixa, que está muy activa y convencida de que ahora nadie la puede parar.

Y visto lo visto y lo que está por venir, no se sabe bien a qué esperan Emilio Botín y Paco González para sentarse a parlamentar.

La temperatura de ETA
MANUEL MARLASCA La Voz 8 Septiembre 2004

MIENTRAS en el Cáucaso siguen contando los muertos en el inexplicado asalto a la escuela de Osetia del norte, aquí ha saltado Arzalluz a la palestra para decir que el Gobierno de Zapatero está hablando con ETA, lo que se ha apresurado a desmentir el Ejecutivo socialista, a comprender Carod Rovira -no se olvide su encuentro con los dirigentes etarras de principios de este año-, imagino que a satanizar el PP y a capitalizar Herri Batasuna a la que Atutxa -presidente de la Cámara vasca- le gustaría ver participar en unos comicios, si ETA anunciara una tregua. En pocos días, cuando se aporten las pruebas -que las habrá- de las conversaciones, nos contarán que el Gobierno de Zapatero lo que ha hecho es «tomar la temperatura de ETA», término que acuñó Rafael Vera, sin duda uno de los hombres que más y con mayor eficacia luchó contra los etarras, sin renunciar por ello a encuentros a distintos niveles entre el Estado y la banda terrorista.

Conste que no es baladí, sino absolutamente intencionada, la mención que he hecho al comienzo de estas líneas de lo ocurrido en la república rusa de Osetia del norte. Nos enfrentamos, se enfrenta el mundo desde el 11 de septiembre de 2001, a una guerra con un nuevo enemigo, el terrorismo, como acertadamente explica la economista, periodista y experta en terrorismo internacional Loretta Napoleoni en su libro Yihad . Aunque cabría decir mejor un nuevo/viejo enemigo, cuyas dos principales novedades son su financiación, que genera billón y medio de dólares al año (el doble que el PIB británico), tal como desvela la Napoleoni, y los terroristas suicidas, entre ellos mujeres.

Desde esta perspectiva, ETA empieza a parecernos antediluviana; frente a la sofisticada financiación de otros grupos, la banda terrorista vasca obtiene la suya del llamado impuesto revolucionario; frente a situaciones límite de otros pueblos que han servido de coartada para otros terrorismos, el discurso de ETA se ha quedado absolutamente vacío, si es que alguna vez tuvo un mínimo de coherencia; y desde luego, en lo que yo conozco, los valientes gudaris del tiro en la nuca, andan en las antípodas de la autoinmolación. Ante ello, no sé si es bueno tomar la temperatura a la banda. Y a lo mejor es lo que ha hecho el Gobierno de Zapatero.

“O ESPAÑOL O NO ESPAÑOL, ESTA ES LA CUESTIÓN”
Ibarra arremete contra Maragall y Chaves por inaugurar lo que será "el pillaje más absoluto"
Con una oratoria de diseño, diciendo los pecados y dejándose entender sobre el pecador, Juan Carlos Rodríguez Ibarra ha arremetido contra sus compañeros de partido Manuel Chaves y Pasqual Maragall por “el vendaval de adjetivos” con el que algunas comunidades quieren distinguirse “y lograr réditos dinerarios”. La narración de Ibarra sobre la invitación que hizo Maragall a Chaves para apuntarse a las singularidades ha sido, horas después de las críticas de Rajoy a ZP, su primera irrupción clara sobre las reformas estatutarias desde que el PSOE está en el poder.
Agencias Libertad Digital  8 Septiembre 2004

Ibarra ha sido fiel a su estilo habitual. En plena ronda de contactos de Zapatero con los líderes políticos y sólo horas después de que Rajoy lamentara su preocupación por la carencia de ideas expresada por el presidente en su reunión en La Moncloa, el líder extremeño ha arremetido, sin nombres, contra Chaves y Maragall.

Se notaba que el discurso de Ibarra estaba pensado para no herir a la primera. Con muchos giros, metáforas y rodeos, el presidente extremeño ha irrumpido en el debate sobre las reformas estatutarias y, en especial, sobre los acelerones que se escuchan en Cataluña

En la noche de este martes, en Mérida, y como aperitivo a la celebración del día de Extremadura, Ibarra ofreció su región para "frenar" el "vendaval de adjetivos" con el que algunas comunidades autónomas pretenden distinguirse del resto y lograr "réditos dinerarios".

Maragall-Chaves y “el pillaje más absoluto”
Quizá lo más destacado de su discurso haya sido la forma en la que ha descrito un reciente episodio: la invitación de Maragall a Chaves para que Andalucía se convierta en el motor de los cambios estatutarios reclamando para sí sus singularidades. Así lo expuso Ibarra: "En cuanto uno ha levantado la veda y ha invitado a otro al club de los privilegiados, han saltado otros a pedir su adjetivo, a recordar su carácter histórico, a exhibir blasones apolillados, a querer ser nacionalidades y cosas así, al pillaje más absoluto".

A su juicio, esta actitud tiene un origen "infantil", el de "buscar insistentemente un cambio de nombre que haga aparecer como algo distinto de lo que se es", y es nociva para el país porque "desconcierta" a quienes pretenden lograr nuevas denominaciones para sus territorios y "confunde a quienes tenemos que relacionarnos con ellos".

Añade Ibarra que en esta "puja por acceder a los adjetivos más rimbombantes", se han tenido que escuchar términos como "nación, nacionalidad, comunidad nacional, nacionalidad histórica, nación cultural, región próspera, región periférica, región atlántica o euro región". Pero él zanjó la cuestión proponiendo el dilema shakespeariano, acomodado al asunto: "o español o no español, esta es la cuestión".

El “empequeñecimiento de España” desde “una posición no española”
Ibarra defendió que, aunque "nadie está obligado a aceptar la España de hoy tal y como es", y se pueden plantear "debates o reivindicaciones", "lo que no aceptamos es que, desde una posición no española, se pretenda reducir, dividir o erosionar el territorio español. No estamos dispuestos a discutir con nadie la división o el empequeñecimiento de España". Tal era su determinación que recomendó a los que no quieran la España que el defendió a "individualmente pedir su renuncia a ella, sin pretender arrastrar a todo un pueblo a esa renuncia. En caso contrario se entenderá que se quiere ser español".

Extremadura como freno con una petición para la Virgen de Guadalupe
Rodríguez Ibarra abogó por "no acelerar esa loca carrera de pretensiones nominales", para lo que dijo que Extremadura puede "predicar con el ejemplo" de no reclamar nuevas denominaciones y contribuir a "frenar" el proceso de reivindicaciones, "siempre que esa actitud sensata y patriótica no vaya a suponernos una merma en nuestras posibilidades de desarrollo".

Puntualizó que los extremeños no renuncian a su identidad y que, en este sentido, para "reafirmarnos" desde hoy la Junta extremeña plantea a la Iglesia Católica que "resuelva definitivamente el contencioso de Guadalupe", el de un santuario cuya Virgen es patrona de Extremadura pero cuyo sitio, ubicado en la provincia de Cáceres, pertenece a la Diócesis de Toledo. "No es un capricho –explicó-- ni siquiera una reivindicación. Es una necesidad. Cuando algunos pretenden difuminarnos en amalgamas autonómicas, los extremeños necesitamos reaccionar acentuando nuestra identidad española y exhibiendo nuestra identidad extremeña".

Ibarra ve, tras el debate de Maragall, un «pillaje sin escrúpulos»
El presidente reivindica que la reforma constitucional denomine «región de España» a Extremadura
A veces calla, pero nunca otorga. Sus silencios tienen más que ver con la lealtad que con el conformismo. Juan Carlos Rodríguez Ibarra ha tomado nota de las reivindicaciones nacionalistas. Unos meses de espera ante el debate territorial... y, ahora se planta. Habla ya sin tapujos de «pillaje sin escrúpulos».
El presidente extremeño, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, ayer junto al alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, en el Teatro de Mérida
E. L. Palomera La Razón 8 Septiembre 2004

Madrid- Si José Luis Rodríguez Zapatero pretendía acallar la voz de Juan Carlos Rodríguez Ibarra con su inclusión en la nueva Ejecutiva Federal se equivocó. El presidente extremeño no tiene pelos en la lengua y menos cuando se trata de la unidad de España y de los nacionalismos. Ha estado tres meses guardando un prudente silencio ante el debate territorial, las reformas estatutarias y las aspiraciones nacionalistas en la modificación constitucional..., ha tomado nota y, ahora, se planta. Las cosas por su nombre y, tras lo que en su partido llaman, un Estado federal, él no ve más que una Confederación.

Así lo expresó ayer durante su discurso con motivo del día de Extremadura, en el que arremetió con dureza contra los nacionalismos y las pretensiones de los catalanes de su partido. Ni Carod, ni Maragall, al polémico barón no le callan. «Es propio del infantilismo y de la adolescencia buscar el cambio de nombre, y es propio de la edad adulta el aceptarte como eres». Si la doctrina oficial, mantiene, es que cada uno «use el nombre y el apellido que le apetezca», pero que se sepa que «tras ese adjetivo resplandeciente [en alusión a la nacionalidad histórica] vienen los réditos dinerarios correspondientes».

De ahí, que Ibarra vea que en cuanto «uno ha levantado la veda y ha invitado a otro al club de los privilegiados, han saltado otros tantos a pedir su adjetivo, a recordar su carácter histórico, a exhibir blasones apolillados, a querer ser nacionalidades y cosas así, al pillaje sin escrúpulos».

O español o no español, esta es la disyuntiva que Ibarra plantea y que compara con la actitud de algunos de «renegar de Dios toda la vida y ponerse bajo su amparo en el último adiós». Más claro: que «que resulta igualmente injustificable sentirse no español y aprovechar las ventajas de serlo para pretender dejar de serlo».

Él, desde luego, no piensa aceptar que «desde una posición no española, se pretenda reducir, dividir o erosionar el territorio español», pues aunque «estamos dispuestos a discutir de igual a igual cualquier idea brillante o peregrina que pretenda mejorar la empresa, pero no la división o el empequeñecimiento de la misma».

Es más, ya advierte su voluntad y la de su Gobierno de no sólo no cambiar el nombre de su región, sino su decisión de calificar a Extremadura, en la Constitución reformada. «una región española, o una región de España, pues de buena casta es quien a los suyos honra».

En resumen, que, su impresión, es que el debate nominal ha comenzado mal y que «España no es lo que queda después de que cada territorio haya determinado en su Estatuto lo que quiere para sí. Eso nos convertiría automáticamente, no en un Estado Federal, sino en una pura Confederación.

España, como realidad política actual, precede lógicamente a sus Comunidades, de modo que la Constitución de 1978 no es un pacto entre territorios preexistentes, sino una decisión soberana del pueblo español que incluye la posibilidad de creación de Comunidades Autónomas a partir de la propia Constitución».

Ibarra no sólo no se sumará a lo que él llama una carrera de «pretensiones nominales sumándonos al coro de los dolientes», sino que advierte que la frenará en la medida de lo posible y siempre que esa «actitud sensata y patriótica no vaya a suponernos una merma en nuestras posibilidades de desarrollo».

El presidente extremeño, que estuvo acompañado por el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón, con motivo de la celebración del Día de Extremadura en un acto celebrado en el Teatro Romano de Mérida, criticó anoche el debate nominal de las regiones españolas iniciado en el país, y aseguró que la región extremeña no sólo no se sumará a esta «loca carrera» sino que incluso frenará en la medida de lo posible esta pretensión de algunas regiones, «siempre que esa actitud sensata y patriótica no vaya a suponernos una merma en nuestras posibilidades de desarrollo».

Por otra parte, el portavoz del grupo parlamentario popular, Javier Casado, reclamó ayer a todos los extremeños, tras el acto institucional con motivo del Día de Extremadura, que sean más reivindicativos. Casado señaló que todo el mundo puede imaginar el futuro, «lo que necesitamos es que nos eliminen tantísimas trabas como tiene la Administración regional para que ese futuro se concrete en proyectos».

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