AGLI

Recortes de Prensa     Jueves 9 Septiembre 2004

Ibarreche y el «chantaje revolucionario»
Luis María ANSON La Razón  9 Septiembre 2004

EL CONSENSO Y LA PARTITURA
JUAN ANTONIO SAGARDOY BENGOECHEA  ABC 9 Septiembre 2004

CRISIS ABIERTA EN EL PSOE
Editorial ABC  9 Septiembre 2004

¿TIENE RAJOY UN MODELO
César Alonso DE LOS RÍOS ABC 9 Septiembre 2004

Ibarra, la forma y el fondo
Editorial La Razón 9 Septiembre 2004

¿Quién será el palmero
Ignacio Villa Libertad Digital 9 Septiembre 2004

La sonrisa de ZP y el caos del PSOE
Editorial Libertad Digital 9 Septiembre 2004

Ibarra no quiere otra Baviera
Julián Lago La Razón 9 Septiembre 2004

Zapatero tiene un problema
Editorial Heraldo de Aragón 9 Septiembre 2004

El vendedor de aire
José María Carrascal La Razón 9 Septiembre 2004

MODELOS TERRITORIALES
FERNANDO FERNÁNDEZ ABC 9 Septiembre 2004

Primeras escaramuzas
Lucrecio Libertad Digital 9 Septiembre 2004

Debates para la galería
Enriqueta Benito Bengoa La Razón 9 Septiembre 2004

A palos en el PSOE
LAS PESQUISAS DE MARCELLO Estrella Digital 9 Septiembre 2004

Doble rasero
GEES Libertad Digital 9 Septiembre 2004

Autodeterminación
Juan BRAVO La Razón 9 Septiembre 2004

Cinismo apolítico
Agapito Maestre Libertad Digital 9 Septiembre 2004

Talante y crispación
Francisco MARHUENDA La Razón 9 Septiembre 2004

De la mano de los verdugos, contra las víctimas
Rubén Múgica Libertad Digital 9 Septiembre 2004

Sobre víctimas y verdugos
Carmen Gurruchaga La Razón 9 Septiembre 2004

Algo no cuadra
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 9 Septiembre 2004

¡Que tiemble el enemigo!
José García Domínguez Libertad Digital 9 Septiembre 2004

¿Talante o incertidumbre
Cartas al Director ABC 9 Septiembre 2004

Cuestación
Libertad Digital 9 Septiembre 2004

VÁZQUEZ Y BONO SE QUEDAN CON LA PRIMERA VERSIÓN DEL DISCURSO
Libertad Digital  9 Septiembre 2004

Vázquez se une a las críticas de Ibarra contra el modelo de Estado del PSOE
S. Olmo | madrid La Voz 9 Septiembre 2004

El Foro de Ermua califica el anuncio del Gobierno Vasco de burda amenaza y coacción
EFE, Libertad Digital   9 Septiembre 2004

 


Ibarreche y el «chantaje revolucionario»
Luis María ANSON de la Real Academia Española La Razón  9 Septiembre 2004

Son muchos los que en las provincias vascongadas pagan el llamado «impuesto revolucionario», que es un puro y simple chantaje de Eta. Los terroristas plantean a empresarios y profesionales: «O pagas tal cantidad de dinero cada año o tú o los tuyos sufriréis las consecuencias de un atentado o un secuestro». A Ordóñez le asesinaron, entre otras razones, porque hizo campaña en contra de que se abonara el chantaje revolucionario, que es una de las vías de financiación de la banda terrorista.

No quiero calumniar gravemente al Gobierno regional vasco afirmando que los tiene bien puestos. El ayatolá Arzallus fue el paradigma del miedo físico frente a los etarras. Ibarreche paga todo lo que haya que pagar para apaciguar al lobo que ha metido los hocicos entre los tobillos de Ajuria Enea. Amén de otras partidas de las que se benefician directa o indirectamente los amigos de los terroristas, ahora sabemos que el lehendakari paga un «impuesto revolucionario» de 31 millones de pesetas a las familias de los etarras con el pretexto de financiar las visitas a las cárceles. Ibarreche, claro es, niega el pan y la sal a las víctimas del terrorismo y, además, se mofa así, públicamente, de los asesinados a través del dinero con el que subvenciona a las familias de los asesinos.
Ésa es la situación en la que estamos, mientras un sector del PSOE juguetea con el nacionalismo vasco sin querer enterarse de que nuestro Estado de Derecho, el que pusimos en pie en 1978, se fragiliza día a día.

EL CONSENSO Y LA PARTITURA
Por JUAN ANTONIO SAGARDOY BENGOECHEA de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación ABC 9 Septiembre 2004

RESULTA evidente que los gobiernos actuales, sobre todo en los países de la Unión Europea, han cambiado profundamente sus modos. Se ha pasado de la «auctoritas» al «placet», a la búsqueda de un consentimiento de los gobernados por las normativas puestas en práctica.

Evidentemente, la comunicación política, como afirma Cotteret, asegura la adecuación entre los gobernantes y gobernados por un cambio permanente de información, a la vez que asegura o, al menos, promueve la legitimación de la autoridad de los primeros sobre los segundos. De ahí que la comunicación política sea deseable y útil. Pero no sólo en su sentido coercitivo -de transmisión de mandatos-, sino también, y sobre todo, en su vertiente persuasiva, de búsqueda de una aceptación de dichos mandatos que emanan del sistema político. En esta nueva vertiente, el papel de los gobernantes se incardina en la propuesta de nuevos valores, de nuevos símbolos, de nuevos estilos de vida. Esto se da, fundamentalmente, en los tiempos de cambio político, en los que la comunicación, a través de los medios institucionales y personales, juega un papel decisivo, siendo difícil separar la información de la propaganda.

Que la comunicación -en sus dimensiones cualitativa y cuantitativa- es algo necesario para la necesaria estabilidad social, es algo evidente. Máxime en nuestros tiempos, en los que hemos pasado de un estado liberal a uno fuertemente intervencionista, en el que las decisiones políticas tienen un fuerte, y casi universal, impacto en la vida cotidiana de los ciudadanos. Y en esas decisiones políticas, tienen -o deberían tener- un papel preponderante los valores éticos que una sociedad precisa. Desgraciadamente, como sigue diciendo Cotteret, y lo decía en 1973, el desarrollo de los medios de comunicación ha contribuido poderosamente a la desvalorización de los valores, hasta convertirlos en valores ómnibus, es decir, de escasa entidad, de modo que la «pureza» de un valor es inversamente proporcional al número de personas que se adhieren a él.

Pues bien, los gobiernos tienden a convertir en regla primigenia de gobierno la búsqueda del consenso, el aplauso mediático, la adhesión popular. Todo ello, no sólo está muy bien, sino que sería lo deseable en toda decisión política: que fuera fruto de la concertación de los afectados, bien recibida por todos los medios de comunicación, y aplaudida por los ciudadanos. Pero el problema reside cuando la medida es «impopular», es decir, cuando no hay acuerdo, no es bien recibida, e incluso disgusta a la población. ¿Qué hacer entonces? Desde luego el acierto en tales circunstancias es el que da la talla de los gobernantes. La historia nos muestra cómo algunas decisiones impopulares -sobre todo en el terreno de la racionalización económica- han dado luego unos frutos de largo alcance, y cómo, al contrario, medidas «blandas», acomodaticias y bien recibidas, porque no suponían sacrificio alguno, han sido la causa de importantes y constatables desastres.

Los estados totalitarios, y no sólo los dictatoriales, sino también los que practican el despotismo ilustrado, son abominables, entre otras poderosas razones porque ignoran y pisotean lo que tenemos de mayor valor: nuestra dignidad humana. Pero un estado que funcione sin rumbo, sin principios claros, sin una serie de valores directivos, es un estado ruinoso, que acaba arruinando nuestra vida. Hay que encontrar sistemas en los que se cuente con la voluntad de los ciudadanos, por los resultados positivos que ello puede tener, sobre todo, respecto a la paz social. Pero, hoy por hoy, la democracia en todos los países libres desarrollados es una democracia representativa, que sólo en casos excepcionales utiliza el referéndum. El sentir popular se expresa en las urnas, de un modo periódico, con dos claros mensajes: el primero, que es bien visto el programa político de los ganadores; y el segundo, que si no se cumple, posiblemente, no se le vote en la próxima ocasión.

En España tenemos, en los momentos actuales, temas de gran calado que nos afectan -y sobre todo nos van a afectar en el futuro- de un modo trascendente para nuestra vida. Y tanto en el terreno laboral, como, sobre todo, en el puramente político, de configuración del Estado a través del diseño constitucional. En el primer aspecto, como he dicho en otras ocasiones, la concertación social a través de los Acuerdos Marco y de la propia negociación colectiva, es consustancial a unos parámetros, no sólo democráticos, sino, sobre todo, de eficacia de la norma, que en el Derecho del Trabajo no es un grano de anís. Pero la búsqueda de la concertación no significa, ineludiblemente, que su ausencia conlleve el abandono del proyecto. El Gobierno debe gobernar en función de los intereses generales. Y si esos intereses no se corresponden con el deseo de los ciudadanos, éstos se lo dirán en la próxima convocatoria electoral. En nuestra historia, algunas reformas del Estatuto de los Trabajadores, especialmente la llevada a cabo en 1994, por el Gobierno socialista, fue un ejemplo de lo que era necesario hacer, aunque el hacerlo supusiera un importante desgaste para el Gobierno. Y lo que plantea actualmente el Gobierno alemán, encabezado por Schröeder, es otro ejemplo de evidente calado. Francia, por el contrario, sigue siendo muy renuente a emprender reformas estructurales en el campo socio-laboral. El tiempo dictaminará.

Y en cuanto a los temas trascendentales de la configuración del Estado, pienso que ahí, más que en ninguna otra materia, es absolutamente preciso que el Gobierno tenga una partitura, un proyecto, una idea precisa, como es de esperar que la tenga. De lo contrario, es como pedir a una orquesta que toque sin libreto. A su aire. Hay que dar, a los que vayan a opinar, negociar y, si es posible, concertar, una ponencia con las líneas generales, al menos, del empeño. Que luego se cambie, se retoque o se enriquezca es deseable, pero que antes haya un proyecto a discutir parece imprescindible, en una labor responsable de Gobierno que, lógicamente, todos deseamos.

CRISIS ABIERTA EN EL PSOE
Editorial ABC  9 Septiembre 2004

RODRÍGUEZ Zapatero llegó al Gobierno con un discurso de investidura que inauguraba una segunda transición, con reformas constitucionales y estatutarias que iban a poner fin, casi por arte de magia, a la «tensión territorial» acumulada, según la propaganda socialista, durante los ocho años de mandato de Aznar. Cinco meses después de ese anuncio, la tensión territorial no sólo no se ha reducido, sino que ha ganado espacio e intensidad, conservando a los mismos nacionalistas de hace un cuarto de siglo, algunos alborozados con su acceso al poder autonómico pero con las mismas reivindicaciones de siempre, e incorporando con estrépito a Comunidades que, hasta ahora, no se habían sentido en la necesidad de hacerse presentes para reivindicar su dignidad histórica y su identidad española. La irrupción de Rodríguez Ibarra en el tinglado socialista no ha sido gratuita ni el resultado de una explosión visceral. Por el contrario, refleja la falta de sustrato social y la parcialidad del proyecto político que están mancomunando Maragall y Zapatero. Un proyecto que no integra a la oposición popular ni a los más de nueve millones de electores que representa, pero tampoco al propio PSOE, cuyas costuras no han resistido un segundo más la presión de un discurso en el que el Estado que se vaticina no se va a construir sobre la igualdad efectiva de todos los españoles y de todos los territorios que lo integran, sino sobre la asimetría más discriminatoria que cabe imaginar, que es la que reparte arbitrariamente escalas de legitimidad histórica y diferencias de trato. Ante este estado de cosas, Zapatero no debería preocuparse de que Rajoy «se quede solo» en el debate sobre la reforma del Estado, porque no lo está y porque es en su propio partido donde se acaban de lanzar las denuncias más graves y descalificadoras de la principal -por no decir única- idea política que se le conoce al Gobierno socialista.

Es posible que Rodríguez Zapatero confiara en el efecto silenciador que produce el poder sobre las discrepancias internas de los partidos. Pero este efecto sólo se logra cuando a la mera posesión del poder se une la autoridad moral suficiente para hacerse acreedor de la confianza colectiva, necesaria sobre todo cuando se pretende liderar procesos de una envergadura que trasciende los márgenes ordinarios del Gobierno. Zapatero se ha embarcado en un viaje de cambios constitucionales y estatutarios del que empiezan a descolgarse algunos de los suyos. Ayer fue Rodríguez Ibarra, pero luego serán aquellos dirigentes locales y autonómicos que también se vean en la obligación de salir al paso de proyectos y discursos cuya eficacia se asienta en el reconocimiento de la desigualdad entre ciudadanos y territorios españoles. La respuesta despectiva del ministro de Industria, José Montilla, no es lo que merece un presidente autonómico que ha tenido la audacia de poner sobre la mesa de sus compañeros de partido la otra cara del debate territorial, la que refleja el hartazgo por tanto victimismo nacionalista y tanto zarandeo a la idea nacional de España. Este sería el mayor beneficio que puede producir la polémica a la que se ha sumado Rodríguez Ibarra, plantear también como solución a la «tensión territorial» que las minorías nacionalistas y federalistas, veinticinco años después de un proceso de ida sin vuelta de competencias y poderes a favor de las autonomías, dejen de cuestionar la unidad nacional y la organización constitucional del Estado.

El problema es que el PSOE se está revelando como un partido invertebrado e inestable, con intereses fragmentados y con un liderazgo discutido o ausente. Ninguna de sus últimas y solemnes reflexiones colectivas sobre el modelo de Estado, como la Declaración de Santillana o el XXXVI Congreso, han servido para sostener políticamente un discurso homogéneo. Sus compromisos públicos han acabado cediendo a transacciones soterradas y las promesas de diálogo se están perdiendo en la política de hechos consumados.

¿TIENE RAJOY UN MODELO?
Por César Alonso DE LOS RÍOS ABC 9 Septiembre 2004

QUE no se engañe Rajoy: el PSOE tiene una propuesta de modelo de Estado, ciertamente destructor (deconstructor, diría Rubert de Ventós), pero es un modelo. Zapatero lo explica de forma parcial, e incluso vergonzosa y artera, porque es verdad que tiene contradicciones internas y enemigos externos. El núcleo duro (González, Maragall, Jáuregui...) tiene que ofrecerle una fórmula presentable al ya convencido Chaves y tiene que terminar de desarmar a gentes como Rodríguez Ibarra (porque Bono ya está en sus manos). La dirección socialista sabe que tiene que ir dando tiempo al tiempo porque la voladura del Estado (en la que estamos desde hace mucho) no puede parecer tal para no alarmar. El ritmo es importante. Los recesos, oportunos. Dejar dormir el plan Ibarretxe. Retrasar la reforma de los Estatutos. Hacer creer que se olvida el objetivo. Dar un respiro a gentes como Ibarra de tal modo que pueda disimular su oportunismo. ¿Acaso después de ser tratado con desprecio (el «bellotari») no se dio un gran abrazo en Santillana del Mar con Maragall? ¿Acaso no llegó a decir que respetaría todas las decisiones que aprobara el Parlamento catalán, y no ha defendido, acaso, la necesidad de reformar el Senado en el sentido de una organización confederal del Estado?

Así que la dirección del PSOE ha dado por amortizado el modelo autonómico y se lanza a su sustitución por otro. Este es el punto en que estamos y, por ello, convendría no confundir a la sociedad española. Quiero decir que convendría que Rajoy no fuera por ese camino mientras deja que el planteamiento de la cuestión nacional quede en manos del PSOE. Hasta el punto de permitir que sea un socialista el que dirija la oposición.

LA apariencia de desorientación que da el PSOE se debe a las causas que he señalado antes y, sobre todo, a su incapacidad parlamentaria para llevar a cabo los cambios constitucionales que desearía. Por eso da rodeos y presiona con la retórica del diálogo... Por lo demás, ZP camina por la senda que le han marcado los criptonacionalistas de su partido, los intelectuales inorgánicos que le apoyan y toda esa reata de constitucionalistas que se dedican a tranquilizar al personal en el sentido de que España no va a caer como nación (de naciones) ni va a dejar de ser reconocida como realidad histórica, sino que tan solo se va a acomodar a las exigencias de las partes sin las que no sería nada.

A los que tenemos el triste consuelo de haber denunciado con acierto la peligrosísima deriva del PSOE en la cuestión nacional nos resulta especialmente irritante la ligereza de ciertos dirigentes de PP al restar dramatismo a la situación e incluso a desfigurarla. Lo de menos es que hayamos podido ser tachados por los Ribó o Eguiguren o Maragall y sus compañeros de viaje como defensores de un españolismo esencialista, unitarista, dogmático. Lo de más es que la dirección del partido llamado a defender una idea de España no termine de asumir el papel que le corresponde históricamente. Parecen no haberse dado cuenta de que su gran baza política y electoral coincide con esa misión histórica y que incluso una parte del PSOE estaría necesitando que los dirigentes populares asumieran el discurso español que se necesita en estos momentos.

Antes de ir a La Moncloa, Mariano Rajoy debería haber explicado de modo escueto y terminante que el PP tiene una idea de España y un modelo de Estado que no admiten negociación, no sólo por constitucionales, sino porque son vital e históricamente necesarias.

Ibarra, la forma y el fondo
Editorial La Razón 9 Septiembre 2004

El presidente extremeño, el socialista Juan Carlos Rodríguez Ibarra, tiene entre sus virtudes la de hablar con una claridad y sencillez poco habituales en nuestra clase política. Se le entiende perfectamente lo que dice y sobran muchas interpretaciones a su discurso oficial pronunciado en el Día de Extremadura, un verdadero aldabonazo en la conciencia nacional que trasciende el ámbito extremeño y repica por toda España. La calificación de «pintoresco» efectuada desde su propio partido, las declaraciones quitando hierro a la dureza de los conceptos expresados por Rodríguez Ibarra, no pueden engañar a nadie, por más que molesten extraordinariamente a los nacionalistas hoy socios del PSOE al que sostienen en el Gobierno de la nación.

La sinceridad del presidente extremeño, su ausencia de complejos al abordar la incertidumbre creada desde su propio partido para reformar la Constitución y los Estatutos de Autonomía, queda perfectamente reflejada en sus palabras: «España no es lo que queda después de que cada territorio haya determinado en su Estatuto lo que quiere para sí. Esto nos convertiría automáticamente, no en un estado federal, sino en una pura Confederación». «La Constitución no es un pacto entre territorios preexistentes, sino una decisión soberana del pueblo español que incluye la posibilidad de creación de comunidades autónomas a partir de la propia Constitución». En estas y otras frases, ciertamente irónicas, Ibarra pone al descubierto la amenaza que supone «comenzar la casa por el tejado», abrir el melón constitucional cuando el Gobierno está enfrentado al dilema de hacer caso a las reclamaciones, tanto dinerarias como de soberanía, de los socios nacionalistas y del propio Maragall, o negarse a establecer más diferencias entre unas autonomías y otras y arriesgarse a perder el respaldo parlamentario. Su aviso llega al mismo tiempo que el de Mariano Rajoy. Y no es casual la coincidencia, pues en ambos se aprecia similar preocupación ante la indefinición del modelo de Estado que está dispuesto a negociar Rodríguez Zapatero.

El discurso del presidente extremeño debería ser tenido muy en cuenta en el PSOE, pues sin duda recoge la preocupación de muchos votantes socialistas que no verían con buenos ojos cómo algunas autonomías podrían auparse sobre las demás en una invitación «al pillaje sin escrúpulos». La tranquilidad demostrada ayer en el PSOE tiene mucho que ver con la lealtad hacia su partido que caracteriza a Juan Carlos Rodríguez Ibarra pues no parece posible que los socialistas extremeños lleguen a poner sobre la mesa la posibilidad de caminar por su cuenta y amenazar con crear su propio grupo parlamentario. Por el contrario, su aviso puede venir muy bien a Zapatero a la hora de rebajar las exigencias de sus aliados nacionalistas.

¿Quién será el palmero?
Ignacio Villa Libertad Digital 9 Septiembre 2004

¡Que tenga cuidado ZP, que a este paso su compañero Ibarra le termina señalando como el palmero de la película!. Las turbulencias provocadas por las declaraciones realizadas el pasado martes por el presidente extremeño Rodríguez Ibarra han servido para situar en el escaparate los verdaderos problemas internos del Partido Socialista. Y aunque como tantas otras veces Ibarra ha recogido velas, en el programa de Gabilondo, la polémica está servida. Y no es una polémica artificial, aunque ahora intenten amortiguar el golpe con declaraciones azucaradas. Las cosas no son así, aunque intenten fabricar una realidad virtual. Ibarra dice ahora que se refería al presidente Balear, Jaume Matas, una verdadera pirueta dialéctica que no corrige su primera andanada.

Y encima el presidente Zapatero, con una simpleza que es cada vez más preocupante, ha irrumpido en escena, intentado poner paños calientes a la situación. Bromas infantiles con sonrisa fácil, pero poco más. Dice que hay que acostumbrarse a las declaraciones "con pasión" del "compañero Ibarra"; y no le falta razón. Pero el primero que debería acostumbrarse es él mismo, incapaz de poner orden en su partido. No estaría de más que el Jefe del Ejecutivo repare -aunque sea por una vez- que las críticas del presidente extremeño tienen una primera referencia en la propia persona del presidente Zapatero. Ibarra se refería a Chaves y a Maragall –de acuerdo– pero sí estos políticos dicen y hacen lo que les cuadra es porque Zapatero desde Madrid no sabe exigir una mínima coordinación.

Bueno, y en esta historia no podía faltar la habitual "lección de civismo" que nos quiere dar siempre Zapatero. Ahora nos cuenta que tenemos que "aprender a respetar la libertad de expresión". En fin, el que no se consuela es porque no quiere. Pero alguien le tendría que decir al inquilino de la Moncloa, que su alquiler presidencial tiene fecha de caducidad y que no depende de él sino de los ciudadanos. Además mal vamos, sí el presidente Zapatero después de cuatro meses de Gobierno se dedica a impartir lecciones de ética política. ¡Que tenga cuidado ZP, que a este paso su compañero Ibarra le termina señalando como el palmero de la película!.

La sonrisa de ZP y el caos del PSOE
Editorial Libertad Digital 9 Septiembre 2004

Por mucho que Zapatero mantenga impertérrita su sonrisa, la triste realidad es que las explosivas declaraciones de Rodríguez Ibarra —duras pero llenas de sentido común— contra sus compañeros de partido, Manuel Chaves y Pascual Maragall, dejan en evidencia, una vez más, el caos programático que reina en el partido del Gobierno en un asunto tan radical como es el modelo de Estado.

Mientras el ministro de Industria y secretario general del PSC, José Montilla ha manifestado su desprecio por las “gracietas” del presidente extremeño, el notable del PSOE y alcalde de La Coruña ha salido, por el contrario, en defensa de su compañero de partido y ha dicho respaldar su compromiso con la igualdad y la solidaridad entre todas las autonomías de España. Maragall ha guardado silencio, mientras Chaves ha parecido más preocupado por la dignidad del flamenco que por refutar las duras acusaciones que, sin nombrarlo, Ibarra ha lanzado contra él.

Poco ha tardado, pues, el PSOE en confirmar —una vez más— el diagnostico que ayer mismo hacíamos a propósito de la entrevista mantenida entre el presidente del Gobierno y el líder de la oposición. A saber, que por mucho que ZP haga bandera del consenso, “lo cierto es que es en el propio partido socialista donde no hay un consenso sobre esas reformas estatutarias y constitucionales que se quieren llevar a cabo”. Difícilmente podrá coordinar un acuerdo entre distintas formaciones políticas, quien es incapaz de hacerlo en su propio partido. Quien no quiere negarse a nada, difícilmente puede afirmarse en algo, y esa es la raiz de la indefinición que caracteriza a ZP.

Aunque vienen de lejos, no deberíamos acostumbrarnos ni dejar de señalar estas contradicciones en el propio seno del partido gobernante, pues son de una anormalidad extrema. En un asunto tan básico y fundamental como el modelo de Estado y el concepto de nación, lo normal debería ser que reinara un consenso que integrara, no ya los miembros de un mismo partido, sino a todas las formaciones políticas, como así ocurre en todos los países de nuestro entorno.

Por mucho que la vicepresidenta del Gobierno, Maria Teresa Fernandez de la Vega instara a Rajoy “a no marginarse del consenso en el que participa el resto de las otras formaciones políticas”, lo cierto es que ni su partido ha logrado un consenso con los demás, ni —lo que es peor—consigo mismo, acerca de lo que quiere hacer con España. Lo único que les une es el frente anti-PP, y a eso sacrifican hasta la estabilidad constitucional. Pedir a Rajoy que se sume a eso parece tan excesivo como le pueda parecer a Ibarra.

Fernández de la Vega sabe mejor que nadie que los socialistas no tienen un proyecto sólido y coherente, pues ella misma también protagonizó, hace escasos meses, una reprobación a Maragall cuando este se mostró favorable, “no en la forma pero sí en el fondo”, al Plan Ibarretxe.

Las divergencias internas entorno a la política comercial, al futuro de la televisión pública, al equilibrio presupuestario o en tantos otros asuntos en los que también se ha hecho patente la descoordinación socialista, palidecen ante desencuentros tan graves y en asuntos de tanto calado como el que hoy nos ocupa. Ante semejante panorama Zapatero podrá mantener fija la sonrisa. Pero con tan poca credibilidad como la de Joker...

Ibarra no quiere otra Baviera
Julián Lago La Razón 9 Septiembre 2004

Vamos, que pocos pelos en la lengua tiene Ibarra, el cual dice en voz alta lo que se le pasa por la cabeza, llegado el caso, cosa que es de agradecer. Lo mismo sobre el indulto para el general Galindo, del que el presidente extremeño siempre se ha manifestado a favor, que sobre el guirigay del modelo de Estado montado por Zapatero, del que siempre se ha manifestado en contra (del modelo de Estado, claro, no del presidente Zapatero, de momento).
Dicho lo dicho, que está bien que aquí, cuando la peña anda con los dodotis puestos a causa de las amenazas soberanistas, surjan expresiones públicas de coraje democrático como las de Ibarra, quien acaba de declarar en Mérida que Maragall y Chaves, también Chaves, coño, fomentan el infantilismo y el pillaje con las reformas constitucionales que Zapatero tiene sobre la mesa. O lo que es lo mismo, que para Ibarra los compañeros Chaves y Maragall están, respectivamente, padeciendo por un lado la enfermedad del infantilismo de izquierdas de la que habló Lenin y, por otro, intentando aplicar la ley del embudo, según la cual lo ancho del embudo es para los del tripartito, of course.

Así que Ibarra está hasta los mismísimos del mamoneo del molt honorable, quien ha liado hasta a María Santísima. Entendiendo por María Santísima en concreto al mismo Chaves, el cual está dando triples saltos mortales de alegría, pobre, en la creencia de que el invento de Maragall le servirá para refundar en Andalucía el Califato de Córdoba, con él de califa, mayormente. Bueno, pues eso, que estamos ante un proceso de desagregación del Estado vía la desespañolización de las autonomías, para lo que Maragall, aunque no lo confiese, ha puesto en marcha la moviola de la Historia a fin de retrotraernos a la España del siglo XVII. Verbigracia, a las Españas de los Austrias, anteriores en cualquier caso a la España del decreto de Nueva Planta de Felipe V de 1715, creemos recordar.
Más claro, que la coincidencia entre el pensamiento de Rajoy y el de Ibarra no es ideológica, sino conceptual, de fondo. Por lo que Ibarra está encabronado con el papo de Maragall, y Rajoy, asustado. Que asustado ha salido Rajoy de La Moncloa tras haber escuchado a Zapatero que sólo dice amén a Maragall, quien, en pleno revisionismo histórico, sostiene que Cataluña es «més que una nació», que diría un culé.

De donde se deduce que Ibarra no se traga lo del federalismo asimétrico, que se inventó Maragall para camuflar su verdadera intención: confederar Cataluña al Estado español. O sea convertir Cataluña en otro Freistaat von Bayern, en otra Baviera, mientras Zapatero juega con el puzzle territorial creyendo que sólo se trata de recolocar las piezas de nuevo, aunque sea con calzador, y no es eso, no es eso, leches.

Zapatero tiene un problema
Editorial Heraldo de Aragón 9 Septiembre 2004

EL COMENTARIO político de ayer fueron las explosivas declaraciones de Juan Carlos Rodríguez Ibarra en el Día de Extremadura. El presidente socialista extremeño fue mucho más lejos que Mariano Rajoy, que se había mostrado "muy preocupado" por la falta de definición del Gobierno socialista sobre el "modelo territorial". Casi a la vez que desde el PSOE acusaban al líder del PP de aprovechar su encuentro con Zapatero para la "descalificación", Rodríguez Ibarra se despachaba a gusto asegurando que el Ejecutivo "ha empezado la casa por el tejado" y acusando a los nacionalismos periféricos de fomentar el "pillaje de España". Ibarra fue especialmente hiriente con Manuel Chaves -presidente de Andalucía y, además, del PSOE, a quien Pasqual Maragall ha elegido como aliado e intermediario- al decir que "cuando los poderosos llaman a la juerga al cuadro flamenco, es para tocar palmas". De estas durísimas invectivas, hechas no en una charla informal, sino en el marco de una celebración institucional, queda una frase que mueve a la reflexión: "España no es lo que queda después de que cada territorio en su Estatuto determine qué quiere para sí". Si hubieran sido palabras de Rajoy, el escándalo hubiera sido un seísmo político.

Es difícil saber qué movió a Rodríguez Ibarra a dejar al jefe del Ejecutivo en posición tan desairada. Además de la hipérbole sobre el "pillaje", descalificó la actitud del presidente de su partido. Que Zapatero no responda puede interpretarse como reacción de obligada prudencia para calmar los ánimos o, al contrario, inducir a dudas sobre su capacidad para controlar la situación y los humores de sus "barones". El tiempo se encargará de probar si se trata de una u otra cosa y saberlo será decisivo. La cuestión territorial es fundamental y requiere calma. Pero no tanta como para dar lugar a una carrera indeseable de propuestas al mejor postor. Requiere un liderazgo decidido y claro del presidente del Gobierno y secretario general del PSOE. Porque hay políticos que lo tienen muy claro: Josu Jon Imaz, por ejemplo, que en su encuentro con Zapatero mostró una cordialidad loable, se mantuvo firme en su defensa del Plan Ibarretxe que siguen sin aceptar ni PSOE ni PP. Y sería bueno que, estos días, ambos partidos lo ratificasen juntos en público.

El vendedor de aire
José María Carrascal La Razón 9 Septiembre 2004

Todo encuentro Zapatero-Rajoy es un desencuentro anunciado. Rajoy pide a Zapatero un modelo de España. Zapatero no puede dárselo porque no lo tiene. Ni de España ni de nada. En La Moncloa, hoy, los únicos modelos, modelitos más bien, son los de las señoras ministras cuando posan para «Vogue» o los de la vicepresidenta y portavoz en sus ruedas de prensa. El resto es talante. Cojan cualquier intervención del presidente. Eliminen los adverbios campanudos, los adjetivos rimbombantes, las frases huecas y los latiguillos ramplones, ¿qué queda? La nada en su estado más puro y simple. El presidente quiere oír a todos sin decir nada, nos aseguran, para luego formar una amalgama con todo ello. Afán loable de concordia y entendimiento. Pero ¿cómo compaginar lo que piden Ibarretxe, Carod-Rovira y el propio Maragall, como lo que sostienen Rajoy, Camps y el mismo Rodríguez Ibarra? Eso sí que es matar moscas con el rabo.

No sabemos si esta actitud seráfico-contemplativa es producto de la inexperiencia en el ejercicio del poder –a fin de cuentas, Rodríguez Zapatero no ha ejercido en toda su vida ni un solo cargo ejecutivo, incluido el de concejal– o de la delicadísima situación en que se encuentra un Gobierno que depende de unos socios que persiguen objetivos difícilmente encajables en el marco constitucional. Pero a la postre el resultado es el mismo: un vacío de poder, que aprovechan las fuerzas nacionalistas para adelantar posiciones y crea inquietud entre la ciudadanía. Se elige a alguien presidente de Gobierno no para templar gaitas, aunque sin duda puede hacerlo. Pero se le elige, sobre todo, para gobernar. Y gobernar no consiste sólo en escuchar a éste o el otro, sino también en tomar decisiones, desagradables muchas de ellas. Para decir no, en suma, cuando las circunstancias lo requieran.

Tal vez sea mucho pedir a Zapatero que nos diga cuál es su modelo de España. Pero al menos podría decirnos cuál no es su modelo, por lo que no va a transigir. Podría decirnos, por ejemplo, si acepta o no que las comunidades autónomas tengan poder de veto en determinados asuntos. O si pueden autodenominarse como les plazca. O si las reformas que decidan de sus estatutos serán vinculantes para el Gobierno central. Asuntos todos ellos de vital importancia que, además, han sido puestos sobre el tapete por el propio partido socialista o por sus socios de gobierno. No Mariano Rajoy, todos los españoles tenemos derecho a preguntárselo, para saber con quién nos estamos jugando los cuartos, que tampoco vemos tan seguros, y algo más importante, qué es el país en que vivimos. Sin embargo, se resiste a decírnoslo. Ante lo que es lícita la sospecha que teme se le caiga encima el sombrajo que habita. Que sus socios de gobierno se le rebelen. Porque está vendiendo aire, viento, que puede convertirse en tempestad. Es lo que suele ocurrir cuando el talante sustituye al talento.

MODELOS TERRITORIALES
FERNANDO FERNÁNDEZ ABC 9 Septiembre 2004

Este año vamos a hablar mucho de sastres y de modelos. Y no lo digo sólo por las fotos de las ministras y las pegatinas de la pasarela Gaudí, que hasta ser progre depende del color del cristal con que se mire. El Gobierno pretende convencernos de que las reformas de los Estatutos se hacen para solucionar problemas de coordinación y eficacia, y no buscan ampliar el marco de competencias transferidas. Pretensión incompatible con su propia justificación de la necesidad de las reformas de los Estatutos en la exigencia de múltiples Comunidades autónomas. Porque todas las que han hablado buscan ampliar sus competencias de manera efectiva y no meramente simbólica.

Nada más lógico cuando el proceso se presenta como un juego sin costes. Porque si algo sale mal, si las competencias asumidas no se pueden ejercer con eficacia o resultan muy caras, siempre se puede uno volver contra Madrid y reclamar el pago de la deuda histórica. Así ha sucedido hasta ahora, y siempre han ganado las Comunidades. Por la lógica del sistema electoral, que convierte a los partidos nacionalistas en partidos bisagra formadores de las mayorías parlamentarias y de los gobiernos de la Nación. Si el juego continúa, veremos necesariamente la formación de partidos nacionalistas, o fuertemente localistas, en todas las Comunidades. Eso es precisamente lo que significa Fraga en el Partido Popular gallego. Y eso, permítanme romper el clima de complacencia dominante, conduce inexorablemente al caciquismo. Y no siempre acaba bien, como estamos viendo en Europa tras la caída del Muro. O como describe acertadamente Álvarez Junco en Mater Dolorosa, y que me perdone mi admirado profesor por haber caído en la tentación que él pretende evitar.

Pero las construcciones políticas están para resolver problemas, nos dicen, y no para crearlos. Y no hay nada inmutable ni esencialista que no pueda ser reformado. En ese espíritu optimista que recuerda al de los ilustrados, que también por cierto eran afrancesados, se habla de innovaciones constitucionales en el Senado para convertirlo en la Cámara de las Autonomías y se propone alegremente romper el principio de que la soberanía reside en el pueblo español al aceptar el derecho de veto de las Comunidades autónomas, apartándose radicalmente de la tradición progresista del pensamiento ilustrado que siempre fue jacobino. Pero dentro del socialismo retruena la voz de un presidente autonómico, ciertamente decimonónico, que clama por la circunscripción electoral única para las elecciones al Congreso de los Diputados, él único competente para la elección y censura del presidente de Gobierno. Una propuesta que ha llegado la hora de rescatar para equilibrar soberanía territorial y personal, evitando la deriva localista por el juego de la ley electoral. Pero parece que la voluntad reformadora no llega a tanto. Sólo funciona en sentido centrífugo. Porque adolece de un electoralismo cortoplacista realmente preocupante. Por una vez Rajoy tiene razón. Sobre todo si hace caso a Rodríguez Ibarra.

Septiembre
Primeras escaramuzas
Lucrecio Libertad Digital 9 Septiembre 2004

Comienza el otoño, pues. En son de guerra. Sin el menor horizonte. Comienza el otoño. En son de guerra. La que Rodríguez Ibarra acaba de declarar a Chaves, sobre cuya coartada se apoya Maragall, que es el pilar que sustenta a Rodríguez Zapatero.

Rodríguez Zapatero había preparado un programa electoral cuyo objetivo no era ganar las elecciones. Sí, consolidar su mando sobre el Partido, de cara a los cuatro años por venir. La lección de lo ocurrido con el pobre Borrell era demasiado explícita como para no tomar nota. Sin esperanza alguna de llegar al Gobierno en plazo inmediato, la estrategia del sonriente Secretario General se agotaba en el básico principio de mantenerse en el cargo, frente a las previsibles arremetidas que iban a seguir a lo que se daba como una segura derrota. Era lo sensato: resistir y aguantar a que la erosión del tiempo sobre el partido gobernante le diera su oportunidad.

No era el único en tener esa certeza. La tenían aún más los pequeños caudillos locales, a los que la perversa tendencia clientelista del Estado de las Autonomías permitía soñar con una repetición casi de por vida de cargo y prebendas. Ante la perspectiva de una larga travesía del desierto, todos ellos optaron por blindarse y por primar la relativa (o menos relativa) independencia de sus organizaciones locales sobre la dirección central del PSOE. Ni Chaves, ni Bono, ni Rodríguez Ibarra estaban por aceptar la renuncia a una gabela prácticamente de por vida a causa de una excesiva identificación con el perdedor que en Madrid iba a pegarse el más duro morrón desde los tiempos de Almunia. Maragall, aún menos. Y Paquito López soñaba, en tanto, con el retorno bajo el palio protector (en lo político-policial, por supuesto, pero antes aún en lo financiero) del PNV. La perspectiva de un PSOE transformado, de hecho, pero también quizá estatutariamente, en federación de partidos independientes, era más que una hipótesis.

Las cosas parecieron torcerse cuando Maragall, lejos de arrollar como esperaba, se trocó en rehén de un Carod-Rovira, enredado en la tela de araña de ETA. Hubo de forjarse entonces aquella alianza a la desesperada, entre un Maragall desfalleciente y un Zapatero aterrorizado ante la posibilidad de ser catapultado hacia la nada. Desde todas y cada una de las autonomías gobernadas por el PSOE, aquel eje Madrid-Barcelona dejó oír un nada tranquilizador ruido de sables.

Luego, los islamistas hicieron presidente a Zapatero.

Y todos los cálculos viraron al delirio.

Sin línea ya de repliegue en la feudalización de sus respectivos dominios, no quedó a los caudillos locales otra opción que la de articular su “nacionalizado” poder con el imprevisto Gobierno central de un Zapatero que dependía irremisiblemente de los votos Maragall-Carod para mantenerse. Sin perspectiva alguna de gobierno que no pasara a través de la cesión ante las imposiciones catalanas, para Zapatero no quedó más que una vía transitable: la reforma de la Constitución que, junto al proyecto nacional–socialita catalán, abriría inexorablemente la puerta al equivalente plan Ibarreche en el país vasco. El apunte de Arzallus, anteayer, acerca de la existencia de conversaciones secretas entre ETA y el Gobierno de Madrid supondría, en efecto, la supresión de lo que Ibarreche ha proclamado siempre como el único obstáculo para su aplicación inmediata. La abrupta respuesta de un Ibarra al que este juego deja definitivamente en la marginalidad política dentro del PSOE, era de esperar.

Comienza el otoño, pues. En son de guerra. Sin el menor horizonte.

Debates para la galería
Enriqueta Benito Bengoa La Razón 9 Septiembre 2004

Estamos ante un debate abierto entre el PNV y el PSE que parece más una pelea de niños en el patio de una escuela que un debate político serio.

Desde el PNV se anuncia con reiteración y perseverancia encomiable la insistencia en someter el Plan Ibarretxe a consulta a los vascos y a debatirlo previamente en el Parlamento. Desde el PSE se anuncia una reforma virtual, más en el terreno de las intenciones que en el de las realidades, del Estatuto de Guernica. Aún no nos han concretado en qué consisten y qué fundamento constitucional pueden tener las mismas, más allá de someras referencias a la gestión de la Seguridad Social y la patochada esa, planteada a modo de globo sonda por el ministro de Administraciones Públicas, del veto de las autonomías a las leyes orgánicas del Estado. Lo cual es una boutade de verano sin precedentes en la historia de la política española.

Tiene razón el Sr. Ibarretxe al decir que los planteamientos se han de hacer, más allá de la declaración de voluntad, en sede parlamentaria para que sean creíbles, como también es cierto que sería deseable que Ibarretxe, Zapatero, o quien sea el que promueva las reformas, debiera de buscar un consenso previo que facilite que una reforma de ese calado no deje fuera de juego a la mitad de la sociedad, y que no se conciten fracturas políticas como la que nos trae el plan inconstitucional de Ibarretxe. Así no se hacen los cambios, salvo que se pretenda promover una sociedad de castas en la que hay unos privilegiados que son los que imponen sus decisiones y unos metecos en su propia tierra; es decir, extraños en su propia casa subordinados a privilegios de los vascos de primera que son desde hace años los propios nacionalistas.

Desde Unidad Alavesa no vamos a rehuir el debate. Es más: nos interesa mucho este debate. Si bien, para el bien común, desearíamos que existiera una base de consenso suficiente para que lo que surja tenga visos de perdurabilidad.

Queremos hacer un aviso de navegantes:
No vamos a aceptar que en nombre de los derechos históricos y de formas pretéritas de legitimación histórica supraconstitucional se nos venga con inventos que no tienen soporte en las tradiciones vascas. No ha habido nación vasca más allá del imaginario calenturiento de los descendientes de Sabino Arana.

Recordamos que el artículo 2.1 del actual Estatuto de Guernica dice que álava, Guipúzcoa, Vizcaya y Navarra tienen derecho a formar parte de la Comunidad Autónoma Vasca, es decir, que por la misma vía del derecho a pertenecer a la misma tienen el mismo derecho a no pertenecer, lo que es lo mismo que a segregarse. Al mismo tiempo, la Adicional 1ª de la C.E. establece que los derechos históricos corresponden a los territorios forales y radica en éstos la naturaleza de la decisión a recuperar el autogobierno nacido en esos derechos. Eso nosotros no lo olvidaremos jamás. Otros parece que están dispuestos a ignorarlo. Nosotros tenemos claro que nuestra propuesta de Estatuto es la única con fundamentos jurídicos. Ni la ruptura de la Seguridad Social en fragmentos, como propugna –parece ser– el PSOE, ni mucho menos el veto de las comunidades a las leyes del Estado, ni el Plan Ibarretxe, ayudan nada a que los fragmentos de Estado que somos las comunidades autónomas formemos Estado y que éste no desaparezca. Nuestra propuesta de que los alaveses tengan capacidad propia de definir su futuro, y de autogobierno alavés encarnado en el Estatuto Alavés es la única seria que se ha puesto hasta ahora sobre la mesa en este debate. De todas formas bueno sería que de una vez se haga un planteamiento pasado por la criba del acuerdo entre partidos, del consenso interpartidario, y no veleidades como las que hasta ahora se han cruzado más propias de periodos de inmadurez política que de una democracia asentada.

Unidad Alavesa reclama al PNV y al PSE que dejen de hablar de pájaros y flores y se pongan a trabajar por los verdaderos intereses y preocupaciones ciudadanas que son las de la desindustrialización de Euskadi; de una vivienda al alcance de la mayoría; de la inmigración incontrolada, de la centralización política y administrativa vasca que deja en su mínima expresión la capacidad financiera de las instituciones forales, y, por tanto, la financiación municipal; de la lucha contra la violencia en todas sus expresiones; de los retos pendientes para favorecer la riqueza, etc.

Mientras se habla de planes imposibles o de reformas inconcretas el tiempo pasa y los problemas de desarrollo quedan pendientes.

Desde Unidad Alavesa recordamos que si se quiere plantear un proceso de reformas se abre el melón y, por tanto, empezamos de nuevo, lo que implica nuestro derecho a exigir que se respete la voluntad de los alaveses en la definición de un nuevo marco de relación constituyente. Lo demás supone un engaño inasumible.
Nosotros no queremos aventuras, puesto que la economía, la estabilidad política y la concordia no se favorecen mediante tránsitos a lo desconocido. Pero si otros mueven el árbol –como gustaba decir a Arzallus– nosotros no vamos a esperar a que los demás se lleven las nueces.

Enriqueta Benito Bengoa es secretaria general de Unidad Alavesa

A palos en el PSOE
LAS PESQUISAS DE MARCELLO Estrella Digital 9 Septiembre 2004

Los extremeños se tocan, pero a palos, con los catalanes de su propio partido y en franca disputa con sus vecinos andaluces, según se desprende de la última soflama españolista del “bellotari” Juan Carlos Rodríguez Ibarra. El que canta, por igual, las verdades de la España regional que la apología de Filesa y de los GAL, y en sintonía con eso que la beautiful people del felipismo llamó el “socialismo de Puerto Hurraco”, del que se decía líder o mentor Alfonso Guerra, frente al clan de Boyer, Solchaga, Semprún y otros estetas de la gauche divine.

Rodríguez Ibarra, viendo a Zapatero tuerto por el continuo dedazo de Maragall en favor de que declare la nacionalidad federal a Cataluña, le ha metido su dedo índice en el ojo sano al líder del PSOE para empatar el partido, dejando ciego y a tientas al jefe del Gobierno en el oscuro callejón de la reforma del Estado. Lo que ha dado por bueno el análisis que hizo Mariano Rajoy tras visitar al presidente del Gobierno afirmando que lo ha encontrado perdido y sin saber a dónde va.

Sin embargo, lo más llamativo de la bronca de Ibarra no son los palos a Maragall en la espalda de Zapatero, sino el sonoro capón en la oronda cabeza de Manuel Chaves, presidente del PSOE, la larga mano de Felipe González en Andalucía y abanderado en Madrid de todas las exigencias catalanas, intentando sacar para Andalucía cotas parecidas, aunque inferiores, a las que solicita Maragall.

Ibarra le ha llamado a Chaves palmero de los catalanes, en lo que él llama la juerga flamenca de la reforma constitucional, y el presidente andaluz, visiblemente molesto, ha salido en defensa del flamenco, como arte, huyendo del mensaje y del desafío político que le lanzó el extremeño y al que se acaba de sumar el alcalde de La Coruña, Paco Vázquez, y seguramente in pectore el ministro de Defensa, José Bono, otro defensor a ultranza de la españolidad sobre todo lo demás.

Para complicar, más si cabe, el espectáculo, el ministro Montilla, y número dos del PSC, le ha llamado chistoso a Ibarra, mientras el líder de todos ellos, Zapatero, que no las tiene todas consigo dentro de su partido, por una parte le dice a Rajoy que se está quedando solo frente al resto de partidos y por otra anuncia que habrá reforma del Estatuto vasco, sin llegar a la cota del Plan Ibarretxe.

De qué manera, cómo y con quién? Otra vez le hará falta al PSOE de Zapatero el apoyo del PP de Rajoy si quiere cambiar algo en el País Vasco, o que Ibarretxe renuncie a su plan (lo que no parece posible), y acepte las rebajas de Patxi López. Y mientras tanto, y para cuadrar el círculo de lo imposible, será necesario que Chaves, Ibarra y Vázquez acepten las demandas de Maragall y Carod.

Quién está solo, de verdad? Si Zapatero no cuenta con el PP para la reforma constitucional, ni para el Estatuto vasco, ni cuenta con parte de sus dirigentes para todas las reformas anunciadas ¿cómo se mete en camisa de once varas antes de saber a dónde va? El presidente confía en su buena suerte, su sonrisa, su talante y sobre todo en la posibilidad de un regreso al poder del PP (de donde no se ha ido Aznar) para meter a los suyos en cintura, o pasarlos por el aro de Maragall. Pero mientras tanto, palos vienen y palos van.

Terrorismo
Doble rasero
GEES Libertad Digital 9 Septiembre 2004

El Gobierno socialista sigue empecinado en que no todos los terrorismos son iguales. Esto significa que tampoco la respuesta que debe darse al terrorismo es la misma. Así, con la misma energía que niegan cualquier contacto con ETA en el plano interior, consideran que sólo el dialogo y la negociación permitiría resolver fenómenos terroristas como el chechenio o el palestino.

El problema es que su firmeza frente al terrorismo de ETA es más aparente que real. Estamos convencidos de que a nada que la coyuntura le sea propicia, Zapatero explorará el dialogo con los etarras en el convencimiento de que así podrá acelerar el final de la banda terrorista y pasar a la historia como "ZP, el pacificador". No es descartable tampoco que sus socios parlamentarios, con Carod Rovira a la cabeza, no terminen imponiéndole esa negociación.

La debilidad de ETA es una de las mejores herencias que el PSOE podría haber recibido de los gobierno del PP. A esta debilidad se ha llegado con una política de extraordinaria firmeza que ha reducido a la mínima expresión las áreas de impunidad en las que se desenvolvía todo el entramado etarra.

Aznar ha sido el mejor exponente de la voluntad de vencer al terror. Esa determinación ha sido decisiva para cambiar la mentalidad de una sociedad que parecía resignada a tener que convivir eternamente con el terrorismo. Hoy la sociedad española sabe que frente al terrorismo de ETA no valen las concesiones, sino que es la firmeza la que ha permitido debilitar y logrará derrotar en última instancia a esta banda asesina. Por eso Zapatero se cuida mucho de dar síntomas de debilidad en este terreno. La sociedad española no se lo consentiría.

Otra cosa es el terrorismo islamista. En este asunto Aznar no tuvo tiempo de ejercer su pedagogía. Es más, muchos españoles aún creen que el 11-M fue consecuencia de nuestro alineamiento con Estados Unidos en Irak y que una vez desertamos de esa empresa estamos a salvo de nuevos atentados. De igual modo, muchos piensan que el infierno de Beslán sería consecuencia de la represión rusa en Chechenia y los atentados palestinos de la ocupación israelí de Palestina.

Esto implica que discrepamos en los medios, pero tenemos una cierta comprensión de las causas que generan y justifican este tipo de terrorismo. Por ello, la solución no estriba tanto en lograr la derrota de estos asesinos como en buscar acuerdos políticos en los que no haya ni vencedores ni vencidos. Así, según insiste Moratinos ante los embajadores españoles, el dialogo y la negociación, no las armas ni los soldados, son las mejores instrumentos para combatir el terror.

El problema de esta teoría no es sólo que estemos dando aliento al terrorismo islamista al facilitarle la consecución de sus objetivos políticos, sino que esta doctrina del dialogo termine aplicándose a la propia ETA. La sola esperanza de una negociación con el Estado puede resucitar a esta hoy moribunda organización.

GEES, Grupo de Estudios Estratégicos

Autodeterminación
Juan BRAVO La Razón 9 Septiembre 2004

La reforma constitucional que plantea el PSOE y sus socios nacionalistas en Cataluña, aún por definir, ya ha tenido los primeros globos sonda. Si unos plantean que el Estado se haga cargo de la deuda sanitaria, otros van más allá y buscan una discusión «de igual a igual» entre el Estado y la comunidad autónoma que gobiernan. ERC ha dejado ver que «quiere» que el PSOE vote a favor de que el nuevo Estatuto catalán incluya el derecho de autoderminación para Cataluña. A la propuesta se ha sumado CiU, en un intento de reeditar la frustrada «luna de miel» de algunos de sus dirigentes con ciertos líderes de ERC, y la ha interpretado en su propia clave: lo del derecho de autodeterminación, si el PSC no lo quiere secundar, deja atrás los acuerdos del Tinell, que dieron paso al Gobierno tripartito. Quizá, el PSC quiera pasar también por este aro, quizá no le importe incluir en el Estatuto la posibilidad de que una parte de España se pueda desgajar de la otra con el argumento de que son palabras, que nadie va a ejercer el derecho de autodeterminación. Sin embargo, muchos en Cataluña se plantean la duda sobre el sentido que tiene que se incluya un derecho que no se va a ejercer. Y, como todo tiene su picaresca, si no se consigue el objetivo independentista, siempre se puede optar por la vía Quebec: intentarlo una y otra vez hasta lograrlo. Aunque se convoque cinco veces.

Montilla
Cinismo apolítico
Agapito Maestre Libertad Digital 9 Septiembre 2004

Lamentable es la concepción que tiene de España Montilla, porque considera que los españoles no tienen otra preocupación que engordar, o peor, que el gobierno de turno les llene la barriga para no pensar en su pasado, presente y futuro. Según Montilla, la cuestión de España y su desarrollo democrático es un asunto menor. "Al ciudadano de la calle", insinúa Montilla, no le importa nada que España desaparezca con tal de que no le quiten el mendrugo de pan. Esa es la principal y trágica conclusión que extraemos de una entrevista de Pablo Planas al ministro de Industria, José Montilla, en el periódico ABC. He aquí un par de apuntes para estimular su lectura crítica, que estoy convencido les revelará con nitidez las patologías de un político "socialista" al servicio del nacionalismo catalán.

Dice Montilla que las reformas institucionales sólo preocupan a los políticos y a los medios de comunicación. Vamos que la idea de nación, o sea de España, es una entelequia sin sentido para los españoles, que sólo están preocupados por recibir subvenciones, martingalas, becas, pensiones, ayudas a las empresas, etc. En verdad, para este señor el ciudadano no existe. El ser humano preocupado por las leyes, las instituciones y el buen gobierno de su nación ha desaparecido, porque hace tiempo que fue reducido a un mero cliente no ya de un Estado más o menos benefactor, que alguna vez respondió al nombre de España, sino de cualquier administración pública. Eliminado el ciudadano español, o peor, convertido en una gran panza llamada "ciudadano de la calle", todo está permitido a los políticos, especialmente a quienes como él, y todo el gobierno socialista, están encargados de reformar las instituciones para satisfacer las demandas nacionalistas de catalanes y vascos: romper el principio de igualdad ante la ley de todos los españoles. O sea, fracturar el Estado de derecho y el principio de solidaridad que da cohesión a España como nación.

En fin, un dilema se deriva de las palabras de Montilla. Si "al ciudadano de la calle" no le interesan los asuntos de la reforma de los Estatutos y la Constitución, entonces por qué él está tan interesado en su transformación. O desprecia a la ciudadanía o quiere engañarla. Montilla es el gozne trágico para cerrar el manual de Patología política del socialismo español. El pobrecillo Ibarra quizá sea una nota a pie de página de ese triste libro. Montilla es la triste mediación entre los viejos dirigentes del socialismo español que no soportaban la facundia y estulticia de los nacionalistas y la política meliflua de desmontaje de España de ZP. Montilla es, sobre todo, el principal rodeo para que los votantes del PSOE sigan teniendo buena conciencia de la tragedia: votan a un partido español que desmontará la España democrática, pero lo hará con suavidad y buenas maneras. ¡Y los del PP, ay, jugando al centrismo!

Talante y crispación
Francisco MARHUENDA La Razón 9 Septiembre 2004

E l mensaje socialista es tan simple como efectivo: talante y crispación. ZP y sus chicos son los apóstoles del talante mientras que la crispación corresponde a Rajoy y los suyos, aunque no sabemos quienes son los elegidos. Los argumentos son pueriles, pero también efectivos. La excusa para que no comparezca Aznar en la comisión del 11-M es porque sólo aportaría crispación. Lo dicen y se quedan tan anchos. No creo que haya un testimonio más útil y clarificador que el suyo, al margen de que estemos ante una comisión inútil en la que cada partido tiene la posición predeterminada. Es un error cerrarla en falso sin que comparezca el ex presidente.Rajoy no debería sufrir el «síndrome de Rebeca» con Aznar, pero tampoco dejarse llevar por los que desean que marque distancias. Lo acertado es el término medio.

Zapatero no tiene las ideas claras sobre la organización territorial del Estado. El antiguo diputado por León convertido ahora en presidente del Gobierno ha adquirido muchos compromisos y depende de ERC, una formación independentistas, que garantiza la estabilidad de su gobierno. No creo que sus dirigentes se contenten con grandes dosis de talante y una palmadita en el hombro. Éste es uno de los frentes más complicados e irresolubles que tiene abiertos ZP. El PSOE quiere vender la imagen de un PP aislado y que no acepta la reforma territorial. No importa. En la defensa de las convicciones y los grandes temas hay que mantenerse firmes. Me preocuparía que el PP se convierta en un proyecto desorientado, en manos de políticos inexpertos, que renuncia a su pasado y está dispuesto a ir de «progre». La credibilidad se gana desde la coherencia.

Rajoy tiene razón cuando asegura que el presidente no sabe adónde va, porque nada sabemos sobre cuál es su modelo. La vicepresidenta Fernández de la Vega limita las reformas de los estatutos al marco constitucional. El problema es que sus socios andan por otros derroteros, porque incorporar el reconocimiento del derecho a la autodeterminación no parece que pueda encajar en la Constitución. El presidente extremeño denunció el martes que Maragall y Chaves fomentan en «pillaje». Y no le falta razón, porque se ha instalado el discurso de la insolidaridad y la reivindicación. Por ello, es fundamental que el PP tenga las ideas claras y siga en el centro sin caer en las fantochadas progres.

De la mano de los verdugos, contra las víctimas
Rubén Múgica Libertad Digital 9 Septiembre 2004

Le chorrea el odio a ese Gobierno vasco, que ha anunciado acciones legales contra nosotros, el Foro de Ermua, y contra nuestras asociaciones hermanas, que tienen las manos limpias y aglutinan a las víctimas del terrorismo El 7 de mayo de 2000, domingo, ETA asesinó en Andoain, Guipúzcoa, a José Luis López de la Calle, miembro fundador del Foro de Ermua y comprometido luchador antifascista, ya desde los tiempos de Franco; el mismo compromiso que, llegada la democracia a España, le llevó a combatir a ETA. y al conjunto del nacionalismo vasco, artífices de que la transición democrática no alcanzara a Euskadi. Justificó ETA el asesinato, curiosamente, llamando facha a José Luis; condenó el nacionalismo vasco tal asesinato, pero añadiendo que determinadas cosas ocurren por tener determinadas ideas.

Los jerarcas del nacionalismo vasco habían terminado de ensuciarse las manos en Estella, en septiembre de 1998. Ya un año antes, tras el secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco, el nacionalismo vasco percibió el presumible fin de ETA y corrió en auxilio de la banda terrorista; sin tiros ni bombas, no podría explicar el nacionalismo vasco cómo habría conseguido las cuotas de poder tramposamente obtenidas, y cómo seguir ostentando ese poder, salpicado de sangre y basado en el miedo casi reverencial de una buena parte de la sociedad vasca, convencida de que, con el nacionalismo vasco en la oposición, la banda terrorista amplificaría su letal violencia.

Insulta a las víctimas el Lehendakari, que en 1.998 fue aupado al poder con los votos de ese animal al que los suyos llaman Ternera.

Insultan a las víctimas el Gobierno autonómico vasco y su mesiánico Lehendakari, obsesionados con la viabilidad de fracturar una sociedad entre ciudadanos de primera y residentes de segunda. Insulta a las víctimas ese Gobierno, que subvenciona revistas, y hasta publicaciones infantiles, donde la apología del terrorismo transpira hasta por las tapas. Insulta a las víctimas ese Gobierno, que subvenciona a los familiares de los presos etarras; ni los familiares ni los presos condenaron nunca uno solo de los crímenes perpetrados, y se sirven del colectivo de presos para atemorizar al disidente y captar futuros pistoleros. Insulta a las víctimas ese Gobierno autonómico, que se sirve de los medios de comunicación públicos para impartir y publicitar la doctrina que siguió al asesinato de José Luis, quien, dijeron, habría salvado la vida si pensara de otra forma, es decir, o sencillamente no pensara, o lo hiciera en clave nacionalista.

Le chorrea el favoritismo a ese Gobierno vasco, que ha subvencionado a los trincones que nunca han querido el final del terrorismo, fuente de inspiración ideológica, y, sobre todo, estomacal.

Le chorrea el odio a ese Gobierno vasco, que ha anunciado acciones legales contra nosotros, el Foro de Ermua, y contra nuestras asociaciones hermanas, que tienen las manos limpias y aglutinan a las víctimas del terrorismo; las misma víctimas que, imaginen por qué, nada quieren saber de ese Gobierno y de su Lehendakari.

Le chorrea la complicidad a ese Gobierno vasco, a la vanguardia ya de la persecución de las asociaciones cívicas que combaten a ETA.

No hay ninguna opción para el encuentro con ellos, y sí para el combate. Reeditemos la alianza política de mayo de 2001, que es el reencuentro de las víctimas y su compromiso frente a ETA y sus cómplices.

Tal es la única forma de vencer, definitivamente.

Sobre víctimas y verdugos
Carmen Gurruchaga La Razón 9 Septiembre 2004

El Gobierno vasco piensa querellarse contra el Foro Ermua, porque considera «inaceptable» que este grupo ciudadano haya afirmado que el Ejecutivo de Vitoria financia a la organización terrorista ETA. Lo que resulta intolerable es que se financie a los terroristas, no que alguien lo diga. Y lo cierto es que el colectivo de funcionarios «Manos Limpias», a principios de mes, interpuso una denuncia contra el lehendakari Ibarretxe por conceder subvenciones para sufragar los desplazamiento de los familiares de presos de ETA, a través del Departamento de Justicia de su Gabinete. Mientras, no sucedía lo mismo con asociaciones de víctimas del terrorismo como Covite, iniciativas ciudadanas como el Foro Ermua o fundaciones como la de Gregorio Ordóñez. Además, estas personas, vinculadas a los etarras, reciben también de sus respectivos ayuntamientos dinero para esta misma finalidad.

Quizás el lehendakari olvida que en estricta literalidad jurídica, la doctrina elaborada por el Tribunal Supremo dictamina que todo el conjunto de organizaciones del entorno de ETA, incluida la asociación de familiares de presos, forma parte del entramado ETA-Batasuna. Asimismo, el conocimiento empírico nos ha hecho saber que el colectivo de presos de ETA es una de las patas fundamentales de éste y que permite su supervivencia. Sin un grupo de presos cohesionado, ETA no sería lo mismo; en esa unidad de acción de los reclusos, los familiares son un factor determinante. Por ese motivo, la antigua Gestoras proAmnistía tenía como misión fundamental organizar viajes para facilitar las visitas a los presos. El Ejecutivo de Ibarre- txe se defiende con el argumento de que el decreto regula ayudas a familiares de personas recluidas en general, y no sólo a los reclusos de ETA.

La trampa estriba en que los presos considerados comunes están encarcelados en la comunidad autónoma vasca, de suerte que no existen desplazamientos de familiares. Así pues, todas las subvenciones terminan por recaer en los parientes de los etarras. El descaro con el que el Gobierno vasco habla de su compromiso ético y firme con las víctimas del terrorismo, huyendo de la utilización partidista que, según él, hacen otros, incita a utilizar la manida tesis de: ¿por qué los familiares de los etarras reciben ayuda económica para visitar a los asesinos de las víctimas de ETA, mientras que se les niegan a quienes tienen a sus padres, hijos o hermanos en el cementerio? Está bien que el Gobierno vasco se ofenda si se les acusa de financiar el terrorismo porque es una indicación clara de que consideran negativa la connivencia con los asesinos. Ahora falta que valoren positivamente el acercamiento a las víctimas y sean conscientes de que sus familiares necesitan asistencia, que en unos casos será económica, en otros psicológica, etcétera. Y el lehendakari de «todos los vascos» debería explicar por qué no les ayuda en lugar de interponer una querella contra ellas.

Cataluña
Algo no cuadra
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 9 Septiembre 2004

Todo empezó en los ochenta en Barcelona, cuando los peluqueros pasaron a ocupar el lugar de los intelectuales mientras los intelectuales de verdad pasaban a no ser nada A Montilla le parece cómico lo que dice Rodríguez Ibarra sobre el cuadro flamenco, el pillaje y todo lo demás. Pero qué quieren que les diga, a mí lo que me resulta desternillante es que el ministro de Industria tenga que asumir tanto protagonismo en el plan Maragall, plan completamente nacionalista que, como tal, no puede evitar el reparto de certificados de catalanidad: buen catalán, mal catalán. Reconozcan que es un tanto desconcertante lo de este cordobés. Sin embargo, cualquier cosa parece normal en el PSC si el PSC se lo propone.

Al mundo imaginario del trabajo incansable (y ajeno), y de la pulcritud fabril que acompaña a todo socialismo nominal o real, se le suma aquí, en confuso montón, otro mundo que es un tanto invertido (en cuanto a valores). Todo empezó en los ochenta en Barcelona, cuando los peluqueros pasaron a ocupar el lugar de los intelectuales mientras los intelectuales de verdad pasaban a no ser nada y la nada real tomaba cargos, subvenciones y prebendas sin cuento. Eran los años del carné en la boca y de las plazas duras, cuando empezaron a cogerle gusto, vaya usted a saber por qué, a levantar grandes falos por la ciudad. En el Parc de l’escorxador hay uno tremendo de Miró que las turistas observan con sonrojo. Pero para tranca no disimulada la del nuevo rascacielos de AGBAR. Qué obsesión tienen. Pero me estoy yendo de tema.

Decía que Maragall creó otro mundo imaginario y superpuesto al anterior cuando era alcalde de Barcelona, cuando se le subieron los Juegos Olímpicos a la cabeza, cuando daba saltitos muy contento con un largo abrigo; cuando se puso a condecorar a Porcioles, quizá para agradecerle los homenajes que el ayuntamiento franquista de Barcelona le había hecho a su abuelo (Adéu, Espanya) desde 1960, o las cenas que ofrecía a familiares y estudiosos del poeta en el Palacete Albéniz para honrar la memoria del preclaro Joan Maragall, quien para glosar el sentimiento catalanista dejó escrito: "Lo característico de este sentimiento es ser a la vez un amor y un desamor: un amor a Cataluña, que es desamor a Castilla; siendo muy de tener en cuenta que el desamor es la levadura popular del catalanismo."

Y también: "La nueva civilización es industrial, y Castilla no es industrial; el moderno espíritu es analítico, y Castilla no es analítica; los progresos materiales inducen al cosmopolitismo, y Castilla, metida en el centro de naturaleza africana, sin vista al mar, es refractaria al cosmopolitismo europeo." A este cerebro rendían homenaje las autoridades franquistas en 1960. ¿Qué pasa, que no les cuadra a los jóvenes lectores? Ya, es como la escena del gato de Matrix, que tampoco cuadra y precisamente por eso permite descubrir todo el pastel.

La Diada
¡Que tiemble el enemigo!
José García Domínguez Libertad Digital 9 Septiembre 2004

Como saben incluso los escolares menos aplicados del Principado, en 1714, tal día como ése Franco invadió Cataluña, instante en el que dejó de ser un Estado independiente Ocurrirá el sábado, en Barcelona. ¡Que tiemble el enemigo cuando vea nuestra bandera!, clamarán en posición de firmes todos los directivos del Foro Universal de las Culturas, con el jefe, Joan Clos, elevando su voz por encima de las del resto de la tropa. Afilemos muy bien las armas, urgirán a grito pelado los dirigentes y dirigidos del gran movimiento pacifista que tanto enorgullece a la ciudad. Buen golpe de hoz, buen golpe de hoz, recomendarán emocionados los promotores de Intelectuales contra la Guerra. Cataluña volverá a ser rica, pronosticará Josep Maria Sala con timbre de tenor. Por encima de esa gente tan ufana y tan soberbia, replicará cual barítono Pepe Montilla. Y para concluir, Maragall rugirá a los cuatro vientos que cuando conviene, segamos cadenas. Luego, aplacado ya el fervor patriótico, las autoridades se obsequiarán con unos canapés, y los otros volverán a casa. Es lo que manda la liturgia de todos los Once de Septiembre.

Como saben incluso los escolares menos aplicados del Principado, en 1714, tal día como ése Franco invadió Cataluña, instante en el que dejó de ser un Estado independiente. Porque ninguno de ellos ignora que el autonombrado duque de la España Citerior, sólo recordado ahora por conde Borrell, proclamó el nacimiento de la nación ya en el siglo X. Aunque suelen desconocer que tan enloquecido fue el fervor catalanista de la fundación que a nadie se le ocurrió ponerle nombre al país. Y es que aún habrían de pasar más de doscientos años hasta que surgiera la palabra Cataluña y el gentilicio con el que designar a sus habitantes.

Tampoco conocen (TV3 jamás ha dedicado programas especiales al asunto) la proclama para encorajinar a las tropas de Antonio Villarroel, el general que defendía la ciudad frente a los agresores extranjeros durante 1714. "Luchamos por nosotros y por toda la nación española", gritó entonces aquel barcelonés, un inmigrante de origen extremeño e ideológicamente próximo a los planteamientos de Rodríguez Ibarra, según sospechan algunos eruditos. No obstante, a pesar de esas lagunas veniales, debemos celebrar que la Historia ya no sea el Mistol para lavar cerebros con el que fuimos enjuagados todos los que tenemos más de cuarenta años. Así, felizmente, ninguno de los jóvenes convocados a ejercer el derecho de autodeterminación que garantizará el nuevo Estatuto ha sido manipulado con las gracietas que nos contaron a sus mayores.

Porque nuestras indefensas mentes infantiles fueron adoctrinadas para creer que la tal guerra entre Cataluña y España no existió jamás. Nos mintieron asegurando que consistió en una pelea dinástica por el trono. Hasta tuvieron la desvergüenza de negar que el asalto a las murallas lo dirigiera Aznar (ellos lo atribuían a un francés, cierto duque de Berwick cuyo ejército integraría a cientos de catalanes). Nosotros, pobres criaturas ignorantes, dimos crédito al embuste de que no se trató más que de una pelea de austriacos e ingleses contra franceses, con un puñado de españoles repartidos entre los dos bandos. Sin ir más lejos, lo sigue creyendo Montilla, que es de ciencias. Ésa es la única razón de que haya ordenado a los alcaldes del PSC ocultar la bandera nacional durante la Diada. Pretende resaltar así, de forma simbólica, que aquélla no fue una guerra entre españoles. El gesto del ministro de Rodríguez ha sido valiente, mas arriesgado. A saber dónde alcanzará la rauxa de Carod Rovira y Maragall cuando descubran su maniobra.

¿Talante o incertidumbre?
Cartas al Director ABC 9 Septiembre 2004

Tras su entrevista con Zapatero, dice Rajoy que aún se encuentra más preocupado que antes por el modelo territorial de España. Arzalluz declara públicamente que el Gobierno del PSOE está negociando con ETA, y los socios del PSOE dicen que, si así fuera, aplaudirían dichas negociaciones. Maragall y ERC insisten en negociar bilateralmente con Zapatero los Presupuestos Generales del Estado a pesar de las declaraciones en sentido contrario de algunos miembros del PSOE. Zapatero insinúa que quiere dar por concluida la Comisión del 11-M, pero los grupos parlamentarios deciden continuar y algunos acusan al PSOE de pactar un «cerrojazo» con el PP... Quizás todos estos hechos sean una muestra del nuevo talante del que hace gala Zapatero. O es que a lo mejor el modelo de Estado, ETA, los Presupuestos del Estado o los sucesos del 11-M son temas secundarios y lo prioritario son otros asuntos, como las leyes para regular el matrimonio homosexual.

A mí sin embargo me preocupa mucho que Gobierno y oposición, que representan a más del 80 por ciento de los votantes, no se pongan de acuerdo en el modelo de Estado y que, al final, algo tan trascendental se decida mediante pactos con minorías políticas. Me preocupa que existan partidos en Gobiernos autonómicos que defiendan la negociación con ETA. Me preocupa que el primer debate de los Presupuestos no se refiera a su propio contenido sino a qué formaciones políticas o a qué Gobiernos autonómicos pueden o no negociarlos con el Gobierno. Me preocupa que la Comisión del 11-M acabe convertida en un mero foro de debate político. Y sobre todo me preocupa que este nuevo clima político, en última instancia, genere una sola cosa: incertidumbre.     Roberto Menchén del Cerro.     Tres Cantos (Madrid).

Cuestación
Iniciativa de la COPE
Libertad Digital 9 Septiembre 2004

Apoyo al Foro de Ermua, COVITE y A. Gregorio Ordóñez

La Tarde con Cristina de la Cadena COPE ha abierto una cuenta de ayuda para el Foro de Ermua, COVITE, y la Asociación Gregorio Ordoñez, en respuesta a la decisión del Gobierno Vasco de discriminar a estos colectivos en la concesión de subvenciones.

Libertad Digital, como otros medios, ha decidido sumarse a esta iniciativa.

Nombre de la cuenta: CONTRA EL TERRORISMO

Número de cuenta en el Banco Popular: 0075 0353 48 0600389228
También se puede enviar un giro al apartado 71101080 de Vitoria.

VÁZQUEZ Y BONO SE QUEDAN CON LA PRIMERA VERSIÓN DEL DISCURSO
Matas cree que Ibarra le ha convertido en el "palmero" porque Zapatero "le ha tirado de las orejas"
Juan Carlos Rodríguez Ibarra hizo lo que se esperaba. En la SER ha cambiando los personajes de su explosivo discurso. Ahora el “palmero” es Jaume Matas. En declaraciones a la COPE, el presidente balear ha interpretado que la marcha atrás del extremeño responde a un tirón de orejas de Zapatero por decir lo que muchos socialistas “piensan y no se atreven a decir”. ZP cree que hay que acostumbrase a las declaraciones “con pasión” del “compañero Ibarra”, pero Francisco Vázquez y José Bono ya han cogido el relevo.
Libertad Digital  9 Septiembre 2004

Como todas las polémicas que protagoniza el presidente de la Junta de Extremadura, la vigencia de su discurso ha durado horas. Pese a lo claro de su alegoría contra Maragall y Chaves, Ibarra ha acudido a la SER para cambiar a los personajes. Su referencia a los palmeros era por Jaume Matas qué, según el extremeño, critica a Maragall pero se queda a la expectativa por si triunfa.

En declaraciones a los Informativos de la cadena COPE, el presidente balear ha pedido a Ibarra que sino le quiere respetar a él, “respete a los ciudadanos baleares”. En su opinión, la marcha atrás en sus nítidas críticas a las reformas estatutarias que encabeza Maragall y secunda Chaves se debe a que “Zapatero le ha tirado de las orejas por decir lo que muchos piensan y no se atreven a decir”. Esta imagen del PSOE recuerda mucho a la que expuso Cristina Alberdi y que le costó un expediente gracias al tesón de José Blanco.
En declaraciones a la cadena COPE Pide a Ibarra qyue si no le quiere respetar a él respete a los ciudadanos baleares, Zapatero le ha tirado de las orejas por decir lo que muchos piensan y no se atreven a pensar.

El presidente del Gobierno, ha salido al paso desde Túnez, donde se encuentra en visita oficial, tratando de calmar las aguas. Zapatero dice que hay que “acostumbrarse” a las declaraciones “con pasión” del “compañero Ibarra” porque es habitual en él aunque lo haga “unas veces más afortunadamente y otras con menos fortuna”. La conclusión de ZP es que “en democracia aunque a algunos esto les preocupe” hay que acostumbrarse a oír opiniones dentro del partido.

Vázquez se une a las críticas de Ibarra contra el modelo de Estado del PSOE
El alcalde de A Coruña defiende que todas las comunidades autónomas «están en el mismo pelotón»
La Ejecutiva socialista minimiza las palabras del presidente extremeño.
S. Olmo | madrid La Voz 9 Septiembre 2004

Manuel Chaves, presidente del PSOE, intentó ayer apaciguar las aguas en su partido tras las duras críticas que vertió el martes su compañero y presidente de la Junta de Extremadura, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, al proceso de reformas estatutarias abierto por Zapatero y a las reclamaciones de Pasqual Maragall. La Ejecutiva socialista salió en defensa del Gobierno y aseguró que las modificaciones en marcha buscan el «interés general» y van a preservar «la igualdad de los ciudadanos».

Rodríguez Ibarra volvió a hacer gala de su afán provocador y, horas después de que Zapatero invitara a Rajoy a sumarse al carro de las reformas de los estatutos y de la Constitución, afirmó en Mérida que el debate territorial «ha comenzado mal» porque «hemos comenzado la casa por el tejado». El presidente extremeño tuvo exquisito cuidado en no mencionar a sus compañeros de partido Maragall y Chaves, pero tildó de «infantil» la pretensión de calificar de «histórica» una comunidad -como ha pedido el presidente de la Generalitat- y de «ridículo y peligroso» la aspiración de «llevar a su comunidad tan lejos como la que más». Ibarra, que aludía así al presidente andaluz, fue incluso más lejos y recordó a su compañero que «cuando los poderosos llaman a su mesa a los plebeyos, siempre ha sido para que la limpien».

Convulsión en el PSOE
Sus palabras, pronunciadas con motivo de la entrega de los premios del Día de Extremadura, provocaron una convulsión en el PSOE, aunque la Ejecutiva federal intentó minimizar la polémica y situar las declaraciones de Ibarra como «una opinión más». Como presidente del PSOE, Manuel Chaves quiso restar importancia a las críticas de Ibarra e hizo un llamamiento a la «tranquilidad» en las filas socialistas y reclamó que se «quite dramatismo» al debate sobre las reformas de la Constitución y los estatutos. El presidente de Andalucía, que dijo desconocer si Rodríguez Ibarra había aludido a esta comunidad, resaltó que Zapatero no admitirá nunca que haya «discriminación, privilegio o desigualdad» en las autonomías.

Reacción en el PSC
Los dirigentes del PSC sí parecieron acusar recibo de las declaraciones de Ibarra. Su primer secretario y ministro de Industria, José Montilla, afirmó que son «posiciones a las que nos tiene acostumbrados» y «cosas típicas» que «en algún caso rayan lo cómico». Montilla añadió, además, su «convencimiento» de que las opiniones del dirigente extremeño «no influirán en absoluto» en la posición del presidente del Gobierno a favor de las reformas.

Una de las pocas voces que se posicionó claramente a favor del presidente extremeño fue la del alcalde de A Coruña, Francisco Vázquez. El también presidente de la Federación Española de Municipios y Provincias resaltó que la unidad de España y el principio constitucional de igualdad entre todos los españoles es lo que debe primar, por lo que se mostró «en gran medida de acuerdo» con el discurso de Ibarra.

Vázquez calificó de cuestión secundaria el debate sobre qué comunidades son nacionalidades históricas y cuáles no, y opinó que «la única comunidad que tiene un concepto histórico diferente es Navarra y, si me apuran mucho, Granada», por haber sido los dos últimos territorios en ser integrados a la Corona de España. «Navarra se integró posteriormente a la unidad lograda por los Reyes católicos en 1492, y Granada tuvo una singularidad especial muy marcada por su propio concepto de reino independiente desde el punto de vista cultural. A partir de ahí, todos los demás en el mismo pelotón, todos. Los que fueron condado de un reino, como es el caso de Cataluña, que era un condado del Reino de Aragón, y los que simplemente llegaron al nivel de señoríos, como es el caso de lo que hoy conforma la comunidad autónoma vasca», añadió durante su estancia en Madrid el alcalde coruñés.

SE RATIFICA EN TODAS SUS ACUSACIONES
El Foro de Ermua califica el anuncio del Gobierno Vasco de "burda amenaza y coacción"
El Foro Ermua tachó este miércoles de "burda amenaza y coacción" el anuncio del Gobierno Vasco de emprender medidas legales contra su plataforma y la de Manos Limpias por haber acusado al ejecutivo autónomo y al lehendakari de "financiar el terrorismo", al conceder ayudas públicas a familiares de presos de ETA. Los responsables de la plataforma se ratifican en sus acusaciones y dudan de que el Ejecutivo vasco vaya a los tribunales.
EFE, Libertad Digital   9 Septiembre 2004

Por medio de un comunicado público, la asociación cívica se ratificó en todos los extremos de sus declaraciones, que calificó de "total y absolutamente ciertas, tal y como se probará en su momento si fuera necesario".

El Foro Ermua expresó su duda de que finalmente el Gobierno Vasco vaya a acudir a los tribunales, ya que, subrayó, "sabe con toda certeza que perdería el proceso judicial, porque lo que decimos no es más que la verdad". Por ello, el colectivo que preside el poeta Vidal de Nicolás consideró que la iniciativa del Gobierno Vasco "no es sino una burda amenaza y coacción para hacernos callar y para desviar la atención de la gravedad de las medidas adoptadas" por el ejecutivo vasco.

Entre ellas, el Foro Ermua destacó la readmisión de los presos de ETA en la Universidad pública vasca (UPV/EHU), "la presión sobre el Gobierno de España con el plan Ibarretxe o la vuelta a una penosa estrategia de obtener réditos políticos a cambio de la negociación con ETA de una supuesta y falaz 'tregua'". En su nota, el colectivo surgido a raíz de las movilizaciones tras el asesinato de Miguel Angel Blanco contra la negociación política con ETA, consideró que decisión del Gobierno Vasco es "la expresión de una concepción de la sociedad en la que cualquier ruptura con la ortodoxia nacionalista no tiene cabida".

Añade el comunicado que, en este sentido, "no es sorprendente" que el anuncio del Gobierno de Vitoria venga tras su decisión de denegar las ayudas solicitadas por el Foro Ermua, Covite y la Fundación Gregorio Ordóñez. El Foro Ermua concluyó que, "a pesar de la evidente coacción y la discriminación del Gobierno Vasco en el otorgamiento de las Subvenciones", no se detendrán "hasta que la libertad vuelva" al País Vasco.

Recortes de Prensa   Página Inicial