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Recortes de Prensa     Viernes 17 Septiembre 2004

Moratinos y Babel
Alfonso USSÍA La Razón 17 Septiembre 2004

La llengua de Carod-Rovira es el valencià
Guillermo Dupuy Libertad Digital 17 Septiembre 2004

Nacionalismos antieuropeos
Aleix Vidal-Quadras La Razón 17 Septiembre 2004

LA «IRREDUCTIBLE» VALENCIA
Carlos HERRERA ABC 17 Septiembre 2004

Catalán, riojano y estupidez
JOSÉ MARÍA CALLEJA La Voz 17 Septiembre 2004

La estúpida Babel
Luis del Val El Ideal Gallego 17 Septiembre 2004

Lenguas oficiales
Cartas al Director ABC 17 Septiembre 2004

IU quiere ahora que la lengua asturiana sea oficial en la UE
Redacción La Razón 17 Septiembre 2004

 


Moratinos y Babel
Alfonso USSÍA La Razón 17 Septiembre 2004

Si el valenciano es idioma oficial de la Comunidad de Valencia reconocido en su estatuto, incluirlo en la ridícula petición babeliana de Moratinos es de justicia. Quiebra del catalán, dicen los que mandan, es decir, los de Carod.

Alguna diferencia habrá. Lo mismo sucede con el mallorquín y el aranés. En el valle de Arán lo que más divierte a los del lugar es hablar su idioma y que no lo entienda el resto de los catalanes. Y en la isla de Mallorca existen tres fórmulas diferentes para aplicar el artículo determinado masculino singular. «El pino» se puede decir «el pi», «sa pi» y «lo pi». Para eso están los lingüistas y filólogos, no los políticos.

Si están consideradas lenguas oficiales de España, el catalán, el valenciano, el gallego y el vascuence, o todas o ninguna.

El vascuence o euskera no es un idioma específico y ordenado como tal. Lengua oral y no escrita hasta finales del siglo XVIII se divide en siete dialectos que rompen su unidad. El vizcaíno, el guipuzcoano, el alavés, el roncalés, el bajonavarro, el suletino y el laburtano.

Para «normalizarlo», los nacionalistas no han hecho otra cosa que españolizarlo al máximo, para así entenderse, y se han inventado el «batua», que es el euskera oficial de hoy, cuyo rigor nada desmerece del que impulsó la creación del «spanglish» que se habla en algunos lugares de Norteamérica y los caribes.

Nada hay de vejatorio en lo que escribo, ni intención de molestar, que es la que ha tenido Carod-Rovira al comparar el valenciano con el riojano y el andaluz. En algunos espíritus románticos y secesionistas de Aragón, ha crecido el interés por «la fabla aragonesa», y en Murcia se habla el panocho, que está a más distancia del español o castellano que el catalán, por poner un ejemplo consistente. El que escribe puede entender sin dificultad una conversación en catalán, pero en panocho murciano no sé de qué va la cosa.

Y tenemos el bable asturiano, que no es moco de pavo, y el idioma de los guanches, y como estaba claro que éramos pocos, parió la abuela, y nos hemos enriquecido con el egrabrense de Carmen Calvo, que para decir «los álamos» pronuncia «lo álama» y «fransá» en lugar de «francés». Riqueza infinita de idiomas, dialectos, jergas y sonidos que demuestran la riqueza lingüística de España.

Pero esa demostración no nos autoriza a volver locos a los europeos. En el Parlamento Europeo no pueden entrar todos los idiomas minoritarios de Europa. Un romano y un napolitano pueden estar seis horas hablándose, pero no seis horas comprendiéndose. Todo este lío es consecuencia de los pactos de Zapatero y mucho me temo que al final las cosas se van a quedar como están. Días atrás, un parlamentario europeo de «Esquerra Republicana», al no poder utilizar el catalán en el Parlamento, lo hizo en alemán. En un alemán terrible que divirtió una barbaridad a sus colegas alemanes.

Mientras se cumplían las normas en el Parlamento Europeo, en el Congreso de los Diputados de España, presidido por la simpar estalinista catalana acomodada en el PSOE Carmen Chacón, se le autorizó a un carodín a intervenir en catalán. Y me pregunto, desde la mejor intención y sin ganas de enredar, si todo esto de las lenguas autonómicas y regionales lo van a asumir en Europa. Y me respondo que no, porque en pocas décadas, en la misma Europa, los idiomas oficiales se reducirán a tres o a cuatro, y entre ellos no va a figurar ni el catalán, ni el valenciano, ni el gallego ni el vascuence, o euskera o batua. Todo esto sirve exclusivamente para marear la perdiz y así conseguir que Zapatero quede bien con sus socios independentistas en Cataluña, aunque el tiro le haya salido por la culata con el valenciano.

Tanto horizonte, tanta modernidad, tanta Europa, y lo que presentamos es paletería, antigüedad y aldea. El catalán es un bellísimo idioma que hablan muy pocos y afortunados españoles. El valenciano, lo mismo, como el gallego y el vascuence. Pero la influencia y la expansión de las lenguas no está en manos de los entusiasmos locales. El chino, el inglés y el español se están adueñando del mundo, y no por culpa de Aznar. Si en España aceptamos nuestra pequeña babel, no incordiemos a nuestros socios europeos. Por un principio elemental de buena educación.

La llengua de Carod-Rovira es el valencià
Guillermo Dupuy Libertad Digital 17 Septiembre 2004

¿No decía Carod, que “era sólo una cuestión de nombres”? Pues ala. A parlar valencià y “a ofrenar noves glòries a Espanya” No contentos con que el Gobierno socialista haya respaldado su costosa e innecesaria iniciativa de reclamar en la UE la oficialidad de las lenguas de España, los socios independentistas de ZP y Maragall han emprendido una furibunda y agresiva campaña contra la inclusión del valenciano junto al catalán, el gallego y el euskera. Se reabre así un debate entre Cataluña y la Comunidad Valenciana que no ha terminado nunca de estar cerrado. No les quieren dar agua pero se quieren apropiar de su lengua.

En el resto de España se cometería un error quitando importancia este asunto como una mera cuestión de nombres. Porque junto a este debate que pretende ser meramente filológico —y en el que, como veremos, también se trampea— van unidas las conocidas pretensiones expansionistas del nacionalismo catalán y su irrenunciable deseo de borrar la autonomía propia de la Comunidad Valenciana en beneficio de ese invento antihistórico y delirante conocido como los “Països catalans o la Catalunya Gran”. La defensa de la lengua y cultura valenciana, aunque no exenta de los rasgos colectivistas de toda reclamación identitaria, es mucho más abierta y tolerante que la catalana. Más que enfrentarse a la española, trata de no quedar supeditada y ninguneada por la catalana.

Carod-Rovira ha asegurado que esto “sólo es una cuestión de nombres” y, displicente, ha calificado de “ridículo científico y académico” distinguir entre el valenciano y el catalán. Aunque no vamos a negar que el pancatalanismo académico —de la mano, por cierto del político— está muy infiltrado incluso en universidades valencianas, que no se arrogue tanta autoridad científica. Ahí están todas las obras medivales en donde se empieza a escribir y a traducir del latín en “llengua valenciana”. Y eso por no hablar de la autoridad científica y académica de autores como Ubieto, Fullana, Cremades, Giner i Ferrer y tantos y tantos otros.

Conviene empezar por recordar que la denominación oficial que, junto al castellano, es oficial en la Comunidad Valenciana es el valenciano. Así lo señala expresamente el Estatuto de Autonomía y, por tanto, así lo reconoce nuestra Constitución. Tal denominación, además, lejos de ser un mero voluntarismo político para la ocasión, refleja, por el contrario, la denominación histórica que —insistimos—siempre tuvo esta lengua, que nació como autóctona, como romance valenciano proveniente del bajo latín. No fue pues, una “importación de la reconquista” sino por el contrario una persistencia idiomática mozárabe. La reconquista -fundamentalmente a cargo de aragoneses- no aportó a los territorios del antiguo Reino de Valencia una lengua desconocida hasta entonces, como pudiera ser el caso de los españoles en América.

Tan original fue, pues, para los valencianos su lengua como pudo ser para los catalanes la suya. Con la diferencia de que el Reino de Valencia fue el primer reino de la península en desarrollar y tener (a partir del siglo XIV), un "Siglo de Oro" literario en su propio idioma Valenciano; una razón más para que los catalanistas traten de apropiarse de su solera reivindicando la unidad de la lengua bajo denominación catalana.

Por mucho que se lo mantengan muchos pseudoespecialistas valencianos, el valenciano no es una variante local del catalán. No vamos a engordar la entidad de las variantes que separan y diferencian a ambas lenguas, ciertamente menudas. Pero si en base a esta indiscutible cercanía, lo que se pretende es uniformizar la lengua, en lugar de erradicar palabras y características propias del valenciano, que las que se supriman sean las catalanas. ¿Unitat de la llengua? Molt be. Que se suprima la solicitud de oficialidad del catalán en la UE en beneficio del valenciano...¿No decía Carod, que “era sólo una cuestión de nombres”? Pues ala. A parlar valencià y “a ofrenar noves glòries a Espanya”

Nacionalismos antieuropeos
Aleix Vidal-Quadras La Razón 17 Septiembre 2004

Lejos quedan los tiempos en los que los nacionalistas profesaban un encendido europeísmo y hacían campear orgullosamente en sus sedes la bandera azul de las doce estrellas junto a la senyera y la ikurriña. Su entusiasmo por el proceso de integración europea se apoyaba en un planteamiento tan simplista como erróneo: La Unión, en la medida que asume total o parcialmente competencias de los estados miembros, política agrícola, pesca, política monetaria, protección del medio ambiente, salud pública, comercio exterior y una larga lista de asuntos relevantes, debilita su soberanía y los hace más vulnerables a las presiones secesionistas procedentes de las llamadas «naciones sin Estado».

En su delirante diseño final, nuestros separatistas soñaban con la Europa de los Pueblos, formada por centenares de pequeñas entidades políticas cultural y lingüísticamente homogéneas surgidas de un remoto pasado arcádico y liberadas por fin de la opresión de los grandes Estados-Nación. Desaparecidas Francia, España, Italia, Bélgica, el Reino Unido y demás cárceles de naciones, Cataluña, Euskadi, Galicia, Padania, Córcega, Bretaña, Occitania, Escocia, Gales, Frisia, Baviera, Flandes, Laponia y otras muchas fantasías emergerían en toda su autenticidad creando un galimatías inmanejable en el que los europeos serían felices al haber recuperado sus identidades tribales ahogadas por la Ilustración y la racionalidad.

La nueva Constitución Europea les ha despertado brusca y dolorosamente de su embriaguez onírica devolviéndolos a la inexorable realidad de la Historia. La definición de la Unión como «de Estados y ciudadanos», con la desaparición de la parte normativa del término «pueblos», la consagración de la integridad territorial de los Estados-Miembros y la proclamación de valores universales como la libertad, la igualdad, la solidaridad y el respeto a los derechos humanos como fundamento ético de Europa, dejan fuera de juego a los proyectos basados en identidades étnico-lingüísticas que pugnan por balcanizar nuestro continente. Por eso ahora los partidos nacionalistas han mostrado su verdadera faz antieuropea y promueven el no o la abstención de cara al próximo referendo sobre el nuevo Tratado.

Hay muchas formas de hacer el ridículo, pero supeditar el futuro de Europa a pequeños narcisismos provincianos, mostrando así una decepcionante falta de percepción de la trascendencia de este gran avance histórico es ,sin duda, un ejemplo extremo de estrechez de miras. En Convergencia Democrática de Cataluña, dirigentes sensatos como Gasóliba, Guardans, Cullell o Fernández Teixidó, se han quedado solos en su defensa de la Constitución Europea, desbordados por una marea de fanatismo de campanario. Pero esta ofensiva nacionalista tiene su lógica porque ¿cómo van a aceptar una Constitución democrática y liberal europea los que ni siquiera toleran la que tienen en casa?

LA «IRREDUCTIBLE» VALENCIA
Por Carlos HERRERA ABC 17 Septiembre 2004

EL debate viene envenenado aguas arriba y así es muy difícil hablar con la tranquilidad que merece un asunto como éste. Hay pocas dudas acerca de la responsabilidad histórica del pancatalanismo, que es una de las gilipolleces más contumaces de este siglo y del anterior y que adultera la serenidad de todos. Si algunos políticos catalanes no exhibieran sin recato ese sueño trasnochado de los Países Catalanes y otras chorradas tangenciales, el diálogo social, empresarial y cultural entre Valencia y Cataluña sería mucho más fructífero y notablemente más ajustado a la realidad individual de ciudadanos que no tienen más remedio que quererse y entenderse.

No se pueden abordar relaciones culturales adoptando posturas de hermano mayor condescendiente, ya que así obligas a los otros a recordar lo que son y, sobre todo, lo que pueden llegar a ser y desentierras contenciosos olvidables y pendencias históricas innecesarias.

En Cataluña sobra esa condescendencia -y una cierta suficiencia- con la que se mira hacia el sur, de la misma manera que en la Comunidad Valenciana no se debe estar todo el día poniendo bajo sospecha cualquier arrumaco que les llegue desde el norte. No pretendo ser políticamente correcto, que eso ya lo hace muy bien el periodismo barcelonés, pero sí limar los innecesarios roces que lo complican todo: en principio, los valencianos tienen derecho a llamar a su lengua como quieran, a hacerla evolucionar como mejor les parezca y a reivindicar un pasado literario especialmente luminoso basado en nombres como Joanot Martorell o Ausias March, al igual que los mallorquines pueden sacar a pasear a aquel Raimon Llull al que los estudiantes de mi época tuvimos que conocer como Raimundo Lulio.

Pretender que, tal y como están las cosas, los valencianos firmen alborozados un documento en el que reconozcan que hablan catalán es una tontería típica de quien no ve más allá de la punta de la nariz. No soy lingüista y no me siento capacitado para delimitar una lengua y otra: sé, claro, que si hablo catalán con un valenciano éste me entiende exactamente igual que le entiendo yo, pero ello no me faculta para etiquetar a uno y a otro y para decidir taxativamente el nombre de lo que habla cada uno.

Además, tal y como pasa en lo del Plan Hidrológico -donde igual escucho técnicos que me dicen pestes de los trasvases como especialistas que escupen al oír hablar de las desaladoras-, conozco informes lingüísticos que avalan tesis enfrentadas. Total, que la decisión, tanto como técnica, es política. Si el Estatuto valenciano dice que los valencianos hablan eso, valenciano, pues habrá que asumirlo, por mucho que les cueste a los baratos imperialistas de ERC o de CiU o de lo que sea.

La unidad de la lengua que reivindican los nacionalistas catalanes no viene motivada por un estricto interés cultural, indudablemente conlleva algo más. Resulta desternillante que sean precisamente los miembros de ERC los que hablen de «segregacionismo» cuando se refieren a los valencianos encantados de serlo y no demasiado proclives a que les confundan con los de más arriba. O sea, los independentistas catalanes pueden descalificar, despreciar, ignorar al resto de los españoles y considerarse permanentemente agraviados por compartir destinos con la pérfida España, pero los valencianos, en cambio, no pueden salirse del guión que les han escrito so pena de convertirse en unos malditos colaboracionistas de la españolidad y unos desagradecidos levantinos que no aprecian la fortuna de ser los hermanos pequeños del pueblo elegido. Valiente cara dura, por no decirlo de otra manera.

No será con declaraciones como las que han protagonizado los Carod, Huguet, Tardá y algún que otro tonto más como se ganarán el aprecio eterno de los «irreductibles» valencianos. Si se quiere normalizar una cercanía cultural y social, por otra parte, inevitable y lógica, hay que decir cosas un poco más inteligentes.

www.carlosherrera.com

Catalán, riojano y estupidez
JOSÉ MARÍA CALLEJA La Voz 17 Septiembre 2004

JOSEP Lluís Carod Rovira, filólogo de guardia, ha dicho campanudamente que hablar del valenciano es como hablar del andaluz o el riojano. La frase no tiene desperdicio y no puede haber en ella más meteduras de pata concentradas. Primero, porque equipara al valenciano, una lengua que si un hispanohablante no conoce, no siempre se entiende, con otra, el español que, perdóneme señor Carod, se entiende por todos los hispanohablantes: en el caso de los españoles que tienen la fortuna de vivir, beber y comer en La Rioja; y que se entiende también en el caso, no sé, de los españoles que gozan del privilegio de vivir en Cádiz.

Se ha metido Carod en un laberinto lingüístico y político y todo porque a él y a su partido le irrita que lo que reclama para el catalán en el resto de Europa -ser considerado lengua oficial- puede ser atribuido al valenciano, lengua menor para este filólogo, reserva espiritual de Occidente.

Soy de los que piensan que el denominado valenciano es catalán o si se me apura, una variante dialectal del catalán. Es posible que se entiendan mejor un catalán del norte y un valenciano del sur que dos vascos que uno hable vascuence de Bermeo y otro batúa. Pero, en cualquier caso, la pataleta que han montado los de ERC y otros nacionalistas catalanes a cuenta de la consideración del valenciano como lengua oficial en Europa, retrata de forma patética los planteamientos predemocráticos que guían siempre a este partido. Su cabreo define su intolerancia, su espíritu sectario, insolidario y xenófobo. Dicen los de ERC que es fascistoide, nada menos, hablar del valenciano; dicen preferir que el catalán no sea lengua oficial en Europa antes de que esa misma denominación la reciba el valenciano, dicen que el valenciano es como el andaluz o el riojano y, en el éxtasis de la estupidez, prefiere un eurodiputado de ERC hablar -fatal, por cierto- en alemán, antes que usar el español. Vamos a ver: ¿se trata de tener privilegios y de que los otros no los tengan? ¿Se trata de dejar de desear algo en cuanto se lo dan a otro al que se considera inferior? ¿Se trata de estar permanentemente enfadado?

De forma obsesiva, recurrente, los nacionalistas radicales catalanes han reclamado que el catalán sea oficial; una vez conseguido esto, no parece que sea motivo de declaración de la tercera guerra mundial el arremeter contra el hecho de que el valenciano lo sea también. Insisto en que creo que el valenciano es el catalán con otros acentos y alguna variante; de la misma forma que el español que hablan los argentinos es el español con otros acentos y otras palabras y un uso distinto de una misma palabra -por ejemplo, coger -; pero aunque esto sea así, ¿por qué montar tamaña escandalera? ¿por qué preferir quedarse tuerto para que el otro se quede ciego?

El escándalo está en la línea de ERC, partido xenófobo, que utiliza español como sinónimo de insulto, que sostiene que Madrid es equivalente a malo y que se olvida de que el español es la lengua que le permitió a Carod entenderse con los de ETA cuando fue a hablar con ellos.

La estúpida Babel
Luis del Val El Ideal Gallego 17 Septiembre 2004

Un matrimonio acude con su bebé enfermo a una médico de la localidad aragonesa de Fraga. Le explica a la doctora en catalán los síntomas, y ésta les pide al padre y a la madre que le hablen en castellano, porque no entiende catalán. Los padres se niegan, y la doctora desvía el reconocimiento médico del bebé a la vecina Lérida, que es catalanohablante.

Si el bebé estaba grave, me parece una insensatez por parte de todos, y si no estaba grave, me parece una solemne gilipollez por parte de sus padres, porque la lengua es un medio para hacernos entender y para obtener auxilio, cuando nos encontramos en peligro, y para solicitar agua cuando estamos sedientos, y es un medio de comunicación, nunca un fin. No sé si los padres se dedican a la actividad política, pero actuaron con la ortodoxia de algunos políticos: crearon un problema donde no existía.

De lo sublime a lo ridículo hay un paso y cuando ese paso se da, la gente se divierte mucho. No hace mucho, con unos amigos, en un crucero habitado mayoritariamente por anglohablantes, nos dimos cuenta de que hasta las instrucciones en caso de emergencia se daban en inglés, por lo que presentamos la correspondiente reclamación, en atención a los numerosos hispanohablantes que nos encontrábamos allí. Nos hicieron caso, porque éramos los clientes, pero si hubiéramos llevado un bebé enfermo, y se hubiera tratado de curarlo, habríamos tratado de hacernos entender en lo que fuera preciso.

Nunca he tenido problema con mi familia catalana, ni con mis amigos catalanes, por dos razones: porque son educados y porque no forman parte de la cofradía de los que crean problemas. En miles de establecimientos de hostelería de Cataluña, a los clientes se les atiende en inglés, o en alemán, o en francés, con toda naturalidad. ¿Por qué los inventores de la estúpida Babel no se enfadan con ellos? ¿Por razones comerciales? Entonces, es que estamos ante un nacionalismo que tiene precios y tarifa.

Lenguas oficiales
Cartas al Director ABC 17 Septiembre 2004

Ante la reacción de Carod Pérez y compañía sobre la propuesta del Gobierno de oficializar la lengua valenciana, tuve que pellizcarme para asegurarme de que no estaba viviendo una novela de Graham Greene. Si les cuento que en Menorca, por ejemplo, una amiga, de padres, abuelos y familia menorquines y cuya primera lengua es el menorquín, tuvo que someterse a un examen de catalán para acceder a un puesto de trabajo, la incongruencia está servida. ¿No se dan cuenta estos nacionalistas que con su intolerancia se han convertido en una caricatura exagerada de lo que más odian? Pero más triste es el hecho de que en vez de compartir el espíritu que promovió el nacimiento de la Europa Unida -el de eliminar fronteras geográficas y culturales para lograr un nuevo tipo de convivencia- estos señores se dediquen a asuntos que no conducen a otra cosa que rencores, prejuicios y gastos totalmente injustificables. El señor Rodríguez Ibarra tiene toda la razón; mientras unos se queden esclavos de sus complejos de inferioridad y persigan fines de casi nula relevancia en un mundo donde nos hacen falta políticos maduros con ideas y proyectos para solventar los incontables problemas que nos afrontan, poco vamos a avanzar.
     Roger Neil Wright.    San Lorenzo del Escorial (Madrid).

IU quiere ahora que la lengua asturiana sea oficial en la UE
Un consejero del Principado envía una carta a Moratinos pidiéndole igualdad de trato para su lengua
La polémica suscitada por la diferenciación entre el catalán y el valenciano ha salpicado también al Gobierno asturiano. Su consejero de Justicia, envió ayer una carta a Moratinos reclamándole el mismo trato con el bable. Sin embargo, la portavoz de la misma administración no comparte la misma opinión.
Redacción La Razón 17 Septiembre 2004

Oviedo/Madrid- La polémica sobre la diferenciación entre el catalán y el valenciano sigue suscitando diferentes reacciones entre la clase política del país. Ayer le tocó al Gobierno asturiano. Y es que Francisco Javier García Valledor (IU), consejero de Justicia, Seguridad Pública y Relaciones Exteriores de dicha administración, le remitió ayer una carta al ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, en la que le solicitó que «el asturiano pueda tener el mismo tratamiento en el ámbito de la Unión Europea que el resto de lenguas del Estado». García Valledor es uno de los dos consejeros de IU en el Gobierno asturiano tras el pacto de legislatura suscrito entre el PSOE y la coalición.

Éste remitió la misiva tras conocer la solicitud formal del Gobierno español a la UE para que algunas lenguas fueran reconocidas como oficiales en el ámbito europeo.

El consejero valoró la iniciativa como «paso importante en el reconocimiento de la pluralidad cultural y lingüística de España» e indicó que la exclusión del asturiano «supone una importante ausencia de la identidad asturiana como riqueza de la cultura española y europea».

Según el consejero, el bable, que en la actualidad no tiene el reconocimiento de lengua oficial, debería ser considerada en el ámbito de la UE en las mismas condiciones que el resto de lenguas propias de las Comunidades Autónomas. Asimismo, Valledor recordó el compromiso de protección, promoción y difusión de la lengua asturiana recogido en el Estatuto del Principado que es Ley orgánica del Estado y «por lo tanto compromete al conjunto de las Administraciones».

En su opinión, una vez que la UE ha definido una política común para el reconocimiento de los derechos lingüísticos y del patrimonio cultural a través de la Carta Europea de lenguas minoritarias, el asturiano debe ser reconocido.

Pero el escrito remitido por Valledor no parece haber contado con el respaldo de sus compañeros de Gobierno. Así, la portavoz del Gobierno asturiano, Ana Rosa Migoya, precisó ayer que el Ejecutivo regional no comparte la opinión del consejero de IU. En respuesta a la iniciativa, la consejera de Cultura, Comunicación Social y Turismo y portavoz del Ejecutivo declaró que el Consejo de Gobierno del Principado «jamás» ha tratado ese asunto y que por tanto «no comparte» la posición de García Valledor.

El Gobierno autonómico no comparte la opinión de Valledor porque considera que al ministro «hay que informarle de la realidad del marco estatutario asturiano y no hacer peticiones que pueden inducir a error o confusión», recalcó la consejera, quien insistió en que ese asunto no ha sido tratado en el Consejo de Gobierno. Además, Migoya destacó que el Gobierno rechaza lo que se plantea en esa carta porque entiende que «no se ajusta a la realidad» del Estatuto asturiano.
La disputa entre los dos miembros del Gobierno autonómico se une al enfrentamiento dialéctico que están manteniendo componentes del Gobierno y del Parlamento catalán cons sus homólogos valencianos. Así, el líder ERC, Josep Lluis Carod Rovira, volvió a referirse ayer sobre el tema –en una entrevista concedida a TV3–, dos días después de que le comunicara personalmente al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, que veía tan «ridículo» diferenciar valenciano y catalán como declarar oficial el andaluz. El líder republicano consideró ayer como «hipócrita» el posicionamiento mantenido por el PP en las Cortes Valencianas porque el gobierno autonómico «no hace nada por potenciar y normalizar el uso de la lengua propia». Además aseveró que «lo que debe quedar claro es que estamos hablando de una misma lengua pero con denominaciones distintas, y se debe tener en cuenta que el castellano es oficial aquí pero no en Europa, porque en las instituciones europeas se denomina español».

En esta misma línea se mostró el grupo parlamentario liderado por Josep Lluis Carod Rovira. Así, Esquerra Republicana (ERC) registró una proposición no de ley en el Congreso de los diputados por la que insta al Gobierno a «respetar escrupulosamente» que cualquier referencia al término «valenciano» hace alusión a «una de las variedades de la lengua catalana».

El presidente del Parlamento catalán, Ernest Benach también se pronunció acerca del tema. Éste calificó de «sinsentido» la petición del Gobierno central de reconocer la oficialidad de catalán y valenciano por separado. Además, reclamó que se «ponga remedio al desbarajuste incomprensible que representa la división artificial y política de la lengua catalana».

Un miembros del Gobierno valenciano salió ayer al paso de las manifestaciones realizadas estos días por Carod Rovira. El consejero de Cultura y Educación, Alejandro Font de Mora, aseguró que «si hay algún enemigo de la expansión y del tratamiento normalizado de la lengua valenciana, ese es Carod Rovira y los que piensan y trabajan como él, en un sentido imperialista de la cultura que lo que hace es invadir ámbitos que no le son propios». En esta línea, dijo que desde el Gobierno valenciano pide «a Carod Rovira y a sus socios, que respeten a los valencianos, que respeten la lengua valenciana y que sean lo que no son, tolerantes y demócratas».
 

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