AGLI

Recortes de Prensa     Viernes 1 Octubre  2004

UNA TEORÍA DEL MOSAICO
M. MARTÍN FERRAND ABC 1 Octubre 2004

Adelanto electoral: lamentable pero lógico
Federico Jiménez Losantos LD 1 Octubre 2004

Cobardes y acomplejados
Ignacio Villa LD 1 Octubre 2004

Ley de punto final
Gabriel ALBIAC LR 1 Octubre 2004

El País de los enredos
EDITORIAL LD 1 Octubre 2004

ZAPATERO Y LA YENKA
Jaime CAMPMANY ABC 1 Octubre 2004

Maragall el malabarista
Aleix VIDAL-QUADRAS LR 1 Octubre 2004

Discreción democrática
Agapito Maestre LD 1 Octubre 2004

El puro, de naranja y sin complejos
Isabel Durán LD 1 Octubre 2004

Jimmy Zapatero
José María CARRASCAL LR 1 Octubre 2004

IRAK, AL LÍMITE
Editorial ABC 1 Octubre 2004

Vendrán por todos
Juan BRAVO LR 1 Octubre 2004

Observar las matanzas
Editorial El Ideal Gallego 1 Octubre 2004

Guernica y PNV
Cartas al Director ABC 1 Octubre 2004

Corcuera y Barrionuevo, ex ministros de Interior, visitaron a Rodríguez Galindo el 11-M por la tarde
Libertad Digital  1 Octubre 2004

 


UNA TEORÍA DEL MOSAICO
Por M. MARTÍN FERRAND ABC 1 Octubre 2004

ESPAÑA es, si se me permite la comparanza y en virtud de la Constitución del 78, un hermoso mosaico construido, al modo de los muy famosos de Pompeya o de Bizancio, con unas nueve mil teselas -una por municipio- agrupadas en diecisiete colores diferentes -uno por Autonomía-. El encanto está en el conjunto. Hay, sin duda, porciones más hermosas y brillantes que otras y cabe contemplarlas por separado; pero el gran valor de la pieza, bastante bien conservada a pesar de su antigüedad y las carencias de su mantenimiento, está en su conjunto, que ofrece un paisaje, con desconchones, lleno de bellezas, talento, recuerdos y potencialidad.

Para que lo entiendan, incluso, Josep Lluis Carod-Rovira y sus más enrabietados amigos separatistas, podríamos decir que España es tal que uno de los fantásticos mosaicos del Parque Güell de Barcelona, obra de Gaudí, en los que, por ejemplo, un lagarto consigue serlo con trocitos de cerámica, vidrio, piedra y no sé cuántos elementos más. Cada uno de ellos, por sí solo, es puro cascote, y es su concordancia y buena disposición la que produce la ensoñación de la forma, la realidad. De ahí que resulte insólito que el líder de ERC haya podido decir, en el Parlament, en el debate de política general que polariza la actividad parlamentaria de Cataluña, que si España es un «Estado de una sola lengua y una sola nación (...) no nos conviene».

Lo de la lengua va de suyo. Ni el más radical del monolitismo españolista gastaría un gramo de energía en el debate idiomático. Todos, sin excepción, hemos aceptado llamarle castellano al más común de los idiomas españoles para dejar abierta la posibilidad de que también sean españoles el catalán y los demás idiomas que enriquecen el patrimonio cultural del Estado/mosaico. Lo de la nación son ganas de enredar desde la apelación sentimental algo que no tiene fundamentos de mayor hondura histórica, jurídica o política; pero lo notable, lo verdaderamente singular, lo que convierte en descarada la reivindicación de Carod -legítima, aunque insustancial- es formularla en términos de interés o conveniencia. El caciquismo histórico disimulaba con mayor dignidad la caja registradora.

La unidad del mosaico, lo que le da fuerza y entidad, es el soporte en el que se incrustan sus teselas y el dibujo que conforma. No me imagino al ojo de uno de los santos venecianos de San Marcos mirando de soslayo a sus piezas limítrofes y poniendo condiciones para que le «convenga» estar allí. O la conveniencia es común o no hay figura, ni santo, ni tan siquiera ojo emancipable. Todo se vuelve material de derribo, escombro. Otra cosa es que los conservadores turnantes en el museo nacional sean más o menos sensibles a los ruidos que pueda producir cada piececilla en razón de la coyuntura y la presión. En ese caso el problema es otro y afecta a la dirección, no al mosaico.

Adelanto electoral: lamentable pero lógico
Federico Jiménez Losantos LD 1 Octubre 2004

Zapatero no tiene programa de Gobierno, entre otras cosas porque no soñaba con alcanzarlo ahora. Su alianza con ERC es mucho más inestable que la de Aznar con CiU, pero el peor aliado que tiene es el PSC No sólo tiene que ser cierto lo anunciado por la COPE sino que, como diría Felipe González con su nuevo acento mejicano, es “razonablemente razonable”. En seis meses, el Gobierno de ZP no sólo ha acreditado que sigue instalado en la pancarta junto a partidos declaradamente antisistema como ERC o los pecios de Izquierda Hundida sino que en el Consejo de Ministros y Ministras no abunda precisamente el talento. Por si la escuálida minoría mayoritaria en el Parlamento fuera problema pequeño, la incompetencia ministerial lo agrava día sí, día también. Creo que ya dijimos aquí que lo normal –si es que eso cabe en la política española, siempre abonada al sobresalto– era una legislatura lo más corta posible y nuevas elecciones para tratar de arañar algún escaño más. Por supuesto, soñando con la mayoría absoluta o al menos con una situación “confortablemente confortable”. Y en todo caso, intentándolo.

La estrategia es exactamente la contraria de la que siguió Aznar tras su victoria por la mínima en 1996, que consistía en durar, durar y durar para asentarse en el Poder y, además de disfrutarlo, no convertirse en un mero paréntesis entre dos gobiernos socialistas. Eso se basaba en los pocos escaños, la dependencia de Pujol y las escaseces mediáticas, muchísimo menores, con todo, de las que le ha dejado Aznar a Rajoy. Pero, a diferencia de ZP en 2004, Aznar sí tenía un programa de Gobierno desde 1993 y se puso a gobernar, al menos en el ámbito económico, desde el primer día. Como sucede casi siempre, las fórmulas liberales correctamente aplicadas funcionaron y, a los dos años, el cambio de tendencia y el crecimiento eran ya un hecho, que luego se convirtió casi en ciclo y, para muchos, en milagro. Bien es cierto que Aznar sacrificó el partido en Cataluña a la alianza con Pujol, con los resultados hoy a la vista. Y que los papeles del CESID fueron la prueba del algodón que acreditaba los límites de la regeneración democrática anunciada por el PP: los que estorbaran la bulimia gubernamental de los jóvenes leones de la Derecha española. Pero en su conjunto, la “lluvia fina” desde el Gobierno caló y caló, hasta la mayoría absoluta del 2000.

Zapatero no tiene programa de Gobierno, entre otras cosas porque no soñaba con alcanzarlo ahora. Su alianza con ERC es mucho más inestable que la de Aznar con CiU, pero el peor aliado que tiene es el PSC, partido hermano que lo tiene esclavizado y sin capacidad de maniobra. En Cataluña no es que el PSOE haya sacrificado su organización, sino que la organización del PSC está sacrificando a toda la del PSOE. La inestabilidad está asegurada. Lo único seguro con los socialistas es la inseguridad. Pero la voluntad de mandar, de disfrutar del Poder y acrecentarlo les lleva a ese horizonte: un plebiscito, un par de buenos resultados regionales y a las urnas, a ver si ahora resultan más propicias. Si es que cabe. ¿Despertará el PP para impedirlo? En el Congreso que se inicia hoy tendremos la primera pista.

Cobardes y acomplejados
Ignacio Villa LD 1 Octubre 2004

La ambigüedad medida y calculada en el País Vasco no es tal, es simplemente cobardía. Y esa posición difuminada, estudiadamente inconcreta del Partido Socialista es un gesto de miedo a la verdad. Los socialistas vascos, acomplejados desde hace tiempo por sus propias contradicciones, están dilapidando una herencia de sentido común y de claridad en una tierra donde ellos mismos han sido víctimas del terrorismo por defender unos principio que están enterrando -sin pudor- con una rapidez increíble.

La última historia de esta triste actitud es la posición que los socialistas han mantenido en el Ayuntamiento de Bilbao al posicionarse a favor de que los presos etarras puedan volver a estudiar en la Universidad del País Vasco. Desde el PSE, en un juego demagógico que da pena, dicen que no hay pruebas que demuestren un trato de favor a los etarras en la universidad vasca. ¿Les parece poco lo que ha pasado?, ¿hay que recordar las carreras que algunos etarras han sacado adelante como el que se toma un vaso de agua?, ¿hay que volver a contar tantas y tantas historias de chantaje a profesores no nacionalistas en aquella universidad?.

Los socialistas vascos han entrado ya definitivamente en un camino de desorientación absoluta. No es que se acerquen, sin más, a los planteamientos nacionalistas como una estrategia electoral. El problema es que hacen política desde una posición claramente acomplejada. No tienen ideas, no tienen proyecto; sólo buscan separarse del Partido Popular como única obsesión. Y esa estrategia es muy pobre. El PSE no sabe lo que quiere. Se ha estancado en una política negativa y a la contra. Y esa forma de actuar además de cobarde es demencial.

Y es que en esta esquizofrenia en la que están inmersos los socialistas vascos parece que se olvidan de un gran problema interno. Existe un buen número de militantes en el País Vasco que están en desacuerdo con está política de la nueva dirección del PSE. Estos militantes son ciudadanos que viven permanentemente inmersos en la amenaza y el chantaje de los ambientes nacionalistas radicales. Y son los mismos que recuerdan que los dirigentes del socialismo vasco viven "forzadamente" fuera de la realidad. La dirección del PSE ignora la propia demanda interna y se instala en una situación de pura ficción. Esto sólo tiene un nombre: cobardía.

Ley de punto final
Gabriel ALBIAC LR 1 Octubre 2004

Cuando el PSOE de Rubalcaba y Zapatero fue aupado a la victoria por aquella matanza de Atocha que, como mínimo, propició la ceguera de la UCO, aposté con un amigo: «Antes del invierno, Galindo estará en su casa. Y ésa será la prueba del nueve de lo que ha pasado». Gané. No tiene mérito. Nadie que sepa lo que está en juego en la España actual podía equivocarse.

Nunca sabremos la verdad del 11 de marzo. La sospecharemos, sí. Y estaremos convencidos de intuir las aterradoras claves del secreto. Pero ahí quedará todo. Las chapuzas del GAL es muy difícil que vuelvan a repetirse: se aprende, sobre todo, de los propios fracasos. Y, en la cárcel, los delincuentes Vera y Barrionuevo deben de haber repasado mil veces sus errores. También su éxitos. El más alto: conseguir que, tras ocho años de Gobierno de sus adversarios políticos, el Ministerio sumergido, que ellos diseñaron en las alcantarillas más hediondas del Estado, perseverara hasta prevalecer sobre el visible.

Ni pies ni cabeza tiene que el PP busque excusa a esta cruel evidencia, jurando que nunca sospechó la existencia de esa célula Vera, que pudría la legitimidad garantista de sus servicios de seguridad. En ocho años de diversos ministerios, el PP ha sabido siempre que lo esencial de la lucha contra el terrorismo estaba en manos del clan policial felipista. Y que, para los contactos de verdad confidenciales –las vías de comunicación con los infiltrados en la dirección de ETA–, se hacía imprescindible, una y otra vez, utilizar los canales de Galindo y Vera. Ese mismo Vera, cuya voz experta volvió a sonar, a través de los teléfonos más importantes, apenas conocida la acción asesina del 11 de marzo de 2004. ¿Ha devuelto, por cierto, algo del dinero que se le volatilizó en sus años de señor de las tinieblas

Zapatero paga sus deudas. En eso, nadie le reprochará racanería. Pagados –muy bien pagados– fueron los del club de farsantes para la subvención, que Pilar Bardem acaudillaba: incremento presupuestario del 89% en las ayudas al cine. Pagada –muy bien pagada– la deuda con la célula en Interior de aquel Rafael Vera, por el traslado de cuyos maletines de dinero negrísimo para Amedo anda aún pendiente de ajuste judicial el hombre de la UCO a quien correspondía controlar a los confidentes que pusieron la dinamita para la matanza.
Barrionuevo, tradicionalista y preboste del peor franquismo, socialista nacional y, al fin, delincuente y presidiario, pasando por ministro de González («No hay pruebas ni las habrá nunca»), se encargaba anteayer de llamar al orden a sus endeudados camaradas.
Hay que pagar. Pues se paga. Punto. Final. Y repugnante.

El País de los enredos
EDITORIAL LD 1 Octubre 2004

Decía Napoleón Bonaparte que la envidia no es más que una vulgar declaración de inferioridad. Ese trastorno del comportamiento, sin embargo, no se está cebando –como era de esperar– en muchos de los medios que languidecen sin remedio en el cada vez menos hospitalario panorama mediático nacional. Lo está haciendo, contra todo pronóstico, en el omnipotente Grupo Prisa, conglomerado que posee periódicos, emisoras de radio, gigantes de Internet, una de las tres concesiones de televisión privada y el monopolio de la emisión digital.

El lunes pasado, el diario en el que Jesús Ceberio lleva el negocio de dos antiguos señoritos del régimen, inició una curiosa y bizarra campaña contra Libertad Digital –sin nombrarnos naturalmente– centrada en identificar a ciertos colaboradores de este diario con una pretendida doctrina ultraderechista, retrógrada y rancia que está comprometiendo seriamente la viabilidad del PP como partido de oposición. Los espadas elegidos por el duunvirato prisaico fueron el inefable Javier Tusell, Tusellone para muchos, y Joaquín Estefanía, predecesor de Ceberio en el mostrador de El País reconvertido en productor a granel de panfletos contra la globalización y en apóstol del pensamiento paleoprogre.

El miércoles Daniel Gavela, perito en cinismo y recadero en jefe de la cadena SER, continuó con la ofensiva –quien sabe si por encargo– a página completa denunciando a todos los medios que osan llevar la contraria a su majestad polanquita. En palabras del responsable, los que no nos tragamos lo que dicen sus locutores hemos pasado "de la ocultación de la verdad a una tragicomedia de enredos". Quizá se refiriese a los enredos de los terroristas suicidas, o los que ocasionó el trasiego de mensajes en la noche en que los mandarines de la SER dieron un golpe encima de una mesa sobre la que yacían 191 cadáveres.

El cierre del ciclo lo perpetró ayer un joven periodista, un tal Fernando Berlín, que ha pasado de ser un incondicional de Antonio Herrero a fungir como correveidile internetero de Iñaki Gabilondo. Ni que decir tiene que, en el camino, se ha dejado varias cosas, entre ellas la integridad. El artículo que publicó ayer Berlín en el diario amigo es un pretendido análisis de algo que no existe y que sólo vive en su mal amueblado almacén de ideas. El autor asegura que, de un tiempo a esta parte, la red se ha escorado peligrosamente hacia la derecha. La culpa de todo, según parece, la tiene una "galaxia" de bitácoras de tendencia liberal que se han constituido en una resbaladiza "red de pensamiento agitativo (sic) en Internet".

Para apoyar la tesis de semejante disparate el gacetillero radiofónico de Gabilondo se sirve de las revelaciones que un oportunista, cabecilla del movimiento ciberpunk hispano, le ha confiado. El crédito que a cualquier persona bien informada pueden merecerle la ensalada de sandeces del propagandista Berlín y su socio es nulo, sin embargo viene a confirmar el ataque de celos, preocupación y envidia que el modesto éxito de Libertad Digital y de algunas páginas de esa presumida red les ha ocasionado. No en vano, y siguiendo las mediciones de Alexa, desde hace varios meses este diario está por encima de El País en su edición electrónica, exactamente 316 puestos por encima del que aún se dice mayor periódico de España.

Hace unos años, no demasiados pero los suficientes como para que los más jóvenes no lo recuerden, la cadena Antena 3 de radio tuvo la osadía de situarse líder de audiencia, por encima incluso de la SER y su prodigiosa billetera. Lo pagó caro. Desapareció tras una de las operaciones más infames que ha conocido la prensa española en su larga historia, y sus profesionales hubieron de buscar otros medios desde los que seguir informando. Ni Gavela, ni Ceberio, ni Estefanía ni, naturalmente, el capo Cebrián se han visto jamás en una semejante. Ni se verán mientras sigan bajo el paraguas protector de Jesús de Polanco, el Kane español que, por lo que se ve, no consiente que ni siquiera en Internet la gente piense por su cuenta.

ZAPATERO Y LA YENKA
Por Jaime CAMPMANY ABC 1 Octubre 2004

AQUELLO de la yenka, ¿recuerdan? («izquierda, izquierda, derecha, derecha, adelante y atrás, un, dos, tres») se lo decían en los años del tardofranquismo al bueno de Joaquín Ruiz-Giménez, que nunca se sabía bien si estaba a la derecha de la democracia cristiana o a la izquierda de la democracia social, y pasaba con toda naturalidad de ser embajador y ministro de Franco a las covachuelas de la conspiración contra el régimen. Iba y volvía del cargo a la conjura y de la oposición al Ministerio hasta que las urnas de las primeras elecciones libres y universales le dejaron descansar de ese ajetreo.

El heredero de la yenka de don Joaquín Ruiz-Giménez en el eterno baile de la política se llama ahora Rodríguez Zapatero, más por lo de «adelante y atrás, un, dos, tres» que por lo de «izquierda, izquierda, derecha, derecha», aunque tampoco se ve claro que se lance de una vez hacia la izquierda más rojelia ni que se envuelva decididamente en nubes de color rosa pálido, inflamadas en el sol agónico de un ocaso lírico. Lo mismo le da por inventar el «matrimonio» de un solo sexo, apalear legislativamente a los curas o amparar a Fidel Castro, que por continuar, aunque sólo sea de boquilla, la política económica de José María Aznar.

Hace unos días, los diputados socialistas rechazaron con sus votos en el Congreso una propuesta de los «tripartitos» para ampliar los supuestos del aborto legal. Pero ya tienen en marcha el destierro de la Religión como asignatura obligatoria y evaluable en los planes de estudio del bachillerato y en las escuelas públicas. Sería curioso hacer un balance de todas las medidas políticas más o menos espectaculares que llevan anunciadas los socialistas en estos seis meses de estar instalados en el poder, y las rectificaciones que hicieron a continuación del anuncio. Les dan el pasmo a los ciudadanos más prudentes y moderados, y enseguida acuden a tranquilizarles. No parece sino que dentro del propio Gobierno se esté jugando un póquer político fascinante. Lo que dice una ministra por la mañana lo desmiente un ministro por la tarde, y lo que dice hoy un ministro lo descartará mañana la vicepresidenta. Pareciera que en este juego que se traen y se llevan, unos se tiran los faroles y otros corren a apagarlos.

Primero caen en la tentación de hacerle caso a ese villano o aldeano de Rovira en lo de las matrículas autonómicas, y enseguida se percatan de las consecuencias negativas del invento, aunque no se decidan a denunciar claramente la estupidez de la solicitud. Además, en cuanto llevar en la matrícula del coche el distintivo autonómico (letras o escudo) sea obligatorio para todos, Maragall y Rovira continuarán en el cabreo de «nación» porque lo que quieren es distinguirse de los demás, llevar algo que los demás no lleven.

Ahí podemos encontrar otro motivo para la yenka. Lo primero es decir a los aliados nacional-separatistas que sí a todo lo que se les ocurra, porque tienen que seguir votando a favor del Gobierno, pero luego hay que dar largas a los disparates porque, aunque ahí crecen los tontos como en todas partes y en el número infinito que avisan las Escrituras, algún listo da la voz de alarma o se queja a gritos el electorado.

Maragall el malabarista
Aleix VIDAL-QUADRAS LR 1 Octubre 2004

En el reciente debate de política general celebrado en el Parlamento de Cataluña el presidente de la Generalitat trazó con su habitual estilo engañosamente soñoliento un diseño casi perfecto de la cuadratura del círculo. A la cabeza de un gobierno sustentado por una fuerza independentista y formando parte simultáneamente de la cúpula de un gran partido de ámbito nacional –nacional español, se entiende– comprometido con el orden constitucional vigente, el discurso y el posterior debate del Molt Honorable con los líderes de los restantes grupos fue un ejercicio notable de coqueteo con lo imposible. Lo curioso es que sus interlocutores parecieron contagiarse del voluntarismo confuso del protagonista de la jornada y se entregaron a su vez a conmovedores intentos de reconciliación de opuestos. Me refiero naturalmente a Josep Piqué y a Josep Lluis Carod-Rovira porque Joan Saura se encuentra muy a gusto en su nuevo papel institucional por encima de los conflictos terrenales y el pobre Artur Mas, tal como Maragall le dejó cruelmente claro, ha dejado de contar en la escena pública catalana.

El astuto republicano se mostró conciliador fingiendo aceptar el proceso de reforma estatutaria a través de un gran acuerdo ecuménico, y su amenaza de convocar una consulta popular en caso de rechazo por las Cortes Generales sonó más a música ritual que a tambor de guerra. El cabeza de filas del Partido Popular de Cataluña optó por escenificar un idilio con el president plagado de mutuos elogios, de exhibiciones de buena voluntad e incluso, en una muestra suprema de virtuosismo, se permitió agradecer al primer mandatario autonómico la deferencia de aceptar que una formación política sospechosa de tibieza catalanista fuera admitida a la mesa de discusión sobre el futuro Estatuto. La verdad es que todo eso es muy catalán, ya que dar suelta a torrentes de sentimentalidad desbordante en un clima de cordial y cómplice hermandad constituye un recurso típico de los naturales del Principado cuando sabemos que se está fraguando un desacuerdo del tamaño de un piano.

La dura realidad es que el Pacto del Tinell, base del tripartito, contiene suficientes elementos inconstitucionales como para hacer imposible que los populares, ni en Cataluña ni en Madrid, puedan aceptar una reforma que los incluya. Y que Esquerra jamás se apeará de su maximalismo secesionista, que es el elixir que le proporciona eterna juventud. Por tanto, la ponencia seguirá sus trabajos orillando los temas espinosos hasta que el tiempo se agote y estalle la ruptura inevitable. Mientras tanto, el espectáculo seguirá y los medios tendrán titulares esperanzadores durante algunos meses. A todo malabarista le llega el día en que las bolas se precipitan al suelo interrumpiendo una asombrosa figura y el circo del miércoles pasado en el Parc de la Ciutadella nos ha entretenido a la espera del batacazo.

Congreso del PP
Discreción democrática
Agapito Maestre LD 1 Octubre 2004

Me refiero a la calidad democrática de los votantes del PP. Muy por encima, sin duda alguna, de la mayoría de los cuadros que pueblan el Partido de la calle Génova Hoy empieza el XV Congreso del PP. Es necesario pensar la relación entre los dirigentes y sus votantes, porque el futuro político, tanto del PP como de España, dependerá de la calidad de esta relación. Un fenómeno político nuevo, insospechado hace décadas, está ante nuestra vista en España, pero no queremos reconocerlo abiertamente, e incluso tendemos a ocultarlo en el ámbito de lo público. Más aún, quienes lo muestran todos los días en sus análisis políticos son acusados de radicales, exagerados e hipercríticos con la cúpula del Partido con mayor índice de afiliación de España. Me refiero a la calidad democrática de los votantes del PP. Muy por encima, sin duda alguna, de la mayoría de los cuadros que pueblan el Partido de la calle Génova. He ahí un hecho decisivo, determinante, de la cultura democrática española sólo reconocido por quienes se atreven a constatar hechos históricos para después analizarlos.

Eso no quiere decir que los dirigentes del PP no sean demócratas, sino que tienen un electorado al que no dan satisfacción, porque aún no han sabido comprender la calidad de su demanda democrática. El "maricomplejines" de Federico Jiménez Losantos sintetizaría algunas de las peculiaridades de este síndrome político. Es como si el PP cuestionará permanentemente este respaldo altamente democrático. Es como si sus dirigentes siempre tuvieran que pedir permiso a otros grupos, a otros sectores sociales, para hacer lo demandado por sus militantes, sus simpatizantes y sus votantes. En fin, en España con el PP, se produce el fenómeno inverso que está dándose en el resto de Europa, a saber, la labor de pedagogía política no la hacen los dirigentes sino los ciudadanos que apoyan a la cúpula del partido. No se trata de reinsertar al ciudadano, que ha huido a lo privado, en el mundo político para mostrarle el poder de la democracia, sino de indicarle al político profesional que está alejándose de lo genuinamente político, la ciudadanía española.

En otras palabras, sólo podrá superarse el nihilismo en el que están instaladas cierta elites políticas del PP, si, y sólo si, prestan atención, mucha atención, a sus votantes y no los tratan a golpe de encuestas, como si fueran seres menores y poco desarrollados. Eso es cosa de otros partidos, porque el gran cambio político, en España, es que el votante de la derecha es plenamente democrático. Reconocer, pues, el poderío intelectual y democrático del elector del PP no sólo será la base de superación de indolencias y nihilismos de sus dirigentes, sino el primer paso para salir del complejo de inferioridad que corroe a algunos dirigentes del PP ante el "poder salvífico" de la izquierda. El riesgo está a la vista. Las elites del PP pueden ser desbordadas por el alto nivel de su soporte ciudadano por un lado, y por no creerse todavía la inmensa herencia democrática que les ha dejado Aznar por otro.

Además, corren el peligro de caer en las garras de algunos de sus analistas, especialmente de aquellos melifluos, vacíos y retóricos que reiteran las cantinelas de lo políticamente correcto: "Hay que sintonizar con mayores sectores sociales", "hay que convencer a los ciudadanos", etcétera... Ante la celebración del XV Congreso del PP pocos son los que se abstienen de aconsejar a sus dirigentes ese tipo de simplezas, sin haberse percatado de que los ciudadanos españoles votan al PP por tres principios fundamentales que ha defendido Aznar: defensa de España como nación, defensa de la libertad e igualdad de todos los españoles ante la ley y autolimitación en el ejercicio del poder.

Rajoy en el Congreso
El puro, de naranja y sin complejos
Isabel Durán LD 1 Octubre 2004

A partir del XV congreso, Mariano Rajoy Brey será el único responsable de lo que al PP le suceda. Eso sí, tiene el mejor bagaje y la mejor herencia jamás recibida por un partido en la oposición Hace un par de veranos, la canción que causó estragos decía en su estribillo, "aunque parezca mentira, me pongo colorado, cuando me miran". Pues bien, revestidos de naranja, el color de moda, esperemos que el Partido Popular deje de ponerse colorado y afronte la nueva etapa de oposición de frente y sin medias tintas. Resultará saludable para su organización, la más grande de España con sus casi 700.000 militantes e imprescindible para que los casi diez millones de personas que a pesar de la infame campaña antidemocrática orquestada para que perdiera las elecciones, depositen en el futuro su confianza en la formación de la calle Génova.

Comienza la era Rajoy. No lo fue en septiembre de 2003 cuando Aznar le designó sucesor entre la terna Rato-Oreja simplemente porque las miradas seguían puestas en José María Aznar, y porque todos los partidos del arco parlamentario hicieron del presidente del Gobierno el blanco a derribar a cualquier precio a pesar de que no se presentaba a las elecciones. A partir del XV congreso, Mariano Rajoy Brey será el único responsable de lo que al PP le suceda. Eso sí, tiene el mejor bagaje y la mejor herencia jamás recibida por un partido en la oposición: gobierna en 10 comunidades autónomas y en 30 capitales de provincia además de en 19 diputaciones provinciales. Es la primera fuerza política en el Senado donde cuenta con 126 representantes, sólo 7 menos que la totalidad de las formaciones políticas restantes y con 148 diputados de los 202 que componen la suma total del PSOE y sus socios nacionalistas y de izquierdas. Ello sin contar que en el momento más dulce tras la victoria de Rodríguez Zapatero y sus aliados del 14-M se produjeron las elecciones europeas donde el partido de la gaviota consiguió un empate técnico con el del puño y de la rosa.

La política de todos contra el PP dio sus frutos a lomos del atentado terrorista más grave de la historia de España. Pero durante sus ocho años al frente del Gobierno de la nación el PP cometió errores inexplicables que actuaron de acicate. El primero y más grave la prepotencia y la chulería que le aisló no del juego de la democracia del diálogo con quien no quería dialogar, sino que le aisló de los suyos, de quienes les apoyaban, de su base social. Consecuencia de ello fue que el gobierno popular entregó a Polanco el monopolio de las plataformas digitales, nutrió sus huestes con postes radiofónicos incumpliendo sentencias del Tribunal Supremo y escondió la cabeza ante la ilegalidad de la televisión local. Esa hidra alimentada de odio y hambrienta de poder que dirige a Rodríguez Zapatero a su antojo acabó por echarles inexistentes terroristas suicidas a la cabeza, les acusó de golpismo en las horas previas a las elecciones, les llamó asesinos a las puertas de sus sedes y les dejó noqueados hasta hoy, seis meses después.

Al partido de Génova le sobran personajillos de salón, nacidos para la moqueta y el compadreo con quienes les detestan, que piden perdón por tener una base social de derechas, por no haber robado, por no haber utilizado el terrorismo de Estado, por haber situado a España como la octava potencia del mundo y por estar al lado de Bush en la lucha contra el terrorismo. Y es que el PP, cuando estaba en el Ejecutivo, se echó en manos de una guardia pretoriana que actuó de cinturón de hierro y por conseguir, consiguió que hasta los inquilinos de la Moncloa fueran los personajes más vituperados y aborrecidos incluso por sus propios seguidores, empezando por algunos de los miembros del Gobierno.

Hay un antes y un después del 11-14-M en España. Rajoy, con la herencia del mejor presidente que jamás tuvo la democracia, tiene dos opciones. Fumarse un puro y conseguir que el renovado PP naranja deje de ponerse colorado para defender sin complejos los intereses de los diez millones de españoles que todavía hoy le apoyan o seguir compartiendo sus responsables mesa y mantel con el ejército de prisíacos y sus satélites de la prensa nacionalista y de izquierdas que tan excelentes resultados les ha reportado. Todo un reto.

Jimmy Zapatero
José María CARRASCAL LR 1 Octubre 2004

Jimmy Carter tiene el dudoso honor de haber pasado a la historia como una excelente persona y un desastroso presidente. Tan desastroso que a punto estuvo de convertir Estados Unidos en una potencia de segundo orden. Todo en él eran buenas intenciones, nada, decisiones correctas. Confundió la Casa Blanca con un púlpito y la labor de gobierno, con la de apostolado. Para que se hagan una idea de su forma de gobernar basta una muestra. Cuando se preparaba la operación de rescate de los rehenes en la embajada norteamericana en Teherán, el presidente quiso saber primero si los guardianes del edificio eran «reclutas o voluntarios». Pues de ser reclutas, no podía moralmente matárseles. Ni qué decir tiene que la misión fue un completo fracaso, como casi todo lo que se emprendió durante aquellos cuatro años. Con esta filosofía, nada de extraño que se le subiesen a las barbas grandes y pequeños y recibiera bofetadas de diestro y siniestro. Bofetadas que él aguantaba con beatífica sonrisa, siguiendo la máxima evangélica de poner la otra mejilla. Con lo que puede ganarse el cielo, pero, desde luego, no la tierra. Los norteamericanos no estaban para ello y, cuando llegó el momento de la reelección, los cincuenta estados de la Unión, incluido el suyo, Georgia, le dieron la espalda, prefiriendo a Reagan. Por ciento que éste no tuvo necesidad de actuar contra los iraníes, ni siquiera de amenazarles por la felonía jurídico-política que habían cometido ocupando la embajada: le devolvieron los rehenes el mismo día que tomó posesión.

El problema de Jimmy Carter es que se equivocó de profesión. Él era, y es, no un político, sino un predicador. Buscaba la verdad, la justicia, la hermandad entre los hombres. Más que gobernar el mundo, quería redimirlo. La política a ras de suelo, con su secuela de intereses, mentiras, zancadillas y puñaladas traperas no era que no le interesase, es que la despreciaba. Encontrándose a la postre que, tan interesado estaba en salvar las almas de sus conciudadanos, que estuvo a punto de que todos acabaran subyugados, no ya por los soviéticos, que alcanzaron por aquel entonces su hegemonía, sino por los seguidores de Jomeini y otros extremistas del tercer mundo, que hicieron su agosto en aquellos años.

Aunque no frecuentes en la áspera arena política, no crean que este tipo de personajes es ajeno a ella. Se da, aquí y allá, tan vez por ese capricho o necesidad que tiene la naturaleza de compensación, en este caso, los malas leches que abundan en ella. Y miren ustedes por dónde, parece que a nosotros nos ha tocado ahora uno de ellos. Cada día que pasa, José Luis Rodríguez Zapatero se me parece más a Jimmy Carter en lo que dice y en lo que hace. Sus propuestas son de una ternura evangélica, como si en vez de tratar con hombres estuviera tratando con ángeles. Cuanto dice está muy bien, lo malo es que llevado a la práctica, se queda en nada. Su discurso es tan melifluo como cándidas sus acciones. Con el inconveniente de que, como le ocurrió a Carter, la candidez puede ser recompensada en el otro mundo con el cielo, pero en éste no recibe más que palos.

«La guerra es mucho más fácil de ganar que la paz. La paz es la tarea», dijo nuestro presidente en la ONU. Excelsas palabras. Pero, ¿qué ocurre cuando alguien nos declara la guerra? Pues no cabe la menor duda de que el fundamentalismo islámico ha declarado la guerra a Occidente, en general, sin distinguir entre norteamericanos y europeos, entre franceses e italianos, entre soldados y civiles, y ahí están para demostrarlo esas dos cooperantes italianas que habían ido a Iraq no a luchar, sino a ayudar al pueblo iraquí. Puede que a los cooperantes los terroristas les odien más que a los soldados de la coalición, pues representan, mejor que nadie, ese occidente al que temen por lo que le odian. ¿Qué remedio, qué actitud adopta Zapatero ante estos criminales? Pues la misma que adoptó Carter ante quienes contra toda ley y derecho habían asaltado su embajada: paciencia, diálogo, sonrisa y, a la postre, «una alianza de civilizaciones».

Díganme ustedes qué civilización representan esos salvajes, que empiezan matando a los musulmanes que no se pliegan a su interpretación rigurosa del islam. ¡Ah!, me olvidaba del segundo de sus ungüentos milagrosos: «Corregir las grandes injusticias políticas y económicas que asolan el planeta». La vieja matraca progresista de que el terrorismo es producto de la pobreza imperante en el mundo. ¿No se han enterado de que Ben Laden es millonario y de que buena parte de los envueltos en el 11-S y el 11-M procedían de familias de la clase media, que en mundo musulmán es alta?

En fin, para qué seguir. Creíamos que después de Múnich, los dirigentes políticos demócratas de todas las tendencias habían aprendido la lección de que frente a la agresión e incumplimiento de las normas no hay otra postura que la firmeza, ya que el apaciguamiento sólo conduce a más agresión y más violaciones. Pero está visto que el linaje de los cándidos, por usar el más benévolo de los calificativos, sigue ofreciéndonos curiosos ejemplares, para solaz de los bribones. Lo malo es cuando uno de ellos llega, por una de esas ventoleras de la vida, a ocupar la presidencia de una nación. Ya puede prepararse ésta, pues lo menos que puede pasarle, como al peregrino de Lourdes, es quedarse como está. Y para cerrar, nada más apropiado que aquel epigrama romano, que como todos los suyos ha resistido el paso de los siglos y de los hombres: «La mejor forma de mantener la paz es estar preparado para la guerra».       José María Carrascal es escritor y periodista

IRAK, AL LÍMITE
Editorial ABC 1 Octubre 2004

LA situación en Irak sigue agravándose. La vorágine de terror parece no tener fin. Esta vez las víctimas han sido en su mayoría niños. Bastaría asomarse a las fotos distribuidas por las agencias para comprender que Irak no puede quedarse solo. Ayer, los terroristas sabían lo que hacían. Buscaban lo que encontraron sus víctimas en las calles de Bagdad. Querían acabar con la gente que se arremolinaba en torno a la inauguración de una estación de bombeo de agua potable. Que hubiera niños era previsible. Que decenas de niños corretearan en los alrededores y pidieran caramelos a los soldados que vigilaban las instalaciones era normal. Las imágenes no son casuales. Los niños son siempre niños. También en Irak.

Los terroristas perseguían las fotos que hemos visto. Querían que las agencias las difundieran para que todo el mundo tuviera que ver la resolución de su voluntad fanática. Con sus atentados de ayer, los terroristas han utilizado los cuerpos mutilados de los niños. Con el impacto de las imágenes quieren provocar el desistimiento de los países comprometidos con la libertad del pueblo iraquí. No lo olvidemos.

Los terroristas saben que las fotos son, principalmente, de consumo occidental. Creen conocer los resortes morales que están detrás de las opiniones públicas que sostienen a los gobiernos occidentales que apoyan la democratización de Irak. Su acción tiene un destinatario: ese observador occidental que duda de la oportunidad de la presencia de las tropas enviadas para hacer posible una democracia entre las ruinas de la tiranía de Sadam Husein. Los terroristas desean provocar su repliegue y llevarlo a la conclusión de que, si se produjera una retirada occidental, la paz volvería a Irak. Es más, las fotos persiguen que cale en él un sentimiento de culpabilidad haciéndole responsable de que ayer murieran casi cuarenta niños en Bagdad.

Por eso, esas fotos no son inocentes. Pretenden que olvidemos que los niños asesinados estaban en la inauguración de una estación que iba a proporcionarles agua potable. Las imágenes que hemos visto tratan de emborronar este hecho. Tratan de ocultar que Irak se reconstruye física y políticamente gracias a la ayuda humanitaria y militar de los países comprometidos con su destino. Hoy, más que nunca, esos países tienen que perseverar en que Irak sea viable como un pueblo libre, dueño de sí mismo. Porque al margen de las dudas y más allá de las medias verdades sobre las que pudo sustentarse la guerra, hoy no cabe otra opción que comprometerse en la reconstrucción de Irak y dar cumplida respuesta al mandato de Naciones Unidas. Si los iraquíes quedaran a su suerte, el abismo totalitario impondría la injusticia de su fanatismo.

Vendrán por todos
Juan BRAVO LR 1 Octubre 2004

La trágica historia del País Vasco en los últimos años ha enseñado que no conviene pasar por alto o tomar con desdén cualquier tipo de amenaza que llegue desde el entorno terrorista, sea quien sea el destinatario. Los nacionalistas no han aprendido todavía la lección de que su particular política colaboracionista con la banda y sus acólitos no proporcionará a sus huestes una inmunidad indefinida. Con los asesinos, no hay políticas que blinden definitivamente, salvo, claro está, la absoluta sumisión y obediencia a los dictados de las pistolas. Por eso, es preciso tomar nota de una campaña de cartas amenazantes a concejales de PNV, EA y EB, en las que se les insta a abandonar los cargos «que no les corresponden» y cedérselos a representantes de las distintas plataformas proetarras ilegalizadas, porque, en caso contrario, «no podemos ser responsables de futuras actuaciones que se puedan derivar». El tufo mafioso y totalitario de la misiva es el mismo que desprende a diario la política de esos tipos con los que los peneuvistas y compañía confraternizan. Se ve que los nacionalistas no han leído a Blas de Otero:


«...Bien lo sabéis
vendrán por ti, por mí, por todos
y también por ti.
Aquí no se salva ni Dios; lo asesinaron».

Observar las matanzas
Editorial El Ideal Gallego 1 Octubre 2004

Por mucho que se empeñen los amigos de lo políticamente correcto, a los autores de los atentados de ayer en Bagdad y que provocaron la muerte de al menos 41 personas, 35 de ellas niños, no se les puede calificar como grupos de insurgentes o resistencia. El lenguaje juega un papel fundamental y recurrir al eufemismo sólo sirve para otorgar un cierto grado de justificación a una acción terrorista, cometida por asesinos y de la que los únicos responsables son quienes hacen estallar el coche bomba.

La situación en Irak es caótica y peligrosa, de hecho, ayer mismo fueron secuestradas otras diez personas. Tal vez por ello, se hace más necesaria que nunca la presencia de tropas que puedan ayudar a los iraquíes a recuperar, primero, la paz y, luego, la democracia. El propio presidente del país solicitó recientemente la colaboración de la Unión Europea para acabar con el terror que se vive en su territorio. Mientras, muy cerca de allí, en Gaza, las tropas isarelíes provocaron otros 28 muertos al entrar en un campo de refugiados como represalia por el atentado en el que murieron dos niños hebreos.

En los últimos cuatro años de Intifada han perdido la vida más de 3.000 palestinos y 1.000 judíos. Y Europa no reacciona. Es preciso que la UE demuestre que aspira a ser algo más que un mero observador de la grave situación que vive Oriente Medio. Por lo pronto, hasta los más reacios a la intervención europea reconocen que dejar el conflicto en manos de Estados Unidos no ha servido para acabar con la violencia y las constantes matanzas.

Guernica y PNV
Cartas al Director ABC 1 Octubre 2004

Ahora resulta que el PN, que ha estado gobernando en el País Vasco desde la aprobación del Estatuto, no quiere celebrar el 25º Aniversario de dicha aprobación. Tiene narices. Si exceptuamos la corta duración del Gobierno vasco durante la guerra civil, estos últimos 25 años han sido la única referencia histórica de un Gobierno autónomo en el País Vasco. Es decir, que el PNV, que reclama los derechos históricos como justificación a la tabarra que está dando con la autodeterminación, reniega de la única prueba de los mismos con el agravante de ser el partido que ha gobernado durante este tiempo. Sería conveniente que el PNV pasase a la oposición para que los vascos pudiéramos tener unos representantes que aprovechasen ocasiones como ésta para expresar los valores que nos han hecho famosos en el mundo, me refiero a la honestidad, el buen hacer, en definitiva, al fuste.      Diego Zumárraga.  
Guecho (Vizcaya).

EXCLUSIVA DEL DIARIO EL MUNDO
Corcuera y Barrionuevo, ex ministros de Interior, visitaron a Rodríguez Galindo el 11-M por la tarde
Apenas un día después de conocerse que el general Rodríguez Galindo cumplirá el resto de la pena en casa, este viernes El Mundo trae nuevas revelaciones sobre la trama del 11-M. Se trata de dos ex ministros del Interior de los gobiernos de González en la etapa de los GAL, José Barrionuevo y José Luis Corcuera, que visitaron en la prisión al ex general Rodríguez Galindo la misma tarde del 11-M. Zapatero, sin embargo, dijo este jueves que “una gran parte de la ciudadanía” comparte con él que “los hechos y la tragedia están muy claros, a la luz de lo que hasta ahora se ha sabido".
Libertad Digital  1 Octubre 2004

Horas después de que los terroristas islamistas llevaran a cabo la matanza de Atocha, Santa Eugenia y El Pozo, el ex general de la Guardia Civil encargado de la lucha antiterrorista durante muchos años, Rodríguez Galindo recibió a los ex ministros en la cárcel de Ocaña II (Toledo), donde está recluido por el asesinato de los etarras José Antonio Lasa y José Ignacio Zabala.

Según publica El Mundo este viernes, la reunión, según fuentes penitenciarias consultadas por ese periódico, se prolongó al menos durante tres horas, más o menos hasta las ocho de la tarde. La información revela que la costumbre de Barrionuevo y Corcuera era solicitar el permiso de la visita la mañana del mismo día de la visita. Aunque en esta ocasión no estuvo Rafael Vera, el ex secretario de Estado de Interior con Barrionuevo y con Corcuera suele visitar a Rodríguez Galindo una vez al mes. Funcionarios de la prisión de Ocaña II han explicado a El Mundo que ésta sería la primera vez, o una de las pocas, en que los dos ex altos cargos de Interior han coincidido en su visita al ex general. Además, Rafael Vera –quien, según algunas versiones, también visitó al general en esa u otra fecha muy cercana–, tenía como hombre de confianza al coronel Félix Hernando, cuya unidad de la Guardia Civil, la UCO, estuvo en contacto permanente con el confidente infiltrado en el entorno de la trama del 11-M, Rafá Zouhier.

Además de José Barrionuevo, José Luis Corcuera y Rafael Vera, según cuenta la información, son habituales en las visitas en el módulo 1 de la prisión Ocaña II el abogado Jorge Argote; el comandante José Pindado (que estuvo procesado en el caso Ucifa e implicado en la muerte de la etarra Lucía Urigoitia) y, sobre todo, el general de la Guardia Civil Andrés Casinello. Según informó El Mundo el pasado 10 de septiembre, el día 9 del mismo mes tuvo lugar en una marisquería de Madrid un almuerzo al que asistieron el general Casinello –considerado el hombre que más sabe de la lucha contra ETA y del golpe del 23-F–, los ex ministros José Luis Corcuera y José Barrionuevo y el ex secretario de Estado Rafael Vera.

Según cuenta El Mundo, el ex jefe de Intxaurrondo disfruta de un régimen privilegiado ya que un hijo lo ve casi a diario y su familia, al menos tres veces por semana. Desde que Rodríguez Galindo ingresó en Ocaña II, en julio de 2003, y tras perder su condición de militar, goza del privilegio de ocupar en exclusiva –con la única compañía del que fuera teniente coronel Vaquero- el módulo número 1 de la prisión. Los dos presos residen en una zona estanca en la que hay unas 10 celdas vacías, además de las dos que ellos ocupan. Tienen a su disposición una sala de estar de unos 35 metros cuadrados y un patio de unos 300 metros cuadrados, además de una televisión y un ordenador portátil.
 

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