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Recortes de Prensa     Lunes 4 Octubre  2004

La captura del jefe de Eta
Editorial La Razón 4 Octubre 2004

GOLPE DECISIVO CONTRA ETA
Editorial ABC 4 Octubre 2004

ETA dio la razón a Rajoy y Aznar
Carlos Dávila La Razón 4 Octubre 2004

Que declaren sobre Perpiñán y el 11-M
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 4 Octubre 2004

El ocaso final de ETA
Editorial El Ideal Gallego 4 Octubre 2004

ETA, AHORA SI, EL PRINCIPIO DEL FIN
Luis Ignacio Parada ABC 4 Octubre 2004

El terrorista de cámara del nacionalismo vasco
Isabel Durán Libertad Digital 4 Octubre 2004

ETA, descabezada.
Opinión El País 4 Octubre 2004

ETA, descabezada
Editorial Heraldo de Aragón  4 Octubre 2004

La foto de la derrota
FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo 4 Octubre 2004

Golpe crucial a ETA
Editorial El Correo 4 Octubre 2004

Un congreso naranja
EDITORIAL Libertad Digital 4 Octubre 2004

El vértigo de la democracia
Agapito Maestre Libertad Digital 4 Octubre 2004

Fanatismo
Cartas al Director El Correo  4 Octubre 2004

No al distintivo autonómico
Cartas al Director ABC 4 Octubre 2004

Descabezada la cúpula de ETA con la detención en Francia de «Mikel Antza» y «Anboto»
J. PAGOLA / D. MARTÍNEZ ABC 4 Octubre 2004

Un libro de Pío Moa acusa a socialistas y nacionalistas de instigar la guerra en 1934
L. R. C. La Razón 4 Octubre 2004
 


 


La captura del jefe de Eta
Editorial La Razón 4 Octubre 2004

Desde aquella excelente operación policial de 1992, que logró la captura de la cúpula de ETA en la localidad francesa de Bidart, no se había producido un éxito en la lucha antiterrorista comparable a la detención, practicada ayer en Francia, de Mikel Albizu Iriarte, más conocido como «Mikel Antza» y de su compañera y también dirigente de la banda, Soledad Iparragirre «Anboto». La caída en manos de la Justicia del jefe de ETA es fruto de un trabajo bien hecho por parte de los expertos de la Guardia Civil que han sabido tener la paciencia y la constancia precisas para ello, y también el de la colaboración con Francia que ha resultado extremadamente eficaz.

No cabe duda de que los triunfos en esta lucha obedecen a la labor callada de los investigadores de las Fuerzas de Seguridad del Estado, y el compromiso de los jueces. Pero sería un error olvidar que para que los policías puedan desempeñar su trabajo, con la eficacia ayer demostrada, también es preciso que toda la maquinaria del Estado de Derecho trabaje en la misma dirección y con el mismo empeño. Tan importante en la afortunadamente larga secuencia de operaciones exitosas contra la banda terrorista ha sido el trabajo policial como la firma de un Pacto de Estado por las Libertades y contra el Terrorismo, con su secuela de ilegalizaciones del brazo político de ETA y de sus organizaciones paralelas, como la presión ejercida contra los asesinos en el exterior, con convenios y acuerdos de colaboración policial y judicial.

La captura de «Antza» no supone el fin de la banda. Es más, se sabe que Josu Ternera será quien le sustituya hasta que le llegue el turno de enfrentarse a la Justicia, pero sí acelera en extraordinaria medida la llegada de ese momento. «Antza» más que un histórico de ETA, era sobre todo su gran ideólogo y estratega, el hombre que tras evitar su captura en Bidart cogió las riendas de la organización. Nadie como él conoce los entresijos de ETA y las soluciones a los problemas que supone mantener viva su organización criminal. No tiene sustituto. Y tampoco lo tiene su compañera, la asesina «Anboto», que a su negro historial de asesinatos, muchos cometidos como parte del «comando Madrid», une su experiencia como «responsable» de distintas secciones de la banda, desde el control sobre los «comandos» al aparato financiero o de apoyo logístico. Nadie en ETA acumula hoy la experiencia de que disponía Soledad Iparragirre. Como «Antza», era una figura insustituible y quien ocupe su lugar carecerá de su experiencia y conocimientos.

El daño a ETA es, sólo con estas detenciones, sin contar con el resto de los terroristas capturados en la misma operación, de enorme magnitud. Con estos dos criminales y sus cómplices a buen recaudo, ETA se verá obligada a modificar sus planes y ganar tiempo para restaurar su cadena de mando. Por eso lo importante ahora es continuar con la lucha y no dejarles ni un minuto de tregua para que puedan reorganizarse, y rearmarse, otra vez.

GOLPE DECISIVO CONTRA ETA
Editorial ABC 4 Octubre 2004

LA experiencia histórica con ETA aconseja no caer en la euforia cada vez que las Fuerzas de Seguridad del Estado asestan a los terroristas un golpe directo en su cúpula. Sin embargo, la detención de Mikel Albizu, «Antza», considerado el máximo dirigente de ETA, y Soledad Iparrraguirre, «Anboto», junto con otros diecinueve presuntos terroristas, es una acción policial que, dadas las actuales circunstancias de la banda etarra, podría ser decisiva para su erradicación definitiva. Esta gran operación fue ejecutada conjuntamente por fuerzas policiales francesas y la Guardia Civil en diversas localidades del territorio francés. Además de las detenciones, las Fuerzas de Seguridad localizaron al menos cuatro «zulos» donde los terroristas ocultaban municiones, explosivos y armas, algunas de gran calibre. Las investigaciones determinarán el alcance real de esta operación, pero a simple vista se constata que está en la línea de las más importantes desarticulaciones de la dirección de ETA, como la de Bidart en 1992 y todas las que se sucedieron a lo largo del segundo Gobierno de José María Aznar. Gracias a la eficacia policial y a la constante cooperación con Francia, ETA ya no tiene la capacidad de regeneración que, hasta hace pocos años, prácticamente la blindaba frente a los golpes policiales. Las detenciones en la cúpula se han sucedido con una frecuencia creciente, gracias a una minuciosa actividad de información, anulando los mecanismos de los terroristas para sustituir con garantías a los cabecillas detenidos. Además, la detención de etarras no fichados hace aún más profunda la herida sufrida por la banda terrorista, porque pierde la posibilidad de moverse a resguardo de las Fuerzas de Seguridad.

NO hay temeridad alguna en afirmar que la derrota de ETA está mucho más cerca después de la operación policial hispano-francesa, si bien no elimina, en absoluto, el riesgo de nuevos atentados, aunque se preparen y ejecuten al margen de la cadena de mando, gravemente dañada en la actualidad. Lo que importa es que no cede la trayectoria que ha situado al Estado en una posición de superioridad creciente frente a los terroristas. En este sentido, la detención de «Antza» y «Anboto» lanza dos mensajes a ETA, a sus grupos de apoyo y a las zonas nacionalistas adyacentes. Por un lado, que la ausencia de atentados, el impacto del 11-M y la amenaza constante del terrorismo islamista no han restado prioridad a la persecución de los etarras. Por otro lado, que el tránsito del PP al PSOE sólo ha supuesto un cambio de Gobierno, pero no de la política de Estado contra el terrorismo. La desarticulación de la dirección de ETA es el resultado de un trabajo de investigación desarrollado en los últimos años, lo que no sólo no resta mérito alguno al nuevo Gobierno, y en particular al ministro del Interior, José Antonio Alonso, sino que les hace acreedores del mismo reconocimiento que al anterior Ejecutivo, al haber demostrado que nada cambió frente a ETA con el resultado electoral del 14-M.

ES evidente que este golpe a los terroristas sumergirá aún más a ETA en la decadencia a la que estaba empujada por la fuerza del Estado, y es ahora, cuando desde el nacionalismo vasco tanto se conjuga el verbo dialogar, el momento de recordar que el salto cualitativo de la lucha antiterrorista se produce con la decisión conjunta del Gobierno anterior y de la oposición socialista de que había que pasar de la contención a la derrota incondicional de la banda etarra. Por eso, las implicaciones políticas de este éxito antiterrorista son evidentes. En primer lugar, acredita la eficacia de una política de Estado entre Gobierno y oposición y la capacidad de rearme que tienen acuerdos como el que PP y PSOE firmaron en diciembre de 2000, por las Libertades y Contra el Terrorismo. Cualquier revisión a la baja de este pacto es una concesión irresponsable a los terroristas.

En segundo lugar, también esta nueva demostración de fuerza del Estado afecta directamente a quienes, de una forma u otra, han puesto en marcha procesos políticos que se nutren del «conflicto» que protagoniza ETA frente a España. Cuando los nacionalistas vascos aleguen que con el Plan Ibarretxe se alcanzará la paz, los hechos demostrarán, como ya lo están haciendo, que la paz sólo viene de la mano del Estado de Derecho y del respeto a las instituciones. La ecuación que no falla es la que establece más paz cuanto menos terrorismo. El plan del lendakari no ha puesto en marcha un proceso de paz, sino de autodeterminación. Nada se debe al nacionalismo vasco en el declive etarra, y es justo que esta falta de solidaridad de los nacionalistas con el resto de los españoles, y especialmente con las víctimas, se haga patente en las relaciones del Gobierno central con el Ejecutivo autonómico vasco. Ni una sola de las reformas legislativas contra ETA, ni la Ley de Partidos Políticos, ni la movilización internacional contra los terroristas, ha contado con el apoyo del PNV y Eusko Alkartasuna. Cuando se hable de paz, habrá que preguntar qué está haciendo cada cual por ella.

ETA dio la razón a Rajoy y Aznar
Carlos Dávila La Razón 4 Octubre 2004

Las personas de bien se alegran de que se aprehenda a las personas de mal. Por eso, ayer fue un gran día. Llevábamos los españoles años, muchos años, esperando que fuera detenido el gran jefe de la banda etarra, «Antza», y ayer se produjo, como si fuera una estupenda nacencia, el feliz acontecimiento.

La coincidencia con la clausura del congreso del Partido Popular es, desde este punto de vista, la mejor confirmación de la política de Aznar, y de sus tres ministros del Interior: Jaime Mayor Oreja, Mariano Rajoy y Ángel Acebes. En el congreso de la sucesión, refrendado con enorme éxito, las peores especulaciones jugaban con una interesada coincidencia entre las detenciones de Francia y las intenciones del Gobierno socialista de decolorar la buena herencia, como si después de tantos años de lucha contra el terrorismo etarra, fueran posibles «operaciones a la carta», fijadas en el día y la hora que más pueden aprovechar al Gobierno de turno.

Esta apreciación es una enorme estupidez para cualquiera que conozca los pormenores de la lucha contra la banda sanguinaria. Del mismo modo en que ETA mata cuando puede, a ETA se la detiene cuando se puede. Nada existe más cierto en la historia global del antiterrorismo.

Desde este punto de vista y desde cualquier otro, el enorme éxito de este domingo, es también la afirmación de una estrategia acertada contra ETA. El Gobierno primero de José Maria Aznar se la encontró hecha unos zorros y está bien, para el recuerdo general, que el ex presidente del Gobierno, rememorara este dato. El Ejecutivo de González empleó contra ETA unas armas ilegales que dieron –nadie puede dudar esto– unos resultados aceptables, pero unas armas que destrozaron la arquitectura moral del Estado.

Aznar y Jaime Mayor primero, después Rajoy y Acebes, demostraron que se pueden obtener aún mejores réditos con la legalidad, algo que el PSOE había arrumbado conscientemente. Por esto, el apresamiento de «Antza», de su novia la asquerosa y sanguinaria «Anboto» y de otros cuantos de sus secuaces, se revela todo un éxito para una política que se emprendió en el 96.

Lo de menos es que el mejor de sus triunfos se haya presentado ahora. El PP celebró ayer su congreso de la sucesión con una normalidad que hirió los sentimientos de la izquierda más réproba de este país, y desde luego del grupo zapatista de comunicación que la apoya. La herencia de José María Aznar es tan sana como presentable.
El mejor mensaje que hizo el mejor presidente democrático que haya tenido nunca España estuvo dirigido aún más para los propios que para los ajenos. Para la derecha apocada del país que cree, merced a la propaganda desbocada y procaz de la izquierda, que ésta posee superioridad moral y que la derecha debe hacerse perdonar permanentemente no sé cuántas cosas. Es esta derecha que en la oposición se acochina porque tiene miedo a ser como es, a creer en una España unida y sin grietas, y en un país que puede crecer desde la honradez y la autenticidad.

El éxito contra ETA confirma que no hay mejor estrategia que la utilización total de la ley. Dos estilos tan diferentes como los de Aznar y Rajoy son la prueba de que la derecha derrotada el 11 por una conspiración aún incógnita, no ha pasado a peor vida.

La sucesión de Aznar se ha producido en el mejor de los días, en la fecha en que se ha sabido que los socios de Zapatero –tan ignorante en este tema como en tantos más– no tienen razón, que Carod y el bobo de Llamazares desde luego no la tienen, que la tiene quien defiende a España desde la Constitución.
Ayer ETA les dio la razón a Aznar y Rajoy. Por eso fue grande su congreso de la sucesión.

Que declaren sobre Perpiñán y el 11-M
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 4 Octubre 2004

Espero que sea una broma de mal gusto eso de que España no va a pedir la extradición del llamado Mikel Antza. Todos los crímenes cometidos por la ETA en los últimos años, en los que sin duda tienen responsabilidad directa Antza y sus cómplices, deberían ser juzgados en España, por respeto a las víctimas y al Estado de Derecho. Pero es que, además, hay dos asuntos sobre los cuales su declaración podría arrojar mucha claridad: el encuentro en Perpiñán con Carod Rovira y la relación de la ETA con los confidentes dinamiteros de Avilés, tanto en lo que respecta al coche “casualmente” robado en la callejuela del garaje de Trashorras y que hicieron estallar al día siguiente en Santander como la coincidencia de las dos caravanas de la muerte, la etarra y la islamista, camino de Madrid para asegurarse una masacre u organizar dos masacres paralelas el 11-M.

Como Zapatero ya lo sabe todo sobre el 11-M y como el Fiscal General del Estado dice que no se puede saber más, no sería de extrañar que el Ministro del Interior, que el domingo a las ocho de la noche aún no había dado siquiera una rueda de prensa para explicar la operación antiterrorista, considere ocioso pedir la extradición de estos matarifes con ínfulas políticas. Pero el juez Del Olmo, por pulcritud intelectual y por respeto a los 192 muertos del 11-M, debería dirigir el interrogatorio de Mikel Antza y el resto de la cúpula etarra. Y el flamante presidente del PP Mariano Rajoy pedirlo en el Parlamento. Por de pronto, interrogar. Cuanto antes, extraditar. Finalmente juzgar. Y si el tiempo y el Gobierno no lo impiden, condenar. Es asombroso tener que pedir lo que las autoridades deberían estar felices de ofrecer. Pero, por pedir, por exigir, que no quede.

El ocaso final de ETA
Editorial El Ideal Gallego 4 Octubre 2004

La situación de debilidad de ETA era evidente, se movía con las pocas fuerzas que le quedaban, estaba extenuada; sólo los dementes integrados en su dirección le hacían dar algún paso más, aunque ello supusiera consumir el poco aliento que le quedaba y, por lo tanto, acercarse un poco más al precipicio por el que ineludiblemente iba a acabar despeñándose. Desde ayer, privada de dos de esos locos, Antza y Anboto, está más cerca del barranco y sus estertores se escuchan con más claridad, pero también es un poco más peligrosa, ya que se siente acorralada definitivamente y como todas las fieras tratará de morir matando. No obstante, y pese a ese riesgo, la operación policial desarrollada entre la Policía francesa y la Guardia Civil sólo puede ser considerada un éxito rotundo, puesto que la detención del máximo dirigente de la banda y de la más sanguinaria de sus terroristas no admite otra calificación. Ahora habrá que esperar a que nuevas piezas vayan cayendo, porque lo lógico es que la cúpula arrastre a muchos activistas al perder pie y precipitarse hacia la cárcel. El ocaso de ETA está más próximo, pero su llegada incluso se acelerará si los políticos mantienen la unidad que demostraron ayer y confían la solución a las vías policial y judicial, las únicas válidas para acabar con los asesinos.

ETA, AHORA SI, EL PRINCIPIO DEL FIN
Luis Ignacio Parada ABC 4 Octubre 2004

EL hecho de que el máximo dirigente de ETA, Mikel Antza, detenido ayer en el suroeste de Francia no pueda ser reclamado por España, puesto que no tiene delitos de sangre no impide que la operación desarrollada por la gendarmería francesa y la Guardia Civil deba ser calificada como una de las más brillantes de la lucha antiterrorista.

Primero porque, junto al cerebro del aparato político etarra tras la caída de la cúpula de Bidart en 1992, ha sido detenida su compañera «Anboto», la sanguinaria terrorista que formó parte de los «comandos Araba» y «Madrid» y se ocupaba del cobro del llamado impuesto revolucionario. Segundo, porque han caído otras diecinueve personas. Tercero, porque han sido localizados siete zulos, uno de ellos con armamento pesado de guerra como lanzamorteros, lanzagranadas, fusiles de asalto y ametralladoras. Cuarto, porque en la operación han sido requisadas importantes sumas de dinero, valiosa documentación y Titadyne, el explosivo habitual en los atentados de ETA. Quinto, porque la mayoría de los arrestados son miembros no fichados del aparato logístico de la banda. Sexto, porque no ha sido un golpe de azar, un error de los delincuentes o una detención accidental sino el fruto de cuatro años de perseverante trabajo. Séptimo, porque es la constatación más evidente del éxito de la colaboración bilateral entre las autoridades francesas y españolas, y de las potencialidades del Pacto Antiterrorista. Octavo, porque la operación se ha completado con la detención en Burgos de una persona presuntamente relacionada con la colocación de explosivos en Guipúzcoa y Huesca el pasado mes de septiembre. Noveno, porque la limpieza del operativo impide que nadie pueda apuntarse políticamente el éxito. Décimo, porque Rajoy, elegantemente, ha felicitado al ministro del Interior socialista. Décimo, porque Ibarretxe va a tener que modificar su estrategia de acoso al Estado.

Antza detenido
El terrorista de cámara del nacionalismo vasco
Isabel Durán Libertad Digital 4 Octubre 2004

La caída de Mikel Albizu, Antza, uno de los jefes máximos de la banda terrorista, supone la culminación de ocho años de lucha contra el terrorismo firme, implacable, y eficaz desde el Gobierno de España. El otro, el batasuno Josu Ternera, sigue prófugo de la justicia mientras el tripartito le protege el escaño. Como se recordará, a este responsable de la matanza de Hipercor el PNV lo nombró miembro de la comisión de Derechos Humanos del Parlamento vasco.

Con pinta de profesor universitario, Antza firmó en 1997 con el PNV el pacto de Estella, que llevaba implícita la tregua-trampa de catorce meses y que culminaría aupando al poder al partido de Juan José Ibarretxe. Tras ocupar el palacio de Ajuria Enea, el Ejecutivo de Vitoria quedó hipotecado con ETA. El pacto de Estella, negado cínicamente por la formación heredera de Sabino Arana, desembocó en la desobediencia desde el nacionalismo gobernante al Tribunal Supremo y el enfrentamiento a las instituciones legítimas del Estado. Su fruto final y definitivo es el Plan Ibarretxe. Un nuevo frente nacionalista en toda regla, aunque con sus discrepancias internas ya que para la banda asesina y sus representantes en la cámara autonómica el plan se queda algo corto.

Se cumple así la apuesta que ETA había hecho por escrito en 1993, de aislar al PNV o “ganárnoslo” para que les condujera a la tierra prometida. El plan secesionista que tramita el parlamento vasco supone la ruptura del marco estatutario y la creación de un espacio jurídico nuevo que excluye a los españoles y a los vascos constitucionalistas y donde sólo los vascos “pata negra” disfrutan de derechos políticos.

Mientras el nacionalismo cerraba filas a escondidas y sellaba su alianza secreta, el jefe de la “oficina política” terrorista, promocionado por Javier Arzalluz, consiguió reunirse en 1999 con una delegación enviada por el Gobierno de José María Aznar. En la localidad suiza de Zurich junto con Belén Gonazález Peñalba, hoy también en prisión, Antza departió durante cinco horas con los enviados designados por Aznar: Ricardo Martí Fluxá, entonces secretario de Estado de Seguridad; Javier Zarzalejos, secretario general de Presidencia, y el sociólogo Pedro Arriola. Aquella reunión, en presencia del obispo de Zamora, Juan María Uriarte, fue prácticamente un monólogo de Antza sobre la “secular opresión del pueblo vasco y la negación de sus derechos”. Nada obtuvo el jefe terrorista y suspendió una cita posterior.

De quien sí obtuvo el rédito esperado fue de Josep Lluis Carod Rovira, a la sazón jefe de la Generalitat de Cataluña en funciones cuando se reunió con él en Perpignan. Antza, Ternera y Carod Rovira pactaron que los terroristas mirarían el mapa antes de poner sus bombas y que Cataluña sería zona libre de atentados. Algo que en efecto ocurrió, cuando apenas un mes después de su entrevista la banda asesina se dirigió a Madrid con 500 kilos de explosivos el mismo día que los terroristas islámicos.

Al margen de los pactos con el nacionalismo independentista catalán, la única diferencia entre Ibarretxe y Antza es que el primero busca la secesión desde los despachos oficiales con chaqueta y corbata y el segundo a punta de revólver. Lo grave es que mientras Antza ha estado todos estos años moviendo “el árbol sin romperlo”, el Partido Nacionalista Vasco ha recogido “las nueces para repartirlas”. La detención de Antza y sus colaboradores pone sobre la mesa de nuevo una verdad tantas veces negada por el nacionalismo de marras, que la ETA puede ser derrotada por la vía policial y que así se avanza por el camino correcto. Los arsenales incautados en esta última gran operación antiterrorista en Francia con más de mil kilos de explosivos y miles de detonadores ponen de manifiesto que no es el momento de acercar presos etarras a las cárceles vascas ni lo es el volver a regalarles los títulos universitarios desde la UPV.

ETA, descabezada.
Opinión El País 4 Octubre 2004

Sea o no el mayor golpe dado nunca a ETA (la policía francesa dice que lo es), las detenciones realizadas ayer en siete localidades del sur de Francia y la incautación de sus arsenales, archivos y dinero, hace inevitable el recuerdo de la captura en Bidart, en marzo de 1992, de la cúpula etarra y el desmantelamiento de sus principales estructuras en los meses ulteriores. Hoy se sabe que en aquella ocasión se estuvo muy cerca de convertir la paralización operativa de ETA en su derrota definitiva, y también por qué tal cosa no llegó a ocurrir. Esa experiencia debe servir ahora para evitar cometer el mismo error: dar a ETA la oportunidad de encontrar nuevamente sentido a su violencia ofreciéndole contrapartidas a cambio del abandono temporal de uno o varios "frentes de lucha".

Entonces fue el cambio de trazado de la autovía de Leizarán, presentado por algunos como modelo de salida negociada al "conflicto" y que convenció a ETA de que una campaña de atentados selectivos y presión callejera puede llevar a las autoridades a ceder, al menos en parte. De esa experiencia salió la teorización de la nueva estrategia de ETA, que combina los ataques directos contra políticos en activo y la extensión de la amenaza mediante la kale borroka. Esa estrategia fue impulsada por quien está considerado desde mediados de los noventa jefe político de ETA: Mikel Albisu, alias Mikel Antza, detenido ayer junto con Soledad Iparraguirre, la pareja que al parecer dirigía la banda en la actualidad.

La nueva estrategia se puso en práctica con el asesinato, en enero de 1995, del concejal de San Sebastián Gregorio Ordóñez. Desde entonces ETA ha asesinado a 30 ediles, parlamentarios o dirigentes políticos, en su gran mayoría pertenecientes al PP y al PSOE. Al mismo tiempo, las bandas de acoso han realizado más de 800 ataques contra adversarios ideológicos, incluyendo de manera intensiva, durante los dos años anteriores al Pacto de Lizarra, sedes, militantes y propiedades del PNV y EA. De ahí que, tras la ruptura de la tregua, la actuación antiterrorista se orientase a combinar la eficacia policial a ambos lados de la frontera con medidas tendentes a acabar con la impunidad de las bandas de acoso y a sacar de la legalidad a organizaciones que formaban parte del entramado coactivo dirigido por ETA.

El resultado de esa actuación policial y judicial ha sido el debilitamiento de ETA, que ha visto obstruida al mismo tiempo su principal vía de reclutamiento. Tal debilidad operativa y de expectativas ha hecho que por primera vez desde hace años se plantee, como hipótesis, la posibilidad de un final próximo de ETA. El ex portavoz de la ex Batasuna, Arnaldo Otegi, declaró la semana pasada que no habrá nunca un comunicado "en el que ETA anuncia su disolución". Tal vez tenga razón. ETA se extinguirá algún día, pero es difícil imaginar una repetición de la escena en que la facción polimili anunciaba (en 1982) su retirada. Siempre quedará algún reducto dispuesto a seguir o a reiniciar la actividad con cualquier pretexto.

Desde el nacionalismo se argumenta periódicamente que para evitar esa situación habría que negociar con ETA su renuncia mediante un acuerdo político. El problema es que si se negocia políticamente con ETA, aunque sea en situación de debilidad de la banda, ya no habrá derrota política de ETA y, por tanto, no habrá final de ETA. Es la paradoja de la situación actual. En la duda, parece más sensato renunciar a la obsesión por la foto -el acto de autodisolución- y buscar de momento hacer efectiva la derrota de ETA: que sus acciones dejen de tener efectos políticos, como sucede desde hace años con las actuaciones de los GRAPO, por ejemplo.

Para que las acciones y amenazas de ETA dejen de tener efectos políticos queda por conseguir que los partidos nacionalistas dejen de ligar el fin de la banda a la satisfacción de determinadas aspiraciones nacionalistas, medidas siempre -como escribía hace poco el ex dirigente del PNV Joseba Arregi- según el baremo marcado por su sector más radical. El fin del mito de la imposibilidad de derrotar a ETA debería suponer tambien el fin de la falacia de que hay alguna concesión (que no sea la entrega del poder) capaz de convencer a los Mikel Antza de turno de que ya no necesitan seguir asesinando a los que no se pliegan a sus órdenes.

Esa falacia prolongó la existencia de ETA tras la caída de Bidart, hace 12 años. Antza expulsó de ETA a su antecesor, José Luis Álvarez Santacristina, Chelis, cuando éste, una vez detenido, pasó a cuestionar la necesidad de la lucha armada. Es posible que también Antza la cuestione pronto desde alguna cárcel francesa.

ETA, descabezada
Editorial Heraldo de Aragón  4 Octubre 2004

LA CAPTURA en Francia de los sanguinarios dirigentes de ETA Mikel Albisu Iriarte, "Mikel Antza", y de Soledad Iparragirre Genetxea, "Anboto", constituye un hito en la lucha antiterrorista que permite, con motivo, contemplar como muy cercano el fin de la carrera asesina de la banda. De la abyección de los etarras detenidos, da idea el escalofriante dato de las ciento veinte personas asesinadas en España desde que "Mikel Antza" sustituyera a la cúpula de la banda detenida en la localidad vascofrancesa de Bidart, el 31 de marzo de 1992. En este tiempo, han sido asesinados, además de miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, dirigentes y miembros de los partidos políticos no nacionalistas, declarados objetivos de la banda, así como personalidades de la judicatura y la prensa, lo que obligó a ampliar la dotación de escoltas a todos los miembros de las formaciones amenazadas. Mientras el Estado democrático y los ciudadanos aguantaban heroicamente tanto sufrimiento, la presión policial continuada, las medidas políticas, como la aprobación de la Ley de Partidos que significó la ilegalización de Euskal Herritarrok, y la cooperación con Francia han ido dando sus frutos. Pero la debilitada banda no renunciaba a seguir matando, como lo demuestra el arsenal incautado. Ya no podrán utilizarlo. El de ayer fue un día importantísimo para los españoles. ETA tiene a sus jefes en prisión en lugar de maquinando muerte. Ganan la vida y la libertad.

La foto de la derrota
FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo 4 Octubre 2004

Arnaldo Otegi es, probablemente, uno de los más brillantes parlamentarios del Legislativo vasco. Es también un polemista agudo y con recursos dialécticos, aunque a veces haya incurrido en deslices no menores como hizo en Barcelona en el año 2000 al apelar con despreocupada alegría al «asalto de la razón», un concepto directamente entroncado con la actuación del nazismo alemán de los años treinta, como puso de manifiesto en su momento Txema Montero. Otegi fue en un tiempo la esperanza blanca de la política vasca, aunque esas expectativas se frustraron el día que no quiso volar solo fuera del nido. Lo que no es el dirigente de la ilegalizada Batasuna es profeta. Eso está comprobado.

En el Aberri Eguna de 1999 proclamó que al año siguiente celebrarían la independencia y ya ven el grado de acierto. El 22 de mayo dijo que Euskal Herria estrenaría el siglo con un Estado propio y su propia Constitución. En septiembre de 1999 aseguraba también que «el próximo año» (por el 2000) se celebraría en Euskadi una consulta popular para decidir el marco político que querían los vascos. Hasta hoy.

El tiempo ha demostrado que quien estaba más dotado para la profecía era el fallecido dirigente de ETA Domingo Iturbe Abásolo, 'Txomin', a quien se le atribuye la siguiente frase: «Primero nos detendrán a nosotros, después cogerán las armas y los zulos y por último nos cogerán el dinero. Entonces no habrá nada que negociar». Lo triste es que no se diera prisa en sacar las lecciones oportunas de sus propias advertencias.

La pasada semana, Otegi afirmaba que nunca habrá un comunicado en el que ETA anuncie su disolución. El dirigente de Batasuna se lo pone muy difícil a ETA porque o alguien de la propia organización terrorista -desde luego Mikel Antza ya no- se da prisa en firmar el comunicado de disolución o ese papel lo firmará el ministro del Interior. Tal como están las cosas esto último parece lo más probable. A los dirigentes de ETA la única firma que les va a quedar es la del enterado de sus derechos en comisaría.

El propio Otegi en otra ocasión aseguró que la entrega de las armas de ETA al Gobierno sería «la foto de la derrota». Esa misma idea latía en el seno de ETA cuando sus dirigentes, tal vez Mikel Antza, escribían en un boletín interno que el IRA nunca permitiría el decomiso de sus armas y un par de meses después el grupo terrorista irlandés comenzaba a destruir sus arsenales. En Euskadi no va a ser necesario que ETA entregue su armamento al Gobierno porque la mayor parte de sus arsenales están desde ayer en manos de la Policía. Es, ciertamente, la foto de la derrota sin paliativos. Por una vez Otegi acierta.

Golpe crucial a ETA
Editorial El Correo 4 Octubre 2004

La detención del considerado como 'número uno' de ETA Mikel Albisu, 'Antza', y de la activista acusada de quince asesinatos Soledad Iparragirre, 'Anboto', junto al desmantelamiento de buena parte de la estructura logística de la banda armada constituyen un golpe policial equiparable al que ETA recibiera el 31 de marzo de 1992 cuando su cúpula fue detenida en la localidad de Bidart. Desde esa fecha el arresto uno a uno de los responsables del terrorismo etarra se ha convertido en noticia constante. Hasta el punto de que prácticamente todos los que apenas hace un año estaban al frente de la organización se encuentran ya a disposición de la justicia. Ésa es también la causa fundamental que ha conducido a la drástica reducción de la actividad etarra que hoy se encuentra en los momentos de mayor marginación social y política y de mayor debilidad operativa de toda su historia. El declive de ETA es el resultado de años de unidad democrática, de implacable persecución de los terroristas y de paulatina reducción del clima de impunidad en que se movían sus seguidores. Pero sobre todo es necesario resaltar la crucial importancia que en el debilitamiento de ETA ha tenido y tiene la colaboración entre los gobiernos francés y español, entre sus fuerzas y cuerpos de seguridad, y en concreto la labor en común desarrollada por el servicio galo de Renseignements Generaux y la Guardia Civil. Sin esta línea de acción eficaz de poco valdrían todos los demás esfuerzos.

La sintonía general mostrada por las fuerzas democráticas al saludar con gran satisfacción la excelente noticia de ayer refleja hasta qué punto la clase política y la sociedad en general están tomando conciencia de que nos encontramos en el principio de un final inexorable para ETA. Ya tan sólo la izquierda abertzale se obstina en ofrecer la paz a cambio de la claudicación de la sociedad democrática, en una conducta tan fanática como impotente. El resto del nacionalismo trata de resituar sus ofertas de 'normalización', a sabiendas de que a este paso le será imposible capitalizar la derrota definitiva de ETA, mientras se esfuerza por atraerse hacia sí a la izquierda abertzale sociológica. Pero tan optimista panorama puede ensombrecerse en cualquier momento porque la capacidad de ETA para causar daño no ha sido completamente anulada ni sus integrantes han dado hasta ahora muestra alguna de recapacitar en su empeño asesino. De ahí que al aplauso general de ayer ha de seguirle el compromiso de todas las instituciones competentes y de los vínculos internacionales para acortar al máximo la existencia de ETA.

Un congreso naranja
EDITORIAL Libertad Digital 4 Octubre 2004

Es bastante difícil hacer una valoración general de un Congreso que, como el que ha celebrado el Partido Popular este fin de semana, ha venido marcado por intervenciones susceptibles de una valoración tan diferente como las que han llevado a cabo sus protagonistas. Habrá, sin duda, que dar tiempo al tiempo para ver qué frutos deja, pero eso no es óbice para destacar ya que hay que bajar más de lo deseable el denominador común para encontrar un todo coherente en las diferentes intervenciones que han llevado a cabo Gallardón, Zaplana, Aguirre, Acebes, Rato, Arenas, Piqué y, finalmente, las de Aznar y Rajoy.

No se trata de aspirar a una visión monolítica del partido —menos aún de las personas que integran su dirección—, ni tampoco de exagerar unas diferencias que no son tales comparadas con las enormes disonancias que se dan en el seno del Partido Socialista. Sin embargo, sí que cabría esperar mayor concordancia y sintonía en los mensajes sobre lo que va a ser la labor de oposición, definición ideológica y oferta programática del Partido Popular. De Acebes y de un gratamente sorprendente Zaplana, podemos esperar que la defensa desacomplejada del anterior gobierno del PP y la contundente y merecida crítica al ejecutivo de ZP, no vayan a quedar relegadas a la presidencia de honor del partido. Sin embargo, al mismo tiempo, no terminamos de ver exorcizado eso que, con acierto, Acebes ha llamado “minimalismo ideológico”, oídas las reflexiones de Gallardón, Piqué —incluso las de Rato—, o vista la designación de Elorriaga como nuevo secretario de comunicación del partido.

En cuanto a la intervención de Rajoy, francamente, no termina de dejarnos claro si piensa subir los peldaños en los que Aznar ha situado al partido o si elegirá bajar algunos como resultado de lo que Gallardón piensa —en el fondo, sin incluirse— de “ese algo que hemos hecho mal”. Y el caso es que Rajoy ha reconocido muy oportunamente que “la gente, los ciudadanos, nos piden certidumbres, saber a qué atenerse, claridad en nuestras ideas y que seamos capaces de escuchar, pero no nos piden genialidades, o que seamos lo que no somos y que demos volteretas de titiriteros”. El problema ha estado a la hora concretar esas señas, características y propias, del PP, a las que Rajoy se ha referido más como a una gestión que como a unas ideas: “la lucha eficaz contra el terrorismo, la defensa de una España diversa y plural pero unida y solidaria, por crear empleo, por facilitar el bienestar para todos, por la transparencia en la gestión del dinero público y las cuentas”.

Para bien o para mal, los ciudadanos no valoran la gestión de un Gobierno con el desideologizado criterio con los que unos accionistas puedan juzgar la labor de un Consejo de administración. Los ciudadanos muy a menudo votan contra sus propios intereses, sin que por este hecho, evidentemente, nadie deba decidir por ellos. Pero el caso es que así ocurre, como ilustra el largo tiempo que muchos gobiernos han sobrevivido a sus malas gestiones, o lo rápido que otros han sido desbancados a pesar de su buena gestión. Hay que recordar sin duda, los buenos resultados prácticos que obtuvo el PP, pero no con la visión de un tecnócrata, sino vinculándolos a unas ideas políticas que claramente no abandera ningún otro partido.

En este sentido, francamente, no se sabe cual es ahora el alineamiento del PP en un asunto tan crucial para Occidente como es el problema del terrorismo islámico, que tiene en Irak unos de sus más decisivos campos de batalla. ¿De verdad se cree alguien en el PP que esto es un asunto que ya no va a marcar el futuro?

En cuanto a la defensa de esa “España diversa y plural pero unida y solidaria”, ¿va el PP a seguir manteniendo su negativa a considerar una nación a cualquiera de las comunidades que la integran? ¿O es que acaso “integrar” esto es ahora compatible con el “patriotismo constitucional”? ¿Va a seguir defendiendo el PP —que también es el de Piqué— un mismo nivel competencial para todas las autonomías? Francamente, las intervenciones de Piqué y Arenas no nos han dado, precisamente, “certidumbres” al respecto.

En cuanto a las ideas económicas ¿la pauta va a ser la reclusión del liberalismo “a las condiciones donde exista la necesaria igualdad”, como postuló Gallardón? ¿Se va a defender ahora la “discriminación positiva”? ¿Se va a defender como socialmente valioso el paro estructural al que aboca la falta de competitividad y liberalización en Europa? Se dirá que son cosas de Gallardón, pero no deja de ser decepcionante que el designado por Rajoy nada menos que para abrir el Congreso Popular haya hecho una intervención que con tanto merito podría haber encontrado eco en esa la lúcida sección de la “tontería económica de la semana” que los lectores pueden encontrar en nuestro diario.

Pero, en fin, demos tiempo para que se ponga en práctica lo bueno y sugerente que se ha oído este fin de semana en el Congreso. Y que algunos empiecen por corregir lo propio de lo que se haya podido hacer mal.

Congreso PP
El vértigo de la democracia
Agapito Maestre Libertad Digital 4 Octubre 2004

Mi amiga disfrutó el domingo por la mañana. También yo vi la grandeza de unas palabras oídas por la radio. Más tarde, mi amiga, inteligente y sagaz, que estuvo presente, me lo ha contado con todo lujo de detalles. Los videos, los tiempos, los discursitos de acompañamiento, las reuniones a puerta cerrada, los colores de la sala, los navajazos entre líderes y compromisarios, en fin, toda la parafernalia de un Congreso político desapareció ante la palabra bien dicha y mejor argumentada. Mi amiga estaba asistiendo a una acto tan grandioso como evanescente. Un discurso sobre la libertad era el feliz hallazgo de un hombre retirado del poder, no de la política. Por unos instantes fue consciente de la fragilidad humana. Asistía a un fenómeno público a la par que bello. Mi amiga vio sobre la tribuna a un político de verdad, a un hombre de Estado, y recordó los versos de Auden: “Los rostros privados / en lugares públicos / son más bellos y sabios / que los rostros públicos / en lugares privados”.

Después del discurso de Aznar nada tenía importancia. Todo era menor. Los asistentes salían del aforo, los dirigentes estaban perplejos y los turiferarios del centrismo mojigato estaban estupefactos. El centrismo de feria de los medios de comunicación quedaba en ridículo. Habían sido descubiertos. Su renuncia a formar una opinión pública política madura y responsable había sido denunciada por el discurso de Aznar. La expresión crítica política era inédita en su ideario profesional. El acontecimiento político del Congreso del PP lo ha ofrecido Aznar. Cientos de seres humanos desfilando hacia la calle, buscando a sus conciudadanos para contarles lo que habían oído, es la señal que debe seguir Rajoy. No hay otra para llegar a la Moncloa.

El acontecimiento democrático de España ha sido el discurso de Aznar. La forma y el fondo del discurso ha dado un nuevo impulso a la política española. El empaque es todo. Aznar ha zarandeado la coalición de intereses entre medios de comunicación y el PSOE, seguramente la más potente coalición que ha habido nunca en España entre intereses financieros y políticos, que ha conseguido anestesiar a más de diez millones de votantes para que no sientan el dolor de no ser ciudadanos. Se conforman con ser clientes de una opción ideológica sin otro objetivo: que llenar la andorga. Ese es el principal problema de la izquierda española. Dar de comer. La libertad no les importa nada, excepto si es para conseguir unos pocos votos. Todo es ideología. Falsificación. Su “discurso” nada tiene que ver con la realidad, excepto para que el ciudadano se rebaje a cliente.

Aznar ha contestado de modo contundente y democrático a esa falsificación de la democracia con la categoría fundamental de la política: la libertad. Sí, en efecto, el discurso de la libertad, que siguen millones de seres humanos en el mundo, es también el discurso del PP. Con esos mimbres Aznar ha desmontado, por un lado, las falsificaciones de una acción de gobierno sin otro objetivo que sembrar de resentimiento la nación española, y, por otro lado, ha puesto de manifiesto que un partido, el suyo, no puede alcanzar el poder limitándose a defender un melifluo, decadente y descerebrado centrismo político. Este es el fenómeno que debe analizarse sin prisas y con prudencia.

En fin, Aznar ha marcado la agenda política de España: Democracia o clientelismo totalitario. Rajoy sigue la estela de Aznar y sus bases o desaparece. Gallardón, pobre, otra vez ha sido reducido a una anécdota.

Fanatismo
J. J. Carrasco Zulueta/Vitoria-Gasteiz Cartas al Director El Correo  4 Octubre 2004

Pasear por la plaza de la Virgen Blanca en la capital de Euskadi es un crudo y continuo recordatorio del odio nacionalista a España, lo español y los españoles, aunque algunos lo nieguen o duden de ello. Varias veces he informado a foráneos y extranjeros de la falta del nombre de España en el letrero del monumento a la Independencia, con gran asombro y admiración, ante el fanatismo nacionalista, aparte de la imbecilidad del hecho. El fundador del nacionalismo, expresó su odio a todo lo que no fuesen sus propias ideas, tanto que Iñaki Ezquerra lo resume: Leer a Sabino Arana es «pasar y pasar páginas consagradas al odio».

Es tal el odio a lo que no sea tiranocracia -odia el liberalismo y la democracia-, etnocracia -odia el mestizaje con 'maketos' de la 'raza vasca'- y nacional-catolicismo -quiere sujetar la Iglesia al vasquismo-, que parece mentira que persona tan poco recomendable, de la que Julio Caro Baroja, vasco él, decía que «Marx y Bakunin eran unos perfectos caballeros al lado de Sabino Arana», sea el inspirador, fundador y guía espiritual de los nacionalistas que a sí mismos se llaman demócratas. Me gustaría saber cómo es posible compaginar ese odio ecuménico anticristiano, con el fanático Nacional-Catolicismo que profesaba; quizás los expertos en ambas doctrinas, como los obispos Setién y Uriarte. lo pudieran explicar. A mí me resulta imposible.

No al distintivo autonómico
Cartas al Director ABC 4 Octubre 2004

El sector del automóvil tiene sus razones para oponerse, respetables y a tener en cuenta. Pero los usuarios tenemos otras y muy importantes para nuestros bolsillos. Me explico. Cuando había el distintivo provincial, mejor que no salieras de tu provincia o Comunidad autónoma, puesto que si un vehículo con el distintivo B- se desplazaba, por ejemplo a Madrid, suerte tenía si regresaba sin golpes, arañazos o pintarrajeada su carrocería, lo mismo ocurría a la inversa. Todo ello por culpa de unos ultras gamberros. Y no hablemos de si tenías que pasar por un taller: donde ibas eran los más listos, tu no sabías nada de mecánica y te hacían las facturas que querían. También los desvalijadores de coches los prefieren de otras provincias, pues deducen que si viajas llevas algo en el capó. ¡Por favor!, dejemos las matrículas como están. ¿Qué ventaja ven los que solicitan el cambio?      José Mª Gracia.   
Barcelona.

Descabezada la cúpula de ETA con la detención en Francia de «Mikel Antza» y «Anboto»
El dispositivo, desarrollado por la Policía gala y la Guardia Civil, permitió intervenir casi mil kilos de explosivos y numerosas armas, incluidos lanzagranadas
J. PAGOLA / D. MARTÍNEZ ABC 4 Octubre 2004

MADRID. Los máximos dirigentes de la banda terrorista ETA en la actualidad -Mikel Albizu Iriarte, «Mikel Antza», y su compañera sentimental, Soledad Iparragirre, «Anboto»- fueron detenidos cerca de las seis de la madrugada de ayer en la localidad de Salis de Bern (suroeste de Francia) en el curso de la operación más importante contra ETA desde la que supuso, en 1992, la caída de la dirección etarra en Bidart.

El dispositivo fue llevado a cabo de forma conjunta por la Policía francesa y la Guardia Civil y se ha saldado, de momento porque las actuaciones siguen abiertas, con la detención de 20 personas en Francia y de un camionero en Burgos, presunto responsable de los últimos atentados contra instalaciones eléctricas.

Cuatro años de investigaciones e informaciones sobre el «aparato logístico» de la organización criminal culminaron con una redada que, además de los dos cabecillas y los otros 18 etarras, permitió desmantelar al menos cuatro depósitos de armas y casi una tonelada de explosivos. En una rueda de prensa ofrecida a las siete de la tarde, el ministro Alonso aseguró que la operación seguía abierta, por lo que no se descartaban nuevos arrestos y el hallazgo de nuevos escondites.

Hasta la hora del cierre de esta edición, los agentes de la Policía habían localizado cuatro zulos. Los escondites fueron descubiertos en cuatro viviendas, todas ellas caseríos aislados, edificadas en las localidades de Ayherre, Urrugne, Saint Pierre d´ Irube y Briscous. En ellos, se hallaron casi mil kilos de explosivo (630 kilos de dinamita titadyne, robada por ETA en Grenoble y Plevin y, al menos, otros trescientos kilos de clorato de sodio más otras sustancias empleadas en la fabricación de artefactos en cantidades pendientes de determinar). Además, se localizaron unos 60.000 proyectiles, decenas de armas de todo tipo (fusiles de asalto y ametralladoras, entre otras) y armamento pesado (de guerra), como lanzagranadas y lanzamorteros.

20.000 euros enterrados
Los detenidos disponían también de una importante cantidad de dinero. Parte -aunque aún no se ha contabilizado- fue encontrado en el zulo de Briscous y 20.000 francos más estaban enterrados en un bote en un lugar próximo al domicilio de «Mikel Antza». Allí fueron intervenidos también varios ordenadores.

Fuentes antiterroristas resaltan la gran magnitud de esta operación porque no sólo se ha conseguido descabezar a ETA sino que, además, se ha desmantelado prácticamente todas sus reservas de armamento y explosivo. Así lo puso de manifiesto un comunicado emitido por el Ministerio francés del Interior. Su titular, Dominique de Villepin, llamó por teléfono a su homólogo en España, José Antonio Alonso, para felicitarse por el éxito de la operación.

«Mikel Antza», número uno de la organización terrorista, venía siendo buscado desde hace tiempo. La Policía le perdió la pista el pasado 2 de abril, después de que lograra escapar de una redada en la que cayeron el entonces jefe de logística, Félix Ignacio Esparza Luri, y el coordinador de los diversos aparatos etarras, Félix Alberto López de Lacalle, «Mobutu». No mucho tiempo después, sin embargo, se le volvió a localizar y el cerco se ha ido estrechando hasta que ha sido posible su detención. Algunas fuentes aseguran que, en principio, la Policía no esperaba encontrar ni a «Antza» ni a su compañera sentimental, «Anboto», en el lugar de las detenciones, y desmintieron que en la casa estuviera con ellos el hijo de ambos.

Con el fin de asegurar la identidad del cabecilla y de su compañera, sus huellas dactilares fueron enviadas ayer a España. El cotejo dio positivo. Soledad Iparragirre, «Anboto», es considerada responsable de los «comandos legales» de la banda desde 1993; también se encargaba del cobro, gestión y distribución del llamado «impuesto revolucionario».

La importancia de esta operación policial se pone de manifiesto en el amplísimo despliegue humano: unos 150 policías franceses se desplazaron al Departamento de los Pirineos Atlánticos para practicar las detenciones y los numerosos registros bajo la supervisión de las jueces antiterroristas de París Laurence Le Vert y Marie-Antoniette Houyvet, que viajaron a Bayona para seguir «in situ» la redada. Miembros de la Guardia Civil estuvieron presentes también junto con los agentes del servicio de Renseignements Generaux movilizados desde París, Burdeos y Bayona; junto con los de la Policía Judicial, llegados de Burdeos y Toulouse; con la División Nacional Antiterrorista de París y con la unidad especial de asalto, denominada Raid. La mayoría de las veintiún detenciones se practicaron de forma coordinada y casi contemporánea en varias localidades francesas -Salies de Bern, Saint Pierre d´ Irube, Briscous, Ayherre, Domezain Berraute, Urrugne y Hendaya-, todas ellas ubicadas en el suroeste del país.

Un camionero, detenido en Burgos
Sólo uno de los arrestados, Pedro Alcantarilla Mozota, lo fue en España, concretamente en Burgos. Fuentes de la lucha antiterrorista sospechan que este individuo, camionero de profesión, sea el responsable de los últimos atentados registrados en nuestro país contra centrales eléctricas. Su esposa, Lourdes Urdanpilleta, fue capturada en su casa de Urrugne. Todos detenidos de nacionalidad española tienen fijada su residencia legal en Francia, donde no estaban fichados por la Policía.

Un libro de Pío Moa acusa a socialistas y nacionalistas de instigar la guerra en 1934
El historiador arremete en su nueva obra contra aquéllos que le han silenciado por discrepar con sus tesis
Vuelve Pío Moa. Un éxito garantizado para las librerías. Y lo hace, de nuevo, con una obra que promete levantar ampollas una vez más: «1934: comienza la Guerra Civil. El PSOE y la Esquerra emprenden la contienda». El volumen está prologado por el historiador norteamericano Stanley Payne, que respalda el esfuerzo historiográfico de Moa, que, en esta ocasión, adjunta un apéndice de más de 150 páginas con informaciones de diarios, actas internas de los partidos y documentos oficiales que avalan sus tesis. Además acusa directamente a aquellos que no comparten sus tesis y que le intentan silenciar.
Según sostiene Pío Moa, el levantamiento franquista de julio de 1936 fue una reacción ante las amenazas totalitarias de la izquierda
L. R. C. La Razón 4 Octubre 2004

Madrid- Pío Moa irrumpió en la Historia con novedosas tesis. Sus libros levantaron una polvareda historiográfica que ha dejado indiferente a muy pocos. Pero Moa nunca se ha escondido. A los que discrepan con él les ha emplazado a que demuestren sus teorías con pruebas. Su nuevo libro, «1934: comienza la Guerra Civil. El PSOE y la Esquerra emprenden la contienda», que inicia la serie de la editorial Áltera dedicada a reivindicar la memoria histórica, adjunta un apéndice de más de 150 páginas donde reproduce los documentos históricos (fotografías, diarios, partes de guerra, actas internas del Comité Nacional de la UGT, artículos de los diarios «El socialista» y «Renovación» o «L’humanitat», órgano de Esquerra Republicana de Cataluña) y en los que apoya y sostiene sus afirmaciones.

«Con motivo del 70 aniversario de la Guerra Civil, comenzada en 1934, y no en 1936 –afirma Moa–, mi amigo Javier Ruiz Portella me sugirió publicar este libro de caracter divulgativo de aquel suceso que he estudiado detenidamente en “Los orígenes de la Guerra Civil”. Cuando publiqué aquel estudio hace ya cinco años, pude sorprenderme de la cerril negativa de muchos, incluidos intelectuales supuestamente objetivos a cuestionar viejas tesis cuyo absurdo resalta a menudo con solo enunciarlas fríamente». En este nuevo estudio, Moa entrega «la más importante aportación documental y gráfica jamás efectuada sobre los acontecimientos que en 1934 marcaron la sublevación socialista y nacionalista contra la II República Española».

Stanley G. Payne, quien rubrica el prólogo, afirma: «No existe hoy un historiador español mejor cualificado que Pío Moa para analizar la insurrección de 1934 y situarle en su adecuada perspectiva». Poco después, prosigue: «En estos últimos años, Pío Moa ha llevado a cabo la principal contribución tendente a derribar los mitos de los años treinta y el considerable número de lectores que han leído sus libros parece indicar que tales esfuerzos no han sido baldíos». Es el respaldo de uno de los hispanistas norteamericanos con más solvencia en el periodo de la Guerra Civil española.

Moa retoma en este libro las investigaciones que ponen en tela de juicio las interpretaciones «políticamente correctas» sobre la República y la Guerra Civil que han dominado en España en los últimos 25 años. Por ejemplo, que las izquierdas intentaron denodadamente anular las elecciones del año 1933 tan pronto como las perdieron; que Manuel Azaña y «los catalanistas de izquierda» trataron constantemente de promover un golpe de Estado dentro de la legalidad durante el verano de 1934; que la insurrección de octubre de ese año no consistió en ninguna actitud «defensiva», sino en un intento revolucionario por adueñarse del poder; y que el levantamiento franquista de julio de 1936 fue una reacción ante las amenazas totalitarias de la izquierda.

El escritor denuncia además en su nueva entrega que «la izquierda y los nacionalistas siguen proclamándose herederos de aquellos partidos claramente totalitarios. Al abandonar el marxismo, el PSOE parecía haber cambiado fundamentalmente respecto al partido que planeó la Guerra Civil en 1934. El nuevo nacionalista catalán parecía también muy distinto. Pero comprobamos a cada paso lo insuficiente de ese cambio. Las conductas tiránicas siguen existiendo». Moa denuncia, asimismo, la «injuria y la exigencia de censura» de quienes discrepan de sus teorías y le descalifican, pero no le rebaten.

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