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Recortes de Prensa     Miércoles 13 Octubre 2004
Y punto
Alfonso USSÍA La Razón 13 Octubre 2004

LOS SÍMBOLOS DE LA NACIÓN
Editorial ABC 13 Octubre 2004

¡Guau!
Tomás CUESTA La Razón  13 Octubre 2004

Zapatero y el terrorista pacífico
GEES Libertad Digital 13 Octubre 2004

Por la puerta de atrás
Editorial La Razón 13 Octubre 2004

Conato de desarme
Editorial El Correo  13 Octubre 2004

Distintivos autonómicos
Cartas al Director ABC 13 Octubre 2004

«Mikel Antza» repartía 100.000 euros al mes entre los «aparatos» de ETA
L. R. N. La Razón 13 Octubre 2004

Abu Musab ya vale lo que Ben Laden: 25 millones de dólares
Pedro Arnuero La Razón 13 Octubre 2004
 

Y punto
Alfonso USSÍA La Razón 13 Octubre 2004

Renuncio a analizar las palabras de los nacionalistas con motivo del desfile militar del 12 de octubre, Fiesta Nacional de España. Me aburre una barbaridad. Pero voy a intentar aclararle algunos puntos al camarada Llamazares, un español que vive todavía en 1936, es decir, que acaba de perder la guerra y está enfadado. Ha justificado Llamazares su ausencia –bienvenida sea– a la parada militar presidida por los Reyes, por la presencia en el acto de homenaje a los caídos de don Ángel Salamanca, ex-combatiente en la Unión Soviética con la División Azul. «Un leal a Hitler», ha sentenciado el pobre hombre.

Horas antes del desfile militar, don Ángel Salamanca y don Daniel Fernández, soldado republicano, se conocían, almorzaban juntos y sellaban con un abrazo la reconciliación que odia Llamazares. «No podemos romper España»; «el nombre de España está por encima de todo»; «tenemos que estar unidos para luchar contra el terrorismo». Los dos viejos combatientes, que se jugaron la vida en defensa de sus ideales, le han dado una buena lección a este antimilitarista de salón que adora los regímenes dictatoriales militares, como el cubano.

La División Azul no fue consecuencia de una imposición política. Y creo presumir que ninguno de sus componentes luchó, murió o padeció once años de vejaciones y sufrimientos en los campos de concentración de Stalin por «lealtad a Hitler». Fueron voluntarios, la mayor parte militares y universitarios, que se alistaron contra el comunismo, que en aquellos tiempos estaba dominado por el mayor asesino de la Historia, más que Hitler, que ya es mérito. Además, que en aquellos días se desconocían las atrocidades que el nazismo había cometido en su espantosa retaguardia, como tampoco era del dominio público el exterminio de rusos llevado a cabo por los comunistas soviéticos.

¡Han pasado más de sesenta años y Llamazares hace lo posible por recordar los enfrentamientos entre españoles! Llamazares no fue al desfile porque no le emociona España, porque le repatea nuestra Bandera –que no es de Franco, sino de Carlos III, burro más que burro–, y porque no tolera a unas Fuerzas Armadas escrupulosamente democráticas y disciplinadas, como las españolas. A Llamazares no le gusta ver al Rey presidiendo el desfile. Quiere ser él quien lo presida, y con otros regimientos.

A Llamazares, le encantaría que desfilaran ante él las fuerzas especiales del castrismo, una compañía de comisarios políticos, varios regimientos del Ejército Rojo de Stalin y una nutrida representación de jefes de campos de concentración o de depuración de la extinta, derrumbada y devastada Unión Soviética. Llamazares no ha asistido al desfile, porque no se pueden hacer milagros. La realidad estaba en el paseo de la Castellana. Era el 12 de octubre del año 2004. El Rey presidía un desfile militar, el presidente del Gobierno socialista estaba a su lado y el líder de la oposición en su sitio. Lo normal. Llamazares no fue porque está en 1936, y el odio es todavía su razón de ser. Y punto.

LOS SÍMBOLOS DE LA NACIÓN
Editorial ABC 13 Octubre 2004

LA celebración del desfile de las Fuerzas Armadas, conmemorativo de la Fiesta Nacional del 12 de Octubre, ha estado rodeada de una polémica, perfectamente localizada, sobre los símbolos del Estado, en coherencia con el proceso de relativización impuesto por el debate territorial promovido desde el Gobierno y sus socios. Si algo tienen en común los dos protagonistas extranjeros de este desfile -Estados Unidos, por su ausencia; Francia, por su presencia- es el respeto absoluto a su bandera y la capacidad de ambas naciones para sintetizar afectivamente en sus enseñas todos los valores constitucionales e históricos de sus respectivas realidades nacionales. La tan meritada Francia sigue siendo fiel al vínculo de su bandera tricolor con los principios del republicanismo, confiados desde el origen de la Revolución a un ejército nacional y a un Estado unitario. Las teorías revisionistas de la bandera española y su legitimidad como enseña nacional, que merodean sin disimulo en torno a la propia Monarquía, son inéditas en los Estados de nuestro entorno, aunque también son inéditos aquellos de nuestros nacionalistas y retroprogresistas tan empeñados en destruir los símbolos que unen a los españoles como incapaces de vencer la legitimidad en que se asientan.

El ministro de Defensa, José Bono, se ha esmerado en organizar a su gusto un desfile que, con la mejor de las intenciones, a algunos españoles les habrá resultado un intento de redimirles de un enfrentamiento que ya parecía superado desde 1978. A otros les habrá parecido una ocasión indebidamente aprovechada por el Gobierno para lanzar publicidad subliminal. Pero en lo que no hay interpretación posible es en la desafección exhibida por concretos grupos políticos hacia una conmemoración que España debería celebrar con la misma normalidad que aquellos países democráticos que cuentan, afortunadamente, con un sedimento histórico plasmado en su bandera y en su himno, de los cuales sólo se excluye el que lucha contra la historia y la verdad de cada pueblo. Está bien que el Gobierno justifique el peculiar diseño del desfile que ayer recorrió el Paseo de la Castellana con el propósito de integrar y reconciliar, pero tan intachable voluntad debería obligarles a una coherencia de principios en sus pactos políticos, pues parte de los que hoy en España ni integran ni reconcilian, a los que Bono califica como «antiespañoles», son aquellos sobre los que Rodríguez Zapatero se ha apoyado para llegar a La Moncloa y para refrendar a sus ministros. Pedir concordia al mismo tiempo que Maragall suspira por la bandera republicana resulta algo más que una incoherencia; se parece mucho más a un lapsus de sinceridad.

La Constitución declara -pero no la crea- la existencia de la Nación española, como un concepto histórico, unida e indivisible, formada a partir de consentimientos y adhesiones sucesivas a una identidad nacional común. La madurez de un Estado no se registra en la capacidad de aguantar con infinita paciencia los movimientos centrífugos que quieren rehacer continuamente la Historia, sino en la convicción común de sociedad, partidos e instituciones de que hay límites intocables por el debate político, la alternancia en el Gobierno o las oscilaciones de la opinión pública. Si el cruce de declaraciones sobre banderas y símbolos que ha precedido al desfile de las Fuerzas Armadas representa las actitudes con que se afrontará el debate territorial -reformas estatutarias y constitucional-, hay motivos para preocuparse. Es de esperar que desde el Gobierno de la Nación no se quede en una política de gestos y tenga clara esta idea a la hora de encarar el asunto. No hacerlo sería sembrar el futuro de inquietud.

¡Guau!
Tomás CUESTA La Razón  13 Octubre 2004

En ese «plat pays» que cantara Jacques Brel en una de sus más tristes melopeas; allí donde Simenon engatilló el misterio de los muelles brumosos y de las callejuelas; en los mismos parajes sobre los que Hugo Claus se alza como el gigante de las letras europeas (¿cuándo le concederán el Nobel a Hugo Claus esos memos ilustres de la Academia sueca?), prácticamente todo está agendado, incluso las polémicas.

En Bélgica, dependiendo de los años, las polémicas suelen caer en miércoles o en jueves, de la misma manera que el verano (aunque sólo sea por «xoder», que diría el gallego) rarísima vez te cae en puente. Las polémicas, las polémicas estériles, forman parte esencial de ese conglomerado que Claus bautizó un día como «la pena de Bélgica». Para matar una tarde en la Grande Place no hay nada mejor que una ración de «frites» y una buena polémica. Y, entre estas últimas, la más apetitosa es la que se refiere a la pugna lingüística entre valones y flamencos.

En la subdivisión más hilarante (o más surreal, como prefieran; recuerden que René Magritte también era belga) está la que enfrenta a ambas comunidades sobre la lengua en la que hay que entrenar a los sabuesos-policías (a los de cuatro patas, por supuesto) y a los caballos que montan los agentes. ¿Qué diferencia hay, se preguntarán ustedes, en que la voz de mando tenga sonoridades flamencas o francesas? Pues ése es el busilis, justamente. La lengua construye el mundo y ahorma las conciencias. No es lo mismo ordenarle a un perro «Cherche!» («¡Busca!», en francés), que «Zoek!» («¡Busca!», en flamenco), así que lo que procede es no pararse en tiquismiquis y tirar rectamente por la calle de en medio. Los belgas (que enmascaran una mentalidad caótica bajo una pátina sutil de aburrimiento) han convertido a sus animales en bilingües. Y todos tan contentos. Sobre todo los burros, por supuesto.

No existe constancia de que Ibarreche y Maragall hayan caído en la cuenta de un problema de semejante dimensión y enjundia tan notable. Mientras los «gosos» que olisquean con los Mossos y los «txakurras» que se despliegan con la Ertzantza no sepan obedecer, amén de en español, en sus amenazadas lenguas nacionales, nada estará «normalizado». A ver si a Otegui y a Carod-Rovira se les ocurre algo.

Fuerzas Armadas
Zapatero y el terrorista pacífico
GEES Libertad Digital 13 Octubre 2004

¿Para qué sirven las Fuerzas Armadas más allá del desfile de la Fiesta Nacional? Seguramente todo el mundo tiene una respuesta, pero quien debería contestarla con urgencia es el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. De sus decisiones y acciones sólo cabe deducir que para muy poco y, en todo caso, no desde luego para el combate. Y mucho menos para la guerra contra el terror.

Pero supongamos que en el Irak actual se produjera la "solución Zapatero", esto es, el abandono de la coalición de todos los aliados de Estados Unidos, que Kerry gane y que, finalmente, las tropas americanas salgan de ese país. ¿Qué cree el presidente español que haría entonces Al Zarqawi? Zapatero dice creer que Irak está hoy peor porque sufre el terrorismo islamista, cosa que con Saddam Hussein en el poder no sucedía. Y achaca este mal a la intervención militar para derrocarlo e instaurar un régimen constitucional en Irak.

Pero dicha creencia oculta dos razonamientos bastante cuestionables: el primero, que sin intervención en el Irak de Saddam, las gentes como Al Zarqawi se reinsertarían pacíficamente en la sociedad y abandonarían sus largos años de entrenamiento y sus mortíferos planes. No se sabe muy bien por qué, pero es una condición necesaria de la ecuación de Zapatero.

El segundo, que los terroristas suicidas que hoy hacen saltar coches y camiones bombas contra pobres ciudadanos iraquíes que hacen colas interminables para apuntarse a la policía o las fuerzas de seguridad, son terroristas de nuevo cuño, que han realizado su travesía de personas normales y afables a fanáticos terroristas en los últimos meses y semanas por el mero hecho de que les resulta insufrible ver los uniformes de los militares de la coalición en el suelo de Irak. Puede que así sea en algún caso, pero todo parece apuntar en otra dirección: que los atentados suicidas se deben en una gran proporción a terroristas suicidas venidos de fuera de Irak. No siempre, pero si en muchos casos y en la práctica planificación de todos estos atentados.

Como también dice Zapatero, hoy Irak se ha vuelto el campo de batalla del terrorismo global. Lástima que esta frase no engarce bien con la crítica a la guerra. Por que ¿a qué se debe que Al Qaeda esté batallando en Irak? Sólo hay una respuesta posible: porque no quiere un Irak democrático. Y si lucha allí es porque teme que ese futuro sea posible gracias a la presencia militar americana y de sus coaligados.

Lo cual nos retrotrae a la primera cuestión ¿Para qué sirven las Fuerzas Armadas? En los años 90 se dio un gran salto cualitativo cuando se comprendió que los ejércitos no podían limitarse a la defensa de un territorio patrio frente a un invasor, sino que podían ser unos excelentes instrumentos para la exportación de la paz y la estabilidad. En la antigua Yugoslavia, además, se mostraron verdaderos artífices del nation-building. Y esas es la verdad que no quiere ver Zapatero, que las Fuerzas Armadas españolas podrían estar contribuyendo en este momento a la democratización no sólo de un país como Irak, sino a impulsar el cambio democrático en toda la zona. Lástima que el señor presidente del gobierno prefiera ver únicamente la bandera francesa desfilando ante sus ojos y que no mire más allá de la Castellana.

Por la puerta de atrás
Editorial La Razón 13 Octubre 2004

El Gobierno reabrió el debate sobre la unidad del Archivo de la Guerra Civil de Salamanca con la intención, dijo, de moderar en un litigio que había quedado zanjado por un grupo de estudiosos. Sin embargo, cobra cada vez más cuerpo la idea de que, más que moderar, el Ejecutivo toma partido y que tiene claro lo que le gustaría hacer –entregar parte del Archivo a la Generalitat gobernada por Maragall– aunque para ello debe contar primero con el beneplácito de un «comité de sabios». Se desprende de las declaraciones de la propia ministra de Cultura, favorables a la devolución de algunos papeles «privados», y se reafirma, como informamos hoy, con el traspaso a la Generalitat del archivo del servicio que protegió el patrimonio en la guerra, unos fondos que se encuentran en el Archivo de la Corona de Aragón, cuya titularidad es del Ministerio de Cultura, pero sobre el que ya hay también reivindicaciones de la Generalitat valenciana, que está dispuesta a pedir sus «papeles» si se atienden las peticiones de Cataluña con respecto al Archivo de Salamanca.

La cadena de reivindicaciones puede ser infinita. Con estos antecedentes controvertidos, el Gobierno no sólo no ha esperado dictamen alguno de la comisión de expertos a la hora de entregar un fondo documental de la Guerra Civil procedente del Archivo de la Corona de Aragón a la Generalitat, sino que lo ha hecho entre las sombras de los procedimientos burocráticos, a través de un real decreto que ocupó tres líneas en la nota del Consejo de Ministros que se proporcionó a los medios de comunicación y del que nada dijo la vicepresidenta en su comparecencia.

Donde piden luz dan oscuridad. En este asunto, el Gobierno no quiere mirar de frente, sabedor de que en estos momentos cualquier cuestión sobre la titularidad de documentos guardados en los archivos nacionales puede generar una polémica inconveniente cuando aún no hay nada decidido –o tal vez sí– sobre el futuro de los «Papeles de Salamanca».

Conato de desarme
Editorial El Correo  13 Octubre 2004

El acuerdo para desarmarse alcanzado entre el Gobierno interino iraquí y la milicia del clérigo radical chií Muqtada al-Sadr podría ser extremadamente prometedor de no ser porque ni es la primera vez que el Ejército del Mahdi se aviene a negociar cuando la presión militar comienza a ser insostenible para los milicianos -ya ocurrió durante la sangrienta crisis de agosto en la ciudad santa de Nayaf- ni, por el momento, parece que los propios guerrilleros acudan en masa a depositar su arsenal en las comisarías controladas por la nueva policía iraquí. Muy significativo es, sin embargo, el detalle de que el Ejército estadounidense considere que oficialmente no existe ningún alto el fuego y se reserve el derecho de emplear la fuerza militar en cuanto sea necesario.

La resistencia a la ocupación de Irak se nutre de muchas y muy distintas fuentes -que van desde terroristas de Al-Qaida hasta ex miembros del régimen del depuesto Sadam- y a Al-Sadr no se le puede negar su influencia en el ámbito político fruto, sobre todo, de la capacidad de desestabilización que tienen sus miles de fanáticos seguidores. Negociar con él es, más que inevitable, necesario si se quiere evitar mantener abierto un frente militar que desgasta excesivamente a las tropas estadounidenses. No sería una locura afirmar que la popularidad de Al-Sadr supera a la del propio primer ministro designado por la Coalición, Iyad Alawi, también chií, y sólo encuentra cierto freno en la figura del venerado Sistani, auténtico líder religioso de la comunidad chií. Y es incluso muy probable que el artífice de este nuevo conato de pacificación, como ya lo fue de la intermediación que salvó la mezquita de Alí, en Nayaf, del asalto final de los norteamericanos, haya vuelto a ser el anciano líder religioso. En este sentido, es singularmente importante saber que el 'acuerdo' incluye la entrada del joven dirigente radical en el proceso político en curso, lo que es muy coherente con la inalterable línea estratégica marcada por Sistani para celebrar a toda costa las elecciones legislativas en enero del próximo año.

Distintivos autonómicos
Cartas al Director ABC 13 Octubre 2004

La inclusión del distintivo autonómico en las matrículas sería una medida dictatorial. Porque está impulsada por un partido minoritario y vendría a demostrar una vez más que estamos lejos de la democracia auténtica. La inmensa mayoría de los automovilistas de buena voluntad la rechazamos sin ningún género de dudas. Y así lo demuestran las encuestas. Entonces, ¿por qué se está considerando esta posibilidad? Nacionalistas aparentemente irredentos, deseosos de llamar la atención a cualquier precio, se frotarán las manos ante la oleada de rechazo que la mera consideración de su propuesta suscita entre la ciudadanía.

Lo que no prevén son las consecuencias que se derivarían de esta imposición para los automovilistas de su propia Comunidad. Porque, no nos engañemos, un sector de la sociedad interesado en perpetuar el mito de las dos Españas encontraría -si la amenaza llegara a materializarse- terreno abonado para inciviles agresiones a vehículos «non gratos», y, por descontado, el consabido maltrato de palabra y obra hacia unos conductores ufanos en la pública exhibición de sus distintivos autonómicos. Y esto sucedería cuando el necio orgullo paleto debería estar enterrado en pro de la solidaridad de que tanto se habla desde estamentos oficiales. Este hecho es uno de tantos que pone de relieve -se culmine o no el desafuero- la debilidad de un Gobierno que navega a la deriva, al socaire de una ladina marinería (léase desaprensivos socios políticos). Porque ellos no aspiran en absoluto a gobernar en coalición. Sólo quieren chantajear, sacar tajada a cualquier precio y dar la impresión de que pueden manejar al Ejecutivo a su gusto y antojo. ¡Diguen no!       Carlos M. Tosantos. Madrid.

«Mikel Antza» repartía 100.000 euros al mes entre los «aparatos» de ETA
El dinero era empleado para «gastos corrientes», no para la compra de armas o explosivos
El máximo dirigente de ETA, Mikel Albizu Iriarte, «Mikel Antza», distribuía cada mes alrededor de cien mil euros entre los diferentes «aparatos» de la banda para financiar las actividades de la organización terrorista, según informaron a la agencia Vasco Press fuentes de la lucha antiterrorista. El dato fue obtenido al analizar la documentación intervenida por la Policía francesa en la operación en la que se detuvo a «Mikel Antza».
L. R. N. La Razón 13 Octubre 2004

Bilbao- La operación dirigida contra el «aparato logístico» de la banda permitió a la Policía francesa incautarse de un gran volumen de documentación, entre la que había un cuaderno hallado en la casa de Salies de Bearn donde vivían «Antza» y «Anboto». En este cuaderno estaban anotados los gastos que realizaban los diferentes «aparatos» de la organización. Al parecer, están contabilizados los correspondientes a tres meses. Según se desprende de la documentación, «Antza» era el encargado de repartir el dinero entre los responsables de las otras estructuras, de lo que se deduce que es la persona que controlaba las finanzas de la organización terrorista.

Los primeros datos examinados han llevado a determinar que el jefe etarra repartía mensualmente unos 100.000 euros, lo que supone un presupuesto anual de alrededor de 1.200.000. Con estos fondos se financiaban los gastos corrientes de la organización terrorista, sin incluir los fondos necesarios para actividades como la compra de armamento o explosivos o la entrega de dinero a organizaciones de su entorno.

El volumen de dinero manejado por ETA para financiar su funcionamiento cotidiano no ha sorprendido a los responsables de la lucha antiterrorista, que tenían estimaciones previas que se ajustan bastante a los datos que se están descubriendo ahora, según las fuentes citadas.

Por el momento, los expertos de la Policía francesa sólo están estudiando la documentación en papel intervenida, ya que se está a la espera de que técnicos civiles examinen los ordenadores incautados en la casa «Soubré», donde vivía el jefe de ETA. La Policía francesa acostumbra a poner en manos de los expertos de las casas fabricantes del software los ordenadores intervenidos a ETA para que sean estos especialistas quienes extraigan la información almacenada. Esto ha hecho que en ocasiones se haya enviado a EE UU o a Japón el material informático ocupado a la banda.

El proceso de extracción de la información guardada en los ordenadores suele tardar semanas o incluso meses en conocerse por ese motivo. La Policía francesa, por otra parte, va a reanudar hoy el registro de los zulos que fueron descubiertos el pasado día 3 como consecuencia de la operación llevada a cabo en siete localidades del País Vasco francésy del Bearn.

Los explosivos que había en estos zulos –alrededor de 1.300 kilos según estimaciones provisionales– fueron extraídos por los expertos en desactivación que, incluso, tuvieron que destruir algunas partidas debido al mal estado de conservación en que se encontraban. Las dos jueces que se encargan de dirigir la investigación, Laurence Le Vert y Antoinete Houyvet, podrían desplazarse a Bayona para estar presentes en las diligencias que se van a practicar en las casas que actualmente permanecen precintadas y bajo custodia policial.

Abu Musab ya vale lo que Ben Laden: 25 millones de dólares
El terrorista jordano dirige a 3.000 «yihadistas»
Abu Musab es el terrorista más buscado por la CIA y el Pentágono, como responsable de la continua ola de coches bomba, asesinatos y secuestros que asola Iraq. Washington ha puesto precio a su cabeza, 25 millones de dólares, la misma recompensa que ofreció por Ben Laden y Sadam Husein.
Pedro Arnuero La Razón 13 Octubre 2004

Madrid- El Pentágono ha creado, al igual que hizo con Ben Laden y Sadam Husein, una fuerza de choque denominada «Task Force 626», compuesta por comandos especiales del Ejército y la Armada apoyados por agentes de la CIA, para capturar o matar a Al Zarqawi. Sólo en el bastión suní de la resistencia iraquí, la ciudad de Faluya, Abu Musab cuenta con 1.500 árabes no iraquíes, su verdadera «guardia pretoriana».

El presidente de EE UU, George W. Bush, ha dado orden de capturar, vivo o muerto, a Abu Musab antes de las elecciones iraquíes, previstas para enero. Su detención, tras la situación de caos que ha creado en Iraq con atentados diarios llevados a cabo por su Ejército de 3.000 «yihadistas», se ha convertido en la prioridad «número uno», por encima incluso de la captura del propio Ben Laden, según manifestaron a LA RAZÓN fuentes militares estadounidenses. Washington creó la Task 121 para buscar a Ben Laden y Sadam. Ahora, tras el caos que se vive en Iraq, crea la fuerza de choque con la clave 626, el 66 en referencia al año de nacimiento de Abu Musab y 2 por ser la segunda fuerza destinada ad hoc para capturar a un jefe militar de Al Qaida.

Mohamed Al Zarqawi, alias Abu Musab, se ha convertido para Washington en el nuevo Ben Laden palestino: dirige cerca de 3.000 «yihadistas» de Al Qaida en Iraq y cinco grupos terroristas, que luchan en Europa y Oriente Medio contra Occidente. Al Zarqawi, de 38 años, es un terrorista jordano de origen palestino que está considerado por EE UU como el jefe militar de Ben Laden en Iraq. Controla directamente más de media docena de organizaciones extremistas vinculadas a Al Qaida, entre ellas Ansar al Islam (los seguidores del Islam) y Ansar al Sunna («los Seguidores de la Tradición»), que revindicaron el asesinato de los agentes del CNI en Latifiya y el grupo Al Tahwid Wal Yhijad (Monoteísmo y Guerra Santa), uno de los principales grupos que secuestra a extranjeros, creando el terror.

Washington considera a Abu Musab el cerebro de la mayoría de los atentados cometidos con explosivos y coches bomba en Iraq, que han costado desde el final de la guerra varios centenares de muertos, entre ellos soldados de EE UU, policías iraquíes y civiles como los 37 niños asesinados cuando cogían caramelos.

Al Zarqawi es conocido por los servicios antiterroristas como Abu «el Cojo», ya que en la guerra de Afganistán fue herido en una pierna y huyó a Bagdad, donde fue operado. Algunas fuentes creen que se le llegó a amputar una pierna. Los servicios de Inteligencia consideran a Abu Musab un peligrosísimo terrorista, que ha conseguido convertirse en el lugarteniente de Ben Laden en Iraq y máximo jefe de los «yihadistas», tras las continuas detenciones de gran parte de la cúpula de Al Qaida, a raíz del 11-S. Su presencia en la frontera irano-iraquí, bajo el paraguas de Ansar al Islam, cuando comenzó la guerra y las simpatías de Ben Laden hacia sus «jóvenes palestinos» le han convertido en el jefe militar de Al Qaida en Iraq.

Abu Musab ha creado su propia red terrorista islamista en Europa, al margen de la red del multimillonario saudí. Opera ahora independientemente con sus comandos «yihadistas» de «takfires». La nueva red creada por Al Zarqawi es tan compleja y tupida que los expertos en terrorismo islamista de los servicios secretos europeos aseguran que hay grupos que pertenecen a esta red y ni siquiera lo saben, lo que hace más complicada su investigación. De esta manera, Al Qaida ya no es la jerarquizada organización del 11-S; ahora Ben Laden es un símbolo, una ideología para los «yihadistas», cuyo único objetivo es que Iraq no se convierta en una nueva Palestina ocupada por los cruzados cristianos.

Para el FBI, tras la fundación de la nuevas redes de Al Qaida, encabezadas por los hombres de Al Zarqawi, ésta se ha convertido en una especie de galaxia de grupos terroristas islámicos que golpean donde y cuando pueden. El FBI alerta sobre una alianza a nivel mundial entre la nueva Al Qaida, Hizbulá y Hamas, las organizaciones terroristas islámicas ubicadas en Líbano y Palestina respectivamente.

El pasado mes de marzo diversos informes de Inteligencia de la Autoridad Provisional de la Coalición indicaban que habían encontrado refugio en Faluya un considerable número de jefes terroristas pertenecientes a grupos de la guerrilla iraquí, asociados a Al Qaida, como Ansar al Islam y Ansar al Sunna.

Los datos de los memorandos llegaban más lejos y aseguraban que el propio Al Zarqawi se encontraba en Iraq gracias a la ayuda de miembros de la llamada resistencia, compuesta principalmente por agentes de la Mujabarat (servicio secreto de Sadam) y de la propia población de mayoría suní. Diez días después, Washington dio «luz verde» a sus tropas desplegadas en Bagdad para realizar una vasta operación de castigo para dar caza y así «neutralizar» a los presuntos terroristas.

El 31 de marzo cuatro estadounidenses supuestos «contratistas» que trabajaban para la coalición fueron asesinados en Faluya. ¿Qué pintaban cuatro civiles americanos en la ciudad más peligrosa de Iraq cuando EE UU estaba a punto de lanzar una operación sin precedentes contra la guerrilla? La respuesta es sencilla, estos «contratistas» eran en realidad instructores de los Grupos Operativos de la CIA, a los que la guerrilla y los «yihadistas» tendieron una emboscada mortal.

El motivo del despliegue de estos agentes secretos era el comienzo de la operación para poder cazar a Al Zarqawi. Una turba enloquecida despedazó los cadáveres mutilados, colgándoles de un puente. Bush ordenó asediar Faluya, durante dos semanas, pero finalmente los «marines» de EE UU tuvieron que pactar su retirada de la ciudad iraquí. Una vez más, Abu Musab, el nuevo Ben Laden de Bush en Iraq, consiguió escapar.
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