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Recortes de Prensa     Sábado 16 Octubre 2004
SI VIVIERAN LAÍN, RIDRUEJO, ARANGUREN
César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 16 Octubre 2004

LOS MOTIVOS DEL EMBAJADOR
Jaime CAMPMANY ABC 16 Octubre 2004

El desaire
Alfonso Ussía La Razón 16 Octubre 2004

COMPANYS Y LA VERDAD HISTÓRICA
Editorial ABC 16 Octubre 2004

La farsa de Montjuic
EDITORIAL Libertad Digital 16 Octubre 2004

El verdadero rostro de Companys
César Vidal La Razón 16 Octubre 2004

UNA SEMANA DE OCTUBRE
MIQUEL PORTA PERALES ABC 16 Octubre 2004

El error de ayudar a Fidel
Editorial La Razón 16 Octubre 2004

VISCA LA LLIBERTAT!
M. MARTÍN FERRAND ABC 16 Octubre 2004

Cocineros antes que frailes
M. MARTÍN FERRAND ABC 16 Octubre 2004

Los verdugos impiden que Moragas consuele a sus víctimas
Víctor Llano Libertad Digital 16 Octubre 2004

La Eurocámara dejará hablar en catalán, euskera o gallego pero sin traducción ni que conste en acta
Agencias Libertad Digital  16 Octubre 2004

Diálogo de besugos
Nota del Editor  16 Octubre 2004

Diálogo del 14 de octubre con Pío Moa
Libertad Digital 16 Octubre 2004
 

SI VIVIERAN LAÍN, RIDRUEJO, ARANGUREN
Por César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 16 Octubre 2004

ESTOY echando de menos a los Laín, los Ridruejo, los Aranguren... Ellos, que hicieron el larguísimo tránsito del fascismo a la democracia, no habrían callado ante las insensateces de los socialistas, ante este revival del odio, ante esta utilización sectaria de la guerra civil. Teóricos del totalitarismo de derechas de los años treinta, habían conocido y sufrido el totalitarismo de izquierdas, por lo que difícilmente habrían aceptado el maniqueísmo que estamos viviendo. ¿Qué habría dicho Ridruejo de la exhibición de este superviviente de la División Azul que desfiló el día 12? Porque Ridruejo, que iba a ser uno de los pioneros de la democracia en España como líder de escritores jóvenes y estudiantes, estuvo en las nieves de la División Azul como soldado y como corresponsal de «Arriba». ¡Del «Arriba» de entonces! ¿Qué le habría dicho Ridruejo a Bono? «Si quieres salgo yo a desfilar, porque en mí mismo he hecho la reconciliación del pasado y del presente, en mi propia carne». Yo pienso que Ridruejo le habría dicho a Bono que se dejara de hacer jueguecitos porque eso ya había sido resuelto en los cincuenta y en los sesenta. ¿Acaso no le había metido a él en la Real Academia de la Lengua Max Aub en el imaginario discurso que él, el autor de «La calle Valverde», había leído en su entrada en aquella?

Y ¿qué habría comentado don Pedro Laín de estos vientos de odio que insuflan los Carod, los Llamazares, los Maragall y el nieto del capitán Lozano? Creía él que ya habían pasado los tiempos en los que las diferencias ideológicas tenían consecuencias traumáticas en la convivencia. Creía también que, más por la comprensión que por el olvido, se había dejado de tener en cuenta el pasado político. De hecho, él había podido presidir el Primer Congreso de Intelectuales Libres organizado por los socialistas a pesar de haber sido el autor de «Los valores morales del nacional sindicalismo». ¿Cómo podría haberse dado tal retroceso con un secretario general tan joven como Zapatero?

ARANGUREN se habría hundido en la amargura. Él, que, habiendo llegado a enfrentarse con el franquismo, fue tan cauto a la hora incluso de hacer valoraciones «históricas» sobre la dictadura, ¿qué no habría dicho de esta alegría de sus amigos socialistas (él se consideraba socialista no marxista) a la hora de «rescatar» la historia con ánimo cainita y a la hora de resolver en un pis pas cuestiones tan graves para un moralista como la eutanasia, por ejemplo?

TRASCRIBIRÉ aquí un párrafo de un artículo que publicó Aranguren en este periódico con motivo de la marcha del jesuita Ceñal a Hispanoamérica. Creo que puede dar idea de la travesía espiritual que tuvieron que hacer nuestros maestros y, por tanto, del respeto que hay que tener a la Historia, a la memoria y a la convivencia:

«El padre Ceñal no solamente ha trabajado en su cuarto de estudio, sino también entre nosotros. Durante años ha ejercido con su presencia, con su comportamiento, con su caridad, un admirable apostolado entre nuestros hombres de letras. Y lo ha ejercido no desde la facilidad no comprometida, sino desde el dolor de España y el de la sangre vertida por ella, pues nada menos que cuatro hermanos suyos fueron asesinados en Madrid durante nuestra guerra. ¡Cuántos prejuicios no habrá desvanecido con el sencillo testimonio vivido de su verdad!».

Corría el año 1953, el 19 de este mes. Se intuía ya la reconciliación.

LOS MOTIVOS DEL EMBAJADOR
Por Jaime CAMPMANY ABC 16 Octubre 2004

CUENTAN las historias que en los tiempos en que España y Francia se repartían la preeminencia en el mundo y en la consideración y respeto del Papado, acudió el embajador español a un solemne acto que iba a presidir el Sumo Pontífice. Le indicaron como lugar reservado a él un sillón que estaba a la izquierda del que ocuparía el Santo Padre. «¿Y quién se sentará en ese?», preguntó el embajador, señalando el sillón que estaba a la derecha. «Ahí se sentará el embajador de Francia», le respondió algún maestro de ceremonias. El embajador de España apoyó entonces la suela del zapato en el respaldo de aquel sillón y con un fuerte impulso lo mandó al fondo de la estancia. Naturalmente en el Vaticano se armó la de Dios es Cristo, nunca mejor dicho.

«España y yo somos así, señora», y a mí me hubiese gustado en esta ocasión tomar a desaire a España, a su Rey y a su Gobierno la ausencia del embajador norteamericano en el Desfile de la Fiesta Nacional y en la recepción ofrecida después por Juan Carlos I. Me hubiera gustado decir que este embajador Argyros será representante de un país muy poderoso y muy rico, pero no tiene maneras diplomáticas, ni educación primaria ni demuestra buena crianza, y que ni siquiera merece ser embajador del abuelo de Toro Sentado antes de que las carabelas españolas avistaran América y la bañaran en civilización.

Pero nada de eso puedo decir en justicia. El embajador ha devuelto desaire por desaire, y todavía tiene muchos motivos para desairar a España, representada hoy por un Gobierno emperrado en enfrentarse con USA y cubrir de desdenes a aquella nación. Cuando en el desfile del año pasado, Zapatero, entonces jefe de la Oposición, se quedó sentado en la tribuna al paso de la bandera americana, hizo un acto «ostentóreo», o sea, una horterada mitad ostensible y mitad estentórea (silencio estruendoso), gratuita e insensata. Dice Zapatero que con aquella sentada sólo quería expresar su disconformidad con la entrada y la permanencia de las tropas americanas en Iraq. A otro perro con ese hueso. Tal discrepancia se expresa con palabras y se explica, y no se simboliza en un desaire mudo y grosero a la Nación y al pueblo de Norteamérica, hecho precisamente el día en que Norteamérica se llena de banderas españolas, tratadas con homenaje y con alegría. En esa ocasión, fue Zapatero quien no tuvo ni diplomacia ni educación ni buena crianza. Mal talante.

Después de aquello, ya desde la presidencia del Gobierno, vino la retirada apresurada de nuestras tropas destacadas en Iraq, decisión que no ha encontrado en el mundo ni un solo imitador. La llamada telefónica a Bush para explicar lo inexplicable fue un acto insincero, porque poco después, en Túnez, Zapatero invitó a las demás naciones a seguir el gesto inamistoso de la retirada por sorpresa de España, justificada en la conveniencia de «expresar abiertamente a un amigo las diferencias existentes». Otro hueso difícil de roer. Y más. Se decide suprimir la representación y la bandera de Norteamérica en el desfile de la fiesta de la Hispanidad de este año. Resabios antiamericanos del socialismo. ¿Para qué quería allí Zapatero al embajador Argyros? ¿Para hacerle una higa, un corte de mangas o el tararí que te vi?

El desaire
Alfonso Ussía La Razón 16 Octubre 2004

Se están diciendo muchas tonterías acerca de la ausencia del embajador de los Estados Unidos en el desfile del 12 de octubre. Que si una descortesía con el Rey, que si un desplante, que si un acto de soberbia. Descortesía, desplante, soberbia y una malísima educación forman el compendio de grosería que el actual presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero manifestó el pasado año al paso de la bandera de los Estados Unidos. Una ausencia es siempre mejor que una afrenta. La bandera de los Estados Unidos representa y simboliza más de dos siglos de civismo y libertad. Permanecer sentado a su paso equivale a despreciar a toda una nación. Y creo que ha hecho muy bien el embajador Argyros no asistiendo al desfile, más aún después de la vergonzosa y miserable retirada de nuestras tropas desplazadas a Iraq, que tanto ha avergonzado a nuestros militares y a millones de españoles.

El antiamericanismo infantil y retroporgre de algunos políticos de la supuesta izquierda produce, además de cansancio, risa. Los Estados Unidos no son los Estados de Bush. Para colmo, Bush es el presidente de los Estados Unidos porque así lo ha querido la mayoría de sus ciudadanos, y entra en lo posible que consiga en las urnas su reelección. No se hiere a Bush con una grosería al símbolo fundamental de una nación. Se hiere a la nación entera, a su Historia y a su significado. Lo único que ha hecho el embajador Argyros es devolver, con mucha mejor educación, el desaire al provocador, que no es el Rey, sino el actual presidente del Gobierno.

La presencia de los embajadores en actos como el del 12 de octubre es norma de cortesía. Pero ante la descortesía del Gobierno con los Estados Unidos no existe la obligación del cumplimiento de la norma. Mucho más escandaloso que la ausencia del embajador de los Estados Unidos ha sido el corte de mangas que han dedicado al acto castrense y al homenaje a la bandera de España y a los caídos algún ministro del Gobierno y más de un presidente autonómico, como el inefable Chaves. Esas ausencias sí son desaires al Rey, y no alcanzo a comprender que no lo haya entendido así un político tan inteligente como Alfredo Pérez Rubalcaba. A un acto de esa importancia que preside el Rey tiene que acudir todo el Gobierno, pero a Montilla no se le reconoció en la tribuna, y a Chaves, el presidente socialista de Andalucía, tampoco se le vio. ¿Qué hicieron Montilla y Chaves aquella mañana? Pues además de hacer el lerdo, comportarse groseramente con el Rey.

Así que vamos a dejarnos de vainas y bobadas y a aplicar a cada uno la justa medida de sus responsabilidades. El embajador de los Estados Unidos se ha disculpado ante el Rey por la adopción de una actitud que nada tenía que ver con Su Majestad. Otro detalle de buena educación. Del ministro ausente y el andaluz errante nada se sabe. Que cada uno valore la importancia de los desaires.

COMPANYS Y LA VERDAD HISTÓRICA
Editorial ABC 16 Octubre 2004

AUNQUE la Transición había cerrado viejas heridas mediante un valioso esfuerzo de generosidad colectiva, hay quienes siguen en el empeño de buscar argumentos en el pasado para sustentar posiciones políticas inaceptables. El Gobierno socialista, siempre dispuesto a quedar bien con todos, ha enviado una representación de muy alto rango a los actos de homenaje a Lluís Companys, aunque Zapatero ha preferido hábilmente eludir el compromiso y delegar en la vicepresidenta Fernández de la Vega. Incluso la «rehabilitación» del que fuera presidente de la Generalitat se presenta como una eventual compensación a la presencia de Maragall en el desfile de la Fiesta Nacional. Sin embargo, nunca llueve a gusto de todos y el enfado de Esquerra con los socialistas catalanes abre una nueva polémica en la que CiU, en un intento de ocupar un espacio propio, trata de marcar distancias con los independentistas y ser fiel a sus propias convicciones. Cuando falta el sentido común se ponen en peligro los principios más elementales de la convivencia. En rigor, sólo la imparcialidad científica (como señalaban ayer en ABC notables historiadores) puede aportar luz a determinados periodos de nuestro pasado que las generaciones actuales perciben desde la distancia real y psicológica que impone el transcurso de más de sesenta años.

Si es imprescindible volver al pasado, habrá que aceptar la verdad histórica y no caer en una interpretación sesgada y partidista. Es notorio que Lluís Companys (1883-1940) es una figura controvertida. Su trayectoria pública no se distinguió por la coherencia. En los primeros días de la República, contribuyó a templar la exaltación de su jefe, el ex militar Francesc Maciá. Al acceder a la presidencia de la Generalitat impulsó una reforma agraria radical creando a la República un grave conflicto, cuyo principal adversario -conviene recordar- fue otro sector de la burguesía local, representado por la Lliga. No se debe falsear la realidad: hace tiempo que el nacionalismo adopta una interpretación de la Guerra Civil como si fuera una confrontación entre España y Cataluña o -en versión más suave- del centralismo autoritario castellano contra la tradición «democrática» de la que llaman «confederación catalano-aragonesa». Nada más lejos de la verdad: en Cataluña, como en toda España, el periodo 1931-1936 produjo una fractura social y política que llevó al trágico desenlace. Esquerra Republicana solicita que el Estado (tal vez quiera decir «España») pida perdón, incurriendo así en una perversión del lenguaje. La actuación más grave de Companys deriva de la proclamación, el 6 de octubre de 1934, del «Estado catalán de la República federal española», en un discurso en el que llega a invitar a un Gobierno democrático «en el exilio» (sic) a establecerse en Barcelona. Este desafío fue un auténtico «pronunciamiento civil» a juicio de Gabriel Jackson, historiador que resulta grato en ambientes progresistas. Es sabido que la experiencia apenas duró veinticuatro horas, que provocó la suspensión del Estatuto de Autonomía y que llevó a la cárcel a Companys a consecuencia de una condena impuesta por el Tribunal Supremo. Además, ya comenzada la guerra, abrió a los anarquistas la puerta del poder regional con las consecuencias de todos conocidas. ¿Son estos los hechos que ahora se conmemoran?

El trágico final del dirigente de Esquerra, fusilado en los momentos más duros de la posguerra, queda sin duda como un terrible episodio, igual que tantos otros que rompieron en dos a la sociedad española. Hay muchas cosas que deberían estar superadas después de un cuarto de siglo de libertad y democracia, incluyendo la actitud de algunos durante la «revolución de octubre» de 1934 en Asturias. Existen, en definitiva, muchas razones para no buscar en la memoria lo que el pasado no puede ni debe ofrecer a los españoles del futuro.

La farsa de Montjuic
EDITORIAL Libertad Digital 16 Octubre 2004

Cuando se juntan la ignorancia, la ruindad y el oportunismo político, pasa lo que pasó ayer en Barcelona. El presidente de la Generalidad, Pasqual Maragall, y sus socios de gobierno en la autonomía, celebraron, con motivo del 64 aniversario del fusilamiento de Lluis Companys, una farsa inexplicable, sectaria y que destilaba rencor por todos los costados. No faltó de nada, ni siquiera una solitaria bandera tricolor ondeando al viento que, dada la presencia en el acto de la vicepresidenta Fernández de la Vega, hace plantearse seriamente hasta que punto el nuevo Gobierno, el del 14-M, está comprometido con la Constitución y el régimen democrático -que a todos da cobijo- desde hace un cuarto de siglo.

Lluis Companys es uno de los personajes históricos del siglo XX español que más tinta ha hecho correr. Y no precisamente para bien. Fue presidente de la Generalidad en los años treinta y protagonizó algunos de los episodios más bochornosos de la Segunda República y la Guerra Civil. En octubre de 1934, hace pocos días se ha cumplido el septuagésimo aniversario, organizó desde el Gobierno autónomo catalán un golpe de estado con el que pretendía contribuir a derribar al gabinete de centro derecha que el año anterior había ganado las elecciones por amplia mayoría.

La operación de Companys, coordinada con la que los socialistas del PSOE tramaban en el resto de España, consistió en hacerse por la fuerza con Barcelona, proclamar el Estat Catalá y poner a la Nación en jaque y al servicio de su propia ambición de político mediocre. Para la maniobra golpista, al margen de la Ley y vulnerando la Constitución del 31, no escatimó en medios. Armó una milicia compuesta por jóvenes militantes de la Esquerra, los célebres escamots, y convocó una huelga general en toda Cataluña. La intentona, sin embargo, le salió mal. Los catalanes mantuvieron su lealtad a la República y tanto el golpe como su inspirador quedaron sumidos en el descrédito más absoluto.

Dos años después, ya en plena contienda fratricida que enfrentó a catalanes con catalanes, Companys volvió a tentar a la fortuna –desde la misma magistratura- entregando el poder a los comunistas teledirigidos por Stalin desde Moscú. Este segundo saqueo, del Estado y de la propia Cataluña, le llevó directamente al exilio. En Francia fue apresado por los alemanes y entregado a la España franquista donde, en 1940, fue condenado a muerte. Estos son los credenciales del presunto héroe de la democracia que la plana mayor del Gobierno catalán y la vicepresidenta del Ejecutivo nacional homenajearon ayer. Un individuo siniestro, exaltado y que no dudó en traicionar por dos veces la causa de la República, se ha convertido en modelo a seguir y paradigma del buen catalán amante de la libertad. Bárbara ironía.

Todos los mitos y patrañas del paleoprogresismo nacionalista se dieron cita ayer en la parodia barcelonesa. Fernández de la Vega incluso llegó a asegurar que para el Gobierno es prioritario revisar todos los juicios del franquismo para proceder a su anulación. Flaco consuelo para los que murieron en aquella España destrozada y macabro modo de desenterrar una época de nuestra Historia, acaso la peor, sobre cuyas cenizas se levanta la España libre y próspera de la que disfrutamos hoy en día. Porque, si se trata de reabrir viejas polémicas y exigir reparaciones ha de hacerse de las dos partes que desangraron la Nación en aquellos tres años de infamia, asesinato y vergüenza. Tan víctimas fueron, por ejemplo, las que yacen en las fosas comunes de Paracuellos del Jarama como las que hay enterradas en la colina de Montjuic. Tan verdugos fueron los soldados franquistas que apretaron el gatillo en el fusilamiento de Companys, como las milicias del Frente Popular que conducían al alba una saca de presos camino del paredón. El mejor homenaje que podemos hacer a nuestra Historia es no volver a repetirla. Jamás.

Lección tan elemental, al alcance de cualquier escolar de primaria, no parece que cale en la mente revanchista de algunos de nuestros más conspicuos políticos. Desde Esquerra Republicana se ha pedido que España pida perdón a Cataluña por la ejecución de Companys. Los comunistas de IU han hablado de un “intento de genocidio de la cultura y las instituciones catalanas” por el que, naturalmente, el Estado debe disculparse. Ni la Guerra Civil fue un conflicto entre España y Cataluña, ni se tiene noticia de genocidio alguno con una cultura y unas instituciones que son tan españolas como la lengua castellana o el Tribunal Constitucional. Si esta es la Segunda Transición que desde Moncloa venden a bombo y platillo no merece la pena ni tenerla en cuenta. Entre los pilares sobre los que se edificó la España democrática del 78 no se encuentra la venganza, ni el desquite, ni el rencor.

El verdadero rostro de Companys
César Vidal La Razón 16 Octubre 2004

Esta semana, el gobierno presidido por el señor Rodríguez Zapatero decidió sumarse a las iniciativas del tripartito nacional-socialista catalán destinadas a rehabilitar de manera pública y oficial la figura de Companys. El gesto –que parece desandar la política de reconciliación que caracterizó la Transición– resulta aún más controvertido si se tiene en cuenta la trayectoria específica del personaje.

Lluis Companys nació en el seno de una familia acomodada en Tarrós, en la comarca de Urgell, en 1883. Cuando se trasladó a estudiar derecho a Barcelona, se convirtió con menos de dieciocho años en uno de los fundadores de la Asociación escolar republicana. En buena medida, puede decirse que comenzaba a transitar entonces un camino que ya no abandonaría durante el resto de su vida, un camino que pasaba por el nacionalismo catalán pero, de manera muy acentuada, por la lucha anti-sistema. Redactor en jefe de «La Barricada», un semanario que dependía del Bloque autonomista catalán, al año siguiente sufrió una dura derrota en las elecciones municipales que le llevó a radicalizar sus posiciones. En abril de 1917, se convirtió en uno de los fundadores del Partido republicano catalán y se sumó de manera nada oculta a la labor de acabar con la monarquía parlamentaria. No mucho después, Companys entró en uno de los recovecos de su carrera que suelen pasar por alto sus partidarios y que ilustra más claramente su carácter moral. Nos referimos al momento en que decidió asumir la defensa de terroristas de signo anarquista que, desde 1919, habían precipitado a Cataluña en lo que se denominaron los «años del pistolerismo».

Para muchos, Companys simplemente colaboraba con las fuerzas políticas anticonstitucionales de mayor peso –y violencia–. No obstante, junto con esta razón nada descartable puede indicarse otra de no escasa importancia. Companys había sido iniciado en la masonería precisamente en una época en que la presencia de ésta en los partidos anti-sistema era muy considerable, pero, sobre todo, en que la relación era muy estrecha con el sector del anarquismo que propugnaba el atentado como vía política privilegiada. De hecho, anarquistas habían sido tanto Ferrer Guardia, responsable de las atrocidades de la Semana Trágica como Mateo Morral que había intentado asesinar a Alfonso XIII el día de su boda.

No resulta pues nada extraño que Companys, además de intentar derribar la monarquía parlamentaria, estuviera ayudando a compañeros de la Logia. De hecho, en noviembre de 1920, fue detenido junto con otros anarquistas implicados en acciones violentas y recluido en el castillo de Mahón. Fue su elección como diputado de partido republicano catalán la que le libró justo al mes siguiente de la cárcel. Regresó a prisión por actividades subversivas en 1930, pero a esas alturas la conspiración contra el sistema parlamentario estaba muy avanzada. Aunque el alzamiento armado de los militares Galán y García Hernández fracasó, en abril de 1931 se proclamó la república. Fue éste un episodio idealizado por la propaganda aunque muy turbio en su desarrollo ya que se produjo tras unas elecciones municipales en que las candidaturas monárquicas obtuvieron casi cinco veces más concejales que las republicanas. El día 16 del citado mes, Companys proclamó la república desde el ayuntamiento de Barcelona. A partir de ese momento, su carrera –ya vinculada a la Esquerra republicana de Cataluña– resultó fulgurante. Diputado, miembro del comité ejecutivo de ERC, presidente del parlamento catalán o ministro de marina fueron algunos de los cargos que ocupó mientras erosionaba mortalmente al catalanismo de derechas.

Al morir Francesc Maciá en 1933, Companys se vio catapultado a la presidencia de la Generalidad catalana precisamente en unos momentos en que el catalanismo era ya claramente de mayoría izquierdista e independentista. Fue entonces cuando se produjo un hecho que no comprendió –ni aceptó– ninguna de las fuerzas que durante décadas se había propuesto aniquilar la monarquía parlamentaria y luego caminar hacia sus distintas utopías a través de la república. Tras un gobierno republicano-socialista que duró dos años y que no resolvió ninguno de los problemas que acometió, aunque sí dividió dramáticamente a los españoles, las derechas ganaron las elecciones de 1933.

La respuesta de nacionalistas e izquierdas –especialmente de PSOE y ERC– fue preparar un alzamiento armado que aniquilara al gobierno legítimo y les permitiera volver al poder mediante la violencia. Companys se sumó con entusiasmo al plan y, de hecho, tenía el propósito de aprovechar la sublevación armada dirigida por el PSOE para proclamar la independencia de Cataluña.

En octubre de 1934, el PSOE se lanzó a la calle proclamando que había llegado el momento de implantar la dictadura del proletariado. Sin embargo, Companys, siguiendo los consejos de un enviado del republicano Manuel Azaña, limitó sus pretensiones a sumarse a la rebelión y a proclamar el Estado catalán dentro de la República federal española.

Sería Madariaga el que afirmaría que con el alzamiento de 1934 las izquierdas habían perdido toda legitimidad para condenar la sublevación de julio de 1936. También perdieron aquel envite y Companys fue condenado a treinta años de reclusión por alzarse en armas contra el gobierno legítimo. Como en otras ocasiones anteriores, los cambios políticos permitieron a Companys eludir la acción de la justicia.

En febrero de 1936, la victoria del Frente popular no sólo lo sacó de la cárcel, sino que le devolvió a la presidencia de la Generalidad. Cuando se produjo el alzamiento de julio de 1936, Companys supo trabar una alianza con la CNT que tuvo, entre otras consecuencias, el desencadenamiento del Terror roji-negro sobre Cataluña. Se trató de un Terror al que no fue ajeno –más bien entusiasta partícipe– su partido, la ERC. Desde mayo de 1937 –cuando el PCE decidió aniquilar a sus rivales en la España del Frente popular comenzando por el POUM– Companys se amoldó a la nueva hegemonía comunista, a la vez que estrechaba lazos con el gobierno vasco preparándose para la independencia posterior a la guerra. Sin embargo, la guerra no la ganaron las fuerzas del Frente Popular.

En enero de 1939, mientras las tropas de Franco avanzaban por Cataluña, Companys huyó a Francia. Los vencedores lo buscaban por varios cargos entre los que se encontraban de manera fundamental los referidos a los fusilamientos, los saqueos, las torturas y las atrocidades cometidas en Cataluña mientras Companys era presidente. El dirigente de ERC pudo escapar hasta que el III Reich venció a Francia en el verano de 1940. Concedida la extradición por las fuerzas de ocupación alemanas, Companys fue entregado a las autoridades españolas y juzgado. Se le condenó a muerte siendo fusilado el 15 de octubre de 1940 en el castillo de Montjuic. El acto no pudo estar más cargado de simbolismo. En los fosos de aquel mismo lugar, más de mil doscientas personas habían sido fusiladas por el Frente Popular sin que Companys hiciera nada por impedirlo.    César Vidal es escritor e historiador

UNA SEMANA DE OCTUBRE
Por MIQUEL PORTA PERALES ABC 16 Octubre 2004

En Cataluña, la tercera semana de octubre siempre trae cola. Y ello, porque la mayoría de políticos catalanes aprovecha la ocasión -la Fiesta Nacional y el aniversario del fusilamiento de Lluís Companys- para arrimar el ascua a su sardina. No voy a insistir ahora en el oportunismo de quien, al socaire de la celebración, realza su antiespañolismo, su antimilitarismo, o su victimismo. O las tres cosas a la vez. De la Fiesta Nacional, y del aniversario del fusilamiento de Lluís Companys, quiero destacar el doble rasero y el cinismo que se percibe en Cataluña cuando se habla del tema. De los temas, para ser más exactos. Empecemos por la Fiesta Nacional. Al respecto, me permito formular algunas preguntas. ¿Por qué el nacionalismo catalán, que cada 11 de septiembre pide respeto ante la Diada, trata con ligereza la Fiesta Nacional del 12 de octubre? ¿Por qué el nacionalismo catalán, que reivindica la realidad de los Países Catalanes, critica la realidad de la Hispanidad? ¿Por qué el nacionalismo catalán, que denuncia el imperialismo español en América, nunca denuncia el imperialismo catalán en el Mediterráneo? ¿Por qué el nacionalismo catalán, que critica la presencia de la División Azul en el desfile militar, no critica la presencia de comunistas en las celebraciones e instituciones catalanas? Este doble rasero evidencia algunas cosas. Por ejemplo: que en Cataluña la mayoría de los políticos -tan tolerantes ellos- son unos intolerantes de tomo y lomo, que en Cataluña el nacionalismo catalán -tan abierto y plural él- es incapaz de asumir la propia historia y de reconocer la figura del otro.

De la Fiesta Nacional al aniversario del fusilamiento de Lluís Companys. Aquí, también me permito formular algunas preguntas. ¿Por qué el nacionalismo catalán, que pide la revisión crítica de la historia reciente, no predica con el ejemplo y revisa críticamente la vida y obra de Lluís Companys? ¿Por qué el nacionalismo catalán, que condena el golpe de Estado del general Franco, no condena igualmente el golpe de Estado que Lluís Companys intentó el 6 de octubre de 1934? ¿Por qué el nacionalismo catalán, que exige el reconocimiento de quienes fueron asesinados por el bando franquista, no exige también el reconocimiento de quienes fueron asesinados en el bando republicano mientras Lluís Companys era President de la Generalitat? Y, atención, sólo estoy diciendo que el President tuvo alguna responsabilidad política -nunca penal- en todo ello. ¿Por qué el nacionalismo catalán, que desea que el Gobierno de España pida perdón por el proceso y muerte de Lluís Companys, no pide que el Govern de la Generalitat pida también perdón por el proceso y muerte que sufrieron muchos catalanes durante la Segunda República cuando la Generalitat tenía la responsabilidad de garantizar la seguridad de sus ciudadanos? Otra pregunta: si tenemos en cuenta que Lluís Companys era militantes de ERC, ¿por qué ERC -tan amiga ella de criticar todo lo criticable- no hace autocrítica del que fuera su máximo dirigente? Y, puestos a preguntar, ¿por qué ERC -empeñada desde hace años en la creación de una Comisión de la Verdad que desvele las falsedades y atrocidades franquistas- no impulsa -ahora que está en el Govern y algún poder tendrá- una comisión que desvele las falsedades y atrocidades republicanas? El nacionalismo catalán será creíble cuando se decida a asumir la carga de su propia historia.

Y el próximo año, ¿qué? Mucho me temo que ocurrirá exactamente lo mismo. Es decir, los políticos catalanes y el nacionalismo catalán se volverán a quejar. De lo que sea. De la longitud de la bandera, de la marginación de la lengua catalana en el ejército, o de la cabra de la legión. Y, por supuesto, se continuará cubriendo con un tupido velo de silencio la cara oscura del President Lluís Companys. ¡Con lo fácil que es dejar que el otro celebre su fiesta como le dé la gana! ¡Con lo sano que es reconocer que todo el mundo -incluso un President de la Generalitat- puede equivocarse alguna vez!

El error de ayudar a Fidel
Editorial La Razón 16 Octubre 2004

El estado físico de Fidel Castro indica que nos acercamos al inevitable final de su vida, que es tanto como decir que asistimos a los últimos años de la sangrienta dictadura que masacra a los cubanos. Cuando Castro falte, desaparecerá también un sistema tiránico que se mantiene mientras sobrevive su creador. Nos encontramos ante un momento clave para preparar el día después y abrir una puerta a la esperanza para el pueblo cubano, trabajando por una transición «a la española» como fórmula de evitar un baño de sangre o una guerra civil. Lo que, en estas condiciones, no se puede hacer es dar nuevas fuerzas a un sistema criminal que teme ya su extinción y hace del país una gigantesca isla-prisión.

El Gobierno socialista de Rodríguez Zapatero no quiere asumir esta realidad, o simplemente se niega a aceptarla por nostalgias ideológicas, y se dispone a capitanear un cambio en la política exterior de la Unión Europea para rebajar las sanciones impuestas desde Bruselas al compañero Fidel. No puede hablarse seriamente de la necesidad de mantener con Castro «relaciones fluidas como con China, Vietnam o Irán, que también son regímenes de partido único». Todo lo más, cabe hacer un paralelismo con Sudáfrica, que si vio la libertad y el fin del racismo fue gracias a una férrea presión internacional que siempre llamó al crimen por su nombre. Es muy posible que el «apartheid» siguiera hoy de haberse empleado frases similares a la pronunciada por Zapatero ayer para referirse a una dictadura que asesina a sus ciudadanos, como «discrepancia abierta con la política que en materia de derechos humanos y libertades practica el régimen de Fidel Castro». Mucho más claros han sido los más de cien intelectuales de todo el mundo exigiendo en una carta a Rodríguez Zapatero la liberación del poeta Raúl Rivero, preso político, y la devolución de los derechos humanos a todos los cubanos.

La evidencia demuestra que el castrismo ha sabido aprovecharse de cuantas medidas se han arbitrado para favorecer a su pueblo. Por eso el Gobierno se engaña, y nos engañaría a todos, si cree de verdad que la mano blanda hará posible que el tiranosaurio del Caribe abra un poco su puño de hierro y no lo vuelva a cerrar en cuanto note que un viento democrático, como el del «proyecto Varela», comienza a soplar en su finca.

VISCA LA LLIBERTAT!
Por M. MARTÍN FERRAND ABC 16 Octubre 2004

MARÍA Teresa Fernández de la Vega, la más diligente y valiosa del gineceo ministerial con que se adorna José Luis Rodríguez Zapatero, tomó el portante -el avión, supongo- y se fue al castillo de Montjuïc. Así quedó establecido en el trueque compensador de la estancia madrileña de Pasqual Maragall con motivo de la Fiesta Nacional del 12 de octubre. Zapatero, el líder que no se desgasta, muy previsoramente había tomado las de Villadiego para, en Budapest, ponerle tierra por medio al homenaje de la Generalitat a la memoria de Lluís Companys, ayer, en el sexagésimo cuarto aniversario de su fusilamiento, tan inicuo como innecesario, en el foso de Santa Eulalia.

Como suele suceder en los casos de utilización política de los recuerdos luctuosos, que los catalanes no se libran de la necrofilia típicamente española, el homenaje al que fue presidente de la Generalitat sirve para un nuevo roce, de los que no engendran cariño, entre el PSC y ERC, dos de las tres patas del taburete de Gobierno en Cataluña. Los socialistas, tradicionales depredadores de la Historia, han empapelado los ámbitos de su influencia con unos grandes cartelones en los que, sobre sus siglas y el emblema del puño y la rosa, puede verse a un Companys en actitud mitinera -«un president d´esquerres»- cruzado por un inmenso eslogan: «Visca la llibertat!».

En el cartel hay materia para dos confrontaciones. Una, la menor, entre los seguidores de Josep Lluís Carod-Rovira y los de Maragall. Companys fue fundador de Esquerra, y quitarle la mayúscula para convertirle en d´esquerres no deja de ser una apropiación indebida del patrimonio sentimental y político de ERC. La otra, la mayor, afecta a la llibertat cacareada en el póster bajo la divisa de «Pau, Treball i Justícia». Está muy bien lo de la reivindicación de la memoria del personaje; es bastante absurda, por inconsistente, la «anulación» del proceso que, con la colaboración de la Gestapo, culminó con su condena a muerte; pero lo que constituye un desatino histórico es proclamarle como paradigma de la libertad.

Companys, visto con ojos del siglo XXI, nunca debió morir tras un juicio sumarísimo, en la indefensión y frente a un pelotón de ejecución; pero no debe olvidarse, y no cabe explicarlo desde el separatismo, que fue un conspirador crónico. Conspiró contra Primo de Rivera, enredó como ministro de Marina en la presidencia de Manuel Azaña y remató su vocación golpista, el 6 de octubre de 1934, con la proclamación del Estado Catalán, que, dicho sea de paso, le costó una condena, por los tribunales de la República, de treinta años de cárcel. Un «defensor de la República» capaz de alzarse en contra de la Constitución republicana podrá ser, puestos a ser generosos, un buen catalán; pero es impresentable como paladín de las libertades. Especialmente por quienes descalifican a Francisco Franco, precisamente, por su deslealtad con la II República.

Cocineros antes que frailes
Luis María ANSON de la Real Academia Española La Razón 16 Octubre 2004

Pero ¿es que el Estado de Derecho garantiza el cumplimiento de la ley en el País Vasco? ¿Es que Atucha e Ibarreche no se han tomado a regocijado cachondeo las sentencias del Supremo, toreando a los magistrados al natural con la izquierda y en redondo con la diestra? ¿Es que las Fuerzas de Seguridad responden, verdaderamente, de la seguridad de los ciudadanos vascongados? ¿Es que no proliferan como hongos los escoltas privados en aquella región maltratada? ¿Es que los pasteleos de Moncloa, salvo en la última legislatura de Aznar, no han dejado sin respaldo a muchos vascos atónitos? ¿Es que no se vive en aquella región española bajo la dictadura del miedo?

Naturalmente que yo estoy en contra de que se pague el chantaje revolucionario. Pero la campaña de Ordóñez para que no se abonaran a Eta sus «impuestos» le costó la vida. Las gentes en el País Vasco, los catedráticos, los estudiantes, los comerciantes, los bancarios, los empresarios, los periodistas, los políticos, los profesionales, los asalariados, los cocineros viven aterrorizados. Ni siquiera se atreven a hablar en voz alta en la cafetería o el restaurante. A nadie se le puede pedir, como hizo Olarra, pagar a una mafia extranjera advirtiendo a Eta que si le pasaba algo caería una venganza terrible sobre los familiares de los terroristas.

Rechacemos, pues, con energía el pago del chantaje revolucionario a la banda. Pero no exijamos a los extorsionados ser héroes, no los pongamos en la picota. No linchemos en la plaza pública o en la puta calle a los que pagan por miedo. De lo que se trata es de perseguir a Eta no a los que viven aterrorizados por Eta. El miedo no es libre y los que pagan no lo hacen porque les guste pagar o porque comulguen con los principios etarras. Lo hacen porque se les pone la carne de gallina ante la atrocidad terrorista, porque están espeluznados y no se sienten ni respaldados ni protegidos por el Estado de Derecho.

Desde Madrid o Almería es muy fácil decir lo que tienen que hacer los vascos extorsionados. En Zarauz, Amurrio o Lequeitio las cosas resultan distintas. Si no queremos provocar una reacción en cadena y convertir a muchos cocineros vascos en frailes etarras tengamos la fiesta en paz. Y que el Gobierno y las Fuerzas de Seguridad hagan todo lo posible para que ningún otro cocinero se sienta obligado, por miedo, a pagar el chantaje terrorista.

Los verdugos impiden que Moragas consuele a sus víctimas
Víctor Llano Libertad Digital 16 Octubre 2004

A éstos son a los que José Luis Rodríguez y Moratinos quieren ayudar, a los carceleros de 11.000.000 de cubanos —gran parte de ellos descendientes de españoles— a los que humillan e impiden la entrada en su cortijo a un diputado español, a los que sirviéndose del más miserable de los chantajes tratan de dividir a sus víctimas y negociar con su sufrimiento una ayuda económica que inmediatamente utilizarían para incrementar la represión.

Con éstos son con los que quiere hablar el Gobierno español. No con sus rehenes. A los activistas de los derechos humanos ya les advirtió el embajador del amigo de Arafat que sobraban en la Embajada de Madrid en La Habana. Que mejor que no volvieran si con su presencia impedían la de sus verdugos. Para ellos trabajan. Cuesta creerlo, pero por increíble que parezca es lo que pueden esperar los cubanos descendientes de españoles del Gobierno que salió del 11-M. Quien más tendría que ayudarlos es quien más desprecia su sufrimiento. Quien más los humilla. Quien más interés muestra en amigar con sus verdugos.

A ver qué nos cuenta ahora la embajadora de Castro en Madrid. Porque cabe esperar que alguien le pida explicaciones después de que el Gobierno que ella representa no permitiera la entrada en la Isla de las doscientas cárceles y de los cien mil presos a un diputado de un partido al que votan casi 10.000.000 de españoles.

En España jamás se ha impedido que un verdugo castrista se pasee tranquilamente por nuestras ciudades. A los que tratan de huir de ellos, o se les devuelve junto a sus carceleros o se les condena a la marginación. No hace mucho el alcalde de Oviedo nombró al siniestro Gallego Fernández hijo adoptivo de la capital del Principado de Asturias. A Gabino de Lorenzo parece no molestarle que su “ahijado” —veterano vicepresidente del Gobierno de la tiranía— haya destrozado la vida de cientos de miles de asturianos. Hoy se le tendría que caer la cara de la vergüenza.

La que puede sentirse satisfecha es Leire Pajín, secretaria de Estado de Cooperación Internacional, que presume de escribirle algunos discursos a Zapatero y que admira y respeta muchísimo a la embajadora de la mafia castrista en Madrid. También ella tendría que explicar por qué se mantienen relaciones con un régimen que protege a una veintena de etarras y que humilló a un diputado español que viajó a La Habana con la única intención de ofrecer un poco de consuelo a sus víctimas.

LA UE CONSTA YA DE 20 LENGUAS OFICIALES
La Eurocámara dejará hablar en catalán, euskera o gallego pero sin traducción ni que conste en acta
El Parlamento Europeo permitirá a los eurodiputados hablar durante las sesiones plenarias en una lengua distinta de las lenguas oficiales de la Unión Europea, por ejemplo en catalán, euskera o gallego, aunque no habrá traducción ni constará en acta.
Agencias Libertad Digital  16 Octubre 2004

Así lo anunció este viernes la Eurocámara a través de un comunicado recogido por Europa Press, en el que informó de la decisión tomada por unanimidad en la Mesa, presidida por el presidente, Josep Borrell, en su reunión del 13 de octubre pasado.

De acuerdo con esta decisión, "se informará a los diputados que opten por el uso de una lengua no oficial de que sus intervenciones no se interpretarán ni se recogerán en el acta literal de la sesión, aunque, si desean proseguir, podrán hacerlo durante el tiempo de uso de la palabra que tengan asignado".

Diversos europarlamentarios había expresado su deseo de una aplicación flexible del Reglamento para poder expresarse en su lengua en el pleno. Asimismo, España ha solicitado además que, además, de las actuales 20 lenguas oficiales de la UE tengan un reconocimiento las que se hablan en algunas de las comunidades autónomas españolas.

En una carta al Ejecutivo comunitario y a la presidencia holandesa el pasado mes de septiembre, España subrayó que su objetivo era que el reglamento lingüístico de la UE reconozca el "estatuto de lenguas oficiales en la Unión para el catalán, el valenciano, el gallego y el vasco, todas ellas lenguas oficiales en España y ampliamente utilizadas por una parte importante de la población".

Diálogo de besugos
Nota del Editor  16 Octubre 2004

El Parlamento europeo ya nos ha acostumbrado a este tipo de estupideces, así que no vale la pena molestarse en ir
contra el muro de idiotez que representan.

Eso sería así si no nos costasen un ojo de la cara: dividan el abultadísimo presupuesto anual del parlamento entre el tiempo total que hay para sesiones y verán que el tiempo dedicado al diálogo de besugos es un disparate, digno de los mejores nazionalistas, en su constante intento de destruir todo lo que pillan.

Diálogo del 14 de octubre con Pío Moa
Libertad Digital 16 Octubre 2004

“ Lo que hay que hacer es difundir al máximo las versiones más correctas sobre la historia. Las izquierdas difunden muy bien y con mucho empeño sus versiones, demostrablemente falsas en un porcentaje muy alto, mientras que la derecha es mucho más pasiva. ”

Este Diálogo con Pío Moa tuvo lugar el jueves 14 de octubre entre las 18:00 y las 19:00 horas.

Pregunta: ¿Desde la salida de sus libros, ha tenido alguna represalia física o verbal por parte de la izquierda?
Respuesta: Amenazas sí me han llegado, maldiciones y deseos de que me muriera, pero afortunadamente no han pasado de ahí. Gente amable en el fondo.

P: ¿El nacionalismo fue connivente con el alzamiento nacional?
R: Si se refiere al nacionalismo vasco, parte de él sí estuvo al lado de Franco, y lo mismo ocurrió con el nacionalismo catalán de Cambó. También ayudaron bastante los gudaris que se pasaron o fueron integrados en las tropas franquistas al rendirse Vizcaya. En cuanto a los catalanes, la verdad es que los que huyeron de Cataluña y lucharon en las filas de Franco lo hicieron con bastante más combatividad que sus contrarios. También puede decirse que los dos nacionalismos contribuyeron a la victoria franquista, ya que todo el tiempo estuvieron saboteando la unidad de mando en el Frente Popular, indispensable para ganar una guerra. Finalmente el PNV traicionó de manera absoluta a sus aliados de izquierdas

P: Resúmame en algunas líneas por qué el régimen de Franco no fue un régimen fascista en sentido estricto.
R: Había en él un elemento fascista ligado a la Falange, pero la Falange nunca fue más que un componente del régimen. El fascismo se distinguía por un cierto aire paganoide, por la deificación del estado, la movilización de las masas, etc., y esas cosas nunca cuajaron en aquel régimen. Además no unió nunca su suerte al de los regímenes fascistas, como es sabido

P: Le felicito por su coherencia y su valentía (especialmente el que por fin se haya atrevido a enfrentar el pensamiento único demócrata criticando a la partidocracia actual). Mi pregunta es: ¿No cree que para España y los españoles es urgente abolir el Estado de las Autonomías? ¿No cree que, aparte de los derechos esenciales que nos son negados (como la educación en español), el Estado autonómico no hace más que acercarnos a la secesión? ¿No cree que el único idioma oficial debería ser el español, ya que el arma principal de los movimientos secesionistas es esa "cultureta" lingüística subvencionada que lava los cerebros adolescentes?
R: Soy demócrata convencido, y creo que los partidos son inevitables, aunque tienen una tendencia natural a infringir la ley y convertirse en mafias, que debe ser controlada y combatida. Me parece muy bien que en Galicia, Cataluña, Vascongadas, etc., se potencie la cultura regional. Contra lo que estoy resueltamente es contra la manipulación y el empleo de esas culturas en contra de la común española y contra esos montajes nacionalistas. Ejemplo: habría que quitarles la enseñanza y asegurar que ésta se diera en el idioma que decidieran los padres.

P: ¿Qué persona, a su juicio, contribuyó más a que se desencadenara la guerra civil?
R: Creo que fue Alcalá-Zamora. Junto a él, Largo Caballero. Largo representaba el deseo y la preparación de la guerra civil, pero si, después de haber fracasado en 1934, Alcalá-Zamora no hubiera abierto las puertas a la revolución, la guerra pudo haberse evitado.

P: ¿Cree usted que el asesinato de Calvo Sotelo pudo haber sido organizado por el mandado por el gobierno republicano para hacer saltar el golpe, del que muy probablemente tenían noticias de que se preparaba, y así aplastarlo como la sanjurjada y entonces poder hacer La Revolución proletaria en un contragolpe?
R: No lo creo. Opino que quien realmente estuvo detrás fue Prieto. Aunque eso es indemostrable hoy por hoy, existen muy fuertes indicios al respecto. La situación era caótica, y el gobierno amparaba de hecho el proceso revolucionario, pero el gobierno no deseaba una revolución proletaria. Esperaba una nueva sanjurjada, para desesperación de Prieto y otros, que temían que aquella vez no iba a resultar la cosa tan fácil como en 1932.

P: ¿Cuál cree que está siendo la trascendencia de sus hallazgos históricos?
R: El problema clave de la guerra es quiénes y por qué la iniciaron. Según la propaganda izquierdista que se había asentado como historiografía en España en los últimos veinte años, los causantes habían sido las derechas porque no toleraban las reformas republicanas. Creo haber demostrado, definitivamente, que fueron las izquierdas porque para ellas la democracia no tenía verdadero valor. Las reformas republicanas las echó abajo el pueblo en 1933, al votar por gran mayoría contra ellas.

P: ¿Qué le pareció la inclusión en el desfile de un veterano de la División Azul y otro de la LeClerc?
R: Como símbolo no está mal. Pero la verdad es que la inmensa mayoría del pueblo español estaba reconciliado hace ya muchos años, y estas cosas son innecesarias. Son los políticos los que intentan resucitar los antiguos rencores y luego se presentan a sí mismos como superadores de ellos: incendiarios bomberos, o bomberos incendiarios

P: Después de leer y cotejar situaciones parecidas, llegué a la creencia que la guerra civil se debió al fracaso de Primo de Rivera de renovar el entramado político. Yo lo considero como un De Gaulle fracasado, tras cuyo fracaso el poder volvió a las mismas manos que habían llevado a la crisis, con los resultados de esperar. ¿No comparte ese criterio?
R: Buscando las raíces podemos llegar muy atrás en el tiempo. La república fue un régimen nuevo, que rompía consciente y deliberadamente con el pasado. Su fracaso se debe a ella, exclusivamente, y la guerra civil fue el resultado de que en la izquierda el extremismo fuera muy mayoritario, mientras que en la derecha ocurría al revés. Es mejor analizar los hechos tal cual, sin ignorar raíces más antiguas.

P: Antes de nada, cómo joven que soy, agradecerle el poder contar con sus libros. No dude que compraré y leeré con mucha atención este libro que estos días presenta. Y ahora la pregunta: ¿cree que se equivoca Rajoy al rehuir hablar de temas del pasado con eso de que sólo hay que mirar al futuro? ¿No cree que para saber a donde uno va tiene que saber de donde viene?
R: Conocer el pasado es fundamental. El problema de la izquierda no es que recupere el pasado, sino que recupera la propaganda y los odios del pasado. Son cosas distintas. Hay que buscar la verdad sobre él, porque de otro modo estará pesando sobre nosotros como un fantasma. Cuando Rajoy habla así da la impresión de estar en retirada ante la izquierda, de que quiere hablar del futuro porque no tiene argumentos para rebatir a los otros.

P: ¿Cómo valora el estudio de Javier Cervera "Madrid en guerra, 1936-1939" y la exculpación que hace de Carrillo a propósito de "las sacas"?
R: El libro es bastante bueno, pero cae a veces en esa oficiosidad de la derecha que quiere hacerse simpática a la izquierda. Sobre lo de Carrillo no puede haber duda alguna. Esas cosas debieran quedar ya para la historia, sin repercusión en la política actual, ese fue el trato, por así decir, de la Transición. Pero como la izquierda se empeña en utilizar el pasado como arma presente, habrá que recordarles con claridad lo que realmente ocurrió.

P: ¿Qué opina de la Asociación para la defensa de la Memoria Histórica y de sus operaciones arqueológicas en busca de fosas comunes? ¿Dónde cree que hubo más víctimas y más ensañamiento?
R: Es la clásica "recuperación de los odios y los rencores históricos". Llevan cinco años con esa historia, han encontrado 200 cadáveres, aunque afirman por las buenas que hay 30.000, Muchos de esos cadáveres son seguramente caídos en combate. Han tenido fiascos como el enorme "paracuellos" que creyeron encontrar en Granada y que resultó un osario de animales... En fin, un desastre. El número de víctimas por los dos lados fue muy parecido, aunque resulta proporcionalmente mayor el de las izquierdas, ya que sólo pudieron actuar en la mitad del país. Y quedan los verdaderos olvidados: las víctimas de izquierdas asesinadas por las izquierdas.

P: Todavía no he comenzado a leer su libro, pero, ¿qué parte es la que le ha costado más escribir?
R: Ninguna, porque este libro último es un resumen de "Los orígenes de la guerra civil". Lo nuevo, e impresionante, es la documentación, las fotocopias de la propaganda de entonces, que demuestra cómo el PSOE quería y preparaba textualmente la guerra civil, lo mismo que la Esquerra, y por qué: no porque temieran un golpe fascista, sino porque estaban seguros de ganar.

P: Hace unos días, El País publicaba un artículo de una catedrática de historia contemporánea (de la que no recuerdo su nombre) en el que se criticaban las tesis revisionistas de algunos historiadores. Me imagino que pensaba en usted, en De la Cierva o en otros. ¿A qué se debe la soledad de los pocos historiadores que defienden su tesis? ¿Todavía es pronto para tener un perspectiva histórica?
R: He contestado a la señora Bizcarrondo en Libertad Digital, mostrando cómo sus gruesos errores provienen de fallos de método historiográfico garrafales, pero que han marcado la historiografía reciente en España. Esta historiografía se ha impuesto abrumadoramente, por presiones políticas sobre todo, pero yo creo que ahora está ya en retroceso, y que se está abriendo una perspectiva histórica mucho más veraz.

P: ¿Qué opinión le merece, ideológicamente hablando, la novela "Soldados de Salamina" de Javier Cercas?
R: La novela no me gustó. Sin ser tan sectaria como otras, continúa inmersa en la beatería progre.

P: Aunque coinciden en muchas de sus valoraciones, en una ocasión decía que con Stanley Payne no estaba de acuerdo en ciertas cuestiones. ¿A cuáles se refería?
R: Por ejemplo, mi opinión sobre Franco es mucho más positiva que la suya.

P: Aún no he comprado su libro pero tengo una pregunta: algunos profesores de Historia me insinuaron el curso pasado que la revolución del 34 no era lícita pero si legítima y la sublevación del 36 ninguna de las dos cosas. ¿Qué les diría usted?
R: La rebelión del 34 fue contra un gobierno moderado, plenamente democrático y legítimo. La rebelión del 36 fue contra un gobierno que procedía de unas elecciones anómalas y que se había deslegitimado al no haber cumplido ni hecho cumplir la ley. Debe huirse de esa palabrería sobre los pobres y las injusticias sociales, con las que siempre encubren las izquierdas sus ataques a la democracia. Las soluciones que ellas dan a la pobreza y las injusticias son mucho peores que los males que dicen querer superar.

P: Yo no acabo de tener una opinión formada sobre Lerroux. Para unos fue un moderado entre dos ideologías irreconciliables, para otros un loco peligroso y populista. ¿Usted ve en Lerroux más luces que sombras o al revés?
R: Depende de qué Lerroux sea. El de principios de siglo era un demagogo violento muy próximo al terrorismo. El de la república era un político fundamentalmente moderado. Cuando lo destruyeron políticamente entre Azaña, Prieto y Alcalá-Zamora, la república dio un largo paso hacia la guerra civil.

P: ¿No cree que el Rey debería ejercer una posición más activa y –entre otras cosas– negarse a hablar catalán o plantarle cara a sus amigo ZP que pacta con la Esquerra?
R: No creo que sea esa su función. Me parece bien que hable catalán, no tanto que hable inglés. El Rey no debe meterse en la política corriente, y sólo intervenir en último extremo, como en el 23-F. Y lo que pasa en Cataluña es la herencia de Pujol, y también responsabilidad del PP.

P: Si los republicanos hubieran ganado la guerra, ¿cree que España habría participado en la II Guerra Mundial?
R: Seguramente. Hitler la habría invadido, habría tomado Gibraltar, y la situación se habría vuelto realmente negra para Gran Bretaña. Por otra parte la "república", es decir, el Frente Popular, sólo habrían ganado bajo la total hegemonía de los comunistas, y Stalin estaba de acuerdo con Hitler en aquel momento. La situación habría sido de lo más curiosa.

P: ¿Puede decirme su opinión sobre Rafael Alberti como persona, escritor y político?
R: Como persona, un señorito bastante despreciable, como escritor, no malo, como político, siniestro.

P: ¿Su justificación del alzamiento militar contra la legalidad vigente no tiene similitudes a la justificación que hacen los terroristas de sus atentados?
R: El alzamiento no fue contra la legalidad vigente, pues ésta dejó de existir a partir de las elecciones de febrero de 1936, y no fue sustituida por ninguna otra, sino por un proceso revolucionario. No veo qué relación pueda tener con el terrorismo.

P: ¿Es verdad que después del discurso de Calvo Sotelo, la Pasionaria dijo este hombre ha dicho su último discurso?
R: No recuerdo ahora mismo, pero tanto Gil-Robles como Calvo Sotelo fueron amenazados de muerte, por la Pasionaria y por José Díaz, en las Cortes. Fueron amenazados cuando pedían que el gobierno cumpliera e hiciera cumplir la ley frente al caos imperante, que hasta el mismo Prieto dijo que el país no podía soportar. Y fue amenazado entre las burlas y la algarabía de casi toda la izquierda.

P: ¿Tuvo un papel relevante "El Campesino" en el curso de la guerra civil española?
R: No, realmente. Fue una figura creada por la propaganda comunista, que después le destrozó. Fue un militar improvisado, con cierto talento guerrillero, pero no intervino decisivamente en ninguna batalla.

P: ¿Ha leído el nuevo trabajo de Francisco Olaya Morales?
R: ¿El expolio de la República? No, pero he leído los anteriores. Son obras muy apreciables por su documentación, aunque su criterio ofrezca mucho flanco a la crítica. Son obras muy importantes en ese sentido, que la izquierda ha tratado de silenciar.

P: ¿ Fue realmente la ayuda soviética tan importante o exageró Franco ?
R: Sin la ayuda soviética la guerra habría terminado en cuatro o cinco meses. Hasta entonces las intervenciones exteriores habían sido en pequeña escala y la lucha había sido entre columnas irregulares. A partir de la intervención soviética la guerra se alargó, se hizo de divisiones y cuerpos de ejército, y la intervención exterior se volvió masiva en algunos aspectos. Esa importancia tuvo.

P: La humillación a la que sometió Franco a tantos españoles obligándoles a emigrar a Cataluña y Vascongadas para buscar trabajo podría ser un intento de españolizar más estas regiones?
R: Franco no obligó a emigrar a nadie a ningún sitio. Fue el desarrollo económico el que llevó a miles de españoles a marchar del campo a la ciudad (no sólo a Barcelona o Bilbao, también, y no menos, a Madrid, Valencia, Vigo, Valladolid, Sevilla, etc. etc., así como a los países europeos). Esas regiones no necesitaban ser españolizadas, pues son parte de España desde tiempo inmemorial.

P: He leído recientemente su obra "Contra la Mentira". Me ha parecido muy interesante. Admite usted en la obra haberse equivocado cuando abrazó el marxismo como ideología. ¿Cuál fue –si lo hubo– el punto de inflexión para que un marxista miembro del GRAPO evolucionase hasta el liberalismo?
R: El punto de inflexión, como he explicado en "De un tiempo y de un país" y otros sitios, fue la reflexión y el análisis sobre algunos fundamentos del marxismo, concretamente sobre la teoría del descenso de la tasa de ganancia. Antes creía que el marxismo era justo y científico, aunque cometiéramos errores o incluso crímenes a la hora de aplicarlo, pues eso sería pasajero. Cuando llegué a la conclusión de que la propia teoría era falsa, obviamente deduje que de ella no podían salir más que errores y crímenes.

P: ¿Qué opinión tiene de Severiano Martínez Anido?
R: No muy definida. Fue un "duro" de la represión, sobre todo en la Barcelona de los primeros años 20. Combatió el terrorismo con métodos terroristas.

P: ¿Cuáles eran en el 34 las diferencias entre el PSOE y el PCE?
R: El PCE consideraba al PSOE "socialfascista" y decía que toda su propaganda en pro de la guerra civil era un engaño a los trabajadores. Su política práctica era casi idéntica, y los dos participaron juntos en la revolución de octubre.

P: En los primeros momentos del alzamiento la figura clave fue el general Mola, ¿a qué cree que se debe su pérdida de importancia en favor de Franco? ¿Generosidad o falta de capacidad política?
R: En primer lugar el golpe de Mola fracasó. Casi todos los recursos materiales y militares quedaron del lado de las izquierdas, y si Franco no llega a pasar algunas tropas desde Marruecos, la sublevación habría sido vencida en pocas semanas. Fue Franco quien consolidó a Queipo de Llano en Andalucía occidental, que llevó municiones a Mola, que estaba desesperadamente escaso de ellas, quien unió las dos zonas de la sublevación y quien dirigió la marcha sobre Madrid. Franco fue quien salvó la situación. Además, era general de división, y Mola de brigada, lo que en el ejército siempre cuenta.

P: ¿Para cuándo unas jornadas por la verdad histórica , para que la verdad acabe con la tenebrosa mentira?
R: Más que jornadas, lo que hay que hacer es difundir al máximo las versiones más correctas sobre la historia. Las izquierdas difunden muy bien y con mucho empeño sus versiones, demostrablemente falsas en un porcentaje muy alto, mientras que la derecha es mucho más pasiva.

P: ¿Podría decirme que les pasó, en Francia, a los soldados republicanos españoles que según el Lancero de la Mancha, liberaron a Francia del nazismo? ¿No fueron tratados miserablemente por Francia, en campos de refugiados?
R: Francia trató muy mal a los refugiados, cierto. Por otra parte casi tres cuartas partes de ellos volvieron a España ya en 1939. Muchos de los que quedaron se enrolaron en el ejército francés y luego combatieron, muy bien por cierto, en la liberación de Francia. Pero su papel fue realmente muy secundario, como no podía ser de otro modo. Quienes liberaron Francia fueron los "useños". En la resistencia hubo también muchos españoles.

Muchas gracias a todos por su presencia y sus preguntas, y hasta otra.
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