AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 17 Octubre 2004
La farsa de Montjuic
EDITORIAL Libertad Digital 17 Octubre 2004

La mitad, no
Alfonso Ussía La Razón 17 Octubre 2004

Los mismos errores
José María Carrascal La Razón 17 Octubre 2004

EL TÚNEL DEL TIEMPO
Jaime CAMPMANY ABC 17 Octubre 2004

MÁS SE PIERDE EN CUBA
Ignacio CAMACHO ABC 17 Octubre 2004

Los verdugos impiden que Moragas consuele a sus víctimas
Víctor Llano Libertad Digital 17 Octubre 2004

Andaluz
JOSÉ MARÍA ROMERA El Correo 17 Octubre 2004

Español sin dudas
Opinión El País 17 Octubre 2004

Elegir lengua
Cartas al Director ABC 17 Octubre 2004

«Los más duros, violentos y refractarios al diálogo han tomado el poder en ETA»
FERNANDO ITURRIBARRÍA CORRESPONSAL. PARÍS El Correo 17 Octubre 2004

Torrent dice que «no le preocupan las críticas» por cambiar el catalán por el castellano
V. F. La Razón 17 Octubre 2004

Proetarras asaltan el Ayuntamiento de Andoain donde se audita la gestión anterior de Batasuna
EFE Libertad Digital  17 Octubre 2004

Un día en la vida de los «erasmus»
Rubén Ventureira | a coruña La Voz  17 Octubre 2004


 

La farsa de Montjuic
EDITORIAL Libertad Digital 17 Octubre 2004

Cuando se juntan la ignorancia, la ruindad y el oportunismo político, pasa lo que pasó ayer en Barcelona. El presidente de la Generalidad, Pasqual Maragall, y sus socios de gobierno en la autonomía, celebraron, con motivo del 64 aniversario del fusilamiento de Lluis Companys, una farsa inexplicable, sectaria y que destilaba rencor por todos los costados. No faltó de nada, ni siquiera una solitaria bandera tricolor ondeando al viento que, dada la presencia en el acto de la vicepresidenta Fernández de la Vega, hace plantearse seriamente hasta que punto el nuevo Gobierno, el del 14-M, está comprometido con la Constitución y el régimen democrático -que a todos da cobijo- desde hace un cuarto de siglo.

Lluis Companys es uno de los personajes históricos del siglo XX español que más tinta ha hecho correr. Y no precisamente para bien. Fue presidente de la Generalidad en los años treinta y protagonizó algunos de los episodios más bochornosos de la Segunda República y la Guerra Civil. En octubre de 1934, hace pocos días se ha cumplido el septuagésimo aniversario, organizó desde el Gobierno autónomo catalán un golpe de estado con el que pretendía contribuir a derribar al gabinete de centro derecha que el año anterior había ganado las elecciones por amplia mayoría.

La operación de Companys, coordinada con la que los socialistas del PSOE tramaban en el resto de España, consistió en hacerse por la fuerza con Barcelona, proclamar el Estat Catalá y poner a la Nación en jaque y al servicio de su propia ambición de político mediocre. Para la maniobra golpista, al margen de la Ley y vulnerando la Constitución del 31, no escatimó en medios. Armó una milicia compuesta por jóvenes militantes de la Esquerra, los célebres escamots, y convocó una huelga general en toda Cataluña. La intentona, sin embargo, le salió mal. Los catalanes mantuvieron su lealtad a la República y tanto el golpe como su inspirador quedaron sumidos en el descrédito más absoluto.

Dos años después, ya en plena contienda fratricida que enfrentó a catalanes con catalanes, Companys volvió a tentar a la fortuna –desde la misma magistratura- entregando el poder a los comunistas teledirigidos por Stalin desde Moscú. Este segundo saqueo, del Estado y de la propia Cataluña, le llevó directamente al exilio. En Francia fue apresado por los alemanes y entregado a la España franquista donde, en 1940, fue condenado a muerte. Estos son los credenciales del presunto héroe de la democracia que la plana mayor del Gobierno catalán y la vicepresidenta del Ejecutivo nacional homenajearon ayer. Un individuo siniestro, exaltado y que no dudó en traicionar por dos veces la causa de la República, se ha convertido en modelo a seguir y paradigma del buen catalán amante de la libertad. Bárbara ironía.

Todos los mitos y patrañas del paleoprogresismo nacionalista se dieron cita ayer en la parodia barcelonesa. Fernández de la Vega incluso llegó a asegurar que para el Gobierno es prioritario revisar todos los juicios del franquismo para proceder a su anulación. Flaco consuelo para los que murieron en aquella España destrozada y macabro modo de desenterrar una época de nuestra Historia, acaso la peor, sobre cuyas cenizas se levanta la España libre y próspera de la que disfrutamos hoy en día. Porque, si se trata de reabrir viejas polémicas y exigir reparaciones ha de hacerse de las dos partes que desangraron la Nación en aquellos tres años de infamia, asesinato y vergüenza. Tan víctimas fueron, por ejemplo, las que yacen en las fosas comunes de Paracuellos del Jarama como las que hay enterradas en la colina de Montjuic. Tan verdugos fueron los soldados franquistas que apretaron el gatillo en el fusilamiento de Companys, como las milicias del Frente Popular que conducían al alba una saca de presos camino del paredón. El mejor homenaje que podemos hacer a nuestra Historia es no volver a repetirla. Jamás.

Lección tan elemental, al alcance de cualquier escolar de primaria, no parece que cale en la mente revanchista de algunos de nuestros más conspicuos políticos. Desde Esquerra Republicana se ha pedido que España pida perdón a Cataluña por la ejecución de Companys. Los comunistas de IU han hablado de un “intento de genocidio de la cultura y las instituciones catalanas” por el que, naturalmente, el Estado debe disculparse. Ni la Guerra Civil fue un conflicto entre España y Cataluña, ni se tiene noticia de genocidio alguno con una cultura y unas instituciones que son tan españolas como la lengua castellana o el Tribunal Constitucional. Si esta es la Segunda Transición que desde Moncloa venden a bombo y platillo no merece la pena ni tenerla en cuenta. Entre los pilares sobre los que se edificó la España democrática del 78 no se encuentra la venganza, ni el desquite, ni el rencor.

La mitad, no
Alfonso Ussía La Razón 17 Octubre 2004

No estoy de acuerdo con Fernando Savater cuando afirma que los vascos forman «una sociedad de cobardes que no se enfrenta al terrorismo». De esa sociedad de cobardes, al menos la mitad padece el acoso de nacionalistas y terroristas y ha resistido más de treinta años la depuración, el desafecto e incluso el asesinato y la tortura. Las urnas no mienten. La cobardía se reúne en otros sectores de la sociedad, los más favorecidos por sus simpatías políticas o conveniencias económicas. El Partido Nacionalista Vasco, con la ayuda de Eusko Alkartasuna, de Izquierda Unida, de la ETA y su entorno, de grupos presumiblemente pacifistas y de una buena parte de la Igleisa, ha creado un sistema que supera con creces el límite de una autonomía. «El que está con nosotros se desarrolla y vive con libertades plenas, y el que no está con nosotros merece nuestro desprecio y atosigamiento». Es así aunque duela escribirlo.

En Cataluña también se ha implantado un sistema, y la ciudadanía ha entrado por el aro de sus exigencias con mucha más mansedumbre que en las Vascongadas. En Cataluña el socialismo es también nacionalista, en tanto que en la sufrida Vasconia –con la excepción de algunos dirigentes–, los socialistas han dado la cara y la sangre ante el acoso nacionalista.

En Cataluña, el Partido Popular –desde que fue ofrecida a Pujol en bandeja de plata la cabeza de Aleix Vidal-Quadras– no puede ofrecer la resistencia que en el País Vasco mantiene con un tesón y una heroicidad ejemplares.

En Cataluña resultaría imposible un pacto entre socialistas y populares, entre otras razones, porque los socialistas se sienten más cómodos con los independentistas que con los «españolistas» del Partido Popular. En las Vascongadas, socialistas y populares se han unido y abrazado por la tragedia y el dolor en innumerables ocasiones.

En Cataluña la sociedad civil mide, calcula y vota de acuerdo con sus tranquilidades. En las Vascongadas, la mitad al menos de los votantes lo hace para romper los muros del sistema y alcanzar, al fin, la normalidad de una sociedad democrática y plural.

Es cierto que los socialistas tienen mucha culpa de que el nacionalismo gobierne desde un poder omnímodo, fascista y étnico. No los votantes, sino los dirigentes, que entregaron a los nacionalistas el poder cuando las urnas se lo habían encomendado a ellos. Pero esa resistencia sigue, y aunque a Pachi López se le hinchen las cojonías, el socialista de la calle y el popular de la calle coinciden en lo fundamental. España, el País Vasco, la libertad, la democracia, la derrota del terrorismo y el funcionamiento normal de una sociedad civilizada.

Si los vascos, al menos la mitad de los vascos, no hubieran ofrecido tanta resistencia al poder nacionalista, la realidad de hoy sería estremecedora. Hay mucho cobarde en el País Vasco, pero también muchísimos valientes, auténticos héroes. Mientras resistan una María San Gil, una Gotzone Mora, un Carlos Iturgaiz y una Maite Pagazaurtundua –cuatro ejemplos indiscutibles de valor cívico–, la sociedad vasca no puede ser acusada de cobardía.

Los mismos errores
José María Carrascal La Razón 17 Octubre 2004

Si el gobierno Zapatero cree satisfacer a los independentistas con concesiones específicas, está pero que muy equivocado. Les abrirá el apetito. Los independentistas sólo se darán por satisfechos con la independencia, cosa además lógica. Acabamos de verlo a propósito de Lluís Companys. No les basta con que se anule su juicio. Quieren que el Gobierno español «pida perdón al pueblo catalán». La demanda es tan escandalosa que sólo la acomplejada cobardía que nos han metido en el alma impide que explotemos indignados. ¿Qué tiene que ver este Gobierno con el que condenó a Companys? ¿Es que en España no ha habido una transición democrática? ¿Es que Cataluña no ha recuperado un Estatuto que supera con mucho el de la República? ¿Por qué se pide al gobierno Zapatero y no se hizo al de Suárez, al de Felipe González, al de Aznar, por considerársele más débil o más próximo a sus tesis? Y además, ¿por quién iba a pedir perdón el actual Gobierno, por Companys o por los catalanes fusilados en Monjuïc mientras él presidía la Generalitat?

Eso sin entrar en detalles de este caso particular. No fue sólo Madariaga quien consideró el alzamiento del 34 el primer acto de la guerra civil. He conocido a muchos exilados que compartían apesadumbrados tal opinión. Companys traicionó no sólo a la República, sino también al Estado, al proclamar otro catalán. O sea que junto a su rehabilitación, habría que dejar claras sus responsabilidades históricas. Pero en España, hoy, la responsabilidad es una impertinencia, y la Historia, un tebeo. Así nos va. Nos hemos metido en una dinámica, no de enmendar errores, sino de volver a cometerlos. No de justicia, sino de revancha. Todavía peor que olvidar el pasado es intentar rehacerlo. El pasado no puede rehacerse. Está hecho. Sólo puede asumirse y, a ser posible, aprender de él. Pero no es eso en lo que estamos. Estamos en abrir tumbas, en rescatar procesos, en reabrir heridas. En vez de en arreglar los problemas de hoy y de mañana, que es lo que la mayoría de la gente quiere. Pero no, no nos dejan. Durante un tiempo he pensado que se debía a la precariedad gubernamental. A que Zapatero depende de Maragall, y Maragall, de Carod-Rovira. De lo que resulta que quien manda en España es éste. Con ser malo, no es lo peor. Lo peor es que durante su estancia en la oposición, los socialistas se dieron cuenta de que sólo podían con el PP uniéndose a los nacionalistas incluso de corte independentista y presentando al PP como el continuador del franquismo. Apoyados por los terroristas, les salió bien. Y ya en el Gobierno, no han resistido la tentación de continuar en la misma línea. Sin darse cuenta de que la alianza con los independentistas conduce a su independencia, mientras descalificando al PP, descalifican el entero sistema democrático. Exactamente los mismos errores del PSOE durante la II República.

EL TÚNEL DEL TIEMPO
Por Jaime CAMPMANY ABC 17 Octubre 2004

ESTOS rojelios nuestros, rojelios de nuestros pecados, se han dejado deslizar por el túnel del tiempo, y ya han pasado los 40, salvaron el 36 y el 34 y han llegado al 31. Están a punto de arrancar del almanaque la hoja del 14 de abril, de echar de España a Alfonso XIII por el puerto de Cartagena y de hacer a don Niceto Alcalá Zamora («fue tonto en Priego, en Alcalá y Zamora», Rafael Alberti dixit) presidente de la Segunda República.

Hacen un mal negocio nuestros rojelios con esta manía que les ha asaltado desde un poco antes del tripartito de querer volver la Historia del revés como un calcetín y que lo que sucedió no haya pasado. «Que lo que sucedió no haya pasado, cosa que al mismo Dios es imposible», escribió en dos endecasílabos memorables Manuel Machado. Vamos, que no quieren que Franco ganara la guerra, a buenas horas, mangas verdes, y quieren que el Estado pida perdón por el fusilamiento de Companys y restaurarle el honor y la dignidad, toma nísperos, y hacer una nueva historia de buenos y malos, pero a su gusto. Algunos de estos rojelios están dedicados a abrir las tumbas, sacar los cadáveres para que empecemos a pelearnos a muertazos.

Porque si se sacan los muertos de un lado, empezarán a levantarse los muertos del otro. Y si hay que pedir perdón por el fusilamiento de Companys, a ver quién lo pide por el fusilamiento de Primo de Rivera, y por el asesinato de Calvo-Sotelo o de Víctor Pradera. Y por el fusilamiento burlado de Rafael Sánchez Mazas. Y si hurgamos en la tierra de Víznar para encontrar los huesos de Federico García Lorca, a ver dónde están los de Ramiro de Maeztu o los de Muñoz Seca. El día que hurguemos en los terrones de Paracuellos, tan tranquilo como vive ahora Santiago Carrillo, va a parecer aquello un ensayo de la resurrección de la carne. Cuando alcen a Companys para honrarlo, se levantarán detrás de él los mil doscientos fusilados que también reposan en el castillo de Montjuich, y se irán con María Teresa Fernández de la Vega como una macabra Santa Compaña.

Y si van a revisar y anular las sentencias de los juicios sumarísimos del fin de la guerra, ¿qué hacemos con todas las condenas a muerte de los llamados «tribunales populares»? ¿Las ponemos como impecables ejemplos de la aquilatada y modélica justicia del pueblo en armas? ¿No comprenden los rojelios, sobre todo los catalanes separatistas y republicanos, que en todo lo que suponga caer por el túnel del tiempo salen perdiendo en el cambio? ¿Van a resucitar el «modelo Companys», que fue condenado por la propia República, contra la cual se alzó? ¿Es que de todas las muertes injustas, crueles, caprichosas o vengativas de aquellos años terribles (paseos, incendios, persecuciones, martirios, revolución de Asturias, guerra y posguerra) vamos a elegir la figura poco ejemplar de Companys para rendirle homenaje y ofrecerle reivindicación?
Mal negocio han hecho los socialistas catalanes. Han ganado la presidencia de la Generalitat a costa de llevar a cuestas a los tullidos políticos de ERC y a un recuelo de comunistas. Y vaya un negocio que ha hecho el PSOE pagando el mismo precio por el Gobierno de España. Ahí los tenemos a todos, honrando a Companys.

MÁS SE PIERDE EN CUBA
Por Ignacio CAMACHO ABC 17 Octubre 2004

Toda la degradación política y toda la miseria económica y moral acumuladas por el régimen de Fidel Castro a lo largo de las dos últimas décadas no han logrado impedir que una significativa parte de la izquierda europea y española siga considerando la feroz dictadura cubana como un mito ideológico y sentimental propio del tiempo en que todos, incluso la revolución, éramos más jóvenes. El célebre póster del Che Guevara según el retrato que le hizo Alberto Korda continúa presidiendo la alcoba de la conciencia de muchos de los antiguos progresistas de la transición, como una coartada interior para justificar la evolución personal hacia el templado confort de la socialdemocracia y el pragmatismo. Ninguno de los rancios postulados castristas puede ya defenderse en las modernas democracias occidentales, pero ciertos tardoizquierdistas consuelan aún su mala conciencia mediante una vaga corriente afectiva hacia el caduco numantinismo cubano, cuyos efectos sobre la población civil ignoran adrede desde la lejanía para que no perturben su cómoda tibieza individual.

El castrismo permanece así, tras la caída del llamado «socialismo real», como aquellos combatientes japoneses del Pacífico o como los últimos españoles del fuerte de Baler, que se negaban a admitir que la guerra en que luchaban había terminado con su derrota. Pero mientras la izquierda española ha asumido el signo de los tiempos con la irónica sentencia de cierto dirigente del PSOE en un congreso de los años ochenta -«compañeros, la lucha de clases ha terminado... y hemos perdido»-, adaptándose sin complejos a la tercera vía y otras fórmulas de actualización ideológica, continúa sin embargo estableciendo lazos de simpatía con un régimen trasnochado e impresentable que se niega tercamente a modificar su rumbo hacia ninguna parte.

En buena medida, la simpatía hacia la Cuba de Castro se alimenta de un primario antiamericanismo que, paradójicamente, ancla sus raíces en la sacudida que el desastre cubano de 1898 produjo en la conciencia colectiva nacional. El mito robinsoniano de la resistencia antiimperialista goza todavía de una vigencia insólita que nubla la evidencia de la crueldad y los atropellos a los Derechos Humanos en que se sostiene la dictadura caribeña, y justifica en el bloqueo estadounidense las privaciones a que el castrismo somete a los más que sufridos habitantes de la isla.

Es en el marco de ese visceralismo antiestadounidense, tan ideológicamente decorativo como políticamente rentable, donde el Gobierno del presidente Zapatero ha colgado su inoportuna inflexión diplomática para con el sistema cubano. Inoportuna porque ha servido para proporcionar oxígeno al asfixiado régimen bananero de Fidel, dejando a los pies de los caballos a los disidentes encarcelados y amenazados, que deberían constituir la principal prioridad de cualquier progresista europeo.

En su afán por distanciarse de las políticas de José María Aznar, Zapatero ha postergado incluso su confesada antipatía personal por el dictador cubano para hacerle a su satrapía un guiño de complicidad en el intento de liderar una mayor flexibilidad de la dura actitud de la Unión Europea. El Gobierno ha pecado de ingenuidad, en el mejor de los casos, al confiar en que sus gestos produzcan contrapartidas de generosidad o ablandamiento en la rocosa represión castrista, tantas veces inmune a toda súplica, y cuyos arúspices encuentran siempre el modo de justificar retóricamente sus continuas y feroces vueltas de tuerca.

El incidente provocado por la expulsión de la isla del diputado del PP Jorge Moragas y dos colegas holandeses constituye una muestra más de ese férreo hermetismo. Sin duda que el viaje de los parlamentarios contenía una manifiesta dosis de provocación para poner en evidencia la falta de ductilidad del castrismo, pero ésa fue una táctica que la izquierda europea utilizó -e hizo bien- en los años setenta para sacudir a la opinión pública frente a las dictaduras de Pinochet o Videla, e incluso la del propio Franco. Nadie puede, pues, llamarse a engaño: hasta el mismo Gobierno socialista español ha comprendido lo inaceptable del rechazo a una delegación democrática dispuesta a interesarse por la situación de los disidentes encarcelados en las mazmorras de Fidel.

Lo que la maniobra de Moragas -respaldada desde la FAES que pilota el ex presidente Aznar- ha dejado claro es la contradicción inherente a la política de gestos comprensivos emprendida por Zapatero y manifestada por el embajador con ocasión de la Fiesta del 12 de Octubre. No hay entendimiento posible con el dinosaurio del Caribe, y cualquier inflexión, por bienintencionada que sea, de los planteamientos democráticos conduce de forma inexorable al reforzamiento de la dictadura. La invitación gubernamental a una cierta magnanimidad humanitaria con los opositores a cambio del intento de reconducir la firmeza sancionadora de la UE ha hecho crisis a las primeras de cambio en una inequívoca expresión de irreductible fiereza antidemócrata.

No hay caminos intermedios, ni ámbitos de entendimiento, y sólo una ceguera política que desborda incluso la del recalcitrante Saramago -cuya decencia moral le hizo estallar de rebeldía meses atrás ante uno de los más crudos episodios represivos de Castro- puede conducir a encontrar paliativos desde la izquierda a la lamentable permanencia de un régimen que deshonra, no ya a la propia causa de la justicia y la libertad, sino a la misma condición del progreso democrático.      director@abc.es

Los verdugos impiden que Moragas consuele a sus víctimas
Víctor Llano Libertad Digital 17 Octubre 2004

En España jamás se ha impedido que un verdugo castrista se pasee tranquilamente por nuestras ciudades. A los que tratan de huir de ellos, o se les devuelve junto a sus carceleros o se les condena a la marginación. A éstos son a los que José Luis Rodríguez y Moratinos quieren ayudar, a los carceleros de 11.000.000 de cubanos —gran parte de ellos descendientes de españoles— a los que humillan e impiden la entrada en su cortijo a un diputado español, a los que sirviéndose del más miserable de los chantajes tratan de dividir a sus víctimas y negociar con su sufrimiento una ayuda económica que inmediatamente utilizarían para incrementar la represión.

Con éstos son con los que quiere hablar el Gobierno español. No con sus rehenes. A los activistas de los derechos humanos ya les advirtió el embajador del amigo de Arafat que sobraban en la Embajada de Madrid en La Habana. Que mejor que no volvieran si con su presencia impedían la de sus verdugos. Para ellos trabajan. Cuesta creerlo, pero por increíble que parezca es lo que pueden esperar los cubanos descendientes de españoles del Gobierno que salió del 11-M. Quien más tendría que ayudarlos es quien más desprecia su sufrimiento. Quien más los humilla. Quien más interés muestra en amigar con sus verdugos.

A ver qué nos cuenta ahora la embajadora de Castro en Madrid. Porque cabe esperar que alguien le pida explicaciones después de que el Gobierno que ella representa no permitiera la entrada en la Isla de las doscientas cárceles y de los cien mil presos a un diputado de un partido al que votan casi 10.000.000 de españoles.

En España jamás se ha impedido que un verdugo castrista se pasee tranquilamente por nuestras ciudades. A los que tratan de huir de ellos, o se les devuelve junto a sus carceleros o se les condena a la marginación. No hace mucho el alcalde de Oviedo nombró al siniestro Gallego Fernández hijo adoptivo de la capital del Principado de Asturias. A Gabino de Lorenzo parece no molestarle que su “ahijado” —veterano vicepresidente del Gobierno de la tiranía— haya destrozado la vida de cientos de miles de asturianos. Hoy se le tendría que caer la cara de la vergüenza.

La que puede sentirse satisfecha es Leire Pajín, secretaria de Estado de Cooperación Internacional, que presume de escribirle algunos discursos a Zapatero y que admira y respeta muchísimo a la embajadora de la mafia castrista en Madrid. También ella tendría que explicar por qué se mantienen relaciones con un régimen que protege a una veintena de etarras y que humilló a un diputado español que viajó a La Habana con la única intención de ofrecer un poco de consuelo a sus víctimas.

Andaluz
JOSÉ MARÍA ROMERA El Correo 17 Octubre 2004

Coincidiendo con que los académicos de acá y de allá daban el visto bueno al Diccionario panhispánico de dudas del español, los autodenominados escritores en andaluz se reunían también en Mijas para reivindicar la existencia de una lengua andaluza con identidad propia y derecho a escritura. Las dos caras de la moneda lingüística: mientras unos ponen su empeño en alcanzar la unidad, otros luchan por la dispersión emancipadora. Mientras por un lado se pretende un español o castellano robusto que no sucumba ante las acometidas del inglés, por otro se aspira a otorgar carta de naturaleza a los particularismos idiomáticos intentando erigirlos en pauta normativa para la escuela, el libro y las leyes.

Si no tienes una lengua propia como Dios manda no eres nadie. Sobre las hablas, acentos y dejes varios andaluces, desde el de Úbeda hasta el de Barbate, han recaído inmisericordes estigmas culturales. Durante largo tiempo se ha considerado poco menos que cateto a todo aquel que, por herencia y costumbre, convirtiera las zetas en eses o aspirara estas últimas hasta hacerlas irreconocibles a los oídos no meridionales. Se comprende el enojo de los andaluces cuando, desde tiempos del sainete, han visto y siguen viendo a sus hermanos de habla condenados al papel literario de la chacha o del barrendero.

Quiero decir que admito y apruebo el empeño de dignificar a las personas y a las variedades geográficas de la lengua que les han venido dadas. Pero los escritores en andaluz -'loh ehkritoreh en andalú'- no se conforman con eso. No les basta oír a los presentadores de la televisión autonómica llevando a la exasperación el tan saleroso como vertiginoso español de las marismas gaditanas, o a algún que otro político de la tierra tratando de dejar bien claras sus raíces fonéticas aun a riesgo de no ser entendido por el resto de diputados en la carrera de San Jerónimo. 'Lo'ëhqritorê en'andalú' -que también así se presentan, pues al menos son cuatro las ortografías que propugnan- exigen que su lengua sea considerada lengua oficial con todas las consecuencias, la no menor de las cuales se llama subvención. Subvención para que Huan Porrah y Gorka Reondo, los más batalladores del grupo, puedan proseguir sus investigaciones sobre «Lo q'entendemô por andalú» y las adaptaciones ortográficas de «Er cante derl turronero».

Y subvención también para sufragar la cena de apertura del Congreso que tuvo lugar en el paraninfo del bar La Bóveda de Mijas / Miha / Mixa. Ni que decir tienen que la 'Hunta d'ekkritorë' (otra variante autorizada) no se ha propuesto emprender la tarea de un Diccionario de dudas similar al de las academias del 'kätteyano', ese idioma opresor. Reivindicaciones, sí; pero líos, los justos.

Español sin dudas
Opinión El País 17 Octubre 2004

La conclusión del Diccionario panhispánico de dudas, elaborado en colaboración por las 22 academias del español con el afán de preservar la unidad del idioma, resolver las dudas de su uso, aconsejar los caminos correctos y evitar las incorrecciones, puede considerarse sin el menor reparo como un verdadero hito en el avance de la lengua. El nuevo Diccionario será presentado en el III Congreso Internacional de la Lengua Española, en Rosario, Argentina, el mes próximo. Con ello se pone de manifiesto la decidida voluntad de aplicar un nuevo talante en favor de la unidad del que ya es segundo idioma de comunicación internacional, con 400 millones de personas que lo tienen como lengua materna o lo hablan en su vida diaria, mantenerlo vivo e incorporar las novedades de manera global, desde la general convicción de mantener y respetar la diversidad lingüística.

Cinco años de intenso trabajo han desembocado en una nueva y muy valiosa herramienta que, con sus 7.000 entradas, pretende resolver las dudas más frecuentes que plantea el uso, desde las de pronunciación, puntuación y acentuación a las morfológicas, sintácticas y las impropiedades léxicas, sin renunciar a la orientación sobre el uso de neologismos y extranjerismos. Al trabajo bien hecho hay que añadir el reconocimiento unánime de que la lengua es una gran suma de sistemas, que la unidad se refuerza en la diversidad y que no es propiedad de nadie, porque lo es de todos los que quieran utilizarla. No sirve ya la metáfora del tronco común con ramas, propia de un concepto trasnochado. Tampoco la idea de la contraposición, en la que se presenta al español como una lengua que hace retroceder a otras lenguas minoritarias de América y de España. Al contrario, el español debe potenciar la riqueza del conjunto, tanto de España como de la aplastante mayoría que consituyen los hispanohablantes en América, el continente donde más avanza la lengua común y donde más valor tiene el consenso entre las academias y el respeto a las diferencias de uso y al pluralismo.

Si los especialistas han concluido con rigor el Diccionario panhispánico de dudas, si el español se expande y afianza como idioma de referencia mundial, cabe exigir también a los Gobiernos directamente implicados que demuestren su voluntad cooperadora, y que lo hagan con el cuidado público y la dotación presupuestaria suficientes en los múltiples frentes que el empeño reclama.

Elegir lengua
Cartas al Director ABC 17 Octubre 2004

En Comunidades donde se hablan varias lenguas es un derecho reconocido a nivel internacional que los padres puedan elegir la lengua de enseñanza de los hijos. Hasta ahora Cataluña era una excepción, ya que la Generalitat nos impedía ejercer a los padres catalanes este derecho. Afortunadamente esto cambiará el próximo curso escolar, ya que el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña ha instado a la Generalitat (ABC, 7/10/2004) a preguntar por la lengua habitual de los alumnos y garantizar que los padres podamos elegir libremente la lengua de enseñanza de los hijos, o el español o el catalán, sin ningún tipo de imposición. Queda claro que a la política lingüística que está aplicando la Generalitat le sobran multas y le falta respeto a la libertad de las personas en un ámbito tan privado como es el de la lengua.     Juan Moreno.  Barcelona.

JOËL BOUCHITÉ, 'NÚMERO DOS' DE LOS SERVICIOS DE INFORMACIÓN FRANCESES
«Los más duros, violentos y refractarios al diálogo han tomado el poder en ETA»
El jefe del cuerpo que decapitó a la banda dice que la paz «es obra de los políticos» y que ellos deben transformar el éxito policial «en movimiento popular»
FERNANDO ITURRIBARRÍA/CORRESPONSAL. PARÍS El Correo 17 Octubre 2004

Con rango de controlador general de la policía nacional, Joël Bouchité es el 'número dos' de los Renseignements Généraux (RG, servicios de información franceses). Después de haber estado destinado siete años en Córcega y seis en Toulouse, es desde marzo el director central adjunto del cuerpo que preparó, en colaboración con la Guardia Civil, la decapitación de ETA, fruto de «cuatro años de trabajo intenso, maduro y metódico». En esta entrevista, aborda las cuestiones suscitadas por la redada y lanza un mensaje de vigilancia y perseverancia en la investigación, «conforme a las instrucciones del ministro de Interior», Dominique de Villepin.

-¿Por qué se denominó 'Santuario' la operación?
-Como se dice que Francia es un santuario de ETA, se quiso mostrar que no es un santuario totalmente tranquilo.

-¿De quién fue la decisión de intervenir?
-De las autoridades francesas: del ministro de Interior y de las jueces encargadas del caso. Nuestros amigos y camaradas de la Guardia Civil han participado activamente en nuestras investigaciones desde hace años, pero el desencadenamiento de la operación es una decisión francesa. No se hizo por casualidad ni improvisación, sino en el buen momento: ni muy pronto ni muy tarde.

-¿Con qué criterios?
-Puramente policiales y técnicos. Hubiese sido un error magistral no intervenir en ese momento. Se intentaron intervenciones en el curso del verano y a finales de la primavera, pero no era el buen momento. El buen momento era octubre.

-¿Hubo la intención de eliminar al interlocutor del anterior Gobierno español?
-No hay que razonar así. Uno no se puede permitir jugar con el tiempo cuando se lucha contra el terrorismo. Los golpes repetidos y cada vez más precisos entre 2000 y 2004 nos condujeron natural y mecánicamente a llevar a bien esta operación. No hay una programación en función de nuestra buena voluntad.

-¿Cómo es posible que los jefes más buscados de ETA vivieran años como gente normal en una aldea con su hijo en la escuela?
-Lo propio de la lucha antiterrorista es llegar a destruir o reducir una organización. No sirve de nada detener a uno o dos individuos o encontrar uno o dos escondites. Nuestro objetivo es romper en bloque la estructura. Sabíamos que ciertas personas estaban instaladas allí. Pero no servía de nada interesarse en la pareja si no teníamos el material. Hay que intentar tener el traje más completo de la organización.

«Pillado en la red»
-¿Sabían que 'Antza' y 'Anboto' vivían allí?
-No fuimos allí por azar. Pero, como se trata de militantes muy curtidos en la clandestinidad, podían haber desaparecido. Sabíamos que, si estaban allí, serían ellos.

-¿Desde hace cuánto tiempo lo sabían?
-Hace cuatro años perdimos a 'Antza' por poco. Hace un par de años lo sentimos muy cerca de nosotros. Después ya no lo soltamos. Y en el último período estaba pillado en la red. Pero él solo no sirve de nada. No hay que detener un extremo de la cadena, porque la cadena se reconstituye. Hay que intentar coger en bloque la cadena.

-¿Dónde le perdieron el rastro?
-Hace cuatro años, prácticamente en el mismo sector. Los terrenos de repliegue en Francia no son muy numerosos. Cuanto más lejos del País Vasco, mayor es la dificultad para esconderse. Cuanto más sumergido está el clandestino vasco en un territorio cercano a España, se vuelve casi invisible en el paisaje. Al cabo del tiempo, volvimos a encontrar huellas de él. No puedo decir más para no comprometer las investigaciones futuras.

-¿ETA es un bloque monolítico?
-Esta estructura clandestina está montada, primero, por el terror entre sus miembros. Los más duros, violentos, aguerridos, determinados y refractarios al diálogo han tomado el poder. No negocian nada, instalan un clima de violencia. Si la acción de ETA pudo ser legítima en el franquismo, es mucho más difícil justificarla hoy en un Estado democrático. Los golpes asestados llevan a ciertos militantes, en absoluto formados políticamente, a tomar el relevo de manera precipitada. Esos soldados perdidos pueden realizar mañana acciones incontroladas y de daño extremo con pocos medios. Cuando el relevo no es rápido, los movimientos callejeros pueden derrapar a violencias extremas y radicales.

La lucha continúa
-Con la caída de 'Antza', ¿se ha puesto fuera de circulación a un moderado?
-Tiene el perfil particular de ser un hombre que nunca ha pertenecido a la estructura militar. Se diría que es el producto político de la clandestinidad. Dicho esto, aunque participó en negociaciones, es el jefe de un aparato lanzado a derivas extremas de violencia. Supongo que él también ha hecho un análisis político del 11-M y se ha planteado la eficacia de la violencia. No puedo decir que sea un moderado. Es el jefe de una estructura violenta con una capacidad de análisis político que no llevó a su término puesto que permaneció en la clandestinidad.

-¿Qué lecciones saca de la caída de la cúpula en 1992 para no repetir errores?
-Las conclusiones políticas son un asunto español. En el terreno policial, la obligación de permanecer atentos y vigilantes. ETA mostró su capacidad de reestructuración. Por eso seguimos la investigación. No nos hemos parado después de haber brindado con champán. Vamos a tratar de detectar e identificar los movimientos callejeros que podrían transformarse en movimientos violentos. ETA ha recibido un golpe, pero la lucha contra el crimen organizado continúa.

-¿La vía policial es la única para acabar con ETA?
-La acción policial es un medio de solucionar un problema. Puede arreglar el problema de la violencia. Pero los problemas que sirven de pretexto a ETA son a resolver por las vías democráticas.

-Insisto, ¿es el único medio?
-En tanto que estructura armada, mientras la policía logre buenos éxitos, es un medio fuerte. Es como la diplomacia y la guerra. Hay que preparar la guerra para lograr la paz. Nosotros estamos encargados de llevar a bien la guerra por la defensa de la democracia. Garantizar la paz es la obra de los políticos. Ellos tienen que recuperar este éxito policial para transformarlo en movimiento popular. Hay que trabajar sobre los dos aspectos.

Torrent dice que «no le preocupan las críticas» por cambiar el catalán por el castellano
V. F. La Razón 17 Octubre 2004

Barcelona- Ferran Torrent se estrena en lengua castellana por la puerta grande, consiguiendo ser finalista del Premio Planeta con «La vida en el abismo». El autor valenciano aseguró que «no ha sido ningún problema escribir la novela en un idioma que no es el catalán, porque se trata de una lengua que utilizo con frecuencia. De todas formas esta obra tendrá una versión catalana». En este sentido, Torrent dijo que «no me preocupan los comentarios y es una cosa en la que no voy a pensar en ningún momento. Quiero ser yo mismo el que a partir de ahora se traduzca al castellano sus textos como hacen Atxaga, Suso del Toro o Manuel Rivas».

El autor admitió que con esta obra quería descansar de su trilogía sobre la Valencia de hoy, de la que por el momento han aparecido las dos primeras entregas. «Era algo que ya había planificado porque estamos hablando de unos libros que me exigen un esfuerzo muy grande. Por eso quería adentrarme en otra época y cuando acabe la promoción poder retomar la serie». «La vida en el abismo» es para Torrent una obra «en la que yo soy uno de los personajes que aparece en primera persona. No es como “Gràcies per la propina” porque es muy diferente y no pretende ser ambiental, aunque la ciudad de Valencia aparece y se nota su presencia». El autor quiso puntualizar que «el tema de la novela no es la ludopatía, sino el de un jugador como ejemplo de persona que va hasta el límite, rebelándose contra las convenciones de una época como es la de los setenta». Se trata de una etapa que nunca ha aparecido anteriormente en la producción literaria de Torrent, a excepción y escuetamente en «Gràcies per la propina». Pese a que es la deuda por una partida de cartas –hecho que le sucedió al autor en la realidad– la que desencadena buena parte de la trama de la obra, Torrent explicó que «no quiero que se entienda como una novela sobre ludópatas, porque no es lo mismo ser un jugador que ser un adicto».

PESE AL AVISO, LA POLICÍA VASCA NO INTERVINO PARA DESALOJARLES
Proetarras asaltan el Ayuntamiento de Andoain donde se audita la gestión anterior de Batasuna
Un grupo de unos 200 simpatizantes de Batasuna asaltó por la fuerza el Ayuntamiento guipuzcoano de Andoain, un consistorio en el que el Tribunal de Cuentas está auditando la gestión del anterior equipo de gobierno, formado por batasunos. Durante más de una hora, los proetarras permanecieron encerrados en el salón de plenos, el mismo lugar en el que está toda la documentación y los ordenadores de la auditoría.
EFE Libertad Digital  17 Octubre 2004

Aunque los proetarras se encargaron rápidamente de propagar que con este asalto pretendían protestar contra la ilegalización de las plataformas electorales de la izquierda abertzale, al concejal socialista Estanis Amutxastegi no ha pasado por alto que el encierro durante más de una hora ha tenido lugar en el mismo salón de plenos del Consistorio en el que el Tribunal de Cuentas vasco tiene la documentación y los ordenadores con los que está auditando la gestión del anterior equipo de gobierno que formaron concejales batasunos.

Los incidentes, que se prolongaron durante una hora, comenzaron en torno a las 11.00 horas de este sábado, cuando un grupo de unas 200 personas se dirigió al Ayuntamiento de Andoain, que estaba cerrado y custodiado por dos agentes de la Guardia Municipal, con la intención de celebrar una concentración de protesta en el salón de plenos. La Policía Municipal recibió una llamada de un ciudadano que quería poner una denuncia y cuando un agente se dirigió a atenderlo se encontró con que en el exterior del Ayuntamiento se encontraban los cerca de 200 proetarras, entre los que había ex cargos públicos de Batasuna.

Un portavoz del grupo comunicó al agente sus intenciones y cuando éste le pidió que se identificara se limitó a contestar que se trataba de un "miembro de la izquierda abertzale". En ese momento, unas 70 personas penetraron en el Ayuntamiento a la fuerza y subieron al salón de plenos, forzaron la puerta y lo ocuparon, mientras el resto permaneció en el exterior de la casa consistorial.

Los radicales colocaron en el salón de plenos una pancarta con lemas alusivos a la ilegalización de Batasuna y de las plataformas de la izquierda abertzale y, tras permanecer una hora concentrados, abandonaron el lugar.

Amutxastegi, que calificó los hechos de "asalto fascista" al Ayuntamiento, relató que el alcalde de la localidad, Juan Antonio Pérez Gabarain (PSE/EE), alertó a la Ertzaintza para que desalojara el Ayuntamiento, pero la Policía Vasca no llegó a intervenir.

Un día en la vida de los «erasmus»
La Universidad acoge este curso a más estudiantes extranjeros que nunca. Italianos y franceses son mayoría. Aprender español y vivir la noche son sus actividades favoritas
Rubén Ventureira | a coruña La Voz  17 Octubre 2004

A kilómetros del control paterno, en acogedora ciudad extranjera, con veintitantos años, haciendo amigos internacionales y en continuo estado festivo. Así viven los chicos erasmus . Por algo han rebautizado esta beca como «orgasmus». Este curso, A Coruña acoge más estudiantes extranjeros que nunca. Los vemos por las calles, en los campus y, por supuesto, en los bares.

Como son las cinco de la tarde, ahora están en casa. Entremos. Ejerce de guía Iván Delgado, cicerone coruñés de chicos erasmus . Piso trece, barrio de Riazor: cinco habitaciones, dos baños, un aseo, una cocina y una terraza que convierte la bahía en un ruedo de arena y agua. ¿Desorden? El esperado, no más. Viven siete forasteros. Se los presento. Primero, las chicas: Marta, polaca, 23 años; Gabina, checa, 23; Jemma, inglesa, 21; Marie, francesa, 20. Y tres chicos: Adrian, suizo, 25; Julien, francés, 21; y el benjamín de la casa, que se llama precisamente Benjamin, es alemán y tiene 20 años.

El casero les cobra 1.200 euros al mes, vista incluida. Los que tienen habitaciones chulas pagan más. Ése es el acuerdo económico. También tienen un pacto de limpieza. «Estamos en la semana de los chicos», informa la polaca mientras el suizo friega. Es la hora del té, que sirve, of course , la inglesa. Suenan buenos temas de Jack Johnson mientras charlan en la cocina. ¿Qué idioma es el esperanto de esta torre de Babel? El español. «Cuando nos faltan las palabras, pasamos al inglés», explica la polaca. ¿De qué hablan? Del bonobús universitario. Lo quieren pedir todos, pero les exigen documentos que la mayoría no tiene. «Y, además, los papeles están en gallego, todo está en gallego», se queja la francesa. «Es raro que haya que sacar esa tarjeta en un banco, ¿por qué no en los quioscos?», se pregunta extrañada la checa.

Haciendo cola
Más quejas de sobremesa. Será porque está la prensa. Han tenido que hacer cola en la oficina de Relaciones Internacionales, la que atiende a los estudiantes foráneos. «Son muy amables, pero hay que esperar mucho», apunta la checa. «Hay dos para atendernos, y somos muchos, muchos», añade el suizo. El periodista telefonea a la oficina en cuestión. Atiende Sandra King, la directora del servicio: «Es normal que en este período estemos saturados. Los extranjeros vienen despistados y requieren una atención casi personalizada».

Volvamos al piso. Ajenos a las críticas a la burocracia typical spanish , Benjamin y Julien libran un partido de fútbol virtual en una habitación que da a la terraza, donde reposan un par de tablas de surf. Una pertenece a la inglesa. La otra, a Julien, que deja el mando de la Play Station 2 para explicar que A Coruña disfruta de «olas bonitas, muy parecidas a las de La Jorche, en Bretaña», donde surfea habitualmente.

Pasemos a la terraza. Llegan todos, para la foto de familia. Llueve. «Yo creí que España era sol, pero no», dice Jemma. Asiente el resto. Se abre el debate sobre qué es lo peor y lo mejor de la ciudad. En la primera categoría gana, con siete votos, la lluvia. En la segunda, triunfan, también con mayoría absoluta, la gente y el ambiente nocturno. Suena el timbre cuando se están colocando para la foto. Allá va la checa. Vuelve: «Son los italianos», informa a la francesa. «Pues ábreles», contesta ésta. «Ya, pero quieren algo más», replica Gabina. «Es que los italianos siempre quieren algo más», bromea Iván. El chiste triunfa.

Vuelta a la cocina. La polaca fríe con maña uno de los manjares de la cocina gallega. Bien pronto ha descubierto los pimientos de Padrón. Mejor dicho, tipo Padrón: «No pica ninguno», remarca. Riccardo y Raimondo, los visitantes italianos, también de la tribu erasmus, preguntan dónde se puede jugar al tenis... bajo techo. Cuando se les informa de que no existe tal instalación en la ciudad, se quedan pasmados. «¿Con lo que llueve aquí?».

Dale con la lluvia. Ya es de noche. Y no llueve, por cierto. Toca fiesta. En la cervecería Amstel, en la avenida de Buenos Aires. Hay muchos italianos que responden al prototipo, o sea, que son guapos, altos y elegantes, y da la impresión de que lo saben. Es la nacionalidad mayoritaria entre los becarios extranjeros que llegan a la ciudad. Marta, la polaca del piso, sirve copas. Por el local pasea la erasmus eslovena Susana Papaz, de 23 años, que cuenta que ha encontrado un trabajito como profesora de inglés de un crío de dos años. Las dos, Marta y Susana, tienen becas de 260 euros, y así no hay quien viva.

Resulta curioso ver a dos centenares de forasteros, los que están copeando en esta cervecería, esforzándose por comunicarse en castellano. «Cuando llegan, el 75% no sabe hablar español», asegura Iván. ¿Cuáles son sus primeras palabras? «'Una cerveza, por favor', je, je», responde el guía coruñés. Justamente, es lo que acaba de pedir Marie, la francesa del piso. Y dice más: «España, demasiada fiesta, ¿no?». Oui .
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