AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 18 Octubre 2004
ETA: derrota y final
JAVIER ZARZALEJOS El Correo 18 Octubre 2004

Vuelta a la comisión del 11-M
Editorial La Razón 18 Octubre 2004

ZP propone un pacto con los nacionalistas
Carlos DÁVILA La Razón 18 Octubre 2004

Por ellos
IÑAKI EZKERRA El Correo 18 Octubre 2004

Política exterior partidista
Editorial La Razón 18 Octubre 2004

Dialogar con el terror en La Habana
EDITORIAL Libertad Digital 18 Octubre 2004

Un Gobierno de Extrema Izquierda
Federico Jiménez Losantos La Razón 18 Octubre 2004

Impulso y bisoñez
Luis GONZÁLEZ SEARA La Razón 18 Octubre 2004

Amor loco en La Habana
Gabriel ALBIAC La Razón 18 Octubre 2004

La segunda transición
José María CARRASCAL La Razón 18 Octubre 2004

Escupir contra el viento
Agapito Maestre Libertad Digital 18 Octubre 2004

El plan Imaz
EL SUBMARINO La Razón 18 Octubre 2004

SALOMÓN EN LA HABANA
J. J. ARMAS MARCELO ABC 18 Octubre 2004

LUCES Y SOMBRAS DE LA COMISIÓN DEL 11-M
Editorial ABC 18 Octubre 2004

LOS TALIBANES
GERMÁN YANKE ABC 18 Octubre 2004

Traslados injustificados
Cartas al Director ABC 18 Octubre 2004

Localizados dos misiles tierra-aire en los zulos de ETA registrados en el sur de Francia
Efe-Bayona (Francia) La Razón 18 Octubre 2004

De la euro-región al catalán como lengua cooficial en Aragón y el nuevo escudo
Libertad Digital  18 Octubre 2004

 

ETA: derrota y final
JAVIER ZARZALEJOS El Correo 18 Octubre 2004

No hace falta un gran trabajo de hemeroteca para rastrear la reacción del mundo nacionalista ante los éxitos de la lucha contra ETA en los últimos años. Primero, una sensación de incomodidad que tantos portavoces nacionalistas intentan corregir con respuestas canónicas. Una incomodidad que no se debe a que rechacen el principio de que quien delinque debe ser detenido, sino al hecho de que la política antiterrorista que el nacionalismo deslegitima con tanta vehemencia aporte unos resultados que hablan por sí mismos y hablan de esfuerzo policial, cooperación internacional y aplicación de la ley. Desde esta incomodidad, el nacionalismo ha buscado la defensa de sus posiciones en una argumentación repetida inexorablemente cada vez que dirigentes etarras caían en manos de la fuerzas de seguridad. Las detenciones unas veces eran prácticamente irrelevantes porque los detenidos ya no eran tan importantes como se quería hacer creer. Otras veces, las detenciones eran un error político porque, casualidad, siempre caían los 'blandos' de la banda, así que, en realidad, la Policía, la Guardia Civil y la Gendarmería estaban trabajando por la prolongación del 'enfrentamiento'.

La operación policial del 3 de octubre ha constituido un nuevo desafío a este esquema argumental del nacionalismo. Difícilmente se podía poner en duda la relevancia de los detenidos y detenidas. La convivencia de Albisu e Iparraguirre dejaba sin efecto las elucubraciones sobre 'duros' y 'blandos'. Bien al contrario, la fotocopiadora y el misil nunca habían demostrado tal grado de intimidad en ETA. ¿Cómo recuperar el viejo argumentario? ¿Cómo convencer de que el guión nacionalista sigue siendo válido? La respuesta estaba en el arsenal y va más o menos así. ETA tenía dinero y armas. Tenía mucho dinero y muchas armas. Por tanto, podía matar. Si no lo ha hecho es porque no ha querido. Los que controlaban ese arsenal, con misiles y todo, han sido detenidos. Ahora la dirección de la banda caerá en otras manos. De este modo, lo que se ha presentado como un gran éxito policial es en realidad una patada al avispero de consecuencias preocupantes. Ya se ve que la necesidad agudiza el ingenio, pero el ingenio aquí oculta la realidad y produce una construcción enteramente falsa.

Situar a ETA por encima del tiempo, hacer creer que por su voluntad y autocontención no ha habido, afortunadamente, una sola víctima en año y medio, es objetivamente una falsedad y un patético intento de cerrar desesperadamente las vías de agua que se la han abierto a la banda por todas partes; es querer preservar en esta hora de crepúsculo la imagen de que ETA no ha sido enteramente devorada por su propia esencia criminal y todavía puede jugar como actor político o social en el futuro del país y de ese magmático conflicto que el nacionalismo tiene tanta prisa por resolver en su favor antes de que el fin de ETA lo resuelva a favor de todos. Es decir, antes de que el restablecimiento del ejercicio libre de los derechos para los verdaderos oprimidos y la expresión del pluralismo de la sociedad vasca se impongan a la violencia terrorista que es la patología radical que sufrimos, más allá de cualquier otro desacuerdo.

Hay quienes, haciendo un ejercicio intensivo y esclarecedor de libertad de expresión, se preguntan en voz alta si las últimas detenciones son una buena noticia. Pregunta, naturalmente retórica, que sólo tiene por finalidad responder que no. Una distorsión tan delirante muestra el camino que aún queda por recorrer, pero indica también lo mucho que se ha avanzado para que, a falta de argumentos, el único que queda consista en que no se detenga a los terroristas.

ETA es una realidad esencialmente criminal transformada por el relato nacionalista en una épica de liberación nacional. Su existencia se explica tanto por la capacidad asesina que ha desplegado como por la fuerza simbólica construida desde una base de amplias complicidades. Y ETA, hoy, se resquebraja como banda y como símbolo. Al parecer, Albisu e Iparraguirre se exponen a las críticas de los presos etarras por los fallos de seguridad que habrían facilitado su detención y han permitido a las fuerzas de seguridad incautar armas y documentación. Sospecho que peores serán las críticas de los presos cuando hayan comparado las cuentas que les quedan por saldar con la justicia con la extraordinaria vida -extraordinaria en muchos sentidos- que los detenidos llevaban en el apacible pueblecito.

Sin duda, la situación tiene riesgos pero ¿cuándo ha dejado ETA de ser un riesgo? Con casi mil asesinados, decir que ETA puede reaccionar, que intentará recuperar el terreno a base de atentados, no es decir nada que no sepamos. Es lo que ETA siempre ha intentado. Ponerse en la peor hipótesis no es una opción entre otras posibles, es la única que los terroristas permiten considerar. El verdadero riesgo no radica en que una organización terrorista quiera seguir siéndolo sino en la interpretación de su debilidad en términos de 'oportunidades'. Oportunidades de quién y para qué, habría que preguntar. La verdadera oportunidad que la debilidad de ETA crea es la de derrotarla, que es el compromiso inspirador del Pacto por las Libertades, y el deber para con las víctimas y la sociedad que la ha sufrido que se ha rebelado. Voces bien autorizadas han alertado de errores pasados que, precisamente por ser conocidos y de consecuencias previsibles, serían ahora absolutamente inexcusables. Por razones parecidas, no debería sobrevalorarse el debate sobre el fin de ETA. No sabemos cómo acabará ETA. Puede ser un proceso de 'grapización', o una ruptura con el 'mundo abertzale'. Puede ser una desbandada o, como sugirió don Julio Caro, una transformación puramente mafiosa, al modo de la que llevó a que en unas pocas generaciones las bandas sicilianas, que también decían luchar contra la opresión del reino de Nápoles, terminaran controlando casinos. La especulación es libre, pero convendría no olvidar que la que realmente debe preocuparse de su propio final es ETA.

En el último debate de política general en el Parlamento vasco, el lehendakari declaró solemnemente que nos encontramos en un «escenario post-ETA». El debate tuvo lugar una semana antes de la última operación policial. El sentido de esa declaración y las consecuencias políticas que se pretenden extraer de ella son el paradigma del oportunismo hacia el que el nacionalismo quiere hacer derivar el deslizamiento de la banda hacia su desaparición. ¿Para qué detenerse a averiguar cómo hemos podido llegar a una situación en la que el lehendakari se tiene que abrir paso hasta la cabecera de la manifestación y llega a certificar este escenario post-terrorista? Lo importante para el lehendakari es que, si ETA no mata, ya no hay excusa para no hablar de su plan. Considerar la muerte, la amenaza, el miedo, la extorsión, y la destrucción de la vida personal y familiar de tantos hombres y mujeres en el País Vasco como una 'excusa' ya da idea de los parámetros morales de tal discurso. Pero Ibarretxe merece atención en sus palabras. Él mismo ha puesto en marcha el peor mensaje para su proyecto. Porque si, como él mismo dice, el terror es una excusa, ya no hay ninguna excusa para tener que discutirlo y menos aún para creerlo.

Vuelta a la comisión del 11-M
Editorial La Razón 18 Octubre 2004

El Congreso de los Diputados reanuda hoy las sesiones de la comisión parlamentaria sobre los atentados del 11-M. Hay nuevos datos, nuevas revelaciones acerca de los progresos de la investigación policial que, sin duda, deberían ayudar a los parlamentarios a reorientar sus trabajos y buscar, antes que rendimientos partidarios, la verdad sobre lo ocurrido en aquellos días de marzo.

Es preciso recordar que la investigación judicial está en marcha y que, amparada por el secreto de las actuaciones procesales, es algo muy diferente de una investigación parlamentaria. No corresponde precisamente al Congreso la labor de suplantar a los magistrados ni proceden interferencias con el Poder Judicial. Su labor es otra, la de averiguar qué ocurrió y saber si hay algo de cierto en las acusaciones de la izquierda contra el Gobierno de José María Aznar, pero también qué hicieron el resto de los partidos y cómo se pudo llegar a las manifestaciones que alteraron la campaña electoral y acabaron con ataques y manifestaciones antidemocráticas ante las sedes del PP, en plena jornada de reflexión.

De la primera parte de los trabajos poco o nada se ha podido establecer con precisión. Es más, los partidos han mostrado su peor cara en este asunto y transmitido, de forma accidental o conscientemente, la imagen de que nada de lo que se diga en el salón de Comisiones puede cambiar las cosas y acabar con los prejuicios. Es demasiado fácil advertir que ya los partidos tenían sus propias conclusiones antes de comenzar los trabajos y que el sistema numérico de voto anticipa que el resultado se atendrá mayoritariamente a ellas. La torpeza política de vetar comparecencias como la del ex secretario de Estado para la Seguridad, Ignacio Astarloa, que ahora podrá por fin declarar, ayudó en mucho a extender entre la opinión pública las sospechas sobre la independencia y validez de las intenciones de los comisionados.

El respeto a las víctimas y, por supuesto, a la verdad debería hacer meditar a los grupos parlamentarios para que aprovechen esta nueva oportunidad de trabajar en la buena dirección. Más que asistir a ataques y contraataques, los ciudadanos merecen que se reflexione seriamente acerca de lo ocurrido y que los trabajos y las comparecencias, incluidas las del ex presidente José María Aznar y el presidente José Luis Rodríguez Zapatero, sirvan para extraer unas conclusiones respetuosas con la realidad de lo ocurrido, sin interpretaciones interesadas, pero también válidas para que no puedan repetirse atentados como los perpetrados el 11 de marzo en Madrid. Los distintos grupos harán bien en hacer llegar a todos los españoles una imagen de transparencia, bien distinta al enfrentamiento político habitual, en lo que resta de sesiones de trabajo. Retransmitir en directo por televisión las comparecencias más destacadas, como las de Aznar y Zapatero, ayudaría extraordinariamente a mejorar la imagen pública de la Comisión del 11-M.

ZP propone un pacto con los nacionalistas
Carlos DÁVILA La Razón 18 Octubre 2004

Se están preparando los mensajes para la gran operación. El Gobierno de la Nación está utilizando todos los resortes –todos– para avivar, de aquí a dos años, no más de dos años, un gran pacto que le permita volver al entendimiento con los nacionalistas que la Moncloa vuelve a llamar «moderados», es decir, con Convergencia i Unió y el Partido Nacionalista Vasco. Las declaraciones de ayer de dos grandes amigos: Duran Lleida e Imaz no dejan lugar a dudas: repudio a Aznar y a todo lo que significa el Partido Popular, y acuerdo con el Partido Socialista. José Luis Rodríguez Zapatero, desde la Presidencia del Gobierno, alienta la posibilidad porque su plasmación le permitiría quitarse la compañía molesta, farragosa, insoportable, de Esquerra Republicana de Cataluña. El Partido Socialista se está «nacionalizando» en Madrid; ruega a Maragall que no suspenda sus relaciones con los sucesores de Pujol, y ordena en Bilbao a Patxi López que reedite, a toda prisa, la buena relación con el Partido Nacionalista Vasco de Imaz. Este es el embrión de una estrategia que debe culminar en el plazo indicado para que el Presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero pueda entonces asegurarse una mayoría holgada y confortable, en las Cortes de la Nación.

Discretamente, en la operación participa buen números de gentes. No se descarta a nadie. Está pensada hasta en sus más pequeños y escalofriantes detalles. Por ejemplo: se trata de erosionar todas las instituciones –todas– para que éstas participen en el gran juego. Aquí no va a quedar nadie sin afectación. Y no ya el gobierno de los jueces, el Consejo General del Poder Judicial, que se modifica para que los nacionalismos rasquen bola en él, sino incluso la más alta y consititucional magistratura del país. A un catedrático muy cercano, cercanísimo (tanto que fue diputado del Partido Socialista), se le ha escuchado afirmar: «Sería bueno que el Rey recayera en que el buen entendimiento de los socialistas con el nacionalismo democrático le conviene a él más que a nadie». Más claro, imposible.
Si continúa la presión habilísima sobre la Corona ésta puede aparecer como aliada de un poder político concreto, lo que sería tanto como cargarse en una sola tacada temporal todo el Título II de la Constitución, nueve artículos, nada menos, que han sido respetados escrupulosamente en nuestros años de democracia. Los incidentes de Navarra, con su secuela de malestar, en los que ha habido una neta televisión pública y privada, se abordan los asuntos de la Monarquía, y, sobre todo, el interés del socialismo por hallar en la Corona un aliado, buscan una complicidad Real incompatible con su papel neutral y moderador.

La primera obsesión de los socialistas en el poder es «tocarlo» todo. Todo sin excepción. Así fue durante la era felipesca, así está siendo en esta zapatista. En aquélla, Don Juan Carlos, muy bien asesorado, mantuvo una escrupulosa objetividad hasta en momentos tan difíciles como el referéndum sobre la OTAN. Ahora mismo, el Gobierno de Zapatero –ya lo hemos escrito– ensaya una jugada de aprovechamiento propio que, además, no se puede realizar sin que la estructura actual de la Nación termine destrozada. España en fin resulte trastocada. Si para cumplir el fin propuesto en la operación entredicha: a saber, el entendimiento con CIU y el PNV, Zapatero y el Partido Socialista tiene que clausurar toda la articulación territorial que define la Constitución, ya se ve que lo harán. Ya está pasando entre –ésto es lo grave–la parálisis general, y la atonía de un país al que parece importar un bledo la voladura de una Nación tan veterana en el mundo.

Los repetidos avisos que están recibiendo la institución más prestigiosa de España, se derigen a un fin indisimulable: hacerla más frágil para convertila en más maleable. ¿O es que la torva invertvención de Rubalcaba transformando la espantada del embajador norteamericano en una agresión al Rey no guarda esa función? ¿Fue el Rey o fue Zapatero quien atizó un patadón a la bandera americana en la fiesta nacional de 2003?
El PSOE tiene un proyecto socialnacionalista indudable. Es el contado y acumula un enorme peligro. Uno, el principal, ya está descrito.

Por ellos
IÑAKI EZKERRA El Correo 18 Octubre 2004

Cuando le preguntaron por qué estaba allí, por qué había aceptado presidir la Asociación de Víctimas del Terrorismo pese a no cobrar nada por esa labor y a tener que desplazarse continuamente de Andalucía a Madrid, cosa que le obliga a desatender su propio trabajo, José Alcaraz sacó la cartera y enseñó unas fotos que van siempre con él, junto al corazón, en ese bolsillo de la chaqueta donde otros llevan el móvil. Eran las fotografías de su hermano Ángel y de sus sobrinas Miriam y Esther. Los tres murieron el 11 de diciembre de 1987 por la bomba que puso ETA en la casa cuartel de Zaragoza. El primero tenía diecisiete años y las niñas no habían cumplido aún los cuatro. Mientras mostraba esas fotos, José Alcaraz respondió a la pregunta que le habían hecho: «Yo estoy aquí por ellos».

Eran pocas palabras pero a mí me pareció que quemaban. Era imposible no percatarse de la fuerza con la que las decía, la candente mezcla que había en ellas de decisión y de ternura, de dolor pero también de nobleza, de verdad y de amor, de fe en la justicia humana y en que hemos venido al mundo para algo más que para comer kokotxas y salvar el propio culo. Hablo de esa fuerza interior que quizá nos rozó en un lejano día de la juventud pero de la que pronto nos disuadieron los otros, la realidad, el sentido práctico, las circunstancias Hablo de esa fuerza que es un diamante en bruto y que no es nada frecuente en nuestra sociedad. La mayoría de la gente no suele tener esa fuerza ni para seguir una vocación profesional ni para defender unas convicciones políticas, ni siquiera para las cosas más importantes y más 'fuertes' de la vida.

Hace unos días el Foro Ermua le ha otorgado a José Alcaraz el Premio José Luis López de Lacalle a la convivencia cívica y yo sé, sin haberlo visto y sin que nadie me lo haya contado, que en algún momento, en algún lugar, ante unos periodistas, él habrá vuelto a sacar con sencillez su cartera y a mostrar esas fotos, como esos detectives de las películas que siguen la pista de un secuestro e interrogan al dueño de una tienda o a la camarera de una hamburguesería. José Alcaraz «está aquí por ellos», para decir, por ejemplo, que le hiere que alguien mezcle las imágenes de los suyos entre las ruinas de un atentado con unas escenas de arrastre de bueyes aunque haya gente a la que eso le parezca el colmo de la sensibilidad. Yo creo que ese muchacho y esas niñas de la cartera de José Alcaraz nos interrogan también a nosotros. ¿Qué sabemos de ellos? ¿Los hemos homenajeado con dignidad o los hemos visto mezclados con unas escenas de arrastre de bueyes y hemos aplaudido?

Política exterior partidista
Editorial La Razón 18 Octubre 2004

El llamamiento al PP del ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, para que no haga «política interior» con el escándalo provocado por la dictadura castrista al expulsar a un diputado español del PP y a dos holandeses, resulta sorprendente. Ante todo porque procede de un ministro de un Gabinete del PSOE, el partido que durante años, y con más dureza y falta de esa responsabilidad que ahora reclama desde el poder, se ha servido de la política exterior del Estado para su labor de desgaste del Ejecutivo de Aznar.

Basta recordar, sin necesidad de recurrir al caso de Iraq, la visita que Zapatero, entonces jefe de la oposición, hizo a Marruecos en plena crisis diplomática entre España y el reino marroquí. Sentó el PSOE entonces un grave precedente que ahora da sus frutos.


Sorprende además en Moratinos que un hombre con su formación diplomática no parezca conocer que, además del derecho, tiene el Partido Popular la obligación de no consentir que el Gobierno de su nación pacte con dictadores como Fidel, ni callar por «altas cuestiones de Estado» ante el restablecimiento de diálogos privilegiados con tiranos como el cubano.

Mientras La Habana se perpertúe como un ejemplo de la violación de los derechos humanos y la dictadura comunista disponga del ominoso poder de seguir fusilando y encarcelando a quienes elija como víctimas, no se puede hacer otra cosa que ayudar a los cubanos, a los que sufren; nunca a quienes los someten.
José Luis Rodríguez Zapatero, como un nuevo y amoral Bismarck, no debe recurrir al empleo de una indigna «realpolitik» ante el caso de Cuba.

Y mucho menos puede exigir para ello la complicidad de los populares en su empeño partidario para que la Unión Europea cambie su acuerdo de censura contra el régimen criminal. Defender unas medidas basadas en la ética y la defensa de la libertad y los derechos del hombre, más que un «intento de torpedear la acción exterior del Estado», es optar por las víctimas frente al entendimiento con sus verdugos.

Dialogar con el terror en La Habana
EDITORIAL Libertad Digital 18 Octubre 2004

El Ejecutivo de ZP ha tardado bien poco en dejar en evidencia hasta qué punto estaban justificadas la alegría y la esperanza mostradas por la dictadura castrista, que se vinieron a sumar a las muestras de satisfacción de no pocas organizaciones terroristas por el vuelco electoral que se produjo en España tres días después del 11-M.

Si "El Egipcio", uno de los implicados en aquella masacre terrorista, ha dado muestras de satisfacción por el tono “dialogante” del nuevo presidente del Gobierno español, no menos agradecido se debe mostrar el tirano caribeño ante la nueva política exterior de España. Si Zapatero se adelantó en Irak a satisfacer a los terroristas, con la excusa de que la mayoría de los españoles también quería esa retirada, poco ha tardado su Gobierno en satisfacer a una dictadura que, como la castrista, en nada contribuyó a su victoria electoral.

Es verdad que la mayoría de los españoles, gracias al infame antiamericanismo de nuestros medios de comunicación, compartían el rechazo de los terroristas a la política de Aznar y Bush en Irak; pero ningún sondeo ha mostrado nunca como mayoritario el rechazo ciudadano a la política de firmeza de nuestro anterior gobierno hacia la dictadura más empobrecedora, duradera y sangrienta del continente americano.

Si cabía modificar la política de Aznar contra la tiranía castrista, consensuada con el resto de Europa, era para reforzarla, no para debilitarla. Zapatero, sin embargo y ante la indignación de los demócratas cubanos, se dispone ahora a ser “dialogante” con ese terror que impone su orden en Cuba desde hace más de cuatro décadas. Si con motivo del Día de la Hispanidad, supimos que los verdugos de la dictadura castrista van, a partir de ahora, a sustituir a las víctimas como invitados en la recepción de nuestra embajada en La Habana, el PSOE ha arremetido este domingo contra el diputado popular, Jorge Moragas, al que el sábado los matones de Castro le impedían entrar en la isla para mostrar su solidaridad con los disidentes. Ya ven a qué grado de desvarío moral y político ha venido a acabar el famoso "talante" de Zapatero, de su partido y de su Gobierno.

Seis meses de Gobierno
Un Gobierno de Extrema Izquierda
Federico Jiménez Losantos La Razón 18 Octubre 2004

Con un talante nada dialogante y con un talento limitado exclusivamente a las tareas de propaganda, Zapatero ha consolidado en sólo seis meses de Gobierno un giro radical de la política española en todos los ámbitos. Un giro no ya a la izquierda, como cabía esperar, sino a la extrema izquierda. En lo nacional, se ha cargado el Plan Hidrológico Nacional, la Ley de Calidad de la Enseñanza, ha homenajeado al golpista Companys y prefiere a Esquerra Republicana y al PCE antes que al PP. En lo internacional, prefiere a Fidel Castro y Chávez antes que a Blair o a Bush, a cuyo país afrentó expulsándolo del desfile de la Hispanidad y, encima, luego se quejó por la ausencia del embajador norteamericano. En lo económico, se abona al déficit antes que al equilibrio presupuestario. En lo moral, ha declarado la guerra a los católicos. En la Justicia, pretende cambiar las reglas del juego para domeñar al Consejo del Poder Judicial. Y en cuanto al Legislativo, el Parlamento se ha convertido en una permanente piedra de escándalo por su negativa a investigar la masacre del 11-M cuyo objetivo era influir en los resultados del 14-M, echando del Gobierno al PP y colocando en su lugar al PSOE. Cumplida esa misión, el PSOE parece deleitarse en alimentar la sospecha de que si no ha estado detrás de la masacre, mucho menos piensa ponerse en frente, es decir, a buscar a sus causantes, no sea que los encuentre.

Zapatero ha ido mucho más lejos de lo que nadie podía esperar. Ha hecho que nuestras tropas desertaran de Irak. Ha alentado desde Túnez a que lo hagan todos los países de la coalición internacional, pese a la resolución del Consejo de seguridad de la ONU -¡qué el propio Gobierno de ZP firmó!– para reforzar militarmente al Gobierno provisional. Ha renunciado a la posición de fuerza y prestigio lograda por Aznar en la UE a cambio de un papel de obsequioso séquito de la Francia de Chirac, que incluye la sumisión a nuestro enemigo estratégico tradicional, que era, es y será Marruecos, al menos mientras no cambie de régimen o de política. Y como símbolo de la identificación de Zapatero con lo peor de la izquierda liberticida, su Gobierno se ha empeñado en halagar a la dictadura castrista insultando a los disidentes y atacando al representante del PP Moragas y otros dos eurodiputados europeos, expulsados de Cuba por tratar de cumplir las resoluciones de la UE. Entre Companys y Fidel Castro y a la sombra de Polanco, al que quiere regalarle el Pirulí de RTVE en justa correspondencia por el 13-M, Zapatero ha cumplido su primer medio aniversario de forma doblemente lamentable, en lo nacional y en lo internacional, en Barcelona y en La Habana. En resumen, que tenemos un Gobierno de extrema izquierda, y aún no sabemos quién provocó la masacre que lo llevó al Poder. Esta es la situación política real de España. Y el que no lo ve es porque no lo quiere ver.

Impulso y bisoñez
Luis GONZÁLEZ SEARA La Razón 18 Octubre 2004

Andan nuestros tiempos modernos sobrados de violencia y escasos de autoridad, una conjunción de la que no se puede esperar nada bueno. Marx pensaba que la violencia es la comadrona de todas las sociedades viejas que llevan en su seno una nueva, lo cual significa que la violencia es la gran partera de la historia. Pero tal alumbramiento sólo puede llegar a un feliz término si el proceso es dirigido con autoridad y discernimiento. La vieja «auctoritas» de los romanos es siempre más eficaz que el mero poder hobbesiano para conducir las sociedades dinámicas. En su defecto, los estados, por muy democráticos que se consideren, han de tener la fuerza suficiente para monopolizar el uso legítimo de la violencia, según la conocida expresión de Max Weber.

En el caso presente de España, la autoridad del poder central del Estado está por los suelos. En algunas partes de su territorio, se desobedecen las leyes, disposiciones y sentencias de las Cortes Generales y de las administraciones públicas, incluidas sentencias del Tribunal Supremo. Y se vienen sucediendo formas violentas y terroristas de asesinato, incendio, secuestro o extorsión, sin que, no ya la autoridad, sino la mera fuerza del Estado logre controlar la violencia ilegítima. Sin duda, las nuevas características del terrorismo globalizado obligan a combatirlo desde una colaboración internacional, que tampoco puede resultar eficaz si no cuenta con la ayuda y participación del actual imperio hegemónico.

Eso significa que es absolutamente suicida la actual política española de confrontación hacia Estados Unidos, cualquiera que sea nuestro juicio sobre la guerra de Iraq, de donde hemos salido con precipitación y bastante vilipendio. Aquí no vale acogerse a la bisoñez del Gobierno, pues ya transcurrió suficiente tiempo para enmendar errores, ni cabe aún menos ampararse en el pueril antiamericanismo de los españoles, que en la última encuesta de «Le Monde» siguen apareciendo como los más antiyanquis de toda Europa. Lo cual se debe a que los españoles hemos estado al margen de la vida de los europeos del último siglo, ajenos a sus grandes guerras, liberados de los alemanes por los norteamericanos durante dos de ellas, y de los soviéticos durante la guerra fría.

Y que nadie se engañe: la alarmante realidad hispánica es independiente de que gobierne Bush o gobierne Kerry. En los días de la primera guerra mundial, Bertrand Russell observó que todos los reaccionarios de Francia se pusieron a lamentar los riesgos de la democracia amenazada por Alemania. Ellos creían que odiaban a Alemania porque amaban la democracia. La verdad, dice Russell, es que su repentino amor a la democracia se debía a su odio a los alemanes. El antiamericanismo de los españoles y de parte del Gobierno no es un caso de bisoñez. Es producto de un impulso irreflexivo y ciego, que más de una vez nos ha llevado a nuestra propia ruina, cantando como si fuéramos a una saturnal, que decía Américo Castro. Hay que parar el impulso ciego y visceral con la razón reflexiva. Los gobernantes, como los árboles, para no perecer han de buscar la luz.

Amor loco en La Habana
Gabriel ALBIAC La Razón 18 Octubre 2004

Cosecha España en Cuba lo sembrado. Porque, de todas las enfermedades anímicas de la sociedad española, Cuba es la más incurable. Tiene ya más de un siglo, y nos ha ido llevando a las peores vilezas. Seguirá así. La degradación moral de España, en todo cuanto a Fidel Castro se refiere, nunca ha tocado fondo: es como si, a través de su roce monstruoso, el alma española accediera a un calambre de encanallamiento absoluto. Porque, metafísicamente perfecto, el mal posee cierta fascinación vertiginosa. No importa si su realidad es la roña sanguinolenta de un cacique risible y medio loco. En el imaginario español, esa pelotilla de mugre moral llamada Fidel Castro tiene peso de leyenda.

Los arquetipos míticos conmocionan a quien con ellos se enfrenta. Y poco –nada– consigue la fría razón contra las conmociones. Fidel Castro fue un héroe para el franquismo, que le prestó amparo diplomático y comercial en los tiempos más difíciles; y lo fue, en especial, para sus hombres más arraigados sobre el subsuelo hitleriano y falangista, tal vez porque ellos sí sabían lo que significaba «socialismo nacional» y cuál era el origen de la consigna «Patria o Muerte».

Fidel Castro fascinó, por supuesto, a los grandes saurios estalinistas de Carrillo, que a Cuba peregrinaban como en busca de mágico exorcismo contra el brazo incorrupto aquel de Santa Teresa, escudo mágico del Caudillo hispano. Arrebató también –mediante el crístico icono, insufriblemente cursi, de Guevara– a los más jóvenes, a aquella deslumbrante generación izquierdista de final de los sesenta. Cuando ya nadie en Europa –digo nadie– quería ni oír hablar del bananero moscovita, no hubo una sola corriente política española para poner en duda el «coraje» de su «antiimperialismo». La transición ratificó eso. Y el numerito de los compadres Castro y González, mulata tetona en ristre, payaseando en Tropicana, y el numerito de los amores locos de don Manuel Fraga con su gemela alma barbuda y habanera, no fueron sino anécdotas ridículas de un fervor más amplio.

Castro, en el patético inconsciente español, es la revancha de 1898. A algo tan demente como eso se reduce esta historia de cínico desprecio hacia una población pisoteada. El gallego les quitó a los yankis lo que los yankis habían robado a la madre patria: ¡qué más da si fue para hundir la próspera isla en la opresión y la ruina! La amargura de los míticos imperios perdidos había gestado aquí un antiamericanismo abismal, única identidad estable de la España del siglo veinte. Castro, mediado el siglo, le dio nuevo soporte y coartada. Hay que estar más enfermo que don Charly Zaldívar para perseverar en eso. Como perseveramos.

La segunda transición
José María CARRASCAL La Razón 18 Octubre 2004

¿Quién decía que Zapatero no tenía programa de gobierno? ¿Yo? Pues me equivocaba estrepitosamente. Rodríguez Zapatero tiene un programa de gobierno tan vario, tan vasto, tan ambicioso que permite catalogarlo de revolucionario más que de renovador. Zapatero quiere cambiar no ya la piel, sino las entrañas, el alma de España, que es lo que caracteriza a las auténticas revoluciones. No le basta con que los españoles vivamos mejor. Quiere que seamos, además, mejores. ¿Exageración mía? Me remito a la entrevista-río, tres páginas, que concedió ayer a «El País».

Nuestro presidente quiere cambiar la política exterior, el funcionamiento de la Justicia, las relaciones con la Iglesia, los lazos matrimoniales, la fiscalidad de las empresas, los rendimientos del capital, la educación, los contenidos televisivos, las normas de emigración, el equilibrio territorial, entre otras muchas cosas. Diría que se trata de una segunda transición, pero temo quedarme corto. La primera tenía sus límites naturales. Los de ésta, en cambio, no se ven.

Por ejemplo: ¿cómo va a quedar el Estado de las Autonomías tras el vapuleo a que va a someterle Zapatero? Ni él ni nadie lo sabe. Ahora, que está dispuesto a ello no cabe la menor duda. Y nuestra primera pregunta ante tal derroche de imaginación y proyectos es: ¿cómo va a realizar todos esos cambios con un Gobierno de base tan precaria que debe apoyarse en los nacionalistas independentistas?

En otras palabras: ¿tiene Rodríguez Zapatero un mandato para dar la vuelta al país de esta manera? Pues la mayoría de los españoles parecen contentos tal como van las cosas, con el Estado de las Autonomías, con el lento acorralamiento de ETA, con el progresivo aumento del nivel de vida. Sólo grupos minoritarios desean cambios profundos. ¿Van a ser los que marquen la agenda del Gobierno? Mucho me temo. Y para demostrarlo, me ciño a un solo punto de ese cambio, el de la estructura territorial de España. Cuando oigo preguntar a nuestro presidente qué diferencias hay entre «nación» y «nacionalidad» se me pone la carne de gallina.

Si los padres de la Constitución eligieron el término «nacionalidad» para designar los distintos territorios que integran España, lo hacían con buenas razones. Nación sólo hay una. Nacionalidades, varias. Pero nuestro presidente parece dispuesto a conceder el título a voleo, en esa especie de tómbola revolucionaria que se ha montado. No dudo de sus buenas intenciones. Dudo de su perspectiva y criterio. En su larga historia, España ha conocido y sufrido demasiados líderes de izquierda y de derecha dispuestos a salvarla de sí misma, poniéndola patas arriba. Con resultados, en la inmensa mayoría de los casos, desastrosos para el país y sus habitantes. ¿Nos ha tocado ahora otro? Por favor, no. Entre otras cosas, porque para hacer una segunda transición se necesita haber acabado la primera. Y todavía nos queda bastante para ello.

Homenaje a Companys
Escupir contra el viento
Agapito Maestre Libertad Digital 18 Octubre 2004

He criticado en la ilustrada edición andaluza de El Mundo la maldad de quienes utilizan la guerra civil española para legitimar el vacío ideológico y político en el que está postrado el PSOE. Y, sin embargo, me comenta un buen amigo: "La rehabilitación de Companys, símbolo máximo de golpista nacionalista y antiespañol, condenado en su tiempo por la República, alimentará el mito de la inexistencia de asesinatos en el bando republicano." Aquí les repito, primero, mi razonamiento sobre la perversa vacuidad ideológica del socialismo en el poder; y, en segundo lugar, les ofrezco algunos nombres de escritores y periodistas que le di como respuesta a mi amigo, con el ánimo de rehabilitar, o mejor, recordar a todos, sin excepción alguna, los muertos de nuestra (in)civil guerra. Sólo si recordamos a todos nuestros muertos, podemos construir una democracia de calidad.

1.- Esto escribí: Están rabiosos. No hallan caminos para perpetuarse en el poder. Sustituir a la nación por el partido es una peligrosa operación que pasa por la reducción de la política a luchas tribales. Los instintos son su tabla de salvación. Los malos instintos definen su identidad. Por eso, no es un sin sentido la barbaridad de remover nuestros fantasmas del pasado. Después de ser despedazada la nación entre tribus, el PSOE vendría a poner cordura. Es la perfecta planificación de unos desalmados que desconocen el valor de ser español. Quieren resucitar todo aquello que varias generaciones creímos enterrado para siempre. Quieren que nos volvamos a matar. Quieren arruinar el futuro de una ciudadanía construida con olvido y perdón. Nos impiden construir una memoria crítica. Asesinan el recuerdo porque nos humaniza. Sobrevivir es su obsesión. Enfrentar a los españoles del modo más salvaje es su método.

Escupen contra el viento porque nadie limpia la basura con su saliva. Ni siquiera reconocen a sus progenitores. Los jóvenes cachorros de un irreconocible socialismo, más nauseabundo que humano, quieren legitimarse con una memoria lesionada, fracturada, por su resentimiento. Su "planificación" ideológica está muy lejos de una democrática ciencia política, grandioso invento de Tocqueville, porque no creen en la historia como emancipación de los individuos. Porque no saben adaptar el pasado para vivir civilizadamente en el presente, repudian la ciencia de Tocqueville, que nos muestra la continuidad entre épocas, esos "lazos invisibles, pero casi siempre todopoderosos, que vinculan las ideas de un siglo a las del siglo precedente, los gustos de los hijos a las inclinaciones de los padres. De nada sirve que una generación declare la guerra a las generaciones anteriores: es más fácil combatirlas que dejar de parecerse a ellas."

Desconsideran cualquier otra forma de estar en "política" que no tenga su fundamento en la guerra civil. Con ello demuestran que llegaron tarde y mal a la democracia. Les faltó coraje para denunciar su colaboración con el último franquismo y ahora osan ocultarlo negando a los padres y reivindicando a un abuelo (sic). Son fantoches hasta para negar la sangre. Padre, sí, sólo hay uno; abuelos, en efecto, dos. Poco puede esperarse de quien niega su linaje. Son demócratas de boquilla. La democracia es sólo un instrumento para mantenerse en el poder. Vivir sin pasado, sin presente y sin futuro es la máxima aspiración del socialismo de hoy. El pragmatismo es su definición. Todo se reduce a vivir al día. Peor aun, al instante animal. Las tradiciones, el presente político y el futuro de la nación no les importa nada. Desconocen el significado de esas palabras. Millones de seres humanos muertos en la guerra (in)civil son la materia de trueque para mantenerse en la poltrona. ¡Miseria!"

2.- He aquí mi respuesta a quien me dijo: "La rehabilitación de Companys es para olvidar los asesinatos del bando republicano". Desgraciadamente, puede que detrás de ese acto no haya otra perversa intención que olvidar los asesinados del otro bando, porque para esta gente el pasado sólo es un objeto de manipulación para remover los peores resentimientos de la nación española. La estulticia nacionalista y el pragmatismo socialista, expertos en manipular la historia, sólo merecería desprecio si en ella no nos fuera la vida de la nación española. Discutir con el torpe siempre tiene el riesgo, a todas luces kantiano, de que nos confundan con él. Pero, tal y como están las cosas, es necesario dar nombres de personajes asesinados en el bando republicano que, aunque están lejos de mi pensamiento, necesitarían una rehabilitación tan merecida como la de Companys.

La cobardía de algunos de sus nietos a la hora de callar el nombre de sus abuelos debería figurar en un tratado sobre la maldad humana. Casi todos son escritores y periodistas y los cito por orden más o menos alfabético: Joaquín Adán, Carlos Álvarez, José María Albiñana, Rafael Alcocer, Pedro Armengol, Raimundo Arrufat, José Asenjo, Melquíades Álvarez, Ayala Pastor, Rufino Blanco, Manuel Bueno, Calvo Sotelo, Alfredo Carmona, Manuel Delgado, Zacarías García, Espinosa de los Monteros, Enrique Estévez, Ferré Guash, Gómez de la Serna (José), Ledesma Ramos, Ramiro de Maeztu, Muñoz Seca, Víctor Pradera, Honorio Maura, Primo de Rivera, De la Cuadra Salcedo, Onésimo Redondo, Requejo Sanromán, Rafael Salazar, José San Germán, Antonio Torró, Luis Urbano, Santiago Vinardell y Julián Zarco. Hallar otros 300 nombres, también de escritores y periodistas, que fueron asesinados por los "rojos" en el 36 o con posterioridad, sería muy sencillo. Basta consultar La Causa General.

El plan Imaz
EL SUBMARINO La Razón 18 Octubre 2004

El plan Ibarreche sigue adelante, pero el sucesor de Arzallus al frente del PNV, Josu Jon Imaz, va contando su propio «plan» a quien quiere escucharle. En síntesis, se trata de bajar al PNV del monte al que le subió Arzallus con el Pacto de Estella. Imaz se lo contó al presidente del Gobierno en La Moncloa; convenció de sus buenas intenciones a la mayoría del socialismo vasco y se trabaja con denuedo a un empresariado cada día más inquieto por el empecinamiento de Ibarreche. Según Imaz, una vez lograda la mayoría absoluta en las próximas elecciones autonómicas, el PNV ya no necesitará a sus socios más radicales y, de paso, el equipo que ha sucedido a Arzallus en la dirección peneuvista saldrá reforzado. El que se pretende «rostro humano» del PNV pide a sus interlocutores que le den tiempo para cambiar las cosas. Entretanto, el «Plan Ibarreche» se votará en el Parlamento Vasco y será rechazado por una amplia mayoría en el Congreso. Finalmente, el lendakari anunciará un referéndum, eso sí, sin fijar fecha. En el Gobierno están convencidos de que el referéndum nunca se celebrará, entre otras cosas porque en coherencia con lo aprobado el Ejército y la Guardia Civil tendrían que dejar el País Vasco, cerrarían los tres aeropuertos allí existentes y se suspenderían las conexiones de Renfe con la vecina Francia.

SALOMÓN EN LA HABANA
Por J. J. ARMAS MARCELO ABC 18 Octubre 2004

LA invitación cursada a la «disidencia interior» por la Embajada española en La Habana para asistir a la fiesta de la Hispanidad llevaba dentro un regalo envenenado pero no desconocido: la inasistencia, como es costumbre, de las autoridades y representantes del régimen castrista a la recepción en la residencia de Cubanacán y a la celebración del documento «dialoguero», leído por el nuevo embajador español, Carlos Zaldívar, donde volvían a expresarse deseos de buena voluntad por regresar a los «viejos tiempos buenos» de acercamiento político al régimen castrista. Un matiz para despistados eufóricos: en la Isla, el que parece rey tuerto es el único dios verdadero. Él es quien dicta doctrina cotidiana y la convierte en ley sagrada, hace y deshace dogmas a su antojo, y premia a los buenos y castiga a los malos y, a veces, también a los buenos -¡quién como el dios Saturno!-, para que nadie tenga la tentación de llegar a la altura de su bondad.

Dentro de la Isla es el dueño absoluto del Tiempo y la Historia. Y un recordatorio: para un militarista jesuítico, patriarcalmente tiránico y curtido en su fervoroso escenario político como Fidel Castro, cualquier gesto que contradiga la única dirección de su arbitrariedad resultará, de principio a fin, un ritual de juegos florales sin la menor importancia. Si ese gesto de buena voluntad viene de España y su objetivo, una vez más, es sortear algunas de las múltiples contradicciones del último medio siglo de «relaciones amorosas» y hasta pasionales entre los dos países, la suerte estará echada de antemano. El lujo de Salomón tratando de impartir justicia en su residencia cubana (invitación a los disidentes, por un lado, y lectura del documento «dialoguero», por otro) ha resultado tan contraproducente que en La Habana, en «el área verde» del negocio internacional, las contenidas carcajadas de los expertos se confunden ya con los gestos de los habaneros que desgraciadamente conocen, desde tiempos ya demasiados lejanos, las maneras del dictador frente a los aprendices salomónicos.

La política oficial del castrismo con respecto a España, al menos en los últimos veinticinco años, es jimagua de la utilizada por el llamado Líder Máximo desde que implantó su poder absoluto. Al principio, un abrazo, hermoso y lleno de luz, con el gobierno español, cualquiera que éste sea, desde Franco a hoy mismo; después, pero no mucho después, un golpe maestro que de un manotazo tumbará el castillo de naipes que las ensoñaciones de los eufóricos pretendían edificar en las barbas del régimen cubano. Así pues, la espinal dorsal de las relaciones oficiales entre la Cuba castrista y España vienen surcadas por tumores temporales, más o menos graves, que con frecuencia amenazan con transformarse en metástasis. Todo se mueve y, sin embargo, nunca pasa gran cosa.

Tiras, aflojas y zonas de calmas temporales, a la espera del nuevo asalto, se han sucedido desde Lojendio hasta Zaldívar, incluso con la expulsión del Paraíso de un embajador español, José Coderch, que nunca llegó a pisar la Isla ni a probar sus selváticos frutos prohibidos. En maniguas parecidas se han perdido, hipnotizados por la pasión cubana y sus economías de sobremesa, algunos otros representantes más o menos recientes de nuestra diplomacia para quienes España tenía que estar presente como protagonista esencial en la Cuba de Castro, «al lado del régimen» en la vida cotidiana, en la tierra del negocio y, desde luego, en el cielo del Palacio de la Revolución porque, en caso contrario, una vez fallecido Castro y su régimen personal, «Cuba desaparecería como nación y como Estado». Ingenuidad de tal dimensión sólo puede originarse en las sentinas de un delirante complejo, entre histórico, histérico y paternalista, que conduce irremisiblemente a la obnubilación y al fracaso constante de las relaciones oficiales entre los dos países. Pero no sucede gran cosa, nada nuevo bajo el sol de Cuba, con estos incidentes. Se tira, se afloja, el amor pasional de España y Cuba parece derrumbarse para siempre y, al final, la vida sigue igual.

El juego, inicuo y políticamente inmoral, de jugar a revolucionarios eligiendo a conciencia el fracaso de la inmensa mayoría de los cubanos y la ruina del país entero es de la voluntad exclusiva del dictador y sus elites interesadas. De tiempo en tiempo, un nuevo aprendiz de Salomón español llega a la Isla, se ilumina, se convence y cree conocerlo todo en dos meses, gracias a su propia experiencia ideológica y a su sagaz sentido de la historia real de Cuba. Entonces, informa a su gobierno -el español-, cita el tópico de las condiciones objetivas y entra en el jardín de las delicias creyendo que todo el monte es orgasmo. «Siempre será un error que pisotees las flores del mundo, sobre todo sin darte cuenta», dice el clásico.

Todas las sacudidas que los gobiernos de Aznar pretendieron darle al régimen de Castro, con la intención de forzarlo a una democratización «occidentalista», imposible para el dictador por su misma esencia, fueron un constante tour de force que acabó con la condena de la UE a un sistema que humilla y esclaviza a la inmensa mayoría de los cubanos con la excusa patriotera de la dignidad nacional. Por esa ley, sacralizada y falsa, se detiene, condena y encarcela a quienes la autoridad única de la satrapía descubre y describe, según su exclusiva voluntad, como enemigos de la seguridad del Estado, traidores a Cuba y toda la sarta de burda insensatez que la politiquería castrista maneja hasta más allá del abuso en el mantenimiento cotidiano del poder absoluto dentro de la Isla, y de su buena imagen fuera de ella, supercherías que sorprendentemente siguen siendo para una cierta tribu de escritores e intelectuales internacionales, «visitadora» de la isla por cuenta del régimen castrista, la postura ideológica políticamente correcta de la izquierda.

La llegada de Rodríguez Zapatero a la Presidencia del Gobierno señaló para el castrismo el final de la tensión temporal en sus relaciones con España. Había que permitir que Zapatero moviera ficha en la dirección contraria a la de Aznar. Una somera lectura del documento «dialoguero» (como llama, con desprecio, el más duro exilio cubano a quien pretenda establecer un diálogo político con Castro) leído por Zaldívar nos avisa de que el objetivo esencial del hipotético acercamiento busca la democratización del régimen de Castro y el respeto de su dictadura a los derechos humanos. Es decir, la misma cuadratura del círculo que pretendió Aznar tensando la cuerda la busca Zapatero aflojando la suya. Es cierto que a veces el talante es parte de la manera del ser y estar en la política, una esquina poco edénica de la realidad cotidiana donde siempre hay que contar no sólo con el gesto del adversario sino con la voluntad contraria del enemigo. En ese sentido, nada divierte más al dictador de Cuba que verse como gran protagonista de la reincidente torpeza con la que los sucesivos gobiernos españoles, sean del signo que sean, cometen el grave error de soñar tan salomónicamente con la imposible democratización de un régimen cuyo dogma esencial es negar, para toda la eternidad, otra democracia que no sea la inventada e impuesta por Fidel Castro desde hace casi medio siglo.

LUCES Y SOMBRAS DE LA COMISIÓN DEL 11-M
Editorial ABC 18 Octubre 2004

LA comisión parlamentaria del 11-M sigue en el centro de la actividad política nacional, aunque, a la vista de los acontecimientos, más por su utilidad agresiva en las diatribas entre el Gobierno y la oposición que por su presumible eficacia para aclarar las incógnitas que aún subsisten en torno a los atentados de Atocha, Santa Eugenia y El Pozo. Una de ellas la desentraña hoy ABC al identificar a Suárez Trashorras como titular del número de teléfono móvil considerado clave en la trama de Avilés. Ese número, el 619.535.764, cuyo propietario era una incógnita, había desempeñado el papel principal en el tráfico de explosivos para los terroristas.

Todavía está por constituirse una comisión investigadora que aporte información y transparencia a la opinión pública. No parece que vaya a serlo la del 11-M, porque la sumisión de las futuras conclusiones de los comisionados a la mayoría parlamentaria formada por el PSOE y sus aliados apenas deja margen a un juicio independiente sobre los hechos sucedidos entre el 11 y el 14 de marzo. Sólo un último e improbable pacto de no agresión entre populares y socialistas podría rebajar el tono de una declaración final que el PSOE, probablemente, decantará en función del testimonio del ex presidente Aznar. Es la comparecencia del presidente de honor del PP la última razón de ser que le queda a una comisión originada, precisamente, por el aluvión de gravísimas acusaciones del PSOE contra el último Gobierno popular. Lo que diga Aznar no será, como desearían los portavoces socialistas, más de lo mismo, sino el episodio central de una investigación política que ya está orientada a no satisfacer ninguna de las aspiraciones de la opinión pública, salvo la de confirmar que el Ejecutivo popular nunca mintió, aunque no siempre acertara en aquellos tres días de marzo.

La historia se repite como en tantas otras comisiones de investigación y acaso no haya otra opción que confiar en la investigación judicial para cerrar el rompecabezas de la autoría del 11-M, la material y la inductora, la que ejecutó la cadena de explosiones y la que planificó la crisis política que se desencadenó de forma inmediata. A pesar del empeño precipitado e impertinente del fiscal general en dar por clausurado el caso, será el juez Del Olmo quien tenga la última palabra, lo cual, por otro lado, no es una anomalía en un Estado de Derecho, sino el resultado de que funcionen los procesos judiciales y los Tribunales de Justicia. No lo tienen fácil Del Olmo -un magistrado sólido, ajeno a protagonismos personalistas- ni la Fiscalía de la Audiencia Nacional, sometidos al escrutinio diario de su encaje con las investigaciones paralelas en los medios de comunicación, tan legítimas como lógicamente carentes de la responsabilidad probatoria que caracteriza al proceso jurídico. En estas situaciones es donde se mide la independencia judicial, la capacidad de los jueces de blindar sus criterios frente a presiones externas. Habría sido deseable, sin duda, que hubiera funcionado la doble vía, judicial y parlamentaria, perfectamente compatibles cuando se tiene claro a qué debe dedicarse cada una de ellas. El problema sigue siendo el mismo: que el formato partidista de las comisiones parlamentarias de investigación neutraliza de antemano cualquier resultado serio y fiable. La responsabilidad de que esta comisión transmita finalmente a la sociedad una imagen de fracaso e impotencia del Parlamento recae en quienes no fueron sinceros a la hora de plantear sus objetivos y pretendieron atribuirle funciones parajudiciales. Su cometido era resolver las acusaciones de imprevisión y de mentira contra el Gobierno del PP, las dudas sobre la actuación de los servicios secretos y las Fuerzas de Seguridad, la intencionalidad y la autoría de la difusión de informaciones falsas contra el Ejecutivo y la relación, si la hubo, del PSOE con la quiebra de la legalidad electoral el 13-M. Todavía hay al respecto numerosas preguntas sin respuesta.

LOS TALIBANES
GERMÁN YANKE ABC 18 Octubre 2004

Lo del diálogo y el buen talante está muy bien hasta que sus defensores quieren ser los que definan su significado y contenido. La historia parlamentaria del PP, mientras estuvo en el Gobierno, está llena de leyes votadas con el concurso de otros, pactos y acuerdos y, sin embargo, ha quedado una imagen extendida de lo que se ha dado en llamar intransigencia, enrocamiento, etc. Es cierto que, en algunos temas importantes, los gobiernos de Aznar mantuvieron firmes sus posiciones en contra de la mayoría del resto de partidos del arco parlamentario, pero no lo es menos que el PSOE, ahora en responsabilidades de gobierno, acude a menudo, ante propuestas y reformas no exentas de polémica, al argumento de que pretende cumplir su programa, aunque haya otros sectores con los que no se pactan limitaciones al mandato de los electores. También Aznar y el PP, presentados retóricamente como si estuvieran siempre «en solitario», contaron durante la anterior legislatura con una mayoría absoluta que ahora no tiene Zapatero.

Lo que convertiría el diálogo y el buen talante en un absurdo sería, como se apunta, criticar la política exterior del gobierno del PP por abandonar la idea de que debería haberse pactado con las posiciones y opiniones de otros partidos y llamar dialogante a otra que se formula, precisamente, contra los principios defendidos por los populares. Si se trata de convencer a los electores que la de ahora está fundamentada, a diferencia de otra, el debate puede llegar a ser interesante. Si se reduce todo a tener la propiedad de un rótulo (dialogante, etc.) o a la búsqueda desesperada de un socio, por minoritario e impresentable que sea, más que debate, lo que se constatan son disculpas ridículas para la acción política.

Según la versión más absurda de esta vaciedad intelectual que se está abonando en algunos sectores del socialismo español, «cultura pactista» en el País Vasco es, por ejemplo, tener lazos y establecer negociaciones y acuerdos con el nacionalismo dejando a un lado, al mismo tiempo, al PP. Quienes quieren llegar a un entendimiento con los populares son intransigentes.

Asistimos estos días a la polémica, sorprendente, sobre el modo de encarar las relaciones con Cuba. Existía —y aún es oficial— una política común europea ante una dictadura de las más largas de la historia reciente del mundo occidental que el Gobierno quiere cambiar aduciendo una supuesta eficacia en contra de los principios que inspiraron en la Unión una posición de defensa de la democracia y de la libertad de los perseguidos por Castro. Podría, quizá, argumentarse pero, al parecer, basta con aludir de nuevo al buen talante y la actitud dialogante que, como se ve, es con el gobierno de la isla y no con los opositores o los encarcelados. Expulsan de Cuba al diputado popular Jorge Moragas y la respuesta oficial, junto a la obligada queja, se lamenta de la «mala planificación» del viaje o de los inconvenientes del mismo para establecer una «política de Estado». Eso es diálogo. Lo contrario intolerancia.

Un representante socialista ha dicho, además, que en el PP hay actitudes «talibanes». Es la segunda vez que se usa la palabra en una semana porque ya el vicealcalde de Madrid, Manuel Cobo, dijo lo mismo de algunos compañeros de partido tras retirar su candidatura. Anoto esta última cuestión porque, además del modo en que se desvirtúa la realidad con palabras inconvenientes, revela un aspecto más del concepto de diálogo que se impone: cuando no se quiere negociar sin ser tachado de intolerante hay que insultar al adversario. El buen talante es escoger bien a quién se insulta.

Traslados injustificados
Cartas al Director ABC 18 Octubre 2004

Leo con estupor que Barcelona reclama sedes y organismos administrativos ya instalados en Madrid, como ha ocurrido con el caso de la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones (CMT). ¿Hasta cuándo va a estar reclamando Barcelona? Me parece una vergüenza por parte del actual Gobierno que su nuevo y falso «talante» se convierta en un modelo de desmantelamiento progresivo de los organismos y sedes administrativos instalados en Madrid, importándoles un «bledo» las familias que se van a quedar en la calle. Sabemos que este Gobierno ha salido de la pancarta popular (retirada humillante de Irak, «Prestige», ofensas a EE.UU., papeles para todos, PHN, etcétera) y de la manipulación de la opinión pública, de la que son verdaderos especialistas. Está claro que el Gobierno catalán se tiene que cobrar a cualquier precio su apoyo al Gobierno central, para de esa manera paliar su paupérrima y nefasta política económica y también contentar a ese sector nacionalista lleno de odio y resentimiento histórico. El objetivo salta a la vista: con todas estas medidas el único y claro objetivo que se persigue es hundir a Madrid, no sólo como capital del Estado sino también económicamente, y todo ello con el consentimiento del Gobierno central. Desde aquí hago un llamamiento a la Oposición para que despierte de una vez y actúe con toda fuerza y vigor y, sobre todo, utilizando todos los medios legales al alcance de la mano para evitar en un futuro traslados de otros organismos, y se pongan del lado de las familias de la CMT. Y al Gobierno del PSOE, que España no es una «venta ambulante» y que España no se construye desde la frustración, el odio y el resentimiento, y menos desde la manipulación pública, sino desde la unidad y el bien común.    Álvaro Babé Nuñez. Madrid.

Localizados dos misiles tierra-aire en los zulos de ETA registrados en el sur de Francia
Efe-Bayona (Francia) La Razón 18 Octubre 2004

Dos misiles tierra-aire fueron hallados en sendos zulos de ETA, en Urrugne y Briscous, que forman parte de cinco escondites de la banda descubiertos en el amplio operativo policial del pasado domingo en el suroeste de Francia, dijeron hoy a EFE fuentes próximas a la investigación.

Las fuentes precisaron que, a primera vista, no se trata de modelos «SAM-7», en contra de lo que se indicó inicialmente, y señalaron que, aunque antiguos, han sido «relativamente perfeccionados».

Se trata de misiles portátiles destinados al derribo de helicópteros o de aviones que vuelan a baja altura, agregaron las fuentes, y precisaron que fueron llevados anoche a Burdeos para su destrucción.

Según otras fuentes, uno de los misiles es idéntico o muy parecido al hallado en el zulo de ETA de «Sokoa», en Hendaya (País Vasco francés), desmantelado por la policía en noviembre de 1986 y que contenía un importante arsenal de armas y documentación. Estas fuentes no pudieron precisar el modelo del segundo misil, pero el hallazgo confirma las tesis de los servicios de la lucha antiterrorista de que ETA había comprado misiles tierra-aire en el mercado negro hace varias décadas.

El registro de los tres zulos subterráneos de Urrugne, Saint-Pierre d’Irube y Briscous, dotados con sistemas perfeccionados de apertura, prosigue, al igual que el de otros dos escondites descubiertos, incluida en una granja de Ayherre.

En este operativo fueron arrestados el jefe del aparato político de ETA y considerado como máximo dirigente de la banda, Mikel Albisu, «Mikel Antza», y su compañera, Soledad Iparraguirre, «Anboto».

Además de «Antza» y «Anboto», que guardan un silencio total en los interrogatorios, siguen detenidas otras once personas, señalaron las fuentes. Se trata de Miguel Negrete (Saint-Pierre d’Irube); Lourdes Ardanpilleta (arrestada en Urrugne y esposa del camionero Pedro María Alcantarilla detenido en la provincia española de Burgos el domingo), el ex concejal de Batasuna Robert Arrambide, su esposa Dina Lichtas y el hijo de ambos, en Hendaya; José Ramón Arano y Miriam Incabi, en Briscous; Xavier Oxarango, en Ayherre; y Pierre Serbielle, en Domezain-Berraute. También siguen bajo custodia Didier Arricau Cassiau y Maryse Lavie, que fueron arrestados junto a «Mikel Antza» y «Anboto», en un caserío de Salies-de-Béarn.

En casos de terrorismo, los sospechosos pueden permanecer un máximo de 96 horas en manos de la policía antes de pasar a disposición judicial. Mientras, fuentes judiciales consultadas por EFE excluyeron que «Anboto» sea entregada de inmediato a España, ya que cometió muchos delitos en Francia y fue arrestada allí. Descartaron igualmente que «Mikel Antza» pueda ser extraditado a España, donde sólo se le acusa de pertenencia a banda armada, el equivalente del delito francés de asociación de malhechores con fines terrorista que le será imputado en Francia.

Según un recuento preliminar divulgado ayer por el Ministerio español del Interior (la Guardia Civil española participa junto con la policía francesa en los registros), se han hallado ya más de 600 kilos de dinamita Titadyne y otros 500 de clorato de sodio y polvo de aluminio, materiales que sirven para fabricar explosivos, amén de de muchas armas de todo tipo y municiones.

También se han descubierto abundante documentación, que deberá ser analizada, e importantes sumas de dinero en efectivo. Fuentes próximas a la investigación en Francia indicaron que se tardará en tener un balance de los arsenales incautados en este operativo.

A LA SOMBRA DE MARAGALL
De la euro-región al catalán como lengua cooficial en Aragón y el nuevo escudo
La iniciativa de modificar el escudo se suma a la intención de Marcelino Iglesias de declarar la lengua catalán cooficial. Además, el presidente socialista de Aragón es partidario de una euro-región que aglutine a las Comunidades Autónomas del Eje del Ebro entre las que cita Aragón, La Rioja, Navarra y el País Vasco. Propone como capital a Zaragoza, dice que no es incompatible con la de Maragall y que en ninguna de ellas significa romper la unidad del Estado.
Libertad Digital  18 Octubre 2004

Aunque los servicios jurídicos de la cámara autonómica ya se han pronunciado en contra, el objetivo de Marcelino Iglesiases que una nueva ley convierta al catalán en lengua cooficial en Aragón. La justificación para este medida sería una "supuesta presencia" del catalán en las comarcas que limitan con Cataluña.

Esta inciativa, como adelantó ABC, tiene su origen en la líneas marcadas por las Cortes de Aragón en 1997. En aquella fecha se aprobó un dictamen de una comisión que estudió la situación lingüística de la Comunidad autónoma, en particular las comarcas de la franja oriental. Según dicho estudio, existía una supuesta variedad lingüística de Aragón, con el aragonés y el catalán, fundamentalmente en las comarcas que lindan con Cataluña. Por ello, se recomendó promover una Ley de Lenguas de Aragón. El desarrollo normativo de la Ley es el que en, estos momentos, estudia el presidente socialista Marcelino Iglesias.

Intenciones expansionistas de Cataluña
Sin embargo, desde algunos sectores se denuncia que esta medida realmente a lo que responde es a las intenciones expansionistas de Cataluña y su intento de reeditar algo parecido a la Corona de Aragón, pero con capital en Barcelona. Más aún, algunas de las asociaciones dicen que definir lo que se habla allí como catalán provoca el rechazo entre quienes recuerdan que se trata de una variedad lingüística propia, no catalán, y abre el verdadero debate sobre la cuestión de la territorialidad y las aspiraciones catalanistas sobre esa parte de Aragón.

El dictamen de la comisión de 1997 tuvo un cierto grado de consenso, excepto el voto particular sobre ciertos detalles que planteó el Partido Popular, formación que en el último año ha intensificado sus críticas al Partido Socialista aragonés por su connivencia a las tesis nacionalistas de Pasqual Maragall.

La euro-región de Marcelino Iglesias
El presidente aragonés también es partidario de crear una euro-región o "eje del río Ebro en el que puedan estar Comunidades como Aragón, La Rioja, Navarra o el País Vasco". Iglesias cree que estas Comunidades del Ebro "tienen que tener una estrategia conjunta para desarrollar sus comunicaciones, la alta velocidad o su comercio", al tiempo que apuesta por que, dentro de esta "macro-región", Zaragoza sea "la capital más importante", entre otros motivos, porque "estamos desarrollando un gran proyecto logístico que tiene la ambición de distribuir y abarcar toda esta área del Valle Ebro".

Iglesias cree que ante su propuesta y la de Maragall "son compatibles entre si y no existe una exclusividad que impida estar en unas o en otras". Iglesias es partidario de que "se pueda compatibilizar el mantenimiento de una euro-región con otra", porque las Comunidades Autónomas como Aragón "no tienen un solo eje de desarrollo sino que compartimos muchos ejes".
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