AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 24 Octubre 2004
Ahora ya no desmienten, sólo tratan de confundir
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  24 Octubre 2004

¿UNA «JOINT VENTURE» DEL TERROR
Ignacio CAMACHO ABC 24 Octubre 2004

Seguir todas las pistas
Editorial El Ideal Gallego 24 Octubre 2004

Escuela de terroristas
Opinión El País  24 Octubre 2004

Pues no
Luis María ANSON  La Razón  24 Octubre 2004

No pagar
Editorial El Correo 24 Octubre 2004

La cocina de ETA se quema
Matías Antolín  La Razón  24 Octubre 2004

Deporte y nacionalismo
Francisco Marhuenda La Razón   24 Octubre 2004

Ingrato olvido
KEPA AULESTIA El Correo  24 Octubre 2004

CONGRESOS
Jon JUARISTI ABC 24 Octubre 2004

REBOBINAR LA HISTORIA
Jaime CAMPMANY ABC 24 Octubre 2004

«La ignorancia es aprovechada por los impostores para sembrar el fanatismo»
MIGUEL ÁNGEL BARROSO ABC 24 Octubre 2004

El Gobierno trata de camuflar una nueva prueba de la relación entre los islamistas y ETA
Libertad Digital 24 Octubre 2004


ETA atenta de nuevo contra una inmobiliaria para mantener su chantaje
M. L. F. ABC 24 Octubre 2004

Cuna del castellano
Cartas al Director El Correo  24 Octubre 2004



 

Ahora ya no desmienten, sólo tratan de confundir
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  24 Octubre 2004

El Gobierno ha convertido en uno de sus escasos axiomas de Gobierno, probablemente el único que mantiene contra viento y marea, el de desmentir cualquier relación de los terroristas etarras e islámicos. Por su parte, el imperio prisaico se ha dedicado durante meses a “contraprogramar” todas las revelaciones de “El Mundo” que han ido probando, poco a poco pero inexorablemente, justo lo contrario. Sin embargo, en los últimos días las pruebas de la relación de etarras e islamistas en las cárceles se han ido acumulando a tal velocidad que la estrategia de desinformar a la opinión pública está sufriendo bruscas mutaciones y provocando grandes sobresaltos. Ahí es nada, que la SER adelante nada menos que la relación directa del lugarteniente del jefe de los suicidas o suicidados de Leganés con los sanguinarios Parot e Iragui, huéspedes de su agenda. Ahí es casi nada, que a continuación la agencia EFE diga que la policía ya investigó esa relación “y que no existía”. ¿Y por qué figuraban en su agenda, por afán de coleccionista, para instruirlos en el Corán o para hacer perder el tiempo a la policía?

Otra pequeña curiosidad: ¿por qué no contó el ministro del Interior Alonso este tipo de inexistentes detalles en la comisión del 11-M? ¿Sólo por el placer que parecen encontrar el Gobierno y sus aliados en el sucio deporte de la prevaricación en sede parlamentaria? ¿Cómo no se complugo en desmentirlos? ¿Y cómo no ha aprovechado Rubalcaba los minutos previos al Real Madrid-Valencia para desmentir tajantemente ante la opinión pública en rueda de prensa multitelevisada la evidencia de que engañó voluntaria o involuntariamente a los españoles a pie de urna el 13-M? La verdad es que no se sabe qué resulta más siniestro: si la SER estrenándose como exclusivista de Garzón para desmentir lo que en realidad confirma, o el Gobierno, utilizando los servicios gramaticales de Alex Grijelmo para convertir la negación en afirmación y viceversa. Lo único cierto es que la participación de ETA en la masacre del 11-M es cada vez más verosímil y que cada vez resulta más inverosímil de puro absurdo el esfuerzo del Gobierno en desmentirla, cuando no debería afectarle en lo político y debería obligarle en lo moral. ¿Hay algo más, y todavía más claro, y más sucio, en la relación de etarras e islamistas que provoque pavor a Zapatero? ¿Tanto como para hacer el ridículo de una forma tan escandalosa? ¿Tanto como para que la SER programe su propio esperpento dándole “al manubrio del ludibrio del bodrio”? Pues, a este paso y por mucho que se empeñen, entre la astucia de los que investigan y la torpeza de los que desmienten, nos acabaremos enterando.

¿UNA «JOINT VENTURE» DEL TERROR?
Por Ignacio CAMACHO ABC 24 Octubre 2004

UN fantasma recorre España: el fantasma del islamismo. Más exactamente, del terrorismo islamista, aunque sea cada vez más difícil para los arúspices del multiculturalismo hilar casuísticas distinciones semánticas o filosóficas entre la causa y sus más indeseados efectos. Pero, a diferencia del fantasma comunista que inspiró la célebre frase del «Manifiesto» de Marx y Engels, el del terror islámico se pasea por nuestro país envuelto, no en las brumas asustadas de un orden caduco, sino a caballo de unas sospechas que parecen evidentes para una gran mayoría de ciudadanos, entre los que no se cuentan, por desgracia, muchos de sus representantes públicos.

El empecinado y torpe silencio de la comisión de investigación del 11-M atenta sólo a las posibilidades de canibalismo político que puedan derivarse de la pasarela de declaraciones de dirigentes públicos, contrasta de un modo manifiesto con la generalizada creencia de que numerosos puntos oscuros del atentado continúan pendientes de una aclaración que no parece al alcance de la miope mirada del Parlamento. Pero más allá incluso de que las circunstancias concretas de la matanza de los trenes puedan o no estar sujetas a duda razonable; más allá de que las conjeturas e indicios inevitablemente motivados por un apriorismo ideológico no puedan ser considerados en sí mismos probatorios de tesis alguna; más allá de lo que cada cual pueda atreverse o conformarse a pensar sobre la autoría material e intelectual de la masacre, lo que resulta ya cada vez más difícil es negarse a aceptar que el terrorismo islámico lleva meses, o años, tramando en España un tejido de preparativos y complicidades en el que de algún modo aparecen cosidos, por simpatía, proximidad o colaboración, los hilos de ETA.

El sumario abierto por el juez Garzón a raíz de la detención esta semana de una célula de terroristas musulmanes dispuesta a cometer atentados sangrientos, entre otros contra el propio estamento judicial, ha acabado poniendo de manifiesto datos como mínimo inquietantes sobre las relaciones carcelarias entre los presos de la banda vasca y los integristas islámicos. La forma en que estos últimos se han venido conduciendo en las prisiones, campando por sus respetos hasta el punto de recibir en alguna de ellas impune entrenamiento paramilitar, configura un escándalo del que por desgracia no sólo debería dar cuenta la bien vapuleada directora general Mercedes Gallizo, sino que alcanza en sus responsabilidades a los Gobiernos anteriores, bajo cuya inexistente vigilancia comenzó a desplegarse esta especie de subversivo ejército carcelario.

Pero el extremo más inquietante de la cuestión consiste en que, además de haber formado en las prisiones españolas verdaderos regimientos de combate con fuerte cohesión ideológica y religiosa, los fundamentalistas musulmanes parecen haber puesto sus ojos en algunos peligrosos activistas de ETA. Lo que hasta ahora eran sólo sospechas o datos indiciarios, negados con firmeza por las autoridades -el propio Ángel Acebes desistió de encontrar otros hilos más claros tras ordenar, ya en funciones, una investigación especial en los días posteriores al 11 de marzo-, se han convertido en siniestras pistas fehacientes al aparecer en los bolsillos del terrorista Abdelkrim Bensmail los nombres anotados de Harriet Iragi y Unai Parot, también conocido como Henry Parot. Es decir, el hombre que mató al fiscal Portero, al concejal Martín Carpena y al doctor Cariñanos, y el tipo que quiso volar la Expo 92 de Sevilla.

Es cierto que en derecho sólo puede darse por cierto aquello que es susceptible de ser probado. Y que no hay hasta el momento nada que certifique contactos entre los citados terroristas, y mucho menos datos que avalen una colaboración mutua. Pero ya llueve sobre mojado. Llueve sobre la promiscuidad carcelaria de etarras e islamistas, llueve sobre las casualidades de las caravanas que salieron el mismo día hacia Madrid con sendos cargamentos de muerte, llueve sobre el concurrido callejón del confidente Trashorras, llueve sobre el mapa en el que unos etarras habían señalado el corredor donde semanas después estallaron los trenes del 11 de marzo. Demasiada lluvia de casualidad como para no empapar el terreno de la sospecha.

Insisto: nada prueba hasta hoy que el 11-M fuese también obra de ETA, ni siquiera bajo la fórmula de la «subcontratación». Nada prueba que se tratase de una acción planeada o ejecutada de manera conjunta. Incluso es bastante posible, y probable, y plausible, que esa matanza concreta se decidiese sólo en las complejas tramas celulares del terrorismo internacional. Sin embargo, cada vez deja menos resquicios de duda la existencia de vasos comunicantes, de lazos empáticos y de fluidos corrientes entre un terrorismo y otro, y en especial entre los presos de ambas organizaciones, sin duda los más radicalizados por su propia situación de encierro en comunidad.

La ciudadanía asiste perpleja a las revelaciones de la impunidad con que se vienen moviendo elementos capaces de las mayores crueldades, ante la mirada impasible, atónita o despistada de agentes del orden, confidentes, espías y hasta autoridades penitenciarias. La irrupción -abrupta y expeditiva, como acostumbra- del juez Garzón en medio de la escena promete un salto cualitativo en el conocimiento e intervención de este auténtico ejército en las sombras que amenaza como nunca la paz y la libertad de los españoles. Conviene ser prudentes, no aventurar conclusiones y esperar a que, a falta de una comisión eficaz, los jueces de la Audiencia actúen según su contrastado buen criterio. Pero la hipótesis de una «joint venture» del terror es demasiado estremecedora como para que nadie, y menos que nadie el Gobierno, pretenda que nos quedemos tranquilos.     director@abc.es

Seguir todas las pistas
Editorial El Ideal Gallego 24 Octubre 2004

A raíz de los brutales atentados del 11-M en los trenes de Madrid, los expertos se apresuraron a desmentir la posibilidad de que los islamistas pudieran tener vías de colaboración con ETA. Ahora, las acciones judiciales que se están realizando en las cárceles españolas han servido para demostrar que esa relación entre los integristas y los nacionalistas vascos asesinos puede haber existido. En realidad, no resultaría extraño que unos recurrieran a los otros para poder adquirir grandes cantidades de explosivos, como los cien kilos de dinamita que pretendían usar para borrar la sede de la Audiencia Nacional de la faz de la tierra. La organización etarra está débil y descabezada.

Las constantes acciones policiales contra sus integrantes han hecho mella y no es descartable que buscaran, en una venta de material, el dinero que les permitiera reorganizarse. Es preciso que no se descarte ninguna posibilidad y que las investigaciones lleguen hasta el final para que no quede ningún extremo sin luz. De igual modo, mejor sería que desde instituciones penitenciaras se vigilara a los musulmanes detenidos para no consentir que los anunciados beneficios que recibirán los árabes sirvan para facilitar acciones como la que pretendía volver a llevar la muerte al centro de Madrid. La integración y la rehabilitación son dos principios a los que no se debe renunciar a la hora de tratar a los presos, pero si esto choca frontalmente con la seguridad del Estado y de las personas, habrá que valorar qué extremo es más importante.

Escuela de terroristas
Opinión El País  24 Octubre 2004

El 11-M y los días subsiguientes representaron para los ciudadanos españoles la constatación atónita de que el más mortífero fanatismo islamista estaba instalado entre nosotros. Ahora estamos descubriendo que en las prisiones, el lugar donde se les supondría neutralizados, paradójicamente pueden organizarse con alarmante facilidad esos religiosos devotos de la muerte. Parece que la célula recientemente quebrada por órdenes del juez Garzón había ideado, desarrollado y pulido desde la cárcel, en un trabajo complejo y minucioso, su próxima monstruosidad. El núcleo de este grupo terrorista islámico se constituyó nada menos que a lo largo de dos años, entre 2001 y 2003, en la cárcel de Topas (Salamanca), pero sus conexiones parecen distribuirse por media docena de prisiones.

La cárcel nunca ha arredrado a los iluminados, y los fundamentalistas islámicos representan su máxima expresión. Reiteradas denuncias públicas de funcionarios de prisiones del más diverso signo, apuntaladas en voz más baja por cualificados responsables penitenciarios, vienen alertando sobre un peligroso caldo de cultivo islamista en las prisiones españolas. Proselitismo, violencia, intimidación, desprecio absoluto por las normas con cualquier pretexto. Los yihadistas viven un universo propio, impenetrable para el aparato carcelario convencional, comenzando por algo tan elemental como su propio lenguaje. La operación policial de esta semana viene a confirmar que la situación podría volverse inmanejable si no se combate con urgencia y todos los medios del Estado de derecho. En este contexto, las seráficas declaraciones en el Senado de Mercedes Gallizo, directora de Instituciones Penitenciarias, negando la evidencia del problema islamista en nuestras cárceles parecen más propias de la responsable de una institución caritativa. Una democracia puede ser cualquier cosa menos ingenua, y la primera obligación para sus ciudadanos es proteger sus fundamentos de quienes quieren dinamitarlos.

El terrorismo islamista ha colocado a Occidente -España en primera fila- ante una situación en que los mecanismos de defensa tradicionales se mueven en inferioridad de condiciones. La lucha va a ser presumiblemente muy larga, y ni la mentalidad de los integristas, ni su sentido del tiempo o la finalidad responden a los patrones con que nos manejamos. Ni las fuerzas de seguridad ni la judicatura ni el sistema penitenciario están preparados para combatir a un enemigo hermético y, llegado el caso, suicida, que desafía casi todos los pilares sobre los que hemos ido construyendo la idea de un mundo en progreso y libertad. Todo está por hacer en este terreno crucial.

La dispersión carcelaria de los militantes islamistas es una medida necesaria, pero ya insuficiente. Si el Gobierno ha entendido que en la calle es urgente la especialización y el aumento de las fuerzas de seguridad y espionaje, el mismo criterio debe ser trasladado al sistema penitenciario. La aceptación teórica de que se trata de un gravísimo reto con tendencia a durar requiere respuestas a la altura del desafío. Medios y profesionalización crecientes, también en las superpobladas prisiones: nuevas instalaciones, más y más expertos funcionarios. La vigilancia eficaz de un colectivo tan reducido en el conjunto de una población reclusa de 52.000 personas no puede representar un problema insalvable en la Europa del siglo XXI. España no puede permitirse un nuevo 11-M; menos, si es gestado desde sus prisiones.

Pues no
Luis María ANSON de la Real Academia Española La Razón  24 Octubre 2004

No se debe exigir a ningún ciudadano que actúe como un héroe. Se le puede aconsejar el heroísmo y alentarle en el camino pero no denigrarle si flaquea. El Estado de Derecho debe garantizar la seguridad de los ciudadanos. Si no lo hace así, no se deben cargar las culpas sobre quienes pagan chantajes revolucionarios del tipo que sea. Ellos, los que se pliegan a ese «impuesto», siempre que sea en contra de su voluntad, son también víctimas de Eta. Está bien hacerles ver que se comportan con cobardía, que no deben actuar como actúan, que la ley puede caer sobre ellos.

Pero, sobre todo, hay que exigir del Estado menos genuflexiones, menos contemplaciones, menos concesiones, más medios y decisión para impedir que Eta extorsione a nadie. Si a un padre le secuestran a su hijo no debe, según la ley, pagar el rescate que le piden. Pero no se le puede condenar si lo hace, cuando la policía no ha sido capaz ni de impedir el secuestro ni de liberar al secuestrado. «Si se despenaliza de hecho la financiación del terrorismo por el Estado -se preguntaba ayer la inteligencia rubia de Isabel San Sebastián- ¿qué argumentos quedarán para poner en la picota a los que pagan a Eta?.»

Que existen jueces, fiscales, abogados, periodistas, ciudadanos de a pie que se comportan como héroes, magnífico. Es verdad y conviene aplaudirles y reconocer su heroicidad. A los que se asustan hay que criticarles pero no lincharles en la plaza pública o en la puta calle. Probablemente no existe un periodista en España que padezca la carga de los escoltas desde hace tanto tiempo -1977- como el que firma estas líneas. Y sólo hace seis meses que los servicios correspondientes desactivaron en Zaragoza un paquete explosivo enviado a mi nombre. Pero cuando uno visita el País Vasco advierte claramente que allí se vive bajo la dictadura del miedo. No se puede juzgar a los vascos que se sienten atenazados por el miedo como a los andaluces que disfrutan de la vida en Cádiz o Almería. El comportamiento, por cobardía, de algunas personas no me gusta. Lo rechazo. Me da asco. Pero me gusta mucho menos que el Estado de Derecho no sea capaz de imponer la ley y el orden y que las altas instituciones vascongadas se mofen de las sentencias del Tribunal Supremo, sin que se produzca la respuesta adecuada porque se pastelea descaradamente para garantizar mayorías electorales.

No pagar
Editorial El Correo 24 Octubre 2004

Durante los últimos días se han sucedido los atentados dirigidos contra establecimientos del sector inmobiliario, poniendo además en peligro la integridad de aquellas personas que pudieran haberse visto afectados por la explosión de los artefactos. Dos bombas estallaron frente a oficinas de San Sebastián el sábado 16 y el pasado viernes; ayer, una tercera hizo explosión en la puerta de un negocio del centro de Bilbao situado en un edificio habitado. La banda terrorista ha hecho gala de su práctica mafiosa, tratando de obligar a empresarios y profesionales a pagar su seguridad para así atentar contra la seguridad de otros ciudadanos. No es la primera vez que ETA intenta 'sindicar' su coacción, presionando a empresas o profesionales que desarrollan su actividad en un mismo sector de la economía y los servicios. Es también probable que, tanto en ésta como en anteriores ocasiones, haya tratado asimismo de 'sindicar' el cobro de la extorsión terrorista. Por eso resulta necesario que cada sector extorsionado responda unitariamente a las pretensiones de ETA, desde una actitud de respaldo hacia aquéllos que han sido víctimas directas de los atentados, y desde la responsabilidad y la entereza moral que requiere la rotunda negativa a pagar un precio tan alto como el que representa proveer de fondos al terrorismo.

Han sido muchas las ocasiones en las que instituciones y organizaciones empresariales o de profesionales han manifestado su condena del 'impuesto revolucionario' y han tratado de exhortar públicamente para que las víctimas se atrevan a desoír la exigencia del terror. Pero va siendo hora de que esas declaraciones, imprescindibles pero genéricas, se vean acompañadas por expresiones más directas de repulsa de la extorsión, de amparo hacia los extorsionados -especialmente hacia aquéllos que hagan pública su negativa a someterse al chantaje etarra- y de compromiso colectivo dispuesto a frustrar los planes terroristas. También en los últimos días, la noticia de que afamados cocineros pudieran estar involucrados en el pago del 'impuesto' terrorista y la comparecencia de dos de ellos ante el juez ha suscitado la lógica solidaridad de sus colegas de profesión en defensa de la honorabilidad de los citados. Pero esa muestra de apoyo habría sido mucho más que gremial si en su declaración los demás profesionales hubiesen incluido una simple denuncia de la extorsión terrorista y una simple llamada a que nadie -de su profesión o de otras- se avenga a financiar la muerte de otros seres humanos. Cuando tantos ciudadanos han dado muestras de coraje cívico negándose a mirar hacia otro lado ante cada aparición de ETA, sería deplorable que la trama montada para la financiación del terrorismo se convirtiera en tabú o en una lacra de la que se hable siempre con rodeos, o ante la que tanto las instituciones como la sociedad civil organizada adopten actitudes formales de firmeza pero evasivas en el fondo.

La cocina de ETA se quema
Matías Antolín es escritor y periodista La Razón  24 Octubre 2004

No quiero cocinar este comentario con la salsa de prejuicios que están aliñando algunos por mor de si ilustres cocineros vascos han pagado el chantaje de ETA. Si salieran del armario todos los que han colaborado con la banda etarra dando dinero (cocineros, empresarios, futbolistas, etc...) no habría sitio en este periódico para publicar la lista. En alguno de mis libros ya subrayé que varios restauradores y futbolistas habían tenido que pagar a ETA bajo amenazas. Como ha escrito Luis María Ansón, «no exijamos a los extorsionados ser héroes, no les pongamos en la picota; de lo que se trata es de perseguir a ETA no a los que viven aterrorizados por ETA». El hierro candente de este alto el fuego etarra sigue enrojecido. Los políticos han de diseñar los puentes que permitan transitar hacia los cementerios donde se enterrarán para siempre las armas. Los nacionalistas temen que el Gobierno Rodríguez

Zapatero les margine y negocie con ETA sin dar la más mínima contrapartida política. Siempre hay zancadillas de sangre en los procesos de paz. Detenida la serpiente etarra Soledad Iparaguirre «Anboto», terrorista cuyo cerebro es del mecanismo de un sonajero, una de las pocas que aún está por la lucha armada, mi optimismo crece. Ella era la única persona de la cúpula, junto a JosuTernera, capaz de crear una especie de «ETA auténtica». Nunca ha dejado de estar sobre nosotros la sombra del plomo. ETA, coleccionista de crímenes, sólo podía morir cuando tuviera la convicción de que la violencia no le produce rentabilidad política, cuando ha sentido en su nuca el aliento de la policía (tenemos que trasvasar el miedo); cuando deje de ser un mito. ETA sigue anclada en el siglo pasado, está más alejada de la realidad que un ermitaño.

ETA sigue cometiendo atentados sin víctimas como reclamo testimonial. Estériles e inútiles. Sólo me preocupa Josu Ternera. El puede ser responsable, junto a Arnaldo Otegui y Joseba Permach (en mi opinión el nuevo triunvirato de la cúpula etarra) de no hacer ya explícita renuncia a la violencia. El primer objetivo de unas negociaciones de paz es desarmar al enemigo. Se equivocan los políticos si se conforman con los éxitos policiales. La estupidez sanguinaria de la banda ha sido inútil. Si, ETA ha dejado de matar. Esta vez nadie tomará el relevo de Antza y Anboto. En ETA está prohibido asomarse al interior, pero algunos lo hemos hecho. También los verdugos mueren. Quiero pensar que esto no será así. Intuyo ya una paz sin rencor pero sin la desmemoria porque han sido las víctimas del terrorismo y la gran movilización del pueblo español los que han hecho posible esta situación de esperanza. El peligro no era «Antza» ni «Anboto», sino Josu Ternera. Mlkel Albizu, hijo de uno de los fundadores de ETA, ya utilizó el pseudónimo de «Antza» cuando publicó sus primeros trabajos literarios (una recopilación de cuentos y dos obras de teatro en la primera mitad de los ochenta). También adaptó un texto de Pessoa y publicó otra colección de cuentos titulada «Odolaren usaina» (El color de la sangre). En la dirección de ETA siempre ha habido alguien encargado de la parte escrita, al que los demás llaman con cierta sorna «el político». Cuando éstos llegan a cuestionar la lucha armada son marginados y acusados de traidores, como Soares Gamboa, o defenestrados como Txelis.

La verdad es que ETA es una olla a presión que se ha cocinado durante cuatro décadas en su propio vapor: el nacionalismo fundamentalista. El PNV ha predicado un Euskadi excluyente, mientras hacía exaltación enfermiza de la genética frente a la razón. Se ha quedado afónico mi bolígrafo de gritar que no debemos permitir que el nacionalismo radical gobierne con las pistolas etarras. Se lo debemos a las víctimas del terrorismo. Más de veinte años lleva el nacionalismo vasco de poder fáctico, manejando los hilos de la cultura-economía-terrorismo. ¿No es tremendo que en un sistema democrático la gran mayoría de ciudadanos vascos tengan miedo a participar en política? ¿Habría ETA sin la existencia del PNV? Este partido ha sido su madre nodriza. ETA se acabó. Los cachorros de ETA ya nunca serán leones. El tren de la muerte conducido por Al Qaeda ha roto las agujas de los raíles etarras, ha descarrilado. Alguno están ofuscados con la idea de endilgar a ETA el atentado del 11-M. Ahora sacan a Rego Vidal, personaje que intentó atentar contra el Rey Juan Carlos en Mallorca, como conexión entre islamistas y etarras. Rego Vidal es un tipejo obsesionado contra la familia real española, pero no es militante de ETA. En los años sesenta ya intentó matar a Don Juan de Borbón.

Todo se está esperpentizando. ETA sabe que ha llegado el momento de enterrar su hacha y la serpiente no seguirá enroscándose en la democracia para asfixiar la libertad. Después de estar muchos años escuchando a mis espaldas voces que sonaban a disparos; después de chocar mis ojos con miradas que eran como una agresiva apología del terrorismo; después de sentir que el miedo me llegaba hasta las rodillas, veo luz al final del túnel. ETA agoniza con la perplejidad ante el 11-M. Nunca di a los que matan capacidades políticas. El olor del miedo se ha convertido en aroma de libertad. ETA está derrotada política y militarmente. Se acabó su «mito». La libertad es para soñarla. Si ETA se vuelve a manchar las manos de sangre, sólo ganará el desprecio del pueblo vasco al que dice defender. Puedo decir y digo que ETA abandona las armas (las pocas que le quedan ya). Tenía ganas de dar esta noticia. ETA ha muerto. Viva la libertad.     Matías Antolín es escritor y periodista

Deporte y nacionalismo
Francisco Marhuenda La Razón   24 Octubre 2004

Lo único que no me gusta del deporte es cuando se convierte en un instrumento de exaltación patriótica o partidista. Más allá de la lógica satisfacción de ver el éxito del equipo o de un deportista de tu país, todo lo demás me parece una abominación que va en contra del espíritu deportivo. Es cierto que todos los Estados utilizan el deporte con intereses políticos, porque resulta un excelente instrumento propagandístico. Esto resulta aún más exagerado en los regímenes dictatoriales, porque buscan esconder sus carencias e injusticias exaltando los sentimientos nacionales. Los nacionalistas catalanes han convertido la exigencia de contar con selecciones propias en el caballo de batalla de su estrategia secesionista. Es una pieza clave en esa estrategia de marcar distancias con respecto a España, como si fuera algo ajeno a nosotros.

Hay Estados que cuentan con territorios con selecciones propias, pero no son instrumentos al servicio de un objetivo secesionista. Lo que podría ser una expresión de una singularidad deportiva o una tradición, aunque no sea el caso catalán, los independentistas lo han convertido en una prioridad. Ahora cuentan con la ventaja de controlar la Generalitat y tener en Madrid un Gobierno que oscila entre la inanición y el servilismo en esta materia. Las perspectivas son malas, porque los chicos de la senyera estelada se pueden salir con la suya gracias a Zapatero, que sólo sabe decir que sí a las exigencias de sus socios.

Ingrato olvido
KEPA AULESTIA El Correo  24 Octubre 2004

Mañana se conmemora el 25 aniversario del Estatuto de Gernika sin la certeza de que vaya a cumplir un año más. Es posible que en octubre de 2005 hablar del Estatuto suene casi a anacronismo, a inútil nostalgia. Es posible que «aquella entrega a cuenta de los derechos de los vascos» -según el símil empleado por Garaikoetxea- pactada hace un cuarto de siglo se haya desvanecido para entonces; y que quien esté en el gobierno de Euskadi ni siquiera se sienta en la obligación de recordar la fecha. De hecho, el nacionalismo gobernante nunca quiso convertirla en la fiesta de los vascos. Al principio -en los años ochenta- sus objeciones resultaban difusas. En los años noventa tomaron cuerpo con el argumento de que era un pacto incumplido, y que no tenía sentido celebrar tal incumplimiento. Con el inicio de la tramitación del plan Ibarretxe se ha convertido para el nacionalismo en una página que quedó atrás y a la que quienes están al frente de las instituciones de la autonomía no piensan volver.

La obstinada depreciación del Estatuto por parte del nacionalismo constituye, cuando menos, un grave error que puede terminar pagando el conjunto de la sociedad vasca. El peligro no estriba en que podamos acabar a la intemperie, aunque haya razones para temer tal cosa. Los riesgos derivan de la transgresión a que está siendo sometida la verdad histórica porque, a este paso, no vamos a tener qué contar a futuras generaciones sobre el nacimiento de Euskadi como comunidad política. Quienes pretendan construir la identidad sobre los destrozos que causa el olvido se encontrarán en la necesidad de recrear una historia que no fue. Claro que esa es la intención del soberanismo más entusiasta. Pero la ingratitud hacia el pasado más reciente puede corroer las referencias que toda sociedad precisa para su propia cohesión. Es posible que, por el camino que nos señala Ibarretxe, los vascos logremos dejar de ser españoles. Pero lo que resulta dudoso es que consigamos ser más libres.

Hace veinticinco años el referéndum fue presentado por el PNV como la encrucijada entre el Estatuto y la ruina. Es cierto que durante todo este tiempo se han visto incumplidas algunas de sus previsiones y recortadas algunas de las facultades que el texto estatutario confiere al País Vasco. Pero no sería justo olvidar que, de la misma forma, la autonomía real ha superado con creces las expectativas que entre 1978 y 1979 alimentaron muchos de sus artífices nacionalistas. La paulatina vertebración de Euskadi hacia dentro lo ha hecho posible. Por eso mismo resulta más que aventurado despreciar lo que tenemos o -para ser más precisos- construir sobre esos cimientos un edificio que responde a una idea, a un impulso, más que a un proyecto preciso. Idea e impulso que se asientan en la convicción de que lo que ya tenemos no nos lo va a quitar nadie. El anuncio de una próxima consulta sobre el derecho que asiste a los vascos para decidir su futuro como acto fundacional de una Euskadi definitiva condena en realidad al país a vivir en la provisionalidad.

CONGRESOS
Por Jon JUARISTI ABC 24 Octubre 2004

¡AH, los tanos! Al parecer, en la Italia de finales del XIX, ciertos políticos alimentaron la utopía de una colonización pacífica de Argentina mediante la emigración en masa y todavía a Mussolini la idea no le desagradaba. Rosario es una hermosa ciudad, y no sólo porque se parezca a Bilbao con sus rincones manchesterianos. En un galpón postindustrial reconvertido en trattoria, cerca del río que fluye, pasa y huye, conjuré la sombra asimismo fugitiva del héroe edípico que creó Edmundo D´Amicis en De los Apeninos a los Andes, no sé si para estimular el flujo migratorio o para desalentarlo. Aquel pequeño cabroncete llamado Marco paseó por Rosario a lo largo de un siglo buscando a su Mamma: primero, solo y compungido, en ediciones escolares de Cuore; luego, en cuerpo y anime con el mono Amedio. Seguro que se encontró a sus anchas en la metrópoli pampera saturada de genoveses. En Rosario, no obstante, está el Parque España, con su magnífico colegio. Aprovechando esta feliz circunstancia, las Academias de nuestro idioma común y el Instituto Cervantes se aprestan a celebrar allí, del 17 de noviembre en adelante, el III Congreso Internacional de la Lengua Española.

Para ir creando ambiente, la Universidad rosarina acaba de nombrar Doctor Honoris Causa a Ibarreche por su decisiva contribución a la paz y al entendimiento entre los vascos. Y el lehendakari ha defendido su Plan Rataplán ante el claustro de la venerable institución, en la patria chica del Che Guevara y del perro Mendieta (ambos de ascendencia alavesa). Si hubiese llegado a suceder algo parecido en los ya remotos días del aznarato, la sede congresual -tras injustificables presiones monclovitas sobre el gobierno de la república hermana- habría sido trasladada raudamente a Bariloche. Don José María era así de picajoso y así de contundente, como se dice ahora. Más antiguo que el bisonte de Altamira. En lo tocante a la unidad nacional, no admitía de nadie el mínimo pitorreo: ni del rector de Rosario ni del orfeón de Cochabamba, faltaría más. No veas cómo se sulfuraba y lo que nos costaba calmarlo.

POR suerte, ahora vivimos tiempos más distendidos. ¿Que los castristas nos expulsan un diputado a gorrazos? Mendiguemos de la UE comprensión para el Caballo y mucho ojo con lo que andamos soltando por ahí, Loyolita, que Fidel no es Franco ni tú tan de izquierdas como para que se te consientan licencias poéticas. El director del Instituto Cervantes no es Mussolini ni quiere conquistar Argentina, conque promete que, lejos de ser suspendido, el Congreso de Rosario dejará los anteriores de Zacatecas y Valladolid a la altura de las baldosas (¿tan mal lo hicimos entonces, caro Marqués de Tamarón?). En fin, a su triunfal regreso de la Patagonia, Ibarreche se entera de que le han dado luz verde para un referéndum puertorriqueño o quebecois. Vaya hebdómada, Romerales, que diría Plotino.

EL único que aquí refunfuña es el Proto (Azcárraga, consejero de Justicia del Gobierno Ibarreche, se ganó ese sobrenombre porque solía autodefinirse como el prototipo de la raza vasca). Pues bien, al Proto, el pase foral que graciosamente ha concedido a su presidente el presidente Rodríguez le parece un brindis al sol y exige más madera, que todavía queda mucho barco por desguazar (conociéndolo, no creo que se conforme con la legalización de Batasuna, aunque vaya acompañada de un desagravio público a Arnaldo Otegui en acto presidido por Fernández de la Vega al son de la Varsoviana). O sea que ya le pueden ir buscando un Doctorado Honoris Causa en Corte y Confección por la Universidad habanera (lo que sería más fácil si el embajador Alonso Zaldívar empezase de una vez a sudar la camiseta). Todo sea por la paz en casa y, si se tercia, en Faluya. Pero, ah, tanos, por la santa memoria del mono Amedio o del chucho Mendieta, lo mismo da: devolvedme la Rosario de mi Mamma y quedaos con todo lo demás, congreso incluido.

REBOBINAR LA HISTORIA
Por Jaime CAMPMANY ABC 24 Octubre 2004

MUCHO más que a construir un pasable presente y a planificar un futuro próspero, estos socialistas que nos gobiernan andan atentos a rebobinar la Historia para recomponerla a su gusto y capricho. Hace unos días les hice a nuestros socialistas esta misma observación con dos endecasílabos de Manuel Machado: «Que lo que sucedió no haya pasado, / cosa que al mismo Dios es imposible...». Bueno, pues eso. No quieren asumir la Historia, con sus glorias por un lado y sus miserias por otro. Quieren inaugurarla, fabricarla ellos desde el principio. Rubalcaba podría ser Viriato, pongo por ejemplo; Pepiño Blanco, Pedro el Gordo, de León, y María Teresa Fernández de la Vega, María Padilla o Doña Urraca, yo qué sé.

Andan emperrados en que la guerra civil no la haya ganado Franco, y los esquerros republicanos catalanes del mequetrefe Carod-Rovira sueñan con que Cataluña sea la república independiente de Lluís Companys, y enseguida los andaluces de Chaves Cuánto Sabes se colocan bajo la égida de Blas Infante. Pero no termina ahí la cosa, porque se remontan mucho más lejos, aguas de la Historia hacia arriba. Ahí tienen ustedes al menesteroso Marcelino Iglesias, cuyas proezas políticas, muchas y grandes, se encierran en dos: una, en quedarse para su uso personal las aguas del Ebro, que nace en Fontibre y desemboca en Tortosa, y en expulsar del escudo de Aragón las cuatro cabezas de moros decapitados que allí recuerdan la gesta de la conquista de Huesca en los años de la Reconquista.

Con razón decía hace poco en estas mismas páginas mi querido Juan Manuel de Prada que cualquier día de estos les da por quitar del escudo de Navarra las famosas cadenas que rememoran la grande batalla de las Navas de Tolosa, principio del largo fin de la dominación mahometana en España. Esas cadenas simbolizan aquellas que apresaban a los diez mil negrazos que aquel Mohamed a quien los cristianos llamaban Miramamolín había plantado alrededor de su lujosa tienda de color rojo. Los diez mil negros guardaban necesariamente con sus cuerpos la vida y la grandeza de Miramamolín porque no les era posible la huida, encadenados como estaban y plantados en un bosque de lanzas enhiestas. Si me dais licencia, relataré el suceso con un fragmento de mi «Romancero de la Historia de España».

«Caballeros de armadura pugnan la muralla aquella, mas los caballos se espantan cuando a las lanzas se acercan. Jubilosa gritería avisa una gran proeza. Don Alvar Núñez de Lara, caballero a la jineta, con un salto prodigioso ha salvado la barrera y hace tremolar al aire de su Castilla la enseña. Otros jinetes abrieron en la muralla una brecha, pero al salvar por su flanco el cordón de carne negra, vieron que el rey de Navarra entró por el ala diestra y antes que nadie tomó la roja y dorada tienda. Desde entonces, el escudo de los navarros ostenta en recuerdo de esa hazaña el cuartel de las cadenas».

Bueno, pues, hala, fuera cabezas de moros, fuera las cadenas de Miramamolín, que le den a Hassan II las campanas de Compostela que hizo llevar Fernando III el Santo a lomos de moros y que Zapatero les dé a los turcos cuando entren en la Unión Europea el Cristo de Lepanto.

«La ignorancia es aprovechada por los impostores para sembrar el fanatismo»
MIGUEL ÁNGEL BARROSO ABC 24 Octubre 2004

MADRID. Están aquí, entre nosotros. Con papeles o sin ellos. Con el gesto huraño o la sonrisa pintada en la cara. Haciendo colas frente a una comisaría para regularizar su situación. Yendo a la compra. Trabajando legalmente o en el «top manta». Un buen día se les cruzan los cables. Porque sí o porque un «electricista» malintencionado quiere provocar un cortocircuito. Y, entonces, piensan en volar varios trenes de cercanías o la Audiencia Nacional. ¿Tiene la culpa la inmigración irregular? ¿La ignorancia? ¿Las cuentas pendientes con Occidente? El mundo se mueve.

«Estamos en una fase de génesis de una nueva estructura internacional. Valores e instituciones que tenían vigencia hace medio siglo ahora se han quedado obsoletos. Y esto vale también para España». Najib Abu Warda, profesor de Relaciones Internacionales en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid, observa cómo el plan de su asignatura casi no vale de un año para otro. El edificio llamado convivencia, que tanto tiempo tardó en levantarse, se tambalea. «Estamos pagando muy cara la injusta asimilación del terrorismo al Islam. Queremos a España y formamos una comunidad integrada. No quiero que se pierda esto». Riay Tatary Bakry, presidente de la Unión de Comunidades Islámicas de España e imán de la mezquita de Tetuán (Madrid), asegura que los acontecimientos de estos últimos días han desconcertado a los fieles en pleno Ramadán. Las pocas luces, finalmente, se apagan. «¿Que ha existido un «adoctrinamiento alternativo» en las cárceles? ¡Pues claro! ¿Y qué han hecho las autoridades por evitarlo? Estas personas se aislan del mundo y se dejan secuestrar por impostores que les venden su realidad: el enemigo, el martirio y el paraíso». A Mustapha El Mrabet, presidente de la Asociación de Trabajadores e Inmigrantes Marroquíes en España (Atime), le horroriza la idea de que un inmigrante musulmán vuelva a poner una bomba.

«Simplificar falsea la realidad» Estas tres voces autorizadas llevan meses, años, reflexionando. Y coinciden en el peligro de la simplificación. «Yo no ligaría la presencia de terroristas en suelo español a la inmigración irregular; puede influir, pero lo cierto es que muchos de ellos tienen permiso de residencia», comenta Riay Tatary. «También se simplifica cuando se pone al terrorismo el adjetivo de islamista. En el rezo del viernes, los fieles que acuden a la mezquita no entienden ni admiten esta locura. Cuando leo en los periódicos que en un piso franco han aparecido tales o cuales versos del Corán, me siento muy mal, porque esas enseñanzas están sacadas de contexto. Si alguna vez llegara a hablar con uno de estos extremistas le explicaría hasta qué punto está equivocado, e intentaría llevarlo a la moderación y el equilibrio, que son básicos en nuestra religión».

Mustapha El Mrabet sigue viendo colas en la calle de gente que busca una oportunidad. Y piensa en lo fácil que es enceder una mecha. «Los grandes intelectuales musulmanes advierten de que los extremistas son minoría, pero que su número puede crecer. No tengo del todo claro qué puede llevar a estos individuos a convertirse en asesinos -de hecho, quien se obsesiona en las causas puede llegar a justificar las acciones, y es lo último que querría para mí-, pero Palestina o Irak son argumentos que no pueden obviarse. Jamás se puede abdicar contra el terrorismo, pero tampoco se puede humillar a un pueblo o a una religión». Descripción del paisaje «Es preciso hacer autocrítica: existe mucha ignorancia en el mundo musulmán», señala el catedrático Najib Abu Warda. «Y esa ignorancia es aprovechada por los fanáticos. ¿De dónde salen? Hay que abrir el foco para comprenderlo. La sociedad internacional parece estática, pero no es así. En un puñado de años hemos asistido al fin de la guerra fría y al establecimiento de un nuevo pulso, esta vez basado en los desequilibrios económicos. Esto ha fomentado los extremismos en los países que, digamos, van perdiendo. Y no olvidemos que muchos de esos «perdedores» emigran al Primer Mundo en busca de una vida mejor, y no son tratados con dignidad. Creo, sinceramente, que es un fenómeno transitorio, pero hay que tomárselo muy en serio.

Al caldo de cultivo hay que añadir la ausencia de grandes líderes, en ambos bandos, que se impliquen realmente en la resolución del problema; la ONU ha fracasado, tal vez porque es una institución de mediados del siglo XX que no tiene respuestas para el siglo XXI. Y, por último, está la escuela del realismo político norteamericano: lo único que importa es el interés nacional, y en las relaciones internacional la única regla que vale es que Estados Unidos ordena y manda». La sabiduría popular Riay Tatary dice que sus hijos son «gatos» (madrileños), y se siente orgulloso de ello. En el entorno de la mezquita de Tetuán, la comunidad musulmana es aceptada sin problemas. «El pueblo es más sabio y maduro que algunos gobernantes y medios de comunicación», dice. Pero él no elude su responsabilidad. Seguirá diciendo a quien quiera escucharle que Islam rima con paz, no con terrorismo. Mustapha El Mrabet aspira a ver cada vez menos colas de inmigrantes en las calles, y no porque se hayan cerrado las fronteras. Y Najib Abu Warda sueña con ese día en que pueda anunciar ante sus alumnos que esta guerra -que no salió de la chistera- se ha acabado.

LOS NOMBRES DE DOS ETARRAS APARECEN EN LA AGENDA DE BERESMAIL
El Gobierno trata de camuflar una nueva prueba de la relación entre los islamistas y ETA
El preso Aldelkrim Beresmail, aislado en la cárcel asturiana de Villabona, mantuvo un estrecho contacto con el miembro de Jarrai Juan Luis Camarero. El dirigente abertzale trasladó a un colaborador de ETA las "buenas impresiones" que le había causado el islamista. Ahora queda por esclarecer si fue Camarero el que facilitó a Beresmail el nombre de dos sanguinarios presos etarras que han aparecido en su agenda. "Fuentes policiales" ya le han trasladado a la Agencia Efe que no existió relación con los terroristas Herri Parot y Harriet Iragi.
Libertad Digital 24 Octubre 2004

Mientras el juez Garzón continúa tomando declaración a los miembros de la célula de terrorismo islamista desarticulada esta semana, con las comparecencias de los ocho arrestados en distintas ciudades españolas, la Cadena Ser ha adelantado que en el registro de la celda de Albelkrim Beresmail, aislado en la prisión de Villabona por su relación con los arrestados, los agentes han encontrado una agenda con los nombres de dos presos etarras de la cárcel de Córdoba. Se trata de los sanguinarios Hernri Parot, que suma cerca de dos mil años de prisión, y Harriet Iragi, que cumple 53 años de condena por asesinar al coronel médico Antonio Muñoz Cariñanos.

La emisora, citando fuentes de los funcionarios de prisiones, también desvela que Beresmail fue uno de los presos islamistas que celebró el asesinato de los siete agentes del CNI destacados en Irak. Además, en uno de los dos registros practicados en su celda los agentes también hallaron anotaciones a mano de numerosas direcciones de Europa, también de España, que ya están siendo investigadas. En la misma agenda había instrucciones para fabricar explosivos caseros con cloratita, clorato de amonio, azufre y azufre en polvo.
Según la Agencia EFE, la Policía ya ha investigado si se produjo algún tipo de contacto entre Beresmail y los etarras y ha concluído que no existió relación alguna. El argumento de las "fuentes policiales" que cita la agencia estatal de noticias es que "no ha existido contacto alguno ni relación entre Abdelkrim Beresmail y los dos etarras citados, toda vez que estos cumplen condena en la prisión de Córdoba y el argelino lo hace en Villabona (Asturias)".

ETA atenta de nuevo contra una inmobiliaria para mantener su chantaje
La detención de los máximos dirigentes de la banda terrorista no ha supuesto el desmantelamiento de la red de cobro del «impuesto revolucionario»
M. L. F. ABC 24 Octubre 2004

BILBAO. Un nuevo atentado de ETA contra una inmobiliaria, esta vez en Bilbao, confirma la urgencia de la banda terrorista por demostrar que, a pesar de su debilidad, todavía puede hacer daño a quienes se resisten a ceder a su chantaje. Es el tercer artefacto de ETA que estalla en el plazo de una semana, los dos anteriores en inmobiliarias de San Sebastián.

A las cinco de la tarde de ayer, en el primer piso del número 14 de la calle Licenciado Poza de Bilbao, estalló el artefacto compuesto, al igual que en las dos ocasiones anteriores, por un kilo de cloratita reforzada con dinamita titadine. El objetivo de los terroristas era la Inmobiliaria Galarza, en cuya puerta fue colocado el explosivo, con un detonador preparado para estallar a la hora prevista.

Cartelito con la palabra «peligro»
Según fuentes próximas a la investigación, los autores del atentado dejaron la bomba oculta en una fiambrera, en el primer piso del edificio, sin más indicaciones que un cartelito con la palabra «peligro».

Aunque no se produjeron heridos, la hora y el lugar hacían más probable que en las dos ocasiones anteriores que la explosión alcanzara a alguna persona, a pesar de que la oficina de la inmobiliaria estaba cerrada. Tampoco esta vez ETA alertó con anterioridad de la colocación del artefacto explosivo. Fue un vecino del inmueble -en el que las dos primeras plantas están dedicadas a oficinas y el resto a viviendas- el que informó a los agentes de que poco antes de que estallase la bomba vio la fiambrera ante la entrada de la inmobiliaria.

Los daños han sido sólo materiales, al igual que los producidos en la madrugada del viernes por la bomba colocada contra la inmobiliaria Adarra, situada en la calle Pescadores Terranova, en la ciudad de San Sebastián, y el sábado de la semana pasada en la empresa Ondarreta de Servicios, en el barrio del Antiguo, también en la capital guipuzcoana. En ambos precedentes, la bomba fue colocada de madrugada y en el exterior de los locales.

Debilidad de la banda
La nueva campaña de ETA contra intereses empresariales pretende frenar la actitud de ignorar las misivas en las que la banda terrorista exige el denominado «impuesto revolucionario», que se está generalizando por la debilidad en la que se encuentra ETA, especialmente tras su último descabezamiento, el pasado día 3, y por las recomendaciones de las organizaciones empresariales vascas de no ceder a dicho chantaje.

No obstante, la detención de Mikel Albizu, «Antza», y Soledad Iparraguirre, «Anboto», y la localización de los principales «zulos» de la banda no ha supuesto el desmantelamiento de la red de cobro del denominado «impuesto revolucionario», por lo que se considera que permanece activo y que permite a ETA seguir disponiendo de dinero.

El pasado verano la banda terrorista dirigió una nueva oleada de cartas a profesionales liberales y a pequeños comerciantes, en las que se reclamaban cantidades entre 6.000 y 18.000 euros.

Cuna del castellano
Juan Luis Fernández/Getxo-Vizcaya Cartas al Director El Correo  24 Octubre 2004

Pedro Sanz, presidente de La Rioja, ha manifestado que «mientras las autoridades académicas no digan lo contrario, las 'glosas emilianenses' serán el primer documento escrito en castellano». Pues bien, esta afirmación no es correcta, pues las glosas, tanto las emilianenses como las silenses, no están escritas en castellano y esto lo defienden, además, los académicos a los que el dirigente mencionado apela. Así, por ejemplo, Rafael Lapesa, fallecido en 2001, dice en su 'Historia de la lengua española' -publicada por primera vez en 1942-, que están «en dialecto navarro-aragonés», cosa que es sabida por absolutamente todos los lingüistas. Habla asimismo Sanz, creo que no de buenas maneras, de los que han descubierto hace unos pocos años que las primeras muestras del castellano escrito se hallan en los cartularios de Valpuesta, localidad que, si bien en lo administrativo pertenece al municipio burgalés de Berberana, en lo geográfico forma parte del valle alavés de Valdegovía. Dice el mandatario de estos investigadores que tienen «gran interés por apropiarse de algo en lo que esta comunidad -La Rioja- ha sido pionera». Sepa usted, señor Sanz, que aquí nadie desea apropiarse de nada, lo único que se quiere es defender la verdad. Y ésta nos dice, con los datos de que ahora disponemos, que la cuna del castellano es Valpuesta, algo que Rafael Lapesa pensaba incluir en la próxima edición de su obra antes citada.

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