AGLI

Recortes de Prensa    Martes 26 Octubre 2004

Chorizos a la dinamita para el terrorismo sin rostro
José JAVALOYES La Razón 26 Octubre 2004

PARALELISMOS
Xavier PERICAY ABC 26 Octubre 2004

El día del estatuto
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 26 Octubre 2004

La parte y el todo
Editorial La Razón 26 Octubre 2004

EL ESTATUTO DE LOS VASCOS.
Editorial ABC 26 Octubre 2004

Cine-basura
Carlos SEMPRÚN MAURA Libertad Digital 26 Octubre 2004

El corre-corre que te pillo
Julián LAGO La Razón 26 Octubre 2004

Paletería
Alfonso USSÍA La Razón 26 Octubre 2004

Moros (sí) y cristianos (no)
Bruno AGUILERA La Razón 26 Octubre 2004

Farolillos
Tomas CUESTA La Razón 26 Octubre 2004

El sapo soberanista
Juan BRAVO La Razón 26 Octubre 2004

Estatuto y división
Editorial El Correo 26 Octubre 2004

El TC ya dijo que las autonomías no tienen competencias en el ámbito estatal
Redacción La Razón 26 Octubre 2004

Vázquez se sirve de la Ley de Grandes Ciudades para rebautizar A Coruña
Laureano López  Dolores Vázquez  a coruña La Voz 26 Octubre 2004

Una ley que multiplica las facultades de los alcaldes
a coruña La Voz  26 Octubre 2004

La guerra por el topónimo coruñés ha pasado por todos los tribunales de justicia y suscitado numerosas controversias políticas y lingüísticas
Juan Gómez-Aller | a coruña La Voz  26 Octubre 2004

Español de supervivencia: que la palabra pan no sea un misterio para los inmigrantes
TULIO DEMICHELI, CRUZ MORCILLO y M. A. BARROSO  MADRID ABC 26 Octubre 2004


 


Chorizos a la dinamita para el terrorismo sin rostro
José JAVALOYES La Razón 26 Octubre 2004

Las piezas no encajan en el discurso oficial. Lo dicho va por un sitio y los hechos, en su tozudez, por otros. Imposible que desde la ortodoxia establecida pudiera concebirse lo que acaba de pasar. No encaja con ella la detención de los componentes de otra célula islamista. Queda fuera de guión el plan de esa punta de chorizos magrebíes: atentar contra la Audiencia Nacional, el Tribunal Supremo..., o cualquier otro objetivo sensible, por el número de víctimas o por su significación simbólica.

Desde esa óptica que oficialmente se quiere olvidar, el 11-M fue consecuencia del compromiso español con la guerra de Iraq. Pero desmantelado ese compromiso y traídas a España las tropas que se habían enviado hasta allí, resulta que el islamismo radical insiste –por sí mismo o inducido– en repetir actuaciones terroristas a gran escala en Madrid.

Se insiste en el propósito criminal y se reitera la recluta del mismo género de delincuentes musulmanes: gentes norteafricanas establecidas en el desempeño de una criminalidad de menudeo dentro de la delincuencia común. Sabido el plan que se traían entre manos, adquiere vigencia nueva la vieja y desautorizada pregunta de si hubo un «director» del 11-M. Un estratega y un impulso puntualmente últimos: exteriores al perímetro organizativo de la célula dinamitada en Leganés.

Sabido que la organización de Al Qaeda es horizontal, estructurada en red y no jerarquizada –como un entramado de franquicias, reguladas por una marca y una cultura empresarial comunes–, la respuesta requiere de muchos matices. Es improbable una concreta directriz emanada del núcleo fundacional. Y si ello es improbable más lo es aún, prácticamente imposible, que aquella desestructurada tropa de delincuentes comunes fuera capaz de elaborar de forma autónoma una previsión precisa del impacto –tan profundo y tan extenso– que por razón de oportunidad tendrían los atentados de Atocha.

Entonces, si la orden no llegó directa y precisamente de los entornos paquistaníes de Tora Bora, donde se presume que está refugiado Ben Laden, y si la primera banda de moros era incapaz de concebir la magnitud de los resultados habidos, y de medir los tiempos precisos para lograrlos, ¿de dónde partió el impulso y dónde estaba el análisis que le precedió?

Las limitaciones conceptuales, estratégicas y operativas del grupo volatilizado en Leganés eran tan patentes, lo hacían tan poco fiable para sus armadores, que éstos hubieron de doblar, por fuerza, el dispositivo logístico para el 11-M con otra remesa de muerte: aquel furgón cargado con media tonelada de explosivos, que desde Francia partió hacia Madrid la misma fecha que la dinamita asturiana finalmente utilizada. Tiempo y destino de las remesas fueron idénticos, porque un dispositivo aseguraba el otro. Consistía en una planificación redundante al servicio de un mismo propósito. Atentaron los moros, pero ETA quiso llegar a Madrid en la misma fecha y con idéntico empeño de atentar en el corredor del Henares, como se probó en el croquis que llevaban los terroristas detenidos en Cañamares.

Hubo una ejecución del plan terrorista aunque pudo haber otra, complementaria o alternativa de la perpetrada. Fueron los islamistas, pero pudieron haber sido los etarras si su cooperación logística, de rematarse con la llegada a Madrid de sus explosivos, no se hubiera limitado a transportar el material. Cabía también, por tanto, la posibilidad de que los terroristas salidos del nacionalismo vasco hubieran reiterado, el 11-M, sus previos y frustrados intentos de operar contra los enlaces ferroviarios de la capital de España.

Sabido es que se considera políticamente incorrecto hablar de «conspiración» a estas alturas. No importa. Resulta estúpido admitir que una trabada estructura de supuestas casualidades, deba descartar y deslegitimar toda idea de lo contrario: de que las casualidades no fueran tales sino concomitancias más que preñadas de presunción de causalidad. Evidencias como puños.

Considerados otros factores concurrentes en el 11-M, es forzoso reparar, a la vista de la célula islámica ahora desarticulada, en que hubo dos géneros de explosivos en los atentados: las bombas que estallaron en los trenes y los hombres-bomba habidos después, en Leganés, para borrar todo rastro de meta-autoría, cualquier cable indiciario que condujera a los inductores o a los colaboradores necesarios. A este género de delincuentes suicidas corresponden los enrolados por Mohamed Achraf, dispuestos también a inmolarse, aunque en primera instancia, con el camión cargado de dinamita, sin tener que esperar a otro Leganés en que se perdiera su rastro.

Se ha repetido, por tanto, el recurso al mismo material. El Achraf falsificador de moneda había reclutado también chorizos a la dinamita, hombres-bomba. Idéntico y demenciado material humano que el del 11-M. O sea, instrumental terrorista de la más cumplida utilidad, siempre que se le sepa aplicar el fulminante de la adecuada motivación. Se les utiliza primero y se les borra por la vía del suicidio. Imposible un servicio más completo, utilidad más cabal.

El islamista fanático es un arma en sí mismo. Un arma que después de utilizada no hay que esconder como, por ejemplo, a los «barbouzes», los agentes sin rostro que en la Francia inicial de la V República ejecutaron el contra-terrorismo frente a la OAS que quería la Argelia francesa, y luego desaparecieron dejando sólo como huella unas tumbas sin nombre. El islamista, más allá o más aquí de su sentido primordial, es el instrumento más adecuado para estrategias oscuras e inconfesables.

Visto lo que da de sí la gente islamista, no se necesita por quienes la explotan de mayores cautelas para poderla emplear como tropa auxiliar al servicio de un propósito último que le es ajeno. Puede utilizarse como energía limpia, sin contaminación política para quienes son capaces de manejarla. Suma a sus cualidades destructivas la ventaja de que, como arma, hace innecesaria la construcción de zulos donde esconderla. Con suministrarle los explosivos basta. Se les portean éstos hasta el objetivo y, si es necesario por la naturaleza de la misión, se inmolan «in situ», como en Palestina o en Iraq. Para otros casos, como el 11-M, de operativa distinta, la inmolación viene después. El meta-terrorismo más oscuro tiene en el islamismo el arma del siglo XXI. Ese terrorismo sin rostro ha encontrado el instrumento sin rastro.     José Javaloyes es periodista

PARALELISMOS
Por Xavier PERICAY ABC 26 Octubre 2004

SI bien se mira, entre los delirios del nacionalismo catalán y los del nacionalismo vasco no existen muchas diferencias. Ni siquiera resulta relevante, a estas alturas, que uno patine sobre ruedas y el otro lo haga sobre raíles. En ambos casos, el fin perseguido es idéntico: afirmarse a través del enfrentamiento, hacer visible la oposición entre un trozo de España y España entera.

Cuando Pasqual Maragall declara en Macao que ojalá la selección catalana de hockey rodado se enfrente un día a la española y la venza, está expresando exactamente lo mismo que expresa su colega Juan José Ibarretxe cuando sostiene que el tren del futuro del País Vasco está en marcha y no va a parar, y que este futuro se decide en Euskadi y no en España. Que luego el primero pretenda quitarle trascendencia al asunto añadiendo que se trata únicamente de un juego no cambia en absoluto las cosas. Sólo las vuelve, si cabe, más esperpénticas.

Con todo, el hecho de que no existan diferencias notorias entre los objetivos de unos y de otros no significa que la situación en una y otra parte del Estado sea idéntica. Aunque a menudo se olvide, en Cataluña el nacionalismo se encuentra mucho más extendido que en el País Vasco. Baste recordar que el actual presidente de la Generalitat, pese a pertenecer a un partido que se declara no nacionalista, no ha tenido el menor empacho en hacer lo que ha hecho y en decir lo que ha dicho, y que su propio partido ha sido el primero en felicitarse por la hazaña. Y baste recordar también que a Macao han ido los máximos dirigentes de casi todos los partidos representados en el Parlamento de Cataluña, excepto del Partido Popular: además de Maragall, han peregrinado hasta allí Josep Lluís Carod-Rovira y Artur Mas. Sólo faltaba Joan Saura, que seguramente no asistió al encuentro porque alguien debía quedarse para organizar la fiesta del recibimiento. De lo que se deduce, por otra parte, que a la clase política catalana el nacionalismo no se le cura ni viajando.

El día del estatuto
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 26 Octubre 2004

Hace unos años ETB emitió un reportaje de antropología recreativa que llevaba por título '¿Cómo somos los vascos?', aunque los signos de interrogación muy bien pudieron haber sido de admiración: '¿Cómo somos los vascos!'. Las primeras imágenes mostraban un rebaño de ovejas sobre un fondo bucólico y el narrador decía en off: «Hay una forma de distinguir los rebaños de ovejas de Euskadi de los de otras regiones. En otras partes, cuando las ovejas se paran, miran todas en el mismo sentido, mientras en Euskadi, va cada una a lo suyo».

A partir de tan afortunada metáfora sobre país, paisaje y paisanaje, quiero llamar su atención, mi admirado lehendakari, sobre la inoportunidad de que sus correligionarios hayan discutido a los constitucionalistas su condición de vascos. No hay más que asomarse a las celebraciones del Estatuto que se han venido sucediendo desde el sábado hasta ayer. Los partidos socialista y popular ya celebran el día del Estatuto como ustedes el Aberri Eguna: cada uno por su cuenta. Ni juntos ni revueltos.

Algo más de transversalidad hubo ayer en la subdelegación del Gobierno, a la que fueron invitados algunos dirigentes del PP, aunque en la pluralidad de aquel festejo no cupiese el anterior secretario general y afines del mismo partido que en Euskadi sustenta el Gobierno y su Delegación.

Mientras, lehendakari, la organización de su partido en Vizcaya se volcaba en una celebración paralela: el 25 aniversario de la apertura del batzoki de Zamudio. Uno ya comprende que puestos a elegir entre el Estatuto de Autonomía y el batzoki de Zamudio no haya lugar para la duda en ningún abertzale consecuente. Ir del corazón a los asuntos llamaría a este tránsito Miguel Hernández, un poeta español (nadie es perfecto) de cuando la República y la guerra.

El batzoki de Zamudio es una condensación de Euskadi más evidente que el Estatuto, ya le tengo dicho alguna vez que somos un pueblo del sector primario. Su partido nunca ha mirado la Carta de Gernika como un acuerdo integrador cuya ruptura supone la quiebra del consenso y la antesala del enfrentamiento.

Ustedes, lástima, no han querido ver en él el gran pacto que articula, garantiza y hace posible nuestra convivencia. El Estatuto está agotado, explican, y la expresión revela más de lo que dice. El nacionalismo sólo ha apreciado en él su carácter instrumental, un mecanismo para transferir competencias, la banqueta de ordeñar la vaca, si me permite decirlo con metáfora baserritarra. Así las cosas, es normal que, mientras usted desvela el suspense sobre su comparecencia o no a la cumbre autonómica del jueves, envíe a la reunión preparatoria al consejero de Agricultura. Para los asuntos delicados, nadie como un especialista.

La parte y el todo
Editorial La Razón 26 Octubre 2004

Un golpe de mano, con evidente abuso de confianza, permitió que la selección catalana de hockey sobre patines fuera admitida provisionalmente como miembro autónomo en la Federación Internacional de Patinaje (FIRS), de la que ya formaba parte la Federación Española. No hay que darle vueltas a la intencionalidad de lo ocurrido, sino plantearse cómo corregir el desaguisado para que un hecho aislado como éste acabe por dinamitar la presencia de España como nación soberana en las competiciones internacionales. Y no queremos pecar de alarmistas, pero, ayer, ya advertía el secretario general de Deportes de la Generalitat de Cataluña, Rafael Niubó, que existen 64 federaciones deportivas regionales en el Principado y que alguna de ellas conseguirá, tarde o temprano, burlar las actuales convenciones internacionales y ser admitida como miembro de pleno derecho en torneos de carácter oficial.

Las declaraciones de Niubó, que, incluso, se permitía la licencia de recomendar que España se buscara un nombre para competir en el mundo, son el fiel reflejo de la gravedad del desafío nacionalista, que protesta airadamente contra una supuesta «politización» del deporte, mientras lo utiliza a su antojo y sin ningún tipo de pudor. En este sentido, no basta que las leyes vigentes, los reglamentos olímpicos, los tratados internacionales y, sobre todo, la razón estén en contra de las pretensiones del nacionalismo político catalán. Buena parte de los intereses españoles van a jugarse en campo ajeno, a merced de representantes extranjeros que no tienen por qué conocer en su justo término la realidad autonómica de nuestro país. De hecho, el que la selección catalana de hockey sobre patines sea admitida en pie de igualdad con las del resto del mundo en la FIRS va a depender de los resultados de una votación secreta entre los delegados de los109 países que han sido convocados a la próxima Asamblea General de Fresno (Estados Unidos).

Se impone, pues, que el Gobierno de la Nación ponga en marcha todos sus recursos diplomáticos, que, pese a las últimas torpezas en las relaciones con Washington, Londres y Roma, aún son considerables, para evitar el absurdo de que una parte, Cataluña, se enfrente a un todo, España; absurdo que no se da, pese a la idea que intentan extender los nacionalistas catalanes, en ningún país del mundo.

De perderse la votación en Fresno, habría que confiar en el Comité Olímpico Internacional, al que está asociada la FIRS, cuyos reglamentos son muy claros al respecto. Porque, en último caso, no cabría más opción que retirar a la selección española de hockey sobre patines de la competición para que una parte, Cataluña, representara al todo, España.

EL ESTATUTO DE LOS VASCOS.
Editorial ABC 26 Octubre 2004

EL XXV aniversario del Estatuto de Guernica ha sido celebrado por el lendakari Ibarretxe como la exequia de una norma que, a pesar del desprecio nacionalista, ha permitido organizar políticamente el País Vasco por vez primera en su historia y proporcionar un nivel de autogobierno impensable en cualquier territorio de la UE. Sin embargo, sólo mediante una deslegitimación sistemática del Estatuto puede el nacionalismo justificar la estrategia emprendida en 1998, con el pacto secreto con ETA y el Acuerdo de Estella. Ésta es la tarea en la que está empeñado el lendakari, cuyo objetivo, como el de su partido, es únicamente forzar una reunificación de voto abertzale en torno al PNV para asegurarse la perpetuación en el poder. Así se explica que esta legislatura en blanco haya estado monopolizada -e inmovilizada- por su plan soberanista de libre asociación, sin que Ibarretxe pueda presumir de haber reclutado para su propuesta más apoyos que los que tenía cuando la anunció formalmente en 2001. Lo importante para el PNV no ha sido tanto construir un proyecto común para toda la sociedad vasca, como destruir el único que ha existido, el Estatuto de 1978, fruto del libre acuerdo de los vascos. Esta vocación destructiva del nacionalismo alimenta el «conflicto» con el Estado y le provee del argumento al que, como un reflejo condicionado, responde el frente nacionalista, ETA incluida. Así, el «conflicto» existe siempre que quiere el nacionalismo y el Estatuto se declarará superado tantas veces como convenga al PNV. El problema no es que ETA se adhiera a esta doctrina, porque es lógico que todos los nacionalistas estén de acuerdo en los principios, sino que consiga relativizar las posiciones de dirigentes no nacionalistas, para llevarlas a tierra de nadie, como está sucediendo con parte del socialismo vasco.

Esta forma de celebrar su deslealtad con el ordenamiento jurídico que le sostiene demuestra la política falaz de Ibarretxe, cuyo Gobierno aprobó ayer una declaración institucional sobre el Estatuto, trufada de falsedades históricas -sin citar ni una vez la trágica verdad de ETA- y cínicas transferencias de culpa a los no nacionalistas, según las cuales el plan soberanista de libre asociación es la reacción al incumplimiento del Estatuto por los gobiernos de Madrid. En el pasado, al nacionalismo siempre le fue rentable el complejo de culpa de los no nacionalistas y, en función de las opciones que elija el socialismo en el futuro, puede volver a serle eficaz. Sin embargo, la responsabilidad de quienes se reconocen como estatutistas habría de ser la reivindicación sin complejos de esta norma, aun cuando implique molestar al PNV en sus expectativas o perjudicar acuerdos en Madrid. Por pura dignidad, no se puede hacer política en el País Vasco ni con los nacionalistas fuera de él sin tener presente que el PNV ha suplantado a Batasuna en el discurso soberanista más radical y que Ibarretxe ha puesto negro sobre blanco la doctrina beligerante de ETA contra las instituciones autonómicas vascas.

La recuperación del diálogo con el Gobierno de Vitoria es, para Zapatero, un valor en sí mismo, quizá tanto, y a pesar de los reiterados desengaños con el PNV, que justifique liberar al lendakari de la sombra del Código Penal. Lo que el presidente del Gobierno aún no ha aclarado es cómo va a afrontar un desafío legal que el nacionalismo no sólo no ha moderado, sino que ha intensificado desde que ha conseguido confundir nuevamente al socialismo vasco. Más terreno ganado para un nacionalismo que sigue sin dar nada a cambio de recibirlo todo de la autonomía, el Estatuto y la Constitución que quieren desahuciar a conveniencia de su poder.

... Y EL DE LOS CATALANES
JUSTO es reconocer que los catalanes van a conmemorar el cuarto de siglo transcurrido desde la aprobación de su Estatuto con más aprecio y conciencia histórica de lo que ese texto ha supuesto para el bienestar y progreso de los habitantes de esa Comunidad. Pero también es cierto que todos los partidos del Ejecutivo tripartito al frente de la Generalitat y algunos de la oposición lo han declarado superado políticamente y han convertido su reforma en una prioridad. Pero no todos. Una voz de reconocida referencia como la de Jordi Pujol aseguraba anteayer desde estas mismas páginas que el actual no es en absoluto un cachivache inservible y que aún es posible sacarle más partido.

La Constitución ha de ser el límite que marque, diáfanamente, este proceso revisionista. El torrente declarativo que ha acompañado la reforma no parece, sin embargo, deparar perspectivas halagüeñas, sobre todo después de escuchar a Maragall afirmar aquello de que su reforma estatutaria «comparte el fondo del Plan Ibarretxe, pero no sus formas». Inquietante horizonte, sobre todo después de que Rodríguez Zapatero se comprometiese en la campaña de las elecciones catalanas a apoyar «cualquier texto que salga del Parlament». Cataluña será pues un banco de pruebas para el giro autonómico anunciado por el Ejecutivo socialista, sobre todo porque allí es fuerza gobernante y será el partido encargado de marcar el listón, con un compañero de viaje (ERC) que opta abiertamente por la independencia. Como mínimo, la revisión habría de hallar un respaldo similar al Estatuto de 1979 (el 87 por ciento). Y todo ello sobre la base de que independentistas, nacionalistas y federalistas asimétricos han de comprender que la asunción de competencias no puede ser un sinfín ni un proceso eternamente abierto. Y que, en algún momento, habrán de detener su inquebrantable ansia por el demarraje y por el ir más allá.

Cine-basura
Carlos SEMPRÚN MAURA Libertad Digital 26 Octubre 2004

No entiendo cómo Mario Vargas Llosa ha aceptado presidir el jurado del Festival Internacional de Cine de San Sebastián, sabiendo que subvenciona a ETA. Mario jamás ha manifestado la menor simpatía por ETA, todo lo contrario, y, sin embargo, por vanidad, o por lo que sea, ha aceptado ser cómplice implícito de la banda terrorista al aceptar presidir ese festival. Claro, juega a que no sabe nada, pero sabe, está muy bien informado de los asuntos de nuestro país, se codea con colegas de la Real Academia, algunos también periodistas, como nuestro presidente fundador, asimismo bien informados, se entrevista regularmente con Felipe González y José María Aznar, desayuna con sus amigos de Prisa y Alfaguara, sus nuevos señoritos, ve a cantidad de gente, y sabe, pero como tantos, prefiere arrinconar ese dato desagradable del subsidio de ETA, para aparentar normalidad y defender el prestigio del cine español.

En realidad, todo el mundo sabe, pero todo el mundo prefiere ocultarlo. En este sentido, he aquí, entre muchas otras, una anécdota personal: cenábamos en casa de unos editores de arte, en París, cuya hija, por afición vive en Andalucía, y les escribió una carta en que ordenaba fulminantemente a sus padres no pisar nunca, jamás, el Museo Guggenheim de Bilbao, porque esos «salauds» (canallas) subvencionaban a ETA (que no hacía mucho habían cometido sangrientos atentados en Sevilla). Claro, me preguntaron lo que opinaba, y confirmé, precisando que no sólo el Guggenheim, también el Festival de San Sebastián, los grandes almacenes, los empresarios, los comerciantes, los vecinos, todos, pagaban el «impuesto revolucionario» por miedo a las bombas o al tiro en la nuca. La normalidad, los guateques culturales, los negocios, el turismo, la gastronomía, se desarrollan en el País Vasco bajo el terror: o pagas, o te matan.

Desde luego, todo está muy bien organizado, el Festival de San Sebastián se presenta como un Festival más, como el de Cannes, Venecia, Berlín y muchos otros, sin el prestigio de la noche de los Oscar en Hollywood, pero un festival de cine; acuden actrices y actores famosos, directores, productores, se invita a escritores conocidos a ser miembros del jurado o a presidirle; se ofrecen fiestas, se conceden entrevistas, los paparazzis están al acecho del menor muslo desnudo de las guapas, se firman contratos, se hacen negocios, se conciertan adulterios, y, ¡ah!, se me iba a olvidar, se presentan películas. La normalidad, como en otros festivales, salvo que en San Sebastián un maletín viaja discretamente de las arcas del Festival a un «piso franco» de ETA, y ese dinero sirve para subvencionar asesinos. Que yo sepa ningún otro festival subvenciona el terrorismo, pues el de San Sebastián, sí. Y este «detalle» que parece no importarle a nadie, ni a Vargas Llosa, ni a los demás, constituye, sin embargo, una vergüenza nacional. Significa, lisa y llanamente, una complicidad con el crimen organizado.

Como casi siempre, en San Sebastián, se ha hablado mucho más de política que de cine, y cuando se habla de cine es de cine político, o sea cine-basura. Por ejemplo, Woody Allen recibió de manos de Almodóvar el premio Donostia, y presentó una película. Pero eso a nadie le interesa; lo que interesa es que ha declarado que si Bush fuera reelegido en noviembre sería una tragedia para Estados Unidos. Ese señor, autor de una sola película, con diferentes versiones, y cuando se sale del tema central de su ego, realiza mamarrachadas, tiene derecho a decir lo que le dé la gana, y además no es nada original, repite lo que dicen muchos cineastas, escritores, intelectuales, yanquis, furiosamente anti Bush. Pero, francamente, yo no llego a considerarle como un pensador político serio... La corresponsal de «Le Monde» en San Sebastián escribe que lo único interesante transcurrido en ese Festival fue la presencia de Fidel Castro, a través del documental de Oliver Stone, el más bobo de los de Coria. En esa larga entrevista, Castro miente con su desparpajo habitual; los «disidentes» son traidores a la Patria, pagados por los USA, y merecerían ser fusilados todos. Cuba es el único país socialista del mundo y sería un paraíso terrenal sin el bloqueo de esos mismos USA. Lo de siempre, vaya. Pero lo que yo me pregunto es cómo ese viejo tirano, dueño absoluto de un pequeño país, ha podido mantenerse en el poder durante tantos años. Eso demuestra, en todo caso, la incapacidad de la oposición cubana, como la ineficacia, en este asunto, de los USA.

Como colofón a este festival de cine-basura (¿qué vela se le ha perdido a Mario, en ese entierro?), también estuvo en San Sebastián Santiago Carrillo, como actor de complemento del documental «Rejas en la memoria» (de rejas, Carrillo sabe mucho), muy bien acompañado por otros falsificadores históricos como Felipe González o Jorge Semprún. ¡Qué pena que no lograron bailar una sardana de reconciliación en la playa de La Concha, con Carod-Rovira, por ejemplo! Sólo faltaba Michael Moore, el único cineasta que yo sepas, más feo aún que sus películas, y ya es decir...

Bromeo, no debería bromear, los muertos no tienen ganas de bromas.

El corre-corre que te pillo
Julián LAGO La Razón 26 Octubre 2004

Bueno, pues para récord de cien metros lisos el de los asistentes de Puigcercós, que fulminaron con un carrerón a galope tendido por la M-30, llevándose por delante a ujieres, plumillas y paseantes, a fin de conseguir retirar, antes del cierre de la pertinente ventanilla, la enmienda a la totalidad a los Presupuestos Generales del Estado presentada hacía cuatro minutos por ERC. Más que nada para acongojar al gobierno de Zapatero, al que no le llegaba el aire al cuello de la camisa, dado que el grupo parlamentario socialista carece de mayoría suficiente para sacar adelante los PGE, por lo que se habría visto Zetapé en el trance de prorrogar un año los anteriores presupuestos del pepé.

Así que, oh milagros de los milagros, los republicanos salieron de repente a toda pastilla para no hacer pasar un mal trago a los socios españolistas del tripartito. Eso sí, a cambio de algunas contrapartidas que Solbes había previamente rechazado en sus negociaciones con los republicanos, «pinuts», que dicen los pijos, o mejor, calderilla que dicen los convergentes. A saber, más dinero para mejorar las carreteras de Cataluña, inversiones para renovar la red de los trenes de cercanías de Barcelona, 12 millones de euros para el fomento de la lengua catalana y 120 millones de euros, a través de los ayuntamientos, para acometer planes para la inmigración, que sepamos, lo cual es una afrenta para la Comunidad de Valencia, un ejemplo.

Si echan cuentas, tampoco es para tanto, aunque nos maliciemos que de la misa sabemos la media. Desde luego, menudo son los de ERC, que ya veremos a la hora de la verdad la pasta gansa que nos cuesta este corre-corre que te pillo, que para pillos los republicanos, que conocen muy bien por dónde le aprietan los zapatos a Zapatero. O lo que es lo mismo, que sospechamos, y no sin razón, que existen otros compromisos no confesados entre el Gobierno Central y ERC, tal cual ha acontecido con los fondos documentales sobre la guerra civil depositados en los archivos de la Corona de Aragón y transferidos a Cataluña por la ministra Calvo con nocturnidad, alevosía y premeditación, sin que el presidente Zapatero haya dicho ni mu, ni lo dirá.

De ahí que no nos extrañaría que cualquier día de estos nos expropiaran parte de los fondos del museo del Prado, con no sabemos qué excusa de catalanidad, porque trasladar a Barcelona el museo del Prado, así de golpe, cantaría mogollón. Dicho lo dicho, pocas carreras tendrá tanta intrahistoria como ésta de los republicanos, aunque haya otras carreras parlamentarias no menos espectaculares. La del 23-F, su decir, cuando Tejero y sus picoletos entraron pegando tiros en el congreso, ante cuya presencia algunos reaccionamos corriendo a toda pastilla por la M-30 del hemiciclo, según ya relató en su día José Luis Gutiérrez en el desaparecido «Diario 16», pero ésa es otra historia. Otro corre-corre que te pillo, en suma, pero con otros pillos.

Paletería
Alfonso USSÍA La Razón 26 Octubre 2004

Con independencia de la incompetencia y dejadez de nuestras autoridades deportivas, que han permitido que una selección autonómica de hockey compita en un campeonato con rango de selección nacional; con independencia –ésa es la palabra y el fin–, de que el presidente de la Generalidad de Cataluña se haya desplazado hasta Macao –como bien recuerda Anson, casi un siglo de soberanía española–, acompañado de Pérez-Rovira, alias Carod, y manifestando sin pudor que en un hipotético enfrentamiento deportivo entre España y Cataluña, él siempre animaría y celebraría la victoria de Cataluña; con independencia del entusiasmo que ha reconocido un ministro del Gobierno de España por la selección catalana de hockey a pesar del perjuicio que causa a la selección de España y al deporte español; con independencia del papelón que le han endosado, sin tener culpa alguna, al secretario de Estado del Deporte, Jaime Lissavetsky; con independencia de la consecuencias políticas y sociales que pudieran derivarse de esta aventura nacionalista culminada con éxito por sus promotores; con independencia de todo lo escrito anteriormente, la cosa de Macao no tiene encaje en otro apartado que el de la paletería. No sería de extrañar, que aprovechando el júbilo colectivo, Pérez-Rovira y Maragall, nombren capitán a título póstumo de la selección de Cataluña de hockey a Luis Companys. Y que Zapatero lo ratifique.

Decenas de miles de aficionados y no tan aficionados han recibido en Barcelona a la selección escindida y soberanista. Se ha clasificado para jugar el campeonato mundial, en el que participará España. A ver cómo arreglan ahora el desbarajuste. Pero lo de la paletería viene por el desbordamiento impetuoso de las multitudes. La recreación en la visión del ombligo ha causado estragos en el sentido común de los catalanes. La próxima vendrá con la selección de Cataluña de petanca. Si centenares de miles de ciudadanos reciben en El Prat a los componentes de la selección catalana de petanca, la cosa no tendrá remedio. De ahí pasaríamos a la selección catalana de canicas sobre grava –en sus modalidades de grava suelta y grava asfaltada–, deporte que se da muy bien entre los naturales de Cataluña. Escribo desde la experiencia. De niño, en el Colegio del Pilar, todas mis canicas –en el sentido más deportivo de la frase–, acabaron en los bolsillos de un compañero habilidosísimo de procedencia barcelonesa. Tendrían que estudiar con seriedad Pérez-Rovira, alias Carod, y su subalterno Maragall, la posibilidad de invertir dinero e ilusión patriótica en las canicas sobre grava. Los recibimientos en el aeropuerto del Prat del Llobregat a la selección de Cataluña de canicas sobre grava, serían apoteósicos. Es más, contarían probablemente con mi presencia, dada mi afición a tan difícil y arriesgado deporte, que precisa de una gran puntería para alcanzar el triunfo final. Pero aún así, tendría que reconocer que asistir a una manifestación de entusiasmo de este tipo, como el recibimiento a los desgajados del hockey, huele a paleto que alimenta.

Moros (sí) y cristianos (no)
Bruno AGUILERA La Razón 26 Octubre 2004

Los occidentales hemos llegado a tal grado de descreimiento que sólo respetamos los credos ajenos. Así puede afirmar Vittorio Messori, con toda la razón y bastante gracia, que estamos llegando a un punto en el que sólo vamos a poder meternos con los católicos, los fumadores y los cazadores, que, por ese orden, son las únicas tres especies no protegidas por la bula laica de lo políticamente correcto. Y si esto es cierto en Italia, aún lo es más en España donde después del fantasma sexagenario de la Guerra Civil el tema de moda del progresismo rococó es la práctica de un rancio anticlericalismo azañista que en algunos casos, como afirma con finura Monseñor García Gasco, arzobispo de Valencia, degenera en un «nacional laicismo» rayano en anticatolicismo militante. Desde luego con la salvedad de ese Euskadi peneuvista donde lo fetén es el nacional catolicismo recalcitrante que pastorea Setién.

Con todo no deja de sorprenderle a uno el contraste entre tanta beligerancia anticatólica y la absoluta sumisión al credo musulmán que practican los gobernantes europeos. Con la excepción eso sí de la Francia republicana donde a pesar de las amenazas de los sádicos de Alá, el Gobierno está echando del cole a las niñas que persisten en asistir al la escuela pública y laica con el velo. Aquí en España en cambio Zetapé ha optado por el talante para disimular la política del acojone sistemático, y para que no se enojen los que quieren matarnos por Alá, o por aquí, está dispuesto a pasar por el aro de lo que nos echen. Todo con escaso éxito porque a pesar de su sonriente sumisión los integristas siguen haciendo todo lo que está en su mano para vengarse de la pana de la Reconquista. Se entrenan paramilitarmente en una cárcel en Pontevedra ante las narices de la directora de Prisiones, y tenían todo preparado para atentar contra la Audiencia Nacional. Y lo que te rondaré morena. Menos mal que ha reaccionado a tiempo Don Marcelino –a quien hay que reconocerle que tiene los huevos de ser socialista llamándose Iglesias de apellido– por aquello de que en esta legislatura ha decidido centrar su programa político en llevar a cabo una medida de todo punto revolucionaria cual es la de quitar del escudo de Aragón las cuatro cabezas de moros que en él aparecen. Supongo que porque deben parecerle una alusión demasiado clara a esos degollamientos de occidentales indefensos que practican en directo los nobles guerreros del Islam.

Hay que admitir que si después de este hermoso gesto del presidente aragonés los de Al Qaeda insisten en atentar en la piel de toro, el único margen de maniobra que nos queda es convertir el reino de España en una república islámica confesional, regresando a los gloriosos tiempos del califato de Córdoba. Aunque conociéndonos, lo más seguro es que la cosa islámica aquí acabe degenerando en el tomate de los Taifas que siguen siendo con diferencia el régimen político favorito del celtíbero medio. Entre tanto sólo nos queda gritar: «Moros sí, cristianos no». A ver si cuela.

Farolillos
Tomas CUESTA La Razón 26 Octubre 2004

China es un país tan excesivo que todo lo que ocurre en sus fronteras parece estar filtrado por un cristal de aumento. Allá por el siglo XIII, el veneciano Marco Polo contó sus experiencias en la corte del Gran Khan en el célebre «Libro de las Maravillas», al que sus contemporáneos denominaban «il milione» porque todo les parecía un disparate, fruto de su imaginación calenturienta. Siete siglos después, el «president» Pujol, otro comerciante célebre, se llegaría también hasta el Imperio del Medio para vender la noción de Cataluña, que es una mercancía peliaguda y que se desvirtúa en los viajes largos, como los vinos de Burdeos. Aquella excursión quedó inmortalizada en un «acudit» (un chiste, para los no versados en lenguas periféricas) tan clarividente como escueto. «Nosaltres som sis milions», dijo el «molt honorable, muy serio». «¿Ah, si? ¿Y en qué hotel se hospedan?». Entre «il milione» que movía a carcajadas a los artesanos de las «bottega venetas» y los «sis milions» de la «botiga» autonomista del «senyor Esteve», hay más concordancias que desavenencias. La Historia, al fin y al cabo, es un pañuelo. Con mocos, eso sí, la mayoría de las veces.

El viaje de Maragall hasta Macao se inscribe, pues, en una larga tradición y no hay por qué rasgarse las costuras, ni mesarse dolidamente los cabellos. Maragall es eso que los franceses describirían como un «original», los ingleses como un «extravagante», los catalanes como un «torracollons» y los españoles como un «cantamañanas» de los de aquí te espero. Si Nixon instituyó la diplomacia del «ping-pong» para quemar toxinas con los chinos y aliviar las tiranteces, Maragall ha puesto en pista su selección de hockey para forzar lo opuesto, engañarnos a los hispanos como a chinos y dárnosla con queso. Y, a poco que se le consienta tanto así, acabará por liar una tangana en la que, cambiando el «stick» por el garrote, nos descalabraremos los unos a los otros con la saña goyesca. Que es lo que pretende, por supuesto.

La tradición enseña, con toda sensatez, que no hay mayor desprecio que el no hacer aprecio. Los organismos deportivos internacionales ya pondrán el «Macao maravillao» donde le corresponda; es decir, donde siempre. Ahora de lo que se trata es de saber cuanto ha costado esta verbena. Porque la gente esta harta de faroles. Y de farolillos chinos, ni te cuento.

El sapo soberanista
Juan BRAVO La Razón 26 Octubre 2004

Con ocasión de la reunión entre el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y el dirigente de ERC, José Luis Carod-Rovira, el independentista, con gran tacto, afirmó que existían una serie de puntos en los que ambos estaban «en disconformidad», y que ninguno iba a intentar convencer al otro de que su opinión era la correcta. Ayer, el consejero de Relaciones Institucionales, Joan Saura, ha dado a entender que el nuevo Estatuto debe recoger «de una u otra manera», «en el preámbulo, incluso en el título preliminar», el derecho a la autodeterminación. Saura ha dicho que el Estatuto «debe definir como nación a Cataluña» y que ha de decir de una u otra manera que la soberanía de Cataluña «está compartida con el Estado» pero también que «está a la altura del derecho internacional». A continuación, y para que los «fontaneros» de Moncloa vayan tomando nota, afirma que el nuevo Estatuto no será el último texto de Cataluña y que ésta «tiene todo el derecho a autogobernarse». Hasta aquí algo de lo que se está cociendo en el «tripartito». Ahora sería de interés escuchar a Zapatero para saber si está en «disconformidad» con el envite que le plantean sus «socios», si cabe alguna negociación con el PSC-ERC o, como muchos temen, estará «en conformidad» con tragarse el sapo soberanista. Se aceptan apuestas.

Estatuto y división
Editorial El Correo 26 Octubre 2004

La conmemoración del 25 Aniversario del Estatuto de Gernika reflejó ayer la división política y el distanciamiento institucional que ensombrecen sobremanera el futuro inmediato del País Vasco. La doble imagen del lehendakari propugnando la superación del pacto estatutario y del delegado del Gobierno ensalzando las virtudes de la autonomía evidenció la grave paradoja que atenaza ese futuro. La ocasión fue aprovechada por el Ejecutivo Ibarretxe para afirmar que «los derechos y libertades del pueblo vasco son previos y preexistentes a la actual Constitución española», en una expresión tan conocida como discutible del imaginario nacionalista. Sobre todo cuando el nacionalismo se vale de un pasado mitificado para avalar sus propias aspiraciones como si correspondieran a una etapa cierta de la historia de los vascos, soslayando la verdad de que Euskadi jamás había conocido un período de tanta libertad, unidad interna y prosperidad como la propiciada por el Estatuto. Si se tuviera que hablar de derechos históricos, sería obligado afirmar que nunca antes el País Vasco había disfrutado de más 'derechos' que con la vigente autonomía.

Hace un año, el vigesimocuarto aniversario del referéndum estatutario sirvió para la conversión del plan Ibarretxe en iniciativa legislativa. Ayer, en su declaración institucional, el Gobierno vasco se atrevió a presentar la misma como «el primer y mayor acuerdo posible alcanzado por ahora en Euskadi». La afirmación no sólo resulta falaz e injusta respecto al amplísimo acuerdo que dio origen al Estatuto. Supone también una muestra del inquietante ensimismamiento de un Gobierno y de unos partidos incapaces ya de comprender que el proyecto de «libre asociación con el Estado» es un factor de división y enfrentamiento entre los vascos. La citada declaración llega incluso a afirmar que el plan Ibarretxe representa la «renovación del pacto histórico de convivencia que a lo largo de los tiempos ha tenido diferentes manifestaciones». El plan podría ser un proyecto partidista legítimo si sus artífices reconocieran sinceramente el propósito que persigue y lo tramitaran como propuesta de reforma del marco constitucional en su conjunto. Pero resulta indignante que tras la controversia suscitada a lo largo de los dos últimos años sus promotores continúen ensalzando sus virtudes en nombre de la convivencia.

Convivencia podría ser la retirada del plan y su conversión en programa electoral nacionalista, evitando la votación divisionista programada para el próximo 15 de diciembre. Convivencia sería el anuncio de que el lehendakari acudirá a la conferencia de presidentes autonómicos del próximo jueves, evitando la incomprensible actitud de alimentar tal interrogante informativo. Sin embargo, el propio desdén o, si se quiere, el aprecio meramente instrumental manifestado ante el Estatuto que legitima la existencia del Gobierno vasco constituye la demostración de que para el nacionalismo sus propias aspiraciones se sitúan muy por encima del interés común.

El TC ya dijo que las autonomías no tienen competencias en el ámbito estatal
Redacción La Razón 26 Octubre 2004

Madrid- La polémica de la presencia deportiva de las selecciones autonómicas en competiciones extranjeras no es ni mucho menos reciente. El 10 de enero de 1986 el Tribunal Constitucional ya dirimió esta cuestión en un auto en el que se negaba a las autonomías la competencia sobre entes que tienen actividad de ámbito estatal. En los argumentos de la sentencia, el Alto Tribunal afirma que la regulación a este respecto se «limita a excluir toda participación que no sea la de la selección nacional española del deporte de que se trate cuando el competidor extranjero figure también representado con esta condición». Además, el Constitucional recordaba que la Ley que regula dicha cuestión (Ley General de la Cultura Física y del Deporte), dispone en su artículo 14.4 que «las Federaciones cuyo ámbito de actuación coincide con el territorio de una Comunidad Autónoma o Entidad preautonómica pueden participar en competiciones internacionales amistosas, siempre que no lo haga la Federación Española de la misma especialidad deportiva y previa autorización de ésta».

Asimismo, el Tribunal destaca el decreto que promulgó en 1981 Consejo Ejecutivo de la propia Generalidad de Cataluña, en el que «tras señalar que las Federaciones Deportivas catalanas formarán necesariamente parte de la Federación Española respectiva, advierte que sin el previo acuerdo y autorización de ésta no podrán aquellas actuar fuera del terrritorio catalán, dependiendo las Federaciones catalanas de la española correspondiente en materia disciplinaria y competitiva “a nivel Estatal e Internacional”». Dicho párrafo no excluye «en términos absolutos toda participación de las Federaciones deportivas de ámbito autonómico». Por ello, el Constitucional se plantea «si, como acaba de señalarse, es posible, de conformidad con nuestro ordenamiento deportivo, una intervención en encuentros internacionales de las Federaciones deportivas», cuál será «el ente llamado a intervenir» en cada caso. La respuesta es clara «la autoridad llamada a intervenir mediante la pertinente autorización del encuentro sería sólo, tras las intervenciones federativas también previstas, la estatal».

LA TOPONIMIA, A DEBATE
Vázquez se sirve de la Ley de Grandes Ciudades para rebautizar A Coruña
El alcalde aprobará la cooficialidad del término La Coruña, 4 años después de perder un recurso en el Supremo
Pretende «normalizar una situación que ya es normal en la calle»
(Laureano López / Dolores Vázquez | a coruña) La Voz 26 Octubre 2004

«Queremos normalizar una situación que ya es normal en la calle», explican desde María Pita. La normalización se producirá el próximo 2 de noviembre, y consiste en aprobar la cooficialidad de los topónimos A Coruña y La Coruña. El primero es el topónimo oficial, en sentencia del Tribunal Superior de Xustiza de Galicia de 1994, ratificada seis años después por el Supremo. Vázquez se servirá ahora de la Ley de Grandes Ciudades para, a través de su artículo 123.1, e), rebautizar la ciudad, que pasará a denominarse A Coruña y La Coruña. Será el asunto estrella de un pleno en el que ya se espera un agrio debate entre los defensores de La Coruña y los de, por ahora único topónimo oficial, A Coruña.

El equipo de gobierno de Francisco Vázquez ha preparado a conciencia los argumentos que llevará al pleno para defender la convivencia de los dos topónimos. Hablará del desarrollo de gallego y castellano en la ciudad «sin traumas sociales», de la «situación afortunada» que permite que «nuestros jóvenes abran sus mentes desde la más tierna edad a la pluralidad idiomática» y de que «la verdadera normalización de la situación lingüística consiste en admitir como normal la situación que se ha dado siempre». Vázquez apelará también al artículo tercero de la Constitución, que habla de la cooficialidad de lenguas en España.

El gobierno local explicará que la denominación de la ciudad «no debe ser un motivo de crispación política y social, una causa de división entre los ciudadanos que reste un átomo de energía necesaria para desarrollar un espíritu cívico, cultura, riqueza y deseo de pacífica convivencia». Vázquez asume el «riesgo» de que algunas personas le acusen de tendenciosidad a favor de una u otra lengua y concluye que «nada más lejos de la realidad». En opinión del gobierno local, se trata de defender el libre uso de ambas (gallego y castellano) con la misma pasión y de proteger el nombre de A Coruña tanto como el de La Coruña. Vázquez espera un «consenso general» sobre la cooficialización, en la que ha trabajado «el tiempo que me deja Magdalena Álvarez» (ministra de Fomento).

Una ley que multiplica las facultades de los alcaldes
a coruña La Voz  26 Octubre 2004

Aprobada en diciembre del año pasado, la Ley de Grandes Ciudades se concibió como un paso adelante en el fortalecimiento de la estructura de los ayuntamientos y de su funcionamiento interno. Pero su tramitación provocó discrepancias, especialmente entre los grupos políticos que no están representados en los gobiernos municipales de los grandes ayuntamientos, pues de paso otorga una mayor capacidad de gestión a los alcaldes.

Estos, y un ejemplo es A Coruña, ya no tienen que rendir tantas cuentas ante el pleno, pasando la junta de gobierno -en A Coruña formada por ediles del mismo color político- a discutir y a aprobar el grueso de los proyectos, a excepción de las ordenanzas fiscales o los presupuestos. Uno de los principales avances de la ley es la diferenciación entre gobierno local y pleno.

Precisamente para tratar de dar contenido a las sesiones plenarias, el gobierno local ha decidido introducir el debate de preguntas orales, hasta un máximo de tres por grupo político, y la posibilidad de que los ediles puedan hacer réplicas y contrarréplicas sobre asuntos de interés para la ciudad.

Por el amor a una letra
La guerra por el topónimo coruñés ha pasado por todos los tribunales de justicia y suscitado numerosas controversias políticas y lingüísticas
Juan Gómez-Aller | a coruña La Voz  26 Octubre 2004

La guerra por la L coruñesa ya tiene un nuevo frente: después de dos batallas judiciales, con desigual desenlace, el pleno municipal hará uso de las nuevas facultades que le otorga la Ley de Grandes Ciudades para hacer cooficiales La Coruña y A Coruña. Será una nueva vuelta de tuerca para un conflicto que se inició hace más de dos décadas, en 1983, cuando el Parlamento gallego aprobó la Lei de Normalización Lingüística. El texto legal establecía que todos los topónimos de la comunidad tenían que seguir la normativa gallega.

Acusando al Ayuntamiento de A Coruña de «silencio administrativo» y de no cumplir esa ley autonómica, la Mesa pola Normalización Lingüística presentó en 1992 un recurso ante el Tribunal Superior de Xustiza de Galicia (TSXG) para exigir el uso del topónimo oficial. Dos años más tarde, este tribunal falló a favor de la Mesa y reclamó al gobierno local coruñés el uso exclusivo de A Coruña.

La guerra de la L se dividió entonces en dos frentes: uno en A Coruña y otro en Madrid. En Galicia la lucha se centró en el adorno floral que, a la entrada de la ciudad, sitúa al forastero con un enorme La Coruña. En la capital, mientras, el Ayuntamiento presentaba ante el Supremo un recurso contra la decisión del TSXG.

Aunque todavía hoy continúa desapareciendo la L del adorno floral de noche en noche -y es repuesta por los jardineros municipales a la mañana siguiente- el punto álgido de esa contienda en los jardines tuvo lugar en 1996. Un año antes, los concejales del BNG Henrique Tello y Mario López Rico arrancaron las plantas que formaban la L en un acto reivindicativo, y acabaron en los tribunales. La Justicia dio en 1996 la razón al Ayuntamiento y ambos ediles fueron condenados a pagar una multa de 30 euros y a dos días de arresto domiciliario por una falta de daños en un jardín.

El Supremo tardó algo más en decidirse, hasta el año 2000. Cuando lo hizo, dictó una sentencia que respaldaba la decisión del TSXG e instaba al Ayuntamiento coruñés a usar exclusivamente la forma gallega. Tras ese nuevo giro, calificado de victoria por Tello, Vázquez apeló al Constitucional, apoyado por los argumentos del prestigioso bufete madrileño del abogado Eduardo García de Enterría. Pero el tribunal no admitió a trámite el recurso.

El regidor aseguró entonces que seguiría usando ambas formas, la gallega y la española, y señaló: «Si alguien entiende que hay una infracción, que me denuncie ante los tribunales como responsable; sería un pleito interesante que se pudiera simplemente juzgar, ya no digo condenar, a una persona por la utilización de la lengua española».

Todo cambia ahora con el artículo 123 de la nueva ley, que permite recuperar la L de su exilio legal.

Dos décadas de polémicas con los topónimos
|
Fisterra o Finisterre
Hace un año, un grupo de vecinos de Fisterra inició una serie de acciones para promover el uso y, en su caso, el cambio, del nombre de Finisterre en vez del de Fisterra. Alegaban que, tanto en el ámbito español como internacional, suena más Finisterre, y que sus efectos turísticos, entre otros, serían mucho mayores. Repartieron carteles por los bares, pintaron alguna calzada y anunciaron la celebración de jornadas. Catedráticos y profesores, así como miembros de Instituto da Lingua Galega y de la Comisión de Toponimia explicaron que el único nombre oficial es Fisterra, aduciendo cuestiones históricas, filológicas y legislativas. Lo que en un principio parecía un punto de fricción entre vecinos, con el paso del tiempo se ha quedado en nada.

Pobras y Pueblas
El nombre oficial de la villa de A Pobra do Caramiñal dividió a la villa barbanzana durante largos años. Los partidarios de Puebla estaban vinculados a la derecha, mientras que los de Pobra se acercaban más a las tesis progresistas, y en medio de ambos se encontraba la vía nacionalista, con Povoa. La polémica y los años de enfrentamiento, sobre todo entre las dos opciones mayoritarias (las dos primeras), quedaron definitivamente zanjadas cuando se produjo el cambio en la alcaldía en 1999, aunque ya antes la Comisión de Toponimia y los tribunales habían negado a una asociación favorable al término castellano la posibilidad de mantener el antiguo topónimo de Puebla. En Ourense, se dio un caso similar en A Pobra de Trives. El paso del tiempo acabó descafeinando la polémica.

¿Ogrove?
Hace nueve años el Concello de O Grove, entonces gobernado por el PSOE, Independientes y EU acordó con el apoyo de todos los grupos, incluso el PP, solicitar a la Comisión de Toponimia un informe sobre el topónimo O Grove, ante las diferencias de criterio existentes entre los defensores de esta fórmula, traducción directa del anterior castellanizado El Grove, y los que reclamaban que se escribiera Ogrobe, fundamentalmente el BNG y otras formaciones de izquierda. En todos los textos antiguos aparece escrito Ogrobe u Ogrove, por la típica confusión medieval entre b y v. El nombre del municipio deriva del latín Ocobre. La Comisión de Toponimia desestimó el cambio y se cerró la polémica.

Español de supervivencia: que la palabra pan no sea un misterio para los inmigrantes
El Instituto Cervantes apadrina la creación de un «Curso de español de supervivencia» dirigido a los inmigrantes que llegan a diario a nuestro país y desconocen absolutamente el idioma. Aprenderán a pedir comida o a decir que están enfermos. Lo más elemental
TULIO DEMICHELI, CRUZ MORCILLO y M. A. BARROSO  MADRID ABC 26 Octubre 2004

«Hay gente que lleva diez años en España y aún habla por signos»
Una comisión de especialistas en enseñanza del español del Instituto Cervantes y de las Universidades de Granada, Carlos III y Antonio Nebrija, así como de centros de educación de adultos y editoriales de libros de texto, se reunirán hoy para sentar las bases de un «Curso de español de supervivencia» dirigido a los inmigrantes que desconocen nuestro idioma.

Esta comisión está presidida por el subdirector académico del Cervantes, Jorge Urrutia, quien manifestó a ABC que «somos conscientes de la lacerante situación de la inmigración. No se trata de dar sólo información sobre derechos, lo que siendo importante es insuficiente, sino de procurar una primera inmersión en el idioma que facilite la subsistencia, algo tan fácil como saber pedir la comida. Buscamos que la palabra pan no sea un misterio para los inmigrantes».

Curso de treinta horas
Este curso de «supervivencia» se impartiría «durante quince días y constaría de unas treinta horas. Comoquiera que el Cervantes no tiene capacidad ni infraestructura para impartirlo, vamos a contactar con las Comunidades Autónomas, con la Federación de Municipios y con algunas ONG que hacen este trabajo. El Cervantes -añade Urrutia- se encargará de realizar el currículo, el programa de enseñanza y de supervisar, cuando sea necesario, su puesta en práctica».

Distingue Urrutia entre las diferentes necesidades de los colectivos de inmigrantes. «No se enfrentan a los mismos problemas los que proceden de los países del Este y de China, que los mogrebíes. Muchos de ellos están ya asentados, o tienen familiares aquí, y es verdad que necesitan cursos de perfeccionamiento. Pero, aparte de ellos, están los subsaharianos, que llegan en pateras y que no siempre pueden ser repatriados. Primero viven en casas de acogida y luego circulan libremente por el país. Cuando están acogidos, es el momento apropiado para iniciarles en el idioma. Este curso está pensado para las zonas más calientes, algunos municipios de Andalucía y de Canarias, que ya han mostrado su interés».

El Instituto Cervantes «tendría listo para fín de año un curso piloto. Antes resulta imposible por los compromisos que hay que afrontar, como el III Congreso Internacional de la Lengua que se celebrará en noviembre, en Argentina», concluye Jorge Urrutia.

Por otra parte, el director de la institución, César Antonio Molina, también presentaba ayer la revista «Cervantes», a través de la cual se informará de las actividades del Instituto.

Recortes de Prensa   Página Inicial