AGLI

Recortes de Prensa     Miércoles 3 Noviembre 2004
LA CORUÑA VUELVE A SER LA CORUÑA
M. MARTÍN FERRAND ABC 3 Noviembre 2004

La Coruña
Alfonso USSÍA La Razón 3 Noviembre 2004

La mejor medicina
Román CENDOYA La Razón 3 Noviembre 2004

Más cerca del final
Román CENDOYA La Razón 3 Noviembre 2004

Contra los falsos catalanes
Juan Ramón Rallo Libertad Digital 3 Noviembre 2004

LA ESPERA Y LA ESPERANZA
Jaime CAMPMANY ABC 3 Noviembre 2004

La vía policial es la solución
Editorial La Razón 3 Noviembre 2004

PRESIÓN Y PRUDENCIA
Editorial ABC 3 Noviembre 2004

El coste del Estado autonómico
Aleix VIDAL-QUADRAS La Razón 3 Noviembre 2004

La seguridad de España tras desertar de Irak
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 3 Noviembre 2004

Resistentes islámicos y resistentes vascos
EDITORIAL Libertad Digital 3 Noviembre 2004

Y decían que estaba todo claro
Ignacio Villa Libertad Digital 3 Noviembre 2004

El halcón del Puerto
FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo 3 Noviembre 2004

Arrepentimiento tardío
JOSÉ MARÍA CALLEJA El Correo 3 Noviembre 2004

La crisis de ETA está patente
Lorenzo Contreras Estrella Digital 3 Noviembre 2004

El último tren de Batasuna
TONIA ETXARRI El Correo  3 Noviembre 2004

Presos de ETA
Opinión El País 3 Noviembre 2004

ETA, el final de un odioso prestigio
Editorial Heraldo de Aragón  3 Noviembre 2004

No hacía falta
Juan Carlos Girauta Libertad Digital

¿Nos hemos vuelto locos
GEES Libertad Digital 3 Noviembre 2004

Profesores con escolta
Cartas al Director ABC 3 Noviembre 2004

PSOE y PP tumban sendos textos de CiU y PNV para reconocer a las selecciones autonómicas
E. L. Palomera La Razón 3 Noviembre 2004

El Ayuntamiento de La Coruña aprueba la cooficialidad del topónimo en castellano
EFE Libertad Digital  3 Noviembre 2004
 

LA CORUÑA VUELVE A SER LA CORUÑA
Por M. MARTÍN FERRAND ABC 3 Noviembre 2004

FRANCISCO Vázquez, alcalde por la gracia de Dios y para el bien de mi pueblo, ha obrado el milagro de que A Coruña, ese topónimo acuñado por el galleguismo ágrafo, vuelva a ser La Coruña y que, todo lo más, puedan utilizarse oficialmente las dos apelaciones. No se trata, como muchos apuntan, de enmendarle la plana a los nacionalistas rampantes, que hasta en Galicia cuecen habas, ni de ponerse por montera al Tribunal Superior de Justicia de Galicia; sino de devolvernos la cuna a los coruñeses acostumbrados a decir La Coruña incluso cuando hablamos en gallego.

Ayer, mientras en los EE.UU. escogían entre Bush y Kerry, el pleno del Ayuntamiento coruñés hizo uso de su mayoría socialista para devolvernos la legitimidad en el uso del verdadero nombre de nuestra ciudad que, sólo en una mala traducción, como de Xan das Bolas, convertía en señal caminera el título de una de las ciudades más hermosas de España. A los muchos y buenos servicios prestados por el magnífico alcalde Vázquez hay que sumarle éste, que, en los tiempos que vivimos, ni es menor ni puede conseguirse sin derroche de valor político.

Cuando yo era niño, y me bañaba en la playa de Riazor, veía a lo lejos, como recortada entre las nubes, la Torre de Hércules, el símbolo máximo de la ciudad. Circulaba entonces la leyenda urbana de que en la Torre, un faro que levantaron los fenicios y perfeccionaron los romanos, se encontraba alojado un espejo mágico, maravilloso, en el que podía verse todo cuanto ocurría en el mundo, incluso en la lejana América, en donde, entonces, todos teníamos parientes entregados a la aventura de la emigración. Mi abuelo aseguraba haber visto en el portentoso espejo, en vivo y en directo, el desembarco de Alhucemas y la llegada del Plus Ultra a Buenos Aires...

En La Coruña todo tiende a ser así. Como me comentaba hace años Domingo García Sabell, tratar de deslindar allí los territorios de lo legendario, lo fantástico y lo histórico al hablar de la ciudad, y de su entorno es como tratar de aliviar la sed con una bocanada de oxígeno y dos de hidrógeno: pura entelequia. De ahí la importancia de que A Coruña vuelva a ser La Coruña. El tejido de lo fantasioso exige la existencia de perchas de certeza en que poderlo colgar y, para un coruñés -una forma muy especial y profunda de ser gallego-, no es menor el nombre de su ciudad.

Ahora vendrá un turno de resaca ante la oportuna y emocionalmente necesaria decisión de Vázquez. El BNG ha puesto pies en pared y en el PP no escasean los acoruñe-ses. Incluso los socialistas gallegos, con excepción de los de La Coruña, no son todos partidarios de la conquista que, al amparo de la Ley de Grandes Ciudades, ha plasmado el alcalde, que, tras redimir la ciudad de la mugre que en ella había acumulado el tiempo, la devuelve el nombre por el que la conocimos, y queremos conocerla, quienes tenemos el inmerecido privilegio de ser de allí.

La Coruña
Alfonso USSÍA La Razón 3 Noviembre 2004

No entiendo cómo se puede plantear una discusión tan estúpida. Vuelvo de nuevo a la sentencia preferida de mi inolvidado maestro Santiago Amón: «En España no cabe un imbécil más». Si supiera el bueno de Santiago la cantidad de imbéciles que han aparecido en España desde el triste día de su muerte, se llevaría un disgusto monumental. Francisco Vázquez, alcalde de La Coruña, tiene más de dos dedos de frente. Tiene muchos dedos de frente. Es un hombre íntegro y un político honesto e inteligente.

Muchos ciudadanos coruñeses que simpatizan con el Partido Popular votan en las elecciones municipales a Francisco Vázquez, el eterno candidato y triunfador, que es del Partido Socialista. No puedo negar que me une al alcalde de La Coruña una vieja y sincera amistad. Para colmo, ambos somos bibliófilos y ratones de biblioteca, y no hay aire que más nos guste respirar que el empolvado y denso que se concentra junto a las altas estanterías de las librerías de viejo.

Todo esto lo cuento para rellenar, porque el motivo de este escrito es tan elemental y llano que no admite florituras literarias ni análisis políticos. Una cosa tan clara no se discute. Que en español o castellano La Coruña es La Coruña, y en gallego «A Coruña». Que sean los ciudadanos los que elijan la opción que deseen para referirse a la bellísima ciudad gallega.

Eso de mezclar los idiomas es una cursilería, además de una idiotez. Cuando Tarradellas hablaba en español se refería a la «Generalidad», y no a la «Generalitat». La segunda opción es la correcta cuando se habla en catalán. Me irritaba mucho oír a los corresponsales y locutores de las cadenas de televisión en plena catástrofe del «Prestige» referirse al Cabo Finisterre como «Fisterra».

Como al hablar de una acción política de un «consejero» se abusa del término «conseller». En español, Lérida y Gerona; en catalán, Girona y Lleida. Pero los políticos nos quieren obligar a hablar mal. Proclamaba un actor muy conocido y bastante malo, por cierto, que la ciudad que más le gustaba de España era «Donostia». Pues un cursi. En español es San Sebastián. De haber sabido hablar en vascuence, la utilización de la voz «Donostia» hubiera sido la ajustada y precisa.

Pero la discusión entre partidarios de «La Coruña» y «A Coruña» carece de sentido. Ahí tiene toda la razón el alcalde Francisco Vázquez. El Partido Popular de Galicia, para contentar a los nacionalistas del Bloque –que ya son ganas de contentar–, cometieron el error de aprobar la denominación única de «A Coruña». Todo se puede aprobar en la política, pero el lenguaje va a su aire y el idioma no se impone por los votos. En español o castellano siempre se dirá «La Coruña», porque el artículo singular femenino es «la», no «a», que sí lo es en gallego. No se nos puede obligar a la mayoría de los españoles a renunciar a nuestros artículos, adverbios y preposiciones. Eso sería «la más grande gilipollez del mundo», en gallego «a mais grande xilipollez do mondo».

Así de fácil. Un día de estos me voy a largar a La Coruña, repito, a La Coruña, a hablar de libros antiguos con mi amigo Paco Vázquez.

La mejor medicina
Román CENDOYA La Razón 3 Noviembre 2004

El terrorista sólo se cura cuando el horizonte de su vida está codificado por las barras de su celda. Los que asesinaron a Yoyes, a Pertur y depuraron a los que en su día abogaron por cesar en el uso de la violencia resulta que se dan por derrotados y se transmutan en «liquidacionistas». Seguro que en breve, Antza y Amboto, los destinatarios que en agosto no hicieron caso a esta carta, suscriben ahora el contenido de la misma. Cierto es que la nueva cúpula tampoco se dará por enterada.

Por esto, hay que seguir aplicando a los terroristas la cárcel, la mejor medicina. La carta deja con las vergüenzas al aire a todos los nazionalistas que recogen nueces del sangrante árbol: Arzallus y todos los «burro-batzar», EA, IU-EB, políticos acomplejados y los periodistas sobrecogedores del batzoki mediático de Madrid y Euskadi. La carta da la razón a Jaime Mayor y a la política que se aplicó desde su llegada al Ministerio del Interior y mientras gobernaba el PP. El problema real es que ETA continúa y que siempre aparecen los Eguiguren de turno. Y el PNV y el Gobierno vasco a lo suyo: a perseguir a quienes luchan por la libertad y contra el terrorismo. Yo también digo que los 197.240 euros de ayuda a los familiares de los presos es financiar a ETA. Otro más. Como Buesa, Ezquerra, Ussía y muchos más.

Más cerca del final
Editorial El Correo 3 Noviembre 2004

El conocimiento público del contenido de una carta crítica con ETA remitida por seis significados terroristas presos suscitó ayer la lógica satisfacción de una sociedad siempre deseosa de comprobar que los esfuerzos por erradicar de una vez la lacra terrorista van por buen camino. El de ayer fue un dato más de los que vienen a confirmar que la creciente debilidad de ETA está haciendo mella entre sus propias filas, de forma que esta vez resulta más que improbable que pueda recuperarse del daño infligido por la acción concertada de los recursos con los que cuenta el Estado de Derecho en la lucha contra el terror. Múgica Garmendia, Arakama Mendia y los otros cuatro firmantes están penando el mal irreversible que su sadismo terrorista causó a las víctimas directas de sus atentados y a la sociedad en general. El hecho de que ahora cuestionen la idoneidad de lo que siguen denominando 'lucha armada' nunca podría concebirse como una eximente a su conducta pasada. Sobre todo cuando sus palabras no dan a entender en ningún momento que se retracten de dicho comportamiento. Pero, a pesar del dolor que la sola mención a sus nombres causa en tantas y tantas personas que aún hoy se ven acosadas y perseguidas por el terror, es obligado reconocer que el conocimiento público de su carta contribuye a enfrentar a los actores, colaboradores y voceros del terrorismo con su decrépita realidad.

A pesar de la satisfacción por las disensiones que se manifiesten en el seno de ETA, las esperanzas de un pronto final del terrorismo no pueden acabar siendo depositadas en el eventual debate interno que viva la banda o protagonice la izquierda abertzale. Tanto la sociedad vasca como el conjunto de la sociedad española han dado sobradas muestras de que anhelan acabar cuanto antes con la barbarie etarra. A estas alturas, sólo la desaparición de ETA y nada más que la desaparición de ETA podría colmar sus expectativas de paz. Todo lo demás podría muy bien convertirse en la dilación que los más extremistas de entre los extremistas desearían lograr para recomponer su capacidad destructiva y perpetuarse en el terror. Ha habido ocasiones en las que un excesivo optimismo sobre la disposición del terrorismo y de sus entornos a corregir el rumbo de su infausta trayectoria ha derivado en desistimiento por parte de las fuerzas democráticas a la hora de fijar las condiciones y los plazos de su definitivo final. Por eso mismo resulta necesario que partidos e instituciones no cejen en su empeño por acabar cuanto antes con la banda terrorista sin esperar ni un segundo a que sea ésta la que decrete su propio final. Como resulta necesario que, llevado por la euforia del momento, nadie ose ensayar más soluciones imaginativas y unilaterales o corregir improvisadamente las políticas que han hecho posible que hoy nos encontremos más cerca del final de ETA, en especial el Pacto por las libertades y contra el terrorismo.

Institut d’Estudis Catalans
Contra los falsos catalanes
Juan Ramón Rallo Libertad Digital 3 Noviembre 2004

El Institut d’Estudis Catalans, el equivalente de diseño nacionalista a la Real Academia Española de la Lengua, ha publicado un informe en el que advierte del nefasto futuro que le espera al catalán. "La supervivencia del catalán está seriamente amenazada", titulaba el diario Avui para referirse al informe.

Los temores me parecen infundados; si algo está seriamente amenazado es el proyecto nacionalista por eliminar al castellano de la sociedad. Se le expulsará de la administración, de las aulas o de los juzgados, pero evidentemente la pretensión nacionalista de crear un oasis anticastellano en medio de la coiné del mismo siempre fue harto ridícula.

Pero por ridícula no debemos despreciarla. En sus conclusiones, el IEC ha efectuado unas propuestas que merecen, como mínimo, una breve consideración, habida cuenta de que constituyen las líneas maestras de la política lingüística de todos los gobiernos catalanes.

Tras asegurar que la existencia normal del catalán no se puede basar solamente en un voluntarismo militante de sus hablantes, el IEC propone que se creen las condiciones que hagan que sea del todo necesario e imprescindible el conocimiento y uso social de la lengua para poder vivir en cualquiera de sus territorios.

Es decir, se han de crear las condiciones que hagan imposible la vida en Cataluña a quien no conozca y emplee el catalán. Que se lo digan a Francisco Caja, indudable ejemplo de cómo se crean condiciones que imposibiliten la vida en Cataluña si no se comulga con las ruedas de molino oficiales.

Se trata de una estrategia sistemática que han emprendido los gobiernos catalanes desde la instauración de la democracia. O los castellanohablantes se convertían a la tribu o eran expulsados de la misma. O abrazaban la religión oficial o eran desalojados del templo. Las oleadas de inmigrantes debían ser compensadas con otras oleadas de emigrantes catalanes, de desahuciados apátridas.

Esto se logró aplicando la misma receta que hoy, más enfáticamente si cabe, propone el IEC: haciéndoles la vida imposible. Un método menos vistoso, si cabe, que el del abertzalismo pero, en todo caso, igual de efectivo. En Cataluña la violencia se canaliza a través de las Instituciones, el terror es cosa común. Si bien, últimamente, como en el mentado caso de Caja, esta violencia, siguiendo directrices leninistas, se empieza a diversificar entre la acción política y la acción extrapolítica.

El fiel reflejo de la tradicional tolerancia y del sempiterno progresismo de los que hace gala el nacionalismo. O conmigo o sin ti.

LA ESPERA Y LA ESPERANZA
Por Jaime CAMPMANY ABC 3 Noviembre 2004

LAS largas horas de espera de cualquier escrutinio electoral de resultado incierto son horas tontas. Son horas en las que ya no se puede hacer nada sino esperar. Si el escrutinio es tan importante como el de hoy, las horas no son tontas; son tontísimas. Y en esas estamos. Es posible que ustedes, lectores, a las horas en que lean este comentario, ya sepan lo que ha sucedido en las elecciones presidenciales de USA. Pero yo, a la hora en que escribo para ustedes, todavía no sé nada.

Y encima, como hasta última hora las dos candidaturas aparecen emparejadas en probabilidades, ni siquiera me queda el recurso de aventurar un comentario dando por realizadas las profecías de las últimas encuestas. Lo único que se sabe en este momento es que el resultado depende de un puñado de votos en algunos Estados, Florida, Pensilvania, Ohio, yo qué sé. Dicen que estas elecciones están entre las más reñidas de la historia de Estados Unidos. Y mire usted por dónde España se juega en ellas más que nunca.

Zapatero ha hecho las cosas tan mal y tan precipitadamente que casi toda España ha tomado partido por Kerry en la creencia de que ese resultado será más conveniente para nosotros. No sé, no sé. Yo creo que España se encuentra en la misma situación que aquel paralítico al que llevan a Lourdes para pedir un milagro, y su silla de ruedas se escapa y se desliza por una pendiente. El paralítico que ve la amenaza de un gran costalazo, reza mientras rueda: «Virgen Santa, que me quede como estoy».

Zapatero prometió en su programa electoral que retiraría las tropas de Iraq. Primera frivolidad, aunque no estaba hecha para ser cumplida. Ganó y retiró las tropas antes del plazo que él mismo se había impuesto, y eso ya no fue sólo una frivolidad, sino una imprudencia. Dicen los socialistas que la retirada de las tropas era un clamor del pueblo. Sí, bueno, pase lo del clamor, pero también el pueblo puede clamar, por ejemplo, para que quiten todos los impuestos, y el Estado oirá el clamor como quien oye llover. Aquello motivó una frase de Bush suficientemente significativa. «Se ha comportado usted como un aliado de Bin Laden», le dijo a Zapatero. Y luego, la invitación a todos los países para que también retiren las tropas. Eso, además de una frivolidad y una imprudencia, fue una estupidez. Todo ello, después de hacer aquel número de quedarse sentado al paso de la bandera de los Estados Unidos, y antes de este otro número de pedir árnica en Europa para Fidel Castro.

Los socialistas han puesto su esperanza en que el escrutinio de hoy arroje la victoria de Kerry. Otra vez me asaltan las dudas. «No sé, no sé». A lo mejor, a Kerry le da por compensar la moderación de otros entusiasmos suyos haciéndole ver a España su disgusto por haberse comportado como un aliado de Bin Laden. Estos norteamericanos, tanto Bush como Kerry, son muy suyos y conocen la manera de fastidiar a las provincias del Imperio. Pues, Virgen Santa, que me quede como estoy.

La vía policial es la solución
Editorial La Razón 3 Noviembre 2004

Aún resuenan los ecos de las voces de los nacionalistas vascos, aquellos augurios apocalípticos de Anasagasti, Eguíbar o Ibarreche, sobre las tormentosas consecuencias que tendrían para la convivencia en el País Vasco medidas como el Pacto Antiterrorista o la ilegalización de Batasuna, en definitiva, la lucha policial y judicial sin cuartel contra ETA. Pues bien, la consecuencia de aquella apuesta firme y decidida, consensuada por los grandes partidos españoles, y criminalizada por quienes decidieron en su día no molestar más que lo imprescindible a la banda ha sido la debilidad de ETA y la desmoralización profunda de su entramado criminal.

Una crítica realidad que ha quedado corroborada por escrito con la carta que seis históricos dirigentes de la banda, entre los que se encontraban pistoleros de tanto peso como «Pakito» o «Makario», enviaron a la cúpula terrorista para reclamar el abandono de las armas, porque «la lucha armada no sirve hoy en día», y admitir que «nunca en la historia de esta organización nos habíamos encontrado tan mal».

Pero esta demoledora confesión de los capos criminales, que revela todo un estado de desánimo rayano en lo terminal, sólo debe servir para que los demócratas acusen recibo y el Gobierno y los partidos embarcados en esta lucha refuercen aún más si cabe la convicción íntima de que la actual estrategia jurídico-policial es la mejor, por no decir la única, que puede extirpar este cáncer que tanto daño ha causado, y que todavía puede provocar si la confianza y la euforia prevalecen y los aparatos del Estado se relajan.

Uno de los riesgos de esta histórica coyuntura con síntomas de epílogo para ETA sería dejarse engañar por aquellos cantos de sirena de quienes, como Eguiguren, todavía no han aprendido la lección de los riesgos que conlleva bajar la guardia policial y primar la vía política. No es hora de dar balones de oxígeno gratuitos a un grupo criminal que ha sido todo un experto en aprovecharse de los favores de políticos incautos, mediocres o colaboracionistas. La misiva es un certificado indiscutible de que la actual estrategia es la correcta y que es preciso perseverar en ella sin variar una coma hasta la victoria del Estado de Derecho y la derrota del terrorismo.

PRESIÓN Y PRUDENCIA
Editorial ABC 3 Noviembre 2004

SIEMPRE será mejor que seis destacados -por sanguinarios- presos etarras se manifiesten a favor del cese de la violencia de ETA a que guarden silencio, pero no estaría justificado que la carta que ayer se dio a conocer provoque expectativas desproporcionadas. De hecho, como hoy publica ABC, los actuales dirigentes de la banda etarra están dispuestos a continuar la actividad terrorista, sin atender, en absoluto, análisis como los que han firmado desde la cárcel históricos de ETA como Iñaki Aracama, Francisco Múgica Garmendia o Carlos Almorza.

No es la primera vez que en ETA se producen declaraciones como la de estos presos, cuyo futuro personal no tiene más alternativa que la cárcel y que expresan tanto una visión de conjunto sobre la «lucha armada» como un desistimiento individual. Sin influencia en la dirección de ETA ni en la izquierda abertzale, el testimonio de los seis etarras, que abogan por un cambio de estrategia pero no por el perdón de las víctimas ni por la renuncia y condena de la violencia, tiene el valor -y no menor- del síntoma de una decadencia imparable. ETA está perdiendo en su pulso al Estado y esto es lo que los seis terroristas presos constatan: la superioridad del Estado de Derecho en todos los frentes. La carta está fechada en agosto pasado, antes de la detención de Mikel Albisu y Soledad Iparraguirre, lo que confiere a la reflexión de Aracama y compañía mayor autenticidad si cabe.

Ahora ETA está peor que cuando escribieron la carta. La experiencia histórica ofrece lecciones que, en este momento, son más necesarias que nunca. Lo que han descrito los seis terroristas presos es la derrota de ETA, en los términos que el Estado, la sociedad y, sobre todo, las víctimas estaban buscando desde hace años: desmantelamiento de la estructura «armada» y de sus frentes políticos sin concesiones. Una derrota que no se ha culminado, en absoluto, pero que empieza a percibirse como una realidad en el frente carcelario, tan relevante en la estrategia etarra para mantener la cohesión de los presos y sus familias.

Esta carta confirma la eficacia de las reformas legislativas aprobadas la pasada legislatura -Ley de Partidos, cumplimiento íntegro de las penas- y el acierto histórico del Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, que hoy será nuevamente ratificado por el Gobierno, el PSOE y el PP. También, por los mismos motivos, deja en evidencia al nacionalismo vasco, que no tiene legitimación alguna para sentirse corresponsable de la derrota progresiva de ETA. La mejor manera de recibir la carta de los seis presos etarras es aceptar sin más vacilaciones que no hay ninguna razón para cambiar la política antiterrorista ni modificar el Pacto de Estado para incluir a quienes nunca han querido adherirse a él.

El coste del Estado autonómico
Aleix VIDAL-QUADRAS La Razón 3 Noviembre 2004

Existe una tendencia a enfocar el actual debate sobre la reforma de los Estatutos de Autonomía desde una perspectiva estrictamente política, orillando los aspectos económicos que toda modificación del ordenamiento legal comporta, sobre todo si afecta a normas de carácter fundamental. Dando prueba una vez más de su demostrado sentido de la oportunidad, el Círculo de Empresarios ha publicado un riguroso estudio sobre la cuestión autonómica en el que se centra en los efectos sobre la competitividad, el crecimiento y la creación de empleo, de la elección de un modelo concreto de organización territorial del Estado. Sería una lástima que la difusión de las consideraciones que se realizan en este excelente trabajo quedara restringida al ámbito de unos pocos centenares de lectores porque su lectura resulta enormemente ilustrativa, además de estar redactado de forma clara y sintética, lo que lo hace asequible para un público muy amplio.

Cinco son los apartados analizados por el Círculo: el incremento del gasto público, la información y el control sobre la gestión presupuestaria, las restricciones o retrocesos en la liberalización de los mercados, el riesgo de un aumento excesivo de la burocracia y de la regulación y la inseguridad jurídica que generan los conflictos políticos cuando amenazan la estabilidad del sistema. Cada uno de estos puntos es examinado con aséptica precisión utilizando razonamientos irrefutables que cualquier ciudadano, por poco familiarizado que esté con los mecanismos de funcionamiento de la economía real, entiende sin dificultad. Las conclusiones no dejan de ser inquietantes y demuestran que a la hora de proponer cambios en el llamado bloque constitucional hay partidos que, si bien defienden posiciones legítimas en una sociedad democrática, ignoran por completo el daño que su incesante presión disgregadora sobre las instancias centrales de la Nación causa a nuestro tejido productivo, que requiere un entorno favorable y previsible en términos fiscales, laborales, financieros y culturales.

Como colofón de su interesante informe, el Círculo de Empresarios, haciéndose eco de la voluntad prácticamente unánime de los emprendedores de toda España, reclama un gran acuerdo de Estado entre los dos grandes partidos, Socialista y Popular, que delimite con nitidez los contornos de nuestro modelo territorial blindándolo contra maniobras irresponsables que pongan en peligro una prosperidad en la que tantos españoles han puesto su esfuerzo durante el último cuarto de siglo. Asimismo, constatan con reconfortante lucidez que se hace imprescindible un compromiso de cierre del modelo ya que no sería congruente que por amplias que fuesen las nuevas medidas descentralizadoras, los programas máximos de los nacionalistas se mantuviesen inalterados. Resumiendo, que el deterioro de la cohesión nacional es el peor negocio que podríamos hacer.

La seguridad de España tras desertar de Irak
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 3 Noviembre 2004

Todas las informaciones que provienen de Garzón hay que tomarlas con mucha precaución, también en el caso de los islamistas que iban a volar de inmediato la Audiencia Nacional, aunque curiosamente aún no tenían los explosivos. Sin embargo, los datos suministrados por el juez acerca de los proyectos criminales de los terroristas detenidos o escapados en esta operación van en la lógica de los masacradores en nombre de Alá: el Bernabéu, Torre Picasso, la sede del PP... ¿Es casualidad que algunos de ellos sean o hayan sido de modo fehaciente anteriores objetivos frustrados de la ETA? Evidentemente, no. Pero en el caso de que Zapatero y su entorno sean capaces de reflexionar uno o dos minutos diarios, a lo mejor valía la pena que ante estos proyectos genocidas (nos matan sólo por ser “infieles”: y eso es mucho más genocidio que lo de Pinochet, diga lo que diga Baltasar Garzón y la Audiencia Nacional) traten de responder una pregunta: ¿en qué ha mejorado nuestra seguridad tras desertar de Irak y de cargarnos toda la política de alianzas de Aznar, empezando por los USA?

Evidentemente, en nada. Peor aún: hemos dado pruebas de tal debilidad y somos tan apetecibles para los musulmanes empeñados en recuperar Al Andalus, o sea, en imponer de nuevo el Islam en uno de los más viejos países cristianorromanos, que la España de Zapatero resulta más interesante como objetivo terrorista que la España de Aznar. Primero, porque somos igual de “infieles”. Segundo, porque Zapatero ya ha demostrado que es de lo más sensible a las demostraciones de fuerza islamistas. Tercero, porque, como los tiburones, han visto nuestra sangre y quieren seguir mordiendo. Nuestra condición de buenos aliados de los USA nos hacía indeseables, desagradables y molestos (siempre lo hemos sido para la morisma, desde Tarik a Mohamed VI) pero de algún modo resultábamos un enemigo más o menos peligroso para esta jauría de sacamantecas que abreva su sed criminal en las suras del Corán dedicadas a la Jihad. Ahora, en cambio, nos han tomado la medida. Para el féretro, naturalmente. Hemos desertado de Irak y hemos roto nuestra alianza con los USA y la coalición aliada, a quien ha llamado en Túnez a desertar en bloque el propio Zapatero. ¿Y para qué? Seguridad, evidentemente, no hemos ganado. Credibilidad, hemos perdido. Y la “alianza de civilizaciones” zapateril sólo funciona en nuestras cárceles entre terroristas etarras y terroristas islámicos. Contra España, faltaría más.

"Resistentes" islámicos y "resistentes" vascos
EDITORIAL Libertad Digital 3 Noviembre 2004

Este martes se ha sabido que los detenidos en la segunda fase de la operación Nova formaban una célula islamista que había marcado diferentes objetivos terroristas en Madrid que, como las estaciones de Atocha y Príncipe Pío, la torre Picasso, la sede del Partido Popular, o el estadio Santiago Bernabéu, ya habían sido objetivo de la banda terrorista ETA. Entre los detenidos y aislados el pasado jueves figuraba además el islamista que celebró la matanza de Madrid con presos etarras. Tambien se informaba este martes de que Abdelkrim Benesmail, fanático islámico y lugarteniente de Allekema Lamari, jefe del comando de Leganes, tenía una estrechísima relación con los etarras en la cárcel de Villabona desde hacía tres años.

Junto a estos hallazgos tambien cabría recordar los contactos que ETA y los islamistas mantuvieron en el pasado. Recuérdese que uno de los 10 detenidos en el marco de la 'Operación Dátil', que desarticuló una célula de Al Qaeda en España en 2001, Yusuf Galán, había sido interventor de Herri Batasuna en las elecciones al Parlamento Europeo de 1989. Eso, por no hablar del cruce epistolar entre etarras e islamistas con anterioridad al 11-M o al hecho de que ya en 2002 la prensa informó de que terroristas de ETA habían recibido un año antes instrucción sobre el manejo de misiles en un campo de entrenamiento de Al Qaeda en Afganistán...

Desde siempre en Libertad Digital hemos mantenido que la reacción ciudadana —incluida la llamada a la hora de votar— tras una masacre, debía ser la misma y causar la misma decepción a los terroristas con independencia de quienes fueran estos. No obstante no hay que olvidar que buena parte de los medios de comunicación —sobretodo a partir de la guerra de Irak— empezaron a presentar a los terroristas islámicos de forma tan justificadora —a veces incluso apologética— que la “causa” de estos “guerrilleros” o “resistentes” llegó a tener mejor prensa que la de sus principales enemigos, léase Bush o cuantos dirigentes democráticos secundaron en Irak al presidente norteamericano. Cabía, pues, esperar y temer a partir de entonces una reacción muy distinta de los ciudadanos dependiendo de si eran galgos o podencos los autores de una masacre dentro de nuestras fronteras.

Poco importaba que el terror islámico ya nos hubieran situado como sus enemigos muchos años antes de la guerra de Irak —en realidad, como diría Aznar, “siglos antes”—; poco importaba las sucesivas referencias a Al Andalus como parte integral del islam y a su necesidad de reconquista que hiciera Ben Laden mucho antes de que Aznar brindara su apoyo a Bush en las Azores; poco importa que ya antes de la llegada del PP al Gobierno, el líder de Al Qaida, entonces residente en Sudán, hubiera proyectado un ataque aéreo contra el Palacio de Oriente, sede de la Conferencia de Paz de Oriente Próximo, tratando así de castigar al entonces Ejecutivo de González por haberla organizado y, sobretodo, por haber establecido relaciones diplomáticas con Israel. Poco importa las detenciones de células islamistas que fueron ridículamente presentadas por los medios contrarios a la alianza con Bush como una excusa que Aznar se había sacado de la manga para convencernos de que los islamistas eran también una amenaza para nosotros. Poco importa eso y mucho más. Lo cierto es que buena parte de la prensa pasó de tratar la amenaza islamista como un “invento” de Aznar para alinearse con Bush, a ser tratada como una consecuencia de dicho alineamiento. Ni una cosa ni otra.

Inculcada, sin embargo, esta mentira en la opinión pública española —contra la que luchó durante meses Libertaddigital prácticamente en solitario— solo cabía temer que el terror la utilizara en su provecho. Los terroristas no fueron los únicos. Con esa mentira instalada en buena parte de la ciudadanía española, al llegar el 11-M, la obscena pregunta ¿quién ha sido? cobró todo su sentido. ¿O es que acaso lo que trataba de evitar Rubalcaba con ella es que alguien ajeno a la masacre fuera injustamente enviado a la cárcel?. No. Lo que quiso la oposición socialista era explotar electoralmente la causa de los terroristas islámicos contra el PP que, gracias a la sistemática manipulación mediática anterior, compartía buena parte de los ciudadanos españoles. Ese fue el verdadero agujero negro del 11-M sin el cual no tienen sentido ni la conocida e infame campaña de Prisa ni ninguna de las incognitas que quedan definitivamente por despejar.

Si ETA estuvo también detrás de la matanza del 11-M —como cada vez indicios apuntan, por mucho que sus dirigentes lo nieguen— ¿qué demostraría esto si no que los etarras han utilizado en su provecho la buena prensa que para sus objetivos gozaban los terroristas islámicos?

11-M
Y decían que estaba todo claro
Ignacio Villa Libertad Digital 3 Noviembre 2004

Y decía Zapatero que estaba todo muy claro sobre los atentados del 11 de marzo. Y el PSOE pretendía echar el cerrojazo a la comisión parlamentaría después del verano. Y repetían hasta la saciedad que el Gobierno de Aznar mentía al relacionar a ETA con la masacre de marzo. Y hablaban, y hablaban, y hablaban más. Pero no aportaban ningún dato claro y concreto.

El Partido Socialista ha pivotado toda su estrategia política en dos puntos: insistir –por activa y por pasiva– que el Gobierno de Aznar mintió y dejar a Zapatero por encima del bien y del mal. El tiempo ha demostrado que los dos argumentos eran falsos o imposibles, la realidad les ha llevado a recoger velas a toda prisa. Aquí ya no hay casualidades, aquí hay coincidencias importantes, graves y decisivas.

Desde hace meses las investigaciones periodísticas –especialmente en las páginas de El Mundo– han abierto de par en par las puertas de una realidad; la conexión entre los terroristas etarras e islamistas, algo que por otro lado es parte de la lógica. El terrorismo llama al terrorismo. Lo que pasa es que ante una evidencia de tal calibre el Gobierno ha decidido cerrarse en banda y ha puesto todo su esfuerzo en desmontar cualquier conexión entre los dos terrorismos. Hasta tal punto el Ejecutivo está haciendo el ridículo que se ha sumido en su habitual desconcierto y contradicción.

La última revelación judicial por la que hemos conocido que los terroristas islamistas detenidos recientemente diseñaban un atentado contra las Estaciones de Atocha, de Príncipe Pío, la sede del PP o el estadio Santiago Bernabeu hablan por sí solos. ¿No les suenan –cosas de la vida– estos mismos objetivos como objetivos de los terroristas etarras? ¿Cuántas veces se ha encontrado documentación de ETA sobre atentados de estas características? Muchas, pero ahora, por lo que parece, no toca.

El Gobierno cerrado en banda negando toda evidencia. ¿Qué pretenden con esta torpe actitud? ¿Dónde quieren llegar? Cuando se quieran dar cuenta tendrán que cambiar su actuación. Las evidencias son tan contundentes como el sentido común. Y a estas alturas ya nadie duda de las conexiones entre el terrorismo etarra e islamista...¡Y decían que estaba todo claro!

El halcón del Puerto
FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo 3 Noviembre 2004

Hace ya muchos años que el escritor Luciano Rincón escribió un axioma lapidario sobre el terrorismo vasco: «ETA no cambia, los etarras, sí». Sobre todo dentro de la cárcel, le faltó añadir. Francisco Múgica Garmendia 'Pakito' y su cuadrilla del patio de la cárcel de Puerto-1, en la carta difundida ayer, han venido a confirmar lo atinado de la afirmación del periodista.

Múgica, Arakama, Bilbao Beaskoetxea y otros hacen un análisis sin concesiones de la situación actual de ETA. Utilizan su propia terminología pero lo que afirman es demoledor: la banda está derrotada por la acción policial y, además, es una derrota que no tiene vuelta atrás. El ocaso del terrorismo es irreversible. Una organización armada como ETA no puede hacer la guerra a base de comunicados, dicen con razón.

Los abajo-firmantes de Puerto-1 abogan ahora por las vías políticas y la acción de masas, después de haber dejado pasar todas las oportunidades de liderar el abandono de las armas cuando las armas de ETA estaban en sus manos. Ahora sólo pueden escribir un comunicado más y así incurrir en lo mismo que ellos denuncian: intentar ganar la batalla de las armas a base de escritos. Los halcones de ayer se convierten en palomas cuando empiezan a pesar los años de prisión. 'Pakito' fue un halcón en las filas de ETA político-militar cuando 'Pertur' alentó los primeros pasos para dar primacía a las vías políticas frente a las armas. Como halcón se pasó a ETA militar y lo siguió siendo hasta su detención e incluso tiempo después, cuando desde la cárcel polemizó con su compañero Eugenio Etxebeste porque éste se mostraba 'derrotista' o cuando propuso una tregua para reorganizarse y seguir adelante en mejores condiciones.

El análisis de Múgica y sus compañeros será, sin duda, considerado acertado desde fuera de ETA y quizás también entre muchos presos de la banda. Es posible que algunos de los movimientos de reorientación estratégica promovidos en los últimos meses por la dirección de ETA liderada por Mikel 'Antza' tengan que ver con la existencia de este tipo de opiniones en algunos sectores de los presos. Al tomar la decisión de hablar con el Gobierno, la cúpula etarra podía estar intentando calmar la impaciencia de cientos de reclusos que no ven ninguna salida ni para su situación personal ni para su causa. A ETA le pesan los presos, pero hasta hoy no lo bastante como para condicionar su estrategia. El documento de 'Pakito' ayuda a comprender mejor textos como el último comunicado etarra, pero no hay que equivocarse: ETA no ha asumido el abatimiento que destila la carta de los presos de Puerto-1. ETA sigue aspirando a obtener contrapartidas políticas y, por lo tanto, no se siente derrotada.

La carta puede provocar debates en el seno de ETA, especialmente entre los presos, si es que no los ha ocasionado con anterioridad, lo que podría haber ocurrido. En cualquier caso, con la difusión de su contenido se puede reabrir la discusión interna. Sin embargo, no hay que forjarse demasiadas ilusiones a la vista de cómo han terminado procesos similares en el pasado. 'Txelis' era tan influyente o más que 'Pakito' y acabó silenciado, primero, y expulsado sin contemplaciones, después, por sus antiguos subordinados. Posturas como las que hoy defiende Múgica Garmendia han sido despachadas tradicionalmente mediante la aplicación de epítetos como 'liquidacionista'. Una vez catalogado el discrepante como 'derrotista', no hay margen alguno para el debate.

En ETA los halcones se han comido siempre a las palomas, especialmente cuando están enjauladas.

Arrepentimiento tardío
JOSÉ MARÍA CALLEJA El Correo 3 Noviembre 2004

Han tenido que venir los dirigentes con más trienios de la organización terrorista ETA para establecer lo obvio: los criminales están peor que nunca, el terrorismo no tiene sentido y hay que hacer política. Han llegado a esta conclusión después de pasar unos años en la cárcel, lo cual arroja, de saque, una primera evidencia: la cárcel les ha venido bien. Muy posiblemente, de haber seguido en la calle, organizando la intendencia de la muerte y el miedo, no habrían tenido tiempo mental para llegar a esta conclusión. Pero la parte positiva y trascendental de la reflexión no puede ocultar lo terriblemente tarde que llega. Francisco Múgica Garmendia, alias 'Pakito', se quitó de en medio a Eduardo Moreno Bergaretxe, 'Pertur', por decir hace treinta años lo mismo que él dice ahora. La cosa no tendría mayor importancia si no fuera porque entre medias han sido asesinadas centenares de personas, el propio 'Pertur', hay centenares de viudas, de huérfanos, de familias rotas que podían ser felices. Dolores González Katarain, 'Yoyes', llegó a esa misma conclusión -hay que hacer política- a primeros de los ochenta y también tuvo que pagar con su vida, a órdenes de 'Pakito', el haberse adelantado en el tiempo. Y es que a los que están acostumbrados a pastorear el rebaño de la muerte no les gusta nada, pero nada, que alguien se salga de él.

Para que los que un día formaron parte de la dirección de la banda criminal reconozcan su derrota y digan que el matar se debe acabar, han pasado muchas cosas. La primera, como digo, que han sido detenidos por la Policía y encarcelados, pero también que hoy en la sociedad vasca hay un desprestigio social de la muerte que antes no existía; desprestigio que se ha conseguido contra viento y marea, a base de oponerse a ella, venciendo el miedo, y no precisamente a base de dejarse seducir por la teoría del contexto, aquélla que llenaba de razón al criminal y hacía recaer en la víctima la culpa de su propia muerte. Ha pasado también que se han puesto en pie medidas políticas y judiciales que han achicado los espacios de impunidad de los que disfrutaban los terroristas y que han fortalecido a los pocos que han luchado, con un alto coste, contra el terrorismo.

Justo es decir en este momento que ni el PNV, ni EA, ni IU, ni la Iglesia vasca ni tantas y tantas instancias que deberían haberse implicado activamente en esta lucha lo han hecho en la medida necesaria. Más bien al contrario, cada vez que algunos, pocos, defendíamos la necesidad de detener y encarcelar a los terroristas, siempre había un portavoz nacionalista que nos afeaba la conducta, decía que la solución no era policial, que el problema era muy, pero que muy complicado, y que había que negociar, tender puentes, dialogar o tomar la temperatura a los criminales, como si en vez de matar tuvieran fiebre. Cuando se decidió acabar con la violencia callejera por la vía de la aplicación de la ley, desde el nacionalismo se nos dijo que esa medida traería más problemas que ventajas. Cuando se decidió ilegalizar a los que hacían del apoyo impune a la violencia su razón de ser, también el nacionalismo vasco anunció el Apocalipsis. Cada vez que se han puesto en práctica medidas políticas, judiciales o policiales, siempre ha habido un 'pero' nacionalista, un decir 'por ahí, no', un presentarse como experto de la cosa para engolar la voz y largar solemnemente cosas que nunca se han cumplido. Pero da igual, no hemos oído hasta ahora ninguna autocrítica y no parece que ninguno de esos portavoces vaya a reconocer que teníamos razón los que decíamos que había que acabar con la impunidad, que había que aplicar la ley, que se equivocaron y que gracias a que no se les hizo caso hoy el mundo terrorista está en fase terminal.

El caso es que, con treinta años de retraso y después de centenares de muertos, que se podrían haber evitado, hoy los antiguos dirigentes del tinglado criminal dicen que hay que parar y hacer política. La decisión tiene una relevancia extraordinaria porque algunos de estos arrepentidos se negaron en su día a seguir el camino de ETA p-m, a la que pertenecían, que abandonó las armas a primeros de los ochenta y se integró en Euskadiko Ezkerra para hacer política. En aquel momento la sociedad vasca, y la del resto de España, hizo un extraordinario ejercicio de generosidad porque, aunque se puso en circulación la muletilla de que los reinsertados no tenían delitos de sangre, lo cierto es que sí los tenían. Pudimos ver fotos de antiguos etarras saludando a familiares de víctimas y cómo gentes que estuvieron a punto de asesinar a Jaime Mayor Oreja, por ejemplo, hablaban con él civilizadamente. Es decir, hay antecedentes de reconciliación emocionantes y ¿ay!, dolorosos, porque los asesinados no podrán resucitar por mucho que los 'pakitos' se hayan dado cuenta ahora de su error, de su horror, de su terror.

Es posible que los que dirijan ETA a partir de ahora consideren arrepentidos, liquidacionistas y cosas semejantes a los que desde la cárcel cuestionan la vía terrorista; ha sido así en la historia de la organización criminal. 'Txelis' pone en marcha la violencia callejera, es encarcelado en 1992, forra de estampitas de la Virgen la celda de la cárcel y acto seguido es expulsado por 'Antza', que a su vez ha iniciado un proceso de reflexión en la cárcel que en unos años le llevará, a buen seguro, a decir lo mismo que sostiene 'Pakito'; y así sucesivamente. Pero aunque ésta sea una organización empeñada en ser contumaz en el error y en llegar tarde a todas partes, la imagen que ofrecen estos arrepentidos llegará sin duda a muchos vascos que hasta hace poco pensaban que fuera del asesinato no había salvación para la causa nacionalista. Cada golpe policial, ciudadano, judicial, político, sitúa a los criminales diez peldaños más abajo y a los que defendemos lo obvio -los problemas políticos se resuelven por vía políticas-, diez peldaños más arriba. Los que se han aprovechado del clima de terror para sacar partido político, los que siempre han mirado hacia otro lado, los que han pensado que la muerte de su vecino no era su problema, los que han empleado más energía en criticar a los ciudadanos vascos que denunciábamos la barbarie que a quienes la practicaban, no entonarán el 'mea culpa', pero deben saber, en su fuero interno, que ETA está en fase terminal gracias a que no se les ha hecho caso.

La crisis de ETA está patente
Lorenzo Contreras Estrella Digital 3 Noviembre 2004

Ha saltado la sorpresa en torno a ETA, pero sólo relativamente. La carta de seis históricos de la banda, encabezados nada menos que por Francisco Múgica Garmendia, alias “Pakito”, con la aportación firmante de Ignacio Aracama Mendía (“Macario”), Iñaki Bilbao (“Iñaki de Lemona”), Carlos Almorza (“Pedrito de Andoain”), Kepa Solana y Koldo Aparicio (lo que se dice seis angelitos que están en prisión bajo condenas graves), ha sido filtrada al periódico navarro Diario de Noticias y solicita el abandono de la lucha armada, es decir, el terrorismo puro y duro, porque “hoy en día no sirve” y el Estado, español por supuesto, ha ganado la batalla. Esto último viene expresado con este circunloquio: “Nuestra estrategia político-militar ha sido superada por la represión del enemigo contra nosotros”. Antes de ser filtrado, la dirección de la banda había recibido el mensaje en agosto, y lo que en él se pide es “la lucha institucional y la lucha de masas bajo las pautas que establezca la izquierda abertzale”. Es la respuesta que los “históricos” encarcelados dan a una consigna de los actuales dirigentes etarras para que llevasen a cabo junto con otros presos acciones de protesta en las cárceles. La carta es anterior a la detención de Mikel Albizu “Antza” y Soledad Iparraguirre “Anboto”. O sea, que las cosas han empeorado desde que el mensaje fue puesto en marcha y circulación.

Ha habido sorpresa, pero sólo relativa. Ya en los últimos días de octubre se conoció una declaración de ETA en la que sostenía que la solución del “conflicto político” vasco depende del “diálogo, la negociación y el acuerdo” conducentes a un consenso “con la participación de todos”, entendiendo por todos, se supone, los partidos abertzales y los nacionalistas, siempre sobre la base del reconocimiento del derecho de autodeterminación. De todos modos, en la declaración de ETA late una propuesta que podría ir más allá del puro entendimiento entre abertzales y nacionalistas, aunque este planteamiento no está explícito. ¿Apertura de nuevas negociaciones con el Gobierno? ETA habla de trasladar su punto de vista y voluntad “a todo aquel que así lo desee, tanto directamente como por medio de las intermediaciones que se elijan”. Es evidente que no parece razonable situar al Gobierno en este contexto.

Lo que se desprende de la declaración etarra es una apuesta por las movilizaciones populares con dos claves para el éxito: “Dejar de lado las fórmulas policiales y políticas que han fracasado” y “salir del círculo vicioso de las propuestas partidistas que pueden provocar confusión”. La fórmula decisiva sería “configurar una legítima delegación para representar a Euskal Herria entre los estados”.

Lógicamente, el PNV no acepta un planteamiento que considera de su propia autoría y que, en lo sustancial, como iniciativa, no piensa compartir con nadie y, sobre todo, menos con ETA. El Gobierno de Ibarretxe no está por la labor, a su vez, e inspiró al día siguiente de la difusión del mensaje etarra una respuesta negativa a la que se sumaron EA, EB y Aralar, instando a la banda a quedar al margen y “dejar hacer” a los partidos. EA manifestó que los partidos “estamos haciendo grandes esfuerzos, y ETA sólo saca comunicados”. La vicelehendakari, Idoia Zenarruzabeitia, fue tajante frente a ETA: “Somos maduros y queremos solucionar nuestros problemas entre nosotros. No necesitamos un sargento que nos diga cómo”.

Más claro, agua. ETA se ha quedado sola. Del conjunto de testimonios se puede deducir una de las razones por las que los “históricos” encarcelados han dicho lo que han dicho.

El último tren de Batasuna
TONIA ETXARRI El Correo  3 Noviembre 2004

Si la carta de los seis ex dirigentes de ETA, en prisión, tiene su importancia por tratarse de activistas tan significados que reconocen su desestimiento, no hay que dejar caer en saco roto su apuesta por «la lucha institucional y la lucha de masas». Ése es un dato fundamental del que debería tomar buena nota la dirección de la ilegalizada Batasuna. Que ETA está atravesando sus peores momentos no lo dicen los profetas en tierra ajena sino que firmantes de esa misiva como Múgica Garmendia , 'Pakito' -cuyo historial delictivo empezó a destacar con la misteriosa desaparición de 'Pertur'- dicen que «nunca» en la historia de ETA «nos hemos encontrado tan mal». Y si esta conclusión, expresada por escrito y dirigida a 'Antza', antes de que fuera detenido y mientras reflexionaba sobre el plan Ibarretxe, no puede ser más derrotista, habrá que reconocer que esta situación ha sido posible gracias a la presión policial, judicial y política.

No son los años. Ni la cárcel. Que también. Es, sobre todo, la presión de la legalidad democrática la que ha ido laminando al entramado terrorista al irles quitando el oxígeno que respiraban utilizando las instituciones democráticas. Ya se vio, con el asesinato de Miguel Ángel Blanco, que el rechazo social no era suficiente para acabar con ETA. Había que acompañarlo de una decidida política democrática orientada hacia su derrota. Los partidos que así lo quisieron firmaron el Pacto Antiterrorista y propiciaron la aprobación de una ley que dejó al margen del calorcito de la vida pública a Batasuna, cuya fuerza institucional se ha quedado reducida al Parlamento vasco. Pero esa chimenea en torno a la que se cobija el grupo de Otegi tiene una fecha de caducidad. Se tendrá que apagar con la convocatoria de las elecciones autonómicas previstas para la próxima primavera. Otegi decía, después del descabezamiento de la cúpula de ETA, que si alguien esperaba de la organización terrorista un comunicado anunciando su final, se iba a equivocar. Si tuviera la inteligencia y el arrojo que mostró Gerry Adams con el IRA, Batasuna debería aprovechar este tren. Puede ser que sea el último antes de que vuelva a tener problemas legales para presentarse a las elecciones.

Se trata de renunciar. Claro está. Pero no es una renuncia a sus ideas sino a un discurso político que legitima el terrorismo. Sus ex compañeros de Aralar lo hicieron y no les va tan mal en las urnas. Seguramente, si Batasuna diera ese paso adelante, cosecharía el mayor éxito electoral de los últimos años. Bien es cierto que perjudicaría a otras opciones nacionalistas pero la causa lo merece, ¿no?. En este momento clave es importante no bajar la guardia. La mejor lectura que se puede hacer es la efectuada por el PP y PSOE : que la carta de ETA confirma que el camino en la lucha contra el terrorismo es el correcto. Cabe esperar que la historia no la vuelvan a torcer quienes quieren seguir dando oxígeno al terrorismo.

Presos de ETA
Opinión El País 3 Noviembre 2004

Algunos notorios ex jefes de ETA actualmente encarcelados propugnan abandonar la llamada lucha armada en un escrito fechado en agosto, pero difundido ahora, tras la detención de la pareja que, al parecer, dirigía todo el tinglado. Cuando los discrepantes actuales tenían el mando tacharon de liquidacionistas a otros que proponían lo que ellos plantean ahora, e incluso alguno de ellos participó en la decisión de eliminar a Yoyes, una antigua dirigente, por haberse autodeterminado sin permiso. Tal vez un día Mikel Antza y Amboto también sean considerados liquidacionistas. Esta nueva disidencia podría ser, en las actuales condiciones -con una ETA políticamente derrotada-, un aval para un sector de la antigua Batasuna que se atreviera a levantar la bandera de la renuncia a la violencia. Pero no hay síntomas de que tal cosa esté próxima.

Tras las caídas de Bidart, en 1992, fue la llamada Koordinadora Abertzale Sozialista (KAS, la ETA civil, según los autos del juez Garzón) la que tomó el relevo. Ahora, con la dirección descabezada y el resto en desbandada, es posible que el brazo político intente hacer lo mismo, y que los nuevos jefes busquen su legitimación interna en el apoyo de las cárceles. Por eso puede tener importancia esta nueva disidencia. Los firmantes del escrito reconocen, con otras palabras, la derrota política de ETA. No es que la consideren incapaz de seguir realizando atentados, sino que ello no serviría ya para posibilitar la "negociación con el poder central". La "estrategia político-militar" ha sido "superada por el enemigo", y hace falta una nueva, decidida por el conjunto de la izquierda abertzale, sustituyendo la ya inservible "lucha armada" por la "lucha institucional y de masas".

Estudios recientes han destacado la escasa incidencia que han tenido en ETA en los últimos años posiciones disidentes cuya existencia se ha conocido a posteriori. Una razón es que, desde el asesinato de Yoyes, en 1986, los jefes etarras han preferido tolerar que los discrepantes salieran de la organización y se acogieran a fórmulas de reinserción a tener que hacer frente a debates internos de cuestionamiento de la violencia. Es una experiencia a tener en cuenta porque seguramente habrá más presos que seguirán a estos seis.

Que ello acabe generando un movimiento de impugnación de la violencia depende en gran medida de la ex Batasuna. Sus portavoces han anunciado una propuesta de "superación del conflicto" que presentarán el día 14. Pero del adelanto ofrecido en el diario Gara el pasado 17 de octubre no se deduce ninguna intención de plantear el desistimiento de ETA o siquiera una tregua indefinida, como ha pedido, por ejemplo, Aralar, el partido independentista escindido de Batasuna. La clave de la solución siguen situándola en la celebración de un referéndum de autodeterminación en toda Euskal Herria: lo que ya planteó ETA para no romper la tregua en 1999 y que al PNV le pareció "una propuesta estrambótica". Si ETA no existiera, a ningún dirigente de Batasuna se le ocurriría crearla ahora. ¿No habrá nadie entre ellos capaz de sacar la conclusión que se deduce de esa constatación?

ETA, el final de un odioso prestigio
Editorial Heraldo de Aragón  3 Noviembre 2004

LA NOTICIA de que seis veteranos etarras encarcelados certificaron en agosto que la violencia de ETA es un callejón sin salida para la banda es una gran fuente de reflexión. La tarea política, judicial y policial contra ETA ha dado grandes frutos. Se han evitado atentados, desmantelado redes y se ha capturado a pistoleros, extorsionistas y cooperadores. Filtrada ayer a un diario navarro y fechada antes de la caída de la dirección de ETA, con "Antza" en cabeza, reconoce que el Estado ha ganado la partida y que "la lucha armada que desarrollamos hoy día no sirve". Falla la estrategia y hay que ir a la "lucha institucional" desde la izquierda "abertzale". Estos dirigentes descartan la muerte ajena por ineficaz -no por su maldad moral- y se unen a quienes piden que Batasuna o sus "alias" dejen de ser apéndice del terror.

Está, pues, claro que, frente a la sordera del nacionalismo independentista, tan defensor del entendimiento, ETA sólo renunciará al terror cuando no esté en condiciones de imponerlo, porque está en su naturaleza y el nefasto Pacto de Lizarra fue una notable prueba. Convocado el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo que suscribieron PSOE y PP, ha faltado tiempo a los tres partidos de Ajuria Enea para denunciarlo como obsoleto e ineficaz. ETA, empero, afirma lo contrario. Y eso debería bastar a quienes, probablemente, intentarán lucrarse en las urnas del éxito de la lucha contra la muerte, cuyo gran protagonista, además de los centenares de víctimas del terror, ha sido la decisión constante y eficaz nacida del acuerdo entre los dos grandes partidos de gobierno y de la intensa colaboración entre España y Francia. Por ahí, que es por donde ETA recibe su gran quebranto, es por donde debe seguirse insistiendo. Hasta que sea menester.

Intimidación policial a Pío Moa
No hacía falta
Juan Carlos Girauta Libertad Digital  3 Noviembre 2004

La reciente intimidación policial a Pío Moa, ¿cómo debe interpretarse? Quizá el agente preguntón, lector de nuestro compañero, no pudo vencer su curiosidad. Y ahí se acabe todo. O quizá significa que la era de Rodríguez se está convirtiendo, tan pronto y de verdad, en un régimen radical que, además de no esconder su disposición a atar o asfixiar a los medios de comunicación, de no desaprovechar ninguna ocasión para escupir sobre los símbolos estadounidenses, de intentar liderar una desbandada general de Irak y de entregarse al rentable y trasnochado anticlericalismo, que tantas alegrías ha dado a su partido, empieza a utilizar activamente los resortes del poder contra individuos discrepantes con fines, de momento, intimidatorios.

La segunda hipótesis parece un poco exagerada, ¿verdad? Y sin embargo no otra sería la explicación generalmente aceptada si, en vez de rastrear los movimientos de Moa bajo el gobierno de Rodríguez, la policía hubiera rastreado los de algún mandarín de la ortodoxia historiográfica bajo el gobierno de Aznar. En realidad, si tal cosa hubiera pasado, hoy se hablaría más de una fascistización de España que de las elecciones americanas. A nadie se le ocurriría denunciar, sin embargo, la bolchevización del zapaterismo.

Esta sensación de normalidad, este aceptar como si tal cosa que un agente del orden vaya haciendo preguntas sobre el ciudadano Pío Moa por un hotel de Murcia y por su Casino con motivo de una conferencia cuyo contenido disgusta al poder, ¿favorecerá la aparición de un cuerpo especial dedicado a la intelectualidad crítica? ¿Llevarán un uniforme especial? ¿Chaquetas y botas de cuero negro, quizá? ¿Unas gafitas con montura de acero a lo Brecht para subrayar su condición de policía de la lectura?

Sin placa, sin pistola, sin botas y sin brechtianos abalorios se puso en marcha aquí la policía del pensamiento como ariete para abatir, más que batir, a la derecha. La creó con admirable espontaneidad el propio sector al sentirse damnificado en sus ventas, en su hegemonía y en su credibilidad. Una espontaneidad como la del 13-M. Se autoorganizó y se autogestiona en el otrora fértil y feliz entorno de intelectuales y artistas, historiadores, cineastas, periodistas y graciosos subvencionados.

Para coaccionar al que amenaza su prestigio, para ningunearlo, negarle el derecho de réplica, sancionar a quien ose entrevistarle, reventar sus apariciones públicas, demonizarlo a él y a quien lo reivindique, se bastan y se sobran los mafiosos del lobby cultural que pide cabezas a la de Cabra, los monopolistas mediáticos de las listas negras y los docentes resentidos que pastorean la Universidad.

¡A quién se le ocurre mandar directamente a la policía! Un poco de sensatez, señores, que se les ve el plumero innecesariamente. Tengamos la fiesta en paz y sigan simulando mientras puedan que respetan las reglas del juego y que creen en la libertad de expresión.

Elecciones EEUU y España
¿Nos hemos vuelto locos?
GEES Libertad Digital 3 Noviembre 2004

Quizás la respuesta a este extraño comportamiento se encuentre en otro sorprendente fenómeno: la militancia anti-Bush de la gran mayoría de empresas mediáticas y comentaristas Mientras los ciudadanos norteamericanos ejercitan con normalidad su derecho al voto para resolver quién será su presidente, sus representantes, un tercio de los senadores y una buena parte de los gobernadores estatales, entre otras opciones posibles, la sociedad española manifiesta extraños signos en su seguimiento de los acontecimientos.

Resulta sorprendente la cobertura y el tiempo que los medios de comunicación nacionales están dando a estas elecciones. Primero porque es otro país, con sus problemas específicos. Segundo, porque en lo que a nosotros nos afecta las diferencias entre candidatos y partidos no son tan importantes. El Wall Street Journal de 2 de Noviembre recoge un extenso sondeo sobre visión estratégica de la sociedad norteamericana, concluyendo que el acuerdo es sustancial a la hora de valorar la amenaza que supone la conjunción entre terrorismo y armas de destrucción masiva, el problema que plantean los programas nucleares iraní o norcoreano y el uso de las acciones anticipatorias (pre-emptive actions) si ello fuera necesario. En el caso concreto de España, los demócratas de Kerry han repetido, por activa y por pasiva, en declaraciones públicas o por conducto diplomático, el pésimo concepto que tienen del Gobierno de Rodríguez Zapatero y las consecuencias en el tiempo que tendrá el vergonzoso comportamiento seguido en Irak. En cualquier caso las tertulias se encienden a la hora de comentar el proceso electoral, poniendo en evidencia tanto la pasión con que se vive, como el monumental desconocimiento que nuestros comentaristas tienen de la política y sociedad norteamericanas.

Quizás la respuesta a este extraño comportamiento se encuentre en otro sorprendente fenómeno: la militancia anti-Bush de la gran mayoría de empresas mediáticas y comentaristas. Edurne Uriarte, en ABC, califica esta conducta de "problema" nacional y tiene toda la razón. Quienes enarbolan su deseo de que Kerry triunfe no lo hacen por simpatía con el senador bostoniano ni por comunión con su programa. Kerry es, simplemente, el anti-Bush. Se trata de que el responsable de haber colocado a Europa frente a sus contradicciones, decadencia e impotencia pague por su atrevimiento. Ya habrá tiempo para criticar a Kerry, porque es sólo un problema de tiempo en caso de victoria demócrata.

Lo que los europeos pensemos de las elecciones norteamericanas es irrelevante para la evolución de la política de esa nación, pero muy representativo de nuestras propias neurosis. Gane quien gane los problemas de fondo determinarán una deriva continental que viene de atrás y que empuja a Europa hacia un papel cada vez menos significativo en el concierto de las naciones. Más nos valdría asumir la realidad en vez de utilizar las elecciones norteamericanas como catalizador de nuestras frustraciones.
GEES, Grupo de Estudios Estratégicos

Profesores con escolta
Cartas al Director ABC 3 Noviembre 2004

Como sorprendente puede calificarse el hecho que un profesor de la UB se vea obligado a tener que llevar escolta. ¿Qué nos está pasando? ¿Por qué alguien que defiende la democracia y el Estado de Derecho se ve sometido a tal presión? La Universidad no puede convertirse en lo que los independentistas quieren convertirla: en un lugar donde sólo se escuche sus voces, y donde se intente imponer el pensamiento único. A gente como Francisco Caja o Gotzone Mora, Gracias.      Juan Rivadulla Granero.    Sant Boi (Barcelona).

PSOE y PP tumban sendos textos de CiU y PNV para reconocer a las selecciones autonómicas
Los diputados del PSC votaron en contradicción con la posición oficial de Maragall y el tripartito
Ora reconocimiento de la lengua catalana, ora defensa de la participación de selecciones autonómicas en competiciones internacionales de carácter oficial. En la carrera de San Jerónimo parece que no hay más debates. De nuevo, ayer más de lo mismo. Al menos en esta ocasión, el PSOE no topó con la negativa de los socialistas catalanes, para «tumbar», junto con los votos del PP, sendas iniciativas de CiU y PNV para derogar la Ley del Deporte y permitir así que las federaciones deportivas autonómicas participen en competiciones oficiales. Los de Maragall en Madrid votaron contra la posición oficial del tripartito.
El presidente de la Generalitat, Pasqual Maragall, junto a la selección catalana de hockey tas su victoria
E. L. Palomera La Razón 3 Noviembre 2004

Madrid- Esta vez no hubo sobresaltos, ni sorpresas de última hora. El PSC siguió el guión pactado con el PSOE, aunque éste le pusiera en un brete con la posición del tripartito catalán. Todos a una, sin que sirva de precedente, y con el apoyo del PP lograron frenar dos iniciativas de nacionalistas catalanes y vascos que perseguían un único fin: la participación de las selecciones autonómicas en competiciones deportivas internacionales de carácter oficial. ¿Argumento del PSC? «Intolerable oportunismo, demagogia y agitación de CiU»

Los de Artur Mas pedían la derogación de la Ley del Deporte de 1990, un texto que limita la representación internacional a las selecciones nacionales. Los del PNV proponían modificaciones parciales del texto, que perseguían el mismo objetivo. Por boca de los convergentes fue Josep Maldonado quien defendió la iniciativa.

Antes dejó claro que la propuesta de su coalición no era flor de un día, sino del trabajo de muchos años de «lucha» por la presencia de las selecciones autonómicas en competiciones oficiales. Replicaba así a quienes desde el tripartito han acusado a los de CiU de querer rentabilizar el éxito de la selección catalana de hockey. «Este no es un éxito de ningún partido o Gobierno, sino de la sociedad catalana, que con su permanente reivindicación ha mantenido viva la esperanza».

Similares argumentos utilizó en peneuvista Aitor Esteban, que también puso en evidencia la contradicción en el voto de los socialistas catalanes del Congreso teniendo en cuenta la posición oficial de la Generalitat y el acuerdo firmado en el Parlament por todos los grupos, a excepción del PP, para promover la presencia internacional de la selección catalana.

Desde el PP, Francisco Antonio González, prefirió hablar más de nacionalismo que de deporte. Así lo hizo de «prácticas de esperpento y oscurantismo más propias de repúblicas bananeras», en alusión al Gobierno de Cataluña y su actitud en Macao con motivo de la victoria de la selección de hockey. Estella, Plan Ibarreche, rentabilidad electoral... fueron términos que el del PP esgrimió desde el atril para hablar de gobiernos «autonómicos radicales que intentan gobernar, también España». El PSOE se limitó a defender la vigencia de la norma que limita la representación internacional a las selecciones españolas. Todo por boca de un diputado por Almería, Agustín Jiménez. Resultado final de la votación: 317 votos; 281 en contra, 36 a favor y ninguna abstención. Queda claro, pues, la posición del PSOE, hasta nueva orden.

EL PP LLEVÓ CAMISETAS CON LA L PERO SE ABSTUVO
El Ayuntamiento de La Coruña aprueba la cooficialidad del topónimo en castellano
El Gobierno socialista en el Ayuntamiento de A Coruña aprobó este martes, gracias a su mayoría absoluta, una moción por la que la Administración local usará el nombre de la ciudad con el artículo en castellano (La Coruña) cuando emplee este idioma, lo que recibió el rechazo de los nacionalistas y la sorprendente abstención de los concejales del PP, que sin embargo portaron camisetas con una "L".
EFE Libertad Digital  3 Noviembre 2004

La iniciativa fue debatida en un pleno agitado al que asistió una docena de personas en defensa del topónimo gallego, entre ellos representantes de la Mesa pola Normalización Lingüística, el Bloque y el sindicato CIG, que fueron expulsados de la sesión por el alcalde, Francisco Vázquez.

Antes de su inicio, el presidente de la Mesa, Carlos Caión, explicó a los periodistas su presencia como "un acto simbólico" para denunciar la "situación antidemocrática" del gallego en el ayuntamiento coruñés y como rechazo a que el alcalde "se burle de la ley, del Parlamento y de los tribunales", en alusión a las instancias y sentencias que establecen el topónimo en gallego.

Los asistentes aplaudieron la intervención del portavoz del grupo municipal del BNG, Henrique Tello, quien defendió que la moción "no obedece a una necesidad social ni a una cuestión ideológica, porque usted no tiene ideología sino intereses", según le espetó al regidor socialista.

Mientras, el grupo municipal del PP mostró camisetas blancas con una "L" mayúscula impresa en azul para mostrar su apoyo a la moción, aunque condicionado. El portavoz popular, Fernando Rodríguez Corcoba, declaró que su grupo habría votado a favor de la moción si con la mayoría absoluta del PSOE no bastase para sacarla adelante, pero finalmente se abstuvo "ante la duda de la legalidad" de la iniciativa. "Una cosa es lo que nos gusta y es lo justo, y otra lo que podamos", manifestó Corcoba tras hacer un análisis de la legalidad vigente en materia lingüística.

Respeto a la co-oficialidad
La defensa de la moción, presentada por el alcalde, le correspondió, sin embargo, al portavoz del grupo socialista, Javier Losada, algo que los nacionalistas calificaron de "cobardía política". Losada recurrió a la Ley de Grandes Ciudades para defender el derecho de la ciudad a "autodenominarse" y pidió a los asistentes al pleno que no cometiesen "el mismo error que en su día sucedió con el gallego" para evitar así que se pierda el término en castellano.

El alcalde cerró el debate, aunque sólo para añadir que la presentación de la moción se hizo "en el momento procesal correspondiente y para responder a la realidad social e histórica de la ciudad, al mandato de la co-oficialidad en la Constitución y a consagrar las bases de una sociedad democrática, como son la convivencia y la tolerancia".

Tras la votación, que concluyó con la aprobación del uso del término La Coruña, el público asistente profirió insultos como "fascistas" o "payasos" al grupo socialista, al tiempo que lanzaban a los ediles narices de comediantes y les recriminaban: "odiáis al país que os da de comer". Ante estos hechos, el regidor coruñés ordenó desalojar e identificar a una docena de personas, lo que sucedió sin incidentes.

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