AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 15 Noviembre 2004
Batasuna no condena a ETA
Editorial La Razón 15 Noviembre 2004

TERRORISMO Y SENTIDO COMÚN
Jorge TRIAS SAGNIER ABC 15 Noviembre 2004

BATASUNA VUELVE A ESTELLA
Editorial ABC 15 Noviembre 2004

UNA SOCIEDAD ENFERMA
GERMÁN YANKE ABC 15 Noviembre 2004

El dilema de Otegi
EDITORIAL El País 15 Noviembre 2004

Discurso de continuidad
Editorial El Correo 15 Noviembre 2004

Otegi se mueve pero no avanza
Pablo Sebastián Estrella Digital 15 Noviembre 2004

Ibarra como Otegui
Lucrecio Libertad Digital 15 Noviembre 2004

La propuesta de Batasuna
Editorial HERALDO DE ARAGÓN  15 Noviembre 2004

La espina de Faluya
GEES Libertad Digital 15 Noviembre 2004

La respuesta a Batasuna
Editorial El Ideal Gallego 15 Noviembre 2004

Nacionalistas
Cartas al Director El Correo  15 Noviembre 2004

Carta a Zapatero
Cartas al Director ABC 15 Noviembre 2004

España islámica
Cartas al Director El Correo  15 Noviembre 2004

Los visitantes de la feria de idiomas Expolingua consolidan el interés por el español
Madrid/Berlín Efe Estrella Digital 15 Noviembre 2004

 

Batasuna no condena a ETA
Editorial La Razón 15 Noviembre 2004

Círculos y portavoces nacionalistas habían vendido el mitin del Velódromo de Anoeta como un punto de inflexión del asunto vasco y un giro radical de la estrategia de Batasuna. Durante los últimos días, concienzuda e interesadamente, se había preparado y animado el ambiente social para dar el primer paso hacia el reencuentro con la oveja negra y descarriada de la familia nacionalista. Pero los espejismos son sólo ilusiones que engañan al confiado o al que quiere y se somete a ser víctima de la mentira. Porque la famosa propuesta de Batasuna, anunciada por Arnaldo Otegui y el resto de acólitos, se redujo a una reiteración de la tradicional posición de la izquierda abertzale, con pocos matices y condimentos. Con la retórica grandilocuente habitual, el brazo político de ETA, ilegalizado, no lo olvidemos, apuesta en el documento por alcanzar un acuerdo entre agentes políticos, sociales y sindicales vascos que deberán constituir la «interlocución democrática» de los estados español y francés, reclama «la materialización sin límites ni restricciones de todos los proyectos», defiende el ámbito de decisión vasco y la celebración de un referéndum, así como una segunda negociación bilateral entre ETA y España y Francia para abordar «la desmilitarización del conflicto».

En definitiva, Batasuna y ETA, con el reloj parado, reinciden en la historia para reivindicar el Pacto de Estella y las conversaciones de Argel. Sin embargo, estruendoso silencio en lo esencial. Ni un paso adelante hacia el cumplimiento de la imprescindible condición exigida por el Estado de Derecho y la democracia. Batasuna, hoy como ayer, no condena el terrorismo ni reclama a la banda su desaparición. La anhelada jornada de Anoeta sólo demostró que los proetarras permanecen aferrados y enquistados en los parámetros colaboracionistas que exigieron su ilegalización. La farsa se desmoronó cuando se comprobó que la iniciativa no sólo atentaba directamente contra el actual marco jurídico, sino que pretendía hacerlo sin abjurar de su vinculación con el terrorismo. En realidad, Batasuna cumplió lo que ya anunció LA RAZÓN hace unos días: que todo este montaje sólo perseguía forzar las condiciones políticas para que una supuesta debilidad del Estado le permitiera concurrir a las próximas elecciones, vitales para recuperar protagonismo y abandonar el ostracismo actual. Pero la respuesta de los poderes del Estado, y especialmente de PP y PSOE, debe ser firme y contundente. No hay lugar en la democracia para quienes colaboran o justifican el terrorismo. Así de simple, pero así de cierto. Abrir la mano ahora, vacilar, entrar en complicadas estrategias de cálculo político, tentación en la que algún político socialista vasco ha caído estos días, sería imperdonable, porque daría vida a una ETA moribunda y derrotada.


TERRORISMO Y SENTIDO COMÚN
Por Jorge TRIAS SAGNIER ABC 15 Noviembre 2004

AZNAR y sus tres ministros del Interior -Mayor, Rajoy y Acebes- sostuvieron durante ocho años que para combatir el terrorismo no había atajos ni acuerdos posibles. Tuvieron las ideas muy claras y gracias a esa política firme y contundente, junto con la colocación de las víctimas en el primer plano de atención gubernamental, ETA se encuentra hoy en trance de disolución. Pero, como en tantas otras ocasiones a lo largo de estos últimos treinta años, es probable que la serpiente criminal reaparezca con una nueva cabeza. Por esa razón afirmaba ayer Ignacio Camacho en estas páginas que no hay otro camino que el de la firmeza. Dar oxígeno a Batasuna, como pretenden algunos socialistas vascos, los de siempre, o deshacer toda la trama legislativa hilvanada laboriosamente a lo largo de las dos legislaturas populares constituiría uno de los peores errores que podría cometer el presidente del Gobierno. Por varios motivos.

A corto plazo, el entorno de Batasuna anunciaría una nueva tregua unilateral y volverían a integrarse sus dirigentes, más o menos, en la vida política vasca, lo cual produciría nuevamente el retorno de la violencia callejera y el enfrentamiento radical con los partidos constitucionales. Esas oleadas de violencia, que han ido desapareciendo paulatinamente desde que el criptoterrorismo fue ilegalizado y sus actividades prohibidas, contarían con el apoyo encubierto de los socios independentistas catalanes de la «Esquerra Republicana», que parece que nunca han roto un plato y cuyo objetivo político último es exactamente el mismo, por medios más sutiles, que el de sus socios con quienes se entrevistan en Perpiñán. El hacer añicos la política antiterrorista del anterior Gobierno es probable que, a muy corto plazo, diese mayor tranquilidad al tripartito que gobierna en Cataluña y, como consecuencia de ello, favoreciese la gobernabilidad tras la aprobación del presupuesto. Pero esa estrategia tan corta de miras, con la que también comulgan un buen puñado de socialistas vascos, de momento ha contado con el rechazo inequívoco del PSOE y, por supuesto, del PP, que exigen, lo cual es como pedir peras a un olmo, que HB condene primero, y sin eufemismos, la violencia. Por otro lado, si los grandes partidos nacionales, para poder aprobar los presupuestos, es decir, para poder gobernar, van a tener que contar con el apoyo, no del nacionalismo democrático como puede ser el que representan CiU o el PNV, sino del radical o terrorista, como son la Esquerra (por lo de radical) y Batasuna (por lo de terroristas), la idea constitucional de España, que parece que todavía no está en discusión, quedará seriamente dañada.

Para combatir el terrorismo, efectivamente, no hay atajos. Pero los ciudadanos queremos estar bien informados. Queremos saber. Queremos saber que se seguirá persiguiendo con contundencia a quienes asesinaron a tantos y tantos policías, empresarios, guardias civiles, militares o políticos populares, socialistas e incluso a alguno nacionalista. Y que el Gobierno hará todo lo posible para evitar que brote, no una nueva cabeza de serpiente, sino un inmenso dragón islámico en nuestro suelo, encubierto por el velo de las mezquitas, capaz de aplastar la libertad. Como tantas y tantas otras cosas de la vida, la lucha contra el terrorismo es, también y principalmente, una cuestión de sentido común.

BATASUNA VUELVE A ESTELLA
Editorial ABC 15 Noviembre 2004

A pesar de su situación de ilegalidad, Batasuna finalmente celebró ayer el acto público en San Sebastián y dio a conocer su propuesta política para el futuro del País Vasco. Los siete compromisos en que se resume la oferta de la izquierda abertzale no constituyen más que una versión actualizada del Acuerdo de Estella: superación del «conflicto», ámbito vasco de decisión, consulta en un escenario sin violencia y respeto a la voluntad popular. Al igual que se preveía en la estrategia nacionalista de 1998, la propuesta desdobla el papel de los «agentes» de este proceso. Por un lado, el acuerdo entre las formaciones políticas vascas; por otro, la negociación entre ETA y los Estados español y francés, para tratar «la desmilitarización del conflicto, los presos deportados, refugiados y víctimas». Batasuna también declara que apuesta por «vías exclusivamente pacíficas y democráticas», que es lo mismo que lleva diciendo la izquierda abertzale desde su aparición en el panorama político vasco, precisamente para evitar su ilegalización. No hay, por tanto, un salto cualitativo en este pronunciamiento de la izquierda abertzale, cuyos efectos están destinados al consumo interno del frente nacionalista y, con carácter indirecto y éxito evidente, a introducir confusión en las zonas adyacentes del socialismo vasco.

La respuesta a este documento tiene que venir dada por el nivel de exigencia que el Estado y los firmantes del Pacto Antiterrorista quieran mantener en la presión sobre ETA y la izquierda abertzale. En sí mismo, el documento de Batasuna no representa novedad alguna de tácticas anteriores, que ahora se agudizan por las necesidades operativas de la banda terrorista y la asfixia política y financiera del entramado proetarra, desmantelado pacientemente durante los últimos años gracias al trabajo de la Audiencia Nacional y a la aplicación de la Ley de Partidos. El documento no condena la violencia etarra ni requiere a ETA para un cese definitivo e incondicional del terrorismo. Sin estas premisas, sería un grave error que la política antiterrorista y la marginación de la izquierda proetarra fueran modificadas por una interpretación benéfica de las ambigüedades o medias palabras de la propuesta de Batasuna. Ya no es momento de interpretar a ETA y a sus cómplices, sino de ver actos concretos de renuncia a la violencia, de resarcimiento a las víctimas y de sujeción a los Tribunales de Justicia. En este baile de máscaras, Batasuna insinúa una cierta influencia sobre ETA al comprometerse a tomar «las medidas necesarias» para que la consulta popular se haga en condiciones pacíficas. A estas alturas, Batasuna no puede pretender que se le crea con capacidad de dirección sobre la banda terrorista, menos aún para garantizar al pueblo vasco una tregua o cese de la violencia. En todo caso, ese compromiso no es más que un intento apremiante de aparentar -y sólo esto- la existencia de un nivel político superior a la cúpula etarra. Pero esto no es más que esconder a ETA en una apariencia inverosímil.

Es en el plano nacionalista donde el documento de Batasuna encontrará mayor eco, porque la propuesta anunciada por Otegi representa la convergencia de la izquierda abertzale con el plan soberanista del lendakari. Para entenderlo así, resulta decisivo constatar que Batasuna no criticó la propuesta de Ibarretxe, como venía haciendo hasta ahora, sino que postuló la misma doctrina autodeterminista -con los adornos del diálogo y el pluralismo- que se encierra en el preámbulo de la iniciativa de libre asociación presentada por el Gobierno de Vitoria. En definitiva, Otegi anunció ayer lo que Ibarretxe venía anunciando -con sospechosa seguridad- desde 2001: que habría consulta popular en «ausencia de violencia» para que «los vascos y vascas» decidan su futuro. Sobre un tablero de necesidades recíprocas, ETA, PNV y Batasuna han reeditado un guión común para hacer más nacionalista al País Vasco, con el reclamo de la paz como señuelo. El Gobierno y el PSOE deben ser conscientes de que las cartas puestas sobre la mesa por el nacionalismo vasco -en cualquiera de sus variantes, ETA incluida- no conducen a un proceso de paz, sino a un proceso de hegemonía nacionalista, bajo la tutela amenazante de ETA.

UNA SOCIEDAD ENFERMA
GERMÁN YANKE ABC 15 Noviembre 2004

El éxito de la batalla democrática contra ETA muestra también los resortes de una sociedad enferma. La banda terrorista no es sólo, como han terminado por constatar los tribunales, un grupo de pistoleros, sino una trama totalitaria en la que cada elemento juega su papel y en la que no son poco importantes los «políticos» que tratan de aprovechar, para destruirlos, los recursos del Estado de Derecho. Poner estos, precisamente para defenderlos, no en contra de una sino de las siete cabezas de la hidra, y hacerlo con la necesaria contundencia, ha sido para nosotros una complicada tarea en la que ha habido que superar la pusilanimidad de buena parte de la opinión pública y un extendido complejo ante el nacionalismo. La reforma de la Ley de Partidos, que colocó a Batasuna fuera de la ley por ser parte de aquel entramado, es, por citar un ejemplo significativo, el primer caso en que los dos grandes partidos nacionales, aún representando desde tiempo atrás un definitivo porcentaje del electorado español, no se plegaron a la acomplejada negociación con los nacionalistas. Hasta entonces, la debilidad institucional y política parecía contemplar el reto nacionalista totalitario como un malentendido, en vez de como un evidente y calculado ataque a la democracia. La obviedad de que la defensa de la libertad estaba en los principios y en la ley, y no en el consenso con quienes no creían en ellos, es, entre nosotros, algo excesivamente reciente.

El empeño por hacer desaparecer a las víctimas del panorama social (porque evidencian lo terrible: que hay víctimas porque hay verdugos), la identificación de la defensa radical de la libertad con la intransigencia, la sustitución de la democracia por el consenso, y tantos otros síntomas de la enfermedad que nos asedia, pueden quedar anestesiados en los momentos trágicos en que el terrorismo se manifiesta y la sociedad y sus representantes se revuelven. Pero es un mal en el fondo tan grave que, en cuanto la situación se remansa, vuelve a aparecer. Se avanza en la batalla contra ETA, se la contempla —como ahora— limitada y acorralada, y la tentación de replegarse a la cómoda provincia de la mano tendida parece, entre muchos, más fuerte que la decisión de acabar con ella.

Maniobras como la protagonizada ayer en San Sebastián, en la que la misma Batasuna que antes pretende presentar los tiempos y los recovecos de su estrategia (en la que, por cierto, la violencia sigue teniendo su lugar preponderante y director) como el fondo del asunto, demuestran algo más serio de lo que tratan de repetirnos, unos y otros, una y otra vez. Más que advertir que tienen necesidad de tomar «el último tren» para seguir teniendo un lugar en la vida política vasca, de lo que parecen estar seguros, y no sin una base, es de que sus sucesivos disfraces fascinan a los pusilánimes. Defender la libertad es costoso, exige fortaleza a cada ciudadano, dar pasos que implican riesgos. La tentación totalitaria es, en el camino a la dictadura, más mullida.

Odón Elorza y sus monaguillos del socialismo guipuzcoano quieren cambiar la política antiterrorista, que no es otra cosa que ceder. Por eso afirman que esa parte de ETA que es Batasuna puede tener un lugar en la «normalización» del País Vasco, lo que implica concebir la normalidad no como la aceptación de normas democráticas, sino de apaños entre demócratas y totalitarios. Otros, con más disimulo, quieren el apaño con el PNV, que ya se encargará de sumar al consenso a los violentos.

Vaya premio para casi mil muertos… Vaya futuro…

El dilema de Otegi
EDITORIAL El País 15 Noviembre 2004

La propuesta presentada ayer por Batasuna va dirigida a su propia clientela política. Sustancialmente es un intento de mantenerse en candelero pese a la aparente proximidad de la derrota de ETA. En ocasiones similares (tras las caídas de Bidart o después de Ermua) iniciativas exteriores justificadas con el argumento de que había que acelerar el desenlace mediante alguna forma de negociación sirvieron para que la banda encontrase nuevos motivos para su permanencia. Lo que ayer presentó Otegi es una propuesta de negociación, con algunas variantes respecto a otras anteriores, pero que en lo fundamental mantiene la lógica de que la paz exige pagar un precio político: algo que los dos partidos mayoritarios se comprometieron a no hacer en el Pacto antiterrorista.

Ilegalizada, Batasuna está en peligro de extinción. Las oportunidades que tuvo para evitar ese destino, desmarcándose de ETA, las despreció. Su dilema es que por una parte no quiere desvincularse de ETA porque sabe que su protagonismo residual -la expectación que despiertan actos como el de ayer- depende precisamente de su proximidad a la banda; pero ahora sabe también que esa proximidad le lleva a la marginalidad por la vía de la Ley de Partidos. Es probable que Otegi desee sinceramente que ETA se eclipse, pero no se atreve, o no quiere, decir a quien sea que hoy dirija el tinglado que lo suyo se ha acabado. Y ETA misma expresa su escasa voluntad de irse al colocar dos bombas en un refugio militar la víspera del gran día.

El compromiso de Batasuna de utilizar "vías exclusivamente políticas y democráticas" repite el firmado en el Pacto de legislatura de 1999 al respaldar con el Gobierno de Ibarretxe al amparo del acuerdo de Lizarra. Pero ese compromiso fue compatible con el auge del terrorismo callejero y no impidió la ruptura de la tregua por ETA, que en un año asesinó a casi el mismo número de personas (23) que en los cuatro años anteriores (24).

Es contradictorio felicitarse por la debilidad y casi derrota política de ETA y rechazar las medidas que lo han hecho posible: la eficacia policial y la ilegalización judicial (más el Pacto Antiterrorista). Los motivos para la ilegalización fueron que un Estado democrático no puede admitir bajo su legalidad, y financiar con fondos públicos, a un partido que forma parte de un entramado que considera legítimo matar a los candidatos y representantes de los demás partidos. No se trata sólo, por tanto, de condenar o de pedir una tregua; pero es significativo que hasta a eso se negara ayer Batasuna, pese a las reiteradas peticiones en tal sentido, en particular de las formaciones nacionalistas.

No se ve la necesidad de modificar la política antiterrorista. Si ETA está dispuesta a abandonar el terrorismo, que lo diga; y si Otegi quiere que se le tome en serio, que así lo exija públicamente a ETA.

Discurso de continuidad
Editorial El Correo 15 Noviembre 2004

El acto convocado ayer por la ilegalizada Batasuna acabó confirmando la mezcla de cerrazón y de incapacidad con la que la izquierda abertzale sigue soslayando el inequívoco emplazamiento de la sociedad democrática. Con la utilización de un lenguaje con apariencias de novedad, Batasuna no persigue otro objetivo que el de hacerse con algún hueco en el debate político que se desarrolla en el País Vasco. De ahí que se arrime al cobijo de conceptos tan reiterados por el lehendakari Ibarretxe, como la 'consulta popular' o la 'ausencia de violencia', evocando de paso argumentos que ya se esgrimieran en el fracasado Pacto de Estella. Pero el atentado perpetrado la víspera contra las instalaciones militares de Belagua, en Navarra, vino a recordarnos lo fundamental: que ni ETA está dispuesta a poner fin a su macabra trayectoria, ni la izquierda abertzale a exigírselo. A estas alturas, todo lo demás resulta poco menos que irrelevante.

Las modulaciones que los dirigentes radicales han introducido en su mensaje de siempre quizá les sirvan para evitar riesgos de disidencia interna. Pero mientras el terrorismo de ETA no desaparezca, la posición de la izquierda abertzale estará tan supeditada a su dictado como lo ha estado hasta la fecha. De ahí que su disposición a «abrir la puerta al diálogo entre todos» no sólo carezca de la más mínima credibilidad democrática, sino que en realidad representa una nueva versión del chantaje con el que pretenden violentar la voluntad de los vascos y la del conjunto de los españoles. Porque un «diálogo multipartito» sometido a la coacción y al amenazante control de una banda terrorista ni puede ser calificado como tal ni puede desembocar en otro escenario que el que ETA desearía para justificar su ignominioso pasado y asegurarse su continuidad futura.

Las alocuciones del velódromo de Anoeta quizá hubiesen significado algo más que el reflejo de la impotencia de Batasuna si se hubiesen producido hace dos décadas. Pero el País Vasco y España han sufrido demasiados desgarros a manos del terrorismo, la banda asesina ha cometido demasiados crímenes y la izquierda abertzale ha secundado con demasiado cinismo y crueldad el dolor causado como para que ahora la ciudadanía deposite sus anhelos de paz en la agenda avanzada por Arnaldo Otegi. Por el contrario, si alguna esperanza ofreció ayer el acto protagonizado por Batasuna se debió a la constatación de su debilidad; a la comprobación de que la sociedad democrática está hoy más cerca de liberarse definitivamente del terrorismo etarra y de los discursos que han venido justificándolo al amparo de la libertad. Precisamente por ello, sería torpe y temerario que significados representantes públicos o líderes de opinión se dejasen llevar por el enredo urdido en el velódromo de Anoeta, brindando a sus artífices el resuello que precisan para soslayar por el momento la exigencia de la democracia para con los liberticidas: que sólo la condena del terror les permitirá regresar a la legalidad.

Otegi se mueve pero no avanza
Pablo Sebastián Estrella Digital 15 Noviembre 2004

El mitin de Arnaldo Otegi en San Sebastián ha defraudado a quienes esperaban el anuncio de una tregua de ETA, o el inicio del fin de la violencia. Por lo que se ve, la banda terrorista no permitió la noticia de la tregua que, al parecer, estaba condicionada a un previo compromiso del Gobierno de Zapatero a favor del acercamiento de los presos de ETA al País Vasco, condición previa que no había sido aceptada a pesar de las más que intensas presiones hechas desde el País Vasco al Ejecutivo del PSOE, incluidas las del alcalde socialista de San Sebastián, Odón Elorza, y otras del PNV y EA.

Otegi se ha limitado a proponer la vía política para la construcción de la patria vasca pero sin renunciar a la violencia y menos aún condenar a ETA. Ha dado un paso muy pequeño que no conduce a nada, aunque demuestra que algo se está moviendo en el seno del mundo abertzale mas violento, por causa de la ilegalización de Batasuna, de los continuos fracasos de ETA en Francia y España, y por la presión internacional contra toda forma de terrorismo a partir de los atentados del 11S de Washington y Nueva York.

Lo que prueba la eficacia policial y las consecuencias del pacto antiterrorista y de la Ley de Partidos pactados por el PP y el PSOE. Aunque estas ventajas que favorecen el fin de la violencia o al menos la posibilidad de un nuevo proceso no pueden permitir otros errores del Gobierno de Zapatero como el de hacer concesiones a ETA sin que la banda y su brazo político anuncien el final del terrorismo. Y ello por más que se hagan guiños al Gobierno central diciéndole que tiene al alcance de su mano conseguir el final de la “lucha armada” de ETA, pasando por ello a la Historia.

Todo un riesgo que hay que meditar, como debe el Gobierno estudiar los riesgos de corte político que incluye el fin de la violencia etarra si con ella, como pretenden el PNV y la ilegalizada Batasuna, se consolida en el País Vasco un frente abertzale que dé una clara mayoría absoluta a los nacionalistas secesionistas, sobre la base de la reforma del actual Estatuto vasco tal y como lo pretende el llamado Plan Ibarretxe.

Éste ha sido el fallo político más notable de la estrategia política anti-ETA pactada en su día por el PSOE y el PP: el favorecer la mayoría política abertzale sobre la que poner en marcha un plan secesionista como el que airea el PNV de acuerdo con EA y en parte también con Batasuna. Se acaba el problema terrorista, lo que no es poco, pero a la vez se empeora el panorama político, siguiendo un modelo parecido a la estrategia actual del nacionalismo catalán. Estrategia que ha sido posible por causa de los enfrentamientos que los gobiernos de Aznar, en su segunda legislatura, mantuvieron con CiU y otros sectores más moderados del nacionalismo catalán, favoreciendo con la bronca que partía del Gobierno del PP el crecimiento de ERC.

Y ahora la reforma del Estatuto catalán, con CiU más radical que nunca, se anuncia más bien conflictiva, y como avanzadilla de lo que seguirá o discurrirá a la par en el seno del País Vasco, sobre todo si ETA abandona definitivamente las armas. Un anuncio que se esperaba, al menos como tregua, pero que de momento tendrá que esperar.

Vera y el GAL
Ibarra como Otegui
Lucrecio Libertad Digital 15 Noviembre 2004

Lo más grave de la España contemporánea, lo que más degrada esto que a algunos nos da vergüenza llamar democracia, es la acumulación de constancias en torno a un presupuesto insultantemente anticonstitucional: que los políticos están por encima de la ley; que son, en la literalidad etimológica, una secta de forajidos. Y que ni la molestia de disimular esa impunidad se toman.

Pero lo de Rodríguez Ibarra es excesivo. Hasta para un partido tan podrido de delincuentes –alguno de ellos con el rango de ministro, otros varios con distintas altas jerarquías ejercidas en los tenebrosos años González– como el PSOE, la permanente autoacusación del presidente extremeño debe ser espeluznante. Sin embargo, para los ciudadanos, hay algo infinitamente más grave: que, hasta fecha de hoy, la fiscalía no haya intervenido de oficio, ante la más que presunta comisión de delitos que, asumida por otro que no fuera un presidente autonómico, hubiera dado ya con los huesos del apologista en la prisión preventiva.

Seamos claros: lo que define a una auténtica democracia constitucional es que la ley se aplique al más sanguinario de los terroristas con el mismo –exactamente el mismo– rigor que al más elevado de los jerarcas políticos o económicos. En España, eso debiera significar que la aplicación del código penal sea idéntica para un dirigente de ETA o un yihadista de Al Qaeda que para un ministro; o que para un presidente autonómico. En rigor constitucional, iguales son ante la ley Josu Ternera y Juan Carlos Rodríguez Ibarra. Sin eso, no existiría verdadera garantía para nadie. Ante la ley, ninguna preeminencia tiene Ibarra sobre Otegui. Ni nadie sobre nadie. Imaginen lo que hubiera hecho Garzón, si Otegui hubiera soltado acerca del 11 M, por ejemplo, la mitad de las barbaridades que ha largado el presidente extremeño a raíz del caso GAL-Vera.

Ahora bien, el código penal español recoge el delito de apología del terrorismo. Se introdujo, es cierto, en función de la necesidad de poner coto a las actividades de ETA. Pero una vez legislado, afecta por igual a todos –insisto, a todos– los ciudadanos españoles. Desde el presidente del Gobierno hasta el último muerto de hambre tirado en una acera. A Rodríguez Ibarra, también.

Es aterrador que delincuentes con sentencia firme, como Barrionuevo o Vera, anden tranquilamente por la calle. Lo es infinitamente más que un presidente autonómico pueda cantar loas al crimen. Y que le salga gratis. Absolutamente gratis.

La propuesta de Batasuna
Editorial HERALDO DE ARAGÓN  15 Noviembre 2004

LA DESCONFIANZA que provoca el historial y la militancia de Batasuna hace que sea difícil creer en sus palabras, revestidas en el documento dado a conocer en el velódromo de Anoeta de una insufrible ambigüedad. Dice el texto batasuno que cree "inevitable" hacer una consulta ciudadana para la resolución del conflicto vasco y se compromete a adoptar las "medidas necesarias" para que ésta se produzca "en condiciones pacíficas y democráticas" y a "sacar el conflicto de las calles y llevarlo a una mesa de negociación y diálogo". El lobo se viste de piel de cordero y reclama paz y democracia cuando sigue empeñado en no condenar la violencia etarra y ha negado en todas sus acciones que el Estado español viva ya en democracia desde hace un cuarto de siglo. Para Batasuna el proceso de resolución del conflicto se basaría en un doble acuerdo entre los "agentes de Euskal Herria", por un lado, que debería ser "refrendado inevitablemente por la ciudadanía", y entre "ETA y los estados español y francés", por otro, en el que se trataría sobre la "desmilitarización del conflicto, los presos deportados, refugiados y víctimas".

La primera cuestión sería definir en qué términos y cómo ha de hacerse esa "consulta ciudadana", asunto en el que podría estar la primera trampa de esta proposición. La segunda, como ya se ha mencionado, poner a ETA a la altura de los Estados español y francés en un proceso de acuerdo. Batasuna recalca que "la utilización de vías exclusivamente políticas y democráticas permitirá la materialización sin límites ni restricciones de todos los proyectos políticos". En esas vías ha estado el Estado y el pueblo español en todos estos años mientras ETA y todos sus secuaces se han burlado ignominiosamente de ellas. Sacarlas a relucir cuando la banda terrorista se encuentra en un callejón sin salida y cuando la propia Batasuna ha perdido la mayor parte de su capacidad de actuación es una desfachatez que sólo merece la indiferencia más absoluta.

Irak
La espina de Faluya
GEES Libertad Digital 15 Noviembre 2004

Faluya muestra los dilemas de las operaciones militares en Irak. En abril, primera fase de los enfrentamientos que afectan a la ciudad, prevalecieron consideraciones políticas, mortificantes para los marines que tuvieron que abandonar el terreno.

En Washington se temía que las acciones bélicas produjesen elevadas bajas civiles, lo que planteaba un problema tanto moral como político, por la explotación que los medios árabes y occidentales hacían del caso. Además la situación parecía complicarse en el país. Bien como réplica a iniciativas americanas para poner freno a sus provocaciones y desmanes o simplemente para aprovecharse de la coyuntura, Muktada el Sadr lanzó a sus milicianos contra las fuerzas de la coalición y trató de apoderarse de Nayaf y otras ciudades chiíes. Recurriendo a una retórica nacionalista que enmascaraba su programa de supremacía sectaria, envió ayuda a los rebeldes sunitas de Faluya. Una conjunción de los alzamientos, esencialmente antagónicos, de las dos ramas del Islam local era la peor de las pesadillas con la que los americanos podían enfrentarse.

Así que los marines tuvieron que hacer de tripas corazón y retirarse, mientras que la Autoridad Provisional se embarcaba en un experimento con poquísimas posibilidades de éxito, pero que de haberlo tenido habría cambiado el curso de los acontecimientos. Se dejó la ciudad en manos de una policía local mandada por un antiguo general del ejército. De nada sirvió. La ciudad se convirtió en el primer santuario del terrorismo y la base de operaciones de Zarqawi. Las vidas que se ahorraron entonces fueron goteando o chorreando a los largo de los meses, elevándose a muchos cientos por todo el país.

Acabar con esa situación, cuyo ejemplo estaba cundiendo a otras ciudades del triángulo suní, se convirtió en una exigencia estratégica primordial, de la cual podría depender la futura celebración de elecciones generales, que tienen como fecha tope el 31 de enero próximo. Había que hacerlo lo antes posible respecto a esa fecha pero tras otras elecciones, las americanas, para no echar leña a la ya recalentada campaña. La guerra urbana es especialmente azarosa y se podrían producir importantes bajas propias.

Así que inmediatamente después. Pero no hubo trampa ni cartón. El bombardeo de casas francas de los terroristas vino dándose a lo largo de todo octubre. Los preparativos militares se hicieron a la luz del día y Colin Powell lo anunció sin tapujos. Esta publicidad sirvió para que la ciudad se vaciara y con la población se fueron los líderes de los terroristas y muchos de sus hombres. Era el precio a pagar para reducir las bajas civiles a casi cero.

El 9 comenzó el asalto sistemático. Lo que hemos visto nos enseña algunas cosas importantes. Incluso en una ciudad sunita de sólida tradición fundamentalista y acendrado odio contra los norteamericanos, los excesos de los fanáticos se han vuelto contra ellos. Eso, el trabajo duro y los buenos dólares han creado un flujo de información hacia el molino de los militares americanos y el gobierno interino. La indudable muestra de resolución juega también un papel decisivo. No estamos hablado de tiernos pacifistas occidentales sino de gente que se toma muy en serio la fuerza y confunde con debilidad cualquier muestra de compasión. Los bombardeos de precisión contra los nidos de terroristas llevaban direcciones escritas desde el interior de la ciudad.

El ambiente general es también muy distinto del de abril. Los implacables métodos gansteriles de los clandestinos los han ido dejando sin cantores de sus hazañas. Hasta los más favorables medios árabes le han ido diciendo adiós muy buenas a esa Numancia del terrorismo suní religioso o laico. Las decapitaciones urbe et orbi han suscitado críticas incluso entre algunas ramas de los opositores armados y ya hace semanas que resultan una embarazosa propaganda en el mundo árabe en general, de cuyos autores mejor es tomar distancia. Al triunfo de Bush habrá que atribuirle también algunos efectos balsámicos. Por muchos aspavientos que se haga no hay más remedio que aguantarlo otros cuatro años. Mucho tiempo para enronquecer tan pronto.

Y por último, no sabemos cuales son los resultados de las intensas negociaciones de Alaui con los jeques e imanes suníes, para atraerlos al ruedo político y aislar a sus sanguinarios paladines. Aparentemente ninguno, pero a la vista de lo sucedido quizás más que las apariencias. Sin olvidar como sumando de la nueva situación ese otro intangible que es el plus de legitimidad del gobierno interino respecto a la autoridad ocupante. Nunca reconocido por quienes anhelan refocilarse con una humillación americana, pero percibido por muchos sufridos iraquíes.

Y lo sucedido es una victoria rotunda que no acaba con el problema pero que lo reblandece apreciablemente. Quizás serán necesarias un par de victorias más del mismo calibre para cambiar decisivamente las tornas, pero la guerrilla tendrá que mantenerse dispersa, sufrirá problemas logísticos, sus líneas de comunicación se verán debilitadas. Los que les dan cobijo y palmadas en la espalda empezarán a pensárselo y a la tercera o a la cuarta terminarán decidiéndose a cambiar de bando.      GEES, Grupo de Estudios Estratégicos

La respuesta a Batasuna
Editorial El Ideal Gallego 15 Noviembre 2004

ETA puso música al mitin de Batasuna en el velódromo de Anoeta con el atentado cometido el sábado en el Pirineo navarro contra el refugio de montaña del Ejército. Ese son es el único que saben interpretar los terroristas, el de las bombas, el del miedo, el de la dictadura que tratan de imponer en el País Vasco y Arnaldo Otegi, iluminado por los focos, se subió al estrado y recitó la letra, que ni siquiera estaba compuesta para la ocasión; se trataba del texto escuchado desde hace muchos años al que sólo se le incorporó alguna estrofa inspirada en el plan Ibarretxe. Nadie se puede sorprender, pues Batasuna, tal como han dictaminado los jueces, es ETA y, por lo tanto, no iba a atacarse a sí misma ni a condenar la violencia o a pedir la renuncia a las armas. No obstante, esa misma lógica de las cosas es la que que hace que sea necesario que la posición frente a los terroristas no varíe ni un ápice, es decir, nada de diálogo y, en cambio, mantenimiento de las vías policial y judicial como únicos medios para comunicarse con ellos. La posibilidad de que cambie la situación está únicamente en las manos de los nacionalistas vascos asesinos, puesto que son ellos quienes se han apartado del camino elegido por todos los españoles, en el que sus dos principales valores son la paz y la libertad, justo los principios que los etarras pisotean con cada una de sus acciones. Por mucho que se empeñen los propios miembros de Batasuna y los tibios como el alcalde de San Sebastián, la legalización de la formación abertzale es imposible hasta que se produzca la aceptación de las reglas del juego democrático.

Nacionalistas
Aurelio Sáenz de Buruaga/Vitoria-Gasteiz Cartas al Director El Correo  15 Noviembre 2004

Como consecuencia de que muchos vascos dudamos si en el año 2004 es posible mantener la doctrina y las tesis de Sabino Arana, es por lo que lanzo algunas preguntas al aire, deseando puedan tener respuestas convincentes. ¿Todos los nacionalistas vascos defienden y tratan de aplicar hoy día la doctrina de su fundador, Sabino Arana? Quienes dan el voto al nacionalismo vasco, ¿siguen entregando el poder a la doctrina excluyente, xenófoba, segregacionista, racista y quizás fascista de Sabino Arana? Los nacionalistas vascos, ¿siguen considerando maketos, vagos, incultos, apestantes, a quienes no sean vascos, como así lo dice el fundador de su partido?

¿Está el Gobierno vasco actual defendiendo y aplicando las doctrinas segregacionistas y excluyentes de Sabino Arana? ¿Siguem los nacionalistas vascos creyendo que no aman a Euskadi quienes no son nacionalistas y que incluso son traidores de su patria, por lo cual hay que asesinarlos, o desterrarlos? ¿Siguen los nacionalistas vascos considerando que todo medio es válido para conseguir estos fines y ven con buenos ojos el que unos sacudan el árbol mediante extorsiones., asesinatos, etc., si ello propicia el poder recoger las nueces? ¿Dónde está el llamado conflicto vasco? ¿Y quién lo mantiene?

¿Es posible ser críticos dentro del nacionalismo vasco sin ser acusados de traidores o grasientos michelines que estorban en el partido para caminar por los caminos marcados por Sabino Arana? Si millones de personas seguidoras de Marx abandonaron en su día el marxismo, considerando haber quedado obsoleto en los tiempos, ¿es posible mantener hoy como referente a Sabino Arana ensalzando su figura en batxokis, ikurriñas, calles? ¿Ha quedado el nacionalismo vasco anclado en un pasado trasnochado, caduco, obsoleto, involucionista y victimista? Ojalá estas duda pueden quedar resueltas para miles de vascos nacionalistas, de vascos no nacionalistas y para otros ciudadanos que contrarios a las ideas racistas de odio que tenía Sabino Arana por el mestizaje, llegan de otras tierras para integrarse como vascos, deseando ser vascos, españoles, europeos y ciudadanos del mundo.

Carta a Zapatero
Cartas al Director ABC 15 Noviembre 2004

En el mes de julio me publicaron en Cartas al Director un escrito en el que le decía: «Señor presidente, España está infectada de termitas carroñera y de marabunta destructiva del nacionalismo que no rugen pero crecen como una enredadera en el porche de La Moncloa». Esto es consecuencia de que el Estado español está secuestrado por una región y el Gobierno de España -rehén de sus socios- es tan frágil que concede todo a los independentistas (con tal de mantenerse en el poder), ante su cómoda ambigüedad. ¿Por qué? Como el Gobierno no tome rápidas medidas en el Estado de las Autonomías, España se hará añicos, presidente. Todavía estamos pagando algunas de las decisiones de la Transición por no haber aplicado -en su momento- el artículo 155 de la Carta Magna. La mayoría de los españoles nos damos cuenta de que el árbitro de la vida nacional es Carod. Últimamente se le han concedido doce millones de euros para fomentar el catalán, «el idioma del poder», y el español, que lo hablan más de 400 millones de personas, es el de la ciudadanía. ¡Qué pena! ¿Por qué los destinos de mi Patria están dirigidos por un señor que no quiere pertenecer a ella, ni llamarse español? Espero que el honor colectivo y los sentimientos patrióticos individuales de los españoles impidan lo que sugiere Maragall: «Una «common well» federalista», pues somos herederos de una noble historia y tendremos que continuarla.    A. Ramírez Díaz.    La Granja de Torrehermosa (Badajoz).

España islámica
Emilio Pérez de San Román/Vitoria-Gasteiz Cartas al Director El Correo  15 Noviembre 2004

Fue sede de un califato. tuvo místicos como Ibn el Arabi de Murcia. Pero España es diferente. De todos los países invadidos por los árabes, España es una nación que mantuvo su religión y su idioma. Así es que la España islámica un día dejó de serlo. Un pecado gravísimo. En el Corán se advierte de las graves penas que recaerán sobre los apóstatas. En la aleya 80 de la Azora III se lee: «Cómo Dios guiará a unas gentes que dejan de creer después de su profesión de fe, después de que atestiguaran que el enviado, Mahoma, es verídico; después de que les vinieran las pruebas. Dios no dirige a gentes injustas. La maldición de Dios, de los ángeles y de los hombres caerá sobre ellos eternamente. No se les aligerará el castigo ni ellos lo esperarán». Es aplicable a España por haber dejado de ser musulmana. Pero hay más. En la aleya 187 de la Azora III se dice: «Matadlos donde los encontréis, expulsadlos de donde os expulsaron». Esto mal interpretado por unos fanáticos musulmanes puede explicar los atentados que provocan. No hay que recurrir a Irak. Con estas advertencias sobre los apóstatas, estos inmigrantes no se españolizarán jamás. Una señora marroquí llevaba muchos años en Vitoria vistiendo a la europea y ha tenido que volver a la chilaba. Más que una migración parece una invasión controlada por unos imanes.

Los visitantes de la feria de idiomas Expolingua consolidan el interés por el español
En los expositores de otras lenguas habladas en el país, como el vasco y el catalán, se han mantenido las expectativas de sus dueños
Madrid/Berlín Efe Estrella Digital 15 Noviembre 2004

El interés que despierta el español entre las distintas nacionalidades va en aumento, o al menos eso es lo que se puede sacar como conclusión tras la clausura ayer en Berlín de la feria de idiomas Expolingua, ya que los expositores de España han recibido más visitas que los países anglosajones. El querer aprender español no sólo es constante, sino que aumenta año tras año en la feria, según explicó la representante de la oficina de turismo Tourespaña, María Jesús Monsalve, a quien fuentes de la organización le han asegurado que, de no ser por el castellano, la feria habría experimentado un retroceso.

Este año, la feria no sólo disponía de un expositor central bajo bandera del Instituto Cervantes, sino que numerosas escuelas de español estuvieron presentes en ella por su propia cuenta. En los expositores de otras lenguas habladas en España, como el vasco y el catalán, los visitantes han mantenido asimismo las expectativas de sus dueños.

En el caso del catalán, el expositor del Institut Ramon Llull ha registrado un buen número de visitas, sobre todo de adultos que en el pasado tuvieron algún contacto con los territorios de habla catalana y se interesan ahora por su lengua y cultura. Su oficina recibió también la visita de responsables de una escuela de idiomas que quiere incorporar la oferta de catalán en sus centros de Berlín y Moscú, según explicó la representante del Ramon Llull Maribel Vidal.

Asimismo, los responsables del expositor del Gobierno vasco hablaron también de un "salto cualitativo" en esta edición de Expolingua. En un momento en que la enseñanza de la lengua vasca se refuerza en la Universidad de Fráncfort y se inicia ahora en una de Berlín, el interés por el euskera se amplía en el ámbito académico alemán, explicó la directora de Promoción del Euskera del Gobierno vasco, Lorea Bilbao.

En esta Expolingua, organizada con el lema "Más lenguas, más oportunidades", han participado 140 expositores de 20 países para atender a quienes se interesan por el aprendizaje de lenguas extranjeras en Alemania y, sobre todo, en los respectivos países donde se hablan.

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