AGLI

Recortes de Prensa     Viernes 19 Noviembre 2004
Errores, no manipulación
Editorial La Razón 19 Noviembre 2004

La solidez de Astarloa
EDITORIAL La Razón 19 Noviembre 2004

El fundamentalista anticonstitucional
Pío Moa Libertad Digital 19 Noviembre 2004

A ETA le gusta la confusión socialista
CARLOS MARTÍNEZ GORRIARÁN ABC 19 Noviembre 2004

11-M Y RESPONSABILIDAD INSTITUCIONAL
Editorial ABC 19 Noviembre 2004

Los monstruos de Rodríguez
Gabriel ALBIAC La Razón 19 Noviembre 2004

LA IMAGEN DESENFOCADA
Carlos HERRERA ABC 19 Noviembre 2004

ESPAÑA O EL BATIBURRILLO
Jaime CAMPMANY ABC 19 Noviembre 2004

Zapatero y sus naciones
Lorenzo Contreras Estrella Digital 19 Noviembre 2004

Nihilismo político
Antonio JIMÉNEZ La Razón 19 Noviembre 2004

El pasota y la pasada
Carmen MARTÍNEZ CASTRO La Razón 19 Noviembre 2004

Memoria parcial
Alfonso USSÍA La Razón 19 Noviembre 2004

César Velasco
Iñaki Ezkerra La Razón 19 Noviembre 2004

Cuatro años por delante
Rafael L. BARDAJÍ y Florentino PORTERO La Razón 19 Noviembre 2004

Rajoy ante la reforma del Estatuto catalán
Guillermo Dupuy Libertad Digital 19 Noviembre 2004

Recuperar la memoria histórica
ALFONSO DE LA VEGA La Voz 19 Noviembre 2004

ZAPATERO PASA PALABRA
Valentí PUIG ABC 19 Noviembre 2004

Ocho meses de resistencia
José María Marco Libertad Digital 19 Noviembre 2004

El caso Van Gogh
Daniel Pipes Libertad Digital 19 Noviembre 2004

Ikastolas bis
Serafín Fanjul Libertad Digital 19 Noviembre 2004

Lenguas de España
Amando de Miguel Libertad Digital 19 Noviembre 2004

Solana socorre a ZP
Ignacio Villa Libertad Digital 19 Noviembre 2004

Cortesía y civismo
Cartas al Director ABC 19 Noviembre 2004

Ibón Urrestarazu confiesa su participación en varios atentados mortales de ETA en 2000, 2001 y 2003
San Sebastián  Estrella Digital 19 Noviembre 2004

Zarzalejos augura para ETA, ya «en fase terminal», un final como el del Grapo
C. DE LA HOZ ABC 19 Noviembre 2004

Camps acusa al Gobierno de mediocre y de arrodillarse ante las presiones de Carod Rovira
EFE Libertad Digital  19 Noviembre 2004

 

Errores, no manipulación
Editorial La Razón 19 Noviembre 2004

El secretario de Estado de Seguridad en el último Gobierno de Aznar, Ignacio Astarloa, protagonizó ayer una de las intervenciones más esperadas de la Comisión de Investigación del 11-M. Fueron siete horas de duro interrogatorio por parte de los distintos grupos, pero pueden resumirse a la perfección en la frase que más repitió el compareciente: el Gobierno pudo cometer errores, pero no mintió ni manipuló. La matización no es baladí, porque elimina una supuesta intencionalidad por parte del Ejecutivo que ha sido, precisamente, el pilar sobre el que el PSOE ha levantado su feroz crítica tanto antes como después de las elecciones.

Astarloa, que llegó a dar su palabra de honor de que no ocultó ningún dato que permitiese vincular los atentados con Al Qaida, recordó que el Gobierno informó «en tiempo real, minuto a minuto» sobre los pasos que se iban dando en la investigación, como demuestran las comparecencias del entonces ministro del Interior, Ángel Acebes, para anunciar las primeras detenciones o el hallazgo de la furgoneta utilizada por los terroristas. De hecho, algunos de los que hablaban ya sin rodeos de ocultación de datos criticaban a su vez al ministro por ofrecer tantos detalles de una operación que estaba aún en marcha, con el riesgo que eso supone. O una cosa u otra pero, obviamente, no las dos a la vez.

Asimismo, el ex número dos de Interior recordó que en los primeros momentos lo más lógico era pensar en la autoría de ETA, por muy descabellado que ahora, a toro pasado, les parezca a algunos. Sólo unos días antes se había descubierto en Cuenca una furgoneta con 500 kilos de explosivos y en la Navidad anterior se había interceptado un tren bomba con destino a Madrid. A esto se añade, además, que en las horas posteriores a las explosiones no hubo ni un solo servicio secreto del mundo que apuntase a la conexión islamista. Quizás fue un error dejarse llevar por todos estos factores, pero es evidente que todo miraba a la misma dirección.

A esto se añade, además, un tercer factor: la incongruencia de que los mismos que acusaron al Gobierno del PP de falta de previsión por no prever un atentado islamista le tildaran meses antes de «alarmista» cada vez que advertía de este peligro tras una detención de activistas islámicos, con el argumento de que, entonces, era para justificar el apoyo a la guerra de Iraq.

Que hubo cosas que se hicieron muy mal no lo discute nadie. El propio Astarloa reconoció ayer que en todo lo referente a la trama asturiana de los atentados hubo un «desastre policial». Pero tampoco hay que olvidar que en los días anteriores al 11-M la extraordinaria diligencia de las Fuerzas de Seguridad permitió realizar detenciones en un tiempo récord, o frustrar atentados tan mortíferos como el del AVE a Sevilla.

La solidez de Astarloa
EDITORIAL La Razón 19 Noviembre 2004

El número dos de Ángel Acebes en el Ministerio del Interior dio ayer en la Comisión de investigación de los atentados del 11 de marzo un recital de cordura que, bien aprovechado, puede marcar un nuevo giro a las labores de los parlamentarios que tratan de esclarecer lo que sucedió aquel día de infamia. Durante casi una hora, el que fuese secretario de Estado de Seguridad hizo un repaso concienzudo de las horas y días posteriores a la masacre tal y como él mismo –desde su cargo- los vivió. El testimonio de Ignacio Astarloa, que, por su relevancia en el anterior Gobierno, era de capital importancia, se ha hecho esperar demasiado y abre nuevas interrogantes sobre el día de autos y, lo que es más grave, los días que sucedieron a la matanza y precedieron a la jornada electoral.

De entrada, el ex secretario de Estado no descarta la participación de ETA en los atentados. Y no le faltan razones para la suspicacia. Demasiadas casualidades. Ya es extraño que un comando etarra que iba a atentar en Santander fuese a robar un coche en la misma calle en la que Suárez Trashorras tenía un garaje. Por otro lado, la caravana de los islamistas que se dirigió a Madrid con objeto de sembrar la capital de muerte coincidió en el tiempo con la de los etarras que fueron interceptados en Cuenca, es más, las dos caravanas partieron el mismo día hacia Madrid. En la furgoneta hallada en Cuenca incluso se llegó a encontrar una fotografía de dos terroristas de ETA con dinamita, nada de especial sino fuese porque la fotografía en cuestión había sido tomada en Mieres días antes. Mieres está en Asturias, así como Avilés, el garaje de Trashorras y la calle donde los etarras habían sustraído el coche para el atentado de Santander. Muchas coincidencias como para ser ignoradas a la ligera. Los representantes en la Comisión del PNV y ERC se han sentido molestos al ver como Astarloa ponía el dedo en la llaga. Natural, el juicioso ex secretario de Estado ha hecho que más de uno se sintiese incómodo con ciertos descubrimientos no demasiado aireados por el actual ministerio del Interior.

Para saber de una vez si ETA tuvo o no que ver en la preparación de la masacre madrileña sólo existe un camino: investigar hasta el final, estudiar palmo a palmo las pruebas y no dejarse nada en el camino. Los diputados que, aunque algunos no se den por aludidos, representan a todos los españoles, nos lo deben. El problema de fondo radica en que quizá ni el PSOE ni sus socios estén demasiado interesados en que ETA se vea ni de lejos involucrada en los sucesos de aquel día. No en vano, la estrategia seguida desde Ferraz, desde Barcelona y desde la Sabin Etxea de Bilbao para cercar al Gobierno y sacar a la gente a la calle fue esa misma, acusar al propio Gobierno de mentir por haber éste barajado desde el primer minuto la hipótesis etarra que, dicho sea de paso, en aquellos momentos era la única posible habida cuenta del historial delictivo de ETA. En las horas posteriores a los atentados todas las fuerzas políticas, incluido el PSOE, no dudaron que fuese ETA la responsable de la matanza, y no por fijación por la banda asesina vasca sino porque era lo más plausible.

Etarras habían sido las intentonas de reventar la Navidad de 2003 con mochilas-bomba depositadas en trenes, etarra había sido el plan para asesinar al Rey Juan Carlos en Baqueira Beret y, en definitiva, etarra era y es la principal amenaza terrorista que padece la Nación desde hace más de treinta años. Frente a tan contundentes argumentos, el peligro islamista era poco menos que testimonial, centrado más en células aisladas que obedecían a organizaciones internacionales. Astarloa lo dejó ayer tan claro y meridiano que no nos queda más que celebrar su comparecencia. Del “desastre policial” que precedió al atentado poco más se puede aportar de lo que ya sabemos a través de las incontables revelaciones que han ido en los últimos meses llenando las portadas de los periódicos. Una lamentable concatenación de ineptitudes que, de ningún modo, puede ser atribuible al ex secretario de Seguridad. Ningún mando le mantuvo informado del desbarajuste asturiano, ni de los extraños movimientos que se estaban registrando en el Principado.

La intervención de Ignacio Astarloa en la Comisión abre una nueva etapa más esperanzadora para todos y algo más embarazosa para los que la enfocaron como un juicio sumario al Partido Popular. De ser un mero trámite para culpar al Gobierno Aznar y demostrar que mintió a la opinión pública se ha convertido, casi como por arte de magia, en otro trámite para pasar página lo antes posible. El único objeto de la Comisión es, sin embargo, investigar a fondo, averiguar quien asesinó salvajemente a 192 inocentes y satisfacer a una Nación herida que merece saber la verdad, sólo la verdad y nada más que la verdad.

Rodríguez Zapatero
El fundamentalista anticonstitucional
Pío Moa Libertad Digital 19 Noviembre 2004

¿Puede cambiar Rodríguez su peligroso impulso? Ojalá, pero no se ven muchas trazas de ello. Me gustaría transmitir a los lectores mi impresión de alarma, porque no estamos ante ninguna broma Cuando Rodríguez llegó al poder tras el golpe del terrorismo islámico, Rajoy se apresuró a ofrecerle su apoyo ante la ofensiva emprendida simultáneamente por los nacionalistas catalanes y vascos más el también nacionalista partido de Maragall (el cual, aunque teóricamente integrado en el PSOE, sólo está unido a éste por lazos parasitarios: influye decisivamente en el partido nacional, sin reciprocidad). Es decir, Rajoy quería apoyar a Rodríguez frente al proyecto de hundir la Constitución y disgregar España, expuesto con total claridad por los nacionalistas, por activa y por pasiva.

A estas alturas resulta evidente que Rodríguez ha optado por los separatistas. Ya en otras ocasiones el nietísimo expuso con poco disimulo su desdén por la Nación española, oponiéndola al "bienestar y la libertad de los ciudadanos", bienestar y libertad que él mismo está amenazando. Y ahora, en el Senado, ha repetido su pensamiento o falta de él, llamando "fundamentalista" a quien hablaba de la Nación española. El concepto de nación es "muy discutible", afirmó, verlo de otra forma sería "fundamentalista", España puede ser "nación o naciones", y la Constitución proclama solamente "la unidad del Estado".

Naturalmente, el concepto de nación es discutible, como también los de libertad, libertades políticas, democracia y otros muchos, sobre los cuales existen las posiciones más diversas. Todos esos conceptos, y la manera de aplicarlos, son y deben ser objeto de discusión teórica. Pero, aparte de que las luces de Rodríguez no parecen hacerle muy apto para las tareas del pensamiento, en la política práctica un gobernante no puede dedicarse a ponerlos en cuestión, sino que debe aceptarlos tal como señalan las leyes. La Constitución no habla de la unidad del Estado (término por el que los separatistas y buena parte de la izquierda quieren sustituir el de España), sino de la Nación española. Cuando Rodríguez cambia una cosa por la otra no manifiesta simple ignorancia, sino que torpedea un fundamento de nuestra convivencia en libertad, el fundamento que atribuye la soberanía al pueblo español en su conjunto, no a partes de él como pretenden los separatistas. Rodríguez ataca claramente la Constitución, y lo hace en la misma línea y estilo de los separatistas con quienes ha optado por aliarse.

El problema va ligado estrechamente al de la democracia. Muchos sistemas, incluido el de Castro –al que tanto está beneficiando el gobierno de Rodríguez–, se proclaman democracias. Probablemente también los terroristas musulmanes hablen de democracia islámica o cosa semejante… y Rodríguez les ha premiado su masacre en Madrid con la retirada de las tropas de Irak. Todo esto no son casualidades ni mero producto de una grosera ignorancia. Resultan de una concepción poco o nada afín a la de la nuestra democracia de libertades que garantiza la Constitución.

Tampoco es casual que sea en los territorios donde gobiernan los separatistas donde menos libertades haya en España. Donde, como en las Vascongadas, gran parte de la población está constantemente amenazada, gracias a la hipócrita complicidad del PNV con los asesinos; o privada de elementales derechos en la enseñanza y en la vida oficial, como en Cataluña. No por casualidad esos partidos se aconchaban con los terroristas de la ETA y muestran "comprensión" no a sus víctimas, sino a ella y su aparato político; o hablan de montar "un drama", o de volver al 36.

Ni es casual que el PSOE siga siendo básicamente el mismo, sin regeneración alguna, de la época de corrupción rampante, de empeño por destruir la independencia del poder judicial, de mezcla de claudicación y de delincuencia ante el terrorismo, de ataques a la libertad de expresión, etc. El partido que, cuando el asunto del Prestige y de la guerra contra Sadam, expandió por toda España un ambiente similar al impuesto por los nacionalistas en las Vascongadas; el que auspicia la recuperación de los rencores de la guerra civil y deja al pueblo iraquí a merced de los mismos terroristas y genocidas de la matanza de Madrid, y pide a los demás gobiernos que le imiten. El partido que retuerce y pervierte el lenguaje presentando tales fechorías como hazañas de la libertad y hasta de la reconciliación.

El fundamento de todas estas actitudes consiste en el doble odio a la democracia y a la unidad de España. Una tara, un "fundamentalismo" muy arraigado en nuestra desdichada izquierda y nuestros separatismos, el fundamentalismo que los llevó a desear, organizar y llevar a cabo la guerra civil en los años 30, convencidos de que iban a ganarla. Al parecer, ahora vuelven a sentirse fuertes, y demuestran no haber cambiado en el grado deseable. Pues, como ellos mismos indican a menudo, si en la transición se mostraron pasablemente razonables y demócratas, dispuestos a enterrar los viejos fantasmas, se debió tan sólo a que no se encontraban lo bastante fuertes para otra cosa.

¿Puede cambiar Rodríguez su peligroso impulso? Ojalá, pero no se ven muchas trazas de ello. Me gustaría transmitir a los lectores mi impresión de alarma, porque no estamos ante ninguna broma. Como decía Julián Marías, cada cual debiera preguntarse, no "qué va a pasar", sino "qué puedo hacer". Qué puedo hacer para que no pase.

A ETA le gusta la confusión socialista
Por CARLOS MARTÍNEZ GORRIARÁN. Profesor de Filosofía. Universidad del País Vasco ABC 19 Noviembre 2004

EN su último comunicado, ETA anuncia su intención de seguir asesinando, dejando las cosas tal y como estaban antes del mitin de Batasuna del 14 de noviembre. De manera que la única novedad relativa importante que uno puede encontrar en la declaración del domingo es, curiosamente, una novedad retrospectiva: las exageradas e incluso disparatadas expectativas provocadas por la convocatoria del acto en sí. En efecto, Arnaldo Otegi no añadió prácticamente nada a lo dicho con ocasión del Pacto de Lizarra y de la tregua-trampa de 1999. Si acaso, las únicas novedades pueden encontrarse en periféricos del mensaje, como la aproximación del lenguaje batasúnico a la retórica del Plan soberanista de Ibarretxe, acercamiento que puede anticipar otros más literales y menos literarios, quizás un voto favorable al Plan en el Parlamento vasco, siempre que Ibarretxe garantice la consulta popular ilegal prevista. La opinión del Gobierno vasco acerca del pronunciamiento de Batasuna -«un paso adelante, pero insuficiente»- es lo bastante ambigua como para permitirle trapichear unos votos que, en cualquier caso, necesita con urgencia; tendremos ocasión de comprobarlo durante las próximas semanas. Pero la euforia del siempre habilidoso Otegi por haber colado el gol de celebrar tranquilamente un acto público de un partido ilegal que figura en la lista europea de organizaciones terroristas apenas podía encubrir, a pesar de los numerosos e insistentes vivas a ETA, la sensación de un fin de época inminente que requiere una reconversión ordenada para evitar la extensión del temido «sálvese quien pueda» implícito en la carta de Pakito y los otros dirigentes encarcelados.

Pero lo realmente grave es que el acto se haya celebrado contando con la pasividad o el apoyo de las instituciones y las bendiciones de gran parte de los medios de comunicación, que trataban a Batasuna como si fuera un respetable partido legal. ¿Se imagina alguien que, con la excusa del derecho de reunión, salafistas y yihadistas celebraran tranquilamente una reunión en un polideportivo municipal de Madrid, autorizada por el alcalde y anunciada previamente a bombo y platillo incluso en los informativos de la televisión pública, con el señuelo «informativo» de que Bin Laden podría hacer una revelación sensacional? Pues eso es lo que ha ocurrido en la reunión proterrorista celebrada en el velódromo municipal de San Sebastián, con anuncios gratis en prensa y televisión públicas y privadas, y autorización expresa del alcalde donostiarra, Odón Elorza, y de su concejal de deportes, Denis Itxaso.

Odón Elorza y Denis Itxaso publicaron días atrás un artículo donde postulaban la legalización de Batasuna y otras medidas unilaterales destinadas a favorecer un proceso de paz concebido en términos futbolísticos: había que dejar de achicar los espacios de un contrario aturdido, etcétera. No es la primera vez que Odón y compañía se manifiestan así, atacando la letra y el espíritu del Pacto por las Libertades y las demás iniciativas que han conducido el actual declive de ETA. También es muy probable que Batasuna contara con la complicidad del alcalde donostiarra y otros dirigentes socialistas vascos para celebrar ese mitin -toda una amenaza en sí mismo- de las noticias sensacionales: el anuncio de otra tregua, o al menos el fin de las amenazas contra los cargos públicos, y desde luego alguna clase de crítica de Batasuna a la «violencia». El disparatado artículo de Odón adquiere pleno sentido en este supuesto.

La postura seudopacifista de Odón Elorza representa una posición extrema dentro del partido socialista. Pero al tolerarla, el PSOE reconoce su validez y legitimidad como una de sus estrategias posibles. Las posiciones del presidente de los socialistas vascos, Jesús Eguiguren, son sólo un poco más moderadas, o quizá solamente más cautas. La interpretación más probable del verdadero significado de esos llamamientos socialistas a legalizar Batasuna, acercar los presos y cosas así es que el PSE juega con la ilusión de que Batasuna evolucione separándose de una ETA en pleno naufragio, hasta convertirse en una especie de Esquerra Republicana a la vasca, un partido independentista estrafalario pero aburguesado y capaz de hacer dos cosas importantes: comerle terreno electoral al PNV y aliarse con el PSE-EE en una variante vasca del modelo Maragall. Los actuales estrategas del PSE no creen posible ganar en solitario al PNV, y es sabido que no quieren saber nada con el PP. Conclusión equivocada extraída de unas premisas erróneas: conviene que Batasuna pueda presentarse a las elecciones para competir con el PNV.

Naturalmente, Batasuna conoce a la perfección estas especulaciones y juega con ellas para atizar vanas ilusiones y ganar tiempo. Resulta sintomático que, tras el mitin del domingo, la reacción de Patxi López haya sido incluso más tibia que la del Gobierno vasco, y es cosa de días que surjan interpretaciones socialistas vascas muy comprensivas con el documento de Batasuna, empeñadas en leer lo que no dice. Porque el único interés de ETA-Batasuna, en su naufragio actual, es aprovechar del mejor modo posible este nuevo salvavidas discreta y tontamente arrojado desde las filas del aparato socialista vasco, en general mucho más simpatizante de Elkarri que de Basta Ya, para que todo el mundo capte la diferencia. La idea consiste en proporcionar a ETA una justificación histórica de sus crímenes que sirva de fundamento para una eventual (y contradictoria en los términos) «tregua indefinida». Exactamente lo contrario, por cierto, de lo que irlandeses y británicos hicieron en el Ulster para imponer el desarme al IRA y otros grupos terroristas.

Es verdad que, por fortuna, todo esto choca frontalmente con la política antiterrorista del Gobierno de Rodríguez Zapatero. La detención de otros 17 activistas etarras es desde luego una respuesta expresiva y excelente a las provocaciones y aleluyas del velódromo. Es evidente que el Gobierno español confía en conseguir el fin virtual de ETA en la presente legislatura y sin hacer concesiones políticas de ninguna clase, es decir, manteniendo el Pacto Antiterrorista en su totalidad, pero también debemos advertir que esa previsión podría torcerse por efecto de la perturbación gravitatoria ejercida por tesis falsamente pacificadoras como las de Odón Elorza, presentadas como la clave de una victoria electoral sobre el PNV al margen (o en contra) del PP. La legalización gratuita de Batasuna o la tolerancia de sus actividades, que constituyen una amenaza en sí mismas, pueden propiciar una evolución totalmente distinta e inesperada: dar un respiro político que salve a ETA de la derrota total a la que está abocada sin remisión. Por eso es importante que desde Moncloa y Ferraz se refuerce la confianza pública en su voluntad de terminar con la totalidad de ETA incondicionalmente, es decir, también con Batasuna y el resto del entramado político ilegalizado. Despejar esa ambigüedad y acabar con la confusión sobre Batasuna también es necesario para terminar definitivamente con esto en los próximos años.

11-M Y RESPONSABILIDAD INSTITUCIONAL
Editorial ABC 19 Noviembre 2004

LA comparecencia de Ignacio Astarloa, anterior secretario de Estado de Seguridad, ha servido para subir el nivel de una comisión devaluada por el rumbo incierto de sus trabajos. Durante las casi siete horas de su intervención, el número dos de Interior en aquella trágica jornada ha aportado sentido común y responsabilidad institucional a una investigación lastrada con demasiada frecuencia por el dogmatismo y el interés de partido. Estamos, en efecto, al principio y no al final de una tarea muy compleja, que todos los poderes del Estado deben afrontar sin ideas preconcebidas ni sectarismos inaceptables. Esta reflexión vale también para el Congreso de los Diputados, porque no hay que confundir la expresión legítima del pluralismo político con el hostigamiento al adversario para obtener un triunfo coyuntural ante la opinión pública. Está en juego la seguridad colectiva de los españoles, víctimas de un terrorismo cruel e implacable.

Todas las hipótesis siguen abiertas, vino a decir Astarloa, incluida por supuesto la que apunta a una posible conexión de ETA, aunque sea indirecta. Pero lo más importante, a efectos políticos, es la sensación transmitida por el compareciente de que el Gobierno no mintió y de que los ciudadanos votaron el 14-M disponiendo de toda la información que se conocía en ese momento. Sin ahondar en los graves acontecimientos del día 13, la aceptación de la legitimidad del resultado electoral refuerza esa impresión de veracidad, que ya había dado el ministro Acebes en su comparecencia del pasado julio. Acusado por activa y por pasiva de mentir, parece evidente que el Partido Popular está dejando a salvo la honorabilidad reconocida de sus responsables y todo apunta a que la próxima intervención del ex presidente del Gobierno sirva para confirmar definitivamente esa percepción. A la vista de que no logran llevar el agua a su molino, se aprecia un cambio de estrategia en los portavoces socialistas. Se trata ahora de eludir el debate sobre la supuesta «mentira» para atacar a los populares por el flanco de la «imprevisión». Voces prudentes, sin embargo, incluso desde las filas de la izquierda, matizan este nuevo enfoque, que puede tener un peligroso efecto «boomerang». La lectura política de los trabajos de la Comisión no invita al optimismo. El PSOE sigue encastillado en sus acusaciones al Gobierno anterior, con el doble objetivo de desacreditar a José María Aznar y de mantener a la defensiva a Mariano Rajoy. Es muy alto el coste de esta visión partidista del asunto: exige cerrar vías de investigación que deberían apurarse hasta el final.

Por su parte, el PP tendría que hacer una seria reflexión sobre el sentido y alcance de una comisión que en su día impulsó a regañadientes. Empecinado en la defensa de su honor, aplaza una y otra vez el ejercicio de una oposición que tendría que funcionar ya a pleno rendimiento porque se abren grietas muy serias en la gestión del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. En política, por definición, hay que mirar al presente y al futuro. Otra cosa es, por supuesto, el derecho de los ciudadanos a que se aclaren todos y cada uno de los puntos oscuros en la llamada «trama asturiana», que revela una actuación desconcertante -por emplear un calificativo suave- de algunos responsables de la seguridad colectiva.

La exigencia de responsabilidad debe alcanzar al nivel que sea preciso, pero en ningún caso está justificado el daño gratuito a las instituciones que tienen a su cargo la misión más delicada del Estado. Por esta vía, los terroristas habrían alcanzado un beneficio insospechado.

Los monstruos de Rodríguez
Gabriel ALBIAC La Razón 19 Noviembre 2004

Hay algo más alarmante que el común avatar de que los coeficientes intelectual y cultural del señor Rodríguez permitan presidir un país civilizado. Ese algo es que, en otro momento de su vida, haya sido docente. Que un tal dechado de saber pudiera dictar lecciones de lo que sea es un canto a la misantropía. Y una recia lección sobre el estado de nuestras universidades.

No me preocupa que los políticos sean ignorantes y vulgares; ni que sean necios; ni que sean malos. Va en el oficio. Y estamos lo bastante locos como para pagarles por ser eso. Aunque sepamos, por Sain-Just, que, «si todas las artes han producido maravillas, el arte de gobernar produce sólo monstruos». No pediré racionalidad a un monstruo. No estoy tan loco.

Pero, ¿un docente? No, no es siquiera dilema moral (aun cuando aventure Steiner que un profesor idiota es lo más parecido a un asesino de almas). Soy más prosaico: un docente que ignora su disciplina y sus circuitos neuronales es como un relojero suizo que a su delicado oficio aplicara la finura de un mazo de cantero.

«Nación», «pueblo», «entidad», «nacionalidad» son sinónimos para ese pobre tipo. De un presidente de Gobierno no cabe esperar algo mejor. Si un estudiante perpetrara el dislate, sería fulminado: vuelva usted en septiembre. Pero un estudiante es cosa seria. Un presidente de Gobierno –Saint-Just lo sabe en 1793, con sólo 26 años– es nada más que eso a lo cual pagamos para maquinar monstruos; día llega en que esos monstruos nos devoran; debe de ser que nos gusta.

¿Qué es «nación»? Desde Siéyès –y aunque al joven Rodríguez le asustaran tanto esos enunciados categóricos a los cuales su raquitismo léxico llama «fundamentalismo»–, algo inequívoco: poder constituyente. Es impensable que quien haya jamás enseñado materia alguna emita la joya zapateril de anteayer en el Senado: «Hay una Constitución que expresa la unidad del Estado, de España, y hay un derecho incuestionable de pueblos y de entidades, nacionalidades, o como usted quiera denominarlas». Disparate sobre disparate: España no designa un Estado, sino una nación. Y la nación –relea a su Siéyès el ex docente tan venido a menos– no es puesta por la Constitución, sino al contrario. Nación es la potencia básica que, en el curso del tiempo, se constituye a sí misma como Estado. Estado y Constitución son episodios de la nación; ni la fundan ni la agotan, ya que «ninguna constitución habría en un país, apenas surgido el menor conflicto entre sus partes, si la nación no existiera con independencia de toda forma constitucional».

Categóricas –«fundamentalistas», diría el pobrecito Rodríguez– evidencias del mundo que alumbró 1789. Eran tiempos en que un político pensaba. En vez de jugar con monstruos.

LA IMAGEN DESENFOCADA
Por Carlos HERRERA ABC 19 Noviembre 2004

¿QUÉ necesidad tienen los políticos nacionalistas catalanes de hacerse los antipáticos? Parece como que, si no lo fueran, su parroquia se sintiese algo decepcionada y recibiera la impresión de que no defienden con uñas y dientes los derechos pisoteados históricamente por una ciudadanía foránea. Tiene algo de primario e infantil, pero se ha acabado convirtiendo en un acto reflejo: ante el ultraje permanente, la permanente pendencia, y no se hable más. Aquellos que adoptan constantemente, haga frío o calor, la postura agresiva o suficiente del nacionalismo, hacen flaco favor al aspecto histórico de una colectividad: los catalanes de calle, el señor Martí o la señora Deulofeu no son desatentos, ni voraces, ni pendencieros, ni tienen el más mínimo interés en faltar al respeto a nadie, ni se creen por encima de ningún semejante.

Sin embargo son víctimas del desapego que provocan en el resto de los españoles los discursos de alguno de sus representantes. Cuando los catalanes te dicen aquello de «oiga, amigo, que aquí no somos así, que no mordemos, que somos amables y queremos a todo el mundo» tienen mucha razón: por regla general son educados, corteses, generosos -sí, sí, generosos, que ya está bien con los chistecitos- y admiran sinceramente aquello que descubren y conocen; pero, por desgracia, son equiparados al único discurso políticamente correcto en Cataluña, ese que tiene secuestrado todo el espacio y que consiste en afirmar que viven históricamente subyugados por un pueblo vecino del que hay que desligarse.

La misma gestión que el independentismo y el nacionalismo catalán está realizando por el reconocimiento de la unidad de la lengua catalana, está generando tal sentimiento de agresión en la vecina comunidad de Valencia que el enfado se está pormenorizando hasta en las relaciones personales que unos mantienen con otros. La unidad lingüística se puede defender, estoy convencido, con otras estrategias. ¿Creen sinceramente los políticos catalanes que los valencianos correrán alborozados a abrazar su patronímico a base de recordarles que forman parte de un apéndice cultural del norte? ¿De verdad lo creen? ¿No hay maneras más inteligentes que exigir al Gobierno central, desde el centro del «saloon», que se retrate y afirme que aquí sólo existe el catalán y nada más que el catalán? Trasnochados sueños de grandeza asaltan a aquellos que viven en la disparatada idea de unificar los llamados «Paisos Catalans» y les llevan a creer que es posible una renovación de reinos medievales en la Europa del siglo XXI: inmediatamente que eso se verbaliza, normalmente con desagrado, con notable antipatía, no hay lugareño que no reafirme su identidad a base de negar la contraria. Parece mentira que el imperialismo de algunos no le deje ver esa realidad.

Aquellos que amamos Cataluña hasta el desmayo, que amamos el catalán como lengua tan propia como otra, que guardamos en el corazón el nombre de amigos o familiares que forman parte inseparable de nuestras vidas, consumimos buena parte de la misma habiendo de explicar las bondades de una tierra excepcional y de una sociedad admirable. En no pocas ocasiones debemos contrarrestar la impresión que subyace en la manoseada expresión «nos odian» y en asegurar que hay un camino hacia la normalidad. La clase política es pues, en buena medida, responsable de asignar un perfil desagradable a colectividades mucho más neutras. Evidentemente, imbéciles los hay en todas partes, pero resulta inmerecido que deban cargar con el sambenito de la insolidaridad ciudadanos que sólo hacen que trabajar y compartir. Los catalanes que conozco sólo quieren llevarse bien con los demás, hablar su lengua y enseñársela a quienes no la conozcan, asumir las luces y las sombras de su historia con naturalidad y disfrutar de las pequeñas cosas de la vida. No es justo que sujetos que se esfuerzan a diario por ser antipáticos y desagradables difundan una imagen que no se corresponde con la realidad.      www.carlosherrera.com

ESPAÑA O EL BATIBURRILLO
Por Jaime CAMPMANY ABC 19 Noviembre 2004

ADMIRADO me tiene el señor Rodríguez Zapatero desde su intervención en el Senado en respuesta a una pregunta del senador Pío García Escudero. Bueno, rectifico: me tiene admiradísimo, porque admirado me tiene casi continuamente, que menos mal que la admiración no me hace abrir la boca un palmo porque entonces iría por estos páramos como un tragabolas.

Pues ahora resulta que este Zapatero que nos desgobierna no tiene claro el concepto de nación y de nacionalidad. Para él, ese es un concepto tan «discutido como discutible», y no lo tiene claro en su caletre, ni conoce su naturaleza, ni sus límites, ni su definición, ni su significado. Y trae la confusión del concepto hasta el objeto de su gobernación, de modo que la Nación española termina por ser tan discutida y discutible como el concepto histórico, social y jurídico de la nación y la nacionalidad al través de los siglos en la definición de los eruditos. Tóquese usted el níspero, don Agapito.

El presidente del Gobierno de España no se ha enterado de lo que gobierna/desgobierna y lo mismo puede creer que está gobernando un conjunto de habitantes unidos por historia común o tradiciones comunes y el territorio donde viven organizados políticamente bajo una Constitución, que gobernar una tribu, una manada, una pandilla o un colectivo, como dice el rojerío, instalado en una finca, un campo, una isla, un valle o «en las cuevas que hay en Graná». Tóquese usted de nuevo el níspero, don Agapito, y alíviese el pasmo con la lujuria, que aquí hay para rato.

Porque si el señor Zapatero no sabe si gobierna una nación, según el concepto que tenga un estudioso u otro, o gobierna una nacionalidad, o gobierna Jauja, la ínsula Barataria, el castillo de Irás y No Volverás o el País de las Maravillas, lo primero que tiene que hacer es despertarse del sueño, recuperarse del vahído, volver en sí y hacerle a doña Sonsoles la pregunta de rigor: «¿En dónde estoy, cariño?». Y de momento no pisar otra vez el Senado hasta que los médicos le den el alta porque ya se ve que en cuanto sube a la Cámara Alta se le va la cabeza, le da el vértigo y pierde el sentido.

El PP y García Escudero no han comprendido que hay preguntas que no se deben hacer al Zapaterito leré porque se le mete en un callejón sin salida y empieza a dar saltos hacia las azoteas. Si él se agarrara a la Constitución como quien se agarra al Evangelio y dijera que la Nación española está allí claramente definida como única e indivisible; si tuviera el valor político de decirles a los pocos, pero tercos, incordiantes de la independencia que se dejen de nacionalidades, països, autodeterminaciones, cosoberanías, delirios de pequeñez y otros subterfugios para romper esa unidad constitucional de España hasta convertirla en un mosaico, se le aclararían en el caletre y en su decisión de gobernante los conceptos que ahora tiene confusos. Y aprendería de golpe que para gobernar España la primera condición es que exista España. Tóquese usted otra vez el níspero, don Agapito, y vamos a esperar, usted, yo y todos los españoles, que este confuso Zapatero que no sabe lo que es una nación, no deje la nuestra hecha un batiburrillo.

Zapatero y sus naciones
Lorenzo Contreras Estrella Digital 19 Noviembre 2004

José Luis Rodríguez Zapatero, que juega políticamente a entenderse con Esquerra Republicana de Cataluña (ERC) y con Izquierda Unida (IU), ha pedido al PP en el Senado una renuncia al “fundamentalismo” sobre la organización territorial de España y su proyecto futuro. Y se ha interpretado con bastante lógica, desde el PP, y desde mentalidades moderadas incluso, que el concepto de nación empieza a ser demolido en cuanto piedra clave de la unidad española. Esto quiere decir que la Constitución de 1978 está en crisis de significado. Y probablemente todo empezó a gestarse cuando los padres de la patria, así llamados, introdujeron en el texto de la ley de leyes, desde el laboratorio de la ponencia (donde entre Miquel Roca y Herrero de Miñón “descubrieron” la importancia de la ambigüedad conceptual para las interpretaciones venideras), un “calculado desliz” que entonces no parecía decir mucho pero que lo preparaba todo. Ese “desliz” se plasmó en el artículo segundo de la Constitución, donde, tras la consagración de “la indisoluble unidad de la Nación española”, se reconocía y garantizaba “el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones” que la integran. La palabra nacionalidades se encajó, pues, como una mina heterodoxa y contradictoria en un texto que se había iniciado proclamando todo lo contrario, es decir, la indisoluble “unidad de la Nación española”.

Ahora “la cosa” tiene difícil marcha atrás. Durante un mandato zapateril que presumiblemente no bajará de ocho años habrá tiempo para hacer irreversible la demolición del concepto de Nación con mayúscula para fabricar el Estado Plurinacional. Todo sea por una precaria paz a costa de la estabilidad del edificio institucional y político.

Los “fundamentalistas” españoles se van a resistir, pero la mina heterodoxa acabará siendo activada y una especie de voladura controlada se perpetrará sin perjuicio de que el control de esa voladura no garantice gran eficacia contra las grietas del conjunto.

Porque, ¿qué significa “nacionalidades”? Si nos atenemos al simple concepto de la nacionalidad, el Diccionario de la Lengua (española, por supuesto), establece que nacionalidad es la condición y carácter peculiar de los pueblos e individuos de una nación, además de, en segunda acepción, estado propio de la persona nacida o naturalizada en una nación. Pero el peligro está en el plural. Y no hace falta insistir mucho sobre ello. Porque así como hay, sin problema, regiones diferentes dentro de la unidad nacional, es menos claro —más bien muy oscuro— que pueda haber nacionalidades distintas dentro de una misma Nación por muy mayúscula que sea su letra inicial. El Diccionario de Uso del Español de María Moliner dice que nacionalidad es la circunstancia de pertenecer una persona a una u otra nación, pero de “nacionalidades”, lógicamente, no se habla. Con lo cual, vigente el término en la Constitución de 1978, la confusión está creada. Y quienes hicieron posible el contrabandeo del término en el texto constitucional sabían muy bien lo que hacían, del mismo modo que los que aceptaron este comercio de la palabra estaban de vuelta sobre las complicaciones que originaría tarde o temprano. Con toda su virulencia, así ha ocurrido veinticinco años después. Ha sido una triste conmemoración de aniversario.

Otra cosa es la literatura. En su soneto al Duque de Osuna, Quevedo escribió: “Cantaron sus vicorias una a una / con las propias naciones, las extrañas”. Las “propias naciones”. El clásico admitía que España tenía naciones propias. Sería porque se trataba de un imperio.

Nihilismo político
Antonio JIMÉNEZ La Razón 19 Noviembre 2004

A Zapatero le traicionó su habitual «fair play» político y lejos de aprovechar en positivo la primera ocasión en que un presidente de Gobierno se sometía al control del Senado, terminó emborronándola. Curiosamente marró en aquello que mejor ilustra su personalidad y de lo que más presume: el talante. Acusar a los populares de fundamentalistas, esto es, de mantener una actitud radical e intransigente, por apoyar lo que la Constitución entiende como nación, no es la mejor forma de ejercerlo. El PP se limita a defender la legalidad constitucional y el concepto de nación tal y como lo recoge el Título Preliminar, artículo 2, de la Carta Magna. Los fundamentalistas no son los que se alinean con esa legalidad sino los que pretenden alterarla y subvertirla desde postulados independentistas y excluyentes. Éste no es un simple debate de conceptos, sino de principios y de modelo de Estado, que Zapatero y el PSOE no tienen nada claro, como demuestra su salida de tono en la Cámara Alta, acorde con un nihilismo político en alza. Hay cierto interés por remitir este tipo de lances al ámbito de las palabras, como si fuera una anécdota más, mientras se oculta el verdadero fondo de la cuestión, que no es otro que el de abonar el terreno para que Maragall y Carod consigan que el próximo Estatut otorgue a Cataluña la condición de nación.

El pasota y la pasada
Carmen MARTÍNEZ CASTRO La Razón 19 Noviembre 2004

¡Magnífico! Tenemos un presidente que pasa de todo: de la bandera americana, del plan Galicia, de la Nación española y hasta de la Constitución. La ligereza con la que Rodríguez Zapatero abordó la cuestión de la nación y las nacionalidades en el Senado supone una afrenta al derroche de esfuerzo, precisión y de equilibrio que protagonizaron los ponentes de la Constitución al redactar su artículo segundo. Échenle un vistazo. Verán que redacción tan hermosamente fundamentalista. Todo un ejemplo de orfebrería política donde se encuentra lo mejor y lo peor del debate nacional. Que Ibarreche o Maragall quieran abolir este artículo se ajusta a la lógica de su nacionalismo insolidario y ventajista, pero que el presidente del Gobierno de España entre en ese juego no sólo es suicida, resulta además alevoso; una traición hacia la nación que preside.

La Nación española no es un término discutible; está definida con claridad meridiana y no por los fundamentalistas del PP, sino por soberanía nacional que reside en el conjunto del pueblo español (Art. 1), salvo que ZP considere que también eso puede ser objeto de discusión. No se necesitan dos tardes para aprenderlo; bastan unos segundos, los que lleva leer los primeros artículos de la Carta Magna. El PSOE ha ganado las elecciones y disfruta de la legitimidad para perpetrar tropelías sin cuento desde el gobierno pero no hasta el punto de cargarse la Constitución, por mucho que se lo exijan Maragall o Carod. Zapatero puede ser un pasota o un insolvente pero pretender superar la legitimidad constitucional con los votos ensangrentados de marzo es una auténtica pasada.

Memoria parcial
Alfonso USSÍA La Razón 19 Noviembre 2004

Para mí que se está cometiendo un grave error. El tiempo calma los odios y los enfrentamientos. El Gobierno de España ha tomado la iniciativa de desenterrar cadáveres de víctimas de la Guerra Civil. En algunas localidades han vuelto a florecer las peores rencillas. Más que la recuperación de la memoria histórica lo que se pretende es imponer la memoria parcial. Sólo hubo víctimas entre los perdedores y sólo los vencedores asesinaron. Se ha rendido un homenaje a Luis Companys, presidente de la Generalidad de Cataluña fusilado por los nacionales en el castillo de Montjuich. Pero se han olvidado de recordar a los más de mil barceloneses fusilados por los republicanos en ese mismo escenario durante la presidencia de Luis Companys. Me parece que no se está llevando este asunto con buena educación.

Además, que buscar fosas, encontrar huesos e identificarlos resulta carísimo. Yo les puedo indicar donde hay fosas comunes con restos humanos sin identificar. Entre esos restos están los de mi abuelo materno, el dramaturgo Pedro Muñoz-Seca, asesinado por el Frente Popular en Paracuellos del Jarama el 28 de noviembre de 1936. Es decir, según los legalistas, asesinado por el Gobierno legal de la República junto a ocho mil españoles más por no ser republicano. Mi madre, que vivió, educó y murió sin remover huesos ni odios, hubiese sentido alivio y consuelo localizando en una de las fosas comunes de Paracuellos los restos mortales de su padre. Lo mismo habrían sentido los familiares de los ocho mil asesinados en aquellos parajes. Y me refiero a Paracuellos por ser el escenario de la tragedia de mi abuelo, porque son muchos más los paisajes de sangre repartidos por toda España, con víctimas de un lado y del otro. O memoria histórica o silencio pactado. La memoria parcial, además de infame, es una desfachatez.

Tengo en mi poder las cuarenta y tres cartas originales que envió mi abuelo desde la cárcel a su familia. Ni una palabra de odio, ni un sentimiento esquivo en esas cuatro decenas de escritos previos a su asesinato. Sólo en las últimas, cuando se inician a primeros de noviembre las sacas de la muerte, se intuye una cierta desesperanza en sus cartas. Tampoco excesivos alardes de humor. En una de las cartas del mes de octubre, le pide a mi abuela que le envíe a la cárcel una de sus bigoteras. «Se me han derrumbado los bigotes y estoy harto de meterlos en la sopa del rancho». Mi abuela le mandó las bigoteras, y sus bigotes recuperaron su altivez hasta que se los cortaron con grosería en el rastrillo de la muerte mientras le ataban las manos con un finísimo bramante que le hizo saltar las venas. Le quitaron uno de sus abrigos, el reloj, la cartera y la maleta con sus pertenencias. Fue ahí cuando dijo aquello de «me habéis quitado todo lo que tengo, menos el miedo». Minutos antes de caer fusilado y ser rematado por un oficial de las homenajeadas Brigadas Internacionales, cambió la frase: «Sois tan hábiles que me habéis quitado hasta el miedo». Fumó su último cigarrillo, que le ofreció un miliciano, mientras le invitaban a contemplar dos descargas de pelotones fusilando a otros compañeros de prisión y sufrimiento. En la fosa común en la que fue enterrado cupieron seiscientos cadáveres más. Los de aquella mañana. Y ahí siguen, sin que ninguno de los familiares haya removido el odio, abierto las rencillas y clamado venganza. Es más, uno de los principales responsables de aquellos asesinatos ha sido y es tratado en España, de acuerdo con las normas de la reconciliación, con todo respeto y cortesía. Me refiero a Santiago Carrillo Solares, ex secretario general del Partido Comunista de España.

Cumpliendo con las recomendaciones de mi madre, cimentadas en el perdón y la superación de aquel enfrentamiento brutal entre españoles, ofrezco mi mano a los familiares de aquellos que fueron asesinados en el otro lado de la guerra terrible que desangró a España cuando a mí me faltaban muchos años para nacer. Los muertos no entienden de injusticias. O todos o ninguno. España no se puede dividir de nuevo entre fosas de un lado y tumbas del otro. Y si el Gobierno sólo respeta a unos muertos, los familiares de los otros no lo vamos a consentir. Honremos a todos los asesinados respetando sus huesos y mirando al futuro.

César Velasco
Iñaki Ezkerra La Razón 19 Noviembre 2004

El lehendakari Ibarretxe acaba de recibir una carta firmada por Mikel Buesa en la que se le insta a que ponga la bandera española en el Palacio de Ajuria Enea, es decir, en su casa. Se trata de la primera actuación de las Gestoras Cívicas de Ermua, que han nacido para contribuir a hacer presente el Estado de Derecho en el País Vasco y prestar tanto asesoramiento como defensa jurídica al ciudadano que vea mermados sus derechos en el terreno profesional, en el de la educación o en cualquier ámbito de la vida cotidiana por no ser nacionalista. El camino va a ser largo y difícil porque si algo caracteriza a la Euskadi de hoy es la permanente vulneración de los derechos civiles y el sistemático incumplimiento de la legalidad impulsado desde las mismas instituciones por el propio Ibarretxe a la cabeza. Si fuéramos consecuentes con el ordenamiento legal ni la propia Ertzaintza podría practicar ninguna detención en la calle pues sus miembros no han cumplido el requisito básico de jurar la Constitución. La Policía vasca está hoy actuando ilegalmente.

Pero no voy a dedicar este artículo a la increíble colección de paradojas grotescas con las que el nacionalismo sabiniano nos alegra la vida a los que vivimos en sus delirantes dominios sino a alguien que ha trabajado años discreta y tenazmente en la tarea de abrir ese mismo camino que ahora empezamos a recorrer otros. Para exigir a Ibarretxe que ponga la bandera constitucional en su balcón las Gestoras Cívicas no sólo van a servirse de lo dispuesto por la Ley sino de una sentencia del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco fechada el 17 de octubre de 2003 que ordena al Gobierno vasco a colocar la enseña rojigualda en la Academia de la Ertzaintza de Arkaute y en todos los edificios de carácter público y autonómico. Esa sentencia es el fruto maduro de una demanda impulsada por César Velasco mientras desempeñaba el cargo de subdelegado del Gobierno en Álava. César Velasco no fue un representante «normal» del Gobierno. Es un tipo excepcional que cree en lo que hace y para arrancar esa sentencia de una gris Sala de lo Contencioso-Administrativo tuvo que luchar no sólo contra el nacionalismo institucional sino contra un clima de dejación que la Administración central y sus representaciones vascas arrastran desde la era Jáuregui. Durante su gestión César Velasco estuvo todo lo cerca del movimiento cívico que le dejó su cargo en un grado de complicidad conmovedor con la peña amenazada que resultaría inimaginable en otras autonomías y que en la vasca es irrepetible ya que ha vuelto el viejo estilo entreguista. César Velasco nos tenía al tanto de su demanda a la Academia de Arkaute y brindábamos por su éxito. Ahora que ha dejado la subdelegación de Vitoria queda, entre otras cosas, esa sentencia, esa huella de su trabajo, ese papel legal que a mí me parece un emocionante testimonio de constancia y fe en la Ley para un país que no cree ni en una cosa ni en la otra.

Cuatro años por delante
Rafael L. BARDAJÍ y Florentino PORTERO La Razón 19 Noviembre 2004

En los últimos dos años varias naciones han desarrollado una política diferenciada de los Estados Unidos. Pero han actuado de manera distinta a la que ha escogido el Gobierno español. Lo han hecho sin abandonar la prudencia y las buenas formas. Los excesos retóricos y los gestos gratuitos de hostilidad del gobierno Zapatero han creado una atmósfera en la que será más difícil y costará mayores esfuerzos recomponer las relaciones. Si eso fuera un problema personal del Sr. Zapatero nadie tendría nada que decir al respecto. Lo malo es que ahora es un problema nacional de España.

El actual presidente del Gobierno español declaró el pasado marzo: «Creo que Kerry va a ganar. De hecho, quiero que Kerry gane» («The Guardian»). Siguiendo su intuición Zapatero avanzó: «No iré a la Casa Blanca antes de 2005». La imprudencia es un rasgo inconveniente en las relaciones exteriores. Es obvio que Zapatero creía que Bush iba a perder. E imaginaba, además, que el candidato demócrata sería otra cosa. Quizá hubiera debido prestar atención a la declaración del senador Kerry, reclamándole solidaridad en Iraq y que reconsiderase la retirada unilateral de las tropas españolas de ese país. Pero no fue así. Debería haber pensado en la posibilidad de que su intuición le fallase y que Bush saliera reelegido. Pero no lo hizo. Debería haber pensado, sobre todo, que como político es muy libre de jugárselo todo a una carta, pero que una nación como España no puede permitirse ese riesgo. Precisamente porque ya tiene demasiados riesgos.

La lista de equivocaciones es larga y bien conocida: desde promover públicamente la deserción de la coalición internacional en Iraq al impulso de una política del no en el seno de la OTAN, donde España rechazó que esta organización se implicara en el entrenamiento de las fuerzas iraquíes. O, más recientemente, la posición contraria a que se unificaran las misiones en Afganistán para gestionar mejor sus recursos, pasando por el amparo a las altivas declaraciones de sus ministros, como las de Bono, quien explicó la retirada de la bandera americana en el desfile del 12 de octubre, porque «España no se arrodilla», o las de Moratinos, atribuyéndose el papel, debidamente desmentido, de enviado especial de Washington para Oriente Medio. Y, finalmente, las aplaudidas declaraciones de altos mandos militares sobre el coste político de la relación bilateral con Norteamérica. Y esto es sólo la parte visible. En realidad, esta actitud de Zapatero ha creado tantos problemas que sólo puede explicarse por una total despreocupación por el entorno internacional o porque estaba confiado de que cuanto le hiciese a Bush sería más tarde recompensado por una victoria electoral de su rival demócrata. Esto es, que el daño que le infligiera a las relaciones bilaterales con EE UU en este su primer año de gobierno podía ser contenido y superado una vez Bush no estuviera ya en la Casa Blanca. Pero sus cálculos han fallado y Bush seguirá otros cuatro años.

La España de Zapatero intentó encontrar consuelo como apéndice del eje franco-alemán en lo que considera es su lugar natural. Pero ahora que Bush sigue, franceses y alemanes han hecho más obvios sus intentos de acomodo, cuando no acercamiento a Washington. Y lo tendrán más fácil que España, porque a sus dirigentes se les recuerdan desencuentros, pero no descortesías. En los días previos a la intervención en Iraq, Zapatero preconizaba la marginación internacional de los EE UU. Era poco probable que algo así ocurriera. Más probable era lo que ha sucedido: la que hoy está marginada –y no por los EE UU– es España.

El Gobierno de los socialistas españoles ha negado a la ONU su papel en la estabilización y reconstrucción de Iraq; ha intentado meter una cuña en el consenso de la UE sobre las sanciones a Cuba, que las quiere suavizar si no levantar del todo; ha autorizado la declaración de su partido de que Taiwán debe ser reintegrada en la China Popular, aunque para ello se la obligue a prescindir de su libertad y democracia. Los frutos del enganche al carro franco-alemán están todavía por ver y su incipiente relación con el Gobierno de Blair ya ha dado como resultado el abandono de las posiciones tradicionales, incluso del PSOE, sobre el contencioso sobre Gibraltar, reconociendo a los gibraltareños como interlocutores válidos y concediendo no discutir sobre la soberanía de la Roca. Sin duda lo que tendrá consecuencias más gravosas es la negociación a la baja del Tratado Constitucional Europeo, en la que se abandonó el poder institucional conseguido por España en Niza. Sentimos reafirmarnos: la España de hoy es una España menguante, y cada vez más (vid. Papeles FAES nº 2).

No hay nada irreversible en materia de relaciones internacionales. No hay que apurar el tópico para darse cuenta de que no existen amigos permanentes, sino intereses permanentes. Lo que ocurre es que los intereses de España –en general, los de Europa– y los de EE UU son idénticos. Ambos tenemos un mismo sistema democrático, con valores comunes y expresiones políticas y sociales similares. Ambos tenemos que afrontar una amenaza del terrorismo totalitario que se dirige contra aquellos rasgos civilizados que compartimos. Zapatero debería dar pasos constructivos para restablecer la condición de países fuertemente aliados. Y puede hacerlo. Posiblemente deberá dar un giro rotundo a su política internacional. Pero es sabido que la coherencia no es algo sagrado para este Gobierno. Y desde luego la situación no va a cambiar gracias a un telegrama de felicitación.

Afortunadamente hay varias fichas que el presidente español podría mover si de verdad quiere evitar que la relación con América se deteriore aún más. Por ejemplo: España debería cumplir con la resolución 1541 de las ONU y plantearse de verdad contribuir a la estabilización de Iraq. Mientras los soldados americanos y de la coalición sigan trabajando por un Iraq democrático, España no mejorará su imagen si se mantiene al margen. Igualmente, España debería sumarse a la iniciativa para detener los planes de nuclearización iraníes, como ejemplo de su compromiso sincero contra la proliferación. España debería impulsar la Iniciativa del Gran Oriente Medio, como prueba de su voluntad de erradicar las verdaderas causas del terrorismo islámico, el despotismo de los regímenes árabes, el fanatismo religioso y el odio hacia nuestros valores. España también debería promover una Europa compatible con América, una Europa sólidamente enraizada en su dimensión atlántica, y no una Europa que aspire a construirse como contrapeso a los EE UU. Y ya puestos, el Gobierno podría ahorrarse esos gestos tan poco favorecedores.

En síntesis, menos retórica de la «alianza de las civilizaciones» y más ejercicio práctico de la Alianza Atlántica. Y es que la firmeza frente al terrorismo, la transformación del Oriente Medio y el mundo musulmán, la lucha contra la proliferación de armamento, y la expansión de la economía de mercado y la democracia son los temas clave de la agenda política de los próximos años. Y son temas impulsados por los EE UU y sus aliados. Zapatero puede ahora optar entre cooperar en todos ellos, porque tiene las capacidades para poder hacerlo si quiere, o quedarse al margen. El problema de esta última opción no es que él se quede al margen, sino que nos deja a todos los españoles al margen. Al margen al que nos ha llevado inútilmente en estos pocos meses.

Rafael L. Bardají es director de estudios de política internacional en FAES y Florentino Portero es analista del Grupo de Estudios Estratégicos (GEES)

Partido Popular
Rajoy ante la reforma del Estatuto catalán
Guillermo Dupuy Libertad Digital 19 Noviembre 2004

Pascual Maragall, presidente de la Generalitat y socio, como Zapatero, de quienes se reúnen con ETA para, según el último Zutabe de la banda terrorista, “profundizar en la crisis y el resquebrajamiento del Estado”, no sólo no quiso el pasado domingo rechazar la inclusión de la autodeterminación en el nuevo Estatuto catalán, sino que, con total claridad y seguridad, reiteró que la definición de Cataluña en el Estatuto será el de “nación”.

Hemos tenido que esperar a este jueves para ver la reacción del PP ante este invento histórico, respaldado por los socialistas, y que constituye un verdadero jaque mate a la Constitución de 1978. Bien está que el senador Pío García Escudero le haya preguntado en la Cámara alta a ZP por esta cuestión. Sin embargo, no podemos contentarnos con que la posición del principal partido de la oposición ante este asunto nuclear —no por nada la Constitución dice fundamentarse en la Nación española— se reduzca a la intervención de un senador que en forma de pregunta aprovecha la visita del Presidente del Gobierno a la Cámara alta para que exponga su opinión.

La torpísima política de comunicación a cargo de Rajoy y Elorriaga está batiendo récords ya de por sí difíciles de batir si recordamos lo que ha venido siendo en este terreno la trayectoria del PP. La pregunta con la que Agapito Maestre en estas mismas páginas titulaba un artículo —“¿Donde está Rajoy?”—, es todo un síntoma de cómo lo que empezó con un preocupante perfil bajo ha terminado por ser un invisible liderazgo.

Tiempo habrá para dedicar otros artículos para analizar los absurdos supuestos en que se basa esta estrategia de Rajoy, Eloriaga o Piqué y que, no por deliderada deja de ser errónea e irresponsable.

En cualquier caso, y en el tema que ahora nos ocupa, parece ineludible la necesidad de dar la batalla de ideas y llevar a cabo una labor pedagógica que aborte esta deriva a las que nos está llevando los independentistas catalanes por culpa de la falta de principios de los socialistas. Ante la gravedad del envite de Maragall, el PP debe responder con solemnidad, poniendo acentos a la gravedad, y eso exige que sea el máximo líder del PP el que le haga frente. Si hace falta convocar ruedas de prensa extraordinarias, pues se hace. Pero el PP tiene que enviar un mensaje por boca de Rajoy denunciando que el PSOE, a pesar de llenarse la boca con la palabra consenso, excluirá al PP de cualquier eventual reforma del estatuto o de la Constitución si insiste en considerar a Cataluña o a cualquier otra comunidad autónoma como una nación; que lo de la “Nación de naciones” es una afrenta al lenguaje y a la lógica elemental que equipara la parte al todo y abre las puestas a la cosoberanía; ¿Por qué nadie en el PP pregunta a Zapatero o a Maragall por los nombres de las naciones que integran, según ellos, España?. Galicia, Cataluña, Pais Vasco ¿y cuales más? ¿Cómo se llaman las otras “naciones” y cuantas son? ¿Por qué no desenmascarar lo ridículo y —al tiempo— lo grave de las proposiciones que ZP y Maragall camuflan con la etiqueta de la “España plural”?

¿Tienen certeza los votantes del PP y el resto de los españoles que Rajoy interpondrá un recurso de inconstitucionalidad si el parlamento catalán aprueba una reforma estatutaria que proclame a Cataluña como Nación? ¿Tienen certeza de ellos sus adversarios políticos? ¿O es que vamos a ir todos de buen rollito hasta que la opinión pública pierda totalmente la sensibilidad y acabe por aceptar el pulpo como animal de compañía sin prestar importancia a lo que entonces quedará marginado como un fundamentalismo nominalista?

¿Tanto es pedir que el máximo “líder” del PP se implique ya en esta tarea de oposición en un asunto que lo merece como pocos?

Recuperar la memoria histórica
ALFONSO DE LA VEGA La Voz 19 Noviembre 2004

SE HA PUESTO de moda por el actual gobierno socialista y sus aliados nacionalistas la consigna de recuperar la memoria histórica. Está bien lo de estudiar historia para tratar de conocerse y comprenderse mejor como pueblo y como civilización. Pero otra cosa es golpearse con la memoria histórica hasta hacerse sangre como los colosos en riña retratados por Goya en sus pinturas negras. Ya lo decía Azaña: «Si otra vez el genio español vuelve a enfurecerse con la intolerancia y con el odio, que piensen en los muertos y que escuchen su lección¿ abrigados en la tierra materna ya no tienen odio ni rencor y nos envían con los destellos de su luz, tranquila y remota como la de una estrella, el mensaje de la patria eterna que dice a todos sus hijos Paz, Piedad, Perdón».

Pero una buena ocasión para meditar sobre errores pasados se acaba de perder ahora en octubre cuando se han cumplido setenta años de la rebelión armada contra la República, y sus instituciones democráticas, por parte del gobierno de la Generalitat catalana con su presidente Luis Companys a la cabeza, que proclamó el Estat Catalá, y la de una importante facción del Partido Socialista que no dudó incluso en intentar asesinar a correligionarios como Julián Besteiro. Según datos oficiales del Gobierno republicano, el resultado de esta violencia criminal, antesala de la sublevación del 36: más de cien muertos en Cataluña, más de mil en Asturias. Allí, cuando el general López Ochoa, competente militar leal, masón, fusilado por Franco en 1936, es recibido como libertador en Oviedo, puede observar el horror desatado: asesinatos de mujeres y niños, violaciones, saqueos, destrucción de edificios y obras de arte. Nunca debe volver la barbarie. Dice Buda: «Nadie está sujeto fatalmente a la rueda de la mutación, sin medio de quebrantar sus cadenas. Porque la voluntad es más fuerte que el dolor. Lo bueno se muda en mejor y lo mejor en óptimo». Amén.

ZAPATERO PASA PALABRA
Por Valentí PUIG ABC 19 Noviembre 2004

UN elemento que se añade a la composición del estilo político del presidente Rodríguez Zapatero ha sido acudir por primera vez al Senado no para afirmar o reafirmar el entendimiento constitucional de lo que es nación, sino para indefinirla. Es más: ha sostenido en sesión de control que, siendo el concepto de «nación» discutible, quien lo asevere es un «fundamentalista». Ese ya era uno de sus rasgos estilísticos más conocidos y persistentes: al pasado político inmediatamente anterior a las elecciones que llevaron al poder al PSOE con los votos de IU y ERC se le conoce en términos escolares como la tiniebla y la caverna. A partir de entonces, todo, incluso los conceptos fundamentales de la Carta Magna, es discutido y discutible. «Fiat lux», y cuando no se pueda, «pasa palabra»: nación, aconfesionalidad, déficit, atlantismo, hoy esto, mañana aquello.

Sin prejuicios personales achacables a alguna marca genética del pasado, como un ser político adánico que hace tabla rasa de lo espúreo y convencional, Zapatero acude al Senado y a pecho descubierto inicia una revolución semántica de consecuencias institucionales incalculables, y lo hace en el preciso momento en que se está en el trance de revisar los márgenes de los Estatutos de Autonomía -con el principio de autodeterminación en algunas mentes- y de practicar alguna microcirugía constitucional sin diagnóstico previo. Viene a ser como poner en duda la naturaleza misma del motor de explosión en el momento de trazar nuevas autopistas con sus correspondientes gasolineras. Vistas así las cosas, tiene su lógica que el portavoz de CiU en el Senado se apresurase a pedirle al presidente del Gobierno que impulse lo que se describe como el cuarto cinturón de Barcelona. En el año del Quijote que Zapatero tanto ha mimado, el PBV le reclamaba la sede el gobierno vasco en el exilio, en París, donde está hoy el Instituto Cervantes. Profundamente inconscientes de lo que pocas horas antes había dicho el presidente del Gobierno en el Senado, los trabajadores de los astilleros de Izar regresaban a las movilizaciones.

EN realidad, como líder de la oposición, no se ve a Mariano Rajoy fundamentalista ni en la idea de nación española ni en nada. Quizás incluso lo sean algo más amplios sectores del PSOE que, sin necesidad de considerarse como intrínsecamente jacobinos, se alteran al ver como Pasqual Maragall somatiza componentes retóricos de Carod-Rovira o busca anular el precedente simbológico del pujolismo con los mismos conjuros que usaba Jordi Pujol. Por lo menos, habría que escuchar a los socialistas del País Vasco.

COMO mínimo, el presidente del Gobierno fue rotundo en su contraponerse al inmovilismo: casi podría decirse que ha sido políticamente utilitarista, históricamente accidentalista e intelectualmente relativista. Desafortunadamente, todo suma incertidumbre y añade superficialidad a una opinión pública que -según el CIS- en un 91 por ciento confiesa prácticamente no tener ni idea del Tratado Constitucional de la Unión Europea aunque la mayoría dice que votará en el referéndum y a favor.

La de Zapatero no ha sido una declaración tangencial, una simple escaramuza parlamentaria: el presidente del Gobierno acudía por primera vez al Senado y habrá dicho lo que ha dicho con toda la reflexión previa que se le supone. Ahí es perceptible una incógnita que, como una calcografía, coincide con una cierta idea del vacío. Artículo segundo de la Constitución: «Pasa palabra», como en los concursos de televisión. Cosa de ver en el magnífico palacio del Senado, tal vez al pie del gran cuadro que representa la coronación del poeta Quintana por Isabel II. «Homero nace y resplandece el día», escribió Quintana. Pasa palabra.     vpuig@abc.es

Faluya
Ocho meses de resistencia
José María Marco Libertad Digital 19 Noviembre 2004

La liberación de Faluya está permitiendo comprobar en vivo lo que han sido esos ocho meses en una ciudad tomada por los terroristas de Al Zarqaui y sus compañeros Buena parte de los medios de comunicación occidentales anda estudiando las responsabilidades del joven marine que mató a un herido en una mezquita durante la toma de Faluya. También lo están estudiando los investigadores encargados del caso. Ellos decidirán si el marine actuó en defensa propia o sobrepasó los límites de lo que está permitido en combate. Las reglas son estrictas y sutiles, y aunque en mi opinión y a falta de pruebas posteriores, la actuación del marine está moralmente justificada, habrá que esperar a ver cómo se resuelve el caso.

Sea lo que sea, el intento de hacer del asunto un nuevo escándalo de Abu Ghraib apoyado por la dureza del vídeo en el que se recogen las imágenes es, como mínimo, dudoso. Puestos a pedir responsabilidades, no estaría de más pedírselas a quienes se alegraron de que las tropas de la coalición no entraran en Faluya hace ocho meses.

La liberación de Faluya está permitiendo comprobar en vivo lo que han sido esos ocho meses en una ciudad tomada por los terroristas de Al Zarqaui y sus compañeros. Los horrores que ya se habían descubierto en la mezquita de Nayaf tomada por los también "insurgentes" de Al Sadr en agosto se han quedado cortos. The Times online ha desvelado algo más de las atrocidades reveladas por otros medios de comunicación. Las cámaras de tortura, el terror impuesto a la población, la prohibición de cualquier música, la obligación para las mujeres de ir cubiertas de arriba abajo, el asesinato como castigo banal y sistemático, la brutalidad arbitraria como forma de imponerse a la población… En la mezquita de Nayaf se impuso la justicia islámica impartida por unos terroristas. Ahora iremos descubriendo en función de qué normas se han llegado a justificar estos actos de barbarie en una ciudad convertida en un campo de concentración islamista.

Los pocos civiles que quedaban todavía en Faluya, escondidos y aterrorizados, han recibido a las ropas americano-iraquíes con alivio y con tristeza. Se tardará en hacer el recuento de las atrocidades, y tal vez a quien se atreva a hacerlo le espere la suerte de Theo Van Gogh. Puede que hubiera buenas razones técnicas y políticas para no entrar en Faluya el pasado mes de abril. Las elecciones presidenciales norteamericanas retrasaron aún más la liberación de la ciudad.

El caso es que ahora decenas de miles de personas siguen aterrorizadas por lo que han vivido, no sé sabe cuántos han sido asesinados y de ellos tampoco se sabe todavía cuántos habrán sido torturados. Ocho meses de grandes hazañas de la resistencia iraquí, aplaudida y jaleada por los progresistas occidentales. Queda en pie la pregunta de si se podrían haber evitado, por qué no se entró en Faluya antes y qué responsabilidad les cabe en estos hechos a quienes, teniendo la misión de informar de lo que está ocurriendo, presentan una visión sesgada de los hechos.

Hace unos años yo me preguntaba cómo era posible que los alemanes hubieran votado a Hitler, y cómo un pueblo entero pudo aceptar, conociéndola, la existencia de campos de concentración. Ahora ya conozco la respuesta.

Ni qué decir tiene que seguiremos hablando del joven marine actualmente sometido a examen.

Islamismo en Holanda
El caso Van Gogh
Daniel Pipes Libertad Digital 19 Noviembre 2004

El terrorismo islamista en Occidente es contraproductivo, porque despierta a las masas aletargadas; en pocas palabras, la jihad provoca cruzadas "La educación por medio del asesinato" describe el lento y doloroso modo en que la gente despierta ante el problema del Islam radical. Despertar a los norteamericanos precisó de 3.000 muertos, o al menos despertar a la mitad de ellos, que son conservadores. De igual manera, despertar a la mitad de los australianos costó miles de muertos en la explosión de Bali; el asalto de Madrid para los españoles, y la atrocidad de Beslán para los rusos. 12 trabajadores decapitados en Irak despertaron a los nepalíes.

Pero despertar a los holandeses tan sólo costó un muerto. De hecho, un asesinato atroz ha hecho más por despertar a los de los Países Bajos de lo que el 11 de Septiembre del 2001 hizo por despertar a los norteamericanos.

El motivo de esto se encuentra en la identidad de la víctima y la naturaleza del crimen. Él era Theo van Gogh, de 47 años, un conocido libertario radical, cineasta, productor de televisión, tertuliano, columnista de prensa y un embaucador omnipresente que disfrutaba de la distinción de ser familiar de uno de los más reconocidos artistas de Holanda, Vincent van Gogh. En los últimos años, Theo llamó la atención por criticar el Islam (en un libro del 2003, Alá sabe lo que es mejor, y en una película del 2004, Sumisión).

Fue asesinado a las 8:40 de la mañana del 2 de noviembre en su ciudad natal de Ámsterdam, mientras recorría en bicicleta una concurrida calle camino del trabajo. Mientras se le disparaba repetidamente, Van Gogh vociferaba a su asesino "no lo hagas. No lo hagas. Ten piedad. ¡Ten piedad!”. Entonces, el asesino le apuñaló en el pecho con un cuchillo y le rebanó la garganta con otro, casi decapitando a van Gogh.

El presunto asesino, Mohammed Bouyeri, de 26 años, un holandés de nacimiento con doble ciudadanía holandesa - marroquí, dejó una nota de cinco páginas tanto en árabe como en holandés clavada en el cuerpo de Van Gogh con un cuchillo. En ella, amenazaba con la jihad a occidente en general, ("Sé con seguridad que tú, oh Europa, serás destruida"), y a cinco prominentes figuras políticas holandesas en particular.

Los detectives de la policía enseguida se dieron cuenta de que el asesino era un islamista al que conocían bien y detrás del que llevaban hasta tan sólo dos semanas antes; después le ubicaron en la red "Hofstadgroep" y le acusaron, a él y a cinco de sus colegas, de "conspiración con intenciones terroristas". Las autoridades afirmaron además que éstos tenían vínculos plausibles con los grupos terroristas Takfir wa'l-Hijra y Al Qaeda.

Que un crítico no musulmán del Islam fuera asesinado ritualmente por expresar artísticamente sus opiniones es algo sin precedentes, no sólo en Holanda, sino en occidente. La revulsión holandesa ante los hechos sacudió la profunda complacencia de la que quizá es la sociedad más tolerante del mundo. La ministra de inmigración, Rita Verdonk, una de las cinco personas amenazadas, lamentó públicamente que el país hubiera ignorado durante tanto tiempo la presencia del Islam radical. "Durante demasiado tiempo, hemos dicho que teníamos una sociedad multicultural y que sencillamente, todos encajarían con todos. Fuimos demasiado inocentes al pensar que la gente coexistiría en sociedad".

Jozias van Aartsen, líder parlamentario del partido VVD fue más allá, advirtiendo de que "la jihad ha llegado a los Países Bajos, y un reducido grupo de terroristas jihadistas está atacando los principios de nuestro país. Esta gente no quiere cambiar nuestra sociedad, quieren destruirla".

Un día más tarde, 20.000 manifestantes se reunieron para denunciar el crimen, y treinta personas fueron arrestadas por incitar al odio contra musulmanes. El ministro del Interior, Johan Remkes, anunció que no podía descartar los desórdenes. "El clima se enrarece seriamente". Demostrando que estaba en lo cierto, las dos semanas siguientes atestiguaron más de 20 ataques con incendios y explosivos, y contraataques contra mezquitas, iglesias, y otras instituciones, además de algunas redadas policiales de envergadura, dando al país la sensación de una guerra a pequeña escala.

Las actitudes holandesas hacia los musulmanes se endurecieron rápida y dramáticamente. Una encuesta concluye que el 40% de la población no deseaba que la fuerte comunidad musulmana de casi un millón de miembros se sintiera más en los Países Bajos como en su casa. Más del doble de esa cifra aprobaba políticas menos beligerantes hacia los inmigrantes.

De Telegraaf, un diario importante, publicó un editorial inimaginable antes del asesinato de van Gogh, pidiendo "una campaña pública contra los fanáticos fundamentalistas musulmanes". Incluso los políticos de extrema izquierda despertaron ante la necesidad de decir "las verdades difíciles" acerca de la inmigración, centrándose en la desproporcionada criminalidad de los musulmanes.

El terrorismo islamista en Occidente es contraproductivo, porque despierta a las masas aletargadas; en pocas palabras, la jihad provoca cruzadas. Un enemigo islamista más astuto impulsaría su agenda totalitaria a través de la intimidación al estilo de la mafia, no con crímenes a plena luz.

Pero si los islamistas continúan abiertamente con el terrorismo, la dura respuesta holandesa se repetirá por todas partes.

Río Cabe
Ikastolas bis
Serafín Fanjul Libertad Digital 19 Noviembre 2004

No se precisaban dotes proféticas para prever lo que sucedería respecto a las enseñanzas del Islam en nuestro país, si ganaban los socialistas las elecciones. El autor no presume de arúspice por haber denunciado, antes y después de los comicios, cuanto se nos venía encima: los vareadores del nogal comienzan a atropar las nueces esparcidas por el suelo. Por el norte, por el noreste y…por el sur. Gracias a las bombas de Atocha unos llegaron al gobierno y otros –ante la inexistencia de reacciones contrarias– aprovechan el desbarajuste para avanzar en toda la línea, presentar exigencias, conminarnos a reconocer nuestra maldad intrínseca (confrontada con su infinita bondad) y a pagarles un sueldo, ahora en concepto de enseñanzas islámicas.

Lo prodigioso no es que ellos pidan, sino que el Gobierno de España les dé. Sin garantías docentes de ningún género: ¿Quién va a controlar los nombramientos de profesores y con qué seriedad? ¿Quién supervisará los contenidos de las clases? ¿Quién, al menos, se asegurará de que las lecciones se impartan en español? La nula credibilidad y confianza que inspira la situación presente sólo nos retrotrae al Patio de Monipodio, con sus trampas, engaños y trinques, aunque el patrón haga valer, cuando le conviene, su autoridad y su fuerza, pero permitiendo que cada mangante campe por sus respetos. Si se liquidan las inversiones del Estado en Galicia, Castilla o Valencia, los cuartos así liberados pueden ir –van a ir– a otras comunidades u otros menesteres, por ejemplo a subvencionar clases de Islam.

El argumento fácil es argüir que de este modo se igualan los derechos de la comunidad musulmana, recientemente sobrevenida, con los de la católica y con los evangélicos. Soslayaremos que, con frecuencia, se agrega alguna alusión a los crímenes pasados del cristianismo para justificar los actuales del Islam: como hay aspectos de esta religión y de las conductas de sus adeptos imposibles de sostener, se acude al ataque a nuestra religión de origen para relativizar la cuestión y difuminar las culpas. Es una táctica vieja pero no constituye nuestro tema del día.

El asunto central, sobre el que basculan las diferencias entre Islam y cristianismo aquí y ahora, aparece esbozado en las tres preguntas planteadas más arriba. Y en sus respuestas, que conocemos perfectamente: los profesores de religión católica, o evangélica, no van a crear –ni crean– conflicto ninguno en los contenidos de sus materias, ni en cuanto al respeto a la Constitución y el ordenamiento legal, ni en torno a la visión del pasado que ofrezcan, cuando surja. Tal vez los protestantes hagan hincapié en la antigua persecución contra sus correligionarios (que no antepasados) de otros tiempos, extremo que todos condenamos, incluida la Iglesia Católica, y sobre lo cual no hay discrepancias racionales. Tampoco es de temer que los evangélicos intenten dar gato por liebre colocando a paniaguados que no sepan español.

Pero, ¿qué sucede con el Islam? Tan sólo lo previsto y anunciado: harán –están haciendo– de su capa un sayo y por añadidura formulan reclamaciones arrogándose una superioridad moral que nadie –sino ellos y algunos españoles bastante ignorantes– les ha concedido. Así leemos en la prensa: "Musulmanes de Granada reclaman una revisión de la historia de Al Andalus". Dicen que se ha dado una versión "un poco fanática que no quiere llegar a la verdad". El presidente del Consejo de Mezquitas de Granada pide un consenso para explicar en las futuras clases de Islam, "con sensatez", cómo sucedieron las cosas (…) Qader aboga por empezar desde el principio: escribir y publicar nuevos textos históricos. La dicotomía que muestran los libros de texto descansa, desde el punto de vista del portavoz musulmán, en la "incultura" y, sobre todo, en una "carga horrible" de parcialidad" (ABC, 12 – 11 – 04). Preparémonos a sobrevivir a la avalancha de "sensatez", "cultura" e "imparcialidad" islámicas que nos caerán, de la mano de políticos indocumentados y de asesores que, con regularidad asombrosa, olvidan quién les paga el salario y por qué, en su yihad permanente por favorecer la penetración del Islam, cueste lo que cueste, empezando por el dinero de nuestros bolsillos.

Y continuando por la higiene mental de nuestros cerebros. Lo previsto llega: la Península Ibérica ya era un país árabe antes de la conquista romana, los colonialistas romanos y germanos (antecesores de los colonialistas cruzados o europeos modernos) usurparon la tierra y los gloriosos guerreros del Islam, con sus espadas rutilantes y victoriosas (pero milagrosamente, sólo mediante la da’wa, exhorto pacífico a islamizarse), liberaron el país y lo civilizaron, pues se hallaba en la barbarie; después, la perfidia brutal de los imperialistas europeos arrasó la maravillosa civilización de Al Andalus y la no menos exquisita convivencia entre las tres religiones y las tres culturas que por aquí gastaban los musulmanes (los cristianos no) y España volvió al oscurantismo y la bestialidad hasta que llegó el imán de Fuengirola a civilizarnos de nuevo. No se rían, porque no va de broma: quitando lo del imán, el resto compone la esencia de lo que se enseña en las escuelas árabes sobre historia de Al Andalus.

Errores y erratas
Lenguas de España
Amando de Miguel Libertad Digital 19 Noviembre 2004

Martha Leston me asegura que "los españoles se están complicando la vida con los idiomas" que hablan en su país. Añade un presagio: "España se va a convertir como la India, que hay tantos idiomas y dialectos que para hacer negocios se necesita un traductor para cada lugar". No llegaremos a tanto, pero todo se andará. Claro que también se da la paradoja que nunca en toda la Historia ha habido una proporción tan alta de españoles que hablen español. A pesar de lo cual, efectivamente, vamos a necesitar gastar mucho dinero en traductores dentro de España. Lo peor no es el dinero que se van a llevar los trujamanes sino la pesadez.

Un curioso lector que firma como Asesoría J&G asistió a una conferencia mía en Logroño y se quedó sin poder participar en el turno de preguntas, tal era la lista de intervinientes. Así que aprovecha esta seccioncilla para plantearme su pregunta: "¿Qué opina sobre la más que futurible conversión de Canal + (Plus) en una televisión generalista?" En efecto, su predicción se va a cumplir. Es más, mi impresión es que los contribuyentes pagaremos la ingente deuda de Televisión Española para que de esa forma pueda ser vendida por cuatros euros al propietario de Canal + (Plus) o a sus herederos. Naturalmente, antes de esa "operación" habrá que hacer otra más sibilina: prejubilar a la mitad de la plantilla. Eso también lo pagarán los contribuyentes. No importa que exista un flamante Tribunal de Defensa de la Competencia, que más parece defender la incompetencia. Al otro lado del espejo todo está al revés.

Mikel Gómez Urkijo se me lamenta porque yo haya escrito su nombre con tilde, cuando "no existe este signo gráfico en vascuence". Pido perdón, pero me tomé la libertad de adaptarlo a la fonética castellana. Después de todo don Mikel se apellida Gómez, y no oculta la tilde. Uno de mis autores favoritos es William of Ockham, a quien suelo llamar Guillermo de Occam, que me resulta más normal y simpático. Por lo mismo me refiero a Renato Descartes (que pronuncio así en castellano, no "Decart"). No hay ningún desdoro para la lengua original. Don Mikel me reprocha igualmente que yo escriba "Ibarreche" y no "Ibarretxe". También me permito aquí la transcripción fonética por respeto al vascuence, ya que el sonido "tx" no existe en castellano. A saber qué pone en la partida de bautismo del presidente de los vascos (y de las vascas). No digo lehendakari (un neologismo) también por respeto al vascuence. Para mí el vascuence no es una lengua exótica, es parte de mi tradición española, y por eso me permito adaptarla al idioma en que escribo. Sólo lo hago cuando hay simpatía o cercanía. Así es la costumbre. Por cierto, sobre la "k" del vascuence haga el favor, don Mikel, de leer a su homónimo y paisano Miguel de Unamuno. Unamuno sabía un rato largo de vascuence y de latín, dos lenguas que tienen muchos puntos de contacto. Me quedo con lo de "el castellano es el latín hablado por los vascos".

Jorge HC (Alicante) vuelve a la carga sobre si en castellano se debe decir Alacant o Alicante, o en valenciano Saragossa o Zaragoza. Mire don Jorge, los idiomas de comunicación internacional dejan traducir sus topónimos conforme al uso sin mayores quejas. Así a los que hablamos castellano no nos importa que digan Seville o Saragossa en otros idiomas. Pero las lenguas que no son de comunicación internacional (como el catalán, pongo por caso) se resisten a esa operación. Sus hablantes son melindrosos y están acomplejados. Por eso nos obligan (es increíble que se pueda obligar a una cosa así) a decir Girona. Me parece un ennoblecimiento de la lengua gallega que los coruñeses hayan decidido que en castellano podamos decir La Coruña. Ya lo decíamos sin pedir permiso a nadie, precisamente por respeto al gallego. Si los de Alicante persisten en que en castellano digamos Alacant con su pan se lo coman. Sobre mi lengua mando yo.

Solana socorre a ZP
Ignacio Villa Libertad Digital 19 Noviembre 2004

Incluso Zapatero, que nunca ha tenido una buena relación con Javier Solana, ha tenido que recurrir a él para que le facilite el camino para reconducir el chantaje de Carod Rovira. Zapatero le debe una a Javier Solana. Mejor dicho, dos. El actual "ministro" de Exteriores de la Unión Europea ya actuó de intermediario entre Zapatero y Maragall, cuando surgió la primera crisis de Carod Rovira, a raíz de la reunión del independentista catalán con los terroristas etarras en el sur de Francia. Ahora, Javier Solana ha vuelto a echar una mano al presidente del Gobierno propiciando un comunicado del Consejo de la Unión Europea en el que se reconoce que el catalán y el valenciano son la misma lengua.

Solana vuelve a salir en ayuda de Zapatero, lo hace a cuatro días de que se termine el ultimátum de los republicanos catalanes para apoyar los Presupuestos generales del Estado. El auxilio, sin embargo, parece insuficiente puesto que, de todas formas, desde ERC se han precipitado en recordar que la iniciativa de Solana está muy bien, pero no tiene validez. Siguen insistiendo en la necesidad de que un ministro del Gobierno rectifique en público, antes del 22 de noviembre, la "confusión" sobre el reconocimiento del valenciano en Europa.

Estamos asistiendo a una entrega más de este lamentable espectáculo político. Zapatero no sólo está en manos de Carod Rovira. Es mucho peor. El Gobierno central está expuesto a cualquier capricho de los independentistas catalanes. El Ejecutivo socialista no sale del tremendo ridículo de sus dependencias e inoperancias.

Incluso Zapatero, que nunca ha tenido una buena relación con Javier Solana, ha tenido que recurrir a él para que le facilite el camino para reconducir el chantaje de Carod Rovira. Muy mal se las ha tenido que ver Zapatero, para rebajarse y pedir socorro. Es una muestra más, inequívoca, de las verdaderas limitaciones de un Gobierno que ciertamente tiene una capacidad mínima de maniobra.

Cortesía y civismo
Cartas al Director ABC 19 Noviembre 2004

Recientemente he visitado Valencia y Alicante, y algunos pueblos de ambas provincias. Y me ha maravillado comprobar (porque en otras Comunidades no sucede lo mismo) que se emplea el valenciano y el castellano sin imposiciones de ningún género; ni en los organismos oficiales ni en comercios, ni en la televisión o la Prensa observas la más mínima imposición. La cortesía es la norma y nadie te mira por encima del hombro si hablas castellano o angoleño. Por las carreteras, los rótulos están siempre en bilingüe, nadie ha tapado los rótulos en uno u otro idioma. Toda una lección de tolerancia; seguro que el valenciano progresará mucho más que otras lenguas, pues la imposición provoca rechazo.     Pablo González.     Bilbao.

Ibón Urrestarazu confiesa su participación en varios atentados mortales de ETA en 2000, 2001 y 2003
La Policía detiene dos personas en la localidad guipuzcoana de Ordizia por su presunta vinculación a ETA
Alonso dice que la operación no se puede dar por cerrada y se investiga la
implicación de algunos de esos detenidos "en hechos más serios"
San Sebastián  Estrella Digital 19 Noviembre 2004

El presunto etarra Ibón Urrestarazu, detenido el pasado martes, ha confesado a la Policía su participación en atentados como los que costaron la vida a Joseba Pagazaurtundúa, José Javier Múgica y Manuel Giménez Abad, dijeron a Efe fuentes de la investigación. Por otro lado, la Policía ha detenido en las últimas horas a Xavier Balerdi, en Guipúzcoa, y a Andoni Cobos, en Navarra, dentro de la operación contra la infraestructura de ETA y como consecuencia de los arrestos el pasado martes del propio Ibon Urrestarazu y Alaitz Iturrioz, a los que se vincula también con los atentados contra Iñaki Dubreil y Juan Bautista Rubio Beloqui. Según informó hoy el Ministerio del Interior, las dos nuevas detenciones fueron practicadas ayer por la tarde por la Comisaría General de Información de la Dirección General de la Policía, que está investigando la participación de Urrestarazu en varios graves atentados cometidos durante los años 2000, 2001 y 2003. Dentro de estas últimas investigaciones se ha procedido a registrar diversos domicilios y la operación continúa abierta, indicó el Ministerio del Interior.

Otros atentados de los que se inculpa Urrestarazu son el que acabó con la vida de dos agentes de la Ertzaintza que regulaban el tráfico en Beasain (Guipúzcoa), en noviembre de 2001, y el asesinato del empresario José María Korta, el 8 de agosto de 2000, con un coche-bomba en Zumaia (Guipúzcoa). Pagazaurtundúa, jefe de la Policía de la localidad guipuzcoana de Andoaín, fue asesinado a tiros cuando desayunaba en un bar el 8 de febrero de 2003.

Giménez Abad, presidente del PP en Aragón, fue abatido a tiros en Zaragoza cuando acudía con su hijo a ver un partido de fútbol 6 de mayo de 2001, mientras Múgica, concejal de UPN en Leiza, murió al estallar una bomba-lapa colocada en su furgoneta, el 14 de julio de 2001.

El presunto etarra Urrestarazu, que fue detenido el pasado día 16 en Ordizia (Guipúzcoa), también ha relacionado con algunos atentados a los últimos arrestados por la Policía en la operación de esta semana contra ETA, Xabier Balerdi y Andoni Cobos. En concreto, los relaciona con el atentado contra Giménez Abad, presidente del PP en Aragón, y con los asesinatos de los dos ertzainas en Beasain y de dos policías en Sangüesa (Navarra) en mayo de 2003.

Las fuentes dijeron que la Policía está pendiente de ver si Urrestarazu corrobora estas confesiones ante el juez Baltasar Garzón, que ha dirigido toda la operación.

Nuevas detenciones
Xabier Balerdi Odriozola fue arrestado en Beasain (Guipúzcoa) mientras que Andoni Cobos Novo fue apresado en Alsasua (Navarra), en el marco de la operación desarrollada contra el aparato de captación e infraestructura de ETA y como consecuencia de las detenciones practicadas el pasado martes.

Ibon Urrestarazu Esnaola, de 43 años, y Alaitz Iturrioz Garmendia, de 29, fueron arrestados en Ordizia (Guipúzcoa) el pasado martes, junto a otras catorce personas detenidas en otros puntos del País Vasco y Navarra.

Según Interior, Urrestarazu e Iturrioz alojaron en su domicilio durante el año 2000 a los miembros de la banda armada Ibon Fernández Iradi "Susper" y Ainoa García Montero "Laía" y prestaron su colaboración en la compra del material necesario para la fabricación y de bombas y para su elaboración. Igualmente les facilitaron su vehículo para sus desplazamientos.

Además, explica Interior, estos dos miembros de ETA realizaron información sobre el empresario Juan Bautista Rubio Beloqui, quien fue objeto de un atentado con una bomba lapa que no llegó a estallar en julio de 2000. También realizaron labores de información sobre el concejal del PSE Iñaki Dubreil Churruca, que sufrió un atentado fallido en el que murieron dos trabajadores de la empresa Elektra el 22 de febrero de 2001 en San Sebastián.

El domicilio de Urrestarazu e Iturrioz sirvió para almacenar las armas y los explosivos del comando y, con posterioridad a la marcha a Francia de Fernández Iradi y García Montero, entregaron este material a una persona que el propio "Susper" les indicó en una cita en el país vecino.

No se puede dar por cerrada
El ministro español del Interior, José Antonio Alonso, dijo hoy en Bruselas que aún "no se puede dar por cerrada" la operación policial que ha permitido la detención esta semana de 19 personas por su presunta relación con la banda terrorista ETA. Además, Alonso señaló que desde ayer la Policía investiga la implicación de algunos de esos detenidos "en hechos más serios todavía que los de prestar apoyo desde el punto de vista de la infraestructura a la organización terrorista ETA".

La Policía española está investigando si algunos de esos detenidos, "además formaban parte de algún comando de ejecución directa de atentados", lo que haría que se les pueda imputar "varios y muy serios crímenes, asesinatos en particular". "Vamos a dejar que la Policía y los jueces trabajen tranquilamente", agregó Alonso tras participar en Bruselas en una reunión del Consejo de ministros de Justicia e Interior de la UE.

También destacó el buen trabajo que está desarrollando la Policía con esta operación, que ha permitido la detención de una serie de personas que participaban en la actividad de infraestructura de la banda terrorista ETA. "Lo que nos corresponde desde el lado político es prestar un pleno apoyo político a las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado y dejarlas que operativamente en su labor profesional y policial hagan lo que tengan que hacer, detengan a quien tengan que detener siguiendo las reglas del estado de derecho", agregó.

El ministro expresó su confianza en la labor policial, que logrará desentrañar "la madeja que rodea estas detenciones" como lo han hecho en el pasado y lo harán en el futuro "con todo lo que tiene que ver con la banda terrorista ETA".

Alonso insistió en su postura de no dar más detalles de acciones policiales en curso y añadió que "lo importante es que las operaciones policiales culminen y culminen bien y que la Policía establezca unas conclusiones de certeza que sean inequívocas". "Para eso hay que dejar trabajar a la Policía porque en operaciones complejas hay que cruzar muchos datos, hay que realizar muchas actividades además de las detenciones, de comprobación de los hechos, y en eso está la Policía, las 24 horas", precisó el ministro.

Zarzalejos augura para ETA, ya «en fase terminal», un final como el del Grapo
Además de medios policiales y militares para luchar contra el terrorismo islamista, cree necesario definir y vigorizar los valores en los que se sustenta nuestra identidad
C. DE LA HOZ ABC 19 Noviembre 2004

MADRID. El secretario general de Vocento, José Antonio Zarzalejos, aseguró ayer, en una conferencia pronunciada en la Universidad San Pablo-CEU, que ETA se encuentra ya en «fase terminal» y que su futuro se perfila a corto plazo en «un proceso de «grapización» -por el Grapo- y a medio, de extinción lenta, pero continuada, que sólo podrá darse por concluida cuando el nacionalismo vasco pierda democráticamente el poder».

Tras apuntar la posibilidad de que la banda terrorista protagonice «un brutal adiós al modo del que interpretó una facción del IRA en Omag», señaló que España ha vivido un «profundo cambio psicológico colectivo» por el cual se ha desprendido del complejo de culpa, al tiempo que se ha orquestado una ofensiva legal, judicial, policial e internacional contra la banda asesina.

Zarzalejos realizó estos apuntes en el contexto del objeto de su conferencia: el terrorismo islámico, un fenómeno que, subrayó, «es por completo distinto» al que podría considerarse «terrorismo convencional», tanto por su naturaleza como por su procedimiento y propósito.

Así, aludió a uno de los mayores expertos mundiales en estos temas, Bernard Lewis, para apoyar su teoría de que la «revolución iraní» señala un hito histórico comparable al de la Revolución Francesa o Rusa. «Es obvio -dijo Zarzalejos- que no estamos sólo ante un movimiento terrorista; tampoco sólo ante una organización terrorista, sino ante una nueva revolución que algunos grupos pretenden materializar en el enfrentamiento con la civilización occidental».

En este sentido, apuntó que el Islam es un «sistema cerrado» en el que el «otro» es «kafir», -es decir, «infiel»-, lo que le hace impermeable a los valores occidentales. Así, ante un concepto en el que «el Islam lo es todo, y antes que nada, es ley», las dos culturas, la occidental y la musulmana «no encajan». Al hilo de esta reflexión, Zarzalejos destacó que si bien las sociedades islámicas no desean los ataques contra Occidente, éstos vienen propiciados «por un esquema de valores y una petrificación evolutiva en la relación entre el individuo y religión; entre sociedad y confesionalidad».

Zarzalejos considera que además del uso de medios policiales y militares para luchar contra esta nueva forma de terrorismo, es necesario volver a definir y vigorizar los valores en los que se sustenta nuestra identidad colectiva e individual.

Una vez neutralizados los intentos de agresión, es el momento de entablar una interlocución con las sociedades islámicas para que caminen hacia la democratización. Para ello es necesario que los árabes y musulmanes se liberen de la teocracia «y de sus propios dirigentes». «No vale lamentarse de una supuesta islamofobia e instalarse, como ahora ocurre, en la inacción más absoluta para evitarla», concluyó.

POR LA POLÉMICA ENTRE EL CATALÁN Y EL VALENCIANO
Camps acusa al Gobierno de "mediocre" y de arrodillarse ante las presiones de Carod Rovira
El presidente de la Generalidad valenciana, Francisco Camps, tachó este viernes al Gobierno de "mediocre" por la "chapuza" que ha hecho en relación con la polémica del catalán-valenciano y le acusó de "ponerse de rodillas delante de un líder radical", en alusión al presidente de ERC, Josep Lluís Carod Rovira. Además, anunció que preguntará a la UE si el cargo de Javier Solana le da autoridad para decidir sobre temas lingüísticos.
EFE Libertad Digital  19 Noviembre 2004

En declaraciones al programa "La mirada crítica" de Tele 5, Francisco Camps anunció que la Generalidad se dirigirá próximamente a instancias europeas para preguntar "cuál es la cualificación de Javier Solana –secretario general del Consejo de la UE– para decidir sobre cuestiones lingüísticas". Camps se refería así a la carta que remitió Javier Solana oficialmente a todos los gobiernos de la UE comunicándoles el depósito de "las tres versiones lingüísticas" de la Constitución europea realizadas en las lenguas cooficiales reconocidas en España.

Según el presidente autonómico, en su carta a los gobiernos de la UE Solana, "quien no tiene capacidad para decidir absolutamente nada", pone un párrafo de otra carta que recibe del ministro español de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, "para intentar contentar antes del día 22 al Gobierno para su apoyo a los Presupuestos Generales el Estado y que lo único que hace es abrir tensiones". Dijo que Moratinos en su carta le pedía a Solana "que dijese que dos textos están escritos de la misma manera", y pidió "que no nos engañen, porque Solana no tiene autoridad ni filológica ni política para certificar desde la UE nada que tenga que ver con las lenguas, y están intentando engañar a los valencianos y a los catalanes".

En su opinión, lo que hay actualmente en la UE son "cuatro textos con cuatro traducciones, al vasco, al gallego, al valenciano y al catalán", y señaló que lo ocurrido es que el Gobierno catalán "ha decidido copiar el texto que envió el Gobierno valenciano, por lo que habría que preguntar a otra instancia autonómica de nuestro país", en alusión a la Generalidad de Cataluña. Culpó a Carod Rovira de pedirle al Ejecutivo "que incumpla la ley" y expresó su preocupación "porque el Gobierno sea capaz de no cumplir la ley para que alguien que no cree en nuestra Constitución dé unos cuantos votos para aprobar los Presupuestos".

Se preguntó qué pasaría si el líder de ERC exigiese "que no hubiese derecho civil en alguna comunidad que lo tiene; o que exigiese la desaparición de algún tipo de privilegio foral o que se terminase con un tratamiento fiscal determinado" de alguna autonomía, y pidió al resto de CCAA "que dejen en paz a los valencianos".
 

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