AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 21 Noviembre 2004
Todos en traducción simultánea: ¿se trata de eso
ROBERTO L. BLANCO VALDÉS La Voz 21 Noviembre 2004

¿Una nación de naciones
Editorial La Razón 21 Noviembre 2004

Alianza para el Ridículo y otros desatinos
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 21 Noviembre 2004

ETA miente
Editorial Heraldo de Aragón  21 Noviembre 2004

EL CAMINO DE LA MONCLOA
Ignacio CAMACHO ABC 21 Noviembre 2004

TIRANT LO BLAUGRANA
Antonio BURGOS ABC 21 Noviembre 2004

Otras lenguas
Tomás Cuesta La Razón 21 Noviembre 2004

El rey de la selva
Alfonso Ussía La Razón 21 Noviembre 2004

Y a otra cosa
Pilar Cernuda La Razón 21 Noviembre 2004

El valenciano tiene identidad propia
Cartas al Director ABC 21 Noviembre 2004

El Valle de Arán quiere la independencia
D. Valdecantos La Razón 21 Noviembre 2004
 
Todos en traducción simultánea: ¿se trata de eso?
ROBERTO L. BLANCO VALDÉS La Voz 21 Noviembre 2004

LINCOLN Road es una calle peatonal que cruza Miami Beach de este a oeste. Mide algo menos de un kilómetro, pero entre el bullicio de sus galerías de arte, restaurantes y comercios se mueve una multitud que es como una metáfora de América del Norte. Hace poco más de una semana la recorrí con mi familia en busca de un local en que olvidar la pesadilla de unos días a base hot dogs y viví con alegría el brillante espectáculo de media docena de lenguas maniobrando con el único fin de que sus hablantes pudieran entenderse.

Y es que en Lincoln Road se oye hablar en inglés y en español, pero también en el francés de los inmigrantes haitianos, en el italiano de los hijos de los inmigrantes italianos, en el hebreo de su inmensa colonia de judíos, o en el portugués de los miles de brasileños que hacen turismo o se buscan la vida trabajando. Sí, en todas esas lenguas, entre otras: en todas al tiempo y en las más diferentes combinaciones que cabe imaginar.

A nadie se le ocurriría, sin embargo, proponer en Estados Unidos que la lengua oficial del Congreso norteamericano fuera otra que el inglés: y ello por dos razones diferentes. Por puro pragmatismo -pues el inglés es la lengua franca en que se entienden ya o acabarán por hacerlo todas esas comunidades de distinta procedencia- y por sentido de la historia: porque cuanto más plural es un país más necesarios son en él los elementos de cohesión social y cultural.

Abordar en España el debate sobre el cambio del patrón lingüística hasta ahora vigente en las Cortes Generales sin tener en cuenta ese aspecto del problema sería una grave irresponsabilidad de la que, sin embargo, muy pocos de sus impulsores no nacionalistas parecen ser conscientes

Y así, con la ayuda del oportunismo de los unos y la imprudencia de los otros, va ganando terreno, sin apenas discusión, una posición que podría acabar conduciéndonos a lo que hace nada la inmensa mayoría de los españoles hubieran considerado un esperpento: que nuestros diputados y/o nuestros senadores se entiendan entre sí no en el idioma que tienen en común sino a través de los servicios de traducción simultánea de las Cámaras.

Pues el problema no es técnico, como algunos se empeñan en decir para desviar el centro del debate; ni un asunto de costes económicos. Es, por el contrario, un problema que entronca con una cuestión política central: la de si en el lugar donde está representado el pueblo español en su conjunto debe o no mantenerse el más sólido de sus elementos de cohesión territorial: el castellano, la única lengua común en la que los españoles podemos entendernos. Porque de eso se trata: de entendernos. En todos lo sentidos.

¿Una nación de naciones?
Editorial La Razón 21 Noviembre 2004

La postura que mantiene el Gobierno ante la posibilidad de cambiar la Constitución para designar con el término «nación» lo que ahora son «nacionalidades» es ciertamente inquietante. En una entrevista que hoy publica LA RAZÓN, la vicepresidenta primera del Gobierno, Teresa Fernández de la Vega, asegura que, «en principio», no será necesario hacer esta modificación, pero a su vez señala que en caso de que haya que acometerla «no pasa nada». «La Constitución tiene la suficiente fortaleza como para que no pase nada respecto a cualquier reforma que se propusiese», agrega. No parece lógico modificar un texto constitucional con el argumento de que «nunca pasa nada», ya que hay variaciones que van mucho más allá de un simple cambio sintáctico y alteran la esencia misma del documento. De hecho, tal y como expresó ayer con nitidez el presidente del PP, Mariano Rajoy, hacer esa modificación supone en la práctica que «España deje de ser lo que es: una nación con nacionalidades y regiones».

Dice el controvertido artículo 2 que «la Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas». Resulta difícil explicar cómo puede haber «naciones» dentro de una «nación», a no ser que se inscriba todo dentro de una forma de hacer política en la que ni siquiera el presidente del Gobierno tiene claros los conceptos. Esta postura queda aún más en evidencia cuando se compara con la nitidez con la que se ha expresado Rajoy: «Si la reforma va a servir para que España deje de ser lo que es, que no cuenten con el PP». Al menos queda el consuelo de que el Ejecutivo cumpla la promesa que formula Fernández de la Vega en la entrevista: «La reforma de la Constitución debe suscitar el mismo consenso social que cuando se suscribió».

Los malabarismos que pretende hacer el Gobierno en esta materia contrastan con la firmeza que transmite en materia antiterrorista, y que queda perfectamente reflejada en la entrevista de la vicepresidenta. Afirma de forma tajante la número dos de Zapatero que con ETA «no hay nada de que hablar», que no habrá cambios en el pacto antiterrorista, que no se va a reagrupar a los presos, que Batasuna debe hacer una condena «absoluta y expresa» de la violencia, que mientras nada de esto ocurra la única vía posible es la de la Ley de Partidos, la unidad de los demócratas, la eficacia policial, la cooperación internacional... Expresiones todas ellas que huyen del lenguaje ambiguo al que nos tienen acostumbrados muchos políticos (dignamente liderados por Odón Elorza) y merecen el aplauso de todos los que desean el fin de la pesadilla etarra.

Alianza para el Ridículo y otros desatinos
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 21 Noviembre 2004

Es difícil encontrar entre las ya de por sí vacuas y cursis declaraciones de propaganda en política internacional una fórmula más boba que esa “Alianza de Civilizaciones” con que se adorna Zapatero, majadería leve si no proviniera de uno de los países que más ha sufrido el terrorismo de una civilización, la islámica, históricamente enemiga de España y, como puede comprobarse por el número de democracias en los países musulmanes (que es cero) clamorosamente incompatible con la libertad. Sólo faltaba que gobernantes caracterizados por su indigencia intelectual y moral respaldasen la ocurrencia monclovita, y así ha ocurrido en otra cumbre iberoamericana subterránea, de cuyo número ya hemos perdido la cuenta. Que el incompetente Lula y el delincuente Kirchner, ambos amigos del asesino Castro, respalden la infeliz ocurrencia de algún cerebro sociata añade otra prueba más de su inanidad intelectual y la convierte en una auténtica Alianza para el Ridículo. Hubo una época en que los españoles tenían precisamente ese sentido del ridículo que suele evitarlo. Tenían.

Nadie se acordará de la Cumbre de San José en un par de días salvo las víctimas del terremoto, porque a la agresión a la inteligencia se han sumado las placas tectónicas, acaso provocadas por tanta ridiculez. En cambio, a la vuelta a nuestro país, ese que a Zapatero le da lo mismo llamar nación o no, nos tendrá que explicar el grotesco episodio de la ocultación de la carta de Bush, que no por fría y despectiva dejaba de ser una respuesta a la llamada de Zapatero tras su triunfo electoral. ¿Por qué lo ha ocultado la Moncloa? Convenientemente aclamado por el Imperio y el Comando Rubalcaba, el gesto podría haber pasado por la buscada “normalización” de las relaciones con los USA. Pero no. Por lo visto, no consideraron suficiente la limosna postal, que era casi generosa, y se empeñaron en conseguir que Bush le devolviera la llamadita dichosa a ZP. El leonés no tiene ni la más remota idea de política internacional, pero aunque conveniente no es totalmente necesaria. Basta con tener sentido común y elegir a un buen equipo asesor. ZP carece de lo primero puesto que ha sido capaz de elegir a Moratinos para lo segundo. Resultados cantan. Estamos enemistados con Bush pero amigados con Kirchner: lo que se dice una política gran potencia... con permiso de Marruecos.

ETA miente
Editorial Heraldo de Aragón  21 Noviembre 2004

TAMBIÉN la verdad es víctima de ETA . Los miembros de la banda, que tanto han blasonado de mantener su palabra, incluyen en su táctica el falseamiento a conveniencia de los hechos, como avezados jugadores de ventaja. No es difícil imaginar que su objetivo es embrollar los sucesos, entorpecer la investigación de las Fuerzas de Seguridad y obstaculizar la acción de la Justicia que defiende a la sociedad en el Estado de Derecho. Pero el recurso a esas argucias tiene cada vez menos efecto, porque la presunción de veracidad ya no actúa socialmente, excepto en las teatralizaciones de los aliados políticos de la banda, que todavía la vitorean en sus concentraciones.

En horas, las falsas imputaciones y la apariencia que quiso crear el etarra Urrestarazu, asesino confeso según su propio testimonio, han quedado al descubierto, gracias a la acción combinada de la Policía y de los jueces. El detenido mintió en todas sus declaraciones. Acusó a Xabier Balerdi y a Antonio Cobos de ser autores de los asesinatos de Manuel Giménez Abad y Joseba Pagazauntundua, entre otros crímenes, y asumió la comisión de otros que luego ha desmentido, con asistencia de un letrado experto en esta clase de defensas.

Sus mentiras sobre delitos tan monstruosos como abundantes revelan, además de amoralidad y una completa ausencia de estima por la camaradería entre etarras, deseo de ganar tiempo y de que la Justicia y la investigación policial queden manchadas por un error provocado que, de no haber sido tempranamente detectado, podría mermar la confianza de la sociedad en la actuación de la ley y sus garantes y haber inducido a éstos a un encadenamiento de errores. Aunque a través de experiencias tan dolorosas, que no dudan en pisotear los sentimientos de todo un país y de las víctimas de sus empeños criminales, el pronto descubrimiento de la mentira -incluso antes de la comparecencia judicial en la Audiencia Nacional- subraya que la sociedad democrática tiene capacidad moral, política y legal para vencer en la tarea. Si Aragón recibió con alivio las primeras noticias policiales, debe ahora, tras esta nueva y frustrada maniobra del terror, mantener su fundada esperanza en que, más pronto que tarde, los culpables directos e indirectos estarán a buen recaudo.

EL CAMINO DE LA MONCLOA
Por Ignacio CAMACHO ABC 21 Noviembre 2004

QUIENES, desde dentro y desde fuera del Partido Popular, albergan dudas de que Mariano Rajoy tenga fuelle bastante para aspirar con posibilidades serias a la reconquista de la Moncloa, habrán tenido que reconsiderar siquiera parcialmente su pesimismo a la vista del barómetro trimestral del CIS conocido esta semana. No tanto porque el PP haya experimentado en los últimos meses un crecimiento significativo -en realidad, ha bajado más de medio punto en intención de voto-, sino porque el PSOE de Rodríguez Zapatero ha sufrido un desgaste insólito para un partido que acaba de alcanzar el poder: nada menos que dos puntos en sólo tres meses, de julio a octubre. Un descenso francamente inquietante que, a tenor de las bajísimas puntuaciones de los ministros, no es mayor porque el presidente continúa gozando de un extraño estado de gracia que parece protegerle de los desatinos de su Gobierno.

El tono con que Rajoy se empleó el pasado lunes en el Foro de ABC, mucho más comprometido en la crítica de lo que su habitual sensatez acostumbra a aconsejarle, da a entender que el líder del PP ha empezado a sacar conclusiones de los indicios de resquebrajamiento que la demencial agenda del Gobierno provoca en la imagen del PSOE. El énfasis gubernamental en problemas ajenos a los de la mayoría de los españoles -matrimonio homosexual, reformas constitucionales y estatutarias, educación islámica, polémicas lingüísticas- y la rara propensión de los ministros a meterse en líos con anuncios confusos de globos sonda y rectificaciones express prometen, en efecto, un campo fértil en el que labrar una oposición razonable.

Resulta incomprensible que, mientras la mayor parte de los ciudadanos continúa esperando propuestas serias sobre cuestiones decisivas para su vida y desarrollo -impuestos, educación, salud, comercio, empresa-, la agenda del Gobierno esté ceñida a las reivindicaciones de colectivos sociales minoritarios y de aliados oportunistas como Carod-Rovira, dispuestos a rebañar en su beneficio la inestabilidad parlamentaria del Ejecutivo, al que no duda en situar al borde de la humillación en cuestiones simbólicas de menor rango, como la polémica del valenciano. La sensación de que el gabinete de Zapatero circula por un carril lateral al margen de los problemas reales de la vida española aumenta en la opinión pública a medida que el tiempo pasa sin que el Gobierno sea capaz de confeccionar un programa de trabajo adecuado a las demandas de un país necesitado de impulso político para sostener su papel en el concierto europeo. Sólo el crédito personal del presidente -fruto del éxito de su estrategia gestual, el célebre talante- mantiene a los socialistas con una diferencia sensible respecto a un PP que aguanta bien el siempre difícil período de reconstrucción tras su inesperada derrota de marzo.

Es posible, sin embargo, que este desgaste gubernamental impropio de un poder recién estrenado pudiese reflejarse de un modo más agudo en las encuestas si la oposición se hallara en condiciones de centrarse en la crítica a la inexistencia de un proyecto de gobierno, tal como Rajoy apuntó en su comparecencia citada. Ocurre, sin embargo, que la sombra del 11-M proyecta aún sobre la vida nacional un espacio de penumbra y confusión que impide al PP apretar con más fuerza las tuercas que los socialistas se van dejando sueltas por el mapa político.

La necesidad de aclarar las dudas sobre el atentado es tan manifiesta como la propia existencia de esas dudas, acrecentadas con la aparición de la cinta del confidente asturiano que advertía de una trama de tráfico de explosivos tres años antes de la masacre. Pero mientras la tragedia de marzo presida la agenda nacional, la opinión pública permanecerá más o menos en el mismo punto de división que cristalizó tras el atentado. De alguna manera, el empeño del PP por limpiar su imagen y demostrar que la presencia de ETA en la autoría intelectual de la matanza no es una quimera ni un fruto de la manipulación de Aznar, está lastrando las posibilidades de sacar mucho más partido de la debilidad y los errores del Gobierno, al situar el debate político ocho meses atrás, en un episodio cuyo alcance conmociona la conciencia nacional.

En este sentido, la comisión parlamentaria se ha vuelto en contra de los intereses del PP, que sin embargo es rehén de su propia voluntad inicial y no puede avenirse a cerrarla pese a que sus más lúcidos dirigentes entienden ya sin reservas que su permanencia sólo sirve para proporcionar al PSOE un oxígeno que de otro modo le faltaría. Aun en el caso de que la intervención de ETA o de algún otro factor oculto pudiera demostrarse -hasta ahora se trata como máximo de una certidumbre moral para muchos-, es dudoso que ese dato pudiese volcar retroactivamente la opinión nacional de una manera decisiva. En cierto modo, el estancamiento del PP en las encuestas pese al desgaste del Gobierno prueba que quienes están ya convencidos de que el terrorismo etarra tuvo que ver con la masacre son los mismos que apoyarían al partido incluso en la hipótesis de que la versión oficial de la exclusiva autoría islámica resultara cierta y, sensu contrario, no parece que los partidarios del PSOE vayan a torcer su inclinación por el hecho de que se evidenciara que el primer diagnóstico de Aznar y Acebes era más real de lo que aparentaba la secuencia de los hechos en aquellas horas dramáticas.

La investigación del 11-M ha de seguir por todos los medios, incluida por supuesto la decisiva participación de los medios de comunicación, pero, como dijo esta semana en la comisión Ignacio Astarloa, el ex secretario de Estado de Interior, puede que sólo estemos al principio de ese largo curso lleno de sorpresas. Precisamente por ello el PP ha de centrarse en un trabajo de oposición cotidiana que le permita ir cerrando la brecha que aún le separa de los socialistas, lo que a tenor de la errática deriva gubernamental no parece en la actualidad demasiado difícil.

Rajoy ha comenzado a marcar la línea, y la torpeza de Zapatero y sus ministros le facilita la tarea. El conocimiento de la verdad sobre la matanza de marzo es imprescindible porque despejaría de demonios la conciencia colectiva, pero a la Moncloa se llega por otro camino, señalado por una flecha que pone «futuro».      director@abc.es

TIRANT LO BLAUGRANA
Por Antonio BURGOS ABC 21 Noviembre 2004

FUE precioso. Una maravilla de rigor científico. Con su cara de pasa de uva de Almería, María Teresa Fernández de la Vega salió a eso a lo que ahora todo el mundo sale, a la palestra, y proclamó solemnemente:

-Perdonen, es que no nos habíamos dado cuenta. Pero tengo que decirles que el valenciano es ¡igualito, igualito, igualito que el catalán! Vamos, que no puede haber dos cosas más iguales. ¡Idénticos! Dos gotas de agua son la noche y el día al lado de lo que se parecen el valenciano y el catalán. ¿Qué digo parecerse? ¡Como que son lo mismo!

No habré, pues, de ser menos que la vicepresidenta. A cesión ante el chantaje de los republicanos separatistas o a camisas de once varas de medir la lingüística con el oportunismo político no hay quien me gane. Yo ya sabía que eso del valenciano es un mote que le tienen puesto al catalán al sur de Tortosa. Yo ya sabía que Carod y la comunidad científico-lingüística estabulada en los pesebres de la Generalidad tenían toda la razón. Si visitan mi modesta biblioteca y miran el anaquel de literatura en otras lenguas peninsulares, junto al galaico «Catecismo do Labrego» hallarán un libro cuyo lomo retitulé hace mucho tiempo, etiquetándolo con un adhesivo. Se trata del famoso «Tirant lo Blaugrana», obra cumbre de la literatura universal, que cuatro catetos conocen equivocada e interesadamente como «Tirant lo Blanc», por el color de la camiseta del Valencia, claro. Cuando en la Universidad de Princeton descubrieron ya que ese Tirant lo Blaugrana es más catalán que la cruz de San Jorge que acaba de rechazar Albert Boadella.

Estoy muy agradecido a este Gobierno que sabe tanto de lingüística y que mandó a los albañiles a Ferdinand de Saussure. Su proclamación sobre la lengua valenciana ha confirmado todas mis sospechas. Yo ya sabía que no hay nada más catalán que las Fallas. Las famosas Fallas de Barcelona. Catalanas por los cuatro costados por los que arden en la noche de San José. Como es completamente catalán el Tribunal de las Aguas, que se reúne, como es sabido, en el atrio de la Catedral de Gerona y habla un catalán, vamos, que ni Pompeu Fabra con negra blusa huertana. Menos mal que este Gobierno hace también justicia a la paella, a la famosa paella catalana, que cuatro chuflas de horchata de chufa habían hecho creer al mundo que era valenciana.

Y hecho este descubrimiento lingüístico universal, pienso que el Gobierno no debe pararse en barras, en barras del Reino de Aragón usurpadas por la bandera catalana, ni quedarse entre el Ebro y el Turia. El mundo entero está pendiente de sus hallazgos. El problema energético mundial podrá solucionarse el día que Fernández de la Vega anuncie que el gasoil y la gasolina son una y la misma cosa. Nuestras relaciones con los Estados Unidos quedarán plenamente normalizadas cuando proclame que la Coca Cola y la Pepsi Cola son como el valenciano y el catalán: ¡igualitas, igualitas, igualitas! El comodísimo igualitarismo debe llegar a todos los ámbitos de la cultura, de la economía, de la sociedad. Picasso y Dalí son lo mismo, como son lo mismo Murillo y Velázquez, BBVA y SCH, Roma y Cartago, Julio Iglesias y Alejandro Sanz, Lutero y Torquemada, Joselito y Belmonte, Sony y Grundig, Cánovas y Sagasta, Zara y Loewe, Sevilla y Betis, Fanta Limón y Fanta Naranja, Vega Sicilia y Don Simón, Chinchón y Cazalla, turista y preferente, gambas y langostinos, Enrique Ponce y El Bombero Torero.

Y, si se pone, hasta podrá este Gobierno cambiar el lema que Rodríguez Ibarra ha escrito en las vallas publicitarias de su Junta extremeña: «No seas cateto. Ven a la tierra donde resulta que los valencianos hablaban catalán, y ellos sin saberlo».

Otras lenguas
Tomás Cuesta La Razón 21 Noviembre 2004

Intentar colocar al catalán y al valenciano un yugo filológico para que aren en común como una yunta de bueyes no sólo es una memez de tres al cuarto, sino también una pérdida de tiempo. A todo lo más que llegaríamos, muy probablemente, sería a constatar que el catalán es el idioma valenciano que se habla en Cataluña y el valenciano es el idioma catalán que se habla en Valencia. Pero aquello que puede dar tanto de sí para que los especialistas se entretengan, se envenena en cuanto lo político se mete de por medio.

No estamos asistiendo a una confrontación de lenguas, sino a un choque frontal de identidades, a un trágala que nada tiene que ver con lo académico. El nacionalismo, escribía Ernest Gellner, emplea la semejanza cultural como principio básico y constituyente. Y el nacionalismo radical aún va más lejos al transformarla en condición imprescindible para asegurar la pertenencia al grupo, para legitimar la conquista de «lo nuestro». Las aspiraciones de los nacionalistas radicales –concluye el antropólogo– quedan desbaratadas cuando las fronteras culturales no son homogéneas. De ahí que lo que pretende el señor Carod-Rovira (con la aquiescencia cómplice de Maragall y Zapatero) no sea subsanar un disparate sino proceder a una ocupación (o a una «Okupación») en toda regla.
La vieja teoría de los Países Catalanes está tan vista que ya no engaña a nadie y el propio Joan Fuster, en sus últimos años, renegaba de ella. Por eso Maragall, que es un pillín y un consumado vendepeines, ha urdido ese camelo de la Euroregión mediterránea a ver si echando agua al vino peleón alguien apura el cáliz hasta las mismas heces. El Molt Honorable President y sus secuaces de Esquerra aspiran a ensanchar el «hinterland» lingüístico hasta que sus vecinos juren no sobre la Constitución sino sobre el Pompeu (un diccionario que deberían usar más quienes ensucian aquello que defienden).

Y olvidando, de paso, que esos españoles que habitan y conviven en el reino de Valencia se autodeterminaron cuando, al votar el Estatut, decidieron que su lengua cooficial no era el catalán precisamente. ¿Qué pasa, que son tontos, o que no tienen derecho? Pues así están las cosas, aunque los chantajistas planeen como buitres sobre Rodríguez Zapatero.

El rey de la selva
Alfonso Ussía La Razón 21 Noviembre 2004

El presidente del Gobierno no ha entendido la película «Bambi». Y la ha visto quinientas veces, según sus palabras. «Es muy curiosa la vida. Yo tengo dos hijas, una de diez años y otra de ocho. La mayor, vio ‘‘Bambi’’ unas quinientas veces, y yo con ella. ¿Y cómo termina ‘‘Bambi’’? Se convierte en el rey de la selva, pero la gente sólo ha visto la parte sentimental». Ante todo, debo reconocer que me preocupa mucho tener de presidente del Gobierno de España a un señor que ha gastado más de seiscientas horas de su vida viendo la película de Walt Disney «Bambi».

Yo la ví una vez de niño y no me pareció nada del otro mundo. Y también, como el señor Rodríguez Zapatero, la soporté con y por mis hijos que también eran pequeños, en una segunda ocasión. Ni mis hijos ni yo le concedimos a «Bambi» la tercera oportunidad. Ahora comprendo muchas cosas. Un señor que ha visto quinientas veces «Bambi» es lógico que tenga un ministro como Moratinos, un socio como Maragall y un jefe como Carod-Rovira. Pero lo malo no es eso. Lo malo es que no ha entendido la película, que dicho sea de paso, no es difícil de interpretar. «Bambi» es un cervatillo. Tiene un amigo que es conejo y se llama «Tambor». Si me equivoco me corrige, señor Zapatero. «Bambi» quiere muchísimo a su madre, que es una cierva muy buena y cumplidora. «Tambor» es también muy cariñoso con los suyos, los conejitos. «Bambi», su madre y «Tambor» no viven en la selva, sino en el bosque. En la selva vivía «El Rey León», por ejemplo, también de Walt Disney, y que estoy seguro de que la habrá visto Zapatero unas doscientas veces, probablemente en compañía de sus hijas, que son las que nos gobiernan según parece y se ha demostrado en alguna ocasión. «Bambi» no conoció la selva jamás. Ni la del Amazonas, ni la africana, ni la de Borneo. Y ahora viene lo terrible.

Un día, los cazadores matan a la madre de «Bambi» Y cuando está desesperado, aparece el padre –que podía haber sido algo más cariñoso con su hijo, dicho sea de paso–, y le anima a huir y a formarse para llegar a ser un día como él, un venado de tronío. Y la película termina cuando «Bambi» se ha convertido en un ciervo poderoso y rotundo, pero no en el rey de la selva. Le tengo que prestar a Zapatero un interesante libro de Alexander Lake «La vida y la muerte en la selva», en cuyas páginas el autor demuestra que el león no es el rey de la selva, y sí el elefante. Estoy de acuerdo con Alexander Lake. El elefante africano (Loxodonta Africana) domina al león (felis leo) siempre que uno y otro se encuentran, ya sea en la selva o en la sabana. Pero el ciervo, por muy «Bambi» que sea y Zapatero haya visto su película quinientas veces, sólo o en compañía de sus hijas, no es rey en parte alguna. De ahí que mi deber no puede ser otro que pedirle al presidente del Gobierno que vea «Bambi» una vez más. Y que se fije. Que no se ría tanto con las travesuras de «Tambor» y se concentre en la trama, el meollo argumental y el posterior desenlace. Pero que la vea a solas o con Moratinos, a salvo de la influencia de las niñas.

Y a otra cosa
Pilar Cernuda La Razón 21 Noviembre 2004

Lo ha dicho Carod: «Por nuestra parte, pacto cumplido, satisfacción completa y a otra cosa». Antes había amenazado: o alguien del Gobierno afirma públicamente antes del 22 de noviembre que el valenciano es catalán, o no apoyamos los Presupuestos Generales del Estado. Pues tuvo su respuesta, el Gobierno considera que en Valencia se habla catalán, así que Carod se ha salido con la suya y el Gobierno también, salvará los Presupuestos sin problema. Dicho esto, hay muchas preguntas que hacerse, la primera de ellas qué se hace con el Estatut, que dice muy clarito que allí se habla valenciano. Lo segundo, a ver qué se inventa la vicepresidenta para lavar su imagen, vaya papelón el suyo. Más preguntas: cuando un gobierno se somete a un chantaje público como el que lanzó Carod Rovira ¿Estamos ante un Gobierno creíble? Recordemos además la frase de Carod Rovira «... y a otra cosa». ¿A qué cosa? ¿Qué más va a exigir y qué más le va a ofrecer el Gobierno en bandeja para que no le deje en minoría?
Algunas decisiones de este Gobierno producen una incomodidad superlativa. Nada hay que provoque menos respeto que el entreguismo político empeñado en demostrar permanentemente que tiene la sartén por el mango y el mango también.

El valenciano tiene identidad propia
Cartas al Director ABC 21 Noviembre 2004

El Gobierno planea modificar algunos artículos de la Constitución, lo que me parece muy acertado, pues en 26 años han sido muchas las cosas que han quedado un tanto desfasadas; no obstante, también debería preocuparse por no actuar anticonstitucionalmente. En los últimos días se está discutiendo la posibilidad de llamar al valenciano, catalán.

Pues bien, les aconsejo que lean el artículo 3.3 de la Constitución española donde literalmente se afirma que todas las lenguas que tenemos en España merecen ser respetadas como tales, por lo tanto, ¿por qué debería el valenciano dejar de ser valenciano para convertirse en catalán? Este hecho llevaría a que literatos valencianos se consideraran catalanes, y como consecuencia, entre muchas otras cosas, Valencia carecería de una literatura propia. Esto es una cuestión de sentimentalismo, aunque parecidas, tienen sus diferencias, y por supuesto, tienen su historia, la cual quedaría plenamente truncada si finalmente el Gobierno accediera a las presiones de ERC. ¿Qué pasaría si los madrileños quisieran que el andaluz dejara de llamarse andaluz para llamarlo madrileño? Obviamente, el español que hablamos es el mismo, pero el acento es diferente, por tanto, no se estaría ni respetando, ni protegiendo esa lengua.    Patricia Albella Ortolá.    Madrid.

El Valle de Arán quiere la independencia
La comarca ilerdense exige que se haga efectivo ese reconocimiento en la reforma del Estatuto catalán que está negociando Maragall
D. Valdecantos La Razón 21 Noviembre 2004

La tradicional estampa navideña de la Familia Real practicando uno de sus deportes favoritos en Baqueira-Beret podría convertirse en una visita oficial a un país vecino. O al menos eso es lo que pide el Valle de Arán, que ha expresado su deseo de que en el nuevo estatuto de autonomía catalán se reconozca su singularidad como país.
Así, el proceso de reforma del estatuto no sólo trae de cabeza al tripartito, ahora, la localidad ilerdense, también quiere sacar partido a la redacción del documento para que se plasmen en él sus «hechos diferenciales», porque, aunque muchos lo ignoren, el Valle de Arán también quiere ser independiente.

Lo que en primer momento puede parecer una petición con escaso fundamento y algo repentina, no lo es tanto, y es que, el Valle, según su Consejo General, posee un territorio, una lengua, así como una historia y una cultura propias, de hecho, además de capital, Viella, también tienen su propio «himno nacional» y su bandera oficial.

Los «aranistas» explican que su personalidad independiente comienza a fraguarse en el siglo XII, en 1.175 concretamente, cuando formaban parte de la Corona catalano aragonesa y la establece su territorio, ligado por su situación geográfica a tierras gasconas y a la «gran familia occitana». No obstante, sus aspiraciones no han surgido de la nada ya que, desde 1990 el Valle de Arán, se rige por un régimen especial reflejado en la ley 16/1990 de trece de julio. en la que se estableció la cesión de competencias en materia de educación, sanidad, cultura, servicios sociales, ordenación de territorio, turismo, agricultura, ganadería y pesca.

Esta misma ley, ratificó la cooficialidad de la lengua aranesa junto con el catalán y el castellano en Cataluña y estableció su enseñanza en las escuelas dentro de su compromiso de respetar y proteger el aranés. En el artículo 3 de dicha ley se estipula que «El Valle de Arán no podrá estar incluido en ninguna división territorial propia de Cataluña que no sea él mismo».

Ahora, lo que quieren es darle otra vuelta de tuerca a ese tratamiento especial y han optado por conseguir ya definitivamente la declaración expresa que les diferencie como nación.

Esta actitud se refleja en internet, en algunos foros se repiten comentarios nacionalistas como «Arán no es Cataluña» o «Independencia ya».

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