AGLI

Recortes de Prensa     Jueves 25 Noviembre 2004
GLOSADORES DE ETA
Editorial ABC 25 Noviembre 2004

LOS COMPADRES DE ZP
César Alonso DE LOS RÍOS ABC 25 Noviembre 2004

¡Qué tino!
Tomás Cuesta La Razón 25 Noviembre 2004

¿Desentona Moratinos en el Gobierno de ZP
EDITORIAL Libertad Digital 25 Noviembre 2004

El Gobierno del rencor, el sectarismo y la mentira
Isabel Durán Libertad Digital 25 Noviembre 2004

«Països catalans»
Manuel Martínez López La Razón 25 Noviembre 2004

La carta de Rosa Díez
Iñaki Ezkerra La Razón 25 Noviembre 2004

Ibarra: perseverar en el delito
Lucrecio Libertad Digital 25 Noviembre 2004

¿Por dónde quieren cortar
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 25 Noviembre 2004

Cerezas podridas
José García Domínguez Libertad Digital 25 Noviembre 2004

El mal de la contradicción
Editorial El Ideal Gallego 25 Noviembre 2004

Francisco Caja o el silencio cómplice del régimen au tonómico.
Cartas al director (enviada a) Libertad Digital 25 Noviembre 2004

Las afinidades de Zapatero
Cartas al Director ABC 25 Noviembre 2004

El Gobierno avala que el topónimo La Coruña es legal
Redacción / A Coruña El Ideal Gallego 25 Noviembre 2004
 

GLOSADORES DE ETA
Editorial ABC 25 Noviembre 2004

LA capacidad de autoengaño con ETA y Batasuna no tiene límites en algunos personajes de la vida política española. El problema es que siembran confusión e inducen a la opinión pública a tener por ciertas sus ficciones. A los etarras ya ni siquiera les hace falta anunciar formalmente una tregua para que algunos crean que se merecen un ofrecimiento de diálogo. A Arnaldo Otegi tampoco le hace falta condenar el terrorismo ni desvincular realmente a la izquierda abertzale de ETA para reclutar glosadores que le atribuyan virtudes pacificadoras que no aparecían en su discurso del velódromo de Anoeta.

Lo sorprendente -y, al mismo tiempo, desolador- es que en este papel de animadores de expectativas falsas sobre ETA coincidieran el presidente del Gobierno extremeño, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, y el líder independentista catalán, Josep Lluís Carod-Rovira. Ambos se atrevieron a señalar que ahora es el momento de hacer «una oferta de paz» a ETA, aunque ayer mismo Rodríguez Ibarra quiso cambiar lo dicho y aclaró que sólo pensaba en que los etarras entregaran las armas «o los destrozamos». Ante las cámaras de la primera cadena de Televisión Española, Rodríguez Ibarra dijo lo que dijo: calificó el discurso de Otegi como «importante», porque Batasuna, a su peculiar juicio, «toma la decisión de liderar el proceso político de la violencia». Rodríguez Ibarra es el único político, fuera del ámbito de la izquierda abertzale -hasta el PNV expresó su escepticismo con más claridad- que ha concedido tanta credibilidad a Arnaldo Otegi. Otros, incluso en su partido, han tenido más cuidado. Pero sólo hubo un discurso del dirigente proetarra, y estaba destinado no a proclamar la paz, sino a levantar la cabeza del entramado batasuno en un momento de profunda crisis política y financiera y a sembrar confusión entre los crédulos. Le faltó tiempo a ETA para pinchar el globo de las conjeturas y anunciar que el Ejército y las Fuerzas de Seguridad del Estado seguían siendo objetivos de su violencia terrorista.

De este comunicado, Rodríguez Ibarra no dijo nada. De Carod-Rovira se puede esperar cualquier complacencia con ETA, porque está en su papel. Pero Rodríguez Ibarra, quizá ofuscado por su campaña personal a favor del indulto a Rafael Vera, se introdujo temerariamente en el peligroso laberinto de interpretar a los etarras y especular con sus intenciones, paradójica reacción de quien no hace mucho salía en defensa de los condenados por el «caso GAL». Lo hizo con profunda ignorancia de la realidad de ETA y de sus prioridades, despreciando incluso el tenor literal del discurso de Otegi y apelando a su viejo argumento de que a la banda terrorista hay que dirigirle un ultimátum, el enésimo que propone el presidente extremeño, como si en 1998 no hubiera habido tregua etarra, conversaciones con el Gobierno y vuelta al terrorismo. Por si fuera poco, Rodríguez Ibarra culpó al Partido Popular de impedir al Ejecutivo socialista aprovechar esta supuesta oportunidad para la paz, tachando injustamente ante la opinión pública la imagen de un partido que, en sus ocho años de Gobierno, lideró con éxito incuestionable, y sólo con la aplicación de la legalidad, la lucha contra ETA y que sí supo atender la posibilidad de un cese definitivo del terrorismo en cuanto la banda terrorista anunció su tregua indefinida.

Ibarra es un locuaz y sus manifestaciones televisivas, una metedura de pata, pero puede crear el ambiente de normalidad y expectativa que quiere Batasuna para recuperar la legalidad y situar el discurso de la pacificación del País Vasco en manos de ETA. A su manera, casi caricaturesca, Ibarra, junto con Carod, ha contribuido a hacer verosímil la propaganda batasuna de que algo se está moviendo, aunque no sea para bien de la paz. También lo han hecho otros dirigentes socialistas del País Vasco, que parecen estar preparando el terreno para dar naturalidad a nuevas relaciones políticas transversales, que requieren previamente la rehabilitación de la izquierda abertzale como interlocutor político. Por ahora, algunos le hacen gratis a Batasuna la propaganda.

LOS COMPADRES DE ZP
Por César Alonso DE LOS RÍOS ABC 25 Noviembre 2004

POSIBLEMENTE el juicio más duro que haya podido hacerse a la política internacional de Zapatero y Moratinos han sido los elogios de Chávez. Al calificar el enfrentamiento del Gobierno español con Estados Unidos como una «liberación», y al saludar la capacidad de Zapatero para desembarazarse del yugo norteamericano, el caudillo venezolano ha dado la medida del populismo del PSOE. Sin duda ha sido también una de las mayores humillaciones que ha sufrido en estos últimos tiempos la Nación española. Hemos caído del trato con Bush al compadreo con el golpista Chávez y el dictador Castro. De las Azores, a Caracas y La Habana.

¿Tienen sensibilidad ZP y Moratinos para ver las cosas así o están tan degradados que se sienten a gusto con el lenguaje y el talante de Chávez y con la amistad de Castro?

Yo sé que el socialismo español está hecho trizas. Durante todos estos últimos años he visto con preocupación cómo había una vuelta muy peligrosa a las fuentes del socialismo por encima de las experiencias socialdemócratas; cómo la incapacidad para pactar con el sistema llevaba a aproximaciones aberrantes a cualquier tipo de alternativas, por ejemplo, al islamismo; cómo la lucha por el poder judicial ha puesto otra vez de moda el uso alternativo del Derecho; cómo la necesidad por diferenciarse y ganar espacio a la derecha ha conducido al sectarismo antirreligioso y anticatólico; cómo la indiferenciación de clases ha llevado a la búsqueda de caladeros electorales tan extraños a la izquierda como las minorías sexuales; cómo la conquista del poder los ha llevado a aliarse con los nacionalismos etnicistas... Pero, a pesar de todas estas derivaciones peligrosas y extravagantes, uno deseaba pensar que a la izquierda, al PSOE concretamente, podría quedarle un cierto pudor, unas razones estéticas si se quiere, para no volver a exponerse a experiencias populistas como la musoliniana, la peronista, e irse apartando de casos putrefactos como el de Cuba.

EN los años sesenta la izquierda europea tuvo un acercamiento al «tercer mundo» y a los países no alineados gracias a la guerra fría. Es cierto que bajo el discurso moral de los Bertrand Russell se pudieron camuflar totalitarismos como el de Tito o Castro. Hoy sólo queda un Partido Socialista en Europa que juegue al populismo y que pueda mantener relaciones serias con fórmulas tan degradadas como la de Chávez: el PSOE.

EL viaje de Chávez, la relación con Castro y la admiración por el desaparecido Arafat nos colocan ante un Partido Socialista que con razón puede fagocitar a Izquierda Unida y no dejar ni rastro de ella. La emergencia de este socialismo primitivo y populista no sólo nos enfrenta a Estados Unidos: nos alinea al resto de Europa. El antiamericanismo de ZP nos saca fuera del contexto temporal. En España hay que buscarle un precedente en Blas Piñar, y para encontrar un Ministerio de Exteriores más nefasto que el de Moratinos tendríamos que remontarnos al Frente Popular. Con razón las marchas por la paz organizadas por Jiménez, Chacón y Pajín tenían un aire extemporáneo y con razón podíamos ver un odio en los rostros de los manifestantes que nos recordaba el propio de una guerra civil y que, con razón, habíamos creído superado desde los años sesenta.

Zapatero y Moratinos han tenido el arte de enfrentar a España con la mayor potencia del mundo; han colocado a ésta en un papel subordinado respecto a Francia, que por razones obvias es nuestro enemigo natural (santuario de ETA durante décadas, sirena que canta al nacionalismo catalán, parte de la pinza con Marruecos); han malbaratado nuestros privilegiados vínculos con Iberoamérica. Pero, sobre todo, han rebajado el socialismo al antiamericanismo primitivo, al populismo prefascista. ¿De qué valdría la dimisión de un ministro en estas circunstancias?

¡Qué tino!
Tomás Cuesta La Razón 25 Noviembre 2004

Según las opiniones expresadas por el señor Anasagasti en «Sabino Arana. Dios, patria, fueros, rey. ¿Un Dios o un loco?» (Documental que se estrenará en Bilbao la próxima semana), la partera siniestra del nacionalismo vasco no fue un loco en modo alguno, ni era tan perverso como algunos suponen, ni siquiera, como la paloma de Rafael Alberti, se equivocaba. «Arana –asegura Anasagasti– supo conectar con un sentimiento que estaba ya en la calle.

Era un gran publicista y un personaje que sabía exactamente lo que la sociedad le demandaba». Nunca le agradeceremos lo bastante ese brusco arrebato de sinceridad a Iñaki Anasagasti. Por si aún nos quedaba alguna duda, ahora sí que lo tenemos claro. Lo que se dice blanco y en botella. O verde y con asas. Los méritos que el ex portavoz del PNV le atribuye al padre fundador de su secta partidaria podrían trasladarse, punto por punto, a Joseph Goebbels, el ministro de propaganda hitleriano, sin cambiar una tilde ni desviarnos un milímetro del corazón de la diana. Goebbels y Arana, «même combat», por rescatar las esencias juveniles del sesentayochismo revolucionario.

Es evidente que, como publicista (respetando el eufemismo que emplea Anasagasti), Goebbels era infinitamente superior a Arana. De siempre ha habido clases, qué le vamos a hacer, incluso entre la casta de los criminales. Pero ambos coinciden en destilar los sentimientos para hacer un licor al gusto de las masas. Arana (y lo ha demostrado cumplidamente Iñaki Ezquerra en un libro inexcusable) no puso en marcha un nacionalismo autoritario (al estilo de los que encabezaron Mussolini o Franco), sino un totalitarismo en toda regla en el que los elementos sustanciales de la ideología nazi estaban en fila india y en negro sobre blanco: el racismo, las referencias míticas, la invención de la Historia como justificación y coartada... Los panfletos de Arana los firmaría Hitler, añadiendo una pizca de rigor germano. Y, aireándolos del tufo a sacristía, incluso el propio Stalin.

Y luego nos quejamos de la doblez peneuvista y de esa interpretación hipócrita y artera que hace del juego democrático. No hay como descifrar la literalidad del enemigo para que acabe cantando la gallina en menos que canta un gallo. Ahora vendrá el turno de las explicaciones y el arte de atar la boina por el rabo. ¡Que tino has tenido con Sabino, Anasagasti!

¿Desentona Moratinos en el Gobierno de ZP?
EDITORIAL Libertad Digital 25 Noviembre 2004

Si es verdad lo que dice De la Vega, veremos con más claridad que la persona que preside nuestro Gobierno no desentona con la persona que ocupa su cartera de Exteriores. Y que desentona, cada vez menos, con quien preside Venezuela" Hasta cuatro veces ha eludido el presidente del Gobierno pronunciarse ante las injurias televisadas y lanzadas contra Aznar por el ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos. Sabemos, no obstante por la vicepresidenta De la Vega, que Zapatero no piensa cesarlo en el cargo, tal y como se pedía desde las filas del PP. Para colmo, lo único que ha hecho ZP aprovechando una desafortunada intervención de un Rajoy dispuesto a tratar el asunto en otro momento, ha sido una cobarde referencia al asunto —cuando el líder del PP ya no disponía de turno de réplica— , conectándola nada menos que con la crisis abierta que se vive en el PP ilicitano...

En cualquier caso, a nosotros no nos sorprende la actitud de ZP de sostener y no enmendar la bochornosa actitud de quien, como ministro del Exterior, se supone que tiene que ser el máximo responsable de la buena imagen de nuestro país en el exterior, por mucho que Moratinos no haya dudado en echarla por los suelos con mentiras sobre su anterior presidente de Gobierno.

Aunque posible y más que merecido, lo extraño hubiera sido para nosotros ver a Moratinos cesado fulminantemente por quien no enmendó, sino que se aprovechó, de lo que hizo con luz y taquígrafos el PSOE del 11 al 14M; o por quien no dudó en dejar en la estacada a sus aliados contra el terrorismo tras la mayor masacre terrorista perpetrada contra nuestro país; o por quien es capaz de tener como socio de gobierno a una formación que equipara la esvástica con la bandera de España y que, con tal de contentarlos, es capaz de negar a España como nación.

Quien no se enfrenta, sino que pacta su gobierno con quien, como Carod Rovira, va a hablar con ETA para ver como colaboran juntos en “la crisis del Estado español” y que, años atrás, pedía por escrito a los terroristas que mataran mirando al mapa, porque Cataluña no es España, bien podría —es cierto— maquillar ahora su trayectoria negándose finalmente a indultar “políticamente” a Moratinos, tal y como parece que ZP se ha negado penalmente a hacerlo con Vera.

Pero si el presidente del Gobierno no lo cesa, tal y como nos asegura De la Vega, tampoco es para extrañarse. Simplemente, veremos con más claridad que la persona que preside nuestro Gobierno no desentona con la persona que ocupa su cartera de Exteriores. Y que desentona, cada vez menos, con quien preside Venezuela. Sonrisas y boleros.

Indigno Moratinos
El Gobierno del rencor, el sectarismo y la mentira
Isabel Durán Libertad Digital 25 Noviembre 2004

Había que armarla antes de la comparecencia de José María Aznar ante la comisión de investigación del 11-M. Había que asestar un golpe de efecto de relevancia internacional en el talón de Aquiles del político popular para arrastrar su imagen por los suelos antes de que durante largas horas las televisiones, radios y periódicos de España y buena parte del extranjero centren sus focos de atención en la persona del ex presidente del Gobierno cuyo partido perdió las elecciones tras una brutal masacre.

A ello se prestó Miguel Ángel Moratinos olvidándose que es el ministro de Asuntos Exteriores de todos los españoles, no del PSOE y de sus aliados independentistas radicales de izquierda. Moratinos ha ensuciado su cargo trufándolo de sectarismo indigno al olvidar que su única y fundamental misión es la de representar a España. Moratinos se ha convertido en el titular del infundio, la patraña y la farsa.

Acusar a José María Aznar de golpista desde la televisión que pagamos todos los españoles es, además de mentir a sabiendas de que se miente, acusar a la Unión Europea de golpista. Aznar era el presidente de turno de los Quince cuando, según Morotinos, apoyó el golpe contra Chávez y, por lo tanto, sus actos lo eran también los de la Europa comunitaria. Para el Gobierno de Rodríguez Zapatero y su indigno Moratinos todo vale con tal de ensuciar la imagen del anterior presidente.

Si el Ejecutivo Zapatero tiene acreditado haberse convertido en el más radical de izquierdas, anticlerical y sectario de la reciente historia de la democracia, ahora llevará en la solapa el galón de la indignidad, la calumnia y el embuste. Lo dicho por el tramposo e indigno Moratinos demuestra únicamente el enorme nerviosismo de La Moncloa ante la reaparición en escena del único presidente de la Historia que abandonó el puesto por voluntad propia y que ni saqueó, ni robó ni secuestró ni mató, como ocurrió en la etapa socialista que le precedió.

«Països catalans»
Manuel Martínez López La Razón 25 Noviembre 2004

No, no es la «palabra», «divina palabra», la que separa y divide a Valencia y Barcelona. Suenan de nuevo los ácidos clarines por los cuatro cantones de este perenne Reino, el «Regne de Valencia». ¡Països catalans! ¿Qué dirían si desde San Millán de Suso a la Chihuahua, del Altiplano a Patagonia, en aras de una similar o si se quiere idéntica lengua, se clamase por la unidad política de los «Països hispánicos»? Los nuevos Cortés, Pizarro, Almagro o los Valdivia serían, sin duda, corridos a gorrazos.

Jaume I, Don Jaume el Conqueridor, se hizo acompañar para la conquista de estas tierras de nobles aragoneses que ansiaban una salida al mar y de burgueses catalanes ávidos de ampliar sus mercados. Pero pronto captó la voracidad de unos y de otros y declaró a esta tierra «Regne», Reino autónomo. Cuando en 1240 le confirió una Ley constitucional propia, «Costum de Valencia», que derivaría en «Els Furs» de 1261 sustituyendo el Fuero de Aragón, provocó la indignación de aquéllos, quienes pusieron el grito en el cielo. El «Llibre dels Fets», en los capítulos a partir de la conquista, es todo un maravilloso canto a este nuevo Reino autónomo.

No, no es la lengua, «divina palabra». Barcelona y Valencia siempre han sentido celos. Valencia vivió en el XV su máximo esplendor. Era la gran capital del Mediterráneo, próspera, culta, tertulias literarias, grandes poetas, Ausias March, Corella, Fenollar. Y la primera en España en pasar a la imprenta un libro, «Les trobes en lahors de la Verge Maria». Y Barcelona sentía celos. Escribía en 1494 Jerónimo Münzer, un viajero alemán, en su «Itinerarium hispánicum»: «A poca distancia del mar, álzase Valencia, ciudad mucho mayor que Barcelona, muy poblada y en donde viven condes, barones y algunos duques, más de 500 caballeros ricos y otras personas de distinción... Podemos afirmar que nunca habíamos visto otra ciudad cuyas iglesias estén tan ricamente adornadas... Los mercaderes, artesanos y clérigos pasan de dos mil. Los habitantes de la ciudad acostumbran a pasear de noche por las calles, en las que hay tal gentío, que se diría estar en una feria, pero con mucho orden. No hubiera creído que existiera tal espectáculo a no haberlo visto».

¿Se han vuelto las «tornas» ? ¿Es ahora Valencia la que siente celos de Barcelona? No, no es la «palabra», «divina palabra», la que divide. Un nada sospechoso Sanchis Guamer escribía en 1967: «La fuerte superioridad de la ciudad de Valencia sobre la de Barcelona motivaron la clara y constante resistencia de los valencianos a llamarse catalanes».

Si por la lengua fuese, ¿por qué no hacemos caso a Joanot Martorell, en su dedicatoria de su «Tirant lo Blanch» dirigida «al serenísimo príncep Don Ferrando de Portugal» y la llamamos «valenciana»? «Me atreviré expondre no solament de lengua anglesa en portoguesa, mas encara de portoguesa en vulgar valenciana, per ço que la nació d’on yo só natural se’en puxa alegrar...». No, no es la «palabra», «divina palabra». Si así fuese y puesto que las tierras valencianas resistieron más tiempo a los ejércitos del Norte que las mismísimas Jaén, Córdoba o Sevilla, reivindicarían también la cooficialidad del árabe o del bereber.

Y esta resistencia se acentúa cuando surge cualquier Bolívar del Norte, visionario y megalómano, dispuesto a reivindicar la nueva «Gran Colombia», el imperio, los «Països catalans». «Mi querido general –escribía poco antes de su muerte Bolívar a Juan José Flores–, usted sabe que yo he mandado veinte años y de ellos no he sacado más que pocos resultados ciertos: primero, la América es ingobernable para nosotros; segundo, el que sirve una revolución ara en el mar».

No, no es la «palabra», «divina palabra», la que divide. Hace 380 millones de años salieron los primeros vertebrados del mar. Pero los peces siguen teniendo un solo río y un solo mar y un solo idioma. Circulan sin pasaporte y sin aduanas. Peces de Saramago, venid a darnos una lección a los humanos vertebrados. «Venid acá, peces, los de la margen derecha, que estáis en el río Douro. Y vosotros, los de la margen izquierda, que estáis en el río Duero, venid acá todos y decidme cuál es la lengua que habláis cuando ahí abajo cruzáis las acuáticas aduanas, y si también ahí tenéis pasaportes para entrar y salir».         Manuel Martínez López es doctor en Filosofía y Letras

La carta de Rosa Díez
Iñaki Ezkerra La Razón 25 Noviembre 2004

No es que me parezca intocable la monarquía ni que me escandalice de que alguien critique al Rey por una intervención pública que considera desafortunada sino que la carta que hace poco le dirigió en la prensa Rosa Díez reprochándole un presunto abrazo al lehendakari Ibarretxe me despertó estupor sencillamente por la cantidad de miembros del PSOE, o sea de su propio partido, que merecían –mucho antes que el Rey– ser los privilegiados destinatarios de esa crítica, empezando por el propio Zapatero, quien por las mismas fechas le dedicaba a Ibarretxe bastantes más gestos de cordialidad que un abrazo protocolario hasta el punto de ponerlo a su derecha en la foto que se hizo con todos los presidentes en La Moncloa.

¿Por qué a su lado y además a su lado derecho? ¿No es también eso un insulto a los vascos amenazados no sólo por ETA sino por ese Plan que pretende dividir a Euskadi en ciudadanos de primera y de segunda? ¿No es ese efusivo y obsceno gesto de afecto –por no decir sumisión– un agravio para los demás «lehendakaris» españoles que no quieren irse de España y que no tienen detrás una ETA que mata al que disiente del proyecto nacionalista?

Y escojo el primer ejemplo que me viene a la mente porque hay cientos de ellos en los meses que dura una legislatura que ha hecho precisamente doctrina ideológica del talante, o sea de los abrazos y las sonrisitas a Ibarretxe y a toda la panda secesionista. ¿Es que para Rosa Díez su jefe tiene la patente del talante? ¿Es que cree que el talante no debe socializarse y por eso le pega en la mano al Rey como al niño traviesillo que osa coger el tarro de la mermelada? ¿Es que va a patrimonializar el PSOE la mermelada del talante ya que no puede patrimonializar ni por el forro la idea de España?

¿No son más graves que ese presunto abrazo real a Ibarretxe todos los abrazos y toda la política de cama con el nacionalismo que está llevando a cabo el PSOE y el PSE-EE al que Rosa Díez pertenece? ¿Cómo no ha enviado ya esa cartita a Odón Elorza, que pide la legalización de Batasuna, a Rodríguez Ibarra que dice que hay que pactar con ETA, a Maragall, que forma gobierno con el tipo que quedó con Josu Ternera, a Ramón Jáuregui y a Patxi López, su discípulo en la escuela del desastre vasco?

Y es que a fin de cuentas, dada la nula capacidad de la Corona para incidir políticamente en la vida del país, el presunto abrazo real a Ibarretxe –digo «presunto» porque yo no lo vi– no tendría nunca el peligroso y cargado sentido político que tienen todos los abrazos que los compañeros de Rosa Díez dan a los nacionalistas en todos los telediarios ni el elocuente silencio que la propia Rosa Díez ha guardado para que Patxi López la mandara de eurodiputada y que ahora rompe falsamente para «hacer como que hacemos». Yo es que creo que no estamos ya para bobadas y que Patxi López es más honesto que muchos de sus presuntos «críticos» que luego pedirán para Patxi López el voto en las autonómicas.

Ibarra: perseverar en el delito
Lucrecio Libertad Digital 25 Noviembre 2004

Es función propia de la fiscalía intervenir de oficio allá donde indicios manifiestos de delito se produzcan. Si ello es en asunto gravísimo y además reivindicado a través de los medios de comunicación estatales, esa intervención toma carácter constrictivo. Así que no me cabe la menor duda de que el fiscal general está, en este instante mismo en el que escribo, elaborando el auto de apertura del pertinente procedimiento contra el presidente de la Junta de Extremadura. Por las declaraciones en las cuales reiteraba ayer su papel de encubridor en un crimen que, a cada declaración que profiere, toma dimensiones más enormes.

Venía de atrás la cosa. Del día mismo en el cual el delincuente y ex secretario de Estado Rafael Vera publicó su amenazante carta en el diario de Don Jesús Polanco. Rodríguez Ibarra declaraba entonces conocer cuál había sido la auténtica trama del GAL. La trama, por respetar el eufemismo, que consumó, al menos, 29 asesinatos, más dos desapariciones, más robo de una cifra colosal de millones pertenecientes al erario público. Negó luego lo dicho. Inmediatamente, negó la negación (debe de ser hegeliano el chico): para envanecerse de cómo le felicitaban los del PP cada vez que el GAL liquidaba a alguien en el norte. Lo de anteayer en el lujoso programa televisivo de Julia Otero va infinitamente más lejos de todo precedente.

Porque, esta vez, Ibarra no se limitó a exhibir su conocimiento (y, consiguientemente su delito como encubridor) de la trama GAL. Esta vez dijo, con todas las letras quiénes, la formaban: "Yo quiero que no entre en la cárcel [Rafael Vera], porque alguien habrá que intentará salvarle la vida y que piense que para ello es mejor tirar de la cereza... Si se tirase de una cereza en el caso de Vera, caería todo el ramo, y yo no quiero que se hunda la democracia en España, porque, en 25 años, aquí ha pasado de todo".

Blanco y en botella. El señor Ibarra, presidente de la Junta de Extremadura, acusa a la totalidad del Estado Español – a una totalidad que llegaría, ascendentemente desde al menos Rafael Vera hasta el vértice – de crímenes de Estado horrendos.

Si no es una enormidad así motivo para que el Fiscal General abra diligencias, ¿qué cosa puede serlo?

Investigación del 11-M
¿Por dónde quieren cortar?
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 25 Noviembre 2004

Esos que ahora se ponen tan solemnes, la pluma urgente, el verbo hinchado, haciendo ver que defienden a la Guardia Civil de injustas agresiones porque unos pocos medios, generalmente el suyo, denuncian incomprensibles conductas, dolosas o culposas, de algunos mandos, ¿creen de verdad que contribuyen a salvaguardar el prestigio de la Benemérita? Nada dañaría más al cuerpo y a su imagen pública que lo que nos proponen implícitamente: si alguien lleva tricornio, cuidado con hurgar en su conducta, en hacerle ciertas preguntas, en aplicarle la lógica forense. Nada agraviaría más a la inmensa mayoría de guardias civiles si se imponen este error y esta injusticia.

¿Por dónde quiere cortar Isabel San Sebastián cuando advierte en El Mundo de no sé qué peligros para el sistema democrático si avanza en "la derecha sociológica una teoría de la conspiración que quiere ver fantasmas ominosos tras la autoría intelectual de la masacre"? Deja caer la periodista que quien emprende el camino es "un comentarista radiofónico más o menos radical" y que lo grave sería que se sumara "un portavoz autorizado del Partido Popular o, no digamos, el ex presidente del gobierno José María Aznar, en su próxima comparecencia ante los comisionados". Entérese pues Aznar de lo que hay: una sola hipótesis correcta por principio, la misma de siempre, la que no necesitaba comisiones parlamentarias, la que no debería ser alterada por las sombras que arrojan las investigaciones del diario de doña Isabel.

"El honor de la Guardia Civil y de las fuerzas que articulan nuestra democracia debe quedar a salvo", remata. ¿Debe? Pues bien, repito, ¿por dónde quiere cortar exactamente la libertad de prensa, por la investigación o por la opinión? Si un general se calla lo que conoce mientras comparte célula de crisis con la policía, si algunos ya sabían dónde estaba la casa maldita mientras sus compañeros de la policía investigaban día y noche para averiguarlo, si otros nunca ignoraron quién traficaba con la dinamita, quién quería unas bombas accionadas con móviles, quién se marchaba a Marruecos a prepararlo todo, si se delataba a los confidentes más valiosos poniendo su vida en peligro... ¿es mejor que España no lo sepa?

Nadie, claro está, se atreverá a afirmar tal cosa, pero sí se pondrán las convenientes zancadillas a los pocos que efectivamente investigan y, por supuesto, al único partido que desea avanzar y descubrir sin cortapisas, a riesgo de aparecer como un grupo de incompetentes que de nada se enteraron, y a riesgo de salpicar a su líder actual, que fue ministro del Interior. Reconózcase al menos la grandeza de esta muestra de respeto absoluto a la verdad y al estado de derecho.

Ibarra en TVE
Cerezas podridas
José García Domínguez Libertad Digital 25 Noviembre 2004

Hasta la madrugada del 23-F, aquí tuvimos una democracia de realquilados con derecho a cocina, todos pendientes de si florecían o no los almendros. Veintidós años más tarde, tras el 11-M, la amenaza del espadón hortofrutícola no es muy distinta. Ahora, resulta que nuestro entero entramado constitucional pende de un ramito de cerezas. Y si a alguien le diera por estirar de una para servirse el postre, ¡zas!, el edificio entero se vendría abajo. Con ese verbo abrupto tan de filólogo asilvestrado, así lo acaba de certificar el Hombre de las Flores (de un día): "Si se tirase de una cereza en el caso de Rafael Vera, caería todo el ramo, y yo no quiero que se hunda la democracia en España".

Muy poco antes de la madrugada del 23-F, Adolfo Suárez se plantó en Prado del rey y dijo que no deseaba que la democracia volviera a ser un paréntesis en la historia de España. Hoy, muy poco tiempo después de aquella tarde de marzo que la banda de Interior pasó merendando con Galindo en la cárcel, Ibarra viene a repetir lo mismo. El drama de Suárez fue que tomaron en serio sus palabras demasiado tarde; y el de Ibarra, que seguramente es demasiado tarde para que lo tomen en serio.

Rafael Vera, el tipo que colocó al coronel Hernando en un vértice de la Seguridad del Estado, es un ladrón. Y el extremeño lo sabe. Igual que conoce mejor que nadie que la garantía del Sistema incluye una póliza de seguro contra hurtos que cubre periodos de hasta trece años seguidos. Porque el personaje que declaró que la furgoneta de los etarras de Cuenca era un "montaje del PP", no ignora cuál sería una única posibilidad real de que se rompiera el ramo: que la mitad de las cerezas estuviesen podridas. Lo sabe y, sin embargo, insiste: "Defendiendo a Rafael Vera defiendo a mi país".

Hace setenta años, el ramo rodó por los suelos a causa de que la izquierda sentía que la derecha no estaba legitimada para gobernar. Consecuentes con esa obsesión, el PSOE y Esquerra Republicana organizaron un golpe de Estado contra el Gobierno de la República. Ahora mismo, hace un momento, una parte de esa izquierda que sigue pensando exactamente lo mismo que hace setenta años, se ha puesto a hablar de golpes de Estado… en Venezuela; y la otra, de ramos de cerezas en Madrid.

Cualquiera que se deje caer por la hemeroteca puede comprobarlo: mucho antes de que Tejero entrara en el Parlamento, la crónica casi completa de cómo florecerían los almendros del 23-F ya se había escrito, entre líneas, en algunos periódicos. Tal vez algún día descubramos que con las cerezas del 11-M ocurrió lo mismo. Que germinaron ante las pantallas de nuestros televisores, justo entre las carátulas del Telediario y la última exclusiva sobre piercing de penes.

El mal de la contradicción
Editorial El Ideal Gallego 25 Noviembre 2004

La enfermedad de la rectificación pocas horas después de haber hecho una declaración lleva camino de convertirse en una epidemia; empezó afectando al Gobierno, cuyos miembros se contradecían -y se contradicen- a sí mismos una vez tras otra sin el menor rubor, pero ha comenzado ya extenderse por todo el PSOE. El presidente de Extremadura es uno de los infectados, ya que una noche propone dialogar con ETA y a la mañana siguiente niega que haya hablado de negociación y asegura que lo único que cabe con los terroristas es el ultimátum para que abandonen las armas. Resulta imposible caer en una incongruencia mayor, aunque también es verdad que el miedo es libre y que Ibarra hizo la primera afirmación cuando tenía a su lado a Carod. Pero como siempre hay organismos más resistentes a la enfermedad, Moratinos se mantiene inmune y pese a que está obligado a rectificar y pedir disculpas por haber implicado a Aznar en el golpe de Estado contra Chávez, se niega a hacerlo. Cuánto ha de avanzar aún la sanidad en este país.

Francisco Caja o el silencio cómplice del régimen au tonómico.
Cartas al director (enviada a) Libertad Digital 25 Noviembre 2004

Cuando estuve en la entrega de premios a escoltas que organizó Convivencia Cívica Catalana en Barcelona hace unos meses, pude estrechar la mano de su presidente Francisco Caja. Yo discrepo de las tesis de su asociación, principalmente porque no creo en el régimen autonómico de la Constitución de 1978, que es algo que esta asociación da por bueno e incluso realza como garante de libertad, cuando yo creo que es el origen y causa de los males que venimos padeciendo. A pesar de esta diferencia de concepto (que a los ojos de los separatistas no le hace a él menos odioso que a mí ), sentí que estaba ante una de esas personas que anteponen la dignidad ante cualquier otra cosa, ante alguien digno no sólo de respeto en su lucha sino digno de admiración por el estrecho margen que el régimen en el que vivimos deja a estas asociaciones que, entre otros muchos aspectos, se preocupan por cuestiones que debieran ser tan evidentes como la del derecho que una persona tendría que tener en Cataluña de estudiar en español.

Derecho tan evidente como el derecho que debiera tener una persona amenazada a tener escolta.
Vivimos en una sociedad tan invadida por el miedo que el silencio más escandaloso se ha apoderado de todos: desde los medios de comunicación hasta el último de los partidos políticos sin excepción.

Pero yo quisiera decir algo. Si mañana el Sr. Francisco Caja sufre un atentado, seremos todos culpables en mayor o menor medida.

Pero especialmente aquellos que deberían actuar: el gobierno de la nación (que últimamente ya no sabe ni lo que significa el término nación) y el Partido Popular de Cataluña (que últimamente trae con facilidad a la memoria el pasado nacionalista de Piqué.)       Antonio (Barcelona.)

Las afinidades de Zapatero
Cartas al Director ABC 25 Noviembre 2004

El presidente del Gobierno español hace gala de su vocación democrática y liberal, de su fidelidad a los ideales de la Unión Europea y de su firme propósito de combatir enérgicamente el terrorismo internacional. Estas loables manifestaciones no consuenan sin embargo con la política que su Gobierno desarrolla en Iberoamérica. El primer ejemplo es Cuba, donde gobierna un sanguinario dictador comunista que ha convertido la isla en una gigantesca ergástula, donde se pudren quienes se han atrevido a reclamar derechos humanos.

La comunidad internacional y la UE han condenado al régimen castrista, exigiéndole el respeto a los principios elementales que garantizan una vida civilizada. Mas he aquí que el Gobierno español se aparta ahora de esta línea y pide a la Unión Europea cierre los ojos ante las atroces violaciones de los Derechos Humanos y entre de nuevo en diálogo con el tirano. Segundo ejemplo: Zapatero y su ministro de Exteriores parecen sumamente interesados en estrechar al máximo las relaciones con el Gobierno venezolano.

La casi efusiva recepción de Chávez y la disposición de una tribuna para que el presidente venezolano ataque de nuevo a Norteamérica es sólo un eslabón más en la cadena de solidaridad con el régimen de este dictador, que ha desmantelado el sistema democrático venezolano, imponiendo su control en todas las instituciones del Estado. Siguiendo órdenes de Chávez, la dócil Asamblea Nacional ha aprobado la reforma del Código Penal, en la que se criminaliza a la oposición, y está en marcha una ley de censura de los medios de comunicación. Es posible que esta política del Gobierno español, de franca afinidad con poderes y organizaciones antidemocráticos, sea producto de su atrabiliaria inquina contra Norteamérica. Mas, en cualquier caso, es una política que denota liviandad de juicio y poca visión de futuro.        J. L. Decamilli, profesor emérito de la Facultad de Humanidades de la Universidad Técnica de Berlín.

El Gobierno avala que el topónimo La Coruña es legal
Redacción / A Coruña El Ideal Gallego 25 Noviembre 2004

El ministro de Administraciones Públicas, Jordi Sevilla, afirmó ayer que la moción recientemente aprobada por el Ayuntamiento de A Coruña para que la administración local use el nombre de esa ciudad en castellano cuando emplee ese idioma no conculca “la normativa legal vigente de cuya competencia es responsable” el Ejecutivo.
Por eso, añadió, el Gobierno no va a tomar ninguna medida ante esa moción que, según el diputado del BNG Francisco Rodríguez, que planteó la pregunta, conculca normas autonómicas y estatales que fijan como única denominación oficial de la ciudad la de “A Coruña”.

Respeto a las leyes
Rodríguez dijo plantear la pregunta “en nombre de quienes quieren que se respeten las leyes y las sentencias de los tribunales” e insistió a Sevilla sobre si su ministerio, que es “garante de la denominación de todos los ayuntamientos”, va a respetar las leyes de competencias en este caso.

Sevilla respondió que el ministerio va a respetar “la ley que autoriza a cada Ayuntamiento a denominarse como decida el Pleno, la que establece que es la autonomía, es decir, la Xunta.
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