AGLI

Recortes de Prensa     Sábado 4 Diciembre 2004
ETA ENVÍA EL MENSAJE DE SIEMPRE
Editorial ABC 4 Diciembre 2004

«Egunkaria» y bombas
Editorial La Razón 4 Diciembre 2004

El terror en Madrid
Editorial El Correo  4 Diciembre 2004

¿La víctima 193 del 11-M
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  4 Diciembre 2004

EL ODIO A AZNAR
Edurne URIARTE ABC 4 Diciembre 2004

La gran coalición de los resentidos
José García Domínguez Libertad Digital 4 Diciembre 2004

ETA OFRECE LA «PAZ» OTRA VEZ
MIKEL BUESA ABC 4 Diciembre 2004

Ideas, dos, logos, cero
Cristina Losada Libertad Digital 4 Diciembre 2004

EL ARTÍCULO OCTAVO
ABC 4 Diciembre 2004

Digan lo que digan
TONIA ETXARRI El Correo  4 Diciembre 2004

Fondo norte y fondo sur
JOSÉ MARÍA CALLEJA El Correo 4 Diciembre 2004

España
Luis Manuel MADIEDO HONTAÑÓN La Razón 4 Diciembre 2004

¿Adónde vamos
Alfonso USSÍA La Razón 4 Diciembre 2004

Aznar, ¿del adiós al hasta luego
Lorenzo CONTRERAS La Razón 4 Diciembre 2004

Carod- Rovira merece eso y más
Iñaki ZARAGÜETA La Razón 4 Diciembre 2004

Del blog de A. Espada
email 4 Diciembre 2004

ETA hace una demostración de fuerza al colocar cinco bombas a la vez en gasolineras de Madrid

R. L. Vargas / J. M. Zuloaga La Razón 4 Diciembre 2004

Basta Ya pondrá en marcha el día 9 una campaña publicitaria contra el Plan Ibarretxe
EFE Libertad Digital 4 Diciembre 2004
 

ETA ENVÍA EL MENSAJE DE SIEMPRE
Editorial ABC 4 Diciembre 2004

ETA reapareció ayer en Madrid, sembrando el caos y la confusión en una jornada socialmente significativa, al bloquear las vías de salida de la capital al comienzo de un largo «puente». Aunque, por fortuna, la acción múltiple ha causado daños limitados, queda demostrada una vez más la capacidad operativa de la banda terrorista para actuar de forma coordinada y eficaz. El mensaje inequívoco que transmiten los atentados es que, por si alguien tenía alguna duda, ETA sigue ahí. La lectura ciudadana se traduce en un resignado «podía haber sido mucho peor»; pero también, a juicio de muchos ciudadanos, en un alarmante «la próxima vez será mucho peor». Conviene, pues, tomar buena nota de la advertencia y no bajar la guardia ni un milímetro ante la amenaza que, por desgracia, padece la sociedad española desde hace ya demasiado tiempo.

El momento elegido tiene, sin duda, un significado específico. Los recientes éxitos policiales y la detención de dirigentes de máximo nivel, en un contexto de ilegalización del brazo político de la banda, exigen de los nuevos responsables algún tipo de actuación que refuerce la moral decaída de la izquierda abertzale. Se suma a ello la irresponsabilidad de quienes han jaleado la presencia de directivos de «Egunkaria» en el Congreso de los Diputados; como es notorio, en la lista de partidos implicados en la recepción se encuentran todos los que prestan apoyo parlamentario al Gobierno socialista. Más aún, ayer mismo reaparecía Xabier Arzalluz encabezando una concentración de apoyo a los ocho procesados por el caso del periódico abertzale, mientras recogían los correspondientes autos de imputación ante la Audiencia Nacional. La circunstancia no ha podido ser más lamentable, aunque es evidente que ninguna ocasión es buena para mostrar apoyo a quienes utilizan las libertades para poner en cuestión a las propias instituciones democráticas.

Las llamadas al diálogo por parte de algún destacado dirigente socialista y el espejismo, una vez más, de ofrecer una solución política al tema de ETA han quedado en entredicho. Hace años que los españoles somos conscientes de que sólo la firme y eficaz actuación de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y la aplicación rigurosa de las leyes por los jueces y tribunales permiten atisbar una posibilidad razonable de terminar a medio plazo con la violencia terrorista. De ello deberían ser muy conscientes todas las fuerzas políticas. Las profecías voluntaristas y el lanzamiento de campanas al vuelo han sido una y otra vez desmentidos por la realidad. El Pacto Antiterrorista, cuya plena vigencia mantienen por fortuna los grandes partidos nacionales, ha sido y es un instrumento eficaz en la lucha contra los enemigos de la libertad. La ilegalización de Batasuna y sus epígonos y la práctica eliminación de la «kale borroka» son éxitos indiscutibles del sistema constitucional, que han fortalecido su legitimidad y han reforzado el ánimo de la gente de bien, al percibir que los partidos que hablan en nombre y por cuenta de los asesinos han sido expulsados de las instituciones reservadas a las personas honorables. Ésta es la única vía de actuación posible y por ella debe continuar sin desmayo la lucha del Estado de Derecho contra el terror totalitario.

«Egunkaria» y bombas
Editorial La Razón 4 Diciembre 2004

Ayer ETA pretendió convertir la operación salida del puente de la Constitución en un caos para Madrid. Cinco artefactos de poca potencia colocados en otras tantas gasolineras de las principales carreteras madrileñas provocaron, ciertamente, cortes de tráfico y atascos kilómetricos. La banda se ha hecho notar, pues, en una fecha importante, desmintiendo con sus hechos a todos los propagandistas, más o menos entusiastas, de su supuesta voluntad de tregua. La reaparición del terrorismo etarra en Madrid ha coincidido, además, con el espectáculo montado por los partidos nacionalistas y algunas instituciones, como el Obispado de San Sebastián, en apoyo de los procesados en el sumario de «Egunkaria». La experiencia nos dice que no ha sido en modo alguno una mera casualidad. Quien conoce las tácticas de ETA sabe que los terroristas no dejan pasar la menor oportunidad de llevar al nacionalismo vasco, en especial al PNV, a enfrentarse con sus propias contradicciones. Y así, mientras Arzallus tronaba contra la democracia española en las puertas de la Audiencia Nacional, los pacíficos ciudadanos de Madrid sufrían de nuevo la angustia del terror. Porque la banda, no nos engañemos, ha querido escenificar un remedo cruel del atentado múltiple de Atocha.

Conviene no olvidar la terrible significación de esta amenaza y preguntar a los partidos nacionalistas que, tras la estela del PNV, han intentado deslegitimar la actuación judicial en el «caso Egunkaria», si están dispuestos a asumir la responsabilidad última de la cobertura prestada a un grupo de individuos acusados de colaboración con el terrorismo.

Porque el «caso Egunkaria» no tiene nada que ver ni con la promoción del euskera, ni con la libertad de expresión; dos derechos que nadie en su sano juicio considera cuestionados en España. De lo que se trata es, sencillamente, de dilucidar si los procesados forman parte o no del entramado etarra y si las empresas implicadas, entre las que se encuentra un periódico, han servido para colaborar con los fines y los medios de la banda. Es decir, si son cómplices en cualquier grado de asesinatos, secuestros, extorsión y violencia de persecución llevados a cabo por ETA.

Es evidente, por otra parte, que el interés en deslegitimar las actuaciones de la Audiencia Nacional en esta causa va mucho más allá del «caso Egunkaria». Este procedimiento judicial, como otros, es fruto del cambio que supuso para la lucha contraterrorista los acuerdos de Estado como el Pacto por las Libertades, firmado en su día por los dos grandes partidos nacionales.

Pero desde la victoria electoral de Zapatero, los grupos nacionalistas han venido presionando para desnaturalizar una política que ha dado magníficos resultados, conscientes de que la minoría parlamentaria del PSOE propiciaba la oportunidad de abrir brecha en el único punto de acuerdo que mantienen ambos partidos. A este objetivo responde el espectáculo de estos días ante la Audiencia Nacional y, lo que es más sangrante, en el propio Parlamento de España.

El terror en Madrid
Editorial El Correo  4 Diciembre 2004

ETA volvió ayer a Madrid para lanzar el único mensaje que tiene, el de la destrucción. La organización terrorista redobló su crueldad atentando en una ciudad que todavía conserva las huellas visibles del 11-M y sobre una población implacablemente castigada y aún convaleciente de la mayor masacre de la historia reciente. Pero ETA no entiende más que de violencia y no le importó reproducir ayer el perverso esquema empleado por el terrorismo islamista en el mes de marzo: un atentado múltiple que sembrara el pánico e hiciera revivir la tragedia, que colapsara la ciudad en plena operación salida y cambiara la fiesta por el miedo. Ni la baja potencia de los artefactos ni el aviso previo restan un ápice de inhumanidad a quienes creen que torturar a la sociedad, hacer rehenes a sus ciudadanos y amenazar su vida es una vía para lograr sus viles propósitos. ETA quiere encerrar a los españoles en su círculo diabólico, en su lógica de muerte, para doblegar las instituciones y forzar al Estado. Pero hace tiempo que la sociedad española, sus gobiernos y sus principales partidos políticos se conjuraron para cerrar cualquier esperanza al terror, para disuadir a quienes lo amparan y contestar con firmeza a sus amenazas. Las bombas colocadas en las gasolineras madrileñas son la huella de ETA y su credo, pero también muestran su gran debilidad, la de una banda mermada por la actuación policial, férreamente marcada por la labor judicial y cada vez más aislada socialmente.

Hace unas semanas, la ilegalizada Batasuna planteó su propuesta para 'salir del conflicto'. Desde entonces, el repunte de la 'kale borroka' y la reactivación de ETA, dos caras de un mismo terrorismo, han respondido a su política medrosa y entregada. La sociedad vasca, solidaria con la madrileña y con la del resto de España, no admite más especulaciones ni suberfugios ni actitudes fingidas. Únicamente entiende de firmeza -policial, judicial, política y social- frente a la barbarie. Un sendero recorrido a fuego y sangre y que ya no admite retorno. Y ante ello, ETA no tiene más camino que la desaparición, su extinción. Aunque ayer lograra perturbar la normalidad merecida de Madrid, una ciudad que crece con cada agresión, para ira de quienes aún se conmueven con la tragedia del 11-M.

¿La víctima 193 del 11-M?
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  4 Diciembre 2004

“A las cuatro de la tarde, después de casi una hora de permanencia en el agua, la joven era tragada definitivamente por una ola. En todo ese tiempo, los agentes no entraron en ningún momento en el agua. Al contrario, se llegaron a apoyar en la barandilla dando la espalda al mar.” Así cuentan Marco Menéndez y Rosa Lanero en su minuciosa crónica gijonesa la muerte de la mujer de Lavandero, el hombre cuyo testimonio ha dado un giro radical a la investigación de la masacre del 11-M, el que alertó al agente Campillo ya en 2001, días antes de la masacre de Manhattan, que unos traficantes de explosivos llamados Toro y Trashorras, buscaban a alguien que supiese hacer estallar bombas con teléfonos móviles. Esa cinta, publicada en “El Mundo” y escuchada en la COPE, sumió a la Policía en un silencio blindado y obligó a la Guardia Civil a una serie de maniobras desesperadas para amedrentar a todos los que durante tres años habían denunciado las andanzas de la Banda de Avilés, aunque sólo consiguieron demostrar que los más altos responsables de la Benemérita en Asturias habían mentido (es decir, cometido perjurio) en la Comisión Parlamentaria sobre el 11-M. También supimos que el confidente Lavandero había sido delatado por la propia policía a los traficantes de explosivos, por lo que éste temía por su vida. Ahora, cuatro policías contemplaron durante una hora cómo se ahogaba la mujer de Lavandero.

La historia va, irá inevitablemente, más allá de la negligencia. Sigue el relato: “Entre tanto, cientos de gijoneses habían presenciado desde el paseo de San Lorenzo toda la escena. Desde primeras horas de la tarde, contemplaron las evoluciones de los agentes policiales y de los equipos de rescate. Incluso, varias personas mostraron en aquel momento su intención de denunciar en la Comisaría de Gijón la pasividad con que los funcionarios habían actuado durante la media hora en la que la joven estuvo en el agua y nadie se decidió a acudir en su rescate.” ¿Alguien creerá que esos cuatro policías que no quisieron mojarse los bajos del uniforme sacando del mar a la muchacha brasileña desconocían que era la mujer de Lavandero, delatado —insistimos en ello— por la propia policía a los criminales vendedores de la dinamita del 11-M? Alguien lo hará, sin duda. Pero muchos más creerán que la dejaron morir. Y muchos se negarán a creer que lo hicieron por simple negligencia y pensarán que las cloacas del Estado, que parecen haber convencido ya a Zouhier de que colabore con el PSOE, empiezan a engullir ya a los testigos incómodos que podrían serlo de cargo ante el juez.

Es tal el cúmulo de irregularidades, corruptelas, mentiras, delitos apenas camuflados y descaradas estafas informativas que tienen su raíz en las Fuerzas del Orden asturianas y su relación con parte de la trama del 11-M que nadie puede ya fingir inocencia, salvo los que, ahora que han llegado al Poder, ya no “quieren saber”. Pero la gran mayoría de los españoles sí queremos saber. Queremos saber quién era el jefe real de los hermanos Toro y de Trashorras. Y queremos saber si tiene algo que ver con esa negligencia que, según los testigos, observó la policía mientras se ahogaba la mujer de Lavandero. A éste ya le dejaron una vez en la puerta de su casa una serpiente muerta. Ahora tiene ante sí el cadáver de la madre de su hijo. ¿Y todavía dicen Zapatero, Conde Pumpido, Alonso y Arruche que no hay nada que investigar? Muchos pensarán, al leer hoy la prensa asturiana y —dato muy importante— el ABC de Madrid, que las víctimas del 11-M no son ya 192, sino 193. El Gobierno debe disipar tanta tiniebla y tantísima sospecha. ¿Pero alguien confía aún en el Gobierno para aclarar el 11-M? ¿Y se da cuenta el Gobierno de lo que, en términos de legitimidad, significa esa desconfianza?

EL ODIO A AZNAR
Por Edurne URIARTE ABC 4 Diciembre 2004

PARECÍA que lo sabíamos todo sobre la demonización de Aznar protagonizada por la izquierda española en estos últimos años. Pero la explosión de odio progresista que ha provocado su comparecencia del pasado lunes ha superado todas las previsiones. Desde aquello del «matón de la derecha» espetado por Alfonso Perales, significativos periodistas e intelectuales han obviado todo argumento en una orgía de descalificaciones personales, insultos e intolerancia con la que personas que presumen de liderazgo intelectual en España han perdido patéticamente los papeles.

Ni las formas ni el contenido de la comparecencia de Aznar pueden explicar la incontrolada agresividad provocada en sus enemigos. O, lo que es lo mismo, la palanca que azuza su odio no es Aznar sino lo que representa Aznar. Y es aquí donde se encuentra el aspecto más tenebroso y preocupante de estas reacciones y lo que debería llevar a los dirigentes del PP a extremar su cautela para no caer en esa trampa tendida por el Partido Socialista en los últimos meses y que pretende provocar su distanciamiento del líder apestado, de Aznar. Porque las razones de la intolerancia hacia Aznar son las mismas que las de la intolerancia hacia el PP.

El lado más tenebroso de este odio es el 11-M. Porque si escarbamos tan sólo un poco en las reacciones progresistas encontramos el mismo fondo terrible que ya emergió en los días posteriores al 11-M y que es la inculpación de Aznar, es decir, del PP, del Gobierno, por el atentado del 11-M. Si descargan tanta rabia y frustración en Aznar, si persisten en que se debe disculpar, es porque mantienen la acusación que ya hicieron entre el 11 y el 14-M: la intervención en Irak provocó el atentado, Al Qaida respondió al Gobierno, Aznar atrajo la furia fundamentalista.

Algunos intelectuales progresistas sugieren veladamente lo que los manifestantes convocados por la Asociación de Afectados del 11-M gritaban impúdicamente en las afueras del Congreso el pasado lunes: «Aznar, responsable», con manos ensangrentadas junto al nombre del ex presidente en una vergonzosa traslación de las responsabilidades de los terroristas a un líder democrático.

Pero, además, hay un segundo aspecto del odio a Aznar que afecta de lleno al papel del PP en la política española, y es la incapacidad que ha tenido una buena parte de la izquierda para aceptar y tolerar la mayoría popular durante dos largas legislaturas. Aznar tan sólo es el símbolo principal de la instalación en el poder de una derecha a la que la izquierda antifranquista todavía no ha conferido plena legitimidad. El lunes, algunos visualizaron durante unas horas el retorno de quien representó el poder usurpado a su mayoría natural, y los fantasmas de ese insoportable pasado reciente afloraron sin control. Denuncian que la derecha no ha aceptado la legitimidad de la victoria socialista el 14-M y, sin embargo, sus reacciones desvelan que ellos aún no han podido aceptar las dos victorias anteriores del PP, de Aznar.

El nuevo PSOE
La gran coalición de los resentidos
José García Domínguez Libertad Digital 4 Diciembre 2004

La anécdota aparentemente pueril de vetar a la cadena COPE en la gira exterior de Moratinos deja entrever la categoría que se esconde tras lo que se antojaría una simple rabieta del ministro. Porque ese incidente ilumina de un modo particularmente obsceno la profunda transformación que ha sufrido el PSOE tras sus ocho años de travesía del desierto. Y es que si el felipismo supuso un proyecto sistemático para estatalizar la sociedad, el programa real de los nuevos dirigentes va justo en la dirección contraria: ahora, el objetivo es privatizar el Estado.

Sin que casi nadie esté reparando en ello, con la llegada de Zetapé al poder asistimos a una catarsis que rompe con las señas de identidad seculares de la izquierda española. De hecho, si algo define la praxis política del equipo de Zapatero, es precisamente el afán de invertir los valores que siempre habían inspirado la filosofía del partido. De la ingeniería social concebida como tosca valla electrificada que forzara la máxima igualdad de resultados, han saltado a un nuevo programa máximo que postula justo lo contrario, la desigualdad, como horizonte ideal.

Así, el intervencionismo económico, el viejo buque insignia de su acción de gobierno, poco a poco, va desapareciendo por el foro. Deja paso a un novedoso arsenal doctrinal que tiene como inspiración última minar los fundamentos de la meritocracia. Porque, ahora mismo, socialismo significa desigualdad. Desigualdad exigen los profesores universitarios en su lucha en pos de no ser evaluados. Desigualdad reclaman los estudiantes que sí desean notas, aunque no exámenes. Desigualdad piden los empleados públicos que pugnan por no ser tratados de idéntico modo que los de las empresas privadas. Desigualdad defienden todas las minorías morales, sexuales y religiosas en su afán por elevar sus prácticas marginales a ortodoxia estatal. Desigualdad imploran los nacionalistas para que la gente sufra distinta cobertura de servicios públicos en función del suelo que pise. Desigualdad, en suma, anhela la Gran Coalición de los Resentidos; esa legión de grupos corporativos, lobbies y oenegés, lanzada a una doble cruzada: por un lado, la de la extensión a todos los frentes del asalto al presupuesto público; y por otro, la de la legitimación de la metástasis en el descontrol de los usos privatizados de esos recursos.

He ahí los retales de todas las causas sectoriales con los que los teóricos del zetapeísmo han remendado la bandera del nuevo PSOE. Que no haber sido nadie en la sociedad civil se haya convertido en requisito ineludible para figurar en la foto de la elite rectora del nuevo progresismo, es el corolario lógico de desfilar ante semejante trapo. Y que, durante once horas seguidas, los españoles comprobaran que otro mundo intelectual y moral es posible, también es la explicación no menos lógica al odio africano que jamás dejarán de profesarle a José María Aznar.

ETA OFRECE LA «PAZ» OTRA VEZ
MIKEL BUESA ABC 4 Diciembre 2004

Era de esperar. Como en tantas ocasiones, ETA ha vuelto a expresar su peculiar concepción de una oferta de «paz» ejerciendo otra vez la violencia mediante la colocación de artefactos explosivos en cinco gasolineras de Madrid. Aunque sus efectos han sido relativamente débiles —hay noticia de dos heridos leves y de unos daños materiales escasos, cuando escribo—, el mensaje transmitido es inequívoco: ETA pretende hacernos saber que puede dar continuidad al terrorismo hasta lograr su objetivo de hacerse con el poder en una Euskal Herria independiente.

Es el mensaje de siempre que, en el contexto actual, desvela la mentira que desde hace unos días pretendía colocarnos Batasuna. En el entramado terrorista no hay pretensión alguna de abandonar la violencia para desarrollar la actividad política dentro de los cauces institucionales. Los que, desde la izquierda o el nacionalismo, habían recibido con los brazos abiertos a los recaderos de semejante falsedad, han quedado en evidencia. Esos que acababan de acoger en el Congreso de los Diputados a los procesados de Egunkaria para hacer visible el nuevo espíritu de «paz», han sido descalificados y la sociedad democrática debería hacerles pagar su error inhabilitándolos para el ejercicio de la representación de los ciudadanos.

Pero es, a la vez, un mensaje fingido, pues la banda terrorista muestra con él su propia debilidad.

ETA ha podido hacer ruido, ha logrado hacerse notar, pero no ha conseguido recoger la cosecha de destrucción, la devastación que tantas otras veces ha sembrado en Madrid. Una debilidad que es fruto del triunfo del espíritu cívico que inspira el Pacto por las Libertades en el que se unifica la voluntad de la sociedad española para derrotar al terrorismo nacionalista.

Por ello, ahora que estamos ganando, nuestro Gobierno no debe cejar en el empeño. Y, hasta la definitiva victoria, habrá de contar con el inequívoco apoyo tanto de quienes, desde la política, ejercen la oposición, como de los que, desde la sociedad civil, reclamamos la ciudadanía.

La izquierda y sus poses
Ideas, dos, logos, cero
Cristina Losada Libertad Digital 4 Diciembre 2004

Aunque lo diga The Wall Street Journal. Si uno clava la pupila en el gobierno de ZP y pregunta si es lo suyo ideología, la respuesta será afirmativa si se adjetiva: una vaga ideología. Vaga por imprecisa y vaga por su génesis: la pereza intelectual por la que la izquierda se desliza, un aceite que le facilita la supervivencia y la instalación en el poder, pero le ahoga las entendederas. El gobierno socialista, mientras patina, va haciendo figuras, gestos, poses. Lo suyo no son posiciones sino posturas.

Las poses de la izquierda española no se benefician del plus de la originalidad. Imitan a sus mayores norteamericanos, que patentaron las posturas. Algunas son restauraciones de ideas antiguas, como la de subsumir a los individuos en identidades colectivas. En tiempos de la ideología pura y dura, eso se practicaba aplicando la doctrina de la lucha de clases. Ahora disponen de una nebulosa de grupos oprimidos en razón de raza, sexo, orientación sexual, religión, lengua o lo que toque. Uno no es uno, sino su raza, su sexo o su orientación sexual y su comportamiento debe responder al estereotipo prefijado.

Si aparece una mujer negra que no forma en las filas de la izquierda, sino de la derecha, como Condoleezza Rice, y llega a ocupar la secretaría de Estado de EEUU, se les desbaratan los esquemas a los patinadores. Y la típica y tópica celebración, a la que son tan aficionados, por tratarse de la primera mujer negra en ese cargo, deja paso a la ofensa. En la primera cadena de TVE hubo quien insinuó que la doctora Rice no es una mujer, sin que la dirigente socialista allí presente, objetara. Claro que ya ese gran aliado del gobierno, que es Hugo Chávez, le había llamado "analfabeta". A Rice, aclaro.

Los "progresistas" de los Estados Unidos no tragan a Rice ni a la hija de Cheney, más conocida por su homosexualidad que por otra cosa, debido a su filiación conservadora, intolerable desviación que le ha ganado el odio de la "elite gay". La izquierda no admite revolución en sus estereotipos. Ni otra identidad que la grupal, de grupos de cuya representación se apropia y a los que ofrece discriminación positiva, o sea, discriminación. Una pose rentable para los que montan lobbies deseosos de ordeñar la vaca que alimentan los contribuyentes.

De cultivar tanto la pose, solo juzgan por la pose. La crítica de las posiciones políticas se sustituye por la ridiculización de los gestos. No es por ello extraño que a la comparecencia de Aznar en la Comisión del 11-M se le hayan dedicado artículos cuyos principales argumentos giran en torno al ceño, las gafas, el pelo, la mirada, las muecas y el humor, sempiternamente malo, del ex presidente. La España triste del PP frente a la alegre de ZP. Si tales frivolidades provienen de quienes se tienen a sí mismos por intelectuales, ¿qué puede esperarse del gobierno Vogue? ¿Ideología? Ideas, dos o tres, logos, cero.

EL ARTÍCULO OCTAVO
ABC 4 Diciembre 2004

UN diputado de Esquerra Republicana, llamado Joan Tardá, ha pedido en el Pleno del Congreso de los Diputados que se modifique o se suprima el artículo octavo de la Constitución, porque le da poderes al Ejército «para invadir Cataluña en el caso de que la mayoría de nuestro pueblo decidiera independizarse». Es obvio que por boca de Joan Tardá hablaba el pintoresco Carod-Rovira, que siempre sale con despropósitos de este o parecido calibre.

Si tomáramos en serio la proposición de Esquerra Republicana, habría que explicar al tal Joan Tardá que el único pueblo que puede decidir sobre ese supuesto de independencia que él plantea es el pueblo español, titular exclusivo de la soberanía nacional. «Nuestro pueblo» a esos efectos es el pueblo de España, y no otro. Lo demás son partes, parcelas, pedazos, como puede ser San Feliú de Guixols respecto de Cataluña o Don Benito respecto de Extremadura. Y sólo ese pueblo, entero, verdadero y con mayoría puede modificar o suprimir los artículos de la Constitución. Pero eso ya lo saben muy bien.

Por otro lado, el Ejército español no tiene posibilidad alguna de invadir Cataluña, por la sencilla razón de que el Ejército de España, al invadir Cataluña, estaría invadiendo la propia España. En el caso que plantea Rovira por boca de Tardá, los invasores de Cataluña y por tanto de España, en ese caso de imposible realización, serían los independentistas. Y además, como tengo la impresión de que los que en Cataluña aspiran a lo que aspira el tal Tardá son mismamente cuatro gatos, «quatre gats», no haría falta para reducirlos enviar el Ejército; bastaría con movilizar al tambor del Bruch con aquel «soldat» de la «noia» que pasaba por la Font del Gat.

Pero está muy claro, creo yo, que lo mejor que podemos hacer con las proposiciones disparatadas de Carod-Rovira y sus recaderos es tomarlas a coña y no hacerles demasiado caso. En realidad no se trata de propuestas políticas sino de provocaciones adrede. Como hemos instaurado una democracia que intentamos sea auténtica, los miembros de Esquerra Republicana de Cataluña y de cualesquiera otros partidos tienen perfecto derecho a proponer las medidas políticas que les parezcan oportunas, inoportunas, descabelladas o cachondas, siempre que lo hagan de manera pacífica, y de ello se aprovechan. Por otra parte, no hay mal que por bien no venga. Mientras Carod-Rovira se entretiene en inventar esas sandeces, no viaja otra vez a Perpiñán a darse el pico, paloma con paloma, cucurrucucú, con los terroristas.

Más o menos, eso es lo que ha hecho el ministro de Defensa: tomar a coña lo del Tardá, y ha respondido con un razonable pitorreo. Ha confesado Bono que a él le gusta el artículo octavo de la Constitución y que no piensa promover su modificación. Borrar o corregir el artículo octavo de la Constitución no lo va a promover nadie serio, y ni siquiera tendrá que decidir «nuestro pueblo» acerca de un despropósito así. Otra cosa distinta es la tristeza que produce ver al gobierno de Cataluña y al de España apoyados ambos sobre los votos parlamentarios de esos cuatro delirantes, pero la democracia y Zapatero son así, señora.

Digan lo que digan
TONIA ETXARRI El Correo  4 Diciembre 2004

Suena a canción del veterano Raphael, pero no. Cuando el lehendakari dice «digan lo que digan» se refiere a «ellos», la justicia española. Se trata de nosotros; se trata del lehendakari de un Gobierno minoritario, Ibarretxe, y de su concepto de acatamiento de las leyes en un Estado de Derecho. Es decir: pasapalabra, pasadetodo, y pase foral. Se empeña en decir que vamos a decidir nuestro futuro, como si no lo hubiéramos hecho desde que empezamos a votar en las urnas en 1977, «digan lo que digan las leyes».

Y la verdad es que la reacción ha sido más bien plana. Porque una declaración de desobediencia civil (¿qué sería de los presupuestos que maneja la vicelehendakari Zenarruzabeitia si una buena parte de la población decidiera pasar de cumplir con sus obligaciones con el fisco?) como la que está haciendo el lehendakari, resulta inquietante. Los de la oposición van más allá: «se trata de una actitud antidemocrática», aunque pone más empeño, en este tipo de aseveraciones, el PP de María San Gil. Los socialistas de López parecen más escurridizos. Que sea el Parlamento, y no un decreto, quien adjudique las ayudas para subvencionar los viajes de los familiares de los presos, proponen. El PP, sin embargo, no quiere caer en la red de los matices: tolerancia cero para los colectivos del entorno de los presos terroristas, sencillamente porque este tipo de iniciativas ataca directamente a la sensibilidad de las víctimas de ETA.

En cuestión de víctimas y víctimarios no se admite la equidistancia en el entorno de Lepoldo Barreda. Con la incorporación de la Ertzaintza al sistema de Schengen, los socialistas vascos son más papistas que el propio ministro Alonso y no ponen objeción a que la Policía autonómica pueda actuar al otro lado de la frontera. Se crea tal confusión que Ares se pierde en el laberinto: una cosa es la persecución en caliente y otra muy distinta la investigación. Y como se nota cierto vacío de mensaje de López en torno a las muestras de solidaridad del mundo nacionalista (desde el retirado Arzalluz al sindicalista Elorrieta, con el rotativo ilegalizado 'Egunkaria'), su compañera Isabel Celaá quiere aclarar que a su partido no le gustan los 'numeritos' de presión política hacia los jueces que tanto le recuerdan al 'caso Atutxa'. Que, en el caso de este rotativo debe aplicarse la presunción de inocencia pero que hay que ser demócrata y acatar lo que digan las leyes.

Parece que al lehendakari no le gusta cumplir con los jueces que le contradicen. En realidad ya lo dijeron destacados magistrados vascos cuando dio publicidad a su plan soberanista. «Está claro que no somos sus jueces», dijeron. El caso es que esa insistencia de Ibarretxe por que los vascos labremos nuestro futuro, «digan lo que digan los jueces», ha llamado la atención de la representante socialista en la Mesa del Parlamento. «Quien rompe con las normas que dictan las leyes en un Estado de Derecho, está buscando privilegios». Diga lo que digan quienes nos gobiernan, eso es lo que parece.

Fondo norte y fondo sur
JOSÉ MARÍA CALLEJA El Correo 4 Diciembre 2004

Está la vida política española en un momento 'hooligan'. Está la confrontación entre partidos sólo apta para los muy cafeteros. Vuelve la guerra de los medios a la trinchera. Este extraordinario nivel de agitación en el que vivimos se fabrica en los partidos, se difunde -a veces, también se fabrica- en los medios y acaba crispando una vida social en la que siempre hay una minoría dispuesta al cainismo, aunque la mayoría de la gente no esté por la labor de tomarse las cosas siempre por donde queman. Estamos anclados en la dialéctica del fondo norte y el fondo sur. Fuera de ella parece no haber salvación.

España ha sido un país modélico en la transición de una dictadura a una democracia sin revanchas, sin ajustes de cuentas, sin odios, con autocontrol. Adolfo Suárez, que venía del franquismo, fue capaz de ver la necesidad de las libertades, dijo que había que elevar a categoría legal lo que ya era una realidad en la calle y se la jugó con la legalización del PCE, que, a su vez, aceptó la bandera bicolor y la monarquía para desgarro de sus muchos republicanos. Fraga, que había estado en un gobierno que había encarcelado a muchos comunistas, presentó a Santiago Carrillo en el Club Siglo XXI y aquello parecía que cerraba las dos Españas. Dolores Ibarruri y Rafael Alberti -con su chaqueta de solapas sorprendentes- presidieron la mesa de edad de la primera sesión del Congreso de los Diputados y hubo una foto en la que Blas Piñar le hacía el nudo de la corbata a Juan María Bandrés. Los socialistas dejaron de ser marxistas antes que socialistas, renunciaron a poner la República en la Constitución; el PCE enterró en conmovedor silencio a sus víctimas del terrorismo 'facha', arrumbó el leninismo y apoyó a la UCD; los sindicatos hablaron con los empresarios y éstos se dieron cuenta de que, incluso, los necesitaban.

La mayoría de los medios de comunicación se emplearon con ahínco en los años de la Transición en la tarea de educar al lector en los valores democráticos, de convivencia, de respeto; apostaron por las libertades cuando éstas estuvieron en severo riesgo de golpe, de golpe de Estado; los directores de los medios se fotografiaban juntos o firmaban manifiestos cuando el terrorismo mordía en alguno de ellos. Gracias a toda esta panoplia de esfuerzos, y a otros muchos que sería imposible reseñar, se ganaron las libertades, se ensanchó la democracia, entonces incipiente y frágil, y se achicaron los espacios del odio, de la dictadura. No fue una tarea fácil y para coronarla con éxito hicieron falta toneladas de buen talante, capacidad para ponerse en el papel del otro, renuncia a los programas máximos de cada partido y la certeza firme de que era más lo que nos unía que lo que nos separaba. La didáctica de la democracia -convivencia civilizada entre distintos, renuncia al cainismo, fuera el afán de reeditar la Guerra Civil- se plasmó hace 26 años en la Constitución y se prolongó durante muchos años, hasta que ya no parecía necesaria esa pedagogía.

Todo eso ocurrió con un terrorismo nacionalista que cada dos por tres quería poner en jaque a la democracia, atentaba contra las libertades y sembraba odios por doquier; un terrorismo que está ahora a punto de ser derrotado, gracias también a esa lucha democrática y gracias a que las víctimas no respondieron con la misma moneda ni se tomaron la justicia por su mano.

Ahora, estas semanas, nos encontramos con síntomas -preocupantes, a mi juicio- de encastillamiento, de vuelta al cainismo, de negación del otro. Hay medios de comunicación que inauguran la tercera guerra mundial todas las mañanas, que dan por supuesto un 'nosotros' y un 'ellos', de mezcla al parecer imposible, una lucha de bandos en el que los nuestros son buenos, siempre buenos, sin mezcla de mal alguno, y ellos son sinónimos del mal, sin una brizna de bondad. La gente acude a algunos medios como si fueran yonquis en busca de la dosis diaria, para que les reconforten en lo que previamente tienen decidido sobre los hechos -imposible ya analizarlos con matices-, o en busca de munición para sacudir al otro. Es imposible narrar la actualidad diciendo que Moratinos ha estado mal, pero que el tono de Aznar no es el más conveniente; que la Iglesia se pasa en reclamar privilegios, pero que desde el Gobierno no puede decir que no se rellene su casilla; que se trabaja en un medio, pero se puede apreciar a los que están en otro. Tener que explicar lo obvio produce fatiga, pero, sobre todo, es un síntoma de que algo no va bien en las relaciones entre ciudadanos. Ahora, o se es del Barça o se es del Madrid, pero a uno no puede gustarle el fútbol, no puede ser de un equipo y gustarle un jugador o una jugada del otro.

Hay dirigentes en los partidos políticos que plantean abiertamente la necesidad de echar más leña al fuego, de apagarlo vertiendo gasolina y es cada vez más difícil ver a los que se zurran tomándose luego un café. Arístegui critica a Moratinos y éste le retira el saludo. Marín lleva la contraria al PP y éste amenaza con reprobarle. En este río revuelto tienen las de ganar aquéllos que se plantean la política como el arte de acaparar cuanto más mejor, mientras el otro se queda con la manta sin que le cubra los pies; aquéllos que entienden el Estado como un territorio para ejercer la insolidaridad, la xenofobia o el desprecio a los otros.

La Constitución española garantiza precisamente eso, un país de iguales, en el que es posible convivir de forma armónica, con una solidaridad política y económica, con unos valores democráticos compartidos y con la renuncia a exterminar el otro. El PP y el PSOE tienen todo el derecho del mundo a discrepar, a debatir, a enfrentarse; pero sin empujar, sin sacar el alfanje, sin transmitir a la grada una visión maniquea de las cosas. Es mucho más lo que une al PP y al PSOE, a sus electores, que lo que les separa, por eso no deberían jugar con los asuntos clave, con los valores de convivencia entre distintos, de respeto en las cuestiones decisivas. El numeroso público al que le gusta el buen juego se lo agradecerá y los que quieren quebrar esa convivencia se quedarán sin poder romper el tablero.

España
Luis Manuel MADIEDO HONTAÑÓN La Razón 4 Diciembre 2004

El PSOE de Zapatero se ha visto obligado a pactar con los nacionalismos radicales para alcanzar el Gobierno de España. Este pacto nacional estuvo precedido del que llevaron a cabo los socialistas catalanes, al mando de Pascual Maragall para conseguir gobernar en Cataluña.

Hoy, tan sólo meses después de la marcha del Partido Popular del Gobierno del Estado, observamos cómo las nefastas consecuencias de semejantes alianzas no se hacen esperar y la propia existencia de España puede correr un peligro cierto.

Antes de nada, hemos de aclarar que no tratamos de defender la unidad de España como Estado por cuestiones de idealismo sentimental o por motivos de identidad, que podrían, no obstante, tener una justificación histórica mucho más fundada que otros nacionalismos peninsulares. Simplemente pensamos que una España unida es la formula que más bienestar, más prosperidad y más libertad puede garantizar al conjunto de ciudadanos de este país, nación, o Estado como cada uno lo quiera denominar.

La idea de España posee una potencia extraordinaria y la fuerza de su inercia histórica y de sus elementos de cohesión también, pero los ataques a los que está siendo sometida y sobre todo la debilidad de quienes deberían ser garantes de su permanencia son tan grandes que, por primera vez desde la aprobación de nuestra Constitución, la amenaza de su destrucción parece real.

La mayoría de las posturas de los nacionalismos periféricos radicales parten de un falseamiento histórico pleno de revanchismo, que se desmiente por sí solo y que pretende desconocer que nuestra realidad actual es fruto de nuestra evolución histórica. Si el idioma castellano o español es hablado en todas las comunidades autónomas y por tanto es el idioma común que todos tememos el derecho de utilizar y el deber de conocer (art.3.1 de nuestra Constitución) es porque la historia de España fue la que fue. ¿Qué sentido tiene ahora pretender edificar nuestra convivencia sobre unas bases históricas que nunca existieron? Se imaginan que Europa se pretendiera construir como si la Santa Liga hubiera perdido la batalla de Lepanto, la Armada Invencible no se hubiera ido a pique frente a las costas de Inglaterra, Villeneuve no hubiera llevado a la flota francoespañola al desastre en Trafalgar o el desembarco aliado en Normandía hubiera fracasado. Pues eso es lo que pretenden algunos nacionalismos históricos aunque en el intento se lleven por delante la paz, la libertad y el bienestar de los españoles.

En los últimos días hemos escuchado una serie de manifestaciones y asistido a un conjunto de acontecimientos que ponen de manifiesto una situación cada vez más complicada y a la cual el Gobierno español se muestra incapaz de dar respuesta, dada su dependencia política de los que protagonizan semejantes situaciones.

Pascual Maragall expresa su intención de incorporar el derecho de autodeterminación de Cataluña en la próxima y anunciada reforma de su estatuto de autonomía, lo que nunca pretendió Jordi Pujol, mientras festeja a las selecciones catalanas y pide que España deje de competir como tal en el nivel internacional.

El PNV solicita que se declare oficial el idioma árabe en Ceuta y Melilla, en tanto Ibarreche, tras proclamar ante el Rey de España que sueña con la vuelta de la rama política de ETA a las instituciones, mantiene que sólo los vascos decidirán cómo y de qué manera se vinculan con España. ¿Qué vascos? ¿También los navarros?

Las ideas de Ibarreche y ahora las de Maragall (¿Quién será el próximo?) suponen lisa y llanamente la fragmentación de la soberanía nacional que pasaría de residir en el conjunto del pueblo español (art 1.2 de la Constitución) a residir en cada uno de los territorios que lo pidieran por separado. Con ello, España se convertiría en una especie de confederación de estados independientes que supondría en la práctica su desaparición a todos lo efectos. ¿Es eso lo que quiere Zapatero?; y si no es así, ¿por qué no lo dice abiertamente y nos presenta a los españoles su proyecto de articulación territorial para el Estado, superando el marco constitucional, al parecer, según ellos, ya amortizado? En esta situación de indefinición y extrema debilidad, el tiempo corre en contra de España y, como dije al principio, no de una España sentimental de glorias y grandezas pasadas, sino de la España que mejor garantiza la paz, la libertad, la prosperidad y el bienestar, no sólo de los españoles, sino de todos los ciudadanos que han decidido libremente vivir en ella y colaborar en su progreso.         Luis Manuel Madiedo Hontañón es secretario ejecutivo del partido Popular de Asturias

¿Adónde vamos?
Alfonso USSÍA La Razón 4 Diciembre 2004

¿Adónde nos quieren llevar el rencor, el revanchismo y la debilidad del Gobierno socialista? En el Congreso, burla a la democracia. Trampa miserable. Asesinato, no sólo de Montesquieu, sino del reglamento. Nuevo pago a las minorías nacionalistas. En breve, tendrán un sistema judicial propio y España se agrietará aún más. El Gobierno se propone conceder la residencia sin permiso de trabajo a todos los imanes de las mezquitas.

¿Están locos o son idiotas? Los independentistas de ERC reciben en el Congreso de los Diputados a unos individuos imputados por pertenecer a la ETA. Ahí, en el templo de la soberanía popular de los vivos y de los muertos, los socios de Zapatero abrazan y dan cobijo y palabra a los cómplices del terrorismo. Van más allá los indispensables socios del Gobierno de Zapatero. «Esquerra Republicana» pide que la Constitución no dé poder a las Fuerzas Armadas para «invadir» Cataluña. Que yo sepa, la Constitución no da poder a nadie para invadir Cataluña, entre otras razones porque el Ejército no puede invadir un territorio español. Otra cosa es que se despliegue, o que tenga mayor presencia, o que dado el caso, y cumpliendo el mandato constitucional, defienda la unidad territorial de España.

¿Adónde vamos y a qué esquizofrenia nos llevan estos supuestos gobernantes? Repito la pregunta. ¿Están locos o son idiotas? ¿Anteponen su delicia por el poder a los intereses elementales de España? En ese caso, ¿son también unos traidores? ¿Cómo van a explicar a los votantes socialistas que su fin es gobernar como sea a costa de España y de su Estado? España es la Patria, la Nación, y el Estado, el encargado de administrarla. Sin España, ¿qué queda del Estado? ¿Todo sirve para permanecer en el poder? ¿Adónde nos llevan estos irresponsables blandos, pactistas, acuclillados, demagogos y tramposos? Da igual que se pierda una votación en el Parlamento. Se repite y ya está. ¿Por qué no se repiten las elecciones generales? ¿Qué pretenden estos necios? ¿Llevárselo otra vez? Pueden hacerlo.

El anterior Gobierno les dejó rebosantes las arcas del Estado. Les dejó una envidiable situación de prestigio en el exterior. Ya se lo han cargado. Maragall reparte mapas independentistas que invaden –ahí sí tiene sentido la voz «invasión»– Valencia, Castellón, Alicante y las islas Baleares, y no pasa nada. Enfrentamiento con la Iglesia y alfombras al islamismo. ¿Están locos a son idiotas? Intervención en la Justicia, intervención en la banca privada, intervención en las empresas, intervención en la libertad, es decir, amputación de la libertad. ¿Adónde vamos con esta tropa? Y nada de sonrisas. Su misma presión ha terminado con la farsa. Ya están en el insulto, instalados en la mentira, dominados por la crispación, empecinados en sus errores. En breve empezarán a llevárselo. Da igual. Una Estado bien administrado se recupera. Lo malo es que se pueden llevar por delante algo mucho más importante que al Estado, es decir, al administrador. Pueden acabar con el administrado, o sea, con España. Y a eso nos llevan.

Aznar, ¿del adiós al hasta luego?
Lorenzo CONTRERAS La Razón 4 Diciembre 2004

No se descubre nada diciendo que la cosa se ha puesto fea. Es la expresión más común que se capta en los cenáculos políticos. Se había acusado a José María Aznar de crispar la situación y resulta que Zapatero le da sopas con ondas, bien por iniciativa personal, bien por la entusiasta colaboración que recibe en tal sentido de los miembros de su equipo dirigente. Nada se diga de Moratinos, que ya ha demostrado cumplidamente su capacidad para tensar la cuerda, incluida la befa que representa distinguir entre apoyar y legitimar al golpista venezolano Carmona. Pero más importante es todavía que un hombre hasta ahora tan ponderado como Manuel Marín, presidente del Congreso, se haya saltado con pértiga la norma procedimental parlamentaria para dar cauce a la reforma de la Ley Orgánica del Poder Judicial. Por lo visto, el reglamento de la Cámara no es para este presidente una regulación de primer rango. La reacción de los diputados populares al abandonar el hemiciclo daba la medida de un «desencuentro» que puede acabar en ruptura de relaciones parlamentarias en asuntos esenciales.

La reciente comparecencia de Aznar ante la comisión investigadora del 11-M ha producido, por su parte, una nueva ambientación política. Los socialistas no querían que el episodio de las once horas de interrogatorio se produjera. Para ellos –y llevaba razón– Aznar estaba mejor en FAES que en el Congreso de los Diputados, aunque sólo fuese por una sesión. Al final no lograron evitar que el ex presidente rindiera cuentas.

Una fatalidad o un error (del PSOE) porque si había que «rendir cuentas» el compromiso no podía ser unilateral. Ni los ataques frontales nacionalistas ni las cargas pírricas de Llamazares, tampoco el interrogatorio de comisaría que planteó la abertzale navarra Uxue Barko y menos aún el despliegue argumental que intentó el socialista Álvaro Cuesta, pudieron frustrar las réplicas del ex presidente, que acudió bien provisto de prontuario venenoso. Y mientras estas consideraciones se desgranan tal vez se olvide lo principal: que Aznar de algún modo ha regresado a la palestra, que por ahí llaman trinchera, probablemente para disfrute y complacencia de una gran parte de la militancia del PP, disconforme con las medias tintas y los estilos apagados del «marianismo» vigente. El propio Rajoy ha debido entender el mensaje aznariano y el clamor de cierta militancia porque inmediatamente ha endurecido su discurso y ha mostrado una dentadura dialéctica que se le había olvidado en el vaso de agua. Con todo lo cual se configura en la dirección zapaterista y en la dirección popular una debilidad paralela. ZP se ve irrespetuosamente rebasado por los suyos (ahí está la deserción de los 18 diputados que hicieron novillos a la hora de votar la reforma judicial) y Rajoy recibe un toque de atención. Porque Aznar parece haber sustituido el adiós por el hasta luego.

Carod- Rovira merece eso y más
Iñaki ZARAGÜETA La Razón 4 Diciembre 2004

Los hoteleros de Benidorm nos han marcado el camino a seguir al iniciar una campaña para boicotear durante las fiestas de Navidad el cava catalán como respuesta a su actuación para derogar el trasvase del Ebro. He de decir que mi amigo Rogelio y yo nos adherimos a la propuesta, una filosofía que ya expuse en este «gallinero» el 6 de mayo pasado con el título «Sin agua del Ebro, tampoco Font Vella». A ver si finalmente revienta la situación inaceptable a la que nos están llevando desde la región norteña.

Y me muestro partidario de la «borroka» porque la prudencia, legalidad y legitimidad de nuestros representantes no han obtenido el resultado apetecido. Al contrario, lejos de provocar la reflexión de Pasqual Maragall y Josep Lluis Carod-Rovira, les ha envalentonado y no reparan en abusos y chantajes, como han demostrado con la lengua valenciana o con la pretensión de las selecciones deportivas. Para ello, eso sí, han contado con la debilidad y el «talante» de José Luis Rodríguez Zapatero, que se ha ido plegando a cada uno de los pulsos que le han echado.
Sé que es muy complicado para el presidente Francisco Camps, abanderar una rebelión de este calibre. Su cargo institucional le obliga a una imagen pública, pero algo hay que hacer, porque la cosa va a más. Quizás no estaría de más alguna «escuchita» a su homólogo catalán, y a los dirigentes de los productores de cava, de la Caixa –en plena expansión a lo largo y ancho de la Comunidad– y a unos cuantos más, para que sean ellos mismos los que se ocupen de borrar del mapa las miserias de Maragall, Rovira y cía.

2-12-2004
Del blog de A. Espada 
email 4 Diciembre 2004

El anterior presidente del gobierno catalán ha elogiado al actual. Jamás había ocurrido: lo odió sin tregua durante 23 años. Ahora Pujol lo alaba. En Guadalajara: "Pasqual Maragall dijo una frase muy inteligente: el catalán es el Adn de Cataluña". En efecto: el propio Pujol, un hombre formado en el Colegio Alemán de la primera posguerra barcelonesa, había dicho lo mismo muchas veces, aunque sin el irrevocable toque genitivo, cuando sostenía que cada lengua proyecta una determinada cosmovisión sobre el individuo.

La frase de Maragall sólo tiene importancia porque ilustra estupendamente lo que hacen los buenos hijos: escuchar las enseñanzas del padre, adaptarlas a su tiempo y transmitirlas. Y es emocionante ver cómo el padre contempla ahora satisfecho el desarrollo de su vástago. La ocurrencia de Maragall tiene una probable explicación en su cerebro, peculiarmente espongiforme. Es probable que haya escuchado algunas declaraciones de Álex Grijelmo, el actual presidente de la Agencia Efe, que lleva tiempo hablando del gen, el genio y la eugenesia de la lengua. Las intenciones de Grijelmo son meramente costumbristas e incluyen pasajes realmente sabrosos como aquél de una piscina de Madrid, donde dos chicas deciden (y vocean) que, contra el pérfido topless, van a tomar el sol en tetas, provocando en nuestro hombre la confirmación (el vahído) de que el genio de la lengua no sólo existe sino que acaba de mostrarse.

Una gota del chapoteo ha salpicado el cerebro de Maragall y así ha empezado a hablar del Adn, no ya de la lengua, sino de los pueblos, haciendo uso del estado de barra libre en que se ha convertido España. Cuando Maragall revitaliza con adn el chusco idealismo lingüístico pone en marcha una operación muy corriente entre la izquierda nacionalista catalana. Son expertos en disimular con diseño el tufo rancio de sus ideas. Esa es la característica más destacada de TV3. O de las corbatas y calcetines (todo uno y lo mismo) de Oriol Bohigas, uno de los más grandes carcamales fosforescentes de Cataluña.

En cualquier caso, el Adn lingüístico sirve muy bien a los intereses del nacionalismo maragalliano. Por un lado, cierra cualquier posibilidad de impugnación: lo que en Herder, Fichte y panda era cultura colectiva ahora es naturaleza colectiva. Y por otro materizaliza el sueño más o menos inconfesado, e infructuosamente perseguido, del buen nacionalista catalán: esto es, fusionar cultura y etnia, y convertir de una vez por todas Cataluña en una identidad hard.

ETA hace una demostración de fuerza al colocar cinco bombas a la vez en gasolineras de Madrid
Los artefactos, de escasa potencia, sólo causaron dos heridos leves y algunos daños materiales Las explosiones se produjeron tras una llamada anónima a «Gara» y después de haber dado tiempo a desalojar todas las estaciones de servicio
Cinco bombas estallaron sobre las seis y media de la tarde de ayer en otras tantas gasolineras de Madrid. Las explosiones tuvieron lugar en la estación de servicio de la A-5 (carretera de Extremadura) que hay junto a la subestación eléctrica de la Casa de Campo; en la de la M-607 que hay a la altura de Colmenar Viejo; en la que hay en la A-3 en el campus de Vallecas; en la del kilómetro 6 de la A-45 y en la que hay en la A-6 junto al hipódromo. Las explosiones se produjeron después de que un comunicante anónimo que dijo hablar en nombre de ETA llamase al diario «Gara» sobre las cinco y media de la tarde anunciando la colocación de los explosivos, lo que permitió desalojar las gasolineras. Sólo hubo que lamentar dos heridos leves.
R. L. Vargas / J. M. Zuloaga La Razón 4 Diciembre 2004

Madrid- Cinco explosiones en otras tantas estaciones de servicio ubicadas en algunas de las carreteras más importantes y que soportan más tráfico de la Comunidad de Madrid convirtieron la «operación salida» del Puente de la Constitución en un auténtico caos circulatorio en el que miles de ciudadanos madrileños que se disponían a iniciar el periodo de descanso quedaron atrapados durante varias horas. Sobre las cinco y media de la tarde, un comunicante anónimo que dijo hablar en nombre de ETA llamó al diario «Gara» avisando de la colocación de cinco artefactos en las estaciones de servicio que hay en el kilómetro 6 de la A-45, en la situada junto al hipódromo en la carretera A-6, en la ubicada en la A-3 junto al campus de Vallecas, en la del kilómetro 10 de la M-607; y en la estación de servicio que hay en la A-5 al lado de la subestación eléctrica de la Casa de Campo.

«Gara» trasladó inmediatamente la información a la Ertzaintza, que a su vez transmitió los datos al Ministerio del Interior. La velocidad con que se produjeron las comunicaciones permitió a las Fuerzas de Seguridad desplazarse rápidamente hasta los lugares donde habían sido puestas las bombas y desalojar a todos los que se encontraban en las estaciones de servicio. A las seis y media, tal y como había anunciado el comunicante, estallaron cinco artefactos sin que se produjesen heridos graves. Las bombas, según explicó el ministro del Interior, José Antonio Alonso, estaban escondidas en lugares anexos a las gasolineras. La que estalló en la estación de servicio de la A-5, situada junto a la Casa de Campo, estaba escondida en una caseta, al igual que la que hizo explosión en el kilómetro 6 de la A-42. El artefacto que explotó en la gasolinera de la A-3 estaba oculto tras unos matorrales que había en su parte trasera, mientras que el que los terroristas colocaron en la estación de servicio situada en el kilómetro 10 de la M-607 estaba oculto junto a un árbol. Como consecuencia de la explosión en esta estación de servicio, cercana a la localidad de Colmenar Viejo, dos agentes del Cuerpo Nacional de Policía tuvieron que recibir asistencia médica al estallarles los tímpanos.

Los daños materiales ocasionados por los explosivos fueron bastante escasos. Aunque al cierre de esta edición la Policía todavía no había podido determinar la cantidad de explosivo que había en cada bomba, fuentes de la investigación explicaron a este periódico que se trataba de artefactos de escasa potencia, similares a los que la banda terrorista colocó en el litoral cantábrico el pasado verano. Lo que sí consiguieron los terroristas es interrumpir momentáneamente el tráfico en las arterias afectadas por las explosiones, en las que la circulación permaneció cortada unas tres horas, causando importantes atascos al coincidir con el primer día de la «operación salida» del Puente de la Constitución. El ministro del Interior afirmó que «todo hace indicar» que la autora de los atentados es ETA. Alonso explicó que la llamada a «Gara» avisando de la colocación de los artefactos es un dato a tener muy en consideración para llegar a esta conclusión. El ministro aseguró que su departamento no tiene constancia de que la banda terrorista tenga infraestructura estable en la capital. No obstante, las Fuerzas de Seguridad estaban en alerta ante la posibilidad de que la banda tratase de perpetrar un atentado en Madrid en estas fechas y por ello, en las últimas semanas, varios grupos de las Unidades de Intervención Policial (UIP) habían sido desplazadas hasta la capital para efectuar controles en las principales carreteras y «puntos calientes» –lugares probables de atentados– de la ciudad. Tras narrar como se habían producido el aviso de los terroristas y la posterior explosión de los artefactos, Alonso llamó a la calma a los ciudadanos madrileños, a los que pidió que continúen disfrutando del Puente de la Constitución con toda normalidad, rechazando como hace el Gobierno, cualquier escenario de temor. Asimismo, reiteró el pleno apoyo del Gobierno a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, pidiendo a la ciudadanía que mantengan la confianza en ellas, porque en el día de hoy en un tiempo mínimo consiguieron desalojar las gasolineras y evitar un riesgo mayor.

COINCIDIRÁ CON SU DISCUSIÓN EN EL PARLAMENTO VASCO
Basta Ya pondrá en marcha el día 9 una campaña publicitaria contra el Plan Ibarretxe
A partir del próximo jueves, la plataforma Basta Ya emprenderá una campaña publicitaria en radio y prensa en defensa del Estatuto de autonomía frente al ataque del Plan Ibarretxe. El objetivo es que los vascos "sepan qué supone esta propuesta que entra en contradicción con la Constitución europea".
EFE Libertad Digital 4 Diciembre 2004

Los portavoces de Basta Ya Carlos Martínez Gorriarán, Mikel Iriondo, Ramón Gómez y Nicolás Gutiérrez ofrecieron este viernes una rueda de prensa en la que presentaron esta campaña que incluye cuñas radiofónicas y carteles que serán insertados en periódicos y revistas hasta finales de diciembre, cuando está previsto que el plan Ibarretxe sea debatido en el Parlamento Vasco.

Durante su intervención, el profesor de la Universidad del País Vasco Carlos Martínez Gorriarán opinó que la propuesta de Ibarretxe se basa en tres "falsedades", ya que "no sirve para acabar con ETA, no es compatible con la constitución europea" y, en contra de lo que dijo el lehendakari, "se está discutiendo aprovechando que existe una violencia que sólo padece la oposición". Aclaró en este sentido, que el proyecto de Ibarretxe "es inútil para acabar con ETA", porque si la banda terrorista "está en una fase crítica es porque no se ha hecho el menor caso a las cosas que dice el plan ni a la filosofía que la sostiene", señaló.

"Además –añadió–, Ibarretxe prometió que su plan se iba a discutir, debatir y a votar en ausencia de violencia y ha mentido, porque ha anunciado un programa de discusiones en el Parlamento para diciembre, mientras ETA sigue existiendo y sigue habiendo amenazas". Recordó en este sentido que "aunque ETA esté muy débil, puede cometer un atentado cualquier día y esto pone al desnudo la falsedad de toda la estrategia del lehendakari".
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