AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 5 Diciembre 2004
La firmeza da resultados
Editorial La Razón 5 Diciembre 2004

ZAPATERO Y LAS LEYES DE MURPHY
Ignacio CAMACHO ABC 5 Diciembre 2004

Egunkaria = ETA
Pedro CERRACÍN La Razón 5 Diciembre 2004

Visitas
Antonio PÉREZ HENARES La Razón 5 Diciembre 2004

A puerta cerrada
KEPA AULESTIA El Correo  5 Diciembre 2004

Euskadi, vascos y Constitución española
FRANCISCO JOSÉ LLERA RAMO  El Correo 5 Diciembre 2004

«STICK» TARTARE
Sergi DORIA ABC 5 Diciembre 2004

HUMILDAD
Jon JUARISTI ABC 5 Diciembre 2004

LOS 652.196 MOROS DE CAROD
Antonio BURGOS ABC 5 Diciembre 2004

Aznar, Zaplana, Arístegui
José A. SENTÍS La Razón 5 Diciembre 2004

La respuesta de ETA
Editorial El Ideal Gallego 5 Diciembre 2004

Talante y crispación
ALFONSO DE LA VEGA La Voz 5 Diciembre 2004

Carod no es Cataluña
Cartas al Director ABC 5 Diciembre 2004

Vargas Llosa cree que la retirada de las tropas de Irak fue un éxito del terrorismo
EFE Libertad Digital 5 Diciembre 2004



 

La firmeza da resultados
Editorial La Razón 5 Diciembre 2004

A medida que se aproxima la fecha de las elecciones autonómicas en la comunidad vasca, los distintos corifeos de la banda terrorista etarra multiplican los mensajes de hipotéticas negociones y treguas con la sola finalidad de que Herri Batasuna, no importa qué denominación adopte, pueda presentarse como fomación política a los comicios. No son pocas las voces entre los especialistas en la lucha antiterrorista que advierten de que la campaña de atentados medidos de ETA, como la serie de bombas que estallaron simultánemente el viernes en Madrid o la colocación de artefactos simulados en vehículos de policías y concejales, tiene la misma intencionalidad: forzar mediante la escenificación de la amenaza la derogación de la ley de Partidos.

Ya no cabe dudarlo. La exclusión de las instituciones de Batasuna y del resto de las organizaciones del entorno etarra, ha supuesto un golpe muy eficaz para la estrategia de los terroristas. Expulsados de los ayuntamientos, su influencia en la sociedad vasca se diluye imperceptiblemente. Si también desaparecen de la Cámara regional, donde aún hoy mantienen sus escaños con el apoyo del PNV, la tradicional relación de fuerzas parlementarias puede sufrir un cambio histórico.

De ahí, que sean del máximo interés las declaraciones del ministro del Interior, José Antonio Alonso, que hoy publica LA RAZÓN. Mantiene el ministro, sin lugar a las interpretaciones, que la única puerta para que Batasuna pueda regresar a la vía política es, preciamente, la Ley de Partidos. Pero, para cruzarla, los proetarras deberán hacer una condena clara y explícita de la actividad terrorista, algo que el propio Otegui sabe que no está a su alcance, salvo que arrostre las consecuencias de enfrentarse a los pistoleros. No da el titular de Interior ninguna esperanza, ni mensaje equívoco, de que el nuevo Gobierno socialista vaya a cambiar la política antiterrorista consensuada con el anterior Ejecutivo popular. La Ley de Partidos y el Pacto por la Libertades seguirán vigentes. Es una buena noticia y conviene destacarlo. ETA y su entorno no deben tener otra salida que el abandono de las armas y su disolución. Luego, a lo mejor, es posible hablar de otras cuestiones. Mientras, es preciso mantener la presión policial, judicial y exterior sobre los terroristas; politica de firmeza que ha demostrado sobradamente su eficacia.

ZAPATERO Y LAS LEYES DE MURPHY
Por Ignacio CAMACHO ABC 5 Diciembre 2004

SI algo le faltaba al Gobierno socialista español para culminar el auténtico «mes de pasión» que se inició el 2 de noviembre con la victoria electoral de George W. Bush y la consiguiente derrota del candidato Kerry, en el que Zapatero había depositado sus esperanzas de presentarse como un adelantado del neopacifismo; si algún quebradero de cabeza inoportuno podía añadirse a la difícil semana comenzada con el vapuleo que Aznar propinó a los «siete enanitos» que trataron en vano de ajustarle las cuentas en la Comisión de investigación del 11-M; si las siniestras leyes de Murphy podían empeorar la escalada de reveses y conflictos que han supuesto los desatinos de Moratinos y la tortuosa y arrolladora tramitación contra reloj de una ley torticera destinada a nombrar jueces a la medida del Gobierno; si quedaba un contratiempo por sufrir en este quemadero en que de pronto ha empezado a arder la buena estrella del Gabinete, ése era la reaparición de ETA en Madrid.

Podía, desde luego, haber sido peor. Los petardos etarras de la noche del viernes no constituyen sino el aviso perdonavidas de que la banda parece dispuesta a vender caros sus evidentes estertores, provocados por el éxito de una política antiterrorista urdida bajo el mandato de Aznar con el acertado consenso del Partido Socialista. Pero el momento elegido por los etarras para hacerse presentes en un escenario nacional que les viene dando por liquidados tras los últimos y certeros golpes policiales supone para Zapatero el colofón de un amargo recordatorio que, en muy pocas semanas, le ha puesto de manifiesto la complejidad de la tarea de gobierno y le ha anunciado un futuro de espinas tras el perfumado camino de rosas recorrido desde su inesperada victoria electoral hasta el comienzo del otoño.

Acostumbrados en pocos meses al aura de gracia del poder recién ocupado, los socialistas se han reencontrado de repente con toda la problemática crudeza de la adversidad política. Sus cálculos sobre la «pájara» del PP después de la derrota del 14-M han resultado erróneos; el previsto derrumbamiento que debía provocar la secuela del atentado y la orfandad del liderazgo aznarí no sólo no se ha producido, sino que el centro derecha ha sido capaz de recomponerse internamente y levantar una incómoda oposición de desgaste que ha empezado a abrir boquetes en el costado del buque gubernamental. A sólo ocho meses de su nacimiento, el Gobierno tiene ya dos ministros quemados, un portavoz parlamentario que suscita amplias críticas -incluso las veladas del propio presidente socialista de la Cámara- y numerosas brechas de opinión pública derivadas tanto de la bisoñez como del sectarismo y hasta de la incompetencia. La Comisión del 11-M, destinada a freír al aznarismo en la parrilla de la imprevisión, ha terminado revelándose como una plataforma de lanzamiento del PP. No sólo se han reabierto razonables dudas sobre la autoría intelectual de la matanza, sino que la oposición ha recibido una vivificadora descarga de oxígeno moral con la comparecencia del ex presidente del Gobierno, cuya durísima dialéctica de «killer» barrió a los mediocres portavoces de la mayoría parlamentaria y lanzó venenosos torpedos contra el entorno mediático de La Moncloa. Aupados sobre la escalerilla que Aznar colgó el lunes de las amuras del barco del poder, los comandos populares han comenzado a trepar en busca del abordaje sobre cubierta.

En el puente de mando de la Presidencia faltan ahora mismo manos para ocuparse de los problemas surgidos. El estupor cunde en el mundo financiero ante el asalto lanzado contra el BBVA por un grupo de «outsiders» de la Banca, presuntamente impulsados por algún asesor de Zapatero, mientras en las oficinas del sector se cancelan vacaciones de personal para atender la demanda de planes de pensiones originada en el pánico a la desaparición de sus beneficios fiscales tal como anunció un responsable de Hacienda. El Ministerio de la Vivienda es un fantasma burocrático condenado al ostracismo por una mala planificación de sus (ausentes) competencias. Los constructores se quejan en público del parón de los concursos de infraestructuras. Los regantes de Levante se enteran de que el agua les va a costar un 50 por cierto más cara que con el trasvase del Ebro, y unos grupúsculos extraparlamentarios movilizan a decenas de miles de ciudadanos en defensa del valenciano ante el chantaje ventajista de los separatistas catalanes aliados de Maragall y de Zapatero.

El canciller Moratinos se ha ido a Palestina con una reprobación en el morral, y Estados Unidos sigue castigando con dureza su política procubana. La pifia de la votación de la reforma judicial ha exasperado al presidente del Congreso, Manuel Marín, obligándole a amparar una maniobra fullera que acabó con la oposición marchándose del hemiciclo. Las embestidas del PP, anunciadas la semana anterior por Ángel Acebes, ofrecen la sensación de que el Gobierno ha perdido la iniciativa, y Rajoy se ha permitido recordar que su partido tiene la llave de las reformas constitucionales y hasta resulta necesario para sacar adelante el consenso imprescindible en torno al referéndum europeo de febrero. Por si todas estas tormentas fuesen pocas, el propio Zapatero ha visto empaparse su feudo leonés, cuya Alcaldía ha volado hacia el PP de la mano de unos especuladores de la política... con quienes el PSOE había urdido una anterior alianza ahora traicionada.

Sólo faltaba ETA, y ya está ahí. Acompañada, por cierto, de la confusa muerte de la mujer del confidente «Lavandero», ahogada en el helado Cantábrico entre sospechas de presiones insoportables y en presencia de alelados -como mínimo- agentes policiales. Al menos, contra ETA sí tendrá el Gobierno el apoyo cerrado de una oposición que, lejos de amilanarse y deshacerse en la clásica crisis de la derrota, se ha venido arriba con rabia y orgullo herido, y parece haber mordido carne en el tobillo de su presa. Siempre que llueve, escampa, decía González. Y escampará sin duda, porque la política da muchas vueltas y la opinión pública es aleatoria y voluble, pero los goterones del chaparrón resuenan con fuerza sobre los tejados de La Moncloa. Y las bombas colocadas por los etarras en las gasolineras de un colapsado Madrid a comienzos del esperanzador puente que iba a enfriar la crispada tensión de estos días aciagos para Zapatero, parecían recordar la más pesimista de las citadas leyes de Murphy: «Si vez una luz al final del túnel, no te alegres demasiado. Puede ser un tren que viene de frente».   
director@abc.es

Egunkaria = ETA
Pedro CERRACÍN La Razón 5 Diciembre 2004

Es fantástico ver como Arzalluz por fin ejerce de padrino sin disimulo. Verle aparecer de nuevo y que lo haya hecho junto a los directivos de Egunkaria, acredita que está perdiendo facultades, porque lo suyo ha sido actuar desde su despacho en un segundo plano, dejando el trabajo sucio para otros. El padrino de Egunkaria se permitió el lujo de insultar a nuestro sistema democrático y a los jueces, pero la verdad es que tiene miedo a lo que va a salir en el sumario de Egunkaria. Porque el gobierno nacionalista del PNV tendrá que explicar quién y porqué concedió importantísimas subvenciones públicas a las empresas de Egunkaria, para lo que fue necesario que estas entidades falsearan las cifras de ventas del periódico, inflándolas un 60 % sobre la realidad. Si el periódico se vendía poco no había subvenciones, si falsifican las ventas el maná llegaba en abundancia. Y es que Egunkaria tenia buenos padrinos en el gobierno vasco.

Los dirigentes de Egunkaria intentan difundir un mensaje falso, conforme a lo que es la técnica habitual del MLNV. Ellos son maestros en utilizar las libertades, para atentar contra las mismas. Y con esta estrategia no cesan de difundir que el Juez pretende atentar contra la libertad de expresión cerrando el periódico vasco, cuando la realidad es muy otra. ETA actualmente actúa en el contexto de lo que la criminalidad organizada es en nuestros días. En España actúan más de 200 organizaciones criminales, que se dedican a actividades como el tráfico de drogas, tráfico de inmigrantes, blanqueo de capitales, tráfico de armas...y, por supuesto al terrorismo. La estructura de este tipo de organizaciones adquiere inevitablemente una forma empresarial, y se infiltra en el sistema jurídico con apariencia legal, para burlar la ley en busca de jugosísimos beneficios económicos. ETA se ha modernizado de una forma evidente y es necesario oponerle una justicia moderna, que es lo que están haciendo los jueces Del Olmo y Garzón. La estructura de ETA en los años 70-90 era muy gruesa en su apartado de pistoleros, pero en los años 90-2004 es más gruesa su actividad «administrativa» que la de matar propiamente dicha, sin perjuicio de que todos trabajan con una misma dirección, medios y objetivos; y por supuesto con caja única. Los jueces por tanto han de dar respuesta a este tipo de criminalidad organizada y eso es lo que se está haciendo en el sumario denominado popularmente como Egunkaria.

Para evitar que se confunda a la opinión pública y que esta presione de alguna forma sobre la voluntad de los jueces, es necesario explicar que en esta causa no se juzga a un periódico, sino a una empresa que se constituye con dinero de ETA, que dirige ETA y que sigue las estrategias marcadas desde la cúpula de esta organización criminal. Es decir que si una organización de tráfico de drogas crea una inocente tienda de caramelos para blanquear dinero, y la justicia cierra dicho negocio, no lo hace porque sea ilegal vender caramelos, sino porque se está blanqueando el dinero de procedencia ilícita y favoreciendo el funcionamiento de la estructura criminal dedicada al tráfico de estupefacientes. Pues bien Egunkaria es el mejor ejemplo de multiplicación de los panes y los peces. El MLNV crea periódicos con una facilidad verdaderamente admirable. Y es que los miembros de Egunkaria con su padrino a la cabeza, no explican quien les paga y para qué. No explican quienes son sus accionistas, que los tienen falseados en sus escrituras con testaferros que ocultan la verdadera procedencia del dinero. No explican cómo una sociedad que se inicia con nueve millones de pesetas termina editando un periódico cuya sola impresión en las rotativas costó en los años 1991 a 1998 un millon de euros.

Quizás quieren ocultar lo que desde la detención de la cúpula de ETA en Bidart es un grito a voces gracias a la documentación allí intervenida: el proyecto empresarial de ETA denominado UDALETXE, donde aparece Egunkaria en el seno de un entramado de empresas coordinadas por una Comisión de KAS. Si se leen el auto de procesamiento que les ha entregado el juzgado y que es público, comprobaran lo nítidamente probado que aparece el hecho de que el Comité Ejecutivo de ETA les facilita recursos humanos y materiales. Por si todo esto fuera poco todos los cargos importantes especialmente los de su consejero delegado Ignacio Uria Manterola y el del director del periodico en sí, Marcelo Otamendi Egiguren fueron realizados desde el Comité Ejecutivo de ETA. EGUNKARIA, S.A. comenzó recibiendo ayuda de otras empresas de ETA, de tal forma que mientras que el EGIN estaba en circulación la impresión se realizaba en las mismas rotativas que aquel en la mercantil denominada HERNANI IMPRIMATEGIA del grupo ORAIN, S.A. Pero posteriormente gracias a las inyecciones de efectivo de AEK, ZEDUKO ARGIA SAL, ORAIN, S.A., APIKA SAL, y a las subvenciones a que hemos hecho referencia del Gobierno vasco, EGUNKARIA, S.A. y sus empresas satélites, han dado la vuelta a la tortilla y terminaron siendo estas quienes en lugar de recibir fondos de otras empresas del MLNV inyectaban dinero a otras empresas del entramado. Así ETA consiguió lo que queria, tener un medio de difusión más, en el que desde el año 1996 ha realizado prácticamente todos los comunicados de la banda criminal; y del que finalmente ha obtenido una evidente rentabilidad económica.

Por esto y no por escribir se les procesa, porque no sólo quienes aprietan el gatillo componen la organización terrorista ETA; porque hay indicios racionales de que el «inocente periódico» oculta una empresa creada por ETA en la que han blanqueado dinero sucio, han falseado entregas de dinero mediante testaferros interpuestos, y finalmente han obtenido beneficio económico.

Sí, quien apadrina ahora a cara descubierta a EGUNKARIA, S.A. lo sabe, como la sociedad española conoce, que las armas más letales contra el terrorismo son las económicas, por eso unos dan subvenciones ilegales a estas organizaciones y otros procuran impedirlo.

Pedro Cerracín es abogado de la AVT que ejerce la acusación popular en el sumario Egunkaria

Visitas
Antonio PÉREZ HENARES La Razón 5 Diciembre 2004

Arzallus se apareció en Madrid por la mañana. Por la tarde llegó ETA. Nada que ver, seguro, pero llegaron, como tantas veces, juntos. El patriarca nacionalista vino como gran pastor de su redil a acompañar a las ovejas presuntamente descarriadas de «Egunkaria». Defendió su inocencia y tronó contra los jueces de la Audiencia Nacional. Dice que él conoce a esos corderos y que no pueden tener nada que ver con ETA. Yo prefiero esperar a ver qué dicen las investigaciones, los hechos y la Justicia. Lo de ser conocidos de Arzallus no parece, en principio, una irrefutable prueba exculpatoria. Y por la tarde volvió ETA. Haciendo el terrorismo que puede, que es lo suyo. Que si pueden, matarán. Esa es su única realidad y lo será hasta su derrota total, por mucho que en cuanto les mellan los dientes y pasan algún tiempo sin clavárnoslos, sale la coral de turno –haciéndole las voces a Otegui– a clamar que ya no quieren morder y hay que darles la paz. Los «imazes», los «carodes» y los «odones» tendrán que esperar otra vez más a que la policía los deje de nuevo desarbolados, y obligue a las pistolas y bombas de ETA al silencio. Entonces levantarán ellos la voz. Menos mal que en esto los que más importan no tienen fisuras y al ministro de Interior, Alonso, no se la cuelan con treguas a la fuerza que se quieren convertir en rearme y trampa.

A puerta cerrada
KEPA AULESTIA El Correo  5 Diciembre 2004

Si el acto celebrado en el Velódromo de Anoeta por Batasuna para presentar su plan de paz permitió a los más optimistas especular con lo que podían significar los juegos de palabras de aquel documento, la comparecencia de Arnaldo Otegi despejó ayer cualquier duda respecto al inmovilismo de la izquierda abertzale. Dado que los cinco artefactos que en la tarde del viernes devolvieron a los madrileños al estremecimiento y a la incertidumbre son, para Otegi, una prueba más de que el conflicto persiste y de que sus parámetros no han experimentado variación alguna, nada cabe esperar de tan nula disposición a rectificar su conducta.

Prácticamente desde que Herri Batasuna surgiera y comenzara a desarrollar su proyecto a la sombra de ETA, el resto de la sociedad vasca se dispuso a una paciente espera confiando que en algún momento la izquierda abertzale se avendría a aceptar como propias las reglas de juego de los demás. Con el tiempo, esa esperanza se fue desvaneciendo dando paso a una actitud cada vez más exigente como réplica a la cruel tozudez extremista. Hace todavía no mucho, persistía el argumento de que el terrorismo requería soluciones políticas e imaginativas y no policiales o judiciales. Ya prácticamente nadie maneja semejante lógica fuera del círculo del terror. Hasta ayer mismo se oían voces bienintencionadas que insistían en que Batasuna debía condenar la violencia de ETA o en que debía emplazar a ETA al cese de su actividad. Pero esas voces también desaparecerán -como de hecho lo están haciendo- porque resultan vanas. Los acontecimientos vienen a reiterarnos una y otra vez lo ya sabido: que Batasuna no dirá ni hará nada que no diga o haga antes ETA. ETA ni siquiera permitiría que, en una secuencia aparente, Batasuna tomase la delantera para anunciar de alguna manera su final.

Otegi advirtió ayer de que Batasuna no abrirá más sus puertas de lo que las abrió en el Velódromo mientras las demás formaciones no hagan lo propio. La condición expuesta resume perfectamente hasta qué punto la izquierda abertzale oficial trata de que sus gentes continúen de espaldas a la realidad, fingiendo poseer la autoridad moral de quien dice haberse movido de sus posiciones de partida. Es la obstinada e inútil pretensión de quienes demandan a los demás que les concedan una parte creciente de razón para justificar así su andadura pasada, mientras amenazan con utilizar esa misma justificación para perpetuarse en el afán dictatorial que alimenta el terrorismo. El cuadro resultante refleja la doble impotencia de ETA y de Batasuna. Impotencia al comprobar que no pueden imponer sus condiciones a la sociedad y a las instituciones. E impotencia por sentirse incapaces de operar una variación significativa en su comportamiento porque saben que en ese caso se les desmoronaría todo. De ahí que no vean otra salida que mantenerse inmóviles y a puerta cerrada.

Euskadi, vascos y Constitución española
FRANCISCO JOSÉ LLERA RAMO/CATEDRÁTICO DE CIENCIA POLÍTICA DE LA UPV-EHU Y DIRECTOR DEL EUSKOBARÓMETRO El Correo 5 Diciembre 2004

Libertad, amnistía y estatuto de autonomía eran las demandas que más adhesión popular concitaban al iniciarse la transición democrática en Euskadi en 1977, convirtiéndose en logros políticos en sólo un par de años. Así, en ese mismo año, las libertades políticas se materializaban con la celebración de elecciones libres y constituyentes y la amnistía no dejó en las cárceles ni un solo preso político, ni siquiera a los que lo eran por delitos de terrorismo. Por otro lado, el autogobierno quedaría consagrado en la Constitución de 1978, cuyo cuarto de siglo ya hemos celebrado, y nunca mejor dicho. Por esa Constitución y la voluntad democrática mayoritaria de españoles y vascos, Euskadi existe como realidad política estable por primera vez en la historia y los vascos obtuvimos la plena ciudadanía democrática, que consagra nuestro pluralismo. Los vascos refrendamos la Constitución de 1978 con menor entusiasmo que el resto de los españoles, pero hemos sido, sin lugar a dudas, los grandes beneficiarios de la misma por la restauración generalizada del sistema de Concierto y nuestra especial ubicación y reconocimiento en ella. Sin embargo y a la vista de lo sucedido en estas dos décadas largas, alguien podría poner en duda, legítimamente, que tales peculiaridades nos hayan beneficiado realmente. Éstas no han satisfecho a quienes se quería dar satisfacción y han servido para asentar la hegemonía social y política del nacionalismo, a pesar de lo cual la democracia constitucional española ha tenido que soportar la deslealtad y el combate furibundo de los nacionalistas de uno y otro signo, los de las pistolas y el coche bomba o los del poder.

Y es que el borrón en aquella gloriosa página de nuestra historia lo pusieron, precisamente, los nacionalistas vascos. Éstos, practicando su rentable y patológico victimismo, se convierten, como siempre, en 'aguafiestas' impenitentes de los demás, mientras ellos se dan el gran banquete. Y lo hacían por una mezcla de obcecado fundamentalismo étnico, irredentismo sin límites, totalitarismo seudorrevolucionario, cobardía moral y permeabilidad ideológica ante los violentos e instrumentalización partidista en beneficio propio de los efectos del terrorismo que en aquellos años asolaba con especial saña nuestros pueblos y ciudades. Claro que ha habido víctimas nacionalistas, pero esto no les libera de su responsabilidad histórica, sino que la hace más lacerante, si cabe. Durante todos estos años, siguiendo con su irresponsable estrategia de beneficiarse del poder que les proveían unas instituciones que deslegitimaban, practicaron una calculada ambigüedad política, que, tras una apariencia de semilealtad, ocultaba en realidad una profunda deslealtad democrática, como el tiempo se ha encargado de demostrar. Su voracidad insaciable fue lo que les llevó en 1978, sin justificación democrática aparente, a no comprometerse activamente en el apoyo al pacto constitucional.

Pensando en la inmediata discusión estatutaria y a la vista de la flexibilidad (o debilidad) mostrada por las fuerzas democráticas con su más que discutible reconocimiento de los 'derechos históricos', esperaban, por lo menos, maximizar y endosar en beneficio propio el resultado político de tal impugnación ideológica, acompañada por la de la limpieza étnica practicada por los terroristas. Dejarían para más adelante, ya en nuestros días, rematar la jugada, comerciando políticamente con el final aparente del chantaje violento, tras más de veinte años de control y apropiación indebida de las instituciones autonómicas. Este obsceno e inmoral victimismo de unos y otros, con el que tratan de justificar su deslealtad democrática, contrasta escandalosamente con la paciencia democrática (o amedrentamiento) de una sociedad vasca, en la que cientos de miles de sus ciudadanos ven, o han visto, cómo son violados cada día sus derechos y libertades fundamentales por las variadas formas de la limpieza étnica, sin que los nacionalistas del Gobierno muestren el más mínimo interés efectivo en remediarlo, más allá de las jaculatorias rituales. Sólo en virtud de un falseamiento de la historia, al que tan acostumbrados nos tienen los nacionalistas, alguien podría seguir diciendo que los vascos hemos rechazado o, incluso, no hemos aprobado la Constitución española.

La no presencia directa, que no exclusión, en la ponencia constitucional, compensada por la interlocución de Miquel Roca y Miguel Herrero, la no incorporación automática de Navarra a la comunidad vasca, el no reconocimiento de una identidad nacional y una soberanía preconstitucional de los vascos, el Pacto con la Corona, entre otras razones, eran sólo la coartada para una decisión ya tomada previamente. «No podemos votar que no a la Constitución (...). Nuestra respuesta lógica hubiera sido el no, pero más allá de nuestra convicción, consideramos que la Constitución abre el desarrollo de un proceso autonómico», como dijo el portavoz del PNV. Por eso, cuando ETA más zurraba y el Congreso de los Diputados se disponía a votar el proyecto final de Constitución en los últimos días de julio, los nacionalistas del PNV se ausentaban del hemiciclo para no tener que decir ni que sí, ni que no. La razón formal la daba el propio Carlos Garaikoetxea, a la sazón presidente del EBB, cuando decía: «Si este Estado persiste en su idea de que al pueblo vasco no se le debe reconocer que tuvo unas instituciones originarias propias, decimos que rechazamos este modelo porque queremos seguir siendo vascos y desarrollar nuestra propia identidad».

Como en el cuento de la buena pipa, el irredentismo estaba servido. No bastaron ni la constitucionalización de los derechos históricos, ni el tratamiento excepcional de la adicional primera, ni la puerta abierta a la incorporación libre de los navarros, ni, mucho menos, la restauración generalizada del privilegiado Concierto Económico. Pasado el tiempo, es como si los dos nacionalismos, el violento y el gubernamental, se hubiesen reencontrado a sí mismos en esta posición constituyente, convirtiendo en estrategia conjunta lo que no aparentaba ser más que una táctica instrumental o de coyuntura. Sin embargo, ambos momentos tienen algo en común: el miedo a la sociedad vasca plural y, por tanto, la obscena y perversa jibarización de ésta por el nacionalismo. Las primeras elecciones mostraron la debilidad y carácter minoritario del nacionalismo, además de su profunda división y desorientación ideológica y estratégica (unos querían la autodeterminación y otros la negaban) y, por eso, a diferencia de Cataluña con Tarradellas y la Asamblea de Parlamentarios, el nacionalismo no tuvo ningún interés en fusionar en el ente preautonómico de concentración la repatriación del Gobierno vasco en el exilio, en el que serían minoría.

El nacionalismo sabe que los vascos sí aprobamos la Constitución y no soporta que sigamos apoyando nuestro sistema constitucional. La vieja y artera táctica del abstencionismo les pudo resultar rentable, pero es su profundo fracaso político e ideológico. Con las reglas del juego en la mano, el 69% de los vascos dimos el sí a la Constitución del 78, frente al 23% que votaron no. Si los primeros se sitúan a unos veinte puntos de la media española y algo más de la catalana, los segundos las superan en quince y dieciocho, respectivamente. Es verdad que en el caso vasco sólo votaron algo menos del 45% de los censados, situándose, por tanto, algo más de veinte puntos por debajo de la media española o catalana. En todo caso, nunca un referéndum superó en el País Vasco el 65%, nunca votamos más del 80% en ninguna elección y casi siempre lo hemos hecho bastante por debajo del resto de los españoles. Teniendo en cuenta los apoyos con los que contaba el nacionalismo vasco por aquellos días, sabiendo que no todo el no o la abstención eran nacionalistas y sumando el máximo de abstención atribuible a la campaña del nacionalismo (siempre por debajo del 20%) al 10% censal del no, hemos sido más los vascos que dimos nuestro apoyo explícito a la Constitución española que los que la cuestionaron, de una u otra manera.

Sin embargo, a pesar de que los vascos ratificamos a posteriori nuestro sistema constitucional con el consenso y el sí estatutario, a pesar de que la mayoría de la opinión pública vasca mostraba su satisfacción con el proceso de transición democrática ya en los años ochenta, a pesar de que tres de cada cuatro vascos seguimos mostrándonos básicamente satisfechos con el actual modelo de autogobierno, a pesar de que la opinión mayoritaria de los vascos haya evolucionado de forma crecientemente favorable a la Carta Magna española, a pesar de que a la mayoría de los vascos nos repugnan las medidas que puedan provocar una ruptura constitucional y estamos mayoritariamente en contra de la inestabilidad e incertidumbre de propuestas tan irresponsables, autoritarias y populistas como la de Ibarretxe, el nacionalismo sigue engañándose y engañándonos tratando de legitimar su deriva rupturista, precisamente, en el falso rechazo de los vascos al sistema constitucional español.

En su intento de confrontar las dos legitimidades, la democrática y la étnica, no tiene inconveniente en destruir la sociedad y la ciudadanía vasca democrática para sustituirla por su premoderna e imaginada comunidad de los nacionalistas, olvidándose u ocultando que, incluso, una parte importante de los que les votan apoyan y respetan las reglas del juego de nuestra democracia constitucional. Por eso, ¿alguna de estas 'lumbreras' del 'establecimiento' nacionalista vasco se ha molestado en preguntarse y estudiar cuántas de las actuales constituciones en vigor contarían según sus estándares con la legitimidad fundacional con que cuenta la española? Señores nacionalistas vascos, entérense de una vez de que ni las constituciones, ni las identidades, ni las ciudadanías necesitan estar plebiscitándose cada vez hasta que se ajusten a los intereses o las ensoñaciones enfermizas de cualquier secta, porque la democracia es otra cosa.

 No deja de ser llamativo que en este viaje estén acompañados por lo más rancio de un falso izquierdismo, caracterizado por la frustración, el sectarismo, el oportunismo ideológico y, sobre todo, el clientelismo. Su gran descubrimiento teórico es la convergencia 'déjà vue' entre el integrismo histórico y el izquierdismo de saldo sobre el fin del Estado-nación (o, simplemente, del Estado). ¿Es que se puede ser de izquierdas y apoyar actitudes, valores y prácticas populistas, autoritarias y etnicistas? En el caso de los nacionalistas, al menos, puede estar sucediendo que, de tanto seguir acríticamente a su nefasto fundador, les resulten tan grandes como a él tanto la sociedad vasca como la democracia española. O, quizá, a unos y otros, lo que les vaya tan grande como a aquel integrista racista sea, simplemente, la democracia pluralista.

«STICK» TARTARE
Por Sergi DORIA ABC 5 Diciembre 2004

CADA fin de semana, por poco que pueda, me regalo con un «steak tartare». Además de la base cárnica -ternera «ben criada» de Girona-, el secreto del buen «steak» reside en la habilidosa conjunción de las especias. Como los caracoles, los erizos o las ostras, al «tartare» lo amas o lo detestas (absolutamente). Recuerdo un episodio de «Míster Bean» en el que Rowan Atkinson se lo pide en un restaurante finolis. Lo prueba, le hace ascos y lo va desmenuzando y aplanando para esconder cada triza bajo el mantel, el cenicero, el jarrón, o la cestilla del pan.

En Cataluña, los nacional-republicanos no se dedican a la gastronomía, pero cada semana se alimentan de algún agravio -de antaño o de hogaño- que aporte calorías al narcisismo de las pequeñas diferencias. Una semana la emprenden con la unidad de la lengua y provocan la insurrección «blavera»; otra, remueven los papeles de Salamanca y últimamente se dedican al «stick tartare». Después del fiasco de Fresno y el no reconocimiento de la selección catalana por la Federación Internacional de Patinaje por 114 a 8, Carod-Rovira tocó a rebato. Con la seguridad de quien posee la llave maestra de la gobernación y una vehemencia de un «trabucaire» carlista, hizo un llamamiento contra la candidatura de Madrid a los Juegos Olímpicos del 2012: sus cachorros vociferaban en la calle y sus socios en la Generalitat rumiaban el «mal rollo» anticatalán que se nos venía encima. Esta visto que el insaciable Carod necesita carne fresca cada semana; si no, se pone a gruñir y su pataleo hace temblar los cimientos de la estabilidad política: ya sea en Madrid, en la barcelonesa plaza de Sant Jaume, o en un níveo pueblo del Pirineo. Si el Barça fue durante años el metabolizador de entusiasmos o victimismos, según fueran los resultados en cada coyuntura futbolística, el hockey sobre patines sirve ahora a los corifeos de la independencia para blandir el «stick» con la fiereza de los tártaros de Gengis Khan. Galopan y dan la vara con lo de Fresno.

Cada vez con más frecuencia, Carod mira de soslayo a Artur Mas y éste le guiña el ojo de complicidad soberanista para que replantee sus alianzas con un socialismo al que considera cómplice en las supuestas presiones del Gobierno para que la propuesta de los patines diera el patinazo. Mientras Maragall hace autocrítica, restaña los zarpazos de Carod a la convivencia y recose como Penélope las costuras entre Cataluña y España, el independentismo sigue con su hambruna. El eco del «qué hay de lo mío» resuena cual fúnebre salmodia en un Rodríguez Zapatero ensombrecido por su sonrisa. Como míster Bean, el presidente va disimulando los trozos del «stick» entre los pliegues de la servilleta. Lo malo es que en el episodio televisivo, un camarero tiraba del mantel: los trozos de carne se esparcían por el suelo; como gentileza de la casa, le volvían a poner el mismo plato en la mesa. ¿Más «stick tartare»? ¿Más vara de Fresno?

HUMILDAD
Por Jon JUARISTI ABC 5 Diciembre 2004

LA democracia es tragicómica. Como la vida misma, mezcla caracteres sublimes y basura demasiado humana. No tiene sentido resistirse a lo inevitable y, por tanto, guardémonos de perder el tiempo mascullando quejas del vecindario que nos ha tocado en suerte. Sin embargo, ¿por qué renunciar a distinguir entre los mejores y la chusma? La comparecencia de Aznar ante la comisión que, en teoría, investiga el 11-M dejó bien claro que, por muy brutal y zafia que sea la fuerza niveladora del número, las diferencias morales entre los individuos y aún entre las opciones políticas diversas conservan su visibilidad y su pertinencia. Quizá fue esta certeza, más que los formidables alegatos del anterior presidente y la estupidez sin paliativos de los comisionados de la coalición gobernante, lo que resultó más consolador, en la ya imborrable jornada del 29 de noviembre, para aquella parte de la nación derrotada por los terroristas del jueves 11 y los acosadores del sábado 13 antes de serlo, formalmente, en los comicios del domingo 14 de marzo de 2004.

La rabia de la ya avejentada mayoría de marzo se hacía patente entre la noche del lunes pasado y la mañana del miércoles, día en el que habría de personarse Moratinos ante la Comisión de Exteriores del Congreso. En el ínterin, la directora general de la Biblioteca Nacional berreó en el salón de actos de la misma, celebrando retrospectivamente el derribo del régimen del PP y profetizando el próximo desplome del imperio americano. Para quienes recordamos muy bien la reacción de la mentada directora a la destrucción de las Torres Gemelas, tales exabruptos no constituyen sorpresa alguna. Pero jamás en estas casi tres décadas de monarquía parlamentaria, jamás, digo, había sido mancillada la Biblioteca Nacional de España, la Biblioteca de toda la nación, por una manifestación semejante de sectarismo.

CON todo, no había llegado lo peor: lo hizo el miércoles por la noche, en forma de un teletipo ficticio emitido por la cadena de televisión que más destacó en la cobertura cariñosa del infame asedio a la sede del PP en Génova, la tarde del 13 de marzo. En dicho teletipo se informaba de que el Papa «y su marido», en un futuro Día contra el sida, pedirían perdón por haber condenado el uso de preservativos. Y, ahora sí, la lectura de este texto en la pantalla, blanco sobre negro, me produjo un estupor que estuve lejos de sentir al conocer las burradas de Rosa Regás (burrófila o coleccionista de burros, por cierto). ¿A qué venía esta provocación gratuita, este insulto miserable a los católicos, justamente cuando el Gobierno parecía dispuesto a suavizar tensiones con la confesión mayoritaria?

CREO que existe una posible explicación. La coalición gobernante y sus aliados mediáticos habían esperado convertir la comparecencia de Aznar en un juicio público que concluyese con la aniquilación social de aquél que habían designado como culpable, en última instancia, de los atentados del 11 de marzo. Consiguieron justamente lo contrario. Aznar apareció ante los españoles como víctima, no ya sólo del terrorismo (las insinuaciones de Olabarría en tal sentido no fueron solamente sucias: también dialécticamente insensatas), sino de una conspiración política que manipuló la matanza de los trenes para lograr el vuelco de las previsiones electorales. De hecho, la única tarea que le queda a la comisión del 11-M (la única que la devastadora intervención de Aznar ha dejado pendiente) consiste en la investigación de dicha conspiración política, algo que, obviamente, la coalición evitará llevar a cabo. De ahí la escalada enloquecida de despropósitos progres a la que hemos asistido esta semana, que han combinado la vuelta al modelo insurreccional del 13 de marzo (esta vez desde el poder) con las poses a lo Tartufo de Rodríguez y Moratinos. Se acabó el talante: ya no da para más. Y la chorrada de recambio, lo de la humildad de pastorcillo navideño, ha durado menos que un suspiro. La mentira comienza a pasar factura.

LOS 652.196 MOROS DE CAROD
Por Antonio BURGOS ABC 5 Diciembre 2004

EN la revisión de la guerra incivil, ahora los vemos hasta en las fotos sacadas de las hemerotecas. Son los legendarios moros con los que Queipo de Llano conquistó Sevilla en su sublevación contra la legitimidad republicana. Aquel conspira-dor general de Caballería, consuegro de Alcalá Zamora y beneficiario de prebendas republicanas ganó Sevilla al contrario que San Fernando. San Fernando la ganó a los moros. Queipo la ganó a base de moros. De moros y de radio. Estrellita Castro cantaba «Mi jaca» con letra del republicano Ramón Perelló por la estación EAJ 5 Radio Sevilla cuando repentinamente se cortó la emisión y una voz militar leyó el bando de guerra. Queipo acababa de inventar el uso de la radio con fines bélicos, destructora arma de propaganda. Una sección de Caballería había tomado el poste emisor y otra de Infantería los estudios. Desde aquel micrófono movilizado, Queipo inició sus proclamas, luego convertidas en indescriptibles charlas, que en un principio eran con vivas a la República, rematados con un «¡Arriba los corazones!», para que creyeran que se había sublevado hasta el Sursum Corda.

Y junto a la radio, los moros. Como una ópera trágica. Si diez figurantes vestidos de egipcios saliendo y entrando repetidamente en el escenario de «Aida» daban idea de que estaba en el teatro todo el ejército del Faraón, dos escuadras de moros de Regulares montados en sendos camiones y dando vueltas por Sevilla podían hacer creer a los leales republicanos que los sublevados contaban con todo el Ejército de África. Así se hizo. Y entre bravatas por la radio y moros rifeños dando vueltas en los camiones, Queipo pudo conquistar la mítica Sevilla la Roja de la II República.

Cambien la repugnante técnica del golpe de Estado por el arte del chantaje de las minorías en una democracia gobernada por unos radicales que fueron los primeros sorprendidos al encontrarse con el poder en las manos, y lo de Carod es bastante parecido a los moros de Queipo. El poeta Manuel Mantero dijo genialmente en una Tercera de ABC que Carod tiene «cara de foca extraviada». ¿O es que se le está poniendo cara de Queipo de Llano, de ejercer sus mismas técnicas? Carod ha tomado TVE como Queipo ocupó Radio Sevilla tras su sublevación contra la legitimidad democrática. De momento, toros fuera. Carod saca su pañuelo y le dan los tres avisos y mandan al corral a los toros en TVE, al Plan Hidrológico, a la existencia del valenciano como lengua, a las selecciones olímpicas españolas, a la Constitución, a su artículo octavo, a la unidad de España y a lo que haga falta.

Para tomar Sevilla, Queipo cogió unos moros, se puso a darles vueltas en unos camiones e hizo creer que era un ejército entero. Para tomar por el mango la sartén de la España que odia y quiere destruir, Carod ha cogido los moros de sus votos y se ha puesto a darles vueltas en el camión del tripartito y del chantaje perenne. Millones de votos serán, ¿no? Un ejército de votos, ¿no? Ja, já, poleá. ¡Sólo 652.196 votos son los que tiene el mocito! ¿Y han visto la que está liando este tío con sólo 652.196 votos? Frente a ellos, no son nada los 9,7 millones de votos del PP. Le tenemos el mismo miedo a los 652.196 moros, perdón, votos de Carod que a los catorce rifeños mal contados de Queipo. Los 11 millones de votos del PSOE están en manos del chantaje en sesión continua de esos 652.196. Votos que no son nada ante los 893.135 que por ejemplo sacó el PP sólo en Madrid capital. Casi tantos votos como Carod en toda España sacó el PSOE solamente en la provincia de Sevilla: 639.293; y los socialistas, empezando por Chaves, están a merced del Carafoca. Ya digo, como los moros de Queipo: vueltas y más vueltas a 652.196 votos en el camión del tripartito.

Aznar, Zaplana, Arístegui
José A. SENTÍS La Razón 5 Diciembre 2004

Ya está la consigna en la calle. Crispación. Lo que los endebles parlamentarios socialistas no logran, imponerse en el Congreso con razones políticas, su acorazada mediática lo resuelve. Cuando los representantes del PP baten por goleada al heterogéneo bloque gubernamental, entonces se despliega el coro propagandístico para decir que eso es llevar a España a la confrontación.

No se puede llevar la contraria a estos insignes demócratas que son capaces de mancillar en siete días los tres poderes del Estado. Que han utilizado al Ejecutivo para dar un golpe al estado de la Justicia y, tras quedarse en minoría parlamentaria, dan otro golpe al Legislativo con la vulneración de los procedimientos que, en democracia, son sagrados.

Ni se puede discutir la información de los medios prosocialistas, aunque esté demostrado que mintieron con contumacia antes de las elecciones para remover el poder, aunque fuera resbalando sobre la sangre de las víctimas del terrorismo. Ni se puede protestar contra el ministro de Exteriores en ejercicio, aunque acuse de golpismo al anterior Gobierno constitucional.

Está visto que esta oposición del PP es intransigente, cerril, encanallada, rencorosa en la derrota. Pero al PSOE no le da miedo. ¿Qué pueden romper que no hayan roto ya? se preguntó el eficaz Rubalcaba (él, más que su Grupo).
No creo que sea cuestión de enumerar las cosas que pueden romperse desde la oposición, cuando ésta tiene la friolera del cuarenta por ciento del Congreso y el cuarenta y ocho del Senado, más ocho Comunidades Autónomas, varios miles de Ayuntamientos y casi diez millones de votantes. No es que puedan romper cosas, es que pueden hacer un estropicio. Sobre todo, dejar sin juguetes a Zapatero, esos de las reformas estatutarias y constitucionales que tanto le ponen.

Si cree el PSOE y su acorazada mediática que va a arrugar al PP acusándole de crispar, va, por lo que se está viendo las últimas semanas, muy equivocado. Los socialistas han utilizado tanto la acusación de «dóberman» (lo último ha sido llamar a Aznar «matón», ellos, los herederos de la época del Gal) que la han desgastado. Y el PP, sus dirigentes, sus militantes y sus votantes, están hartos. Hartos de que se diga que crispan cuando critican; que se apele a la guerra civil para descalificar a la derecha democrática; que se les achaque el terrorismo que no impidieron, sin acordarse del que no evitaron o no impedirán los socialistas (no digamos del que fomentaron); que les llamen mentirosos los mentirosos probados; que les llamen golpistas los amigos de quienes financiaron el golpe contra el golpista Chávez.

Y por eso, en muy pocos días, se han batido los populares sin complejos. Aznar, burlando el potro inquisitorial para ridiculizar a una acomplejada mayoría. Zaplana, venciendo batallas parlamentarias impensables sobre la cacicada judicial. Arístegui, demostrando que a Moratinos le tiembla tanto la voz como su gestión en Exteriores. Igual todos tenían excesiva cara de cabreo, pero nada crispa más que la sonrisa embobada, especialmente cuando encubre la manipulación, la calumnia y la mentira.

La respuesta de ETA
Editorial El Ideal Gallego 5 Diciembre 2004

No resulta extraño que los demócratas hayan alzado su voz para denunciar el nuevo intento de ETA para coaccionar al Gobierno. Eligieron el puente más largo del año para sembrar el caos en el tráfico y, de paso, el miedo, que es lo único que saben hacer los terroristas para imponer sus ideas al resto de la población. Sin embargo, en medio de la unanimidad en la repulsa, llama la atención de nuevo la cínica postura de Batasuna. Y llama la atención no porque sea extraño que callen ante un atentado o un crimen, incluso que lo justifiquen. Lo curioso es que, de un tiempo a esta parte, se estaban oyendo voces que apuntaban hacia la recuperación de la formación abertzale, propicias a su reentrada en la política, a su legalización. Y han respondido a esos intentos escupiendo en la mano que se les tendía. Lo mejor es que su comportamiento puede servir para que aquellos que habían depositado alguna esperanza de conseguir la “civilización” del brazo político de los criminales etarras se den cuenta de que no hay otro camino para acabar con los terroristas que su encarcelamiento. La vía política, esa que propugnan algunos ilusos o puros de corazón es una utopía entre quienes están dispuestos a matar por imponer sus criterios. Es bueno que PSOE y Partido Popular hayan coincidido a la hora de analizar los atentados. Ambas formaciones representan a más de la mitad de los españoles y es preciso que en un asunto tan grave como el terrorismo se olviden las disputas partidistas y se actúe con una sola voz.

Talante y crispación
ALFONSO DE LA VEGA La Voz 5 Diciembre 2004

UNA DE LAS más importantes, prestigiosas y preparadas personalidades del socialismo español, de esa parte que no se resigna a ser la comparsa nacionalista, me transmitía recientemente su preocupación por el grado de crispación que está alcanzando la situación política española. Convenía con ella en que tal situación no es buena para el desarrollo político, económico y social de España. Pero es que no hay manera de intentar contribuir a serenar los ánimos sin renegar de la dignidad de la condición de ciudadano. El Gobierno y los socialistas en general no ayudan.

En verdad, razones objetivas no faltan para la crispación, y eso sin tener en cuenta que la crisis económica que se avecina va a ser agravada con consecuencias lamentables para la clase media y trabajadora por este Gobierno a la deriva. Así, tras la incompetencia sectaria y culposa del tal Moratinos, el alarde continuo de talante para ningunear al Ejército o humillar al Congreso y a la Judicatura sometidos a las vejaciones de los enemigos autodeclarados de España, socios de ZP en el Gobierno, supone un antes y un después en la credibilidad de las instituciones democráticas.

En este ambiente de deterioro moral ha bastado la presencia de un hombre íntegro, con criterios y con principios, que trata de defender algo, tan importante para un caballero pero tan incomprensible para un villano, como es el honor y el respeto a la verdad, para que el tinglado de la farsa montada tras el 11-M se venga abajo. Y es que es una pena que tanto gasto en vistoso disfraz de barítono de opereta, tanta fingida doncella de virgo remendado, tanta Celestina mediática, no permitan disimular ya entre las gentes con criterio racional, o con intuición, la verdadera calaña de sus usuarios.

Carod no es Cataluña
Cartas al Director ABC 5 Diciembre 2004

Como catalán nacido en Gerona, Cataluña, España, doy mi máximo apoyo, siendo barcelonista y antimadridrista, a la candidatura de Madrid 2012, así como a las corridas de toros. ¿Desde cuándo un extremista separatista amigo y cómplice de los terroristas de ETA como Carod-Rovira nos puede decir a los catalanes lo que debemos hacer? Gracias a Dios, no todos los catalanes tenemos afectado el cerebro de llevar tanto la barretina.
Julián Esteban.Gerona.

CREE QUE LA VICTORIA DE ZAPATERO ESTUVO INFLUIDA POR EL 11-M
Vargas Llosa cree que la retirada de las tropas de Irak fue un "éxito" del terrorismo
El escritor peruano, Mario Vargas Llosa, afirmó este sábado que la retirada de las tropas españolas de Irak por el Gobierno socialista fue "un éxito de los terroristas". Para el escritor, los resultados electorales que dieron la victoria al actual presidente del gobierno español, Rodríguez Zapatero, "estuvieron influidos" por los atentados del 11 de marzo en Madrid. "Sin el atentado, los resultados de las elecciones hubieran sido diferentes", indicó el columnista del diario El País.
EFE Libertad Digital 5 Diciembre 2004

El escritor Mario Vargas Llosa afirmó que la política internacional española "ha cambiado desde el atentado en Madrid". Según Vargas Llosa, antes de los atentados, España estaba jugando "un papel importante en Europa, nunca visto desde su Edad de Oro".

Vargas Llosa declaró que el terrorismo internacional "ha encontrado los instrumentos para interferir en nuestras vidas políticas". En este sentido, dijo que se debe "luchar sin complejos de inferioridad" contra el terrorismo.

El escritor hizo estas declaraciones en la ciudad holandesa de Rotterdam en un debate sobre los valores europeos organizado por la actual presidencia holandesa de la Unión Europea (UE). Además de Vargas Llosa, también participaron en el debate sobre valores en Europa, entre otros, el primer ministro holandés, Jan Peter Balkenende y el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso
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