AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 6 Diciembre 2004
EL PRESIDENTE Y LA NACIÓN
JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS ABC 6 Diciembre 2004

La Constitución y los socios independentistas de ZP
Editorial Libertad Digital  6 Diciembre 2004

Parte del PSOE quiere negociar con ETA
Carlos DÁVILA La Razón 6 Diciembre 2004

Zapatero ha de parar a Carod
Iñaki ZARAGÜETA La Razón 6 Diciembre 2004

Vigencia de la Constitución
Editorial La Razón 6 Diciembre 2004

HISTORIA DE UN ÉXITO
Editorial ABC 6 Diciembre 2004

Voluntarismo
Nota del Editor 6 Diciembre 2004

ETA ofrece paz con bombas leves
Lorenzo Contreras Estrella Digital 6 Diciembre 2004

Será que les asiste el derecho
Joaquín Juan DALAC La Razón 6 Diciembre 2004

La táctica del aullador
Pío Moa Libertad Digital 6 Diciembre 2004

La ciudad confiada
Joaquín MARCO La Razón 6 Diciembre 2004

Poli bueno, poli malo
FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo 6 Diciembre 2004

Problema de Estado
PABLO MOSQUERA La Voz 6 Diciembre 2004

SEVILLA, COLOR DE PATRIA
Jaime CAMPMANY ABC 6 Diciembre 2004

ESQUERRA REPUBLICANA Y LOS EJÉRCITOS
Valentí PUIG ABC 6 Diciembre 2004

Emboscada
Luis GONZÁLEZ SEARA La Razón 6 Diciembre 2004

BATASUNA ES ETA
GERMÁN YANKE ABC 6 Diciembre 2004

Oposición sin zalemas
Antonio PÉREZ HENARES La Razón 6 Diciembre 2004

Los presos y Batasuna
EL SUBMARINO La Razón 6 Diciembre 2004

Superando la ficción
Cartas al Director ABC 6 Diciembre 2004

Eta hace estallar siete bombas propagandísticas, sin provocar víctimas, en el Día de la Constitución
Efe/Ep-Madrid La Razón 6 Diciembre 2004

La UPV coloca a una ex etarra como futuro enlace con los presos de la banda
Marcos S. González La Razón 6 Diciembre 2004

Totorika cree que «el mundo violento de ETA debe seguir ilegalizado»
EFE/BILBAO El Correo 6 Diciembre 2004
 

EL PRESIDENTE Y LA NACIÓN
por JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS ABC 6 Diciembre 2004

EL Presidente del Gobierno, en una de esas afirmaciones aparentemente inocuas e insolventes con las que acostumbra a pronunciarse, ha sostenido en el Senado que el concepto nacional de España es una cuestión «discutida» y «discutible». Semejante fragilidad de convicción en la realidad jurídico-política que sostiene y vertebra la Constitución española de 1978, cuyo vigésimo sexto aniversario celebramos hoy -algunos sí lo hacemos- alerta del carácter improvisado de la denominada «agenda territorial» de este Ejecutivo y explica la agresividad de los nacionalismos catalán y vasco para tratar de imponer sus tesis en la anunciada reforma de los Estatutos autonómicos.

Los socialistas están incurriendo en comportamientos, actitudes y pronunciamientos radicalmente contradictorios. El de José Luis Rodríguez Zapatero sobre el carácter «discutido» y «discutible» de la nación española es, desde luego, la más grave de todas porque inocula la duda sobre la supuesta certeza de los socialistas en la consistencia social, cultural y política en la que se asienta el Estado, es decir, el ser nacional. La Nación precede al Estado y determina su naturaleza. El Estado unitario, aunque autonómico como el nuestro, se basa en una realidad preconstitucional de naturaleza histórica, cultural, económica y política que la Carta Magna recoge pero no crea. La Nación, por eso, determina las características del Estado, de ahí que «la indisoluble unidad de la Nación española» en la que se «fundamenta» la Constitución establezca una estructura jurídica -la estatal- también unitaria, aunque autonómica, no compatible con la plurinacionalidad, ni con la coexistencia de «comunidades nacionales». De tal manera que si alguna autonomía de las diecisiete estatutarias en España propugnase en su nuevo Estatuto su carácter nacional entraría en colisión con la Constitución de manera técnicamente indefectible. Alternativamente, la Constitución debería ser cambiada e iniciarse un proceso constituyente para debatir -discutir, precisamente- si España es una «nación de naciones» o un conjunto de «comunidades nacionales» o una yuxtaposición de naciones y regiones, esto es, si es asimétrica y se reinventa con el ayuntamiento voluntario de las soberanías nacionales de lo que ahora son partes de un todo.

Esta y no otra es la denominada «cuestión territorial» que resolvieron los constituyentes de 1978. Sin embargo, la buena voluntad de los que idearon la diferenciación entre «regiones» y «nacionalidades» para dar satisfacción a precedentes históricos de la época republicana y rasgos culturales propios como el lingüístico, es el asidero actual de algunos para reivindicar que aquella solución -se dice ahora que «transaccional» con el posfranquismo y «enorme disposición transitoria», según hallazgo semántico y jurídico del presidente de la Generalidad de Cataluña- sea sólo un pórtico para que la «discutible» Nación española se transforme en una «indiscutible» amalgama de regiones y naciones, en las que aquellas, todas juntas, y, éstas, por separado, pondrían en común sus respectivas soberanías para alcanzar una suerte de Estado federal asimétrico o confederal, sustituto del unitario y autonómico vigente.

El Gobierno y su partido niegan que ese sea el propósito de su «agenda territorial». Pero lo sea o no, por esa vereda revisionista circula la energía reformadora -más estrictamente, rupturista- que sopla con vientos de fronda desde Cataluña y nadie puede ya dudar que es exactamente lo que pretende el denominado «plan» del PNV. En esa agitación de profundo desafecto constitucional, las palabras dubitativas del presidente del Gobierno -el carácter discutido y discutible de la nación española- y las baladronadas insolidarias que llaman a boicotear los intereses comunes sin réplica proporcional desde el Gobierno, o la docilidad de éste en avenirse a la humillación de unas regiones frente a otras -es el caso de la denominada «unidad lingüística» del catalán ante la singularidad, técnica o emocional o jurídica del valenciano, que tanto da a estos efectos-, o la falta de implicación del Ejecutivo en la intentada ruptura de la presencia deportiva unitaria en competiciones internacionales, son todos síntomas de una preocupante abdicación de principios.

La nación es un concepto dinámico, que se redefine en sus contenidos adjetivos, incluso en su énfasis militante. Pero es la piedra filosofal de cualquier sistema constitucional. No hace falta ser patriota para defender en el caso español la unidad nacional; basta con disponer del mínimo conocimiento de los ingredientes que aglutinan a los españoles; adherirse al sentido común y a la sensatez política. Y tener conciencia cierta de que los hechos fundacionales de la Nación -desde el reinado de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, pasando por el Quijote de Cervantes, hasta llegar, si preciso fuera, a las asonadas secesionistas que ni la II República consintió- no han pasado sin dejar muesca ni dejaran tampoco de tener proyección en el futuro. La unidad nacional de España, además, concatena la vigencia de otras realidades -la Corona, que está en su origen- y su afectación desencadenaría una suerte de reacciones y consecuencias de distinto orden que ningún Gobierno se puede permitir.

Poner negro sobre el blanco del papel prensa estas reflexiones no es, como acaso vuelva a suponer el presidente del Gobierno, una expresión de «fundamentalismo», sino un deber de lealtad para con las firmes convicciones e intereses de la mayoría que son a los que el Ejecutivo de España tiene que proveer.

Se ha aducido que la reforma constitucional -que si afecta a su núcleo esencial implicaría un proceso constituyente- requeriría para prosperar el mismo consenso que el obtenido por la Constitución de 1978. Pues bien: en ningún caso lo tendría cualquier proyecto que alterase la formulación actual de la unidad nacional de España porque, a diferencia de lo que ocurrió en épocas pretéritas, el pronunciamiento unitario se complementa con la declaración del derecho a la autonomía de las regiones y nacionalidades, de tal manera que se suman, sin colmar ninguno pero sin despreciar a nadie, los intereses de todos, promediándolos. En ese juego de equilibrios es donde se sitúa el interés colectivo, el punto en el que el proyecto moral que toda nación constituye se hace visible, el eslabón que vincula y singulariza a un tiempo. Esa urdimbre de valores comunes, de conveniencias recíprocas y de pragmatismos mutuos es la que sustenta una Nación que, como la española, no ha dejado de serlo desde hace cinco siglos durante los cuales nunca faltó quien persistiese en afirmar su carácter «discutido» y «discutible» con las negativas consecuencias que la historia nos enseña. Intentemos que no se repitan.

La Constitución y los socios independentistas de ZP
Editorial Libertad Digital  6 Diciembre 2004

Lo vimos con la celebración del Día de la Fiesta Nacional y lo vamos a volver a padecer con la celebración del Día de la Constitución: El principal obstáculo para que los ciudadanos podamos conmemorar con normalidad efemérides que deberían ser ocasión de satisfacción y unión de todos los españoles, lo constituye precisamente la formación que ZP ha escogido como socio de Gobierno. Los independentistas catalanes ya se han movilizado para reventar la conmemoración de nuestra Carta Magna, y hasta el presidente socialista de la Generalitat ha decidido, por su parte, dedicar tan señalado día a la reforma del Estatuto catalán que de forma frontal trata de derribar los pilares en los que se sustenta la Ley de Leyes de nuestra Democracia.

Parecería que a los españoles sólo les estuviera permitido dar rienda suelta a un sentimiento nacional en las conmemoraciones deportivas, tal y como la que, por cierto, nos ha proporcionado, la magnifica victoria de la selección española en la Copa Davis. Pero incluso hasta en el terreno deportivo, los socios de ZP y de Maragall tratan de aguarnos la fiesta con su pretensión de tener selecciones propias o con su anunciado boicot a la celebración de los Juegos Olímpicos en Madrid.

Formaciones radicales y antisistema, con mayor o menor respaldo popular, siempre han existido en Europa. Sin embargo, hasta la llegada de ZP al Gobierno tres días después del 11-M, a ningún Ejecutivo europeo se le había ocurrido llegar a pactos de gobierno con formaciones ultranacionalistas que, como Esquerra Republicana, y al margen de su trasnochado socialismo, abogan abiertamente por la ruptura y escisión del marco jurídico y nacional vigentes.

En lugar de unirse al resto de las instituciones en la conmemoración del Día de la Constitución, Maragall ha hecho una declaración institucional en la que trata de colar su proyecto rupturista con nuestra Carta Magna —no otra cosa es negar la soberanía nacional al pueblo español o proclamar a Cataluña como nación—, edulcorándolo, eso sí, con formas y expresiones que no debería engañar a nadie: Su reivindicación a los “pueblos de España” no es otra cosa que una forma amable de tratar de fragmentar la soberanía nacional. Otro tanto podríamos decir de su invocación a España como “nación de naciones”.

Si con esta invocación se trata de igualar las partes al todo, no menos afrenta a la lógica, no ya jurídica, sino elemental, comete el presidente catalán cuando dice que, “con el presidente Zapatero, compartimos la convicción de que ha sido justamente el éxito de la Constitución el que ha abierto la posibilidad de la reforma”. Ya ven. Apelar al “éxito” de algo como razón para cambiarlo es lo último que nos faltaba por oír de quien, por otra parte, se niega a celebrar el “éxito” constitucional junto al resto de los españoles.

La distinción entre regiones y nacionalidades a la que también ha hecho referencia Maragall, ciertamente, fue una concesión nominal a los nacionalistas, pero que, junto al sistema electoral, se concedió a cambio de su fidelidad a un proyecto común que proclamaba a la “nación española” como su “fundamento” y como “patria común e indivisible de todos los españoles”. El descarado incumplimiento de los nacionalistas a ese pacto debería traducirse, en todo caso, en un cuestionamiento de esas concesiones, no en llevar a cabo otras nuevas que ya abiertamente derribarían todo el edificio constitucional.

Algo que no le vamos a negar a Maragall es su capacidad para usar fórmulas conciliadoras que en realidad abogan por un proyecto de división y de ruptura de nuestra convivencia jurídica y política. A eso, sin embargo, se le llama desfachatez y voluntad de engaño, por mucho que Maragall nos diga que "Cataluña no hace trampas”, que “España puede confiar en Cataluña, porque Cataluña juega y jugará limpio. España saldrá ganando”.

Debería bastar esta referencia personal a “Cataluña” por parte de sus gobernantes para saber que son ellos —y no Cataluña— los que pretenden “hacer trampas”. Desde luego, que los principales socios de gobierno de ZP y Maragall se refieran a la bandera de España como la “bandera del enemigo”, que estén dispuestos a boicotear la candidatura de Madrid a los juegos Olímpicos, o que pidan a ETA que cuando atente contra España lo haga “mirando el mapa”, no son razones, precisamente, para esperar beneficio alguno ni para Cataluña ni para el resto de España.

Parte del PSOE quiere negociar con ETA
Carlos DÁVILA La Razón 6 Diciembre 2004

De pronto, todo el mundo ha respirado tranquilo porque lo del viernes en Madrid fue sólo terrorismo «de baja intensidad».Un análisis más torpe no se puede hacer. Comparar las explosiones de la capital con un fin de semana agitado de «kale borroka» es, por lo menos, una irresponsabilidad. Si ETA, sus cuates y sus servidores, tienen capacidad para colocar cinco pucherazos, también la tiene para asesinar por la espalda o para volar cualquier centro cívico. Es cierto que el ministro del Interior, felizmente colocado en el puesto, no ha ofrecido ni un síntoma de optimismo en las declaraciones realizadas ayer a este periódico.

Alonso ya sabe que una cosa es la fanfarria pseudoprogresista que le acompañaba cuando ejercía de juez o de miembro del Consejo del Poder Judicial, y otra muy diferente ser el jefe de la Seguridad del país. Ahí está el cambio. Ahora, desde el viernes, comprenderá muy bien a sus antecesores, singularmente a Ángel Acebes, al que machacó con singular impericia y muchísimo rencor, cuando le sucedió en la cartera más complicada del Gobierno. Alonso ya se ha encontrado con ETA otra vez en Madrid, y la escasa relevancia de los atentados –¿o son otra cosa?– de estos días no le pueden cegar la dura realidad: que ETA quiere seguir sembrando el pánico y que lo puede hacer deportivamente en Madrid.

Estamos avisados. ETA lo puede hacer y, además, cuenta ya con todo el nacionalismo dispuesto a cubrir a la banda, a «comprenderla», Y en algunos casos evidentes a apoyarla. No es cosa menuda que el mismo día en que la banda reapareció en la capital, sus encubridores y secuaces de Egunkaria montaran un número inadmisible a las puertas de la Audiencia Nacional. Allí, como se conoce muy bien, no estaban únicamente los palmeros de siempre, la Goricelaya y su coro sanguinario; no, estaba Arzalluz y también, de una u otra forma, nada menos que un ex presidente del Gobierno Vasco, Carlos Garaicoechea. Arzalluz pasó la mano por el lomo de los proetarras de Egunkaria y se dedicó a fustigar la heroica tarea de los jueces y fiscales de la Audiencia. O sea, una vergüenza literalmente inhumana. Sin embargo, a estas alturas aún hay quien defiende al PNV en su política con ETA, y hay quien sostiene, por tanto, que su tesis de negociación con el terrorismo es la única valida para el definitivo derrocamiento de la banda.

Las gentes de Egunkaria que precedieron únicamente a los etarras en su visita a Madrid no desean, según portavoces de toda solvencia, que ahora mismo se sepan las conversaciones –¿conversaciones?, ¿negociaciones?, da lo mismo– que reputados militantes, con responsabilidad ejecutiva, del PSOE vasco están manteniendo con la Batasuna que, entre otras organizaciones, engloba a ETA y a Egunkaria. ¿Se compadece esto con la fortaleza que Alonso quiere mantener contra ETA? De ningún modo: es una contradicción clamorosa e infiable. El PNV puede poner en un aprieto extraordinario al PSOE de Zapatero, si éste, por boca de Rodríguez Ibarra o algún otro arriesgado, le afean la costumbre de criticar a ETA y sus métodos.

Arzalluz continúa manteniendo buenos contactos en los alrededores de la banda y no tiene duda de que en este momento la insistencia de siempre de su partido, más negociación y menos persecución, cuenta con adeptos importantes en el PSOE. ETA y su pandilla de indeseables probablemente no fuerzan su máquina por eso mismo: porque está a punto, a pesar de su extremada debilidad, de lograr, en su peor momento, que, como sugiere sin ambages Otegui, las «partes en conflicto» se sienten a hablar. Los petardazos del viernes son una advertencia: o negociación o bombas. La pregunta es si este penosísimo Gobierno, que tiene estupefacta a media España, se avendrá directamente a lo primero. Los signos son –y no es extraño en Rodríguez Zapatero– antitéticos: por una parte, Alonso, y su inmersión realista, por otra, los amigos de Zapatero que pregonan, y obran en consecuencia, la «solución pacífica del conflicto». Como Arzalluz, como Batasuna.

Zapatero ha de parar a Carod
Iñaki ZARAGÜETA La Razón 6 Diciembre 2004

Algo va a tener que hacer y pronto José Luis Rodríguez Zapatero para neutralizar la dinámica emprendida por Josep Lluis Carod-Rovira, protegido y animado por Pasqual Maragall, si no quiere que la crispación política actual se convierta en confrontación social y económica entre regiones, ya que el independentista ha traspasado el límite de la reivindicación y la afrenta y está inmerso en un peligroso ataque a los intereses de los demás. Lo demuestra la campaña desde la Generalitat de Cataluña al promocionar el consumo de vinos catalanes mediante el rechazo de los riojanos: «Vinos de Rioja, no gracias. Consuma vinos catalanes». Vergonzoso.

Carod-Rovira no es el único culpable de su envalentonamiento. Quien se pliega a sus chantajes se convierte en tan nocente o más que él. Me refiero al inquilino de La Moncloa, que ha demostrado su debilidad y su despreocupación por las consecuencias de los apremios de ERC a cambio de salvar una gobernabilidad que conduce al enfrentamiento.

Y no hablo de imaginaciones calenturientas de mi aguerrido temperamento. A modo de ejemplo, interpreten el llamamiento de los hosteleros de Benidorm para no consumir cavas catalanes en esta Navidad como respuesta a la derogación del trasvase del Ebro. No sé los efectos que producirá la convocatoria, pero me sumo a ella. Es necesaria ya una conmoción, a modo de catarsis, para evitar males mayores. Lo de La Rioja es grave, pero lo es más el perjuicio que la insolidaridad de ERC, y del PSC insisto, ocasiona a la Comunidad Valenciana. El PSOE se plegó a estos grupos para no trasvasar el agua excedente del Ebro. Zapatero tragó con ello y con la rufianería de abolir en Europa la denominación de la lengua valenciana. Rovira no se anduvo con chiquitas y le amenazó con no aprobarle los Presupuestos Generales.

¿Merece el cargo quien traga semejante arana? La mezquindad emerge como «impuesto revolucionario» disfrazado y, en mi opinión, delictivo si existe sentido estricto de la justicia. A falta de una reflexión por parte de los miserables, los representantes de los damnificados han de analizar el escenario. Si no pueden con él, dénle razones de peso a quienes tienen esa capacidad. Díganle cómo se les van a poner los asuntos en la Comunidad Valenciana y en La Rioja a la Caixa, a los productores de cava, a Font Vella, a Mango... Hasta Iberdrola, que parece dispuesta a financiar el barco del Náutico de Barcelona para la Copa América de Vela obviando al de Valencia, cuando es en esta Comunidad donde tiene la mayor base de su negocio. Pues que le vayan dando y se largue a Cataluña, con central nuclear de Cofrentes incluida. Salvando las diferencias, la situación me recuerda a la invitación que, hace unos días, nos formulaba Alfonso Ussía a no hospedarse en los hoteles que pagan a ETA, una idea que además comparto.

Vigencia de la Constitución
Editorial La Razón 6 Diciembre 2004

Celebramos hoy el XXVI aniversario de la Constitución española. Y en esta efeméride, cuando el nuevo gobierno socialista ha expresado su intención de reformarla, conviene preguntarse por la vigencia de un texto que ha amparado la mayor transformación de España en los últimos doscientos años. La Carta Magna nació, tal y como se contiene en su preámbulo, con la voluntad de ser garante de la convivencia democrática en un Estado de derecho, en el que el imperio de la ley fuera la expresión de la voluntad popular. También para proteger a todos los españoles y pueblos de España en el ejercicio de los derechos humanos, sus culturas y tradiciones, lenguas e instituciones; y, por fin, para promover el progreso de la cultura y la economía, que asegurará a todos los ciudadanos una digna calidad de vida.

Veintiséis años después, y pese a todos los problemas y dificultades que han jalonado el recorrido, hay que concluir que el texto constitucional es la expresión de un éxito. España, conformada a través del Estado autonómico, se ha convertido en la octava potencia del mundo y en una de las naciones que gozan de los mayores índices de libertad. Y ello se ha conseguido pese a la lacra del terrorismo, que nos ha acompañado con sus miserias a lo largo de todo el camino.

La vigencia de la Constitución es, pues, evidente. Sin embargo, no se trata de un texto sagrado o revelado y, por lo tanto, intocable. Si la evolución de la sociedad española o el proceso de integración en la Unión Europea aconsejan su reforma en un futuro, es claro que se debe afrontar. Ya se hizo con toda normalidad en 1992, a raíz del Tratado de Maastrich, para conceder el derecho de voto en las elecciones municipales a los residentes extranjeros.

No se trata, de ninguna manera, de cerrarse a la reforma, pero con las cautelas que el sentido común y la percepción de la realidad nos dicten en cada momento. Porque la Constitución es, fundamentalmente, un ejercicio de solidaridad y lealtad. La solidaridad y lealtad para con la nación, en la que se encarna, no lo olvidemos, toda la ciudadanía, algo que demostraron sobradamente las fuerzas políticas que afrontaron en el ya lejano 1977 la más hermosa tarea de nuestra democracia.

En estos últimos años, sin embargo, asistimos al desafío incesante, pertinaz, de una parte de los nacionalismos catalán y vasco al concepto de España, tal y como lo establece la Carta Magna. Una situación agravada, sin duda, por la minoría parlamentaria del partido en el Gobierno, obligado a pactos continuos con unas fuerzas políticas que no se recatan en declarar unos objetivos de máximos, totalmente incompatibles con nuestro ordenamiento constitucional.

En estas circunstancias, es absolutamente imprescindible que los dos partidos mayoritarios, que reúnen los votos del 80 por ciento de los españoles, actúen de consuno y con serenidad. Sean bienvenidas las reformas si se consideran precisas, pero recordando que se trata del texto concebido con el más generoso consenso del que tenemos memoria.

HISTORIA DE UN ÉXITO
Editorial ABC 6 Diciembre 2004

DESDE hace veintiséis años, los ciudadanos españoles están conviviendo sobre bases legitimadas por su plena soberanía individual y colectiva, con el terrorismo nacionalista, al que se ha sumado el integrista islámico, como única amenaza real y directa. La Constitución es la responsable de este éxito histórico, porque así debe ser calificado aquel gran acuerdo entre españoles alcanzado en 1978, con el que se fue más allá incluso del sobreseimiento definitivo de la Guerra Civil, para llegar a la demostración de que, tras dos siglos de enfrentamiento, España es capaz de encauzar su presente y su futuro entre la democracia y la libertad, y no entre la convulsión y el fratricidio. Su valor se acrecienta con el tiempo como guión insustituible del desarrollo político y social de España, porque la Constitución, ahora que se la está poniendo a prueba, se ha revelado como algo más que una ley fundacional del nuevo sistema institucional. Es el reflejo más fiel de los valores y principios que los españoles querían que estuvieran presentes en tiempos de crisis e incertidumbres.

El acceso del PSOE al Gobierno ha dado inicio a un debate sin programa claro ni objetivos definidos, en el que, sin embargo, se da por hecho que hay que reformar la Constitución y sus principales derivaciones institucionales, que son los Estatutos de Autonomía. Han pasado nueve meses desde que Rodríguez Zapatero anunció lo que otros, tomando la abstracción de sus palabras al vuelo, han calificado como «segunda transición». Nadie sabe bien ni el por qué ni el para qué, pero la Constitución está hoy inmersa en un proceso de relativización injustificado y peligroso, que se mueve a impulsos de planteamientos nacionalistas y confederalistas. En cualquier caso, muy lejos y a la contra de aquella convicción general de que la Constitución de 1978 tenía que ser la que habilitara a España definitivamente para el progreso y la modernidad. Resulta penoso comprobar que el discurso de los revisionistas se basa en retrotraer el diagnóstico de la España actual a los tiempos de la discordia civil, como si, entre medias, la sociedad no hubiera acreditado que su voluntad se identifica con los principios preliminares del texto del 78. Así es como Maragall afirma que la Constitución es una norma transitoria; que, según Carod-Rovira, España está inventada, o que Ibarretxe nos hace el favor de proponernos una relación amable con el País Vasco a través de su propuesta soberanista. Todos ellos representan propuestas de fragmentación de un consenso que se basó en la implantación de un equilibrio de integración de la sociedad española.

NI una sola de las fuerzas políticas que defienden la «segunda transición» está pensando en el interés general de España, sino en prioridades locales, visiones mutiladas de la realidad y percepciones asimétricas de territorios y ciudadanos. Si algo ya está claro a estas alturas, y a pesar de la pobreza argumental del Gobierno, es que los cambios propuestos no son a mejor para el conjunto de los españoles. La Constitución no es invariable, pero tampoco maleable a gusto de unas minorías egoístas. En todo caso, un proceso de revisión ha de ser la manifestación espontánea de una voluntad general de evolución. Y ésta no existe ahora. Los argumentos falsarios sobre la necesidad de actualizar la Constitución no deben sobreponerse al equilibrio actual de la situación en la que vive la sociedad. Un equilibrio amenazado por los mismos que reclaman la «segunda transición», quienes se encargan así de autocumplir su diagnóstico: la Constitución debe cambiar para satisfacer a los nacionalismos, luego los nacionalismos deben mostrarse siempre incómodos para perpetuar la inestabilidad.

ALGO podría haberse aclarado desde el primer momento si el Gobierno hubiera expuesto en qué consiste su empeño en que los nacionalistas se sientan «cómodos» en España. Nada se ha avanzado en el descifrado de esta fórmula, salvo la acumulación de confusiones sobre conceptos y vocablos, que, como la Nación, han sido calificados como «discutidos y discutibles», lo que ha puesto un rumbo muy inconveniente a la actitud del Ejecutivo frente a las reformas estatutarias. Y nada impediría, abierto el turno de revisiones, que se hiciera balance del principio de solidaridad entre los territorios y del ejercicio de determinadas competencias por determinadas comunidades autónomas, porque la reforma de la Constitución no está condenada por el destino a atender sólo exigencias nacionalistas.

El desarrollo constitucional ha llegado a sus máximos, especialmente en el Estado autonómico, alcanzando un nivel superior, en algunos espacios competenciales, a un modelo federal. Por eso es comprensible que desde los nacionalismos y sus aliados socialistas sólo salgan propuestas que desbordan la Constitución, porque una vez alcanzada la plenitud autonómica, sólo queda superarla. No se trata de reformar los Estatutos, sino de variar el modelo de Estado y, por tanto, el sistema político constitucional. Si no fuera así, habría que preguntarse por qué hoy, más que antes, está extendida la «tensión territorial», el sentimiento de agravio, la subasta de hechos diferenciales, la discordia entre lenguas. Será porque el Gobierno socialista ha puesto la Constitución a la intemperie, sin depósito de reserva frente a nacionalismos que, bien nutridos durante veintiséis años de generosidad competencial, ya han descartado conjugar sus reclamaciones con un deber de lealtad que el Ejecutivo no le exige como condición previa. Lo que ahora se propone como «segunda transición» no es un desarrollo interno de la Constitución, sino una sutil demolición de sus fundamentos, para lo que sus promotores no deben contar con inesperados caballos de Troya en las instituciones del Estado.

Voluntarismo
Nota del Editor 6 Diciembre 2004

Y aquí seguimos llorando la constitución española, certificando su incumplimiento.
Si además vemos y sabemos que fue un aborto (con perdón) transaccional entre unos cuantos trileros de varios colores, que su interpretación por el "Tribunal Constitucional" es otro permanente aborto transaccional, pues nada, estamos peor que en la Edad Media, al menos entonces la presión fiscal no era tan fuerte como ahora, no había tantos políticos viviendo del cuento.

ETA ofrece paz con bombas leves
Lorenzo Contreras Estrella Digital 6 Diciembre 2004

Tras los atentados perpetrados por ETA en cinco gasolineras de Madrid, aprovechando las complicaciones que surgirían en la “operación salida” del “puente” de la Constitución, las condenas del hecho eran más que presumibles y, por supuesto, del tenor acostumbrado. Las voces oficiales que se han escuchado desde los partidos se han orientado a poner en solfa la voluntad de paz expresada días antes por la banda terrorista a través de su brazo político ilegalizado Batasuna. Solamente el Gobierno de Ibarretxe matizó un poco su escepticismo cuando en una nota inmediata comentó que los batasunos “deberán reaccionar políticamente ante la sociedad si no quieren que los pronunciamientos políticos que hicieron en Anoeta queden en papel mojado”. O sea, que para el Gobierno de Vitoria, emanado del PNV, con la colaboración de EA y EB, la oferta puede recomponerse ante la sociedad (vasca, se supone), que no ante el Gobierno central de manera explícita (no mencionado en la nota), si se “reacciona políticamente”. ¿Cómo? En esa nota lo que se transpiraba era el deseo de que Batasuna, por fin, condene un atentado etarra. Pero no lo hizo. Lejos de ello, su portavoz máximo, Arnaldo Otegi, manifestó que lo acontecido expresa la continuidad de un conflicto político frente al cual los abertzales se lavan las manos porque se han considerado desoídos por el poder central, que ellos llaman “el Estado” o “el Gobierno del Estado”.

Ahora bien, los abertzales tienen también su fórmula de arreglo. Y la han expresado así en el diario Gara: “Necesidad de poner en marcha cuanto antes un proceso serio y comprometido que lleve a la definitiva resolución del conflicto”, porque, según dicen, “no basta con quedarse mirando a la izquierda abertzale y exigiéndole condenas”, pues tal actitud —insisten— significaría “no querer entender la potencialidad de la propuesta realizada por Batasuna en Anoeta”. ¿Qué se requeriría en consecuencia? “Esfuerzos de todas partes”. O sea, negociación con ETA para empezar, con pago de precio político. Se comprende que al PNV y a los nacionalistas no violentos les alarme ese pretendido protagonismo etarra en la conducción o determinación del proceso pacificador.

Queda a la vista lo que la actual dirección de la banda responde con hechos —cinco bombas cerca de gasolineras— no sólo a la acción policial y judicial del Gobierno, sino también a la llamada de rendición condicional lanzada desde la cárcel por sus presos de élite, con “Pakito” a la cabeza.

ETA, que no sólo ha aprovechado una “operación salida” del tráfico desde Madrid, sino también el escrito de calificación del fiscal de la Audiencia Nacional contra de los procesados en el sumario 18/98, relacionado con las actividades del extinto diario Egin, para quienes la Fiscalía solicita un total de 1.102 años de cárcel, ha cuidado mucho la literatura expresada por su órgano periodístico afín, concretamente Gara, desde donde se ha intentado hacer ver, por si no se entendía del todo el lenguaje de los hechos, que las cinco bombas de las gasolineras son un aviso de lo que puede ocurrir en el futuro y un testimonio de lo “generosa” que la banda ha sido al situar los artefactos explosivos “en diferentes puntos alejados de los depósitos de combustible” y además “de pequeño tamaño” o “de pequeña importancia”, de tal modo que “no se registraron más que dos heridos leves”. En el editorial del periódico abertzale se indica que “la organización armada optó deliberadamente por no acasionar ni grandes daños materiales ni ningún tipo de desgracia personal”, sino que “más bien cabe pensar que trató de dejar constancia de su capacidad de acción y de su voluntad de no causar desgracias mayores”.

Será que les asiste el derecho
Joaquín Juan DALAC La Razón 6 Diciembre 2004

Los aspavientos que han producido las declaraciones del independentista catalán por lo que él considera un abuso del centralismo nacional al haber conseguido que le tumbaran las aspiraciones de una selección catalana de hockey no tienen otra explicación que la ignorancia (imposible por otro lado) de lo que pasa en este país desde hace ya muchos años («volem bisbes catalans»), que lo ha ido calando, conformando y relajando. Una vez medio retiradas las posiciones y las manifestaciones más gruesas pronunciadas por los separatistas, dejan una huella sobre la que se asienta la siguiente carga ideológica que, a su vez, soportará otra nueva. Y así se va ascendiendo en la escalada del independentismo. El pueblo, ese que no se equivoca nunca, va siendo vacunado con adecuadas dosis.

Hasta tal punto se ha llegado en ese juego y tal grado de desorientación han causado las absurdas manifestaciones que los argumentos en su contra (ética, política, historia, correspondencia) caen en los mismos errores de voluntarismo. ¿Cómo se les puede decir a los catalanes que existen razones políticas para no segregarse? Si realmente ese discurso existe, debe ser llevado a los lugares donde se debata reglamentariamente.

Lo que sucede es que tenemos una partitocracia de chalaneo («do ut des»; te ayudo en los presupuestos, si me sumas una lengua; te concederé transferencias, si me apoyas en la reforma de la judicatura) y como estamos en medio de una nube de trileros salimos siempre trasquilados. ¿Cómo dicen algunos que la política partidista no conduce a nada? Que se lo pregunten al tripartito, que tiene la llave maestra.

Por lo que se ve, no interesa (no lo hace ya ningún comentarista) reclamar el cumplimiento constitucional, con el correspondiente artículo: el 167, si se entiende que la separación es un asunto de reforma constitucional o el 152, si se enfoca como una modificación del estatuto de autonomía. Únicamente a esos matices podrían extenderse las divergencias. Claro, si se fuese a una aplicación legal, se había acabado el compadreo. Hasta la misma judicatura abandona la constitución y se va a razones prácticas (tan subjetivas), defendiendo que no sea obligatorio el catalán para los que, desde otras regiones, llegan a los tribunales (se ve que son unos privilegiados), pues se limitaría el acceso de muchos candidatos. Sabe sobradamente que el artículo 3.1 ampara el derecho de todos los españoles a usar el castellano

Por eso el interés en el forcejeo sin arbitraje no es sólo de los que quieren la independencia, sino también de los que gobiernan, que, negándosela, disponen de cromos que intercambiarán en ese u otros asuntos. No les conviene hablar levantando acta. No quieren luz ni taquígrafos

Se ha perdido el norte de las argumentaciones. ¿Cómo, si no, censurar que acudieron al evento separatista en la remota China con gastos a cargo del erario público? Eso no es descalificador, pues se está reconociendo que, de haber tenido el acierto de pagarlo de su bolsillo (disponen, además, de miles de espónsores), el acto sería válido. O cuando se congratulan de que la votación fue completamente adversa, con lo que se admite que, de ser favorable, habría que acatarla. Al aguardar pacientemente (con un infantilismo agudo), el resultado de la votación de las federaciones internacionales de patinaje, les hemos concedido la facultad de definir si nuestra nación es una (grande ya vemos que no), o muchas, así que habremos de estar año tras año esperando tan importante veredicto para conocer qué somos. Nuestra Constitución no sirve.

Al haber abandonado la ley, se han quedado no sólo sin los correspondientes argumentos de advertencia o de preaviso, sino también sin las medidas que permiten (no; que obligan a) corregir el desmán. Van de ridículo en ridículo, inundando la opinión pública con declaraciones, que encubran la incompetencia y que pongan tiempo por medio para que se olvide todo.

¿Es que en un estado de derecho no existían medidas contra los que pactan con terroristas? ¿Es que una nación soberana no tenía medios para castigar a la cámara autonómica que desobedeció al Gobierno? Es que no se pudo procesar a los que prohibieron el himno real en un acto con presencia regia? ¿No es condenable la ocultación que se hace de la bandera, incumpliendo el artículo 4.2? Los que han de perseguir el delito dicen que no hay pruebas. Asunto concluido. Claro, si se aplicara la ley (proceso; condena; y pena), habría que sonrojarse por las acusaciones de comportamientos totalitarios y creación de mártires. ¿Cómo vamos a tachar de insolidario el boicot a la candidatura madrileña, al fin y al cabo de unos juegos, si el propio Gobierno incumple el artículo 2 y hace insolidarios a aragoneses y catalanes con los valencianos y murcianos negándoles el agua?

Todo es mucho más sencillo. Como no tenemos leyes ni guardianes, somos un país en que los estafadores y bravucones de clase campan a sus anchas.

Joaquín Juan Dalac es ingeniero de Caminos, Canales y Puertos

Cebrián y la comparecencia de Aznar
La táctica del aullador
Pío Moa Libertad Digital 6 Diciembre 2004

En su comparecencia ante las Cortes, Aznar ha logrado que sus acusadores salieran acusados, y sus inquisidores cuestionados, y ello sin perder en ningún momento las formas ni la serenidad, durante once horas de interrogatorio que un delincuente etarra detenido habría denunciado probablemente como tortura. No creo preciso argumentar la buena actuación del ex presidente, porque todo el mundo ha podido verlo por sí mismo.

Lógica, por tanto, la preocupación de quienes le vienen asaeteando sin piedad con la calumnia, el insulto y la burla personal. Alguno de éstos le ha acusado de haberse portado como un "matón", cuando era el acusador quien empleaba un estilo matonesco. En la misma línea ha escrito Juan Luis Cebrián. Afirma el antiguo director de El País que Aznar ha protagonizado una "bronca descomunal", y que él y el PP están sumidos en la histeria y la chulería, al estilo "del español que embiste cuando piensa". Una histeria, una bronca y unas embestidas por nadie observadas, como no sea por él y otros "informadores" de su jaez, pero que él aspira a hacer creer a otros –y es verdad que lo logra con algunos– desde su privilegiada tribuna.

Por el contrario, la histeria, la bronca y las embestidas no son difíciles de distinguir en el mismo Cebrián, testimonio de un odio visceral hacia un ex presidente que, para su propio mal, benefició a PRISA con privilegios inadmisibles, por ceder a las ambiciones personales de Rato y de Gallardón, ansiosos de ganarse el favor o al menos la neutralidad del imperio de Polanco.

En su estilo faltón, Cebrián afirma: "El amigo Ánsar (que debería solicitar al presidente Bush no le llame más así, pues tal vocablo significa ganso en español) olvidó, por lo demás, en su lunar alocución ante el Congreso, que la comisión del 11-M no se creó para que él pidiera explicaciones a nadie, sino para que las diera. Es –o debería haber sido– una comisión de investigación sobre el Gobierno que tenía España antes y después de los atentados: sobre las carencias de la prevención policial, las mentiras oficiales, y la manipulación del dolor ajeno por parte del poder".

Buena parrafada, si no fuera porque las explicaciones de Aznar revelaron, con abundancia de datos y no simplemente con adjetivos como hacían y hacen sus oponentes, que quienes habían boicoteado la prevención contra el terrorismo islámico, quienes se habían reído de ese peligro o lo habían justificado presentándolo como una respuesta a la "agresión" de las democracias, habían sido precisamente aquellos a quienes representa Cebrián: el PSOE y los nacionalistas, hoy ya separatistas sin apenas disimulos. Que quien había mentido y manipulado a la opinión, y vulnerado las normas electorales, había sido de modo muy especial el imperio de Polanco, donde tanto destaca Cebrián. Y que quienes habían explotado cínicamente el dolor ajeno habían sido los que culpaban al gobierno en lugar de culpar a los terroristas, comportándose como auténticos comparsas morales –por lo menos– de los autores de la matanza. A estos hechos sólo pueden oponer los Cebrián y compañía una insistencia a gritos en sus viejas patrañas y acusaciones, esperando que esa algarabía acalle, gracias a su enorme poder mediático, las voces más sensatas y argumentadas. Algunos optimistas creen que esa táctica no puede triunfar. Se ve que conocen poco la historia.

Asegura Cebrián: "Con fieso mi perplejidad y mi desencanto cuando veo por los suelos las esperanzas de renovación democrática de la derecha, que cabalgaba inestablemente a lomos de la ambigüedad galaica de un Rajoy y la astucia mediterránea de un Zaplana. Las imágenes de ambos han quedado hechas añicos tras sus últimos verbalismos, considerablemente más calumniosos, violentos y cínicos que las torpísimas declaraciones de un par de ministros del Gobierno. Mientras, la soberanía del Partido Popular ha sido reconquistada al mejor estilo de don Pelayo por un autosuficiente con cara de petit-maître que, quizás iluminado por el cuarto centenario de la edición del Quijote, sigue pensando que todos los molinos son iguales a todos los gigantes. En su comparecencia ante la comisión de investigación sobre los luctuosos sucesos del 11-M, el improvisado quijotillo protagonizó una memorable representación con visos cervantinos, ante la arrobada mirada de su escudero de Ávila y la aceptación -no sé si resignada- de sirvientes y allegados, incapaces todavía de explicarle la conveniencia de poner punto final a su relato. Pero una de las muchas cosas que diferencia a este improbable caballero andante de la figura de don Alonso Quijano es que el último, al fin y al cabo, recuperó la cordura y pudo redimir su destino. En el caso que nos ocupa, los síntomas indican que la disnea política que padece empeora por momentos y no existe ya esperanza alguna de sanación".

Quede constancia de la aversión del articulista a la figura de Don Pelayo, bien significativa, y de su vacuidad argumentativa bajo una verborrea con pretensiones literarias. Pero lo fundamental es que el hijo del falangista que, gracias al apoyo paterno, tan fácilmente trepó en el aparato informativo del franquismo, niega a Aznar el derecho a defenderse, le niega el derecho a recordar acciones y conductas de sus oponentes y a establecer la verdad en lo posible. Aznar tenía que haberse dejado alancear mansamente por los separatistas, los comunistas y los semejantes al propio trepador. De otra manera, amenaza éste, el PP no será un partido democrático, y él, antiguo dirigente en el aparato de propaganda franquista, le negará el diploma. ¿No es esto alucinante? Y esto lo dice el representante político de un aparato mediático que trató de disimular la marea negra de la corrupción socialista, el GAL, los intentos de enterrar a Montesquieu para implantar en España un régimen similar al del PRI mejicano, que acusó de formar un "sindicato del crimen" a quienes salvaban la democracia denunciando aquellas tropelías, que defendió la negociación con los asesinos etarras, despreciando a las víctimas y socavando el estado de derecho…

Lo que quedará para la historia, guste o no a todos los Cebrián y sus imperios mediáticos, es que con Aznar la corrupción bajó a niveles muchísimo más tolerables que en la etapa socialista, que el terrorismo etarra fue perseguido y acorralado conforme a la ley, sin claudicaciones ni crimen de estado, que el Parlamento cumplió su misión muchísimo mejor que antes, cuando el jefe del gobierno se permitía despreciarlo de palabra y de hecho. Por no hablar de los éxitos económicos, manifiestos en el descenso del paro, el saneamiento de las cuentas del estado, etc. Etc. No todo ha sido brillante, pero estos hechos no se borrarán con simples adjetivos ni rasgados de vestiduras ni repulsivas poses de indignación.

Y también quedará para la historia que, gracias en cierta medida a la manipulación de personajes como Cebrián, el terrorismo islámico logró cambiar, con un solo golpe, la política interna de España. Y que el gobierno salido de ese golpe premió a los autores de la matanza dejando a los iraquíes a merced de asesinos como los que actuaron en Madrid.

La táctica de los Cebrián recuerda una descripción del antropólogo Levi.Strauss sobre los monos aulladores de Suramérica: cuando se sienten amenazados son capaces de expeler cantidades prodigiosas de excrementos, que amasan en sus manos y arrojan a sus adversarios.

La ciudad confiada
Joaquín MARCO La Razón 6 Diciembre 2004

El pasado viernes el terrorismo etarra quiso demostrar en Madrid que posee los medios y la imaginación necesaria para causar daño, que sigue siendo un peligro social; aunque ahora nos desgañitemos y llenemos las cárceles de islamistas presuntamente organizados también para matar. Cualquier ciudad está a merced de unos pocos, cuya única razón es la violencia ejercida arbitrariamente. Pero son las ciudades, antes que los pequeños pueblos, quienes manifiestan su debilidad. Cinco artefactos situados en las vías de salida de los madrileños colapsaron la circulación incluso interior. Es como aquel tiro en la nuca que antes se utilizó contra un individuo.

Siempre existe una oportunidad, un descuido personal o de los guardaespaldas, que lo hacen vulnerable. La nuca de las ciudades son sus vías de escape. Una ciudad se encuentra, desde dentro, casi inerme. ETA quiso demostrar (en verdad, que no era necesario, por sabido) su capacidad logística y lo logró. El fin de la banda terrorista se producirá cuando entreguen las armas y declaren el cese de hostilidades contra un enemigo, cuyo mayor pecado es desear la paz. Hay que entender, sin embargo, positivamente el anuncio previo y la escasa potencia de los artefactos utilizados. Su terrorismo ha sido, en esta oportunidad, de salón; tal vez para diferenciarse del sangriento islamista. Existen otras múltiples razones que podrían justificar esta actitud.

La optimista, desde las fuerzas de seguridad, es considerar que su capacidad operativa se encuentra muy mermada. Pero de haber deseado hacer daño hubiera podido hacerlo sin duda. Otra razón verosímil podría ser la intención de incitar a determinadas fuerzas políticas a unas conversaciones que condujeran al alto el fuego en un determinado plazo o al abandono de las armas. La acción habría sido una demostración de su existencia y de su capacidad de hacer daño si les conviniera. El que las fuerzas de seguridad esperaran una acción para tales fechas no haría sino acentuar la efectividad de la banda. Tal vez este atentado fuera dirigido, como brindis al sol, a los militantes, simpatizantes y encarcelados miembros de ETA. Sería, en tal caso, simple fe de vida que podría dar ánimos a quienes ven que ya no disponen de santuario seguro. Pero la reaparicion de ETA, fuera cual fuese la intencionalidad de sus dirigentes actuales, tiene también como objetivo mostrar la fragilidad de una gran ciudad, ese organismo vivo que crece y se desarrolla en forma de barrios periféricos, que absorbe las poblaciones de los alrededores, cuyas vías de comunicación se colapsan cada día al entrar y salir del trabajo, los fines de semana, en los inicios y finales, de las vacaciones, porque el ciudadano necesita evadirse de cemento y asfalto y airearse en el campo, los bosques, la nieve o el mar. Este fácil flanco, entre muchos, fue aprovechado por el terror.

Poli bueno, poli malo
FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo 6 Diciembre 2004

Bastó un juego equívoco de palabras en Anoeta para que nos lanzáramos todos a una carrera de análisis, interpretaciones y especulaciones. Ha bastado la vuelta al juego inequívoco de la presión terrorista para constatar que el paisaje de la izquierda abertzale es el que era y no el que los voluntarismos de oficio querían ver.

El optimismo, sin embargo, no se deja vencer con tanta facilidad, ni siquiera enfrentado a la crudeza de los hechos, y salta de una trinchera argumental a otra buscando explicaciones en las que quede a salvo la esperanza. ETA está dinamitando el proyecto de Batasuna, se dice dando por supuesto que hay un fondo de buena voluntad en Batasuna, una voluntad diferente a la de la banda. Pero nadie ha demostrado esas diferencias hasta el momento. No hay hechos que prueben la existencia del conflicto, ni siquiera hay palabras. Sospechamos que hay intereses encontrados, pero si éstos no se respaldan con actuaciones, no se traducen en conflicto interno.

Ocurre más bien al contrario: lo que hay es un proceso de realimentación mutua. ETA avala la propuesta de Batasuna con bombas y la existencia de los artefactos demuestra la oportunidad y la necesidad de aceptar lo que se dijo en Anoeta. No hay incoherencia alguna en el planteamiento.

Entre ETA y Batasuna existe el mismo antagonismo que entre el policía bueno y el policía malo de los interrogatorios de las películas. Los dos son amigos, trabajan para la misma empresa con el mismo objetivo y con una táctica acordada y ensayada muchas veces. Cuando alcanzan el éxito, se van a celebrarlo juntos al bar de la esquina y brindan a la salud del incauto que se ha derrotado en brazos del amable policía que le acaba de enviar a la cárcel.

En esta ocasión, el poli malo, ETA, y Batasuna, el poli bueno, por no ser no han sido ni originales, no se han molestado en inventar nada nuevo. En 1995, la 'Alternativa Democrática' de ETA, que contenía la idea del frente nacionalista para caminar hacia la independencia, requería, fundamentalmente, el entendimiento con el PNV. Para persuadir a este partido de que aceptara pactar con ellos, la izquierda abertzale se dedicó a quemar batzokis y acosar ertzainas. La lógica totalitaria de la violencia es bien sencilla y, sobre todo, conocida, pero a veces funciona. Funciona sobre todo cuando aquellos cuyos comportamientos se quiere cambiar por la fuerza se dejan enredar en los viejos debates de las últimas tres décadas creyendo que son nuevos y sin haber aprendido nada de los fracasos acumulados en este tiempo.

Problema de Estado
PABLO MOSQUERA La Voz 6 Diciembre 2004

CUALQUIER tiempo pasado fue mejor. Me refiero a la construcción de acuerdos entre Gobierno y oposición en materia de problemas de Estado, tanto para asuntos externos como internos del país. La situación actual en España, tras las elecciones del 14-M, es de crispación generalizada y conflicto permanente. No es bueno. No es conveniente para la confianza del ciudadano en el sistema que administra el poder. No aporta fortaleza para avanzar.

Quizá por mi trayectoria, lo que más me preocupa de la situación de las cuestiones políticas que afectan al funcionamiento del Estado para garantizar derechos fundamentales y sociales es el desacuerdo llevado al enfrentamiento total en materia de terrorismo.

Los problemas de Estado requieren soluciones de Estado, entendiendo por tal el espacio que se debe construir entre Gobierno y oposición para tener un punto de encuentro que posibilite la fortaleza del sistema para garantizar los derechos fundamentales frente al fenómeno del terrorismo.

Contra ETA nos pusimos de acuerdo y así hemos avanzado hacia el control del problema. Pero, tras el 11-M la desconfianza en la utilización del terrorismo se ha instalado en las relaciones entre partidos políticos, incluso se traslada a la sociedad, a la que tantas veces hemos recurrido para movilizaciones que dieran fe de la cultura popular frente a los que justificaban la conducta violenta como instrumento al servicio de un determinado credo político.

Contra el terrorismo islámico tenemos razones para sospechar que no estamos preparados para prevenir sus ataques, y eso es responsabilidad de todos, no sólo del Gobierno de turno. Se trata de un fenómeno nuevo, con un terrorista cuyas convicciones lo llevan a matar y morir por la causa. Son gentes que habitan entre nosotros, muchos son silentes y normales, hasta que descubrimos sus creencias y disposiciones. ¡Quién nos lo iba a decir, si sólo ETA era capaz de hacernos temer por nuestras vidas!

Es urgente volver a diferenciar problemas partidarios y problemas del Estado. En los primeros es lícito que cada partido tenga su alternativa y la presente en colisión con la de otros.

En materia de terrorismo resulta imprescindible estar todos en el mismo bando, compartir, apoyar, facilitar el trabajo de los expertos, producir los mismos mensajes a la sociedad que teme lo fácil que resulta matar indiscriminadamente.

SEVILLA, COLOR DE PATRIA
Por Jaime CAMPMANY ABC 6 Diciembre 2004

GRAN día el de ayer para los nacionalistas radicales y más todavía para los nacionalistas rabiosos. Y además de los dos grandes acontecimientos nacionalistas del domingo, celebrábamos la Fiesta de la Constitución, toma nísperos. En la fiesta de la Constitución española, los partidos nacionalistas se visten de gala, izan la bandera bicolor, reparten bandericas españolas entre los niños del barrio y cantan a coro aquello de «banderita tú eres roja, banderita tú eres gualda».

Santo Dios, y cómo se lo habrán pasado por la parte de Cataluña el Carod-Rovira, el Puigcercós, el Joan Tardá, el Fernando Benach y demás esquerros republicanos, y por la parte del País Vasco, el Ibarreche, el Atucha, el Anasagasti, el Imaz y sobre todo el Arzallus, ave María Purísima y cómo se lo habrá pasado el Arzallus, estoy seguro que se habrá divertido como un enano y habrá dado saltos y balotadas de alborozo como las volteretas en el aire que daba Hugo Sánchez, el mejicanito, cada vez que metía un gol en el Bernabéu.

La fiesta comenzó de mañana, recién levantado andaba yo, por la señal, un ligero lavoteo como el que se hacen los gatos, pijama, bata, zapatillas, sillón y televisor. La selección nacional de fútbol-sala, después de vencer al Brasil en las semifinales del mundial, se enfrentaba a los italianos en una final latina. Italia nos había dejado un año con la miel en los labios, y aquello, además del interés intrínseco (qué bien escribo) traía a la pasión el deseo de la venganza, tan mediterráneo, tan siciliano. Los chicos españoles, cada cual de su nacionalidad, marcaron dos goles, uno de cañonazo y el otro de garabatillo, y después aguantaron tan ricamente, de modo que los itálicos sólo pudieron marcar uno, que es ese gol que los deportistas llaman del honor. España, campeón mundial, aplausos, vivas, abrazos, banderas españolas en las gradas, en la cancha y hasta en las mejillas pintadas de las españolitas, cada cual de su nacionalidad pero con la bandera en la cara, Dios las bendiga.

Terminó aquello y empezó el tenis. También España había comenzado con dos partidos a cero en la final de la Copa Davis. Carlos Moyá empezaba muy bien su partido con Andy Roddick, número 2 del mundo, al que ya había vencido un muchacho de 18 años llamado Nadal. Un partido de apoteosis. Un set, dos sets, tres sets, y ese mocetón impresionante que es Andy Roddick, un tío más grande que la Giralda, que lanza la pelota en los saques a 230 kilómetros por hora, pero que pierde los tres sets seguidos, y la ensaladera para España, la segunda de su historia.

Y encima, el partido se jugaba en Sevilla, el jugador número 12 en el fútbol celtíbero, y ayer el número 5 en el tenis: Moyá, Nadal, Ferrero, Robredo. Y Sevilla. Jo y qué nacionalidad, Sevilla y olé. Sevilla tiene un color especial y ayer tenía color glorioso, color de alegría, color de fiesta, color de España. Y además, los héroes de la eliminatoria eran dos españoles de Mallorca, toma castaña, y los Príncipes de Asturias estaban en el palco, y Carod y Arzallus gozando con un placer casi sexual y una alegría casi patriótica. Amén.

ESQUERRA REPUBLICANA Y LOS EJÉRCITOS
Por Valentí PUIG ABC 6 Diciembre 2004

EN noviembre de 1915 habla en las Cortes el diputado Francesc Macià -luego fundador de Esquerra Republicana- y defiende una enmienda según la cual España no ha de construir otra cosa que torpederos y submarinos. La enmienda no le es aceptada y Macià, llevado de una «excitación frenética», renuncia a su acta de diputado -cuenta Cambó en sus memorias- porque «no quería ser diputado de un Parlamento que no se preocupaba de la defensa y fortaleza militar de España». Anteriormente, Macià -el «Avi» para las masas del republicanismo nacionalista catalán- había sido teniente-coronel del Cuerpo de Ingenieros, protegido por el Rey Alfonso XIII, que le facilitó el paso de las aguas del Canal de Aragón por sus tierras. Al casarse, Macià se había convertido en uno de los grandes terratenientes de Catalunya, con un feudo electoral a prueba de todo. Su pasión por la guerra submarina y la defensa de España sería al final la peculiar senda que le llevaría al independentismo y al proyecto de lucha armada contra la dictadura de Primo de Rivera. Pintoresca justicia poética: quien sería su sucesor, Lluís Companys, con la Segunda República llega a ministro de Marina. Otra voz de Esquerra Republicana, el diputado Joan Tardà, ha pedido la palabra recientemente proponiendo modificar la Constitución de 1978 para evitar la presencia del Ejército en Cataluña, en caso de que tal Comunidad autónoma decidiera su independencia. El diputado Tardà toma esta iniciativa al tiempo que se «preocupa» por «los militares españoles», concretamente por las víctimas de lo que se conoce como «síndrome de los Balcanes». Tanto en el caso de Macià como del diputado Tardà, un bien superior siempre ampara el deslice de otras minucias. Quizás por eso decía Pla que el «Avi» era un ex militar antimilitarista.

CONSECUENTEMENTE, Macià tuvo la iniciativa poco aclamada de imitar la estrategia del «Sinn Fein» que en Irlanda había llevado a la independencia por la vía armada. Llega Primo de Rivera y Macià se va a conspirar al exilio. Prepara un levantamiento revolucionario más bien decimonónico e incluso viaja a Moscú a buscar dinero y apoyos. Su entrada garibaldina en España por Prats de Motlló se desinfla grotescamente, pero el mito de Macià ilustra los calendarios y los casinos del republicanismo. La peripecia que lleva al joven estudiante de la Academia Militar del Cuerpo de Ingenieros en Guadalajara a la presidencia de la Generalitat de Cataluña es la leyenda del nuevo republicanismo injertado de nacionalpopulismo y agitación anarcosindical.

SU sucesor en la presidencia de la Generalitat y al frente de Esquerra Republicana es un Lluís Companys que en octubre de 1934 no duda en enfrentarse al orden constitucional y declarar la independencia de Cataluña. El ejército asedia el edificio de la Generalitat. Se ha consumado una de las máximas irresponsabilidades de la historia moderna de España. Los grupos paramilitares que garantizaban la revolución huyen por las alcantarillas de Barcelona. Detenido, Companys -más tarde condenado por un consejo de guerra y fusilado en Montjuic- ocupará en la modelo de Madrid la celda de la galería de políticos que en 1931 fue para don Niceto Alcalá Zamora. Pasan los años. Hombre fuerte de ERC, Tarradellas regresa del exilio en 1977. A la mañana siguiente, visita al capitán general de Cataluña, Coloma Gallegos, quien no había estado en la recepción. La conversación tiene un principio más bien frío pero al final, el teniente general y Tarradellas salen en el mismo coche, hacia el aeropuerto, adonde llega Adolfo Suárez para el acta de posesión del presidente de la Generalitat. Faltan cursos intensivos sobre el espíritu de la Transición. vpuig@abc.es

Emboscada
Luis GONZÁLEZ SEARA La Razón 6 Diciembre 2004

No se puede afirmar que el funcionamiento de la Comisión parlamentaria que investiga el atentado terrorista del 11-M sea especialmente ejemplar. Es cierto que ello no constituye una novedad. La gran mayoría de esas comisiones no suele llegar a conclusiones nítidas y eficaces, lo cual siembra la duda acerca de su utilidad. En el caso de la masacre cercana a los fatídicos idus de marzo, el hecho fue tan espeluznante y produjo tal giro en la política española que era de esperar un esfuerzo de los comisionados para investigar a fondo lo ocurrido. Vana esperanza.

Desde el principio, por parte de los comisionados de la alianza gubernamental, se orientó la investigación a culpabilizar al PP por su falta de previsión y la gestión del 11-M, negando cualquier relación entre el atentado y la victoria electoral del PSOE; y por parte del PP, los comisionados trataron de probar que el Gobierno no mintió a la ciudadanía en la información que fue facilitando después del atentado, a la vez que insistían en la vinculación clara entre la masacre y la victoria socialista. Los trabajos avanzaban cansinamente, con más consignas partidistas que pruebas, negándose la comparecencia de personas que pueden aportar informaciones útiles, y se llegó al verano pensando en dar carpetazo al asunto.

Menos mal que la investigación de algunos medios informativos fue desvelando una serie de agujeros negros y hechos espeluznantes, que obligaron a que la Comisión continuara y llamara a declarar a personas con información clave, incluyendo aquí al expresidente Aznar y al presidente Zapatero.

La comparecencia maratoniana de Aznar ha sido muy relevante, que cada cual enjuicia desde su particular negociado, pero resulta deplorable la escasa ponderación en las críticas y el lenguaje insultante de algunos individuos claramente paleozoicos y sectarios. Más preocupante aún es la falta de lógica o los excesos sofísticos, de quienes quieren prescindir de lo que ha dicho Aznar y de lo que pueda decir Zapatero cuando comparezca, para echar el cierre de la Comisión, dado que no se han hallado más datos de los ya conocidos.

La argumentación es fascinante y recuerda sofismas empleados por el propio Sócrates, que se complacía a veces en tender emboscadas dialécticas a sus interlocutores. Según cuenta Platón, Menón le dice a Sócrates que, cuando se ignora una cosa, hay que procurar buscarla para salir de la ignorancia en que se está. Sócrates niega esa búsqueda, «pues el hombre no podría buscar lo que sabe, puesto que ya lo sabe y entonces no hay necesidad alguna de búsqueda, ni tampoco puede buscar lo que no sabe, puesto que, en tal caso, ni sabe lo que ha de buscar». El sofisma de Sócrates cuenta con buenos discípulos en la Comisión del 11-M: puesto que lo que sabemos, ya lo sabemos, y lo que no sabemos –quién está detrás de una masacre tan bien programada– no lo podemos investigar dado que lo ignoramos, lo que procede es cerrar los trabajos de la Comisión y sacrificarle un gallo al maquiavelismo emboscado, que va a lograr cerrar el paso a la investigación de lo que más importa.

BATASUNA ES ETA
GERMÁN YANKE ABC 6 Diciembre 2004

Parte del problema de la lucha contra ETA a lo largo de toda su lamentable existencia ha sido no querer ver las cosas como realmente son.

La evidencia de que la banda terrorista no es solamente un grupo de pistoleros, sino que estos están al servicio de una trama totalitaria que pretende subvertir el orden constitucional y terminar con la libertad en todos los campos de la vida cotidiana, ha tardado lustros en imponerse. Hasta hace muy poco tiempo, incluso en la calificación judicial, no se ha querido aceptar, como realmente ocurre, que toda esa trama, y no solamente los pistoleros, tiene en su entraña intelectual y práctica la violencia terrorista.

La sociedad española ha constatado con la ilegalización de Batasuna y sus secuelas —que es la confirmación de aquella evidencia— la eficacia de una batalla contra el terrorismo que acepta la realidad y se defiende, en consecuencia, con los adecuados recursos del Estado de Derecho. Sin embargo, da la impresión de que la realidad es demasiado costosa, de que el compromiso ciudadano que implica lleva consigo exigencias que resulta más cómodo evitar que aceptar. La tentación de ceder ante cualquier malabarismo de la banda sigue presente y termina siendo patética la fascinación con que se contempla la mano tramposa del prestidigitador mientras con la otra lleva a cabo su truco.

Antes y después del sorprendente acto convocado por Batasuna en San Sebastián (sorprendente sin duda al tratarse de una organización ilegalizada por ser lo mismo que ETA), se ha venido elucubrando sobre la posición que pudiera tomar ante la banda, el significado de su posible distanciamiento, el cambio de estrategia, aunque fuera «paralelo» a la violencia terrorista. Y tras las bombas colocadas en distintas gasolineras de Madrid el pasado fin de semana y la ausencia de condena se observa, cómo decirlo, una cierta desilusión que, en muchos casos no llega más allá de constatar que Batasuna no tiene la valentía de alejarse de ETA, algo de lo que todavía no se pierde la esperanza. No es sólo el PNV el que, a estas alturas, sigue haciendo llamamientos para que, antes de las autonómicas o después de la Navidad, se visualice que, por fin, son cosas distintas.

Pero Batasuna es ETA y en San Sebastián no se constató nada distinto. Lo único que Arnaldo Otegi dijo en Anoeta es que, para que ETA deje de matar, hay que rendirse a ella en un doble sentido: aceptando su dictado terrorista (representado por los pistoleros) en una mesa y su dictado político, igualmente violento y representado por Batasuna, en otra.

Volvamos, pues, a la realidad. Constatemos lo que significa dialogar con Batasuna, buscar fórmulas para convivir con ella, proponer su vuelta a la «legalidad», esperar que retorne la prestidigitación, mantenerla en el Parlamento vasco como un grupo político más. Y pensemos en lo que significa que, al reafirmar el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, la unidad de los demócratas contra el terror, el ministro del Interior no pueda sino referirse, desde el Gobierno del PSOE, al apoyo del Partido Popular. Sólo del Partido Popular.

Oposición sin zalemas
Antonio PÉREZ HENARES La Razón 6 Diciembre 2004

Rubalcaba proclama su contento. Todos los grupos se unen al suyo contra el PP. Pero es que ahora resulta que el PSOE es quien está en el Gobierno y el PP, en la oposición. Zaplana se está ganando a pulso el liderazgo de la derecha parlamentaria. Ni zalemas ni galanterías, y el talante para los que tienen carne de membrillo. El filo de su navaja, que le cuadra bien con el perfil agitanado, reluce cada vez más en las tardes de cuchillos de la Carrera de San Jerónimo. Dice el contrario que aísla el PP. ¿O le están dejando y cogiendo el sitio de la oposición entera? Porque ni CiU, en trance espectral, ni el PNV, petrificado, ni las comparsas labordetianas del grupo mixto y no digamos IU, en peligro de extinción, tras su conversión, por obra y desgracia de Llamazares, en un gozquecillo faldero del Gobierno, aparecen como otra cosa que comparsas en una coral donde sólo tienen texto los ZP y a ellos les queda hacer la ola y los ¡Ooooooh! y ¡Aaaaaah! Únicamente ERC se saca, de vez en cuando, una ¡Iiiiiii! de independencia y suelta un gallo. Pero la oposición no se ejerce haciéndole los coros. Y eso aún se nota más cuando sacan de tenor a Moratinos, su campeón internacional de descorches televisivos, balbuceos y atragantes, y De Arístegui, con todo el escenario para él, se puede lucir con un «solo» de «bajo».

Los presos y Batasuna
EL SUBMARINO La Razón 6 Diciembre 2004

Dos socialistas guipuzcoanos charlan sobre la situación política en el País Vasco:

–Los presos son el grupo que más influye en ETA y tal como están sería bueno que los compañeros de Madrid piensen en mezclar a los «verdes» con los «maduros», los que todavía creen que las pistolas les van a sacar de la cárcel y los que dicen eso de «mamá sácame de aquí» que quiero vivir como una persona los años que me quedan.
–¿Reagrupamiento? No fastidies. Otra cosa sería tener información de quién es quién y escoger muy bien para que los que quieren salir empujen a los que dudan...Te reconozco que los presos mueven a más de 20.000 y que si deciden pasar el mensaje a ETA de «basta, ya» podría ser definitivo.

–Y eso tiene que ver con lo de Aralar y Batasuna, o una parte de Batasuna, que miran con envidia el tripartito de Cataluña. Pero mientras ETA mate, no se puede legalizar a Batasuna, que se nos echarían todos encima. Que no se le ocurra a Zapatero.

–¿El tripartito, aquí, y dejar solos de una vez a Ibarreche y al PNV? Eso es un sueño que no veremos ni tú ni yo.
–Lo político tiene sus ritmos, llegará, y lo de ETA –si entrega las armas– se podría hablar de cinco, seis años para los presos, y a la calle. Veo que te falta información fresca, no se habla de otra cosa en San Sebastián.

Superando la ficción
Cartas al Director ABC 6 Diciembre 2004

«Se investigaba la muerte de 192 personas en el mayor atentado terrorista del país. El agente Campillo tenía una conversación grabada con el confidente Lavandero, que sus superiores trataron de ocultar. Tres semanas después, la mujer del confidente aparece muerta...». Por increíble que parezca, no es el argumento de una película, aunque reconozco que a cualquier director de cine le habría gustado disponer de un guión así. El desgraciado hecho de que la mujer de un confidente haya aparecido muerta en una playa tan sólo tres semanas después de que esta prueba saliera a la luz y de que un teniente coronel de la Guardia Civil fuera destituido por la ocultación de la misma es, según la versión oficial, tan sólo una casualidad. Es posible. Pero es ya la enésima casualidad en la investigación del mayor atentado terrorista de la historia de España: las furgonetas de ETA y del chino que partieron el mismo día y en la misma dirección, el mismo atentado que ETA intentó en Navidad, confidentes de las Fuerzas de Seguridad del Estado implicados en la masacre, altos mandos policiales que ocultan pruebas y, ahora, una mujer que decide suicidarse. A algunos les parecerán pocas coincidencias, pero a mí me parecen más que suficientes para sospechar, demasiadas para que aún no se hayan tomado en serio y hayan sido investigadas.

El Gobierno ha actuado correctamente destituyendo al teniente coronel Bolinaga, pero eso no basta. Algunos, los mismos que en la noche del 13 al 14 de marzo querían saber, insisten en descalificar y desacreditar a todo el que hace notar estas coincidencias, porque lo que realmente quieren es pasar página y olvidar lo ocurrido. Pues bien, otros nunca olvidaremos que 192 personas fueron asesinadas para cambiar el rumbo político de una nación, y queremos saber todo lo que pasó antes, durante y después del 11 de marzo. César Sainz Garrido-Falla. Madrid.

Eta hace estallar siete bombas propagandísticas, sin provocar víctimas, en el Día de la Constitución
Efe/Ep-Madrid La Razón 6 Diciembre 2004

La banda terrorista ETA hizo estallar en el Día de la Constitución siete bombas de escasa potencia en puntos céntricos de otras tantas ciudades españolas después de avisar de su colocación, y aunque las explosiones apenas provocaron daños materiales, sí causaron heridas de carácter leve a trece personas.

Los atentados, ocurridos casi de forma simultánea, hacia las 13,30 horas, se produjeron al día siguiente del hallazgo de una pequeña bomba en Almería y a tres jornadas del estallido de cinco explosivos en varias gasolineras de Madrid, también tras un aviso previo de ETA, colapsando las salidas de la capital.

Dos comunicantes anónimos llamaron por teléfono a la redacción del diario vasco Gara en dos ocasiones (a las 12,40 horas y a las 12,55 horas) para alertar, en nombre de ETA, de que las bombas iban a hacer explosión al mismo tiempo, a las 13,30 horas. Inmediatamente, el Ministerio del Interior, que tenía a las Fuerzas de Seguridad del Estado en alerta, acordonó las zonas referidas y desplazó a efectivos policiales para buscar las bombas.
Con apenas unos minutos de diferencia, y en torno a la hora anunciada, los artefactos fueron estallando en el Paseo de España de Málaga; en un macetero de la Plaza de España de Alicante; ante la cafetería Las Lleras de la Calle Burgo Nuevo de León; en los servicios de la cafetería La Banque, de la Plaza Mayor de Valladolid, y en una papelera cercana a la cafetería Hortaleza de la Avenida de los Reyes Católicos de Avila. En Santillana del Mar, los etarras habían asegurado que la bomba iba a hacer explosión en un aparcamiento junto al zoológico de la localidad, pero en realidad el atentado se produjo en otro lugar que no había sido acordonado: El Parque de la Robleda, situado en el centro de la villa y lejos del estacionamiento. Una niña de siete años resultó herida leve en una pierna al recibir el impacto de trozos de madera de la caseta donde los terroristas habían escondido el explosivo. También sufrió lesiones leves su abuela y otras ocho personas que fueron atendidas en un hospital de Torrelavega. El séptimo artefacto estalló en la cafetería El Peral, de la Plaza de España de Ciudad Real, en esta ocasión ocasionando heridas leves a tres personas, dos de ellas policías que desalojaban el establecimiento. A través de un comunicado, el Ministerio del Interior explicó que mantenía reunido su Gabinete de coordinación para adoptar todas las medidas necesarias en relación con estos atentados y reiteró la máxima alerta para las Fuerzas de Seguridad. El ministro José Antonio Alonso comparecerá en rueda de prensa a las 17:00 horas para informar de lo ocurrido.

Los etarras repartieron las bombas, muy semejantes a las empleadas el viernes en las gasolineras, en zonas céntricas de Avila, León, Málaga, Alicante, Valladolid, Ciudad Real, donde tres personas sufrieron lesiones menores y Santillana del Mar (Cantabria), donde resultaron heridas leves diez personas, porque la deflagración se produjo en un lugar distinto del anunciado por ETA.

El Ministerio del Interior ya preveía que pudiera producirse alguna acción semejante después de los antecedentes del fin de semana y mantenía a las Fuerzas de Seguridad en máxima alerta.

El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, que esta mañana participaba en el Congreso en la recepción oficial con motivo del Día de la Constitución, advirtió de que el único destino para ETA es «el fin de la violencia y el abandono de las armas». Además, subrayó que la banda «sabe que el Estado de Derecho, que la democracia, es, ha sido y será más fuerte que cualquier intento de cambiar las reglas a través de la violencia».
Por su parte, el presidente del PP, Mariano Rajoy, expresó en el mismo lugar la necesidad de seguir dando la «batalla» contra ETA hasta su desaparición, y para ello, abogó por mantener la estrategia del Pacto Antiterrorista y permanecer unido al Gobierno en esta materia.

La UPV coloca a una ex etarra como futuro enlace con los presos de la banda
La elegida, María Cruz Cadarso, cumplió 11 años de condena por formar parte del «comando Vizcaya»
La ex miembro de ETA María Cruz Cadarso ha sido destinada al «campus virtual» de la Universidad del País Vasco (UPV). Cadarso cumplió condena por su pertenencia al «comando Vizcaya», con el que puso una bomba en la vía férrea Bilbao-Santander. A ella podrán dirigirse sus «compañeros» de la banda para multitud de gestiones. El «campus virtual» es en la actualidad un pequeño departamento, pero fuentes de la Universidad señalan que está en expansión y es un sitio «estratégico», ya que cuando se trata de enseñanza no presencial, el 90 por ciento se realiza usando la red.
Marcos S. González La Razón 6 Diciembre 2004

Madrid- María Cruz Cadarso, una «veterana» de la banda terrorista ETA, entró en la cárcel en el año 1990. Tenía 16 años de condena por delante por su colaboración con el «comando Vizcaya», pero como todavía no había entrado en vigor la revisión que se introdujo en el Código Penal para el cumplimiento íntegro de penas por terrorismo, salió en el año 2001. A partir de ahí, Cadarso ha pasado por numerosos departamentos como administrativa. Estuvo en el rectorado, cuando Manuel Montero dirigía la universidad, «en la sección de auditorías».

«Tenía acceso a todos los datos y más de una vez nos asustamos bastante», aseguraron fuentes de la Universidad consultadas por este periódico. Posteriormente, la etarra ha pasado por varias secciones hasta recalar, a finales del curso pasado, en el «campus virtual», según las citadas fuentes, «con la finalidad de reorientarla al contacto con los presos», es decir, que «servirá de enlace para etarras que se matriculen en la UPV», cuando el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero «logre lo que pretende».

«No cabe duda de que se trata de un sitio estratégico», continúan, ya que «los presos podrán enviar los trabajos, consultar sus notas, exámenes... el 90 por ciento de la relación alumno profesor a distancia se realiza por ordenador», aseguran, y afirman que está claro que Cadarso hará «todo lo que sea para que se sientan cómodos cuando regresen».

La etarra fue condenada por colocar artefactos explosivos en la vía férrea Bilbao-Santander junto a su pareja sentimental, Oscar Armentia, quien todavía cumple su condena por actos terroristas que realizó junto a su compañera Cadarso. Entretanto, las negociaciones para que los presos etarras se reintegren en la UPV continúan.

Instituciones Penitenciarias ha enviado a la Conferencia de Rectores de Universidades Españolas (CRUE) el borrador preliminar para el acuerdo, sobre el que se trabaja actualmente. A pesar de que el hermetismo sobre el estado de la negociación es absoluto desde el órgano de Gobierno universitario, no parece muy probable que logren llegar a la fórmula definitiva en un plazo que permita a los etarras matricularse a tiempo para este curso. El hecho es que las matrículas para realizar el primer curso ya están cerradas, la posibilidad de trasladar los expedientes que no se encuentren en la UPV se acabó el 30 de septiembre y el 27 comenzaron las clases.

Todo esto lleva a determinados docentes a preguntarse si los etarras no «comenzarán el curso mediante el privilegio de poder hacerlo fuera de plazo». Aún así, plataformas cívicas como el Foro Ermua y la Fundación Papeles de Ermua han remitido una carta a cada uno de los Rectores de la Conferencia de Rectores solicitando que informen negativamente sobre la vuelta de los presos de ETA a la UPV. La plataforma cívica considera que se trataría de un «paso atrás» en la lucha contra el terrorismo y un «flaco servicio a la libertad en el País Vasco y en toda España». Por otra parte, creen que esta medida sería «académicamente poco justificable» porque ninguna universidad presencial está en condiciones de ofrecer a reclusos lo que no puede ofrecer la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), tal como viene argumentando la Plataforma de Profesores por la Libertad de la UPV/EHU.

Totorika cree que «el mundo violento de ETA debe seguir ilegalizado»
EFE/BILBAO El Correo 6 Diciembre 2004

El alcalde de Ermua, el socialista Carlos Totorika, afirmó ayer que sería «un error brutal» la aceptación de listas electorales del entorno de ETA y estimó que su «mundo violento debe seguir ilegalizado para lo que queda de historia de la humanidad». «Que haya partidos que pretendan coger la bandera de la independencia desde las claves democráticas es normal, comprensible y legalizable, como ya lo está Aralar, pero pensar en bajar la presión y aceptar como partido político a HB nos debilitaría enormemente. No deberíamos ceder en lo más mínimo en ese campo», agregó.

Totorika, contendiente de Patxi López a la secretaría general del PSE en 2002, calificó de «error» que miembros de su partido aboguen por un acercamiento al entorno de Batasuna, «porque lo pueden percibir como una debilidad». «No creo que el fin de ETA se produzca cambiando nuestra posición. La línea de trabajo que ha dado resultados hasta la fecha ha sido la Ley de Partidos. No debemos pensar en absoluto que procede un cambio porque no se ha modificado en absoluto la posición de los de enfrente, la de HB y ETA», subrayó.

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