AGLI

Recortes de Prensa     Jueves 9 Diciembre 2004
Lenguas de triple filo
Santiago LÓPEZ CASTILLO La Razón 9 Diciembre 2004

Los coletazos de ETA
Editorial La Razón 9 Diciembre 2004

LA COMODIDAD NACIONAL
Xavier PERICAY ABC 9 Diciembre 2004

El egipcio pone en evidencia la manipulación contra Aznar
Luis María ANSON La Razón 9 Diciembre 2004

EL QUIJOTE, DE AYER A HOY
César Alonso DE LOS RÍOS ABC 9 Diciembre 2004

Ganan, pierden
Santiago ARAÚZ DE ROBLES La Razón 9 Diciembre 2004

Solidarios con Kofi Annan
EDITORIAL Libertad Digital 9 Diciembre 2004

Un gol por la escuadra
Isabel Durán Libertad Digital 9 Diciembre 2004

Oficio de difuntos
José María CARRASCAL La Razón 9 Diciembre 2004

Fábrica de analfabetos
José Alejandro VARA La Razón 9 Diciembre 2004

De las patrias de Bono
José García Domínguez Libertad Digital 9 Diciembre 2004

Gobierno bicéfalo
GEES Libertad Digital 9 Diciembre 2004

¿Y qué tal nación de imperios
Iñaki EZKERRA La Razón 9 Diciembre 2004

¡Feliz Valencia, desdichada Mallorca, pobre España!
Juan VANRELL NADAL La Razón 9 Diciembre 2004

Reformas a la Constitución
Cartas al Director ABC 9 Diciembre 2004
 

Lenguas de triple filo
Santiago LÓPEZ CASTILLO La Razón 9 Diciembre 2004

Mientras en Rosario (Argentina) las academias hispanoamericanas daban al idioma español la máxima de limpia, brilla y da esplendor, en España unos sátrapas de la política, vividores de trasnochadas aldeas, sencillamente cavernícolas, se enzarzaban en galgos o podencos del catalán o el valenciano. Asimismo, el Senado se hacía lenguas de Babel, los traductores ya salen en tropel de Mangold sin salir del propio país, y Carod-Rovira se descojona montando la parda del lenguaje y siempre con el chantaje del jaque-mate al Estado español, como dicen para no enjuagarse la boca con España. O sea, que los catalano-parlantes y los valenciano-parlantes y los gallegos y los euskaldunes, que sumarán alrededor de una decena de millones, muy respetables todos, están echando un pulso no sólo a los cuarenta millones de españoles, entre los que se encuentran ellos mal que les pese, o sea, los nacionalistas separadores de España, sino a cuatrocientos millones de hispano hablantes, que algún lugar ocuparán, digo yo, en el concierto de la comunicación de la palabra, ese don que nos da conciencia de lo que somos y de lo que representa nuestra historia.

Pues nada. Aquí, que si el catalán para andar por Bruselas, en sus versiones de exportación e importación, casi obligatorio para los extranjeros del Barça, que si el catalán y el valenciano, que no es la misma cosa, oiga, en el Tratado o Constitución de Europa, y, por supuesto, en ferias y mercados domésticos e internacionales. ¡Lo que hace el Tripartito! Pero ¿y el español? La lengua oficial que recoge la Constitución (art. 3) y que todos «tienen el deber de conocerla y el derecho de usarla». Bueno, una broma, visto lo visto y desde la perspectiva de los 25 años que contemplan a nuestra Carta Magna. Y encima, el presidente del Gobierno, que debería ser garante de nuestras señas de identidad, salvo que rija otro país, y a eso vamos, dice –no literalmente pero ése es el sentido– que los que defienden España y su lengua y su historia y tradición son «fundamentalistas». Hombre, no; fundamentalistas son los que admiten lo suyo con valor universal y fundamentalistas son en su justo término los islamistas que tratan a la mujer peor que a una cabra y que, en cambio, tienen acomodo y silla de escuela para que aquí se imparta el Corán. Es tal el delirio de conceptos que no cabe en cabeza con el más elemental sentido común.

Lo triste es que la estulticia humana acoge y propaga las vacuidades nacionalistas, muy dignas y respetables en su territorio pero torpes y hostigadoras cuando sacan los pies del texto. En cambio, se silencian las voces reflexivas y sabias que hablan del español como el signo mayor de nuestra condición hispana. Eso no lo digo yo sino que lo cantó el insigne poeta mexicano Octavio Paz en el I Congreso Internacional de la Lengua, en 1997, y ahora vamos por el tercero. O Julián Marías, prolijo y estudioso del idioma, que escribió cosas como ésta: «El español es ahora la lengua de España –con perdón de los que tienen vocación de «aldeanismo»– y de la mayor parte de América». O C. J. Cela, que, adelantándose a la gresca que ahora tenemos en este patio de mala vecindad, se dolía de que «nuestra lengua común, el español, ha venido siendo ignorada, cuando no zaherida, oficial y administrativamente en no pocos países…» (se refería entonces a Filipinas y Guinea, qué no diría en los tiempos que corren). Es hora, pues –meta harto improbable de conseguir–, de que cada cual hable lo que quiera y del mejor modo posible, incluidas la fabla, el bable y el cheli. No a las guerras de las lenguas. Ni tampoco que haya ministras de Cultura que se expresen con faltas de ortografía.

Los coletazos de ETA
Editorial La Razón 9 Diciembre 2004

La secuencia de atentados de este puente de la Constitución, que concluyó ayer, fue otra demostración más de que ETA está todavía muy alejada de asumir la tesis de la inutilidad de la estrategia del tiro en la nuca que defendieron algunos históricos de la banda ahora en prisión hace sólo algunos días. Por el contrario, y como ha sido habitual en los debates en el seno de la propia banda, el sector más duro, más violento, parece haber impuesto sus poderes para continuar en la brecha del terror.

Además de las sintomáticas explosiones en distintas ciudades del país y en la propia capital, recientes operaciones policiales han permitido obtener datos que concluyen, como ha publicado LA RAZÓN, que ETA está en un proceso de renovación de algunos de sus aparatos clave para reforzar su seguridad y aumentar así la capacidad para atentar. Además, en los últimos manuales para los terroristas, que hoy adelantamos en exclusiva, la cúpula etarra ha ordenado a sus pistoleros que de ninguna forma se entreguen pacíficamente y que se opongan con las armas hasta llegar al suicidio si fuera preciso. Estas normas de actuación de los terroristas habrían tenido su primer ejemplo en la reciente intervención contra dos etarras en Tarbes, cuando recibieron a tiros a los gendarmes que pretendían su arresto.

El panorama resulta pues sumamente significativo y revelador sobre el presente y la realidad de la banda para quien la quiera ver y asumir. Encastillarse, como hacen los nacionalistas y algunos socialistas vascos, en discursos políticos proclives a cambios en la estrategia actual de las fuerzas democráticas en su lucha antiterrorista, a abrir puertas al diálogo con una ETA «moribunda», a la necesidad de tender espacios y oportunidades para que Batasuna sea legalizada resulta, por desgracia, otra forma de colaborar en que el sufrimiento de la sociedad se perpetúe y la libertad sea aún una quimera en el País Vasco. Alimentar así la debilidad del Estado de Derecho, con discursos equidistantes y complacientes con el entorno terrorista, sólo sirve, a la vista de la experiencia en el combate contra ETA y de los últimos movimientos de la banda, para fortalecer a los pistoleros y trabar las posibilidades de su derrota final y definitiva. La única vía factible contra ETA y quienes la apoyan es la ya conocida y perfectamente definida en el Pacto Antiterrorista. Sus resultados han sido incontestables como lo prueba la frágil situación etarra.

Pero los dramáticos coletazos de ETA resultarán asimismo inevitables, y su final, aunque próximo, todavía tardará. En esta coyuntura, nada sencilla, los demócratas están obligados a no equivocarse en los diagnósticos ni buscar atajos donde no los hay. Los cálculos partidistas deben quedar al margen. Paciencia y perseverancia en la vía policial y judicial es la única receta fiable.

LA COMODIDAD NACIONAL
Por Xavier PERICAY ABC 9 Diciembre 2004

UNA de las máximas preocupaciones del presidente del Gobierno parece ser la de que todos los ciudadanos españoles nos sintamos cómodos. Loable empeño, sin duda. Sobre todo porque España es una realidad muy diversa -como recoge fielmente la Constitución, de la que acabamos de celebrar el 26 cumpleaños- y la comodidad, algo muy particular. Así, y por no salirnos de la actualidad reciente, para que Pasqual Maragall se halle a gusto en España se necesitan probablemente muchos más aderezos de los que se precisan para que Marcelino Iglesias o Miguel Sanz encuentren un encaje parecido. Se necesita, por ejemplo, que el presidente del Gobierno español acepte lucir en la solapa, en una cumbre en la que también figuran el presidente de la República francesa y su primer ministro, un escudo de la Generalitat de Cataluña que el máximo representante de esta autonomía le ha colocado aquella misma mañana no se sabe a santo de qué. O que este mismo presidente del Gobierno acepte equiparar públicamente los términos «nación» y «nacionalidad» -perfectamente delimitados en el ordenamiento constitucional-, y justificar luego semejante equiparación en el Senado apelando a la libertad intelectual de discutir lo establecido, con el único fin de que su compañero de partido pueda introducir en el nuevo Estatuto catalán el término «nación» y sentirse, por fin -él y sus socios de Gobierno autonómico-, a sus anchas.

Claro que, a veces, eso de procurar a todo el mundo las máximas comodidades acaba dejándolo a uno en una posición bastante incómoda. En efecto, ¿qué pensaría ayer José Luis Rodríguez Zapatero al oír las palabras que su ministro de Defensa, José Bono, pronunció en la Academia de Infantería de Toledo? ¿Qué pensaría al oírle decir que los términos «nación», «patria» o «Constitución» expresan sentimientos o proyectos colectivos, o que es paradójico el antiespañolismo dentro de una nación, o que «hay que defender que hoy», en España, «no cabe más que lo que cabe en la Constitución»? Como mínimo, que habrá que reunir a los barones del partido para aclarar tanta paradoja. Eso sí, sin que nadie se sienta incómodo.

El egipcio pone en evidencia la manipulación contra Aznar
Luis María ANSON de la Real Academia Española La Razón 9 Diciembre 2004

-Este cabrón de El Egipcio lo ha echado todo a rodar -afirma el acreditado dirigente socialista.
-Pero ¿qué me dices? -contesta el tertuliano de la radio adicta- Si las cosas nos van de puta madre.

-Se ve que no lees «El País» con la debida atención, lo que te puede costar el puesto en tu tertulia.
-¿Tú crees? -pregunta aterrado el tertuliano.

-Pues sí. Hoy «El País» reproduce una declaración de El Egipcio en Milán el pasado 7 de junio.
-Y ¿qué dice?

-Lee aquí: «Fue todo una idea mía (los atentados de Madrid). Yo no pude estar con ellos cuando sucedió, pero sí pude hablar con ellos antes. Eran mártires y eran mis amigos del alma. Me siento muy triste por no haber subido al cielo con ellos... Me costó mucha paciencia y estudio. Fue mi proyecto y me llevó dos años y medio»

-Coño, tienes razón, ¡qué cabrón! -exclama finamente el tertuliano- Eso pone al descubierto toda la manipulación.
-Pues claro -continúa el dirigente socialista-. Toda. Lo que acuñamos el 11-M fue muy claro y llegó a la gente: los doscientos muertos del atentado es la represalia de Al Qaida por la participación de España en la guerra de Iraq; es así que Aznar nos metió en esa guerra; luego Aznar es responsable de la matanza.

-Y ahora el autor intelectual del atentado, este desgraciado Egipcio, descubre que lo llevaba preparando desde hace casi tres años. ¡Qué hijo de puta!
-Pues sí -continúa el acreditado dirigente socialista-. Ha desbaratado el silogismo y ya no se puede manipular el 11-M achacando su responsabilidad a Aznar.

-Bueno, -concluye el optimista tertuliano-. Pero, vaya yo caliente y ríase la gente, estamos en el poder con todos los medios a nuestra disposición y lo que hay que hacer es seguir repitiendo lo mismo, que la gente no se entera de estas cosas y hay mucho pardillo para seguir manipulando a nuestro antojo.
-Eso sí, compañero. En eso tienes toda la razón.

-Coño, no menciones a ese periódico ni en broma. LA RAZÓN es una mosca cojonera que nos trae por la calle de la amargura.

EL QUIJOTE, DE AYER A HOY
Por César Alonso DE LOS RÍOS ABC 9 Diciembre 2004

LLAMAN los gobernantes a una celebración del aniversario de El Quijote. Malo. Me temo que saldrá poco, por no decir nada. Y no sólo porque de la burocracia cultural difícilmente pueda salir algo creativo, sino porque estamos viviendo en tiempos antiquijotiles o antiquijotescos o en todo caso sanchopancescos. ¿Cómo va a moverse la creatividad ante el que Unamuno llamó «el libro de España» si a la mayoría de los pensadores e intelectuales les quema la noción de España? ¿Cómo van a ir a la fuente cuando toman por envenenadas las aguas que salen de aquélla? Ni está el honor para reivindicaciones de Cervantes, hoy, ni de San Juan de la Cruz, mañana ni de nada que tenga que ver con nuestro ser y existir como pueblo y como nación. Por otra parte, ¿puede concebirse un gobernante menos quijotesco y menos caballeresco que este llamado José Luis Rodríguez Zapatero, al que le gusta quedarse en pantuflas en el calorcito del hogar y dejar que los demás se maten por causas ajenas, como insensatos? Ya dije en alguna ocasión que ZP se me hacía más Sancho Panza que caballero andante, y que lo del talante es cazurrería, gramática parda... De hecho él y sus socios entienden las naciones como ínsulas baratarias, que las quieren dadas, regaladas. Estados libres asociados dice el uno; comunidades nacionales, dice el otro. Panda de pícaros, panda de bribones que, además, se aprovechan de las fechorías criminales de la banda etarra.

EN estas circunstancias tan poco quijotiles sólo cabe esperar rutas folclóricas, gastronómicas, etnográficas y burocráticas por Castilla-La Mancha. ¿Cómo esperar de nuestros bien comidos y bien servidos intelectuales unas nuevas meditaciones a partir del Quijote mirando al mundo y cómo esperar de ellos una nueva reflexión sobre el ser histórico español cuando comparten con socialistas y nacionalistas la actual revuelta contra España, contra esta patria que ellos toman como generadora de fundamentalismo y esencialismos?

Así que este comienzo de siglo no va a tener que ver nada con nuestro patrimonio cultural. La reacción contra el Desastre del 98 y contra los nacionalismos emergentes, tanto en la sociedad como en las minorías intelectuales, produjo una verdadera eclosión de investigaciones y ensayos en torno a Cervantes. En efecto, Miguel de Unamuno escribe su «Vida de don Quijote y Sancho»; Azorín, «La ruta de don Quijote»; Ramiro de Maeztu, «Don Quijote, don Juan y la Celestina»; José Ortega y Gasset, «Meditaciones del Quijote»; estudios de Menéndez-Pidal sobre El Quijote, y ya en la década de los veinte, «Guía del lector de El Quijote», de Salvador de Madariaga y el «Pensamiento de Cervantes», de Américo Castro...

ES este un momento de signo cultural y político muy distinto a aquél. No hizo falta entonces que ningún presidente quisiera ocultar su descreimiento en la nación española con montajes burocráticos y llamamientos a evocaciones cervantinas. Si desde hace años se viene cultivando un desinterés activo por todo aquello que puede definirnos colectivamente, ¿por qué habría de hacerse una excepción con el libro más profundo de toda nuestra literatura (al decir de Ortega y Gasset) y con uno de los mitos más universales?

En este momento de los Carod, los Maragall y los Zapatero lo que interesa es la agilización de los trámites -legales, eso sí- para la creación de unas cuantas ínsulas baratarias.

Ganan, pierden
Santiago ARAÚZ DE ROBLES La Razón 9 Diciembre 2004

Regreso de un espléndido fin de semana en el País Vasco. Allí, en Oñate, mis raíces, muy lejanas es cierto; allí me casé; allí nacieron los más de mis hijos. Con algún retraso de fechas, he ido a celebrar, en todos los sentidos, mis «primeros» cuarenta años de matrimonio, en la iglesia de El Cristo de Ayete, de San Sebastián-Donostia. El párroco de entonces me preguntó «¿os queréis casar, y cuándo?», «el 15 de septiembre», «ah, bueno, porque mientras esté ese allí –señalaba hacia el palacio de Ayete, enfrente mismo, y se refería a Franco, obvio– no caso». El párroco actual, llano, comunicativo, nos felicita inesperadamente durante la misa dominical –las compañeras de mi mujer en el colegio del Sagrado Corazón se lo han hecho saber, para sorpresa nuestra– y dice «hombre, y a ver si habláis bien de nosotros en Madrid». De eso se trata, eso me gustaría más que nada, de veras.

Hay, sin embargo, un muro de cristal en el perímetro del País Vasco, no sé bien levantado por quién, que cada cual reflexione. Lo que yo veo es que hay un deseo amplio, y a veces casi pasional, de no ser diferentes, y al tiempo una voluntad real de ser precisamente diferentes. No sé bien por qué, digo. Lo que ahora se aprecia, incluso visiblemente, es que esta sociedad se encuentra en un proceso agudo de endogamia. La que en otras épocas era una sociedad abierta se va mudando en una sociedad cerrada: los turistas son vascos, el euskera constituye más ostentación que patrimonio o vía de comunicación, y se nota un patente esfuerzo de igualación a la baja (en el vestir, en los automóviles, entre otras cosas), como si la riqueza y el «estilo» se hubieran vuelto vergonzantes; en Donostia, que constituía un escaparate de la moda, o en Bilbao, en que las niñeras parecían esperar que las retratase Zuloaga o Regoyos.

Hubo una larga discusión familiar, al hilo tal vez de la casi súplica del párroco de Ayete, «hablad bien de nosotros». ¿Se puede, y por tanto se debe ir desde cualquier lugar de España con naturalidad al País Vasco? Ésa es la clave: con naturalidad, sin sentirse incómodos. Ya me gustaría una respuesta afirmativa y sin condiciones. Pero el terreno que se pisa no es sólido. Hay muchos vascos que se sienten señalados. No es creíble que la mitad, más o menos, de la población del país se queje infundadamente de opresión política y social. La gente ha de comportarse artificialmente en sus relaciones vecinales, incluso en las familiares. La política es el sustrato de la vida individual: y, sin embargo, en las familias vascas no se puede hablar de política. Es un coto vedado, sólo abierto al nacionalismo. Y esa mutilación de la personalidad de la mitad de la población, insisto, envenena el clima social, claro que sí. Y quienes van de fuera, quienes vamos desde fuera, tampoco podemos hablar con desahogo, en la calle, en los bares o en casa de nuestros amigos.

¿Y de dónde arranca esta opresión incómoda? Se refería la Pagazaurtundúa, Maite, al pacto de Lizarra. La Pagaza tiene una claridad de juicio que estremece. En una reciente mesa redonda en televisión, Anasagasti estaba como deslumbrado por la verdad, súbitamente, y además como protegiéndose de esa verdad con el antebrazo. Pretendía mostrarse, paternal, y comprensivo, con la Pagaza: pero la Pagaza lo rehuía con un manotazo sin acritud alguna. «¿Y el pacto de Lizarra?», volvía a los hechos. Porque en ese pacto, firmado visceralmente por los nacionalistas de bien, se señalaba a lo español y a los españoles como el enemigo a batir. Ninguna incoherencia, por lo demás: esa actitud está explícita en los escritos de Sabino, es decir, desde el principio mismo. Y esa actitud ha amamantado y sigue amamantando a los nacionalistas, y crea un clima colectivo difícil de respirar. ¿La endogamia? Eso es, la endogamia como cultura. No la cultura como comunicación para recoger, aquí y allá, lo mejor de cada «civilización», y fagocitarlo y enriquecerse con ello, y potenciar la propia identidad: sino la cultura como carpa de cristal, como muro invisible pero real que cierra desde dentro el perímetro del País Vasco.

A cualquiera, o casi, que haya ido al País Vasco desde Madrid –y todo España es Madrid para un verdadero nacionalista– le han sucedido «anécdotas». La anécdota es el ADN de la Historia. Sin relatarlas, para no hacer sangre –que cada cual apele a su propia memoria– quiero reducir esas anécdotas a la modesta condición de accidentes. Incluso el Plan Ibarretxe podría considerarse como anécdota; es imposible, y no pasará de la categoría de propósito pintoresco. Pero lo que no es anécdota es la fuente de la que emanan estos comportamientos arbitrarios, es decir, el nacionalismo por oposición, la mitificación perversa de «Madrid», es decir, de una parte sustancial de uno mismo, su consideración como «el maligno». De ahí el talante dramático y conmovedor del párroco de Ayete (a pesar de que hace mucho que «ése» se fue del palacio de Ayete, y de que cada vez más «ése» se diluye en la categoría de anécdota) : «entendednos y disculpadnos», como quien dice «a ver si logro entender yo mismo mis propias contradicciones». Es decir, a ver si consigo salir de la paranoia de señalar como enemigo a la España en que me apoyo –en el pasado, en el presente y en el futuro– y en la que en realidad consisto. A ver si consigo frenar este impulso irresistible de hablar con saña de lo español en español, o en un euskera aprendido en castellano.

Los sentimientos se combaten mal. Si «Madrid» influyese en los sentimientos (y tendrá que acabar en ello, posiblemente, por lealtad a sí misma y a la realidad más profunda del pueblo vasco), se diría: «Ya ven, Madrid». La visión objetiva de Madrid –del «otro» que nos afecta, en suma del más próximo como expresión de cualquier otro– requiere que el vasco visceral rompa su propio cascarón. Pero no está en ello, sino en añadirle capa tras capa. Y lo hace con tesón y con éxito al menos por ahora; lo digo con tristeza por los vascos. Porque, de verdad, se respira melancolía en el País Vasco. Y es que saben que están ganando. Y es que saben que están perdiendo. Al resto del mundo, a «Madrid», lo convierten día al día en ajeno.Santiago Araúz de Robles es abogado

Solidarios con Kofi Annan
EDITORIAL Libertad Digital 9 Diciembre 2004

Las cumbres hispano francesas solían ser formales reuniones en las que se trataban temas bilaterales urgentes y se remachaba la colaboración de ambos países en lo tocante al terrorismo etarra. Con la llegada al poder de Zapatero el ambiente carnavalesco que rodea todos sus actos de gobierno se ha apoderado también de esa cumbre, una de las más importantes para España y en la que no debería haber lugar para las frivolidades y los pasos en falso.

Dejando a un lado el espectáculo de los presidentes autonómicos a los que Chirac no quiso ni ver y que hubieron de conformarse con seis minutos de charla informal con Zapatero. Metiendo en el armario del despropósito la insignia de la Generalidad que el presidente del Gobierno lució orgulloso durante buena parte del día, ignorando que es el primer ministro de un país que se llama España y que tal gesto puede ofender a otras autonomías. Pasando por alto la anodina rueda de prensa posterior al encuentro en la que Zapatero se limitó a soltar las cuatro naderías acostumbradas revestidas de lenguaje políticamente correcto. Aparte de todo esto lo mejor, –o lo peor– de la cumbre de marras fue la conferencia telefónica que ambos líderes pusieron con Nueva York para solidarizarse con Kofi Annan, el todavía Secretario General de la ONU que no pasa por su mejor momento político y a quien el Senado norteamericano le está marcando de cerca por una presunta red de corrupción y tráfico de influencias en torno al programa Petróleo por Alimentos.

El programa, que tenía la intención de aliviar en lo posible los efectos sobre la población de las sanciones al régimen de Sadam Hussein, fue pervertido desde el primer minuto en que empezó a aplicarse. Irak compraba bienes a precios muy superiores a los del mercado y efectuaba los pagos con petróleo. El negocio estaba en que la diferencia entre el precio real de esos bienes y la cantidad facturada por los proveedores se la embolsaba el tirano iraquí en opacas cuentas suizas. Para ello estaba conchabado con Cotecna, la empresa autorizada por la ONU para certificar que las facturas coincidían con las mercancías que entraban en Irak. Sadam, gracias a ese flujo constante de dinero, consiguió tejer una soberbia red internacional de sobornos que, llegado el momento, hicieron piña para defender al régimen.

Una comisión del Senado norteamericano empezó a investigar la trama hace siete meses y, sin esperárselo, se encontró con que el hijo de Kofi, Kojo Annan, trabajó durante un tiempo en Cotecna, y no sólo eso, cuándo éste había abandonado la empresa siguió cobrando durante varios años una generosa cantidad. Ante semejantes evidencias es natural que Annan haya entorpecido todo lo posible la investigación de los comisionados. El escándalo, no obstante, ha sido de tal magnitud que la figura del Secretario General ha sido puesta en tela de juicio hasta por los propios funcionarios de la ONU. Llueve, sin embargo, sobre mojado, hace unas semanas el personal de Naciones Unidas presentó una moción de censura contra Annan por haber exonerado a un acusado de favoritismo y acoso sexual. El más polémico Secretario General de la historia de la ONU se encuentra acorralado y privado de muchos de los apoyos con los que contaba hasta el estallido del turbio asunto del programa Petróleo por Alimentos.

Que Chirac se ponga del lado de Kofi Annan es hasta cierto punto comprensible. El presidente francés ha comprometido todos sus activos en política exterior al multilateralismo y al antiyanquismo promovido por Annan. Que Zapatero, que sólo puede perder en esa apuesta, se solidarice y haga frente común con dos diplodocus de tiempos pretéritos es la muestra más palpable de que nuestro Gobierno se ha decantado sin ambages por el funambulismo sobre el alambre en materia internacional. La confirmación vino ayer desde La Habana, Fidel Castro se sumó al apoyo que Zapatero y Chirac han brindado a Annan. Según Castro al Gobierno de los Estados Unidos no le asiste autoridad moral para juzgar al Secretario General de la ONU. Clásica triquiñuela castrista. El Gobierno de EEUU no está juzgando a nadie, es una comisión del Senado la que está, simplemente, investigando el destino de un montón de millones de dólares cuyo objeto era dulcificar la penuria del pueblo iraquí. Las revelaciones de dicha investigación han destapado un caso de corrupción como no se conocía en la ONU. Nuestro presidente de Gobierno debería, como mínimo, ser cauto y esperar a que los comisionados anuncien sus conclusiones. Lo demás son charlotadas que, más tarde o más temprano, siempre se terminan pagando.

Los Reyes en Mondragón
Un gol por la escuadra
Isabel Durán Libertad Digital 9 Diciembre 2004

Ahora sabemos por qué acudió Ibarretxe a la Conferencia de Presidentes. Menudo gol le han metido el gobierno de Rodríguez Zapatero y su amigo del Estado Libre Asociado, Juan José Ibarretxe, a la Corona y por ende a todos los españoles. Conseguir que Sus Majestades los Reyes acudan a colocar la primera piedra de una planta de Fagor de la Cooperativa Mondragón 48 horas después de la visita del lehendakari a la fábrica de electrodomésticos del grupo con alguno de sus miembros involucrados en sumarios de terrorismo es una pica en Flandes y un gol por la escuadra y en toda regla.

Qué calladito se lo tenían ZP y el lehendakari. El martes, durante su visita a la planta de cocción de Fagor electrodomésticos, el presunto presidente de todos los vascos señaló que "la paz, las personas y la preparación (sic) son las tres claves para construir el Euskadi del futuro". Muy tecnológico e industrial todo ello. ¿Verdad? Eso sin tener en cuenta el dinero que el Gobierno vasco destina a la dictadura castrista protectora de terroristas etarras a través, entre otras agraciadas, de la homenajeada Fagor.

La visita de los Reyes produce estupor, tristeza y desolación.
Porque aunque forman parte de MCC miles de trabajadores honrados, ajenos por completo al radicalismo terrorista, ese grupo es también el favorito del mundo proetarra. Porque ha costado años de investigaciones policiales desenmascarar algunas de las ayudas a la banda terrorista por parte de personas concretas desde el epicentro de la Corporación. Porque cuando se les pregunta a sus responsables sobre posibles pertenencias y simpatías desviadas de algunos de sus trabajadores se encogen de hombros y dicen que hay que convivir con todo el mundo y que en esa empresa no se exige la filiación política de nadie.

Lo que sí hace la ETA es elegir a quién deja vivir en paz en Mondragón y en el país vasco. Las mugas que marcan los territorios del valle de Mondragón tienen la huella de ventas apresuradas de perseguidos por el entramado etarra. De los amenazados, de quienes deben dejar su tierra por la falta de libertad. Saldos del miedo. Saldos muy distintos a los de las cuentas del buque insignia financiero del grupo, la Caja Laboral Popular, banco elegido por ETA y su entorno para guardar su dinero, algo que, aunque no es delito, resulta significativo.

Ahora los Reyes pondrán la primera piedra y el lehendakari podrá mostrar al mundo entero la bondad de su proyecto. Zapatero y sus amigos, socios y compañeros de viaje republicanos e independentistas, habrán dado un paso más en el futuro de su comunidad nacional que todavía sigue siendo España.

PD. Para más detalles, ETA el saqueo de Euskadi, Planeta 2002 (pág 50-85) publicado por José Díaz Herrera con la colaboración de quien suscribe esta columna. También se pueden cotejar cientos de miles de folios de los sumarios sobre KAS, Herriko Tabernas, Jarrai, AEK, comando itinerante, Gestoras Pro Amnistía, ilegalización de Batasuna, Orain-Egin, etc.

Oficio de difuntos
José María CARRASCAL La Razón 9 Diciembre 2004

Ha sido el aniversario más triste de la Constitución desde que nació, hace 26 años. No lo digo por las bombas de Eta. Esas bombas forman ya parte del paisaje español. Lo digo por otras bombas más peligrosas, puestas por quienes en vez de agradecer a la Constitución los cargos que ocupan y la autonomía que gozan, arremeten contra ella. Aunque conociéndolos, tampoco debe extrañarnos. Lo preocupante es la altanera soberbia con que se mueven y la timidez del Gobierno. Urge saber si José Luis Rodríguez Zapatero está dispuesto a «revisar el concepto de la nación española», como aseguró Maragall el domingo. De ser cierto, el presidente tiene la obligación de explicarnos qué revisión está dispuesto a hacer de la nación española y hasta dónde está dispuesto a transigir en las demandas que le hacen.

No es un tema baladí. No vale eso tan cómodo de «que se llamen lo que quieran y que nos llamen lo que quieran», que nos llevaría al galimatías nacional. Todos sus esfuerzos para atraerse a los nacionalistas vascos y catalanes, todos los favores, sonrisas, halagos y lisonjas no han servido más que para que aumenten sus demandas y crezca su olímpico desprecio para lo que España representa. Ni siquiera su amigo Maragall se dignó acercarse a Madrid a conmemorar el aniversario de la Constitución para celebrarla en Barcelona a su manera: mandándola al cuarto de los trastos viejos. Comparado con esto, lo de las bombas de Eta es sólo un juego macabro de cuatro descerebrados, y lo que nos espera, bastante peor de lo que hemos visto.

Lo más triste de este aniversario fue ver como la Constitución que debía garantizar la pluralidad de España, que reconocía sus diferencias internas, que, en fin, acababa con el tan criticado centralismo, era rechazada, flagelada e injuriada por aquellos a quienes más favorece. Lo que nos advierte que no están realmente interesados en la autonomía. Ni en que se reconozcan sus peculiaridades. Ni en llevar sus asuntos internos. Están interesados, lisa y llanamente, en poner la mayor distancia posible entre ellos y España. No importándoles en absoluto que ésta se convierta a la postre en un concepto más metafísico que físico, más histórico que político. Es más, todo apunta que lo celebrarían.

Esto, que ve hasta un niño, parece no verlo un Gobierno español demasiado hipotecado para hacer frente al desafío o demasiado ideologizado para distinguir los intereses de Estado de la lucha partidista. Más que un presidente de gobierno, ZP parece el subastador de la soberanía nacional. ¿Quién puja más? Sólo en una cosa le damos la razón a Maragall por no acercarse a Madrid el pasado lunes: había muy poco que celebrar en este 26 aniversario de la Constitución y los actos en el Congreso tuvieron más bien aspecto de oficio de difuntos. Aparte de que en Cataluña, gracias a las gestiones de su socio de gobierno, Eta no pone bombas.

Fábrica de analfabetos
José Alejandro VARA La Razón 9 Diciembre 2004

Quince días nos hemos pasado debatiendo a ver a qué gato le encalomamos el cascabel de la bronca y la crispación. Legisladores, analistas, columnistas, berreadores del micro, pensadores de la nada nos hemos afanado en agitar el lago macilento de la disputa política por ver si afloraba la mano que agitaba la cuna de la trifulca parlamentaria, de la tormenta de la cosa pública, en un nuevo empeño estéril y atronador. Cuando todo era tan sencillo: el «puente» no sólo ha aplacado el run-rún y el guirigay sino que ha mudado el griterío en zambomba y el estruendo en pandereta.
Los señores diputados desaparecieron por el camino-que-lleva-a-Belén y se ha estampillado la paz mediante la investidura simbólica del presidente del Gobierno como miembro de la Orden de los prohombres de Estado bajo el título de «Zapatero I el innovador», tras una austera ceremonia que corrió a cargo de Maragall, quizás «Pasqual I el velloso». Un modesto «pin» de la Generalitat en la solapa es capaz de transformar al inquilino de La Moncloa en un Carlomagno de «la península española», por seguir la expresión utilizada por Maragall, que, a lo que se ve, es quien pone y quita títulos en nuestra España contemporánea.

Ya no hay trifulca, pues, y España va camino de dejar de ser Nación para convertirse en Península. Es decir, que de entidad política pasa a ser un mero hecho geográfico. El despiste de Maragall no es achacable, en este caso, a la Logse, sino, sencillamente, a esa obsesión por evitar la palabra España. A la vuelta de la reforma de la Constitución, ya sabemos que Cataluña será una «comunidad nacional» mientras que España quizás se quede en simplemente «Península», con permiso de los portugueses, claro está.

Llegamos del puente, con la zozobra en el alma, conocedores de que todavía andan por ahí sueltos unos cuantos muchachos de las bombas, pero con la tranquilidad que supone saber que los gibraltareños van a poder usar nuestros aeropuertos a cambio de nada, que estamos tan lejos como siempre de los Estados Unidos y mucho más cerca del cercado Kofi Annan, y que la «grandeur» de Chirac, tras pasearse con enorme dignidad por tierras de Aragón, todavía nos ampara. Vaya puente. Sin bronca pero abroncados. Sin saber distinguir un Estado de una Península. Sin amigo americano y entonando villancicos junto al vecino francés en honor del presidente de la ONU, que tiene un hijo enredado en el escándalo de «petróleo por alimentos», y que escapó, aún no sabemos cómo ni por qué, de Herodes.

O sea, como siempre la culpa de todo la tiene Aznar. O de casi todo, porque el informe sobre la educación en España que acaba de emitir la OCDE pone en evidencia que el declinar de nuestro sistema de enseñanza arrancó unos años antes de la llegada del PP al Gobierno. Los expertos y docentes, a la vista del inquietante resultado que arroja el estudio, recuerdan algo tan elemental como cansino: todo empezó con la Logse, ese malhadado plan de organización de la enseñanza que se empeñó en convertir nuestro proceso educativo en una especie de fábrica de analfabetos. Lustros llevamos ya bajo sus nefastos efectos y sus resultados nos estallan ahora en la cara.
Resulta difícil destacar alguno de entre los penosos datos que arroja la encuesta del Programa de Evaluación Internacional (PISA) que se ha hecho pública esta semana. Los estudiantes españoles son muy torpes en ciencias, en matemáticas y en lectura. Torpes de solemnidad. Hasta el punto de que, por ejemplo, dos de cada diez ni siquiera son capaces de comprender un texto. Es decir, que no es que no sepan las cuatro reglas, sino que ni siquiera saben leer y escrbir. O, al menos, no entienden lo que leen ni lo que escriben.

El PP intentó modificar la embestida feroz de la Logse mediante la habilitación de la Ley de Calidad, que no logró sus objetivos. Le faltó tiempo. La Ley de Calidad premiaba el esfuerzo, el sacrificio, el conocimiento. Y desterraba ese sentido «lúdico» y verbenero, igualitarista y grisón que infundió la Logse a todo el sistema. Recuperaba los exámenes, el estudio, «los codos». Es decir, un tormento. ¿Dónde está escrito que hay que estudiar para aprobar? ¿Quién dijo que el maestro tiene potestad para exigir, para corregir, para regañar y hasta para suspender? ¿A quién se le ocurre pensar que a la escuela se va a aprender?

Saldrán ahora por la tangente de la falta de presupuestos, de medios. Se dirá que ha habido demasiados planes de enseñanza, demasiadas políticas educativas. Puede ser. Pero no nos liemos. La Logse fue una patada en los hocicos a toda una generación que aspiraba a crecer, a formarse y no a convertirse en los peores de la clase, por detrás de China, Finlandia a Corea. Eso sí, que a nadie se le ocurra reponer al asignatura de Religión, pese a que dos millones y medio de padres lo pidan vehementemente. La Religión se ha convertido en el señuelo de la trifulca, en el objeto de todas las grescas, mientras tenemos empantanado nuestro sistema educativo, que ha caído a niveles tercermundistas.

Todo se nos va en reclamaciones de pactos de Estado: por la Justicia, por la política Exterior, por las pensiones. Pero ¿y el pacto por la Educación? Alguien deberá rendir cuentas de haber convertido a nuestro país en el asno de Occidente. Sólo con escuchar a algunos ministros se advierte, sin ápice de dudas, que son auténticos hijos de la Logse.

Discurso en Toledo
De las patrias de Bono
José García Domínguez Libertad Digital 9 Diciembre 2004

Porque el hijo de Pepe, sobre todas las cosas, ansiaba llegar a ministro, y abrir los telediarios de las tres lanzando emotivas arengas sobre el amor a la Patria y las virtudes de la Nación Mientras el hijo de Pepe, el de la tienda, pasa revista a los cadetes de la Academia de Toledo con el tiempo medido para abrir el Telediario de las tres, rememoro una historia del campo de exterminio de Dachau que hace poco contaba Iñaki Ezquerra. Martin Niemöller, un pastor protestante que acaba de pasar por otra sesión de tortura al negarse a renunciar a sus convicciones antitotalitarias, yace herido en el suelo de su celda. En ese momento, uno de los carceleros de las SS abre el cerrojo de la puerta y le comunica que tiene una visita. Es el capellán de la cárcel, también protestante como él. Cuando los dos hombres se quedan solos, frente a frente, la impresión que le provoca el estado deplorable de su igual impide al recién llegado articular palabra alguna. Finalmente, tras un minuto eterno, con tono entrecortado sólo acierta a preguntar: "¿Qué hace usted aquí?". Entonces, el recluso, a la vez que trata de incorporarse, le responde: "Dada la situación de nuestro país, soy yo el que le pregunta: ¿qué hace usted, que no está aquí dentro conmigo?".

Al tiempo, sigue acaparando las imágenes del televisor el hijo del de la tienda, ése que llegó a ministro de Defensa de España en comandita con un interlocutor de la ETA que dice llamarse Carod-Rovira; un sujeto cuyo objetivo es destruir la soberanía de la Nación española y, después, alumbrar un estado monolingüe que se expanda a lo ancho del antiguo reino de Aragón. Carod, el mismo que para avanzar en la consecución de su meta, estimó conveniente facilitar que el primogénito de Pepe alcanzara su silloncito en el Consejo de Ministros.

El padre de los nietos de Pepe conocía perfectamente la calaña y los propósitos del personaje que lo habría de proyectar a las antípodas de aquel ultramarinos de su infancia; tampoco ignoraba que su benefactor convenció a la ETA para que colocara bombas en Castilla-La Mancha, y no en Cataluña. No obstante, aceptó asociarse con él. Porque el hijo de Pepe, sobre todas las cosas, ansiaba llegar a ministro, y abrir los telediarios de las tres lanzando emotivas arengas sobre el amor a la Patria y las virtudes de la Nación.

"España brinda libertad a todos sus hijos", miente ahora el aliado del Tripartito en el Telediario de las tres. Y un escalofrío acaba de recorrer las espaldas de todos esos catalanes que se saben condenados a la muerte civil por obstinarse en no ceder a la presión del nacionalismo identitario. Por un instante, han temido que el socio de Carod fuese a salar al otro lado de la pantalla, y que les espetara con timbre marcial: ¿qué hacen ustedes aquí?

Bono-Zapatero
Gobierno bicéfalo
GEES Libertad Digital 9 Diciembre 2004

Es posible incluso que Bono haya convencido a Zapatero de que con su discurso patriótico está en realidad protegiendo el flanco más débil del presidente ante su propia base electoral Estamos ante un Gobierno políticamente bicéfalo, un gobierno con dos caras, dos almas y dos ideas distintas de lo que es España. Zapatero y Bono, los dos viejos contendientes en un Congreso Federal del PSOE, han trasladado al Gobierno la herida que dejaron en el Partido. Lo demás es pura comparsa. Un grupo de ministras incompetentes, un Caldera recluido en sus asuntos sociales y un vicepresidente segundo, más tecnócrata que político, abocado a perder todas las batallas.

El discurso de Bono en la Academia de Infantería no puede haber sido más oportuno, o más inoportuno, según quién lo escuche. En todo caso, es difícil encontrar mayor contraste político entre la verborrea parlamentaria del Presidente, recluyendo en el fanatismo a quiénes defienden el concepto constitucional de Nación, con la soflama patriótica del Ministro de Defensa en el patio de armas de la Academia de Toledo.

Esta radical contradicción entre las dos únicas figuras políticas del Gobierno sería imposible en un gobierno serio. Es más, el Consejo de Ministros puede terminar enfrentándose a decisiones que resulten completamente incompatibles con las posiciones públicas del Ministro de Defensa. Sin embargo, hay que contar con dos factores. El primero es que por el momento Zapatero se mantiene en la mera ausencia de criterio. El Presidente sonríe con la misma intensidad ante las salidas de tono de Maragall que ante las arengas cuarteleras de Bono. Es posible que en su fuero interno esté más cerca de los desvaríos de Maragall que del discurso patriótico de Bono, pero procura que no se le note en exceso.

El segundo factor es que Bono es un fino junco político. No hay personaje más dúctil en toda la arena política española. Es más, el ministro de Defensa ha hecho de su capacidad de rectificación su principal arma política. José Bono es capaz de pasar de guerrista a renovador en veinticuatro horas. Puede pasar de la foto en la cárcel de Guadalajara al más patético de los silencios ante las actuales peticiones de indulto para Vera. Puede autocondecorarse y autodegradarse en un sólo día. En una semana es capaz de transformarse de salvador del honor patrio ante el imperialismo norteamericano a ser el mejor amigo de Bush en el Gobierno español.

El ministro de Defensa es además un político posibilista y un adicto al poder. Su capacidad para tragar sapos nacionalistas puede ser mucho mayor que la se desprende de sus discursos en los cuarteles. Bono tiene en el ministerio de Defensa no sólo una cómoda poltrona, de la que no se ha bajado en las dos últimas décadas, sino un enorme instrumento de poder al que no va a renunciar por ningún discurso del que pueda desdecirse en unas pocas horas.

Es posible incluso que Bono haya convencido a Zapatero de que con su discurso patriótico está en realidad protegiendo el flanco más débil del presidente ante su propia base electoral. Los millones de socialistas andaluces, manchegos y extremeños que ven con perplejidad y preocupación el entreguismo de su presidente a las exigencias de los nacionalistas radicales en Cataluña. El juego puede funcionar por algún tiempo. Bono como garantía de la unidad de la Patria y de la solidaridad interterritorial y Zapatero como urdidor de coaliciones imposibles para mantenerse en el poder.

Sin embargo, el juego es peligroso, especialmente para Zapatero. Bono no ha renunciado a ser una alternativa desde dentro en el caso de que el proyecto Zapatero se estrelle precipitadamente, algo que hoy no puede descartarse. En ese supuesto se visualizaría, una vez más, la absoluta falta de escrúpulos del actual Ministro cuando se trata de alcanzar o mantenerse en el poder.

Por otro lado, ninguna cartera es más contraproducente para que un político como Bono pueda erigirse en salvador de la patria que el Ministerio de Defensa. Las Fuerzas Armadas tienen muy claras cuales son sus misiones constitucionales, pero nada peor para una Institución como la militar que andar alardeando de su fuerza o de sus prerrogativas. Bono no dudará un instante, lo ha hecho ya en el caso del Yak-42, en instrumentalizar a los ejércitos para lograr sus objetivos políticos. Quizá por eso fue tan difícil que doscientos infantes fueran hoy voluntarios a celebrar su Patrona con el dúo Bono-ZP. Los militares suelen ser más listos de lo que parecen. GEES, Grupo de Estudios Estratégicos

¿Y qué tal nación de imperios?
Iñaki EZKERRA La Razón 9 Diciembre 2004

La mayor amenaza que hoy se cierne sobre nuestro sistema de convivencia no es ETA ni el Plan Ibarretxe aunque supongan un grave peligro sino el paquete de cesiones y concesiones que planea hacer el PSOE al nacionalismo catalán y al vasco –por este orden de peligrosidad– mediante las reformas estatutarias que andan perpetrando Pasqual Maragall y Patxi López. ETA puede todavía ocasionar mucha tragedia pero también queda todavía un largo trecho entre esa tragedia que pueda ocasionar y la peor de las tragedias que sería la descomposición de la nación española o sea la tragedia colectiva.

El Plan Ibarretxe es, en efecto, un programa trágico de limpieza etnoideológica y etnocultural, pero entre dicho programa y su éxito queda también un largo trecho que éste tendría que recorrer con el plumero secesionista demasiado al descubierto. Sin embargo, los estatutos aún «en gestación» de Maragall y López resultan más amenazantes que cualquier otra cosa porque no es ya que se presenten como inofensivos sino como la solución contra la ofensiva nacionalista y porque pueden meter con vaselina en la ranura de las urnas ese petardo de la secesión que no han podido meter los nacionalistas a base de agresivas embestidas.

El petardo de la secesión puede ser verbal. Puede ser una palabra que hoy se disfraza de inocua para obtener el sello legal. Puede ser y es el término «nación», que Rodríguez Ibarra nos presentaba hace poco como una pura cuestión retórica. Hacemos mal subestimando a las palabras. Todas las batallas políticas que ha ganado el nacionalismo totalitario en el País Vasco las ha ganado primero en el lenguaje. Como las armas, las palabras las carga el diablo. Las carga de sentido. El sentido es una bala que, una vez disparada, puede hallar la diana que menos deseamos.

Aceptar la palabra «nación» para Cataluña o Euskadi no zanjaría el viejo problema sino crearía uno nuevo; no se cerraría el tiempo de la reivindicación y la demanda. Se abriría otro con más demandas y reivindicaciones. Aceptadas las naciones catalana o vasca, sólo sería cosa de un paso exigir para éstas los correspondientes estados. Esa reclamación sería la turrada que nos iba a ocupar otro cuarto de siglo. Sería el motivo que necesitan para seguir viviendo los nacionalismos y el terrorismo. Es estúpido pensar que los independentistas y ETA misma van a claudicar cuando estén a un paso de la meta.

El vocablo «nación» es el caballo de Troya en cuyo interior quieren colarse los estados a los que la Constitución les echó el candado con el término «nacionalidad». Y para que hasta Rodríguez Ibarra le dé el visto bueno a esa palabreja es que la cosa ya está madura en el PSOE. Lo que resulta raro es cómo, puestos a ello, no se sustituye la «nación de naciones» por la «nación de imperios» considerando lo expansionistas que son los nacionalismos catalán y vasco. Si las palabras no tienen importancia todo es animarse.

¡Feliz Valencia, desdichada Mallorca, pobre España!
Juan VANRELL NADAL La Razón 9 Diciembre 2004

Lamento no ser un compendio enciclopédico de Anson, Campmany, Ussía, Albiac, Burgos, Jiménez Losantos, César Vidal, Carrascal, Pedro J., Umbral, y demás Zidanes y Ronaldinhos del arte periodístico. Quisiera tener toda la inteligencia, sabiduría, gracia, brillantez, profundidad y fuerza de estos galácticos de la prensa española…
Todos los periódicos valencianos, y los nacionales con sección valenciana, informaron profusamente de la manifestación multitudinaria del 27 de noviembre. En defensa de la lengua valenciana. Sólo comentaré menudencias, que suelen omitir las crónicas. Son la esencia de las cosas grandes. Evidencian el temple de un pueblo.

Fernando Navarro, de 88 años, se manifestaba en silla de ruedas con la señera extendida en sus rodillas. Un matrimonio joven con su bebé de meses arropado con la bandera valenciana. Un niño con síndrome de down, a hombros de su padre, enarbolando jubiloso la señera, –yo le sostuve su globo buena parte del trayecto–. Un señor se me acercó con el diario La Razón, abierto en su página 44, diciéndome «Usted es el Sr. Vanrell, por favor fírmeme este artículo suyo. Siga escribiendo por favor». Una muchacha sonriente apoyándose en sus muletas. El «llauraor» que acudió con la burra y el carro. El animal tocado con la barretina y recubierto con anatemas a «CAROD-ETA». El carro lleno de desechos, lo que el tripartito «regala» a Valencia, y adornado con carteles de políticos cara abajo; los que han perjudicado la lengua valenciana, Zaplana incluido, por la creación de su Academia Valenciana de la Lengua Catalana.

El pueblo valenciano tiene un sentido excepcional del humor. Es pacífico. Es sereno. Es festivo. Es creativo. Es irónico a raudales, como demuestran sus fiestas falleras. Este alarde se vio en algunas pancartas. Una mostraba al Sr. Zapatero, barretina calada hasta las orejas y culo in pompibus, preguntando a Carod si era suficiente o aún debía bajarse más los pantalones. En sintonía con esta especial idiosincrasia, más de cien mil valencianos convirtieron la calle Játiva, Colón, Navarro Reverter y plaza América en un mar de banderas agitadas al viento. Gritaba con fe: «¡Som valencians, mai catalans!» He de hacer notar que entre este portentoso oleaje de banderas, se vieron símbolos republicanos y de otras minorías. Los organizadores dejaron bien claro que la lengua ancestral de un pueblo es patrimonio de todos, sin ninguna excepción.

Para terminar, dos gestos emotivos. La presencia distinguida del ex alcalde, Sr. Rincón de Arellano. Con sus 90 años largos saludaba satisfecho y nos felicitaba… La señora octogenaria que, terminada la manifestación, me besaba emocionada: «Usted me hizo llorar de gozo, cuando en TeVe leyó la poesía a Valencia del poeta moro Al Rusafí»…

¡Feliz Valencia! Un pueblo así no perecerá jamás. Llegado el momento sabe decir ¡¡¡BASTA!!! Esta vez lo ha gritado con toda su alma a pesar de la oposición de sus mandamases. Lejos de aceptar la presidencia, consideraron mejor boicotearla. En expresión del portavoz del Gobierno, González Pons, se trataba de una manifestación «extemporánea» y «sin justificación»…

¡Feliz Valencia!
Como mallorquín, y orgulloso de serlo, no puedo decir lo propio de mi tierra. La gente es buena en demasía. Es callada en demasía. Es sufrida en demasía. En todos los pueblos he hablado con viejos del lugar. «Som mallorquí y bén mallorquí, jò mai he xerrat català», es la respuesta unánime… En el Estatut consta oficialmente que la lengua de las Baleares es el catalán. Tanto así que, por culpa de nuestros necios y cobardes políticos, el mallorquín no aparece en ningún documento oficial del Parlamento Europeo. ¡Qué engaño! ¡¡Qué traición!! ¡¡¡Desdichada Mallorca!!!

España tiene también algunas lacras vergonzantes. Una de ellas es la falta de objetividad veraz de ciertos periodistas. En representación de Baleares –¡gracias, valencianos, por vuestro estruendoso aplauso al nombrarlas!– estaba en la cabecera. Desde la tribuna pude apreciar el enorme gentío que llenaba plaza y calles convergentes. Pude leer las numerosas pancartas; desde la enorme que pedía la derogación de la Academia Valenciana de la Lengua «catalana», hasta la pequeñita de una estudiante, hecha por ella misma: «Soc d’Alzira. Yo parle valencià».

Ante esta realidad multitudinaria la TVE nos marginó. Sacó un flash con la pancarta del grupito de extrema derecha. «Canal 9» le dedicó menos tiempo que a un fin de curso de colegio. «El País» la consideró obra de ultras radicales, grupúsculos de extrema derecha. Ya he mencionado el silencio absoluto de LA RAZÓN, mi periódico del alma, en su sección valenciana. Afortunadamente la edición nacional informó cumplidamente, exactamente como ya hizo en octubre cuando fue el único diario nacional que resaltó la concentración de más de 3.000 valencianos en Madrid, por esta misma causa. Anson y Vera son periodistas a carta cabal. El «Abc» ha hecho acopio de tergiversación: «Quedó ayer constatada la sintonía de buena parte de la sociedad valenciana con Camps y su Gobierno». «Los mensajes del presidente Camps han calado entre la población que ha salido a la calle de forma masiva». (Editoriales del 28 y 29) Este editorialista ciego no habrá analizado la foto que a todo color publicó en portada dicho periódico. Destaca precisamente una pancarta: «Camps, ¿On estás?». Hacía alusión también el editorial al comentario del socialista Mata de que J. García Santandreu representa «lo más extremista de la sociedad». ¡Ojalá estos ciegos de conveniencia tuvieran la serenidad, sensatez, generosidad y valentía que adornan a Juan! ¡Ojalá estos falsarios, solapados dictadores mediáticos de nuestra democracia, tuvieran la fidelidad democrática del Sr. Santandreu!...

Ante tanta miseria, servidumbre y falta de veracidad, sólo puedo lamentarme ¡¡¡Pobre España!!!
Juan Vanrell Nadal es presidente de la Academia de la Lengua Balear

Reformas a la Constitución
Cartas al Director ABC 9 Diciembre 2004

¿Quieren la mayoría de los españoles reformar la Constitución? Si es así que se les pregunte por referendo popular a todos ellos, de la misma forma que fue aprobada la Constitución actual; y que no se toque un ápice de ella por decisiones más o menos arbitrarias de los parlamentarios.

Por otra parte, estamos hartos de oír hablar de trocar palabras como comunidades autonómicas por comunidades nacionales, como así quieren que se llamen algunos partidos nacionalistas. Mejor haríamos en volver a llamarlas como lo que son: regiones de España. Así nos evitaríamos muchas confusiones.

Aquí, o somos españoles o no lo somos, y eso es una decisión de todos los españoles y no sólo de un puñado o de una simple región de España. Ni tan siquiera tienen derecho a ello nuestros representantes en el Parlamento. Su poder no alcanza a tanto.

Sólo hay una nacionalidad para todos lo españoles, como se indica en nuestro Documento Nacional de Identidad y pasaportes: la nacionalidad española. Por lo tanto sólo hay una nación aquí que es la española.

Intentar que haya otras nacionalidades en España es una traición. ¡Sólo faltaba! Alfonso Candela Sapieha. Palma de Mallorca.
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