AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 12 Diciembre 2004
EL MUNDO ES ANCHO Y CERCANO
FERNANDO GARCÍA DE CORTÁZAR ABC 12 Diciembre 2004

El chantaje de las minorías
Luis María ANSON  La Razón 12 Diciembre 2004

CON LA INMENSA MINORÍA
Ignacio CAMACHO ABC 12 Diciembre 2004

IRA
Jon JUARISTI ABC 12 Diciembre 2004

La variante Bono
José A. SENTÍS La Razón 12 Diciembre 2004

En torno a la crispación
JAVIER ZARZALEJOS El Correo 12 Diciembre 2004

Más Marías y menos Roviras
Juan Manuel Rodríguez Libertad Digital 12 Diciembre 2004

Yo, cava, gracias
Antonio PÉREZ HENARES La Razón 12 Diciembre 2004

Bargalló y el territorio
Cartas al Director ABC 12 Diciembre 2004

La Policía francesa desmantela un nuevo almacén de ETA con 400 kilos de explosivos
Javier Gómez La Razón 12 Diciembre 2004

La presión de ERC aborta a última hora el reconocimiento oficial del valenciano en Europa
A. CAPARRÓS ABC 12 Diciembre 2004

Vidal Quadras pide no tocar «ni una coma» de la Carta Magna si no ceden los nacionalistas
Redacción La Razón 12 Diciembre 2004

 

EL MUNDO ES ANCHO Y CERCANO
FERNANDO GARCÍA DE CORTÁZAR Catedrático de Historia Contemporánea Universidad de Deusto ABC 12 Diciembre 2004

LA escena transcurre en Versalles. En un círculo de grandes señores, una marquesa siente el deseo de conocer cómo han sido fabricadas sus medias. Uno de los cortesanos, para satisfacer esa curiosidad, pide al rey que mande traer de su biblioteca privada un tomo de la Enciclopedia. Tras leer las páginas correspondientes y enterarse, con asombro y entusiasmo, del proceso secreto de confección del atuendo de sus piernas, la elegante dama expresa la extrañeza de que una obra así esté sustraída al conocimiento de los demás, y dirigiéndose a la abúlica realeza, propone que ese tesoro, secuestrado entonces por la Corona, sea hecho público y derrame sobre los otros lo que para ella acaba de ser una inesperada respuesta aclaratoria.

Esta escena resume una época. La Ilustración. Resume la luminosa aventura de una minoría intelectual que, ansiosa de saber y descubrir, soñó con construir una civilización cimentada sobre la razón. Si algún deseo albergaban los ilustrados era mostrar que nadie ni nada resulta excepcional o sagrado. Si de algo querían hablar, era de un modo de ser universal, entre otras cosas porque no creían en las naciones étnicas y las únicas fronteras que respetaban eran las de la razón, las fronteras de la utilidad y las libertades públicas, las fronteras doradas de la ética. En aquel entonces el hombre de letras procuraba hablar un idioma culto común, por más que luego sus obras o su vida afectiva las escribieran y registraran en el suyo propio. Las lenguas estaban más bien sujetas a los avatares de la sociedad -para ellos Europa- y ningún literato estaba obligado a dar cada paso calculando si se traicionaba, o no, a la tradición y al abolengo. Los ilustrados cerraron la puerta a la particularidad y se la abrieron a lo común, de donde procede la cultura relevante, la que de verdad ha producido Occidente en todas sus manifestaciones humanísticas y científicas.

En España, a pesar de que Europa como horizonte, como civilización, debe mucho a los hombres de letras de la Ilustración, sus valores, por universales, no interesan. Son ceniza. Inmersos como estamos en la España de los pueblos, con sus usos y costumbres heredados por tradición, intocables, como cosa natural de su ser, nos atraen más las antorchas fúnebres del romanticismo, más lo alucinatorio, lo nocturno y lo sentimental, que la luminosidad y el juicio razonado. El sueño de la Ilustración, lo común, nos aburre, nos irrita. El individuo mundo nos da risa. Sólo lo local, lo nativo, lo original, lo propio tiene sentido. Sólo el dogma de la tierra y su estela tiránica despiertan interés.

En un lugar así, tan sentimentalmente fragmentado, tan pedagógicamente apresado en la corazonada medieval, no debe extrañar a nadie que uno de los valores más en alza sea el bien sagrado de las lenguas autóctonas. En la España de los pueblos y las autonomías, por muchos Don Quijotes que se caminen, de quien de verdad nos sentimos contemporáneos es de Humboldt, ese explorador romántico que en el fondo de las lenguas descubrió el latido de una forma propia e intransferible de pensamiento, una forma íntima: el espíritu perenne del pueblo. Se comprende así que la lengua en España se considere mucho más que un instrumento de comunicación, de relación, mucho más que un puente para poder entenderse entre personas. Una lengua, aquí, cualquier habla recóndita, ayer delicia de filólogos, hoy de políticos, es siempre la depositaria de un vínculo viejísimo. Ignorar el tesoro oculto en la lengua de nuestros antepasados o, todavía peor, pasarse a otra y perderla es perderse a sí mismo, enajenarse del vínculo remoto que nos une a la aldea.

Chesterton decía que lo más poético de una novela como Robinson Crusoe era la lista de objetos salvados del naufragio, y aconsejaba mirar el mundo como una lista así. Que hubiera árboles, que la tierra ardiera bajo el sol o se mojase con la lluvia, que hubiera mar y vida y dos sexos debía causarnos el mismo gozo que le había causado a Robinson rescatar los dos rifles y el hacha de su futura supervivencia. En las palabras de muchos de nuestros literatos y políticos se habla del lenguaje como de los objetos rescatados del barco de Crusoe. Esta es la razón de que de treinta años a esta parte hayan aparecido diputados de todos los colores que consideran asunto de sumo interés que los niños aprendan incluso usos lingüísticos locales, usos cuyo único valor estriba en que se han conservado casi intactos en su pueblo o en su comarca a lo largo del tiempo, lo que en un país como España, todavía repleta de analfabetos a comienzos del siglo XX, tampoco es tanto mérito.

El ideal defendido por algunos literatos es, como decía Unamuno al hablar de la ilusión tradicionalista, ver cada pago con su lengua rústica. España, nación de naciones, nos dicen, será, por fuerza, más rica cuanto más se acerque a los habitantes de la vieja y rancia Babel ibérica, cuanto más se remonte a ese tiempo lejano, mítico, donde habitábamos sin saber nada unos de otros, distintitos y felices, todos sin arado, sin derecho romano, sin latín, sin cristianismo y, por supuesto, sin el español de Alonso de Ercilla, gozando de la cultura autóctona, la de antes de venir nadie, absolutamente nadie, ni de ir a parte alguna. Cultura pura, genuina, incontaminada. Cultura contraria a la historia, que en España está hecha secularmente de pluralismo y de mezcla, de cruce continuo de mundos, y donde las lenguas, como en todas partes, siempre han estado más sujetas a los vínculos económicos, el interés y la necesidad de entenderse que a los versos escritos en la arena por el espíritu, la naturaleza y la ley divina.

Lejos de ser alma, como les gusta decir a muchos poetas, la lengua es puente, mercado. En España esta simpleza no se entiende, y no se entiende porque quién más quién menos se va adhiriendo al principio nacionalista según el cual la lengua no la hablan los ciudadanos sino el territorio, al que además se le concede el derecho de hacerse con hablantes obligatorios. Se habla de riqueza cultural, de pluralidad, pero lo único que de verdad está recuperando la esquizofrenia lingüística de la que somos presa no es otra cosa que la posibilidad de trazar fronteras humanas, de cerrar espacios a la libre y fácil circulación levantando aduanas lingüísticas, de diferenciarnos y dividirnos y enfrentarnos según procedencia regional. Claro que decir esto y criticar las leyes destinadas a recortar las alas a la lengua común es síntoma de reacción y castellanismo.

Porque en España hay muchas lenguas, pero sólo una mala. El español, el castellano. Ésta es la lengua en la que está escrito el último parte de la última guerra civil, el fruto de una violencia antigua que comenzaría con Felipe V y llegaría hasta Franco. Una abierta falsificación histórica, una plática para descerebrados, una leyenda que ha servido para que aquiescentes, sumisos o acoquinados nos traguemos la manteca rancia y totalitaria de los principios nacionalistas, toda esa zarandaja poética sobre la lengua, el territorio, el pueblo... que, si la cogiéramos y donde pone Cataluña, País Vasco, Galicia... escribiésemos España, no habría razón ni estómago que la resistiera.

En nuestro paraíso políglota siempre suscitará admiración la actitud de los arrogantes sefardíes, que en su destierro conservaron la lengua, el ladino o castellano antiguo, y de este modo la memoria del lugar remoto que se habían visto forzados a abandonar. El asirio del cuento de Saroyan, por el contrario, que prefiere el soplo esquivo de la vida a un mundo de recuerdos, que en inglés, en la barbería de un barrio de San Francisco, dice que nació en la madre patria, pero que quiere olvidarlo, como quiere olvidar aquella lengua, porque de nada sirve engañarse, porque los asirios, dice, son un tema de historia antigua, porque una vez, sí, fueron un pueblo importante, pero eso había sido ayer, anteayer y no tenía ya ningún sentido lamentarse... este asirio sólo encontraría aquí gestos ceñudos y displicentes. Contra la estupidez romántica y el anacronismo, sus palabras, llenas de realismo, lucharían en vano. Yo, sin embargo, pienso en ese hombre sencillo que está en una barbería, en San Francisco, él solo y pese a todos los naufragios. En su voz no habla la poesía. Habla la historia. «¿Por qué -dice- debería aprender a leer nuestra lengua? No tenemos escritores, ni noticias».

El chantaje de las minorías
Luis María ANSON de la Real Academia Española La Razón 12 Diciembre 2004

-Cualquier día –me dijo ayer un destacado dirigente político– Carod Rovira le exige a Zapatero que, si el PSOE quiere seguir en el poder y mantener sus millares de cargos, enchufes y prebendas, él, Carod Rovira, tiene que convertirse en presidente del Gobierno de la odiada España, para desde ese puesto maniobrar en pro de la sacrosanta independencia de Cataluña y su imperio, los Países Catalanes.

-¿Y qué haría Zapatero?
-Zapatero, no sé. Pero el partido le exigiría que abandonase Moncloa para que todos pudieran seguir mamando de la teta del Estado.

Se trata, tal vez, de una caricatura. Pero es el chantaje de las minorías beneficiadas por el disparatado sistema electoral que padecemos. Y hay precedentes de envergadura, por ejemplo la alcaldía de Madrid, que es uno de los cinco cargos más importantes de España. En 1989, el PP pidió a José María Álvarez del Manzano, triunfador por amplio margen en las elecciones de 1987, que renunciara a convertirse en alcalde porque el CDS, ridículamente minoritario y que había encumbrado a Barranco apoyando a la coalición socialista-comunista, exigía para respaldar a los populares el puesto de alcalde en favor de Agustín Rodríguez Sahagún. Los populares cedieron al chantaje.

Podríamos citar cien alcaldías en las que ha ocurrido algo parecido. Y lo mismo cabe decir de las comunidades de Andalucía, Asturias, Aragón, Baleares, Cantabria y Cataluña, por citar situaciones pasadas o actuales que están en la memoria de todos. La España política vive bajo la espada de Damocles del chantaje de las minorías, a causa de una ley electoral anticuada y absurda, ley que ha convertido a Carod Rovira en árbitro de la Generalidad catalana y también del Gobierno de España.

CON LA INMENSA MINORÍA
Por Ignacio CAMACHO ABC 12 Diciembre 2004

Algo no funciona bien, alguna quiebra existe en la estructura de un país cuando varios partidos con representación parlamentaria se ausentan, como ocurrió el pasado día 6, del homenaje a la misma Constitución que hace posible su presencia en el Parlamento nacional. Y algo funciona decididamente mal cuando esos partidos absentistas sostienen con sus votos al Gobierno de la nación de cuyo seno pretenden separarse. Ningún país serio otorga un protagonismo esencial en su gobernación a quienes proclaman sin ambages su incomodidad con la organización institucional que les proporciona cobijo, privilegio y vara alta en los asuntos de la cosa pública.

Ésta seria avería en el mecanismo del Estado se vuelve más relevante cuando se tiene en cuenta que un abrumador noventa por ciento de los ciudadanos tiene depositada su confianza política en dos partidos que comparten, al menos sobre el papel, un mismo proyecto nacional, cuya continuidad está teóricamente garantizada por esa comunidad de intereses básicos. Esta inmensa mayoría social que, en medio de su profunda y legítima discrepancia sobre los modos de gobernar y las ideas en torno a las que organizar el progreso colectivo, constituye el grueso de la nación española, se ve obligada en los últimos meses a contemplar, no sin notable perplejidad, la apertura de continuas crisis que ponen en cuestión no ya el modelo de convivencia contrastado a través de un cuarto de siglo de éxito democrático, sino las prioridades políticas de una ciudadanía interesada en soluciones eficaces a los problemas de una sociedad desarrollada en la Europa del siglo XXI.

De algún modo, y por razones que tienen que ver con el carácter improvisado de la victoria electoral del PSOE en las elecciones de marzo, tras la convulsión de los atentados de Atocha, la agenda nacional parece marcada por las prioridades caprichosas, insolidarias y abiertamente excluyentes del independentismo catalán, cuyo protagonismo en la vida pública española excede con mucho de lo razonable y entra de lleno en los recovecos del turbio mercado negro de la política. Pero el problema no es tanto de quienes se ven obsequiados con una preferencia desproporcionada a su peso real en el electorado, sino de quien, incapaz de componer un mapa de intereses adecuado a los de la mayoría, les otorga campo libre para el ventajismo y el chantaje.

Al situar el debate territorial -y muy en especial el de la autonomía catalana- en el centro de la vida política, el Gobierno socialista de Rodríguez Zapatero ha desenfocado los intereses prioritarios del conjunto del país, y se ha arrastrado a sí mismo a una situación de incomodidad que su sectarismo no ha hecho sino agravar al empujar al PP, la otra gran fuerza de cohesión nacional, a la periferia de los asuntos de Estado. En vez de equilibrar el demarraje nacionalista buscando el consenso sobre problemas de envergadura, el PSOE ha partido en dos la política española con decisiones profundamente sectarias en aspectos cruciales, como la reforma del sistema de nombramiento de jueces o la dirección de la política exterior. El resultado es que, lejos de su proclamado talante de diálogo y transacción, ahora tiene enfrente la decidida oposición de un partido con casi diez millones de votos detrás, mientras se ve obligado a arrojarse en los brazos de unos grupos cuyo desafecto por el proyecto de España es tan patente como su voluntad de sacar partido de la debilidad gubernamental.

España debe afrontar a partir de enero un año decisivo. La negociación sobre la nueva Europa -en la que están en juego los billonarios fondos estructurales de la Unión- y la ratificación de la Constitución comunitaria; la reforma de los Estatutos de autonomía, con el catalán en primer plano y lo que significa de nuevo diseño de un modelo de aceptable funcionamiento; las elecciones vascas con el plan secesionista de Ibarretxe al fondo; la amenaza terrorista en su doble vertiente islamista y etarra; o la propia reforma constitucional, tan alegre como quizá irresponsablemente anunciada en el discurso de investidura, representan un desafío tan complejo que nadie podría comprender que se aborde desde la debilidad política y la precariedad parlamentaria en que se mueve este Gobierno apuntalado por una coalición artificial y chirriante, con comunistas marginales y separatistas radicales.

Todos esos asuntos, y cada uno por separado, requerirían un consenso fundamental de la mayoría social que representan los dos grandes partidos nacionales. Pero el Gobierno ha volado los puentes de enlace con la oposición por su caprichoso empeño en sacar adelante un sistema de nombramiento de jueces cuya máxima virtud reside, no en que permitirá al Ejecutivo designar a sus candidatos -lo que ya sería grave-, sino en que impedirá que la oposición pueda sacar adelante los suyos. Para lograr ese mezquino objetivo, los socialistas han dinamitado todo atisbo de acuerdo y echado por tierra el necesario entendimiento transversal -por encima de ideologías- en que se basa todo proyecto serio de Estado.

La respuesta gubernamental a la abierta ruptura planteada por el PP como reacción a su forzada exclusión de las decisiones de rango consiste, según todos los indicios, en cimentar con carácter estable la errática coalición con la izquierda radical y el independentismo catalán. Una coalición heredada del tripartito que permitió a Maragall alcanzar la Presidencia de una Generalitat que no supo ganar en las elecciones, y que está condicionando hasta extremos inaceptables toda la política española.

Pero en esos aliados no encontrará Zapatero el apoyo que necesita para ciertos problemas de primera magnitud, como la aprobación de la Constitución europea o la reforma de la española, ni mucho menos para la construcción de una España solidaria y cohesionada. Antes al contrario, le van a sabotear -ya lo han hecho, como en la candidatura olímpica de Madrid- algunos proyectos cruciales, incapaces como son de manifestar un mínimo sentido de la generosidad o la visión de Estado. La pretensión de centralidad soñada por el presidente -PP a un lado, nacionalistas a otro- se vuelve una quimera cuando empiezan a hervir las papas de la política real y hace falta arrimarse al fuego para sacarlas antes de que se quemen. La política, que tanto tiene de juego, precisa de mucho tacto y fortuna a la hora de elegir a los compañeros de equipo. director@abc.es

IRA
Por Jon JUARISTI ABC 12 Diciembre 2004

AHORA que Gerry Adams exige del Gobierno británico que la entrega de las armas del IRA se verifique en secreto, para evitar así la humillación mediática de sus compinches, no puedo menos que recordar los desolados comentarios de un gran político y escritor irlandés, Conor Cruise O´Brien, allá por la primavera de 1998, cuando comenzaba a hablarse de la posibilidad de una capitulación formal y litúrgica de los terroristas republicanos. «Otra tomadura de pelo -me decía en su casa de Howth-. Un grupo como el IRA no es un ejército, aunque insista en autodenominarse así. No tiene ni ha tenido nunca lo que se entiende por armamento inventariado. Entregarán lo que les dé la gana y conseguirán, en el acto solemne de la entrega, una respetabilidad pública con la que ni siquiera soñaban, y todo porque a un grupo de políticos les ha dado por jugar a generales». Conor, la persona de quien más he aprendido sobre la naturaleza de los terrorismos nacionalistas, continuó, durante un buen rato, augurando complicaciones. Allí cerca, en Dublín, se reunía el Congreso del Sinn Fein, con la presencia de unos cuantos terroristas del IRA precipitadamente excarcelados y de una nutrida representación de lo que todavía se llamaba Herri Batasuna. Algo más lejos, en España, el PNV y Eusko Alkartasuna se aprestaban a pactar con ETA. «El efecto inmediato de una claudicación como la que se prepara -siguió diciendo Conor- será la desmoralización de los miembros del RUC (la Policía del Ulster). Ellos, que han visto a tantos compañeros caer asesinados, están convencidos de que han luchado contra criminales, no contra un ejército de patriotas demócratas, que es lo que oiremos decir por todas partes. Y cuando el IRA vuelva a las andadas -y volverá, porque los republicanos no creen que la independencia sea alcanzable por medios exclusivamente políticos-, dudo de que tengan ánimo para enfrentársele». Guardo las notas de aquella conversación como si fuesen los apuntes de una clase de Aristóteles.

¿CUÁNDO se extingue un grupo terrorista? La experiencia nos dice que hay que desconfiar de desarticulaciones proclamadas como definitivas y de autodisoluciones espontáneas. Un grupo terrorista, ante todo, consiste en unas siglas siempre disponibles y, por tanto, utilizables por fracciones en disensión de las organizaciones matrices o por nuevas cohortes generacionales. La historia del IRA y la de ETA abundan en estos fenómenos de relevo. Conclusión: un grupo terrorista sólo desaparece cuando nadie ya desea ampararse bajo sus siglas. Y, para que esto suceda, el rechazo que éstas provoquen tiene que ser prácticamente unánime. No sólo los terroristas y sus colaboradores directos: también sus simpatizantes pasivos deben temer una sanción social negativa en el caso de que expresen su solidaridad con aquéllos, aunque una y otra sean puramente simbólicas. Ni en Irlanda del Norte ni en el País Vasco se dan hoy tales condiciones. Ni se darán mientras existan partidos políticos conspicuos cuyos fines coincidan, en todo o en parte sustancial, con los que los terroristas afirman perseguir.

¿QUIERE ello decir que tenemos ETA para rato? Me temo que sí. Pero hay una forma eficaz de combatirla, como lo demostró el Gobierno anterior. Se trata, fundamentalmente, de no buscar atajos, ni parapoliciales ni políticos. El GAL pudrió los Gobiernos de González. El de Rodríguez puede terminar metido en un carajal florido si presta oídos a espabiladillos como Eguiguren, Odón Elorza o Gema Zabaleta. La labor policial preventiva funcionó muy bien con Mayor Oreja, Rajoy y Acebes en el Ministerio del Interior. Ya sé que no son modelos que entusiasmen a la izquierda, pero, para el asunto que nos ocupa, no hay otros. El ministro Alonso se ha esforzado en enderezar el rumbo y eso se agradece. Sin embargo, no le aconsejaría refocilarse en sus, hoy por hoy, ralos laureles. Hay unos cuantos comandos campando ubicuamente por la península y la gente está empezando a acordarse de que esto no pasaba en los feroces tiempos de Aznar.

La variante Bono
José A. SENTÍS La Razón 12 Diciembre 2004

La mezcla de ardor político adolescente, de formación sectaria y de falta de diagnóstico sobre la sociedad española llevó a Rodríguez Zapatero a empezar su partida de ajedrez con el movimiento de todas las piezas de su flanco izquierdo. Primero, con el intento de limpieza étnica de cuanto tuviera que ver con el Gobierno anterior, empezando por su fama, continuando con sus leyes, prosiguiendo con sus influencias en las instituciones y volteando su política exterior. Después, con la ofensiva contra la Iglesia y el Poder Judicial; contra los valores sociales y hasta contra la estructura constitucional.

De esta ofensiva apresurada se derivó una reacción propia del instinto de supervivencia. La Iglesia se plantó; los damnificados por la eliminación del trasvase se guardaron tras las murallas de Sagunto; los jueces se revolvieron; los constitucionalistas temblaron; pero, sobre todo, los amplísimos sectores de clases medias urbanas informadas, en gran parte votantes del PP, se atrincheraron con el cuchillo entre los dientes, porque no se puede insultar a tantos tantas veces.

Y, si a ese movimiento de acción-reacción ideológico le sumamos que el Gobierno ha logrado cometer el mayor número de torpezas por segundo que se recuerda, desde insultar a los aliados a asustar a los ahorradores en fondos de pensiones; desde homenajear a Chávez a suplicar un mensaje SMS de la Casa Blanca; desde pedir la deserción en Iraq a mandar a Moratinos de felpudo del dimitido Powell; desde hacer el pardillo en Bruselas hasta ver a sus socios de la izquierda republicana pidiendo el boicot a los Juegos de Madrid; desde aguantar que Berlusconi le ofrezca a Zapatero su traductor «porque sabe idiomas y es amigo de Bush» hasta ver cómo Chirac ningunea a Maragall mientra éste le cuelga un pin a Zapatero; y desde denunciar los seguros de otros para descubrir que también los tenían ellos.

Hasta el más tonto se ha dado cuenta de la debilidad gubernamental, incluso ellos mismos. Por esto se vislumbra un giro estratégico. Para resumir, sería la «variante Bono». Ésta se resume en que todas las políticas de control pueden ser las mismas, pero la fachada tiene que ser otra. Siento autocitarme, pero ya escribí que cuando todo el mundo se cebara en las cesiones del Gobierno a los nacionalistas, éste se envolvería en la bandera de España. Lo ha hecho antes de lo que me esperaba, pero es que cualquiera se puede dar cuenta de que, por el camino que llevaba el socialismo gobernante, el prestigio se le descomponía como un alka seltzer. Y no es sólo eso, la soflama españolista del día de la Inmaculada. Es que se descubre que hay que dialogar con la Iglesia. Que hay que hacer un manual ético del Gobierno y contra la telebasura. Y que no hay que dar crédito a los Carod, como si fueran extraterrestres y no socios. Porque también se han dado cuenta de que los perros ladradores (es un refrán) de ERC son poco mordedores mientras conserven la moqueta y el coche oficial.

Hasta a los socialistas les da miedo la fractura social que han provocado. Zapatero iba para flautista de Hamelin, pero los ratones se le desmandan. Por eso, Bono, a tocar la flauta. O el cornetín.

En torno a la crispación
JAVIER ZARZALEJOS El Correo 12 Diciembre 2004

Pocos dudarán de que la justicia, la política exterior, y la lucha contra el terrorismo son terrenos naturales para consensos sobre los que se construyen políticas de Estado. De hecho, esos tres ámbitos propios de políticas de Estado están asociados a la idea de pacto, aunque en sentido muy distinto.

En política exterior se trata de un pacto pendiente, como el ofrecido por el presidente del Partido Popular en ocasión tan solemne como el último congreso de este partido. En el caso de la justicia, queda el recuerdo de un pacto quebrado; el pacto promovido por el Gobierno anterior y suscrito por el Partido Socialista que éste luego rompió alegando el incumplimiento de compromisos presupuestarios que, paradójicamente, el actual Gobierno no ha reparado -si es que tal incumplimiento existía- en los primeros Presupuestos Generales de los que es responsable. Situación, afortunadamente, distinta a la de la política antiterrorista, articulada en torno al Pacto por las Libertades, de cuya eficacia probablemente no dudan ni sus más acérrimos detractores, pero que, sin embargo, empieza a ser rodeado por la inquietante neblina que generan los que siempre han demostrado ser imaginativos para equivocarse en todas las posibles modalidades que admite el problema.

Un Gobierno como el actual que un día sí y otro también contrapone su capacidad de diálogo a la rigidez de sus antecesores, debería moverse en estos terrenos con comodidad, eficacia y sentido pedagógico. Pero la realidad parece bien distinta, aunque la llamen crispación.

La oferta de un pacto en política exterior recibió como respuesta la despreciativa reacción del presidente del Gobierno ante un hipotético papel que podría jugar su antecesor en la recuperación de unas relaciones deterioradas no sólo con Estados Unidos. Después, el ministro Moratinos, viendo lo que cotiza al alza, lanza una acusación redonda, concluyente e inequívoca de apoyo a un golpe de Estado en Venezuela contra el Gobierno anterior, a la que se suma complacido el presidente Chávez -ése sí golpista con pedigrí- en plena visita oficial a España. A la vista de este clima verdaderamente primaveral en la actitud del Gobierno hacia el primer -y, de hecho, único- partido de la oposición, a éste se le ocurre algo tan insólito y crispante como exigir una rectificación y pedir la dimisión del ministro. De Moratinos, el PP sólo obtiene una disculpa por 'las formas' de semejante enormidad, tal vez por suponer el ministro que al PP lo que le molestaba no era que le llamara golpista sino que lo hiciera en un vulgar programa de televisión en vez de hacerlo en un lugar de fuste como el Parlamento o la ONU. Como primer acto de la campaña del referéndum europeo, en la que se trata de movilizar al electorado en torno a una posición integradora que debe liderar el Gobierno, desde luego no está mal. Tampoco si se tiene en cuenta que para un sector no despreciable de esos votantes la única aportación conocida del Gobierno socialista al Tratado constitucional de la Unión ha sido renunciar a la cuota de poder alcanzada por España en el Tratado de Niza, una renuncia que, en contra de la moderación de la que se jacta, el presidente del Gobierno ni siquiera se esforzó en explicar como una cesión inevitable, sino que presentó como un gran resultado de la negociación.

La reforma de la Ley Orgánica del Poder Judicial para imponer una mayoría de tres quintos en la elección de determinados cargos judiciales no hace sino agravar esa impresión cosmética e impostada que transmite el Gobierno en su pretendida condición de heraldo del diálogo. Después de un dudoso procedimiento parlamentario, se impone una nueva mayoría para que el órgano de gobierno de los jueces acuerde los nombramientos, con el argumento de que así se genera un mayor consenso. Llama la atención que, en veinte años de vigencia del Consejo General del Poder Judicial, ningún gobierno y ninguna oposición hayan reparado en esta necesidad que descalificaría retroactivamente los acordado por el Consejo en este periodo.

Ahora bien, si se da por buena la excusa del Gobierno ¿por qué no elevar también la mayoría para que el Tribunal Constitucional acuerde sus sentencias? ¿Acaso nombrar a un presidente de sala en el Tribunal Supremo es más importante que contradecir a la representación de la soberanía cuando siete juristas -o sólo seis si el presidente del Tribunal usa su voto de calidad- declaran inconstitucional una ley ordinaria u orgánica, o declaran imperativamente la necesidad de una reforma constitucional como puede ocurrir con la Constitución europea? Parece que no. Lo cierto es que detrás de tanta exaltación vacía del valor del consenso sólo hay un puro cálculo de poder. Si el Gobierno se hubiera encontrado en el Consejo del Poder Judicial con una mayoría que considerara afín, no habría promovido esta reforma. Al hacerlo, y hacerlo así, no sólo sitúa a la justicia fuera del terreno del consenso mayoritario, sino que hace una mala pedagogía, tan mala como la política, atacando la independencia del Poder Judicial y, de paso, dejando sin sentido el valor de todos aquellos mandatos institucionales que la Constitución y las leyes extienden más allá del periodo de una legislatura, precisamente para situarlos fuera del poder de decisión de una mayoría parlamentaria coyuntural.

Ante este panorama, la política antiterrorista parece el único territorio exento tanto del revisionismo irreflexivo como de la precedencia de la acción sobre el pensamiento que marcan estos meses, ya ocho, de la acción de gobierno. Precisamente por ello sería necesario preservar al acuerdo de tensiones innecesarias, reafirmar el mecanismo esencial de colaboración en que se sustenta y recordar que su objetivo es la derrota del terrorismo. Las súbitas e injustificadas expectativas creadas por el acto de Batasuna en Anoeta vienen a indicar que algunos le tienen ganas al Pacto; que recordar que Batasuna es una organización ilegal, y por tanto disuelta, por terrorista les remite no al éxito de la democracia frente a sus enemigos sino a un Gobierno anterior con el que hay que seguir confrontándose.

Es posible, también, que cuanto más se hable de lo que Otegi quiso o no quiso decir menos se hable de la pasividad ante la que una organización ilegal montó un acto sin que faltara detalle en su siniestra escenificación. La tendencia a buscar mensajes cifrados en el cantinfleo de los portavoces de Batasuna sobre el conflicto, la 'desmilitarización', o la 'voluntad de paz de ETA', suele hacer que se pase por alto lo evidente. Y lo evidente de esta reaparición del brazo político de ETA, con significativas complacencias, no es más que su necesidad de remendar su maltrecha capacidad de movilización e iniciar el programa de blanqueo para poder presentarse a las próximas elecciones autonómicas, lo que a esta alturas es una necesidad de supervivencia. Para sus militantes el mensaje es claro: 'Lo peor está quedando atrás. Ya veis, hemos montado un mitin como en los buenos tiempos y no ha pasado nada'. Mejor aún, después de que la ley, los jueces y la labor de las Fuerzas de Seguridad consiguiera romper el velo de apariencia política con que Batasuna y sus antecesores consiguieran burlar al Estado de Derecho, se recuperan argumentos supuestamente jurídicos para justificar la tolerancia ante está exhibición, alegando que se trataba de un grupo de ciudadanos ejerciendo sus derechos. Tan inocente, tan natural.

Si alguno de los argumentos y de las actitudes que se han puesto de manifiesto en estas últimas semanas llega a prevalecer, Batasuna, en la forma que adopte, tendrá más fácil poderse presentar a las próximas elecciones. Es cierto que la decisión corresponde a los tribunales. Pero no basta con quedarse ahí, ni con endosar a los jueces la responsabilidad, sin más. Porque la acción de la justicia debe ser instada por quien es garante de la legalidad -el Ministerio Fiscal- y a los Tribunales hay que proporcionarles los elementos de prueba necesarios para que puedan establecer la conexión entre las listas que se presenten y las organizaciones disueltas, es decir, establecer el árbol genealógico que emparenta a las sucesivas oleadas de candidatos con una matriz terrorista común, que es ETA y Batasuna, y con los que ETA y Batasuna intentarán recuperar las cabezas de puente en la legalidad para minar el sistema democrático, que es tanto como minar las posibilidades ciertas de su derrota.

El negocio del deporte
Más Marías y menos Roviras
Juan Manuel Rodríguez Libertad Digital 12 Diciembre 2004

Como los responsables de "Madrid 2012" no reaccionan ante el hostigamiento e insulto permanente por parte de Esquerra Republicana de Cataluña y de su líder, Carod Rovira, quien incluso ha pedido públicamente que se boicotee la candidatura olímpica española, los ciudadanos de a pie empiezan a movilizarse por su cuenta y riesgo. Recibo a través del teléfono móvil y el correo electrónico sendos mensajes que van exactamente en la misma dirección: en estas navidades, boicot al cava catalán. Este asunto, como el del incidente entre Luis Aragonés y Reyes, se nos empieza a ir de las manos, y convendría atajarlo cuanto antes: el delicioso cava catalán y Esquerra tienen tanto que ver entre sí como Isidro Oliveras y los Juegos Olímpicos de 2012.

La reacción popular, sin embargo, sí responde a un sentimiento de indefensión de la ciudadanía por parte de nuestros políticos. Creo que entre todos se han encargado de estrangular a "Madrid 2012", y que el próximo 6 de julio daremos sepultura a nuestra candidata en beneficio de la ciudad de París, pero los Gallardón, Cobo, Mayoral y compañía podrían haber hecho algo más que rezar por el eterno descanso del sueño olímpico madrileño. No sólo no fue así sino que, tras la sonora bofetada, ofrecieron nuestra otra mejilla para que nos pusieran roja de tortazos la cara por ambos lados. Parece bastante lógico que la gente acabe reaccionando contra la injusticia, puesto que sus responsables políticos se niegan a hacerlo.

La carta dirigida a la Federación Catalana de Atletismo y la Unión de Federaciones Deportivas de Cataluña por parte de los principales atletas catalanes (María Vasco, Reyes Estévez, José Ríos, Miguel Quesada, Carles Castillejo, Natalia Rodríguez y José Luis Blanco entre otros) es otro ejemplo de reacción ante el asedio y la demagogia. Ese grupo de valientes, encabezados por la brava y corajuda Vasco, aseguran estar dispuestos a renunciar a competir en representación de la Federación Catalana en señal de protesta por la falta de ayudas económicas, en comparación con los recursos que se destinan a la promoción de selecciones catalanas. "De Cataluña nunca en mi vida he recibido nada", asegura María Vasco, y habrá que creerla si ella lo dice. La magnífica marchadora termina afirmando lo siguiente sobre el espinoso asunto de las selecciones catalanas: "No me entra en la cabeza y espero que si algún día hay un Cataluña-España, yo ya no esté en el mundo de la marcha". Lo que hacen falta son más Marías y menos Roviras. Si yo fuera Feliciano Mayoral fichaba a la catalana antes de que acabara el sábado.

Yo, cava, gracias
Antonio PÉREZ HENARES La Razón 12 Diciembre 2004

Porque un descerebrado haga del odio a lo español una bandera y de su vesania contra Madrid su razón de existir les aseguro que no voy a dejar de beber cava. El separatismo y los separadores pretenden que acabemos considerando enemigos a los catalanes a base de insultarnos un ratito cada día. Buscan la reacción airada, la brecha y la confrontación. Su victoria sería que cayéramos en la trampa y que midiéramos a todos los catalanes por ellos, de la misma manera que asimiláramos a todos los vascos con ETA y con Otegui. El esperpento político, social y sociológico son ellos y sólo es cuestión de tiempo que a la parte de la sociedad catalana que aplaude sus payasadas se le caiga la venda de los ojos. Esos ridículos personajes son risibles, eso lo primero, pero lo segundo es que son peligrosos. Lo son ante todo, y sobre todo, para Cataluña cuya imagen no hacen más que ridiculizar ante España, Europa y el mundo. Pero lo son porque cierta parte de la sociedad catalana les hace caso, les da poder y no se decide a ponerlos de una vez en la esquina que les corresponde. El virulento ataque contra la Olimpiada en Madrid es una bajeza. Responsables son quienes la cometen. Pero no los criadores de vino. Aunque bien debieran reflexionar todos sobre dónde les pueden llevar esta panda de paletos que se creen progres porque se visten de enterradores. Yo, cava. Pero si me invitan a champagne, no lo voy a despreciar. Eso seguro.

Bargalló y el territorio
Cartas al Director ABC 12 Diciembre 2004

El conseller en cap Bargalló,miembro de ERC, partido minoritario en Cataluña y mucho más en España, sigue dando muestras de poca sensibilidad, provocación desmedida y, sobre todo, mala fe. Dice en el Parlament que no debe el Govern de Cataluña apoyar Madrid 2012 porque no es una ciudad de su territorio. Pero comprende que el Gobierno de España y la Comunidad de Madrid lo hagan porque Madrid sí está en su «territorio». Tamaña desmesura no tendría importancia si no fuera dicha en un lugar como el Parlament de Cataluña y con la mala fe de querer introducir otra vez el desprecio a los del «territorio» vecino. El president Maragall estaba sentado en su escaño, oyendo tamaña provocación, y, claro, no dijo nada, por aquello de no perder el sillón. ERC está en la provocación por la provocación, en el desatino constante y en conseguir el mayor grado de antipatía hacia nuestra querida Cataluña. ERC reparte carnés de catalanidad si se es afín a sus desatinos y de mal catalán si no se coincide con ellos. Son simplemente gente instalada en hacer pequeño un país que es más grande que sus ideas. El empecinamiento en dividir a la gente sólo es una parte de su política; la otra es simplemente que su partido figure. No les importan nada Cataluña ni los catalanes, sólo les importa asegurarse que la división sea efectiva para poder tener una parte del poder que les permita ejercer de lo que más saben, de mosca cojonera. Y ésos son los aliados del Gobierno de España. Creo que se impone una reforma de la ley electoral que impida que «partiditos» como éste puedan tener en el Parlamento español el peso que tienen sólo por presentarse en una demarcación. Quintí Planas i Ripoll. Sabadell.

La Policía francesa desmantela un nuevo almacén de ETA con 400 kilos de explosivos
La banda los guardaba en un garaje de Limoges, cuyo alquiler no pagaba desde septiembre
La policía francesa se ha incautado en la última operación contra ETA de cerca de 400 kilos de material explosivo que la banda terrorista almacenaba en un garaje en la ciudad de Limoges. La sustancia incautada, repartida en botes, era clorato de sodio, aunque otras fuentes afirman de que se trata de cloruro potásico, materia prima con la que ETA fabrica la cloratita que utiliza como explosivos. El dueño del garaje puso en alerta a la policía ya que llevaba desde septiembre sin cobrar el alquiler. La operación acotece apenas tres días después de que Chirac prometiera a Zapatero una mayor cooperación antiterrorista.
Javier Gómez La Razón 12 Diciembre 2004

París- La estructura de ETA en Francia sigue deshaciéndose como un azucarillo en agua. La última operación, llevada a cabo el viernes, fue el descubrimiento de un garaje, en la ciudad de Limoges (centro), donde la banda terrorista almacenaba 380 kilos de material explosivo. La sustancia, repartida en botes, era clorato de sodio (otras fuentes afirman que se trata de cloruro potásico), materia prima con la que ETA fabrica la cloratita que después utiliza como explosivo para bombas.

Los etarras alquilaron el lugar a finales del pasado año, según informa Vasco Press. La policía francesa fue avisada por el propietario del garaje, que denunció en comisaría que llevaba desde septiembre sin recibir el montante mensual. Tras varias pesquisas, los expertos sospecharon de que pudiera tratarse de un polvorín utilizado por ETA, por lo que recurrieron a la División Nacional Antiterrorista (DNAT) a la hora de entrar en el local. La brusca interrupción del pago en septiembre hace pensar a los investigadores que las personas que custodiaban el depósito fueron apresadas por la policía o huyeron precipitadamente al sentirse en peligro, quizás por la detención de algún otro miembro de la banda que pudiese delatarles. La policía gala buscaba ayer huellas de posibles activistas en el garaje.

La operación policial acotece apenas tres días después de que el presidente Jacques Chirac prometiese a José Luis Rodríguez Zapatero que Francia aumentaría su cooperación e intensidad en la lucha contra el terrorismo. Esta presión desde el lado francés está asfixiando a ETA, que carece de un territorio que le sirva de reserva para militantes y armas, función que llevaba tiempo cumpliendo la ciudad de Limoges. En esta localidad de la Francia rural, se descubrió, el 30 de noviembre, otro piso en el que la banda terrorista había escondido temporizadores, material electrónico y una bomba lapa. Allí habitaron varios miembros de la banda durante más de un año, hasta que abandonaron la vivienda por la operación policial del 3 de octubre, que permitió el descubrimiento de varios arsenales de ETA y la detención de Mikel Albizu, «Mikel Antza», y Soledad Iperraguirre, «Anboto».

El que ETA dispusiese de dos estructuras diferentes en la misma ciudad convierte a Limoges en uno de los centros claves del dañado aparato logístico de la banda. La policía no descarta que en las próximas semanas, a tenor de las pruebas encontradas tanto en el piso como en el garaje, pudieran descubrirse nuevos escondites de ETA en este enclave o sus cercanías. Otras operaciones recientes han tenido lugar en departamentos cercanos a la Alta Viena, al que pertenece Limoges.

Al aumentar la presión policial en la zona cercana a la frontera española, la banda desplazada desde hace meses hacia el norte su «residencia» y otras labores de «aprovisionamiento» como el robo de coches. Por su parte, el secretario general de los socialistas vascos, Patxi López, calificó de «noticia feliz» el hallazgo de los 400 kilos de explosivos hallados en Limoges y afirmó que «evitará mucho sufrimiento que debilitará más aun a una ETA ya de por si debilitada, pero con capacidad todavía para seguir cometiendo atentados».

La presión de ERC aborta a última hora el reconocimiento oficial del valenciano en Europa
A. CAPARRÓS ABC 12 Diciembre 2004

VALENCIA. La confrontación política por el reconocimiento de las lenguas cooficiales en la futura Constitución Europea escribe este fin de semana un nuevo capítulo, en vísperas de que mañana, lunes, el Gobierno presente en Bruselas el memorándum en el que plasmará sus peticiones.

En este contexto, la vicepresidenta del Ejecutivo, María Teresa Fernández de la Vega, se reunió el viernes con el presidente de la Generalitat Valenciana, Francisco Camps, y, al término del encuentro, esbozó un discurso conciliador, hasta el punto de que aseguró que habrá traductores de valenciano en Bruselas, designados por el Gobierno de dicha Comunidad.

Paralelamente, el secretario de Estado de Comunicación, Miguel Barroso, hombre de la máxima confianza de José Luis Rodríguez Zapatero, entabló conversaciones con representantes de la Generalitat Valenciana con el fin de acercar posturas y buscar una fórmula jurídica que pudiera diferenciar el valenciano y el catalán ante las instituciones europeas.

Sin embargo, el anuncio de los traductores realizado el viernes por De la Vega provocó la reacción de ERC, quien en boca del consejero jefe del tripartito catalán proclamó ayer que la vicepresidenta del Gobierno «se equivocó o se explicó mal», ya que el acuerdo alcanzado garantiza la unidad del catalán y la no existencia del valenciano como lengua diferenciada, en contra de lo que establece el Estatuto de Autonomía de la Comunidad Valenciana y ampara la Constitución.

El temor al «chantaje» de ERC
Sin embargo, una declaración tan escueta -fue calificada como un «nuevo chantaje mafioso de una minoría catalana» por el portavoz del Gobierno, Esteban González Pons- provocó el temor del Gobierno a nuevos «ultimátums» de los independentistas catalanes, que ya condicionaron por este tema su apoyo, imprescindible para Zapatero, a los Presupuestos de 2005.

De hecho, según fuentes del Gobierno valenciano «la presión de ERC ha evitado que se pudiera producir un acuerdo de última hora para reconocer la cooficialidad del valenciano».

Paralelamente a la negociación que está teniendo lugar en Valencia, el ministro de Industria y número dos de Maragall en el PSC, Josep Montilla, se apresuró a matizar que la postura «inequívoca» del Gobierno es la de la «unidad del catalán y el valenciano».

Memorándum invariable
De hecho, según fuentes de la Generalitat Valenciana, todo apunta a que mañana el Gobierno presentará en Bruselas un memorándum en el que se reconocerán tres lenguas (gallego, vasco y catalán/valenciano) pero con cuatro líneas de traducción distintas. Para el Ejecutivo valenciano ésta sería la solución menos mala, aunque hay cierto temor a que la presión de ERC pueda dejarles incluso sin traductores. En ese caso, tal y como se ha venido anunciando, el Gobierno que preside Francisco Camps, podría emprender una ofensiva jurídica.

De hecho, el propio secretario de Estado de Comunicación ha constatado que la fórmula catalán/valenciano (auspiciada desde que se inició la polémica desde ERC) no se ha empleado hasta el momento por ninguna institución jurídica ni lingüística.

Vidal Quadras pide no tocar «ni una coma» de la Carta Magna si no ceden los nacionalistas
Redacción La Razón 12 Diciembre 2004

Madrid- Aleix Vidal-Quadras, vicepresidente del Parlamento Europeo y diputado del PP, aseguró ayer que no debe tocarse «ni una coma» de la Constitución Española mientras los nacionalistas no renuncien a sus «programas máximos» respecto al futuro de distintas comunidades autónomas.

Vidal-Quadras, durante su intervención en la clausura del II Encuentro Cívico para la Libertad, que reunió en Madrid a una veintena de asociaciones de toda España, cuestionó que se planteen «reformas constitucionales» poco meditadas en un contexto en el que hay unos partidos nacionalistas con reivindicaciones de alcance.

A su juicio, esta situación debería conducir a no reformar por el momento en ningún punto la Carta Magna de 1978, y menos aún para satisfacer a los nacionalistas, de los que dijo que «no albergan otro objetivo que borrarla del mapa».

El eurodiputado popular aseguró que hay «dos caminos seguros» hacia la derrota del sistema legal español frente a sus «enemigos», que son el «mimetismo pusilánime» y el «apaciguamiento mediante concesiones».

Por este motivo, se refirió a que PP y PSOE debe «cerrar filas en torno a la Constitución tal y como está, al tiempo que cuestionó cambios de la Carta Magna de los que ya se ha hablado, como una mención explicita en la norma fundamental a las comunidades autónomas.

Recortes de Prensa   Página Inicial