AGLI

Recortes de Prensa     Martes 14 Diciembre 2004
Francisco Caja: «El precio que pagas por defender el castellano es la muerte civil»
MARÍA JESÚS CAÑIZARES ABC 14 Diciembre 2004

UN PACTO IMPOSIBLE
Edurne URIARTE ABC 14 Diciembre 200

La estrella más brillante de producciones Rubalcaba
EDITORIAL Libertad Digital 14 Diciembre 2004

INQUILINO DEL TERROR
César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 14 Diciembre 2004

Zapatero y sus mariachis
César VIDAL La Razón 14 Diciembre 2004

El Desmemoriado, el Calumniador y el Ignorante
Isabel Durán Libertad Digital 14 Diciembre 2004

Parapetado en su realidad
Editorial La Razón 14 Diciembre 2004

ZAPATERO Y LOS PACTOS ASIMÉTRICOS
BENIGNO PENDÁS ABC 14 Diciembre 2004

DISCORDIA NACIONAL
Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA ABC 14 Diciembre 2004

ZP en su globo
Cristina Losada Libertad Digital 14 Diciembre 2004

Caer en gracia o ser gracioso
Julián LAGO La Razón 14 Diciembre 2004

Sí, al pacto II de Zapatero
Iñaki EZKERRA La Razón 14 Diciembre 2004

Todas hieren, la última mata
José García Domínguez Libertad Digital 14 Diciembre 2004

POR LOS CERROS DE ÚBEDA
Jaime CAMPMANY ABC 14 Diciembre 2004

¿Constitución o plebiscito
GEES Libertad Digital 14 Diciembre 2004

La comparecencia de ZP
Francisco MARHUENDA La Razón 14 Diciembre 2004

Un presidente sin respuestas
Ignacio Villa Libertad Digital 14 Diciembre 2004

Costumbre de serenidad
Alfonso USSÍA La Razón 14 Diciembre 2004

El acuerdo de Carod y Ternera
José CLEMENTE La Razón 14 Diciembre 2004

Elogio de la política de pancarta
José A. SENTÍS La Razón 14 Diciembre 2004

UNA COMISIÓN A CONVENIENCIA DE PARTE
Editorial ABC 14 Diciembre 2004

Matemática recreativa
Ramón Pi El Ideal Gallego 14 Diciembre 2004

El Gobierno central se acoquinó ante ERC
Iñaki ZARAGÜETA La Razón 14 Diciembre 2004

¿Panorama post-ETA
Juan BRAVO La Razón 14 Diciembre 2004

Los riesgos del excepcionalismo vasco
BORJA BERGARECHE El Correo 14 Diciembre 2004

Ignominia
Cartas al Director ABC 14 Diciembre 2004

Decisión política
Cartas al Director ABC 14 Diciembre 2004

¿Asesinato
Cartas al Director El Correo 14 Diciembre 2004

Alemania reformará su Constitución para recortar poder a los gobiernos regionales
Beatriz Juez La Razón 14 Diciembre 2004

Gotzone Mora
Carmen Leal La Revista Libertad Digital 14 Diciembre 2004

España pide en Bruselas reconocimiento para «todas las lenguas oficiales»
E. SERBETO/M. CONEJOS ABC 14 Diciembre 2004




 

Francisco Caja: «El precio que pagas por defender el castellano es la muerte civil»
Profesor de la UB desde hace 25 años, cree que cuestiones como la lengua o las selecciones deportivas son utilizadas por «aquellos que defienden un modelo de sociedad de tipo étnico»
MARÍA JESÚS CAÑIZARES ABC 14 Diciembre 2004

BARCELONA. Francisco Caja es profesor de la Universidad de Barcelona (UB) desde hace 25 años y presidente de Convivencia Cívica de Cataluña (CCC) desde hace tres. «Sufrí las consecuencias de un régimen totalitario y estuve cuatro meses en la cárcel condenado por el Tribunal de Orden Público. De repente me convierto en un fascista anticatalán por acudir a los tribunales, ganar una sentencia y restaurar la legalidad sobre la enseñanza en castellano. Esto es el Ku, Klux, Klan», dice quien sufrió las amenazas de un grupo de encapuchados el 19 de octubre.

-¿Cuál es su situación actual en la universidad?
-Hasta ahora tenía un guardia de seguridad que me había proporcionado la Universidad y que me acompañaba cuando estaba en el campus. Sin decirme absolutamente nada, se me retiró la protección. Lógicamente, temo que cualquier día se repitan las amenazas. Ahora estoy a pecho descubierto.

-¿Ha hablado con el rector Joan Tugores al respecto?
-Hablé tres días después de que entraran los encapuchados y me aseguró que iba a emitir un comunicado inmediatamente para condenar los hechos y todavía estoy esperando. Es una actitud absolutamente incomprensible para mí que en su universidad, un profesor sea atacado por unos encapuchados, no se condenen los hechos y no se tomen las medidas para evitar que vuelvan a suceder.

-¿A qué atribuye los hechos?
-El motivo inmediato ha sido una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña que, a instancias de CCC, obliga a la Administración catalana a incluir en los impresos de prematriculación una casilla donde se pregunta por la lengua habitual del escolar. Pero no es la primera agresión que se produce en la UB. Siempre es lo mismo. Los que convocan a tratar «como se merecen» a los que ellos llaman «fascistas anticatalanes» son los grupos independentistas, del entorno de ERC, Alternativa Estel y la Coordinadora d´Estudiants dels Països Catalans. -Además de los profesores universitarios e intelectuales que han expresado su apoyo, ¿qué actitud demuestran sus alumnos?

-Afortunadamente, tengo buenos alumnos. Siempre he mantenido una relación excelente. Soy un profesor comprometido con la enseñanza. Pese a las dificultades que tengo, nunca he perdido el entusiasmo por la docencia. Como no tengo protección policial, ellos me acompañan al autobús porque me aprecian personalmente. Antiguos alumnos me han llamado, me han enviado mensajes de apoyo y eso produce mucha satisfacción. Sientes que en esta travesía en el desierto no estás solo.

-El PP también ha expresado su solidaridad ¿lamenta que no lo hayan hecho otros partidos como el PSC?
-Agradezco sinceramente el apoyo del PP catalán. Lamento que en esta ocasión haya fallado el mecanismo de solidaridad que uno espera de los representantes políticos, sobre todo de la izquierda, que no han condenado los hechos. Ellos sabrán.

-¿Se puede comparar la situación que usted vive con lo que sucede en la universidad del País Vasco?
-Es cierto que el grado de violencia que existe en el País Vasco es muy superior a la que se vive en Cataluña. Pero el resultado es el mismo, la exclusión de determinadas personas por sus ideas y la falta de libertad de expresión, lo cual es incompatible con un Estado democrático.

-¿Cómo califica la política lingüística de la Generalitat?
-Es una continuación del anterior gobierno de CiU. Un suma y sigue. Es una política profundamente antidemocrática y discrimina a gran parte de la ciudadanía catalana.

-¿Cree que la ciudadanía comparte esa política?
-La sociedad catalana es ejemplar en ese sentido. Son los políticos los que introducen un factor de conflicto y de enfrentamiento donde no lo ha habido nunca. No puede ser que un partido que se dice democrático, excluya una de las lenguas oficiales, en este caso el castellano, que habla la mitad de los ciudadanos. No descarto presentar un recurso contra la normativa sobre el etiquetaje de la Generalitat.

-Soportar amenazas y insultos en defensa de la lengua castellana ¿le compensa de alguna manera?
-No es agradable, evidentemente, porque supone una exclusión social. El precio que pagas es la muerte civil. Pero yo prefiero ser amenazado que aceptar una posición de ciudadano de segunda categoría. Prefiero ser consecuente con unos principios determinados y proclamar que todos los ciudadanos, los que hablamos castellano y los que hablamos catalán, somos dignos civilmente, y tenemos derechos y libertades que proclama la Constitución.

-¿Cómo ve el debate sobre el Estatuto o las selecciones deportivas?
-Algunos están empeñados en romper la convivencia y la libertad que proporciona esa Constitución, a través de la lengua o las selecciones deportivas. Para ellos, cualquier cosa es un buen instrumento para sustituir un sistema democrático por un modelo de sociedad de tipo étnico, que es lo que quiere el nacionalismo.

UN PACTO IMPOSIBLE
Por Edurne URIARTE ABC 14 Diciembre 2004

JOSÉ Luis Rodríguez Zapatero clarificó definitivamente ayer que el talante y las formas que predica son tan sólo una agrietada máscara de un carácter agresivo y de un estilo en el que escasean los escrúpulos. Comenzó con las formas; ofreció un pacto antiterrorista. Pero luego se presentó el carácter; acusó al Gobierno del Partido Popular de engaño masivo. Repitió, se apasionó, y convirtió la teoría del engaño masivo en el mensaje central de su intervención. Y exhibió su estilo; acusó sin pruebas, demostró que la estrategia de manipulación de sus colaboradores entre el 11 y el 14-M era la suya y presentó un burdo montaje sobre supuesta eliminación de información importante en La Moncloa con filtración previa a un medio de comunicación afín.

El presidente dinamitó en menos de cinco horas el pacto contra el terrorismo islamista que él mismo había presentado a primera hora del día. Porque el Partido Popular no puede suscribir un pacto surgido del 11-M con acusaciones tan graves sobre su gestión tras aquel atentado. Si en aquellos días ya fueron transgredidos todos los principios de apoyo mutuo antiterrorista que lo deben sostener con un lamentable acoso al Gobierno y con exigencias intolerables de resolución inmediata de la investigación, nueve meses después Rodríguez Zapatero ha destruido la posibilidad de matizar aquella campaña y de encauzar las relaciones en esa materia.

No lo creo, pero supongamos que el presidente rectifica y retira su teoría del engaño masivo. Si esto ocurriera, se requeriría un gran debate para acordar los términos de algo que por el momento es un conjunto de generalidades y afirmaciones obvias sobre la persecución policial de la delincuencia. Zapatero debería saber por su experiencia respecto a ETA que este nuevo pacto antiterrorista, al igual que aquél, tiene una dificultad fundamental en el consenso sobre el origen y naturaleza del terrorismo. Y dudo que un partido y un presidente que persisten en la causa de Irak, ayer de nuevo, y en diversas causas políticas, sociales y culturales del terrorismo islamista estén en la misma línea de quienes sostienen que la naturaleza de los terrorismos es la misma.

En España no hubo durante muchos años ni pacto ni consenso ciudadano e intelectual sobre la lucha contra ETA precisamente por las divergencias en torno a las causas y a su naturaleza. Y de esas divergencias provenía y proviene el segundo problema fundamental de toda lucha antiterrorista, los métodos. Contra ETA, tardamos 30 años en acordar que la negociación era inaceptable. Contra Al Qaida, los métodos requieren un consenso sobre política internacional, sobre el papel de los ejércitos, sobre la guerra. Zapatero basó buena parte de su cuestionamiento del Gobierno tras el 11-M, también ayer, en todos esos elementos y los vinculó al atentado. Demasiadas diferencias para un pacto que por el momento es tan sólo una nueva maniobra propagandística de talante.

La estrella más brillante de producciones Rubalcaba
EDITORIAL Libertad Digital 14 Diciembre 2004

Está claro que ZP quiere poner punto final a una Comisión de Investigación del 11-M que deje las cosas tal y como estaban el 14-M La intervención del presidente del Gobierno ante la Comisión de Investigación del 11-M, a pesar de batir todos los récords por su duración, no habrá servido para aclarar ni una sola incógnita de las muchas que quedan por despejar en torno a la autoría y preparación de la mayor masacre terrorista de nuestra historia, pero ha dejado bien claro el compromiso personal del vencedor del 14-M con toda aquella infame campaña desatada por su partido y sus medios de comunicación para lograr que una masacre terrorista tuviera los efectos políticos buscados por quienes la perpetraron. Si para atender al guión de Prisa y Rubalcaba era necesario que ZP no contestara a muchas preguntas o que manipulara los hechos o que sufriera increíbles pérdidas de memoria, habrá que reconocer que el presidente del Gobierno ha hecho todo ello con total desparpajo y desenvoltura.

El presidente del Gobierno ha empezado tratando de parapetarse en el pacto antiterrorista que él ha violado sistemáticamente, no ya del 11 al 14-M sino desde que decidió acabar políticamente con el principal impulsor socialista de esta línea de acercamiento al PP en materia antiterrorista como fue Nicolás Redondo Terreros. ZP ha continuado en esa línea, pero ya con una mentira descarada, como es la de decir que él “siempre” ha expresado su solidaridad y apoyo al Gobierno del PP tras cualquier atentado terrorista. No fue eso lo que hizo su partido del 11 al 14-M, que a las pocas horas de la masacre interpelaba al Gobierno por la autoría de la masacre, evidentemente no por el temor de que ningún inocente fuera a ser falsamente imputado o algun culpable exonerado, sino precisamente por la confesa determinación de ZP ante los micrófonos de la SER el mismo 12-M de arremeter políticamente contra el Gobierno de la Nación y su política respecto a Irak en el caso de que fueran islamistas y no etarras los autores de la masacre.

La determinación del partido de Zapatero por explotar políticamente aquella masacre terrorista contra el partido que en ese momento estaba en el Gobierno y a la cabeza en todos los sondeos de intención de voto del país, fue evidente desde el mismo momento en que el propio Aznar informó de los primeros hallazgos que, sin desbancar a ETA como el principal destinatario de las sospechas de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, les obligaban a abrir una nueva línea de investigación que resultó ser, por ahora, la determinante.

Por manipular, ZP hasta ha llegado a negar en su comparecencia los efectos políticos que los terroristas buscaban y encontraron con aquella matanza. Si los terroristas pretendían culpar al Gobierno de aquella masacre, se pudo comprobar que los socialistas no sólo hicieron lo mismo, sino que, además, le acusaban de mentir y ocultar información a la ciudadanía.

Dice ZP que “no tiene sentido” buscar intencionalidades políticas a los actos terroristas. ¿Pero es que ZP no ha observado acaso la cantidad de gente que los terroristas han masacrado y degollado para tratar de conseguir que otros Gobiernos hagan lo mismo que hizo ZP nada más ganar las elecciones? ¿Es que los terroristas antes o después del 11-M no trataban ni tratan de imponernos ya “precios por la paz”? ¿No fue acaso preguntar por el resultado de las elecciones lo primero que hizo Zougam el 18-M tras cinco días de incomunicación? ¿Acaso “El Egipcio” no pretendía que Berlusconi cosechara el mismo desastre electoral que el “perro de Aznar”? ¿Acaso este imputado en el 11-M no puso lo ocurrido en Madrid como un “ejemplo” para el resto de Europa?

Tampoco nos podemos creer que Zapatero haya dicho la verdad cuando dice “no recordar” si habló —nada menos— que de la existencia de terroristas suicidas cuando se puso en contacto con los directores de los principales periódicos de nuestro país. Como tampoco nos parece honesto cuando dice que los antecedentes de las intentonas etarras de cometer atentados en Madrid no constituían una razón de peso para que el Gobierno dirigiera inicialmente sus sospechas hacia el terrorismo nacionalista. ¿En qué se basó él, si no es en estos antecedentes, para responsabilizar a ETA de la matanza antes de que lo hiciera representante alguno del anterior Gobierno? ¿Qué valor dar a su desmarque del infame y antidemocrático acoso perpetrado contra las sedes del PP en la misma jornada de reflexión cuando ZP sigue hoy negándose a condenarlo? ¿Qué credibilidad otorgar a sus palabras cuando su propio portavoz, Alfredo Pérez Rubalcaba, acusaba hasta el mismo día de reflexión al Gobierno de mentir ante las mismísimas cámaras de televisión?

¿Qué honestidad intelectual se puede presuponer de un dirigente que sitúa en el terreno del azar a los datos de una posible conexión entre ETA y los islamistas en base a unos informes elaborados hace sólo unos días y, nada menos, que por Telesforo Rubio, el mismo que preparó su intervención en la sede de Gobelas?

Lo que está claro es que ZP quiere poner punto final a una Comisión de Investigación del 11-M que deje las cosas tal y como estaban el 14-M. Sólo hasta esa fecha estuvieron los socialistas interesados por la verdad, una "verdad" que se limita a un interés por una victoria electoral que los sondeos les negaban tres días antes de las elecciones.

INQUILINO DEL TERROR
Por César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 14 Diciembre 2004

ZP puede dar todas las vueltas que quiera a las interpretaciones del 11-M, pero al final no podrá escapar al hecho cierto de que los cerebros que planearon la masacre del 11-M consiguieron cambiar el signo del Gobierno de la Nación, que es lo que se habían propuesto.

Los terroristas fueron los primeros en votar. Echaron su negra papeleta tres días antes. Después, el 14, desfilaron por las urnas los que habían paseado su odio por las calles, los que habían asaltado las sedes del PP, los que habían cambiado la catástrofe tecnológica del Prestige en una catástrofe política, los que vienen defendiendo el diálogo con ETA para cambiar paz por terroristas, los que odian a Bush más que a Sadam Husein, los que prefieren Ben Laden a Aznar, los que venían diciendo que EE.UU. se tenía bien merecido el castigo del 11 de septiembre...

Todo esto se me venía a las mientes ayer mientras ZP farfullaba respuestas a las certeras preguntas de Zaplana.

Yo entiendo que es muy desazonante, política y moralmente, pensar que uno es presidente de Gobierno gracias al Terror. Es una pesadilla oír cómo te lo recuerda un día Bush y otro Putin, y cómo se lo callan Chirac y Schröder gracias a los servicios que les haces. Pero el de León sabe cuán costoso es mantener la dignidad y el riesgo y cuál es la relación entre dignidad y poder. ZP sabe que el anti-terrorismo supone el peligro de los atentados y él no está por ello. Y lo que es peor: pone de pantalla al pueblo. ¿Por qué se empeñaba Aznar en la guerra si el pueblo no la quería? Esto es lo único que se le entendió ayer a ZP en la Comisión del 11-M. Dejó bien clara su teoría sobre la peligrosidad de los principios. ZP se recreó en ella con la fruición de quien ha descubierto una ley. Cuanto más te opongas al islamismo, más riesgos corres. La prueba -dijo- fue Casablanca. ¿Te apuntas a la guerra de Irak? Los riesgos se acrecientan. Para ZP, Aznar fue un temerario. Ahora España ha encontrado la tranquilidad con él. Cualquier día nos anunciará el pacto con ETA. ¿O es que hay alguien tan loco que no quiera el fin del terrorismo?

AHORA que se acerca el fin de los trabajos de la Comisión del 11-M, conviene ir sacando conclusiones. La mía es que ZP está en la presidencia no porque su partido haya dado un golpe de Estado, sino porque él y su partido hicieron bien el trabajo de colaborar, en la práctica, después del 11-M, con los que querían cambiar el signo del Gobierno y, de paso, la relación de fuerzas en Europa. Ha sido, por tanto, algo muy grave por cuanto no sólo supone una deslealtad con un Gobierno en unos momentos de acoso, sino con la democracia misma. Desde el 11 al 14, la actividad de ZP, Blanco y Rubalcaba fue frenética. Consiguieron la colaboración de los «suyos» en las Fuerzas de Seguridad del Estado y la de gentes como Carod-Rovira y Otegi. Rubalcaba se entrevistó con Vera. Es decir, el PSOE y el Gobierno se acercaron a esa línea caliente de la política en la que se mezclan los terroristas de todos los signos, incluidos los partidarios del terrorismo de Estado. Todos ellos hicieron un siniestro viaje hasta los arrabales donde la democracia pierde su nombre. Aprovecharon a fondo las horas contadas que les dieron los diseñadores del golpe. Las suficientes. Las justas. Para que los Almodóvar pudieran hablar del peligro de suspensión del Estatuto vasco y la suspensión de las elecciones...

POR mucho que se defienda, ZP tendrá que reconocer que llegó a La Moncloa de la forma más tormentosa que cabe pensar, excepto la de un golpe de Estado. Él es un inquilino del Terror. Y lo único que quizá pueda hacernos olvidar aquellos terribles días del 11 al 14, tan coherentes con los tres años de oposición últimos, será la desgracia a la que pueda llevarnos su Gobierno. Y va camino de ello.

Zapatero y sus mariachis
César VIDAL La Razón 14 Diciembre 2004

Lo cuenta Platón en su obra dedicada a las Leyes. Al referirse a la especial característica de los ciudadanos de Magnesia, dice de ellos que «cuando luchan por el poder, los que vencen se apropian hasta tal punto de las cosas de la polis que no dejan participar en nada del gobierno a los vencidos... sino que viven vigilando para que nunca llegue al gobierno quien pueda recordar los males pasados».

Durante los últimos meses –y en especial, las últimas semanas– el pasaje sobre los magnesios no ha dejado de venirme a la cabeza al analizar todo el plan desencadenado por el Gobierno del PSOE, y apoyado por los nacionalistas, para laminar todo aquello que, sea medios de comunicación, sea justicia o sea instituciones, se oponga a la posibilidad de que puedan perder el poder.

La comparecencia de Rodríguez Zapatero ante la comisión del 11-M no ha hecho sino confirmar mi temor de que el presidente del Gobierno, flanqueado por los nacionalistas, ha decidido seguir la política de los magnesios. Al escuchar sus respuestas, llegué a la conclusión, una vez más, de que ZP no sólo es una persona de acentuada vacuidad política, sino que además no tiene el menor interés ni en la verdad ni en el bien de esta nación que tanto les molesta a sus aliados.

Vez tras vez, echó balones fuera ante las preguntas que le planteaba Zaplana con una incomprensible amnesia y, vez tras vez, siguió utilizando la estrategia de la infamia que tan bien articuló Rubalcaba desde el 11-M y que canalizó un determinado grupo mediático que disponía de un vídeo de los terroristas nada menos que seis horas antes de que se grabara.

A pesar de que los datos son aplastantemente contrarios a sus declaraciones, ZP insistió en que el Gobierno de Aznar había mentido, en que no había conexión con ETA, en que el PSOE jamás tuvo papel alguno en las manifestaciones y en que no recibió información alguna de las Fuerzas de Seguridad del Estado por más que Rubalcaba y Caldera hayan repetido hasta la saciedad lo contrario.

Por si fuera poco, se ha negado a condenar la violación del día de reflexión –¿cabía esperarlo con lo que le benefició?– y las manifestaciones ante las sedes del PP.

Sin embargo, lo peor no ha sido la poca gracia con la que ZP ofendía la verdad y el sentido común o cerraba los ojos ante los indicios acumulados –¡casualidad las caravanas de la muerte y los contactos entre ETA y el terrorismo islámico!– de que su versión es insostenible. Lo realmente dramático han sido los aliados con que ha contado para esta ceremonia de no querer ver nada que no encaje con sus prejuicios. Porque José Luis Rodríguez Zapatero ha contado con un coro de mariachis nacionalistas que le han ido facilitando las respuestas para quedar bien –el caso del portavoz de la Esquerra ha resultado deplorable pero elocuente– a la vez que le han instado a seguir golpeando al hígado del Partido Popular, a liquidar el pacto antiterrorista y a lanzarse todavía más en sus brazos.

ZP ha aprovechado para responder lo que le apuntaban, para intentar dejar en peor situación al PP y para además presumir de que lo defendía pese a ser indefendible. ¡Bondadoso que es ZP!

Lo más terrible de la comparecencia es que el guión futuro ya está escrito. ZP no quiere saber la verdad sobre el 11-M y hará todo lo posible por que no se sepa. Le basta con que el Partido Popular perdiera las elecciones y anhela que no las gane jamás.

Ésa –y ninguna más– es su meta, meta exclusiva de un gabinete que no tiene política económica, política exterior o incluso política social más allá de las fotos y de los guiños al lobby gay.

Para conseguir sus objetivos, ZP cuenta con el apoyo de sus mariachis nacionalistas que en los próximos días intentarán cerrar la comisión del 11-M y durante los años siguientes irán, paso a paso, y con el apoyo indispensable de ZP, desguazando las instituciones y la constitución.

De ellos, se podría decir lo mismo que afirmaba Platón de los magnesios, «son facciosos, pero no ciudadanos, y que lo que denominan justo, no merece en puridad ese nombre».

Pero cualquiera se atreve a decirle a ZP y a sus mariachis que son como la gente de Magnesia. Dada la cultura de que hace gala el presidente de gobierno, es muy capaz de confundir Magnesia con la gimnasia.
César Vidal es escritor e historiador.

El Desmemoriado, el Calumniador y el Ignorante
Isabel Durán Libertad Digital 14 Diciembre 2004

Menudo bochorno de presidente del Gobierno. José Luis Rodríguez Zapatero no podía tolerar que Aznar hubiera batido el récord. Llegó a la Comisión de no-investigación con el objetivo de aburrir al más pintado con tal de superar en tiempo al ex presidente del Gobierno y lo consiguió.

Ahora que va a dejar de ser excelentísimo (por el Código del Buen Gobierno del Gobierno), ZP el Innovador, el prohombre de las Civilizaciones, puede desde hoy llevar indistintamente los sobrenombres de el Desmemoriado, el Calumniador y el Ignorante. No se acuerda de si difundió la existencia de dos terroristas suicidas a los directores de los medios de comunicación. Asegura que hubo una única línea de investigación desde la tarde misma de los atentados, algo radicalmente contrario a lo expuesto por todos y cada uno de los mandos policiales responsables de las investigaciones tras la masacre. Y habla sin ruborizarse de las editoriales de los periódicos, ignorando insólitamente que los editoriales de los medios de comunicación son de género masculino ya que el femenino se refiere a las empresas de edición de libros. ¡Ni que hubiera estudiado con la Logse!

La jornada había comenzado con un hecho premonitorio: al grupo de personas que acudió a pedir que no se produzca el entierro parlamentario de la Comisión se le prohibió permanecer ante el Congreso de los Diputados. Dos semanas antes sin embargo, cuando los manifestantes llevaban las manos pintadas de rojo para culpabilizar y acusar al ex presidente de los atentados, se les permitió la permanencia, los gritos y los insultos a discreción. Todo un indicio de lo que viene ocurriendo en la Carrera de San Jerónimo desde que el PSOE admitió la creación de la Comisión para demostrar que el Ejecutivo de Aznar mintió, manipuló y se mereció perder las elecciones.

Zapatero se sacó dos conejos de la chistera: dos documentados informes ad hoc de la Policía que aseguran que no existe vinculación alguna entre ETA y el 11-M. Todo casualidades, como no podía ser de otra manera para el Gobierno por accidente. Naturalmente, esos informes jamás les fueron entregados a la Comisión, lugar de destino para su análisis. Además, según Zapatero el Calumniador, asistimos a un intento de “confusión masiva” por parte de quienes consideran que el 11-M no está resuelto, ya que la autoría del atentado corresponde “en exclusiva” al terrorismo islámico.

Va a tener razón la secretaria de Zapatero cuando aseguró al periódico de Prisa que “el presidente se cree lo que dice”. No cabe otra para quien hoy aseguraba además que el PSOE “estuvo apoyando en todo momento al Gobierno” tras los atentados. Y después añadía que le parece “lamentable y patético” que alguien piense y formule que su partido y el imperio de Polanco mintieron y utilizaron los atentados para que el PP perdiera las elecciones.

Parapetado en su realidad
Editorial La Razón 14 Diciembre 2004

La primera comparecencia de un presidente del Gobierno ante una comisión de investigación pasará a la historia por su carácter simbólico, pero no tanto por su brillantez parlamentaria ni siquiera por la trascendencia de sus palabras en el «cara a cara» con un Eduardo Zaplana que le dejó en evidencia en más de una ocasión. El interrogatorio a José Luis Rodríguez Zapatero alcanzó instantes puntuales de interés y de tensión política, pero el balance final no rebasó apenas el guión esperado con dos adversarios de posiciones ya conocidas. Además, Rodríguez Zapatero jugaba en casa y, desde luego, se notó con la sala repleta de grupos aliados. Llamó, sin embargo, la atención que su testimonio resultara casi una reiteración del discurso fijado por el PSOE en aquellas luctuosas jornadas de marzo, sin que, por lo escuchado ayer, ningún acontecimiento ni información posteriores, de los muchos conocidos desde entonces, influyeran o condicionaran esa versión.

Rodríguez Zapatero apostó en el Congreso por parapetarse en una realidad muy discutible y lo logró a costa, eso sí, de dejarse en la gatera importantes dosis de credibilidad y talante. Porque el presidente del Gobierno se obstinó en un relato con demasiadas zonas de opacidad, que, lógicamente, derivó en contradicciones. Así, Rodríguez Zapatero reiteró que la decisión política de apoyar la guerra de Iraq influyó en el atentado del 11-M, pero admitió, sin embargo, que «el riesgo de la amenaza del terrorismo islamista permanecía hoy alto», pese a la retirada apresurada de las tropas españolas. Una ecuación que no cuadraba. Su denuncia sobre que el Ejecutivo del PP «subestimó la amenaza islamista» fue desmontada por Zaplana, que le recordó no sólo las detenciones de 120 terroristas con anterioridad al 11-M, sino que el PSOE no propuso iniciativa alguna sobre ese asunto en la legislatura pasada, o las mofas socialistas a propósito del «comando Dixan». El presidente apuntó también que no hubo vuelco electoral por la matanza el 14-M, pero su versión chocaba con los análisis demoscópicos, incluidos los del CIS, que certificaron lo contrario. De sus conversaciones con los directores de los medios o con sus más directos colaboradores sobre los bulos e insidias difundidas contra el Gobierno del PP como el caso de los «terroristas suicidas» o la suspensión de las elecciones, admitió un lapsus de memoria sintomático.

Pero, sin duda, el instante más desafortunado de su comparecencia llegó cuando se negó de forma reiterada a condenar las concentraciones antidemocráticas en las sedes del PP en la jornada de reflexión. Zapatero insistió en que el PSOE no conoció ni apoyó esas manifestaciones, pero no dio el paso que cabría esperar de su alta responsabilidad. Al contrario, reclamó al PP que se preguntara «por qué tanta gente salió a la calle de manera espontánea». Su actitud complaciente con movilizaciones de tono involucionista y que perturbaron de forma intolerable la normalidad democrática resultó decepcionante y lamentable. En ese mismo tono, mantuvo su acusación contra el Gobierno del PP de urdir y llevar a cabo «un engaño masivo» en aquellos días por mantener abierta la hipótesis de ETA de forma interesada. Pero los hechos e informes y declaraciones policiales han desmontado tal imputación. En su haber, cabe anotar la propuesta de Pacto Antiterrorista y las reformas penales y legales para fortalecer la defensa del Estado contra el terrorismo. Pero la verdad es que el presidente convenció poco y mal, atrincherado en una versión partidista, y sin la más mínima autocrítica.

ZAPATERO Y LOS PACTOS ASIMÉTRICOS
Por BENIGNO PENDÁS Profesor de Historia de las Ideas Políticas ABC 14 Diciembre 2004

ENSEÑA la mejor historia que la peste destruyó la Atenas de Pericles porque hizo que la virtud cívica fuera vencida por el interés sectario. El terrorismo es, sin duda, la peste de nuestro tiempo. Busca una fórmula totalitaria: nacionalismo racista, fanatismo religioso, desafío a la sociedad abierta. Utiliza medios revolucionarios, al más viejo estilo: como dicen los manuales de marxismo rancio, se trata de exacerbar las contradicciones del enemigo. ¿Lo van a conseguir? ¿Vamos a perder la guerra contra el terror? Si tal cosa sucede, será por culpa nuestra. Los españoles sentimos indignación, repugnancia y hastío, en dosis variables. ¿Miedo? No. Miedo no tenemos. Véase la lección del domingo en el Bernabéu. ¿Están nuestros políticos a la altura de los ciudadanos? Hay quien lo pone en duda. Pero es seguro que unos y otros van por mal camino si pretenden ganar puntos trasladando sus discrepancias a la lucha contra el terror. Mucha gente desconfía ya de la retórica del «apoyo sin fisuras». Las elites bien informadas juegan con los matices de fondo y de forma. La gente de la calle no sabe, ni quiere, ni puede. Detesta la hipocresía y el artificio y traduce el mensaje que transmiten las apariencias a su esquema sencillo: sólo los enemigos de la España constitucional sacarán provecho de este debate. Habrá que recordar, una y mil veces, que es la hora del patriotismo, del rearme moral, de la eficacia policial y judicial. España se juega su futuro; la democracia, su prestigio como única forma legítima de gobierno; cada uno de nosotros, la dignidad personal que deriva (vuelvo a los griegos) de la vida en libertad bajo el imperio de la ley.

Contraste entre Aznar (Estado y partido) y Zapatero (partido y Estado). Hoja perenne y hoja caduca. Firmeza de acero contra material maleable. Doctrina de una pieza frente a deconstrucción posmoderna. La preferencia depende de cada uno. El presidente del Gobierno no es orador brillante ni hábil polemista. La expresión confusa suele ser reflejo de una mente poco dotada para el rigor conceptual. Después de escucharle durante un largo rato, se comprende que confunda -más o menos a propósito- las ideas de «nación», «comunidad nacional» y «nacionalidad»; parece tener claro, eso sí, que las «regiones» son menos importantes. Es más difícil de admitir que se equivoque al respecto el profesor Rubio Llorente. Queda el asunto para otro día. El Zapatero de ayer ante la Comisión fue, como acostumbra, un político minimalista, cuyo lenguaje «republicano» (en el sentido de «Pettit», ya me entienden) envuelve en guante de seda una indefinible querencia radical. Así como Aznar maneja las distancias con precisión, Zapatero actúa en terreno movedizo. Busca hacer daño donde más duele: puesto en boca de Rajoy, el «ya sabes cómo es» va más allá de las reglas del juego limpio. Pasea al borde del peligro cuando entra en alusiones y amenazas veladas sobre informes del CNI. La incoherencia le importa poco: habla ya de «terrorismo radical islámico», pero no se aparta del multiculturalismo. Sólo dice una cosa clara y arriesga en ello la credibilidad: no hay «nada de nada» en la relación entre ETA y Al Qaeda. Ya veremos. Opone Lavapiés y Leganés a los lejanos desiertos y montañas. Elude preguntas concretas sobre asuntos oscuros. Convence sólo a los convencidos: es el mal propio de toda época dogmática.

Se dirá que es propio de un hombre de Estado ofrecer grandes acuerdos y tender puentes hacia la cooperación. Cuidado con la argucia. No es lícito negar a populares y socialistas el acierto del Pacto por las Libertades que ha permitido expulsar al brazo político de ETA del lugar reservado en democracia a las personas honorables. Requerido por sus complacientes aliados en la Comisión, Zapatero devuelve la bola al campo del PP: si no se amplía el Pacto, será por culpa de los intransigentes. Abre, en cambio, un nuevo frente contra el terror, al que esta vez califica de «internacional». Se supone que vamos a caber todos. Así tendremos -por culpa implícita de Aznar- un pacto viejo y anquilosado que el PSOE mantendrá por puro sentido de la responsabilidad. Tendremos, además, otro pacto, joven y generoso, con un preámbulo políticamente correcto. Hablemos claro. Desde 1978 hasta hoy mismo, el problema mayor de la democracia española deriva de que los socialistas eluden el bloque constituyente formado por la derecha y la izquierda nacionales, es decir, por la mayoría abrumadora de los electores. Prefieren actuar en el viejo frente de «izquierda más nacionalismo»: me resisto a escribir «antifranquista», aunque es notorio que muchos lo viven así. Estamos ante el episodio número mil del argumento ya conocido. España ha alcanzado un éxito del que debemos estar orgullosos. Pero el nacionalismo egoísta no nos deja disfrutar del mérito adquirido. Cierta izquierda que no madura se resiste a reconocer la legitimidad democrática de la derecha. Es verdad que algunos conservadores que tampoco piensan rechazan que un «progresista» pueda ofrecer una visión propia de España. A veces, está claro, lo ponen muy difícil. Pero es imprescindible seguir en el empeño. De ahí la denuncia de esta falacia de los «pactos asimétricos» que propone Zapatero. Preludio, tal vez, de nuevas concesiones en el terreno intangible de la soberanía nacional y de la igualdad ante la ley.

La política exterior, errática y sinsentido, es el punto débil del Gobierno socialista. El presidente insiste en que ahora somos más fuertes. No es verdad. Somos los más débiles de Europa. Participar en la guerra de Irak no aumentaba el riesgo. ¿Busca acaso revivir los días pretéritos del «no a la guerra»? No debe porque ahora toca gobernar. La sociedad no termina de aprender. Hay razones de alcance universal: una generación que no conoce la guerra en carne propia; un pacto de seguridad con nuestros gobernantes, al estilo de Hobbes; sobre todo la certeza colectiva de que se vive bien en Occidente cuando no toca ejercer el papel de víctima. Hay también factores de índole particular: el principal, me temo, que falta ese núcleo intangible de patriotismo que distingue a una sociedad segura de sí misma. Otra vez se lo debemos al egoísmo particularista. Vamos a tener paciencia. Tal vez tenga razón el presidente cuando alude a la «valentía» del pueblo español. Pero el pensamiento débil y la fiebre helenística que nos invaden no son las mejores lecciones para ganar una guerra.

Turno para el Partido Popular. Tiene razón en lo esencial y no acierta a expresarla. ¿Recuerdan la política de comunicación en la pasada legislatura? Estamos, sin duda, en una democracia mediática; pero los políticos dirigidos por la opinión ajena terminan por transformarse en producto perecedero. Alguien debería recordar que es imprescindible combatir con firmeza en la batalla de las ideas: los ciudadanos valoran la gestión eficaz, pero desean ser convencidos por criterios morales y por sentimientos atractivos. El Gobierno de entonces no mintió y, sin embargo, se le juzga con efecto retroactivo. El PP se siente víctima de la manipulación, pero sólo a medias consigue llevar al adversario al terreno que le conviene. Rajoy aprovecha estos días en el Parlamento los flancos débiles del Ejecutivo; pero resulta que en este tema esencial estamos de nuevo en el «todos contra uno». Aznar estuvo brillante en su comparecencia ante el Congreso. Ninguno de los suyos va a mejorar la percepción pública del asunto. Buen motivo para meditar sobre el enfoque de este tiempo de oposición. ¿Qué hay de la Comisión Parlamentaria? Los convencidos de uno y otro bando están cada día más seguros. Los tibios que se consideran ilustrados no van a replantear su voto hasta dentro de tres años. Mucha gente sensata se confiesa inquieta, perpleja, incluso desengañada. En el ámbito socialista, Zapatero ha puesto en marcha la falacia del pacto universal. ¿Quién se atreve a abrir la puerta de la política del sentido común?

DISCORDIA NACIONAL
Por Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA ABC 14 Diciembre 2004

LOS atentados del 11 de marzo han producido una profunda quiebra de la concordia nacional. Así lo confirma, entre otros muchos síntomas, el desarrollo de la Comisión parlamentaria de Investigación. En contra de lo sucedido hasta ahora con el terrorismo, y en contraste con lo que es usual en los países democráticos, ni la sociedad ha cerrado filas unida ante el terror ni, sobre todo, los dirigentes de los dos principales partidos han logrado la necesaria concordia. Bien es verdad que la responsabilidad dista de repartirse equitativamente y es, si no me equivoco, muy superior la que corresponde al Gobierno socialista. Mientras que una parte del PP, no todo, con el correspondiente apoyo mediático, se apunta a la teoría de la conspiración o desliza insinuaciones y sospechas, todo el PSOE defiende la tesis de que el Gobierno de Aznar mintió. Ninguna de las dos cosas está probada, pero mientras que, sobre la primera, las medias verdades, las ocultaciones y los cabos sueltos no se han desvanecido, la segunda se ha hundido en el descrédito, salvo para quienes no están dispuestos a que la verdad les destruya una interesada falacia. La opinión más sosegada sólo reconoce la mala gestión de la crisis por parte del Gobierno de Aznar, mas nunca la mentira.

Esta ruptura de la concordia nacional es el hecho más grave ocurrido durante el actual período democrático. El 23-F generó una reacción casi unánime y las agrias disputas pasadas entre Gobiernos y oposiciones no amenazaron nunca a la concordia fundamental ni al espíritu de reconciliación nacional. Hoy, la sombra de las dos Españas, aunque atemperada por la situación general que vive España, tan diferente de la de hace setenta y cinco años, planea de nuevo sobre nuestra convivencia nacional. Pero su superación no puede depender de la autoinmolación de la derecha, que, con razón, se siente agredida por las falsas acusaciones contra Aznar y por la utilización del terrorismo en la víspera de las elecciones. Y no es poco lo que ha hecho el Gobierno, la verdad bastante accidental y azaroso, de Zapatero para hurgar en la herida de la discordia. En lugar de reconocer la anomalía de su llegada al poder, que no es lo mismo que ilegitimidad, y de tender puentes con la etapa anterior, se ha venido obstinando en una especie de política de tierra quemada, en la que nada de lo anterior resulta servible y en el aislamiento del PP. El Gobierno se apoya en partidos que rechazan la Constitución y se ausentan de la celebración del aniversario de la Carta Magna; hostiga a los católicos y trata de eliminar toda influencia y presencia del cristianismo en la vida pública; encabeza un irresponsable y maniqueo revisionismo sobre la historia reciente de España y, concretamente, sobre la génesis y consecuencias de la Guerra Civil; abre el camino a la reforma constitucional sin contar con el partido al que votaron en las últimas elecciones alrededor de diez millones de españoles; y pretende deslegitimar a la oposición popular con acusaciones apenas veladas de ser la heredera del franquismo y con otras, más concretas, improbadas e irresponsables, como la vertida sobre Aznar y su presunto apoyo al golpe en Venezuela. Todo ello aderezado con una obsesión por airear su gestión en el pasado en asuntos como los accidentes del Prestige y el Yakolev. El Gobierno se convierte en una especie de oposición retrospectiva. Se trata de un camino equivocado. Ignoro si obtendrá rendimiento electoral, aunque creo que no. Pero aunque así fuere, jamás obtendrá la absolución de la historia, pues quien favorece la ruptura de la concordia no puede contribuir a la causa del bien público ni de la justicia.

Comisión 11-M
ZP en su globo
Cristina Losada Libertad Digital 14 Diciembre 2004

Era una sospecha y ya es una certeza. El PSOE mantiene a Rodríguez Zapatero, desde antes incluso de su llegada a La Moncloa, en un globo aerostático, a salvo de las turbias aguas y los bajos fondos de la política real. De la que hacían otros dirigentes y ex dirigentes de su partido entre el 11 y el 14 de marzo. Por ejemplo. Pero en ese globo que le mantiene en su inane condición "buenista", el presidente dispone de una bola de cristal que, consultada en la tarde del once, le inspiró la verdad, la única "cierta y segura": el atentado había sido obra del terrorismo islámico radical, ése que hasta hace un cuarto de hora llamaba "internacional".

No lo sabía por ningún colega bien situado, que hubiera filtrado al PSOE datos que quizás no pasaban con igual celeridad a sus superiores, sino por sí mismo, por pura lógica. Había aparecido una furgoneta con una cinta de versos coránicos y "¿qué significado podía tener?" La lógica de ZP no avanza más allá del punto que necesita para confirmar lo que quiere hacer creer. Cuando los autores de un atentado dejan pruebas como ésa y otras que fueron apareciendo con pasmosa rapidez, y las corroboran con un vídeo antes de las elecciones, el significado de su macabra acción cobra una entidad preocupante. Si su objetivo no era influir en el voto, lo disimularon de maravilla.

Pero la lógica de ZP no solo es limitada. También se estrella contra las declaraciones de los jefes policiales. Aquí el presidente nos regaló con unas parrafadas casi dignas de un marxista, sector Groucho. No podía haber dos líneas de investigación cuando solo había una línea de investigación, repitió de varias formas. Gran hallazgo. Y él, que no había hablado con ningún responsable policial, sabía –por lógica o bola, pues– que no había más que "una línea" desde la tarde en que se le iluminaron las neuronas. De esa deducción suya, la gran acusación: el PP practicó un "engaño masivo". Dejó claro que no pudo saberlo por los jefes de entonces: ninguno sigue en su puesto.

Los nuevos jefes, como Telesforo Rubio, que acudió a una sede del PSOE a tomarse una tila antes de comparecer, le prepararon, a cambio, un dossier que ZP le atizó a la Comisión a modo de somnífero, para demostrar que ni una conexión hay ni puede haber ni hubo jamás entre el terrorismo islamista y la ETA. Acusan los socialistas al PP de empeñarse en descubrir la huella etarra en la masacre. Se petrifica el PSOE en lo contrario. Parece que les va en ello el pan. Y lo adoban con solemnidad: concluyente, cierto, verdad, absoluta, seguro, datos, hechos. Ninguno de los flecos sueltos del 11-M perturba el sueño del inquilino de La Moncloa. ¡Quién pudiera vivir en el globo ése!

Claro que, habitándolo, puede proferirse sin pestañear, como prueba de que el atentado no buscaba influir en los comicios, que "el terrorismo islámico internacional ataca cuando puede". Y sellar la engañosa obviedad con un "no valoremos ni las intenciones de los terroristas porque es darles valor a los terroristas". De modo, que es mejor cerrar los ojos a la realidad de los objetivos del terror y, cuando venga bien, ceder a ellos sin mala conciencia. Como hizo ZP al retirar las tropas de Irak antes del plazo que él se había dado. De donde viene "el cuento" de la cobardía y de la traición, que no se encargó de popularizar urbi et orbi más que el propio ZP con su decisión y su llamada a la deserción general desde los minaretes de Túnez.

Pero la evidencia definitiva de que no hubo vuelco electoral por el 11-M radica en las facultades adivinatorias del presidente: meses antes de las elecciones, ya había pronosticado que ganaría. Dicen que suele acertar los resultados de los partidos de fútbol. Tal vez debería contratarle el CIS, que pinchó en los sondeos previos al famoso catorce. Desde el globo, se debe ver más allá. Aunque parece que se pierde memoria, no se gana peso político y no se adquiere tampoco respeto por la verdad.

Caer en gracia o ser gracioso
Julián LAGO La Razón 14 Diciembre 2004

Bueno, pues Zapatero parece que tiene una flor en el culo, ofreció una intervención parlamentaria fuera de cacho, que dicen los taurinos. Mucho pico de muleta, mucho ventajismo y poco cruce con el burel, como «El Juli», que hace como que se la juega manchándose la taleguilla a toro pasado pero no se la juega y sale a hombros. Vamos, que ZP en la Comisión del 11-M no se arrimó aunque lo pareciera, y menos cuando le colocó en suerte el portavoz popular Zaplana, el cual practica ese toreo de castigo y eficaz de Enrique Ponce, con mucha muñeca, mucha verticalidad, mucho toreo por bajo.

Pero a lo que íbamos, que no es sino a lo acontecido entre el 11 y el 14 de marzo de 2004, en cuyos arcanos el pepé busca desesperadamente sobre la conducta del pesoe en aquellas fechas con dos cuestiones de fondo planteadas por Zaplana , y de las que ZP salió de naja negando la mayor. A saber: a) que Ferraz manejó información policial antes que el propio Gobierno, con lo que contradijo a los compañeros Blanco, Caldera y Rubalcaba, quienes trabajaron con las pistas facilitadas por Rafael Vera, con cuanto ello supuso de deslealtad institucional; y, b) que militantes sociatas agitaron las manifestaciones callejeras realizadas ante las sedes del pepé el día de reflexión, lo que es una verdad del tamaño de la catedral de León y, si no, ahí está el listado ad nóminen de los agitadores callejeros.

O sea, que vale más caer en gracia que ser gracioso. Dicho de otra forma, que ZP, tras haber abandonado la retórica sobreactuada que practicó en los primeros tiempos de jefe de la oposición, cuando emulaba gestos, tonos y guiños de su maestro González, convenció el lunes a los que ya estaban convencidos o más exactamente a quienes están contra Aznar. Cierto es que hubo un momento en que Zapatero no era más que un efecto mimético de González. Al punto de que si FG estrenaba camisa con botones en el cuello al pleno siguiente aparecía ZP con camisa con botones en el cuello de la misma como FG, y si FG se presentaba en el hemiciclo con una «blazer», pues a la semana próxima ZP se vestía con una «blazer» como FG, y así etecé, etecé.

Desde luego, hoy ZP tiene «look» propio que le ha prefabricado Rubalcaba, dicen, o en su búsqueda anda al menos. Pero sobre todo su carita de buen chico de COU trasmite una inocente ingenuidad que no tiene, (la inocente ingenuidad, nos referimos, no la carita) frente a la antipática y bigotuda adustez de Aznar. También es cierto que ZP aburre hasta las ovejas con su estilo coñazo, sosomán y sin sustancia, lo cual nos llevaría a la conclusión de que sobrevive frente a su propia realidad, que son sus limitaciones, sus vacuidades, sus verdades a medias. Cosa que en el fondo parece dar igual: a Zapatero, haga lo que haga, nunca se le odiará y a Aznar, que hizo una gestión de «chapeau» en materia económica y en la lucha contra ETA, sí, y ése es el tema.

Sí, al pacto II de Zapatero
Iñaki EZKERRA La Razón 14 Diciembre 2004

Zapatero no debió de usar la Comisión 11-M para proponer algo tan importante como un nuevo pacto de Estado. Lo que ha hecho es como si Mariano Rubio hubiera utilizado en su día la comisión que lo interrogaba para proponer un plan de ayudas financieras a los que tienen la cuenta en números rojos. Lo que ha hecho es lo que hizo Ibarretxe cuando estaba acorralado en el Parlamento vasco por las preguntas sobre los pactos de su partido con ETA y propuso una «manifa» contra el terrorismo. Dicho esto, hay que reconocer que la idea de un Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo II merece todo el apoyo. Es una iniciativa mucho más inteligente y realista que ampliar los objetivos del Pacto I que fue suscrito por el PSOE y el PP el 8 de diciembre de 2000 y que no ha logrado ampliar su nómina de firmantes.

Radactar un Pacto II no sólo abre la posibilidad de que lo firmen quienes no han firmado el primero sino que, una vez que lo firmen, tendrán que explicar por qué no quieren firmar el otro, o sea, que esa firma servirá para evidenciar sus contradicciones. Porque las razones que el nacionalismo vasco y catalán, así como Izquierda Unida, esgrimen para rechazar el primer pacto contra el terrorismo de ETA son las condenas que hace su Préambulo a cualquier «precio político» que se quiera poner al «abandono de la violencia» (como fue el Pacto de Estella del PNV y EA con ETA y Batasuna) y a los «objetivos minoritarios, excluyentes y xenófobos» de la banda terrorista y del propio nacionalismo que los abrazó en dicho acuerdo.

Un Pacto II contra el Terrorismo fundamentalista se tendría que plantear en similares términos. No bastaría con condenar el horror del 11-M sino que habría que entrar en la condena de la táctica chantajista y del propio totalitarismo ideológico. Ese pacto tendría que cerrar la puerta de modo bien explícito a los ingredientes sexistas, teocráticos y violentos de la cultura y la religiosidad islámicas que constituyen la fuente ideológica y justificadora de ese terrorismo. El asunto es de un gran calado moral y legal porque la creciente inmigración musulmana no tardará en traducirse en la demanda de uno o más partidos políticos y si éstos defendieran esos valores antidemocráticos nos encontraríamos con una Batasuna o un PNV musulmanes.

El Pacto que propone Zapatero debe cerrar la puerta a la posibilidad de que el totalitarismo islámico reproduzca en cualquier parte del territorio español el siniestro esquema de complicidades del totalitarismo nacionalista en Euskadi y de que la demagogia que reivindicaba «todas las ideas» cuando se ilegalizó Batasuna reivindique un día «todas las creencias». Es el momento de curarnos en salud de esa lacra que se nos quiere venir encima. Y ese Pacto II será una inestimable referencia. Jordi Jané, el representante de CiU, proponía ayer «redefinir» el Pacto I contra ETA. De acuerdo, pero tomando por modelo el Pacto II. ¿Por qué lo que vale para Ben Laden no va a valer para Otegi?

ZP en la Comisión
Todas hieren, la última mata
José García Domínguez Libertad Digital 14 Diciembre 2004

Dice un periodista argentino, y dice bien, que para los que nos ganarnos la vida haciendo columnas, sólo hay algo peor que la angustia de la página en blanco, algo peor que no tener ninguna historia que contar: haber oído demasiadas, y no poder olvidarlas. De ahí que después de leer las cien preguntas que formulaba al viento el director de El Mundo en su carta del domingo, uno trate de ponerse a escribir y le ocurra como a Lobo Antunes al empezar sus novelas, que coge el bolígrafo del mismo modo que se coge una enfermedad.

No obstante, ese uno se dispone a amontonar palabras igual que todas las mañanas. Pero, en ese momento, no puede evitar sentirse señalado por lo que sostenía La Rochefoucauld sobre los espíritus mediocres: que desprecian todo aquello que está fuera de su alcance. Y es que el tal uno se había levantado con la falaz vanidad de creerse dotado para abordar la hermenéutica de esa Alianza de Civilizaciones que propugna Rodríguez; bien sabe Dios que lo intenta, mas no puede evitarlo: su pensamiento vuelve una y otra vez al centenar de incógnitas prosaicas que le ha inoculado Pedro Jota en la conciencia. Y entonces uno intenta resistirse a los efectos del veneno. Y enciende el televisor por ver de curarse. Y en ese momento contempla al presidente ante la Comisión. Y al segundo, uno aprende que se dice "preveer", en lugar de prever; y que debe existir un terrorismo islamista moderado, porque Rodríguez está hablando de "terrorismo islamista radical". Y a continuación, asiste compungido a la amnesia selectiva de Zetapé, que acaba de recordar que ha olvidado si llamó a Ramírez para explicarle un cuento de suicidas con tres calzoncillos. Y es precisamente ése el instante en el que uno se aferra al argumento definitivo que le ofreciera un crítico teatral para juzgar si una representación vale la pena: que no te duela el culo al final del segundo acto. Y como, a esas alturas, el uno de marras ya empieza a temer más a las hemorroides que al terrorismo internacional con sede en Avilés, pues va y apaga la tele.

Es inútil: ahora que la pantalla ha recuperado su gris original, el genuino, las cien dioxinas encerradas entre signos de interrogación tornan con más virulencia a infestar la imaginación de su dueño. Sobre todo, la que cierra la serie. Ésa que reza: ¿Por qué Zapatero dijo el pasado 30 de septiembre, que "los hechos del 11-M están muy claros"? Así, al volver a leer de nuevo el centenar de misterios que Rodríguez no piensa revelar en su comparecencia de hoy, el mismo uno de antes no puede por menos que terminar rememorando la inscripción que viera en aquel reloj gótico de una iglesia de Innsbruck: "Todas hieren, la última mata".

POR LOS CERROS DE ÚBEDA
Por Jaime CAMPMANY ABC 14 Diciembre 2004

CUENTAN que hubo en tiempos un alcalde de la ciudad de Úbeda que tenía amores con una moza garrida «de buen ver y mejor palpar», que diría Camilo José Cela. Vivía la lozana zagala en alguna casita de los cerros cercanos a la ciudad, y el aplicado alcalde visitaba con frecuencia aquellos parajes de los cerros para encontrarse con lo que entonces llamarían su mozcorra o querindanga. Una tarde de sesión municipal, habiéndole preguntado un concejal por algún negocio o actividad del Consistorio, el alcalde no sabía cómo contestar, o no quería hacerlo con la precisión debida, y se perdió en explicaciones fuera de razón, extendiéndose en circunloquios y vaguedades. En ese momento, el concejal, que seguramente era hombre de ingenio y segundas intenciones, le advirtió: «No se vaya usía por los cerros de Úbeda». Desde entonces, echar, irse o andarse por los cerros de Úbeda es frase que sirve para advertir a alguien que no tome en lo que diga camino torcido o no se vaya en el discurso por parajes extraños al caso que se debate.

Pues bien. Nuestro «Bambi» presidencial anduvo durante el día de ayer, en su comparecencia ante la Comisión del 11-M, por los cerros de Úbeda. Imitó tan reiteradamente al alcalde del cuento que no dejó cerro sin visita ni camino entre los cerros sin tránsito. Unas veces se iba por las retóricas sendas de la lírica. Otras veces por las cómodas praderas de negar la evidencia. En alguna ocasión ensayaba algo así como la epístola moral a Fabio, y daba consejos al Partido Popular y a su representante allí, Eduardo Zaplana, quien intentaba inútilmente centrar al compareciente en alguna pregunta concreta para obtener una respuesta concreta. Nuestro «Bambi» presidencial discurría graciosamente, una vez y otra vez, por los cerros de Úbeda.

En realidad, el presidente Zapatero es un virtuoso de la elisión y recita muy bien aquello del bulibulibú de la bulibulibancia. Le escucha uno atentamente y al final de una oración saca en conclusión que lo que ha dicho es más o menos que «yo mayormente te digo mi verdad, que no hay mejor cosa que lo demás es tontería y que siempre que ocurre lo mismo pasa igual». Fabrica en serie el buñuelo de viento gramatical. Intentar arrancarle una afirmación clara y concreta es empresa fracasada de antemano. Y cuando dice algo preciso, que lleva a ojos vista la marca Rubalcaba, es para indicar que no debemos afirmar que el atentado del 11-M produjo un vuelco electoral porque con ello le hacemos un favor al terrorismo.

Eso es todo lo que ha aportado Zapatero a la investigación de la famosa Comisión parlamentaria. Eso y una serie de informes que le han preparado los servicios policiales y de inteligencia para responder con lecturas interminables a preguntas concretas. Zapatero sólo quiso dejar claras dos cosas: una, que el atentado no influyó en el resultado de las elecciones; otra, que el Partido Socialista nada tuvo que ver en las manifestaciones de la jornada de reflexión. Y para defender eso hace falta un sofista de más talento, más erudición y más elocuencia que el pequeño «Bambi».

Constitución Europea
¿Constitución o plebiscito?
GEES Libertad Digital 14 Diciembre 2004

Las fuerzas del centro político y la llamada derecha responsable han comenzado su campaña, al rebufo de la del gobierno de ZP, a favor del sí en el referéndum del 20 de febrero sobre el Tratado Constitucional de la Unión Europea. Sus argumentos son sólidos, pero equivocados. Atenazados por el síndrome del 86, cuando no supieron ofrecer más que ambigüedad ante el referéndum tramposo de González sobre la permanencia limitada de España en la OTAN, no sólo no ven posible alternativa ninguna a la Europa que defiende Zapatero sino que quieren creer que el texto del nuevo Tratado servirá de barrera de contención a las fuerzas centrífugas de los nacionalismos. Pero lo importante no es eso. Lo importante es que España pierde –y mucho– con este Tratado constitucional que, además, santifica por mucho tiempo que no va a ser posible enfrentarse al modelo continental, franco-alemán, de lo que debe ser la Unión Europea y Europa. Pero hay más.

Para empezar, el referéndum español no lo es tanto sobre el nuevo texto europeo como sobre la acción y la visión internacional del actual presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero. Se trata de un plebiscito sobre su política exterior. Y eso es algo que no se puede descuidar. La victoria del sí, por mucho que finjan los dirigentes del PP, será capitalizada esencialmente por ZP, quien siempre ha antepuesto su entreguismo al bloqueo amenazante de Aznar. Será gracias a él que salga adelante la Constitución Europea. Que el Partido Popular de Mariano Rajoy no se lleve a engaño al respecto. Y al contrario también: si el Gobierno perdiese el referéndum, por mucho que quisiera echarle el muerto al PP, la verdad es que lo habría perdido él solito. Sería la primera gran debacle del apoyo público a ZP. Sería decirle a la cara que su modelo exterior no le gusta a los españoles. Algo no baladí.

Por otro lado, la prisa de ZP en ser el primero en convocar un referéndum sobre el Tratado Constitucional también tiene mucho que ver con su visión del papel de España en Europa. Zapatero quiere vanagloriarse de haber sido el primer país que dice popularmente sí al Tratado porque cree que con eso le está haciendo un favor a sus admirados franceses. Si España dice sí, se piensa que generará una imparable dinámica, cual estrategia de dominó, que anularía las tentaciones al no de parte del socialismo galo y de buena parte de la población, en Francia y en otros países. Y ZP en parte tiene razón, aunque menos de lo que piensa. Es verdad que Chirac ha encontrado en el tempranero referéndum español una ayuda con la que fustigar al PS francés, pero cada vez menos en la medida en que éste ya se ha definido también por el sí. Así y todo, lo contrario no dejaría de ser significativo. Si el sí no saliese claramente vencedor de las urnas en España, el impacto negativo que eso tendría en nuestros vecinos colocaría a ZP en una delicada situación. Su único valor en este tema se habría venido abajo. El verdadero alcance de la política de alianzas europeas de Zapatero quedaría manifiestamente al descubierto, más sólo que la una.

Habrá quien argumente que es posible desvincular la política de Zapatero de la cuestión del Tratado Constitucional. Lo dirán los socialistas españoles para llevarse el gato al agua del apoyo del PP al sí y lo dirá el PP temeroso de ser criticado de antieuropeo por un Gobierno carente de todo escrúpulo político. Pero el PP hace mal en caer en esa rampa saducea, porque en cuanto los resultados se demuestren favorables al sí, el Gobierno socialista pondrá toda su maquinaria de propaganda en marcha para ponerse él mismo las medallas pertinentes y el PP se volverá a quedar donde estaba, en la cuneta de la oposición. Será el PSOE el primero que vuelva a vincular a ZP con la Constitución Europea. Y si no al tiempo.

Es factible estar a favor de Europa pero rechazar contundentemente la Europa de ZP que es la que se esconde tras un texto que consagra la dominación franco-alemana por décadas. Es posible creer en Europa pero rechazar un sistema de reparto de poder que castiga expresamente a España y a Polonia. Es creíble ser europeísta y no aceptar la redacción actual de este Tratado Constitucional. Es más, cuando votar que sí no es sólo votar a todo esto, sino, sobre todo, a la política de ZP, la oposición debería pensarse –y mucho– el regalo que le está haciendo a este gobierno. Gratuito en términos domésticos e irresponsable en el ámbito del poder en Europa.
GEES, Grupo de Estudios Estratégicos

La comparecencia de ZP
Francisco MARHUENDA La Razón 14 Diciembre 2004

Los palmeros mediáticos de ZP aplaudirán satisfechos la comparecencia del presidente del Gobierno porque cumplió sus expectativas. Lo primero que se puede constatar es que no tienen un buen candidato para suceder a su adorado Felipe González en el pedestal de héroe de la izquierda. En directo queda de manifiesto que es un mediocre orador así como las carencias de su trayectoria académica y profesional. No tiene otro discurso que aquel que lee, algo que contrasta con su antecesor que fue el claro ganador de la anterior comparecencia. Los gestos mecánicos de ZP le hacen parecer algo más robótico de lo habitual. La culminación de su escasa brillantez estuvo en esa pesada reiteración de la palabra ciudadanía, que es propio de esa progresía de los setenta que ha ido de fracaso en fracaso.

La comparecencia, como sucedió con Aznar, no cambia nada porque la sociedad está dividida en dos bloques y seguirá así. ZP no lo tiene fácil, a pesar del poder que le otorga controlar el aparato del Gobierno, porque los millones de votos que le dieron la victoria fueron coyunturales mientras que los casi diez que obtuvo el PP se van cohesionando gracias a sus errores y a los problemas que le traerán sus pactos con los nacionalistas, especialmente con ERC. La deslealtad de ZP marca una antes y un después en las relaciones con el PP, porque Rajoy debería tomar buena nota de cómo la juegan los socialistas.

ZP en la comisión
Un presidente sin respuestas
Ignacio Villa Libertad Digital 14 Diciembre 2004

La comparecencia de Rodríguez Zapatero ante la Comisión de investigación del 11 de marzo nos deja un reguero de desasosiego y de preocupación. Zapatero es un presidente sin respuestas ante el atentado terrorista más grave de la historia de España. El jefe del Ejecutivo ha ofrecido la imagen de un político aturdido por los hechos, desbaratado por los olvidos y apabullado por las imprecisiones. Asusta observar –sin tapujos– las evidentes limitaciones políticas del inquilino de La Moncloa. Sobrecoge observar como el guión del presidente es el mismo guión, sin escrúpulos, del Grupo Prisa.

Zapatero ha perdido su gran oportunidad –quizá sea la última– para que como presidente del Gobierno pudiera ofrecer la imagen de seriedad y responsabilidad que tiene la obligación de demostrar. Zapatero ha pasado por la Comisión parlamentaria como la personificación de un político que no tiene el más mínimo interés por investigar lo que ocurrió entre el 11 y el 14 de marzo. Desde luego algo nos ha quedado claro después de escuchar al presidente: este Gobierno no va a hacer nada –políticamente hablando– por aclarar la verdad. Y esa negativa por afrontar la realidad es algo que va a marcar muy negativamente esta legislatura.

Además, junto a este "talante del ocultamiento", Zapatero se ha dejado muchos jirones en el camino de su comparecencia. Son muchos los ejemplos; pero anoten los siguientes. El presidente del Gobierno ha reconocido que la retirada de las tropas de Irak no ha beneficiado a la lucha contra el terrorismo islamista. Zapatero dice haber olvidado si habló con los directores de periódicos sobre los terroristas suicidas. Además, sostiene que durante aquellos días no recibió informaciones de las Fuerzas de Seguridad del Estado, mientras que Rubalcaba o Caldera han dicho repetidas veces lo contrario. Se ha negado a condenar las manifestaciones ante las sedes del PP en la jornada de reflexión. Se ha remitido al azar, la coincidencia en el tiempo y en las formas de las dos caravanas de la muerte. Y concluye diciendo que el día de reflexión comió fuera de Madrid y llegó a su casa muy tarde. ¿Nos lo creemos? Sinceramente, NO.
Zapatero ha demostrado sus verdaderas intenciones sobre el 11 de marzo. Antes no había dudas por los gestos, ahora no las hay por las declaraciones. El presidente del Gobierno no tiene respuestas, y no quiere tenerlas. Algo más que preocupante, simplemente deplorable.

Costumbre de serenidad
Alfonso USSÍA La Razón 14 Diciembre 2004

Pocas reacciones me irritan más que las histéricas. Y pocas me admiran más que las serenas. Los madrileños llevamos muchos años aguantando tragedias y desgarramientos. Que sea Madrid la capital de España nos ha convertido en objetivo permanente de los terroristas. Entre nuestros políticos no hay canallas y sinvergüenzas que pactan con la ETA para que asesine en otros lugares. Madrid ha sido escenario de centenares de atentados de la ETA, del GRAPO, de Al Qaeda. También de grupos ultraderechistas en los tiempos de la transición de la dictadura a la democracia. En Madrid han volado autobuses públicos y vehículos militares y de la Guardia Civil. En Madrid han volado trenes. En Madrid, sobre todo, han volado vidas de inocentes y muchos cuerpos de madrileños han quedado heridos o mutilados. Creo que ha sido el forajido de Bargalló el que ha dicho que Madrid no se merece una Olimpiada. Madrid se lo merece todo, porque una gran parte del dolor producido por el terrorismo y que ha tenido que superar España ha sido el dolor de Madrid.

La costumbre nos ha hecho más serenos. El desalojo de más de ochenta mil personas del estadio Bernabéu por una amenaza de bomba se me antojó ejemplar. Ni un histerismo, ni una carrera alocada, ni un alarido de miedo invencible. Estupor, tristeza, incomprensión y civismo. No se produjeron avalanchas ni empujones. Nadie consideró que su vida era más importante que la vida de otra persona. La amenaza era seria y la ciudadanía respondió con admirable serenidad. Si yo fuera uno de los encargados de convencer al Comité Olímpico Internacional de las ventajas de la candidatura de Madrid, uniría al proyecto general un vídeo del desalojo del Bernabéu. Así reacciona una ciudad civilizada y culta.

Porque –no lo duden– la amenaza de bomba responde a un plan perfectamente orquestado por quienes deploran la posibilidad de que Madrid sea la sede de unos próximos Juegos Olímpicos. Convertir una ciudad en permanente objetivo terrorista desanima a cualquiera. Permítaseme la duda de que la ETA haya sido autora de la amenaza. Cuando los etarras quieren asesinar no avisan. Lo hacen para demostrar que siguen activos y siempre se producen las explosiones que anuncian. Presiento que la llamada a «Gara» anunciando la inmediata explosión de una bomba en el Bernabéu es cosa de otros, o de «altres». La locura independentista de determinados socios de nuestro actual Gobierno no se para en barras. Madrid significa para ellos la muralla insalvable. Y Madrid, que somos los madrileños y cuantos viven entre nosotros y ya son nuestros, sufre la injusticia y aguanta. Pero el precedente es terrible. Cualquier mal bromista puede conseguir que los estadios de fútbol, las plazas de toros, las salas de conciertos y de cine vivan en un permanente estado de amenaza. Han querido hundir a Madrid y han reforzado a Madrid. Los sentimos por los unos y por los otros, probablemente los «altres».

El acuerdo de Carod y Ternera
José CLEMENTE La Razón 14 Diciembre 2004

Gracias al acuerdo entre Carod-Rovira y Josu Ternera la banda terrorista ETA nunca realizará una falsa amenaza de bomba en el Camp Nou, como la llevada a cabo el domingo en el estadio Santiago Bernabéu. Gracias al acuerdo entre Carod-Rovira y Josu Ternera, por cierto, huido de la justicia española cuando se reunieron en Perpiñán y huido todavía para dirigir los designios del terrorismo vasco, Cataluña nunca sufrirá una campaña de bombas como la sufrida el puente de la Constitución en Madrid, ni se volverá a repetir un crimen como el de Ernest Lluc en el aparcamiento de su domicilio. Gracias al acuerdo entre Carod-Rovira y Josu Ternera los dirigentes políticos catalanes deberán llevar escoltas por si un vecino exaltado se enfada en una de sus visitas a los barrios, pero no por el miedo a que le salten la nuca hecha pedazos por un «gudari» vasco de esos que acostumbran a matar por la espalda y a quemarropa.

Gracias al acuerdo entre Carod-Rovira y Josu Ternera los dirigentes del FC Barcelona no deberán verse nunca en la tesitura de desalojar un estadio con 70.000 personas en 15 minutos y que ese desalojo se salde con un éxito tan apabullante como ejemplarizante. Gracias al acuerdo entre Carod-Rovira y Josu Ternera los catalanes podemos vivir tranquilos y sin temor a que nos coloquen una bomba-lapa en los bajos de nuestros coches, porque para eso ya está el resto de españoles que por su condición de españoles son merecedores de que les envíen a la luna o les salten la tapa de los sesos. Gracias también al acuerdo entre Carod-Rovira y Josu Ternera los deportistas catalanes y los aficionados del Barça pueden ir a disfrutar de buenas tardes de fútbol, porque los demás no tienen derecho a eso. Gracias, Carod.

Elogio de la política de pancarta
José A. SENTÍS La Razón 14 Diciembre 2004

El señor Rodríguez Zapatero, que es como se van a llamar ahora los miembros del Gobierno para quitarles tratamientos honoríficos, llegó a la Comisión del 11-M con dos ideas y dos mil papeles. Los segundos los leyó hasta la última coma, en una práctica interesante del filibusterismo parlamentario: cuanto más tiempo hablara él, menos le preguntarían los demás. Respecto a las dos ideas, eran bastante sencillas, por repetidas: el Gobierno Aznar mintió a los ciudadanos tras el atentado y ahora pretende generar confusión para no aceptar su derrota electoral; y el atentado fue obra en exclusiva del terrorismo islamista, cuya amenaza se agravó tras la guerra de Irak.

Entre las dos ideas y los dos mil papeles no estaba ninguna que le comprometiera aquellos días. No se acordaba de sus conversaciones con medios de comunicación y si en ellas había mencionado la teoría de los terroristas suicidas; y no tenía ningún conocimiento salvo indirecto de la participación de socialistas en la movilización antigubernamental de la opinión pública y en las manifestaciones de acoso a las sedes del PP en la jornada de reflexión. Y, como de las algaradas no tenía constancia, tampoco podía condenarlas, lo que, gallardamente, no hizo.

Más bien las justificó, como una respuesta ciudadana al engaño, lo que está muy bien en un presidente del Gobierno. Porque, si hay otras manifestaciones de acoso a otras sedes en una jornada de reflexión, siempre será cosa del libre albedrío de los ciudadanos y de su santa indignación, por encima de las leyes o de los usos democráticos.

Y, la verdad, el señor Rodríguez Zapatero no hubiera perdido nada condenando aquellas manifestaciones ilegales; ni reconociendo las manipulaciones del grupo mediático que le apoya. Pero no iba a decir que ganó las elecciones por el atentado, o tras el atentado, o gracias al atentado. Sí podía decir, y dijo, que el PP perdió las elecciones por su comportamiento ante éste y por la guerra de Irak, lo que, bien mirado, era reconocer lo anterior. Y tampoco Rodríguez Zapatero podía decir que él no le había achacado al Gobierno la responsabilidad en un atentado terrorista (con sus palabras tras el de Casablanca), por lo que volvió, en un inusual elogio a la política de pancarta, a apelar a la indignación ciudadana por la guerra de Irak como la causa de la derrota popular.

Y, por si el jardín en que se había metido no fuera suficiente, Zapatero quiso apuntillar al PP al espetarle que «no evaluó bien los riesgos y por eso no puso los medios» para evitar los atentados, lo que es anticipar que si en su etapa de Gobierno, Dios no lo quiera, hay otro atentado, será él mismo el que no haya evaluado los riesgos y no haya puesto los medios para impedirlo.

La otra idea, la que sostiene que el culpable del 11-M fue el terrorismo islamista, fue repetida hasta la saciedad. Porque Zapatero, con una investigación judicial a medias, ya sabe que los inductores sí se esconden en montañas o desiertos lejanos y los autores estaban en Leganés, Alcalá y Morata. Lo que no aclaró fue si los atentados había sido previstos antes de la guerra de Irak, aunque sí reconoció que el peligro se mantiene después de la retirada de las tropas, lo que parece muy contradictorio con la imputación al PP por la guerra.

Además del contenido, se vio a un presidente bajo un guión escrito por muchísimas manos más que la suya. Que sigue con su planteamiento simple pero eficaz de castigar los costados del adversario con la guerra de Irak. Que ahora canta la espontánea respuesta ciudadana en la calle, aunque luego, como gobernante, pueda arrepentirse. Que no tiene mucha esgrima parlamentaria, es reiterativo y espeso, pero tampoco tenía más oposición que el PP. Y fue su portavoz, Zaplana, el que le exprimió el jugo con un brillante interrogatorio que puso en evidencia la actuación socialista tras la tragedia, y, sobre todo, dejó al desnudo y poco sonriente a Zapatero: «Usted ha venido como agitador y ha mentido». La misma palabra, mentira, que silbó como cuchillo en el aire en todas las direcciones durante todo el día. Rubalcaba la empleó decenas de veces. Él sí es experto en su diagnóstico.

UNA COMISIÓN A CONVENIENCIA DE PARTE
Editorial ABC 14 Diciembre 2004

LA comparecencia del presidente del Gobierno ante la Comisión del 11-M refrendó el rumbo de esta iniciativa parlamentaria hacia un viaje circular por el terreno de los prejuicios y los enrocamientos, tal y como venían siendo expuestos desde hace meses. El jefe del Ejecutivo anunció, como es habitual en él, que su comparecencia tendría un tono amable y conciliador y que buscaría dar consuelo a las víctimas. Una programada campaña de filtraciones acompañó los días previos a Rodríguez Zapatero para allanar la estrategia que más le agrada: forzar continuos contrastes con su predecesor en el cargo, José María Aznar. Su larga comparecencia, reflejada en un cansancio que se acentuó en los últimos interrogatorios, estuvo orientada a ratificar el mismo mensaje que instaló el PSOE en la jornada de reflexión. Zapatero no se recató en hablar de un «engaño masivo» por parte del Gobierno del PP al manifestar que la autoría de ETA era la primera opción de los investigadores hasta el mediodía del 13 de marzo, en contra de las evidencias que, a juicio del jefe del Ejecutivo, apuntaban al terrorismo islamista.

RODRÍGUEZ Zapatero prodigó con soltura su apariencia amable y correcta, amplificando aquellos aspectos con los que se sentía más seguro en su discurso de reproche al PP: faltó empatía con la oposición socialista y nunca hubo un vínculo claro con ETA. El interrogatorio (de menos a más y de lo general a lo concreto) que realizó el portavoz popular, Eduardo Zaplana, también contribuyó a que el presidente se adornara con extensos circunloquios, sin entrar en el cuerpo a cuerpo, aunque por la tarde el cruce de reproches aumentó la tensión de una sesión de nuevo maratoniana. Zapatero para su intervención jugó con la ventaja de analizar lo ocurrido aquellos días con los datos ahora conocidos, realizando afirmaciones que, por convencido que esté, debería haber manifestado con fórmulas más moderadas. Se caracterizó por un exceso argumentativo y reiteró demasiadas veces opiniones arriesgadas, como que nunca existió una línea de investigación sobre la autoría etarra. Muchos son los funcionarios policiales que se habrán sentido desmentidos gratuitamente por el presidente del Gobierno, quien, sin datos concretos, dejó en evidencia a los mandos y expertos que han comparecido ante la comisión y que afirmaron lo contrario. Zapatero se escudó en varios informes policiales que llegaron justo a tiempo para que el presidente del Gobierno tuviera ocasión de leerlos «en tiempo real» ante la comisión. Por supuesto, ambos informes, relativos a la coincidencia de las «caravanas de la muerte» de ETA y los islamistas del 11-M y al robo de un coche por los etarras en la misma calle donde vivía el confidente Trashorras -episodios ambos atribuidos oficialmente al «azar»-, eran favorables a la tesis de Rodríguez Zapatero, que se parapetó tras los documentos policiales para negar conexión alguna entre ETA y los autores del atentado.

Algunos pasajes del testimonio del jefe del Ejecutivo resultaron inverosímiles, como cuando negó que hubiera recibido información procedente de fuentes policiales o relacionadas con la investigación, lo que deja sin explicar el privilegiado y erróneo conocimiento que tenía su partido sobre supuestas revelaciones; o cuando se mostró dubitativo acerca de sus conversaciones con determinado medio de comunicación al que transmitió la posible existencia de terroristas suicidas. En definitiva, no explicó la conducta de su partido en los días investigados, eludiendo incluso una condena explícita de las manifestaciones que acosaron las sedes del PP en la jornada de reflexión, llegando a deslizar alguna connotación comprensiva hacia los motivos de los manifestantes.

Ciertamente, sí hubo diferencias con la comparecencia de Aznar, pero no en cuanto al fondo y la forma de las intervenciones, sino en el escenario creado por los interrogadores. No hay más oposición que el PP. Los grupos minoritarios, en mayor o menor intensidad, se limitaron a facilitar al presidente del Gobierno sus ataques al PP. Tras oír a todos los portavoces cabría pensar que no son los populares los que tienen que asumir el resultado electoral del 14-M, sino los demás grupos parlamentarios, que actúan como si el PP aún estuviera en el poder.

EN primer lugar, queda saber cómo repercutirá esta comparecencia en las relaciones entre el Gobierno y la oposición. Desde luego, la intervención de Zapatero, bajo la apariencia formal del talante, tuvo poco de conciliadora, porque no quiso equilibrar los ataques con una actitud institucional que abriera expectativas para un mayor sosiego. Realmente no mostró interés en normalizar la relación con el PP, al que acusó de perpetrar un «engaño masivo», por lo que el pronóstico no invita a ser optimista. El presidente del Gobierno dejó sobre la mesa una propuesta muy genérica para un pacto contra el terrorismo internacional, que pretende llevar al Consejo Europeo de este fin de semana, y ofreció consenso para ampliar el Pacto por las Libertades a otros partidos. Algunos, como ERC, recibieron con indisimulada satisfacción una propuesta que debería contar con el visto bueno del PP. Cabe preguntarse, a la vista de la postura de cada una de las fuerzas políticas, si la Comisión de investigación ha servido para algo más que reafirmar las posiciones de partida. Porque si las revelaciones y los datos ofrecidos durante meses por los distintos comparecientes sucumben a apriorismos y a interesados juicios de valor, la verdad que salga de la comisión será una verdad a la medida de cada una de las partes, pero no la que merecen las 192 víctimas mortales del 11-M.

Matemática recreativa
Ramón Pi El Ideal Gallego 14 Diciembre 2004

Escribo cuando José Luis Rodríguez Zapatero apenas ha terminado su intervención inicial ante la comisión parlamentaria de investigación del 11-M y el debate acaba de empezar, así que únicamente tengo elementos de juicio para vislumbrar lo que el presidente del Gobierno ha querido transmitir.

Y lo que he visto son estos mensajes: primero, que los atentados sólo fueron islamistas; ni ETA, ni ellos mismos tuvieron nada que ver (excusa implícita, y ciertamente no pedida, lo cual quiero creer que es una excepción al dicho clásico, y que no es una autoacusación). Nada nuevo, pues.

Segundo, que las elecciones del 14 de marzo no tuvieron nada que ver con el estado emocional y los terribles hechos de los días 12 y 13; nada nuevo tampoco, pero cada vez que Rodríguez repite eso, la hipótesis contraria cobra nueva fuerza, qué le vamos a hacer.

Tercero, que el Gobierno surgido de aquellas elecciones ha trabajado como nadie contra el “terrorismo internacional”, como le gusta llamarlo.

Este último punto le salió muy endeble, demasiado endeble en mi opinión. ¿Es trabajar como nadie contra el terrorismo internacional ordenar la retirada inmediata de las tropas españolas de su misión pacificadora en Irak (porque a la guerra fueron cero soldados españoles)?

Después de esta espantada, interpretada en los medios informativos de todo el mundo, menos algunos españoles, como un acto de rendición a los terroristas, ¿se sienten más protegidos nuestros aliados gracias a nuestra política?

El alud de cifras sobre huellas dactilares analizadas, comunicaciones interceptadas, documentos intervenidos e interrogatorios y detenciones practicados, sencillamente no significa nada, es pura matemática recreativa.

Es como lo que hizo el Tribunal Constitucional, después de la memorable sentencia de Rumasa, reclamando su propia respetabilidad mediante la relación de otros cientos de sentencias muy razonables. Pero la sentencia de Rumasa se llevó por delante todo el trabajo bien hecho. Así es la vida.
ramon.pi@sistelcom.com

El Gobierno central se acoquinó ante ERC
Iñaki ZARAGÜETA La Razón 14 Diciembre 2004

El Gobierno central no se ha atrevido a tomar el camino puramente constitucional ni a afrontar el rechazo al «chantaje» de Josep Lluis Carod Rovira. Como sucede en estos casos, cuando se pretende agradar a todos, se deja a todos descontentos. Incluso ha caído en la contradicción de negar la denominación diferenciada del valenciano en un punto y a afirmarla en el correspondiente a los traductores.

Sé que es un asunto complicado en una sociedad heterogénea en este aspecto, pero que se simplifica si José Luis Rodríguez Zapatero se atuviera a cumplir las previsiones de la Unión Europea. Todo estaría solventado si se hubiera limitado a responder las consultas realizadas por Bruselas como había hecho en primera instancia el ministro Miguel Ángel Moratinos: remitir un memorándum de los idiomas que tienen estatuto de lengua oficial en España. Y ésas son cuatro, las consagradas en los Estatutos de Autonomía: catalán en Cataluña y Baleares, euskera en el País Vasco, gallego en Galicia y valenciano en la Comunidad Valenciana.

El problema surgió cuando se acoquinó ante la amenaza de Esquerra Republicana de Cataluña y modificó su decisión inicial, obligando así al Gobierno valenciano a defender la legalidad. A partir de ahí, el presidente Francisco Camps ha cumplido con su responsabilidad institucional y ha demostrado firmeza ante la injusticia. El problema es de futuro, ya que estoy convencido de que no va a tener tiempo para la relajación. Lamentablemente, desde el Gobierno central le darán más motivos de preocupación.

¿Panorama post-ETA?
Juan BRAVO La Razón 14 Diciembre 2004

La batalla contra el terrorismo etarra es dura, compleja y larga. Sin embargo, desde hace unos años, gracias al celo combativo puesto en marcha por el anterior Gobierno del PP, una labor en la que siempre se contó con el apoyo y la colaboración del principal partido de la oposición, el PSOE, se logró colocar contra las cuerdas a la banda asesina. Los triunfalismos son malos para rematar una batalla de años: la única salida que cabe para los terroristas es la derrota. Ayer, el portavoz del PP del País Vasco, Leopoldo Barreda, fue claro al afirmar que la «dura realidad» de las últimas bombas demuestra que no ha comenzado el «escenario post-ETA» del que habló el lendakari Ibarreche. «Ha habido quien vende la piel del oso antes de cazarlo y no se derrota a los terroristas dándoles por derrotados, sino con la aplicación de las medidas que han demostrado eficacia y que han llevado a los terroristas a su peor situación». Los que dan por derrotado al terrorismo hacen un flaco favor a la democracia y a las libertades, ya que lo que posibilitan es la «recuperación» de la infraestructura de ETA con su infravaloración de la capacidad para cometer atentados. Si ETA no mata es porque no ha podido. Al PNV y a EA se les ven demasiado las ganas de «recuperar» a Batasuna en las instituciones. De mirar para otro lado. Necesitan su apoyo al plan Ibarreche.

Los riesgos del excepcionalismo vasco
BORJA BERGARECHE/ABOGADO El Correo 14 Diciembre 2004

Mientras España celebra los 26 años de estabilidad constitucional y consolidación democrática, en Euskadi llevamos 26 meses con el plan Ibarretxe. Su progenitor trata de convencernos de que han sido 26 meses ilusionantes. Su intervención en el Parlamento vasco un año después del nacimiento de la criatura, el 26 de septiembre de 2003, llevaba por título 'Un año recorriendo el camino de la esperanza'. ¿Hacia dónde nos conduce tanta ilusión? Lo responsable sería que el PNV tuviera una estrategia de salida para este atolladero; si no es así, Euskadi estaría recorriendo más bien el camino de la irrelevancia.

Cataluña ha sido la protagonista de la Feria del Libro de Guadalajara. Allí, un barcelonés cosmopolita y antipatriota, Juan Goytisolo, ha sido galardonado con el Premio Juan Rulfo, mientras el presidente de la Generalitat, Pasqual Maragall, pronunciaba un discurso titulado 'Elogio de la hospitalidad', agradeciendo la acogida del Gobierno mexicano de Lázaro Cárdenas a los exiliados republicanos. Mientras Cataluña se viste de cultura, de memoria histórica y de identidades plurales, Ibarretxe rechaza la invitación a asistir a la reciente cumbre bilateral hispano-francesa alegando que «no podrá expresar su opinión».

Ibarretxe prefiere el excepcionalismo vasco. Al lehendakari no le gustan los foros multilaterales. Asistió incómodo a la Conferencia de presidentes convocada por el presidente Zapatero. Y ahora rechaza el foro hispano-francés, en el que sí participaron los presidentes de Cataluña, Aragón y Navarra. Al parecer prefiere volver, año tras año, a repetir en el Parlamento vasco lo mismo que dijo el año anterior. La repetición de un monólogo con los mismos actores no es expresar una opinión, es recitar una obra aburrida cuya influencia marginal en el auditorio desciende con el paso del tiempo.

Las ideas en política se ganan mediante el debate y la persuasión en campo ajeno, no en auditorios ya conquistados. El Gobierno tripartito de Cataluña está ejerciendo una influencia fundamental en el actual debate sobre la reforma de la Constitución porque somete sus propuestas a los principios del debate democrático en campo ajeno, y a la verdad elemental de que la realidad viene dada y que los derechos y las comunidades políticas son productos históricos, hijos por tanto de la mutabilidad de todas las cosas.

El excepcionalismo vasco es la pretensión del nacionalismo actual de que Euskadi gana manteniéndose al margen de los procesos de debate que ocurren a nuestro alrededor, y está impulsado por la pretensión ideológica de que los derechos históricos son la verdadera constitución del Pueblo Vasco, presentando marcos jurídicos de un ámbito mayor que el vasco, como la Constitución española o los Tratados de la UE como ajenos, impuestos, y contrarios a los derechos originarios del Pueblo Vasco.

El excepcionalismo vasco implica un miedo al campo contrario temeroso de que los vínculos con el exterior comprometan la pureza de los propios planteamientos. Acudir a foros en los que la ikurriña ondee en lo más alto supone aceptar la realidad de que Euskadi forma parte de una serie de procesos políticos en el ámbito regional, español, europeo y global que desmontan la pretensión básica de ese excepcionalismo: que el Pueblo Vasco es tan diferente, que hasta que no se reconozca nuestra diferencia originaria, permanente e indeleble, no someteremos nuestro destino político a los principios de mutabilidad y contingencia histórica. Mejor vivir absortos en nuestro 'conflicto vasco' que aceptar jugar sin ventaja el juego de la realidad circundante.

El excepcionalismo por antonomasia es el americano: la creencia en que las circunstancias únicas por las que se crearon los Estados Unidos de América y su ubicación entre dos océanos determinan una misión especial de la nación americana en el mundo, la de expandir los valores de la libertad y de la democracia mediante una acción exterior basada en las convicciones morales de la nación.

El nacionalismo vasco mayoritario también intenta construir un destino único para la nación vasca, olvidando dos elementos fundamentales: que aún no somos nación porque Euskadi no es una comunidad políticamente vertebrada, y que toda pretensión de construcción nacional debe empezar por derrotar a ETA, defendiendo un proyecto de comunidad vasca lo más alejado de la Euskadi que quiere ETA, como suele insistir Joseba Arregi en estas páginas.

Lo que realmente hace a Euskadi diferente es tener un Gobierno en minoría incapaz de abarcar o embarcar a todos los vascos bajo su proyecto político; que la oposición política a ese Gobierno deba preocuparse más de su supervivencia que de la labor de crítica al Ejecutivo; que un antiguo miembro del Parlamento vasco esté ahora a la cabeza del terrorismo vasco; que cuando la recuperación de la memoria histórica florece en todas las regiones de España, en Chile o en París, en Euskadi apenas hay estudios sobre la Guerra Civil y la dictadura sino mitos y falsedades; que cuando España y Europa avanzan por la senda del constitucionalismo democrático, el lehendakari nos dice que nosotros no necesitamos constitución escrita, que lo nuestro es el pasado.

Carlos Fuentes lo cuenta en 'Los Años con Laura Díaz': «Laura Díaz recordaba las palabras de Jorge Maura. Hay que diversificar la vida. Hay que perder la ilusión de la unidad recobrada como llave de un nuevo paraíso. Hay que darle valor a la diferencia. La diferencia fortalece la identidad».

Nadie cuestiona la legitimidad del nacionalismo vasco de aspirar a la construcción nacional de Euskadi, un proyecto que obtiene la mayoría de los votos de la ciudadanía de la Comunidad Autónoma Vasca. Pero ese proyecto debe basarse en la normalidad y no en la excepcionalidad, entendiendo por normalidad asumir la pluralidad de la sociedad vasca como elemento fundacional de nuestra identidad, así como la imperfección de los marcos jurídicos y la necesidad de renunciar a los objetivos absolutos en el nombre de la política y de la realidad circundante. Influir y no aislarse, como afirma el manifiesto fundacional de Adaketa: «Si algo nos garantiza a los vascos, como país y como sociedad, un futuro en el marco europeo es que la España democrática sea fuerte en Europa y que Euskadi influya decisivamente, con ambición y liderazgo, en la definición global de la política española».

Ignominia
Cartas al Director ABC 14 Diciembre 2004

Nuestro Gobierno, dirigido bajo cuerda por Maragall, está financiando la destrucción de España con el dinero de los españoles. Después vendrá la colonización de nuestra patria por los separatistas. En realidad, esa colonización empezó hace tiempo, pues los separatistas llevan décadas colocando a agentes suyos en las instituciones del Estado y en las entidades y las empresas de ámbito nacional, muy especialmente en las relacionadas con los medios de comunicación. Semejante situación, unida a las dictaduras antiespañolas implantadas de facto en Vascongadas y Cataluña, constituye una ignominia que pone a prueba la dignidad de todos los españoles y, en primer lugar, la de aquellos que han sido despojados de sus derechos constitucionales y condenados a muerte civil. Ramón Ibero. Sabadell.

Decisión política
Cartas al Director ABC 14 Diciembre 2004

Saramago, al referirse a su última novela, «Ensayo sobre la lucidez», señala que ha pretendido ridiculizar al poder: «Ese poder que nos mira como si fuéramos peones de un juego de ajedrez a los que pueden manipular a su gusto». Podría ser una frase de tantas, si no fuera porque refleja el sentir de un colectivo de trabajadores, entre los que me encuentro, que por una decisión meramente política nos vemos abocados a trasladarnos a Barcelona o a renunciar a nuestro puesto de trabajo, obtenido mediante un concurso-oposición público. ¿Cómo es posible que para un Gobierno socialista sólo seamos ciento cincuenta peones cuyas vidas personales y trayectorias profesionales se pueden manipular y truncar fácilmente, en aras de, no se sabe qué, interés político? Y si, efectivamente, el interés nacional o catalán está por encima del bienestar individual, ¿No es propio de un Gobierno socialista velar por los trabajadores evitando que se vean perjudicados por tamaña decisión? ¿Es éste el nuevo «talante» Zapatero?

Angélica Marugán y otros 68 trabajadores de la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones. Madrid.

¿Asesinato?
Edurne Zarraoa Gabikagogeaskoa/Getxo. Vizcaya El Correo 14 Diciembre 2004

Cuando decenas de miles de vascos, que en su día huyeron de su tierra debido a la insoportable presión de ETA y del nacionalismo, vuelven al País Vasco a visitar a sus amigos y familiares, nadie les subvenciona el viaje. Y si tienen un accidente, nadie dice que han fallecido debido a una 'asesinato de Estado' del nacionalismo vasco. Lo mismo les pasa a los familiares de los 900 muertos que en la más absoluta soledad vienen a visitar los cementerios y no se encuentran pancartas de apoyo ni aurrezkus de honor.

Cuando un amigo mío, vasco por los cuatro costados, fue encarcelado hace 15 años en el Puerto de Santa María por un delito de drogas ningún abertzale pidió su traslado al País Vasco. Ahora, la madre de un etarra encarcelado ha fallecido en un accidente de tráfico y se ha armado la de Dios es Cristo. ¿Dónde estaban y qué decían los mismos que, aprovechado que el Pisuerga pasa por Valladolid, hablan de 'asesinatos de Estado' y de 'presos recluidos en oscuros agujeros de Alcalá-Meco' cuando Ortega Lara fue encarcelado y torturado en un inmundo cuchitril? Ni él ni todos los que le precedieron disfrutaron de las visitas de sus familiares. Pero es que además algunos, como Miguel Ángel Blanco, fueron asesinados, en el sentido más literal de la palabra.

Alemania reformará su Constitución para recortar poder a los gobiernos regionales
Prevé reducir las competencias del Senado, que obstaculiza la aprobación de las leyes federales
Alemania ultima estos días los detalles de la mayor reforma de su sistema federal desde la reunificación. El objetivo es agilizar la toma de decisiones en el sistema político, restar poder al Bundesrat, la cámara de representación regional, y establecer un nuevo reparto de competencias entre el Estado federal y los «Länder». Al final de esta semana, la comisión interparlamentaria encargada de la reforma del federalismo debe concluir sus trabajos después de un año de debates. El Bundestag y el Bundesrat deberán dar luz verde en 2005 a la reforma, que implicará cambios en la Constitución.
Schröder saldrá ganando con la pérdida de poder del Senado, donde la coalición rojiverde se halla en minoría para aprobar sus leyes
Beatriz Juez La Razón 14 Diciembre 2004

Berlín- Alemania se prepara para aprobar «la madre de todas las reformas», como la ha definido el presidente de Baviera y líder de la Unión Social Cristiana (CSU), Edmund Stoiber. Cincuenta y cinco años después de la adopción de la Ley Fundamental, el sistema federal alemán no funciona tal como los padres de la Constitución alemana pensaron. Aunque nadie en Alemania pone en entredicho el federalismo en sí, los políticos consideran que el sistema actual tal y como está diseñado está obsoleto.

Tras 14 meses de debate, la «Comisión para la reforma del orden constitucional», compuesta por 32 miembros del Bundestag y del Bundesrat, tiene previsto aprobar el viernes la mayor reforma del sistema federal desde la reunificación alemana. Los copresidentes de la comisión, el socialdemócrata Franz Müntefering, y el conservador Edmund Stoiber, presentaron ayer a los partidos políticos un documento de 22 páginas con propuestas para un nuevo reparto de competencias entre el Gobierno federal y los «Länder» o Estados federados.

La reforma implicará cambios constitucionales. Por eso el Bundestag, el Parlamento federal, y el Bundesrat, la Cámara donde están representados los Länder, deberán aprobar los cambios, en 2005, por una mayoría de dos tercios. Los políticos alemanes vienen denunciando que esta cámara se ha convertido en la práctica en «un órgano de veto» que dificulta la labor gubernamental. Sobre todo si, como ocurre ahora, los partidos de la oposición son mayoritarios en el Bundesrat y utilizan este organismo para echar por tierra la política del Gobierno.

En los últimos años, para aprobar la nueva ley de inmigración o la reforma sanitaria hubo que recurrir al Comité de Conciliación porque el Gobierno de coalición entre socialdemócratas (SPD) y Verdes y la oposición conservadora (CDU/CSU) no se ponían de acuerdo. Para evitar que esto siga ocurriendo, la comisión parlamentaria quiere reducir el número de leyes que necesitan el visto bueno del Bundesrat para su aprobación del 60 por ciento actual al 35 ó 40 por ciento. A cambio, los Estados federados o «Länder» ganarán autonomía legislativa al fortalecerse el papel de los Parlamentos regionales.

Otra de las novedades será la introducción del Pacto de Estabilidad y Crecimiento de la Unión Europea en la Ley Fundamental. Los 16 Estados federados alemanes se verían así obligados a compartir con el Gobierno federal la multa de Bruselas en caso de que Alemania incumpla, como viene haciendo desde hace tres años, el límite del tres por ciento de déficit fijado en el pacto del euro. Sin embargo, todavía no se han cerrado el reparto de competencias en cuestiones clave como la educación, el medio ambiente y seguridad interior. El Gobierno central quiere además aprovechar la reforma para quitar poder a los Estados federados en Bruselas.

Gotzone Mora
Por Carmen Leal La Revista Libertad Digital 14 Diciembre 2004

La conocía porque había asistido a varias conferencias dadas en Barcelona (en una de ellas el Rector de la Universidad no le había permitido expresarse en la Universidad , la noticia salto a los medios de comunicación y se abarrotó la sala para oírla, tuve que hacer media hora de cola para entrar). Había oído sus declaraciones en radio y en televisión. Después habíamos coincidido en distintos eventos y la relación fue mas cercana, más cálida.

Habíamos comido en la misma mesa y compartido las mismas inquietudes pero nunca había tenido tanto tiempo para hablar con Goztone en un tete a tete hasta el sábado pasado, después de su magnífica ponencia sobre el bilingüismo en las escuelas vascas en las "Jornadas de Bilingüismo escolar" a la que fui especialmente invitada por la Asociación de Profesores por el Bilingüismo celebrada los días 3 y 4 en Barcelona. La conclusión de su ponencia es la de constatar que se primó en un principio el conocimiento de la lengua vasca como forma de iniciar una recuperación del la lengua vernácula y ahora se ha convertido en un medio de selección injusto a todas luces. Cinco puntos el doctorado, diez puntos el conocimiento de la lengua vasca. Además, en la escuela pública, se ideologiza a los alumnos en la doctrina nacionalista.

Pequeña, delgada, ojos vivaces, sonrisa franca, pelo de suavidad infantil peinado al descuido. Es una vasca universal de aspecto frágil y nervios de acero. La conversación se desliza con sintonía total. Es de las personas que son capaces de generar empatía con su sola presencia.

- Pues sí, me dice, aquí con mis "chicos " (los escoltas) a todos los lados. Son mi segunda piel, como los ángeles de la guarda
- Pero, vivir así es un "no vivir"
- Mira, aunque el miedo planea sobre nuestras mentes, tratamos de minimizarlo. Lo mío lo asumo bien, lo que me cuesta mas es asumir que puedan hacer daño a alguno de los míos. Además, me ayuda mucho sentir el cariño de la gente desconocida. Hoy mismo ha venido el comandante del vuelo regular de Iberia a saludarme y a decirme que era un honor llevarme a Barcelona. Después al llegar al hotel una señora desconocida me ha abrazado. También hay momentos cómicos como cuando tengo que ir a comprarme ropa y los escoltas tienen que entrar antes a los probadores Claro que también hay momentos duros, muy duros. El ver a mis escoltas sufrir en la Universidad, los continuos insultos y, todavía no hace mucho algunos zarandeos, las pintadas alusivas "Gotzone Mora Eta matala", las dianas con tu rostro o el de los amigos, los funerales de tantos y tantos asesinados, los juicios donde veo a los etarras arropados por los suyos y las victimas, casi desamparadas Tengo que seguir luchando por la libertad, ahora no hay libertad para, al menos, la mitad de los ciudadanos de Euskadi . Y tengo que decirlo, no me van a callar sin que la presencia de sus cercanos, amigos y convecinos, pueda darles el ánimo que la situación requiere.....

- Gotzone, hay profesores que se han ido de las Vascongadas. ¿No te has planteado alguna vez dejar todo esto, esta vida ?
- Mira, Carmen, a mi me llegan cartas de alumnos, anónimas, diciéndome que no me vaya, que necesitan referentes, que ellos también tienen miedo. Mi lugar esta en Bilbao, en mi casa y en mi lugar de trabajo, mi Universidad, y si me voy, los terroristas nos han ganado un poco mas la batalla, me han ganado.

- ¿Te das cuenta de que te juegas la vida continuamente? ¿Vas a poder resistir la presión a la que te someten a ti y a tu familia?
- Ya te he dicho que lo de mi familia lo llevo muy mal. Mi marido me ha llamado hoy cuatro veces. Pero lo peor es la incomprensión y las descalificaciones de algunos de los compañeros de mi mismo partido. Fíjate, me concedieron la Encomienda de Número al Mérito civil. Pues me llamó el Delegado del Gobierno, de mi partido, para decirme que me la habían concedido, pero que no me la imponía ni me la entregaba porque "habia sido concedida por un gobierno impresentable" (se refería al gobierno de Aznar). Le contesté que no me parecía bien su actitud. ¿Qué te hubiese parecido , le argumenté, que el gobierno de Aznar se hubiese negado a imponer una medalla, concedida por el gobierno de Felipe Gonzalez?

- Desde luego eres un ejemplo de valor, tesón en la lucha por la libertad.
- Ha venido una periodista americana a compartir veinticuatro horas de mi vida cotidiana en Bilbao y he sido portada en The Wall Street Journal, en medio mundo se va a conocer la situación predemocrática que vivimos en el País Vasco. No se si eso es valor, yo sólo le llamo deber, un deber que yo me he impuesto recordando la memoria de las víctimas del terrorismo etarra. Me decís que llevo muy mala vida, que esto no es vida. Es la vida que libremente he elegido. Una vida de lucha por la Libertad, por la Libertad para todos por igual.

Así es Gotzone Mora. El paradigma de mujer valiente, con unos principios sólidos, que se juega la vida conscientemente para conseguir la Libertad para todos en una España constitucional.

Carmen Leal es Secretaria de la Asociación de Profesores por el Bilingüismo (APB)

España pide en Bruselas reconocimiento para «todas las lenguas oficiales»
Camps advierte que la Generalitat recurrirá el memorándum en los tribunales en defensa del valenciano, «porque si no -dijo- romperíamos un patrimonio español»
E. SERBETO/M. CONEJOS ABC 14 Diciembre 2004

BRUSELAS/MADRID. Aunque el ministro de Asuntos Exteriores habló con razón de «día importante para los ciudadanos de las comunidades autónomas con lenguas oficiales propias», el memorándum presentado ayer para pedir el reconocimiento de «todas las lenguas oficiales en España» tardará en ser debatido y votado, porque -como era de esperar- ha encontrado poco entusiasmo en los demás países miembros.

Miguel Ángel Moratinos prometió que «estaremos vigilantes y no dejaremos que este proyecto duerma el sueño de los justos», pero está prácticamente descartado que haya cualquier decisión antes del referéndum de ratificación del Tratado Constitucional, previsto para febrero.

«Lenguas de trabajo»
El memorándum insiste en la polémica descripción de la «lengua que se denomina catalán en la Comunidad Autónoma de Cataluña y en la de las Illes Balears y que se denomina valenciano en la Comunidad Valenciana», el euskera y el gallego, y pide que sean consideradas «lenguas oficiales de trabajo» solamente a los efectos descritos en el mismo documento. En la práctica, un ciudadano podrá dirigirse a las instituciones europeas en una de las lenguas cooficiales en las comunidades autónomas donde estas existan, pero siempre pasando a través del Gobierno español, que se encargaría de las correspondientes traducciones al o desde el castellano.

A pesar de la idea de que a efectos formales se las considera como lenguas «oficiales de trabajo», la formulación que se ha propuesto haría que en caso de discrepancias de interpretación, el uso del catalán o de las demás lenguas autonómicas españolas quedara siempre supeditado al de las que actualmente son las veinte oficiales, incluyendo el castellano. El Gobierno ofrece correr con «todos los gastos administrativos que se deriven para las instituciones y otros organismos de la Comunidad Europea por la utilización de las lenguas» a las que se refiere este proyecto.

El Gobierno pagará los gastos
El representante de Irlanda en el Consejo Europeo habló ayer también a favor de su propia petición de reconocimiento oficial del irlandés, y este es por ahora el principal apoyo de las aspiraciones españolas. En el Parlamento Europeo, el Gobierno español deberá anunciar con una semana de antelación la intención de alguno de los eurodiputados de hacer uso de una lengua que no sea el castellano, aunque también tiene que proporcionar los intérpretes adecuados y correr con todos los costes.

Si un diputado quiere intervenir en euskera o en catalán, el traductor de la cabina española, que normalmente estaría en silencio, traducirá al castellano el discurso para que los demás intérpretes puedan hacerlo a su vez a las demás lenguas oficiales, de manera que el contenido del discurso pasará por tres lenguas.

También se propone que cuando asistan consejeros autonómicos a los consejos de ministros sectoriales, también se pueda hacer uso de las lenguas autonómicas, en una modalidad parecida a la del Parlamento Europeo, aunque desde hace tiempo en estas reuniones los ministros utilizan casi siempre el inglés para ahorrar tiempo y estar seguros de que sus mensajes son comprendidos directamente.

Camps: proteger el valenciano
El presidente de la Generalitat Valenciana, Francisco Camps, apeló a la defensa de las señas de identidad, que «la Constitución Española especifica que se han de proteger porque son la riqueza de España». Según el presidente autonómico valenciano, «siempre hemos llamado a nuestra lengua valenciano. Refleja una forma de ser y unas tradiciones históricas y enriquece a nuestro país, porque cuando un ciudadano de mi Comunidad utiliza el valenciano se siente un español que habla valenciano».

Por ello, la actitud del Gobierno de Zapatero no gustó al jefe del Consell, quien anunció que «seguiremos adelante y recurriremos a los tribunales el memorándum que se ha presentado, porque si no estaríamos rompiendo un patrimonio español».

La presión de ERC, «que no cree en España», ha surtido efecto sobre el Gobierno, según Camps, quien indicó que «he detectado debilidad en el Gobierno, que ni en el memorándum ha cumplido con la ley, y ha sido desleal con la Comunidad Valenciana».

Camps destacó que «con las lenguas no se puede o no se debe hacer política y el que lo utiliza no es amante de la lengua», y terminó asegurando que «la lengua es un vehículo de transmisión de ideas y se inventó para acercarse, no para diferenciarse».
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