AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 20 Diciembre 2004
LA HORA ESTELAR DE LOS COBARDES
MIKEL BUESA ABC 20 Diciembre 2004

ZP o de la Constitución al caos
EDITORIAL Libertad Digital 20 Diciembre 2004

Terror y petróleo
Editorial La Razón 20 Diciembre 2004

Ajenos al escarmiento
Luis GONZÁLEZ SEARA La Razón 20 Diciembre 2004

TRÁFICO DE SENTIMIENTOS
Jorge TRIAS SAGNIER ABC 20 Diciembre 2004

LOS INFATIGABLES
Jaime CAMPMANY ABC  20 Diciembre 2004

El agua, la lengua y ¿la liga
Iñaki ZARAGÜETA La Razón 20 Diciembre 2004

Los retos de Piqué
Francisco MARHUENDA La Razón 20 Diciembre 2004

ARCHIVO DE DISCORDIA
Editorial ABC 20 Diciembre 2004

La República
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 20 Diciembre 2004

LA SOLEDAD DEL PP
GERMÁN YANKE ABC 20 Diciembre 2004

Disculpas con cava
Luisa PALMA La Razón 20 Diciembre 2004

La comunidad
FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo 20 Diciembre 2004

Falacias comúnmente aceptadas
Fernando Díaz Villanueva Libertad Digital 20 Diciembre 2004

El plan de Ibarretxe
Editorial El Ideal Gallego 20 Diciembre 2004

Ocasiones perdidas
JOSEBA ARREGI El Correo 20 Diciembre 2004

Babel
JUAN C. MARTÍNEZ La Voz 20 Diciembre 2004

Su voto tiene un coste
Cartas al Director ABC 20 Diciembre 2004

El agente Campillo teme que la banda con policías que protegía a Toro y Trashorras intente matarle
Libertad Digital 20 Diciembre 2004

Zaplana cree «peligroso» abrir el debate del Estatuto vasco y Camps defiende la «nación frente a la contraprestación»
I. BLASCO ABC  20 Diciembre 2004

Nicolás Redondo Terreros: «El PSE quiere cambiar el Estatuto para poder negociar con el PNV»
C. Gurruchaga La Razón 20 Diciembre 2004



 

LA HORA ESTELAR DE LOS COBARDES
por MIKEL BUESA. C atedrático de la Universidad Complutense de Madrid ABC 20 Diciembre 2004

AUNQUE el curso de los acontecimientos se desenvuelve a veces con vertiginosa velocidad y da lugar a una efímera persistencia de su recuerdo, lo que no es sino la antesala de la desmemoria, conviene de vez en cuando volver a su evocación para no perder el rumbo de la política correcta y evitar así que la acción partidaria se resuelva en un cúmulo de despropósitos oportunistas.

En poco más de año y medio hemos visto así que, tras la ilegalización de Batasuna y su inclusión en las listas internacionales de organizaciones terroristas, el presidente del Parlamento vasco, acompañado de algunos de los miembros de su mesa de portavoces, en un acto que podrá llegar a ser invocado como el preludio de la insurrección, declaraba su insumisión a las resoluciones del Tribunal Supremo negándose a dar efecto a la disolución de ese partido. No es de extrañar en una persona que, según escribió en cierta ocasión, teme que los batasunos «nos retiren definitivamente el uso de la palabra».

Después vino el lehendakari Ibarretxe a presentar el texto articulado del plan que lleva su nombre -cuyo anuncio como promesa de paz y de progreso, se había producido un año antes-, revalidando de esta manera el viejo pacto de su partido con ETA y mostrando que pueden asumirse los objetivos secesionistas de la banda terrorista presentándolos, con toda desfachatez, como el comienzo de una nueva relación amable entre Euskadi y España. El presidente del Gobierno vasco temía perder, seguramente, los réditos políticos que, para el nacionalismo, se han derivado del ejercicio de la violencia, dentro de ese marco de división del trabajo que, con certera precisión, llegó a definir Arzalluz con su teoría del «árbol y las nueces». Ventajas políticas fueron también las que, unos meses más tarde, buscó el líder de ERC al concertar con ETA la creación de una zona libre de atentados en Cataluña. El miedo de los catalanes a sufrir los devastadores efectos del terrorismo quedaba así mitigado, produciendo de paso una sustanciosa renta electoral.

Más tarde nos enteraríamos de que los miembros de la que, con evidente exageración, ha sido denominada, por los gobernantes nacionalistas, como «cúpula gastronómica vasca», se encuadraban en el grupo de los que han cedido a la extorsión etarra. Esos mismos gobernantes los equipararon a las demás víctimas de ETA -sin que éstas, muertas o heridas, entre otras cosas, gracias al dinero aportado por aquellos, pudieran oponer nada a semejante asimilación-, destacando que el miedo de esta elite cocineril justificaba suficientemente su comportamiento.

Sería en este ambiente tan proclive a disculpar el colaboracionismo con las organizaciones terroristas, en el que, ya muy recientemente, Batasuna trató de recuperar la iniciativa en un intento de paliar su pérdida de papel político, convocando un mitin vacío de mensajes novedosos en San Sebastián. Y entonces llegó la apoteosis: todos los que deseaban ser marcados con la señal de Caín para que ETA no los mate, se apresuraron a practicar la exégesis de tan trascendente acontecimiento para clamar por un retorno al estatus anterior a la aplicación de la ley de partidos e incluso a la suspensión decretada por el juez Baltasar Garzón en agosto de 2002. Así lo hicieron, entre otros, el alcalde socialista de esa ciudad, los portavoces del gobierno regional, los dirigentes nacionalistas vascos y catalanes, y también los máximos representantes de la izquierda comunista. Más aún, no contentos con semejante pretensión, rozando la alabanza del crimen, pasadas dos semanas, mostraron su simpatía, su afinidad, su fascinación por la violencia, acogiendo con calurosa amabilidad a los dirigentes de Egunkaria, los últimos procesados por un delito de asociación ilícita subordinada a ETA. Y, así, se pudo ver al lehendakari Ibarretxe recibiéndolos en la sede de la presidencia vasca, a los portavoces de los grupos nacionalistas y de Izquierda Unida prestándoles las dependencias del Congreso de los Diputados para su propaganda, al cesado Arzalluz presidiendo la delegación que los acompañaba a la Audiencia Nacional y, redondeando la faena, a la Diputación Foral de Guipúzcoa concediendo a uno de ellos su premio a quienes mejor defienden los Derechos Humanos.

Este delirio, este frenesí inducido por el miedo marca la hora estelar en la que los cobardes pretenden hacer de su pusilanimidad un valor moral que sirva de guía al conjunto de la sociedad. Pues no puede olvidarse que, como desde su experiencia de pensador y soldado señaló Glenn Gray, «los cobardes son los que mejor entienden la psicología del miedo». Son ellos los que ahora nos dicen que debemos claudicar ante el terrorismo, que es mejor negociar con los que hacen de la violencia su instrumento de acción política, que salvemos la vida a cambio de la libertad. Y lo hacen porque, como añade el mencionado autor norteamericano, a ellos «les falta, ante todo, la sensación de estar unidos a sus semejantes; ...son incapaces de comprender que otros valores pueden igualar o superar al de su propia vida, ...como el deber, el honor o el respeto de los amigos».

La cobardía se adueña así, de manera creciente, de la sociedad española. En ella, se admite cada vez más que el miedo disculpa a los que ceden al pillaje del terrorismo nacionalista, a los que conciertan con él su salvación particular a cambio de favores políticos, a los que ejercen la insolidaridad mirando hacia otro lado para no percibir los letales efectos de la violencia, a los que alegan su ignorancia para no tener que enfrentarse ante la evidencia del crimen. La cobardía se está configurando, paradójicamente, como uno de los valores mejor aceptados por los españoles que buscan su guía moral, de una u otra forma, no sólo en las fuerzas políticas nacionalistas, sino también en las de la izquierda. Estas últimas se muestran cada vez más alejadas de la vieja tradición republicana; esa tradición que el francés Jean Laffitte supo reflejar en sus observaciones sobre los anarquistas, socialistas y comunistas deportados en Mauthausen, cuando señaló que «un español que tenga una necesidad, sea cual sea, cuenta con la ayuda de los demás españoles», antes de añadir que «todos los españoles se deben entre sí ayuda y asistencia, según el principio por el cual quien ataca a un español agrede a todos los españoles», y de concluir que, entre aquellos desterrados cuya ejemplaridad hoy se reconoce universalmente, sólo se despreciaba a «dos clases de hombres: los cobardes y los traidores».

Por todo ello, si se quiere evitar que de manera definitiva en España se pierdan los valores morales que nos han permitido llegar a ser una de las naciones más antiguas de Europa, se hace necesario poner freno al avance invasivo de la cobardía. Para esta tarea la izquierda está llamada a recuperar su viejo latido solidario e insertarlo, superando definitivamente el oportunista discurso del enfrentamiento civil entre los españoles, en el marco constitucional hoy vigente. Algo que ya ha hecho la derecha, dando en esto un ejemplo que no puede negarse, al depurar, dentro de ese mismo marco, la doble tradición cristiana y liberal de la que ha sido heredera.

ZP o de la Constitución al caos
EDITORIAL Libertad Digital 20 Diciembre 2004

La propuesta de reforma de Estatuto de Autonomía aprobada por los socialistas vascos este domingo, por mucho que su secretario general, Patxi López, lo haya querido desmarcar del Plan Ibarretxe, constituye la consumación de un gravísimo paso más de acercamiento al nacionalismo vasco que, por sí mismo, entra en confrontación directa con el modelo de Estado recogido en nuestra Carta Magna. Si nuestra Constitución dice fundamentarse en la nación española, los socialistas vascos se suman ahora a la cantinela nacionalista de que España es un “Estado plurinacional” y Esukadi, una “comunidad nacional”. Los socialistas vascos, en lugar de fortalecer junto al PP un frente común ante al envite secesionista de los nacionalistas, pretenden ahora erigirse como una falsa y no menos inviable tercera vía que, en lugar de venir a fortalecer los principios constitucionales, va a excitar todavía más el radicalismo del nacionalismo gobernante.

De hecho, se trata de una propuesta casi calcada de la que quiere llevar a cabo Maragall de la mano de los independentistas catalanes. El presidente socialista de la Generalidad ha vuelto este domingo a declarar su deseo de que el nuevo estatuto de autonomía declare a Cataluña como “nación” y a España como “nación de naciones”. Para colmo, Maragall ha confesado que no se contentará ni con su propia “solución” al supuesto problema autonómico, pues “si esto sale bien hay para 25 años, pero nunca cerraremos el modelo de Estado”.

Frente a la consumada deriva nacionalista de socialistas vascos y catalanes, resulta o una burla o un hipócrita intento de maquellaje que el ministro socialista Bono se haya descolgado este domingo con unas declaraciones en las que reivindicaba "más España", "más Constitución", "más igualdad" y "más sentido común" frente a los que "quieren dividir lo que nos une" o "exhibir más derechos que el vecino".

Lo que impone el sentido común o el más elemental sentido de la coherencia es que en un partido como el PSOE, que además ejerce el Gobierno de la nación, no existan voces tan dispares en asuntos tan fundamentales para nuestra convivencia política como es el modelo de Estado. Permitir que las autonomías puedan erigirse como “comunidades nacionales” o como “naciones” significa, ni más ni menos, la fragmentación de la soberanía del pueblo español y acabar con la nación española. Una nación, ni política, ni legal, ni lógicamente puede estar constituida por varias naciones, y pretenderlo supondría no ya una reforma de la Constitución sino su final y el de la nación en la que se fundamenta.

Ante esa abierta deriva del principal socio del PP en el Pacto contra el Terrorismo y por las Libertades —que viene, además, a sumarse a las recientes declaraciones de representantes socialistas partidarios de legalizar a Batasuna— cabe que Rajoy solicite una reunión de urgencia del Pacto o bien que interpele públicamente a Zapatero sobre esta cuestión. Ya es lamentable que el presidente del Gobierno tolere este desgobierno tanto de España como de su partido, pero lo que tampoco es admisible es que el líder de la oposición vuelva a las andadas del perfil bajo manteniéndose impasible ante un caos que no sólo afecta al PSOE sino a los fundamentos constitucionales de España.

Terror y petróleo
Editorial La Razón 20 Diciembre 2004

Es muy poco probable que Al Qaida tenga los medios precisos para conseguir una disminución significativa del flujo del petróleo de Oriente Medio hacia el mercado occidental. El problema es que no es ése su objetivo, sino uno mucho más simple y que sí está a su alcance: basta con llevar el pánico a los mercados internacionales para que, en conjunción con los especuladores de siempre, el barril de crudo experimente alzas que nada tienen que ver con la pura mecánica de la oferta y la demanda. De esta forma, el déficit energético de Europa y Estados Unidos se convierte en una baza para el terror de previsibles consecuencias. Si a esta circunstancia se le suma la realidad de que las emergentes economías iberoamericanas y asiáticas, especialmente Brasil, China y la India, van a multiplicar el consumo energético mundial en las próximas dos décadas, podremos comprender todo el alcance de la amenaza.
Uno de los rasgos que distinguen a Ben Laden sobre el resto de los diversos «profetas» del terrorismo islamista es que el saudí conoce a la perfección los mecanismos financieros sobre los que se asienta la economía occidental y los reflejos condicionados de sus gestores. Y es perfectamente consciente de que creando las condiciones adecuadas se puede provocar un movimiento de reacción infinitamente mucho más dañino para la estabilidad de Occidente que la continua sangría iraquí.

Por supuesto, uno de los elementos clave de esta estrategia descansa sobre la propaganda y la infinita capacidad que tienen los medios de comunicación europeos y norteamericanos para hacerla llegar a todos los rincones del globo. La interrupción parcial de un oleoducto, ya sea en Iraq o en Arabia Saudí, insignificante en sí misma, cobra su verdadero efecto gracias a la difusión de las imágenes del crudo en llamas. Pero la repetición de esos actos se convierte, a la larga, en un hecho anodino que desaparece con relativa premura de las programaciones. De ahí la necesidad de provocar atentados «espectaculares», como el hundimiento de algún superpetrolero cerca de la costa, es decir, de las cámaras de televisión, con sus secuelas de muerte, fuego y contaminación. Porque, no lo olvidemos, de lo que se trata es de llevar a la conciencia del consumidor la inminencia de una crisis de abastecimiento, sea ésta real o no.

El eje Canarias-Estrecho-Baleares, por donde discurre la mayor ruta enérgetica, recupera, de esta forma, su verdadera dimensión estratégica. Dos o tres golpes desgraciados en un punto tan sensible pueden causar unos efectos absolutamente desproporcionados sobre el mercado mundial del crudo. Lejos de cualquier alarmismo, hace bien la OTAN en extremar la vigilancia.

Ajenos al escarmiento
Luis GONZÁLEZ SEARA La Razón 20 Diciembre 2004

Uno de los rasgos más peculiares de la ideología nacionalista es su incapacidad para aprender de los sucesivos fracasos cosechados a lo largo del siglo veinte. Su predisposición para inventar hechos históricos a la medida de sus deseos sólo es comparable a su desfachatez para ocultar la interminable saga de guerras, masacres, tiranías, crímenes, éxodos, hambrunas y sufrimientos que han producido en nuestro pasado reciente. Y el siglo veintiuno se presenta como taimado heredero de los vicios de su antecesor, presentados como virtudes públicas por los magos de la ilusión chovinista. Se diría que la gran mayoría de los nacionalismos son impermeables a las experiencias desastrosas y ajenos al escarmiento, no sólo en cabeza ajena, sino en cabeza propia. De ahí su propensión a estallar en ataques de ira cuando se les recuerda los entuertos que han protagonizado en el pasado y los que pueden avistarse hacia el futuro en los inciertos caminos que han emprendido. Y así llega el líder de la Ezquerra y da el grito arcaico y tribal para que en Cataluña se boicotee la candidatura de Madrid a la organización de los Juegos de 2012.

El brillante resultado de tal bellaquería provocadora fue la de que se pidiera por otros el boicot al cava catalán. Ante los imperativos del negocio, Rovira se vió obligado a pedir perdón públicamente, si bien esa farsa disculpatoria no se debe tomar en ningún caso como ratificación de su ideario mezquino y xenófobo. Al contrario, es una muestra de que la ideología nacionalista sigue albergando el mayor grado de rencor, intolerancia e insolidaridad de todas las que circulan en nuestros días. Hundidas y fracasadas las grandes experiencias nacionalistas y totalitarias del siglo veinte, en su forma fascista y comunista leninista, algunos siguen manteniendo el tabú de no ir al fondo del credo nacionalista, y se aferran, en el mejor de los casos, a la tesis de los efectos perversos.

Tal y como la presenta Albert Hirschman, dicha tesis viene a decir que toda acción deliberada para mejorar algún rasgo del orden político, social o económico, sólo sirve para empeorar la condición que se desea remediar. Lo cual hace de ella un pensamiento muy querido de los ideólogos reaccionarios, pero también de muchos progresistas, que nunca han querido apreciar la similitud entre los nacionalismos fascistas y comunistas, enemigos a muerte de la democracia representativa y de la burguesía universalista. No se trata, pues, de que veamos en los hechos y los fracasos de la ideología nacionalista una consecuencia perversa de una doctrina ejemplar. Se trata de que, dándonos por escarmentados en cabeza propia de los efectos letales que suele producir la ideología nacionalista, reforcemos nuestro sistema político para garantizar al máximo una democracia abierta y pluralista, donde el control y la separación de poderes garanticen el despliegue de una ciudadanía libre y cosmopolita, pensada desde las coordenadas del siglo XXI; no desde las de un imaginario ancestral inventado, ni desde las de un multiculturalismo poco respetuoso con la primacía de los derechos y libertades individuales.

TRÁFICO DE SENTIMIENTOS
Por Jorge TRIAS SAGNIER ABC 20 Diciembre 2004

EL día que comparecieron las víctimas ante la Comisión del 11-M reconozco que tuve una mezcla de sentimientos que fueron desde la profunda tristeza hasta la frustración. Me indignó, por ejemplo, que se siga responsabilizando a Aznar y a su gobierno de la masacre terrorista por el apoyo solidario que dieron a los Estados Unidos en la guerra contra el terrorismo tras el 11 de Septiembre. ¿O es que acaso a España no le afecta el terrorismo? Y me produjo enorme tristeza que la presidenta de la asociación de «afectados» -no quieren llamarse víctimas- del 11-M afirmase que si quedaban responsabilidades por depurar era una obviedad irrefutable que correspondían «fundamentalmente a quienes detentaban el poder en aquel momento». O sea, y en la misma línea de Rubalcaba, a Aznar y a su gobierno. Y me dio especial pena porque con esa incursión política de gran calado, en sintonía con los mensajes de Llamazares o de Carod, todas sus palabras quedaron devaluadas. Un mensaje que hubiese sido muy importante, trascendente incluso, pero que quedó manipulado por quienes desde el 11 de Marzo trafican políticamente con los sentimientos.

En los años de la transición se achacaba a la debilidad de los gobiernos de UCD, a la democracia en suma, la responsabilidad de los atentados etarras o de los independentistas catalanes hoy comilitones de Carod. Luego hubo cierta calma con los gobiernos socialistas aunque el dramático precio fue silenciar a las víctimas. Y se volvió a imputar la responsabilidad de un atentado al Gobierno, por supuesto del PP, cuando asesinaron a Lluch. Gema Nierga, la dulce locutora de la SER, prestó su ingenua voz, o quizás no tan ingenua, reclamando diálogo, después de haber leído un manifiesto consensuado por todos los partidos tras una manifestación de repulsa. «¡Dialoguen ustedes!», profería fuera de guión con tono persuasivo y a voz en cuello.

La política, y el Parlamento como su máxima expresión, es esencialmente debate. Resulta lógico, pues, que en la Comisión del 11-M se haya discutido, incluso duramente. Eso no debe escandalizarnos, pues como escribía ayer Juaristi, cuando acaba el alboroto parlamentario es que empieza el tiroteo. Las víctimas merecen todo el respeto, ¡faltaría más!, pero desde luego los políticos deben tener las manos libres para investigar. Todos los españoles, que somos víctimas indirectas de cualquier atentado terrorista, queremos que nuestros diputados investiguen no sólo qué servicios del Estado fallaron el 11 de marzo, sino que queremos conocer por qué y cómo unos desalmados pudieron manipular la verdad para obtener rédito político en tan trágicas circunstancias. Y queremos saber, asimismo, por qué el programa «Informe Semanal» de TVE manipuló la noche del sábado pasado, de forma despreciable e indigna, el dolor de las víctimas silenciando la voz del otro compareciente, Francisco José Alcaraz, presidente de la asociación mayoritaria de víctimas del 11-M, la AVT, que solicitó el mantenimiento del Pacto Antiterrorista y el cumplimiento íntegro de las penas. ¿Por qué, pregunto también, Alcaraz ha sido vetado esta noche en el programa «59 segundos»? «Los culpables son los asesinos», dijo Francisco José ante los comisionados. A partir de ahí, sin manipulación de sentimientos, que se investigue todo lo que se quiera.

LOS INFATIGABLES
Por Jaime CAMPMANY ABC  20 Diciembre 2004

EN el tripartito nacional, el único que se cansa es Zapatero. Al «Bambi» le sobreviene la fatiga y dice que a Polonia vaya el Tato, ese personaje que cita Rajoy. Los demás socios del tripartito jamás se fatigan. Quiero decir que no se fatigan de hacer y decir disparates o payasadas. Se debilitan los ecos de las payasadas de ayer, y ya se les mira preparando las payasadas de mañana. Son infatigables. No decae su ingenio para la ocurrencia delirante y la sansirolada.

Pasqual Maragall llega, se pone, va y dice una ristra de piropos a la labor profesional y categoría personal de sus socios esquérrico-republicanos, o sea, el Carod-Rovira y su mariachi, sobre todo ese sujeto desconocido que aparece mucho últimamente en el palco del Barcelona y cuyo nombre no recuerdo. Hombre, los elogios a la calidad personal no hacen daño a nadie. Son inocuos e inofensivos. Allá Maragall, y se comprende enseguida que la alabanza a esos personajes se justifica por la solidaridad. ¿Qué haces, tonto? Elogiar al tonto.

Los elogios a la personalidad política pueden, en unos, sembrar el desconcierto, y en otros provocar la risa nerviosa. A continuación, el nieto del poeta de la «Oda a España» dice que «si esto sale bien, tenemos para veinticinco años», pero que el modelo de Estado jamás va a darlo por cerrado. Con eso quiere decir, si no me equivoco, que va a darnos el coñazo con lo de la nación catalana y el estado catalán independiente hasta que la Divina Providencia le cierre los ojos, que por otra parte nunca los ha tenido demasiado abiertos, pero ojalá que sea tarde, pues no se trata de desearle la muerte a nadie. No voy yo a repetir aquí para este caso el ruego del viejo cardenal de la curia, Prefecto de la Congregación de la Fe, que refiriéndose a un papa de decisiones polémicas pedía: «Señor, ábrele los ojos, y si no puedes, ciérraselos».

Inmediatamente después de recibir los elogios, Carod-Rovira, incansable, ha pedido mayor protagonismo de los consejeros republicanos en el gobierno de la Generalitat. Ya no sé que más pretenden los «quatre gats» de ERC, porque además de su influencia en la política catalana condicionan más, día a día, la gobernación de España toda. Y para animar más la fiesta llega Llamazares, enarbolando su comunismo a la cubana, y ofrece su ayuda a la selección catalana de Hockey sobre patines para que la admitan en la Federación Internacional. Naturalmente, la ayuda que puede prestar Llamazares en ese propósito de los separatistas catalanes es la misma que puedo yo prestarle al cura de Villalpando para que lo elijan pontífice en el próximo cónclave que se convoque, y repito lo de ojalá que sea tarde, por muy viejito que tengamos al Papa, o sea, Wojtyla, como le llaman los rojelios.

Total, que entre socialistas, comunistas a la cubana y celtíberos propiamente dichos, verdes, separatistas de las nacionalidades soberanas y los censores del grupo Prisa, estamos a punto de erigir el Kremlin en La Moncloa y honrar allí la memoria de Largo Caballero, el «Lenin español», y de Lluís Companys, el presidente de la República catalana. Todo muy moderno. Pero ¿por qué estos tíos no descansan de verdad y dejan de viajar todos los días a las malas memorias de nuestra Historia?

El agua, la lengua y ¿la liga?
Iñaki ZARAGÜETA La Razón 20 Diciembre 2004

E n esta ocasión he de dar las gracias a Josep Lluis Carod Rovira por haberme librado de escribir sobre la comparecencia de la representante de las víctimas del 11-M, ante la Comisión Parlamentaria. Mejor dicho, por haberme evitado comentar la parafernalia mediática y política montada al efecto en torno a ella, perfectamente diseñada, al menos aparentemente. Pero a lo que iba. El líder de esquerra Republicana de Cataluña «rectificó» el llamamiento a sus paisanos para que no apoyaran la candidatura de Madrid a los Juegos Olímpicos de 2012. Y pongo las comillas porque ni siquiera en el momento de excusarse, pudo reprimir al diablo que lleva dentro y espetó «ha sido un error decir en público lo que muchos catalanes pensaban en privado». Como dice mi suegro «Prenez del frasque, carrasque».

Lo escribí hace dos semanas. José Luis Rodríguez Zapatero debe frenar de inmediato la dinámica de crispación iniciada por Carod antes de que se convierta en confrontación social y económica entre regiones. Porque no nos engañemos, es él quien le está envalentonando a base de aceptar sus antojos y excentricidades, incluso de rendirse a sus desafíos. Y también el presidente del Govern, Pasqual Maragall, al darle alas para vernos al resto como delfos navideños con derecho a pisotear. No basta con salir a la palestra para reconducir sus desvaríos cuando el entuerto ya está hecho. Están obligados a que éste no se produzca y soslayar males mayores.

Las locuras de Carod han puesto en evidencia algo grave, si son ciertas las noticias que imputan su rectificación a una llamada al orden por parte de los empresarios productores de cava, que sufrieron anulaciones de pedidos por su culpa. A partir de ahora, los presidentes de estas asociaciones, de la Caixa, de Aguas de Barcelona, de Font Vella, de Mango y demás conquistadores de los mercados españoles tendrán un asunto más del que preocuparse y ocuparse, el de ponerle las peras al cuarto a este virrey provocador. Pero insisto, quienes más obligados están a marcar y frenar las ínfulas de ERC son quienes le otorgan el poder, Zapatero y Maragall.

Muchos piensan que este rifirrafe no es políticamente correcto. Da igual, porque otros muchos, especialmente los violados en sus intereses, están convencidos de que sí, de que es compatible la paz de poner la otra mejilla con la expulsión de los mercaderes del templo a latigazos.

Sin ir más lejos, el nuevo presidente del PP en Valencia, Alfonso Rus, en su discurso de toma de posesión llamó a los suyos a no consumir cava catalán.

Y espero que ni Carod Rovira, ni Maragall, ni Zapatero hayan tenido algo que ver con los atracos de este fin de semana en el Nou Camp al Valencia CF o al Levante UD. Si ha de ganar el Barça la liga, que firmen otro decretazo y nos ahorraremos nervios y disgustos.

Los retos de Piqué
Francisco MARHUENDA La Razón 20 Diciembre 2004

El resultado del PP en Cataluña y Andalucía hizo que perdiera las generales. El origen fue un brutal atentado que cambio la historia de España y logró que los terroristas consiguieran su objetivo, que no era otro que desalojarle del Gobierno. Es cierto que a la izquierda le molesta que le recuerden esta obviedad e incluso ZP ha aducido que analizar lo sucedido desde esta perspectiva favorece al terrorismo. Nada más alejado de la realidad y más ajustado a sus intereses partidistas.

Hay que preguntarse por qué las campañas de desprestigio contra el PP tienen éxito en Cataluña. ¿Por qué atacar a este partido y a sus dirigentes resulta aquí "gratis"? Es un clima que se ha instalado desde hace muchos años y que ha sido manejado por el resto de partidos con un claro interés electoral.

Esto se ha visto favorecido por el clima hostil de una buena parte de los periodistas, que son de una izquierda que roza o incluso supera el partidismo, y de algunos medios de comunicación, tanto públicos como privados. Lo que ha sucedido en los congresos de este fin de semana debería de servir de base de reflexión sobre cómo recuperar el terreno perdido y romper con los lastres que impiden su crecimiento. Esto no significa buscar la palmada o el aplauso de aquellos medios, analistas y partidos que sólo quieren su derrota. Piqué debería hacer justo lo contrario de lo que le propongan y, sobre todo, volcarse en el territorio.

ARCHIVO DE DISCORDIA
Editorial ABC 20 Diciembre 2004

LA Comisión Mixta de Transferencias de Castilla y León, con el apoyo del Partido Popular y de Unión del Pueblo Leonés (UPL) y la oposición del Partido Socialista, acordó la semana pasada iniciar los trámites para negociar con el Gobierno el traspaso de la gestión de los archivos y museos radicados en la región, entre ellos, el Archivo de la Guerra Civil, con sede en Salamanca. Se trata de un episodio más en el conflicto suscitado por la pretensión de la Generalitat de Cataluña de hacerse con parte del contenido del Archivo salmantino. La Junta de Castilla y León expresa una vez más su voluntad de oponerse y obstaculizar la salida de los documentos.

La posición de ABC en contra de la salida de documentos y de la ruptura de la unidad del Archivo ha sido fundamentada en varios comentarios editoriales. No se trata de una opción a favor de una comunidad autónoma frente a otra, sino de la defensa de un principio esencial de la política cultural del Estado. La propiedad de los documentos no pertenece sino al conjunto de los ciudadanos y es obligación de los poderes públicos atender al interés general contrario a la salida de los documentos que entrañaría la ruptura del principio general de la unidad del Archivo, ineludible para satisfacer las necesidades de los investigadores. El argumento de la Generalitat, que invoca la relevancia de muchos de los documentos contenidos en el Archivo de Salamanca para la historia de la región, debe ceder ante el interés general: se trata de documentos fundamentales para la historia de España.

Es un episodio más del conflicto que enfrenta a los particularismos con el interés general. La actitud del Partido Socialista de la región, favorable a la entrega y a la consiguiente ruptura del Archivo, sólo puede entenderse en términos estrictamente partidistas, derivados de las contingencias del tripartito catalán y de los apoyos que prestan CiU y ERC al Gobierno de Zapatero. Es, por lo tanto, comprensible la resistencia de la Junta de Castilla y León a lo que sólo podría ser calificado como un grave atentado contra el interés general de los ciudadanos y de los estudiosos. En el fondo, no se trata sino de una exhibición más de las ilegítimas pretensiones del nacionalismo, en este caso catalán. Por lo demás, ceder en este caso a las exigencias de la entrega no haría sino abrir una puerta a peticiones extravagantes de naturaleza semejante que harían inviable la posibilidad de una política cultural nacional.

La República
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 20 Diciembre 2004

Sabemos que se puede encender una hoguera aprovechando el naufragio de un petrolero, alimentarla llamando asesinos a millones de conciudadanos a cuenta de una guerra en Oriente e incendiar la convivencia abanderando sin título el dolor provocado por una masacre -un dolor que es de todos- y conduciendo el miedo de las multitudes. Se puede hacer y se ha hecho.

Sabemos que es posible almacenar el odio para ir dosificándolo a conciencia, acudir a las categorías caducas de una historia fratricida para resucitar los bandos, desenterrar los muertos selectivamente, desempolvar los uniformes, colgar las etiquetas convenientes y arrojar todos los cadáveres del siglo sobre medio país. Es posible y se viene haciendo.

Sabemos que es viable el artificio de consolidar el poder internamente mientras se dilapida externamente, se debilita una voz que es común, se derriban las defensas frente a un vecino conspirador y agresivo al que se agasaja y ante el que nos inclinamos. Es viable, los hechos lo demuestran, aunque sea insensato y estúpido, aunque parezca imposible.

Sabemos que, una vez se ha tomado las riendas, cabe ignorar la prohibición no escrita que previene de dar al sentimiento forma de institución para enfrentarlo a las instituciones legítimas, de urdir trampas que condenan al silencio al adversario, contando con que el adversario tiene principios, y que tal extravagancia le pone en situación de desventaja. Por caber, cabe incluso escudarse en una herida abierta y, violando todos los procedimientos, parapetarse tras su luto para que parezca que las normas que dicta a los representantes del pueblo soberano, las constricciones que no admiten respuesta ni argumento, proceden del desgarro insoportable que habrían causado los constreñidos.

Sabemos que todo lo anterior se puede hacer contando con aliados que, por desgajar la nación, van a liquidar el consenso sobre el que se armó la Constitución, blindaje de nuestras libertades. Sabemos que se puede abrazar a los que tienen la bandera de todos por bandera del enemigo. Sabemos que, por el puro cálculo de revivir las dos Españas, es posible promocionar a los que obtienen su fuerza particular de la debilidad del conjunto.

Lo que todavía no sabemos es si es posible seguir haciendo todo eso sin que un clamor alcance los palacios, sin que el país desasistido proclame la determinación inequívoca de seguir siendo libre y soberano, sin que brote espontánea la misma conclusión a la que llegó Marco Tulio Cicerón en De re publica: “Esta Patria no nos ha engendrado y educado sin contar con que, a su vez, nosotros contribuyamos a su subsistencia”.

LA SOLEDAD DEL PP
Por GERMÁN YANKE ABC 20 Diciembre 2004

«Están ustedes solos» se ha oído decir, desde el Gobierno y desde el Grupo Socialista en el Congreso, a los diputados del PP con motivo de la ajetreada votación de la reforma del procedimiento para nombramientos de magistrados. «Están ustedes solos» se escucha también cuando los populares se resisten a las reformas constitucionales. O cuando se decide volver atrás sobre diversas modificaciones del Código Penal aprobadas en la anterior legislatura. «Están ustedes solos» se oyó igualmente, antes de las elecciones del 14 de marzo, con motivo de la guerra de Irak. Lo mismo se escucha, por cierto, en la comisión de investigación del 11-M.

Hay en la política una cuota, a veces sobreabundante, de retórica y estas afirmaciones, que describen una realidad, no son argumentos. Estar solo no implica estar a falta de ellos, o incluso de tener la razón y lo sabe bien el PSOE que, en cuanto se le presiona sobre la lealtad al texto constitucional, recuerda que ha habido ocasiones en las que, defendiéndolo, se ha quedado solo. El Gobierno, y sus socios estables o coyunturales de los grupos minoritarios del Congreso, podrían intentar, con mayor o menor fortuna, dar carta de naturaleza a la hipotética supremacía de sus razonamientos y, sin embargo, nada tan repetido y emblemático como que el PP esta solo.

Se podría, incluso, pretender trazar las líneas maestras de lo que, ideológicamente, supondría el entendimiento de todos esos grupos parlamentarios y la exclusión del partido conservador. Sería un ejercicio interesante aunque complicado. ¿Se trata de la izquierda? ¿La izquierda con los partidos de la derecha étnica y hasta reaccionaria del nacionalismo? ¿Se trata de una determinada concepción de la Constitución? ¿Con los que la rechazan y la vulneran reiteradamente? ¿De un modelo de Europa? ¿Con los que no quieren su Constitución o consideran la Unión como una cueva de malvados mercaderes? Agrupar a todos «los que no están solos» con el rótulo de progresistas es una ficción y una falacia.

Lo que mantiene este estrafalario entramado es, simplemente, que están contra el Partido Popular. Lo que une a los que no están solos es, precisa y únicamente, dejar solo al PP. En el País Vasco, donde se juega -junto a Cataluña- buena parte del futuro de España como Estado de Derecho, el nacionalismo, con sus devaneos con el PSOE, ha pretendido exactamente eso: dejar fuera al Partido Popular. Eso que se llama, un tanto bobaliconamente, «parte fundamental de la tradición del socialismo vasco», es decir, su entendimiento y colaboración con el nacionalismo, es la retórica con la que un sector del PSOE disimula la necesidad, para la democracia y para el propio PSOE, de entenderse allí con el PP para desplazar en las urnas al PNV. En Cataluña la cuestión se ha vuelto paradigmática: el PP no sólo es minoría y está solo, sino que queda excluido formalmente en los acuerdos de Gobierno.

No se trata, por tanto, de buscar mayorías posibles ni, mucho menos, coyunturales y obligadas por la acción política concreta, sino de dejar solo al Partido Popular. Pero ¿qué ideología es esa de dejar solo al PP? ¿Qué modelo implica? ¿ Qué política nacional puede definirse con esos mimbres? Me temo que sólo el cambalache, la revancha y el disimulo.

Si no es por otros motivos -al menos por la constatación en las encuestas de la fragilidad del Partido Socialista en las clases urbanas ilustradas, a las que necesita para revalidar su triunfo electoral-, los socialistas deberían meditar. Sobre su retórica y sobre su deriva.

Disculpas con cava
Luisa PALMA La Razón 20 Diciembre 2004

Con los empresarios catalanes del cava «moscas» por los pedidos anulados y con Maragall en Madrid diciéndole a Gallardón que se solidariza con el 2012, Carod no ha tenido más remedio que salir a la palestra para decir algo, aunque casi hubiese sido mejor que se estuviera callado.

Porque sus «presuntas disculpas» ni rectifican su boicot al Madrid 2012 ni indican que se arrepienta de lo dicho. Reconocer que fue «un error» a estas alturas y después de lo del cava no tiene mérito, pues es subrayar una evidencia.

Añadir que dijo «en voz alta lo que muchos catalanes piensan en privado» y no hacer explícito su apoyo al 2012 es claramente subrayar que sigue pensando lo mismo: que los catalanes no deben dar este apoyo.

Así que de disculpas nada, aunque algunos se den por contentos.

Este Carod no tiene remedio y lo único que cabe lamentar es que su radical minoría, que tiene cogido por los bebes al Gobierno, esté influyendo de esta forma en la convivencia de todos.

Por lo demás, es muy curioso este episodio del boicot al cava, pues se ha extendido como la pólvora vía móviles e internet y se ha hecho efectivo.

¿No les recuerda a los mensajes del 13-M que usaron la misma vía para un boicot antidemocrático?

Pues, aunque este año se va a beber mucho cava valenciano, esto si debería ser motivo de reflexión en lo que a la movilización ciudadana se refiere.

La comunidad
FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo 20 Diciembre 2004

El presidente del Consejo de Estado, Francisco Rubio Llorente, puso el término en circulación: comunidad nacional. Pasqual Maragall expresó su apoyo de inmediato y Zapatero su no rechazo. Ahora reaparece en la propuesta de reforma estatutaria del PSE-EE: comunidad nacional de Euskadi. La expresión quiere ser terreno intermedio entre la idea de una comunidad estatutaria, nacida del marco legal, y el concepto pre-político de nación propio del nacionalismo. Ningún nacionalista, sin embargo, considera que su comunidad nacional esté formada por Álava, Guipúzcoa y Vizcaya. Los votantes socialistas tampoco, aunque por otras razones bien distintas.

El marco estatutario es una cosa y las identidades nacionales, otra bien distinta. Sobre el primero es posible alcanzar acuerdos pragmáticos que regulen la gestión del poder y la participación política a satisfacción de la mayoría. Sólo si se consigue eso es posible atenuar los conflictos de identidades nacionales.

Abierto el proceso de reformas de la Constitución y los Estatutos, con la idea de comunidad nacional se pretende atenuar las fuerzas que luchan por introducir diferencias entre las comunidades autónomas, entre los que quieren distinguir las naciones de las regiones. Pero para minimizar esas diferencias, lo que se hace es regularlas jurídicamente. Es decir, reconocerlas.

Y existe el temor de que no se trate de establecer diferencias simbólicas, sino de que se esté abriendo el camino a futuras desigualdades de poder político entre territorios. A fin de cuentas estamos jugando con textos constitucionales, no con manifiestos poéticos. Una vez establecida una diferencia jurídica, será cuestión de tiempo que de ella se deduzcan desigualdades de derechos o de poderes. Eso, a la izquierda española debería inquietarle.

Definimos España como un Estado plurinacional, pero Euskadi es una comunidad nacional. ¿Uninacional? El pluralismo de identidades se detiene en los límites autonómicos. ¿No se puede aplicar a Euskadi el mismo concepto de plurinacionalidad que a España? Si se emplean los criterios identitarios que utiliza el nacionalismo para remarcar las diferencias entre lo vasco y lo español, sin duda. Euskadi sería también una comunidad plurinacional. Llegaríamos entonces a la necesidad de un Estatuto como el actual para convivir.

Y luego está el concepto mismo: comunidad nacional. La expresión tiene antecedentes en el pasado, unos antecedentes poco virtuosos. «La comunidad nacional se funda en el hombre como portador de valores eternos y en la familia como base de la vida social». «Familia, municipio y sindicato son estructuras básicas de la comunidad nacional». Los derechos de autor son de Francisco Franco en la Ley de principios del Movimiento Nacional de 17 de mayo de 1958.

Izquierda y propaganda
Falacias comúnmente aceptadas
Fernando Díaz Villanueva Libertad Digital 20 Diciembre 2004

Hablando el otro día con un amigo se me ocurrió preguntarle directamente y sin rodeos por qué odiaba tanto a los Estados Unidos. Tras la previsible parálisis de sus músculos faciales y de mesarse a conciencia el pelo durante dos o tres minutos me respondió con un eslogan. El mismo se resumía en lo siguiente, “odio a los yanquis porque son unos vaqueros que quieren invadir el mundo”. Después respiró aliviado y me miró con suficiencia, como si hubiese dado con la cuadratura del círculo. Pensé en abandonar la batalla pero como me encontraba descansado y proclive a la discusión le animé a que me diese ejemplos, que me dijese dónde veía él la supuesta invasión del mundo. Como era de esperar, en la recámara tenía preparada la bala de Irak, “mira lo de Irak, están devastando el país para quedarse con su petróleo” barbotó precipitadamente. Acto seguido, y sin dejarme tiempo para reaccionar lo enlazó con otro de los mantras preferidos de la izquierdaza de todos los tiempos, “pero no ves que esto es como lo de Vietnam, los americanos fueron a invadir ese país y salieron escaldados” aseguró arqueando las cejas preso del entusiasmo. “Es la lógica del imperialismo” remató en el clímax esloganesco que se había apoderado de la conversación. Ante rival de semejante altura intelectual terminé mi café y me despedí cortésmente.

De camino a casa fui reflexionando sobre el breve pero intenso debate político que había sostenido con mi amigo, reconvertido sin yo saberlo en portavoz oficioso del Foro Social de Porto Alegre, y llegué a la conclusión que la labor de zapa que la izquierda ha llevado a cabo en los últimos años ha conseguido su objetivo. Gente de lo más normal, que su interés por la política no pasa de lo circunstancial está completamente persuadida de unas cuantas consignas tontísimas que, sin embargo, han cosechado un éxito arrollador en el votante medio de un país occidental medio, es decir, en mi amigo. En ello claro está que ha tenido que ver la monstruosa maquinaria propagandística progre, con sus periódicos, sus cadenas de televisión y sus ubicuas campañas. La opinión pública es fácilmente moldeable cuando se cuenta con los medios para ello, no obstante, me pareció que el fenómeno no respondía exclusivamente a eso. Para que se hayan llegado a instalar en las conciencias ideas semejantes no sólo es necesario que sus difusores lo hagan bien sino que sus detractores lo hagan mal, rematadamente mal.

Si mucha gente sigue pensando hoy que los Estados Unidos quieren invadir el mundo es porque nadie se ha preocupado de defender lo obvio. Estados Unidos, por ejemplo, no invadió Indochina para convertirla en una colonia, fue en auxilio de Vietnam del Sur porque los comunistas de Vietnam del Norte la habían invadido previamente. Para saber esto sólo hace falta repasar someramente un libro de historia de COU pero como si nada, la falacia permanece intacta y se repite machaconamente hasta que pasa por verdad inmaculada. En lo de Irak la cantidad de mentiras que se han divulgado es tal que haría falta un seminario completo de varios días para rebatirlas una a una. Bush no fue a Irak a por petróleo porque del subsuelo de Irak no se extrae tanto crudo como muchos dicen y porque poner al día sus instalaciones de extracción, transporte y refino va costar un dineral que llevará mucho tiempo amortizar. De hecho, hace año y pico se decía que los americanos habían empezado la guerra para hacer bajar el precio del barril, ahora que el crudo está por las nubes dicen lo contrario, que Bush se enredó en la guerra para que sus amiguetes petroleros se forrasen a costa del Brent a 50 dólares. ¿Hay quien lo entienda? Francamente no, pues bien, a casi nadie se lo he oído decir.

Si por algo se caracteriza la izquierda, aparte de por arruinar países al por mayor, es por su ingénita capacidad de propagar mentiras y de crear eslóganes. Esto, que a los que no somos de la secta nos debería poner en guardia, consigue exactamente lo contrario. Los liberales, y no digamos ya los conservadores, nos acobardamos y damos la batalla por perdida sin haberla siquiera empezado. Luego viene el llanto cuando vemos que la sociedad civil está copada y que defender lo elemental se convierte en una tarea ciclópea. Para combatir las andanadas propagandísticas de las gentes de progreso sólo cabe una postura: plantarse, hacer exactamente lo contrario de lo que hice yo la otra tarde con mi errado amigo, es decir, pedir otro café, un par de churritos y armarse de paciencia y buena pedagogía.

No sé si a usted, amable lector que ha llegado hasta el final de la columna, le ha servido mi recomendación. A mí, mi reflexión me ha impulsado a llamar a mi amigo, quedar con él en el mismo sitio y retomar nuestra conversación donde la habíamos dejado. Procuraré no olvidar el libro de historia de COU en casa.

El plan de Ibarretxe
Editorial El Ideal Gallego 20 Diciembre 2004

No deja de ser curioso que parte del futuro del denominado Plan Ibarretxe, que no es otra cosa que la plasmación en proyecto político de las intenciones secesionistas del PNV, esté en manos de los batasunos, que siguen contando con presencia en el parlamento vasco a pesar de la orden de ilegalización dictada contra ellos por los tribunales. Esta mañana se vota por primera vez el articulado y sólo cabe la duda de saber lo que harán los representantes de Sozialista Abertzaleak, puesto que populares y socialistas ya manifestaron claramente que se opondrán al texto. Sin embargo, esta derrota no significa que se olvide para siempre el proyecto independentista.

Lejos de ello, tras las modificaciones que introduzcan en los epígrafes los partidos que integran el tripartito, éste iria de nuevo al pleno, en esta ocasión previsto para el próximo día 30, cuando se volvería a pedir el dictamen de sus señorías. Pero lo grave no sería ya ni la aprobación del texto. Lo peor es que el lehendakari de todos los vascos ha faltado a su palabra. ETA mantiene abierta la lucha armada, por lo que no se da la premisa fundamental, en su día planteada por Ibarretxe, según la cual sólo sometería el texto a votación en ausencia de violencia. A lo peor, el presidente vasco y sus socios consideran que la colocación de bombas, eso sí, fuera de Euskadi, no es violencia. Ni tan siquiera Batasuna se ha dignado a condenar los crímenes que comete su brazo armado, demostrando que sus posturas no se han modificado ni un ápice.

Ocasiones perdidas
JOSEBA ARREGI El Correo 20 Diciembre 2004

Con motivo del aniversario de la Constitución se ha podido escuchar el discurso de siempre del PNV, del nacionalismo vasco que representa. Un discurso que habla de que, con ocasión de la discusión del texto constitucional y de su aprobación, se perdió una ocasión ideal para acomodar al nacionalismo en el Estado, en España. Aparte de que sentirse cómodo en el Estado para el nacionalismo vasco significa tanto como tener casa propia, ese discurso del PNV repite una historia llena de ocultamientos y falsificaciones.

Basta con consultar las fuentes escritas y la memoria aún viva de protagonistas de la época para saber que la realidad fue más compleja y confusa de lo que ese discurso aparenta, que hubo luchas dentro del nacionalismo, que los líderes históricos casi unánimemente apostaban por el sí a la Constitución, que hubo muchas vacilaciones, dudas y miedos. Ganaron la batalla quienes apostaban por ubicar el nacionalismo en una posición radical -Garaikoetxea, presidente del EBB-, contra quienes defendían una postura más pragmática -Arzalluz, portavoz del PNV en el Congreso-, aunque ahora Arzalluz sea un 'garaikoetxeista' más.

Tantas veces viene repitiendo el PNV su discurso de la ocasión perdida que parece que no hay otra forma de entender la historia, que es imposible imaginarse otras ocasiones y otras formas de perderlas. Pero sería bueno hacer, por ejemplo, el ejercicio de invertir el discurso. Hablemos, en referencia a la discusión y aprobación de la Constitución, de una ocasión perdida: pero ¿quién la perdió? Porque quizá no la perdió el Estado, no la perdió España, no la perdieron los demás, sino que la perdió el nacionalismo vasco al querer hacer la historia desde el pasillo lateral, sin incorporarse del todo a la pista central, desde la vía de servicio en lugar de hacerlo por los carriles centrales.

Se puede hablar de una ocasión perdida por el nacionalismo vasco, y de una ocasión que ha sido la causa de otras muchas oportunidades perdidas a lo largo de estos 26 años. Una oportunidad perdida por la voluntad de estar a todas: a aprovecharse de las ventajas de la Constitución de 1978 con la vía abierta para la consecución del Estatuto de Autonomía y del Concierto Económico, pero sin comprometerse con ella. Una forma de actuar que ha hecho escuela a lo largo de los años siguientes, hasta el punto de aparecer como un derecho adquirido esa costumbre de estar a todas sin obligaciones con nadie ni con nada.

El nacionalismo vasco quiso gozar de todas las posibilidades del Estatuto de Gernika, pero sin comprometerse con la Constitución. El nacionalismo vasco ha gozado del poder de las instituciones surgidas del Estatuto de Gernika pero sin desarrollar discurso alguno de legitimación del poder que estaba usando, creando así un vacío de legitimidad que otros han usado a su manera. La historia colocará todas las responsabilidades en su sitio. Pero es otra oportunidad perdida por el nacionalismo vasco.

El nacionalismo vasco ha perdido la oportunidad de una clara y radical delimitación de sus fines respecto a los de ETA. Aunque el lehendakari Ardanza proclamara en el Parlamento vasco, creo que el año 1987, que lo que separaba al nacionalismo vasco de ETA no eran sólo los medios, sino también los fines, sentando así las bases de un discurso posible de legitimación del poder estatutario, esa doctrina nunca pasó a formar parte del discurso oficial del Partido Nacionalista Vasco, que durante los años siguientes no se cansó de proclamar que compartía fines con ETA.

El nacionalismo vasco perdió también la oportunidad del Pacto de Ajuria Enea, aunque no fuera el único responsable de su fracaso definitivo. El nacionalismo vasco de partido nunca se sintió a gusto en ese pacto. Siempre le molestó trazar una línea radical respecto a ETA. Arzalluz repitió frecuentemente que la finalidad del Pacto de Ajuria Enea no era el aislamiento de ETA y de Herri Batasuna, indicando que ese aislamiento, que sí se estaba consiguiendo, le molestaba. El PNV perdió la oportunidad de mantenerse en el Pacto de Ajuria Enea y reforzar así su apuesta por la unidad de los demócratas en la lucha contra ETA.

El nacionalismo vasco volvió a perder otra oportunidad en los momentos fuertes del secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco. La brutalidad del asesinato, la movilización que provocó ese atentado, en Euskadi y en el resto, la percepción de que todo ello suponía un debilitamiento de la legitimidad de ETA como no había existido nunca hasta ese momento: todo ello provocó un miedo en el PNV, el miedo a que el no nacionalismo impulsado por la repulsa que provocaba ese vil asesinato terminara siendo mayoritario en la sociedad vasca. Y ese miedo fue superior al miedo a que el terrorismo de ETA terminara deslegitimando el conjunto del nacionalismo. La mala gestión de esos dos miedos llevó al nacionalismo vasco a buscar el diálogo y la negociación con ETA y su entorno abandonando el campo de la unidad de acción de la democracia. Otra oportunidad perdida, una oportunidad en la que ETA se encontraba arrinconada, aislada, rechazada como nunca por la inmensa mayoría de la sociedad vasca.

Como consecuencia de esa apuesta, el nacionalismo, tras el secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco, buscó con ahínco la negociación con ETA y con su brazo político. Al hilo de esas negociaciones el nacionalismo vasco no dejó pasar la ocasión del acuerdo de Estella/Lizarra y de firmar papeles con ETA en tregua. No dejar pasar esa ocasión es otra oportunidad perdida, porque aquel acuerdo fue un fracaso rotundo, aunque el nacionalismo no lo reconozca así, y porque la ETA de la tregua dejó de existir, quizá porque nunca había existido. Una oportunidad perdida de trágicas consecuencias para la sociedad vasca en su conjunto, pero especialmente para algunos dentro de ella. Una oportunidad perdida que supuso una tremenda e insoportable crispación civil en Euskadi.

Pero a aquella oportunidad perdida se le añadió una nueva: bajo la excusa de que lo único que quedaba era un funeral de primera para el acuerdo de Estella/Lizarra, el nacionalismo vasco nunca hizo un serio examen de conciencia de su apuesta y de su fracaso. En lugar de hacerlo, buscó la forma de blanquear su conciencia envolviendo la vieja apuesta en un supuesto papel de regalo: el plan Ibarretxe, un proyecto que pretende, exactamente igual que el acuerdo de Estella/Lizarra, la definición de la sociedad vasca desde la hegemonía nacionalista.

Y todas estas oportunidades perdidas, todas estas ocasiones perdidas no hacen más que poner de relieve la gran oportunidad perdida por el PNV que es la de renovarse, de democratizarse a fondo desde el uso de un poder legítimo, estatutario. Todos los partidos modernos europeos han tenido que hacer ese esfuerzo de modernización, de adaptación, de democratización de sus supuestos ideológicos. Todos.

Pero el PNV eleva a principio democrático su nula disposición a hacer lo que han tenido que hacer todos para ser homologables democráticamente: su propia refundación a partir de la revisión de sus fundamentos doctrinales. Pero el PNV pierde también esa ocasión proclamando que lo democrático -será por aquello de que lo vasco es diferente- es mantener sus creencias inamovibles y cambiar todo lo que haya que cambiar, constituciones, estatutos, leyes, marcos jurídicos y la marcha de la misma historia si falta hiciere, para que su interpretación del nacionalismo vasco quede como está, sin cambio alguno.

De esta forma el PNV está perdiendo la oportunidad de hacer posible, desde su propio nacionalismo reformulado y revisado en profundidad, la nación vasca cívica, está perdiendo la oportunidad de cumplir el sueño angustioso del siglo XIX vasco, aquel siglo en el que se fue formando la identidad colectiva vasca: la conjunción de la diferencia de la propia tradición con los principios constitucionales. En lugar de impulsar la realización de ese sueño para acabar de una vez con la angustia de una identidad dividida, el PNV vuelve a perder la ocasión y se encasquilla en un sueño al margen de la Historia, pero con consecuencias graves para la sociedad vasca, que no tiene más remedio que vivir en la Historia.

Ocasión perdida. Ocasiones perdidas. Trenes que no volverán a pasar.

Babel
JUAN C. MARTÍNEZ La Voz 20 Diciembre 2004

LO OIGO en directo y no me lo acabo de creer. Un presentador de telediario en la televisión pública dice, con tan poco recato como un Urdaci, que en la Unión Europea serán oficiales, con el castellano, el vasco, el gallego «y el idioma que en Cataluña se llama catalán y en Valencia, valenciano». Se acumulan las señales de que viene la era de los papanatas; el pactismo, el miedo a molestar y la insensatez se apoderan de los hablantes: vamos derechos a Babel. Ya bastante ridículo era Ibarretxe con su tautología rayada de «los vascos y las vascas» para que ahora tengamos que hablar del idioma-que-en-Cataluña, etcétera. ¡A ver cómo titulamos, a una columna, las próximas noticias sobre la lengua de mosén Verdaguer! A este paso tendremos que volver a llamarle polaco, como en la mili.

León Felipe nos enseñó a hablar directo al corazón: «Quiero ganar mi verso,/ este verso;/ y quiero/ que vaya quedo,/ raudo y sereno/ como un dardo certero/ al corazón del pueblo (¿) Deshaced ese verso./ Quitadle los caireles de la rima,/ el metro, la cadencia/ y hasta la idea misma.../ Aventad las palabras.../ y si después queda algo todavía,/ eso/ será la poesía». Aventad las palabras, comunicadores y políticos, que con tanta pasamanería no hay quien se entienda. Y si no halláis el camino, seguid al viejo Churchill: «Muchas veces he tenido que comerme mis palabras y he descubierto que eran una dieta equilibrada».

Su voto tiene un coste
Cartas al Director ABC 20 Diciembre 2004

Ha sido muy interesante comprobar como el todopoderoso Carod-Rovira, que no rectifica nunca y que tiene a los gobiernos de Madrid y Barcelona (porque el PSOE quiere) sometidos a chantaje permanente, se inclina ante el poder del voto del consumidor.

Ya que es imposible que nuestros políticos se den cuenta de que es mejor no gobernar que hacerlo con el apoyo de semejante individuo y partido, ¡consumidores al poder!

Por cada salida de tono de los nacionalistas vascos y catalanes, por cada muestra de desprecio hacia España y hacia lo español dejemos de consumir un producto más de esas tierras.

Quiero mucho a Cataluña y al País Vasco y deseo lo mejor para sus gentes, que son mis gentes. Pero va siendo hora de que se den cuenta de no se puede despreciar todo lo español excepto nuestro dinero.

Se han acostumbrado a votar a estos partidos radicales que con su chantaje permanente, y gracias al sistema electoral, les consiguen una mayor parte de la tarta de los presupuestos. Que sepan que, a partir de ahora, ese voto también tiene un coste. Antonio López. Toledo.

SEGÚN PUBLICA ESTE LUNES EL MUNDO
El agente Campillo teme que la "banda" con policías que protegía a Toro y Trashorras intente matarle
El agente de la Guardia Civil, Jesús Campillo, se siente en peligro de muerte. Después de que saliera a la luz que en 2001 grabó un cinta con las confesiones de Francisco Javier Lavandera sobre los planes asesinos de la trama asturiana de los explosivos, tiene que vivir con la protección de guardaespaldas, según El Mundo. Aún así tiene miedo. No sólo a los delicuentes que denunció, sino a los policías asturianos que forman parte de esa "banda".
Libertad Digital 20 Diciembre 2004

Según informa el diario El Mundo, Jesús Campillo teme que una "banda" de delincuentes relacionada con los imputados del 11-M, Antonio Toro Castro y Emilio Suárez Trashorras, intente matarlo. El agente ha revelado al periodista Fernando Múgica que en esa banda participan policías asturianos que sospechan que Lavandera le contó más cosas de las que hasta ahora se han conocido. Campillo lo niega, pero añade que si el ex agente de las fuerzas especiales le cuenta todo lo que sabe al juez Juan del Olmo "seguro que salen implicados policías de Avilés y Gijón".

Jesús Campillo también manda un mensaje a sus superiores en la Benemérita: "¿Por qué no buscan otras grabaciones? Por ejemplo, la que hizo el teniente Montero cuando Lavandera fue a ratificarse en la Comandancia de Gijón". Además, otros agentes de la Guardia Civil han denunciado que el general Pedro Laguna denegó un grupo de trabajo que a principios del año 2003 –un año antes de los atentados del 11-M– intentaba investigar a tiempo completo la trama asturiana de los explosivos atendiendo las denuncias de al menos cuatro confidentes (Lavandera, El Nayo, Zouhier y un cuarto del que todavía no se conoce el nombre).

Precisamente, El Mundo también publica este lunes una trascripción de una cinta en la que Rafá Zouhier pide a los diputados que no cierren la comisión de investigación sin escucharle: "¿Por qué me tienen miedo? ¿Qué es lo que pasa? ¿Temen que abra la boca? No cesaré". En La Mañana de la Cadena COPE ha emitido parte de lo grabado por el confidente marroquí en la cárcel: "Me dirijo a todos los españoles: sois vosotros quienes tenéis la última palabra, no dejéis que os engañen más".

Zaplana cree «peligroso» abrir el debate del Estatuto vasco y Camps defiende la «nación frente a la contraprestación»
I. BLASCO ABC  20 Diciembre 2004

ALTEA (ALICANTE). Eduardo Zaplana advirtió ayer que con las propuestas de reformas del Estatuto vasco se abre «un debate tremendamente peligroso que va a tener consecuencias políticas», por lo que denunció la «irresponsabilidad» del PSOE porque, a su juicio, este tipo de polémicas, «cuando queramos intentar encauzarlas, a lo mejor es tarde». El portavoz del PP en el Congreso, que asistió al Congreso Provincial de su partido en Alicante, criticó las valoraciones de «importantes dirigentes de formaciones políticas, no sólo nacionalistas», en referencia al melón estatutario vasco abierto por el PSE y a las declaraciones de Pasqual Maragall sobre el Estatuto catalán, que «con toda la serenidad y la tranquilidad», realizan valoraciones «de forma irresponsable». Zaplana defendió la Constitución como modelo y calificó como «insólito» que cuando en España «hay un momento de convivencia como no lo había habido nunca» se produzcan estos debates, que, dijo, no se producirían «en cualquier otro país del mundo». Y señaló que España «tiene derecho, como Francia o Alemania», a disfrutar de un marco legal y territorial que no esté continuamente cuestionado. Por ello, pidió «seriedad, rigor y meditación» a los responsables políticos que «juegan con las palabras y no parecen ser conscientes de la responsabilidad que pueden tener al poner en juego la soberanía de un país».

Por su parte, el presidente de la Generalitat valenciana, Francisco Camps, que clausuró el Congreso alicantino, también entró en el debate sobre el modelo de Estado y, con gran énfasis, defendió el concepto de España como nación. «Ni nación de naciones, ni nada que se le parezca», dijo en su discurso. Camps arremetió contra el PSOE y Rodríguez Zapatero al advertirles que el modelo de España es el de la «solidaridad de una nación, no el de la contraprestación». El presidente valenciano reiteró que «España es nuestra nación, de la que nos sentimos orgullosos, felices y confiados, una España -añadió- que es nuestra responsabilidad». Por ello, pidió a los militantes del PP un discurso de confianza y optimismo y que sigan unidos para elaborar «discursos de altura de miras al servicio» de un proyecto común para toda España.

Nicolás Redondo Terreros: «El PSE quiere cambiar el Estatuto para poder negociar con el PNV»
Preside la Fundación para la Libertad desde hace unas semanas y continúa afiliado al Partido Socialista, pese a que está en desacuerdo con algunas de sus últimas decisiones. Es un histórico del socialismo, con un magnífico pedigrí del que otros no pueden presumir. Alejado de los puestos de poder, considera que una cosa es el PSOE y otra la dirección actual, que es coyuntural.
C. Gurruchaga La Razón 20 Diciembre 2004

–Parecía que no iba a llegar nunca, y así lo pensaban muchos, pero, finalmente, se va a votar el Plan Ibarreche en el Parlamento Vasco...
–Esta semana se vota en la ponencia y este mes es el definitivo, según ha anunciado el Gobierno Vasco. Alguna persona bienintencionada y angelical se pensó que no se iba a votar, que se iba a negociar para no votarlo, pero al final, ahí está.

–¿Qué es más probable, una victoria o una derrota?
–Yo creo que al PNV no le importa mucho ganarlo o perderlo. Este partido ha ido a una deriva populista en la que, si gana en el Parlamento, con los votos de Batasuna, presenta la ratificación en las próximas elecciones autonómicas; y si pierde, la presenta como propuesta electoral para que se la apruebe la sociedad. Es decir, en cualquier caso, ellos van al siguiente paso, que es el de llevar como programa electoral su programa de máximos, que es el mejor efectivo del populismo.

–La reforma del Estatuto elaborado por Emilio Guevara va ha ser planteada a la ciudadanía, ¿le parece bien?
–Yo soy un poco escéptico, por no decir que estoy en contra. No he oído a ningún socialista, en ninguna agrupación local, decir que se siente mal con este Estatuto o que es insuficiente. Tampoco he escuchado a nadie asegurar que prefiere otro en el que las relaciones con el resto de España sean más tenues. Todos los que son partidarios de cambiar el Estatuto dicen que es necesario hacerlo para negociar con el nacionalismo vasco.

Satisfacer al PNV.
–¿Está diciendo que no es un problema de insatisfacción con el actual Estatuto, sino de satisfacer al PNV?
–Sí, lo que quieren es atraer al nacionalismo vasco y eso es un gravísimo error. Cada uno debe decir qué quiere. Yo, por ejemplo, estoy satisfecho, feliz con este Estatuto. Es más, creo que si la reforma es sustancial, no es el País Vasco el ámbito de decisión, sino el Congreso Federal del PSOE, porque afecta a la Constitución. Si no es una reforma sustancial, le estamos dando demasiado aire a algo que no es tan importante. En cualquier caso, si lo hacen, que sea porque así lo desean y no porque quieren atraer al otro a su posición, porque el PNV no va a venir nunca, por lo que podría ser claudicación.

–¿No puede ser, en ningún caso, una estrategia acertada?
–Supongamos que Patxi López cree que está haciendo un ejercicio de inteligencia: se equivoca, porque los nacionalistas lo ven como un síntoma de debilidad. Nosotros tenemos que hacer nuestro propio juego, y si así se llega a algún acuerdo con los nacionalistas, magnífico. Pero no podemos hacer nuestro juego pensando en el PNV porque volveremos a equivocarnos. Nos equivocamos en el 77, creyendo al PNV; nos volvieron a engañar en el 86, y pido que no nos vuelvan a engañar por tercera vez. Además, le estamos dando a entender al PNV que, haga lo que haga, siempre nos tendrán abajo en el monte, esperándolos con los brazos abiertos.

–¿Este acercamiento entre PNV y PSOE supondrá un cambio en la estrategia contra ETA?
–Han pasado 25 años hasta que nos hemos dado cuenta de que la única forma de acabar con ETA es la que estamos utilizando ahora. Sería un error que pasaran 50 más hasta que nos demos cuenta de que la única forma de ganar al nacionalismo vasco es defendiendo con valentía lo que nosotros pensamos y no asimilándonos a lo que ellos piensan.

–Usted comentaba que la única manera de acabar con ETA es la utilizada en los últimos años, ¿ha vuelto a resucitar ETA con los últimos atentados?
–Tardaremos mucho en acabar con ETA, pero estamos en el buen camino y tenemos que seguir en él durante mucho tiempo. Uno de los grandes problemas de España es que nunca terminamos con los problemas, que siempre los dejamos a punto de solucionarlos. Podría pasar lo mismo con el tema de ETA. Hemos estado 25 años con una estrategia en la que se propugnaba un final negociado y el resultado ha sido dramático. Hace unos años, con el acuerdo antiterrorista de PSOE y PP, empezamos una nueva etapa en la que la creímos en la derrota de ETA. Sigamos con esa estrategia.

–Pero si su partido se está acercando al PNV, se estará acercando a sus posturas, que es la negociación con ETA...
–Espero que no, sería terrible que alguien pensara que la solución es legalizar Batasuna, abrir una puerta a la negociación con ETA. Sería volver a empezar. Éste es el buen camino, el que han aceptado todas las democracias occidentales después de que se lo impusiéramos nosotros. Estamos ganando a ETA, así que no levantemos el pie del acelerador por motivos tácticos porque nos lo piden los nacionalistas. Aquí hay dos estrategias: la de los que queremos ganar a ETA y la de Carod, que quiere pactar con ETA, no hay más. Dos varas de medir.

–En la Comisión del 11-M, en la comparecencia de Pilar Manjón, resultó evidente que los nacionalistas miden con distinta vara el terrorismo nacionalista y el islamista, ¿por qué?
–La intervención de la señora Manjón me pareció de gran valor. Por tanto, una defensa radical del derecho a decir lo que dice. Ahora bien, es verdad que el PNV quiere establecer unas diferencias entre el terrorismo islamista y el etarra, el terrorismo bueno y el malo. Yo no sé si ETA habrá tenido algo que ver o no en ese atentado, los datos parecen decir que no, pero sí sé que no cabe establecer diferencias entre un terrorismo bueno y un terrorismo malo. Los nacionalistas, todos, están intentando trazar una línea entre el terrorismo «humano» de ETA y el otro, el indiscriminado. Hay gente que ha ido corriendo a Atocha, a solidarizarse con las víctimas del atentado, que nunca lo ha hecho con las víctimas de ETA.

–A pesar de todos los pesares sigue en el PSE, ¿le enfada la postura actual?
–Me molestó al principio. Ahora estoy más tranquilo porque todos los datos me están dando la razón. Me fui de la dirección del PSE porque perdí estrepitosamente y porque el partido iba a empezar otra andadura distinta. Pero no el PSE, realmente todo el PSOE iba a comenzar una andadura distinta y yo no comulgo con esto. Yo no dejaré nunca este partido, porque la dirección es coyuntural y porque yo he nacido en este partido mucho antes que todos los demás. Todos los que están hablando mucho en el PSOE han llegado más tarde que yo, y tienen que dar saltos generacionales para encontrar a alguien que tenga que ver con el PSOE. Yo no; yo tengo una tradición sin vacíos.

–El PSE, entre el PP o el PNV, ¿con quien pactará?
–No lo sé. Yo sé que si fuera candidato la única forma de ser lendakari es pactando con el PP, para quitarle la Lendakaritza al PNV. No es algo vergonzoso, sucede en casi todas las comunidades. No sé qué piensa mi partido en este momento. Veo que quiere hacer la reforma del Estatuto elaborada por Guevara y, con todo el respeto, creo que no es el momento de hacer esas aproximaciones.

–Usted ahora preside la Fundación para la Libertad, ¿con qué finalidad última?
–En España, el gran problema es que las dos grandes formaciones nacionales no se ponen de acuerdo en los grandes temas. El consenso en otros países ha sido histórico, no ha hecho falta un ejercicio de voluntad explícito para consensuar posiciones. Pueden debatir sobre la política exterior, pero no sobre la estructura de la política exterior. Nunca se oye hablar de las dos Francias, pero sí de las dos Españas. El acuerdo y el consenso es más importante aquí que en otros países y la Fundación trabaja en eso.

–IU está pasando por una mala situación, ¿le da pena o cree que es lo que merece?
–Hay momentos en la historia en que algunos grupos, como ocurre en la naturaleza, tienen auténtica vocación de suicidio. Izquierda Unida decidió ir al suicidio y, además, con autogolpe. Una persona que modifica las reglas internas del partido para ganar y luego va dando lecciones de ética democrática a los demás, como Gaspar Llamazares, me da pena; pero no por él, por toda la gente de izquierdas.

Izquierda del PSOE.
–¿A la izquierda del Partido Socialista está el abismo?
–No, existe otra izquierda y es bueno y razonable que exista. Izquierda Unida, según va teniendo menos capacidad electoral, va teniendo más poder institucional. Han estado en Baleares con el PSOE, están con el Partido Popular en algún ayuntamiento, en el País Vasco con el PNV, y en Asturias con el PSOE. Es un partido que está a la izquierda del Partido Socialista y que se define sólo por estar en un Gobierno, sea con quien fuere. Es una izquierda que están volatizando gente como Gaspar Llamazares o Madrazo, es terrible lo que están consiguiendo estos dos.
–¿Qué va a hacer en la campaña electoral vasca que se aproxima?
–Nada. No me han pedido nada. Consideran contraproducente que intervenga, porque son tendentes a acercarse al nacionalismo, de buscar votos en el nacionalismo. Eso hace que yo no les aporte nada. Al contrario, perturbo.

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