AGLI

Recortes de Prensa     Martes 21 Diciembre 2004
Por la vía de los hechos consumados
EDITORIAL Libertad Digital 21 Diciembre 2004

EL NUEVO «DESASTRE»
CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC  21 Diciembre 2004

Batasuna busca oxígeno
Editorial La Razón 21 Diciembre 2004

EL INCIERTO FUTURO DE ESPAÑA CON PLANES VASCOS A PORFÍA
CARLOS MARTÍNEZ GORRIARÁN ABC  21 Diciembre 2004

EL FUNERAL DEL ESTATUTO
EDURNE URIARTE ABC  21 Diciembre 2004

PREOCUPACIÓN SÍ, PERO SUSTOS SÓLO LOS JUSTOS
LUIS IGNACIO PARADA ABC  21 Diciembre 2004

LA VACIEDAD DEL GOBIERNO
M.MARTÍN FERRAND ABC  21 Diciembre 2004

¿Y ahora qué, Zetapé
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 21 Diciembre 2004

LA VERDAD Y LAS VÍCTIMAS
IGNACIO SÁNCHEZ CÁMARA ABC 21 Diciembre 2004

La «nacionalización» del tal López
Julián LAGO La Razón 21 Diciembre 2004

El cuadro y el puzzle
Cristina Losada Libertad Digital 21 Diciembre 2004

QUE SOPLEN
JAIME CAMPMANY ABC  21 Diciembre 2004

Otegi celebra el plan Ibarretxe
Editorial HERALDO DE ARAGÓN  21 Diciembre 2004

Llorar con Pilar Manjón
Iñaki EZKERRA La Razón 21 Diciembre 2004

Otra vez la culpa del mensajero
Lorenzo CONTRERAS La Razón 21 Diciembre 2004

Rencor
JUAN JOSÉ R. CALAZA La Voz 21 Diciembre 2004

Pilar Manjón
Víctor Llano Libertad Digital 21 Diciembre 2004

Elocuente votación
Editorial El Correo 21 Diciembre 2004

Comunidad nacional y merecumbé
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 21 Diciembre 2004

La muy honorable caverna
José García Domínguez Libertad Digital 21 Diciembre 2004

Campaña contra el cava
José CLEMENTE La Razón 21 Diciembre 2004

Torpes hasta en la mentira
Ignacio Villa Libertad Digital 21 Diciembre 2004

Batasuna en el Parlament
Cartas al Director ABC 21 Diciembre 2004

Nicolás Redondo Terreros:«Es el punto final a la historia del Partido Socialista Obrero Español en el País Vasco»
M. LUISA G. FRANCO BILBAO ABC  21 Diciembre 2004

Ibarra cree que en el PSOE comienza a haber mucho nacional y poca gente de izquierda
Libertad Digital 21 Diciembre 2004

El TSJPV retira a «Josu Ternera» su condición de parlamentario dos años y medio después de su fuga
Redacción La Razón 21 Diciembre 2004

El jefe de Gabinete de Caldera fue el responsable de dos webs dedicadas a calumniar e injuriar al PP
Libertad Digital 21 Diciembre 2004

La AVT se queja de que TVE silencia su voz
M. A. B. ABC  21 Diciembre 2004

 

Por la vía de los hechos consumados
EDITORIAL Libertad Digital 21 Diciembre 2004

La firmeza y el saber decir "no" son tan imprescindibles para parar la deriva secesionista como, ¡ay! incompatibles con el talante de ZP. Cuando a finales del pasado año, tras respaldar el pacto con los independentistas catalanes y meses después de la decapitación política de Nicolás Redondo Terreros, José Luis Rodríguez Zapatero secundó la amenaza de Pasqual Maragall de saltarse la ley en el caso de que las Cortes Generales no autorizaran la convocatoria en Cataluña de un referéndum en pro de la reforma estatutaria, ya se hizo evidente lo que, por lo visto, algunos han tenido que esperar a descubrir en los últimos meses: A saber, que la falta de principios y la debilidad moral y política disfrazada de "talante" del secretario general del PSOE hacían de José Luis Rodríguez Zapatero un evidente peligro para el mantenimiento del orden constitucional en España, tanto si permanecía al frente de la oposición como si, contra todo pronóstico entonces, alcanzaba la presidencia del Gobierno.

Las esperanzas con la que los independentistas vascos y catalanes acogieron y buscaron la victoria electoral de ZP tres días después del 11-M ha ido pareja con la decepción de quienes esperábamos que una derrota del PSOE sirviera para renovar al principal partido de la oposición que ayudara a alumbrar un nuevo liderazgo o, al menos, un cambio de política que no fuera tan previsiblemente condescendiente con los delirios nacionalistas.

ZP en el Gobierno no ha hecho más que proseguir en esa senda de cesión ante los que abiertamente quieren acabar con el Estado autonómico consagrado en nuestra Constitución. Si poco antes de las elecciones vetó la condena al Plan Ibarretxe propuesta por la Asociación Nacional de Municipios, una de las primeras medidas legislativas de ZP ha sido la de revocar el endurecimiento penal que castigaba la convocatoria de referendums ilegales y la financiación de organizaciones ilegalizadas como Batasuna.

Estos son los antecedentes en los que nos hemos de fijar y no, desgraciadamente, en la coincidencia del voto negativo que este lunes el PP y el PSE han dirigido al Plan Ibarretxe, aprobado, no obstante, en su primer trámite parlamentario gracias a los votos del tripartito y de la abstención de los representantes de ETA. Más aun, después de ver este domingo que esa coincidencia de voto no supone la existencia de un frente común entre PP y PSOE, pues los socialistas vascos han decidido abandonarlo para proclamar una tercera vía llamada únicamente a debilitar las posiciones constitucionalistas y a incitar a los nacionalistas a proseguir por la vía de los hechos consumados.

Tampoco nos puede tranquilizar la evidente inconstitucionalidad del proyecto de Ibarretxe, si no hay una clara y disuasoria determinación por parte de los dos principales partidos de la nación, no sólo de cumplir la ley, sino también de hacerla cumplir de manera efectiva. Hace ya mucho tiempo que se proscribió la financiación y la representación política de ETA y, sin embargo, la violación de esa legislación por parte de los nacionalistas ha sido tolerada por la vía de los hechos consumados. La firmeza y el saber decir "no" son tan imprescindibles para parar la deriva secesionista como, ¡ay! incompatibles con el talante de ZP. Y eso lo saben perfectamente los independentistas, tanto los de Ibarretxe como los de quienes se fueron a Perpiñan a planear con ETA...

EL NUEVO «DESASTRE»
Por CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC  21 Diciembre 2004

VENÍAMOS anunciando el nuevo Desastre. Más dramático que el de hace un siglo. Aquél fue, al fin y al cabo, ultramarino y colonial. Éste es peninsular. Aquél no fue querido. En esta ocasión llega no por las minorías nacionalistas, sino por la voluntad de un partido estatal, por la traición de éste a la Nación, por las convicciones federalistas de éste, por su odio a una idea nacional española y su desprecio a la unidad, por su ignorancia sobre las relaciones del Estado con aquélla, tal como nos lo explicó Ortega y Gasset en su definitivo texto sobre Mirabeau.

La destrucción del Estado estaba prevista. Veníamos dando avisos constantes. Obviamente se trataba de un proceso que los nacionalistas han ido llevando con un gran pulso. Todavía la agonía durará un tiempo. Habrá escarceos. Por lo que se refiere al País Vasco, ¿votará Batasuna el Plan Ibarrarretxe? Y, en ese caso, ¿cuál será el comportamiento del Gobierno? En Cataluña, ¿se pondrán de acuerdo los socialistas y nacionalistas en la adminisión del término «comunidad nacional» en vez de nación?

Se trata de los últimos arreglos que deberá adoptar el «desastre». Y, sobre todo, de la relación de fuerzas que saldrá de él. Porque esto es lo único que les está importando a los socialistas: la dirección del proceso. Y siendo éste el único extremo que les interesa, les va a salir mal. Porque, además de traidores a la nación y a la Constitución, van a estar, están siendo, terriblemente torpes. Creían estos pobrecillos que podrían restar protagonismo a los nacionalistas si asumían sus posiciones. No saben que de ese modo los potencian. Creyeron que les bastaba con presentar una versión alternativa del Plan Ibarretxe, en realidad una apariencia de alternativa, ya que todo debía responder a la misma plantilla: una nación disimulada con el término «comunidad nacional», la soberanía compartida con el Gobierno central, capacidad para relacionarse con otras Comunidades... y con la Unión Europea... Pensaban que los nacionalistas llegarían a retirar el Plan Ibarretxe, habida cuenta de las dificultades de éste para salir adelante y la igualdad de contenidos. No querían imaginar que pudiera ser aprobado porque sólo con pensarlo se cagan por las patas. ¿Qué podrían hacer ellos, qué hara ZP si el PNV convoca un referéndum?

VENÍAMOS cantando el Desastre que los socialistas habían interiorizado desde hace tiempo. Sabíamos hasta qué punto los socialistas quieren un Estado que quede entre ellos y los nacionalistas. Con la exclusión de la derecha. Con el PP fuera. Un futuro sin el PP o con el PP roto, porque ¿qué puede ser del PP en una España rota?

Todo esto era previsible, aunque no seguro. Si el PP ganaba el 14 de Marzo, habría posibilidades. A buen seguro seguiría el clima de guerra civil que había habido durante toda la legislatura, pero, aún así, el gobierno de Rajoy podría contar con los mecanismos constitucionales y con la voluntad de utilizarlos. Quiero decir que había algunas esperanzas. La subida de ZP después de la masacre anunciaba ya la de la Nación. Con una agravante: ni siquiera el proceso iba a quedar en manos del partido traidor, sino en las de los nacionalistas, al fin y al cabo consecuentes. Así que los compañeros de este viaje al fin de la nación, los tontos útiles, van a ser los socialistas.

¿ES irremediable este proceso? La única esperanza que podemos albergar es que en esta agonía del Estado haya una emergencia en las filas socialistas dispuesta a dar un vuelco a la situación en alianza con el PP.

Batasuna busca oxígeno
Editorial La Razón 21 Diciembre 2004

Un sector de los socialistas vascos parece dispuesto a escuchar los cantos de sirena que, desde el mundo nacionalista, incitan a pensar que ETA busca una tregua, esta vez definitiva, que culminaría con el abandono de las armas y la renuncia a la violencia. En el camino, según los teorizantes del nuevo proceso negociador, el Gobierno debería estar dispuesto a hacer algunas pequeñas cesiones, por supuesto absolutamente razonables, para demostrar su voluntad de acuerdo. Uno de estos gestos sería, tal y como hoy publica LA RAZÓN, que el brazo político de los terroristas, Batasuna o cualquier nombre que adopte, pudiera participar en el próximo proceso electoral autonómico vasco, ya sea formando parte de listas independientes, ya sea integrándose en algunas candidaturas a título individual. Por el contrario, y como prueba de la «buena voluntad» de la banda, ésta renunciaría a exigir como condición previa la liberación de todos sus presos, conformándose con el acercamiento de los reclusos a las prisiones vascas.

No es ningún secreto que los terroristas, a su modo, envían señales de tregua. Los últimos atentados en serie, con bombas de poca potencia y con avisos previos para minimizar el riesgo de provocar víctimas, llevan, sin embargo, una carga de amenaza implícita que juega con el terrible recuerdo de la matanza del 11 de marzo. Hay prisa en el entorno etarra por sustanciar cualquier tipo de propuesta negociadora. Y hay prisa porque se acerca la fecha de unas elecciones autonómicas que puede suponer la desaparición del partido político de ETA como actor, cuyo protagonismo en el mundo nacionalista se vería subsumido por la hegemonía del PNV.

Pero los «tempos» de ETA no son los nuestros, o no deberían serlo. Ningún hombre de bien puede negarse por principio a recorrer los caminos que conducen a la paz, por muy hipotética que sea o por muy lejana que se halle. De hecho, los diversos gobiernos de España han demostrado su voluntad negociadora, incluso sentándose en la misma mesa con unos asesinos repugnantes. Y nunca ha resultado bien. La banda lo ha utilizado siempre para recuperarse cuando estaba muy batida, como en este momento, o cuando lo han aconsejado sus disputas internas.
Pues bien, si el Partido Socialista del País Vasco se cree con fundamento que hay una posibilidad real de que ETA entregue las armas mediante una nueva negociación, tiene derecho a intentarlo. Pero vista la experiencia, debería exigirse, al menos, una condición: que Batasuna exprese alto, rotundamente y sin circunloquios ni reservas de ningún tipo el rechazo a la violencia y su respeto a todos los ciudadanos. Sólo a partir de ese momento, que es, por otra parte, una mínima exigencia democrática, tendríamos derecho a volver a equivocarnos.

EL INCIERTO FUTURO DE ESPAÑA CON PLANES VASCOS A PORFÍA
Por CARLOS MARTÍNEZ GORRIARÁN Profesor de Filosofía Universidad del País Vasco ABC  21 Diciembre 2004

LA velocidad con que se desarrollan los acontecimientos políticos en nuestro país está creando el riesgo de que no se midan bien las consecuencias de algunas propuestas de falsa reforma constitucional -falsa, porque sólo buscan la derogación del sistema constitucional-, que, a pesar del discurso envolvente del consenso, están animadas por una voluntad unilateral y fundamentalista. La suma de iniciativas que tanto los nacionalismos como los socialismos vasco y catalán, unida a la irrelevancia política del Gobierno de Rodríguez Zapatero, han encuadrado en una estrategia si no concertada, sí concurrente, de revisión del modelo de Estado, han puesto a España ante un futuro cada vez más incierto. En nueve meses de Gobierno, el PSOE ha clausurado la confianza constitucional abierta en 1978 y la ha sustituido por una expectativa en la que el Ejecutivo sólo apuesta por fuerzas políticas centrífugas, cuya aspiración es lograr un retroceso histórico de España a los tiempos de los privilegios territoriales y de la desigualdad entre ciudadanos.

Siendo árboles distintos, socialistas y nacionalistas han decidido formar parte del mismo bosque, tanto en Cataluña como en el País Vasco. El avance del Plan Ibarretxe, tras superar el trámite de la Comisión de Instituciones en la Cámara vasca, ya cuenta con la abstención constructiva de Socialistas Abertzales, la marca parlamentaria de ETA. No es una sorpresa tal apoyo, aunque tampoco asegura al PNV el respaldo proetarra al Plan en el pleno del día 30. Es tiempo de regateo entre nacionalistas para mejorar sus posiciones ante un futuro hegemónicamente nacionalista. De una forma u otra, tanto Batasuna como ETA saben que el Plan contiene los máximos del programa etarra: autodeterminación, territorialidad, ámbito vasco de decisión y Pueblo Vasco como titular de soberanía. Aunque no haya acuerdo expreso, sí hay consenso entre los nacionalistas de toda clase en torno a este propósito.

SIN embargo, no ha sido el voto favorable obtenido en la Comisión lo que ha reforzado el discurso nacionalista en torno al Plan Ibarretxe, sino el paso definitivo del socialismo vasco desde la alternativa constitucional de 2001 a la implantación del modelo catalán para las relación del País Vasco con España. La propuesta de reforma estatutaria, aprobada el pasado domingo por la dirección del PSE, supone el abandono inequívoco de la orilla constitucional y estatutaria. Ahora cobran todo el sentido la defenestración de Redondo Terreros, el ascenso de un perfil bajo como el de Patxi López, el repudio a la coincidencia con el PP y la irrupción de Maragall en el «conflicto» vasco, al espresar su acuerdo en el fondo, aunque no en las formas, con el Plan Ibarretxe.

Lo que hoy propone el PSE a la sociedad vasca es una aproximación lateral al Plan del lendakari: identidad nacional vasca, sujeto de Derecho Internacional, soberanía judicial sobre los ciudadanos, etc... Eso sí, con buenas formas de procedimiento: mesa de partidos, debate parlamentario y demás trámites de reglamento. Buenas formas para llegar a la conclusión de que si en 2001 PP y PSE representaron dos tácticas para una misma estrategia -con los mejores resultados electorales obtenidos nunca por el constitucionalismo-, en 2004 el PSE se ha prestado otra vez a ser la segunda pata del proyecto nacionalista, como hizo entre 1986 y 1998. Nada prohíbe pensar que el desenlace a medio plazo sea una especie de entendimiento transversal desde la izquierda proetarra hasta el PSE, pasando por el PNV. Hoy el planteamiento confederal de López atrae más a Arnaldo Otegi que a María San Gil.

CON la perspectiva suficiente se constata que España está viviendo la preparación de una emboscada a la Constitución a través de las reformas estatutarias, que son leyes orgánicas para cuya aprobación el Gobierno tiene suficiente respaldo en el Congreso. El PP no contaría. Lamentablemente, las instituciones del Estado encargadas de velar por la integridad de la Constitución y del ordenamiento jurídico parecen apostar por el precario ante los futuros conflictos constitucionales. Tanto el presidente del Consejo de Estado, Francisco Rubio Llorente, como la presidenta del TC, María Emilia Casas, han preconstituido públicamente su criterio favorable a la revisión del principio nacional establecido en el artículo 2 de la Constitución, sin proteger su imparcialidad frente a futuros dictámenes.

El conjuro se llama ahora «comunidad nacional», impulsada al unísono por Rubio Llorente y Pascual Maragall para abrir brecha en la claridad semántica de la Constitución sobre la unidad de la Nación española, única reconocida como tal. De esto se trata precisamente: romper el consenso constitucional de 1978. Es la segunda transición, tal y como la formuló el presidente de la Generalidad: quitar de la Constitución lo que sobra, ahora una parte, y dentro de veinticinco años, otra más. Va por buen camino Maragall, quien puede considerar que se ha impuesto al PSOE y a Zapatero. Maragall tiene discurso, guste o no, y ha sabido proponer una idea movilizadora de parte de la izquierda y de la mayoría del nacionalismo. Y tiene a su favor el vacío político que encarna Zapatero en este debate sobre el futuro de España, tras haber instalado a su Gobierno en la irrelevancia frente a la ruptura constitucional que sus compañeros están fraguando en el País Vasco y Cataluña. Esto no es crispación, ni debate legítimo de ideas. Es una crisis de Estado.

WINSTON Churchill justificó sus migraciones partidistas con una frase que decía más o menos así: «a veces, cuando uno quiere mantener sus convicciones debe cambiar de partido». Eso ha hecho Emilio Guevara, un nacionalista moderado que para seguir siéndolo prefirió emigrar de un PNV ultramontano a un PSE sin prejuicios. A diferencia de lo que es habitual, Guevara no ha tenido que integrarse en las ideas del partido que le acoge, sino que ha sido el PSE quien ha elegido amoldarse al emigrante, encargado por la ejecutiva de Patxi López de redactar un nuevo Estatuto vasco. Dado que el autor principal no ha cambiado de ideas, la propuesta que fundamenta el ya conocido como Plan López es más nacionalista que cualquier otra cosa. Por eso López intenta deleitar a sus bases y a los posibles nuevos votantes con cánticos al patriotismo vasco bien entendido, anunciando su voluntad de representar como nadie a Euskadi en las instituciones europeas, y dando por hecho que los vascos y vascas forman una «comunidad nacional», extraña entidad completamente novedosa aunque más familiar para los estudiosos de ética y política donde, por cierto, el comunitarismo (de Macintyre, Taylor, Kymlicka y compañía) se opone claramente al individualismo y a la democracia liberal.

Puede objetarse el hecho de que los mismos que defenestraron a Nicolás Redondo por hacer «seguidismo», según decían, de Jaime Mayor Oreja, entreguen la estrategia y la ideología del socialismo vasco, sin ningún debate previo ni restricción mental conocida, a un nacionalista sin complejos, aunque sea tan íntegro como Emilio Guevara. Sería malidecente atribuir esta entrega a la escasez de materia gris en el seno dirigente del PSE, que ya intentó no hace mucho otra fusión ecléctica con la doctrina de Herrero de Miñón. Lo cierto es que la ilusión de batir al bloque nacionalista el año 2001 quedó frustrada por unos pocos miles de votos que los actuales dirigentes creen posible atraer fichando a Guevara y renegando moderadamente del constitucionalismo, con vistas a entrar el 2005 en esa Ajuriaenea casi hollada hace cuatro años. Es el Plan López.

Pero debido a su peculiar gestación, el Plan López nace lastrado por un nombre inapropiado y un ideario insólito para un partido socialista (si bien es cierto que las ideas cada vez importan menos): en realidad es el Plan Guevara, de orientación netamente foralista radical o, si lo prefieren, nacionalista moderada. El que todos preferirían que defendiera el PNV, pero que suena a impostura en otras bocas. La consecuencia de esta impropiedad es que el Plan Ibarretxe, genuino tanto en autoría como en sentido, conserva e incrementa sus ventajas originales. La dirección socialista ha maniobrado de tal modo que ha compensado el mayor fracaso de Ibarretxe, a saber, que no haya ganado ninguna adhesión nueva para su Plan desde que fuera presentado. Salvo, ahí es nada, la abstención de Batasuna en la ponencia que lo votó ayer, transmitiendo un «vía libre» de ETA. Al preferir un pacto «transversal» a otro «frentista», es decir, al elegir gobernar con el PNV antes que con el PP -lo anunciaba ayer Jesús Eguiguren en ABC y lleva tiempo haciéndolo (mal) Odón Elorza-, las críticas socialistas al soberanismo se transforman en una clara invitación a negociar el proyecto lunático de Ibarretxe.

La cuestión era y es si, forzando el aislamiento del PP, iban a conseguir los socialistas una mayor flexibilidad del nacionalismo gobernante. La respuesta ha sido (y era) no, por partida doble. Gracias a la debilidad socialista en el Parlamento Vasco, el Plan Ibarretxe ha salido endurecido de la ponencia. Invitado a negociar por quien se ofrece como socio y enseña sus cartas antes de acabar la partida, Ibarretxe procede a subir la apuesta sin enseñar las suyas. La otra negativa llega desde el comando parlamentario de ETA. La mayoría de los analistas políticos -¡como está la profesión!- daban casi por seguro que ASK votaría contra el Plan Ibarretxe en la ponencia, pero algunas de las razones para abstenerse ya las adelantó Arnaldo Otegi (y las comenté en este periódico) en el acto del Velódromo. Lo esencial es que esa abstención certifica la defunción de un Estatuto de Gernika abandonado al PP, y de paso la alianza PP-PSOE. También es una invitación a Ibarretxe para que dé otro giro de tuerca al Plan, un poco más de lo que el PSOE pueda admitir.

El bloque nacionalista sabía muy bien que la única alternativa creíble a su dominio era conseguir el fin de ETA sin concesiones políticas, fruto de la alianza implícita entre PSOE y PP explicitada en el Pacto por las Libertades. Pero la brutal resaca del 11-M ha destruido el acuerdo, iniciado el vaciado lento del Pacto y, si no lo remediamos, se han puesto las bases para el regreso de ETA. La guevarización del PSE -decidida a espaldas de todos los procedimientos internos, como ha observado Rosa Díez con tanto acierto como impotencia- ha colocado a este partido en el papel de peor postor en la puja nacionalista por más soberanía propia y menos compartida, más identidad comunitaria y menos pluralismo social. Y el PSE no puede superar en esa subasta a los partidos genuinamente nacionalistas, como también se está viendo en Cataluña.

La abstención de ASK significa en potencia muchas cosas; las iremos conociendo a lo largo de los próximos meses. Hay una oferta al PNV y el tripartito para que, a cambio de más radicalidad y menos concesiones, ETA pueda declarar alguna clase de tregua. Así parecería cumplida la promesa de Ibarretxe sobre la aprobación de su Plan en ausencia de violencia. De paso, Batasuna podría conseguir derogar su ilegalización tras mostrar vagamente sus deseos de un pronto arreglo dialogado del conflicto. Y así presentarse a las elecciones, deseada por algunos socialistas para comerle terreno al PNV por ambos lados y conseguir una mayoría a la catalana, con Batasuna en el papel de ERC. Pero el despertar de este sueño ilusorio podría tener la siguiente forma: al día siguiente de las elecciones, ganadas por el frente PNV-EA-IU y la nueva Batasuna (vista la bronca entre constitucionalistas, muchos electores no nacionalistas preferirán quedarse en casa), se anunciaría la formación de un gobierno con Otegi de vicelehendakari y la negociación con ETA como programa de paz. López tendría el consuelo, por lo menos, de acusar a María San Gil de haber errado en sus previsiones: el vicelehendakari será otro. Cosas peores se han visto, quizás nada comparadas con las que podemos llegar a ver.

EL FUNERAL DEL ESTATUTO
Por EDURNE URIARTE ABC  21 Diciembre 2004

El regocijo de Arnaldo Otegi con lo que él y ETA consideran el funeral del Estatuto da una idea de la gravedad de lo ocurrido ayer en el Parlamento Vasco y del futuro de desestabilización que se nos avecina en los próximos meses. Y la perspectiva es bastante más negativa que la que vislumbrábamos hace un año, y no porque haya cambiado el nacionalismo vasco, sino porque quien ha cambiado es el socialismo, el vasco y el español. Frente al Plan Ibarretxe, ya no tenemos unidad constitucionalista; tenemos un PP que defiende en solitario el Estatuto y un PSE-PSOE que proclama su agotamiento.

Lo que me sorprende es la tranquilidad con la que amplios sectores políticos e intelectuales valoran el avance parlamentario del Plan Ibarretxe. Piensan que tanto el Parlamento de la nación como la voluntad de la mayoría de los españoles, además de razones económico-prácticas como las que han afectado al cava catalán, harán imposible la culminación del Plan Ibarretxe. Incluso se aferran a análisis puramente coyunturales y afirman que Batasuna no apoyará el Plan en el pleno del próximo día 30.

Es cierto que posiblemente Batasuna no dará ese apoyo en el pleno parlamentario. Pero esto tan sólo retrasará el avance del Plan Ibarretxe, porque el dato determinante es que todo el nacionalismo vasco, incluida ETA, junto a Izquierda Unida, están dispuestos a llevar hasta el final este proyecto de ruptura de la nación. Queda la voluntad mayoritaria de los españoles, sí, pero la realidad es que, hasta el momento, el nacionalismo vasco no ha dejado de dar pasos contra esa voluntad mayoritaria.

La intervención de la voluntad mayoritaria es una esperanza, la aprobación del Plan Ibarretxe en una comisión de un Parlamento autonómico, un hecho; y la inexistencia de una previsión de medidas por parte del gobierno central para los sucesivos pasos de este proceso, incluida la convocatoria de un referéndum ilegal, otro hecho.

Pero, además, el avance del Plan Ibarretxe se produce en un momento especialmente delicado de la unidad constitucionalista. Porque el Partido Socialista de Euskadi ha legitimado la insatisfacción nacionalista con ese proyecto de reforma estatutaria que adopta terminología y aspiraciones nacionalistas. La apuesta por la «comunidad nacional» significa, al igual que en el socialismo catalán, la aceptación del elemento sustancial del discurso nacionalista, la identidad nacional y el abandono definitivo de una alternativa basada en la centralidad de la nación española.

El Partido Socialista insiste en que el Partido Popular se ha quedado solo. Y tiene razón, se ha quedado solo en la defensa del Estado de las autonomías, de los estatutos y de la nación española, demasiado solo para frenar una estrategia rupturista como la del Plan Ibarretxe. Su único, aunque triste, consuelo es que a quien le estallará en la cara tarde o temprano será al Gobierno socialista, y entonces los socialistas tendrán que redefinir necesariamente ese concepto de soledad.

PREOCUPACIÓN SÍ, PERO SUSTOS SÓLO LOS JUSTOS
Por LUIS IGNACIO PARADA ABC  21 Diciembre 2004

NO hay que asustarse porque ayer el plan Ibarretxe haya superado ayer el primer trámite en la Comisión de Instituciones e Interior del Parlamento vasco. La inesperada abstención de los sucesores de Batasuna, cuyo voto se suponía en contra hizo posible el resultado de 9 votos a favor (PNV-EA-IU), 7 en contra (PP y PSE) y dos abstenciones, las de SA. La inclusión en el texto de siete enmiendas transaccionales de PNV y EA, rechazadas por populares y socialistas, con la abstención de EB da una idea de las dificultades que el plan encontrará en el pleno del Parlamento vasco el próximo día 30 de diciembre, cuando habrá de ser ratificado por mayoría absoluta, 38 de los 75 votos, algo que sólo ocurriría si la antigua Batasuna vota a favor, lo que sería una forma de suicidarse ante las elecciones autonómicas de la próxima primavera.

Preocupa que sólo la mitad de los dos millones de ciudadanos vascos tengan en jaque a todas las instituciones españolas con un protagonismo político chantajista. Pero no debe asustar. Porque hasta ese millón de separatistas saben que la «independencia» no depende de ellos sino de 40 millones de españoles. Además, aunque el proyecto fuera aprobado debería someterse a un referéndum autonómico que sería ilegal y que debería celebrarse «en un escenario de ausencia de violencia y sin exclusiones», lo que podría demorarlo. Lo que no podría aplazarse es la remisión obligatoria de la propuesta aprobada al Congreso de los Diputados. Y allí jamás sería aceptada. Hasta Llamazares dijo ayer que IU votará en contra en el caso poco probable de que la propuesta logre salir aprobada del Parlamento Vasco y deba ser refrendada en el Congreso. Lo más curioso es que la jugada batasunera ha complicado la vida al nacionalismo vasco independentista ante los inmediatos comicios autonómicos. Porque puede abrir un calendario cuyo control ya no estaría en manos de Ibarretxe.

LA VACIEDAD DEL GOBIERNO
Por M.MARTÍN FERRAND ABC  21 Diciembre 2004

EN su muy reciente y divertido «Diccionario políticamente incorrecto», Carlos Rodríguez Braun define el socialismo como un «régimen benévolo que ha de ser juzgado exclusivamente por sus mejores intenciones». No está mal visto y, de hecho, demuestra la experiencia que la máquina propagandística de los socialistas españoles es cotidianamente capaz de convertir en verdad científica y palpable la irónica afirmación del catedrático liberal. Contribuye a ello de manera eficaz, que todo hay que decirlo, la inmensidad elástica con la que el PSOE es capaz de proyectarse en todas las circunscripciones, autonómicas y municipales, en las que opera. Hasta tal punto que, en muchas Casas del Pueblo, especialmente en Cataluña o en el País Vasco, debiera sustituirse el venerable retrato del fundador Pablo Iglesias por alguno de Lon Chaney, la estrella del cine mudo que pasó a la celebridad como «el hombre de las mil caras».

Acostumbrados a comulgar con piedras de molino, los socialistas españoles, incluso sus próximos y devotos, resultan capaces de asumir, incluso complacidos, la terrorífica vaciedad del Gobierno actual como un ejercicio de sutil delicadeza, balsámico para la convivencia, sin advertir los muchos riesgos que genera la complacencia sonsa de José Luis Rodríguez Zapatero. Es un crédito disgregador que, si no llega a su vencimiento, será más por la solvencia de los deudores que por el rigor del acreedor. Síganse para comprobarlo las últimas y muy medidas declaraciones de Pasqual Maragall sobre el Estatut que reclama para Cataluña y, como decía «La Codorniz» para definir sus historias negras, tiemble después de haber reído.

A pesar de la eficacia propagandística del socialismo, prodigiosa, y de la meritoria capacidad de Zapatero para flotar en el difícil fluido de la inconsistencia, hay un territorio en el que los hechos y las circunstancias superan su capacidad de disimulo y enmascaramiento y, no sin graves riesgos para España, se evidencia su oceánica incapacidad: la política exterior. Ahí ya no caben parches para tapar tantos agujeros y, de mal en peor, Miguel Ángel Moratinos, pobrecito propalestino, encarna el disparate y la confusión que, en parecida proporción, integran la doctrina Zapatero.

En ese catálogo de desastres, con mucho europeísmo de salón, sobresale el nulo entendimiento del más viejo de todos los problemas de la especialidad, Gibraltar. En los tres siglos en que, a través de dictaduras, democracias, monarquías, repúblicas y hasta guerras, España viene aspirando a la recuperación del Peñón se han intentado, con parecida fortuna, todos los procedimientos imaginables de diálogo con el Reino Unido, la otra parte del problema, pero nunca se había llegado a convertir en parte lo que sólo es circunstancia: a los contrabandistas, traficantes, fiduciarios y mercachifles que, con base en la Roca, ordeñan y disfrutan el paraíso de la Costa del Sol.

¿Y ahora qué, Zetapé?
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 21 Diciembre 2004

Es posible que el Gobierno del PSOE y sus satélites hayan puesto ya en marcha sin posible marcha atrás ese golpe legal para acabar con la Constitución Española y con su fundamento político, que es nuestra nación, que empezaría con el plebiscito sobre la Constitución Europea y terminaría con las naciones instaladas a modo de gusanos en el cuerpo hasta ahora indivisible y lozano de la nación española, la única legalmente existente hasta hoy. Si es así, y los hechos permiten temerlo con fundamento, Julio Pérez no habrá pasado de las gamberradas en la red a Jefe de Gabinete de Caldera, sino que estará quizás a la cabeza de los piratas que ayer craquearon las páginas de la COPE y antes habían hecho lo mismo con la del falso gruporisa que sirvió de excusa al Gobierno y a la SER para su miserable campaña de mentiras descaradas e injurias redomadas contra los humoristas de “La Mañana”, la COPE y la Conferencia Episcopal.

Ya todo es posible con este Gobierno, menos que respete la ley y se comporte con un mínimo de decencia. Al menos, en lo que a Internet se refiere. Y no sólo a Internet.

Hay muchas páginas injuriosas para los políticos, los periodistas, los valores y las ideas de la Derecha. Y hay una parte inevitable en esos excesos, porque lo da el medio y porque la sátira, por cruda que sea, es parte de la libertad de expresión que define a las democracias, siempre que no sobrepase los límites del Código Penal. Y lo que sin duda supone la liquidación del estado de Derecho es que el dinero de todos los españoles que administra temporalmente el Gobierno se utilice para perseguir a una parte de esos españoles, ayer en el Gobierno y hoy, merced a la masacre del 11-M, en la Oposición. Lo que diferencia a una democracia de una dictadura es que en la primera la Oposición acosa al Gobierno y en la segunda, el Gobierno acosa a la Oposición. Es lo que sucede en Venezuela y lo que ha empezado ya a suceder en España. Tomamos nota, Pérez. No lo olvidaremos, Zetapé.

LA VERDAD Y LAS VÍCTIMAS
Por IGNACIO SÁNCHEZ CÁMARA ABC 21 Diciembre 2004

QUIEN ha padecido la más brutal injusticia merece todo el respeto, la solidaridad y la reparación, en la escasa medida posible, de su injusto dolor. Sólo tributa respeto quien reconoce la dignidad de la persona. No hay solidaridad sin fraternidad, y no hay fraternidad sin paternidad común. La justicia exige la identificación y castigo de los culpables y la reparación del daño sufrido. En todo esto, la razón de las víctimas es absoluta. Más allá de esto, no. Seamos amigos de las víctimas, pero más amigos de la verdad. Nunca el dolor carece de sentido, pero tampoco confiere una especial inteligencia. Extraño es que las víctimas, o su portavoz, en una concesión al eufemismo, rechacen su condición para acogerse al término de «afectados». No es bueno dejar de llamar a las cosas por su nombre. También es extraño el cambio repentino de portavoz y el agravio comparativo entre los dos comparecientes. En cualquier caso, lo que no compete a las víctimas es la identificación, detención y juicio de los culpables, ni el diagnóstico de la etiología de la delincuencia, ni la determinación de las responsabilidades criminales y políticas. Son dueños de su dolor, que debe ser el de todos, y reclamantes de la justicia. Nada menos, pero nada más. En la valoración de la actuación de la Comisión de Investigación, su juicio está, como el de cualquiera, sometido al tribunal de la verdad. La inteligencia sólo es solidaria con la verdad.

Las lecciones morales mediante una especie de casi unánime sufragio universal deben ser acogidas con cautela. Si el silencio de los corderos es inaceptable, tampoco debe ser sustituido por el balido de los borregos. Albergo más que dudas sobre las bondades de la Comisión, pero tampoco creo que pueda con justicia despacharse con apelaciones a goyescas disputas partidarias a garrotazos. Y, aunque así fuera, tampoco podrían repartirse las descalificaciones por igual. Creo muy poco más en las bondades del hombre común que en la de los políticos. En las democracias, suelen ser tales para cual. La descalificación de los representantes y la santificación de los representados es la vía regia hacia la demagogia populista y la destrucción de la democracia representativa. Y si la Comisión se olvidó de las víctimas para centrarse en disputas partidarias, no hay que olvidar quiénes señalaron el camino: quienes imputaron al Gobierno de Aznar la responsabilidad sobre los atentados por su apoyo a la coalición en Irak, la imprevisión política (inédita hasta ahora en la lucha de la democracia contra el terrorismo) y la mentira en las vísperas electorales. Nada de esto es justo ni se ha probado. Tan graves acusaciones merecen respuesta y legítima defensa. Por lo demás, la determinación de la pertinencia de las tres imputaciones tampoco es ajena a los derechos e intereses de las víctimas. Mientras el acusador no pruebe sus cargos, el acusado tendrá derecho a defenderse.

Por lo demás, la Comisión está siendo decepcionante, pero no del todo inútil. Y de la eventual inutilidad deberá responder más quien niega comparecencias que quien las reclama. Si resultan inútiles, sólo se pierde algo de tiempo. Si son útiles, aprovechan a la verdad. Al menos, algo habría que aprender de los errores (compartidos, pero repartidos a partes desiguales): calor, respeto, solidaridad y apoyo a las víctimas; e investigación para depurar las responsabilidades criminales y políticas. Es decir, justicia y verdad. Pero nunca la justicia se edifica contra la verdad. La pasión por la justicia es un bien, pero puede nublar la visión. Aristóteles afirmó que la ley es la razón desprovista de pasión. No estaba mal encaminado.

La «nacionalización» del tal López
Julián LAGO La Razón 21 Diciembre 2004

Lo del tal López es, +/-, lo mismo que le ocurrió al tal Blázquez que llegó de obispo a Bilbao en medio de la descalificación de Arzallus y ha acabado siendo más soberanista que monseñor Setién, por citar un referente. Cierto es que llevábamos un tiempo observando la deriva filopeneuvista de Patxi López, de forma menos descarada que la del alcalde Elorza, claro está, porque lo de Elorza es «demasié», sobre todo desde que el tal P.L. hiciere la cama a Nicolás Redondo Jr.

Así las cosas, o más claro, entre la ausencia de Redondo en la dirección del PSE y el destarife constitucional de ZP que confunde el culo con las témporas, es decir, nación con nacionalidad, han sido aprovechados por Patxi López para «nacionalizar» el Partido Socialista de Euskadi en contra de su cultura (la del PSE, no la de Patxi), con tal de rascar poder con los nacionalistas. ¡Ay, si don Indalecio Prieto levantara la cabeza con los sociatas que él se sentía a fuer de ser liberal y con los españolistas que se pregonaba a fuer de ser vasco! Pero a lo que íbamos, y es que los compas ventajistas del PSE que sostenían que la solución de Euskadi pasaba o por el PNV o no pasaba por ningún lado, se han bajado los pantalones con la presentación del proyecto estatutario de López, cuyo contenido podría asumir Sabino Arana. O dicho de otra manera, que para tranquilizar al tigre, el tal López le ha pasado la mano por el lomo al admitir el concepto de «comunidad nacional» para Euskadi, que ya sabemos que se empieza por la rendición ante el lenguaje, tal cual ocurrió con el llamado MLNV, que es invento etarra y luego se acaba con la rendición de los principios. Por lo pronto, P.L. con su definición, se ha incorporado a la tesis de Maragall, tan eufórico este en el primer aniversario del tripartito, al considerar España una «nación de naciones», una confederación en suma o algo similar. Lo cual con otras palabras no está tan lejos del estado libreasociado que para Euskadi reclama Ibarreche, cuyo plan, por cierto, superó ayer el primer trámite gracias a la abstención de los batasunos.

Pues eso, que el disentimiento social que siempre ha perseguido el PNV merced al terror etarra ha alcanzado a la dirección socialista del País Vasco con el proyecto de «nacionalización» del PSE, que es lo que amén de Elorza igualmente defienden los Jáuregui and Benegas, aunque ninguno de estos dos lo digan en voz alta. De modo que finos estarán los sociatas constitucionalistas, un caso el ministro Bono, a quien la debilidad constitucional de Zapatero se lo está poniendo a huevo para coger el portante cualquier día de éstos. O lo que es lo mismo, que a ZP tanto le da Euskadi que Cataluña, Gibraltar que Gibraleón, Medina del Campo que Medina de Rioseco, un decir. O sea, España que es lo que está en Almoneda salvo que lo evite la Providencia, porque Zapatero, ni de coña.
La cuestión nacional

El cuadro y el puzzle
Cristina Losada Libertad Digital 21 Diciembre 2004

Cuando Galdós recrea los sucesos del cantón de Cartagena, cuenta cómo la fragata Almansa, en manos de los cantonales, sale del puerto de aquella ciudad con rumbo a una potencia extranjera: Alicante. Las cursivas son del escritor. La nave arbolaba bandera española, detalle típicamente español. El objetivo de la incursión, como de otras que practicaron los cantones, era apoderarse de las arcas de la vecina urbe. Puro realismo. Eso sí, con el discurso místico y demagógico de la rebelión contra el gobierno central. Tragicomedia del XIX. Locuras que hoy leídas parecen inverosímiles. No tanto cuando se lee lo que ahora, con estilo más vulgar, dicen no ya los partidos nacionalistas, que en ellos es lógico y habitual, sino miembros del Gobierno y de las altas y bajas instituciones del Estado.

Francis Fukuyama decía en Madrid que Europa se aboca a quedarse en la retaguardia, entre otras razones, por actuar según un concepto que debilita la legitimidad democrática del Estado-nación constitucional y democrático. Si el lúcido profesor tuviera razón, una España dominada por el impulso disgregador, que se ha acelerado como las partículas subatómicas en el CERN desde la llegada al poder de los socialistas, quedaría a la retaguardia de la retaguardia. El último de la fila. Si la nave va en la dirección de la fragata cantonal. Y no parece tan distinto el rumbo. Los socialistas soplan de consuno con los partidos nacionalistas de vocación separatista, a uno de los cuales alojan en su seno, y levantarán el viento que habrá de empujarla.

Desde que ZP descansa en La Moncloa, arrecian las declaraciones que deprecian el concepto de nación en tanto se refiere a España y lo revalorizan en cuanto afecta a ciertas comunidades autónomas. Esa es la paradoja. La nación española definida en la Constitución se rebaja y al final de la temporada se podrá proceder a su liquidación. Al tiempo, ese concepto, "discutido y discutible" en opinión del presidente, se regala sin discusión alguna, con generosidad selectiva, a los que quieren montarse su cantón. Que son minoría. ¿En qué quedamos? Se vacía el concepto de nación en un caso y se llena en otros. Se salda una nación mientras se entrega nación al más engallado. Estamos en los juegos, no inocentes, de palabras, y vendrán después los hechos consumados. La liquidación se quiere hacer como si no fuera la cosa, sin mucho ruido y por la puerta de atrás. Y se circunvalarán los procedimientos que la Constitución establece para su reforma hasta que, serradas las vigas maestras, el edificio caerá por su propio peso.

En uno de sus artículos sobre la II República, Julio Camba cuenta que durante el debate sobre el Estatuto de Cataluña en el Congreso hubo de sacarse de la cama a Ortega y Gasset para que explicara allí que los conceptos de autonomía y federalismo no eran análogos, sino opuestos. "Para aquellos energúmenos, era lo mismo ensamblar las piezas de un puzzle a fin de formar un cuadro, que coger un cuadro y hacerlo añicos, al objeto de crear un puzzle". Y eso que, entonces, la izquierda se enorgullecía de llamarse española. La que hoy tenemos ha resucitado la alianza con los partidos nacionalistas que ya forjara en los años finales de la dictadura y ve en ella la garantía de su perdurabilidad en el poder. Si cuando llegue el momento, hay algún Ortega por ahí, no lo llamarán ni le harán caso. Ni siquiera tiene hoy el debate términos claros, como entonces. Es más, no habrá cuadro que componer cuando lo hagan puzzle.

QUE SOPLEN
Por JAIME CAMPMANY ABC  21 Diciembre 2004

VAMOS a ver. Esos diputados vascos que han aprobado en Comisión el pase a debate del Plan Ibarreche, ¿habían soplado antes en el chivato de la alcoholimetría? Estoy seguro de que «no, padre». Las calles están llenas de guardias provistos de alcoholímetros, que obligan a los coches a detenerse y ponen a soplar a los conductores para cerciorarse de que nadie ha cogido un volante con unas copas en el coleto. Está muy bien eso, porque su vida o su integridad física, las de aquellos que van en el mismo vehículo y los que viajan en otro, pueden depender de que vaya sereno quien conduzca.

En cambio, a los diputados autonómicos o nacionales y a los comisionados de todas las comisiones más o menos ejecutivas no se les exige soplar antes de entrar en la sala del debate, y así van las cosas. La política marcha a veces como si transitara por una carretera en la que todos condujeran borrachos y a gran velocidad. Aprueban cualquier norma y votan cualquier ocurrencia, por disparatada que sea, como si estuvieran con la toña, que a lo mejor están. En algunos casos, es todavía peor. Hay conductores que quieren ir quitándole piezas al vehículo, y uno quiere llevarse el depósito de Cataluña, y otro arrancar del coche la caja de cambios del País Vasco, y no falta quien quiere llevarse la rueda de Galicia. Bueno, pues al menos que demuestren que no están con el colocón o con la torrija, y que lo que sucede es que están locos como cabras del Medioevo.

El otro día me llevaba un amigo en coche por Madrid, nos detuvo el guardia de la prueba del alcohol y le hizo soplar al conductor. En el aparato, el cero no se movía y ni siquiera temblaba. Preguntó el guardia: «¿Cuánto hace que tomó usted una copa?». «Ocho años», respondió mi amigo, que sólo bebe agua mineral. Y en cambio, no le habrán hecho la prueba del alcoholímetro a Jesús Caldera, ministro de Trabajo en un Gobierno que lo primero que hizo fue romper el pingüe contrato para nuestros astilleros que habría evitado la crisis y la pérdida de empleos. Y que además tiene un jefe de Gabinete que entretiene sus toquillas en pintar barajas con políticos y periodistas, como aquellas que hizo Bush con Sadam y sus iraquíes.

Tampoco le habrán hecho que sople a Maragall, que dice cosas como si estuviera bajo los efectos de la resaca. Es posible que las ministras de cuota no prueben gota de alcohol, pero actúan a veces como si estuvieran iluminadas por una papalina gloriosa. Después, tiene que llegar la vicepresidenta y explicarnos que no hagamos caso de lo que ha dicho la ministra, que lo que sucede es que le ha sentado mal el sorbo de poder porque lo ha tragado de golpe y sin respirar. Ya se sabe que en estos días de Navidad siempre se bebe algo más de lo normal, y convendría extremar la vigilancia sobre los políticos, que esa gente no descansa ni durante la Navidad. Han aprovechado que el gentío estaba distraído comprando en El Corte Inglés para darles a las Víctimas del Terrorismo un Alto Comisionado, y les han dado a Peces-Barba, en cuya primera declaración ha dejado claro que a esas víctimas no hay que hacerles caso en lo que piden. Lo que yo digo: que soplen.

Otegi celebra el plan Ibarretxe
Editorial HERALDO DE ARAGÓN  21 Diciembre 2004

PSOE y PP no aprobarán el plan del lendakari y hacen bien. El nacionalismo ofrece un programa que concita menos acuerdo que el que logró el Estatuto Vasco, que ha permitido un alto nivel de autogobierno y convivencia sólo frustrado por el deseo nacionalista de mantener la tensión aun a costa de la buena convivencia. Eso da aliento, guste o no reconocerlo, a la idea de que, sine díe, la "nación" autoproclamada debe tener al resto del país a su merced. La actitud de IU-EB -que Llamazares dice respetar y no compartir- es favorable a tramitar el plan, aunque no a su contenido. Lo cual, hasta hoy, sólo ha tenido efecto retórico. En primavera, PNV y EA harán de este punto el centro de su campaña electoral, para lograr una especie de refrendo plebiscitario a su designio separador.

A impedirlo se dirige el PSE, con una propuesta abierta pero que, al parecer, incluye expresiones como "comunidad nacional de ciudadanos vascos libres". Algo que, signifique mucho o poco, es una concesión en toda regla al espíritu nacionalista. En España existe ya una "nacionalidad vasca", incluso con régimen propio de Hacienda. La intención del PSE se comprende, pero resulta peligrosa, el mismo día en que Pasqual Maragall vaticina consecuencias "graves" si los acuerdos que busca en Cataluña no tienen el respaldo de las Cortes Generales, a las que interesada y erróneamente define como "los pueblos de España", asumiendo la preferencia nacionalista por las esencias identitarias sobre los ciudadanos.

El de Ibarretxe es un imprudente plan de facción que dice ser integrador, pero actúa desde el trágala. Si no hay diferencia jurídica o política entre "comunidad nacional" y "nacionalidad", este término, que constitucionalmente no equivale a nación, debiera bastarle al PSE. El nacionalismo de Esquerra Republicana, rupturista y secesionista, pesa en el gran experimento que se dispone a pilotar Maragall. Que los vascos que defienden su autogobierno integrado en España se hagan visibles frente a aranistas y "abertzales", es una necesidad política. Pero no a costa de dar la sensación de que el principio de la unidad constitucional de España admite fisuras.

Llorar con Pilar Manjón
Iñaki EZKERRA La Razón 21 Diciembre 2004

No hizo la menor alusión solidaria a otras víctimas que no fueran las del 11-M. Sólo una vez se refirió a la trama etarra pero para minimizarla escandalizándose de que a un activista de la «kale borroka» se le aplique «la Ley Antiterrorista por quemar un cajero automático» (a eso redujo un fenómeno que ha producido un millar de asesinados y que en sus formas más leves –las del cóctel molotov– ha dejado cuerpos abrasados y lesiones irreversibles). Buscó responsabilidades, imprevisiones e improvisaciones en el anterior Gobierno en relación con los atentados de Madrid y negó la importancia de lo que hiciera el PSOE entre el día 11 y el 14 pues «las víctimas no se enteraron de lo que ocurría» (o sea, que una tragedia es una licencia para mentir, cercar las sedes de un partido, romper una jornada de reflexión electoral y –ya puestos– atracar ancianas y asaltar el Banco Central), pero el domingo caducó dicha licencia para que ella votase y su voto se respetara. Preguntó «qué había hecho para merecer esto» (como si alguien pudiera merecer algo así por hacer algo determinado) y pidió que no vuelva a haber «un atentado de esa naturaleza», o sea que si el atentado es de otra naturaleza distinta (¿selectivo?) puede repetirse.

Eso fue, queridos lectores, lo que dijo esa buena señora y se quedó tan ancha. Ésos son los bellos sentimientos que ha sacado de un dolor que nadie puede poner en duda pero que precisamente por inconmensurable debía haberle inspirado otra cosa. Y ese discurso ha pasado por ejemplar, por una obra de arte, por la repanocha de la sensibilidad ante los medios de comunicación y los propios comentaristas políticos (salvo algunas honrosas excepciones). Y ese mismo discurso es el que ha logrado conmover a toda la sociedad española, hasta al Rey, que la llamó para felicitarla personalmente. Apaga y vámonos. No. No es que uno tenga tan poco corazón que no pueda llorar con Pilar Manjón sino lo contrario. Lo que sucede es que uno no entiende cómo Pilar Manjón no aprovechó esa ocasión para llorar con las otras madres que también han perdido a sus hijos aunque no fuera en ese atentado.

No sirve en este caso el atenuante de la confusión o la ofuscación provocadas por el sufrimiento. Pilar Manjón no es una víctima más. Es alguien que preside un colectivo y que representa a muchas personas. Y sus palabras no fueron fruto de la espontaneidad sino de un texto leído, meditado y calculado. En declaraciones posteriores Pilar Manjón ha dicho que «sabe que su fama pasará». Imagino que también habrá quien llore con esa frase sacada del cuché o del «Gran Hermano». A mí también me dan ganas de llorar por este pobre país que sólo siente con «Salsa Rosa» y que necesita del «Gran Hermano» hasta para saber lo que es la Constitución Europea. Si no lloro es porque aquí ya el «Gran Hermano» somos todos y sólo faltaba un noventayochista dentro de la «Casa».

Otra vez la culpa del mensajero
Lorenzo CONTRERAS La Razón 21 Diciembre 2004

Es indudable que Pilar Manjón, presidenta de la Asociación de Afectados del 11-M, la lió, como suele decirse, en su comparecencia ante la comisión de investigación parlamentaria. Esta señora, que desalojó o contribuyó a desalojar del cargo a Clara Escribano, presidenta anterior, descalificó a los políticos, sobre todo a ellos, politizando completamente ella misma la actividad de la comisión y las discusiones que la acompañen para el futuro próximo, si es que tiene futuro próximo. Dijo que no se debía utilizar el dolor de las víctimas con fines partidistas, pero ella hizo partidismo con su propio dolor, sin que eso signifique que no se trate de un dolor respetable. Bien se sabe lo que es perder a un hijo y además en las circunstancias de todo conocidas. Ahora los políticos, fuera del Parlamento, se han enzarzado en una polémica sobre engaños más o menos masivos y verdades más o menos enteras, sobre imprevisiones y responsabilidades.

Y como no hay concierto de criterios, la conclusión tiene que ser fundamentalmente una: que la confusión y el partidismo han triunfado. Y entre los partidismos, aparte del respetable dolor, hay que contabilizar el de la politizada señora Manjón. O sea, que la leyenda continúa. Y para completerla, aparece el señor Peces-Barba, instituido en Alto Comisionado para la atención de las víctimas, y pide que no se publiquen más fotos sobre la tragedia. Con lo cual, rompe una lanza contra los medios de comunicación (haciendo suyas las quejas de doña Pilar Manjón) y viene a decir que la Prensa de todo tipo se extralimitó volcando su atención y su curiosidad, que eran exactamente las de toda la opinión pública, sobre lo acontecido. Ahora bien, ¿qué se habría dicho de esos medios, de los medios periodísticos, si hubiesen dedicado al asunto, al terrible asunto, una atención parca, rayana en la indiferencia? ¿No habrían sido acusados de insensibilidad por no ahondar en lo tremendo del drama y en la infinita crueldad de los asesinos?

Va a resultar que al final, nuevamente, la culpa la tiene el mensajero. Que uno sepa, la reproducción en imágenes de la catástrofe terrorista de las Torres Gemelas de Nueva York no ha motivado en Estados Unidos ni en parte alguna del mundo, ningún reproche ni acusación de atentado contra la ética, sino precisamente contra los autores de la inmensa masacre. Las imágenes también cuentan para la ejemplaridad, y aunque crezcan, lógicamente, las audiencias, también crecen los sentimientos de rechazo y el homenaje a las víctimas. Son estampas para la posteridad, patrimonio de la historia más viva y recordable. Necesariamente recordable para que nadie olvide nunca lo que sucedió, ni se disipen los hechos en la niebla de la desmemoria. Dolor siempre, dolor sincero y no ese otro que prodigan hipócritamente quienes nunca condenaron los atentados de ETA.

Rencor
JUAN JOSÉ R. CALAZA La Voz 21 Diciembre 2004

TENGO ENTENDIDO que Pilar Manjón protagonizó con estruendoso éxito mediático un vibrante alegato recriminatorio en torno a casi todo lo que concierne al atentado del 11-M. No obstante, como soy incapaz de pasar más de siete segundos ante un televisor, no me han calado las lágrimas ni la emoción de su discurso, y, por el contrario, lo que leí en la prensa al respecto -verbigracia, la entrevista de La Voz- me deja un regusto agridulce e incluso desagradable. Es cierto que esa señora perdió un hijo, pero, aunque habría que tener un corazón de piedra para no entender su desesperación, no lo es menos que todos los días el luto cubre a otros padres enloquecidos de dolor al parecer no tan dignos de escucha. Asimismo, dado que el atentado no iba dirigido específicamente contra el hijo de la señora Manjón sino contra todos nosotros, el asunto nos concierne políticamente por igual. Insisto: por igual. Vaya por delante que, a título personal, la señora Manjón puede opinar lo que quiera, pero también debe quedar claro que, parafraseando a Camus, el sufrimiento no confiere más razón. Quiero decir: cualquier otra persona puede aportar opiniones tan atinadas o más que la madre de una víctima. Y casi me atrevo a decir que cualquier persona puede aportar opiniones menos lastradas de sentimentalismo y ánimo justiciero (por definición, enemigo de la verdadera justicia) que la madre de una víctima. Resumo, colocándome previamente un chaleco antitomatazos: me hinco de rodillas ante las lágrimas de Pilar Manjón pero disiento desde el corazón, y más aun desde la razón, de buena parte de su alegato.

No sé qué mal aqueja a la gente, pero lo cierto es que de día en día aumenta el número de quienes se dejan llevar por huidizas patrañas solamente útiles y válidas a recónditos fines cuyo desentrañamiento ahorro para no infligirles la afrenta de explicar lo evidente. Además, incluso siendo partidario de sembrar las tradiciones -entre ellas, vengar al hijo asesinado- y alumbrar su silenciosa cosecha, me niego en este caso a prestar el brazo para el cultivo del rencor en una tierra de por sí abundosa en sus frutos. Claro está, también es más difícil labrarse una cultura que una ignorancia. De esta forma, entre rencor e ignorancia, van germinando las semillas de las contiendas civiles, a veces incruentas, con frecuencia sangrientas, siempre esterilizantes.

Asesinaron a Calvo Sotelo, probablemente con la mejor intención del mundo, y todos sabemos cómo acabó aquello. Ahora, paso a paso, preparan el encarcelamiento de Aznar y presiento que esto puede terminar como el rosario de la aurora. Lo dijo Pilar Manjón: «Pediremos responsabilidades civiles y penales». Y «penales»: ahí queda eso. Lo dijo Fernández de la Vega: «Los curas y jueces siempre se han opuesto al progreso». Ergo: todo el poder a los jueces «progresistas». Puestas así las cosas, ¿me permiten ustedes que confiese qué campo escojo? Lo confieso: dado que se juzga el consejo por el suceso, considero preferible la tiranía del gato que la equidad de la rata.

Sabedores que de buenas intenciones está empedrado el infierno, ¿son conscientes las señoras Manjón y De la Vega del peligro que encierran sus afanes justicieros? No lo creo; a lo más que llegan, con suerte, es a pensar que a la derecha, esa taifa insurrecta, hay que darle una larga cambiada. Y es que el odio no arma el brazo por inmediatos motivos de justicia sino por mínimos alientos de rencor.

Noticias de Cuba
Pilar Manjón
Víctor Llano Libertad Digital 21 Diciembre 2004

No se demoró la tiranía castrista en servirse de su dolor. Según su agencia de prensa, "puso un tapabocas a la comisión y desnudó las arbitrariedades, irreverencias y rejuegos políticos del PP, a cuyo gobierno, presidido entonces por José María Aznar, acusó directamente." Los voceros de Fidel Castro siguieron con mucha atención su intervención en el Parlamento. Su satisfacción fue enorme cuando escucharon de boca de una de las muchas víctimas de la masacre de Madrid lo que el viernes destacaron con placer: "Señorías, si quedan responsabilidades por depurar, estas corresponden fundamentalmente a quienes detentaban el poder en aquel momento. Y ésta es una obviedad irrefutable". No existe sufrimiento mayor que el de perder un hijo. Nadie consolará jamás a esta pobre mujer. Coincido con Gabriel Albiac, ante tanto dolor sólo cabe el silencio. Sin embargo, esta señora no sólo está condenada a sufrir el resto de su vida la ausencia de su hijo, a ello tendrá que sumar que terroristas como Fidel Castro se sirvan de su amargura.

Votó y cumplió con lo que consideraba su deber de ciudadana cuando aún no le habían entregado el cadáver de Daniel. Espero que la enorme entereza y el compromiso político que quiso demostrar entonces, le permita ahora exigir a Castro que no se sirva de su sufrimiento. No necesita que la ampare el más sanguinario de los terroristas vivos. Nadie se alegró más que él de la matanza de Madrid. El gobierno que salió del 11-M es hoy su principal aliado en Europa. Quizás Pilar no lo sepa, pero Castro odia a José María Aznar mucho más que pueda odiarle ella. La tiranía comunista que apoya su compañero Llamazares, cobija, al menos, a una veintena de etarras. Los asesinos de Miguel Ángel Blanco –como Daniel, también joven víctima de la misma barbarie– son, para el régimen que tanto aprecian los dirigentes de Izquierda Unida, valientes gudaris que luchan por la libertad de su pueblo.

A Pilar –y nadie puede reprochárselo– le pareció escasa la condena que le han impuesto al joven que transportó parte de los explosivos que sirvieron para matar a su hijo. A nadie puede sorprender que le duela que se le haya aplicado la ley del menor y que el juez permitiera que no declarase en el sorprendente juicio que apenas duró unos instantes. Sin duda es éste otro de los muchos hechos asombrosos que rodean la matanza. Jamás entenderemos por qué Pilar quiere que se cierre la Comisión de Investigación sin que antes se abra una independiente. Han de ser legión los que respiraron aliviados cuando comprobaron que el juez no interrogaba al Gitanillo. A Pilar le sobran motivos para quejarse. Pero también para exigir que se olviden de ella los que en Cuba protegen a los etarras y los que en España trabajan para que una vez en prisión se reduzca su pena. Lo que vale para los autores de los crímenes de marzo ha de valer también para los asesinos de la banda terrorista ETA. Si, a su juicio, son pocos los años que pasará internado el adolescente asturiano, sin duda sentirá una enorme vergüenza al comprobar que se sirven de su sufrimiento aquellos que amparan a los compañeros de los asesinos de Miguel Ángel Blanco. ¿O no?

Se equivoca Pilar cuando asegura que su fama es efímera. No la olvidarán jamás los que necesitan del sufrimiento ajeno para medrar. Nada puedo hacer por ella y por los que como ella serán para siempre víctimas de los crímenes de marzo. Creo que murió horas después, pero nunca olvidaré la cara de uno de los heridos. Tal vez porque yo estuve aquella mañana en El Pozo, me atreva ahora a rogarle a Pilar que no permita –sin rechazarlo– que terroristas como Castro se sirvan de su sufrimiento. No podrá evitar que sean muchos los que la utilicen, pero si fue capaz de votar cuando aún no había enterrado a su hijo, también podrá hoy escribir al verdugo de millones de jóvenes para exigirle que se olvide de su nombre.

Elocuente votación
Editorial El Correo 21 Diciembre 2004

La aprobación de la Propuesta de Estatuto Político para Euskadi en la comisión correspondiente del Parlamento vasco se convirtió ayer en mucho más que un trámite para su discusión y votación por el Pleno de la Cámara el próximo día 30. Las enmiendas que la coalición PNV-EA introdujo en el texto inicial constituyen una muestra palpable de que su propósito no ha sido nunca reformar el Estatuto sino utilizar su superación como palanca para quebrar el marco constitucional. Además, la abstención con la que Sozialista Abertzaleak quiso favorecer el debate de dicha propuesta en el citado Pleno persigue un solo objetivo: cerciorarse de que el resto del nacionalismo certificará sin más dilaciones la defunción del Estatuto de Gernika.

Ocurra lo que ocurra el día 30, ayer se evidenció una vez más que el lehendakari Ibarretxe y los partidos que sostienen a su Gobierno no tienen otra intención que la de continuar hacia delante con su unilateral proyecto con el fin de lograr en las próximas elecciones autonómicas la mayoría absoluta necesaria para cursarlo a las Cortes Generales. Aun a sabiendas de que nunca podría alcanzar ni en la política ni en la sociedad vasca el grado de consenso que logró el Estatuto, aun siendo conscientes de que las Cortes Generales -el PSOE y el PP- nunca harán suyas las pretensiones del nacionalismo vasco, los valedores del plan Ibarretxe están dispuestos a convertir esa profunda discrepancia que les separa del no nacionalismo en el argumento propicio para provocar por la vía de los hechos el desenganche de Euskadi respecto al Estado constitucional.

El hecho de que Joseba Egibar no conciba cómo un vasco que lo sea de verdad pueda disentir del mencionado plan revela hasta qué punto el nacionalismo, con su atrincheramiento en el soberanismo, puede llegar a presentar serias carencias democráticas. Al tratar de dejar atrás el Estatuto, el PNV no sólo renuncia al consenso para apostar por un sistema político sustentado en la voluntad de la mayoría, por exigua que sea ésta o a pesar de que suscite división. Con su empecinamiento, el partido de Imaz está intentando disuadir a quienes continúan pensando que la mejora del Estatuto por la vía del consenso constituye no sólo la mejor sino, además, la única solución para establecer bases sólidas de concordia y autogobierno, conminándoles a que abandonen toda actitud resistente frente a lo que pretende el nacionalismo. Es ése el reto fundamental que tienen ante sí tanto los socialistas de Euskadi como el PP vasco. Porque es más que improbable que el nacionalismo hoy gobernante sienta la necesidad de volver la vista hacia sus oponentes para dibujar el futuro de mutuo acuerdo. A no ser que en la próxima primavera los comicios autonómicos deparen al tripartito de Ibarretxe una derrota que eche por tierra su ofuscada defensa del 'estatuto de libre asociación' con España.

Comunidad nacional y merecumbé
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 21 Diciembre 2004

Me va a permitir, mi señor Zapatero que le exprese mi perplejidad por ese concepto de 'comunidad nacional' que sus compañeros vascos han puesto en el frontispicio de su nuevo proyecto estutario y que está llamado a sustituir el concepto 'nacionalidades' en el artículo 2º de la Constitución, gracias a una aportación del profesor Rubio Llorente, presidente del Consejo de Estado, que, según explicaba en 'El País', se considera a sí mismo «capaz de bailar con cierto decoro la cumbia, la salsa y el merecumbé».

La 'comunidad nacional' es una idea con pasado. Está en el franquismo, por supuesto. Florencio Domínguez señalaba ayer aquí su presencia en los artículos 4º, 5º y 6º de la Ley de Principios del Movimiento. También está en el artículo 1º del Fuero de los Españoles: «El Estado español proclama como principio rector de sus actos el respeto a la dignidad, la integridad y la libertad de la persona humana, reconociendo al hombre, en cuanto portador de valores eternos y miembro de una comunidad nacional, titular de deberes y derechos, cuyo ejercicio garantiza en orden al bien común». Y en otras Leyes Fundamentales: el Fuero del Trabajo, de 9 de marzo de 1938; la Ley Constitutiva de Las Cortes, de 17 de julio de 1942 y la Ley Orgánica del Estado de 1 de enero de 1967.

Con esto bastaría para explicar mi desazón: ¿Y dice usted que vamos a mejorar el artículo 2º de la Constitución y el Estatuto de autonomía gracias a un injerto conceptual del Fuero de los Españoles? Pues aún hay más.

El programa fundamental del Partido Obrero Alemán de 1920, antecedente inmediato del Partido Nazi (NSDAP), establecía en su artículo 4º: «No puede ser ciudadano, sino quien posee la cualidad de miembro de la comunidad nacional. No puede serlo sino quien tiene sangre alemana, cualquiera que sea su confesión. Ningún judío, consecuentemente, podrá ser miembro de la comunidad nacional». El propio Adolf Hitler explicaba el sindicalismo nazi de esta manera: «los trabajadores Nacional Socialistas y los empleadores Nacional Socialistas son ambos sirvientes y guardianes de la totalidad de la comunidad nacional». También emplean la expresión Mussolini, José A. Primo de Rivera y Ramiro Ledesma Ramos. «Como respuesta al Estado clasista proponemos el Estado de Comunidad Nacional», reza el manifiesto del Movimiento Revolucionario Nacional-Sindicalista de Chile, fundado en 1949. La Constitución de Pinochet (11-09-1980) aboga en su artículo 1º por garantizar «a todos y a cada uno de los integrantes de la comunidad nacional su mayor realización espiritual y material posible, con pleno respeto a los derechos y garantías que esta Constitución establece». Rubio es un gran catedrático de Derecho Constitucional, pero ese día debía de tocarle merecumbé .

Estatuto catalán
La muy honorable caverna
José García Domínguez Libertad Digital 21 Diciembre 2004

Catorce de agosto de 1931. El coronel del Ejército español don Francesc Macià i Llussà, a la sazón presidente de la reinstaurada Generalitat de Cataluña, acude a Madrid a entregar en las Cortes el anteproyecto del Estatuto de Cataluña. Josep Pla, que cubre la noticia para un diario barcelonés, describe así el espíritu de concordia, tan alejado de la secular hosquedad mesetaria, que anima a los comisionados de la Esquerra:

"Mi amigo Alavedra, que ha venido con el señor Macià, me dice mientras tomamos una cerveza en una terraza de la calle de Alcalá:
- Antes de salir de Barcelona, fuimos a tirar al blanco. Nadie sabía lo que iba a pasar. ¡Toque! –dice Alavedra, secretario del Presidente–. Llevo una pistola de dos palmos…"

Dieciocho de diciembre de 2004. Pasqual Maragall i Mira, a la sazón orgulloso legatario de la memoria histórica de los fundadores de ERC, viaja a la Capital con el fin de abrir cauces de entendimiento sobre el nuevo Estatuto. Y para que el auditorio que lo acoge comprenda la seriedad del propósito, éstas son sus primeras palabras: "Nunca cerraremos el modelo de Estado". La intimidación contra la infancia llega a continuación: anuncia que su cédula secesionista de trescientos artículos pergeñada al alimón con Carod Rovira, debería "ser algo que los niños se supieran de memoria y cantaran en las escuelas". Igual que la mirada, el tono de voz es grave; aunque, en apariencia, ha acudido desarmado.

Mil novecientos treinta y uno, agosto. El maestro Pla, como siempre tras la mesa de un bar, retrata para sus lectores el viejo espejo en el que ahora se mira Maragall. Con su letra minúscula, anota: "En el trato directo, el señor Macià da la impresión de estar gagá. Es un gagá lleno de salud, muy difícil de comprender; porque este señor no ha hecho nunca el menor esfuerzo para ser comprendido con cierta claridad. Su expresividad es escasa". Y luego, al glosar el discurso ante sus anfitriones castellanos, añade: "El señor Macià es una reminiscencia muy curiosa del siglo pasado. (…) Ha mantenido el tono maximalista, tozudo, dogmático. Esa tozudez, esa estrechez mental, ha dado a la gente aquella sensación que sólo ofrecen los sistemas cerrados".

Hace cuarenta y ocho horas. El reflejo en el que ahora se reconocería don Francesc pontificaba ante el Foro de El Mundo: "Me gustaría que el nuevo Estatut fuera proclamatorio como las constituciones francesa y americana". Y un minuto más tarde, amenazaba: "O la Constitución se moja y confirma las proclamaciones que las autonomías hayan hecho de su identidad o estaremos en el punto cero". Sucedía el dieciocho de diciembre de 2004, justo dos días antes de que ETA–Batasuna bendijera en Vitoria el plan separatista de Ibarreche.

Hace setenta y tres años. Como siempre en el reverso de un impreso de quiniela, Pla continúa redactando a mano su columna del día. Escribe: "¿Macià, hombre moderno? ¡Qué va! Aparentemente, la gente lo sigue porque cree que el programa del señor Macià consiste en poner bidet y cuarto de baño en las casas. Pero, del señor Macià, lo que cuenta es lo que tiene de superviviente de las guerras carlistas, lo que tiene de mentalidad estrecha y fanática, lo que tiene de hombre que –vamos a suponer– los tiene bien puestos". Ahí pone el punto y final. Luego, relee el texto completo, antes de levantar la vista hacía la barra y pedir otro café al camarero. Ocurre el 14 de agosto de 1931, justo cinco años antes de que estalle la fase definitiva de la Guerra Civil. La penúltima.

Campaña contra el cava
José CLEMENTE La Razón 21 Diciembre 2004

Nadie duda ya en España de que la crisis del cava catalán es cosa de Carod-Rovira, el señor Pérez en intimidad. Y digo que la crisis del mundialmente conocido espumoso catalán es del señor Pérez Carod-Rovira porque nadie ha promovido en ningún lugar de España el boicot a los productos catalanes y, menos, al cava, y menos todavía, al riquísimo caldo que inventara un monje benedictino francés llamado Pierre de Perignon allá por el siglo IX. Como siempre, los franceses aprovechan nuestras disquisiciones internas para llevarse el agua a su molino o el «champagne» a las bodegas que abastecerán nuestras fiestas navideñas. Decía que la culpa de todo la tiene el señor Pérez Carod-Rovira por decir, donde no debe, cosas que en realidad sólo habitan en sus noches de fiebre.

Porque que cuatro jóvenes usen la técnica del «flash-mob» para pasarse mensajitos alentando el boicot a Font Vella, los mantecados aragoneses o la chistorra de Mondragón no quiere decir que Felipe V haya resucitado y vuelto a enviar sus tropas contra los austriacistas catalanes, al frente de los cuales parece encontrarse el ex conseller en cap Pérez Carod. Y si existe algún boicot, que como las brujas haberlas haylas, es el de cuatro sidrerías que tienen una clientela muy cachonda y un buen día, cuando el zumo de manzana fermentada se les subió a la cabeza, se inventaron aquello de hacer correr la idea de un boicot, y hete aquí que ya la tenemos de nuevo liada a un lado y otro de la ribera del Ebro. Siempre el Ebro en el eje de las dos Españas. Yo, como mi compañero y colega Alfonso Ussía, ya me he aprovisionado de un buen brut y dejo eso del boicot al señor Pérez Carod, pues sólo los ignorantes pueden llegar a creer que los españoles somos tan tontos como para boicotearnos a nosotros mismos.

Torpes hasta en la mentira
Ignacio Villa Libertad Digital 21 Diciembre 2004

El Gobierno Zapatero, que lleva ocho meses en el poder, ha demostrado con creces su incapacidad para la gestión política. No se recuerda en la historia reciente de España, un mayor desgaste de un Gobierno en tan poco tiempo. Es más, esto es especialmente grave cuando este Ejecutivo cuenta a su favor un gran número de medios de comunicación en los que no se encuentra una simple coma de crítica hacia Zapatero y sus ministros.

Pero en fin, que el Partido Socialista esté gobernando con las cotas de sectarismo y de irresponsabilidad con que lo está haciendo podía ser algo esperado; lo que era más difícil de suponer es que los socialistas no sepan utilizar correctamente su maquinaria de propaganda. Este Gobierno no gobierna, pero tampoco sabe intoxicar. Eso sí calumnias e injurias, a pares. Todas burdas, toscas y zafias.

Lo cierto es que el Gobierno lleva una buena colección de filtraciones que en pocas horas han sido desmontadas de cuajo resultando ser unas mentiras de cabo a rabo. Es sorprendente, pero cierto. No estamos hablando de medias verdades manipuladas, ni siquiera de mentiras bien adornadas. Ahora el Gobierno ya no manipula; simplemente miente y lo hace a destajo.

La lista de errores del Gobierno ZP es ya interminable, pero a esos errores hay que sumar otra lista: la de las filtraciones mentirosas. En esta última relación encontramos, por ejemplo, la mentira sobre el "lobby" contratado para el ex-presidente Aznar; el seguro "inexistente" de Federico Trillo; la calumnia sobre la pagina web del gruporisa, que nada tiene que ver con la COPE; la destrucción de documentos en el Palacio de la Moncloa, que después resultó no existir o la última mentira: un informe que no es tal del Tribunal de Cuentas sobre la contratación de publicidad de Eduardo Zaplana cuando era ministro de Trabajo.

Como se ve, este Gobierno es torpe hasta en la mentira. No estaría de más que se revise la política de comunicación o para que no se termine convirtiéndose en una política de incomunicación.

Batasuna en el Parlament
Cartas al Director ABC 21 Diciembre 2004

Comparto la indignación de la mayoría de la gente por la invitación de Batasuna al Parlamento catalán organizada por ERC; ahora bien, no comprendo por qué la denuncia de estos hechos se centra sólo en la

desfachatez de los independentistas catalanes y la deriva del PSE, PSC y resto de partidos que un día formaron el PSOE. Yo además veo un hecho que por su pura simpleza está pasando casi desapercibido: esto es simplemente Batasuna cobrándole a ERC una parte del cheque que el señor Pérez (Carod) en su día le extendió a ETA a cambio de que sólo matase fuera de Cataluña. Nada más ni nada menos. Se está ofreciendo un servicio a cambio de un previo «pago».

Lo que no entiendo es qué hace el PSE sumándose gratis a esta transacción. Y este Gobierno, recientemente tan comprometido con las víctimas del terrorismo (esperamos que todas, no sólo las «de

primera»), debería tomar buena cuenta de ello. Jesús de Ramón-Laca. Nueva York.

EX SECRETARIO GENERAL DEL pse-ee-psoe
Nicolás Redondo Terreros:«Es el punto final a la historia del Partido Socialista Obrero Español en el País Vasco»
El ex secretario general de los socialistas vascos arremete contra los nuevos tiempos que corren en su partido, y lo hace de forma pública, «para ser más honesto que los que estaban conmigo»
M. LUISA G. FRANCO/BILBAO ABC  21 Diciembre 2004

Nicolás Redondo Terreros esgrime la legitimidad que le da ser fiel a la defensa de España como una nación, que forma parte del patrimonio histórico del PSOE, para criticar la propuesta aprobada por el Comité nacional de su partido en la que se habla de «comunidad nacional vasca».

-¿Hasta qué punto el proyecto de reforma del Estatuto de Guernica que ha aprobado el PSE supone un cambio de rumbo?
-Es el triunfo del sector vasquista del partido y tira por la ventana nuestra historia, escrita por personas como Indalecio Prieto, autor de unas de las más bellas páginas sobre España. No olvidemos que el PSOE es un partido nacional, de izquierdas, que cree en España y en la nación española y jurídicamente una nación no puede incluir distintos proyectos nacionales. Algo así no puede ser decidido en un comité nacional, porque es un punto y final a la historia del Partido Socialista Obrero Español en el País Vasco.

-¿Hay aproximación al nacionalismo?
-Es evidente que se inaugura una nueva estrategia con vocación nacionalista, así de claro y así de sencillo. Cuando se habla de proyecto nacional vasco, de comunidad nacional, se está hablando de nacionalismo. Cosas de las que propone ese documento fueron rechazadas radicalmente por mi partido cuando el PNV negoció con EE y con EA como socios de gobierno. Ahora, en el PSE han tomado terreno los partidarios de una visión nacionalista de la vida política en el País Vasco.

-¿Qué fue lo que rechazó el PSE en aquella negociación con el PNV?
-El que se entendiera la relación del País Vasco con el resto de España como una relación bilateral. Puede haber una relación diferente o especial, como la del Concierto, pero no bilateral. Han optado por la relación confederal con España y eso se discutió con el PNV cuando rechazamos entrar en el gobierno, que finalmente hicieron con EA y EE. No admitimos entonces que se hablara de relación bilateral entre dos realidades distintas, España y el País Vasco, porque no lo son. La nación es España.

-¿Responde el documento redactado por Guevara a la línea de Gemma Zabaleta, que prácticamente no obtuvo apoyos en el congreso del PSE en el que Patxi López le sustituyó a usted como secretario general?
-A lo que no corresponde es a lo que se plasmó por parte de la actual dirección, pero lo que ha ocurrido ya se veía venir. En aquel momento había una gran debilidad del PSE en relación con el PP y se tenían que cubrir y ahora que estamos en el Gobierno es el momento de mostrar sus verdaderas cartas. Desgraciadamente todo lo encubre el tactismo y la vocación de ganar unas elecciones y acceder al poder. El PSE ha optado, con mi radical oposición, a convertirse en un nuevo PSC, con lo cual el PSOE es menos PSOE de lo que era antes.

-¿Qué es lo que más le disgusta de la propuesta de reforma estatutaria?
-El que ponga en duda la nación española. La propuesta que ha hecho Guevara y que se ha aprobado habla de proyecto nacional vasco, de comunidad nacional vasca y, para entendernos, el término nación está relacionado con soberanía y, por lo tanto, la propuesta es una propuesta en la que se interpreta la soberanía española y la nación española a la baja. Si se consolida esto, España será más débil, menos solidaria y menos eficaz y tendrá menos fuerza en el mundo.

-En el último congreso del PSE la actual dirección sólo obtuvo el 64% de los votos. ¿Habrá debate interno?
-No creo, porque ahí hay una conjunción de intereses y el resultado del Comité nacional es explícito y claro. Si los más importantes están de acuerdo con eso, se aprobará. También se aprobó lo contrario hace cuatro años. Gente como algún secretario general del PSE antiguo estaba con lo anterior y está con lo nuevo. Estas son cosas que suceden y que te hacen ser escéptico con la naturaleza humana.

-¿Se refiere a la propuesta «Más Estatuto»?
-Me refiero a la apuesta por la alternativa al PNV.

-Pero Patxi López también se presenta como alternativa al PNV.
-No lo es, porque primero tendría que ponerse de acuerdo con el PP. No es una alternativa al PNV. Eso tiene que quedar claro. Aquí hay un plan Ibarretxe y una alternativa al PNV, que es el Estatuto de Autonomía, y luego hay una tendencia táctica, coyuntural, frívola a mi juicio, de acercamiento a los nacionalistas, que es el documento Guevara.

-¿Qué consecuencias cree que tendrá esa tendencia de acercamiento al PNV?
-La defensa del Estatuto de Autonomía se la dejan a otros. Batasuna no apoyó nunca el Estatuto, el PNV ha ido por el camino que marcó Batasuna y ahora nosotros queremos modificarlo. El único partido político que lo defiende ahora es el PP y supongo que mucha gente en la sociedad vasca que quiere profundizar en la autonomía, pero desde el Estatuto, sin retoques, sin proyectos nacionales vascos, sin comunidad nacional vasca.

-Algunos de los que apoyan el mantenimiento del Estatuto en el PSE, como usted o Rosa Díez, no parecen estar en posición de poder plantear ninguna batalla en el partido, mientras otros como Carlos Totorica, guardan silencio.
-Yo cuando me marché dejé de tomar posición en el partido. Digo lo que pienso y lo digo desde la legitimidad que me da el haber dejado los cargos políticos, pero no estoy en ninguna batalla interna. Por desgracia, los datos que van viniendo me dan la razón en casi todo lo que aconteció alrededor de mi dimisión. En el PSE ha prevalecido una línea y por lo tanto la otra, la que yo representaba y la que salió derrotada, no plantea ninguna batalla interna. Eso sí, siendo más honesto que los que estaban conmigo, diré lo que considero públicamente desde la libertad que me da ser simplemente afiliado.

-Entonces, puede descartarse la contestación interna.
-Parece que todos los dirigentes están de acuerdo, desde Eguiguren a Jáuregui, pasando por Patxi López y Javier Rojo. Los que opinamos de forma distinta quedamos fuera de los órganos de dirección del partido en el último congreso.

-Con esta propuesta, parece que el PSE sólo podría tener a los nacionalistas de socios de gobierno
-Por eso no hay una alternativa al PNV. Es evidente que la relación presente no es con el PP, por lo que o el PSE saca mayoría absoluta o no hay cambio de gobierno. A mi juicio, estamos consolidando -por desgracia y cometiendo un gravísimo error- los próximos 25 años como otro cuarto de siglo de hegemonía nacionalista.

SE SUMA A LAS CRÍTICAS DE ROSA DÍEZ A PATXI LÓPEZ
Ibarra cree que en el PSOE "comienza a haber mucho nacional y poca gente de izquierda"
Las críticas más contundentes contra la reforma del Estatuto del PSE han surgido desde dentro del PSOE. Rosa Díez ha denunciado que emplea "una terminología propia de los regímenes totalitarios" como el de "Hitler". Juan Carlos Rodríguez Ibarra ha sido igual de duro, tanto con Patxi López como con Pasqual Maragall, y ha alertado de que "comienza a haber mucho nacional y poca gente de izquierda".
Libertad Digital 21 Diciembre 2004

La eurodiputada socialista Rosa Díez ha criticado en el programa La Mañana de la Cadena COPE el nuevo modelo de reforma estatutaria propuesto por el Partido Socialista Vasco. Según dijo, el documento urdido en el último Comité Nacional del PSE es excluyente y “establece diferencias entre los territorios” de España.

La socialista vasca se refería directamente a la terminología empleada en el texto, que aboga por la creación de una “comunidad nacional” y apela a los “sentimientos identitarios”. Díez ha recordado que estas expresiones son utilizadas también por el presidente de la Generalidad, Pasqual Maragall y el PSC, de un modo "ajeno a la doctrina socialista y a la izquierda". A su juicio, estos términos son habituales “en los regímenes totalitarios" desde "el franquismo, pasando por el de Hitler y terminando por Pinochet”. También ha condenado que “la base de este proyecto confederal, es una base de desigualdad, por muchas apelaciones que haya en el documento a la solidaridad”. Recordó que el modelo asimétrico impulsado por Patxi López se fundamenta en el “sentimiento de pertenencia”, algo que, según Rosa Díez, “nunca ha formado parte de ningún documento socialista”.

En referencia a la nueva vía nacionalista de su partido, Díez ha apuntado que “no se puede hacer cualquier cosa para ganar, y mucho menos renunciando a cuestiones fundamentales”. La eurodiputada se mostró dispuesta a entrar en el debate sobre la reforma del Estatuto de Autonomía, “siempre que sea para mejorar la vida de la gente, no para que unos vivan mejor que otros”, reiterando una vez más que el objeto de este proyecto es "fomentar la desigualdad entre territorios”. Por último, Rosa Díez ha respaldado las declaraciones del ministro de Defensa, José Bono, que este lunes recordó al senador peneuvista Iñaki Anasagasti, que el Ejército “tiene la obligación de defender la integridad de España”.

Por su parte, en una entrevista en Europa Press, el presidente de la Junta de Extremadura, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, también se mostró en desacuerdo y dijo no compartir el concepto de comunidad nacional, "porque no está en la historia, no hay momento de la historia del País Vasco donde éste fuera una nación o estado". En mi partido hay unos límites que es la declaración de Santillana y la resolución del congreso federal, ese es el límite en el que usted tiene que jugar, con la táctica que quiera, pero el campo no se salta y si se quiere saltar se discute dentro del partido y se llegan a acuerdos o discrepancias", declaró Ibarra.

Al igual que a Rosa Díez, el socialista extremeño no disimuló su malestar con la propuesta de Patxi López: "No puedo compartir que el preámbulo del documento del PSE diga cosas tan tremendas como que es un proyecto de identidad nacional, que siempre han buscado un destino único, dando la sensación de confederación, eso no va dentro de nuestros principios, soy socialista para buscar la igualdad de la gente, no para buscar la diferencia y el privilegio".

"¿Quién le ha dicho a Maragall que España es una nación de naciones?"
Ibarra se mostró preocupado por la evolución de la política nacional en este sentido y dijo que "empieza a haber muchos nacionales, mucha comunidad nacional, mucho confederalismo, mucho espíritu identitario y eso un socialista no lo puede compartir". Insistió en que cuando se habla de determinados proyecto de estatuto "donde de lo que hablan es de identidad, confederación, privilegios, ese no es mi proyecto, aunque lo presente gente de mi partido". En este sentido tuvo palabras también para las declaraciones de Pasqual Maragall en las que habla de Cataluña como "nación dentro de la nación de naciones que es España" y dijo que "son definiciones gratuitas". "¿Quién le ha dicho a Maragall que España es una nación de naciones?", se preguntó.

"No quiere decir que España sea nación de naciones porque lo diga Maragall, o Cataluña nación porque lo diga él, o el País Vasco una comunidad nacional porque lo diga Patxi López, así nosotros podemos aprobar en el parlamento extremeño o en el andaluz que los andaluces son extraterrestres y se aprueba, pero es mentira". "Lo pueden aprobar, pero es mentira, es falso". "Comienza a haber mucho nacional y poca gente de izquierda, poco socialista que esté defendiendo la igualdad", recalcó Ibarra.

El TSJPV retira a «Josu Ternera» su condición de parlamentario dos años y medio después de su fuga
Redacción La Razón 21 Diciembre 2004

Vitoria- El dirigente de ETA José Antonio Urruticoechea, «Josu Ternera», ha perdido su condición de parlamentario vasco, según un auto del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco (TSJPV) dado a conocer ayer por el letrado de la Cámara, Eduardo Mancisidor. «Josu Ternera» asistió por última vez a un acto público el 17 de septiembre de 2002 y el último pleno al que acudió en la Cámara vasca fue el 12 de julio de ese año. Desde entonces, se encuentra en paradero desconocido. En aquellas fechas, estaba pendiente de ser citado por el Tribunal Supremo como imputado en el atentado contra la casa cuartel de Zaragoza, en 1987, situación ante la cual huyó. El Supremo ordenó su detención en noviembre de dicho año.

La retirada de la condición de parlamentario a «Josu Ternera» se ha producido como consecuencia de una orden del TSJPV, que llegó el viernes a la Cámara. La situación se hizo pública ayer durante una reunión de una comisión en la que se produjo una discusión sobre el voto ponderado. La parlamentaria de SA Raquel Peña pidió explicaciones porque no se estaba contando a Urruticoechea al calcular el voto ponderado, ante lo cual el letrado hizo público la suspensión de la condición de parlamentario.

El magistrado del TSJPV de la sala de lo civil y lo penal, Antonio García, procesó a Urruticoechea por un presunto delito de asesinato de Luis María Hergueta Guinea. El magistrado procesó a «Josu Ternera», «persona integrada o relacionada con ETA», y decretó su «prisión provisional por presunto delito de asesinato». En el auto, el juez dispone que, como consecuencia de lo anterior, Urruticoechea «queda suspendido de su cargo de parlamentario vasco». Y al estar en «paradero desconocido», el TSJPV ha cursado las requisitorias para su busca y captura. La orden se ha remitido a las diferentes policías en el ámbito estatal e internacional.

LOSGENOVESES.NET Y AZNAR.NET
El jefe de Gabinete de Caldera fue el responsable de dos webs dedicadas a calumniar e injuriar al PP
Según la Cadena COPE, Julio Pérez, jefe del gabinete del ministro de Trabajo, Jesús Caldera, fue el responsable de la páginas Aznar.net y Losgenoveses.net, famosas por sus ataques furibundos al PP y a conocidos empresarios. Pérez, asesor del Grupo parlamentario socialista desde 1997, se habría encargado de ambas webs desde un despacho del PSOE en el Congreso de los diputados. Tras conocerse la noticia han comenzado a desaparecer los archivos de ambas páginas, pero Libertad Digital ha tenido tiempo de guardar algunos de ellos.
Libertad Digital 21 Diciembre 2004

Según han informado los servicios informativos de la COPE, el jefe de Gabinete del ministro de Trabajo, Jesús Caldera, es el responsable de la página losgenoveses.net, famosa por sus furibundas críticas al Partido Popular, a conocidos empresarios y a jueces y fiscales.

Esta web, junto con Aznar.net (su predecesora en la Red), se dedicó en exclusiva a atacar al anterior Gobierno de José María Aznar. Después de la victoria en las elecciones generales de José Luis Rodríguez Zapatero, en Los genoveses se colgó el siguiente mensaje:

"A la vista de los resultados electorales del pasado 14M, y sin animo de hacer más leña del árbol caído (sólo la justa y necesaria) se pone en conocimiento de los señores navegantes que esta sección está siendo remodelada. Por tanto, se ruega que relativicen cualquier información de las que aquí se contienen que tenga que ver con las funciones laborales que una parte de los susodichos han venido desempeñando en los últimos ocho años. Nos llegan noticias que nada es lo que parece y en un futuro, dicen por ahí, mucho más de lo que te puedas imaginar".

Aznar.net y Los Genoveses ya no incluyen en su site aquellos extensos artículos contra Aznar, Acebes y varios periodistas y empresarios y ahora se limita a ser un foro con cerca de 1.500 usuarios. Quizá porque, según ha informado la COPE, el responsable de su edición tiene otras ocupaciones. Julio Pérez Sanz, licenciado en Ciencias Políticas y Sociología, fue director del Gabinete de la Junta de Castilla-La Mancha hasta 1997. En octubre de ese año fue nombrado asesor del Gabinete del Grupo Parlamentario Socialista en el Congreso de los Diputados, cuyo portavoz era Jesús Caldera.

Ya como asesor del Grupo Parlamentario del PSOE, Pérez Sanz se ocupaba de las citadas webs desde el despacho que los socialistas tienen en el edificio de grupos del Congreso de los diputados. Cuando Caldera fue nombrado ministro de Trabajo designó a Pérez como su jefe del Gabinete.

Conviene recordar algunos de estos contenidos que se colgaron en Losgenoveses.net y en Aznar.net. Por ejemplo, se incluyen unas curiosas biografías de todos los miembros del Partido Popular, con graves acusaciones incluidas, e ilustradas con carteles satíricos contra Mariano Rajoy, Alberto Ruiz Gallardón, Esperanza Aguirre o Pío Moa. El responsable de la web tampoco tuvo problemas en publicar fotos y comentarios satíticos sobre el matrimonio Aznar, sus hijos (con habituales comentarios sobre el menor "Alonsín") y Alejandro Agag.
Además, el autor de estas webs mostró los rostros de José María Aznar, Ángel Acebes, Eduardo Zaplana, Ana Palacio, Alejandro Agag, el periodista Federico Jiménez Losantos, Carlos Dávila y Jaime Capmany, el ex fiscal general del Estado, Jesús Cardenal, el cardenal Rouco Varela, los empresarios César Alierta (Telefónica) o Miguel Blesa (Caja Madrid), y el presidente de la CEOE, José María Cuevas, como cartas de una baraja, en alusión a la forma en la que EEUU difundió la lista de los criminales más buscados del régimen de Sadam Husein.

Durante la elaboración de esta noticia los responsables de la web Aznar.net y los genoveses.net han comenzado a eliminar los contenidos y las fotos guardadas en su servidor, por lo que los enlaces que incluimos en esta noticia remiten a la caché de Google.

Puede ver AQUÍ lo que este lunes quedaba de la baraja, mientras se procedía al borrado de archivos. También puede ver, aunque sin fotos, las páginas que el servicio Internet Archive Wayback Machine guarda de aznar.net y losgenoveses.net.

Preguntado por este polémico asunto, el ministro Jesús Caldera respondió con una evasiva: "Ni conozco la noticia ni sé de que me habla". Más claro ha sido el popular Vicente Martínez Pujalte: "Si el señor Caldera tuviera el más mínimo sentido del pudor, cesaría a su jefe de gabinete de inmediato. Nos parece una forma deleznable de hacer política".

La AVT se queja de que TVE silencia su voz
M. A. B. ABC  21 Diciembre 2004

MADRID. Francisco José Alcaraz, presidente de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), lamentó que la organización que representa «no tuviera voz» en el programa de Televisión Española «59 segundos», que sí contó ayer con la presencia de la portavoz de la Asociación 11-M de Afectados del Terrorismo, Pilar Manjón, para hablar sobre su comparecencia en el Congreso. «La verdad es que las víctimas de ETA o del Grapo ya estamos acostumbradas a que nos tapen la boca, así que no vamos a escandalizarnos ahora; pero el problema es que se produce un agravio comparativo con las propias víctimas del 11-M que también representamos». La AVT cuenta con casi 300 asociados cuya tragedia se fraguó en los atentados de marzo. Para formar parte del grupo tienen que ser reconocidos como víctimas por el Ministerio del Interior, requisito que no es imprescindible en el resto de las asociaciones.

Sobre la polémica de la comisión independiente, Alcaraz considera que «la mejor comisión es la Audiencia Nacional y el trabajo de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Es muy difícil que haya una alternativa independiente tal y como se ha planteado; al final, acabaría politizándose de una manera u otra».

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