AGLI

Recortes de Prensa     Viernes 31 Diciembre 2004
Con el apoyo de ETA
Editorial La Razón 31 Diciembre 2004

LA HORA DE LA FIRMEZA
Editorial ABC  31 Diciembre 2004

Comienza la cuenta atrás
EDITORIAL Libertad Digital 31 Diciembre 2004

Ahora que todo acaba
Gabriel ALBIAC La Razón 31 Diciembre 2004

ibarreche se mofa de zapatero
Luis M Ansón La Razón 31 Diciembre 2004

El plan de Ibarretxe y ETA
Iñaki Ezkerra La Razón 31 Diciembre 2004

La prueba de fuego
Aleix VIDAL-QUADRAS La Razón 31 Diciembre 2004

Las heridas
Alfonso USSÍA La Razón 31 Diciembre 2004

La victoria del terrorismo
Isabel Durán Libertad Digital 31 Diciembre 2004

El año que nos deja
José CLEMENTE La Razón 31 Diciembre 2004

Una opción excluyente
FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo 31 Diciembre 2004

La perversa jugada de Batasuna
Editorial Heraldo de Aragón 31 Diciembre 2004

El talante de la cesión
Ignacio Villa Libertad Digital 31 Diciembre 2004

LOS TRAMPOSOS
Jaime CAMPMANY ABC  31 Diciembre 2004

En resumen
J. A. ÁLVAREZ GUNDÍN La Razón 31 Diciembre 2004

Jugar con fuego
Opinión El País  31 Diciembre 2004

Ibarretxe mantiene y sube la apuesta
Fernando González Urbaneja Estrella Digital  31 Diciembre 2004

Plan con Batasuna
Editorial El Correo 31 Diciembre 2004

En manos de los asesinos
Editorial El Ideal Gallego 31 Diciembre 2004

El segundo cartucho
ALFONSO DE LA VEGA La Voz 31 Diciembre 2004

Sólo falta la otra mitad
TONIA ETXARRI El Correo 31 Diciembre 2004

Islamismo anticivilización
ANDRÉS MONTERO GÓMEZ El Correo  31 Diciembre 2004

Repugnancia
Cartas al Director ABC  31 Diciembre 2004

UA exige que se pregunte a los alaveses y defiende «el derecho a marcharse»
VITORIA El Correo 31 Diciembre 2004

 

Con el apoyo de ETA
Editorial La Razón 31 Diciembre 2004

El Parlamento vasco fue ayer el escenario donde se fraguó la mayor amenaza contra el Estado de Derecho de nuestra breve historia democrática. ETA, con los votos de tres de los miembros de ese brazo político que Juan María Atutxa se negó a disolver, avaló finalmente el Plan Ibarreche y permitió que saliera adelante. El grupo proetarra jugó sus bazas con maquiavelismo y situó al régimen nacionalista ante un tablero con pocas certidumbres y todos los riesgos. ETA dio al PNV el leve empujón que le faltaba para abrazar la radicalidad. El grupo de Josu Ternera y Otegui mantuvo la incertidumbre hasta unas horas antes de la votación del plan para anunciar después de forma rocambolesca el respaldo de una parte de sus miembros al proyecto separatista e involucionista del lendakari.
Así pues, la amenaza latente contra la estabilidad democrática y la convivencia pacífica se convirtió en una realidad doliente, en una maniobra de consecuencias ahora mismo poco previsibles. Sobre todo, después de escuchar la soflama del lendakari en la Cámara vasca, cuando proclamó que su plan «no tiene vuelta atrás» y que acabará en un referendum en aquella comunidad, que él sabe imposible.

Ibarreche, por tanto, ha decidido atropellar abiertamente el ordenamiento jurídico arrogándose competencias de las que legalmente no dispone, para sacar adelante un proyecto excluyente y etnicista. Un plan de imposición de una minoría sobre aquel consenso mayoritario que supuso el Estatuto de Guernica, que ayer, como saludó Eguíbar, recibió el acta de defunción. Una iniciativa que no está al servicio del ciudadano, que no procura el interés general, sino el particular del régimen en el poder. Un texto unilateral del nacionalismo que supone acabar de un plumazo con la unidad de España, y que consagra para el País Vasco no sólo la condición de Estado, sino el derecho de autodeterminación, el ámbito vasco de decisión, la ciudadanía vasca o Poder Judicial propio, entre otros muchos aspectos de manifiesta inconstitucionalidad.

De cumplirse las previsiones del lendakari, su plan será presentado ahora para su debate y aprobación en las Cortes Generales. Ahí llegará el turno de la responsabilidad y lealtad al orden constitucional de PSOE y PP. Y, aunque es cierto que las torpezas de los socialistas vascos con el Plan López han abierto toda clase de incertidumbres sobre el objetivo final de sus maniobras, la vicepresidenta Fernández de la Vega despejó ayer dudas: «El Plan Ibarreche es contrario a la Constitución y no debe ser aprobado».

Asistimos, por tanto, a una acción de carácter involucionista contra el sistema que todos los españoles, incluidos los vascos, nos hemos dado, y es la hora de que el Gobierno, con el apoyo de los partidos democráticos, utilice, con firmeza, todos los resortes del Estado de Derecho para que la legalidad no resulte quebrada. No se pueden permitir vacilaciones ni oportunismos ni cálculos de política menor cuando nos jugamos tanto. El Ejecutivo está obligado a convertir su evidente debilidad política en fortaleza institucional y para ello debe ampararse en el otro gran partido nacional. Ibarreche ha decidido caminar de la mano con ETA por el sendero de la ilegalidad, pero, como la banda, también será derrotado.

LA HORA DE LA FIRMEZA
Editorial ABC  31 Diciembre 2004

EL lendakari Juan José Ibarretxe dio ayer un paso decisivo en su desafío al Estado tras recibir el auxilio de Socialista Abertzaleak, que le prestó los tres votos que le restaban para que su Plan secesionista alcanzara la mayoría absoluta necesaria en el Parlamento vasco. Se consuma así la pista aportada por los batasunos hace unos días cuando su abstención en la Comisión parlamentaria que estudiaba el texto presagiaba lo que estaba por llegar. Y lo que ha llegado no es otra cosa que la consolidación de lo firmado en Estella hace seis años, cuando el PNV decidió echarse definitivamente al monte del separatismo, ya sin tapujos ni medias palabras, para conformar un frente secesionista para el que no le importó pactar con una sangrienta banda terrorista. Pero con un agravante respecto a ese acuerdo del verano de 1998: por entonces Batasuna era una organización política legal; hoy ya no lo es, sino que está incluida, según el Tribunal Supremo, en el organigrama de una banda terrorista con casi un millar de asesinatos a la espalda.

También la Unión Europea la tiene en su lista de organizaciones terroristas, la misma en la que está, por ejemplo, la que encabeza Bin Laden. Conviene no olvidar nunca el marchamo terrorista que cuelga en todas las cancillerías del mundo sobre los nuevos socios del lendakari. Nada le ha importado a Ibarretxe que así sea, más aún, parece que se ha aprovechado de la debilidad política y táctica que presenta el entramado que lidera Otegi -fruto del Acuerdo por las Libertades y contra el Terrorismo- en los últimos tiempos y de su interés por no quedarse fuera de este juego. Para que no haya dudas sobre quién está detrás de esos tres votos que dieron luz verde al Plan baste con citar la carta de Josu Ternera, prófugo de la Justicia, avalando el «sí» que ayer mostró Otegi para justificar su medido apoyo a la estrategia del PNV. Es decir, ETA hizo público en el mismo Parlamento, con total impunidad, su apoyo al órdago que Ibarretxe ha planteado al Estado de Derecho.

Y más nefastas son aún las ominosas condiciones con las que el nacionalismo vasco afronta este socorro de los batasunos, pues ni siquiera les ha exigido una condena de la violencia. Todo lo contrario, Ibarretxe acepta los votos de los partidarios de ella, pese a su compromiso electoral de 2001 de no contar con los proetarras para gobernar. Aunque desde el aserto del «árbol y las nueces» la sociedad tenía claro que el nacionalismo es refractario a cualquier componente ético que pueda apartarle de sus objetivos, desde ayer ya no hay duda. Los muertos, aunque sean puestos por el socio de conveniencia, son sólo un método para alcanzar el fin.

A partir de ahora el lendakari seguirá administrando sus tiempos. Es probable que ya tenga calculada la fecha en la que enviará su Plan al Congreso de los Diputados, donde será rechazado. No sería extraño que coincidiese con las vísperas de las elecciones en el País Vasco, a las que se presentaría con otro apunte contable en el terreno de los «oprobios insoportables» del Estado español. Entretanto quizás se proponga negociar de igual a igual con el Estado, supuesto absolutamente inaceptable y que nunca podría plantearse en la entrevista que mantendrá con Zapatero a principios de año. Por último, el paso siguiente sería plantear la consulta popular sobre la autodeterminación, que por ilegal no contaría con la participación de los constitucionalistas y tendría garantizada la victoria de su tesis.

EL lendakari, no obstante, no ha hecho sino su trabajo, lo que anunció. Lo que no han funcionado son las instituciones del Estado. Primero el Tribunal Constitucional, que rechazó el conflicto de competencias planteado por el Gobierno de Aznar sin entrar en el fondo del asunto; luego el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco, que no declaró ilegal el acuerdo del Parlamento vasco de llevar a la Cámara el Plan; también el Gobierno socialista, que se ha comprometido a despenalizar la convocatoria de referendos ilegales aprobada en la era Aznar y, por último, el PSE cuya inoportuna «tercera vía» abierta para resolver el «conflicto» quedó ayer en ridículo. Demasiados fallos.

Tan grave es la situación propiciada ayer en la Cámara de Vitoria por el terrorismo parlamentario batasuno que el presidente del Gobierno debe dar ya un paso decidido que ponga coto al tenebroso y complicado panorama que se cierne sobre España y la voluntad soberana de los españoles, que desde una parte del país se les intenta arrebatar. Con firmeza, pero con cabeza y sin caer en retóricas innecesarias que le puedan dar a Ibarretxe una ventaja electoral a rebufo del victimismo. Inquietante es, sin embargo, la primera reacción del consejero de Relaciones Institucionales de la Generalitat, Joan Saura, quien afirmó que podría imitarse allí la operación del PNV si el nuevo Estatuto catalán no recoge sus aspiraciones.

El jefe del Ejecutivo ha sido emplazado y debe responder de forma decidida, nunca en el sentido de lo expresado ayer por la vicepresidenta Fernández de la Vega, que poco antes de que el Plan fuese aprobado dijo que «el Gobierno no observa tensiones separatistas». Pues menos mal. España no soporta más un presidente contemplativo que observa, escucha y sonríe. Zapatero no puede dudar en apoyarse en sus únicos socios posibles en esta nefasta querella separatista, el PP (como principal fuerza de la oposición), el resto de los partidos que no estén dispuestos a que España se descosa y, sobre todo, la inmensa mayoría de los españoles que reclaman a su presidente la defensa del Estado de Derecho y de la soberanía que acordaron concederse en la Constitución de 1978.

Comienza la cuenta atrás
EDITORIAL Libertad Digital 31 Diciembre 2004

El 30 de diciembre de 2004 no ha sido un buen día para la democracia en España. La ceremonia se ha escenificado del siguiente modo. En el estrado el portavoz de un partido ilegal ha leído una nota de un terrorista prófugo de la justicia, acto seguido ha regalado tres valiosos votos a un proyecto de reforma estatutaria que es inconstitucional y que, además, de llegar a aplicarse, supondría la secesión de facto de una de las 17 Comunidades Autónomas que conforman el Estado. Esto, en pocas palabras, es lo que sucedió ayer en el parlamento vasco.

Aunque el acto final no podía haber sido peor, lo cierto es que, más tarde o más temprano, el promotor de la reforma secesionista, el lehendakari Juan José Ibarreche, tenía que llevársela a la cámara autonómica para iniciar su trámite. Los dos partidos constitucionalistas contaban con que los diputados de la ilegalizada Batasuna se abstuviesen o votasen que no. Craso error. El pacto de Estella se ha vuelto a reeditar en este último día hábil del año. Con el respaldo -por mayoría absoluta- obtenido en la cámara vasca el gobierno autónomo tiene la obligación legal de remitir el proyecto a las Cortes Generales, si éstas lo rechazan todo quedará en papel mojado, sin embargo, nada hace pensar que Ibarreche vaya a detenerse en ese punto. El portavoz del PNV en el parlamento de Vitoria ya ha recordado que “no hay marcha atrás” y el propio lehendakari se ha comprometido a llegar hasta el final convocando de modo unilateral un referéndum en el País Vasco para someter su plan al escrutinio de las urnas.

De manera que tanto el plan como la idea misma de que una región pueda autodeterminarse son, simplemente, anticonstitucionales, la pelota está ahora en el tejado del Gobierno y de las más altas instituciones de la Nación. La Fiscalía General del Estado debe, sin más dilación, recurrir de inmediato el nuevo estatuto político que entierra al aprobado en Guernica en 1979. Asimismo, el Fiscal General debe solicitar la suspensión cautelar, dada la naturaleza del proyecto de reforma, de cualquier medida que el gobierno vasco vaya a tomar respecto al proyecto en cuestión. Un Estado de derecho no puede permitirse pulsos de semejante magnitud y debe responder con contundencia a cualquiera que pretenda hacer saltar en mil pedazos nuestra Carta Magna y, por ende, nuestra convivencia.

Al presidente del Gobierno, por su parte, le ha llegado la hora de mostrar firmeza y templanza. Pasar por alto la amenaza que el ya aprobado Plan Ibarreche supone para la democracia española puede cobrarse una factura altísima. José Luis Rodríguez Zapatero sólo tiene una vía; fortalecer el Pacto por las Libertades y formar un frente común con el Partido Popular para la defensa de las libertades de todos y de la unidad de la Nación. En 25 años de vida constitucional no se había encontrado España ante desafío semejante, por lo tanto, nuestra clase política tiene que estar a la altura de las circunstancias sin distingos de ideología. El ministro Jordi Sevilla ha asegurado que el Gobierno se opondrá al plan del lehendakari y que éste carece de posibilidad alguna de llegar a ser aprobado. La política, sin embargo, es algo más que buenas palabras y comunicados grandilocuentes. De nada sirve hartarse a condenar algo si luego, cuando llega la hora de actuar, se hace lo contrario o se intenta llegar a un acuerdo de mínimos.

El órdago que ayer echaron esos 39 diputados independentistas es tal que se hace imperativo que todos los que creen que la Constitución de 1978 sigue siendo la columna vertebral de nuestra democracia se apresten a defenderla. El Estado de Derecho dispone de numerosos instrumentos para garantizar el cumplimiento de nuestra Ley de leyes, todos son legítimos y es obligación del Gobierno de turno echar mano de ellos si la situación lo requiere. El momento ha llegado. A lo largo de los próximos meses España se va a jugar su pervivencia como Nación y los vascos van a enfrentarse al mayor dilema de su historia; o seguir siendo lo que son, es decir, vascos y españoles, o entregarse al desvarío aldeano de un partido que hace ya demasiado tiempo que se echó al monte. La entereza de muchos vascos que llevan tres décadas sometidos al infierno nacionalista y excluyente queda fuera de toda duda. Se merecen el respeto y el apoyo de todos y cada uno de sus compatriotas del resto de Comunidades Autónomas. La cuenta atrás ha comenzado. ¿Estará el Gobierno, el depositario de la soberanía nacional, a la altura de lo que se espera de él?

Ahora que todo acaba
Gabriel ALBIAC La Razón 31 Diciembre 2004

No es tiempo de entusiasmarse o indignarse. Ha sucedido. La votación del Parlamento vascongado fija un punto de quiebra; nada es hoy ya lo mismo. Lamentos y celebraciones sobran. Cabe sólo analizar lo sin remedio. Con la frialdad que exigen los pocos acontecimientos a los que de verdad podemos llamar graves.

Lo sin remedio. Y, no obstante, empeorable. Porque la votación de ayer no es sino inicio de la gran galopada hacia el vacío, con la cual se abre España al 2005. La máquina se ha puesto en marcha. El Parlamento vasco ha aprobado un proyecto de Estatuto, ajustado al ideario del PNV. Y el PNV, cualquier historiador lo sabe, no encaja en el concepto clásico de «partido». Por vocación fundacional, como por literalidad estatutaria y por funcionamiento, la carcundia de Sabino Arana se atiene al modelo de los Movimientos Nacionales: esto es, prefiguración de un Estado germinal, que anteceda al nacimiento de la nación misma, y le proporcione su esqueleto funcionarial e identificatorio. Que, en Vascongadas, mitologías, bandera, himno y símbolos de la nación hayan sido, desde el inicio, idénticos a los del Partido, nada tiene de extraño: la certidumbre de ser el Partido (único) de la sangre y la tierra, cuya expresión política será, un día, el Estado, es supuesto sin el cual la forja de nación sería imposible.
Ayer mismo, el Partido-Nación se proclamó Partido-Estado, abrió un doble poder y dio jaque al Estado preexistente. No es mate aún. Pero se acerca mucho. Desde hoy, dos legalidades, no ya distintas sino incompatibles, rigen en Madrid y en Vitoria. De hecho. El paso al derecho se traspondría, si el Parlamento español diera por bueno este nuevo Estatuto. Dije que no iba a valorar –todo es ya demasiado grave para eso–; no pienso hacerlo. Sí, a preguntarme si es posible, legalmente posible. Todo me hace pensar que no. Excepcionalmente blindada, la Constitución del 78 prevé (Título X, artículo 168) un único procedimiento para modificar el sujeto soberano (y pasarlo de la nación española a cualquier otra cosa):

«1. Cuando se propusiere la revisión total de la Constitución o una parcial que afecte al Título Preliminar, al Capítulo II, Sección I del Título I, o al Título II, se procederá a la aprobación del principio por mayoría de dos tercios de cada Cámara, y a la disolución inmediata de las Cortes. 2. Las Cámaras elegidas deberán ratificar la decisión y proceder al estudio del nuevo texto constitucional, que deberá ser aprobado por mayoría de dos tercios de ambas Cámaras. 3. Aprobada la reforma por las Cortes Generales, será sometida a referéndum para su ratificación».

Tal es la ley. Nos guste o no (a mí, no me gusta). Y cualquier atajo sería –confeso o tácito– un golpe de Estado. Eso está en juego. Ya.

ibarreche se mofa de zapatero
Luis M Ansón La Razón 31 Diciembre 2004

Atucha sabía muy bien lo que hacía cuando se negó a cumplir una decisión del Supremo y mantuvo a los batasunos en el Parlamento vasco con otro nombre. Los proetarras eran imprescindibles para la aprobación del Plan Ibarreche. El lendakari ha tomado medida a la debilidad de Zapatero I el de las mercedes, le ha hecho algunas carantoñas y se ha reído de él. Asistiremos ahora al discurrir de la caravana de los despropósitos. La Constitución española no establece la unidad de España. Deriva de ella. Sin unidad de España no hay Constitución. Quinientos años de vida en común han hecho posible un texto constitucional que a todos ampara.

Ibarreche, marioneta durante mucho tiempo de Arzallus, que sigue manipulando en la sombra, no acepta la soberanía del pueblo español. Defiende que hay un pueblo vasco que tiene derecho a la autodeterminación. Pero, ¿dónde empieza y dónde termina el derecho de autodeterminación? Si las provincias vascongadas se pueden autodeterminar contra España, ¿por qué se va a impedir, por ejemplo, que Álava se autodetermine contra el resto del País Vasco? ¿Y por qué no Guipúzcoa o Vizcaya? Y puestos a conceder el derecho de autodeterminación, ¿por qué no se le concede a San Sebastián contra Guipúzcoa o a Bilbao contra Vizcaya? Y si Euskalherría está formado por el País Vasco español, el País Vasco francés y Navarra, el referéndum de autodeterminación habría que celebrarlo simultáneamente en todo ese territorio. ¿O es que vale sólo en una parte bajo la dictadura del miedo?

La peor desgracia que puede caer sobre una nación es un Gobierno débil. Si Zapatero saliera de la indecisión, la ligereza, la contradicción, la pusilanimidad, tendría que irse hoy mismo a la televisión y declarar a todos los españoles: «El Plan Ibarreche debe venir al Congreso de los Diputados que encarna la representación del pueblo español soberano. Si el Parlamento lo rechaza se aplicará la Constitución sin fisuras, incluidos los artículos 2, 8 y 155 si fuera necesario. El Gobierno no tolerará un referéndum ilegal en una parte del territorio español». Vana esperanza. Zapatero ha hecho ya la merced de suprimir la pena de cárcel para el que convoque un referéndum ilegal. Al flamante presidente socialista se le empieza a trocear España entre las manos, cuando termina hoy el año de la zozobra y el temblor.

El plan de Ibarretxe y ETA
Iñaki Ezkerra La Razón 31 Diciembre 2004

Durante toda la mañana de ayer me estuve preguntando en el Parlamento de Vitoria por qué razón Otegi no iba a apoyar el Plan Ibarretxe. ¿Qué motivo había para que ETA no ayudara a empujar la puerta a la «independentzia», qué contiene ese Plan? Un conocido periodista constitucionalista intentó aclarar mis dudas respondiéndome que la ilegalizada Batasuna consideraba «una alta traición la omisión en el proyecto de Nafarroa y las provincias de Iparralde». Insatisfecho, seguí a mi aire con mi sondeo particular y un parlamentario del PP me explicó con un tono paciente y seguro que dicho apoyo equivaldría a la «muerte civil» de la ex Batasuna pues ésta «quedaría fagocitada por el PNV». No entendí esa explicación y seguí dándole vueltas a mi pregunta mientras me resonaban en la cabeza los ecos de las palabras «alta traición» y «fagocitada». El enigma lo despejó Otegi sobre las cinco de la tarde: Ibarretxe contaría, en efecto, con los votos etarras que necesitaba aunque esos votos fueran de lo más vergonzantes y le dieran un aprobado raspadillo.

Lo que ayer ocurrió en Vitoria quiere decir que el intento de chantaje al Estado no va a representarse a la baja y a lenta velocidad como le hubiera gustado al PSOE. Ya se ha producido el antecedente dramático que Zapatero no deseaba pero que ha alentado con su política de bajar las barreras legales ante el desafío secesionista. Los nacionalistas han cumplido su parte y han demostrado que saben trabajar todos juntos para alcanzar sus objetivos. Han demostrado lo que algunos hemos estado diciendo toda la vida y muchos se negaban a ver: que todas esos enfrentamientos de Otegi con el PNV y EA son una pantomima y que a la hora de la verdad actúan sintonizados. Si hay algo envidiable en ellos y algo que debemos aprender es hasta qué punto creen en sus «valores», saben unirse y están ideologizados. Lo están hasta el punto de que Emilio Guevara y Joseba Arregi han logrado introducirse en las filas del PSE-EE para lograr una reforma de repuesto ante la inviabilidad del Plan aprobado. De este modo, el peligro ya no se halla en la escenificación –no menos grave por virtual– de la defunción del Estatuto de Guernica que tuvo lugar ayer sino en la cataplasma que tiene preparada Patxi López para presentarse como el gran salvador y el moderador realista aunque sea en realidad el paracaídas que el PNV necesita para sacar la mayor partida de esta bufonada y de nuestro miedo.

Así las cosas, en manos de María San Gil está convertir lo que sudeció ayer en un fracaso de Ibarretxe; en denunciar con sensatez pero con el dramatismo preciso la connivencia de ETA con todo el nacionalismo; en resucitar virtualmente –ya que virtual fue su defunción– el Estatuto de Guernica, esto es darle el contenido moral, ideológico y emotivo que hasta hoy no se le ha sabido dar desde el constitucionalismo y en dejarse de tacticismos baratos. ¿Con que la muerte civil eh? ¿Ya te voy a dar yo a ti muerte civil!

La prueba de fuego
Aleix VIDAL-QUADRAS La Razón 31 Diciembre 2004

La votación del Plan Ibarretxe fue seguida ayer con tensa atención por el resto de la Nación. El anuncio del lehendakari de que se propone someter a consulta popular su proyecto de reforma estatutaria en caso de que las Cortes Generales rechacen la propuesta, presta un especial dramatismo a este proceso porque, en caso de que el Gobierno vasco cumpla su amenaza, España se vería obligada a asistir al primer acto político de ruptura explícita con el gran pacto civil de 1978, lo que sin duda abriría una nueva etapa histórica de nuestra democracia. Sin embargo, este problema, pese a su gravedad, presenta por lo menos una circunstancia que permite abordarlo con ciertas garantías de éxito. Tanto el Partido Socialista como el Partido Popular han expresado con toda rotundidad su oposición frontal a esta iniciativa nacionalista, lo que augura una actuación enérgica de las instancias centrales del Estado, con el pleno apoyo del primer partido de la oposición. Y por mucho poder que el PNV y sus aliados hayan adquirido a lo largo del último cuarto de siglo, todavía no es suficiente para resistir el peso de la mole que se les vendría encima si intentasen dinamitar unilateralmente las bases de nuestra convivencia.

No es, por tanto, en el Plan Ibarretxe donde Zapatero vendrá de verdad obligado a salir de su beatífica práctica de la democracia deliberativa para enfrentarse a la dura realidad de la democracia de decisión. El hecho de tener el respaldo del ochenta por ciento de los escaños del Congreso y del cuerpo electoral le facilitará enormemente la demostración de firmeza que los acontecimientos le impondrán sin remedio. Dónde podremos comprobar sin disimulo posible por su parte de qué material está hecho el presidente del Gobierno será en el debate sobre la reforma del Estatuto de Cataluña. Maragall ya ha dado órdenes a la sala de máquinas del Instituto de Estudios Autonómicos para poner las calderas a máxima presión y tener listo el borrador completo antes de final de enero de 2005. Una vez se conozca el contenido del documento en lo relativo a competencias, financiación y concepto de la soberanía, se habrá acabado el tiempo de los globos sonda y empezará la hora de retratarse.

Por lo que ya sabemos, el texto incluirá elementos incompatibles con la vigente Constitución, factor obviamente indispensable para que cuente con el beneplácito de Mas y Carod-Rovira. ¿Qué hará entonces el hombre del año, el suave y dialogante inquilino de La Moncloa? ¿Procederá a pactar el nuevo Estatuto con el PP en Madrid dejando desairado a Maragall y apartándose de la posición mayoritaria de la Cámara catalana? ¿Impondrá con una coalición socialista-comunista-nacionalista un cambio de nuestra Ley Fundamental que más de media España no quiere?
Ésa será la auténtica prueba de fuego de Zapatero. El ruido suena en Vitoria, pero las nueces a cascar están en Barcelona.

Las heridas
Alfonso USSÍA La Razón 31 Diciembre 2004

El Gobierno de «Expaña» –según acuñación de Antonio Burgos–, es decir, de la ex-España, este Gobierno de penenes, nescientes, ignaros y polichinelas que tenemos la desgracia de padecer, ha decidido amputar el Archivo de Salamanca para «cerrar heridas». Es decir, que para cerrar heridas hay que abrir más heridas todavía. No está claro si va a poder culminar su tropelía expoliadora. La Junta de Castilla y León ha iniciado acciones penales por las irregularidades que se observan en el dictamen del guateque de expertos. Los expertos fueron elegidos por el Ministerio de Cultura, y en su resolución se basa la señora ministra del IVA y del derroche del dinero público para contentar a los socios independentistas catalanes. Un comité de expertos presidido o dirigido por Federico Mayor Zaragoza, experto en cambalaches y cambios de chaqueta. Además, el Parlamento de Castilla y León ha aprobado mantener intacto el archivo salmantino y, para colmo, el alcalde de Salamanca ha anunciado su propósito de impedir que salga de su ciudad un solo papel. La ciudadanía helmántica ya ha manifestado su indignación por el robo y sólo espera que el ministro Caldera, diputado por Salamanca, repita lo que prometió años atrás. «Sólo saldrá un documento del Archivo de Salamanca si lo hace sobre mi cadáver».

Hay que contentar al sinvergüenza de Carod, el socio predilecto de Zapatero, el contertulio de la ETA en Perpiñán, el solicitante a la banda terrorista de que asesine a españoles que no sean catalanes. Pero abierta la tarta, todos quieren su parte. Y los nacionalistas vascos han pedido lo que ellos consideran que les pertenece, y también Izquierda Unida, y un día serán los ciudadanos individualmente quienes soliciten los documentos que tengan que ver con alguno de sus familiares, y el Archivo quedará devastado gracias a esa llamada comisión de expertos recompensados, sometidos y pelotas. A eso le llama la señora Calvo, la egabrense indocumentada, «cerrar heridas».
Uno, de natural ingenuo, creía que las heridas se habían cerrado en los tiempos de la Transición. Tremenda equivocación. Gracias a Dios doy todos los días por haber nacido después de nuestra terrible Guerra Civil y no haber sido escritor en los tres últimos años de la efímera Segunda República. Y de agradecer al Altísimo, también le manifiesto mi gratitud por haberme librado de un «juicio popular» de cuyo «tribunal» formara parte la ministra Calvo, la experta en cerrar heridas.

Se me antoja caprichoso que la ministra Calvo no haya incluido en la comisión de expertos –se trata de un archivo histórico– al director de la Real Academia de la Historia. Se me antoja caprichoso que la ministra Calvo haya desoído las recomendaciones del Consejo de Estado. Se me antoja caprichoso y sospechoso que tan sólo se haya dejado influir por una comisión de expertos designada por ella misma después de garantizarse la lánguida sumisión de sus componentes. Escribía don José María Pemán que el Consejo Nacional franquista era una institución que sólo se reunía una vez al año para oír el discurso del aconsejado. Vistas las cosas, los «Cuarenta de Ayete» eran independientes comparados con los «Expertos de Calvo». Muy tramposos los expertos. Casi tanto como el poeta Herminio de Zozaya, fundador del importante premio de Poesía «Herminio de Zozaya» y cuyo primer ganador –no se celebró la segunda edición del poético galardón– no fue otro que Herminio de Zozaya. El Jurado del certamen estuvo compuesto por Germán de Zozaya, padre de don Herminio, Guadalupe Romero de Zozaya, madre de don Herminio, y el propio don Herminio. El ganador lo fue por unanimidad. Extraña ministra esta señora Calvo, en un tercio «Pasionaria», en otro tercio José Solís Ruiz, y en el que resta, concursante eliminada de «Un, Dos, Tres».

Presumo un largo proceso judicial. Por mucho que apetezcan Zapatero y Calvo –y Caldera, mientras no se demuestre lo contrario– expoliar el Archivo de Salamanca para contentar al indeseable de Carod, la situación al día de hoy se presenta complicada. Un Parlamento autonómico que blinda legalmente su patrimonio histórico, un Ayuntamiento que se opone al asalto de un bien común, y una ministra de Cultura dispuesta a enviar a la Guardia Civil a incautar un archivo que pertenece a todos los españoles. A eso le llama la ministra «cerrar heridas». Pues qué bien. ¡Viva la comisión de expertos!

La victoria del terrorismo
Isabel Durán Libertad Digital 31 Diciembre 2004

Las angelicales y bondadosas cualidades atribuidas por el Ejecutivo socialista al dialogante Juan José Ibarretxe acaban de recibir una dosis de la misma medicina que imparte el presidente Rodríguez Zapatero. Mucho talante de marketing de cara a la galería pero en la praxis la mayor radicalidad jamás osada por parte de sus predecesores en el cargo.

En este caso acaba de tocarse definitivamente la corneta para el asalto final a la unidad de España. El embate es el más serio y grave y, no por anunciado, menos peligroso de la reciente historia. Porque su peligro radica esencialmente en dos cuestiones. Primera: el PNV, que con esos chicos educados de Ibarretxe e Imaz a la cabeza ha asumido los postulados de la banda terrorista ETA, han enterrado definitivamente el Estatuto e iniciado un camino “sin vuelta atrás” de la mano de los asesinos.

Y segunda, lo que tiene enfrente el nacionalismo de Ibarretxe y ETA-Batasuna, es un fotogobierno, cuya cabeza visible, ZP, es otro joven de aparente buen rollito que encarna en realidad la ambición del poder a cualquier precio, la falta de rigor y la insolvencia más absoluta, lo que se traduce en el desguace de España a plazos mientras se alimenta un odio cerval entre españoles desconocido en las últimas décadas.

El último día hábil del Parlamento vasco en 2004 ha dado comienzo la era de la victoria del terrorismo. Con la ayuda de un constitucionalismo dividido por culpa de un PSOE acobardado y vendido al poder. Con el empuje de un Partido Socialista que acaba de celebrar el entierro del Estatuto de Guernika dándole la razón al nacionalismo más corrosivo e intolerante. Con la irresponsabilidad de un Gobierno de la nación que ha dejado expedito el camino al presunto lehendakari de todos los vascos para que celebre un referéndum ilegal. Con un presidente del Ejecutivo que no insta al fiscal general del Estado a que se ejecuten las sentencias del Tribunal Supremo para que no se proteja a una formación ilegalizada por terrorista.

Un Gabinete, en definitiva, hipotecado por los independentistas y nacionalsocialistas catalanes tras los que se parapetan los nazionalistas vascos adulados por el PSE a punto de convertir en realidad sus objetivos jamás soñados con un Gobierno del Partido Popular en La Moncloa. Con José Luis Rodríguez Zapatero y sus socios se ha consumado la victoria del terrorismo por partida doble. Primero fue la retirada de las tropas de Irak y ahora la imposición del Plan Ibarretxe gracias a los asesinos.

El año que nos deja
José CLEMENTE La Razón 31 Diciembre 2004

Giramos los portones del año 2004 para abrir con renovada esperanza las ventanas del 2005, con ese sabor agridulce que nos dejan las incomprensiones, esos «pequeños detalles» que nos obligan a un doble esfuerzo para que algo de verdad se abra paso en nuestras vidas. Aunque nunca en la hora del balance los esfuerzos se notan, si al menos resplandecen como brasas en el fuego que se extingue, que es lo que cuenta. Nos han pasado muchas cosas este año, algunas dramáticas, como aquel 11-M grabado a sangre y fuego en nuestra memoria, hoy convertido en una nueva obligación para que la vida de los 192 que viajaban en aquellos trenes de la muerte, y que se quedaron en este año, no sea olvidada, porque los olvidos, ya saben, traen las repeticiones o las mismas piedras. Fue también el año del cambio, aunque creo que a peor, pues el chistómetro de ZP ya supera al de Aznar en sus primeros dos años, todo un síntoma de lo que opina el pueblo sobre su accidental presidente, no por sustituto, sino por lo que dice el Wall Street Journal.

Llegamos a final de año con muchos interrogantes abiertos. Se cambió el Gobierno en España y en Cataluña, pese a que en esta Comunidad ganaran los nacionalistas moderados frente a los radicales, a los que Maragall abrió el poder como Ibarreche ya se lo abrió tiempo atrás a los también radicales del País Vasco, que sólo busca cuartear la piel de toro sin saber para qué o hacia dónde, solo por el mero hecho de acogerse a almidonadas quimeras de patrias chicas. Esperemos del 2005 no pasar esta barrera del nunca jamás donde unos acaben contra los otros y, al final, todos jodidos. Pero en eso van de mano los nacionalistas. «O balance balance» cantaba Sara Montiel, que al final de la vida sólo queda lo auténtico, lo verdadero, no aquello que nos hicieron ver o pretendieron. Deseo el mejor Gobierno para mi país, sea del signo que sea, pero hoy, por desgracia, mi gobierno sólo sirve para que yo también me sienta hazmerreir en las portadas de Vogue. Aznar dejó a España en una situación económica inmejorable y en un contexto internacional jamás imaginado. Los nuevos gobernantes deben mejorarlo, no derribar la obra hecha porque los cimientos los pusieran otros. Si esto ocurriera, la ciudadanía de la que tanto habla ZP, se lo demandará. Esa es la lógica política, porque nunca un país debe renunciar a que los nuevos gobiernos sumen sus esfuerzos a los que otros ya hicieron. Sólo así un país puede crecer y avanzar. El resto son derribos.

Una opción excluyente
FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo 31 Diciembre 2004

El Parlamento vasco fue ayer, una vez más, caja de sorpresas. Juan José Ibarretxe abrió el pleno asumiendo que sería un día de derrota y que necesitaría una segunda vuelta con las elecciones y terminó de triunfador gracias al regalo de los tres votos imprevistos de Sozialista Abertzaleak, antes Batasuna. Otegi se erigió en protagonista de la sesión al anunciar el reparto de votos de sus compañeros, aunque no vaya a ganar el premio a la coherencia política.

La decisión de abstenerse en comisión había sido interpretada por algunos como un indicio de un posible cambio de postura de la izquierda abertzale, pero después de ese pronunciamiento, tanto Arnaldo Otegi como Pernando Barrena habían reiterado en público su rechazo al plan Ibarretxe. A la hora de la verdad, por muchos matices e interpretaciones que Batasuna quiera introducir, la izquierda abertzale ha apoyado la propuesta del lehendakari, dejando en manos de éste la gestión de ese respaldo. Tanta invocación a la coherencia histórica de la izquierda abertzale efectuada en su discurso por Otegi se vino abajo a la hora de votar en favor de una propuesta que pretende reformar el Estatuto de Gernika a través de las vías establecidas por éste, al menos formalmente.

El plan Ibarretxe, al parecer, ha supuesto demasiada presión para una Batasuna ilegalizada y en riesgo de perder buena parte del apoyo social menguante que todavía le queda. A pesar de las críticas públicas, la izquierda abertzale no ha sido capaz de oponerse a esa presión y ha terminado por acercarse al nacionalismo institucional con la esperanza de cambiar el eje del debate de la próxima campaña electoral y que la coalición PNV-EA no se cebe con ellos.

El tripartito se encuentra con un triunfo inesperado. Saca su plan con el apoyo de Batasuna mientras ETA sigue colocando bombas, pero a estas alturas de la película eso no parece preocuparles demasiado. Alegarán que no han negociado con la izquierda abertzale y que los votos vienen gratis. Es posible que sea así y que el lehendakari y su partido su partido no hayan negociado con Otegi las veces que se han visto. Pero el resultado es que el plan sale aprobado con los votos de una formación política que no se ha desmarcado del terrorismo.

La decisión de no hacer el menor esfuerzo por buscar un pacto con los dos grandes partidos de ámbito nacional, el PSOE y el PP, llevaba implícito el riesgo de quedar en manos de los votos de Batasuna y del apoyo postal de 'Josu Ternera', el que fuera máximo jefe de ETA y que tal vez continúe siéndolo. El plan deja fuera a casi la mitad de la sociedad vasca, la parte que no es nacionalista. No es una decisión casual. Es una opción política del nacionalismo institucional, con Ibarretxe a la cabeza. Una opción excluyente.

La perversa jugada de Batasuna
Editorial Heraldo de Aragón 31 Diciembre 2004

TODO el mundo esperaba que el plan Ibarretxe no fuera aprobado, incluido el propio Ibarretxe. De este modo, la decepción por el resultado hubiera sido muy fructífera de cara a la galería nacionalista, porque ya es sabido que el victimismo es muy rentable en estos ambientes. Pero Ibarretxe, juguete de su miope malicia, ha sido víctima de los que la dominan como nadie, los filoeterras abertzales. Batasuna, que está en desacuerdo con el lendakari porque se queda lejos en sus reivindicaciones soberanistas, no era previsible que votase a su favor, y con ello Ibarretxe quedaba justificado ante sus partidarios. Pero Batasuna, que vive desde hace décadas en la práctica diaria de la perversión estratégica, ha hecho la más retorcida de sus jugadas: repartir a partes iguales sus seis votos: tres para darle el sí al plan (y con ello, la puntilla a Ibarretxe), y tres para demostrar, al mismo tiempo, que está en contra del plan (porque se les queda corto). La cuadratura política del círculo.

¿Cómo podrá ahora defender Ibarretxe su plan sabiendo que quien lo ha sacado adelante son los votos de Batasuna, es decir, el brazo político de los asesinos etarras, los auspiciadores del terrorismo más cruel de la historia española? ¿Cuál será la decisión del lendakari, que prometió que si era con los votos de Batasuna no aceptaría la sanción de su proyecto?

La trayectoria del documento ayer aprobado con los tres votos de Batasuna es, a partir de ahora, su remisión a la mesa de las Cortes generales, que la admitirá a trámite. Se defenderá en comisión por los parlamentarios vascos, e irá al pleno, donde se le cerrará el paso. A Ibarretxe, por su parte, no le quedará más remedio que llevar el plan a referéndum. ¿Antes de las elecciones vascas? Pero acudir a ese referéndum, antes de la modificación penal que han promovido primeramente los catalanes, supondría que Ibarretxe estaría en la ilegalidad y tendría que ir a la cárcel... Otra estrategia de Ibarretxe podría ser olvidarse del referéndum de su plan y convocar directamente las elecciones de mayo, en la esperanza de ganarlas y de que ese triunfo se interpretase como un sí al referéndum no convocado...

Independientemente del grave conflicto constitucional en el que todo el país puede verse implicado, la aprobación del plan Ibarretxe en el parlamento vasco, con la inesperada, perversa y salomónica jugada de Batasuna va a suponer, de momento, que la estrategia del PSOE de no generar crispación en la vida política española, diciendo amén a todo lo que se le ha propuesto, se ha demostrado catastrófica. El resultado es que la crispación entre Madrid y el País Vasco va a incrementarse dramáticamente, como aumentará el distanciamiento entre el

País Vasco y el resto del Estado español. Porque hay que admitirlo sin género de reservas, Euskadi, gracias a la inconsciencia política de Ibarretxe, que no ha previsto lo que podría ocurrir, se ha puesto en manos de Batasuna y, por extensión, en las de ETA, a quien sirve la agrupación abertzale en última instancia.

A todo ello, el precio político mayor de todo eso lo acabará pagando el presidente Zapatero, que con su falta de visión política, admitiendo pactos con quienes nunca tenía que haberse juntado, ha dado pie a que tomen carta de naturaleza actitudes inaceptables y peligrosísimas.

Zapatero y el plan Ibarreche
El talante de la cesión
Ignacio Villa Libertad Digital 31 Diciembre 2004

La aprobación por el Parlamento vasco del Plan Ibarretxe con los votos de la ilegalizada Batasuna ha encendido automáticamente todas las luces de alarma institucionales y constitucionales de España. En primer lugar, por la gravedad del desafío, en segundo, por la debilidad política del presidente Zapatero.

De la actitud del nacionalismo vasco no hay nada nuevo que no sepamos. Pero quizá lo que en estos momentos más preocupa ante este desafío –que por otra parte era esperado– es la nula capacidad de Zapatero para dar respuesta a los nacionalistas. El actual presidente del Gobierno ha demostrado que no sabe, no puede y no tiene fuste para dirigir con pulso político esta complicada encrucijada institucional.

El jefe del Ejecutivo –durante ocho meses– ha mostrado hasta la saciedad un mensaje de debilidad y de falta de carácter muy preocupante. El talante de la cesión se ha convertido en su única estrategia política. Y ante tal panorama los nacionalismos –vasco y catalán– campan a placer. Tanta sonrisa y tanta tontería no nos lleva a ninguna parte. Esta muy bien que Zapatero –en sus sueños– diga que dialoga con los ciudadanos. Estupendo. Pero parece olvidarse, de forma alarmante, que su primera obligación es gobernar. Y gobernar significa tomar decisiones, algunas impopulares pero necesarias. Hacer política no es el arte de caer bien, es, en todo caso, el arte de la gestión y de mejorar la calidad cotidiana de los ciudadanos.
Desde ahora hay que esperar una ofensiva del nacionalismo vasco con una fuerza tremenda, arremetida a la que sucederá la de los nacionalistas catalanes. Ante ello, los ciudadanos españoles nos encontramos indefensos con un Zapatero dando tumbos de aquí para allá, y más pendiente de su sonrisa que del futuro de España. La alarma roja institucional se ha encendido por el Plan Ibarretxe y por la incompetencia de Zapatero. Tenemos un Gobierno, que no sabe gobernar. Dice sí a todo, intoxica sin parar y cede ante cualquiera. La que se nos viene encima.

LOS TRAMPOSOS
Por Jaime CAMPMANY ABC  31 Diciembre 2004

TOMA nísperos, Tomasa, hasta que se te salgan por el galillo y te vayas por la pata abajo, que ahora resulta que estos socialistas que nos desgobiernan son unos fulleros y te cambian las cartas, cargan los dados y dan gato por liebre.

Ahí tienen ustedes a la todavía excelentísima señora ministra de cuota doña Carmen Calvo, montada a horcajadas sobre la Cultura, a la que le da cada galope que la deja derrengada y rendida, dando las boqueadas y que ya no la conocen ni los graduados escolares. Se ha empeñado en darles a Maragall y a Carod-Rovira los documentos del Archivo de la Guerra Civil, arrancándolo de Salamanca, aunque ya veremos si eso sucede porque el alcalde se ha puesto farruco y ya sabemos lo que son alcaldes farrucos en Celtiberia. Aquí, en estos páramos, todo es posible cuando hay alcaldes por medio, y lo mismo sale un Pedro Crespo que ahorca al capitán en Zalamea, que un Andrés Torrejón al que se le hinchan las narices y le declara la guerra a Napoleón Bonaparte.

Pero salgan o no salgan de Salamanca los documentos archivados, que no saldrán, porque este Julio Lanzarote parece que tiene pundonor y lo que hay que tener, lo más chusco del caso es que Carmen Calvo, a la sazón consejera de Cultura del profesor Manolo Chaves, echó el cerrojo y puso blindaje a los papeles de Medinaceli para que no se los llevaran a Toledo y se quedaran en Andalucía. Levantó alrededor del archivo una muralla legal y blindó los documentos de aquel Archivo. La ministra de Cultura que entonces se quedó con tres palmos de narices fue Esperanza Aguirre. Lo que hizo entonces Carmen Calvo en Sevilla lo va a hacer ahora la Junta de Castilla-León en Salamanca, y la pícara Carmen Calvo dice que eso es anticonstitucional. O sea, el cambiazo y la trafulla. Gobiernan con el embudo y como trileros, y en este caso también como trileras, añado, para que no se corran las feministas.

Pues dejemos a Carmen Calvo, démosle tiempo de pasar la vista por encima de la biografía de Cervantes, ahora que estamos con los cuatrocientos años del Quijote, y vayámonos a encontrar a Jesús Caldera, casi flamante y todavía excelentísimo señor ministro de Trabajo y Asuntos Sociales. Este Caldera, mire usted por dónde, es diputado a Cortes por Salamanca, que el mundo es un pañuelo, y cuando se planteó hace años la reivindicación catalana para llevarse a Cataluña algunos documentos del Archivo salmantino de la Guerra Civil, anunció por lo celtíbero y sin irse por las ramas que para sacar un papel de allí «tendrían que pasar por encima de su cadáver».

Claro está que hasta en los cadáveres hay jerarquías, y no es lo mismo el cadáver de un simple diputado, que los hay a cientos (trescientos cincuenta exactamente) que el cadáver de un ministro, que sería obviamente un cadáver exquisito. Ahora, precisamente ahora, cuando lo han hecho ministro por la gracia de Zapatero, no va a poner su cuerpo serrano y ministerial delante de las huestes de Carmen Calvo para defender los documentos del Archivo de su tierra y desagradar así al Tripartito, que para estos socialistas laicos es como desagradar a la Santísima Trinidad, porque es quien manda.

En resumen
J. A. ÁLVAREZ GUNDÍN La Razón 31 Diciembre 2004

Aún es pronto para saber cómo pasará a la historia de España este 2004, pero sí sabemos cómo empezó y cómo está terminando: en medio de un fuerte olor a escombros. Empezó con un terremoto electoral y termina con la piqueta nacionalista cavando frenéticamente. La aprobación del Plan Ibarreche por mayoría en el Parlamento vasco bien puede resumir lo que ha sido el año 2004. Ayer mismo, en el edificio constitucional que levantamos entre todos hace 25 años alguien ha colocado el cartel de «Aquí no hay quien viva» y parte del vecindario ha votado ir por libre. O sea, que era cierta la sospecha que se ha ido instalando en nuestra sociedad de que ya no somos todos iguales en derechos y deberes. Unos tienen derecho a trasvasar agua y otros no; unos tienen derecho a unos fondos documentales y otros no; unos tienen derecho a marcar las reglas del juego y los otros solamente a acatarlas. Hace algunos años, en plena Transición, hubo quien propuso hacer una España de dos velocidades y casi le lapidan. Pues bien, hoy ya tenemos una de dos categorías. Y un Gobierno débil que para sobrevivir lo está permitiendo. En resumen, que esta noche, a eso de las doce, está previsto que acabe al año 2004. Si no pasa nada extraordinario, el año entregará al calendario su último segundo y brindaremos por el 2005. Con el permiso de Ibarreche y Carod, claro.

Jugar con fuego
Opinión El País  31 Diciembre 2004

Arnaldo Otegi le ha puesto boca arriba al lehendakari Ibarretxe todas sus estrategias al apoyar la propuesta de Estatuto Político de la Comunidad de Euskadi. No estaba en el guión ni de él ni de casi nadie que la ilegalizada Batasuna diera luz verde ayer en el pleno del Parlamento vasco al plan soberanista auspiciado por el Gobierno tripartito (PNV, Eusko Alkartasuna y Ezker Batua). Pero el líder batasuno le sorprendió con una jugada de pícaro, que muy posiblemente provocará la muerte del llamado plan Ibarretxe, pues será rechazado por las Cortes Generales por inconstitucional, al tiempo que meterá presión al PNV para conseguir que el partido de la izquierda abertzale participe en las elecciones autonómicas del próximo mayo. Ibarretxe sabía que jugaba con fuego ...y se ha quemado.

Otegi le ha gastado aparentemente una muy mala pasada al tripartito, pero sobre todo al propio Ibarretxe, quien daba por asumido que los seis diputados de Socialista Abertzaleak (SA), el grupo parlamentario de la ilegalizada Batsuna, votarían en contra y por consiguiente su plan no contaría con la mayoría absoluta, fijada en 38 votos. Pues bien, logró 39. En su insólita defensa de cómo se adjudican tres votos a una opción y tres a la contraria, Otegi dejaba claro, por si hiciera falta, su reto: un triple sí "a Euskal Herria, a la autodeterminación y a un gran acuerdo que permita abrir las puertas para superar el conflicto", pero un rotundo y triple no "a los errores de hace 25 años", en referencia al Estatuto de Gernika.

Para Otegi, todos los males vienen del Estatuto de 1979 -ahora sí se puede decir que ha muerto tras lo ocurrido ayer-, y propone que sean los propios vascos quienes decidan su futuro. Es decir, nada de pactar con Madrid, sino de apostar por una estrategia rupturista y de reunir en una mesa de negociación a todas las fuerzas vascas para marcar las propias reglas, que contemplen directamente la independencia.

Se trata de una auténtica perversión, pues en cierta manera le obliga a Ibarretxe a comprometerse mucho más de lo que deseaba, a ir más allá de lo que busca su reforma estatutaria -"una relación de amable convivencia" con el Estado español-, porque para la izquierda abertzale su plan no sirve. No se puede descartar que el golpe de teatro de ayer pueda esconder algún acuerdo secreto entre peneuvistas y batasunos. Algunas señales de deshielo se habían producido tras el mitin de Otegi hace un mes en Anoeta, en el que anunciaba que había llegado la hora del diálogo mientras ETA ponía una bomba en un cuartel.

Pero, con o sin enjuagues, la conclusión del debate parlamentario es que el plan Ibarretxe sale lastrado por el apoyo -bastante engañoso- de un partido que fue ilegalizado por su vinculación a las actividades terroristas de ETA. Y eso la ciudadanía vasca debería tenerlo en cuenta. Ya de por sí resulta un insulto a la democracia que Otegi no criticara en ningún momento de su intervención la violencia etarra, que se refiriera a los presos y las torturas, y que incluso se permitiera dar lectura de un mensaje del fugado diputado batasuno Josu Ternera, perseguido por su presunta responsabilidad en el atentado contra un cuartel en Zaragoza en 1987 que causó la muerte de once personas, cinco de ellas niños.

¿Y ahora qué? Teóricamente, el plan debe ser remitido a las Cortes Generales para su aprobación como ley orgánica. Está ya descartado que pase, pues tanto el PSOE como el PP ya han manifestado que votarán en contra por considerarlo anticonstitucional. En su idea inicial, cuando lo formuló hace tres años, Ibarretxe habló de abrir simultáneamente una negociación con el Gobierno que no rebasara los seis meses y someter luego a consulta popular de la ciudadanía vasca su plan, con o sin acuerdo de las Cortes e infringiendo la ley. Anoche mismo llamó al jefe del Gobierno, Rodríguez Zapatero, para solicitarle la apertura de negociaciones. Antes del golpe de efecto de Otegi, el lehendakari volvió a subrayar en el Parlamento que la consulta se haría. Posiblemente se haga en un futuro, pero con otro plan. Además, nadie excluye que el voto sea invalidado y considerado ilegal al haber sido logrado con el respaldo de un partido ilegalizado.

Desde ayer, el guión cambia, y para mal, para Ibarretxe. El PNV y su socio EA habían cerrado días atrás un acuerdo para volver a concurrir en coalición a las elecciones de mayo, junto con Ezker Batua, llevando el plan de reforma estatutaria, que presuponían iba a ser derrotado en el Parlamento de Vitoria, como eje programático y esgrimiendo la celebración de un referéndum a fecha fija como cebo para seguir atrayendo votos de Batasuna. Pero los tiempos no los marca él, sino Otegi.

Ibarretxe mantiene y sube la apuesta
Fernando González Urbaneja Estrella Digital  31 Diciembre 2004

Un nacionalista vasco moderado decía del lehendakari Ibarretxe que era terco y torpe y que ambas cualidades convertirían su gobierno en un calvario. Puede que sea terco, pero no parece tan torpe. Esta semana ha sacado, forzando todos los límites imaginables, sus dos proyectos más emblemáticos: nuevo Presupuesto para sustituir el prorrogado desde el 2002 y luz verde para su plan de reforma del Estatuto que no tiene ninguna posibilidad de salir adelante con las actuales exigencias constitucionales, ya que no será aprobado, en su actual redacción, por el Parlamento español.

Para sacar adelante el Presupuesto tuvo que ocurrir el misterio electrónico de destrucción de un voto en contra para producir un resultado distinto a la voluntad de los votantes. Una barbaridad moral; otra más en la vida política vasca.

Y para sostener su plan de reforma del Estatuto no ha dudado en aceptar los votos de los diputados que representan a la ilegalizada Batasuna; unos votos que Ibarretxe dijo que jamás sumaría a los suyos mientras no hubiera rechazo de la violencia. En el momento de la verdad acepta esos votos, por aquello de que todo es bueno para el convento, sobre todo si viene con viandas y viento a favor.

Ibarretxe ha consumado su apuesta por la reforma del Estatuto hasta asumir toda la gobernación y soberanía, para materializar el imaginario colectivo de un Estado vasco. Lo ha hecho con ese espíritu terco que le adjudicaban. El PNV entra, pues, de lleno en la aventura del nacionalismo más radical y con aplicación efectiva del Pacto de Estella, que unificó a todos los nacionalistas sin distinción alguna.

Ibarretxe estaba eufórico ayer, advertía que puede ir más lejos; que ahora acepta negociar con España, pero que podría dejar de hacerlo. Y anunciaba que llamará a Zapatero para ponerle al corriente de la decisión de la mayoría del Parlamento vasco. Sabe que esa mayoría no se produce en la sociedad vasca y que su plan divide y enfrenta, pero el sueño del Estado vasco soberano está por encima de cualquier otra consideración.

Para Zapetro, la conversación con Ibarretxe supone un riesgo y una oportunidad. El riesgo de entrar en el laberinto nacionalista para quedar atrapado en él, y la oportunidad de dejar claros los límites e incluso estrechar el campo de juego.

El desafío de Ibarretxe a la mayoría constitucional, a quienes defienden la Constitución de 1978 es manifiesto. Y los demás nacionalistas, especialmente los catalanes, están atentos a la nueva frontera que les empuja a derivas que quizá nunca imaginaron.

Ibarretxe empezará ahora a preparar las elecciones vascas que ratificarán o rechazarán la estrategia de un PNV lanzado hasta límites que asustan incluso a algunos de sus miembros. Para quienes no comparten esa estrategia, desalojar al PNV del poder en el País Vasco se convierte en cuestión prioritaria. ¿Qué sería del PNV sin el dominio del Ejecutivo autonómico? FG.urbaneja@terra.es

Plan con Batasuna
Editorial El Correo 31 Diciembre 2004

La votación del plan Ibarretxe en el Parlamento vasco ofreció ayer el resultado que deseaban sus promotores: su aprobación como proyecto de reforma estatutaria. De esa manera, el momento programado por Ibarretxe para dar inicio a la campaña electoral de cara a los próximos comicios autonómicos se ve reforzado con la tramitación de dicho plan ante las Cortes Generales. Desde el principio, el nacionalismo gobernante ha intentado transferir al Estado constitucional la responsabilidad sobre su disposición rupturista. Elevando a las Cortes Generales la decisión adoptada ayer, Ibarretxe y su partido consiguen enfocar los comicios autonómicos como una liza entre la voluntad de los vascos y el marco constitucional; como un enfrentamiento entre la legitimidad vasca y la legalidad española. Ése es precisamente el escenario propicio para las aspiraciones electorales del PNV pero, sobre todo, para lograr que sus votos arraiguen sobre la división y el enfrentamiento.

Las llamadas y requerimientos que el nacionalismo gobernante había dirigido hacia Batasuna acabaron cuajando ayer en una coincidencia de intereses. Poco importa que dicho resultado fuese consecuencia de un acuerdo previo que contemple contrapartidas a favor de la formación liderada por Arnaldo Otegi. Porque la votación constituyó, en sí misma, un pacto. Lo que parece indiscutible es que ayer Euskadi se adentró definitivamente por un callejón que no ofrece otra salida que la derrota electoral de los patrocinadores del plan soberanista en las próximas elecciones. De lo contrario, acabará haciéndose realidad la advertencia de Ibarretxe de que el camino por él emprendido no tiene vuelta atrás. El nacionalismo de PNV y EA decidió en septiembre de 1998 proyectar el futuro del País Vasco mirando a la izquierda abertzale y dando la espalda a los vascos constitucionalistas y al resto de los españoles. Tras el fracasado ensayo realizado en torno a la Declaración de Estella, el nacionalismo gobernante confió en el poder de arrastre del plan Ibarretxe convertido tanto en factor de cohesión para sus filas como en elemento de atracción hacia las bases de la izquierda abertzale.

Con la votación de ayer, Euskadi se va a convertir en el único rincón del mundo democrático en el que el marco básico de convivencia es definido no a través de un esfuerzo de consenso, sino mediante la aplicación de un criterio mayoritario alejado tenazmente de los deseos de quienes no lo secundan. El apoyo de Batasuna a los propósitos del tripartito gobernante no resulta gratuito. Es cierto que sus frutos no podrán ser capitalizados por una formación que se encuentra fuera de la ley y que, si nada cambia, continuará excluida de la contienda electoral. Pero el pacto implícito que representa la votación de ayer contribuye a una mayor radicalización de los postulados de partida del plan Ibarretxe. En una situación de extrema debilidad y desconcierto, la izquierda abertzale ha decidido cobijarse a la sombra del nacionalismo gobernante. Pero a la vez ha conseguido escorar a éste hacia su lado, cegando así toda posibilidad a las ya limitadas esperanzas de que el PNV decidiera virar hacia una mínima moderación de sus postulados.

Si ya con anterioridad el plan Ibarretxe no ofrecía posibilidad alguna para el encuentro entre nacionalistas y no nacionalistas, los 39 votos que ayer secundaron su tramitación según lo previsto en el artículo 46 del Estatuto de Gernika conducen a una fractura ineludible. Es el momento de recordar que el contenido del proyecto aprobado va mucho más allá de una mera reforma estatutaria y que en realidad quiebra los principios que la Constitución de 1978 estableció como marco para el desarrollo autonómico. Por eso resulta impensable que las Cortes Generales, a través del pleno del Congreso, puedan siquiera admitir a trámite la propuesta votada por el Parlamento vasco. Esto es algo que el nacionalismo no sólo conoce perfectamente, sino que se dispone a utilizar como argumento central de su campaña electoral, para convertir el rechazo constitucional a la decisión del Parlamento vasco en la palanca de una nueva victimización abertzale. Los tres votos de Batasuna han adelantado el calendario inicial de Ibarretxe, de forma que no sólo va a concurrir a los comicios con un plan, sino que a éste se le añadirá la explícita negativa de las Cortes Generales, del PSOE y del PP, a dar carta de naturaleza a un proyecto que quiebra el marco de convivencia en Euskadi y entre Euskadi y el resto de España. Pero si las Cortes Generales son depositarias de la facultad constitucional para evitar el dislate que entrañaría la normal tramitación del plan Ibarretxe, la reconducción de los acontecimientos hacia un horizonte más racional y sensato depende de la ciudadanía vasca y de su opción de voto en las próximas autonómicas.

En manos de los asesinos
Editorial El Ideal Gallego 31 Diciembre 2004

Ibarretxe ha conseguido con su empecinamiento en aprobar su plan secesionista devolver al centro del debate al brazo político de los asesinos etarras. El lehendakari y, por supuesto, Atutxa, con su insistente negativa a cumplir la sentencia que le obligaba a disolver el grupo sucesor de Batasuna. En el parlamento vasco ayer se escuchó la voz de un terrorista fugado de la justicia a quien la esquizofrenia de los peneuvista situó al frente de la comisión de derechos humanos de la cámara de Vitoria. Fue a través de una carta leída por Otegi, quien escenificó, durante su intervención, lo que todos temían, que al final se convertirían en el respaldo del tripartito, seguramente como pago a los favores recibidos. Y mientras, el portavoz de los nacionalistas vascos, Joseba Egibar, casi con lágrimas en los ojos y profundamente emocionado agradecía a los amigos de los criminales su apoyo. Al fin y al cabo, Egibar no tiene que vigilar su espalda cuando camina por la calle. Ni él ni los suyos son objetivo de quienes les dan su respaldo, ese que tanto agradece. Ahora habrá que ver cómo Ibarretxe y sus compinches cumplen con el texto que respaldaron y que contempla la realización de un referéndum “en ausencia total de violencia”. De nuevo, el PNV, EA y la Izquierda Unida vasca se convierten en prisioneros de ETA. Lo fueron ayer y lo serán desde ahora hasta la celebración de esa consulta, no sólo inconstitucional sino, además, ilegal. Por lo menos, el órdago que llega desde Euskadi servirá para saber de qué pasta está hecho Zapatero y si, detrás de su sonrisa fácil hay el carácter que debe poseer quien ocupa la presidencia de un país.

El segundo cartucho
ALFONSO DE LA VEGA La Voz 31 Diciembre 2004

POR SI HUBIERA fallado el plan separatista de Ibarretxe sacado con los votos de los terroristas, un tal Pachi López, del antes llamado PSOE, tenía preparando un cartucho de repuesto para que no se escapara la pieza. Quién lo diría conociendo la historia del socialismo vasco y del movimiento obrero. Parece que nunca han existido los tiempos en que un socialista de la primera hora como Unamuno escribía: «En Bilbao, los dos polos son el llamado bizcairratismo de un lado y el socialismo de otro. Cuanto más se depure y eleve, haciéndose más consciente de su ideal y ensanchándolo a la par, más menguará aquél». Y el líder socialista Carretero remachaba: «Los socialistas hemos combatido en todo tiempo el nacionalismo de Arana por considerarlo inhumano, insolidario, pobre de concepción y de espíritu, fundado en un odio injusto hacia el resto de los españoles y por ser altamente incivilizador y reaccionario». O «el Partido Nacionalista compónese de burgueses grandes y chicos y de gente de escritorio. El ideal que persiguen los nacionalistas que gozan de buena posición nadie lo ignora: ser ellos los únicos que rijan los destinos de esta región de España. Los otros, los pequeños industriales y comerciantes, los dependientes, etcétera, su objetivo es el de unos el negocio y el de otros una buena colocación».

Pero en los nidos de antaño no hay pájaros hogaño. O no los mismos pájaros. Ahora, marginada la gente valiente y honrada como los Redondo o Díez, abundan las gallináceas en busca de confortable pesebre. ¡Sabino, colócanos! No estaría de más, pues, que los dirigentes socialistas actuales leyeran lo que opinaban los fundadores cuando había, errado o no, un Ideal y cierta grandeza de miras. Claro que ahora socialismo es lo que hacen los socialistas. Y felonías lo que hacen los felones.

Sólo falta la otra mitad
TONIA ETXARRI El Correo 31 Diciembre 2004

El Gobierno Ibarretxe, y sobre todo el PNV, ya tiene la campaña hecha. El Parlamento respaldó, con la mayoría absoluta que tanto necesitaba el lehendakari, su plan soberanista. Una de las dos condiciones de las que tanto había hablado el presidente nacionalista cuando presentó su plan de 'desenganche' con España, ante el hemiciclo el año pasado. Otegi , ayer, entregó en brazos del Gobierno el 50% de su fuerza electoral. ¿Gratis et amore? El tiempo lo dirá.

De momento, Otegi, que ayer hizo de cartero del parlamentario prófugo, el ex dirigente de ETA 'Ternera', lanzó dos guiños envenenados al Parlamento; a esta institución que tanto le gusta utilizar, mientras Atutxa se lo permita. Los tres votos a favor del plan soberanista no son tan descabellados, aunque algo incómodos, eso sí, para un Imaz que se ha pasado la legislatura diciendo que no iba a aceptar votos de los cómplices de ETA. Porque después de la ponencia retocada hacia la radicalización, con preámbulo, consulta y capacidad del futuro Gobierno vasco de conceder indultos, es tan asimilable por las 'herriko tabernas' ilegalizadas, que Otegi, que tiene el pulso de sus bases tomado, sabe que la demostración de su capacidad de decantar la balanza en el Parlamento sube enteros de cara a la próxima campaña.

Bien es verdad que su formación, mientras no se desmarque de ETA, seguirá sin poderse presentar. Pero corren plazos y tiene que ganar tiempo. Y Batasuna, a medida que se desmorona desde que ETA ha sido sometida a un acoso policial y judicial sin precedentes, le da la mitad de su fuerza al PNV, en una confirmación, patética, de que el PNV ha ocupado su espacio, cargándose el Estatuto y las reglas del juego, con tal de hacer una OPA a la izquierda abertzale.

El otro guiño: los tres votos del no al plan Ibarretxe no tiene otra explicación que la demostración de que SA sigue siendo llave. Porque esos tres votos no son decisivos como los regalados al Gobierno, ya que no dan la mayoría a la oposición. En cuanto al plan del lehendakari, que sí, que les gusta el preámbulo, y que el Gobierno próximo pueda conceder indultos... ¿ni te cuento!. Pero el PNV tiene que radicalizarse un poquito más, en plan Egibar, ganarse a la otra mitad. Mientras la oposición se pregunta qué pasa con la «ausencia de violencia» a la que se comprometió Ibarretxe y el PNV ve que tiene que reconvertir su estrategia para sustituir el victimismo por la moral de victoria -va a empezar su campaña con la mitad de la representación de Batasuna en el bolsillo-, empieza a circular, una duda inquietante. ¿Tendrá Otegi boletos para media consejería del próximo Gobierno? Un dirigente del PP alertó de esta posibilidad: pero ya no está en Euskadi.

Islamismo anticivilización
ANDRÉS MONTERO GÓMEZ/PTE. DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE PSICOLOGÍA DE LA VIOLENCIA El Correo  31 Diciembre 2004

Piet Hein Donner, ministro de Justicia holandés, confirmó que el sospechoso actuó según sus convicciones radicales islámicas. El sospechoso es un holandés de ascendencia marroquí, en la segunda mitad de la veintena. Es amigo de otro musulmán también magrebí, esta vez de dieciocho años, que aguarda juicio en los Países Bajos por planear ataques terroristas. Ambos, residentes europeos inmigrantes magrebíes de segunda generación. Ambos, fanáticos islamistas. Ambos, jóvenes.

El sospechoso es el presunto asesino del cineasta Theo Van Gogh, un artista que había criticado el papel que las sociedades regidas por morales islámicas reservan a la mujer. El asesinato, se especula ahora, ordenado por Hassan El Haski, detenido como responsable de una célula islamista en Lanzarote y también nudo de conexión entre terroristas que operaron en Atocha y Casablanca. Y lo que ha ocurrido con Van Gogh, tengo el terrible presentimiento, es el preludio de algo que va a repetirse en el futuro de Europa. Atentados masivos y asesinatos individuales. Atentados masivos que, según se desprende de las detenciones de otro grupúsculo protoasesino en Barcelona, tendrán pocos reparos en recurrir a esas armas bioquímicas e incluso nucleares de destrucción masiva que no aparecieron en Irak pero que los islamistas pueden adquirir en un mercado negro asiático o ex soviético.

Ha sido entregado a la Audiencia Nacional española el presumible autor intelectual de los atentados del 11-M. Rabei Osman el Sayed, 'el Egipcio', dice que invirtió dos años en planificar los asesinatos en masa de Madrid. Decisión y planes para sembrar el terror en un país que todavía no participaba en la invasión de Irak ni se había fotografiado en Las Azores. Por qué fue España la elegida es una incógnita que continuará siéndolo. Lo que parece menos descabellado es asegurar que en la intencionalidad de la violencia terrorista estaba condicionar el proceso electoral español. Que 'el Egipcio' tenga cerebro estratégico suficiente para desencadenar la respuesta social de precisión ajedrecística que sucedió a los asesinatos es, poco más o menos, cuestión de una fe que confieso no me ha tocado. Es otro enigma churchiliano. Un jeroglífico dentro de un misterio, encerrado en un enigma.

En todo caso, lo que parece más coherente con El Sayed es su condición de táctico, más que de estratega, en el terrorismo del 11-M. Es un conocedor de España y conocido de los servicios contraterroristas. Fue investigado por la propia Audiencia Nacional durante 2002 por pertenencia a un grupo asociado a Al-Qaida. Después marchó a Italia un año antes de los atentados, dejando al grupo terrorista a cargo de otro alias suicidado en Leganés, 'el Tunecino'. Escasas dudas caben de que 'el Egipcio' y su grupo diseñaran la puesta en escena del crimen. Respecto a su autoría intelectual, es muy cabal la conjetura de que fuera teledirigida. No por ETA, sino por otros islamistas. Rabei Osman el Sayed fue probablemente pilotado estratégicamente en la distancia para ejecutar unos atentados de manera que causaran una demolición controlada de la sociedad española en aquel instante concreto.

Cuando Rabei 'el Egipcio' ha comparecido ante la Justicia española parecía como ido. El lenguaje corporal que de él transmitía la televisión mostraba a un individuo en trance permanente. Recitando el mantra de sus oraciones, era indiferente a los intereses del entorno y sus canales de atención estaban obsesivamente dirigidos a la porción de realidad construida en su cabeza para sentirse a salvo de contaminación con nuestra cultura. Es absolutamente ajeno a nosotros.

Lo que tiene en común este cuadro de islamistas enajenados por el fanatismo es su pertenencia a una red antisocial infiltrada en nuestras sociedades. Todas esas nacionalidades de alias involucrados en el 11-M, 'el Egipcio', 'el Tunecino', 'el Chino', pero también aquellos otros autores del 11-S o el asesino islamista del cineasta holandés, son protoasesinos latentes que residen entre nosotros, como 'gente normal y corriente' esperando ser activados. Llegan a la Unión Europea en primera generación o nacen aquí en segunda, a veces se socializan y educan en nuestras escuelas, e instalan comercios en nuestras calles. Jamás se integran, sino que interpretan un papel disociados en el trance del fanatismo. Circulan entre nosotros infectando los propios flujos de inmigración desde sus países de origen para, llegado el día, asesinarnos.

La infiltración islamista es doble. Por un lado, penetran su comunidad nacional de origen en acogimiento en el Estado de destino. De momento todos los terroristas islamistas en la Unión Europea han surgido de comunidades musulmanas en las que se han alojado como parásitos. Por otro lado, infiltran desde ese camuflaje preliminar la sociedad europea de destino, mimetizando las costumbres de comunidades islámicas demasiado compartimentadas en nuestras grandes ciudades. El objetivo declarado es explosionar desde dentro nuestro modo de vida. En este sentido, el islamismo es una doctrina y una práctica violenta anticivilización tanto para las comunidades musulmanas como para las comunidades europeas.

Déjenme expresarlo claramente. La eficiencia del remedio está en penetrar e infiltrar esa infiltración anticivilización. El presidente español Rodríguez Zapatero ha propugnado una alianza de civilizaciones en política exterior y un pacto frente al terrorismo islamista en política interior. Ambos son revestimientos políticos huérfanos si no se traducen en enfoques pragmáticos. En el plano contraterrorista, podría desmenuzarse un desarrollo valiosísimo de esa alianza. Desde el paralelo representado por la promoción de la cultura democrática y del progreso social en una eventual alianza, en la parcela técnica hay que sumar a los servicios de inteligencia árabes en una comunidad aliada de inteligencia contraterrorista. Los servicios occidentales pueden reclutar, con muchísimas restricciones, informadores entre los islamistas infiltrados en comunidades islámicas europeas. Sin embargo, únicamente las inteligencias árabe y magrebí pueden planificar infiltraciones a largo término, tanto desde las poblaciones de origen como en los flujos migratorios y en los colectivos de acogida y residencia. Los servicios de inteligencia españoles pueden jugar en ese esquema papeles decisivos. Alianza de inteligencia para la desarticulación terrorista en el marco de una alianza política para la salvaguarda de nuestra civilización.

Repugnancia
Cartas al Director ABC  31 Diciembre 2004

Es lo que se siente al asistir a la ceremonia «iniciática» organizada por la secta nacionalista en el antro en que se ha convertido el Parlamento de la Comunidad Autónoma española del País Vasco. Ver a un individuo leer una carta de un asesino convicto y confeso con total impunidad. Ver a otro individuo del partido gobernante felicitándose porque los voceros de los asesinos terroristas se apuntan al Plan. Ver a los representantes de Izquierda Unida votar a favor (tras esto, ¿quién puede conceder un minuto de crédito a Llamazares?).

La secta nacionalista avanza y nadie parece poder ponerle freno. Lo más indignante es que están pisoteando la memoria de las mil víctimas asesinadas por la demencia fanática que asuela las provincias vascas. ¿Qué mecanismos tiene el Estado para parar de una vez a esta secta? ¿Han sido tan imprudentes como para dejar todo tipo de resquicios en el ordenamiento jurídico que les permitan seguir con su plan último de romper nuestra nación?

Que el señor Atutxa desobedezca al Tribunal Supremo y no pase nada es insólito. Que una magistrada del TSJPV falle que, además, estaba en su derecho, es inaudito.

¿Por qué nadie recuerda a los jerarcas de la secta que toda la Autonomía de Álava, Vizcaya y Guipúzcoa se basa sólo y exclusivamente en su encaje dentro de la España que define la Constitución? El señor Ibarreche ocupa un cargo español: el de lendakari de la Comunidad Autónoma Española del País Vasco. Fuera de eso no tiene ninguna atribución. Su representación se reduce a la de presidente autonómico de la Comunidad formada por Álava, Guipúzcoa y Vizcaya. Todo lo demás es un discurso absurdo, tribalista, lunático y demencial.

El supuesto pueblo vasco al que se arroga representar es algo con la misma entidad histórica que podría tener el pueblo de los «elfos» de la saga de Tolkien.
Andrés Ferrer. Madrid.

UA exige que se pregunte a los alaveses y defiende «el derecho a marcharse»
VITORIA El Correo 31 Diciembre 2004

Unidad Alavesa justificó ayer su rechazo «rotundo y contundente» al plan Ibarretxe en que «vulnera los derechos históricos forales» de Álava y en que la propuesta de nuevo estatuto «tiene el aval de ETA», al haber salido adelante gracias al apoyo de tres parlamentarios de Batasuna.

La secretaria general de UA, Enriqueta Benito, defendió la convocatoria de una consulta «por separado» en el territorio alavés para que sus habitantes «puedan decidir sus vínculos» con el resto del País Vasco. La portavoz del partido foralista adelantó que «los alaveses tienen derecho a marcharse» y establecer un estatus propio dentro de la comunidad autónoma si prospera un proyecto que calificó de «exclusivo de nacionalistas y para nacionalistas».

Enriqueta Benito reiteró su convicción de que el plan de libre adhesión a España tiene como «horizonte la independencia» y que «enfrenta a dos comunidades». «Es una aberración jurídica que destroza el edificio constitucional que nos ha permitido a los españoles y, por ende, a los vascos, vivir en convivencia y paz», indicó.

La portavoz de UA insistió en que Euskadi «no es una nación» y afirmó que la propuesta «secesionista» constituye «un hachazo a la foralidad» de Álava.

La representante foralista interpretó que el respaldo parcial de Batasuna al plan promovido por el tripartito (PNV-EA-EB) supone «una reedición del Pacto de Lizarra». Benito destacó la «raíz inmoral» del acuerdo, ya que, subrayó, «tiene el apoyo de los que han derramado la sangre de las víctimas del terrorismo etarra». «Con esto, poco más habría que decir, puesto que todo lo demás queda menoscabado ante la tragedia de esta situación, en la que ETA decide el futuro de este país».

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