GLI

Recortes de Prensa     Domingo 2 Enero 2005
Recurrir al Constitucional
Editorial La Razón 2 Enero 2005

DESAFÍO AL ESTADO, MENOSPRECIO DE ESPAÑA
MANUEL JIMÉNEZ DE PARGA ABC 2 Enero 2005

SE SABE QUIÉN MANDA PERO NO QUIÉN GOBIERNA
LUIS IGNACIO PARADA ABC  2 Enero 2005

ZP, el descrispador
GEES Libertad Digital 2 Enero 2005

LOS HILOS INVISIBLES
Ignacio CAMACHO ABC  2 Enero 2005

DESCONCIERTO DE AÑO NUEVO
M. MARTÍN FERRAND ABC  2 Enero 2005

¡Viva el Estado individual!
César LUMBRERAS La Razón 2 Enero 2005

SORPRESA
M, MARTÍN FERRAND ABC  2 Enero 2005

No sé de qué nos quejamos
José A. SENTÍS La Razón 2 Enero 2005

LA FELICITACIÓN DEL LENDAKARI
Jaime CAMPMANY ABC  2 Enero 2005

La paz soberanista
Pilar FERRER La Razón 2 Enero 2005

MARCAR LOS TIEMPOS
Editorial ABC 2 Enero 2005

El patriotismo insustancial
Ignacio COSIDÓ La Razón 2 Enero 2005

¿Se defenderá la nación
Pío Moa Libertad Digital 2 Enero 2005

San Sabino 2004
José García Domínguez Libertad Digital 2 Enero 2005

Melancolía política
Agapito Maestre Libertad Digital 2 Enero 2005

El talante de la cesión
Ignacio Villa Libertad Digital 2 Enero 2005

EMPIEZA LA FIESTA
ÁLVARO DELGADO-GAL ABC 2 Enero 2005

La secesión ha comenzado
ROBERTO L. BLANCO VALDÉS La Voz 2 Enero 2005

Salto al vacío
Editorial El Correo 2 Enero 2005

Batasuna
ANTONIO ELORZA  El Correo  2 Enero 2005

ETA se monta en Ibarretxe
Antonio PÉREZ HENARES La Razón 2 Enero 2005

El CIS y la secesión
EL SUBMARINO La Razón 2 Enero 2005

«LEPE IS NOT SPAIN»
Antonio BURGOS ABC  2 Enero 200

La Universidad valenciana sale del armario
Juan VANRELL NADAL La Razón 2 Enero 2005

RESULTADO DE UNA ENCERRONA Y UNA FARSA
EUGENIO GARCÍA ZARZA ABC  2 Enero 2005

Reivindicaciones
Cartas al Director ABC  2 Enero 2005

El PP anuncia que Álava se irá del País Vasco si triunfa el Plan Ibarreche
L. R. N. La Razón 2 Enero 2005

Jaime Mayor Oreja: «El Gobierno está facilitando balones de oxígeno a Batasuna y a ETA»
Inmaculada GONZÁLEZ DE MOLINA La Razón 2 Enero 2005
 

Recurrir al Constitucional
Editorial La Razón 2 Enero 2005

Las primeras reacciones al Plan Ibarreche han abierto un debate entre las fuerzas políticas y sociales sobre qué hacer ante el desafío nacionalista. Aunque la coincidencia de fondo es notoria sobre el rechazo al proyecto secesionista del lendakari, las primeras desavenencias entre los dos principales partidos nacionales parecen inoportunas y desalentadoras. Si lo más importante en este crucial instante político debiera ser preservar la unidad de PSOE y PP, la necesidad de que aunaran posiciones y coordinaran respuestas, sus primeros pasos caminan en sentidos opuestos. Los socialistas apuestan por agotar la discusión legislativa y política para no «buscar atajos jurídicos» y no trasladar el debate político a los tribunales. Desde el PP, sin embargo, la posición es que la respuesta del sistema democrático ante una amenaza de semejantes consecuencias debe ser inmediata con una solicitud de impugnación ante el Tribunal Constitucional del acuerdo del Parlamento vasco sobre el Plan Ibarreche para «suspender, legalmente», el proyecto «aquí y ahora», en palabras de Ángel Acebes.

En este punto, hay que insistir en que las tácticas partidistas, de cálculos oportunistas o ventajistas no pueden ni deben tener cabida. Las reticencias del Gobierno y del PSOE a utilizar un procedimiento de absoluta normalidad democrática como el recurso a los tribunales contra una iniciativa ilegal no se sostienen y son difícilmente compartibles. Dejar el protagonismo del TC para el final del proceso, como se sugiere desde el PSOE, sería demorar de forma innecesaria las respuestas obligadas y urgentes a un proyecto real que desafía el orden constitucional, la convivencia pacífica y la libertad de una parte de la ciudadanía. El Gobierno debiera tener claro que la respuesta debe ser proporcional a la amenaza y el ataque del nacionalismo es absolutamente frontal contra España. También haría bien en escuchar a los jueces, que ayer mismo aseguraron que el acto de votación del Plan fue «nulo de pleno derecho». O al propio lendakari, cuando insistió en que habrá referéndum con o sin acuerdo. Así comprendería que la «tibieza» o la apariencia de debilidad ante el desafío de Ibarreche se trata de una pésima opción.

DESAFÍO AL ESTADO, MENOSPRECIO DE ESPAÑA
por MANUEL JIMÉNEZ DE PARGA. de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas ABC 2 Enero 2005

NO comienza bien el año 2005. Sobre nosotros gravita un legado de indecisiones, con numerosos casos de timoratos y tibios en las instituciones públicas, legislativas, ejecutivas y judiciales, que aprovechan los más osados para hacerse oír e imponer sus criterios. Lo último que el 2004 nos ha dejado como herencia es la Propuesta de Estatuto Político de la Comunidad de Euskadi, o «Plan Ibarretxe», aprobado por el Parlamento Vasco como un desafío al Estado y un claro menosprecio de la Nación española.

Si queremos avanzar libres de errores en este futuro que con el almanaque empezamos, hay que robustecer nuestra idea del Estado y reafirmar lo que en la Constitución de 1978 se dejó establecido al precisar quién era el titular de la soberanía.

El Estado es una forma de organización jurídico-política. No es la única posible, ya que en la Historia se han registrado otras maneras de establecer la relación entre los gobernados y los gobernantes con variedad de sistemas de poderes y de conexión entre ellos. Pero el Estado es el modo actual de dar una articulación a las sociedades políticas, ofreciendo ahora la mejor imagen de un Estado social y democrático de Derecho, expresamente anunciado en el artículo primero de nuestra Constitución.

El Estado moderno fue la repuesta a la inseguridad que atormentó a los europeos a finales de la Edad Media. Son diversos los fines del Estado, de cualquier Estado, pero uno de ellos prevalece en el catálogo más o menos repleto de inquietudes y aspiraciones. Este fin primordial del Estado es proporcionar seguridad a todos los que en él conviven. Si falla la seguridad, la personal o la jurídica, se resquebraja el Estado. Y si el Estado se tambalea no es posible que funcione ninguno de los sectores (el económico, por ejemplo) en los que proyectamos la existencia.

La fortaleza del Estado es imprescindible en las democracias contemporáneas. Me refiero a la fortaleza en cuanto genera eficacia. No estoy aludiendo -claro es- a los Estados de corte totalitario, donde en lugar de ciudadanos, con derechos protegidos y libertades amparadas, hay súbditos. Tampoco antepongo los Estados centralizados a los de regímenes federales. Existen Estados fuertes, que marchan bien, en los sistemas centralizados y los hay inoperantes en algunos férreamente centralizados. Lo único que quiero destacar es que sin un Estado bien vertebrado, capaz de proporcionar seguridad, no se instaura y consolida el Estado social y democrático de Derecho.

En esta fórmula superior de organización, Estado social y democrático de Derecho, las Constituciones regulan el uso de los mecanismos de defensa. No se deja al Estado inerme, sin capacidad de reacción frente a quienes intentan destruirlo. Son específicamente consignados en el Gran Texto los medios jurídicos, con una escala de Tribunales a los que se puede recurrir. Y cuando la fuerza de la resolución judicial no es suficiente, porque el enemigo del Estado la incumple, o cuando la rebeldía adquiere dimensiones extraordinarias, los textos constitucionales facilitan la respuesta del Estado para la situación política excepcionalmente anormal.

En los cimientos del edificio jurídico-político anida la soberanía. En la Constitución de 1978 se reconoció ese primer poder a la Nación. «La Nación española... en uso de su soberanía, proclama...», leemos en el Preámbulo. «La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española..», precisa el artículo 2. Por tanto, los que elaboraron la Constitución y los que la aprobaron mediante su pronunciamiento afirmativo en las urnas, partieron de la existencia previa de una Nación. El ordenamiento constitucional ha brotado de la Nación, igual que las plantas nacen o salen de la tierra.

La Nación española se configura, como cualquier otra Nación hoy existente, con la adhesión a un pasado, «de glorias y remordimientos», según Renan, y con la voluntad de afrontar en común el futuro, «más o menos incierto». Si se menosprecia esa Nación, «patria común en indivisible de todos los españoles» (art. 2 CE), el actual edificio jurídico-político pasa demolido a la Historia, sin posible reconstrucción en otro terreno.

Nos vemos obligados, después de los sucesos y de ciertas declaraciones de los últimos días, a no pasarlos en silencio. El «Plan Ibarretxe» es radicalmente inconstitucional. Ni puede aceptarse ni debió tramitarse. La serpiente venenosa es aconsejable que sea aplastada en el huevo de la madre, antes de nacer.

A veces me he referido en esta página a los efectos indeseables que está produciendo, en las aulas universitarias, la doctrina que concibe la Constitución sólo como un conjunto de reglas de procedimiento. Toda idea política sería objeto de debate siempre que se respeten las normas procesales. Es la réplica teórica a la «democracia militante», con su ideología cerrada. Pero no es éste el modelo de la española.

Es cierto que la Constitución de 1978, a diferencia de la francesa o alemana, no excluye de la posibilidad de reforma ninguno de sus preceptos ni somete el poder de revisión constitucional a más límites expresos que los estrictamente formales o de procedimiento, pero también es cierto que nuestra Constitución proclama principios, debidamente acogidos en su articulado, que dan fundamento y razón de ser a sus normas concretas. Son los principios constitucionales que vinculan y obligan, como la Constitución entera, a los ciudadanos y a los poderes públicos (art. 9 CE), incluso cuando se postule su reforma o revisión y hasta cuando ésta no ser verifique con éxito a través de los procedimientos establecidos en su título X. Así lo afirmó el TC en su sentencia número 48 del año 2003.

A mi juicio, no todo puede discutirse libremente en un debate parlamentario en la Cámara vasca. Autonomía no es soberanía. Los principios constitucionales, entre ellos la atribución de la titularidad del poder constituyente a la Nación española, vinculan y obligan a todas las instituciones parlamentarias o de cualquier otra clase; y esto hasta que no se reforme la vigente Constitución a través de los procedimientos establecidos en su título X.

La destrucción de la vigente Constitución sería un disparate, en opinión de muchos de los que se pronuncian dentro y fuera de nuestras fronteras. «¿Cómo se entiende -me pregunta un colega extranjero- que vayan ustedes a cambiar una Constitución con la que han obtenido el gran avance histórico del último cuarto de siglo? ¿Qué bicho les ha picado a los políticos españoles?»

He contestado al profesor amigo, pero prefiero que mi carta no se difunda por el momento. La Constitución española cuenta con instrumentos de defensa, tanto jurídicos como políticos. O jurídico-políticos, si se quiere mayor precisión. No hemos de permanecer impasibles mientras avanza el movimiento impetuoso de pequeños sectores apiñados. Si se desafía al Estado, el Estado ha de responder; si se menosprecia a la Nación española, los españoles reaccionaremos.

SE SABE QUIÉN MANDA PERO NO QUIÉN GOBIERNA
Por LUIS IGNACIO PARADA ABC  2 Enero 2005

EL paréntesis de la Nochevieja, el plan Ibarretxe y la tragedia del sureste asiático han hecho que pase casi inadvertida la clamorosa rectificación del Gobierno sobre el Salario Mínimo Interprofesional. El Consejo de Ministros decidió finalmente suscribir el documento que Trabajo tenía pactado con los sindicatos y la patronal pese a que había quedado en suspenso según Jesús Caldera, al parecer por orden del vicepresidente Solbes, porque la cláusula de revisión automática es inflacionista y puede producir un efecto arrastre para los convenios colectivos. Pero como los sindicatos amenazaron con no volver a creer una sola palabra de lo que dijera el Gobierno en materia de diálogo social, el presidente del Ejecutivo tuvo a bien tomar cartas en el asunto.

Las más memorables rectificaciones del Gobierno habían sido hasta ahora la retirada tropas españolas de Irak, pese a que la promesa electoral estaba condicionada a la toma de control por la ONU, que se produjo dos meses después de la decisión. Igual ocurrió cuando Zapatero dijo que Argelia no debía someterse a lo dispuesto en el Plan Baker, sino a un referéndum de autodeterminación. Moratinos dijo lo contrario tres semanas más tarde y tuvo que apoyar, por orden del propio Zapatero, el famoso plan del ex secretario de Estado estadounidense. Solbes desmintió que el Gobierno pensara incorporar en los presupuestos de 2005 una subida salarial a los funcionarios. Sevilla anunció días después que se haría contando con un aumento de déficit previsto. El Gobierno ha rectificado también, entre otras cosas, las razones que dio sobre el aumento del precio del petróleo, algunas pretendidas reformas de la Constitución, la reducción del IVA de los discos y los descuentos de los libros de texto. Pero nada como el paso atrás del SMI. Algo que demuestra que se puede mandar mucho sin que eso signifique que se está gobernando.

Constitución Europea
ZP, el "descrispador"
GEES Libertad Digital 2 Enero 2005

El presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero ha anunciado su propósito de "descrispar" la vida política de cara al referéndum sobre el Tratado constitucional de la UE que se celebrará en España el próximo 20 de febrero. Entre líneas de su declaración culpa, como suele hacerse desde las filas del socialismo ramplón, al PP de la tensión generalizada, nunca a auténticas cacicadas como la segunda votación sobre la renovación del poder judicial o el matrimonio gay y las adopciones por este tipo de parejas, por citar sólo dos casos.

Es más, ZP ha dicho que lo que se juega en el referéndum es ni más ni menos que el futuro de Europa. Todavía nadie le ha preguntado a qué se refiere más allá de su retórica apocalíptica sacada de la mejor fase de Felipe González cuando en el 86, ante su referéndum sobre la OTAN afirmó que salirnos de la Alianza llevaría a España al África subsahariana. Ni lo uno, ni lo otro.

Si los españoles rechazaran el texto del Tratado constitucional no sería el fin de Europa. ¿Por qué habría de serlo? Hasta final de esta década no iba a entrar en vigor, luego las instituciones de la UE tienen garantizado su buen funcionamiento –gracias a Niza, todo hay que decirlo–, durante los próximos años. Sin ningún trauma. Es más, habida cuenta que se le abre una puerta a Turquía no estaría de más emplear bien este tiempo para modificar sensatamente los procedimientos de votos introducidos a última hora en el texto por Giscard y que tan graciosamente ha aceptado Zapatero a pesar del daño que le infligen a España.

No, no es Europa lo que está en peligro si se vota No al nuevo Tratado. Lo que está en peligro es la Europa que intenta vendernos ZP, sólo eso. Una Europa en lo externo construida sobre el plan estratégico francés y que, con todos los adornos que se quieran, aspira a contrapesar a los americanos en el mundo y colocar a Francia como el referente indispensable en todo el Viejo Continente. Frente a una Europa abierta al Atlántico y al mundo, flexible, rica y plural, la Europa continental significa una Europa cerrada sobre sí misma y supeditada a los dictados de París.

En lo económico, la Europa de ZP es una Europa vieja y decadente, de subsidios y escasez de reformas económicas y laborales. Es un proyecto obsoleto que ningún resultado le ha dado ni a Alemania, sumida en una interminable crisis de crecimiento, ni a Francia, que sólo vive de sus réditos históricos pero que le están agotando a velocidad de vértigo.

En lo cultural es una Europa que bajo el manto del multiculturalismo niega, en realidad, la experiencia histórica de la tradición cristiana que nos inspira. Que penaliza, de hecho, a los nacionales frente a los inmigrantes, más cuanto más distintos son estos respecto a nuestras tradiciones y valores. Es una Europa de la decadencia moral, de pensamiento débil, de la falta de claridad moral, del todo vale. Como si no hubiéramos sufrido en nuestras propias carnes lo que todo eso significó para la vida española en la primera mitad de los 90.

ZP quiere "descrispar", pero no pierde oportunidad de actuar unilateralmente, arrinconando a su principal fuerza opositora que, al fin y al cabo, obtuvo casi 10 millones de votos bajo unas condiciones auténticamente antidemocráticas, y basándose en el apoyo que le prestan fuerzas radicales y minoritarias. No escucha a las instancias pertinentes del Estado, ni a instituciones como la Iglesia, aunque, eso sí, no deja de sonreir.

Si todo eso es lo que usted quiere para España y Europa, porque somos la misma cosa, esto es, una economía que no sabe cómo crecer, un ejecutivo intervencionista, una moral de derrota y en constante huida hacia la nada, pues entonces siga los consejos del actual inquilino de La Moncloa y vote Sí al Tratado constitucional de la UE. Pero si usted piensa en términos de voluntad y de salir adelante, si cree que es usted quien mejor sabe cómo gastar su dinero (y no Hacienda), si cree que hay una línea que separa claramente lo correcto de lo incorrecto, entonces, piénseselo dos veces. Tiene dos opciones, abstenerse y vivir plácidamente el 20 de febrero; o votar no y vivir tranquilo unos cuantos años más. Hasta la próxima de ZP.

GEES, Grupo de Estudios Estratégicos

LOS HILOS INVISIBLES
Por Ignacio CAMACHO ABC  2 Enero 2005

EL viajero y explorador Bruce Chatwin contó en «Los trazos de la canción» una hermosa leyenda de los aborígenes australianos que de algún modo simboliza la existencia de un sustrato universal común entre los hombres y el territorio: una especie de hoja de ruta sentimental que vincula a los habitantes de la tierra con una época liminal anclada en las raíces del mito, y que los supervivientes de la casi extinguida raza austral identifican con un tiempo en que sus dioses trazaban senderos de conocimiento a través de la magia de un supuesto canto cuya memoria colectiva delimita los saberes de la tribu. Esos hermosos y melancólicos trazos de la canción no son, en realidad, un fenómeno solamente australiano, sino universal: eran los medios simbólicos a través de los cuales un hombre delimitaba su territorio y organizaba su vida social. En cierta forma, esos míticos trazos de ida y vuelta existen también en el corazón de la conciencia española. España es una nación -sí, una nación, ¿qué pasa?- cosida con hilos invisibles que a lo largo de los siglos han sujetado y dado forma a una memoria común capaz de sobreponerse a los recurrentes impulsos históricos que de vez en cuando provocan sacudidas de los demonios de la discordia. Más allá de las fórmulas políticas, de las organizaciones sociales o de las estructuras culturales, la vida española está tejida con una hilatura sentimental cuyas puntadas atraviesan la geografía y la historia. Andaluces en Cataluña, gallegos en Canarias, vascos en Andalucía, extremeños en Euskadi... Una urdimbre de gentes cruzadas a través de la experiencia y de la sangre que ha forjado una realidad tan compleja como difícil de deshilar a golpe de consigna política o de insolidaria rebeldía territorial.

Si durante el franquismo hubo algún fracasado intento de reforzar autoritariamente esa hilatura con un corsé metálico y artificial, la Constitución del 78 vino a aflojar las correas forzosas apretadas por la dictadura con un modelo abierto que dejaba suficiente holgura para que casi nadie se sintiese constreñido. Los mecanismos constitucionales de transferencias de renta garantizaron la cohesión de un Estado de corte federal que ha ido ajustándose hasta crear, no sin tensiones, un sistema de cuyo éxito da fe la prosperidad alcanzada en los últimos veinticinco años. Para ello fueron necesarias numerosas cesiones mutuas que forjaron un consenso nacional sobre la base de lo posible más que de lo deseable.

Por razones en cierto modo inexplicables, que acaso tengan que ver con las frustraciones mal resueltas de algunos irreductibles, con el apetito desequilibrado de los más insolidarios y con la fantasía iluminada de ciertos mesianismos, en los últimos meses parece haberse abierto de repente una falsa necesidad de descoser ese modelo para cortar nuevos trajes a la medida de minorías insatisfechas. Preso de su debilidad parlamentaria y de su falta de proyecto, el Gobierno de Rodríguez Zapatero ha permitido que se extienda la sensación de que el Estado constitucional está en fase de arreglo como un traje pasado de moda. Y lo ha hecho sin asegurarse el control del patronaje, de manera que algunos desaprensivos han comenzado a cortar hilos por su cuenta, sin pararse en su desafuero a considerar -quizá porque no les importa- que están rozando los puntos por los que se deshace el modelo.

No pocos de esos hilos están hechos de materias simbólicas pero extremadamente sensibles, no menos delicadas que órdagos explícitos de la brutalidad desafiante del ya inevitable referéndum ilegal vasco. El caso del Archivo de Salamanca, por ejemplo, tiene un valor mucho más emblemático que real, en cuanto que supone la humillación revanchista de una región por otra, claramente superior, además, en renta y desarrollo. Otros episodios recientes, como el boicot catalanista a la candidatura Olímpica de Madrid o la polémica de las selecciones deportivas autonómicas, se mueven en un plano igualmente simbólico pero amenazan con arrollar, en su furor identitario, el delicado andamiaje sentimental en que se ha venido basando el equilibrio de una nación avenida a pesar de sus contradictorios intereses territoriales.

Si a eso se unen envites claramente secesionistas como el Plan Ibarretxe, respaldado por el inesperado órdago de terrorismo parlamentario de Batasuna en una reedición del pacto de Estella, carta de Josu Ternera en mano; si se le suman «demarrages» ventajistas como el del nuevo Estatuto catalán en ciernes; si los presidentes del Tribunal Constitucional y del Consejo de Estado, encargados de velar por la solidez de las vigas maestras del entramado institucional, se encogen de hombros y vienen a decir que todo cabe bajo el manto ambiguo de la semántica jurídica; y si todo ello tiene lugar bajo la mirada silente de un Gobierno cuyo presidente sólo es capaz de balbucir un complaciente «no pasa nada» -o, lo que es lo mismo, que no tiene importancia que un gobierno autonómico plantee un referéndum ilegal apoyado por los votos de una banda terrorista- que a nadie tranquiliza ni convence, el resultado es el de un efectivo clima de disolución de las bases de mestizaje, consenso y tolerancia que constituyen «los trazos de la canción» de la memoria colectiva de España.

Pero no todo da igual o, al menos, no todo da igual a todo el mundo. El significativo rechazo navideño al cava, que ha supuesto cuantiosas pérdidas en el sector bodeguero catalán, viene a confirmar que tan irresponsable juego está haciendo saltar por todas partes algunas costuras de esos hilos invisibles que sujetan las hechuras del Estado. De un Estado democrático, nadie lo olvide, con cotas de libertad jamás alcanzadas en nuestra maltrecha Historia.

Es probable que la fortaleza de esos hilos acostumbrados a las tiranteces resista también este envalentonado y reciente impulso centrífugo. Pero convendría no tensarlos demasiado desde un exceso de confianza optimista como el que parece envolver al presidente Rodríguez Zapatero, convencido de que lo más importante es no proporcionarle a los secesionistas argumentos para rentabilizar la crispación. Porque hay catarros que desembocan en neumonías, y sarampiones que acaban en varicela. Porque a veces gobernar significa entender que la política es una manta corta, con la que si te tapas los pies te descubres la cabeza, y que cuando se tensa demasiado se rompe por muy firme que parezca su textura. Y porque todo dirigente público que se respete a sí mismo acaba, tarde o temprano, enfrentado a la necesidad de trazar una raya entre lo que es admisible y lo que no.

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DESCONCIERTO DE AÑO NUEVO
Por M. MARTÍN FERRAND ABC  2 Enero 2005

SIN sonido, tal y como asisto al «Concierto de Año Nuevo», la Orquesta Filarmónica de Viena se queda en nada y Lorin Maazel, pobrecito, es un conjunto de convulsiones sin sentido. Así nace el 2005, un desconcierto hijo de la debilidad de unos, la ausencia de otros, el oportunismo de muchos y el pasotismo sonriente de quienes entienden el poder como gozo y no como responsabilidad. Juan José Ibarretxe cerró el bisiesto con la inesperada, pero previsible, aprobación de su plan, y así, sin mayores juicios de intenciones, un grupo ilegalizado -Batasuna-, evidentemente conectado con ETA, se ha convertido con la aplicación de sólo la mitad de sus fuerzas representativas, irrelevantes en el conjunto nacional, en gran árbitro y primer ejecutor de la política española.

El lendakari, del mismo modo que las serpientes mudan su piel, ha decidido cambiar el espíritu del Título VIII de la Constitución española y de su concomitante Estatuto de Gernika por un papel de su propia creación, avalado por el PNV, EB, EA y ahora, a mayor abundamiento, por quienes se dicen Sozialista Abertzaleak -SA-. Eso no es serio, ni democrático, ni tan siquiera sería posible en un Estado en el que, como en el nuestro, las formas tratan de imponerse sobre los conceptos y la única idea que trasciende el poder político es la de la perpetuación de sí mismo.

El futuro del esperpéntico disparate que acaudilla Ibarretxe, traidor a la historia y desleal con la convivencia, es escaso. A pesar de ello, conviene centrar el análisis antes que en el daño que pretenden quienes no quieren ser españoles, en el que generan y propician los que, en plena afirmación de su españolidad, contribuyen a la solidificación de estas desagradables circunstancias. Ibarretxe, muy en su papel, no nos defrauda. Por el contrario, José Luis Rodríguez Zapatero y su desconcertante equipo de gobierno nos arrastran del sobresalto a la decepción con escala en la duda sobre su propio criterio de la identidad de España.

Como nos recordaba Don Juan Carlos en su discurso de Navidad, el momento de España es envidiable y puede verse que sólo el desgaste que generan los nacionalismos centrífugos neutraliza una carrera de progreso que nos coloca en pie de igualdad con la Unión Europea a la que pertenecemos. La oportunidad del plan Ibarretxe, o de su equivalente festival estatutario en Cataluña, es patosa, perturbadora y, con la vista puesta en los ciudadanos, nociva y empobrecedora.

Lo mejor del caso es que, ya en vísperas de elecciones autonómicas en el País Vasco, nadie puede llamarse a engaño ni dejar de entender la realidad tal y como se presenta. Sin exculpar a los nacionalistas vascos de su mucha responsabilidad, debemos exigir a los grandes partidos que se dicen españoles la correcta representación de su papel. El desconcierto de primero de año lo es más por sus protagonistas nacionales, el PSOE, que por los muy inactivos antagonistas del PP y por la multitud de revueltos agonistas de la periferia nacionalista.

¡Viva el Estado individual!
César LUMBRERAS La Razón 2 Enero 2005

Me he levantado este primer día del año preso de un ataque feroz de esa enfermedad que parece haberse apoderado de una parte de la clase política y de algunos habitantes de este país, antes llamado España, como se decía en la época de la Transición, consistente en tener en cuenta todo aquello que es motivo de diferencia y separación, en lugar de buscar lo que nos une, que es mucho. He decidido que lo único importante es la persona y, en concreto, el individuo que suscribe. A partir de ahora inicio mi particular guerra contra la Unión Europea, el Estado, las Comunidades, Diputaciones, Ayuntamientos y otras instituciones. Por ejemplo reivindico el derecho a tener en mi poder los documentos acreditativos de mi nacimiento. ¿Por qué razón debo ir a un registro a sacar mi partida de nacimiento, pagar unos euros y esperar un tiempo? De eso nada. Lo mismo vale con la Iglesia y la partida de bautismo, que encima tiene fecha de caducidad. Digo yo que si uno está bautizado lo estará para siempre. A partir de ahí, y siguiendo un orden cronológico, reivindico la devolución de mi título de estudios primarios, del correspondiente al bachillerato y de la licenciatura en Políticas. Y, haciendo este repaso, resulta que el único documento que obra en mi poder es uno que no me gusta y que, en un alarde de generosidad, quiero devolver: la cartilla militar. Pido a PZ (Presidente Zapatero) que cree una comisión de expertos para que emitan un dictamen y me digan adónde tengo que enviar el librito.

También he decidido crear el Estado individual. Por este motivo he dimitido de mi puesto de presidente de la Federación de Repúblicas Abulenses Unidas y he constituido mi propio Estado. Una vez hecho esto, he sometido la decisión a referéndum. El resultado de la consulta popular ha sido abrumador: un voto a favor con un censo de un elector; en consecuencia la decisión se ha aprobado por unanimidad. El siguiente paso ha sido nombrarme embajador plenipotenciario para negociar con quien mande en Madrid la devolución de mi patrimonio histórico.

Resulta que cuando se construyó la autopista, el Estado opresor me expropió unas tierras, que pagaron tarde y mal, lo que provocó un perjuicio considerable a mi patrimonio y ahora exijo que se repare. Hecho esto, y mientras negocio, he decidido no pagar el peaje de la autopista. La primera vez que la utilice, cuando llegue a la cabina con mi coche identificado con el correspondiente banderín oficial de mi Estado, explicaré con todo lujo de detalles al operario que me toque en suerte la situación y argumentaré, además, que voy en viaje oficial. A buen seguro que entenderá mis razonamientos y no me cobrará. Pero, por si acaso doy con un operario centralista y «facha», estoy pensando en dotarme ya de unas fuerzas del orden (un elemento solo, ya que el presupuesto no da para más) con el fin de defender mis justos argumentos. ¡Voy a ir a por todas!

SORPRESA
Por M, MARTÍN FERRAND ABC  2 Enero 2005

IMAGINO el berrinche del pobre Joseba Arregui al ver su artículo del viernes en ABC firmado por Joseba Egibar (transigir, al escribir en español, con la ortografía privativa del eusquera de ikastola es, por cierto, la causa de que media España llame Arreji a Arregui y Ejibar a Eguíbar, lo que demuestra que la mínima concesión hecha al nacionalismo, con la mejor voluntad del mundo, tiende a ensanchar el foso entre los vascos y los demás españoles, que es precisamente lo que los nacionalistas buscan). Hace más de veinte años, mi añorado maestro don Ricardo Gullón me presentó, en una conferencia, como el profesor Jon Idígoras. Quedé tan abatido que no pude pronunciar palabra alguna y hubo que suspender la disertación anunciada. Así que no me cuesta ponerme en el lugar de Arregui, porque tras un lapsus linguae de este jaez adivino siempre un acto fallido, en el sentido freudiano, y empiezo a preguntarme qué agravio secreto alimentará contra mí, consciente o inconscientemente, su responsable. La sola idea de que, para don Ricardo Gullón, el famoso novillero abertzale y un servidor de ustedes fuésemos intercambiables me produjo un ataque de pánico que derivó en alucinación pavorosa: el aula de la Universidad de Texas se transformó de pronto en un ruedo ibérico; las cuatro animosas damas del público se fundieron en un enorme jarameño berrendo y oí con claridad el vozarrón de don Ricardo clamando: «¡A por él, Morenito!».

CON todo, este tipo de delirio taurino no es ni la mitad de grave que la ceguera psicológica de quienes se han negado empecinadamente a reconocer la continuidad del Pacto de Estella y siguen sin caerse del guindo. Si el Pacto de Estella no hubiese estado todavía en vigor en mayo de 2001, los nacionalistas no habrían ganado las últimas elecciones autonómicas: el trasvase de ochenta mil votos de Batasuna al PNV y EA no se explica sin un frentismo todavía vigente. Porque el trasvase de marras fue una cesión voluntaria, bien orquestada y encauzada desde la dirección del brazo político de ETA, que cambió a media campaña los contenidos de su propaganda electoral, exigiendo a sus seguidores un voto de castigo contra Mayor Oreja: o sea, un voto útil a Ibarreche (como el jueves pasado, el voto etarra se dividió entonces exactamente por la mitad). Si el Pacto de Estella no se hubiese perpetuado tras la ilegalización de Batasuna, ni los nacionalistas en general ni Atucha en particular se habrían empeñado en sostener contra viento y marea al grupo de Sozialista Abertzaleak en el Parlamento Vasco. Si el Pacto de Estella no hubiese subsistido hasta el día de hoy (y lo que te rondaré, morena), los etarras en comisión de servicios no habrían salvado el plan secesionista del lehendakari ante la inexplicable sorpresa de todas las bellas almas claudicantes que, en su día, se abalanzaron a certificar la defunción del frente nacionalista porque necesitaban del PNV (y EA) para organizar el acoso y derribo de Aznar.

ES decir, aquéllos que, tras el 10 de mayo de 2001, pidieron la cabeza de Nicolás Redondo, imputándole la responsabilidad de la recuperación electoral del PNV (y achacando la afluencia al mismo del voto radical abertzale a una súbita y masiva conversión de las bases de Batasuna al credo pacifista). Los que, cuando Jaime Mayor Oreja advertía de los progresos de la estrategia frentista, le acusaban de utilizar el antiterrorismo como un arma contra la democracia. No otros, en fin, que los que, hace sólo unos meses, celebraron el levantamiento de la traba legal para el referéndum de autodeterminación. Sin mencionar a los desaprensivos que reclamaron, de paso, la inmediata legalización del partido de Josu Ternera. ¿De qué se sorprenden ahora? ¡Es el nacionalismo, payasos! Ni siquiera reconforta, ante ésta en que estamos y la otra que se avecina, verles la cara de pasmo. En fin, feliz año 2005 a todos los demás.

No sé de qué nos quejamos
José A. SENTÍS La Razón 2 Enero 2005

La voladura del edificio constitucional español desde dos de sus pilares autonómicos (País Vasco y Cataluña) ha dejado en evidencia que la transición tras el franquismo no fue tanto fruto de un ideal democrático como producto del miedo al vacío. El consenso no fue una obra maestra de ingeniería política, sino la salida del laberinto de nuestros temores. La Constitución no fue una genialidad en el diseño del Estado renovado de una Nación fuerte, sino el lenitivo de la carencia manifiesta de sentido de la Nación y de la debilidad de un Estado trufado de genes autodestructores. Así, al margen de la desconfianza en los ciudadanos que supuso un sistema político cooptado, con confusión de los Poderes estatales, con partidos oligárquicos y un delirante sistema electoral que prima la marginalidad, que ya eran bastante problema, se abrió el principal que ahora nos afecta: el territorial. Ambos relacionados por la falta de grandeza cívica y perspectiva política del proyecto.

Quienes envidiaban al Estado desde sus tribus regionales sólo lo aceptaron para afilar sus espadas sin dejar nunca de dar puñaladas de pícaro. Ahora se descubre (algunos lo denunciaran durante lustros) que este consenso era el timo de la estampita en versión nacionalista. No quiere esto decir que la Constitución no tuviera hallazgos a los que ahora podemos agarrarnos, como el propio hecho de definir el texto como emanado de la Nación, no constituyente de ésta. Porque es la Constitución la que se fundamenta en la Nación española, y no al revés. Pero la necesidad, basada, insisto, en el vértigo, de aunar artificialmente intereses contrapuestos llevó a nuestras normas legales a dejar abierta la espita por la que se escapaba la propia estructura estatal que se estaba configurando. El Título VIII de la Constitución, los artículos ambiguos que permitían que el proceso de conformación estatal virtualmente pudiera no tener fin, las referencias a derechos históricos que no se sabe muy bien si son preexistentes o más perdurables que la propia razón histórica de la Nación española han permitido que se haya llegado a revisar todo el marco político por iniciativas unilaterales.

Entre el complejo de culpa por heredar una España a la que se había hurtado su gloria histórica en un siglo de pesimismo y la falta de convicciones cívicas y patrióticas, nuestras elites creyeron que la única forma de perdurar era con la cesión ante quienes sí tenían convicciones, aunque fueran patológicas. A salvo de la última etapa de Aznar, en la que se plantó a riesgo de quedar como la madrastra de Blancanieves, nuestros gobernantes corrieron hacia el adversario nacionalista, mientra éste se alejaba aún a más velocidad. Los últimos casos son patéticos, con un partido en el Gobierno que inventa marcos asombrosamente próximos a los más rupturistas. Y, con cada apelación al consenso con los independentistas, más se cargan sus argumentos y sus pistolas. Si no hay voluntad de poner pies en pared, realmente no sé de qué nos quejamos.

LA FELICITACIÓN DEL LENDAKARI
Por Jaime CAMPMANY ABC  2 Enero 2005

IBARRECHE ha felicitado el Año Nuevo a los españoles, vascos o no, con la confirmación de su desafío contra la Constitución, contra la convivencia sosegada de todos los españoles, y en definitiva contra la paz y la unidad de España. Ibarreche anuncia un año 2005 en el que la violencia del terrorismo etarra con bombas y pistolas estará reforzada con la violencia del propio Gobierno vasco con la voladura de las leyes y de la Constitución que a todos ampara y que a todos obliga. El lendakari ha venido a decirnos que este año que acaba de comenzar será el año en que se consume la convocatoria de un referéndum ilegal cuyo objetivo es la independencia de Euskadi y la ruptura de España.

A ese Plan lo llama Ibarreche una consulta «en ausencia de violencia». ¿Qué quiere decir con eso Ibarreche: que ya tiene pactada con la banda etarra otra «tregua trampa»? Pero aquí la violencia no es sólo la de las armas amedrentando al electorado, sino la sublevación contra la Constitución y contra el Estado, encabezada por el propio Gobierno vasco, que existe gracias a esa Constitución y a ese Estado de Derecho. No parece sino que, fracasado el independentismo etarra tras haber utilizado las armas durante treinta años, los nacionalistas radicales del País Vasco han creído llegado el momento de destruir las leyes comunes, o sea, de romper la baraja. Y ese es un desafío tan fuerte y tan grave que obliga al Estado de Derecho a tomar medidas que deberán ser enérgicas para que sean eficaces.

Ibarreche ha aprobado su Plan en el Parlamento vasco con los votos de los etarras políticos, quienes además se han dividido en dos mitades para avisar que no se conformarían con una negociación que no llevara al límite máximo que ellos han defendido, con el asesinato y el secuestro, durante tres décadas. Ahora avisa que el destino que alcance el Plan en el Parlamento español es algo que le tiene sin cuidado, y que piensa convocar un referéndum para aprobar el nuevo Estatuto, el de la ruptura, «sea lega o ilegal». Y que lo que va a prevalecer en esta historia es la voluntad del «pueblo vasco», desgajado por tanto de la soberanía única y suprema del pueblo español.

Se trata, como veis, del anuncio serio, reiterado y ratificado con hechos, de una sedición, de una sublevación, a veces armada, a veces pacífica, según convenga contra una Nación soberana, contra un pueblo soberano. Así de claro y así de terrible. Y lo peor es que este Gobierno socialista de Zapatero cree que se trata solamente de una irrelevante y académica cuestión semántica. Cree que cediendo en ese terreno la vida política española se «descrispa». Y comete la imprudencia estúpida de derogar la ley que tipifica como delito la convocatoria de un referéndum por quien no tiene autoridad para hacerlo. Una de dos. O Zapatero se ha hecho independentista y allana ante Ibarreche el camino del referéndum ilegal, o ese muchacho que tenemos en La Moncloa es tonto de remate.

De esa felicidad que nos desea Ibarreche, líbranos, Señor. Y ya que Zapatero es una persona tan fatigable, permítele descansar en un tranquilo reposo, alejado del trajín de la política.

La paz soberanista
Pilar FERRER La Razón 2 Enero 2005

En cierta ocasión, hace ya mucho tiempo, le pregunté a Javier Arzallus que si tuviera que escoger ente la paz y la independencia, con cuál se quedaría. Su respuesta fue contundente: «La una, acarrea la otra». Por ello, en este momento, desde el Gobierno vasco y en opinión de muchos dirigentes del PNV, se interpreta el Plan Ibarreche como un aviso de que ETA, muy debilitada, piensa en un serio abandono de las armas. Reflexión que no justifica el peligroso pulso, el órdago que Ibarreche ha lanzado al Estado, al Gobierno y a todas las fuerzas políticas democráticas. Pese a que desde Moncloa se pretende una respuesta «light» a la gravedad de los hechos, tal como han expresado Jordi Sevilla y Alfredo Pérez Rubalcaba, dos de las mejores cabezas del PSOE, lo cierto es que el presidente Zapatero afronta el mayor desafío de su mandato.

El binomio esbozado en su día por el veterano Arzallus, conocedor como nadie de las tuberías nacionalistas y los «golpes de efecto» de la organización terrorista, equivale a ese chantaje que permitiría la paz a cambio de la independencia. Porque ésta, y no otra, es la raíz que esconde el llamado Plan Soberanista de Ibarreche. Una paz para la secesión de Euskadi, para la ruptura de la unidad de España, como han señalado en estos agitados días Ángel Acebes e Ignacio Astarloa, dos políticos del PP bregados y escarmentados en las huellas de la violencia. El propio discurso de Año Nuevo del lendakari, desafiante y rotundo, lo corrobora, Pase lo que pase, convocará ese referéndum para la sociedad vasca, olvidando, como expresa la valiente María San Gil, a muchos miles de ciudadanos vascos y la ilegalidad de su proceso. Grotesco país este que, en los albores del nuevo año, se apresta a sentar en un banquillo a banqueros de reconocido prestigio, hombres de cualificada trayectoria profesional, que contribuyeron a la prosperidad económica y al fomento del empleo, mientras se tolera, con total impunidad, la lectura de la carta de un terrorista prófugo de la justicia. Y todo ello, en la sede de un Parlamento democrático. Algo falla en el sistema, en la Justicia y en esta España perpleja ante la debilidad de sus gobernantes. La tan ansiada paz en Euskadi, no puede serlo a través de ningún chantaje negociador. Y lo ha dicho, sin tapujos, Manuel Chaves, Presidente de Andalucía y del PSOE, en su discurso institucional del Año Nuevo.

MARCAR LOS TIEMPOS
Editorial ABC 2 Enero 2005

LA aprobación parlamentaria del Plan Ibarretxe es una encrucijada para el Gobierno de Rodríguez Zapatero. Su discurso postelectoral no contemplaba una situación así, tan demostrativa de que su teoría del talante ha fracasado, y que, aplicada a un nacionalismo desleal como el vasco, provoca incertidumbres expansivas en las instituciones encargadas de velar por el orden constitucional. El PSOE se afanó en el mensaje de que la intemperancia de Aznar había provocado más nacionalistas. Con Zapatero, España iba a ser más cómoda para aquéllos, quienes acabarían rindiendo su soberanismo ante el seráfico proyecto del nuevo jefe del Ejecutivo. Pero nada de esto ha pasado. Todo lo contrario: hoy hay más agresión nacionalista contra el Estado.

El Plan Ibarretxe va a tener como virtud la de obligar a Zapatero a ejercer como presidente del Gobierno. Por ahora, no lo ha hecho, escondiendo su compromiso público de no negociar con el lendakari y endosando la respuesta oficial del Gobierno al ministro de Administraciones Públicas, como si la situación fuera sólo una discordia por competencias y no una crisis de Estado. Era Zapatero el obligado a comparecer ante la ciudadanía para poner imagen a una actitud inequívoca de firmeza y con un discurso claro. Sus dilaciones e inacciones previas le han colocado en la tesitura de que es Ibarretxe el que marca los tiempos. Es mucho el trabajo pendiente y no es extraño que a estas alturas el PSOE dude en la estrategia. Al parecer una corriente del partido apuesta por hacer frente al asunto con todas los recursos a su alcance y otra, más cercana al espíritu del talante, parece partidaria de enfriar el asunto con un contencioso jurídico en el Constitucional.

Pero el nacionalismo vasco ha ganado el debate político. Es absurdo pensar que al lendakari le debilita el apoyo de Batasuna, como si fuera una sorpresa ese entendimiento. Josu Ternera ya hizo lendakari a Ibarretxe en 1998. Pero el PSOE parece no enterarse de lo que ha pasado y plantea la remisión de la propuesta soberanista al Parlamento nacional como la segunda vuelta de un partido, que parece que le da miedo ganar y que puede tener su prórroga en las elecciones vascas. Habrá que ver si esa remisión se produce, pero después de que el lendakari avisara de que someterá su plan a consulta popular, los socialistas deberían abordar este problema no como un contencioso político, sino como lo que es: la mayor ilegalidad cometida contra el orden constitucional desde el 23-F.

En la encrucijada secesionista, el Gobierno tiene que emplearse a fondo con medidas legales contra el Plan Ibarretxe y la serie de ilegalidades conexas, incluida la desobediencia de Atutxa. Tiene que hacer llegar a los ciudadanos que controla el asunto, que sabe qué respuesta hay que dar a cada paso que dé el PNV y que quien marca los tiempos es el Gobierno de España. El Estado de Derecho tiene instrumentos para atajar estas situaciones, pero es necesaria la voluntad política para aplicarlos. Y esa voluntad se demuestra, por ejemplo, instruyendo al fiscal general para que recurra el archivo de la querella contra Atutxa, impugne ante el TC la propuesta aprobada en Vitoria y revise su política de alianzas parlamentarias. El PSOE ha entregado la agenda política a los nacionalismos más radicales y al socialismo catalán.

No es lícito que utilice un doble lenguaje para rechazar a Ibarretxe y, simultáneamente, compadrear con Carod-Rovira, cuando ambos defienden lo mismo. O que su otro apoyo en las Cortes, IU, haya dicho sí al Plan Ibarretxe. No es lícito lanzar venablos contra el lendakari y respaldar, al tiempo, la reforma estatutaria del PSE, cuya presentación ha sido un error notable, como reconocen algunos sectores socialistas. Parece sensato que el PSOE se replantee sus alianzas en la Carrera de San Jerónimo y se fije en otros partidos, incluso dentro del nacionalismo moderado, que hayan mostrado más responsabilidad y sentido de Estada y que puedan aportar más estabilidad al Gobierno.

El PSOE tiene que ser sincero con la sociedad y manifestar exactamente dónde y con quién quiere estar a la hora de hablar de España y su futuro. Zapatero ofrecía calma, pero el nuevo año sólo trae una crispación política y social a la que él tiene que responder recuperando el control de la agenda que entregó a Ibarretxe.

El patriotismo insustancial
Ignacio COSIDÓ La Razón 2 Enero 2005

El Ministro Bono se llena la boca hablando de España mientras los independentistas catalanes le vacían los bolsillos del presupuesto de defensa en el Congreso de los Diputados. El principal problema del discurso patriótico de Bono es que se trata de un discurso lleno de pompa y circunstancia, pero un discurso políticamente vacío e inoperante. Por mucho que el Ministro de Defensa hinche el pecho de aliento patrio, no puede ocultar la debilidad y el sometimiento de él y de todo el Gobierno a un reducido grupo de radicales cuyo objetivo fundamental es acabar con esa España que Bono dice defender.

El discurso patriótico de Bono no es nuevo. Lo viene repitiendo desde mucho antes de su desembarco en Madrid para hacerse cargo de la cartera de Defensa. Desde su atalaya castellano-manchega, Bono bramaba contra un Zapatero cuya estrategia política pasaba por avalar el pacto del PSC con Ezquerra Republicana de Cataluña para llevar a Maragall a la presidencia de la Generalitat. El albaceteño se perfilaba así como el recambio natural para el caso, entonces muy probable, de que Zapatero se estrellara en las Elecciones Generales del pasado marzo. La defensa de una idea sólida de España era el principal argumento político sobre el que construir esa alternativa.
Tras su desmesurada toma de posesión en el Ministerio de Defensa, José Bono ha seguido fiel a ese discurso patriótico. Lo repite como seña de identidad allí donde tiene ocasión. Como socialista, el eje del discurso es que sólo la Patria común garantiza la igualdad de todos los ciudadanos, independientemente del territorio en el que vivan. Pero a este principio ideológico une la expresión de un sentimiento de afecto a España que él maneja con extraordinaria habilidad.

Nadie puede por tanto sorprenderse del discurso del Ministro de Defensa en la Academia de Infantería o ante su partido en Toledo. Es el mismo discurso ampuloso y vacío que ha repetido hasta la saciedad. Si ese discurso sigue teniendo tan amplio reflejo mediático se debe a dos circunstancias. La primera es la contradicción entre la doctrina del Ministro y el discurso del Presidente del Gobierno. La segunda es que Bono se ampare en los uniformes para lanzar su soflama patriótica.

Así, lo relevante en el discurso de Bono no es la novedad, sino su flagrante contradicción con la posición del Gobierno del que forma parte. Cuando Zapatero acusó recientemente al Partido Popular de estar recluido en el fanatismo por defender la Constitución, debía estar pensando en su propio Ministro de Defensa. La magnífica intervención de Pío García Escudero defendiendo el concepto constitucional de Nación en la Cámara Alta, sonaba a tesis doctoral comparada con la inflamada arenga de Bono en el Patio de Armas de la Academia de Infantería.

El hecho de que en un mismo Gobierno convivan dos conceptos tan contrapuestos del país que supuestamente gobiernan parece alarmante. Pero puestos a elegir, preferiría que dentro del PSOE se terminara imponiendo el discurso de Bono, a pesar de su vacuidad, que el de Zapatero. El actual Presidente tiene tal grado de confusión sobre lo que es España, acrecentada sin duda por su total dependencia de aquellos que tienen una idea muy clara de lo que no quieren que sea, que puede terminar abriendo heridas en nuestro ser colectivo difíciles de cicatrizar.
La segunda novedad es que en su nueva calidad de Ministro de Defensa, Bono tiene tendencia a ampararse en las Fuerzas Armadas para dar una nueva dimensión a su viejo discurso patriótico. Esta instrumentalización del Ejército me parece peligrosa para una democracia aún joven como la nuestra. Por el bien de todos, Bono debería ser más cuidadoso en disociar su papel como Ministro de Defensa de su propia ambición política. El Ministro debería tomar buena nota de la sugerencia del Secretario de Comunicación del PP, Gabriel Elorriaga, y dimitir de su Cartera ministerial para poder así dar con mayor contundencia esa necesaria batalla dentro del socialismo español.

El problema es que el discurso de Bono es más táctico y mediático que de principios. Por tanto, Bono no sólo no dimitirá como Ministro, sino que no tendrá especial reparo en asumir como miembro del Gabinete de Zapatero que Cataluña o el País Vasco se autodefinan como Comunidad Nacional, que el nuevo modelo de financiación autonómica genere desigualdades entre territorios o que el Instituto Meteorológico Nacional desaparezca de Cataluña. Mientras, eso sí, nos seguirá inundando con su doctrina del patriotismo insustancial. Senador por Palencia y portavoz del Grupo Popular en la Comisión de Defensa del Congreso de los Diputados

Plan Ibarretxe
¿Se defenderá la nación?
Pío Moa Libertad Digital 2 Enero 2005

En estos últimos años se ha producido una doble escalada, de los nacionalistas por desmembrar a España, y de las izquierdas por recuperar el poder sin importarles emplear métodos desestabilizadores en alianza con los totalitarios y los secesionistas. No otra cosa han sido las campañas en torno a la ley de enseñanza, al Prestige o a la guerra contra Sadam, la alianza abierta del PNV con el TNV (Terrorismo Nacionalista Vasco) en respuesta al nuevo clima social creado por el asesinato de Miguel Ángel Blanco, los acuerdos entre Carod y la ETA, los proyectos secesionistas de Maragall-Carod e Ibarreche, la retirada de tropas de Irak, premiando al terrorismo islámico autor de la matanza de Madrid, y un largo etcétera de provocaciones y ataques a los fundamentos de la democracia. Esta escalada ha culminado ahora con la aprobación del Plan Ibarreche en un parlamento vasco desnaturalizado, donde un asesino ha participado en la comisión de Derechos Humanos y donde, en vulneración permanente y jactanciosa de la ley, permanecen en sus escaños los representantes de los terroristas.

Importa mucho constatar que el eje de todas estas evoluciones ha sido el terrorismo. El terrorismo, así, parece próximo a conseguir sus objetivos, en simbiosis con los otros nacionalismos pretendidamente moderados y con la aquiescencia de un partido cuyo jefe, presidente también de la nación, ha declarado no importarle la nación española.

La aprobación del plan Ibarreche da la señal de partida para liquidar finalmente la Constitución, y con ella la democracia española. Esta Constitución, la primera de la historia de España hecha por amplio consenso, tiene muchos defectos pero, con todo, ha permitido una convivencia democrática tolerable en España durante más de un cuarto de siglo. Obviamente sólo puede ser echada abajo o vaciada de contenido, como ahora se intenta, por una mezcla de hechos consumados, desafíos sin respuesta y rodeos o vulneraciones abiertas de la ley. Entramos de lleno, por tanto, en una “segunda transición”, una transición desde la democracia a la desintegración de España, propiciada por aquellos partidos que allí donde gobiernan han casi liquidado las libertades, como en las Vascongadas, las han reducido drásticamente como en Cataluña, se han propuesto “enterrar a Montesquieu” y han sumido al país en la corrupción, como el PSOE, o son pura y tradicionalmente totalitarios, como los comunistas. En tales condiciones, la “segunda transición” significa la ruptura unilateral de las reglas del juego que permiten la convivencia pacífica, y no es otra cosa que un salto en el vacío, uno nuevo después de los que el país ha experimentado en el siglo XX.

No se ha llegado tan lejos, desde luego, sin la grave culpabilidad de unas derechas peseteras y ciegas a lo que los socialistas solían llamar “pedagogía” y los comunistas “lucha ideológica”, terreno que, junto con el cultural, la derecha simplemente ha abandonado todos estos años a la izquierda y los nacionalismos. Los aspirantes a la tiranía y al desguace de España han ido avanzando gracias a las continuadas claudicaciones de quienes debían haberles hecho ver claramente los límites. Como ignoran también la historia, no entienden el alcance de sus osadías, no entienden las consecuencias de la destrucción de la convivencia española. No sé si ya queda tiempo para que lo comprendan. En todo caso a esta hora las recriminaciones sobran, y, trasladando la frase famosa de Nelson, “la democracia española espera que cada cual cumpla con su deber”. Es preciso, absolutamente preciso, que cada uno, como decía Julián Marías, deje de preguntarse “qué va a pasar”, para plantearse “qué puedo hacer”, a fin de que no pase lo peor.

País Vasco
San Sabino 2004
José García Domínguez Libertad Digital 2 Enero 2005

En la dedicatoria de San Camilo 1936, Cela se acordaba de todos los hijos de puta que habían venido a matar españoles como a conejos. En San Sabino 2004, que tal onomástica se celebraba anteayer, sucedió algo parecido. Primero, el lehendakari escuchó respetuosamente la lectura del mensaje navideño de Josu Ternera. Y sólo tras ese emotivo prólogo, pasó a celebrar con cava el éxito del tripartito de allí en el primer asalto parlamentario para crear un Estado étnico en Vascongadas.

Por el contrario, en la dedicatoria del Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte no se menciona a nadie, más que nada porque Marx no la escribió. A pesar de eso —y de que ningún vivo haya leído jamás tal ladrillo—, todo el mundo dice recordar que el sablista de Engels gastó allí una página entera en decir que la Historia, cuando se repite, únicamente lo hace a modo de farsa. Tal vez en esa leyenda urbana se esconda la explicación a que Rodríguez decidiera interrumpir su descanso navideño para ir al teatro, mientras el PNV se disponía a crear un estado libre asociado a ETA. Y es que Zetapé también debe haber oído que el honrado pueblo corrió a los Toros tras saberse lo del Desastre del 98. No cabe otra explicación a que haya elegido fecha tan señalada para componer su figura preferida, el Don Tancredo, en la platea de una mezquita.

El caso es que el suegro del otro que necesitó viajar a España para redactar El derecho a la pereza, por una vez, andaba en lo cierto en el asunto de los Bonaparte. Por eso, hoy convendría acudir a las hemerotecas y averiguar qué astros iluminaron a los editorialistas de los periódicos aquella mañana que se perdió Cuba. Del mismo modo que, a partir de ahora, antes de abjurar del padre del comunismo, habremos de que recordar que el 31 de diciembre de 2004 los cráneos más privilegiados de la prensa nacional pontificaban esto: “Batasuna —varios de cuyos dirigentes habían asegurado esta semana que jamás apoyarían el proyecto de Ibarretxe— ha engañado completamente al PNV, al que ha utilizado como un tonto útil”.

La utilidad de ciertos tontos radica en que suelen ser meridianamente transparentes al exponer sus intenciones. Por ejemplo, Hitler, para chanza unánime de los listos de su época, difundió en Mi lucha todos y cada uno de sus objetivos, además de cómo pensaba alcanzarlos. Y esos tontos de baba que hace un tiempo eligieron Estella para festejarse en concilio, procedieron igual. El libreto de la farsa que se acaba de representar en el Parlamento de Vitoria fue escrito allí; y la copia se guarda en otra sección de esa hemeroteca que tampoco nadie visitará hoy. Porque es cierto lo de Marx. Sí, la Historia sólo se repite a modo de farsa: los primeros nazis se encontrarían delante a Churchill; sin embargo, Josu Ternera e Ibarretxe van a tener a ZP.

Melancolía política
Agapito Maestre Libertad Digital 2 Enero 2005

El estado de ánimo no puede ser más bajo para quien contempla con algún criterio democrático la vida política española. Tampoco la sociedad está para tirar cohetes de alegría. Desmoralizada, desmovilizada y narcotizada por un Gobierno sin principios y sin ideas, dirán los más optimistas, la sociedad española bastante hace con simular cierta energía. En efecto, un Gobierno "nadista", que ni siquiera sabe determinar qué cosa es nihilismo, dirige a la sociedad española al abismo. La desaparición de España como nación es ya un hecho, pero todavía hay estultos que no quieren enterarse del asunto. Serán los primeros en tragar las imposiciones de la dictadura que nos acecha. Esta gentuza ni siquiera comprenderá que nuestra ruina democrática tiene nombres y apellidos, e incluso fallos institucionales, que alguna vez pudieron remediarse, por ejemplo, nuestra ley electoral.

El fracaso del sistema electoral surgido de la Constitución del 78 ha devenido una tragedia. Una minoría nacionalista ha conseguido dirigir como borregos a la mayoría de la población española. El socialismo gobernante siempre ha aplaudido el procedimiento de exclusión de la mayoría española. Pero las elites políticas e intelectuales, por llamarles algo, creen que la sangre no llegará al río. Ojalá. Sin embargo, sospecho que las cosas irán a peor. Primero, porque el plan Ibarreche, ese monstruo totalitario de la nación democrática española, ya ha sido aprobado con el respaldo del terrorismo de ETA. Segundo, porque la estrategia independentista de Maragall y Carod-Rovira seguirán marcando el desgobierno de Rodríguez Zapatero.

Y, tercero y aún más grave que los nacionalismos independentistas, porque ya no hay nadie en España capaz de mantener la unidad de la Nación. El Gobierno en pleno quiere destruir la norma fundamental por la que se rigen los españoles, pues, por boca de su presidente, no cree en la idea de nación que recoge el artículo 2 de la Constitución. Por no decir nada de las ambigüedades halladas a la respuesta dada por el Jefe del Estado Mayor de la Defensa, cuando se le preguntó por el artículo 8 de la Constitución. Después de decir que este artículo debía ser leído en el contexto de toda la Constitución, como si esta parte no fuera una de las bases de todo el entramado constitucional y político, no se atrevió a dar una respuesta contundente sobre "si nuestro Ejército estaba o no preparado para defender la unidad nacional".

En fin, si tiene dudas unos de los principales responsables de que "las Fuerzas Armadas tienen como misión garantizar las soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional" (artículo 8 de la Constitución), entonces es como para sentir melancolía de lo que pudo haber sido una genuina democracia. Por lo tanto, todo puede pasar, porque, en verdad, nadie parece estar en su lugar. Hay gentes, sin embargo, que creen las palabras de ese señor de La Moncloa, que en un aparte de una fiesta "navideña" para periodistas, le dijo a un editor de un informativo: "No te preocupes, amigo, aquí no pasará nada. Sólo hay oportunidades. Créeme, por favor, que mi información es muy buena. Yo tengo las mejores fuentes. Fíate del presidente del Gobierno de España." ¡Qué risa! ¡Qué bochorno!

Zapatero y el plan Ibarreche
El talante de la cesión
Ignacio Villa Libertad Digital 2 Enero 2005

La aprobación por el Parlamento vasco del Plan Ibarretxe con los votos de la ilegalizada Batasuna ha encendido automáticamente todas las luces de alarma institucionales y constitucionales de España. En primer lugar, por la gravedad del desafío, en segundo, por la debilidad política del presidente Zapatero.

De la actitud del nacionalismo vasco no hay nada nuevo que no sepamos. Pero quizá lo que en estos momentos más preocupa ante este desafío –que por otra parte era esperado– es la nula capacidad de Zapatero para dar respuesta a los nacionalistas. El actual presidente del Gobierno ha demostrado que no sabe, no puede y no tiene fuste para dirigir con pulso político esta complicada encrucijada institucional.

El jefe del Ejecutivo –durante ocho meses– ha mostrado hasta la saciedad un mensaje de debilidad y de falta de carácter muy preocupante. El talante de la cesión se ha convertido en su única estrategia política. Y ante tal panorama los nacionalismos –vasco y catalán– campan a placer. Tanta sonrisa y tanta tontería no nos lleva a ninguna parte. Esta muy bien que Zapatero –en sus sueños– diga que dialoga con los ciudadanos. Estupendo. Pero parece olvidarse, de forma alarmante, que su primera obligación es gobernar. Y gobernar significa tomar decisiones, algunas impopulares pero necesarias. Hacer política no es el arte de caer bien, es, en todo caso, el arte de la gestión y de mejorar la calidad cotidiana de los ciudadanos.
Desde ahora hay que esperar una ofensiva del nacionalismo vasco con una fuerza tremenda, arremetida a la que sucederá la de los nacionalistas catalanes. Ante ello, los ciudadanos españoles nos encontramos indefensos con un Zapatero dando tumbos de aquí para allá, y más pendiente de su sonrisa que del futuro de España. La alarma roja institucional se ha encendido por el Plan Ibarretxe y por la incompetencia de Zapatero. Tenemos un Gobierno, que no sabe gobernar. Dice sí a todo, intoxica sin parar y cede ante cualquiera. La que se nos viene encima.

EMPIEZA LA FIESTA
Por ÁLVARO DELGADO-GAL ABC 2 Enero 2005

Ya está. Ya ha empezado la cuenta atrás para el Plan Ibarretxe. No debe sorprender que HB diera su apoyo al plan. Fatalmente, los vectores de fuerza apuntaban a una convergencia entre los dos nacionalismos. Si no hubiera habido fumata blanca el jueves, la habría habido poco después. Es claro por qué HB precisaba sumarse a la ruptura anunciada por Ibarretxe. Casi extinta ETA, HB no tenía más remedio que recuperar protagonismo y oxígeno poniendo el peso de su cuerpo, y las condiciones que con el tiempo se verán, en el platillo peneuvista. Para el PNV, la situación es una miaja más complicada. Y la ha complicado más la intervención tardía, lateral y profundamente torpe del PSE.

En efecto, el plan Guevara, al ocupar de intento los espacios intersticiales entre el constitucionalismo ortodoxo y la voladura de puentes con el Estado, ha obturado la vía de escape que aún hubiera podido restar a un PNV súbitamente arrepentido de sus audacias radicales. Las posibilidades de una rectificación eran, de acuerdo, muy modestas. El plan Guevara las ha reducido a cero. Ello coloca a los partidos vascos, y de paso a los demás, en una situación curiosa. Según la cuenta de la lechera de López y compañía, una porción suficiente de la feligresía nacionalista se arrugará y votará, como alternativa, al PSE. Esta hipótesis se halla abierta a tres objeciones. En primer lugar, no está claro que los socialistas sólo vayan a ganar. A lo mejor no ganan, o pierden por su costado constitucionalista más de lo que ganan por el nacionalista. En segundo lugar, y supuesto que ganen lo bastante para ser los más votados, queda en pie cómo gobernar después. Han cortado con el PP, y sólo podrían formar un gobierno con el PNV si se verifica una revolución en este último y cambia el organigrama de la dirección nacionalista. Procesos difíciles y largos.

La tercera objeción es la más importante. Según el guión más popular, Ibarretxe incluirá su proyecto soberanista en el programa electoral. Además enviará, cómo no, un trágala al Congreso de Madrid, que responderá que no. En algún punto, no determinado aún con exactitud, se celebrará un referéndum ilegal. Los que siguen empeñados en que aquí, en definitiva, no pasa nada, quitan pólvora al referéndum —que comparan a la payasada ensayada por Bossi en Lombardía—, y dan por descontado que el «no» madrileño garantiza la integridad del territorio y la vigencia de la Constitución. Me temo que los nacionalistas intentarán ir por otro lado. En esencia, interpretarán las elecciones en clave referendaria, o si ven flojo al Gobierno, anticiparán el referéndum. Conviene notar que están exigiendo ya la participación de HB en las elecciones. Si se legaliza HB, habrán ganado la batalla antes de librarla formalmente. En un santiamén, se habrá venido abajo lo que resta de Estado. Si no se legaliza HB, y se celebra el referéndum, identificándolo o no con las elecciones, su propia celebración consagraría de oficio la independencia vasca. No sería una consulta sino un ejercicio unilateral de soberanía. ¿Reaccionaría Madrid? Quizá no, si no ha sido capaz de reaccionar antes. El Estado se desharía como un azucarillo en agua templada.

El Gobierno, por cierto, está haciendo todo lo que es menester para que el Estado se vea pronto en un auténtico apuro. El Plan Guevara forma un arco voltaico perfecto con las estrategias catalanas. Y no es incompatible con las relecturas de la Constitución que se vienen sugiriendo desde Moncloa últimamente. De resultas, el Gobierno se ha embalado hacia la Confederación. El PP, de un tiempo a esta parte, da señales inequívocas de desconcierto. Su falta de iniciativa en todo cuanto no sea remover los rescoldos del 11-M no se puede achacar a pura desidia. Probablemente, revela una profunda oscuridad de ideas sobre los caminos a seguir en un paisaje cambiante y cada vez menos controlable desde un contexto constitucional en rápida desintegración. Sea como fuere, el PP ayudaría al Gobierno, cómo no, en un trance de emergencia nacional. Pero no establecería con él una alianza duradera si Zapatero no se libera de la presa que sobre él ejercen Maragall y ahora el PSE, amén de ERC. O sea, si no se despeja toda veleidad confederalizante. Y éstas son palabras mayores. El Gobierno tendría que invertir toda su estrategia, desdecirse en un 90 por ciento, y aceptar, aunque se eludiera el nombre, el equivalente a una «Grosse Koalition», coalición que carecería de sentido si no se procediera a una reforma de la Constitución en toda regla, aunque justo en dirección opuesta a lo que ahora se predica. Cambios demasiado grandes, y en tiempo excesivamente corto, para que puedan llevarse a cabo sin un milagro de pericia, mucha generosidad política, y un ejercicio inteligente y enérgico de pedagogía ante la opinión. Por cierto: los dos partidos no se hablan.

La secesión ha comenzado
ROBERTO L. BLANCO VALDÉS La Voz 2 Enero 2005

NADIE que no sepa del envilecimiento social que provoca el terrorismo podrá entender lo que acaba de suceder en el Parlamento de Vitoria. El jueves se aprobó allí un plan radicalmente inconstitucional -primera fase del proyecto de secesión del País Vasco- con el apoyo del PNV, Eusko Alkartasuna, Ezker Batua y Batasuna.

Las dos primeras fuerzas, que sostienen con sus votos a un Gobierno que tiene la obligación de asegurar el cumplimiento de la ley, han decidido violentarla con la pretensión de imponer por el chantaje un texto político que, lejos de favorecer la convivencia, romperá la sociedad vasca en dos mitades y la pondrá al borde de un enfrentamiento civil de imprevisibles consecuencias.

Para llegar a tan ominoso resultado han contado EA y el PNV con dos apoyos que, por motivos muy diferentes, constituyen un escándalo: el de Ezker Batua, que es la federación vasca de Izquierda Unida, uno de los dos partidos sobre los que reposa la estabilidad parlamentaria del actual Gobierno socialista; y el de Batasuna, fuerza ilegalizada en España por su apoyo a ETA militar, e incluida en Europa dentro del listado de organizaciones terroristas.

Los diputados vascos expresaron su sufragio en el único parlamento que hoy existe en el planeta donde todos los representantes de la oposición -los que han votado contra el proyecto de Ibarretxe- llevan escolta para evitar ser asesinados. El único parlamento elegido por una sociedad donde una parte del cuerpo electoral -la que no apoya el proyecto de Ibarretxe- vive bajo la constante amenaza de una banda terrorista.

Ese, y no otro, es el sucio contexto en que el PNV ha decidido plantearnos su chantaje. Chantaje, sí, porque Ibarretxe ha sacado adelante su proyecto no para negociarlo con las Cortes, sino sabiendo que aquéllas no pueden negociarlo. Ibarretxe no confía en el futuro compromiso del que habla: muy por el contrario, cuenta con que a partir de un proyecto como el suyo no hay compromiso imaginable. Esa es, de hecho, su estrategia, que ha venido cumpliéndose con la inexorabilidad de una condena.

Aprobado el plan, el objetivo es ahora el referéndum: si le dejan realizarlo, para ganarlo bajo la amenaza de que sólo así se acabará con la violencia. Y si no le dejan, para enfrentar a cara de perro a Euskadi con España. Es tan irresponsable y temeraria esa conducta -en la que Ibarretxe gana siempre- que frente a ella sólo cabe una respuesta: asegurar al PNV desde ya que no se saldrá en ningún caso con la suya. Intentar apaciguarlo no sería más que una forma de animarlo a seguir adelante con ese plan de secesión que el jueves nos dejó como un regalo envenenado para el año que acaba de empezar.

Salto al vacío
Editorial El Correo 2 Enero 2005

El mensaje de fin de año del lehendakari reflejó a la perfección la naturaleza exclusivista de su proyecto, con un discurso dirigido únicamente a quienes estuviesen de acuerdo con él. Despachada la voz de los discrepantes con la consabida mención a «los insultos que hemos soportado», resultó elocuente el ensimismamiento mostrado por Ibarretxe tanto en el balance del año transcurrido como en la descripción del «tren del futuro», en el que a su entender se ha montado la sociedad vasca. La satisfacción del lehendakari por el hecho de que su Plan resultara aprobado por el Parlamento vasco gracias a la ayuda de Sozialista Abertzaleak demostró una vez más hacia dónde quiere orientar el rumbo del citado tren.

La aprobación por mayoría absoluta del proyecto de 'estatuto de libre asociación con el Estado' certificó lo que para los nacionalistas es el «agotamiento del marco actual», como señalaba la misiva del presunto dirigente etarra Josu Urrutikoetxea leída por Otegi en el Parlamento. Por eso mismo y por los antecedentes, la disposición al diálogo y a la negociación anunciada por el lehendakari en su mensaje de fin de año carece del más mínimo crédito. El diálogo y la negociación requieren siempre de un ámbito común a las partes y de unas reglas de juego compartidas y previamente establecidas. Proclamada la defunción del Estatuto y rechazada la Constitución, Ibarretxe trata de simular la apertura de conversaciones con las fuerzas políticas vascas y con el Gobierno de Rodríguez Zapatero cuyas reglas y cuya evaluación final sean determinadas únicamente por el nacionalismo gobernante. Es eso lo que significa la advertencia de que, de no alcanzar un acuerdo con el Gobierno y no lograr la conformidad de las Cortes Generales, será el texto aprobado el pasado día 30 el que se someterá a referéndum en Euskadi.

La apelación a un diálogo sin condiciones, ni imposiciones ni límites no es más que el subterfugio mediante el que los nacionalistas están dispuestos a poner en riesgo la convivencia en el País Vasco forzando a todos y cada uno de sus habitantes a decantarse en términos identitarios, negando no sólo la posibilidad de que existan identidades compartidas sino incluso la libre realización del principio de ciudadanía en una comunidad política plural y pluralista. Resulta significativo que quienes tratan de subrayar hasta la exageración el carácter diverso de la realidad española son precisamente quienes pretenden definir el hecho de ser vasco como si se tratara de una característica unívoca y unidimensional. En este sentido, y advertencia por advertencia, cabe resaltar la manifiesta indiferencia con la que el soberanismo contempla la heterogeneidad territorial del País Vasco y, en concreto, la posibilidad de que los alaveses opten por un camino dispar al pretendido por los nacionalistas.

Hace ahora un año el PNV vivió un proceso electoral interno para la sustitución de Arzalluz al frente del EBB. Se daba por supuesto que la liza entre Egibar e Imaz representaba una pugna sorda entre las posiciones más vinculadas al experimento de Lizarra y los postulados más pragmáticos de la tradición jeltzale. Un año después se ha podido confirmar que los matices que pudieran encarnar ambas candidaturas carecían de importancia. El supuesto moderado, Josu Jon Imaz, fue quien llegó a la presidencia del EBB. Pero lo ocurrido en el pleno del Parlamento demuestra que nada ha cambiado respecto a la orientación que el PNV adoptó a principios de 1997 para desentenderse del consenso con el no-nacionalismo y acudir en busca de coincidencias o de votos al granero de la izquierda abertzale.

Durante los dos últimos años el lehendakari se ha esforzado por presentar su proyecto soberanista como una propuesta amable y conciliadora. Pero lo que resulta inadmisible es que los nacionalistas que llevan gobernando las instituciones autonómicas desde hace un cuarto de siglo pretendan operar tan drástico cambio y tan temeraria fractura sin sobresaltos, como si en realidad no pasara nada. Es posible que esto último haya hecho ya mella en muchos ciudadanos vascos que ven partir el «tren del futuro» de Ibarretxe con desasosiego pero también con resignación. También por eso resulta necesario que la ciudadanía toda, que confiesa en las encuestas desconocer el contenido del Plan Ibarretxe, evite dejarse arrastrar por los acontecimientos y se pregunte si acaso Euskadi no está mejor como está ahora que como la quieren acabar dejando los 39 parlamentarios que votaron a favor del proyecto. El mayor enemigo al que se enfrenta la sociedad vasca es su propia indiferencia ante lo que nos depara el futuro político diseñado en ese Plan. La frontal oposición del Gobierno de Zapatero, del PSOE y del PP a la tramitación de dicho proyecto de ruptura resulta tan lógica como imprescindible. Igual que los recursos que pudieran interponerse ante el Tribunal Constitucional en relación a la iniciativa aprobada por el Parlamento vasco. Pero deberán ser los vascos quienes, en definitiva, se enfrenten a las engañosas pretensiones de los secesionistas que tratan de colocar a Euskadi en el vacío histórico.

Batasuna
ANTONIO ELORZA /CATEDRÁTICO DE PENSAMIENTO POLÍTICO DE LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE El Correo  2 Enero 2005

Abertzale izan ezkero gaur, gauden denok anai...». Seamos desde hoy patriotas, desde hoy mismo todos hermanos. La propuesta que hiciera Telesforo Monzón hace casi treinta años en su canto 'Batasuna' se ha hecho sorpresivamente realidad. El plan soberanista de Ibarretxe ha recibido, como no podía ser menos, el 'nihil obstat' de ETA en el momento decisivo de su votación en el Parlamento vasco. Arnaldo Otegi ha tenido la gentileza de aclarar las cosas al leer la carta de 'Josu Ternera', apuntando con ello al sujeto efectivo de su decisión. Muchos comentaristas pueden rasgarse las vestiduras, clamando contra la vergüenza de que un debate político de tal importancia resulte afeado por la lectura de un texto del parlamentario huido. La verdad es que mayor vergüenza fue ver a ese personaje en la Comisión de Derechos Humanos del Parlamento vasco. Entonces, el frente nacionalista no tuvo reparos en profanar la dignidad de las víctimas del terror. Hoy al menos, la presencia epistolar de 'Josu Ternera' sirve de clarificación.

Otro tipo de curiosos comentarios, en medios favorables al PSOE, tiende nada menos que a presentar al ingenuo lehendakari como víctima de lo ocurrido. El pobre solamente pretendía «una reforma del Estatuto», lograr una «amable convivencia» (sic y sic) y estaba resignado a que el proyecto no fuera aprobado en la sesión del día 30, cuando el juego perverso del grupo de Batasuna provocó un maremoto en el cual su plan puede verse inesperadamente sumergido. Las caras de póker y el desconcierto de los propios diputados peneuvistas habrían sido la prueba de que las gentes del Gobierno vasco fueron las primeras en mostrar el desagrado por los votos recibidos de SA/ETA. Ibarretxe y los suyos fueron, en consecuencia, víctimas de una trampa que les inmoviliza en términos políticos. Sólo que esta lectura resulta invalidada por un hecho palmario: ni en su discurso de presentación, ni en la conclusión, Ibarretxe rechazó esos votos. Pudo hacerlo perfectamente, en especial tras la entrada en escena del mensaje del más allá etarra, declarando que una aprobación formal con tales apoyos resultaba moralmente invalidada y que sólo podría aceptarlos después de la renuncia expresa de ETA a su 'lucha armada' o de la condena de SA al terror.

Como era de esperar en nuestro hombre, no obró así, y en cambio mostró su disposición a gestionar el acuerdo a toda prisa, solicitando de inmediato una entrevista con Zapatero para abrir «una negociación». Dicho y hecho. Cuando el PSE propuso una reforma en profundidad del Estatuto y solicitó dialogar con el lehendakari, éste les remitió al debate parlamentario. Ahora, con el plan soberanista y anticonstitucional sobre la mesa, Zapatero acepta una entrevista en la que Ibarretxe habla de 'negociar'. Negociar a estas alturas, ¿qué y para qué? ¿Para que Ibarretxe le repita a Zapatero las palabras de su discurso en las cuales proclamaba la «legitimidad» de proponer una «ruptura» total y que está dispuesto a admitir que el Estado controle por un tiempo las fuerzas armadas, la navegación, los explosivos y... el euro (artículo 45 del nuevo 'Estatuto')?

La citada aceptación por Ibarretxe de los votos avalados por 'Josu Ternera' convierte en secundario el debate sobre la posible connivencia entre nacionalistas democráticos y proetarras. Tal y como se ha desarrollado el episodio, éste responde a una lógica interna perfectamente definida desde el pacto de Lizarra: PNV, EA y Batasuna estaban de acuerdo en poner en marcha un proceso de autodeterminación, y, con cierto retraso debido a la ruptura por ETA de la tregua, así se ha actuado. No faltaban los obstáculos que ahora han sido superados. Las señas de identidad de los terceros introducían un bloqueo simbólico, al reclamar que dicho proceso afectara al conjunto de Euskal Herria, lo que ahora ha permitido el curioso juego de los tres síes y de los tres noes. Pero eran bien conscientes de que su clientela política se mostraba aún más favorable al plan Ibarretxe que los propios votantes del PNV, de suerte que, ilegalizados o no, sabían que su apoyo político resultaría gravemente dañado si Ibarretxe estaba en condiciones de afirmar que la autodeterminación no llegaba por culpa de unos abertzales, socios para la ocasión del españolismo.

No obstante, los verdaderos obstáculos eran el vínculo con ETA, de cara al PNV, y la subordinación que implicaría el apoyo sin reservas al plan. Si Batasuna se alineaba detrás de Ibarretxe, y más aún desde la ilegalidad, quedaba inutilizada políticamente. Tenía además que fingir la definición de una vía política propia, llenándose la boca de la palabra paz (maniobra de Anoeta). Ante esa necesidad de los votos de SA para el Gobierno vasco y de sostener una imagen propia, la farsa montada en la sesión del día 30 ha supuesto una solución brillante: la aprobación del plan se debe a SA y a ETA, quedando el tripartito en segundo plano. Para Ibarretxe, Otegi, 'Josu Ternera', miel sobre hojuelas. El Parlamento vasco pone la pelota, sin referéndum anticonstitucional, en el campo del Gobierno y del Parlamento españoles.

Sólo que la farsa ha existido, ya que el éxito de la operación se basó por parte de SA en mentir a la opinión hasta el último momento acerca del sentido de su voto, convirtiendo así al Parlamento vasco en una mesa de mus, con todos los trucos del caso, y contando con que la pareja aceptaría el envite final del 'juego sí'. Farsa seudodemocrática es también que un gobierno autonómico asuma por sí y ante sí el poder constituyente, que disfrace su afirmación de soberanía de reforma de la legalidad vigente, que hable de democracia en un proceso para el cual no ha admitido colaboración ni crítica alguna, y que profane el contenido democrático de la idea de autodeterminación al presentar ante el Parlamento vasco antes, y ahora ante el español, un texto sobre el cual la institución representativa de los vascos ha visto negada la posibilidad de introducir enmienda alguna.

A estas alturas de la historia, Ibarretxe se presenta ante los ciudadanos vascos y ante los españoles con una carta otorgada, al estilo de Luis XVIII de Francia.Y en cuanto a su contenido, disfraza de 'amable convivencia' lo que es la imposición unilateral de una libre asociación tipo Irlanda 1922, antesala inmediata de la independencia, para así intentar mantenerse en la Unión Europea y engañar a una opinión pública que sólo minoritariamente es independentista. Dice una y otra vez que «los vascos tienen derecho a decidir», pero ¿por qué van a tener que decidir sobre lo que Ibarretxe les ha impuesto, con un apoyo parlamentario aportado por SA y ETA? La perversión de las relaciones políticas y del funcionamiento de la democracia en Euskadi están servidos, con el regalo adicional de un previsible choque de trenes. Y aquí el responsable no se llama 'Josu Ternera', ni Arnaldo Otegi.

Estamos en un momento de crisis, que debe serlo también de reflexión. En primer plano, para los partidos no nacionalistas, que confiaron absurdamente en que el plan encallaría en el Parlamento y se dedicaron a usar la cuestión vasca como arma arrojadiza para su confrontación política, en Euskadi y en Madrid. También para aquellos constitucionalistas que, como el hoy presidente del Consejo de Estado, dejaron bien claro primero la ruptura de la relación Euskadi-España que suponía el plan, para luego centrarse en la crítica del recurso del PP ante el Constitucional contra el mismo. Una monstruosidad no se combate con un disparate, escribió Rubio Llorente. Pero algo habría que hacer, y hay que hacer, para que el enfrentamiento radical no llegue a producirse, y nada lo favorece más que el monopolio casi total de la iniciativa de que han disfrutado los círculos abertzales, y en especial el Gobierno vasco. Los ciudadanos vascos siguen valorando muy positivamente el autogobierno con el Estatuto de Gernika. Defendámoslo contra el salto en el vacío de la ilegalidad.

ETA se monta en Ibarretxe
Antonio PÉREZ HENARES La Razón 2 Enero 2005

ETA no podía dejar esa oportunidad. Y ETA aprobó a Ibarretxe. Era su salida para salvar su momento de máxima debilidad lograda con firmeza política (no precisamente de los nacionalistas), eficacia policial y diligencia judicial. ETA ha hecho lo cínicamente imprescindible para que el Plan Ibarretxe siguiera adelante. Todo un sarcasmo: su derrota convertida en victoria a lomos de un lendakari y un PNV cegados de fanatismo y enamorados de su estúpido cálculo electoral. Pero más que la pelea por quien lidera el galope independentista en el País Vasco preocupa ahora el presidente Zapatero. ¿Sigue pensando con alborozo que «los cuatro próximos años van a desembocar en un largo periodo de estabilidad territorial»? Pues lo que tiene por delante es una declaración de independencia. Dice que es papel mojado en estricta ley. Pero ¿la va a hacer cumplir? Porque lo que está claro es que el nacionalismo vasco no reconoce los más elementales principios de la Ley de Leyes, ni la soberanía del pueblo español sobre aquel territorio, ni se consideran supeditados al Parlamento, ni al Supremo. Ya tienen ellos su legislativo y sus propios jueces de plantilla. Así que no era cosa de talante ni de pamplinas. Esto es secesión y separatismo puro y duro. Entérese de una vez, y déjese, por favor, de sonreír al sol y díganos a los ciudadanos qué va a hacer para evitar la ruptura de España.

El CIS y la secesión
EL SUBMARINO La Razón 2 Enero 2005

En una de sus primeras comparecencias ante la Ejecutiva del PSOE, ya como presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero hizo una descripción pletórica de la situación de España, aunque no ahorró críticas a la escasa proyección que se había logrado con medidas como la prometida subida del Salario Mínimo, las becas, las pensiones mínimas o el giro de su política exterior hacia Francia y Alemania. El presidente mostró su preocupación por los patinazos en materia de Vivienda, sin mencionar en ningún momento a la ministra Trujillo, que por aquellas fechas exhibía el gran potencial de sus carencias. Rozando la euforia, Zapatero descartó que los temas territoriales estuvieran entre las principales preocupaciones de los ciudadanos, y llegó a informar de que no aparecían –entonces– ni en el puesto veinte del ránking de los desvelos nacionales. Han pasado apenas cuatro meses de aquella reflexión cuando en Ferraz están convencidos de que el problema secesionista del País Vasco, gracias al espaldarazo del nacionalismo al «plan Ibarreche», va a situarse entre las principales preocupaciones de los españoles, tras el paro, el terrorismo, la vivienda o la inmigración. Es más, el próximo barómetro del CIS, que verá la luz a finales de enero, refrendará el sobresalto de los españoles ante el descontrol territorial.

«LEPE IS NOT SPAIN»
Por Antonio BURGOS ABC  2 Enero 2005

IMAGINE usted los topicazos más folklóricos. Por ejemplo, piense en un toreador que se enamora de Carmen, sobre un horizonte de flamencos. No flamencos rosas de Doñana, sino flamencos que el pañuelo bandolero del Tempranillo se lo anudan a la moderna para decirle a su chica que se busque un hombre que la quiera y que le tenga llenita la nevera.

Piense en el toro de Osborne, el sombrero de ala ancha de Tío Pepe, los caballos cartujanos de Terry. Sigan poniendo más tópicos sobre esos tópicos. Al toreador pónganle ojos verdes. No de un verde cualquiera: verdes como el trigo verde. Y añádanle un poema inmortal: un lorquiano llanto por Sánchez Mejías mismo. A Carmen, pónganle una navaja en la liga y añádanle, por ejemplo, una ópera; de Bizet mismo. En cuanto al toro, pónganlo en un cuadro, un Guernica de Picasso o un aguafuerte de Goya, sin premio del 2005. ¿Falta algo? Vamos a ver: tenemos toreador, Carmen, toro, flamencos, caballos. Sol, nos falta el sol. Estaba ya, embotellado, en el Tío Pepe, pero pongamos más sol: sol de tumbona de playa, sol de Costa del Ídem. ¿Queda algo más para que al tópico no le falte ni un perejil? Bueno, Don Juan Tenorio quizá, y un Fígaro; una Macarena, a ser posible de Los del Río; a lo mejor una feria, la de abril mismo, y una romería, por descontado que del Rocío.

Compuesto el topicazo, muéstrenlo a modo de postal turística un americano, a un inglés, a un australiano. Pregúntenles de qué se trata. Sin pestañear dirán:

-Oh, this is Spain...

Por lo menos la mitad de los habitantes del globo terráqueo identifican a todos estos topicazos (lamentables topicazos, por otra parte) con España. Todos, menos una partida de tontos de clavo pasado que en el partido de la selección andaluza de fútbol contra Malta sacaron en el estadio Sánchez Pizjuán una pancarta que decía, en inglés, claro, que como usted sabe es la lengua que más se habla y se entiende en España: «Andalousia is not Spain». Traduzco, por si no saben inglés: ni Carmen, ni Don Juan, ni el toro de Osborne, ni el caballo de Picasso, ni García Lorca, ni, ay, Macarena, son España. Velázquez no es España. Falla no es España.

-Pues si toda esa identidad excedente que Andalucía le prestó a España como señas no es España, entonces, ¿qué es España?

Todos los días se aprende algo. Yo no lo sabía, y usted quizá tampoco, pero un tío vestido de flamenco, a caballo, cantando flamenco y bebiéndose medio Jerez, no es España. A lo mejor es Euskadi puro de oliva o Cataluña de cinco estrellas de la estelada, y nosotros sin saberlo. Habrá que aprenderlo, a la vista de los planes de Ibarreche y de Carod (y quién sabe si de Zapatero) en esta tierra donde se copia siempre lo malo, lo nefasto, lo funesto. Se empieza por «Catalonia is not Spain», se sigue por el referéndum separatista de la señorita Pepis Ibarreche, se continúa por «Andalousia is not Spain» y verá usted cómo dentro de poco tenemos a Expaña (sí, con equis de ex, Expaña) llena de letreros: «Aranda de Duero is not Spain», «Villafranca de los Barros is not Spain», «Peñarroya-Pueblonuevo is not Spain», «Villanueva del Trabuco is not Spain». Hasta que lleguemos a lo que en el fondo quieren Ibarreche y Carod: que sobre los campos de fresa y de creación de riqueza se alce un letrero que ponga: «Lepe is not Spain». Entonces habrán conseguido lo que no dicen y llevan quizá en la hoja de la gran ruta (he dicho hoja de la gran ruta, no lo otro): que logren pegarle el chirrín, chirrán a esto y tengamos todos que poner el letrero de cierre por defunción. «Spain is not Spain».

La Universidad valenciana sale del armario
Juan VANRELL NADAL La Razón 2 Enero 2005

Acaba de proclamarlo un importante colectivo. Doctores, catedráticos, profesores y estudiantes de la Universidad de Valencia se han plantado, han «salido del armario» y han dicho ¡¡BASTA!! Invitado, asistí gustoso a la presentación del colectivo «Lluís Fullana». (Lluís Fullana era franciscano. Fue un gran estudioso de la lengua valenciana. S.M. Alfonso XIII lo nombró miembro de la RAE en representación del valenciano, como a Lorenzo Riber en representación del mallorquín. Se opuso siempre a las pretensiones de Pompeu Fabra, que ya quería imponer la unidad de la lengua catalana). Este colectivo está formado por más de 50 profesores universitarios. El acto fue multitudinario. Estuvo presidido por el decano honorífico de la RACV, Eduardo Primo Yúfera, una de las grandes lumbreras de nuestra universidad. Para mejor objetividad, recojo fragmentos de la prensa valenciana. El colectivo Lluís Fullana agrupa profesores de las universidades valencianas que están en contra de la unidad de la lengua y quieren luchar contra lo que denominan «catalanización» de la universidad y de la sociedad. «Somos profesores, catedráticos y doctores de las universidades valencianas que pretendemos acabar con el tópico de que la Universidad es catalanista… son una minoría muy ideologizada que logra hacerse con el gobierno de las universidades porque aprovechan el pasotismo en las elecciones» (Voro López, profesor de doctorado). «El colectivo se ha ido formando desde hace varios meses… cada día aumenta el número de los que solicitan colaborar en privado… con esta presentación pública queremos que la gente deje de tener miedo, sobre todo en la Universidad de Valencia y «salga del armario» (J.C. Micó, profesor de matemática aplicada). «Es absurdo que la Universidad de Valencia no tenga área de Filología Valenciana y sí de Filología Catalana… es insultante la propuesta de ‘‘valencià/català’’… la AVL no defiende el valenciano» (J.L. Llorens, profesor de matemáticas). «Como universitarios tan doctores, catedráticos y profesores somos nosotros, que defendemos la valencianía histórica y científica del valenciano, como los que se empeñan en propalar lo contrario… desde la discrepancia tenemos la misma autoridad, la misma libertad y la misma cultura para poder decir que el valenciano es la lengua propia del pueblo valenciano, hecha por él mismo a través de muchos siglos de historia (J. Ramírez, doctor y catedrático)…

En Baleares, lamentablemente, los derroteros culturales son muy diferentes. ¿Saben que ya no existe el mallorquín? En ningún documento del Parlamento Europeo se menciona la lengua balear. La «Killilea Resolution», documento oficial de las lenguas minoritarias de la UE, habla de las Baleares, destacando que la lengua propia de esas islas es el catalán, lengua que los niños usan desde su más tierna infancia (pág. 22)… ¡Que yo desde niño hablaba catalán! ¡Esta infamia clama al cielo! ¡Que mis padres y abuelos hablaban catalán! ¡Es la mentira más descarada que han parido los políticos! Estoy seguro de que en su tumba de la Mallorca profunda se remueven de indignación ante tamaña patraña…

Lo grave e inaudito es que ante tan inicuo atropello cultural el Gobierno balear no haya corrido veloz a Bruselas a subsanar el dislate. ¿Tan inútiles son nuestros melifluos, educados y acomplejados dirigentes del PP («partido pardillo» lo escribe Luis María Anson, presidente fundador de LA RAZON) que no se han opuesto a la desaparición oficial de nuestra milenaria lengua balear? Si alguna noche Matas, Antich, Soler, Cañellas, Conrado y demás artífices del regalo cobarde a Cataluña del tesoro de nuestra lengua ancestral se acercan a algún cementerio, sus antepasados se levantarán de sus tumbas para correrlos a garrotazos y gritarles «¡ingratos nietos!»…

Acabo de llegar de París. En la Sorbona y en «licées» he hablado con colegas franceses. Al explicarles que Cataluña ha fagocitado el mallorquín y el valenciano no daban crédito a mis palabras. «¡¡Incroyable, pas possible!!» no cesaban de repetir los Mayan, Beauvallet, Girbaud y demás profesores. La inspectora Mayan me resaltó que Francia tiene tal veneración a sus culturas minoritarias que hasta en la «langue d’oc» diferencian las formas occitana, provenzal y lemosina. El lingüista que quisiera eliminarlas o fusionarlas sería considerado «hereje de la cultura francesa»…

En cambio, en España todo es posible. Todo es creíble. Se puede decir que Llamazares es Aristóteles; Rajoy, guapo; Rubalcaba, Teresa de Calcuta; Zapatero, San Francisco de Asís. «Elemental» que por razones políticas se regale a la victimista Cataluña el mallorquín y el valenciano. «Elemental» que el secretario del IEB llame «imbéciles e hijos de puta» (U.H. 30/10/04) a los que defendemos el valenciano y el balear. «Elemental» oír aquí y allí, hoy sí y mañana también, las tres consignas que como loritos repiten siempre.

1) La comunidad científica internacional avala la unidad de la lengua catalana. La verdad científica es la que es y no admite cambio.
2) El valenciano y mallorquín son tan catalán, como castellano son el andaluz y el argentino.
3) Hablando catalán será como Valencia y Baleares no perderán su lengua propia. Obviamente, argumentos tan decisivos y contundentes no superan el más elemental análisis crítico.

Juan Vanrell Nadal es presidente de la Academia de la Lengua Balear

RESULTADO DE UNA ENCERRONA Y UNA FARSA
EUGENIO GARCÍA ZARZA, CATEDRÁTICO DESI NADO POR EL AYUNTAMIENTO DE SALAMANCA PARA LA COMISIÓN DE EXPERTOS ABC  2 Enero 2005

El Diccionario de uso del Español define Encerrona como «Estratagema en que se coloca a alguien en cierta situación, para que acepte una cosa que se le propone o confiese algo que negaba antes». En dicho Diccionario se define Farsa como «Cosa que se hace para engañar». Las condiciones en que se desarrolló la reunión del pasado día 23 cumplen al pie de la letra con las definiciones anteriores.

Cuando acepté formar parte de la llamada Comisión de expertos, lo hice con la firme convicción de que se trataba de eso, de Expertos. Así lo creí, participé en las dos primeras y lo dije hasta que la reunión del pasado 23 me ha demostrado lo que muchos me decían antes, que, mayoritariamente y dado su origen, era una Comisión de adeptos. Tristemente acertaron. También he de decir, en honor a la verdad, que he actuado con total independencia y nadie del Ayuntamiento me ha dicho nada de lo que debería de hacer o decir, dejándome actuar con entera libertad y de acuerdo con mi conciencia. No creo que puedan decir lo mismo los 13 que, sin manifestarse ni votar y, varios, sin despegar el pico en la reunión pasada, han dado su aquiescencia, no sé cómo, a la reivindicación catalana.

Como señalé en su día, las dos primeras reuniones se celebraron de acuerdo a lo esperado, manifestando quien lo quiso sus puntos de vista y argumentos, con posturas muy dispares. Pero no fue así el día 23, en que el Sr. Mayor Zaragoza se erigió en maestro de ceremonias, para que el resultado se ajustara al guión previsto. Este Sr., sin asistir a las dos primeras reuniones, sin que varios de los asistentes despegaran el pico, sin realizar votación alguna y con sólo once miembros al final de dicha reunión, supo que contaba con 13 votos favorables. ¿Cómo se enteró?... ¿o es que, quizás, ya sabía previamente qué iban a votar y de ahí que no considerara necesario preguntárselo ni que se manifestaran?

Ya en la presentación, sin haber asistido a las anteriores, mostró claramente a lo que iba, pues dijo que ese día teníamos que sacar el documento final y a ello encarriló su esfuerzo. Le faltó adelantar el resultado que, sin duda alguna, ya sabía. Nada más empezar nos entregó un Informe jurídico de !!42 folios¡¡ y nos los resumieron, pretendiendo que así tuviéramos conocimiento del mismo, siguiéramos adelante y llegáramos pronto al deseado documento final. Creo que ni expertos en derecho hubieran podido enterarse del citado Informe en la apresurada forma de presentárnoslo. Algunos pedimos suspender la reunión varios días para estudiarlo y recabar el asesoramiento necesario antes de emitir ninguna opinión al respecto, puesto que era fundamental para el resultado final. Era lo lógico si se trataba de una Comisión de expertos. El Sr. Mayor Zaragoza se negó rotundamente a esta justa y lógica petición, alegando que no era oportuno, que eran malas fechas y alguien dijo, pásmense, que ocho días más tarde el resultado sería el mismo.

Carezco de la formación jurídica que me permita valorar el citado Informe y menos con las prisas del Sr. Mayor Zaragoza, pero sí he comentado ciertas cosas del tema con expertos, lo que me permite tener cierto conocimiento general del mismo y pensar que lo que nos facilitaron era bastante sospechoso, por su absoluta adecuación a la reivindicación catalana. Se ajustaba a ella como anillo al dedo, no permitía que nadie más pueda reclamar ni un sólo papel, y anteponía el Derecho de procedencia a todos los demás derechos que amparan la integridad del Archivo. Más que sospechoso. Si esto era así, cómo no se habían dado cuenta antes de esto y hace tiempo habrían conseguido lo que buscaban? ¿Tan torpes eran como para no haberse percatado antes de esto? Otras serias dudas que me suscitaba el Informe era que no tenía en cuenta la condición de BIC por tratarse de un Archivo General, estatal, formar parte del patrimonio nacional, su interés general, su demostrada y reconocida utilidad social, cultural y académica, entre otros muchos aspectos que avalan su integridad.

Daba a entender dicho Informe que este Archivo General es un simple fondo documental, sin consideración, valor o interés de algún tipo y sobre el que sólo la Generalitat tiene fundados derechos (¡?). En ningún caso se habla de la Ley de Patrimonio que protege los Bienes Culturales, Archivos y Museos, no se citan los artículos 33 y 46 de la Constitución Española que amparan el patrimonio nacional, ni el Informe elaborado por Archiveros a petición de la UNESCO, siendo Mayor Zaragoza su Director General, sobre Archivos de la Represión y que insta a mantener su integridad, por encima del derecho de propiedad. Pero ni el citado Director General, ni el que redactó dicho Informe técnico, que también estaba presente, mencionaron tal Informe en defensa de la integridad del Archivo. ¿Pensarán lo mismo si este Informe se aplica para reclamar los fondos que hay de otros lugares, como el Museo Marés o en el Archivo de la Corona de Aragón que, curiosamente, está en Barcelona?

Ante tal cúmulo de irregularidades, por llamarlo de alguna manera, no cabían más que dos soluciones, retirarme porque no podía opinar sobre algo que desconocía y no me permitía el Presidente asesorarme como era mi derecho, o quedarme e inhibirme de la discusión, no abstenerme, como se ha manipulado después, por no tener en ese momento conocimiento para opinar adecuadamente. Ahora me explico por qué no nos dieron el Informe Jurídico en la reunión anterior. No querían que pudiéramos sacarlo de allí y que, expertos en la materia, nos asesoraran sobre el mismo, antes de que cumpliera los fines para los que se había hecho. No me creo que ese Informe, con 42 páginas, lo hicieran en el plazo de tiempo entre las dos reuniones, 10 y 23 de diciembre. Pensé en retirarme, pero me imaginé los calificativos que provocaría tal decisión: intolerante, radical, no dialogante, fascista, etc. Por esto, y porque no estaba por mí sino en representación de una institución, consideré que debía aguantar hasta el final.

Así lo hice y me fui convenciendo de que no era una Comisión de expertos sino de Adeptos, pues entre los presentes éramos mayoría los que estábamos en situación similar de ignorancia pero, excepto los tres de marras, nadie dijo nada al respecto. Todo el esfuerzo del Sr. Mayor Zaragoza, negando suspender la reunión para poder asesorarnos y sin más que diez minutos para tomar unos pinchos, se encaminó a redactar un documento final, adaptado a los intereses de la Generalitat de Cataluña, según el citado Informe Jurídico, junto con otras conclusiones que, como dije allí, eran ya conocidas en Salamanca desde hacía dos meses, por lo que me sorprendía tal coincidencia.

Y así se llegó al sorprendente final de lo que se puede calificar de auténtica Encerrona y farsa. Sin votación de ningún tipo, sin que nadie manifestara expresamente su aprobación o su delegación de voto en el presidente, ni siquiera los que ya se habían marchado, alguno antes de las 13 horas, con sólo 11 miembros de los 16 que habíamos iniciado la reunión por la mañana y con la única manifestación expresa de nuestra inhibición, que no abstención, por lo expuesto antes, el Sr. Mayor Zaragoza consideró que contaba con 13 votos afirmativos y tres abstenciones. ¿Cómo se enteró de lo primero, si no hubo votación, y por qué consideró que lo segundo era abstención? Quien dice que en dicha reunión hubo votación y que nosotros nos abstuvimos, es capaz de cualquier cosa. Eso califica por sí sólo el comportamiento del Sr. Mayor Zaragoza. No tengo reparo alguno en hacer un careo con él y que me demuestre que miento. También creo que si el resultado de la Comisión hubiera sido otro, habrían creado otra Comisión hasta que le hubiera sido favorable. Ya lo han hecho cuando una votación no salió como querían, ¿por qué iban a actuar en esto de otra manera?


Reivindicaciones
Cartas al Director ABC  2 Enero 2005

Lo decía el conseller en cap Josep Bargalló, que es quien manda en Cataluña, de igual modo que su presidente Carod es quien manda en España, y lo decía con motivo de la manifestación pro selecciones deportivas catalanas: «Los catalanes debemos reivindicar mas...».

Y yo, como soy catalán y, además, obediente a la «autoridad», reivindico el orgullo de mi españolidad; reivindico la unidad del Archivo de la Guerra Civil en Salamanca; reivindico la nulidad de la sentencia de la juez Nekane Bolado respecto a la Mesa del Parlamento vasco; reivindico la ilegitimidad en el mismo Parlamento de una votación respecto al Plan Ibarreche en la que se dio voz y voto al brazo político de los asesinos de ETA; reivindico la existencia de una selección nacional única en cada deporte, la española, en representación de la única nación que existe sin otros eufemismo o camuflajes de secesión; reivindico la Constitución de 1978 y l´Estatut de Sau; reivindico...

Podría continuar y no acabar pues condensar en pocas líneas el resumen de todo un año es imposible, pero han bastado los últimos diez días para poner de manifiesto muy a las claras lo que ya se veía venir como resultado de un Gobierno sin programa, sin cuadros, sin ministros con un mínimo de talla y, simplemente, al albur de las exigencias y servidumbres de y hacia quienes le mantienen en el poder. En resumen, de un Gobierno que, por la ineficacia de su gestión, está poniendo en peligro la unidad de España y es, en este punto, donde quisiera concluir con una última reivindicación: si situaciones como las que se están dando en Cataluña y Vascongadas, han de dar lugar a la aplicación de los artículos 8.1 y 155 de la Constitución, reivindico la valentía suficiente para que se apliquen.

Jorge Martí. Barcelona.

El PP anuncia que Álava se irá del País Vasco si triunfa el Plan Ibarreche
Rabanera y Alonso piden amparo al Gobierno de Zapatero porque se sienten «agredidos»
La Diputación Foral de Álava y el Ayuntamiento de Vitoria, instituciones gobernadas por el PP, se desmarcan rotundamente del Plan Ibarreche y advierten de que, «si se rompe el pacto constitucional y estatutario», se sentirán «liberados de la palabra dada» para formar parte del País Vasco. El alcalde de Vitoria, Alfonso Alonso, se ha dirigido expresamente a José Luis Rodríguez Zapatero para pedirle amparo para sus ciudadanos porque «se sienten agredidos» por el camino de ruptura iniciado por el lendakari.
Ramón Rabanera y Alfonso Alonso han pedido apoyo a Rodríguez Zapatero ante el Plan Ibarreche
L. R. N. La Razón 2 Enero 2005

Madrid- El diputado general alavés, Ramón Rabanera, en una declaración institucional realizada en el Palacio Foral, advierte de que en el supuesto de que debido al Plan Ibarreche se rompiera el pacto Constitucional y Estatutario, «Álava se considerará también liberada de la palabra dada en el año 1979», en referencia al Estatuto de Guernica. Rabanera agregó que, de este modo, el territorio alavés se encontrará «en plena libertad para decidir su futuro político, haciendo uso del derecho reconocido en la disposición adicional primera de la Constitución».

El diputado general denunció que el Plan Ibarreche «niega nuestros derechos históricos que, como territorio foral, nos reconoce la Constitución» y añadió que, además, «nos obliga a sumarnos a un proyecto de secesión por el que hemos manifestado un completo rechazo».

A pesar de ello, Rabanera quiso transmitir un mensaje «de calma y confianza» a los ciudadanos alaveses, «garantizándoles la voluntad del Gobierno de la Diputación de trabajar en defensa de nuestro territorio y de nuestro marco político y jurídico vigente». En este sentido, mostró su compromiso de buscar el consenso social, con el objetivo de «evitar el riesgo de fractura que la estrategia de división pudiera generar en la sociedad vasca y alavesa».

Por su parte, el alcalde de Vitoria, Alfonso Alonso, pidió el «amparo» del Gobierno central para «la mayoría social de esta ciudad» que, según denunció, «se siente agredida y está profundamente preocupada» por el camino de «ruptura» que se ha iniciado en el País Vasco con la aprobación del Plan Ibarreche. Además, pidió a las instituciones del Estado que «garanticen» la vigencia de la Constitución y el Estatuto, ya que, de lo contrario, en un escenario de «ruptura» Vitoria será «simplemente la capital de Álava».

El primer edil vitoriano manifestó su «preocupación» a la vez que lanzó un mensaje de «serenidad» a la ciudadanía de Vitoria. Aseguró que su «misión» será «la defensa firme de nuestra convivencia» y «frenar la ruptura que se ha puesto ya en marcha». «Por lo tanto, la misión de esta institución y mi responsabilidad como alcalde es defender nuestro modelo de convivencia, los consensos básicos que la han hecho posible y garantizar la unidad del País Vasco dentro de la unidad de España, ya que ese es el sentimiento mayoritario de esta ciudad», enfatizó, para agregar que Vitoria «quiere seguir siendo la capital de la Euskadi del Estatuto».

Jaime Mayor Oreja: «El Gobierno está facilitando balones de oxígeno a Batasuna y a ETA»
Portavoz del PP en el Parlamento europeo
Jaime Mayor Oreja advierte de la necesidad de tramitar rápidamente el Plan Ibarreche en el Congreso de los Diputados y pide que al demonizar este proyecto no se destaque el tripartito catalán. Considera que el Gobierno de Zapatero no está respondiendo correcta y adecuadamente en función de la gravedad que tiene la ofensiva nacionalista en el País Vasco y que ha emergido hace poco en Cataluña.
Inmaculada GONZÁLEZ DE MOLINA La Razón 2 Enero 2005

Madrid- Desde junio ve los toros desde la barrera que le brinda el Parlamento europeo. Desde entonces esta es la primera vez que en una entrevista baja a la arena nacional. Pide, por activa y por pasiva, reflexión sobre la situación de la política española, y advierte contra la segunda transición democrática que se avecina en España, impulsada desde Cataluña y el País Vasco, con el beneplácito de Madrid. Está preocupado con el escenario que dibuja. No obstante, cree que el PP ya está preparado para repeler esa ofensiva, pese a la crisis matrimonial vivida con la pérdida de poder. Admite que cuando hay crisis siempre se piensa que el otro lo hace mal. «Es muy difícil que tengas una gran consideración por el contrario». Pese a ello, el aprecio político que hoy tiene por Rajoy es muy superior al que tenía hace tiempo. Este cambio de opinión se debe a cómo ha lidiado la derrota electoral y demás acontecimientos desde el 14-M.

–¿Cómo se frena el Plan Ibarreche?
–Hay que tramitarlo cuanto antes en el Congreso. Lo que más le favorece es que se dilate su tramitación. Que nos vayamos anestesiando. Me alegro de que el Gobierno se haya negado a esa negociación trampa que pide Ibarreche en paralelo a la presentación del Plan. Que nadie quiera ahora enardecer el modelo catalán demonizando el Plan Ibarreche. Sus objetivos son de ruptura y de segunda transición.

–Ibarreche ya ha dicho que habrá referéndum. ¿El Gobierno será capaz de afrontar una consulta de este tipo?
–El Gobierno no está respondiendo correcta y adecuadamente en función de la gravedad que tiene la ofensiva nacionalista en el País Vasco y que ha emergido hace poco en Cataluña.

–¿Qué ocurrirá ahora que el Plan Ibarreche ha sido aprobado con los votos de Batasuna?
–ETA tiene dos caminos para elegir. El primero, el Plan Ibarreche. Y el segundo, la alternativa catalana vigente en el País Vasco desde que el PSOE ha aceptado el término de «comunidad nacional». Ahora el PSE permite a Batasuna que escoja entre el Plan del PNV o el de Cataluña.

–¿Y?
–Esta situación favorece el papel político de Batasuna y ETA. ETA está a la expectativa para ver si su objetivo principal, el de la ruptura, se produce no sólo desde el País Vasco, sino también desde Madrid. ETA está debilitada. Pero políticamente recibe balones de oxígenos cotidianos.

–¿Entonces?
–Habrá una prueba del nueve. Ver qué subterfugio usa para ir en las listas o, en el caso de que no tenga hueco, cómo reparte el poder con el PNV. Para seguir arbitrando, ETA necesita consejerías en el Gobierno de Ibarreche. Si buscan una fórmula aparentemente alejada de Batasuna e impecable desde el punto de vista judicial, tiene asegurado su papel político. Nunca ha habido tantas expectativas de ruptura constitucional como en estos meses.

–¿Los balones de oxígeno se los está facilitando el Gobierno?
–No tengo duda de que es así.

–En la plataforma de Patxi López tendrá cabida cualquiera, incluido la izquierda abertzale.
–López imita la línea de Maragall, que significa todos contra el PP.

–¿El PP lo tendrá complicado en las elecciones vascas?
–Los resultados del PP serán mejores de lo que pensábamos hace unos meses. La posición de Patxi López, al asumir el término «comunidad nacional» y una estrategia de aproximación a la izquierda abertzale, hace que la única posición constitucionalista clara sea la de María San Gil.

–¿A qué achaca ese giro del PSE?
–Nada es casual. Obedece a una estrategia de fondo del socialismo español. Es un impulso que busca una segunda transición. Lo que no pudieron hacer la izquierda y los nacionalistas tras la muerte de Franco. No se si Zapatero es una mera marioneta o es un convencido de esa estrategia.

–¿De quién es una marioneta?
–Los inspiradores son todos aquellos que han pensado que España como alternativa al Gobierno del PP era llevarla a una segunda transición. Esto está escrito en un libro de Cebrián y González. No hace falta tener teorías conspiratorias. Zapatero no sabe cómo va a administrar esta situación.

–¿Es la marioneta de Felipe y Cebrián?
–No he dicho eso. He dicho que no sé el papel que juega, aunque sí sé que está contribuyendo a que esa segunda transición se impongan.

–¿Zapatero está convencido de que Cataluña y el País Vasco se conviertan en naciones?
–Está convencido de que hay que cambiar la Constitución. De que hay que hacer otro tipo de España.

–¿Con el País Vasco y Cataluña?
–Y quizás Galicia. 2005 será un año muy importante en este proceso. Asistiremos a tres acontecimientos: unas elecciones en el País Vasco y Galicia y un cierto desenlace de la reforma del Estatuto catalán. Tratarán de sacar del Gobierno gallego al PP.

–Pero Fraga está a favor de reformar el Estatuto y la Constitución.
–Estoy en contra de la reforma de la Constitución. No hay los mínimos márgenes de lealtad que exige un cambio de este tipo.

–¿Hay que modificar la Constitución para que Cataluña y el País Vasco sean una «comunidad nacional»?
–Ésa es otra España constitucional. Exige otra transición.

–¿Zapatero, con sus reformas estatutarias, da un balón de oxígeno al PNV y al Plan Ibarreche?
–La actual estrategia del Gobierno favorece todas las dinámicas nacionalistas. El objetivo principal es que el PP sea un partido marginal.

–¿Zapatero, por debilidad parlamentaria, favorece los nacionalismos?
–Ni Zapatero sabe el desenlace del proyecto en el que se está metiendo con un alto grado de irresponsabilidad. Ni sabe evaluar las consecuencias de una política de estas características. Si no hubiese adversarios políticos y problemas territoriales... Pero cuando se tienen dos planes de ruptura... Hemos vivido una OPA hostil de ETA al PNV, que ha ganado.

–¿El Gobierno hará una interpretación flexible de la Ley de Partidos para que Batasuna concurra a las elecciones?
–Lo ha desmentido tajantemente. Pero se están poniendo encima de la mesa todos los ingredientes para que haya operaciones al estilo de las del pacto de la autovía de Leizarán. Lo que no sé decir es la fórmula. Con o sin el PNV. Las piezas que funcionarán son PSE, PNV y lo que sea de Batasuna. Eso sí, habla todos los días de firmeza y de gran exigencia frente a la lucha terrorista.

–¿ERC jugará un papel especial en las elecciones vascas?
–No creo.

–¿Pero Carod va con frecuencia al País Vasco?
–Carod-Rovira debe más a la organización ETA que al revés. ETA quiso hacerle un favor. Por eso dijo que en Cataluña se producían las condiciones suficientes de ruptura como para que no matase.

–¿El Gobierno sucumbirá a las presiones nacionalista y suprimirá el preámbulo del pacto antiETA?
–Sin duda, es lo más sustantivo del pacto. Fue lo único nuevo.

–¿Entonces, desaparecerá?
–Veremos lo que pasa con las elecciones vascas y gallegas y la reforma del Estatuto catalán. Hay que dar la batalla política para decir que esa segunda transición será una catástrofe para la historia democrática española.

–¿ETA declarará una tregua para favorecer esta estrategia?
–Tendría interés en saber los contactos que se producirán entre los elementos próximos a Batasuna, PNV y PSE. Al final, ETA puede ofrecer una tregua o si la ruptura es más fuerte, algo más. Estaríamos pagando un precio político para su final.

–Zapatero ya ha dicho que el fin de la violencia requiere de política.
–El PSOE se equivocó en el nacimiento de ETA y se puede estar equivocando en su final.Veo algunos movimientos que me inquietan.

–¿El PP está preparado para frenar el avance nacionalista?
–Tiene una enorme responsabilidad. No veo a ningún partido con la capacidad de defender los valores de la Constitución.

–¿Qué le parece que, sin embargo, Piqué esté dispuesto a firmar la reforma del Estatuto catalán?
–En las comunidades nacionalistas, cuando avanzas, es cuando sufres y no aceptas el ambiente general.

–¿Es decir, Piqué no pondrá en un compromiso a Rajoy?
–Sé qué hará María San Gil. No sé cuál será la estrategia del PP-C, pero estoy convencido de su lealtad. Aunque a veces... No me entendieron cuando dije que los herederos de Pujol eran ERC. En política hay que saber evaluar realidades objetivas. Maragall está en un proyecto de ruptura.

– ¿Se atreve a realizar un pronóstico para las elecciones gallegas, sobre todo, con un PP muy revuelto?
–Vamos a confiar en Manuel Fraga. El papel del PP en Galicia, después del País Vasco, será decisivo. Los dos resultados electorales y el de la reforma vendrían a darle la razón a los que han soñado con Euskadi, Galicia y Cataluña como naciones dentro de una nación de naciones.

–¿La unidad de España está en manos del PP?
–Los valores constitucionales. Lo que significó la España del 78 .

–¿La devolución del archivo de Salamanca es un pequeño peaje a ERC?
–Probablemente, una cosa más burda. Tienen que pagar un coste político al arbitraje de ERC.

–¿Qué opina de que ERC e IU estén dispuestos a entrar en el Gobierno?
–Prefiero quedarme en la reflexión de fondo. Insisto en que hay una estrategia para una segunda transición, que consiste en sumar fuerzas de la izquierda y el nacionalismo para marginar al PP. Sigue siendo indispensable el modelo de la primera transición, una izquierda y una derecha que jueguen un papel de alternativa, sin poner en entredicho la Constitución.

Cohesión del PP.
–¿Qué le parece que las autonomías tengan más presencia en Europa?
–El debate europeo que realiza el Gobierno lo hace para dar satisfacción a las formaciones nacionalistas. Es como el tema de las lenguas.

–¿Si la participación es mínima en el referéndum de la Constitución europea, será un fracaso del Gobierno?
–Será un mal resultado para España.

–¿Cómo valora la política exterior del Gobierno?
–Me hubiera gustado ser más generoso con el Gobierno. Lo único que me tranquiliza en este momento es en lo que no se mete y no hace.

–¿Rajoy ganará en 2008?
–Este ciclo será mucho más corto de lo que piensan. Sólo una condición, que la cohesión del PP se mantenga. Llevamos siete meses en la oposición. Cuando se pierde, hay unas circunstancias duras en un partido. Sobre todo, el aprecio hacia los demás disminuye. Nadie es referencia.

–¿Y?
–En estas condiciones Mariano tiene un mérito extraordinario por la manera en la que asumió la derrota electoral... Dentro de las dificultades, la unidad ha podido a la desunión. El aprecio político que hoy tengo por Mariano he de decir que es muy superior al que le tenía hace tiempo.

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