AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 3 Enero 2005
Contra la trampa, la Ley
Editorial La Razón 3 Enero 2005

CARTA ABIERTA A RODRÍGUEZ ZAPATERO
Francisco Rodríguez Adrados ABC 3 Enero 2005


El Gobierno opta por no hacer nada
EDITORIAL Libertad Digital 3 Enero 2005

LOS ARCHIVOS, CATALUÑA Y ESPAÑA
Jorge TRIAS SAGNIER ABC  3 Enero 2005

Es un plebiscito y la respuesta es no
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 3 Enero 2005

UN EXPOLIO CATALÁN
Juan Manuel DE PRADA ABC 3 Enero 2005

Añorando el olvido
Gabriel ALBIAC La Razón 3 Enero 2005

EL RELEVO DE ZAPATERO
Jaime CAMPMANY ABC  3 Enero 2005

¿Insensato o irresponsable
Iñaki ZARAGÜETA La Razón 3 Enero 2005

¿Es Prisa una empresa fascista
Pío Moa Libertad Digital 3 Enero 2005

EL GOBIERNO LO SABÍA...
Editorial ABC  3 Enero 2005

...Y AHORA NO SABE QUÉ HACER
Editorial ABC  3 Enero 2005

El Gobierno está triste
José María CARRASCAL La Razón 3 Enero 2005

ZP y la ruleta rusa
Lorenzo Contreras Estrella Digital  3 Enero 2005

La chispa batasuna
Luis GONZÁLEZ SEARA La Razón 3 Enero 2005

UN DEBATE SIN SENTIDO
GERMÁN YANKE ABC  3 Enero 2005

Dos hombres y un destino
Antonio PÉREZ HENARES La Razón 3 Enero 2005

España comienza a despertarse
Carlos DÁVILA La Razón 3 Enero 2005

Esperpéntica visión
Agapito Maestre Libertad Digital 3 Enero 2005

Frente nacionalista
FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo 3 Enero 2005

¿Ahora qué
PABLO MOSQUERA La Voz 3 Enero 2005

Malas artes
Luisa PALMA La Razón 3 Enero 2005

Duran y el plan ibarreche
Francisco MARHUENDA La Razón 3 Enero 2005

La cuestión vasca
CARLOS G. REIGOSA La Voz 3 Enero 2005

El bobo feroz
IÑAKI EZKERRA El Correo 3 Enero 2005

El Plan Ibarreche y el Tribunal Constitucional
Cartas al Director ABC 3 Enero 2005

La Fundación para la Libertad exige al Gobierno «la firmeza necesaria» frente al «reto de naturaleza sediciosa» del PNV
ABC 3 Enero 2005

España en peligro
"12 de Octubre"   3 Enero 2005
 

Contra la trampa, la Ley
Editorial La Razón 3 Enero 2005

Como no podía ser de otra forma, el Consejo General del Poder Judicial y la asociación mayoritaria de la Magistratura española se han unido a los voces que reclaman al Gobierno la inmediata interposición de un recurso de inconstitucionalidad contra el llamado «plan Ibarreche» para que los daños al Estado de derecho no resulten irreparables. Es evidente que la deslealtad del actual ejecutivo autónomo vasco para con la Constitución de la que deriva, exclusivamente, su legitimidad, no puede ser tratada en clave política, puesto que ha sido vulnerado unilateralmente el principio de confianza y respeto a las reglas del juego democrático que rigen la actuación institucional. Contra la trampa, no cabe otra vía que la aplicación de la Ley, máxima garantía de nuestro ordenamiento jurídico.

Preocupa, y mucho, a la ciudadanía las vacilaciones con las que el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero está abordando un asunto en el que no se debía haber perdido la iniciativa política. No hay que olvidar, que la aprobación por cámara regional vasca del proyecto separatista fue posible gracias a los votos de una formación ilegalizada, cuyo portavoz oficioso en el debate se halla en busca y captura y sobre la que pesaba una sentencia del Tribunal Supremo que no ha habido voluntad de hacer cumplir. Con estos antecedentes, es de una ingenuidad pasmosa pretender que el lógico devenir parlamentario del texto secesionista sea suficiente para conjurar el desafío.

Ya se da por supuesto que el proyecto del PNV va a ser rechazado en su obligada consulta al Parlamento nacional. Pero la realidad de ese rechazo ya había sido descontada por el lendakari Ibarreche cuando se apresuró a delimitar un supuesto «ámbito vasco de decisión» que excluía la voluntad y la opinión del resto de los españoles. Ante el previsto revolcón de las Cortes, los nacionalistas vascos, con el apoyo entusiasta de ERC, responderán con una convocatoria de referéndum, por muy ilegal que sea, elevando la crispación a niveles demasiado peligrosos. Es momento de preguntarse por la oportunidad de la reforma legal instigada por el anterior gobierno de Aznar, por la que se castigaba penalmente la convocatoria espúrea de consultas populares y que fue desactivada por el actual Ejecutivo.

El recurso al Tribunal Constitucional es, además de legalmente impecable, el mejor camino desde el punto de vista del ejercicio de la política para enfrentar uno de los mayores retos de la reciente democracia española. Y lo es, porque anula uno de los objetivos que subyacen en todo el proyecto del nacionalismo peneuvista: la escenificación en la calle de una supuesta fractura social vasca insidiosamente provocada desde las instituciones.
Hace bien el Partido Popular en buscar fórmulas que salven la, al menos, aparente indecisión de Zapatero. Pero no es la mejor de las soluciones. Es mucho lo que se juega la democracia española para que los dos grandes partidos nacionales no actúen, lealmente, y de consuno.

CARTA ABIERTA A RODRÍGUEZ ZAPATERO
por Francisco Rodríguez Adrados. de las Reales Academias Española y de la Historia. ABC 3 Enero 2005

SEÑOR Rodríguez Zapatero, presidente del Gobierno: No le conozco, pero le conozco un poco porque mi padre también era de León y también se llamaba Rodríguez: Rodríguez Rodríguez Rodríguez. Decía que él venía de don Rodrigo Díaz de Vivar, no del del Guadalete. Era de la Maragatería, de un pueblo no lejano a Astorga, Prada de la Sierra, hoy abandonado, una especie de Pompeya, pero menos.

Era, como usted, cazurro; supo capear el temporal y salir indemne, aunque por poco, de la guerra civil. Además de esta herencia, he estudiado mucha historia y tengo una idea de cómo funcionan las cosas en las sociedades humanas, en las naciones ¡vade retro, ya están las naciones! Por esto me atrevo a escribirle, en un momento crítico de la vida de nuestra nación -sí, nación- española. A la que algunos quieren devolver a los años treinta o a Atapuerca.

No quiero entrar ahora en sus relaciones con los nacionalistas y separatistas catalanes, que estoy muy feliz con no compartir. Son las mismas que los socialistas tuvieron con ellos en los años treinta y ya ve cómo salió. Pero hoy me contento con los vascos, con la gama que va del PNV a ETA.

Ya sé, ya sé, que usted es cazurro como mi padre, yo mismo a ratos. Ya sé que intenta que sus aliados no le retiren su apoyo, a base de tolerarles algunas distorsiones semánticas como eso de la nación, algunos desafueros que arropan los «expertos» (no en archivística) y de insuflarles un poco, no tan poco, de dinero. Pero, en fin, dejo en paz a los catalanes, usted los necesita, quizá tenga razón y acabe por apaciguarlos. No al pueblo catalán, por favor, a unos pocos agitadores.

Pero, ¿qué me dice de los nacionalistas y separatistas vascos, que usted, estrictamente, no necesita? Confía, evidentemente, en desgastarlos y llegar a un acuerdo conveniente.

Créame, soy viejo, he leído mucho, he visto mucha historia y carezco de ambiciones (querría ayudar, tan solo, un poco a la enseñanza): el apaciguamiento es un error, piden cada día más al que ven como adversario blando. Recuerde a Hitler y Chamberlain. Y si guarda la dureza para el momento oportuno, temo que llegará tarde.

Yo encomio su buena voluntad, mezclada con la ambición comprensible de lograr la paz (que sólo ellos rompen) y conservar el poder. Pero hay errores.

Coja un librito llamado Constitución y lea. La conozco bien, he dado conferencias sobre ella, la tengo en varios formatos desde el de miniatura al grande, en hermosa letra manuscrita, del mismo 78. La conoce usted también. Pero, antes, un inciso.

¿Cómo se puede tolerar la burla electrónica de la democracia por un señor Atucha (que en tiempos parecía honorable)? Lea, lea los periódicos del día 29, del ABC a El País. ¿Cómo puede tolerarse que ese señor se burle del Tribunal Supremo, que una juez le dé la razón? ¿No está primero España? Lea, lea.

¿Y cómo puede tolerarse que se organice un plebiscito o referéndum con propuestas anticonstitucionales? Ha errado, señor Zaptero, despenalizando ese atentado.

¿Van, de verdad, ustedes a tolerar ese plebiscito o referéndum o consulta o lo que sea? Si así es, van a ir al ostracismo para muchos años.

Yo soy helenista, como tal me conoce todo el mundo. En Atenas se inventó la democracia, he escrito libros sobre ella. Con una Constitución que nunca se escribió, pero que se respetaba (cuando dejó de hacerse, se acabó la democracia). Atenas era una. Cada uno de las diez tribus o distritos tenía tres divisiones o «demos» en lugares diferentes. Como si dijéramos, una en Gerona, otra en Almería, otra en Lugo. Se sumaban los votos de las tres.

¿Entiende? Y si alguien presentaba a la Asamblea una proposición, se cuestionaba antes su legalidad. Rechazada, no llegaba a la Asamblea. Y la pena era muy, muy grave. Ningún espacio de juego político para ninguno de esos brujos que sabemos.

Esto los atenienses, que algo han representado en democracia. Más que nosotros, desde luego. Pero vuelvo a nuestra Constitución. El artículo 6 dice que los partidos políticos «son libres dentro del respeto a la Constitución y a la ley». Y el artículo 2 habla de la «indisoluble unidad».

Entonces, los partidos que sabemos violan la Constitución, quieren partir a España. Todo partido, para ser legal, debe acatarla. Jamás, jamás de los jamases debió tolerarse que partido alguno se saliera, en su programa, de ella. Habría que haberles pedido formal acatamiento. Pero ya que no se hizo, hay que arreglarlo, aunque sea tarde.

Aplique, de una vez, de acuerdo con el Senado, el artículo 155, que establece la manera de obligar a una Comunidad Autónoma al cumplimiento forzoso de sus obligaciones. Mejor es tarde que nunca. Cada vez será más difícil, si se deja.

Su compañero Blair va más lejos: suspende la autonomía de Irlanda del Norte hasta que los rebeldes entran en razón. No pasa nada.

Créame, señor Zapatero: todas las vías son peligrosas, pero este juego suyo es el más peligroso de todos. Usted se juega el que la Historia le llame el pacificador de España o el nuevo don Rodrigo, el del Guadalete, no el de Vivar. O consigue una paz definitiva, haciendo renunciar a esos señores a lo que creen que se les viene ya a las manos, o debe romper con ellos de una vez.

Aplicando la ley. Rompiendo el juego de los compromisos. Después de todo, España es más importante que el poder ocasional de unos o de otros y que las pequeñas ambiciones personales. La alianza, por un tiempo, con el Partido Popular, con el cual las diferencias no son tan importantes, sería, políticamente, la salida más clara. Es una opinión, quizá haya otras.

No es cuestión de socialismo o no socialismo. Todos somos, hoy, socialistas, hay tan solo pequeñas diferencias de matiz. La lucha no es por el socialismo, es por el poder. Legítima, no dudo. El socialismo ha renunciado, de otra parte, a ciertas irracionalidades, aunque algunas le quedan, creo que negociables. Pero hay límites: tolerar que España se disuelva como un azucarillo y creer que esa disolución va a contenerse con pequeñas propinas y favores, unas piltrafas de semántica, unos trozos de archivo y unas bolsas de doblones, es un error. Quieren partirlo todo. A España, a usted y a mí.

La situación es crítica, créame. Lea los libros de Historia, hoy se lee poca Historia y hay quienes se dedican a falsificarla. España no la hemos inventado ahora, como dicen, no la imponemos, viene de largos años, de largas guerras de independencia, de largos procesos de interpenetración, de varios condicionamientos recíprocos. Como Francia o Italia o Alemania.

Es un bien para todos, también para los que no la quieren y prefieren ser cabeza de ratón. Dañino para sus propios pueblos.

Créame, señor Zapatero: ese camino es malo, asusta a todos, a los socialistas también. Algunos lo dicen bien alto. No deje que vaya más lejos. Un golpe de timón, democrático, sí, es necesario. Nada me gustaría más que su éxito. O el de cualquier otro que recondujera el proceso de progreso del país. De un país uno.

Perdóneme, pero creo que era el momento. Después de todo, yo sé, me temo, más Historia que usted y sus falsos aliados y sus amigos los mitómanos. Pero recuerdo aquello de Heródoto: lo más doloroso para un hombre (no para mí, para muchísimos) es saberlo todo y no poder nada. Ayúdenos. Ayude a su partido. Ayude a España. Es una de las cumbres de Occidente, en fase de crecimiento con tal de que se cierre el paso a las intoxicaciones.

Y disculpe. FRANCISCO RODRÍGUEZ ADRADOS de las Reales Academias Española y de la Historia

El Gobierno opta por no hacer nada
EDITORIAL Libertad Digital 3 Enero 2005

La rebelión institucional puesta en marcha en el País Vasco no sólo pone en evidencia la determinación de los nacionalistas por hacer de una vez realidad los principios secesionistas con los que fundaron el PNV y, más tarde, ETA, sino también la pasividad —cuando no condescendencia— del partido que tiene la responsabilidad del Gobierno de la nación.

Acogerse al hecho de que el Plan Ibarretxe no prosperará porque el PSOE y el PP lo rechazarán en las Cortes Generales, tal y como acaba de limitarse a hacer el presidente del Gobierno y flamante “Personaje del año” del diario El Mundo, ya son ganas de no querer ver la determinación de los nacionalistas por saltarse la ley y de ignorar su anunciada decisión de hacer caso omiso a lo que se diga fuera del Parlamento vasco. La actitud de Zapatero se asemeja a la del policía aquel que trataba de tranquilizar a una mujer amenazada asegurándole por teléfono que no será víctima de ningún maltrato porque están claramente prohibidos por ley...

Lo que está claro es que los nacionalistas pincharon, notaron blando y siguieron profundizando. Ya fue lamentable que en su última reunión del Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, ni el PSOE ni el PP trataran la rebelión institucional que, sólo horas más tarde, iba a escenificarse en el Parlamento de Vitoria con el apoyo de los diputados de ETA. Sólo un día después de asegurarnos los representantes del partido en el Gobierno y del principal partido de la oposición que se iban a tomar medidas judiciales para reducir la presencia de Batasuna en ámbitos públicos, ahí salía el representante de ETA en el Parlamento de Vitoria ofreciendo su apoyo al resto de los nacionalistas y leyendo un comunicado del jefe de la banda, en lo que constituye un clarísimo —como impune— delito de apología del terrorismo.

¿Y qué han hecho ahora tanto el presidente del Gobierno como el líder de la oposición? Rajoy, en lugar de solicitar con carácter de urgencia una reunión del Pacto por las Libertades o exigir una comparecencia inmediata del presidente del Gobierno en el Parlamento para que informe de cuáles son los pasos que tiene previsto dar, no ha sabido escenificar el dramatismo que conlleva esta rebelión anunciada por parte del nacionalismo vasco. Aunque Rajoy, con todo, no le haya quitado hierro en el fondo, sí lo ha hecho en las formas, limitándose a tratarlo en una entrevista dominical. Pero es que Zapatero, que es, por su parte, quien mayor responsabilidad tiene de cara a la necesidad de hacer frente a la rebelión que se ha puesto en marcha, no nos ha dicho cómo piensa sofocarla, transfiriendo así su obligación de cumplir y hacer cumplir la legalidad constitucional vigente a lo que salga de las urnas en las próximas elecciones autonómicas vascas.

Es imprescindible que, ante el desafío lanzado contra la democracia en España, todas y cada una de las instituciones vascas donde gobiernen PP y PSOE se desmarquen de la vía ilegal emprendida por los representantes autonómicos vascos, tal y como ha hecho ya, en reunión extraordinaria, la Diputación General de Álava. Así mismo, es imprescindible que ZP diga ya qué piensa hacer si los nacionalistas, tal y como han advertido, no hacen caso al rechazo de las Cortes al plan ilegal de Ibarretxe. Los españoles tenemos derecho a saber ya qué grado de ilegalidad perpetrado por los nacionalistas va a ser el que desencadenaría la aplicación por parte de nuestro Gobierno del artículo 155 de la Constitución, bajo el cual se suspendería la autonomía vasca. También tenemos derecho a saber cómo nuestro Gobierno trataría el anunciado referéndum ilegal por parte de Ibarretxe. Ya sabemos que el jefe del Ejecutivo lo quiere dejar impune, lo que se trata ahora es de saber si estaría dispuesto a desplegar fuerzas policiales para evitarlo o, por el contrario, dejaría que se celebrara sin reconocerle efectos jurídicos o políticos.

Ni el PSOE, por mucho que lo lidere Zapatero, puede eludir sus responsabilidades de Gobierno ni, en tal caso, el PP renunciar a sus labores de oposición. En este sentido, también cabe exigir al presidente explicaciones por las declaraciones de su socios independentistas de Gobierno, que aseguran que lo ocurrido en Euskadi es “sólo un entremés” de lo que pasará en Cataluña. Ciertamente, si Zapatero está dispuesto a refrendar cualquier referéndum contra la soberanía nacional y constitucional —tal y como dijo que estaría dispuesto a hacer antes de llegar al Gobierno— “el drama”, como diría Maragall, estará servido.

LOS ARCHIVOS, CATALUÑA Y ESPAÑA
Por Jorge TRIAS SAGNIER ABC  3 Enero 2005

EL nacionalismo catalán, y en él incluyo a la cúpula -pero no la gran base- que dirige, casi en forma de monopolio desde la transición, el socialismo en Cataluña, ha montado un planteamiento político reivindicativo basado en una falsedad histórica, inventada por algunos historiadores militantes. Según esa extravagante teoría, mientras en España las izquierdas habrían perdido la Guerra Civil, en Cataluña la guerra la habría perdido el conjunto del país. Y asumiendo como dogma esta premisa falsa, el nacionalismo catalán ha ido desgranando sus sucesivas reivindicaciones. En Cataluña, pues, todos, excepto un minúsculo grupúsculo de falangistas, habrían perdido la guerra; y el «país» habría quedado sumido en el ostracismo y en la desgracia. En fin, que una cosa es España y otra, completamente distinta, Cataluña. Y por este casi indiscutido razonamiento, estaría ahora legitimado el «derecho» a construir una nación catalana al margen de la española. Y, como quien puede lo más puede lo menos, Cataluña también tendría derecho a reivindicar, como en el asunto de los papeles conservados en el Archivo de la Guerra Civil de Salamanca, todo aquello que España le hubiese «expoliado».

Pero la realidad es muy distinta y muy tozuda. Resulta que «Cataluña» no perdió ni ganó la Guerra Civil de forma distinta a como se ganó o perdió en el resto del país. Ahí hubo de todo, como en botica. En algunos lugares de España, como en Sevilla o San Sebastián, la sublevación triunfó rápidamente y en otros, como en Madrid, Barcelona o Valencia, los alzados tardaron en imponerse. En Cataluña, como en el conjunto de España, hubo también personas que no estuvieron de acuerdo con el régimen nacido el 18 de julio, pero menos lo estaban con el que trataban de imponer individuos como Largo Caballero o como Companys. Quienes no se identificaron con ninguna de las partes de la contienda civil, constituyeron ese minoritario grupo que se ha denominado la «tercera España», esa España que quedó fagocitada por el torbellino de la guerra, pero que tras cuarenta años de catártica dictadura, resurgió de sus cenizas, alumbrando el abrazo constitucional de 1978. Y desde entonces, hasta la llegada del «tripartito» catalán y de Zapatero, parecía que lo de las dos Españas había sido, finalmente, superado. Y esa tesis de la «Cataluña vencida» tampoco era ya sostenible. Afortunadamente poseíamos muchos datos. Cambó anotaba en su diario: «El 19 de julio recibí telefónicamente la noticia de que Barcelona se encontraba en manos de la FAI, que las iglesias ardían y que mi casa había sido ocupada. Muchos hombres de la Lliga fueron asesinados». Es decir, como en toda España. Cambó, incluso, fue más allá y sobre el fusilamiento de Companys escribió lo siguiente: «El fusilamiento fue un inmenso error de Franco. ¿Injusto? Él, el 6 de octubre del 34 había cometido el mismo delito que los militares... y fue indultado. En 1936 él hizo fusilar a todos los militares sublevados». Si queremos, pues, estudiar con objetividad los orígenes de la guerra y los crímenes que se cometieron en esa época, el desarrollo de la contienda, y la represión franquista, sería un error monumental trocear el Archivo de la Guerra Civil que se custodia en Salamanca. Asunto distinto es que algún documento, como el único ejemplar original del Estatuto de Autonomía de 1932, se entregue a la Generalitat.

Constitución europea
Es un plebiscito y la respuesta es no
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 3 Enero 2005

En pocas semanas se va a celebrar un plebiscito sobre el Gobierno radical de Rodríguez. Aparentemente, se trata de un referéndum sobre ese tratado al que llaman Constitución Europea, pero a nadie se le escapa que el presidente se dispone a usarlo alegremente de la misma manera que Felipe González usó el referéndum de la OTAN con provecho y beneficios sin cuento (para él).

Rodríguez llegó por sorpresa, como apunta Le Figaro, y accidentalmente, como observó The Wall Street Journal. Tras dos años de agresividad, guerracivilismo, demagogia y conversión del adversario en enemigo a costa del Prestige y de la guerra, tras la fulminante operación de intoxicación masiva urdida entre el 11 y el 14 M, la aritmética parlamentaria puso al Gobierno sorpresivo y accidental en manos de grupos conjurados para volar el consenso constitucional y descuartizar España gratis.

Han sido ocho meses de inoperancia en la gestión, de eficaz propagandismo, de alianza con ambiguos lobbies, de lenguaje políticamente correcto hasta la náusea, de provocación sistemática a la Iglesia Católica y con ella a millones de ciudadanos, de sectarismo en los medios de comunicación, de ataques a personas y medios críticos con acusaciones falsas, de vergonzosas preferencias entre comunidades autónomas, de renuncia a los propios principios ideológicos y a las mínimas responsabilidades de Gobierno, de incansable trabajo en contra de los intereses de España en el exterior. Hoy, aparte de ellos mismos, a los socialistas españoles los respetan un par de tiranos hispanos y dos potencias extranjeras: Mongolia y Angola.

Esto es lo que hay. Y también un plebiscito a la vuelta de la esquina con el que Rodríguez pretende borrar todo lo anterior mediante el minucioso aprovechamiento, una vez más, del sentido de estado de la derecha, el que llevó precipitadamente a Rajoy a sumarse al sí. Es lo de la OTAN. Por eso el sí que nos van a vender Gabilondo y Del Olmo no trata de Europa. Si tratara de Europa también habría que rechazarlo por motivos que, personalmente, empecé a exponer aquí hace medio año y que le resumí a Ana de Palacio en La Linterna de la COPE el pasado martes: 1) la Constitución Europea no es una constitución; 2) es terriblemente intervencionista; 3) no recoge los valores fundacionales de Europa; 4) por algún motivo no nos la explican; 5) empeora la posición obtenida por España en Niza; y 6) Rodríguez la va a utilizar como un plebiscito. Y este es el punto clave.

Existe en el no una posibilidad nada desdeñable de conducir a Rodríguez a la convocatoria de elecciones anticipadas. Elecciones que, por supuesto, preferiría que ganara el PP. Si no es así, lo mejor es que las gane el PSOE por mayoría absoluta. Que al menos gobiernen libres de tanto chantajista como hoy guarda cola en la Moncloa.

UN EXPOLIO CATALÁN
Por Juan Manuel DE PRADA ABC 3 Enero 2005

EL inminente desmantelamiento del Archivo de Salamanca propiciará en breve un alud de peticiones pintorescas o directamente anfetamínicas. Después de todo, si Cataluña puede reclamar con éxito los documentos del Archivo, ¿por qué no van a hacer lo propio desde cualquier otra comunidad autónoma, municipio, asociación vecinal o peña recreativa legalmente constituida? En apenas unos años, el Archivo de Salamanca se convertirá en un delirante almacén de fotocopias, pues -como acaba de sentenciar el vicepresidente aragonés- si el Quijote no lo leemos en el original, ¿por qué no podrían los estudiosos que acuden al Archivo consultar copias? La encantadora cazurrería del vicepresidente aragonés resume a la perfección el grado de incuria intelectual al que se puede descender, cuando el sentido de la Historia y el mero sentido común son pisoteados por el filibusterismo político. En esta casa de tócame Roque en que empieza a convertirse nuestra España plural cualquier chantaje disfrazado de reivindicación histórica triunfa, si se adereza de buen talante.

A la vista del pandemónium, cualquier museo o archivo corre el riesgo de convertirse en proveedor de las más folclóricas solicitudes localistas. Pero sería una lastimosa tragedia que, en medio del barullo que sin duda promoverán los pescadores en río revuelto y los excursionistas por los cerros de Úbeda, se soslayen o silencien algunas reclamaciones patrimoniales fundadas en la más estricta justicia restitutoria. Es el caso de las que, desde diversos municipios de Castilla y León, se dirigen contra el Museo Marés, propiedad del Ayuntamiento de Barcelona, entre cuyos fondos expuestos al público se cuentan hasta ciento ochenta piezas usurpadas en fechas relativamente recientes al patrimonio castellano y leonés. Todas estas piezas -y otras muchas que permanecen encerradas en los sótanos de la institución- fueron expoliadas por el coleccionista Federico Marés en los años posteriores a la Guerra Civil (muy señaladamente en las décadas de los cincuenta y los sesenta), con el auspicio de los elementos más corruptos de la administración franquista y la ignorancia o venalidad de algunos clérigos que enajenaron por cuatro perras bienes de incalculable valor.

Las razzias de Marés, que dejaron desplumadas decenas de iglesias rurales de Castilla y León, degeneraron con frecuencia en rapiñas en el sentido estricto de la palabra, como la perpetrada en 1969 en Tubilla del Agua (Burgos), donde el ínclito Marés arrambló con diversos elementos arquitectónicos de la iglesia de San Miguel y hasta con una valiosísima pintura mural, dejando el edificio reducido a escombros. De la magnitud del expolio perpetrado por Marés da testimonio la colección de Cristos románicos del Museo, muchos de los cuales no especifican -en un alarde de cinismo realmente notable- su lugar de procedencia, como si las tallas le hubiesen llovido del cielo al bueno de Marés durante sus paseos campestres. Similar origen non sancto, por cierto, poseen algunas de las piezas exhibidas en el Museo Nacional de Cataluña, como las pinturas funerarias de Mahamud o los cinco sepulcros de Villamayor de los Montes. De todos estos latrocinios y de otros muchos cuya mera enumeración suscita pavor levanta dolorido inventario Gonzalo Santonja en un libro de inminente publicación, titulado «Museo de niebla».

¿Será tan diligente el Gobierno de la España plural en corregir este expolio crudelísimo del patrimonio castellano y leonés como en convertir el Archivo de Salamanca en un almacén de fotocopias?

Añorando el olvido
Gabriel ALBIAC La Razón 3 Enero 2005

Hay años que uno debiera surcar bajo el cobijo protector de un largo sueño. Años de no vivir, de no estar obligado, sobre todo, a cargar en la memoria para siempre. No hay hipérbole, si digo que, entre todos los años de mi vida, quisiera que éste fuera borrado del recuerdo para el tiempo que me quede; poder vivir sin el acecho de sus sombras es el único don –ya sé que inmerecido– a cambio del cual tanto se me daría vender mi alma, ese despojo ajado, viejo inútil, que es mi alma, al más triste diablo.

No es lo terrible lo que no soporto. A lo terrible estoy habituado desde lo más remoto de mi infancia: ¿a quién que haya nacido en la España de 1950, y en la miseria silenciosa de los perdedores, puede cosa terrible alguna parecerle algo más bien que nada? Lo terrible, lo sé idéntico a lo humano. Ni siquiera me fue preciso escuchar a la Antígona de Sófocles (eso vendría con algunos años de retraso) para tener certeza de esta clara evidencia: que lo humano y el espanto son lo mismo. Al cabo de algo más de medio siglo de intimidad con su feroz monotonía, ya ni me afecta.

La oscuridad es otra cosa. Conozco a una niña pequeñita que puede lanzarse por las montañas rusas más perpendiculares sin otros alaridos que los de alegría; y cuyo corazón estalla en el silencio de una habitación a oscuras. Soy como ella. He tenido que surcar –maldigo de ello– tiempos frenéticos, atiborrados de acción y muerte; cargados también con las retóricas sonoras y las lelas esperanzas, sin las cuales nadie podría abandonarse a su corriente mortuoria. Puede que haya acabado por ser un yonki de eso: ya ni emoción ni vértigo percibo en los bruscos trallazos de la historia; los conozco, no he conocido otra cosa, me son domésticos. Algunos de los de mi edad, estoy seguro, saben de qué estoy hablando.

La oscuridad, no. Nadie puede hacerse un hogar en ella. Lo invivible del 2004 no son los 192 asesinatos políticos del 11 de marzo. Asesinato y política van, por definición, unidos: son las reglas del arte. Nadie entra en el Estado si no está dispuesto a hacer de los cadáveres parapeto. O escalera. Nadie permanece en la política sin asumir un salario de sangre. Por eso no me escandalizó el GAL: estaba en la lógica del felipismo. Hice lo poquísimo que pude para que alguno, al menos, de sus beneficiarios pagase, aunque fuera microscópicamente, por lo hecho. Era posible. Al menos.

En el 11 de marzo acaeció otra cosa: el imperio perfecto de las sombras. Supe, desde el segundo día, que jamás conoceríamos lo sucedido, y que ésa era la apuesta. Que esta vez alguien, en cloacas o salones del Estado, había jugado demasiado fuerte. Quise perder, en ese instante, la memoria. Y así sigo. Y fracaso.

EL RELEVO DE ZAPATERO
Por Jaime CAMPMANY ABC  3 Enero 2005

TENDRÍAN que ser los propios socialistas quienes se encargaran de que no vaya adelante este grave desbarajuste que ha provocado el Gobierno de Zapatero, y quienes se aplicaran a remediar las consecuencias del desaguisado en lo que sea posible y a la mayor velocidad.

Deberían ser los socialistas quienes apañen los trastos rotos. Y eso por varias razones, sobre todo por tres principales. Una. Porque no sería bueno ni para la democracia ni para España que el socialismo quedara tocado de descrédito para gobernar después de una primera experiencia marcada por el crimen de Estado y la corrupción generalizada, y de una segunda etapa de gobierno caracterizada por la ruptura de las líneas maestras de la Constitución y la descomposición de España. Dos. Porque la necesidad de tomar medidas, quizá severas y enérgicas ya a estas horas del estropicio, serán aceptadas con más naturalidad por sus votantes que si tiene que llegar el Partido Popular, vestido de bombero, a sofocar el incendio. Y tres. Porque un partido que desde su fundación defiende la igualdad entre los hombres y mujeres del mundo, y entre los territorios de España, debe redimirse de la complacencia en ceder desigualdades a cambio del placer de gobernar.

Se hace cada día más necesario que hablen entre ellos los pesos pesados del Partido Socialista y busquen y promuevan un relevo para Zapatero. El Gobierno de España y el futuro del socialismo está en manos de socialistas mindundis. Pero ¿quién es ese Caldera dentro del partido, y quién es ese Pepiño Blanco y quién es el propio Rodríguez Zapatero y quiénes son las ministras de cuota? Que hablen sobre ello, si es que no han hablado ya, Felipe González, Javier Solana, Alfonso Guerra, José Borrell, Pedro Solbes, José Bono, Manuel Chaves, Rodríguez Ibarra, Paco Vázquez, Joaquín Almunia, Gregorio Peces-Barba, Nicolás Redondo Terreros y los que yo haya olvidado, y que encuentren entre todos un socialista que sepa lo que es Europa, lo que es Norteamérica, lo que es el terrorismo, lo que es la economía, lo que es gobernar sin tener las manos y las ideas esenciales atadas, lo que es el socialismo democrático y, sobre todo, lo que es España. Que aprenda a gobernar para una Nación en vez de sonreír para todos sus habitantes.

En ese partido tiene que haber personas con sentido común, con la razonable prudencia exigible en un gobernante, con la generosidad suficiente para rodearse de gente útil y honesta y con la capacidad necesaria para vencer la fatiga, porque la política es un ejercicio más duro que difícil. Que conozca el país donde vive, y de cuáles ambiciones brotan la aspiración al privilegio y a la superioridad. Y que no acepte ayudas que empobrecen ni alianzas que matan.

No creo que sea difícil encontrar un relevo de categoría razonable y cumplida. Tampoco es necesario encontrar la paloma azul, pero es necesario que el socialista encontrado para hacerse cargo del Gobierno en esta tesitura posea al menos dos dedos de frente, incluso sería conveniente que tenga algunos adarmes más de talento que de talante. Gobernar no es sonreír y jamás el mejor político ha sido el más simpático ni el más sonriente. Eso se queda para las aspirantes a miss.

¿Insensato o irresponsable?
Iñaki ZARAGÜETA La Razón 3 Enero 2005

Lamentablemente, sucedió tal como predije hace meses desde esta periferia, cuando la mayoría de los analistas garantizaban que la sangre no llegaría al río, que el Gobierno vasco iba de farol. Están en las hemerotecas. Pues no, el Parlamento de Euskadi ha aprobado el Plan Ibarretxe. Y el lehendakari lo ha sacado adelante del modo más beneficioso para él, con todo el nacionalismo, incluidos los ilegales. Y sin Xabier Arzallus de presidente. Más aún, con la presencia entusiasta de Josu Jon Imaz, para muchos el sucesor más flexible y más conveniente en la presidencia del PNV para los intereses del Gobierno de Madrid. En mi opinión, no se han podido cometer más errores en el estudio de las expectativas políticas vascas. Al menos, en los últimos diez años. Y eso que se ha acertado en la lucha policial contra el terrorismo.

Se equivocó José María Aznar en identificar totalmente el problema terrorista con el político, señalando que la supresión del primero conllevaba la del segundo, y en promover la cruzada mediática contra el PNV. Pisó en falso porque esa perspectiva le impidió contemplar el actual escenario y el futuro. Más aún, todo ello favoreció que al conflicto político con el País vasco se añadiera el catalán con la victoria del PSC de Pasqual Maragall y de la ERC de Josep Lluis Carod-Rovira en aquella autonomía. Recuerden que fue anterior a la de José Luis Rodríguez Zapatero.

La llegada de éste a La Moncloa, con su talante tan acertadamente plasmado por Luis María Anson como «Zapatero I el de las mercedes», ha empeorado la situación dando a entender que la fórmula territorial, el Estado, está en almoneda. Evidentemente, el acoso es brutal y su espíritu dialogante no parece suficiente cuando su responsabilidad no sólo es hacer frente al problema, sino arreglarlo. Y para ello ha de contar con la complicidad del otro partido mayoritario, el PP. Y ¡atención! que, si el nacionalismo obtiene mayoría en las próximos comicios autonómicos de mayo, habrá convocatoria de referéndum. A ver quién y cómo se paraliza.

Por su parte, Juan José Ibarretxe no debe sacar pecho. Ha abierto un filón muy peligroso con graves riesgos, internos y externos. Al igual que ha distorsionado las relaciones con España, Álava le puede provocar serios quebraderos de cabeza y, por supuesto, el resto del país. El aumento de la tensión puede explotarle en su propio proyecto.

¿Cuál es la solución? Yo no la conozco, ni siquiera tengo por qué saberla. En este sentido me declaro parte de esa masa de la que José Ortega y Gasset escribía en su más importante obra que «ha venido al mundo para ser dirigida, influida, representada y organizada...». Aplíquense pues los políticos porque, entre otras cosas, para eso les pagamos.

Lo peor es que Zapatero da la impresión de estar al margen del conflicto. Como si no fuera con él. ¿Insensato o irresponsable?

Prensa
¿Es Prisa una empresa fascista?
Pío Moa Libertad Digital 3 Enero 2005

Es muy fácil recordar el libro de Cacho sobre los orígenes de PRISA, en pleno franquismo y valiéndose de información privilegiada originada en centros oficiales de aquel régimen. O la trayectoria de Juan Luis Cebrián en cargos de la mayor responsabilidad ligados a la comunicación y propaganda de la dictadura. O los comienzos de varios de sus colaboradores destacados en el diario falangista Arriba. Y tantas otras curiosidades por el estilo.

Pero esto, en principio, no tiene excesiva significación. Mucha gente ha cambiado y lo ha hecho de modo sorprendentemente radical. En España apenas hubo oposición real al franquismo, mientras que ahora, cuando ya no hace falta, casi todo el mundo parece haberse vuelto "antifranquista" y resuelto a derrotar a Franco. Poco habría que objetar a tales actitudes, al margen de su evidente majadería, si no fuera porque el cambio se ha producido con sospechosa rapidez y sin la oportuna aclaración. En tales circunstancias resulta poco aplicable el refrán "rectificar es de sabios". Un caso bien notorio: a principios de los años 80 el PSOE renunció al marxismo, cambio crucial, pues esa doctrina totalitaria había orientado todos sus pasos hasta entonces. Cambio para bien de la democracia, ciertamente, pero realizado sin el menor examen autocrítico, sin la menor reflexión sobre lo que habían significado para la España del siglo XX los intentos de aplicar las teorías genocidas de Marx. Falto del indispensable análisis, el partido sólo se transformó superficialmente, y lo estamos comprobando a diario: sostiene las mismas ideas con que los terroristas justifican su acción, y por tanto no cesa de dar victorias al terrorismo, aunque condene retóricamente sus métodos

Como se ha dicho a menudo, entre fascistas y marxistas hay más semejanzas que diferencias, al menos en cuanto a su objetivo inmediato: la destrucción de la democracia. Drieu la Rochelle, francés colaboracionista de la ocupación alemana (como tantos, empezando por Mitterrand) lo explicó en una frase ingeniosa: "Los nazis son los cínicos, porque admiten abiertamente su tiranía, su violencia; y los comunistas son los hipócritas, porque niegan descaradamente las suyas". La hipocresía da mejor resultado: ¡permitió a Stalin salir de la guerra mundial como defensor de la libertad frente al fascismo! Los dos movimientos son además ateos o ateoides, y no encuentran ninguna razón de orden moral común que les impida imponer sus aspiraciones con la brutalidad precisa. Mussolini explicó alguna vez que el fascismo era menos cuestión de doctrina que de estilo: el estilo de la violencia, de la imposición chulesca, del heroísmo prefabricado (aunque debe reconocerse que su régimen fue poco cruento y resultó casi un balneario, comparado con el nazi o el soviético).

Esta digresión viene al caso de la actitud crecientemente antiliberal del grupo PRISA. Aunque las técnicas de la hipocresía aludidas por Drieu la Rochelle han sido vastamente practicadas por El País y la SER, cualquier observador medianamente sagaz ha podido comprobar con frecuencia la censura, la manipulación y la vulneración de las normas democráticas en las empresas prisaicas. El reciente caso del crítico Echevarría ha tenido gran repercusión, pero dista muchísimo de ser único o especialmente grave. El carácter de El País quedó bien visible ya hacia el final de la Transición, cuando apoyó incondicionalmente a los nacionalistas e izquierdistas catalanes que vulneraban la ley aplicando coacciones, amenazas y violencias a quienes defendían la Constitución y los derechos democráticos de los castellanohablantes. El País ocultó o desvirtuó ante sus lectores la información pertinente, silenció a los demócratas y contribuyó a su linchamiento mediático.

Jiménez Losantos, principal víctima, ha relatado en Lo que queda de España, de muy recomendable lectura, aquella infamia, la cual debiera ser recordada a menudo, pues constituyó algo así como una fechoría fundacional. Después de ella vinieron el "antenicidio", las denegaciones del derecho de réplica y mil formas de manipulación o campañas de silenciamiento o linchamiento. Cuando salió a la luz la marea negra de la corrupción socialista, PRISA contribuyó a ella motejando de "sindicato del crimen" a los periodistas que defendían la libertad de todos al impedir la institucionalización del robo desde el poder tipo PRI mejicano. Por no hablar de la prolongada insistencia prosaica en la negociación con la ETA a expensas del estado de derecho, de sus simpatías iniciales y no tan iniciales por regímenes como el de Jomeini o por diversos movimientos terroristas internacionales, o sus manipulaciones en relación a los movimientos desestabilizadores contra el gobierno Aznar con motivo del Prestige o de la guerra contra el genocida Sadam… Un estudio a fondo de la trayectoria periodística –no digo empresarial– de El País o la SER traería muchas sorpresas a los ingenuos que siguen teniendo a ese negocio por paradigma de la democracia.

Ahora, PRISA está metida de hoz y coz en una campaña típicamente jacobina contra la Iglesia. Que la Iglesia sea criticada no es ningún delito, sino lo más normal en democracia. Pero la "crítica" se convierte aquí en una mezcla de calumnia y burla soez, en un estilo muy característico. En vísperas de Navidad, un programa televisivo de la empresa explicaba "cómo cocinar un crucifijo": se le trocea, se lo unta con mantequilla y "al tercer día" sale del horno "en su punto"; las burlas contra el papa son tan frecuentes y zafias como puede esperarse de una mentalidad fascistoide; han llegado a grabar ocultamente confesiones en una iglesia de Madrid para reproducirlas entre risotadas en un programa radiofónico …

Todo ello vulnera el código penal que en su artículo 525 condena las ofensas a "los sentimientos de los miembros de una confesión religiosa" y a quienes "hagan públicamente, de palabra, por escrito o mediante cualquier tipo de documento, escarnio de sus dogmas, creencias, ritos o ceremonias, o vejen, también públicamente, a quienes los profesan o practican". Desde luego, PRISA y el PSOE cumplen escrupulosamente la ley, incluso con oficiosidad, cuando se trata de otras religiones, en especial la islámica, a la que estos audaces e ingeniosos bufones nunca osarían tratar como lo hacen con la católica. No hace falta decir por qué.

El "estilo fascista" es así.

EL GOBIERNO LO SABÍA...
Editorial ABC  3 Enero 2005

DESDE el verano pasado, el Gobierno tenía conocimiento de que ETA iba a permitir a su grupo parlamentario, Socialistas Abertzaleak, que respaldara la aprobación parlamentaria del Plan Ibarretxe. Ésta es la información que, según publica hoy ABC, facilitaron al Ejecutivo las Fuerzas de Seguridad del Estado. La decisión de la banda terrorista se habría concretado en una reunión del entonces número uno del aparato «político» de ETA, Mikel Albizu, «Antza», y dos dirigentes de la ilegalizada Ekin. Esta secuencia de hechos explicaría definitivamente la confianza del Partido Nacionalista Vasco en el progreso del plan soberanista y la del lendakari, Juan José Ibarretxe, en el cese de la violencia, como marco de la consulta popular. También encajarían, como discordia aparente entre los nacionalistas, los numerosos mensajes críticos de Batasuna sobre su apoyo al preámbulo de la propuesta soberanista y su rechazo a cualquier referencia estatutaria, por falsa que fuera. El discurso de Anoeta, a cargo del portavoz de la ilegalizada Batasuna, Arnaldo Otegi, no habría sido sino un movimiento táctico de la estrategia conjunta de todas las fuerzas nacionalistas. La votación del día 30 de diciembre estaba preparada. Batasuna sabía lo que iba a votar e Ibarretxe también.

Ahora lo que hay que conocer es qué sabía exactamente, y desde cuándo, el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, porque si estaba al corriente (tal como hacen presumir ciertos barruntos privados de algunos dirigentes socialistas) de esta maniobra orquestada de reunificación del nacionalismo, tanto el presidente del Gobierno como el PSOE deberán dar explicaciones muy exhaustivas. Después de entrevistarse con el presidente del PNV, Josu Jon Imaz, en septiembre de 2004, Zapatero anunció «la posibilidad de un entendimiento a medio plazo» con este partido nacionalista. De esta afirmación a su reciente negativa a impedir la discusión del Plan Ibarretxe, ya sea mediante un recurso ante el Tribunal Constitucional, ya sea mediante su inadmisión de plano en el Congreso, media un espacio abonado para las dudas sobre la verdadera intención de Rodríguez Zapatero ante la estrategia nacionalista. Si desde el verano pasado sabía que ETA y Batasuna iban a apoyar el Plan Ibarretxe, la suavidad del trato dispensado por el presidente del Gobierno a los nacionalistas no es un buen síntoma. Tampoco la pérdida de presión legal y política sobre Batasuna.

La falta de contundencia y de respuesta proporcionada por el Gobierno destila opacidad y cruce de mensajes bajo la mesa, lo que perjudica, ante todo, la defensa de los intereses generales en un debate que está caracterizado por disyuntivas sin término medio. Ya se ha perdido el primer embate nacionalista, al no haber podido el Estado imponerse a la pretensión nacionalista en las propias instituciones vascas. El Gobierno está camino de perder el segundo al responder indebidamente a lo que ya es una resolución del Parlamento vasco adoptada por mayoría absoluta.

Rodríguez Zapatero sigue enredado en frases tópicas a la hora de medir la gravedad de la situación. Acaba de repetir que el Plan Ibarretxe «es cosa del pasado», y, sin embargo, él mismo podría encargarse de darle la publicidad si el debate llega al Congreso de los Diputados. Lo que sigue siendo cosa del pasado, pero muy vigente, es la continua recaída del socialismo en los mismos errores que tanto han aprovechado los nacionalistas vascos.

...Y AHORA NO SABE QUÉ HACER
Editorial ABC  3 Enero 2005

CONSUMADA la inacción del último trimestre, que ha permitido al PNV dominar los tiempos y la agenda de su desafío al Estado del Derecho, la estrategia que Rodríguez Zapatero está haciendo llegar a la opinión pública a través de sus allegados en el Gobierno y en el partido es que intentará neutralizar el Plan Ibarretxe venciendo al frente nacionalista en las elecciones vascas de mayo. El cómo lo va a hacer es la explicación que queda pendiente, porque por ahora ese propósito no deja de ser un emotivo brindis al sol que no se ajusta ni a la realidad del terreno, ni al trapío del problema, ni al horizonte previsible a medio plazo. Sobre todo después de haberse dedicado a la concienzuda labor de pulverizar el frente constitucionalista que formaba con el PP en el País Vasco, partido al que necesita a toda costa para poder doblar el pulso a Ibarretxe en esos comicios. Resulta un notable esfuerzo de cinismo apelar como solución a esa victoria conjunta de los constitucionalistas después de que el PSE presentará su «plan B», las «Bases para la actualización y reforma del Estatuto», que ahondan en la solución transversal y apuntan a un entendimiento de parte del discurso del peneuvista. Nunca contará con el apoyo del PP mientras ese Plan siga vigente. La propia estadística electoral se dedica a desmontar de arriba a abajo la teoría triunfalista. Fue el 13 de mayo de 2001 cuando la suma de fuerzas constitucionalistas, encabezadas por Mayor y Redondo, obtuvieron su más importante resultado en el País Vasco y se quedaron a las puertas de una victoria sobre la coalición nacionalista.

Y si ni las perspectivas inmediatas ni la doctrina del pasado avalan la tesis de la derrota del nacionalismo en las urnas, lo único previsible es que Zapatero intente ejercer esa transversalidad y ofrecerse a un entendimiento con el PNV, rebajando algo el contenido del Plan Ibarretxe, pero dando por buenas concesiones importantes e inasumibles por el Estado. Se equivoca, por último, en la búsqueda de moderados en el nacionalismo vasco y menosprecia la capacidad de convocatoria y militancia de sus bases. El PSE gobernó durante doce años en coalición con los nacionalistas y fue quien rompió ese acuerdo cuando ya supo que el PNV le iba a engañar, unos meses después, en Estella.

El Gobierno está triste
José María CARRASCAL La Razón 3 Enero 2005

El Gobierno está triste, ¿qué le pasa al Gobierno? Los suspiros escapan de su pico canoro, ha perdido la risa, ha perdido el color. El Gobierno está pálido en su trono de oro y en un vaso olvidada se marchita la flor, que aquel día lejano Ibarretxe ofrendó
.
¿Pero qué se creían? ¿Que con recibirle en La Moncloa iba a desistir de sus propósitos? ¿Que con sonreírle iba a convertirse en un buen chico? ¿Que el «talante» puede sustituir a la política? Todo lo contrario. Ese talante, esas sonrisas, esas invitaciones no han hecho más que animar en su empeño a quienes tratan de desmantelar España. Ya lo ha dicho Maragall más de una vez: «Tenemos un amigo en la Moncloa. Hay que aprovecharlo.» ¡Y cómo lo están aprovechando! Como si les corriera prisa. Y es que los saldos no suelen durar mucho tiempo.

Sería exagerado e incluso injusto cargar sobre el gobierno Zapatero la ofensiva nacionalista que llega del norte. Ibarretxe venía anunciando su plan desde hace años y conociéndole, sabíamos que tarde o temprano lo botaría al agua. La incógnita era cuándo. Y es ahí donde empiezan las culpas del Gobierno. Si el lehendakari ha decidido hacerlo ahora es por haber visto las mejores condiciones para que su plan flote y llegue a puerto. Porque se lo han puesto muy fácil desde Madrid. Porque sabía que la resistencia que iba a encontrar desde quien más debería resistirle, el Gobierno del Estado, iba a ser la menos posible. Porque, en fin, había oído decir al presidente del Gobierno que si España era una nación o unas cuantas a él le traía sin cuidado. ¿Podía haber mejor ocasión?

En un asunto tan trascendente, el gobierno Zapatero se ha equivocado en lo básico: en creer que a los nacionalistas se les convence con lisonjas, con amabilidades. Todo lo contrario, esas amabilidades y lisonjas no hacen más que animarles, al tomarlas por debilidad de su interlocutor, lo que en este caso puede ser cierto. Y se ha equivocado también en la táctica. Creyó que Otegi y compañía no iban a apoyar el Plan Ibarretxe. Sigue pensando que son distintos, enemigos incluso. Cuando son sólo partes de un todo: el que busca separar al País Vasco de España. Unos por un camino, otros por otro, pero en esencia son los mismos. Y cuando llega un momento crítico, como fue el de la aprobación del plan secesionista, no iban a ponerse en discutir detalles. Y pasó, naturalmente.

Esto no se arregla con lamentos ni melancolías ni condenas siquiera. Necesitamos saber qué va a hacer el Gobierno no sólo ante el Plan Ibarretxe, sino también ante el Plan López, que no es más que una versión descafeinada de aquél. Necesitamos saber qué va a hacer ante las continuas provocaciones de Carod-Rovira y los avances que el nacionalismo catalán está haciendo bajo Maragall. Necesitamos, en suma, saber si tenemos un gobierno de España o una princesita triste, en espera del príncipe que nunca llegó.

ZP y la ruleta rusa
Lorenzo Contreras Estrella Digital  3 Enero 2005

Va a ser dificil creer que Batasuna, brazo político de ETA, ha votado a favor del Plan Ibarretze saliéndose de un guión según el cual el famoso Plan naufragaría en el Parlamento vasco como un primer paso estratégico para forzar una posterior oportunidad referendaria sometida a un proceso previo de ralentización electoralista. Pero Batasuna, como bien se sabe, dividió sus seis votos y dio tres de ellos a Ibarretxe para que su proyecto de "reforma estatutaria" saliera adelante a la primera. Y lo que cuesta trabajo creer es que esa postura madrugadora no estuviera pautada, es decir, incluida en un guión. En el guión pactado con el PNV de manera más o menos explícita o incluso implícita.

Dicen los que creen estar en el secreto y en la elocuencia de los gestos, que el rostro cariacontecido de Josu Jon Imaz reflejaba la contrariedad ante el apoyo filoetarra al documento del "lehendakari". Pero las imágenes gráficas suelen ser traidoras y, en consecuencia, pudo verse la enorme satisfacción que las sonrisas dibujaban en los semblantes del propio Imaz y de Ibarretxe, acompañados en el gozo por el coro que completaban Begoña Errazti, líder de Eusko Alkartasuna, y Javier Madrazo, representante de Ezker Batua y, por consiguiente, dirigente de Izquierda Unidad en Euskadi. Osea, que todos ellos, los del Gobierno tripartito más el presidente del EBB, órgano superior del PNV, se mostraban encantados por el acelerón que ETA había ordenado imprimir al Plan independentista.

Josu Ternera, huído de la Justicia y considerado en la actualidad jefe de la banda tras la caída de la penúltima cúpula etarra encabezada por Mikel Antza, había dado orden expresa, en una misiva que Otegi leyó en el Parlamento de Vitoria, de que se apoyara la celebración de la consulta popular. Y, naturamente, Otegi invocó esa "orden" para justificar los tres votos batasunos que sirven para acelerar el proceso o marcha hacia el referéndum.

Con el Plan Ibarretxe "legitimado" en el Parlamento de Vitoria por los votos independentistas, el PNV acude al Congreso de los Diputados a enfrentarse con el voto negativo "españolista" y darse en la Cámara del Estado un baño de victimismo, previo al referéndum que convoque contra toda la normativa habida y por haber.

Zapatero, mientras tanto, juega a la serenidad. Acepta el debate del Plan en el Congreso de los Diputados, confiado, como es lógico, en una voctoria numérica y disfrutando previamente del significado infamante del apoyo etarra al documento que se dispone a condenar con el respaldo de su partido y, por supuesto, del PP. Confiado en su suerte y en la leyenda de que, como suele decirse, tiene "la flor en el culo", logrará cambiar el signo del voto nacionalista o de apoyo al nacionalismo en las futuras elecciones autonómicas vascas. Lo que se dice un vuelco electoral que repetiría en Euskadi el otro vuelco, el que propinó, con la ayuda de las circustancias, a la mayoría absoluta del PP en las urnas del 14 de marzo.

La fe de ZP en sus posibilidades y en su "baraka" es un auténtico vértigo. Piensa lograr lo que no logró el PP con Mayor Oreja y con Aznar forzando esta aventura. Pero esa aspiración y esa fe pueden parecerse mucho, llegado el caso, a la ruleta rusa política. Aceptado el Plan en el Parlamento de Vitoria, que ya está confirmado, y afrontado el reto de las elecciones autonómicas de mayo, el dispositivo de la ruleta rusa quedará listo. Si esas elecciones se pierden, ZP y sus estrategas se habrán metido la bala entre ceja y ceja.

La chispa batasuna
Luis GONZÁLEZ SEARA La Razón 3 Enero 2005

A Zapatero, como titular máximo del Gobierno de España, le han puesto en marcha un proceso secesionista diabólico, de consecuencias imprevisibles, que pone fin a una dialéctica imaginaria en torno al explosivo mundo de los nacionalismos, la idea de nación y la nación española. En contra de lo que esperaban el Gobierno, su intelectualidad orgánica y el propio Ibarreche, la estrategia de ETA ha logrado sorprender a todos con un movimiento hábil e irreversible.

Era obvio que la banda y sus batasunos preparaban alguna celada, pero sería pedir peras al olmo soñar con cualquier esfuerzo gubernamental para adivinarla. La imaginación no puede brotar en un mundo derrotado de antemano, impresión a la que llega cualquier observador neutral de nuestra imparable carrera hacia el choque tribal que nos aguarda. La mecha venía preparándose para prender el conflicto y Otegui hizo saltar la chispa. «Una chispa –decía William Blake– contiene todo un infierno», y la de Otegui vino a incendiar el caótico debate constitucional y estatutario.

Yo no sé si Ibarreche ha jugado con fuego, como parece atribuirle algún medio informativo, o si estaba de acuerdo con el entorno etarra para sacar adelante el Plan. Después de todo, ése era el espíritu de Lizarra, por si alguien alberga alguna duda respecto a la plena coincidencia en los fines y los objetivos del PNV y los proetarras. Y resulta candoroso ver a Pepiño Blanco acusando al lendakari de incumplir su palabra de no contar con los votos de Batasuna, para aprobar el Plan. Es una total miopía política pensar que el PNV iba a desobedecer al Tribunal Supremo, manteniendo a los diputados batasunos en la Cámara, para no contar con ellos cuando hiciera falta.

En cualquier caso, la votación favorable se ha producido, el Plan camina hacia el Congreso de los Diputados, donde será derrotado, sin que pueda esperarse gran cosa de la impugnación ante el Tribunal Constitucional, en caso de que el Gobierno decidiera hacerla. Ibarreche someterá de todas formas el Plan rechazado en el Congreso a un referéndum ilegal en el País Vasco y el encontronazo está servido, entre otras cosas porque una de las primeras medidas que adoptó temerariamente el gobierno de Zapatero fue suprimir del Código Penal la sanción por la convocatoria de refrendos ilegales, prohibidos por la Constitución.

Es posible que lo ocurrido signifique la muerte del Plan Ibarreche. Pero lo que sí ha quedado herido de muerte con la maniobra de Otegui es el Estatuto vasco actual, deslegitimado por la resolución, tomada en el Plan aprobado, de que sean los propios vascos quienes decidan, de forma rupturista, su futuro independiente. La chispa incendiaria de Otegui ha empezado por alcanzar al propio Ibarreche, cautivo de los proetarras a partir de este momento, en que serán ellos los conductores del choque rupturista.

Zapatero debería olvidarse de las alianzas civilizacionales y entenderse presto con el PP, para hacer frente entre los dos al vendaval secesionista que se avecina. Cataluña irá detrás, con mayor finura en las formas, y habrá reacciones en cadena. Pero debe quedar claro que, ni el Estado español ni la UE, van a tolerar secesiones independentistas.

UN DEBATE SIN SENTIDO
Por GERMÁN YANKE ABC  3 Enero 2005

EL presidente Rodríguez Zapatero parece decidido a no negociar el plan nacionalista que el Parlamento vasco aprobó el pasado día 30, pero dispuesto a debatirlo en el Congreso. A primera vista, se diría que la primera de estas decisiones —no negociar— responde a la coherencia del presidente con sus propias ideas, mientras la segunda —debatir en el Parlamento— vendría obligada por el cumplimiento de la legalidad. Pero esto sólo es así a primera vista.

Zapatero debe tener claro, y subrayar ante la opinión pública, que la negativa a negociar el plan secesionista y antidemocrático del presidente autonómico vasco no es la consecuencia de negarse a su contenido ni de los límites que el Gobierno ha impuesto, aunque sean vagos, a la reforma a los estatutos de autonomía. No puede ni debe negociar el plan Ibarretxe porque no le corresponde ni formal ni materialmente. Formalmente, porque el proyecto ha tomado la apariencia fantasmagórica de una reforma del Estatuto de Guernica. Materialmente, porque su contenido no es otra cosa que un torpedo contra la legalidad constitucional y el respeto a los derechos ciudadanos.

La gran vergüenza de un plan como el de Ibarretxe no es, aunque lo sea también, su contenido secesionista. Tampoco, aunque también lo contenga, por tener en su raíz la división interna y la promesa segura de la ruina económica y social del País Vasco. La gran vergüenza del plan es su contenido totalitario y antidemocrático ya que se funda, no en los derechos de la ciudadanía, sino en los presuntos e injustificables de un «Pueblo» que estaría por encima de los ciudadanos aunque fuera una parte de éstos, los nacionalistas, los que los administren impunemente. Quiebra Ibarretxe, y ahora el Parlamento vasco, el Estado de derecho, el basamento fundamental del Estado democrático, y también los principios elementales por los que se regula la UE. No es tampoco la primera vez que lo hacen, y no es de extrañar que, para sostenerlo, el PNV cuente —y necesite— con el apoyo de la antigua Batasuna, es decir, una rama del entramado de la banda terrorista ETA.

Zapatero está obligado legal y moralmente a no negociar una sola línea de este estrafalario y peligroso plan. Pero no está obligado a debatirlo, al menos de una determinada manera.Debería considerar la propuesta del PP para oponerse de inmediato mediante los recursos oportunos, ya que su contenido y su formulación vulneran derechos básicos y el sistema institucional. O, en todo caso, establecer una estrategia común con el principal partido de la oposición y aquellos otros, pocos, con los que se puede defender el consenso constitucional.

Si es obligado tramitar en el Congreso este falso proyecto de reforma del Estatuto vasco, no lo es, sin embargo, su debate. O, al menos, la suerte de debate parlamentario que le dé carta de naturaleza de propuesta susceptible de consideración, aunque al final se rechace. Lo que debe hacer el Gobierno, y con él el PSOE y el PP, es, en todo caso, votar urgentemente de modo negativo y sin otra consideración, y terminar con esta farsa y este empeño antidemocrático.

Seamos claros y, ya que algunos se empeñan en hablar de oídas, reiterativos: se trata de un plan antidemocrático, contrario a la ciudadanía como fundamento de la política, y apoyado por el terrorismo. Si hay alguna obligación es la de rechazarlo rotunda e inmediatamente, no la de debatir su contenido como si se tratara de una propuesta discutible. Nadie se imagina al presidente del Gobierno aceptando el debate de un proyecto que pretendiera prohibir el voto a una parte de los españoles, avalar la violencia de hombres contra mujeres o legalizar el racismo. Tampoco deberíamos poder imaginar que el totalitarismo del nacionalismo vasco tuviera suerte distinta. No basta con la retórica de acabar con sus pretensiones en las urnas, por muy necesario que sea desplazar democráticamente a los nacionalistas del Gobierno vasco. Nadie aceptaría que, contra el racismo o la violencia, se fiara todo a las próximas elecciones. Nadie debería aceptarlo ahora. Además, el presidente del Gobierno tiene la obligación de hacer constar que la oposición al plan Ibarretxe no son sólo los programas de los partidos, incluido el suyo, sino la Constitución y la democracia, algo de lo que socialistas y conservadores forman parte.

Dos hombres y un destino
Antonio PÉREZ HENARES La Razón 3 Enero 2005

Desde el día 30 de diciembre sus destinos han quedado unidos. El éxito del uno supondrá inevitablemente el hundimiento del otro. Quizá aún no sean conscientes pero están condenados a ese final irremediable. Si Ibarretxe logra su propósito de secesión del País Vasco de España la consecuencia será catastrófica para Zapatero que pasaría a la historia como el presidente bajo cuyo mandato se rompió la más antigua Nación de Europa, se destruyó la Constitución que trajo la libertad y el progreso a su pueblo y se hizo añicos el generoso pacto de convivencia de los españoles. No tardaría en pagarlo, pero el daño quizá para entonces ya sería irremediable.

Si Zapatero es quien, liderando al país, impide tal atrocidad, será Ibarretexe quien se encuentre en una situación desesperada. Hoy Ibarretxe, cabalgado por ETA, se dirige desbocado y sin posibilidad de frenar hacia el desfiladero. El 30 se quemaron todas las naves de su vuelta a un posible compromiso, de recuperación de una posibilidad de entendimiento. La suerte está echada. El paso del Rubicón será la convocatoria del ilegal referéndum. Y el signo de la batalla lo decidirá simplemente el hecho de si este presidente tendrá los arrestos precisos para cumplir con su deber y hacer cumplir la ley o se plegará al chantaje y se rendirá al nacionalismo. Así de simple. Así de blanco o negro. Ya no cabe una pamplina.

España comienza a despertarse
Carlos DÁVILA La Razón 3 Enero 2005

Impunemente, el ilegal portavoz de Batasuna en el Parlamento vasco leyó la advertencia terrorista del jefe actual de la ETA: el asesino, procesado por crímenes, «Ternera» (o sea, cojones en vascuence). En el momento, este cronista creyó que los representantes del PP y del PSOE abandonarían la sala: no lo hicieron. ¿Por qué? En ningún Parlamento del mundo ha ocurrido nunca nada igual; aquí sí, aquí, en España, ha ocurrido y nadie ha destacado suficientemente la fechoría. Tras ella, poca importancia puede tener ya que un presidente, visionario e independentista, rete a todo un Estado y ponga en marcha un plan para romper España.

Si los terroristas tienen voz para amenazar en una Cámara democrática, ¿cómo no la van a tener para imponer al final sus exigencias? Porque eso es lo que ha sucedido: que, al final, tras mil muertos que ahora estarán llorando de rabia en sus tumbas, ha ganado ETA, han ganado sus presupuestos sanguinarios y ha ganado su diseño secesionista. Los terroristas –llamados así por el Tribunal Supremo y por el Parlamento de Europa– se han impuesto a todos nosotros. Por ahora, pero se han impuesto. Son ellos los vigilantes de la playa atribulada que marcha desde Irún a Nanclares de la Oca. El PNV se ha aprovechado vilmente de ellos para exponer su propio Plan, el PSOE parece que no se entera de que la fiesta ha empezado, y el PP, único partido que queda para defender España, tiene las manos muy atadas desde la marginación general a que se le quiere condenar.

Mientras, Zapatero-Netol sonríe estrenando extravagantes títulos de entrenador del año. Un día corteja y disimula la presión independentista de sus aliados de Esquerra Republicana, y otro, por individuo interpuesto, ataca el revisionismo (esa es la estúpida palabra) de Ibarreche. Pero los de Esquerra, en su pésimo español, ya han avisado. Chulescamente han dicho: «Lo de Ibarreche es un entremés», lo que puede ser interpretado únicamente de una forma, que el bodrio del de Llodio no es más que un aperitivo para el venidero ataque a España, que el plato fuerte llegará servido por el dúo barrenero Maragall-Carod.

La posición del Gobierno socialista no es fiable, entre otras cosas, porque el planecillo subsidiario del inefable López guarda con el desafío de Ibarreche muchas y sustanciales similitudes, tales como la consideración nacional del País Vasco, la atribución a la Justicia vasca de la última posibilidad de sentencia, o la ruptura estrepitosa de la caja única de la Seguridad Social. El bodrio del pobre y asustadizo López es un remedo del libelo de Maragall y una copia vergonzante del Plan del lendakari.

Por eso, Zapatero, en su inmensa, holgazana e irresponsable ignorancia del País Vasco, no se atreve a tomar las dos únicas decisiones que dejarían medianamente tranquilos a los españoles: el inmediato envío del Plan al Tribunal Constitucional (aunque sea ahora un Tribunal sospechoso), y la orden al fiscal general del Estado del desaparecido Conde Pumpido de recurrir el auto que ha archivado la querella contra el desobediente Atucha. Zapatero no es quien para solicitar que el país apoye la Constitución de Europa si él no defiende, con toda la firmeza posible, la vigente española.

La bobería anquilosadora del talante no puede derivar en que aquí todo sea posible: desde la intervención, vía epistolar, de un terrorista en un Parlamento, hasta la voladura incontrolada de una España históricamente inapelable. ZP lo debe saber: España está empezando a despertarse del miedo de marzo y no está dispuesta a que ZP se la pase por sus entretelas.

Zapatero
Esperpéntica visión
Agapito Maestre Libertad Digital 3 Enero 2005

No pasa nada. El pasotismo de Zapatero parece perfectamente instalado en una sociedad desmovilizada. La Nación se desintegra, pero ZP y todos los socialistas han cerrado filas al grito: Aquí no pasa nada. Ganaremos las elecciones y todo solucionado. Falso, falso y falso. Pero siguen mintiendo porque hay millones de imbéciles. El presente es peor que una ficción. Es un engaño vacío entre el pasado y el futuro. Los socialistas miran para otro, pero son los responsable del fin de la nación española. La pobre Rosa Díez dice cosas contra sus compañeros de partido, pero sabe que no irá muy lejos sino rompe, corta, con el PSOE y monta otra estrategia. La solución no está en los Tribunales sino en la política. Tiene mérito, en cualquier caso, esta mujer. Tiene muchos arrestos esta señora en un partido cansino y sin nervio.

El PSOE es, hoy, pragmatismo amanerado. Los socialistas han reducido la Nación a una masa fofa. Todo parece desvertebrado. Los profesorcitos e "intelectuales" de bolsillo viven al margen de la realidad. Los políticos profesionales, ay, esa gente incapaz de decir una verdad si no se cobra en nómina, parecen que no quieren enterarse del desastre español para no incomodar a sus jefes. Y de la prensa, ay, para qué hablar sino es para denunciar su cinismo, su tiránica autodisciplina, a la hora de imitar a los políticos pusilánimes.

Hablemos, sin embargo, de la prensa cobarde. Hablemos de esos individuos que se agarran a un clavo ardiendo para no perder sus prebendas. Hablemos de esa gentuza que se autoengaña, se autocensura, como si lo ocurrido el día 30 de diciembre en el Parlamento Vasco hubiera sido una novedad. Mentira. Todos sabíamos que votarían los terroristas el Plan de Ibarrreche. Excepto el dignísimo periódico centenario, que lo mantienen cuatro o cinco columnistas serios a la hora de escribir sobre la cuestión nacional, la estrategia "nihilista" del social-nacionalismo del PSOE ha conseguido inocular a la mayoría de los editorialistas de la prensa nacional.

Algunos periódicos del viernes y del domingo eran esperpénticos. Los peores se escandalizaban porque los terroristas de Batasuna hubieran votado el Plan de Ibarreche. En verdad, el viernes sentí vergüenza al leer un editorial que decía que "Ibarreche estaba absolutamente convencido de que su plan no sería aprobado…". Mal está que la gente viva engañándose permanentemente, pero es abracadabrante que un editorialista, alguien que debe saber la coherencia con que actúa el nacionalismo y el terrorismo desde el Pacto de Estella, diga que es una sorpresa que el plan de Ibarreche haya sido votado por los terroristas de ETA. Por favor, hombre de dios, si los objetivos de ETA, y usted lo sabe muy bien, son los mismos que los de Ibarreche, entonces porqué no deberían votar juntos.

Por lo tanto, quien escribe esa imbecilidad, responde o bien a un censor interior, que completa la obra del censor público y oficial del nacionalismo, o es un cobarde, un inmoral, incapaz de mirar de frente la realidad criminal del nacionalismo. La cobardía moral exhibida por la prensa nacional simulando sorpresa porque los terroristas apoyaron el Plan Ibarreche revela algo más que estulticia. Es un comportamiento bastardo que termina favoreciendo a los asesinos de la Nación española.

Frente nacionalista
FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo 3 Enero 2005

La votación del plan Ibarretxe ha vuelto a recomponer la unidad del nacionalismo vasco que había quedado rota con el final de la tregua etarra en 1999. El nacionalismo institucional y el violento se sitúan de nuevo en el mismo lado de la barricada y suman sus votos para imponer su proyecto político a los constitucionalistas.

En 1998, a través del pacto secreto con ETA y de la declaración de Estella, se puso en marcha la unidad de acción del nacionalismo vasco, activando un mito poderoso que cautivó a los seguidores de todas las ramas de la familia sabiniana. El error de ETA no fue tanto romper la tregua, tregua que el negociado responsable de la violencia callejera no había respetado en ningún momento, como romper el frente nacionalista y echarle la culpa al PNV y Eusko Alkartasuna. Muchos votantes de Batasuna no comprendieron aquel paso y de ahí arranca la crisis que ha debilitado a la izquierda abertzale en los últimos años.

Con el voto al plan Ibarretxe, ETA y Batasuna intentan subsanar el error de 1999 y reconstruyen el frente nacionalista, aunque si hace cinco años fueron ellos quienes llevaban la batuta ahora tienen que conformarse con secundar los ritmos del PNV. El voto de 'Josu Ternera' hizo lehendakari a Juan José Ibarretxe por primera vez y ahora le ha permitido sacar adelante un plan que va a quebrar la convivencia en el País Vasco.

El frente de 1998 provocó la radicalización política del nacionalismo institucional, pero también extendió sus efectos a la sociedad civil, abriendo brechas en la convivencia cotidiana, como muchos ciudadanos pueden atestiguar. La euforia de la unidad alentó en muchos nacionalistas una indiferencia moral hacia la suerte de sus compatriotas que estaban en el punto de mira del terrorismo. Esa indiferencia se mostró, por ejemplo, en las complacencias con que fue recibida la insultante presencia de 'Josu Ternera' en la Comisión de Derechos Humanos del Parlamento vasco. Todavía vimos otro reflejo de la misma indiferencia en el discurso de Nochevieja del lehendakari, que encontraba digno de mención, como balance de legislatura, el hecho de haber recibido insultos y no era capaz de tener un recuerdo equiparable hacia aquellos que fueron asesinados o perseguidos durante ese tiempo.

Sabemos de los efectos disgregadores que tuvo en la sociedad vasca la etapa de la unidad nacionalista de 1998. Todavía tenemos abiertas no pocas fracturas políticas y sociales de ese periodo, como para no temer los nuevos conflictos que va a provocar la acción unilateral del nacionalismo a partir de la votación del 30 de diciembre. La recuperada unidad del nacionalismo es el preludio de un ciclo de tensión que debería obligar a los dos grandes partidos españoles a buscar puntos de acuerdo por encima de sus diferencias para dar una respuesta de Estado a la altura del reto que se les ha planteado.

¿Ahora qué?
PABLO MOSQUERA La Voz 3 Enero 2005

LA CÁTEDRA se equivocó. Los partidos constitucionalistas, divididos, creyeron que en el Parlamento vasco, el Plan Ibarretxe no iba a prosperar. El PSE planteó el Plan Guevara, como alternativa electoral, ya que todos jugaban a utilizar la coyuntura como instrumento de campaña para la primavera. Todos menos Otegi, que no tenía nada que perder. Con sus tres votos a favor del nuevo status vasco ha subido a Ibarretxe a un tigre del que le va a costar bajarse. Puede que a estas horas el inquilino de Ajuria Enea no pueda conciliar el sueño por lo lejos que ha logrado saltar.

Ya sé que, como en Lo que el viento se llevó , siempre nos quedará Madrid y sus Cortes, pero se habrá puesto en marcha un mecanismo perverso sobre el que hasta los catalanes estaban avisando. Un Parlamento decide aprobar una modificación del bloque constitucional y las Cortes de la nación lo impiden, creándose un conflicto sin precedentes entre las instituciones privativas de la voluntad popular de una comunidad o nacionalidad, y el Estado, que se resiste a los cambios proclamados desde la periferia.

El Partido Socialista lo tiene complicado. A su máximo dirigente, Zapatero, toca mover ficha en el tablero de ajedrez. Al partido le corresponde aclarar quién manda y quién es el mandado.

A los socialistas les espera un agrio debate interno entre los Guevara, López, Elorza y Maragall y los Ibarra, Vázquez y Rosa Díez sobre la senda a seguir, máxime tras la alternativa vasca, que hicieron pública, consistente en dar a Euskadi todo el poder de un Estado, además de garantizar la no intervención legislativa y judicial en el proceso, pero con compromisos de inversión a inventario de beneficio vasco. Un verdadero dislate, algo así como... ¡Quién da más!

Otegi dice que los tres votos son para obligar al lendakari a poner en marcha un plebiscito popular. Un caramelo envenenado, además antes de las elecciones, o, en cualquier caso, con la papeleta al bloque nacionalista.

Ibarretxe trata de frenar. Dijo, nada más superar la emoción de la votación, que no pretendía la independencia, sólo cambios amables en la relación con el Estado español.

En febrero del 90, me tocó debatir en el Parlamento vasco el derecho a la autodeterminación. También prosperó, pero no pasó de la retórica. En aquella ocasión advertí que movilizaríamos Álava para que abandonara Euskadi. Hoy sigo pensando igual.

Malas artes
Luisa PALMA La Razón 3 Enero 2005

«Los españoles no saben patinar", decían en Barcelona los pro selección catalana. Aparte de que la lindeza se la aplican a ellos mismos, dignos descendientes de la Marca Hispánica, al parecer también ignoran que el Gobierno de ZP es uno de los que mejor «patinan» del mundo. Eso por ser suaves al calificar las últimas actuaciones con las que nos ha deleitado en las postrimerías del año, como la fragmentación del Archivo Estatal de Salamanca. Este atropello al sentido común responde a una nueva bajada de pantalones ante los Maragall y Carod que le sostienen, y no es desde luego el único, aunque sí igualmente delirante y, en el fondo, torticero, porque se hace sólo para perdurar en un poder que alcanzaron en debilidad y así siguen.

Lo mismo hicieron con el PHN, lo derogaron y ahora admiten el trasvase del Ebro hasta el sur de Cataluña, por lo que cabe pensar que practican las malas artes simplemente para cargarse la boyante primacía de la Comunidad Valenciana. Con el Plan Ibarreche en marcha, la «comunidad de naciones» originando debates absurdos, la burda cesión en Gibraltar y ahora lo del Archivo, no cabe más que temblar pensando qué será lo próximo, pues este débil Gobierno lleva camino de ser de todo menos el de España. A la que te descuidas, el nombre quedará también suprimido, como ha pasado con la palabra Navidad en las felicitaciones gubernamentales.

Duran y el plan ibarreche
Francisco MARHUENDA La Razón 3 Enero 2005

La llegada de Zapatero al poder no ha tenido con Ibarreche y sus conmilitones el efecto benéfico que auguraban los hagiógrafos del líder socialista. La situación ha ido empeorando desde que el PP abandonó el Gobierno y nada permite esperar que veamos ningún cambio en los próximos meses. Con la prepotencia insultante que caracteriza al PNV, Ibarreche ha confirmado que celebrará la consulta sobre su plan sin importarle cuál sea el resultado de la votación en el Congreso. Es un texto que ahora ya está manchado de sangre porque ha sido aprobado en el Parlamento Vasco gracias a los votos de los diputados de la antigua Batasuna, Socialista Abertzaleak, que no son más que unos sicarios de ETA. ERC y CiU apoyan claramente al PNV y sus socios en este disparatado enfrentamiento con el Gobierno que no hace más que dividir a la sociedad vasca.

No es suficiente con decir que la vía catalana es diferente. Me sorprende la posición de la federación que lidera Artur Mas y el papel de Duran Lleida, aunque todavía más de aquellos dirigentes democristianos que vienen de CC-UCD. El secretario general de CiU y presidente de Unió debería votar en contra el Plan Ibarreche en el Congreso e imponer a sus socios que acaben con tanto papanatismo soberanista. No hay que olvidar que hay silencios o actitudes que se acaban pagando en las urnas. Por su parte, Zapatero no para de acumular fracasos, por más que la Prensa afecta los intente esconder.

La cuestión vasca
CARLOS G. REIGOSA La Voz 3 Enero 2005

HEMOS DESPEDIDO el año con el Gobierno aceptando trocear el Archivo de Salamanca (de momento a favor de Cataluña) y con Ibarretxe intentando separar el País Vasco de eso que llama España como algo ajeno. No sé si el estratega de esto último (la aprobación del Plan en el Parlamento vasco) ha sido el batasuno Arnaldo Otegi, como se dice, pero todo parece indicar que sí. Lo cual nos da una idea bastante clara de por dónde van los tiros (imaginarios, espero), con un pulso cada vez más indeseable entre la parte y el todo. Porque en el Plan Ibarretxe no cree ni Ibarretxe, pero como hay Dios (si lo hay) que lo defenderán con uñas y dientes y lo empujarán hasta que alguien más embarranque con ellos. ¿Y quién más embarrancará? Pues toda una sociedad dividida, si no hay quien lo remedie. Y si no, al tiempo. Pasito a paso.

Ni el presidente Zapatero ni el líder del PP, Mariano Rajoy, han hecho concesiones ante el plan secesionista de Ibarretxe. Tampoco los líderes del nacionalismo vasco han demostrado estar en disposición de negociar nada, sobre todo después encontrarse el pasado jueves con el apoyo batasuno-etarra para sacar adelante su plan en el Parlamento vasco. Un logro que quizá sólo deseaban los radicales, pero que, paradójicamente, fue presentado y defendido por la testaruda coalición gobernante.

¿Nombrará Zapatero otra comisión de expertos, o de sabios, o de lo que sea, para deshacer el entuerto? ¿O resistirá las embestidas nacionalistas con el Estado de Derecho y la legalidad vigente? Después de la polémica experiencia de los especialistas (¿en crear problemas?) que dictaminaron sobre el Archivo de Salamanca, parece aconsejable no parapetarse detrás de más sabios para envolver en extraños celofanes las decisiones que hay que adoptar.

El Plan Ibarretxe está sobre la mesa, y con él empieza el año 2005, en el que, además, habrá elecciones en el País Vasco. Rodríguez Zapatero debe dar una respuesta institucional clara, contundente e integradora, si no quiere que el problema se agigante y los embarrancadores de hoy acaben por lograr mañana un éxito en el que no creen, ni es suyo, ni se lo merecen. Es la hora de responder con firmeza y sin equívocos.

El bobo feroz
IÑAKI EZKERRA El Correo 3 Enero 2005

Hay algo que es infinitamente peor que un lobo feroz y es un bobo con el mismo atributo. Lo explica muy bien el escritor vasco José Miguel Fernández Urbina en su última y excelente novela, que se titula precisamente así, 'El bobo feroz', y que aprovecho de paso para recomendarles como regalo en estas fechas navideñas tan típica y entrañablemente regaladoras. De los lobos uno se espera la ferocidad y por esa razón ésta no le pilla nunca de sorpresa, pero de los bobos es otra cosa. Uno se los imagina siempre en un permanente estado de pasividad, de mansedumbre y de beatitud por culpa de Velázquez y de su célebre cuadro 'El bobo de Coria', así como por culpa también del pensamiento políticamente correcto de nuestros días que sólo se permite imaginar la actividad, la maldad y la ferocidad en los fuertes y en los listos. ¿Qué se ha conseguido con todo esto si puede saberse? Pues que uno nunca 'le vea las orejas al bobo' porque, sin quererlo, participa del generalizado prejuicio y la irresponsable superstición de que los bobos no tienen orejas, cosa que es rotunda y escandalosamente falsa.

Hay lobos mansos como hay bobos feroces. Sobre la oculta o discreta pero jamás reconocida bondad del lobo ya en su día nos advirtieron de sobra San Francisco de Asís y luego el poeta José Agustín Goytisolo con aquellos maravillosos e inteligentes versos que cantaba Paco Ibáñez en los años de la Transición y que parecían un delicado cuento para niños y para adultos: «Érase una vez/un lobito bueno/al que maltrataban/todos los corderos». Sobre el bobo feroz, hiperactivo y catastrófico nos advierte en esta época Fernández Urbina con esa humorística novela suya que aborda la situación vasca y el terrorismo de ETA desde un ángulo tan divertido como insospechado y que me ha sumido en estas profundas reflexiones filosóficas sobre lo peligrosas que son todas las relaciones entre 'Caperucita y el bobo' o entre 'El bobo y los tres cerditos' y sobre la posibilidad -ciertamente inquietante- de que pueda existir en nuestra sociedad un temible fenómeno que quizá no es tan insólito como parece: 'El bobo con piel de oveja'. La probada existencia de 'El bobo con piel de oveja' refuerza científicamente la tesis poética de Goytisolo. Se trata de alguien capaz de hacer en el rebaño más daño que el lobo propiamente dicho porque nadie se espera -reconozcámoslo- semejante alarde de travestismo y tal redundancia de lo ovino, lo bovino y lo bobito mezclados en una misma naturaleza. Un bobo feroz es algo por lo menos tan peligroso como un tonto con ideas.

El Plan Ibarreche y el Tribunal Constitucional
Cartas al Director ABC 3 Enero 2005

Se ha consumado el primer acto de la obra teatral del Partido Nacionalista Vasco, y digo obra teatral porque se supone que dado el cúmulo de ilegalidades que lo envuelve, el Plan Ibarretxe es totalmente irrealizable si el Partido Socialista y el Partido Popular tienen esa voluntad, aunque viendo lo elástica que es la Justicia con sus resoluciones e incumplimientos de las mismas por parte de los que se amparan debajo del roble, no hay que estar seguro de ello.

En estos momentos es primordial la unidad de los dos grandes partidos, aunque ya se ha producido la primera disparidad: el PP ha solicitado al Gobierno la actuación del Tribunal Constitucional, a lo que el PSOE se ha negado prefiriendo que el Plan sea remitido al Congreso de los Diputados, donde será rechazado con los votos de PP y PSOE. ¿Motivo? El proyecto del nuevo Estatuto que está redactando el Parlamento catalán y que presumiblemente va a resultar tan inconstitucional como el Plan Ibarretxe, y dada la especial «relación» que el Gobierno de Zapatero tiene con sus socios catalanes, debe medir su reacción ante el desafío que le viene desde el País Vasco, pues en breve deberá hacer frente al que le vendrá desde Cataluña, y lógicamente al ser tan seguidos en el tiempo la respuesta debe ser la misma, por lo que solucionará el desafío vasco con el apoyo del PP, pero cuando venga el catalán, dejará que sea el PP el que se quede solo en el Congreso rechazándolo y denunciándolo por anticonstitucional, con lo que el PSOE guardará las formas ante sus socios catalanes.

Arturo Sastre Campo. Madrid.

La Fundación para la Libertad exige al Gobierno «la firmeza necesaria» frente al «reto de naturaleza sediciosa» del PNV
ABC 3 Enero 2005

La Fundación para la Libertad, que preside Nicolás Redondo, considera que la aprobación del plan Ibarretxe «con el apoyo condicionado de Batasuna-ETA supone la materialización de la ruptura constitucional y estatutaria unilateralmente anunciada por el nacionalismo vasco desde el Pacto de Estella». En su opinión, «esta irresponsable decisión» significa también, «lo que es más grave, la legitimación del terrorismo que ETA ha ejercido durante estos veinticinco años».

«Al constituir la aprobación del plan Ibarretxe una situación de emergencia», la Fundación para la Libertad exige «al PSOE y al PP, tras las escandalosas muestras de desencuentro que han protagonizado en los últimos tiempos, el necesario consenso constitucional que evite el desarrollo de la iniciativa nacionalista, que no se ha querido ni sabido desactivar en el pasado». Asimismo, «requiere al Gobierno de la nación la firmeza necesaria ante este reto de naturaleza sediciosa de extremada gravedad protagonizado por la Cámara vasca, llamándole a su responsabilidad y a la compresión especial hacia una ciudadanía vasca sojuzgada y humillada por la prepotencia de un nacionalismo apoyado por el terrorismo».

Para esta plataforma, «la ley de ruptura aprobada por el Parlamento vasco no debe ser tramitada por la Cortes Generales en ningún caso, por el contrario, debiera ser recurrida ante el Tribunal Constitucional. Su acceso a dichas Cortes Generales como ley supondría la aceptación de la soberanía que el Parlamento vasco se ha otorgado legislando sobre materias otorgadas a la soberanía de los españoles. Constituiría el reconocimiento de facto de la capacidad de dicha autonomía para legislar unilateralmente materias supeditadas a la soberanía de la nación española». Dicho esto, la Fundación exige «la revitalización» del Pacto Antiterrorista después de que ETA, a través de Batasuna, haya accedido al Parlamento vasco.

Por último, se compromete a apoyar una alternativa democrática ante las elecciones vascas para desalojar del poder «a los protagonistas del caos político y social al que nos están abocando».

España en peligro
"12 de Octubre" http://www.geocities.com/sin_acritud/index.html  3 Enero 2005

Vidal Quadras ha escrito el día 22: "Que Ibarretxe y Carod-Rovira estén entregados a la tarea de demolición de la Constitución de 1978 no es novedad, pero que les ayuden en tan edificante propósito Maragall y Patxi López demuestra que Zapatero nos lleva pendiente abajo a velocidad creciente. O esto se para o nos estrellamos sin remisión". (La Razón, 22 de diciembre).

Carod-Rovira le ha dado la razón el pasado día 3 al agradecer las propuestas de federalización de España provenientes del PSOE: "La España federal es un paso enormemente positivo, pero ésa es una parte importante de nuestro proyecto, que tiene como estación final la independencia".

Y Arzallus explicaba el día 8 de noviembre que el Plan Ibarretxe, lejos de ser la propuesta de relación amable con España -como lo define continuamente el lendakari-, es "el derecho de autodeterminación liso y llano".

Las cosas están, por lo tanto, muy claras.

¿Vamos a permitir que España se liquide?
¿No vamos a mover ni un dedo para evitarlo?
¿No se ha preguntado alguna vez qué puede hacer usted para colaborar?

Pues bien, lo que puede hacer es contribuir a hacer circular las ideas que desmontan las mentiras nacionalistas que nos han llevado a esta situación.

Sobre el libro "ADIOS, ESPAÑA. VERDAD Y MENTIRA DE LOS NACIONALISMOS", de Jesús Laínz, se ha dicho lo siguiente:

"Bienvenidos libros como éste, que tanto ayudan a percibir el abismo de estupidez y rencor al que nos vienen empujando impunemente, desde hace años, unas ideologías absurdas. Libros que, es de esperar, actuarán como revulsivo para cambiar ese ambiente de ceguera voluntaria en que tanto tiempo hemos estado inmersos". (Pío Moa,
Libertad Digital).

"Adiós, España" recorre más de veinte siglos y liquida con una atractiva mezcla de erudición e ironía todos y cada uno de los inventos que los nacionalistas hacen circular como moneda histórica de curso legal para despiste de ingenuos y alimento de fanáticos". (Aleix Vidal-Quadras, LaRazón).

"Adiós, España" es el más completo compendio crítico sobre la mayoría de estos problemas que haya aparecido nunca en un solo libro. Merece ser ampliamente leído si se quiere comprender el trasfondo histórico y la construcción de algunos de los temas que tanta controversia han causado en los últimos años".(Stanley G. Payne, prólogo a la 5ª edición).

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Es más barato que una colonia y mucho más útil para todos. Y corra la voz.

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