AGLI

Recortes de Prensa     Jueves 6 Enero 2005
Síntomas preocupantes
Editorial La Razón 6 Enero 2005

EL PLAN DEL PSOE (Y 2)
César ALONSO DE LOS RÍOS ABC  6 Enero 2005

Ibarretxe, de la mano de Maragall
EDITORIAL Libertad Digital 6 Enero 2005

UN DIÁLOGO A TORTAS
Jaime CAMPMANY ABC  6 Enero 200

La culpa no era de Aznar
José Alejandro VARA La Razón 6 Enero 2005

POR ENCIMA DE LOS INTERESES DE LOS PARTIDOS
Luis Ignacio PARADA ABC  6 Enero 2005

A tortas
César VIDAL La Razón 6 Enero 2005

Las tortas de Ibarretxe
Iñaki EZKERRA La Razón 6 Enero 2005

Fundamentalismo totalitario
Carmen GURRUCHAGA La Razón 6 Enero 2005

A Ibarretxe le aprieta la corbata
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 6 Enero 2005

Las dos caras de la moneda
Pablo CASTELLANO La Razón 6 Enero 2005

El artículo 59
José García Domínguez Libertad Digital 6 Enero 2005

A tortas.
David GISTAU La Razón 6 Enero 2005

LA TXAPELA DE FRANKENSTEIN
M. MARTÍN FERRAND ABC  6 Enero 2005

Rajoy, ZP e Ibarreche
Francisco MARHUENDA La Razón 6 Enero 2005

Ibarretxe, ese estratega
Lorenzo Contreras Estrella Digital  6 Enero 2005

Al borde del precipicio
RAFAEL AGUIRRE El Correo 6 Enero 2005

El mal negocio de la secesión
Primo González Estrella Digital  6 Enero 2005

Otro órdago de ERC
Pablo Sebastián Estrella Digital  6 Enero 2005

Plan Ibarreche
Cartas al Director ABC  6 Enero 2005

Risas macabras
Cartas al Director El Correo 6 Enero 2005

El Foro de Ermua denuncia que Conde Pumpido y el Gobierno legitiman la desobediencia de Atutxa
Libertad Digital 6 Enero 2005

Las víctimas piden que se aplique «de manera inmediata» el artículo 155 de la Constitución
L. R. N. La Razón 6 Enero 2005

Los sindicatos abren otro frente a Ibarreche y avisan que se dañará el tejido social y laboral
Redacción La Razón 6 Enero 2005

Pedro Sanz: «La Rioja va a plantar batalla porque no aceptará ser la frontera de España»
Patricia Arriaga La Razón 6 Enero 2005

El TSXG declara ilegal que un Concello obligue a las empresas a usar el gallego
Ferrol La Voz 6 Enero 2005

El silbo gomero es procesado por nuestro cerebro como un lenguaje hablado más
A. AGUIRRE DE CÁRCER ABC 6 Enero 2005



 

Síntomas preocupantes
Editorial La Razón 6 Enero 2005

De no haber mediado la clara amenaza de los republicanos catalanes a Zapatero, podría darse un voto de confianza al Gobierno en su manera de afrontar la crisis abierta por el llamado «plan Ibarreche». Pero la intervención del secretario general de ERC, Joan Puigcercós, que exige de los socialistas que negocien con el lendakari so pena de provocar el final de la legislatura, nos lleva a un escenario muy preocupante. En primer lugar, porque Esquerra ha dado todo su apoyo, sin paliativos, al proyecto separatista del PNV, y en segundo lugar, aunque mucho más grave, porque los socios del PSOE pretenden, nada más y nada menos, que se excluya del debate político a los diez millones de españoles que votaron el 14 de marzo al partido que preside Mariano Rajoy.

Es preciso denunciar la insistencia de ERC y, también, de Izquierda Unida en deslegitimar al Partido Popular, representante del centroderecha español, como si la democracia sólo pudiera identificarse con los planteamientos de la izquierda, en este caso, además, independentista. José Luis Rodríguez Zapatero no puede caer en la trampa del «todos contra el PP», es decir, contra casi la mitad de los votantes españoles, cuando se está desafiando la unidad de la Nación.

Sin embargo, los síntomas no pueden ser peores. Socapa de que el «plan Ibarreche» está fuera del marco jurídico institucional y es, por lo tanto, inviable, el PSOE está admitiendo, en la práctica, los planteamientos de procedimiento del lendakari al aceptar la discusión en el Pleno del Congreso del texto soberanista. Se convierte así al máximo órgano de representación de los españoles en una cámara de resonancia a mayor gloria de la propaganda nacionalista. Puesto que Ibarreche ha negado al Parlamento nacional cualquier legitimidad para tratar los asuntos de la Comunidad Autónoma vasca y se ha arrogado un inexistente derecho de soberanía, cabría preguntarse por qué y para qué se debe discutir el malhadado proyecto y, sobre todo, a quién beneficia ese espectáculo.

Mientras tanto, todas las propuestas de consenso hechas por el Partido Popular, algunas de una sensatez aplastante, como la de rechazar el texto independentista en el primer trámite posible, han recibido la negativa displicente del Gobierno. Es de toda evidencia que Zapatero, condicionado por su minoría parlamentaria, intenta ganar tiempo con la esperanza de que las ya próximas elecciones autonómicas vascas le sean propicias. Es una apuesta arriesgada, quizás demasiado, pero que, además, supedita a un interés meramente partidario, aunque absolutamente legítimo, una cuestión de Estado como la del desafío secesionista vasco. En cualquier caso, si la legislatura debe ser acortada, no supondría ninguna tragedia para la democracia española.

EL PLAN DEL PSOE (Y 2)
Por César ALONSO DE LOS RÍOS ABC  6 Enero 2005

COMO escribí el martes, el Plan Ibarretxe no es sustancialmente distinto del proyecto de Estatuto vasco de los socialistas, y es de temer que tampoco vaya a serlo del que están preparando Maragall y Carod-Rovira para Cataluña. Y es que las posiciones de los nacionalistas y los socialistas hoy son intercambiables. Las diferencias son de lenguaje. Descarado el de unos; hipócrita el de otros. Siendo así las cosas, ¿por qué Zapatero habría de haberse escandalizado por la aprobación del Plan Ibarretxe en el Parlamento vasco?

El Plan Ibarretxe le plantea al PSOE un problema en la medida que puede barrer la propuesta de Patxi López en las próximas elecciones vascas, pero en absoluto le preocupa a Zapatero en relación con el modelo de Estado. Repito: no es más rechazable que el socialista.

Lo llamativo, escribía yo el martes, es que, a pesar de estas evidencias, una buena parte de la sociedad española y de los líderes de opinión se nieguen a reconocer que el PSOE está metido de hoz y coz en las mismas soluciones que los nacionalistas. El propio Rajoy parece no querer darse cuenta de ello cuando califica al Plan Ibarretxe como el-mayor-desafío-para-el-Estado, cuando éste no es sino una parte del verdadero gran desafío al Estado, que es el que está preparando el PSOE en toda España. Asimismo, demuestra que no es consciente de la gravedad del Plan socialista cuando le pide a Zapatero un pacto de Estado. Pero ¿acaso supone Rajoy que el PSOE quiera pactar algo con el PP cuando lo que le interesa es llevar adelante los pactos con los nacionalistas para de ese modo dejar al PP fuera de todo juego?

LO único que el Gobierno socialista quiere sacar del PP es que le acompañe en actos retóricos como el debate parlamentario contra el Plan Ibarretxe que le dé cobertura para hacer una política real con lo nacionalismos.

Ahora bien ¿éste que yo llamo Plan del PSOE es una política nueva de los socialistas? En realidad responde al mismo diseño de reparto de poder que tuvo González entre 1982 y 1996 y que consistió en entenderse con el PNV y CiU para dejar fuera a la derecha. González pensó que con esta estrategia se aseguraba para siempre La Moncloa. Su error fue no caer en la cuenta de que aún le quedaba carrete al modelo autonómico y que Pujol tenía que seguir sacando rendimiento al modelo. Así que le dejó tirado en 1993 y con el partido destruido por el GAL y la corrupción económica. Zapatero repite el esquema de González, pero ahora a cambio de cesiones gravísimas, ya que ahora ello supone abandonar el sistema autonómico y saltar a un nuevo modelo con renuncia de la Nación, de la idea de España, muy peligroso para la convivencia de los españoles.

ES la estrategia de siempre, pero con Maragall, Elorza y Eguiguren como protagonistas. Lo anuncié en «La izquierda y la nación». Estamos ante el modelo confederal de España. Es el cierre de filas de nacionalistas y socialistas. A partir de aquí, éstos van a intentar impedir que la derecha pueda ser alternativa. En realidad, se va a impedir la alternancia. Por eso digo que el Plan Ibarretxe es una parte tan sólo del asalto al Estado democrático que supone el Plan del PSOE.

Ibarretxe, de la mano de Maragall
EDITORIAL Libertad Digital 6 Enero 2005

Para disfrazar su decisión de dejar que el desafío nacionalista vasco a nuestra nación y a nuestro Estado de derecho prosiga su camino, el Gobierno nos quiere hacer creer que es prematuro recurrir el “plan Ibarretxe” ante el TC porque aun no tiene fuerza de ley ya que no ha sido aprobado por el Congreso de los Diputados. Sin embargo lo que desde el PP se ha pedido al Ejecutivo que presente de inmediato no es un recurso de inconstitucionalidad sino una impugnación a la resolución adoptada en la cámara vasca que, tal como reza el título V de la Ley Orgánica del Tribunal Constitucional, hace referencia precisamente a lo que han aprobado los nacionalistas, representantes de ETA incluidos.

El artículo 76 de la LOTC es muy claro al decir que “Dentro de los dos meses siguientes a la fecha de su publicación o, en defecto de la misma, desde que llegara a su conocimiento, el Gobierno podrá impugnar ante el Tribunal Constitucional las disposiciones normativas sin fuerza de Ley y resoluciones emanadas de cualquier órgano de las Comunidades Autónomas”. Más claro, agua.

Evidentemente si fuera factible presentar en estos momentos un recurso de inconstitucionalidad, no haría falta que el PP se lo pidiera al Gobierno de la nación, pues lo podrían hacer también cincuenta diputados o senadores, tal y como reza el artículo 162.1 de nuestra Carta Magna. Lo que procede ahora —junto a muchas otras advertencias que Zapatero tampoco está haciendo— es la impugnación, cuya petición ante el Tribunal Constitucional es responsabilidad única y exigible del Gobierno. Una impugnación que, tal y como dice el artículo 77 de la LOTC, produciría “la suspensión de la disposición o resolución recurrida hasta que el Tribunal resuelva ratificarla o levantarla en plazo no superior a cinco meses, salvo que con anterioridad, hubiera dictado sentencia”.

Si, pese a todo, aun no estuviera clara la voluntad del Gobierno, preso de las presiones de los secesionistas, de no atajar ya esta devastadora maniobra contra la estabilidad democrática de nuestro país, ahí está su decisión de permitir el trámite parlamentario de este plan secesionista que también podría abortar este Gobierno del 14M si decidiera sumarse a los votos de rechazo del PP.

Está por ver que Rodríguez Zapatero quiera admitir a trámite el Plan Ibarretxe para, tras el debate parlamentario, votar finalmente en contra del mismo. No parece tener mucho sentido que, habiéndose manifestado reiteradamente a favor de la inconstitucional reforma del estatuto que propone Maragall y los independentistas catalanes, —“igual en el fondo, pero distinto en las formas”, tal y como con acierto lo describió el presidente catalán— ZP no esté tentado a introducir enmiendas parciales al proyecto del Lehendakari para adecuarlo a las “formas” con las que socialistas e independentistas catalanes tratan de proclamar a Cataluña como nación.

Si por el contrario, el presidente del Gobierno no cae en esa tentación y finalmente la suya es una decisión innegociable de presentar un rechazo a la totalidad al Plan de Ibarretxe, no tiene sentido que no contemple la inadmisión a trámite que tiene los mismos efectos, con la diferencia que esta reduce desde el primer momento las esperanzas que animan a quienes ya han emprendido la vía de la ilegalidad. Con todo, quedaría pendiente cómo Zapatero satisface en Cataluña a quienes se fueron con ETA a Perpignan para “profundizar juntos en la crisis del Estado español”. De ellos ha hecho ZP depender su Gobierno, sin olvidar de qué hizo depender su victoria electoral.

UN DIÁLOGO A TORTAS
Por Jaime CAMPMANY ABC  6 Enero 2005

YO creo, y lo digo sin ánimo de molestar, que Juan José Ibarreche ha cometido una gran temeridad al plantear su dilema: o negociación, o tortas. Porque la negociación, tal y como él la concibe, es imposible, y por lo tanto sólo quedan las tortas. Para decirlo más claro recurriré a las famosas palabras del torero: «Eso no puede ser, y además es imposible». Nadie puede concederle a Ibarreche que la voluntad de lo que él llama la «sociedad vasca», es decir una parte del nacionalismo vasco, esté por encima de las decisiones del Parlamento español, donde reside la soberanía suprema del pueblo, que también es soberanía del pueblo vasco, entero y sin fracciones. Y si alguien se creyera con autoridad para conceder a Ibarreche o a cualquier otro delirante ese disparate, sería él quien recibiría inmediatamente las «tortas» que se citan. Unas tortas que le despojarían en el acto de esa supuesta autoridad.

De modo que poco adelantaríamos en este enloquecido conflicto de competencias entre algunos de los votantes nacionalistas y todo el pueblo español si se liaran a tortas Ibarreche y Zapatero. Hombre, podría ser divertido, pero la política, cuanto menos divertida y pintoresca, mejor para el país, o mejor dicho, para la nación. Contemplando ese supuesto, podríamos organizar el «diálogo» entre ambos combatientes anunciándolos como en el ring. «A continuación, como combate de fondo, se enfrentarán por primera vez a tortas, el púgil Rodríguez Zapatero, con calzón rojo, 44 años, 1,78 de altura, 68 kilos, nacido en Valladolid pero conocido como ¡¡¡El Tigre leoneeeeés!!!, contra el gran encajador Juan José Ibarreche, 47 años, 1,76 de altura, 66 kilos, Rh aproximadamente negativo, conocido como ¡¡¡El leñador de Llooooodio!!!» Claro está que eso siempre sería mejor que reproducir una vez más en estos páramos de Celtiberia el «Duelo a garrotazos» de Goya.

Esa pelea a golpes entre los dos protagonistas del conflicto, al modo y manera de los combates caballerescos de la Edad Media para dirimir una batalla, supondría un mal menor. Allá ellos. De todas formas, ganara quien ganase, al pueblo español nadie iba a quitarle su soberanía. Mucho peor sería que cada uno de los españoles que no están de acuerdo con el Plan soberanista de Ibarreche acudiera a propinarle una torta. Pobre Ibarreche. Se le iba a quedar el rostro tan hinchado como el monte Igueldo.

Pero, hombre, Ibarreche, ¿a quién se le ocurre nombrar la soga en casa del ahorcado? Porque, ya no a tortas, sino a tiros y a bombazos, están los etarras, desde hace más de treinta años, intentando alcanzar sin conseguirlo lo que usted quiere lograr ahora con ese Plan suyo, aprobado con votos etarras, la amenaza estúpida de las tortas y esa soflama que se trae de que por encima de lo que usted dice que es la voluntad de la sociedad vasca no existe ninguna otra voluntad. A lo mejor, el obispo Setién les ha dispensado de la voluntad de Dios. ¿Pero qué pretende usted, señor lendakari: aprovecharse de la sonrisa del boquirrubio para liarla otra vez en los campos de Celtiberia? Quédese en paz. ¿No ve usted que el macho está de todo eso hasta las crines?

La culpa no era de Aznar
José Alejandro VARA La Razón 6 Enero 2005

Fatalmente, la culpa de todo no la tenía Aznar. Durante años se ha escuchado una cansina palinodia sobre el nivel de crispación en el que el anterior presidente del Gobierno había sumido a la Nación, con sus inevitables consecuencias en forma de permanentes maremotos sobre el País Vasco. Aznar era el culpable de haber criminalizado a los nacionalistas vascos, de haber encrespado el mapa político español, de haber enrarecido el clima de diálogo con las comunidades autónomas, de haber provocado las airadas reacciones del PNV y sus adláteres y, en suma, Aznar también era el culpable de que ETA siguiera sembrando de terror y muerte nuestra geografía. Aznar era un provocador, un intolerante, un enemigo del diálogo, un soberbio... Por eso, decían, una vez desaparecido Aznar, las aguas volverían a su cauce y el tsunami vasco se tornaría en suave brisilla del Cantábrico.

Pero ya no está Aznar, ni siquiera Arzallus. Mayor Oreja se ha refugiado en los sillones de Europa y hasta Otegui es tan sólo una penosa anécdota. Ya no hay coartadas, ya no hay excusas. Y sin embargo, el nacionalismo vasco acaba de dar un paso definitivo en su permanente desafío a la legalidad constitucional. De la mano del sector político de ETA ha aprobado el «plan Ibarretxe» en una sesión parlamentaria con tintes de aquelarre. Ningún parlamento democrático (incluido el de Quebec) sería capaz de dar el visto bueno a una proposición crucial al ritmo que marca la misiva de un pistolero.

Ya es hora de que los melifluos, los pusilánimes, los ambiguos, los jugadores a dos barajas, los contemplativos, los abanderados del consenso, se caigan de ese guindo falsario en el que están encaramados y se enfrenten de bruces con la única realidad. El nacionalismo vasco que representa el actual lendakari no necesita de excusas. No da nunca un paso atrás. No atiende a negociaciones, ni a razones, ni a argumentaciones. Tiene un proyecto y no va a ceder. Y está dispuesto a sacarlo adelante, aunque sea «a tortas». Ibarretxe el de las «yoyas». Ibarretxe en estado puro. Ibarretxe amenazante, Ibarretxe intemperante, Ibarretxe insolente. En su esquematismo mental, tan totalitario, el lendakari sólo entiende una dialéctica: o asumes mi postura o acabamos a tortas. ¿También tiene de esto la culpa Aznar?

Pues parece que sí, al menos si escuchamos los argumentos que esgrime el PSOE para no recurrir el texto de la secesión vasca ante el Constitucional. «No caigamos en errores del pasado», han dicho Zapatero y Blanco. «Pensábamos que el Plan no iba a prosperar porque responde a una política del pasado, una política que sembraba discordias», ha dicho Jordi Sevilla.

Ahí lo tienen, tanto escupir sobre la tumba del pasado y se encuentran la tenebrosa realidad de cuerpo presente. Nadie se traga ya que el «plan Ibarretxe» es una reacción al agrio carácter de Aznar. Por lo tanto, ha llegado la hora de que el PSOE haga algo, de que reaccione, de que abandone su actitud de enjaretar circunloquios, aventar vaciedades, alimentar generalidades a la espera de que en las autonómicas vascas el experimento de Patxi López descabalgue a Ibarretxe de su «plan».

Los hechos son los que son. Viajará el lendakari a la Moncloa no a escuchar, sino a imponer. Su «plan» será presentado en las Cortes (si no hay oposición de la Mesa del Congreso) con el convencimiento ya amortizado de que será rechazado por PSOE y PP, pero aclamado por todos los partidos que apoyan al actual Gobierno. Esas malas compañías que, a cada instante, pasan factura. Y seguirá proclamando sus delirios de independencia consciente de que la respuesta socialista estará inevitablemente modulada en función del Estatut que se está urdiendo en Cataluña. Es otra cosa, sí, ya lo sabemos. Es una reforma estatutaria con voluntad de consenso y de respeto a la Constitución. Pero, en cualquier caso, ya veremos...

Lo más alarmante del actual panorama no es la embestida del PNV, algo previsible salvo para los obcecados en echar las culpas de todo el pasado. Lo más alarmante es la meliflua reacción del PSOE. Ya ha desechado la alternativa judicial para ponerle coto al «plan». Y parece que se han echado en brazos de la arriesgada alternativa de «adecuar la estrategia al objetivo de derrotar a Ibarretxe en las urnas». Tierno cuento de la lechera. Entrañable fábula. Fastuoso ensueño. Qué irresponsable ingenuidad la de enfrentarse con urnas a los que hablan de tortas.

Llegados a este punto, resulta hasta absurdo recordar que el Estado de Derecho tiene la obligación de defenderse. Ya se ha visto que la culpa no era de Aznar, ni de aquel antiguo PP supuestamente vitriólico. Rodríguez Zapatero, que es un político inteligente y frío, como ya hemos tenido ocasión de comprobar, ha de demostrar que está a la altura del reto que un grupo de iluminados le está planteando a la convivencia nacional. Y de momento, tan sólo se le han escuchado unas palabras huecas pronunciadas durante un breve alto en sus vacaciones.

POR ENCIMA DE LOS INTERESES DE LOS PARTIDOS
Por Luis Ignacio PARADA ABC  6 Enero 2005

EL PSOE rechazó ayer la propuesta de Pacto de Estado contra el Plan Ibarretxe y la convocatoria de una Conferencia de Presidentes autonómicos. Con ambas iniciativas, el PP trata legítimamente de lograr como primer objetivo un frente común para demostrar la unidad de España: veinte millones de votos contra 700.000. Los representantes del PSOE en la Mesa del Congreso han avisado que votarán a favor de la tramitación parlamentaria del plan, mientras que los populares han anunciado que lo harán en contra. Ante el desafío que supone el secesionismo mal encubierto que pretende el gobierno autónomo -con el respaldo ilegítimo del Parlamento vasco, logrado con los votos prestados por los sucesores de Batasuna que justifican el terrorismo- ese Pacto de Estado y esa Conferencia de presidentes hubieran sido una demostración palmaria de que la política de Estado está por encima de la defensa de los intereses de los partidos.

El recurso ante el Constitucional sólo puede atemorizar a los pusilánimes. Porque los artículos 161 y 162 de la CE permiten al Gobierno impugnar las disposiciones y resoluciones adoptadas por las Comunidades Autónomas y el Plan Ibarretxe es más que una disposición y una resolución. Para interponer el recurso están legitimados, además del Presidente del Gobierno, el Defensor del Pueblo, cincuenta Diputados, cincuenta Senadores, y los órganos colegiados de las Comunidades Autónomas. Si nadie lo hace es porque la defensa de los intereses de los partidos está por encima de la política de defensa del Estado. Se podrá discutir si es este el momento oportuno a la vista del rechazo anterior o si es preferible guardarse ese último cartucho. Pero resulta lógico evitar que el problema llegue al Congreso porque eso es lo que busca Ibarretxe para hacerse el mártir, jugar con el orgullo herido de los vascos y ganar por mayoría las elecciones autonómicas del próximo mes de mayo.

A tortas
César VIDAL La Razón 6 Enero 2005

Si uno no supiera nada de lo que sucede en España desde hace décadas y escuchara al lehendakari Ibarreche podría incluso pensar que es un buen chico. Es verdad que su aspecto se asemeja al de un desertor del arado y que aún no ha perdido el pelo de la dehesa. Tampoco se puede negar que habla el castellano con un acento asilvestrado, casi como si fuera a gritar «¡Ueee!» o «¡Ieeee!» de un momento a otro para llamar al ganado. Pero dejando aparte esos detalles nimios, daría la sensación de que sólo busca la paz y el sosiego. Recordaría a esos presidentes de comunidad que intentan calmar los ánimos cuando aparece algún copropietario a punto de sacar la recortada porque la obra de la casa no concluye desde hace meses y no deja pegar ojo a nadie. Ibarreche sería de los que dirían: «Hombre, no se ponga así, don Fermín. Está mal que lo despierten a martillazos a las siete de la mañana todos los días, pero hoy por usted y mañana por los demás». Eso –quizá– es lo que pensaría alguien totalmente ignorante al escuchar a Ibarreche diciendo que hay que negociar porque un problema no se puede solucionar a tortas.

Lo que sucede es que, vergonzosa y lamentablemente, la realidad es mucho más grave. Y es que la fase de las tortas se superó en las Vascongadas hace décadas. Durante estos años, los aliados de Ibarreche, los mismos que le han dado sus votos para sacar adelante el plan que lleva su nombre, han asesinado a cerca de un millar de personas y han dejado un sinnúmero de huérfanos, viudas y minusválidos en su camino cruento hacia la patria vasca. No lo han hecho, obviamente, a tortas. Lo han conseguido mediante la goma-dos, el tiro en la nuca o la quema de casas y de negocios.

Ya quisieran tantas víctimas del terrorismo que el nacionalismo vasco se hubiera quedado en las tortas, pero es que de eso no hay constancia. Y es que para dar de tortas hay que tener algo de valiente y el nacionalismo vasco se ha caracterizado siempre por ser esencialmente cobarde. Cobarde porque ha optado por el terror y la mentira como armas esenciales de su avance; cobarde porque se atreven con los débiles como ZP pero reculaban –enfurecidos, pero reculaban– ante gente de convicciones como Aznar; cobarde porque jamás han ido de cara sino encapuchados, a escondidas y por la espalda.

No deberíamos temer, por tanto, que vinieran las tortas, pero los nacionalistas vascos sí deberían temer a unos jueces que los encarcelaran cuando quebrantan la ley en lugar de ponerlos en libertad como le ha sucedido a Atucha; a unos políticos que dejaran atrás sus intereses partidistas para defender la unidad española y que no temieran, llegado el caso, aplicar el artículo 155 de la Constitución suspendiendo la autonomía; a unas fuerzas armadas que garantizaran la integridad territorial de la nación y a un jefe del Estado que, por activa y por pasiva, dejara claro que no está para componendas con los que pretenden desgarrar España. Que los teman y ya verán todos cómo no llegamos a las tortas e incluso acaban desapareciendo los que medran, extorsionan y asesinan en nombre de su Euzkadi.

Las tortas de Ibarretxe
Iñaki EZKERRA La Razón 6 Enero 2005

Como no soy tan hipócrita ni tan gazmoño como Zapatero, la amenaza de Ibarretxe de solucionar las cosas a tortas no me ha impresionado nada, la verdad. Es más, estoy por enviarle una carta de felicitación al lehendakari ya que, con esa rueda de prensa que tanta y tan ridícula escandalera ha levantado, el nacionalismo sabiniano acaba de dar el paso más decisivo de la etapa democrática en el camino de la normalización del País Vasco: de repente hemos pasado de los tiros a las tortas. No me dirá el lector que no es para celebrarlo. Si Ibarretxe está dispuesto a entrar por el aro democrático con un par de leches yo mismo me ofrezco a dárselas ahora mismo. Lo más que me podría pasar es que me las devolviera pero entre salir con uno ojo morado a salir con un tiro en la nuca hay cierta diferencia.

¿Nos van a impresionar las tortas de Ibarretxe a quienes vamos escoltados para que no nos asesinen?

¿Vamos a sorprendernos a estas alturas de esa salida macarrilla de un lehendakari que tuvo un predecesor (Garaikoetxea) que a la hora de presionar a Madrid decía exactamente lo mismo sólo que poniendo en el lugar de la palabra «tortas» la palabra «muertos»?

¿Es que nos hemos vuelto ya tan fariseos como el PNV?

¿Nos escandalizan más las tortas de Ibarretxe que el millar de asesinados de ETA?

La gente tiene miedo en el País Vasco al Plan de Ibarretxe y a sus tortas. No está mal que se le tenga miedo a eso pero siempre que se sepa que no es sólo a eso a lo que hay que tenerle miedo sino al Plan Guevara que el PSOE nos quiere vender como la gran solución. La gente empieza a ver cerca la catástrofe, el abismo de la secesión y le suenan las alarmas de emergencia. Pero uno experimenta mucha prevención ante esas expresiones –catástrofe, abismo, emergencia, alarma…– porque teme que el miedo que nos inspire el Plan Ibarretxe nos arroje en brazos del Plan Guevara que es otro abismo pero de caída lenta.

Con que aceptemos sólo la expresión «comunidad nacional» habremos abierto la puerta a otros veinticinco años en los que la consigna del nacionalismo no será otra que «a una nación le corresponde un estado». La catástrofe más probable que le espera al País Vasco no es la balcánica sino la de pasarse un cuarto de siglo más como se ha pasado este último cuarto de siglo, hablando todo el día de unos tíos feos. Uno no tiene miedo a la guerra civil sino a que le den la chapa otros veinticinco años con la misma cantinela soberanista, la misma inestabilidad institucional y económica, el mismo terrorismo…

No es que no haya que temer al desafío nacionalista sino que también hay que temer a esa otra catástrofe dilatada que nos trae Patxi López como salvación, catástrofe no por conocida menos mala. Bienvenidas sean las tortas de Ibarretxe si gracias a ellas reaccionan los que no reaccionaron a los tiros y las bombas, pero que esas tortas no nos impidan ver la panadería entera que hay detrás como el árbol que no deja ver el bosque.

Fundamentalismo totalitario
Carmen GURRUCHAGA La Razón 6 Enero 2005

El Plan Ibarretxe, según su mentor, pretende regular la convivencia entre los vascos, pero sólo entre los que los nacionalistas consideran vascos. Es decir, entre los de su propia tribu. Los demás, los constitucionalistas, no son vascos, sino «más españoles que un botijo». Ser tildado de español es el insulto más despreciable que puede salir de la boca de un nacionalista etnicista. Además, el presidente de esa comunidad autónoma ofrece negociación, pero en una sola dirección y no está dispuesto a rebajar en nada las pretensiones de su Plan. O se acepta tal y como ha sido aprobado por el Parlamento vasco o «lo solucionamos a tortas». Extraña manera de negociar la del lehendakari. Esa patrimonialización de lo vasco no es otra cosa que totalitarismo y el no aceptar nada del punto de vista del contrario, puro fundamentalismo.

Está claro que así planteada, la reforma del Estatuto vasco se convierte en un problema para el Estado, pero no es menos complicado dar con la respuesta adecuada. El PP es partidario de sumar sus fuerzas a las del PSOE para contestar conjuntamente. El partido que preside Zapatero, sin embargo, no desea que los ciudadanos vascos puedan percibir una estrategia similar a la que ofrecieron ambas formaciones políticas en las últimas elecciones vascas. Los socialistas consideran que, en esta ocasión, no hay que convencer al electorado español de las maldades del Plan –porque ya está convencido–, sino al vasco. Por eso, contestar duramente supondría remover las vísceras de muchos ciudadanos de la Comunidad Autónoma vasca y poner en marcha la fábrica de hacer nacionalistas, con lo que se conseguiría el efecto contrario al deseado. La filosofía que ha transmitido Zapatero entre su gente es que la situación generada en el Parlamento Vasco no es más que una iniciativa política, con la que no coinciden, pero que será rechazada con las armas que la democracia tiene para defenderse y que será rechazada por las Cortes Generales.

Esta obviedad es algo con lo que ya debía contar el presidente Ibarretxe al diseñar el calendario de su Plan, por lo que, presumiblemente, tendrá preparado un plan «B». Esta repuesta tibia podría deberse a que los socialistas están pillados por la situación de Cataluña, donde ERC, socio del PSC, ha afirmado que lo del País Vasco es un entremés comparado con lo que va a ser la reforma estatutaria catalana. Y Maragall no le ha llevado la contraria.
Seguir la estrategia del PP puede suponer tratar de matar una mosca con una escopeta de disparar elefantes, pero atender la del PSOE sería intentar matar un elefante con un matamoscas. A priori, ninguna de las dos es plausible, porque una genera más nacionalistas y la otra los hace más exigentes. Es difícil encontrar el punto exacto de equilibrio, pero, mientras tanto, Ibarretxe sigue adelante con su Plan.

Desafío nacionalista
A Ibarretxe le aprieta la corbata
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 6 Enero 2005

Si ven al lehendakari, hagan el favor de decirle dos cosas: que la corbata le apretuja el cuello y que aquí nadie quiere más tortas que las tortas de aceite de Santa Inés. Creía uno que las tortas y los tiros en la nuca y los juguetes bomba y las niñas sin piernas y las voladuras de las casas cuartel y el infierno en el hipermercado los ponían los avalistas sobrevenidos del plan que lleva el nombre del lehendakari, que puede acabar siendo, como Quevedo, hijo de sus obras y padrastro de las ajenas.

Da grima verle el gollete tan constreñido. A veces se le escapa una voz atiplada entre dos tonos graves, como a un adolescente. Es la corbata que lo ahoga. Apareció con aire de vendedor de aspiradoras a domicilio. Un señor muy correcto. Con sus limitaciones, pero irreprochable. Llano, se lía tratando de colocar su producto puertorriqueño. Y como sabe que no hay que salirse del guión, se encastilla en "la voluntad de los vascos y las vascas". Díganle otra cosa: que "vascos" es un genérico que incluye a ambos sexos. Ya puestos, díganselo también a Blanco. Y que una cosa es el sexo y otra el género, y que el jarrón, por ejemplo, es masculino sin necesidad de miembro viril.

Siempre pueden culpar a Franco de esas lagunas en su educación. Hasta que llegó Aznar para cargar con todo, incluyendo los naufragios, Franco fue el comodín de la culpa. Las cosas de antes de Aznar, como el bachillerato de Ibarretxe y de Blanco, se le pueden seguir imputando al caudillo sin ningún problema. Pero nos vamos de tema.

Ese plan suyo, don Juan José, no es plan, es el plano de ningún sitio, o sea, de Utopía. Maragall, por contraste, le ha venido a decir que está pidiendo la luna. Crítica engañosa, pues presupone que los objetivos del plan, aunque irrealizables, son deseables.

El astuto president se hace el moderado a costa del hombre atenazado por su propia corbata. Artur Mas, que se ha dado cuenta, aprovecha el momento y apoya a Ibarretxe para reafirmar por fin su nacionalismo frente a Maragall. Ajeno a las maquinaciones catalanas, el lehendakari camina recto hacia el abismo, pasito a pasito, como una muñeca de Famosa con batería de litio. Lo sentimos por él, no parece un mal tipo. Lo que pasa es que, aparte de liarse con los géneros, se lía con los sujetos de soberanía.

La Constitución, qué le vamos a hacer, tiene unos cauces. A través de ellos, todo se puede plantear. Es lícito ser independentista. Fuera de ellos nada es aceptable. Ni siquiera cuando se trata de luchar contra el terrorismo, como han comprobado para su desgracia algunos reos socialistas, a los que les pasa como a las candidatas a Miss España de Anson, que no están todos los que son pero sí son todos los que están.

El tonsurado extendió los brazos, abrió las francas manos, arqueó las desdibujadas cejas: "Espero que PSOE y PP vean una oportunidad, no una amenaza". Saludó uno por uno a los periodistas, los miró a los ojos. Todo parecía normal... salvo la corbata. ¿Quién le ha puesto esa soga?

Las dos caras de la moneda
Pablo CASTELLANO La Razón 6 Enero 2005

Ahora le toca al Partido Popular quejarse de la falta de diálogo, consenso, acuerdo y hasta de la desaparicion del famoso talante, gráficamente expresado en la sonrisa, la dulce mirada, la reiterada alusión a la amabilidad, la austeridad, la urbanidad y la cortesía.Y por el olvido de las buenas maneras se imponen los hoscos semblantes, las miradas fratricidas, los gestos inamistosos y se proclama la vuelta de la crispación. Hasta el 14-M era el PSOE el que decía estar siendo laminado por el rodillo gubernamental, o sea tener que sufrir un Fiscal General del Estado nombrado unilateralmente y tan abogado del gobierno que recordaba al famoso Pollo del Pinar.

Quejábase, la entonces oposición, y hoy flamigero Gobierno, de que el Reglamento de las cámaras, de ambas, a gusto y disfrute de la mayoría dejaba a la oposición en papel desairado y con graves dificultades para cumplir su cometido controlador. Hasta se anunciaba, para cuando se accediera al poder, un cambio radical en la televisión, la imparcialidad del gobierno en la dirección de las empresas públicas, la gran banca y los medios de comunicación. PSOE y PP con las mismas reglas de juego, que prometen reformar por poco democráticas cuando aspiran a gobernar, se lanzan al abuso en cuanto les toca el turno.

Y es lógico pues son las dos caras de la misma moneda, la de la restauración monárquica de 1978. Los dinásticos partidos turnantes al servicio del mismo sistema del bipartidismo privilegiado y oligopólico. Y en su seno, y fuera de él, repiten lógicamente los mismos modos y maneras de orden caciquil y de interpretación reducionista de la democracia delegada.

Por ello sus lamentos, ahora los del PP, y antes de ayer los del PSOE son pura teatralidad, suenan a coro de plañideras y hacen increíbles toda sus respectivas manifestaciones de regeneración democrática, de perfeccionamiento del sistema, del que aprovechan sus bien fabricadas triquiñuelas para escapar al control y asentarse en la irresponsabilidad política y la impunidad penal. Hasta si llega la ocasión se resarcen con sus recíprocos indultos.

Esto se va pareciendo cada vez más a una farsa o caricatura de la democracia. Por si fuera poco ese idéntico concepto de la política como ejercicio del poder a gusto del que le toca, y a esperar el otro para repetir, cuando sea, la misma medicina, resulta que además defienden lo mismo. Aunque a algunos no se lo parezca. Si los unos tienen sacralizado el amor en el crisol jurídico religioso del matrimonio, los que presumen de laicos se aprestan a extender la fórmula hasta los homosexuales, para que con su distinta orientación sexual e idéntico impulso afectivo se ordenen en regular familia. Lo lógico sería que en lugar de extender el yugo este se recortara para los uncidos. Pues no, ambos, digan lo que digan,defienden el amor, sea cual fuere, ordenadamente ejercido e institucionalizado en sus registros, ensalzado en el marco del salón de plenos o en la nave principal del templo e incentivado siempre con los derechos pasivos y la seguridad jurídica. A ambos lo del amor libre les suena a blasfemia.

Es la suerte de la derecha en este país, dueña y señora de todo el abanico de partidos, para hacer sus combinaciones en defensa de lo esencial y envidiada por todo el orbe. Vaya invento y vaya éxito. Por eso los incautos preocupados por el color del gobierno deben tranquilizarse. El color parece distinto, pero el hedor es el mismo.

Plan Ibarreche
El artículo 59
José García Domínguez Libertad Digital 6 Enero 2005

El último día del mes de julio de 1894, el padre fundador de la nacioncita de los vascos y de las vascas redactó el artículo 59 de los estatutos originales del PNV. Ése que reza así: "Habrá socios originarios, adoptados y adictos. Será originario el soltero o viudo sin familia cuyos cuatro primeros apellidos sean euskéricos. Será adoptado el soltero o viudo sin familia que tenga entre sus cuatro primeros apellidos alguno o algunos euskéricos, siendo erédicos los restantes, pero heredados de abuelos nacidos en territorio euskeriano. Será adicto el soltero o viudo sin familia que, teniendo euskéricos dos cuando menos de sus cuatro apellidos, cuente entre los restantes algún erédico heredado de abuelo nacido en territorio extranjero; y aquel que, teniendo erédicos los cuatro primeros apellidos, los haya heredado de abuelos nacidos en territorio euskeriano. Si el socio es casado, o viudo con familia, estas condiciones exigidas se atenderán en ambos consortes, confiriéndosele el grado según las del que reúna más inferiores".

El artículo 59, he ahí el genuino, el verdadero, el único Plan Ibarretxe. Nunca han albergado otro. Los gudaris llevan medio siglo matando maketos y parientes de maketos, y amigos de maketos, y parientes de amigos de maketos, únicamente por eso, por el 59. De ahí que no resulte baladí que el lehendakari de los vascos y de las vascas eligiera cuidadosamente el treinta de diciembre, la festividad de San Sabino, para concelebrar con la Eta la reedición en papel couché del único artículo que les importa a todos. Y es que lo llaman pretenciosamente MLNL, Movimiento de Liberación Nacional Vasco, pero, en realidad, jamás ha sido otra cosa que el Movimiento para Implantar el 59.

Dice Juanjo que tendría que pegarle unas tortas al presidente del Gobierno de la Nación si dejara de sonreír y mirar hacia otro lado mientras él pone en marcha ese asunto de los erédicos de los consortes. Y Puigcercós, que le arreará otra más a Rodríguez si no obedece. No hará falta. Cuando el payaso de las bofetadas, Maragall y Carod dinamiten la Constitución, emergerá la Confederación Ibérica de Originarios, Adoptados, Adictos y Realquilados con Derecho a Cocina; o sea, la España en plan Ibarretxe, que a eso vamos. Así que, al final, no habrá de sacar el otro la caja de las galletas y darle la merienda al protegido de la Esquerra. No llegará el agua al río. Seguro. Aunque, si llegará, convendría recordar lo que escribió en 1894 el padre de todos los Ibarretxes y las Ibarretxas: "Si algún español que estuviese, por ejemplo, ahogándose en la ría, pidiese socorro, contéstale: Nik eztakit erderaz (no hablo castellano)". Demanda arbitrio sobre qué hacer al PSC y a ERC, habría recomendado hoy ante la eventualidad de idéntico trance.

A tortas.
David GISTAU La Razón 6 Enero 2005

La política española da matones como la inglesa da oradores. De ahí que, cada cierto tiempo, ocurre que en España resurge un personaje político casi folclórico: el que sostiene que las urnas son sagradas, sí, pero sólo mientras sirven para ganar. Cuando se pierde, entonces su destino es romperlas, qué importa si el pretexto para hacerlo es una revolución o un falso mesianismo de tribu cautiva.

El molde de la democracia occidental con que España intentó salvarse de sí misma debería haber servido para que aquí, por fin, las pistolas quedaran enfundadas y nos hubiéramos puesto a dar oradores. Gente para la cual la política no consistiese en tirar algo desde lo alto del campanario, coño, que al fin y al cabo en España ya hasta se come «sushi» y no es cuestión de seguir llevando la taliboina enroscada en la cabeza y el adhesivo de «Cómo molan mi Rh y mi aldea» pegado junto al parachoques del buga. Y, sin embargo, desde que somos una democracia-«sushi», el Norte viene rompiendo las urnas nada menos que con la dialéctica de las pistolas, frase clásica en la que queda caracterizado el matonismo típicamente español, defecto genético cuyo último monstruito mal parido es Eta.

¿Último? Eso creíamos. Porque otro que todavía no ha llegado al «sushi» ni se ha desenroscado la taliboina es Ibarreche. Quien, perpetuando los viejos hábitos del matonismo a la española, amenaza, si las urnas cristalizadas en el Congreso de la nación le entorpecen, con romperlas «a tortas». Aun así, no les quepa duda de que los fascistas seremos usted y yo, culpables de ser españoles educados por la democracia-«sushi», y no estos golpistas cuya retórica tramposa sacraliza las urnas sólo cuando ganan. Cuando pierden, en el mejor de los casos frecuentan la dialéctica de las tortas como guerra de fogueo que va preparando la temperatura para la dialéctica de las pistolas. Y mientras, Puigcercós que amenaza con quebrar el Régimen –o sea, las urnas– si España no pone el culo en pompa. No sé si será un «mosso» o un «ertzaina», lo que veremos pronto en el Congreso, pistola en mano y gritando: «¡Se sienten, coño!».

LA TXAPELA DE FRANKENSTEIN
Por M. MARTÍN FERRAND ABC  6 Enero 2005

TRES buenos amigos, dos guipuzcoanos y un vizcaíno, me llaman para comentar, como hacemos con frecuencia, la situación de lo que ellos llaman «problema vasco» y yo entiendo, supongo que con mayor amplitud de miras, como un inquietante «problema español». Más o menos coinciden los tres, desde su confesado nacionalismo militante, en que el plan Ibarretxe, que tanto nos escandaliza y duele a los españoles no nacionalistas, suele estar mal visto y peor interpretado puesto que se trata, a fin de cuentas, de una oferta, condicionada, eso sí, para seguir siendo parte del Estado español y no para salirse de él. Si las ideas, aun las más radicales, tienden a ser elásticas, las del nacionalismo, a tener la solidez de la brisa de un amanecer.

Durante mucho tiempo Juan José Ibarretxe, titular de la herencia envenenada que recibió de Xabier Arzallus y que, por sublimación, él ha redoblado en su concentración, ha ido construyendo, a la manera de Mary Shelley y en no muy distintas circunstancias de las que generaron la creación de la inglesa, una especie de Frankenstein con txapela, lo que no dejan de ser ganas de jugar al terror y al anacronismo a un mismo tiempo. Ahora, en el precipitado final de una legislatura, y sospecho que con toda la mala intención de Batasuna, el monstruo le ha crecido al lendakari y exige, según el reglamento internacional sobre la materia, buenos alimentos, calor ambiental, respaldo popular y, por supuesto y más que nada, privilegios. Muchos privilegios.

Los nacionalismos periféricos españoles actuales, herederos directos del caciquismo decimonónico, no suelen tener más raíces que la búsqueda de la bicoca, más tronco que la exclusión de lo próximo, más copa que la fantasía -entre antropológica y mística- ni más sombra que la de la autocomplacencia de unas figuras diminutas que, trasladadas al tamaño real de la vida española, nos parecerían reproducciones a escala, como las figuras de los nacimientos que ya nos disponemos a guardar.

Ibarretxe, a falta de una mejor idea electoral, se ha puesto a jugar por las lindes de la Constitución y ha sobrevalorado su talento en menosprecio de la mitad de sus gobernados a partir del Estatuto que ahora desprecia. Es un método tan dinamitero como inútil, de muy difícil pronóstico y perturbador de la convivencia y el deseable bienestar que sólo puede alcanzarse desde las certezas política y jurídica, la unidad de mercado, el sosiego intelectual y la paz entendida, al menos, como compromiso.

José Luis Rodríguez Zapatero, aunque el asunto no le sea ajeno a Mariano Rajoy, tiene que enfrentarse al problema y recomponer el espíritu constitucional que pretenden romper en el País Vasco en contagioso efecto de simpatía con los excesos de parecido signo y mayor discreción formal que, casi a diario, ponen en marcha las fuerzas integrantes del tripartito catalán, que los males suelen agruparse por familias y circular en pelotón.

Rajoy, ZP e Ibarreche
Francisco MARHUENDA La Razón 6 Enero 2005

Rajoy debería recordar lo que dijeron Zapatero y sus colaboradores sobre la incapacidad de Aznar a la hora de dialogar con Ibarreche. No debería olvidar la insolidaridad y la deslealtad socialista mientras atacaban de forma inmisericorde al anterior presidente. Blanco, Rubalcaba y Caldera siguen ahí, aunque ahora son el Gobierno mientras que Rajoy está en la oposición. La memoria política es frágil, pero no lo debería ser tanto y si el presidente del PP ha olvidado lo que sucedió en los últimos años no tiene más que acudir a las hemerotecas.

No es probable que algunos miembros de su equipo sean capaces de hilvanar un discurso sólido, porque algunos de ellos todavía tienen que aprender y qué mejor fórmula para ello que darles cargos, pero Rajoy es sin lugar a dudas el político más sólido y brillante que hay en la política española. Lo sorprendente es que no suelte lastre. El presidente del PP debería pagar a Zapatero con la misma moneda, aunque guardando las formas, porque los socialistas no tienen ningún escrúpulo. Han protagonizado siempre políticas destructivas, lo hicieron contra UCD y el PP, sin importarles ningún pacto o política de Estado.

Los plazos se cumplen e Ibarreche, sin importarle esas tonterías del buen talante de ZP, mantiene a buen ritmo su pulso contra el Estado. El PNV y sus socios sólo quieren la independencia y su plan secesionista no tiene otro objetivo. El lendakari es un político sin escrúpulos y amoral, al que no le importa contar con el voto de los sicarios del terrorismo y mucho menos provocar un enfrentamiento en el seno de la sociedad vasca. Una de las cosas que me repugna de los nacionalistas es que siempre hablan en nombre del pueblo. Ellos son la sociedad y los que no están con ellos son malos catalanes o vascos.

Zapatero tiene las manos atadas porque gobierna gracias a unos partidos que coinciden en el fondo y en la forma con el PNV. No hay que olvidar las estrechas vinculaciones de CiU y ERC con el nacionalismo vasco, algo que se pudo comprobar en el rechazo a la ley de partidos o su apoyo a que se negocie el Plan Ibarreche. Son independentistas y quieren acabar con España y la Constitución. Zapatero criticó a Aznar por la reforma del Código Penal, ahora cabe preguntarse cuáles son esas respuestas para parar la iniciativa. La única respuesta es utilizar todos los mecanismos jurídicos y políticos, porque ni el lendakari ni la cámara pueden estar por encima de la ley.

Ibarretxe, ese estratega
Lorenzo Contreras Estrella Digital  6 Enero 2005

Esto se parece cada vez más al arte de marear la perdiz. La opción que Ibarretxe plantea entre negociar a su gusto y manera - es decir, no negociar en términos reales, con posibilidad de perder en la partida- o, de lo contrario, resolver el llamado conflicto vasco "a tortas", ha provocado una catarata de reacciones. El "lehendakari" sabe perfectamente que las bofetadas materiales y auténticas no se van a producir porque lo que él llama "el Estado español" está muy lejos de hallarse en condiciones de propinarlas, ni por la vía del artículo 8 de la Constitución, que prevé la intervención de las Fuerzas Armadas en defensa de la integridad territorial y el ordenamiento constitucional ni tampoco por la vía del artículo 155 que contempla la "intervención" política del Estado para obligar a cumplir con la ley fundamental a la comunidad autónoma desobediente.

En este embrollo, si hay "tortas", lo probable sería que se las llevase en Gobierno de Madrid por claudicación política traducible electoralmente algún día, cuando corresponda, en pérdida del poder. No habrá, en definitiva, las bofetadas que el PNV convertiría en victimismo rentable. Los expertos en "vascología" tendrán que buscar otras fórumlas. De Fuerzas Armadas, nada. Y de suspensión de la autonomía, menos aún si cabe. Ahora bien, conforme pase el tiempo y las soluciones no se arbitren, la carrera contra el calendario acabará ganándola el nacionalismo, cuya verdadera preocupación es la posiblidad de que ETA recupere terrerno político a su costa. Es lo que intentará evitar conduciendo a la banda hacia la adopción de uan tregua suficientemente duradera como para que el retorno no sea posible o viable.

Ibarretxe dice que quiere negociar su Plan con Zapatero, pero lo que de veras negocia es la tregua de ETA. Y para ello mueve piezas e instrumentos políticos, uno de los cuales tal vez venga siendo esa "buena pieza" que es Carod-Rovira. La negociación que al PNV le interesa es la de Ibarretxe y sus emisarios con Josu Ternera, del que en su día se dijo que huía para escapar de la Justicia, aunque pudo ocurrir que se "ausentara un tiempo" para preparar, con el Plan Ibarretxe ante su vista, una operación de alta envergadura. Una operación que acaso se esté desarrollando a fondo mientras el "lehendakari" monta la comedia del "diálogo amable" con al España del señor Zapatero. Josu Ternera tiene todo el poder etarra controlado. Los "históricos" que escribirieron la famosa carta desde la prisión para solicitar algo parecido a la entrega de las armas eran en aquel momento los derrotados o amortizados por el curso de los acontecimientos, su captura en Francia y la probable influencia de algún "soplo" providencial para Ternera, que se deshacía de todo su entorno competidor o rival.

Ahora, la comedia continúa y el PNV perfecciona su estrategia. Pronto venderá Euzkadi la derrota de su Plan en el Parlamento central como la gran victoria táctica que le permita avanzar en esa estrategia. El martirologio del nacionalismo vasco clásico siempre brindó buenas rentas políticas. Las lágrimas del cocodrilo nacionalista están preparadas para ser vertidas sobre el estanque de los resentimientos patrioteros antiespañoles. Nadie llora mejor que un buen nacionalista vasco.

Al borde del precipicio
RAFAEL AGUIRRE El Correo 6 Enero 2005

Pese a mis discrepancias he considerado al señor Ibarretxe como mi lehendakari, pero ahora empiezo a dudarlo, porque él mismo se ha encargado de culminar la tarea de deslegitimación del Estatuto que justifica su cargo. Además está claro no ya que mi reconocimiento, y el de muchos miles de vascos, no le importa, sino que no lo desea. Por la sencilla razón de que no nos considera vascos. El plan Ibarretxe está hecho por y para nacionalistas, con una visión restrictiva y excluyente de lo vasco, sin ningún afán integrador. Se han acumulado fuerzas y se ha asegurado el poder gracias al Estatuto de Gernika, y ahora ha llegado el momento de dar un salto cualitativo, que suelte el lastre de tibios y españolistas y configure el País Vasco según los ideales del nacionalismo radical.

El 30 de diciembre asistimos al último capítulo de la ofensiva concertada del nacionalismo, que empezó con el pacto de Lizarra, siguió con el acuerdo del PNV/EA con ETA para eliminar de la política vasca a los no nacionalistas, a quienes eran objetivo de las amenazas de ETA, siguió con la declaración 'ser para decidir' (texto macabro donde los haya, aprobado por aclamación y que pone las bases del giro excluyente del PNV) y culminó con el plan Ibarretxe. El apoyo de Batasuna al mencionado plan es la culminación de una estrategia objetivamente concertada, más allá de las inevitables rencillas de quienes -hoy es evidente- se disputan un terreno común y han homogeneizado su ideología nacionalista a partir de la más radical. El lehendakari ha mantenido un discurso machacón y monotemático a lo largo de los tres últimos años. Daba lo mismo que interviniese en un acto académico, en una convención empresarial o en un reparto de premios: estamos incomparablemente mejor que «el Estado» y es el momento ilusionante de llevar adelante el plan de la soberanía pura de Euskadi y de que, por fin, se tenga en cuenta la voluntad de los vascos y vascas. No se ha separado un milímetro de este discurso, no ha añadido argumentos ni introducido matices, no ha conseguido ni una adhesión que no contase el primer día. Algunos hemos expresado de forma pública y razonada nuestra disconformidad, pero nos hemos resistido a volver una y otra vez sobre tema tan cansino y pobremente expuesto. Pero la sociedad vasca ha sido sometida a maceración con la perseverancia de una gota malaya o -por usar una metáfora que gusta a Ibarretxe- con la pesadez de la pisada de un buey.

Lo que presenciamos el otro día fue una indecencia sin parangón en las democracias europeas, en las que han existido, tras la última Guerra mundial, votos contaminados, que un gobierno democrático no podía aceptar, por su afinidad con los totalitarismos de izquierdas o de derechas: la aceptación de los votos de los conniventes con la banda terrorista, que justificaron su actitud con la lectura previa de la carta de un dirigente etarra. Eran votos de quienes justificaban las amenazas mortales a buena parte de los representantes políticos que comparten escaños con ellos. El lehendakari mintió cuando dijo que no aceptaría los votos de Batasuna mientras no condenasen la violencia. Es una falacia afirmar que lo mismo hacen los partidos de la oposición al votar con ellos contra determinadas propuestas del Gobierno. Es un tipo de coincidencia muy distinta la negativa ante algo que la positiva que implica la voluntad de recorrer un camino, largo o corto, en común. Lo sabe bien el presidente del Parlamento vasco, que, por eso, hace votar separadamente las diversas enmiendas a la totalidad a los Presupuestos, porque sabe que el PP y el PSE no van a hacer la pinza con Batasuna.

Todas las encuestas indican que el plan Ibarretxe encuentra un apoyo más entusiasta entre las bases batasunas que en las peneuvistas. Otegi, rebosante de satisfacción, se encargó de dejar bien claro que el entierro del Estatuto de Gernika era el objetivo perseguido por el radicalismo abertzale desde siempre. Gracias al empuje de ETA, «se abre una puerta de esperanza para este pueblo»: otra vez palabras de Otegi. El Gobierno vasco, con ese plan y con la aceptación de los votos de Batasuna, ofende a las víctimas, porque da la razón a sus verdugos. Asistimos a una operación política inmoral e indecente. El lehendakari tampoco dice la verdad cuando afirma que este plan traerá la paz al País Vasco. El fin de ETA tenemos que agradecérselo fundamentalmente a una serie de medidas políticas, judiciales y policiales, a las que se ha opuesto sistemáticamente el nacionalismo vasco.

El lehendakari dice que vivimos un momento ilusionante, lleno de esperanza, algo así como el acto fundacional de la Euskadi soberana. Sinceramente ni veo tal ilusión ni tan siquiera me parece que la modificación del marco básico de nuestra convivencia sea una preocupación prioritaria entre la ciudadanía. Pero, sobre todo, se quiere establecer un nuevo punto de partida que parte de la aceptación del relato que los violentos hacen de nuestro pasado. Esto envilece profundamente a nuestra sociedad y pone cimientos podridos a nuestro futuro. En la tradición bíblica, en el origen de todo pecado está siempre la mentira, la visión interesadamente deformada de la realidad. En griego, 'diabolos' quiere decir el que siembra la confusión.

Un texto que pretende ser la base de la convivencia de nuestra sociedad vasca requiere un consenso muy amplio. Es una insensatez partir de un documento que recoge una aceptación muy inferior al existente Estatuto de Gernika. Es muy diferente construir una nación cívica, lo que implica acordar un proyecto común en el que se reconozca la complejidad social y la diversidad de identidades, que reforzar la identidad de la tribu. El plan Ibarretxe radicaliza la comunidad nacionalista, pero aleja la posibilidad de hablar de nación vasca cívica. Es un plan que rompe la convivencia, balcanizándola, enfrentando a vascos contra vascos, disgrega la territorialidad de la actual comunidad autónoma y deteriora gravemente las relaciones con el entorno español y europeo. El recurso a un referéndum al margen de la ley, pese a quien pese, y en unos términos ya decididos expresa una voluntad impositiva y es una baza amenazante, que no teme despeñar a nuestra sociedad por un conflicto de consecuencias imprevisibles.

Las democracias son siempre relativizadoras y están un tanto desarboladas ante las ideologías fuertes, como la que alienta el plan Ibarretxe, que no tiene reparos políticos ni matizaciones intelectuales y que se lleva adelante con la convicción de cumplir una misión histórica. Ante esta avalancha existe un desistimiento muy extendido en la sociedad vasca: es imposible detener el 'tsunami' y más vale ponerse a salvo, los argumentos racionales resbalan porque están en juego sentimientos e intereses, cunde el cansancio ante la pesadez del debate impuesto y, sobre todo, proliferan la comodidad y el miedo: ten cuidado con lo que dices, se te cierran muchas puertas, tus opiniones críticas perjudican a la institución a la que perteneces... Llega un momento en el que el clientelismo se convierte en virtud porque se trata de defender 'lo nuestro'.

Al principio de todo este proceso, cuando el pacto de Estella, escribí un artículo titulado 'Giro hacia el abismo'. Estamos ya al borde del precipicio. El instinto de conservación es muy fuerte, pero hay drogas que lo inhiben, se pierde el sentido de la realidad y se juega a la ruleta rusa y se mete uno a toda velocidad por una autopista en dirección contraria. Los lamentos vienen después de la catástrofe. El fanatismo es un auténtico alucinógeno ideológico, que obnubila la razón y endurece el corazón. Y esta malaventura se ha extendido enormemente por todo el cuerpo del nacionalismo vasco.

A algunos a los que que la España franquista nos consideraba antiespañoles ahora la Euskal Herria de Ibarretxe nos viene a decir que no somos vascos. Hemos tenido muy mala suerte, pero la experiencia nos debe servir para reaccionar de forma democrática y firme, afrontando el problema con inteligencia, proponiendo alternativas incluyentes, explicando lo que está en juego y abogando por un cambio en la dirección del país, que evite que nos despeñemos por el abismo.

El mal negocio de la secesión
Primo González Estrella Digital  6 Enero 2005

El proceso secesionista vasco puesto en marcha de manera ya formal por el Parlamento vasco puede empezar a tener consecuencias económicas en un periodo tan difícil de predecir como difícil resulta estimar de antemano el alcance de la iniciativa del PNV y sus aliados en el Gobierno tripartito vasco. El País Vasco, en lo económico, forma parte indudablemente del sistema económico español, en el que ha desarrollado de forma muy intercomunicada a lo largo de muchos años pero, de forma especial, a lo largo de la segunda mitad del pasado siglo.

Un interesante artículo publicado este miércoles en la Tercera de ABC por el catedrático Mikel Buesa, quien ya ha indagado en algunas de las hipotéticas consecuencias que la secesión podría acarrear para el País Vasco, viene a concluir su diagnóstico con una conclusión tan lapidaria como preocupante: la secesión en un mal negocio. En anteriores informes, el propio Buesa ha llegado a estimar que bajo determinadas hipótesis, la secesión provocaría en la economía del País Vasco un importante empobrecimiento, que se traduciría en una tasa de paro del orden del 30% y una disminución del PIB del 14% al 23%. La secesión “amable” que pretende impulsar el lehendakari Ibarretxe no ha sido acompañada, que se sepa, por una “memoria económica”, imprescindible para garantizar una mínima viabilidad en todo proyecto político. Es de temer que los impulsores de la iniciativa política secesionista no se hayan preocupado en echar cuentas sobre el coste de su aventura. De momento, toda la argumentación que han vertido sobre los ciudadanos de la Comunidad Autónoma vasca es prolija en contenidos políticos e históricos, más o menos discutibles, más o menos imaginarios, pero en ningún caso se ha visto que la alternativa secesionista haya estado avalada por una promesa de porvenir económico mejor y de mejoría del bienestar del País Vasco.

Hubo un tiempo en España, al principio de la Transición, en que un brillante e influyente ministro del Gobierno, con poder suficiente para ello, abrumado por la avalancha de leyes y decretos que proponían sus brillantes compañeros de Gabinete, se plantó y exigió que, en adelante, toda ley que se presentara en el Congreso debería ir acompañada por una Memoria Económica, de forma que la imaginación y la demagogia encontraran una corrección adecuada en la viabilidad económica de cada nuevo invento que se le ocurriera al ministro de turno. Ese filtro fue muy útil durante unos años, porque obligó a que muchas disposiciones legales que pasaban por la mesa del Consejo de Ministros tropezaran con la autorizada oposición del titular de Hacienda, simplemente debido a su falta de viabilidad o a su excesivo coste económico. Muchos excesos y no pocos disparates acabaron en la benévola papelera de la Comisión de Subsecretarios o fueron reformados y mejorados de tal forma que en su nueva versión, económicamente presentable, se parecían muy poco a la alta dosis de utopía con la que se presentaron en su primera versión.

El plan Ibarretxe, es de temer, carece de Memoria económica que justifique su adopción. Al menos, no se la conoce o no ha sido presentada en sociedad. O quizás es que no existe porque nadie se ha tomado la molestia de ponerle cifras a la utopía separatista. O simplemente se deja para el argumentario de los próximos meses. Pero lo cierto es que el electorado vasco, que se va a pronunciar sobre este plan en la práctica con ocasión de las próximas elecciones autonómicas de mayo de este año (o antes, si se adelanta el proceso electoral) está absolutamente ayuno de explicaciones al respecto.

De lo poco que se sabe sobre el impacto hipotético del separatismo del País Vasco en la economía de esta Comunidad cabe deducir que resulta explicable el silencio con el que el asunto es manejado por los dirigentes nacionalistas. Quizás las cifras que se han manejado hasta ahora, meramente teóricas, pequen de catastrofistas o quizás tan sólo de muy negativas. Pero ya es llamativo el hecho de que el plan Ibarretxe no haya sido presentado en sociedad nunca con el adorno de una promesa de bienestar económico futuro, que permitiera un grado muy superior de riqueza que manteniendo la situación actual del Estatuto y la pertenencia plena al Estado español. Sea como fuere, los ciudadanos vascos tienen derecho a saber y conocer algo de esta debate. Y ya va siendo hora de que alguien avance algunos datos.

Otro órdago de ERC
Pablo Sebastián Estrella Digital  6 Enero 2005

En plena polémica sobre el camino a seguir por parte de los partidos constitucionalistas para frenar el Plan Ibarretxe acaba de hacer su entrada en escena la Esquerra Republicana advirtiendo al Gobierno de Zapatero que si articula un frente con el Partido Popular para frenar el nuevo estatuto de Ibarretxe perderá el apoyo parlamentario de ERC y por lo tanto la mayoría suficiente para que José Luis Rodríguez Zapatero y su partido el PSOE puedan permanecer en el Gobierno de la nación, salvo que busque una nueva alianza que, en este caso, sólo sería posible con el Partido Popular.

La pública amenaza de ERC al Gobierno de Zapatero pone al descubierto la diletante posición del presidente Zapatero y el verdadero motivo por el cual se niega a frenar en seco el Plan Ibarretxe, impidiendo su debate y exigiendo previamente la opinión del Tribunal Constitucional para dejar en evidencia que está fuera de la ley como lo pide el Partido Popular.

Zapatero está intentando el más difícil todavía en su ya complicado equilibrio dentro del PSOE, dentro de su coalición parlamentaria, frene al conjunto de los ciudadanos españoles que están indignados y preocupados por la aparición del Plan Ibarretxe. pero se le está acabando el tiempo y no va a tener más remedio que optar por una cosa o por la otra, es decir por un pacto constitucional con el Partido Popular o por un pacto federal con los nacionalistas como el que ha puesto encima de la mesa la Esquerra dejándole a Zapatero en la peor situación incluso ante sectores muy importantes de su propio partido político que ven en esta fuga de responsabilidad del jefe del Gobierno una posición muy arriesgada que nadie sabe adonde conduce.

Ayer el portavoz adjunto del PSOE en el Congreso, Diego López Garrido, insistía, frente a la pretensión del Partido Popular de que no se debata en la Cámara el Plan Ibarretxe, en que el procedimiento debe seguir adelante y que todo se puede discutir y debatir. Pero ese empeño de Zapatero y del PSOE de dar largas al Plan Ibarretxe ha saltado por los aires con la amenaza de ERC advirtiendo al PSOE que no acepta un pacto político con el Partido Popular para frenar el Plan Ibarretxe, con lo que la ruptura política en un sentido o en otro está garantizada.

Porque, ¿cómo puede frenar Zapatero el Plan Ibarretxe como ha prometido en el Congreso de los Diputados si no es con el apoyo del PP? La simulación de Zapatero y su pacto con la Esquerra ha llegado a su punto final, a no ser que estemos otra vez a la vista de ese espectáculo circense al que nos tienen acostumbrado el señor Carod y el señor Puigcerdos, según el cual un día dicen una cosa y otro día lo contrario. Y si la Esquerra además rompe en Madrid, tendrá que romper también en Barcelona y así el castillo de naipes del equilibrista Zapatero se vendrá abajo de una vez.

Muy poco ha durado esa luna de miel del presidente del Gobierno con los jefes de ERC que no hace mucho le proponían un pacto de estabilidad parlamentaria por uno o dos años. El encanto se ha roto al aprobar la Cámara de Vitoria el Plan Ibarretxe y está claro que a la Esquerra ese plan no sólo le gusta por solidaridad nacionalista sino que posiblemente lo tienen como modelo a seguir en la redacción del nuevo estatuto catalán y esa es la clave de toda esta crisis en la que el Partido Popular, con mayor o menor acierto, está manteniendo una posición firme y coherente mientras que el Gobierno del PSOE está dedicado a una permanente fuga hacia adelante que no va a poder mantener si las cosas siguen como van. La última amenaza de la Esquerra es más que una señal.

Plan Ibarreche
Cartas al Director ABC  6 Enero 2005

El Parlamento Vasco ha aprobado el «Plan Ibarreche». Todo el mundo se ha escandalizado, como si les hubiera pillado por sorpresa. Sin embargo, desde que Ibarreche anunció su Plan ha pasado bastante tiempo y se hubiera podido evitar. ¿Cómo es posible que un partido político ilegal e incluido en las listas internacionales de grupos terroristas tenga voz y voto en un Parlamento? ¿Cómo es posible que el presidente de un Parlamento no ejecute una sentencia del Supremo, que una juez nacionalista declarada archive el proceso penal y que la Fiscalía no recurra? ¿Cómo es posible que en un Parlamento se lea una carta de un asesino prófugo de la Justicia? Es un disparate.

Por eso, mientras el Gobierno se muestra confuso e indeciso, los nacionalistas se frotan las manos y se carcajean de los «constitucionalistas». Contemplar sus caras de satisfacción resulta casi un insulto. Han comprobado la impunidad en que quedan sus incumplimientos de la Ley. Ibarreche no irá a la cárcel si convoca un referéndum, Atucha ya se ha librado después de desobedecer una sentencia del Supremo, los representantes de ETA salen por la «tele», votan y se pasean por el Parlamento vasco. Esto es Jauja. Les da igual que el Congreso no apruebe su Plan. Seguirán adelante. El Gobierno dice que quiere neutralizar el Plan políticamente; muy bien, pero las Leyes están para ser cumplidas -por todos-, al margen de estrategias políticas. Además, desgraciadamente, es muy posible que los nacionalistas -unidos como una piña, asesinos y cómplices- ganen las elecciones de mayo y las conviertan en su referéndum particular, y entonces ¿qué?

Como ha dicho Zapatero, ha llegado la hora de los hombres de Estado. Acepten la mano de Rajoy, no el apoyo tramposo de ERC, y no olviden a las víctimas. Los asesinados por ETA y sus familias no merecemos que su sacrificio sirva para que los criminales consigan sus objetivos. La sociedad y los políticos tienen el deber moral de seguir luchando y manteniendo los valores por los que ellos perdieron sus vidas. El 10 de enero se cumplen 25 años del asesinato de mi padre por ETA. A tan triste aniversario se suma la constatación de que su pérdida y la de tantos otros no han servido para fortalecer a España.

Ana Velasco Vidal-Abarca. Madrid.

Risas macabras
Cristina Cuesta/Víctima del terrorismo. San Sebastián Cartas al Director El Correo 6 Enero 2005

El nacionalismo gobernante, con el servilismo de IU vasco y el macabro apoyo de los amigos de ETA, ha sacado adelante un plan de reforma ilegal, ilegítimo e ilícito. Ilegal porque vulnera los pactos fundamentales que han construido el sujeto político vasco; ilegítimo porque ha sido posible con los votos de un partido ilegalizado; ilícito por inmoral e inmoral porque saca provecho del apoyo de aquellos que se ríen del dolor de las víctimas. Por si todo esto fuera poco lejos de escenificar por mínima decencia su consternación o su sorpresa por la votación favorable de tres amigos de ETA nuestro Gobierno reía.

Repetidamente algunas víctimas hemos denunciado la imposibilidad de colaborar con un Gobierno que antepone su estrategia rupturista de perpetuación en el poder y de hegemonía arbitraria a la defensa de los derechos de los ciudadanos. La explicación tramposa de que este plan traerá la paz es la constatación de la unidad ideológica de destino de los nacionalistas, por lo menos los que nos gobiernan, con los que nos matan. No sólo nos niegan y nos abandonan sino que nos humillan con sus risas. Hablo por mí, una víctima más de las miles que han sufrido la barbarie del terrorismo y el abandono de los nacionalistas. Si el nacionalismo vasco y su comparsa me niegan la condición de vasca por no nacionalista, utiliza mi dolor para traficar su plan y además se carcajea, sencillamente que me olvide. Buscaré el consuelo de mis amigos, los que se enfrentan a ETA, los que sufren por ella, los que viven para derrotar política y policialmente a la banda. Espero que los poderes del Estado nos salven de esta vergüenza.

POR "INTERESES ELECTORALISTAS DEL PSE"
El Foro de Ermua denuncia que Conde Pumpido y el Gobierno "legitiman la desobediencia de Atutxa"
La decisión del Fiscal General del Estado, Cándido Conde-Pumpido, de no recurrir el archivo del caso Atutxa por negarse a disolver al grupo de ETA en la cámara vasca y el apoyo implícito del Gobierno de Zapatero a esta decisión, constituyen para el Foro de Ermua una legitimación de la actitud de Atutxa motivada por intereses electoralistas del PSOE en el País Vasco.
Libertad Digital 6 Enero 2005

A continuación reproducimos íntegro el comunicado del Foro de Ermua:

Bilbao. 5 de enero de 2005. El día 3 de enero el Fiscal General del Estado, Sr. Conde-Pumpido, ha hecho pública su decisión personal de no recurrir el auto dictado hace una semana por la juez del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco (TSJPV) Nekane Bolado, por el que ha archivado el proceso abierto en junio de 2003 contra el Presidente de la Cámara vasca, Juan María Atutxa, y los otros cinco componentes nacionalistas y de IU de la Mesa y de la Junta de Portavoces de dicho Parlamento autonómico por negarse a disolver el Grupo Parlamentario Sozialista Abertzaleak (SA) –heredero del Grupo Parlamentario Batasuna- ordenada por el Tribunal Supremo en sentencia firme del día 27 de marzo de 2003.

Desde el mismo momento en que se hizo público el auto de la juez Nekane Bolado (nombrada en su día a propuesta de un vocal del PNV en el Consejo General del Poder Judicial) los Ministros de Justicia y de Interior del Gobierno, Sres. López Aguilar y Alonso, se negaron a manifestar si el Ejecutivo nacional era o no partidario de que el Fiscal General del Estado recurriese el archivo del “caso Atutxa”. La excusa esgrimida era que el Gobierno no podía ni debía inmiscuirse en lo que fuese a hacer el Ministerio Fiscal. Pero como es de sobra conocido el art. 8 del Estatuto Orgánico del Ministerio Fiscal faculta plenamente al Gobierno para que “interese” (esto es, solicite) determinadas actuaciones de la Fiscalía General, como el Ejecutivo de Rodríguez Zapatero no cesa de hacer en todos cuantos asuntos le preocupan. (Artíc. 8: "El Gobierno podrá interesar del Fiscal General del Estado que promueva ante los Tribunales las actuaciones pertinentes en orden a la defensa del interés público.")

En consecuencia, la realidad es que el Gobierno de Rodríguez Zapatero ha decidido claramente hacer dejación de sus atribuciones y responsabilidades, para permitir que se cerrase el sumario al dirigente nacionalista Juan María Atutxa, en aras a mejorar la imagen del PSE-EE ante el electorado moderado del PNV de cara a las elecciones vascas de la próxima primavera.

La decisión adoptada personalmente por D. Cándido Conde-Pumpido es sumamente irresponsable y supone un claro abandono de su obligación de “velar por el cumplimiento de las resoluciones judiciales que afecten al interés público y social” (art. 3.9) y “defender la independencia de los jueces y tribunales” (art. 3.2).

La autoridad y credibilidad del Sr. Conde-Pumpido como defensor del interés general en el ambito judicial, han quedado seriamente dañadas.

La sentencia firme del Tribunal Supremo ordenaba con total claridad la disolución del Grupo Parlamentario de SA, sin permitir ninguna interpretación de dicho mandato. El Parlamento Foral de Navarra dio cumplimiento a esta sentencia en escasas semanas, haciendo pasar al Grupo Mixto a cuantos diputados habían sido elegidos en las listas de Batasuna. Casi dos años después, el Presidente del Parlamento vasco, con la ayuda de los representantes del PNV, EA, IU y de la propia Batasuna, únicamente han mostrado “diligencia” en obstaculizar, retrasar e impedir el cumplimiento de lo ordenado por el Tribunal Supremo. El Fiscal General del Estado tiene que ser perfectamente consciente de tan meridiana evidencia.

Por otra parte, el Sr. Conde-Pumpido también tiene que conocer que para defender la independencia de los tribunales su cargo le obliga a “ejercitar las acciones, recursos y actuaciones pertinentes” para que las sentencias dictadas por aquellos sean respetadas y cumplidas por quien proceda. Sin esta defensa efectiva por la Fiscalía General los tribunales, en este caso el Tribunal Supremo de España, pierden toda autoridad en la sociedad, viéndose imposibilitados a impartir justicia más haya de la toma de decisiones inoperantes, que decaerían en meramente virtuales. El Estado de Derecho queda cuestionado y cada cual trata de imponer sus intereses y proyectos por la vía de los hechos consumados, la amenaza y el desacato.

Que el Fiscal General haya optado por anunciar en el mismo comunicado (y en plenas fiestas) que no pensaba recurrir el archivo del “caso Atutxa” pero que, por otro lado, emprendía acciones contra los dirigentes de Batasuna por su participación en el mítin de Anoeta (de hace mes y medio), pone de manifiesto que es plenamente consciente de lo incorrecto de su primera decisión que trata de ocultar mediante la segunda.

Al promover el archivo del “caso Atutxa” el Sr. Conde-Pumpido y el Gobierno están dando la razón directamente a Juan María Atutxa y a los otros parlamentarios nacionalistas y de IU en su descarada desobediencia al Tribunal Supremo, desautorizando a éste y fomentando la repetición de semejantes conductas delictivas.

Por otra parte, como todas las fuentes judiciales han coincidido en denunciar, en esta ocasión hasta el propio Fiscal General, resulta inadmisible que una jueza instructora se permita desautorizar expresamente en su auto lo acordado por el Tribunal Supremo, acusándole en este caso de “vulnerar los derechos fundamentales … del Grupo Parlamentario SA” y de someterle a “indefensión”.

No obstante, tanta irresponsabilidad y propósitos inconfesados en torno al “caso Atutxa” se han visto frustrados gracias a la valiente y eficaz actuación del sindicato de funcionarios Manos Limpias, que el mismo día 3 de enero ha recurrido ante el TSJPV la decisión de archivar esta causa, gracias a haberse personado en su día como acusación particular. En escasas semanas el Tribunal Superior decidirá la admisión a trámite de este recurso dando, con toda seguridad, una respuesta positiva. En pocos meses este Tribunal se pronunciará sobre el fondo de la cuestión; cuando, como es de prever, se revoque el archivo de la causa y se prepare su vista oral las disculpas aducidas por el Fiscal General y por el Gobierno habrán quedado plenamente desenmascaradas.

En las presentes condiciones políticas, con importantes instituciones del Estado español inclinadas a hacer dejación de sus obligaciones fundamentales en aras al entendimiento con los nacionalistas, van a ser necesarias actuaciones de las plataformas cívicas en los procesos judiciales ya abiertos y en otros nuevos en defensa del marco de connivencia que el pueblo español quiere conservar a toda costa y con el esfuerzo que sea necesario. Por ello, el Foro Ermua -a través de las Gestoras Cívicas de Ermua- emprenderá en breve iniciativas en este sentido.

Las víctimas piden que se aplique «de manera inmediata» el artículo 155 de la Constitución
L. R. N. La Razón 6 Enero 2005

Madrid- El miembro del Foro Ermua y catedrático de Economía Mikel Buesa instó ayer al Gobierno a «espabilar» frente al Plan Ibarreche y a «creerse» que el lendakari «está dispuesto a llegar hasta el final, hasta la declaración de independencia». A su juicio, el Ejecutivo debe aplicar «de manera inmediata» al «menos» la primera parte del artículo 155 de la Constitución. En declaraciones a Ep, Buesa manifestó que la solución al problema «requiere no sólo el empleo de medios políticos», sino de «todas las potencialidades que tiene la Ley».

Para ello, lo «primero» es aplicar el artículo 155 de la Constitución, que prevé que, en caso de que una comunidad no cumpla con la Carta Magna, la legislación o atente al interés general de España, el Gobierno, previo requerimiento al presidente de la autonomía, «y en el caso de no ser atendido, con la aprobación por mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquélla al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado interés general». A su juicio, el Ejecutivo debería, «por lo menos», realizar el requerimiento al lendakari que este artículo recoge. Y luego, «como Ibarreche se va a negar», aplicar la otra parte.

En su opinión, la situación actual tendrá consecuencias tanto políticas como económicas y dijo que estas últimas «se han empezado a producir ya. Vamos a empezar a ver como hay activos financieros que se domicilian fuera del País Vasco o decisiones de inversión para sacar actividades», manifestó.

Firmas a favor del TC.
El colectivo del que forma parte Buesa estudia lanzar una campaña de recogida de firmas para instar al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, a que recurra el Plan al Tribunal Constitucional, algo que el Ejecutivo ha descartado por el momento. Fuentes del Foro Ermua informaron a Servimedia de que la directiva de esta asociación se reunirá mañana para tratar la iniciativa, que puede ser planteada como forma de intentar persuadir al Gobierno de la necesidad de tomar medidas contundentes frente a la propuesta soberanista del lendakari.
Las fuentes consultadas destacaron que los apoyos recogidos por toda España serían remitidos a Zapatero, al que pedirían que recurra a la Justicia en vez de confiar el rechazo al Plan a un voto negativo de la mayoría del Congreso.

Esta posible campaña de recogida de firmas se suma a las críticas que el Foro Ermua ha dirigido al Gobierno y a la Fiscalía General del Estado por no recurrir el archivo de la denuncia presentada contra el presidente del Parlamento vasco, Juan María Atucha, por no disolver el grupo SA.

Los sindicatos abren otro frente a Ibarreche y avisan que se dañará el tejido social y laboral
Redacción La Razón 6 Enero 2005

Madrid- Las críticas al Plan Ibarreche ya no surgen solamente desde los partidos políticos. Ayer, los sindicatos se unieron a los ataques lanzados por la oposición al lendakari por la presentación de su proyecto secesionista, y lo hicieron con dureza. Comisiones Obreras y UGT del País Vasco tacharon de «irresponsable» e «iluminado» a Ibarreche y rechazaron tajantemente su plan para el futuro del País Vasco. «Tenemos la desgracia de tener un lendakari iluminado», dijo a Servimedia el secretario general de UGT en la Comunidad Autónoma vasca, Dámaso Casado, antes de lamentar que «cree (Ibarreche) que tiene toda la razón y a los que no están de acuerdo con él no les hace caso» y funciona con el precepto de «o aceptáis lo que yo digo, o no sois vascos, no estáis dentro de la razón».
Para UGT, el plan Ibarreche es una «tomadura de pelo» que se basa «en una serie de mentiras» que, además, «no aportan nada para mejorar la calidad de vida». Según Casado, el plan supone «incertidumbre e inseguridad a los trabajado- res», dado que rompe toda la normativa, las prestaciones, el estatuto laboral, y conllevaría leyes peores para los trabajadores.

Además, Casado aseguró que «es un paso más que han dado (el PNV) y estamos en contra tanto de las formas como del contenido, dado que se ha hecho un estatuto nuevo, no una reforma, dando por muerto a aquél por el que nos gobernamos».

En este sentido, el líder sindical indicó que «lo que están ya anunciando es que no van a respetar las reglas de juego, que están fuera de la legalidad, y todo Gobierno que actúa fuera de la legalidad pierde toda legitimidad, debe salirse y actuar como partido político».

Sin consenso. Por su parte, fuentes de Comisiones Obreras afirmaron que se trata de «una irresponsabilidad» política por parte del Gobierno vasco «llevar a la ciudadanía a decidir sobre algo que no ha conseguido un amplio consenso social». El sindicato no cuestiona el derecho de los ciudadanos vascos a elegir su futuro, pero considera que para ello hay que conseguir de antemano el mayor grado de consenso posible.

Por eso, pide que cualquier propuesta «se haga dentro de una posición de diálogo y búsqueda del acuerdo», algo que «hasta el momento no se ha dado» y, por el contrario, se ha optado por «unas posiciones de todo o nada». Finalmente, CC OO considera necesario que «cualquier propuesta de vertebración política de Euskadi sea fruto de un apoyo igual o superior al que tuvo el Estatuto de Guernica, tanto cuantitativamente como de las diferentes sensibilidades políticas». Mientras los sindicatos critican duramente la propuesta soberanista del lendakari Ibarreche, los empresarios vascos prefieren mantenerse al margen, por el momento, de cualquier opinión acerca de la propuesta nacionalista.

Fuentes de Confebask, que agru- pa a gran parte del sector empresarial radicado en el País Vasco, consultadas por este periódico señalaron ayer que no van a hacer valoraciones del nuevo paso dado por el Ejecutivo vasco. El Círculo de Empresarios tampoco se ha pronunciado.

Pedro Sanz: «La Rioja va a plantar batalla porque no aceptará ser la frontera de España»
Patricia Arriaga La Razón 6 Enero 2005

El presidente de La Rioja, Pedro Sanz, calificó ayer de «barbaridad» el Plan Ibarreche en una entrevista a este periódico. Exigió a José Luis Rodríguez Zapatero que sea «mucho más firme y contundente» y advirtió del peligro que supone que el lendakari «se crea más que los demás».

Madrid- –¿Cuál es su opinión personal acerca del polémico Plan Ibarreche?
–Estamos hablando de un Plan que va en contra del propio sistema democrático. Además, el Gobierno vasco quiere ir en contra de las reglas de juego que le hacen subsistir a sí mismo, porque existe porque está la Constitución. Estamos hablando de un proyecto que quiere romper España y que, lógicamente, quiere superar la soberanía del pueblo español y que sólo se reconozca la soberanía del pueblo vasco. Me parece una barbaridad.

– ¿Qué futuro le augura usted al proyecto de Ibarreche?
–Creo que el lendakari está jugando a marear un poco los temas, ya que plantear ahora una negociación después de aprobar el texto en el Parlamento vasco no tiene ningún sentido. Ya no hay nada negociable. Además, el proyecto se ha aprobado con los votos de Batasuna, con los cómplices de los violentos y de los terroristas, y cualquier negociación debe volver a su proceso inicial. Creo que terminará pasando por las Cortes y estoy convencido de que será rechazado por por los grupos mayoritarios.

– ¿Qué mediadas tienen previstas desde su Gobierno autonómico?
–Nosotros tenemos una visión de Estado y de España por lo que vamos a exigir al Gobierno de Zapatero que sea mucho más contundente, mucho más firme, que traslade mensajes mucho más seguros a los ciudadanos y que oiga también a los presidentes de comunidades autónomas que apoyamos la iniciativa del presidente autonómico de Navarra, en su exigencia de la Conferencia de presidentes. Aquí, todos, nos jugamos todo.
No se trata únicamente de la comunidad vasca, sino que se trata de las esencias básicas del sistema democrático y de los pilares básicos que hacen que España siga siendo una nación unida y sin ningún tipo de planteamientos de división y de secesión.

–¿Ha mantenido usted algún tipo de contacto con Ibarreche?
–No, no hemos tenido ningún contacto. Ni por parte suya ha habido ninguna actitud de querer contar con el resto de las comunidades autónomas. Yo tengo la sensación de que se cree superior a todos los demás y que, por tanto, no quiere rebajarse a hablar con los presidentes de comunidades autónomas.

–¿Y con Zapatero?
–No he tenido contacto. Lo único que espero es que nos convoque a esa conferencia de presidentes autonómicos para hablar. Por iniciativa suya no ha hablado con nosotros, o por lo menos conmigo, y desconocemos en estos momentos la actividad que el presidente del Gobierno de España quiere poner en marcha.

–¿Apuesta usted la vía judicial o por la vía política?
–Yo creo que, en este caso, se está produciendo un fenómeno muy curioso por parte del Partido Socialista, que quiere también jugar con estos temas en clave electoral y está jugando con las comicios del País Vasco. Parece que quiere estar en un sitio y en otro y eso es una contradicción. Por esto, a mí me parece que, además de lo que pueda ser el rechazo político, debería haber también un pronunciamiento jurídico. Las dos vías son fundamentales. Por una parte la vía política, para dejar claro que un planteamiento de este tipo va en contra la Constitución y es una ilegalidad y no puede, por tanto, tenerse en cuenta; y segundo, que también la vía jurídica demuestre al Gobierno vasco, al PNV, a IU y a EA, que la mayoría de las fuerzas políticas de este país, con representación otorgada por más de veinte millones de españoles, tienen razón al decir que el proyecto es inconstitucional.

– ¿Qué consecuencias podría tener el Plan Ibarreche para La Rioja?
–Nosotros vamos a plantar batalla contra este proyecto. No estamos dispuestos de ninguna manera a convertirnos en la frontera de España.

El TSXG declara ilegal que un Concello obligue a las empresas a usar el gallego
Ferrol La Voz 6 Enero 2005

El Tribunal Superior de Xusticia de Galicia (TSXG) ha anulado varios apartados de una moción aprobada por el Concello de Narón en el 2001 en que obligaba a las empresas que realizaran trabajos para el Ayuntamiento a utilizar en exclusiva el idioma gallego. Los magistrados de la Sala de lo Contencioso del TSXG han declarado inconstitucional ese acuerdo, que había sido impugnado por la Abogacía del Estado.

La sentencia anula el punto que obligaba a las empresas adjudicatarias o concesionarias que actuaran por cuenta del Concello y a las de explotación mixta a usar el gallego. Queda invalidado también otro apartado que extendía la decisión a las firmas que realizaran estudios, proyectos o trabajos similares por encargo del Ayuntamiento naronés. Un tercer artículo igualmente retirado establecía que el Concello requeriría a sus contratistas y proveedores para que la documentación que tuvieran que presentar ante la Administración local estuviese en gallego.

Tres leyes
En el fallo -que puede ser recurrido ante el Tribunal Supremo- se indica que los puntos citados de la moción infringen varias normas legales. La primera, la Constitución, que en su artículo 3 proclama el derecho de todos los españoles a usar el castellano. También van contra el punto 5.2 del Estatuto de Autonomía, que reconoce la oficialidad de los idiomas castellano y gallego y que todos los ciudadanos tienen el derecho de conocerlos y usarlos.

En tercer lugar, se incumplen los artículos 4 y 6 de la Ley de Normalización Lingüística, que declara al castellano lengua cooficial en la autonomía y otorga a los ciudadanos el derecho a usar el gallego. Esta última norma declara la validez de las actuaciones administrativas cualquiera que sea el idioma oficial empleado.

Los jueces creen que «la deseable potenciación de la lengua propia de la autonomía no puede llegar al extremo de convertir en obligación lo que sólo es un derecho de los ciudadanos, con riesgo de quedar discriminados en sus relaciones con la Administración en caso de no plegarse a sus exigencias».

El silbo gomero es procesado por nuestro cerebro como un lenguaje hablado más
Formado por cuatro consonantes y dos vocales, el silbo es una forma de comunicación que fue introducida en La Gomera por bereberes del norte de África
A. AGUIRRE DE CÁRCER ABC 6 Enero 2005

MADRID. Como un lenguaje hablado más. Así procesa nuestro cerebro esa singular forma de comunicación con silbidos que desde hace siglos emplean los pastores en las montañas de la isla de La Gomera. Lo han demostrado investigadores españoles con un experimento, cuyos resultados ilustran la fascinante plasticidad del cerebro para adaptarse a la variedad de sistemas de comunicación con signos o señales.

Publicado hoy en «Nature», este estudio fue acometido por un equipo de las Universidades de La Laguna y Washington, así como del Hospital Universitario de Canarias, explorando con resonancia magnética funcional el cerebro de cinco expertos silbadores de La Gomera, y el de otros cinco voluntarios, también hispanohablantes pero sin conocimientos de silbo gomero. Ese es el nombre que recibe esa forma de comunicación, capaz de expresar prácticamente todos los vocablos españoles con dos vocales y cuatro consonantes silbadas. Introducido por bereberes antes del descubrimiento de América, el silbo gomero resultó muy útil para que los pastores pudieran comunicarse a kilómetros de distancia en las montañas. Hasta los años 40 formó parte de la vida diaria de La Gomera. Para evitar su desaparición, en 1999 comenzó a introducirse en las escuelas de La Gomera. Aún así, el número de silbadores no supera hoy la veintena. En Grecia, Turquía, China y México también existen otros lenguajes silbados, según precisa el profesor David Corina, de la Universidad de Washington y coautor del estudio.

Para efectuar esta investigación, los científicos exploraron la actividad cerebral de los diez voluntarios con resonancia magnética funcional mientras ejecutaban dos sencillas tareas. La primera era escuchar, durante tres minutos, frases grabadas en español y en silbo. En la segunda debían decir cuántas veces aparecía una palabra en español o en silbo gomero en una sucesión de distintas palabras/silbidos que escuchaban cada 30 segundos, con fases de silencio de igual duración, a lo largo de tres minutos.

El profesor Manuel Carreiras, de la Universidad de La Laguna y otro de los coautores de este estudio, precisa que cuando los cinco expertos en silbo gomero oían frases silbadas se activaban varias regiones específicas del hemisferio izquierdo del cerebro, como una zona de la región posterior temporal-parietal y del córtex frontal premotor. Lo interesante es que esas áreas son conocidas por estar implicadas en la comprensión y producción del lenguaje hablado. También se detectó una activación en el lóbulo temporal del hemisferio derecho, zona también implicada en el procesamiento del lenguaje. Los científicos comprobaron que la intensidad de la respuesta del lóbulo temporal no era muy acusada. La razón es que esa área es crítica para procesar elementos fonéticos, que son de menor importancia en el lenguaje silbado.

Un proceso para señales dispares
Tanto los cinco diestros silbadores como los otros cinco voluntarios del grupo de control mostraban ese mismo patrón de activación bilateral en el cerebro cuando oían frases pronunciadas en nuestro idioma. Por el contrario, en las personas que desconocían el silbo gomero no hubo activación de regiones asociadas al lenguaje cuando escucharon frases silbadas.

Los resultados de este trabajo reflejan que las regiones del hemisferio izquierdo implicadas en el procesamiento de lenguaje están especializadas en tareas de comunicación, independientemente de la modalidad de la señal, ya sea una palabra hablada, un silbido o un signo gestual. Además, el estudio confirma que el silbo gomero es una entidad lingüística a nivel neurobiológico que el cerebro reconoce y procesa igual que el lenguaje hablado.
Recortes de Prensa   Página Inicial